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Chile – ¿Sobran los periodistas?

Gabriel García Márquez afirma que “el periodismo es el mejor oficio del mundo”. Sin embargo, voces como la de Ignacio Ramonet, director del mensuario “Le Monde Diplomatique”, advierten que los periodistas “están en vías de extinción”.

“El sistema informacional -dice Ramonet- ya no les quiere. Hoy puede funcionar sin periodistas o, digamos, con periodistas reducidos al estadio de un obrero en cadena, como Chaplin en “Tiempos Modernos”… Es decir, al nivel de retocador de despachos de agencias. Hay que ver lo que son hoy las redacciones, lo mismo en los diarios que en las radios y en las televisiones. Se ve a las celebridades que presentan los telediarios de la noche, pero se esconde a un millar de profesionales que tiran del carro. La calidad del trabajo de los periodistas está en vías de regresión, lo mismo que su estatus social.” (I. Ramonet, “La tiranía de la comunicación”).

Este es el caso de los periodistas y estudiantes de periodismo chilenos que comienzan a preguntarse para qué les servirán sus estudios universitarios y conocimientos prácticos, sus habilidades, su vocación y su respeto a los principios éticos de su profesión. El sistema económico y cultural claramente no los quiere, no valora su trabajo ni reconoce su función social.

El Colegio de Periodistas de Chile hace esfuerzos por revertir esta situación. Pero hasta ahora sin resultados ni apoyo de los poderes públicos. Hace ya siete años, en julio de 1993, el ex presidente Aylwin envió al Congreso un proyecto de ley sobre libertad de opinión e información y ejercicio del periodismo, conocido como ley de prensa. Fue fruto del trabajo de dos años de una comisión en que participaron el gobierno, los empresarios de medios de comunicación y el Colegio de Periodistas. Este último ha sido el principal impulsor de la iniciativa. En su lentísimo paso por el desfiladero del Congreso, el proyecto fue despojado de casi todo el contenido progresista y democratizador que lo inspiraba. La poda -guiada por la influyente mano de los empresarios- redujo a la mitad el texto original. Entre el Congreso y el Tribunal Constitucional -que también acudió en ayuda de los propietarios de los medios-, dejaron el proyecto desnudo de principios y convertido en un esperpento que no protege la libertad de opinión e información ni tampoco fortalece ni dignifica el ejercicio del periodismo. Por el contrario, los entrega atados de pies y manos a la voluntad de los amos de la prensa, radio y televisión, que se guían sólo por móviles económicos y que han convertido la información en una rentable industria de entretenimiento y de propaganda del modelo económico, social y político que nos rige.

Los artículos del proyecto que ponían límite a la concentración de la propiedad de los medios y cortapisas a la participación del capital extranjero -que ya ha penetrado fuertemente en la radio y televisión-, y que establecían normas para garantizar el pluralismo, fueron eliminados sin contemplaciones. La presión empresarial ha dejado así a este proyecto convertido en una colcha de retazos incoherente e inútil.

El Colegio de Periodistas intenta en estos días que sus demandas y opiniones vuelvan a tener cabida en el proyecto a través de un veto que debe enviar el Ejecutivo al Congreso.

En mayo de 1995 el consejo nacional del Colegio presentó a la Cámara de Diputados un contundente y esclarecedor estudio sobre libertad de expresión, pluralismo y concentración de la propiedad de los medios de comunicación. Los periodistas definieron ese momento como una “coyuntura histórica muy especial” que permitía adoptar medidas para garantizar el pluralismo y profundizar la democracia. La alternativa era -y es- “cerrar los ojos a la realidad y deslizarnos por una pendiente sin retorno que derive en una sociedad sectaria en que se exprese una sola postura ideológica. Allí estaremos en presencia de una democracia meramente formal o en la antesala de perderla”, dijo el Colegio.

Aún se está a tiempo de no perder esta oportunidad de avanzar en el proceso democratizador que, en este caso, proteja y estimule el pluralismo y respalde la función social del periodismo mediante el reconocimiento de un ámbito de ejercicio profesional que le es propio. El mercantilismo hace cada día más difícil poner en práctica los principios éticos del periodismo. Son esos principios los únicos que pueden hacer prevalecer el interés social mediante una información pluralista y responsable. A la censura y prohibiciones que vienen afectando al periodismo de investigación, como es el caso de los libros prohibidos, se suman atropellos y abusos que castigan la honestidad profesional. Es el caso, por ejemplo, de la directora de la revista Qué Pasa, Bernardita del Solar Vera, despedida por publicar que la empresa COPESA del grupo Castro-Saieh, propietaria de esa publicación, es uno de los poderes fácticos que gobiernan este país. Los periodistas formados en escuelas universitarias y que ciñen su conducta al Código de Etica del Colegio, han sido desplazados de la dirección de los medios -como en aquella revista- por ingenieros comerciales o agentes de negocios. Son los gerentes y no los periodistas los que dirigen y orientan los medios y la divisa superior que los guía es lograr la mayor rentabilidad de las empresas. No sólo las organizaciones profesionales de periodistas vienen denunciando la perversión sufrida por la delicada responsabilidad social de informar. El Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales del Vaticano, ha señalado el pasado mes de junio que “las decisiones sobre los contenidos y la política de los medios de comunicación no deberían depender sólo del mercado y de factores económicos los beneficios, puesto que estos no contribuyen a salvaguardar el interés público en su integridad ni tampoco los legítimos intereses de las minorías”.

En Chile, 350 mil millones de pesos anuales constituyen la “torta” publicitaria que define la línea editorial e informativa de los medios de comunicación. Nueve de los principales anunciantes son empresas transnacionales, cuyos intereses en Chile no se tocan ni con el pétalo de una rosa ni se someten a fiscalización pública alguna.

El Colegio de Periodistas -que además enfrenta un agudo problema de cesantía debido al desprecio de las empresas por la contratación de profesionales-, merece el apoyo de las organizaciones sociales, políticas y culturales democráticas del país. Su lucha representa los intereses del pueblo que tiene derecho a recibir una  elaborada por periodistas cuya ética profesional e independencia frente a los poderes públicos y a las empresas propietarias de los medios se vea respaldada tanto por la ley como por el peso de la opinión pública nacional.

Revista Punto Final

22/10/2009 - Posted by | General, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , ,

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