America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Argentina: El canal Encuentro presentó su nueva programación


31-03-2009

El director de cine, Juan José Campanella, será una de las atracciones de la renovada grilla del medio cultural. “Caudillos”, una serie que reflejará las figuras del panorama político de la Argentina durante el siglo XIX, y “Grandes pensadores del siglo XX”, presentado por Ricardo Forster, serán de la partida.

“Caudillos”, una serie que apunta a reflejar las figuras que dominaron el panorama político y social de la Argentina durante gran parte del siglo XIX, y “Grandes pensadores del siglo XX”, presentado por Ricardo Forster que indaga en la voz y la imagen de Jacques Lacan, Claude Lévi Strauss, Hannah Arendt y Michel Foucault, son algunos de los estrenos que prepara el canal Encuentro para este mes en que presenta su temporada 2009.

En el marco del lanzamiento de la programación 2009, realizada en el Salón Leopoldo Marechal del Palacio Sarmiento, también se anunció el debut de “Entornos invisibles de la ciencia y la tecnología”, una serie conducida por Juan José Campanella que aborda los recursos científicos y tecnológicos que se aplican en los grandes escenarios de la vida cotidiana del hombre.

Además, Encuentro emitirá nuevos episodios de sus series características como “Filosofía aquí y ahora”, “Proyecto G”, “Alterados por Pi”, “Bio.ar” y la segunda temporada de “PAKAPAKA”.

El titular de la cartera educativa nacional Juan Carlos Tedesco y el director del Canal Encuentro Ignacio Hernaiz encabezaron del lanzamiento de la grilla 2009.

“La televisión siempre fue subestimada y desvalorizada por todos los intelectuales que teníamos una visión progresista de las cosas y se la dejábamos a quienes la manejaban con otros criterios. Hoy estamos demostrando que el medio se puede usar en otro sentido, que puede mover nuestros sentimientos, poniéndolos al servicio de nuestros mejores valores”, subrayó Tedesco al remitirse al contenido que presenta la emisora.

Figuras como Gastón Pauls, Mariana Briski, Juan José Campanella, Teresa Parodi y Gonzalo Bonadeo, Pacho O’ Donell, Ana Cacopardo y Rep, también asistieron a la presentación y formarán parte de la nueva programación.

También estuvieron presentes el ex ministro de Educación y senador Nacional Daniel Filmus, el presidente del Sistema Nacional de Medios Públicos, Tristán Bauer, el director de Canal 7, Martín Bonavetti, y el director de Radio Nacional, Eduardo García Caffi.

El Argentino.com

01/04/2009 Posted by | Politica Latinoamerica, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , | Deja un comentario

ARGENTINA RECHAZA EL BORRADOR DEL DOCUMENTO FINAL DE LA CUMBRE DEL G-20. POCOS AVANCES CON EL FMI


“Es lavado y sumamente insuficiente”

Por David Cufré

Desde Londres

El gobierno argentino rechaza el borrador del documento de la cumbre del Grupo de los 20 que estaba redactado hasta ayer. Lo considera “lavado” y “sumamente insuficiente” como respuesta frente a la crisis internacional. Funcionarios de la delegación que participará de ese encuentro desde esta noche en Londres revelaron que el capítulo referido al Fondo Monetario Internacional no responde, hasta el momento, a las expectativas argentinas. “Podríamos volver al FMI sólo si no impone condicionalidades para la entrega de ayuda financiera, pero no creemos que lo haga. Volveríamos si nos pusieran como condición que usemos el dinero para construir escuelas, para desarrollar la obra pública y para afianzar el mercado interno. El FMI tiene una estructura y una burocracia que se retroalimentan y que si no cambian nos impiden volver”, revelaron desde la comitiva argentina.

Los presidentes del G-20 se reunirán esta noche para la cena luego de una recepción de la reina Isabel en el Palacio de Buckingham. Ese será el inicio de la cumbre del G-20, que continuará al día siguiente con un extenso desayuno de una hora y media, el cual fue pensado para dar oportunidad a los mandatarios de limar las gruesas diferencias que existen hasta este punto. Si las posiciones no se acercan y no se incluyen algunos puntos que el gobierno argentino juzga indispensables, el discurso de Cristina Fernández de Kirchner en el plenario de la cumbre dejará expuesto el rechazo al documento. “Se puede ser diplomático, no hace falta meterle los dedos en los ojos a nadie para decir las cosas que tenemos que decir”, indicaron los funcionarios.

No existen muchas expectativas respecto de lo que pueda ocurrir con el FMI, pero como mínimo la Argentina aspira a que se capitalice el organismo en 250.000 millones de dólares y haya una emisión de Derechos Especiales de Giro (DEG) por otros 150.000 millones. Las cuotas de los países socios del Fondo están medidas en DEG, los cuales están constituidos por una canasta de monedas que incluye el dólar, el euro y el yen, entre las principales. Una ampliación de los DEG elevaría la cuota de la Argentina y de manera indirecta impactaría favorablemente sobre las reservas internacionales del Banco Central, que contabilizan las tenencias en DEG. Aun así, el mayor reclamo argentino es que terminen las condicionalidades del FMI para proveer ayuda financiera y eso no está incluido en el documento del G-20 que preacordaron las grandes potencias. La Presidenta insistirá con el punto en la cena de esta noche y en las reuniones de mañana.

Cristina lo habló ayer en la cumbre de Qatar con Lula da Silva y volverá a negociarlo hoy en un encuentro bilateral. Aunque el Gobierno definió estratégicamente que debe preservar la relación con Brasil, lo cierto es que en este tema y en varios otros surgen diferencias importantes en las posturas internacionales con el mayor socio del Mercosur. Por lo pronto, Brasil está satisfecho con las reformas que anunció el FMI en las últimas semanas y no levanta con el mismo ahínco que la Argentina la bandera de transformaciones más profundas.

“Como mínimo, el documento final de la cumbre debería incluir la lista de paraísos fiscales, que concentran el 40 por ciento del ahorro mundial. Dicen que lo van a hacer, pero hasta que no lo veamos no lo vamos a creer”, dijeron escépticas las fuentes argentinas. Una de las razones para el escepticismo es que Gran Bretaña, anfitrión de la cumbre y aliado de Estados Unidos en su puja con el resto de Europa en el G-20, protege a los paraísos fiscales. “Barbados es Inglaterra, las Islas Caimán son Inglaterra y Bermudas son Inglaterra. Y el 30 por ciento del PIB de Gran Bretaña es la actividad financiera. Por eso ellos resisten la presión de Alemania y el resto de Europa para imponer nuevas regulaciones a la actividad financiera y a los paraísos fiscales”, interpretaron.

“El otro punto indispensable es que haya principios concretos de regulación de los mercados financieros”, agregaron los funcionarios. En este punto, hasta ahora el documento final del G-20 tampoco avanza mucho, más allá de las declaraciones retóricas. La tensión entre las grandes potencias del G-7 podría hacer naufragar el encuentro del G-20, advierten desde el gobierno argentino, que en vista de esa situación quiere dejar clara su posición para no acarrear costos inútilmente. “Lo único que nos falta es que esto sea un fracaso y nos echen la culpa a nosotros. Que nos digan ‘qué hicieron ustedes cuando estaban ahí'”, se atajaron desde el Gobierno.

Las diferencias entre Estados Unidos e Inglaterra, por un lado, y Alemania, Francia y el resto de Europa, por el otro, se explican por los diferentes intereses en juego. Estos últimos países temen que se produzca una situación de estanflación: estancamiento económico con inflación, si siguen con los paquetes de estímulo fiscal. Por eso su atención está puesta sobre todo en la regulación del sistema financiero, al que responsabilizan de haber provocado la crisis. Estados Unidos e Inglaterra, por el contrario, insisten en que para revertir la caída de la economía es imprescindible que los estados nacionales vuelquen monumentales masas de dinero para reactivar el consumo y la inversión. Dejan en un segundo plano lo que tiene que ver con las regulaciones financieras, en respuesta a las presiones de Wall Street y de la city londinense.

Página 12

01/04/2009 Posted by | Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Uncategorized | , , , , , , , , | Deja un comentario

Argentina: a los 82 años, murió ayer el ex- Presidente Raúl Alfonsín


La consagración a la política

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Raúl Alfonsín, el militante tenaz, el político apasionado, el primer presidente tras la dictadura. El recuerdo de un hombre respetado y discutido que dejó su marca en la etapa democrática que se iniciaba en el ’83.

Por Mario Wainfeld

Fue jefe de una tenaz minoría progresista dentro del radicalismo durante añares. Tuvo digna conducta contra la dictadura y rayó alta su presencia en la APDH. Fue congruente con ese pasado cuando llegó a la Casa Rosada. Ganó la mayoría en la UCR y la presidencia en campañas inolvidables, bañado en multitudes. Recuperó el verbo político, se colocó a la vanguardia en la lucha por los derechos humanos, poniendo en el banquillo a las cúpulas militares. Se hizo centro de la política durante un buen trienio, sus adversarios debieron replicarlo para hacerse competitivos. Dos récords se lleva: le cupo ser el primero que batió al peronismo en elecciones presidenciales libres y más tarde el primer mandatario democrático que entregó la banda a un dirigente de otro partido. Acaso como nadie llenó la Plaza dos veces con muchedumbres multipartidarias, en ambas ocasiones las defraudó. Exaltó la democracia con palabras inolvidables, también consagró las “Felices Pascuas”. Cedió ante los carapintadas, firmó las leyes de la impunidad. Coqueteó con la hegemonía, concertó el Pacto de Olivos y la Alianza. Prometió un sistema durable y eficiente, terminó envuelto en la hiperinflación y la anomia. Amaneció peleando contra las corporaciones, más adelante transó con ellas, sin mayor fortuna. La gestión del Estado no fue su fuerte, un síndrome radical: para peor le cayeron tiempos difíciles. Llevó a su partido, la novia de sus ojos, más alto que nunca y acompañó la mayor caída de su historia.

La mera enumeración previa, que se tratará de ampliar y hacer más cartesiana en las líneas que siguen, habla de un personaje de primer rango, en las maduras y en las verdes. No sería serio, ni justo ni interesante pretender describirlo en cuatro palabras o en un título.

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De la primavera al Plan Austral: La campaña del ’83 y su desembarco en el gobierno resultaron sus horas más gloriosas. Sintonizó las ansias de una sociedad herida, encerrada y privada de libertades básicas. Orador formidable y fogoso, enunció las menciones necesarias: la exaltación de la vida, la promesa “con la democracia se come, se educa, se cura”, el reproche a todo tipo de autoritarismo. La ilusión se palpaba en las calles: afiliaciones masivas, concentraciones de decenas o cientos de miles de argentinos esperanzados. Construyó su triunfo interpelando a una mayoría social amplia, ganó hasta en la provincia de Buenos Aires, fue plebiscitado.

Conservó el impulso triunfal hasta fines del ’85, redondeando. Se quiso comer la cancha, plasmar y conducir un tercer movimiento histórico, superador del justicialismo y del radicalismo. “Por cien años más”, coreaban sus partidarios. La reforma constitucional, el traslado de la Capital a Viedma eran parte de esos sueños fundacionales que se fueron diluyendo cuando encontraron resistencia, fuera y dentro de su coalición inicial.

En el primer tramo, dispuso la investigación de la Conadep y el Juicio a las Juntas. Su propósito inicial -que los tribunales militares juzgaran a los represores- fue desbaratado por la solidaridad entre los uniformados. Todavía duraba la buena estrella: ese error de diagnóstico ayudó a que la Cámara Federal tramitara esa causa ejemplar, un hito imborrable.

En su arrebato inicial quiso reformar el régimen sindical, mediante la llamada ley Mucci. Le fue un búmeran, perdió apenas la votación en el Senado y consiguió la reconstitución del peronismo cerrado en defensa de la CGT. Una digresión breve: es tentador buscar un paralelo con lo sucedido décadas después con las retenciones móviles.

A medida que rodaba la gestión de gobierno se fue percibiendo la insuficiencia (si no la pobreza) de su diagnóstico sobre la coyuntura y sus eventuales soluciones. No bastaba el ímpetu democrático para relanzar la economía y abrir las ventanas de las fábricas. El peso de la deuda externa, el ancla del déficit, los cambios estructurales fueron subestimados en campaña y en los pininos de su mandato. Tampoco había noción del fin de un ciclo económico, que (simplificando mucho) corrió entre 1945 y el Rodrigazo de 1975. La pesadilla de la dictadura acaso camufló el final de un modelo que no se podía regenerar, en promedio estimado por radicales, peronistas y desarrollistas. Esa perspectiva angostada no era exclusiva de Alfonsín, de lejos el primus inter pares: era una carencia común de la clase política, frizada largo tiempo, lanzada al ruedo de sopetón por la catástrofe de Malvinas.

Su primer elenco de gobierno fue tropezando con un universo que no entendía del todo. Alfonsín, igualmente, mantenía el centro del ring. Confrontaba con las corporaciones, discutía de cuerpo presente con los que lo rebatían: se encaramó a un púlpito para regañar a un cura, lo refutó a Ronald Reagan en el corazón del imperio. Con el índice en ristre, ceñudo e implacable, reivindicaba ser la izquierda posible. Había que ver lo que decía el establishment sobre él, en aquel olvidado entonces.

La economía se le pialaba, la inflación galopaba. El peronismo renovador se hacía cargo de su innovación republicana, era su victoria pero le restaba originalidad. Saúl Ubaldini empezaba a ocupar las calles. Hubo un cambio de elenco, los compañeros de siempre relevados por técnicos más jóvenes y sintonizados con la época. La narrativa fundacional y ambiciosa, la utopía progresista, fue derivando a un relato “modernizador”. La gobernabilidad, entendida como la limitación de las demandas sociales, ganó terreno. Comenzó a definirse a los reclamos como eventuales desestabilizadores: la democracia se podía poner en riesgo si abundaban los reclamos acerca de cómo se comía, educaba o curaba. Cual un disyuntor que podía saltar si se agregaba mucho voltaje.

Dos años antes de la cita más evocada, en abril de 1985, Alfonsín llamó a una movilización para alertar contra un posible golpe. Fue esa una de las Plazas más colmadas y multicolores de la que se tiene memoria. Un arco político asombroso por lo vasto lo bancó. Nada comentó él del golpe, anunció (y pidió anuencia para) la “economía de guerra”, la defraudación fue grande pero todavía no rompió el hechizo. No fue un golpe de knock out, pero sí una premonición.

El consabido plan de estabilización, el Austral, contó con apoyo sensible de la población y obró los clásicos efectos inmediatos de esos programas. Se frenó en seco la inflación, lo que pareció dar sentido a la nueva moneda. La UCR revalidó en las elecciones parlamentarias de ese año, un canto de cisne inadvertido.

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En caída: Su prospecto de democracia fincaba en la civilidad y los partidos, las corporaciones eran su bestia negra. Contra la Iglesia Católica, mantuvo la lid bastante tiempo: le torcieron el brazo en el Congreso Pedagógico, por mayor organización y militancia. Pero primó sobre el oscurantismo católico cuando promovió y logró la sanción de la Ley de Divorcio, un paso enorme en la secularización y modernización de la sociedad civil.

En su fatal ’87, viró su relación con las corporaciones económicas: no había podido vencerlas, las sumó a su gobierno. Los “capitanes de la industria” lograron puestos dominantes, la cúpula rancia de la CGT se quedó con el Ministerio de Trabajo. Fue un retroceso a pura pérdida: melló su capital simbólico sin compensación pragmática alguna.

En ese devenir, llegó Semana Santa. Otra vez congregó una asistencia masiva, fiel, con decenas de miles de espontáneos, de todo pelaje. Tenía a toda la sociedad y al peronismo remozado a su vera, cedió ante las demandas de los militares amotinados. Una doble duda será perenne. La más obvia, es si estaba forzado a rendirse: su entorno y él mismo siempre porfiaron que sí, que evitaron un mal mayor, que salvaron al sistema democrático. No fue ésa la lectura preponderante, ni la de este diario. Otro interrogante, quizá más táctico pero enorme, es por qué eligió, amén de retroceder, engañar a la multitud que lo vitoreaba y le ponía el cuerpo. Cuatro años atrás estaba un paso por delante del conjunto de la sociedad, el punto óptimo para un líder popular. En las Felices Pascuas, decepcionó.

Jamás se le perdonó el “doble discurso”. La sociedad era, todavía, exigente, menos vencida que en el futuro inminente. Carlos Menem podría, más adelante, confesar que había roto el contrato electoral y ser reelegido.

El discurrir de la economía no lo ayudaba, el peronismo renovador le dio una paliza en las elecciones de 1987. Los años siguientes fueron tremendos, en caída libre. El gobierno se fue amoldando, sin logros palpables, a los dictados de los organismos internacionales de crédito. El contexto internacional no ayudaba, los precios de las materias primas rozaban el piso.

El gobierno perdió identidad, acechado por la malaria, la inflación y la pérdida general de rumbo. Eduardo Angeloz, un competidor interno que no le gustaba ni medio, fue el candidato. Se adelantaron los comicios para ver si se mejoraba el score, Carlos Menem ganó por goleada. Entre la anomia, los saqueos y la hiperinflación fue forzoso adelantar la entrega del mando y dejarle las manos libres para dictar las arrasadoras leyes de Reforma del Estado y de Emergencia económica. No es cuestión de quitarle responsabilidad a ese presidente y a la sociedad que lo acompañó pero el declive del alfonsinismo les hizo el campo orégano.

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Un lugar en el mundo: La política exterior sigue siendo uno de sus buenos legados, en la línea de la autonomía defendida por los gobiernos nacional-populares. Argentina fue eje de una firme presencia regional en la normalización democrática de Nicaragua. Alfonsín cortó de un tajo las veleidades belicistas de militares y dirigentes argentinos dirimiendo los conflictos territoriales con Chile. Sometió a consulta popular no vinculante el tratado por el canal de Beagle, goleó a los falaces nacionalistas o dinosaurios que le hicieron frente.

Puso el cimiento del Mercosur, un proyecto inacabado y formidable, típico del último cuarto de siglo, un giro a favor de la unidad de la región.

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Compañeros y correligionarios: Creyó llevarse puesto al peronismo, cuya capacidad de reconversión y adaptación le fue torciendo la mano. Desistió de su afán hegemonista e innovador y se acomodó al rol de consocio del bipartidismo. Una de las tareas comunes era ocluir el surgimiento de terceras fuerzas, aun al precio de consentir lados oscuros del enemigovio. La provincia de Buenos Aires fue el territorio dilecto de esa transacción compleja, complaciente, llena de canjes lícitos o no tanto, justificada en nombre de la gobernabilidad y de defender la organización partidaria.

Eduardo Duhalde fue el dirigente con el que tuvo más afinidades, en esa provincia y en su difuso pensamiento económico (llamémoslo) desarrollista-productivista. Lo apoyó en su gobierno provisional, al que sumó dos ministros radicales, bien plegados a la corporación militar y a la judicial que regentearon.

Con Carlos Menem cerró el círculo de socio menor del bipartidismo, al suscribir el llamado Pacto de Olivos. Otra vez eligió conceder en un trance complejo. Ese acuerdo es, a ojos del cronista, injustamente criticado por su origen secreto. Las negociaciones políticas suelen iniciarse así, nada hay de escandaloso en ello. En este caso, el producido se sometió al voto popular y la Constituyente. Fue legal y legítimo, el cuestionamiento válido es a su fondo: habilitó la concentración del poder menemista, a cambio de quedar como la oposición de su majestad.

Néstor Kirchner le llamó la atención de entrada, pero siempre le incomodó que no le prodigara deferencia. Si bien se mira, hay mucho más del primer Alfonsín en el primer Kirchner de lo que se suele aceptar en trincheras distintas, hubiera venido bien un reconocimiento del otro. Un punto alto de la injusticia fue cuando el ex presidente omitió mencionarlo en marzo de 2004, en el acto de la recuperación de la ESMA. Su punto de vista está contado con más detalle por el propio Alfonsín, en el reportaje que se publica en esta misma edición.

Luego, acompañó la candidatura de Roberto Lavagna por la UCR: evitar la consunción radical que vio de cerca en 2003 fue su última obsesión. Un peronista a la cabeza de los boinas blancas, el fin de una tradición. Alfonsín ya había consentido un ensayo general, mucho más gravoso para la Argentina, sobrevolado en el párrafo que viene.

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La Alianza: El Frepaso le sacaba ventaja al herido radicalismo, pero tal vez ninguno se bastaba para remover al menemismo en 1999. Carlos “Chacho” Alvarez quiso acortar camino, lo eligió para sugerirle la formación de una coalición política. Alfonsín se prendó más de la idea que su mayor beneficiario inmediato, Fernando de la Rúa. Atisbó en la Alianza una tabla de salvación y, zorro viejo al fin, acaso intuyó la victoria en la interna abierta. Era otra ofrenda en el altar de su partido: él detestaba a De la Rúa a quien siempre clasificó como un pelmazo de derecha, con sagacidad premonitoria.

Atravesó el mandato de De la Rúa con patente incomodidad. Tenía aliados apreciados en el primer gabinete: Federico Storani, José Luis Machinea, el propio Alvarez. Pero lo desazonaba la tonalidad del gobierno, su política claudicante y recesiva. Su influencia era módica y cada vez que hablaba “los mercados” le ladraban y lo acusaban de aumentar el riesgo país, hacer bajar el Merval y exacerbar la inflación. Ninguna de esas variables precisaba su ayuda, pero el rencor del poder económico le calzaba los puntos. Fue apenas ayer, no se rememora ya.

Ante el escándalo de las coimas senatoriales, calló en ejercicio de la solidaridad corporativa. Con los nuevos gabinetes terminó su poca empatía y optó por ser orgánico antes que sincero, un tributo a la flaqueante gobernabilidad que no es sensato censurar.

Adiós: Le cupo ser protagonista y (por un entrañable rato) líder de una etapa aún inconclusa e insatisfactoria. Un referente de primer nivel, en logros, errores, recuperación de derechos y regresiones. Jamás dejó de ser un militante, un hombre consagrado full time a la pasión política, el mejor (con gran margen) entre sus correligionarios. Y no escapó a las carencias de su partido y de su época. Advenían las primaveras democráticas y transcurría, en materia económico social, “la década perdida”. Esas dos referencias ulteriores acaso circunscriban su responsabilidad en los fracasos y su participación en los éxitos, sin anularlos: el tono de época tiene su peso, que en el momento no se termina de pulsar.

¿Cómo se redondea el juicio sobre una figura central? ¿Por las grandes metas que se propuso? ¿Por sus acciones más gloriosas? ¿Por sus peores errores y defecciones? La discusión política suele elegir alguna de esas opciones, lógicas en el fragor pero incompletas.

Digamos que el apabullante relato de su trayectoria se abre a cien interpretaciones o alineamientos, también proporcionales a su entidad.

El cronista votó contra Alfonsín en el ’83, se desayunó bastante pronto de que su victoria era lo mejor que pudo pasarle a la Argentina y lo escribió hace casi 25 años. Lo apoyó en las urnas en la consulta popular sobre el Beagle y le hizo el aguante en la Plaza cuando “la economía de guerra” y las “Felices Pascuas”, padeció el imaginable desencanto ulterior, que lo marcó para siempre. Escribe esta columna con tristeza, sentimiento subjetivo de pérdida y respeto aunque sin renegar de las discrepancias.

El ex presidente se afilió al radicalismo a los 18 años y militó hasta dar el último suspiro. Fue un militante inclaudicable, amén de un dirigente de primer nivel, un presidente ungido por clamor popular, un batallador en el llano o en la cima. La vocación política signó su existencia. Atravesó con entereza su enfermedad y murió en la casa donde siempre vivió. Por si es menester subrayarlo: todas estas referencias son elogios en la escala de valores del cronista. Los políticos democráticos de raza, aun aquellos con los que se disiente o se embronca, le caen mejor que la nueva cosecha de deportistas (fogueados en deportes individuales), empresarios ricos, hijos de empresarios ricos o gentes de la farándula que surfean en la antipolítica en pos de votos, a veces con buena fortuna.

Voló muy alto, sufrió reveses crueles. En los últimos tiempos, cuando flaqueaba su salud, recibió reconocimientos un poco tardíos pero merecidos de sus adversarios políticos. El canibalismo de la lucha política argentina es proverbial, él se ganó una tregua y algo habrá hecho para lograrla.

El cronista no cree en generalidades tales como “el juicio de la historia”. La historia no es un área de consensos, desangelada: es un terreno de disputa, tanto como la política. Y luchadores-emblema como Raúl Alfonsín, como el Cid, como Perón siguen luchando después de muertos. Su legado, su mensaje serán recuperados por otros, con coherencia o sin ella, para bien o para mal. A diferencia del Cid no será ganador en una sola, última batalla: revistará en combates y aun derrotas ulteriores a su partida, tal el sino de los políticos vocacionales e incansables que la siguen peleando cuando sus cuerpos dijeron “basta”.

mwainfeld@pagina12.com.ar

01/04/2009 Posted by | Politica Latinoamerica, Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario