America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Medios, las consecuencias de mentir 2.000 veces

28-05-2010 /


Rodolfo Luis Brardinelli

“Kirchner en su mejor momento” se titula una nota firmada que La Nación publicó hace unos días. El tema de la nota es la mejora en la intención de voto del ex presidente que vienen marcando las últimas encuestas. En notas anteriores de ese medio, y de otros, ya habían dado cuenta también de la mejora de la imagen pública del Gobierno y de la recuperación del kirchnerismo, contra todo lo que se había vaticinado con insistencia, de un espacio político que consideraban definitivamente perdido.

En la nota mencionada, como también en otras similares, se enumeran las posibles causas del repunte. Se alude a subsidios millonarios, al “fútbol para todos” y hasta se reconoce, con una advertencia a los “gurúes” de la economía por sus fallados pronósticos, que “a la Argentina no le va tan mal como venían anunciando”. Sin embargo, el peso del fenómeno se atribuye a los medios. En especial al “dispositivo de prensa oficial y paraoficial más poderoso de la historia reciente”, a los programas de televisión que escrachan periodistas rebeldes y a comunicadores que pasaron de la crítica al enamoramiento del Gobierno y ahora “salen de gira … con todos los gastos pagos”.

La argumentación es obviamente discutible. Se podría, por ejemplo, señalar la forma en que se omite reconocer logros del Gobierno entre las causas del repunte o se podría recordar que el aparato del Estado, por grande que sea, sigue siendo pequeño y débil frente al tamaño y al poder de penetración del aparato formado por los multimedios concentrados.

Sin embargo, la reflexión que intentaremos aquí es: la responsabilidad de los medios por la remontada oficialista, ¿no alcanzará también a los medios concentrados? Los monopolios de medios, en especial quizás el encabezado por Clarín, ¿no estarán contribuyendo a ese cambio?

En una nota anterior nos preguntábamos por qué algunos medios a pesar de la forma evidente y desembozada en que sesgan, tergiversan y falsean las noticias, siguen siendo referentes de muchos de sus receptores.?La respuesta, planteada en forma de hipótesis, era que muy posiblemente esos medios siguen siendo elegidos por un número significativo de receptores que no busca en ellos información medianamente confiable sino que los siguen porque son su fuente de opinión, porque lo que persiguen no es información “seria y objetiva sino apenas algo de letra para reforzar sus posturas y convicciones previas (…) Posturas e ideas que necesitan revalidar, saber que son compartidas por otros muchos”.

Es claro, sin embargo, que esta hipótesis, aún en el caso de resultar válida, deja sin responder por qué otros muchos receptores, los que no tienen ni las posturas y convicciones, ni los prejuicios y odios de los anteriores, o los tienen en grado menor, siguen adhiriendo a esos medios. ¿Por qué lo hacen, qué encuentran en ellos o, y ésta es seguramente la incógnita más importante, qué hacen con la información que reciben? ¿La aceptan y, tal y como les llegó, la convierten en parte de sus opiniones y sus decisiones? ¿O antes la procesan o la digieren, consciente o inconscientemente, de alguna forma?

De estas últimas cuestiones se han ocupado, largamente y desde hace años, las distintas teorías de la comunicación. Las respuestas, aunque no son ni simples ni uniformes, en general coinciden en que los hombres no somos “vasijas vacías” que los medios “llenan” a voluntad, que “algo” ya “tenemos adentro” cuando llega el nuevo contenido. Cuánto y qué tenemos adentro, cómo reacciona ese contenido preexistente con el contenido que se incorpora y qué resulta de la mezcla es un tema que, por su evidente complejidad, debiera desalentar las respuestas rápidas y generales. La nota de La Nación invita, sin embargo, a asumir el módico riesgo de hacer alguna reflexión al respecto.

Cuando un medio elige que su título de tapa esté, durante más de diez días consecutivos, dedicado a denunciar negociados del Gobierno como si ningún otro hecho político importante se hubiera producido en ese lapso, ¿no está descubriendo su parcialidad y su intención ante sus lectores? Aún dando por ciertas las denuncias, ¿no es razonable pensar que el lector, consciente o inconscientemente, percibe que tratan de manipularlo y, consciente o inconscientemente, trate de defenderse?

La pregunta, que alcanza a todos los medios sin importar su posición, se refiere a los márgenes de distorsión o falsedad que los receptores pueden tolerar. La pregunta es cuál es el límite de la credibilidad y si, superado ese límite, el receptor no se hace más refractario a estos mensajes y más permeable a otros de signo inverso, o al menos diferente.

La pregunta es, finalmente, si los monopolios de medios no habrán superado el límite de la credibilidad y si no han pasado a tener alguna cuota de responsabilidad, aunque sea mínima, en el cambio del humor social sobre el Gobierno. Quizá finalmente sea cierta una frase oída hace un tiempo “repetir una mentira mil veces puede hacer que parezca verdad, repetirla dos mil hace evidente el engaño”.

*Grupo de Estudios Sociales de la Vida Penitenciaria (GESVIP) Centro de Derechos Humanos “Emilio F. Mignone” Universidad Nacional de Quilmes

Buenos Aires Económico

01/06/2010 - Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , ,

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