America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Destino sudamericano


Por Néstor Leone

El desafío de Néstor Kirchner al frente de la Unasur. Proyección internacional y estrategia política con sello propio

Sabe que el desafío es grande y que las miradas estarán más atentas que de costumbre para evaluar con minuciosidad su desempeño y juzgar de manera terminante mucho más sus errores que sus eventuales aciertos. Y esto, tanto puertas adentro como más allá de nuestras fronteras. Quienes lo frecuentan o estuvieron en las últimas horas a su lado, corroboran esta impresión y señalan que se lo ve entusiasta. Quizá como pocas veces antes. Entusiasta e hiperactivo, hilvanando ideas, desechando otras. Leyendo mucho. Elaborando, en definitiva, una idea acabada de cómo será su vida política como primer secretario general en la historia de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).
Pero en lo que acuerdan todos, por sobre cualquier otro aspecto, es en que Néstor Kirchner concibe su designación como una gran oportunidad, más que como un desafío. Y que, como tal, piensa asumirla. Oportunidad para el país, que podrá rebatir con mayor proyección política el sistemático aislamiento que le endilgan y, a su vez, podrá ser protagonista clave del proceso de integración en ciernes.
Y, claro, oportunidad para él, que podrá tirar por la borda buena parte de los argumentos que resuenan como elementos casi inescindible de su personalidad. Por ejemplo, que es incapaz de generar consensos, que es renuente al diálogo si no puede imponer sus ideas o que desiste de construir instituciones sólidas. O, más aún, que tiene poco apego a las cuestiones internacionales. Ahí mismo, en ese cruce de reproches, está el secreto del cargo que ya desempeña.
El voto unánime de todos los presidentes de Sudamérica, en ese sentido, resulta un aval
inédito. Y, no menos importante, le ofrece un escenario privilegiado para mirar su futuro en clave geopolítica y abstraerse de las reyertas menores de la coyuntura local. O, lo que es mejor aún, le permite mirarlas “desde arriba”. Su idea de relanzar el Banco del Sur o de formar un observatorio que promueva el debate le dará espacio para mostrar la densidad política de su iniciativa. La necesidad de crear la superestructura que hace falta y de consolidar las que ya existen, pondrá a prueba sus dotes de gestor. O, si se quiere, de estadista.

PROYECCIÓN
En el entorno de Kirchner no andan con vueltas. Son conscientes de que el presidente uruguayo, José Mujica, fue decisivo en la elección. Y lo admiten abiertamente, con buena cuota de gratitud. La negativa de su antecesor, Tabaré Vázquez, conflicto ambiental mediante, había retrasado el acto que permitía convertir en un hecho la moción presentada, en octubre de 2008, por el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, su principal impulsor. Que se hubiese repetido la negativa oriental, en forma de veto o de abstención, hubiera desactivado para siempre la posibilidad. Entre otras cosas, porque la condición de gobiernos como el de Colombia o el de Perú era que la decisión fuese unánime. De ahí las presiones opositoras sobre “el Pepe”, a ambas orillas del Plata, que operaban poniendo en dudas un voto que nunca lo estuvo (“inesperado respaldo”, titularon varios medios). Y de ahí, también, cierto compromiso de parte del gobierno argentino para reestablecer el vínculo normal entre ambos países, puente Gualeguaychú-Fray Bentos incluido.

Pero si la designación tuvo en Correa su principal promotor y en Mujica su condición necesaria, no hubiese sido posible sin el espaldarazo de Luiz Inácio Lula da Silva. El líder del PT está convencido de que la presencia de Kirchner es funcional a su estrategia de liderazgo extrarregional, que tiene a la alianza con Rusia, India y China como telón de fondo y la idea de ocupar una banca permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU como aspiración de máxima.
Bien acorde con sus genes políticos, apenas fue elegido, Kirchner ya elaboró en su cabeza la impronta que le dará a su gestión y parte del itinerario político que recorrerá. Aunque, claro, a su lado aseguran que todo está en gestión y nada puede darse como cerrado. Por lo pronto, ya eligió dónde situar sus oficinas, dado que la Unasur todavía no tiene edificio propio y no hay disposiciones estatutarias que le exijan trasladarse a Quito, la ciudad considerada sede de la entidad. Estarán ubicadas en el petit hotel de Carlos Pellegrini y Arenales, en la Ciudad de Buenos Aires, donde funcionó el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. Desde ahí y acompañado de una serie de funcionarios, entre los que se menciona a Juan Manuel Abal Medina, lanzará sus primeras iniciativas e intentará coordinar la ardua tarea que tiene por delante.

Por ejemplo, deberá lograr que los ocho
países que todavía no han ratificado el Tratado Constitutivo del bloque en sus parlamentos nacionales lo hagan sin tanta dilación. Entre ellos, se cuenta a la Argentina. Y, como mandato no menos distante, deberá dotar a la entidad de las instituciones de las que todavía carece. Ágiles, flexibles y eficaces, en la medida de lo posible. En el mientras tanto, se prueba el traje de árbitro paciente, dispuesto a contener las diferencias ideológicas, mediar en las tensiones políticas y acercar posiciones cuando se presenten las consabidas asimetrías económicas.
Pero lo cierto es que Kirchner ya madura varias ideas propias para darle su sello. Entre ellas, darle vida a un observatorio temático, donde los derechos humanos, la cuestión indígena, los medios de comunicación y las políticas de desarrollo tengan debido lugar. La propuesta en danza, todavía en pañales, es que cada país pueda designar a sus mejores intelectuales para convertir al espacio en un verdadero foro de pensamiento. Se barajan varios nombres posibles y alguno ya fue tentado, aunque la sugerencia de Kirchner es que la idea todavía quede bajo llave. Eso sí, admitió que le gustaría mucho que la integrase el teórico político Ernesto Laclau. Para las cuestiones más políticas, en tanto, se mencionan a Rafael Follonier, actual Coordinador de Asuntos Técnicos de la Unidad Presidencial, por sus fuertes lazos con casi todos los gobiernos latinoamericanos, a Carlos Chacho Álvarez y el ex canciller, Rafael Bielsa.

Por otro lado, son varios quienes admiten que el relanzamiento del Banco del Sur, tantas veces proclamado y nunca en funciones, será otro de sus caballitos de batalla. Quizá, no con ese nombre, debido a que quedó preso de la exuberancia chavista de la que varios presidentes escapan. Pero sí con muchos de sus objetivos originales. Por ejemplo, financiar el desarrollo equilibrado de la región, favorecer la inversión productiva, promover la estabilidad macroeconómica y, sobre todo, lograr la mayor autonomía posible respecto de los centros financieros internacionales. La imposibilidad de agilizar la entrega de los doscientos millones de dólares, colectados por los gobiernos de la Unión para ser destinados a Haití y las víctimas del terremoto, debido a la ausencia de mediaciones financieras comunes, habla de esas necesidades.

SUPRANACIONAL
La Unasur, como tal, no tiene un largo camino recorrido. Pero sí arrastra un intenso itinerario de sueños integracionistas largamente compartidos como persistemente frustrados. Así se puede mencionar el ideal bolivariano de crear la “nación de repúblicas” o la invocación “arielista” de José Enrique Rodó. O los claros avances que significaron la Comunidad Andina de Naciones o el Mercosur, más concretos y tangentes. Los orígenes de la Unión pueden rastrearse en la primera Cumbre Sudamericana, convocada en el año 2000, en Brasilia. Y puede darse como fecha de nacimiento al 9 de diciembre de 2004, cuando la peruana e incaica ciudad de Cusco fue testigo de las primeras formalidades suscriptas. Entonces, se la llamaba Confederación Sudamericana de Naciones y tenía a Brasil, consciente de que su proyección internacional dependía del liderazgo que tuviese sobre sus vecinos, como principal aglutinador. Y ya tenía como valor extra el hecho inédito que significaba la participación de Guyana y Surinam, ex colonias de Gran Bretaña y Holanda, en un esquema de integración regional.

Con el tiempo, la sinergia fue consolidándose y las desconfianzas erosionándose. Así, la Unión se convirtió en garante inestimable de la continuidad democrática. Y esto, a pesar de no contar con las instituciones necesarias. De esta manera, se cuenta, por ejemplo, el ahogo del intento de golpe de Estado en Bolivia, el aislamiento al golpe que sí se produjo en Honduras, la distensión de las relaciones entre Colombia y Venezuela, el condicionamiento al acuerdo militar entre Bogotá y Washington y la búsqueda de una posición mancomunada sobre la situación de Haití o Chile, después de sus terremotos. Todo lo cual, por cierto, habla de su aceptación como herramienta de resolución política y, sobre todo, como instrumento de soberanía política. Más aún si se tiene en cuenta que muchos de estos problemas los dirimió, por primera vez en la historia, evitando que interviniera Estados Unidos o en contra de sus intereses.
Pero, donde más esperanzas ponen los líderes de la región y Kirchner, en particular, es en las cuestiones de defensa y de infraestructura. Para la primera, la Unasur ya tiene un Consejo de Defensa Sudamericano, al que se piensa darle más relieve. En sus orígenes fue una iniciativa también impulsada por Brasil, que no logró el necesario consenso, por no contar con la aprobación del presidente Álvaro Uribe, de Colombia. Al trabajar sobre la necesidad que significa contar con una estrategia común en un subcontinente con vastas reservas de recursos naturales, se pretende lograr la unanimidad necesaria.

En cuanto a la cuestión de infraestructura, está en marcha un Consejo de Planificación y Obras Públicas. Según pudo saberse, este organismo tiene previsto asegurar créditos a tasas convenientes y ya cuenta con cien obras catalogadas como necesarias para el desarrollo de la región. Además, pretende asegurar la conectividad de toda la región, ya fuere a través de caminos, rutas aéreas, hidrovías o gasoductos. En este punto, la cuestión energética asume un rol fundamental, a tal punto que se pone como objetivo de mediano plazo dar certidumbre a la provisión de los principales recursos.

LÓGICA LOCAL
Es evidente, la asunción de Kirchner como secretario de la Unasur también tiene su anclaje en la política local. El rápido rechazo opositor a la designación así lo demuestra, desde la desmesura de Elisa Carrió al considerar “una tragedia” el hecho, hasta el anticipo de más de un bloque de que denegará la licencia a su cargo de diputado nacional que el ex presidente todavía no pidió formalmente. O, claro, el pedido del vicepresidente Julio Cobos para que Kirchner “honre el cargo” y deje la diputación.
En tiendas kirchneristas, tanto la designación como las repercusiones se toman como datos positivos. Y así se los procesan. Por ejemplo, sostienen que esto demuestra que la Argentina, contrariamente a lo que sostiene la oposición y ciertos medios, sí tiene inserción virtuosa en el mundo. Y, a su vez, creen que la posición de privilegio que tendrá Kirchner le permitirá codearse con lo más granado del mundo de las grandes decisiones y mostrar en el exterior los aspectos más exitosos de la experiencia argentina. Sobre todo, en momentos en que las recetas del ajuste tienden a reverdecer y Europa no logra salir de su penumbra.

La Cumbre Unión Europea-América Latina y el Caribe, de la que será protagonista la semana próxima (ver aparte), inaugurando su rol de secretario de la Unasur, será el primer escenario de lujo que tendrá. Una gira por varios países de la región, todavía en gestión, los otros mojones de un itinerario que, muy a su pesar, lo alejará un poco de la vorágine política local, de la cual es tan devoto. Es cierto, a mediados del año próximo, estará otra vez recorriendo rutas de cabotaje y, muy posiblemente, sin las luces del cargo continental. Su posible candidatura presidencial, cada vez más firme, le impedirá seguir ocupando el cargo, que dejará vacante para que otro ex presidente latinoamericano tome su posta. Pero, seguramente, para esa época la experiencia habrá dado algunos frutos. Los del mayor reconocimiento y proyección internacional, esperan en Olivos. Los del hombre del diálogo y consenso, piensan los más osados.

—-*—–

La Unasur, La Nación y el “no sujeto”
Luego de machacar con el supuesto estado de aislamiento del país y de intentar convertir en sentido común el (no menos supuesto) retroceso de la presencia argentina en el orden internacional, el diario
La Nación mostró en las últimas semanas su desazón por la elección de Néstor Kirchner como secretario general de la Unasur, el principal órgano supranacional de la región.
La curiosa operación discursiva se llevó a cabo a través de una serie de notas editoriales y varios artículos de opinión de sus principales plumas. Uno de ellos, bajo el sugestivo título “Kirchner, réquiem para la Unasur”, fue publicado el lunes 5 de abril y argumentaba en contra de la decisión que los presidentes miembros estaban por tomar, a partir de ciertas características de la personalidad del santacruceño. “Pocos ex presidentes han hecho menos méritos para ser honrados con un cargo en un organismo internacional que Néstor Kirchner”, empezaba la nota, a modo de síntesis de lo que vendría líneas más abajo.
El miércoles 5 de mayo, fue Mariano Grondona quien se explayó sobre la sinrazón de la medida. “El enigma de Unasur” fue el nombre del artículo, y lo enigmático no era sólo la designación del ex presidente, sino también la potencialidad del organismo, al que redujo sólo a un sello de goma. De ahí la pregunta que enhebraba su posición: “¿Cuánto les costaba entonces ‘ceder’ a la Argentina sólo un sello de goma?”, sostenía.
Pero ninguno de los artículos citados u otros publicados por La Nación sobre el tema desnudó tanto la raíz profunda de la apreciación del diario sobre la integración regional como “Kirchner y la Unasur”, el editorial del 28 de abril último. Allí, el matutino fundado por Bartolomé Mitre concluye, terminante, que América del Sur “no es un sujeto histórico”, sino “apenas” un sujeto geográfico o una mera espacialidad.

El debut en la cumbre de España
El ex presidente Néstor Kirchner estrenará su cargo como secretario general de la Unasur en un debut más que significativo y en el que se han puesto muchas expectativas.
Será el lunes 17, cuando dé comienzo la VI Cumbre Unión Europea-América Latina y el Caribe, calificada por el gobierno español como el encuentro más importante de su presidencia pro tempore del bloque europeo. La reunión se celebrará en Madrid y congregará a 60 jefes y jefas de Estado -33 latinoamericanos o caribeños y 27 europeos-, que representan a más de mil millones de ciudadanos.
La magnitud del encuentro estará dada porque supondrá “un salto cualitativo en las relaciones entre los dos grandes bloques hacia una asociación estratégica”, según resaltó el embajador de España en la Argentina, Rafael Estrella, en un encuentro con la prensa, el miércoles 12.
En palabras de Estrella, la cumbre tendrá como “uno de sus ejes centrales el afianzamiento y profundización de los lazos comerciales, así como la creación de un fondo de unos 130 millones de euros para financiamiento de inversiones en proyectos de infraestructuras en América Latina”.
Otra de las novedades destacadas será la formalización de la reapertura de las negociaciones entre la UE y el Mercosur (la Argentina tiene la presidencia pro tempore), estancadas desde hace más de seis años.

DEBATE

17/05/2010 - Posted by | General, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: