GALEANO Y SU VISION DEL MUNDO ACTUAL
Eduardo Hughes Galeano (Montevideo, 3 de septiembre de 1940) es un periodista y escritor uruguayo, una de las personalidades más destacadas de la literatura latinoamericana.
Sus libros han sido traducidos a varios idiomas. Sus trabajos trascienden géneros ortodoxos, combinando documental, ficción, periodismo, análisis político e historia. Galeano niega ser un historiador: “Soy un escritor que quisiera contribuir al rescate de la memoria secuestrada de toda América, pero sobre todo de América Latina, tierra despreciada y entrañable”. Se clasifica como un periodista que estudia la globalización y sus efectos.
Incomunicación
Brasil: Es hora de cambiar
ALAI, América Latina en Movimiento
2008-12-17
João Pedro Stedile , et al
Nos reunimos con el gobierno federal para presentar las alternativas construidas por más de 50 entidades.
Nuestro país tiene una importante oportunidad de aprovechar la crisis económica mundial para dejar atrás la actual política económica neoliberal y tomar medidas para adoptar un nuevo modelo de desarrollo nacional, basado en la distribución de la renta, generación de empleos y fortalecimiento de la industria y del mercado interno, mejorando las condiciones de vida del pueblo brasileño.
La crisis demuestra en todo el mundo que el neoliberalismo no tiene condiciones para sustentar el desarrollo social, ambiental y económico, siendo necesario aplicar medidas de regulación de la economía y fortalecimiento del Estado. Quebró el modelo económico caracterizado por la hegemonía del capital financiero, altas tasas de interés, superávit primario y prioridad del sector exportador.
No encontraremos la solución en políticas que refuercen o suavicen los problemas del neoliberalismo, apoyando bancos y grandes empresas, sino con iniciativas que apunten a cambios estructurales. En Brasil, necesitamos reducir inmediatamente las tasas de interés y controlar el movimiento del capital especulativo, impidiendo la libre circulación, instituyendo cuarentenas y taxaciones.
El gobierno debe revisar la desgastada orientación del FMI, uno de los responsables de la crisis, que llevó a establecer el superávit primario. El Tesoro Nacional gastó, en los primeros cuatro años del gobierno Lula, cerca de R$ 600 mil millones por concepto de los intereses de la deuda pública. Tenemos que usar esos recursos para construir escuelas y contratar profesores para universalizar el acceso a la educación pública.
En las grandes ciudades, es urgente hacer inversiones en transporte público, hospitales y viviendas populares, llevando a cabo una reforma urbana. En el campo, la producción de alimentos de la agricultura familiar y campesina necesita recibir inversiones públicas, junto con el fortalecimiento de la pequeña y mediana propiedad y la realización de la reforma agraria.
El gobierno debe establecer metas de generación de puestos de trabajo formales, dentro de un amplio programa público, reaccionando al aumento del desempleo causado por la crisis. A la vez, para dar fuerza al mercado interno y garantizar el consumo, deben aumentar el salario mínimo y los beneficios de la Seguridad Social, distribuyendo la renta.
Esas medidas sólo serán viables si los recursos públicos son invertidos con responsabilidad. Los subsidios para salvar bancos y empresas especuladoras -que ganaron mucho dinero con el neoliberalismo- sólo refuerzan las contradicciones del modelo que entró en crisis.
Es una incoherencia que aquellos que siempre defendieron el mercado como el “dios regulador” recurran al Estado en un momento de dificultad. Los bancos públicos, como el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), Banco de Brasil y Caja de Ahorros Federal, no tienen que socorrer el gran capital y sólo deben aprobar préstamos con la garantía de desempleo cero.
Estamos preocupados también con la ofensiva predatoria sobre los recursos naturales, que aumenta en tiempos de crisis, porque proporciona acumulación rápida.
No podemos aceptar las propuestas irresponsables del agronegocio que pretende cambiar la legislación ambiental, reduciendo las áreas de preservación en la Amazonia y en lo que resta de la mata atlántica. Las grandes empresas del la rama petrolífera han puesto el ojo en una gigantesca área de alta mar, llamada del pré-sal, y quieren mantener el régimen de concesión, impidiendo cambios legales que garanticen la soberanía nacional.
Los responsables de la actual crisis económica son los países centrales y los organismos dirigidos por ellos, como la Organización Mundial de Comercio (OMC), el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Defendemos un nuevo orden internacional, que respete la soberanía de pueblos y naciones. Brasil necesita fortalecer la estrategia de integración regional, dando atención principal al MERCOSUR, a la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y a la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA). Con ello, por ejemplo, podríamos sustituir el dólar en las transacciones comerciales por monedas locales en toda América Latina, como recientemente hicieron Brasil y Argentina.
Nos reunimos con el gobierno federal para presentar estas alternativas, construidas por más de 50 entidades. No estamos preocupados por las elecciones, sino por el futuro del país. Queremos contribuir al debate para que el pueblo brasileño se movilice por un nuevo modelo económico para enfrentar la gravedad de la crisis.
No podemos perder esta oportunidad de hacer los cambios necesarios que requiere nuestro país. (Traducción ALAI).
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Autores:
João Pedro Stedile, 54 años, economista, es integrante de la Coordinación Nacional del Movimiento Sin Tierra (MST) y de la Vía Campesina.
José Antônio Moroni, 45, filósofo, es miembro del INESC (Instituto de Estudios Socioeconómicos) y director de la ABONG (Asociación Brasileña de ONGS).
Nalu Faría, 50, sicóloga, es coordinadora general de la Sempreviva Organización Feminista (SOF) e integrante de la Secretaría Nacional de la Marcha Mundial de las Mujeres en Brasil.
http://alainet.org/active/28102
América Latina Unida: El eslabón más débil?
ALAI, América Latina en Movimiento
2008-12-18
AmericaLatina
El neoliberalismo en América Latina
El nuevo siglo arranca en América Latina con un sorprendente comienzo. El continente, que había sido un territorio privilegiado para el neoliberalismo y donde primero fue aplicado -en Chile y Bolivia-, se ha convertido rápidamente en el área privilegiada no sólo de resistencia sino de construcción de alternativas al mismo. Se trata de dos caras de la misma moneda: precisamente por haber sido el laboratorio de los experimentos neoliberales, América Latina se está enfrentando ahora a sus consecuencias. Las décadas de 1990 y 2000 han sido dos décadas radicalmente opuestas. Durante la primera, el modelo neoliberal se impuso en diversos grados en prácticamente todos los países del continente, si exceptuamos Cuba. Clinton, que ni siquiera cruzó el río Grande para firmar el primer el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, se vio obligado poco después a aprobar un superpréstamo de Washington cuando estalló en México la primera crisis derivada del nuevo modelo. Estados Unidos continuó presionando en pro de una Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), presentando tal iniciativa como el resultado natural de la extensión sin fisuras de las políticas de libre comercio.
En el encuentro de la Cumbre de las Américas celebrado en 2000 en Canadá, el presidente de Venezuela Hugo Chávez fue el único líder que votó contra la propuesta formulada por Clinton de una ALCA, mientras que Cardoso, Menem, Fujimori y sus colegas aceptaron dócilmente la propuesta. Con ocasión de su primera Cumbre Iberoamericana, recordaba Chávez, Castro le pasó una nota en la que había escrito: «Al fin, no soy el único diablo dando vueltas por aquí». En 2003, por consiguiente, Chávez -elegido presidente de Venezuela en 1998- asistió con cierto alivio a las investiduras de Lula en Brasilia y de Néstor Kirchner en Buenos Aires, antes de asistir a las de Tabaré Vázquez en Montevideo en 2004 y Evo Morales en La Paz en 2006 y a las de Daniel Ortega en Managua y Rafael Caldera en Quito en 2007, a las que siguió en 2008 la de Fernando Lugo en Asunción. Entretanto, la propuesta de libre comercio estadounidense, que había sido casi unánimemente aprobada en 2000, estaba muerta y enterrada en 2004. Desde esa fecha, el propio Chávez ha sido reelegido, al igual que lo fue Lula en 2006; en abril de este año, Kirchner fue sucedido por su mujer, Cristina Fernández, y Lugo triunfó en Paraguay, poniendo fin a más de 60 años de gobierno del Partido Colorado.
¿Cuál es el significado de este cambio radical, más veloz que cualquier otro experimentado por el continente hasta la fecha, que ha producido el mayor número de gobiernos progresistas, sean de izquierda o de centro-izquierda, visto en toda su historia? El continente despliega ciertamente los más altos niveles de desigualdad del mundo y un diferencial de renta agravado por la década neoliberal, pero, aun con todo, los duros golpes que castigaron a las luchas populares del pasado y la solidez del establishment neoliberal hicieron que la rapidez del cambio fuese realmente inesperada. En el resto del artículo, intentaremos comprender las condiciones que transformaron a América Latina en el eslabón más débil de la cadena neoliberal.
* Documento disponible en PDF.
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