La Argentina dividida – Dante Augusto Palma
La Argentina dividida
¿Estamos divididos los argentinos? La pregunta viene siendo recurrente al menos desde que se empezó a delinear el espíritu confrontativo que Néstor Kirchner le imprimiera a su presidencia y que se transformara en una marca esencial de la naturaleza del modelo que se encuentra próximo a alcanzar los 10 años en el poder.
Al kirchnerismo no le resulta del todo incómodo el mote de “parteaguas” pues entiende que la política es, ante todo, conflicto que se dirime entre un nosotros y un ellos, aunque siempre en el marco de los límites democráticos. De aquí que no se rasgue las vestiduras por el pataleo histérico de los sectores minoritarios que ven socavada su legitimidad pero sí advierta sobre un conato de violencia preocupante que se deja ver en las manifestaciones que nuclean a sectores opositores. En esta línea alcanza con ver los lemas de los letreros que se enarbolan en las protestas caceroleras y la agresión a periodistas de la televisión pública y privada que en ese marco se multiplicaron, así como también prestar atención a la violencia verbal que profieren referentes opositores a veces impulsados por una envidiable locuacidad. La oposición intenta invisibilizar esas acciones y cuando no puede hacerlo esgrime que estas son sólo una consecuencia de la violencia más sutil impulsada desde el propio gobierno. Independientemente de la discusión acerca de si esto es o no así, tal argumentación abre una puerta a la justificación de hechos de violencia más graves. En este sentido, quienes justificaron la agresión a Kicillof y la englobaron en el marco del hartazgo ciudadano ante las supuestas microviolencias solapadas que provienen del oficialismo, podrían también haber justificado el hecho de que la turba violenta del “Frente jacobino por la liberación del dólar” (filial Punta del Este) hubiera ajusticiado al “economista marxista”. A lo sumo, encararían la argumentación afirmando que “no lo justifico pero hay que entender que el clima de violencia desde arriba da lugar a excesos abajo”. Con todo, no se trata aquí de discutir quién agredió primero o quién agrede más. Se trata de responder a esa pregunta inicial acerca de si existe una división en la Argentina. Y la respuesta que guiará estas líneas es la siguiente: sí, efectivamente, la Argentina está dividida, pero hace 200 años que lo está. En otras palabras, la historia de nuestro país ha estado marcada por las divisiones en todo orden y bajo cualquier paraguas categorial, sea político, sociológico o económico.
Si se toma el siglo XIX, a las disputas políticas que se dieron ya en el marco de los caminos que debía seguir la revolución, le siguió la disputa entre unitarios y federales y la conquista del desierto entre algunos de los sucesos que ponen en tela de juicio la fantasía romántica de una unidad original perdida por algún pecado populista. Ya en el siglo XX, el centenario fue el marco en el que se ponía de manifiesto una sociedad claramente dividida entre una elite criolla y una masa heterogénea de campesinos pobres y extranjeros explotados que presionaría hasta obtener la ley Sáenz Peña y vivir una primavera popular en 1916 que no tardaría en desfallecer a pesar de no haber profundizado demasiado en cambios estructurales que afectaran a la oligarquía terrateniente. Entonces ¿alguien va a decir que el modelo agroexportador argentino era el emblema de una sociedad inclusiva? Por cierto, ¿esa presunta unidad alguna vez perdida se recuperó con el golpe del ’30? Ciertamente no, y la irrupción del peronismo no fue una magia de repollo sino la visibilización de mayorías desplazadas que se sentían representadas por un liderazgo.
Pero no avancemos tan rápido porque, justamente, quienes hoy insisten en endilgarle al kirchnerismo el haber dividido a los argentinos equiparan la situación actual con aquella que se dio desde el ’45 hasta los años ’70 en torno al clivaje peronismo-antiperonismo. En esta línea se dice que las familias se pelean, las parejas se separan y los amigos se distancian por las diferencias políticas, del mismo modo que sucediera en aquellas décadas del siglo XX. ¿Tienen razón al bosquejar ese panorama? Claro que la tienen pero eso no significa que estas fracturas en el campo de las relaciones básicas sean propiedad exclusiva de los procesos peronista y kirchnerista. Lo que sí parece signo característico de ellos es el modo en que esas grietas inherentes a la Argentina (y probablemente a buena parte de las sociedades y los Estados modernos) se han hecho carne y se manifiestan sin ocultamientos. ¿Por qué sucede esto? Seguramente porque se trata de procesos que con infinitas diferencias han intentado al menos trastocar las estructuras vigentes. Se podrá discutir por qué lo hicieron o en qué porcentaje lo hicieron, pero no se podrá decir que ambos procesos resultaron indiferentes para las elites.
Sin embargo, claro está, ni la historiografía liberal ni los comentadores reproductores del relato del establishment podrían aceptar que esas han sido las razones por las que el peronismo y el kirchnerismo generan divisiones. De aquí que recurran a una argumentación sintomática. Para dar cuenta de ello avanzaré un poquito más en la historia para poder situarnos en nuestro pasado reciente. Pregúntese entonces por qué durante los noventa no se afirmaba que la sociedad argentina estaba dividida. Nadie lo decía a pesar de que ese modelo hizo eclosión en 2001 y produjo la mayor distancia entre los que más y los que menos ganan, una confiscación de ahorros vergonzosa, más de un 50% de pobreza, un 25% de desempleados y un país al borde de una guerra civil.
¿No son estos números signo de un país fracturado? ¿O el dato para identificar un país partido es simplemente el modo en que se dirimen las diferencias políticas con nuestros familiares, amigos y parejas?
Lo que intuyo es, entonces, que esta idea de una actual Argentina dividida responde con naturalidad deductiva a los principios de una matriz de sentido común neoliberal instalada. Se trata de aquella que considera que sólo la política es la que divide. Dicho de otro modo, pareciera que las diferencias económicas son producto de un natural estado de cosas que, aun estirando la distancia entre los más que menos tienen y los menos que más tienen, responde al orden originario de la unidad nacional. De este modo existiría una desigualdad original aceptada por los ganadores y por los perdedores por igual, y cualquier intento por transformarla supondría un cambio político y, en tanto tal, sería identificado como el mal, una suerte de intromisión artificial que genera crispación, disputa, peleas y violencia. Según esta idea, como la economía es sabia, no genera violencia, y como los pobres deben reconocer el lugar que les corresponde, no hay espacio para que se crispen ni para que se peleen. En todo caso, quedará un lugarcito para que la clase media dispute y, según el contexto histórico, gane o pierda terreno pero nada más. Así lo indica la matriz cultural que se sigue del modelo neoliberal que gobernó entre 1976 y 2001, aquel que partió al país pero en el que teníamos muchos amigos, una buena relación de pareja y una comida familiar en paz en la que se hablaba de todo, menos de política.
El Argentino
El gran esfuerzo del Estado – Hernán Brienza
10.02.2013
La infraestructura es fundamental para el desarrollo económico de la Argentina agroexportadora.
Sucede algo con el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner: lo realmente importante pasa inadvertido en los medios de comunicación. No hay tapas ni titulares que registren lo verdaderamente relevante en términos de políticas públicas. Incluso el sector del periodismo que comparte los principios del modelo de desarrollo económico actual termina enmarañado en las trampas discursivas que plantea la agenda de los diarios y cadenas audiovisuales opositoras. Los alaridos histéricos de los turistas “desdolarizados” en el Buquebús contra el viceministro de Economía, Axel Kicillof, quien viajaba en la misma clase económica que la mayoría de ellos, iniciaron la semana. Y luego continuaron los gritos de los soldados chilenos, de Alfredo Astiz, los brulotes enviados por José Manuel de la Sota acompañado por Luis Barrionuevo contra el gobierno nacional, las especulaciones sobre Scioli, las paranoias de Joaquín Morales Solá, las peleas con Gran Bretaña, las crisis en las policías santafesinas y cordobesas, los desaguisados de Mauricio Macri, incluso las dificultades que surgieron en la causa AMIA continúan siendo cuestiones menores respecto de los dos temas principales a mi entender de los últimos días y los próximos años.
Sabrán disculpar mi obsesión por las cuestiones infraestructurales, pero para mí el crecimiento económico de un país y la distribución o redistribución de la riqueza se asientan justamente en las obras de soporte como el transporte, las comunicaciones y la construcción de vías que fortalezcan y fortalezcan el desarrollo tecnológico y humano. A fines de diciembre, dijimos en una nota como esta en Tiempo Argentino, que posiblemente el gobierno nacional se instalaría “una vez más por encima de las minucias cotidianas y proyectar a futuro: hablar de modernización, de progreso, de crecimiento, pero también encontrar nuevos discursos teóricos que contengan el salto cuantitativo con interpretaciones cualitativas. Y en términos económicos pensar y desarrollar, un megaplan, algo así como un Plan Quinquenal de Obra Pública monumental, que permita revolucionar la infraestructura a lo largo y a lo ancho del país. Un proyecto de inversión que incluya y obligue a gobernadores e intendentes a cohesionar la matriz energética nacional –acoplando la generación hidroeléctrica, la eólica y la nuclear–, a construir las autovías necesarias –la 14, la 7, la 3–, recomponer la vía ferrocarrilera, desempolvar el proyecto del tren rápido a Córdoba, erradicar la infraestructura de la pobreza y la indigencia construyendo viviendas, pavimentando calles, construyendo cloacas y redes de gas para los barrios carenciados de todas las localidades del país. Y agregaría, también, que es hora de pensar en serio una mayor regionalización productiva y una descentralización de la Ciudad de Buenos Aires.”
Aquella nota estaba basada en algunas señales que había arrojado el gobierno en ese sentido, como por ejemplo, el Plan Quinquenal energético pensado y diseñado para Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Y en la intuición de los caminos futuros que podía tomar la conducción de la presidenta. Esta semana, según las medidas que tomó el Poder Ejecutivo, parece que ese será finalmente el rumbo elegido: apostar a los planes de infraestructura.
A principios de la semana, la presidenta realizó un anuncio fundamental para el desarrollo económico de la Argentina agro-exportadora. Durante un acto en la Casa Rosada, la jefa del Estado declaró de interés público la tarifa del transporte ferroviario de carga, lo que implica la intervención en las valores para que no haya precios diferenciales según quien contrate el servicio. Además, anunció que la nueva concesión será operada por el propio Estado. La presidenta informó que se creará la Asociación Ferrocarril de Carga y Logística General Belgrano y su interventor será Marcelo Bosch. Luego de prometer que “gran parte de los vagones van a ser recuperados en talleres argentinos por trabajadores argentinos”, Cristina aseguró que “el Belgrano Cargas es un tren emblemático y nuestro objetivo es que se dé abasto al Plan Agrario 2020, la única forma de sacar tanta cantidad de granos es por vía marítima y trenes”.
Se trata, obviamente, de una cuestión de infraestructura fundamental para el desarrollo económico argentino, que como se sabe, está diseñado en un modelo agroindustrial para las próximas décadas. El gran esfuerzo del Estado, en poner finalmente en funcionamiento sin discriminaciones, no debería ser respondido por los exportadores con especulaciones para liquidar sus producciones en función del precio del dólar. Es peligroso apretar al gobierno nacional. A Repsol le fue mal, por ejemplo. Y no creo que los exportadores estén interesados en un esquema como el que puso en marcha Juan Domingo Perón en su primer gobierno con el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio, con el que centralizaba toda la compra de granos a través del Estado. ¿Se imagina, estimado exportador, si usted sigue especulando con el aumento del dólar lo que podría ocurrir si el gobierno nacional centraliza las compras a través del Estado controlando el precio? Mejor, no, ¿no?
El segundo punto trascendente de la semana fue el lanzamiento del Plan Quinquenal de Educación, a través del cual se busca que los chicos vayan al menos 13 años a la escuela. “La educación es una parte importante de nuestro proyecto político”, dijo la presidenta y anunció la creación del Plan 2012-2016 que prevé la creación de 600 nuevas escuelas y 700 jardines maternales para la población de 45 días a tres años de edad; la ampliación de 3000 salas de cuatro años, con el objetivo de que para 2016 el 100% de los chicos de cuatro años vayan a la escuela; la construcción de 2000 playones deportivos para escuelas de todos los niveles, en conjunto con intendencias, y la incorporación de 3750 aulas secundarias, además de 36 institutos de formación docente y refacción de 200 entre 2013 y 2016.Por último, el Plan Quinquenal prevé, también, el fortalecimiento de las escuelas técnicas, con la construcción de 30 nuevos edificios exclusivamente para esta área, y 200 obras de ampliación de otros establecimientos de este tipo.
¿Por qué es importante el Plan Quinquenal de Educación? Sencillo: muchos sectores supuestamente progresistas, e incluso algunos sectores del liberalismo conservador hacen del discurso educativo una de sus banderas principales. El kirchnerismo sabe que no es con discursos como se construye la igualdad basada en la formación de niños de todos los sectores sociales, sino con ladrillos. Primero, recompuso los salarios de los trabajadores docentes, más allá de las peleas paritarias, la segunda etapa, entonces, es asentar la infraestructura.
Los discursos de la oposición, las operaciones mediáticas, la histeria de ciertos sectores sociales tienen un límite verdadero: la solidez y la estabilidad económica, por un lado, y la construcción de obras de infraestructura que cambien definitivamente el perfil productivo de la Argentina. -<dl
TIEMPO ARGENTINO
Síntomas de época: la derecha, el neoliberalismo y los lenguajes de la injuria – Ricardo Forster
Preguntarse por los cambios que se vienen produciendo en el interior de nuestras sociedades es, sin dudas, incursionar en aquello que marca el derrotero de una época en la que pocas cosas parecen permanecer igual que en el pasado. Es, también, comprender los lazos decisivos que se han establecido entre las transformaciones estructurales del capitalismo (las que se vinculan con el paso de una matriz productiva a una financiera) y la emergencia de nuevas formas de subjetivación directamente ligadasSíntomas de época: la derecha, el neoliberalismo y los lenguajes de la injuria a los cambios culturales de las últimas décadas. Cuando vemos que la derecha actual sigue apelando a la despolitización y a la incorporación y promoción de figuras del espectáculo y del deporte como paliativo a lo que considera el “más allá de la política” en la representación del mundo de amplios sectores sociales; cuando observamos la reaparición de lenguajes del odio y el resentimiento en estratos de la clase media (los insultos y las agresiones cobardes y visceralmente antidemocráticas al viceministro de Economía Axel Kicillof que regresaba con su familia del Uruguay en Buquebus el primer fin de semana de febrero; las injurias soeces de Miguel del Sel, candidato estrella del Pro en las últimas elecciones santafesinas, contra la Presidenta de la Nación y las expresiones cloacales que se escucharon en las marchas caceroleras de septiembre y noviembre, a lo que se agrega esa otra zona purulenta que permiten los grandes medios de comunicación en sus sitios web donde proliferan no sólo los insultos sino, peor todavía, los llamados a ejercer una violencia homicida, y la lista podría continuar sin que la oposición se pronuncie en defensa de la república y de los valores democráticos y de diversidad a los que dice representar); lo que se está manifestando es la mutación del sistema neoliberal, la presencia de su crisis indisimulable en las economías centrales, y la necesidad de profundizar aún más su lógica despolitizadora y cualunquista que, sobre todo, se evidencia en sectores de la clase media que mejor vehiculizan esa lógica del prejuicio y de la banalización. Tampoco quedan dudas del papel central que les toca cumplir a las grandes empresas comunicacionales en la reproducción de esta concepción del mundo y en la multiplicación del “clima de odio y malestar” que acaban por aplaudir en sus crónicas (como botón de muestra vale la pena leer la narración “aséptica” que hizo La Nación de los insultos y las agresiones sufridas por Axel Kicillof y su familia, narración que bordeaba la justificación de las injurias y de sus propaladores). Su papel ha dejado de ser el del acompañante para convertirse en decisivo a la hora de perfilar prácticas y conductas, lenguajes y definiciones que buscan hacer inviable cualquier proyecto popular y genuinamente democrático que busque cuestionar y superar la hegemonía del liberalcapitalismo. Sucede en la Argentina y en el resto de los países de América latina que están desplegando caminos alternativos. Sube, putrefacta, una ola de retóricas violentas, reaccionarias, cualunquistas y destituyentes que reciben, en la mayoría de los casos, la justificación de los “defensores de la república amenazada” por los populismos continentales.
En un libro fundamental para entender nuestra época, El nuevo espíritu del capitalismo, los sociólogos franceses Luc Boltanski y Ève Chiapello desmenuzan con rigor analítico y claridad de ideas la matriz y el funcionamiento de lo que se denomina el neoliberalismo como última etapa, hasta ahora, de un sistema de signos económico-político-culturales que ha definido el carácter de nuestra realidad. Y lo hacen indagando no sólo por el funcionamiento de la máquina económica, de lo que se ha descripto como el giro del capital hacia lo especulativo-financiero en detrimento de sus formas productivas, ni exclusivamente pasando revista al desmontaje sistemático del Estado de Bienestar que fue la forma hegemónica que adquirieron las sociedades occidentales en la segunda posguerra, sino hincándole el diente también, y centralmente, a los fenómenos culturales, discursivos, estéticos e ideológicos que le dieron forma y hegemonía política y social a una transformación regresiva y hondamente marcada por la injusticia que viene marcando la vida de nuestras sociedades desde hace más de tres décadas.
Ese “nuevo espíritu del capitalismo” radica, entre otras cosas, en un giro vertiginoso de las prácticas y conductas sociales asociadas a un despliegue exponencial de una ideología que buscó, con éxito, desmontar los ejes político-culturales sobre los que se había montado el modelo bienestarista y la búsqueda del igualitarismo social. Para ello contó con el aporte fundamental de los grandes medios de comunicación y de aquello que otro francés, Guy Débord, denominó “la sociedad del espectáculo”. Se trató, por lo tanto, de un giro en el sentido común, aquel que fuera dominante hasta mediados de los años setenta y en las formas de producción de las subjetividades anudadas, ahora, al mercado y a sus prácticas: el predominio de una moral individualista, la lógica de la competencia como resorte mayúsculo imbricada con lo que otros autores caracterizaron como “la sociedad del riesgo” en la que todos aquellos actores sociales que no mostraran sus condiciones para adaptarse a las duras exigencias del mercado serían impiadosamente arrojados al vertedero de la historia, la culturalización de la política que supone el predominio de las agencias de publicidad, de las encuestas y del marketing como centro de la acción política, unida a la presencia de un actor decisivo que ha venido multiplicando su presencia en la conformación de las actuales estructuras de conciencia y en lo que se denomina “la opinión pública” y que no es otro que los grandes medios de comunicación, exponentes actuales y decisivos de la ideología neoliberal.
Les tocó a esos grandes medios horadar en la voluble “opinión pública” las antiguas prácticas emanadas del Estado de Bienestar; fueron ellos la vanguardia del shock y de sus consecuencias catastrofales en el interior de una vida social aterrorizada ante el retorno espantoso “de los dioses dormidos” que habitan en las alturas inescrutables del Olimpo llamado “mercado”. Junto con la multiplicación de los compartimentos y la fragmentación social, de la mano con las nuevas formas de pobreza y de exclusión exponencialmente multiplicadas por el modelo neoliberal, la máquina mediática apuntaló la certeza, socialmente compartida, de un inexorable giro hacia la sociedad de mercado transformada en la gran panacea de una humanidad agotada de viejos conflictos en desuso y deseosa de entrar al primer mundo. Entre las extrañas y extraordinarias paradojas de las que es portador nuestro tiempo, una de las más notables es que desde esas geografías de la abundancia es de donde provienen las actuales expresiones del desasosiego, del terror ante la caída libre y sin anestesia que hoy atraviesa a países europeos que, por primera vez en décadas, descubren, horrorizados, que los hijos vivirán peor que sus padres.
El perfil de la nueva derecha hay que ir a buscarlo en estas “novedades” que logran mezclar mercadolatría, individualismo, culturalización de la política, hegemonía mediática como desplazamiento de las formas identitarias y de las fuerzas políticas tradicionales (en particular las que debieran pero ya no lo logran expresar el ideal liberal-conservador) que ya no dan cuenta de las demandas de una parte sustancial de la población, desideologización (aquello de que ya no hay más derechas ni izquierdas sino todo lo contrario porque de lo que se trata “es de gestionar de acuerdo a lo que necesita la gente”, buscando siempre “el consenso” y oponiéndose a la proliferación del conflicto como suele ser la retórica utilizada, entre otros, por Daniel Scioli), y despliegue de los lenguajes del gerenciamiento y del management empresarial como nuevo arquetipo de las prácticas recomendables y deseables en el interior de gestiones “asépticas” que devuelven la imagen de una consensualidad a prueba de conflictos y antagonismos. Una sociedad forjada a imagen y semejanza del “ideal” emanado del capitalismo de última generación, capaz de hacernos olvidar aquellos otros momentos de la historia atravesados por la intemperancia de demandas inabordables, en especial las de aquellos que reclamaban bajo el concepto antiguo y moderno de “igualdad” una más justa distribución de la riqueza.
Lo que ha logrado, en parte, esta nueva ideología de derecha que recoge temas antiguos pero maquillándolos según las actuales necesidades, es naturalizar la pobreza y la desigualdad, lo que le permite, como lo vemos continuamente con el macrismo, utilizar descaradamente la palabra “igualdad” sin establecer ninguna relación con su historicidad y con los mecanismos que producen y acentúan la desigualdad. Silencio de radio ante la expansión depredadora de la especulación bancario-financiera, más silencio ante la concentración exponencial de la riqueza en cada vez menos manos y, finalmente, afirmación del modelo neoliberal como fundamento de la vida económica contemporánea. Lo propio de este discurso es que no explicita sus objetivos y los va dejando en una nebulosa mientras, allí donde tiene poder, los realiza sin anestesia (algo de esto pudimos verlo en el repliegue de Barack Obama, a lo largo de su primer mandato, ante las demandas y las presiones del conservadurismo republicano que logró, entre otras cosas, que fuese el propio presidente demócrata el que llevase adelante un plan de ajuste que cayó sobre los sectores más débiles y pobres de la sociedad estadounidense salvando, una vez más, a los ricos que siguieron manteniendo sus privilegios impositivos –quedará por ver si algo cambiará durante su segundo mandato, aunque mantengo mi indeclinable escepticismo–. Los únicos gastos que no se recortarán serán los militares. Nada muy diferente llevaron adelante los socialistas españoles y griegos a la hora de aplicar brutales planes de ajuste que contradicen su historia y su ideología transformando a la socialdemocracia en absolutamente funcional a la lógica del capitalismo neoliberal y dejando la mesa servida para que se sirvan, sin ningún costo, las derechas. Es ahora al socialismo francés a quien le toca jugar el mismo papel agravado por la reaparición del síntoma colonialista en su reciente intervención militar en Mali).
Un breve paréntesis para señalar que nuestros “socialistas” vernáculos, los que son el eje de un Frente dizque progresista, sostienen, en lo económico, la misma lógica de la restauración conservadora: proponen como política antiinflacionaria el esquema de metas de inflación (debe leerse como la opción de enfriar la demanda mediante la suba de la tasa de interés), igual que el FMI, González Fraga, Prat Gay y demás (¿no resulta bochornoso para quienes decían expresar una concepción de izquierda –como Libres del Sur con Tumini y Donda a la cabeza– sacarse fotos con Prat Gay y compañía? ¿A eso le llaman progresismo?). Abonan a favor de una regla fiscal que garantice la sustentabilidad de la deuda (debe leerse como una alternativa recesiva al uso de divisas que generó en su momento el conflicto con Redrado y con los intentos especulativos contra el peso buscando una devaluación). Por otra parte el referente de los socialistas santafesinos se preocupa por que se genere un clima beneficioso para la inversión privada y reniega del papel que está jugando la inversión pública sugiriendo que es excesiva y desplazante del rol de la actividad privada. El ejemplo europeo nos ahorra seguir comentando el proceso de derechización de ciertos sectores del viejo progresismo que también involucra a esa franja opositora en nuestro país.
Para Boltanski y Chiapello de lo que se trata es de comprender “cómo el discurso de la gestión empresarial, discurso que pretende ser a la vez formal e histórico, global y situado, que mezcla preceptos generales y ejemplos paradigmáticos, constituye hoy la forma por excelencia en la que el espíritu del capitalismo se materializa y se comparte”. Los ciudadanos de nuestro tiempo, en Francia o en la Argentina, han sido brutalmente interpelados por ese discurso que le dio su consistencia al espectacular giro que se produjo en el interior del capitalismo y que supuso una profunda y dramática transformación de la vida cotidiana, de las formas tradicionales de representación, de las relaciones interpersonales y de los vínculos con la esfera pública. Entre nosotros hubo dos momentos liminares para apuntalar ese tiempo de profunda regresión económico-social: el iniciado por la dictadura bajo el plan de Martínez de Hoz y, luego del interregno del alfonsinismo –interregno que propiamente duró hasta la implementación del Plan Austral– que sería arrojado al infierno de la hiperinflación, y, después de dejar que la sociedad cayera presa del pánico ante el absoluto derrumbe de la vida económica, retomado, aquel plan de la dictadura, en su esencia neoliberal con ribetes conservador-populistas por Menem y Cavallo. Lo no dicho por la derecha actual, la que representa, entre otros, Mauricio Macri, es que su aspiración es reencuadrar al país en el modelo neoliberal que sigue siendo hegemónico en la mayor parte del planeta y eso más allá de su profunda crisis que hoy azota a los países centrales.
Es en el interior de este proceso histórico, cuyo punto de inflexión hay que situarlo a mediados de la década del ’70, cuando estalló la crisis del petróleo y comenzaron a desplegarse con fuerza hegemónica los lineamientos de los economistas neoclásicos afincados en lo que sería la ideología neoliberal, donde tenemos que ir a buscar los lineamientos de una nueva derecha que, en nuestro país, busca recuperar el terreno perdido desde mayo de 2003. Y es en el interior de esta matriz ideológica que tenemos que leer lo que significa la consolidación, en la ciudad de Buenos Aires, de una derecha que entrecruza lo liberal y lo populista, el crudo discurso del mercado y de la privatización con el reclamo, a todas luces artificial, de una sociedad de iguales que logre reabrir el ideal de una igualdad de oportunidades que no es otra cosa que una gigantesca quimera propagandística desmentida por una realidad brutalmente expulsiva y excluidora. El macrismo, con su alquimia de estética de última generación pergeñada en el laboratorio de Durán Barba, sus “sofisticados” punteros provenientes del peronismo duhaldista, su capacidad para movilizar fantasías ligadas al mundo de “las celebridades” y a la gramática fascinadora del espectáculo junto con la complicidad y la protección de la corporación mediática –fuerza imprescindible para desplegar el proyecto de restauración conservadora neopopulista en la Argentina–, ha mostrado con su último triunfo en Buenos Aires que es, hoy por hoy, la mejor expresión de ese ideal “opositor” que no se lograba encontrar entre la variopinta tienda de los milagros que venía siendo lo propio y visible de la oposición política. Es en él, en su máquina mediática, donde se pone en evidencia el “modelo” de sociedad que pretenden cuando su discurso, el genuino, encuentra en Miguel del Sel su idiosincrásica manifestación. Mientras tanto, los “progresistas” opositores creen que su tiempo está cercano y no se dan cuenta de que siempre acaban por confluir con una derecha que sabe mucho mejor qué es lo que hay que hacer para intentar horadar al gobierno. Por ahora sus recursos apuntan, por un lado, a la multiplicación de un clima enrarecido y a la justificación del “malhumor” de sectores altos y medios que se expresan de la forma más violenta y soez, y, por el otro, a continuar con sus maniobras devaluacionistas e inflacionarias. Lo “real” de nuestra derecha, una vez más y de modo lamentable, se expresa alrededor de ese lenguaje de la injuria y el insulto. La democracia, su salud, no se puede permitir que proliferen esas prácticas.
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Los días que vendrán – Jorge Giles
Varios hechos, internos y externos, dominan la escena de la semana que dejamos atrás y que, seguramente, echarán luz sobre el tiempo por venir.
A saber:
*La consolidación de la CELAC como organismo representativo de los gobiernos de América Latina y el Caribe.
*La asunción del presidente de Cuba, Raúl Castro, como presidente de la CELAC.
*La firme defensa de nuestra soberanía económica por parte de Argentina, Brasil, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Cuba y Nicaragua ante la iniciativa europea de pretender ingresar libremente sus productos industriales al mercado regional.
*El Acuerdo alcanzado entre la Argentina e Irán para avanzar en el esclarecimiento y el castigo a los culpables del atentado terrorista a la sede de la AMIA.
*La concurrida y representativa reunión de intendentes, legisladores nacionales y provinciales bonaerenses, en un espacio político plenamente identificado con la conducción y el liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner.
*La presencia de 500 intendentes de todo el país convocados por la ministra Alicia Kirchner.
*La decisión, adelantada por algunos dirigentes alineados con el gobernador Daniel Scioli, de concurrir separados del oficialismo a las próximas elecciones primarias, abiertas y obligatorias.
*El desmembramiento de las fuerzas de Francisco De Narváez.
*La saña represiva que mostró el gobierno de Macri con los vecinos de Parque Centenario.
*La actitud indolente y vergonzosa del gobernador cordobés, De la Sota, clausurando antenas de la TV Digital Abierta en su provincia.
*La celebración oficial y popular, por primera vez en estos 200 años, de la Asamblea del Año 1813.
*El aumento otorgado a jubilados y pensionados.
*La baja de la desocupación en medio de una crisis global que amenaza seguir.
*La suba del 20 % para el cobro del mínimo no imponible del llamado impuesto a las ganancias, lo que fortalece el salario y el poder adquisitivo de los trabajadores.
*La continuidad de créditos y subsidios del Estado para la producción industrial de las Pymes, favoreciendo el empleo.
Hay más datos que ayudarían a configurar mejor el escenario de la realidad en estos días. Ejemplo: las pavorosas cifras de desocupación y destrucción de fuentes de empleo en España y en el resto de Europa.
Pero alcanza para concluir que los días que vendrán serán de creciente fragmentación opositora, creciente unidad continental, creciente crisis política financiera mundial y al mismo tiempo, creciente voluntad política de nuestra Presidenta para mantener y profundizar el proyecto de país que conduce y lidera.
Eso sí: la garantía para consolidar este modelo es que también siga en creciente la participación popular de los argentinos.
Infonews
29 Enero (1926) En el barrio de Saavedra Nace el Polaco Goyeneche
29 Enero (1926) En el barrio de Saavedra
Nace el Polaco Goyeneche
Dueño de un personalísimo estilo que fue perfeccionando y acentuando con los años, Roberto “el Polaco” Goyenche, se inició en 1944 en la orquesta de Raúl Kaplún para pasar pronto a cantar a las órdenes del maestro Horacio Salgán, donde formó dúo con Angel Díaz, recibió el apodo que lo acompañaría por siempre y dejó grabadas antológicas versiones de “Alma de loca”, “Yo soy el mismo”, “Un momento” y “Siga el corso”. Su desempeño más destacado como cantor de orquesta tuvo lugar cuando integró la formación de Aníbal Troilo, período que parecía ser el pináculo de su trayectoria. Sin embargo se consagró más tarde como solista y el reconocimiento le llegaría a la madurez de su voz para no abandonarlo hasta su muerte.
EXPANSION DE DERECHOS PARA LOS DEBILES, CONTROL A LOS PODEROSOS – Horacio Verbitsky
La crisis y su sombra
Pese a la desaceleración económica y la inflación, ni el salario ni el empleo son la variable de ajuste. Esto explica el malestar de los sectores acostumbrados a descargar las crisis sobre los trabajadores, con o sin empleo o encarcelados, como ocurre en la España suicida. La biografía de Arancedo y los negocios ganaderos de su poderosa familia, contexto del virulento escrito episcopal en vísperas del 7D. Un proyecto político coherente que ni la sombra de la crisis global oscurece.
Por Horacio Verbitsky
Igual que al iniciarse el primer mandato presidencial de CFK, la crisis internacional proyecta su sombra sobre los primeros doce meses del segundo, ahora con una marcada desaceleración del crecimiento. A pesar de ello, su gobierno ha profundizado una política de expansión de derechos para los más débiles y de controles para los poderosos, que es el sello distintivo de su proyecto político. En todas las crisis anteriores, la única opción era el ajuste sobre el nivel de empleo o el de los salarios o sobre ambos. Esta vez no ha ocurrido nada de eso. La persistente inflación, consecuencia de las superganancias de los sectores más concentrados de la producción y el comercio que abusan de su posición de mercado, no ha tenido el efecto habitual sobre quienes dependen de ingresos fijos, ya que los salarios pactados en convenciones paritarias y las jubilaciones han crecido por encima de las cifras del Indice de Precios al Consumidor (tanto las voluntaristas del INDEC como las del carrito del supermercado del siempre expresivo Hugo Moyano y las del ojímetro de las consultoras santificadas por las reliquias del Grupo Ahhh…). Al mismo tiempo las medidas activas adoptadas por el gobierno han permitido mantener sin una caída importante el empleo y sólo se ha producido un deslizamiento mínimo, de ocupados plenos a subempleados, mientras no decae la tasa de actividad y no ha dejado de reducirse la desigualdad. Aquellos que no gozan de un trabajo formal han podido compensar en parte la merma con las transferencias directas de la actualizada Asignación Universal por Hijo y los bienes indirectos derivados de la estructura de subsidios que abaratan sus consumos esenciales. Los efectos de la recesión en Europa y el mínimo crecimiento en Brasil son ocultados en forma deliberada por quienes pretenden cargar a la cuenta del gobierno toda restricción, como por ejemplo la demora en actualizar el mínimo no imponible para la cuarta categoría del impuesto a los ingresos de las personas. Gracias a la deficiencia explicativa oficial, ese legítimo reclamo ha sido desplazado por otro, insostenible, de lisa y llana supresión de la carga incluso sobre los salarios más elevados. Al paro del 20 de noviembre, durante el cual la Capital estuvo vacía por los piquetes que impidieron el acceso, pero el consumo de electricidad no disminuyó porque industria y servicios funcionaron con normalidad, se sumó la convergencia de las centrales que encabezan Moyano y Antonio Caló en una reivindicación de Augusto Timoteo Vandor, “instrumento de la oligarquía en la clase obrera” según la calificación de Rodolfo Walsh en su libro ¿Quién mató a Rosendo?. Esto mide la endeblez moral del sustento organizativo construido por el gobierno en el mundo del trabajo. Vandor sólo puede salir ganando en el cotejo con el artífice de esa recomposición, el agente de Inteligencia infiltrado entre los albañiles Gerardo Martínez. Al mismo tiempo, el Congreso ha puesto en marcha mecanismos de control y disciplinamiento sobre las mayores empresas. La regulación estatal sancionada esta semana para que el Mercado de Valores deje de ser un casino de lujo y sirva para canalizar hacia la inversión privada recursos que hoy se fugan o se autodestruyen, se agrega a la reforma de la carta orgánica del Banco Central, la estatización de YPF, el decreto 1277 de información y regulación del mercado hidrocarburífero y la entrada en vigencia plena la semana próxima de la ley de servicios de comunicación audiovisual. Esta semana se creó también el Sistema Nacional de Prevención de la Tortura y obtuvo media sanción la ley para los trabajadores en casas de familia; la Legislatura bonaerense sancionó la ley de acceso justo al hábitat y declaró inembargable la vivienda única familiar. Además, la presidente recibió al nuevo secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, a quien transmitió el apoyo argentino a ese sistema de protección y promoción. Este apartamiento de las tradiciones nacionales explica mejor que cualquier anécdota el gran malestar de los sectores acostumbrados a que las crisis se descargaran sobre los trabajadores, con empleo, desocupados o encarcelados, tal como hoy ocurre en la España suicida.
Grupo de familia
Ese fastidio se hizo explícito en el cacerolazo de papel del Episcopado católico. Su nuevo presidente, José María Toté Arancedo, es uno de los diez hijos de una acaudalada familia de Temperley, cuya propiedad familiar de estilo churrigueresco español tenía un jardín andaluz inspirado en la Alhambra de Granada. La madre de Toté se levantaba al alba para escuchar la primera misa y se bañaba con agua fría, incluso en invierno, “para no mimar al cuerpo” según instruía a sus hijos. Pero el primo Raúl Alfonsín desvió la austera vocación de Toté, quien podría haber sido un sacerdote obrero, y lo impulsó a estudiar en Roma e iniciarse en la molicie de la burocracia vaticana. El mayor de los varones, Ricardo Perucho Arancedo, se encargó de la sociedad familiar, Arancedo Hermanos, que está entre los principales consignatarios de hacienda del país. Dos hermanas del prelado, Marilina y María Amalia, se casaron también con fuertes ganaderos y el primo Roberto Arancedo preside el Mercado de Liniers desde 1992. También encabezó el Centro de Consignatarios de Productos del País. Los directivos de la empresa familiar son muy activos en la política ganadera, en oposición constante al gobierno. Cuenta un viejo amigo de los Arancedo: “Son formadores de precios, a través de aquella vieja práctica de la venta al oído, que Kirchner prohibió en 2006”. El mecanismo consistía en un acuerdo previo entre comprador y vendedor, que después se escenificaba en la subasta y permitía que 55 consignatarios que no representaban más del 20 por ciento de los vacunos que iban a faena impusieran los precios a todo el sector. Dos años después, Toté Arancedo apoyó las “demandas justas” de las cámaras patronales agropecuarias y reclamó a Cristina “revisar aquello que ha motivado el conflicto”. Es recomendable tener presente esta historia al releer el saludo episcopal de Navidad que, según el secretariado de Curas en Opción por los Pobres, “parece más preparativo del 7D, día que la independiente Corte de Justicia fijó para el fin de las cautelares”. Agregan que “para hablar de desocupación, empobrecimiento, hambre, inseguridad remitimos a los datos de la FAO, la CEPAL, el Banco Mundial o las estadísticas de inseguridad de la Corte. Lo menos que podemos decir es que nosotros, que estamos en los barrios, entre la gente, con los pies en el barro, tenemos una mirada muy distinta de la que presenta el documento episcopal. Y precisamente desde ese barro, queremos saludar por la Navidad adelantada a los pobres de nuestra Patria que reclama justicia e igualdad ante la ley”.
Un límite a la tortura
En el último día de sesiones ordinarias del Congreso, se creó el Sistema Nacional de Prevención de la Tortura. La ley, elaborada por una coalición de organizaciones de derechos humanos, entre ellas la Comisión de la Provincia de Buenos Aires por la Memoria y el CELS, articula un sistema nacional autónomo. Su vértice es el Mecanismo Nacional, con sede en el Poder Legislativo, e incluye al Consejo Federal de Mecanismos Locales, a los mecanismos provinciales ya creados o a crearse y a los entes públicos y las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales interesados en impedir la tortura. Sus facultades de visita, con o sin previo aviso, a los lugares donde haya personas privadas de su libertad, sean cárceles, comisarías, instituciones de menores o psiquiátricas, son amplias (podrá ingresar con teléfonos celulares, computadoras, grabadoras, cámaras fotográficas y/o de filmación; realizar entrevistas confidenciales sin testigos; reunirse con familiares, magistrados y funcionarios judiciales, abogados y médicos de los servicios penitenciarios; citar y pedir explicaciones e informaciones a los funcionarios de los lugares de encierro; supervisar el funcionamiento de los sistemas disciplinarios y de ascensos de las instituciones penitenciarias y promover sanciones por las infracciones que comprueben). Los funcionarios que obstaculicen su tarea pueden recibir penas de hasta dos años de prisión. El mecanismo podrá solicitar datos, información o documentación a cualquier autoridad de todos los poderes en todo el país y acceder a cualquier documento; creará y coordinará dos registros nacionales, de casos de tortura y de hábeas corpus por el agravamiento de condiciones de detención; elaborará normas para todo el país sobre capacidad de alojamiento y control de sobrepoblación, empleo de la fuerza, requisa y medidas de sujeción; régimen disciplinario, designación de funcionarios, documentación e investigación de casos, régimen de traslados y fortalecimiento de los controles judiciales. También diseñará y recomendará políticas de prevención. La ley fue sancionada por unanimidad, aunque la votación final en la Cámara de Diputados arrojó 137 votos a favor y 48 en contra, porque el artículo del proyecto sobre la composición del Mecanismo Nacional tenía dos redacciones distintas, una por cada Cámara. La media sanción que Diputados le dio en 2011 fue corregida hace dos semanas por el Senado. Pero todos los bloques aclararon que estaban a favor de su creación. Sus integrantes se ampliaron a trece, lo cual incluye seis miembros propuestos por el Congreso, tres por las ONG, tres por los mecanismos locales y uno por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. En ningún caso podrán ser legisladores o funcionarios con otro cargo, ya que la tarea requiere dedicación exclusiva, y el proceso de designación seguirá las pautas de idoneidad y transparencia diseñadas hace una década para la de los jueces federales (con publicidad de sus antecedentes, período de impugnaciones y audiencia pública), pero aún más exigentes ya que deberán contar con acuerdo de las dos cámaras del Congreso. Otro recaudo que debe asegurar su independencia es el funcionamiento en red con los organismos defensores de los derechos humanos. Su sanción colocará a la Argentina en un lugar de vanguardia en la construcción de institucionalidad para la prevención de la tortura. Creado el mecanismo, comienza la batalla por su implementación.
El sistema interamericano
En el mismo sentido avanza la propuesta que la Argentina presentó el 16 de noviembre ante el Consejo Permanente de la OEA para el fortalecimiento del Sistema Interamericano de Protección a los Derechos Humanos. Durante un encuentro en Olivos con el nuevo secretario ejecutivo de la CIDH, el sociólogo mexicano Emilio Alvarez Icaza, CFK le transmitió el respaldo argentino al sistema. Ningún otro mandatario de los 35 países miembros de la OEA lo había recibido. En la presentación dispuesta por el canciller Héctor Timerman, la Argentina defendió la autonomía e independencia del Sistema y, a diferencia de otros gobiernos populares de la región, que consideraron sus actos como intromisión en sus asuntos internos, lo definió como “una herramienta de mejoramiento institucional”. Defendió su universalización, lo cual incluye tanto el pedido a Venezuela para que no se retire de la jurisdicción de la Corte Interamericana como a Estados Unidos para que se someta a ella. Postuló que los estados miembros deben asumir la responsabilidad en el financiamiento del Sistema para reemplazar en un plazo de dos años las contribuciones voluntarias por aportes obligatorios estatales, “definidos en proporción a la cantidad de habitantes”. Este fondo sería administrado por la propia CIDH. El gobierno argentino encomió las recomendaciones que “viene haciendo exitosamente la Relatoría para la Libertad de Expresión” y propuso que todas las relatorías hagan lo mismo. Mientras los estados no asuman el financiamiento completo del sistema, la Argentina propuso que la Comisión Interamericana identifique los temas prioritarios y distribuya entre las relatorías los fondos recibidos de gobiernos y ONG. Sugirió la creación de una relatoría sobre derechos económicos, sociales y culturales y reclamó que el informe anual a la Asamblea General sobre la situación de los derechos humanos no se circunscriba a países determinados (los abonados permanentes son Cuba y Venezuela) sino que se extienda a todos los miembros y repase sus esfuerzos para ratificar instrumentos, tipo y número de violaciones alegadas, cumplimiento de medidas cautelares, decisiones y sentencias. Ese informe se presentaría ante la Comisión de Asuntos Jurídicos y Políticos, donde cada país haría conocer su reacción. También pidió una reglamentación precisa sobre medidas cautelares en casos que comprometan la vida o la integridad personal y respecto de los plazos procesales en la tramitación de los casos. Luego de la audiencia con la presidente, Alvarez Icaza declaró que la Argentina “representa un modelo paradigmático de relación con el sistema interamericano”.
El cambio continúa
El Vicegobernador de la Provincia de Buenos Aires, Gabriel Mariotto, y el bloque kirchnerista lograron la sanción de la ley del derecho a la vivienda y a un hábitat digno, que dejó de lado la normativa de la dictadura militar, pese a la reticencia de la agrupación sciolista La Juan Domingo, de los senadores que responden al intendente de Tigre Sergio Massa, de los del GEN y del monobloque radical de Santiago Nino. La regulación estatal del suelo urbanizado privilegia el interés general, la equidad y la inclusión social por sobre el interés individual de los propietarios y desarrolladores inmobiliarios, que elevaron en forma sideral los precios del suelo y obstaculizaron el acceso a la vivienda adecuada por parte de los sectores populares y medios, lo cual redundó en un déficit habitacional para un millón y medio de hogares. El proyecto, elaborado por una red de organizaciones públicas y no gubernamentales, había sido frenado por Scioli a principios de año, luego de varios artículos furibundos en el diario La Nación, pero fue retomado por Mariotto, La Cámpora, Miles y Nuevo Encuentro. Scioli amenazó con vetar los artículos que establecen que los desarrolladores de proyectos suntuarios (barrios cerrados, countries, hipermercados, clubes de campo, shoppings, cementerios privados que ocupen predios de más de 5000 m2) cedan el 10 por ciento del terreno para loteos populares, o su equivalente en dinero o en suelo urbanizable en otro lugar y que los municipios declaren obligatorio el loteo o la edificación de terrenos baldíos y construcciones paralizadas y si el propietario no lo hace en cinco años, los expropie. Como el veto parcial no existe y el costo del veto total sería devastador para su proyecto político, terminó por resignarse y anunciar que en la reglamentación defendería la propiedad privada (sic). La oposición de Massa se sustenta en los intereses de su ex jefe de gabinete, Jorge O’Reilly Lanusse, uno de los mayores desarrolladores inmobiliarios del país, con predilección por las tierras públicas. Los dos senadores que le responden (Jorge D’Onofrio y José Luis Pallares) anunciaron que votarían en contra, pero al ver que de todos modos la ley se aprobaría, levantaron la mano en silencio.
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Ramonet: “Latifundios mediáticos impulsan insurrección contra gobiernos progresistas”
Publicado el 11/14/12 • en el tema AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE •
Ignacio Ramonet
FERNANDO ARELLANO ORTIZ – ¿Cómo se explica la actitud de manipulación y mentira de los monopolios mediáticos en América Latina?, se pregunta el especialista español en ciencias de la comunicación Ignacio Ramonet, al referirse sobre el fenómeno de lo que muchos analistas han calificado como “la canalla mediática”.
Su respuesta es contundente: los que él denomina “latifundios mediáticos” privados en Latinoamérica porque concentran canales de televisión, estaciones de radio, periódicos y revistas, han declarado una guerra a muerte a los gobiernos progresistas de la región debido a que en su lucha por pagar la deuda social mediante un Estado redistributivo, pretenden desconcentrar el poder de la palabra impulsando una información pluralista que afecta sus intereses corporativos.
Lo paradójico, explica, es que por buscar ampliar la oferta informativa a través de fortalecimiento de canales públicos, los grandes dueños de los monopolios mediáticos que quieren seguir conservando su privilegio, no solo distorsionan la realidad sino que aducen que dichos gobiernos están atentando contra la libertad de prensa. Por el contrario, recalca Ramonet, de lo que se trata es que haya más libertad de expresión mediante la pluralidad y diversidad de expresión.
Este destacado científico social, doctor en Semiología e Historia de la Cultura, con una amplia experiencia tanto periodística como docente, y uno de los analistas más agudos internacionalmente sobre el fenómeno de las comunicaciones, director actualmente de la edición en español de Le Monde Diplomatique, estuvo en Bogotá y Medellín entre el 13 y el 16 de noviembre cumpliendo una serie de compromisos académicos.
En la Universidad Piloto de Bogotá presidió un dinámico conversatorio, especie de rueda de prensa, en el que participó el Observatorio Sociopolítico Latinoamericano http://www.cronicon.net.
Comportamiento descarado y caricatural
Al estar empeñados los gobiernos de países como Argentina, Bolivia, Ecuador, Brasil, Uruguay y Venezuela en democratizar el acceso a los medios de comunicación a través de una legislación que permita diversificar la oferta informativa, impulsando y fortaleciendo los canales de radio y televisión públicos y comunitarios, están tocando en forma directa los intereses de los dueños de los grandes medios de comunicación que por años han tenido posición dominante.
Ello explica en buena medida, señala Ramonet, la guerra mediática descarada que han desatado los empresarios de los medios privados contra mandatarios progresistas como Cristina Fernández de Kirchner, Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales, para traer a colación los casos más recurrentes.
En la actualidad, explica, “los medios de comunicación se utilizan como arma de combate y su propósito es el de defender sus intereses de casta. Ya no actúan como medios sino como auténticos partidos políticos. Si antaño se exigía la reforma agraria porque la tierra era un elemento de poder, ahora se hace necesario una reforma a la concentración de los medios, los denominados latifundios mediáticos”, por cuanto que de “la calidad de la información depende la calidad de la democracia. No puede haber opinión pública si no hay medios de masas”, afirmó el científico social.
Calificó de “descarado y caricatural” el comportamiento de los “latifundios mediáticos” en la región que, por defender sus oligopólicos intereses corporativos, vienen desplegando una intensa campaña para desestabilizar los gobiernos que no les son afines a sus conveniencias lucrativas.
Señaló al Grupo Clarín de Argentina que concentra innumerables canales de televisión abierta y por cable, estaciones radiales y posee el diario del mismo nombre que se edita en Buenos Aires, de estar detrás de la organización e impulso de la manifestación del pasado 8 de noviembre que se publicitó bajo la denominación del 8N contra el gobierno de la presidenta Cristina Fernández.
La impudicia llegó a tanto, agregó Ramonet, que la CNN en español, “en un caso de intromisión de una cadena internacional pocas veces visto en un debate nacional como el argentino, hacía llamados a la insurrección publicitando el 8N”. Y todo lo presentan como si fuera información, en una actitud caricatural de periodismo, recalcó.
Lo mismo ha ocurrido, dijo, con el gobierno de Rafael Correa en Ecuador, país en que los grandes medios han estado tradicionalmente en manos de banqueros corruptos que estafaron a millones de ciudadanos o de grupos económicos reducidos, los cuales han pretendido seguir ostentando la propiedad de los mismos. Como se resisten a perder el control de la información, han montado toda una matriz mediática para hacer aparecer al mandatario ecuatoriano como autócrata, contrario a la libertad de prensa y reacio a la crítica.
Afortunadamente, agregó, “poco a poco los ciudadanos van tomando conciencia y empiezan a mostrar gran desconfianza de la manipulación mediática. Temen encontrarse en un estado de inseguridad informativa”.
Se creyeron dueños del espacio radioeléctrico
Tras visitar durante los últimos seis meses países como Argentina, Brasil, Ecuador, Bolivia, Venezuela y ahora Colombia para informarse en detalle sobre la legislación y funcionamientos de los medios de comunicación en estas naciones latinoamericanas, Ramonet explica que en todas ellas se adoptó la pauta norteamericana en el sentido de que los medios fueran manejados por el sector privado a través de concesión de espacios del espectro radioeléctrico que, como se sabe, es de propiedad de los Estados.
Por lo general, recuerda, las licencias para operar canales de televisión y las emisoras de radio fueron entregadas a familias prominentes del establecimiento o a determinados grupos empresariales por favoritismo político o por conveniencias económicas. Dichas licencias se otorgaban para que esos medios fueran explotados durante 15 o 20 años. Lo que ocurre, dice Ramonet, es que los favorecidos se consideraron “dueños de los espacios por siempre jamás”.
De medios de información a partidos políticos
Al tiempo que la canalla mediática en América Latina defiende a rabiar sus intereses corporativos mediante estrategias de desprestigio contra los gobiernos progresistas, hasta tal punto que logró dar un golpe de Estado como el de Venezuela en abril de 2002 cuando fue derrocado por 48 horas el presidente Hugo Chávez, simultáneamente se ha convertido en partido político, explica Ramonet.
En efecto, afirma, “ante el derrumbe de los partidos corruptos de derecha que ya no tienen apoyo popular, en varios países latinoamericanos los grandes medios que están en manos del establecimiento, han asumido el rol de oposición y desestabilización política”, lo cual se observa no solo en Venezuela sino en Honduras y Paraguay en donde contribuyeron a tumbar a los presidentes José Manuel Zelaya en junio de 2009 y Fernando Lugo en 2012, respectivamente, así como en Ecuador cuando trataron de derribar del poder a Rafael Correa en septiembre de 2010; y actualmente en Argentina, en que el Grupo Clarín y el ultraconservador diario La Nación buscan torpedear por todos los flancos a la mandataria Fernández de Kirchner.
Democratización de los medios está en la diversidad
No obstante la guerra mediática contra los líderes de izquierda y progresistas de la región, Ramonet resalta que paulatinamente varios países latinoamericanos están implementando legislaciones que permitan la pluralidad de la información, lo que como es obvio, va a posibilitar diversidad de miradas y voces sobre la realidad.
En ese sentido, hace un comparativo con lo que ocurre en Europa, en donde los Estados desarrollan canales de comunicación pública, cuyo trabajo responsable y profesional han posicionado a emisoras como la BBC de Londres, RTVE de España, Deutsche Welle de Alemania, la RAI de Italia, Radio Francia, entre otras, al tiempo que el sector privado explota como negocio sus propios medios.
No sería justo, afirma Ramonet, que el Estado solo manejara la totalidad de los medios de comunicación, por el contrario, lo es necesario y lo importante es la diversidad. “Hay que defender la pluralidad informativa pero infortunadamente en América Latina se oponen los privados porque tiene concentrado todo el pastel comunicacional y publicitario”. De allí, colige, es imperativo desarrollar los canales públicos y el sector comunitario, dándoles espacios radioléctricos y brindándoles financiación.
Sin embargo, reitera que es precisamente la búsqueda de pluralidad informativa por parte de varios mandatarios latinoamericanos lo que ha creado irritación en los monopolios mediáticos que están viendo perder su exclusividad, y por esta razón la han emprendido contra los gobiernos que están tocando directamente sus plutocráticos intereses.
Nuevas tecnologías y el impulso de medios alternativos
Como bien lo señala en su último libro “La explosión del periodismo”, Ramonet recalca que Internet ha puesto en jaque a los medios tradicionales, pero al mismo tiempo, está impulsando la generación de medios alternativos y comunitarios.
“Las nuevas tecnologías han transformado la comunicación y han permitido el apoderamiento de la sociedad frente a los monopolios mediáticos”, hasta tal punto, agrega, que “nunca había sido tan fácil ser periodista como hoy”.
Destaca experiencias comunicacionales como la radio La Colifata de Argentina que emite desde un sanatorio psiquiátrico y sobre la cual Ramonet tuvo conocimiento gracias a la información que le suministró el cantautor francés de origen español Manu Chau.
Como lo señala en la presentación de su web (www.lacolifata.org/) esta estación radial “es una ONG que brinda servicios en salud mental utilizando los medios de comunicación para la creación de ‘espacios en salud’, además, desarrolla actividades en el área de investigación. Es comúnmente conocida como LT 22 Radio ‘La Colifata’, la radio de los internos y ex internos del Hospital Borda de Buenos Aires. Es la primera radio en el mundo en transmitir desde un neuropsiquiátrico”.
Modelo tradicional de medios está en crisis
Las posibilidades que ofrecen no solo el Internet sino la computadora, el celular, el iPad, las cámaras digitales, etc., para procesar información han producido la crisis de los medios tradicionales, sostiene el director de la versión española de Le Monde Diplomatique.
Por ello no duda en aseverar que “la democratización de la información es relativamente posible” gracias a estas tecnologías que han permitido la irrupción de medios alternativos, pero así mismo es evidente que “el modelo tradicional de los medios está en crisis, y eso que la revolución en Internet apenas está empezando”.
Ramonet explica que esta crisis se refleja en tres aspectos: la mayor parte de los medios de prensa escrita están perdiendo dinero; o están ganando menos; o están en quiebra. Puso como ejemplo el hecho de que en Estados Unidos más de 120 periódicos en los últimos años han cerrado y 35 mil periodistas han perdido su trabajo. O el caso de El País de España adquirido recientemente por el fondo financiero Liberty que acaba de despedir a 129 trabajadores. Es más, se atrevió a afirmar que “nadie puede asegurar que la CNN pueda llegar al final del próximo año”.
Frente a este panorama desolador dijo que la alternativa son los medios independientes que por sus innovadores esquemas funcionales están posibilitando hacer buen periodismo. Trajo a colación el caso de la web norteamericana de noticias on line Politico.com, especializada en noticias sobre la Casa Blanca y el Congreso de los Estados Unidos.
“Su modelo económico se basa en la gratuidad, pero este diario on line a lanzado a principios de 2011 una web de pago: Político Pro con una suscripción anual que cuesta 1.49 dólares”.
Europa o la destrucción del estado de bienestar
Finalmente se refirió a la realidad sociopolítica de Europa y dijo que lo que se está presenciando en la actualidad es la destrucción del estado de bienestar, en buena medida responsabilidad de la socialdemocracia que perdió su esencia ideológica y se convirtió en social-liberalismo. Los casos paradigmáticos dijo Ramonet, son los de José Luis Rodríguez Zapatero en España; George Papandreou en Grecia; y José Sócrates en Portugal que siendo líderes de partidos que se decían socialistas terminaron defraudando a sus electores porque impulsaron paquetazos neoliberales en contra de las condiciones de vida de los habitantes de estos países.
En buena hora, comenta, han aparecido sectores de izquierda como Syriza en Grecia, el Partido de Izquierda que lidera Jean-Luc Mélenchon en Francia, o unos frentes amplios de agrupaciones progresistas que se inspiran en los procesos políticos que se vienen dando en América Latina, en el sentido de revertir el modelo neoliberal para que el Estado recobre su papel de proteger a los más débiles.
Bogotá, noviembre 12 de 2012.
teleSUR
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