Argentina: De diálogos, monólogos y consensos muy improbables

El discurso presidencial en Tucumán tuvo la novedad de llamar al diálogo político con todos los sectores. Parece buena idea con una gran contra: es tan difícil de lograr como unir el agua y el aceite.
Emilio Marín | Para Kaos en la Red | 12-7-2009
www.kaosenlared.net/noticia/argentina-dialogos-monologos-consensos-muy-improbables
Las ceremonias del 9 de Julio adolecen de un defecto capital: hablan como si Argentina fuera un país independiente. Y no lo es en muchos aspectos, sobre todo el económico-financiero. Y si la derecha neoliberal al asalto del poder desde el 28 de junio tuviera éxito, tampoco sería soberano desde el punto de vista político, tal su obsesión por amarrarlo en un revival de “relaciones carnales”.
Los discursos presidenciales son bastante formales y plomos para celebraciones como la tucumana (no el de esta mandataria en particular, cuya pieza fue muy rescatable), pero muchísimo peores son los tedeum.
¿Hasta cuándo los obispos van a aprovecharse de la paciencia de los gobernantes y de los favores del ordenamiento jurídico, para bajar línea desde el púlpito como si fueran propietarios de la verdad? La homilía de Villalba, pontificando sobre el bien, la bondad, la paciencia y otros lugares comunes, con los que buscaba pegar en los flancos presidenciales sin nombrar a las cosas por su nombre, colmó la paciencia.
Si de reforma política se habla, una de las cosas que habría que estudiar es –junto con una reforma constitucional- la separación efectiva de la Iglesia y el Estado. Que los curas y obispos se ocupen de lo suyo, donde tienen tanto por mejorar, como quedó a la luz con el affaire Grassi.
Volviendo a Tucumán, lo más importante fue el llamado presidencial al diálogo y el anuncio de una reforma política. La oposición derechista no descubre la pólvora al interpretar esas novedades como hijas de la derrota oficialista del último domingo de junio.
Pero independientemente del origen de la jugada, hay que decir que es una buena señal. La jefa de Estado planteó un diálogo con todos los partidos políticos y enumeró a industriales, financistas, productores agropecuarios y, al final de todos, los trabajadores. Una pena esa postergación en el listado porque en política muchas veces el orden de los factores altera el producto.
Cristina Fernández propició una reforma donde los electores del padrón nacional elijan un mismo día -en internas abiertas y obligatorias- los candidatos de cada partido, y luego en elección general a quiénes van a ocupar las funciones públicas. Los modelos parecen ser Uruguay y Santa Fe.
Los que quieran ver en estas propuestas un síntoma de debilidad extrema están equivocados. La presidencia recalcó que luego de dialogar le toca al gobierno la tarea de gestionar. Dicho en otros términos: se escuchará a todos pero no se resignará el timón político, lo cual suena lógico y sensato para mucha gente, menos para la oposición conservadora vernácula.
Entre economicistas y destituyentes
El llamado presidencial no pudo ser abiertamente objetado por la oposición, tanto por la vertiente agropecuaria como la partidaria. Desde estos campamentos sí se cuestionó a fondo el recambio ministerial. Los más beligerantes fueron Francisco de Narváez y su subordinado Felipe Solá.
El millonario colombiano dijo que tenían que irse inmediatamente del gobierno Néstor Kirchner y Guillermo Moreno, como si el primero ocupara alguna función. El de la soja transgénica de Monsanto, por su parte, calificó de “buen chiste” las designaciones que llevaron a Aníbal Fernández a la jefatura de Gabinete y a Amado Boudou a Economía.
Al rechazar de forma tan absoluta las decisiones presidenciales, esos duhaldistas están torpedeando de movida el futuro diálogo. Insultar al otro nunca ha servido para favorecer una conversación de por sí complicada por las diferencias entre los interlocutores.
Algunos opositores son como tiburones que han olido sangre y quieren morder al gobierno para sacar alguna tajada económica. Eduardo Buzzi, de Federación Agraria, parece ser de esos escualos que apuntan a una baja importante de las retenciones a la soja. Con varios diputados electos en sábanas opositoras y la aureola de haber bajado las retenciones, Buzzi se daría por satisfecho, por ahora.
Pero algunos de sus colegas van por más. Más que reivindicaciones económicas, quieren provocar un cambio político-institucional sin esperar a 2011. Son más destituyentes, como Hugo Biolcati, de la SRA, quien especificó que lo suyo no pasa por 10 puntos más o 10 puntos menos de retenciones a la soja sino por eliminar ya los superpoderes, cambiar el Consejo de la Magistratura, obtener otro régimen de coparticipación federal, etc.
Muy franco es este ruralista, que ya en un reportaje con su amigo Mariano Grondona había dejado claro que prefiere que la presidenta se vaya el 29 de junio y asuma el vicepresidente. Ricardo Buryaile y Néstor Roulet, vicepresidentes de CRA, están en esa tesitura del titular de la Sociedad Rural.
Alimentando a ese segmento poco democrático, Grondona escribió en “Gaceta Ganadera” que “Más del modelo querría decir “más hacia Chávez”.
Pero esta segunda hipótesis sobre lo que está pensando el matrimonio presidencial es inquietante porque, al anticipar una estrategia no sustentable en la nueva Argentina que está naciendo, podría ser la portadora de ominosas consecuencias”. Traducido: si los Kirchner insisten en su orientación “chavista”, habrá que sacarlos como a Manuel Zelaya en Honduras.
Eso ya no sería una jugada destituyente sino un golpe de Estado, la especialidad de Grondona desde 1966 e incluso antes.
Depende del camino
El gobierno aún está bajo la conmoción que le produjo la derrota electoral. En consecuencia, da señales contradictorias sobre el camino que va a transitar. Si siempre fue contradictorio, ahora lo es en grado sumo.
Eso explica que Ricardo Echegaray, de la AFIP, declare a una hora que las retenciones a las exportaciones de granos se mantendrán porque hacen a la redistribución del ingreso. Y unas horas después admita que esas medidas serán parte del diálogo político con “el campo”.
El mismo funcionario recibió a la cúpula de la Unión Industrial, que se fue muy contenta con las promesas oficiales. Héctor Méndez, su presidente, había llegado al despacho preocupado por lograr bajas de impuestos y otros beneficios. ¿Será que se los prometieron?
La presidenta reiteró en Tucumán la necesidad de mejorar la situación de los que menos tienen. Pero esto entra en conflicto con las versiones de que el flamante ministro de Economía, de procedencia neoliberal, negociará la vuelta al FMI y con los bonistas que quedaron afuera del canje en 2006. Estas dos últimas medidas son “la Biblia” de los gurúes de la City y del Fondo Monetario.
Desde el corazón de la pampa sojera, la Mesa de Enlace ha planteado como extorsión al gobierno la baja de las retenciones. Desde un rincón opuesto, la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) ha pedido una audiencia a la presidenta para demandar el “blindaje social” de los trabajadores y demás argentinos de a pie. Quiere aumentos salariales, una ley de prohibición de despidos por 6 meses y un plan más eficaz de lucha contra la Gripe A, que ya provocó unos cien muertos. Además, que le sea concedida la personería.
Hasta ahora ese pedido de Hugo Yasky no ha sido contestado. Tampoco el que dejó en mesa de entradas de Balcarce 50 el emisario de Mauricio Macri. Este tiene la intención opuesta de la CTA: que el PEN le facilite dinero para poner en marcha planes como la Policía Metropolitana dirigida por el cuestionado comisario Jorge Palacios.
Si la presidenta aceptara los pedidos de la Mesa de Enlace, cosa improbable, tendrá 5.000 millones de dólares menos para atender las problemáticas sociales. Dicho de otro modo, habrá sembrado más conflictividad social y laboral, independientemente de la contención que le quiera brindar Hugo Moyano, de la CGT.
Decirle sí a Biolcati y sus laderos llevaría a paros y reclamos sociales, por lo que el propio gobierno nacional tendría que buscarse un jefe de policía tan o más represivo que Palacios, de actuación en Plaza de Mayo en diciembre de 2001.
Huelga decir que en esa eventual crisis política y represión, el kirchnerismo habría quemado el capital político que le queda. Quedaría muy debilitado, casi a merced de los destituyentes.
Si en cambio “profundiza el modelo”, como Kirchner prometió a los intelectuales de Carta Abierta hace dos sábados, las embestidas de la Mesa de Enlace, Macri, De Narváez y Julio Cobos serán más fuertes. Ya no se limitarían como hoy a pedir primero la cabeza de Ricardo Jaime, luego la de Guillermo Moreno, más tarde la de Julio de Vido y Néstor Kirchner: finalmente querrán la de la jefa de Estado. La diferencia estribaría en que, con medidas gubernamentales a favor de las mayorías, habría más capas sociales defendiendo ese curso.
Los diálogos son una buena cosa. Pero cuando los lobbies cavernícolas monologan, se torna imposible llegar al consenso; así es tan difícil como juntar el agua y el aceite. El fracaso en Costa Rica de la negociación por la crisis de Honduras confirma que no siempre hablando la gente se entiende. No es un problema de “soberbia” ni falsa modestia: a veces las palabras y los silencios expresan diferentes modelos de país. Alguna vez el 9 de julio deberá servir para hablar de laIndependencia inconclusa, sus beneficiarios y causantes.
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