America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

El cinismo de la filantropía – por Orlando Barone

02/07/2010

Esta será una crónica vertiginosa. Como la Jabulani que picó detrás de la línea de gol del arco de Alemania, pero que el árbitro no convalidó perjudicando a Inglaterra. Una amiga, al ver en la pantalla la repetición de la jugada, me preguntó sorprendida: “Es que para que sea gol la pelota tiene que tocar la red del arco, ¿no?”. Sí, evidentemente “los argentinos necesitamos pensamiento”, como dijo Mauricio Macri en el acto en que se premió a algunos intelectuales. Sí, pensamiento. Sobre todo lo necesita con urgencia su Policía Metropolitana, para compensar toda la fuerza bruta que tiene.
Dije que esta crónica iba a ser vertiginosa. ¿Cómo qué? Como el sexo. Según los investigadores de la Society Therapy and Research de Estados Unidos, la duración ideal de la cópula, el coito, el apareamiento o lo que fuera es de diez minutos. La conclusión científica fue publicada por el Journal of Sexual Medicine, aunque aún no fue ratificada por Alessandra Rampolla y eso la torna provisoria. Según surge del consenso de cincuenta expertos, se mide el tiempo de la “latencia eyaculatoria intravaginal” (qué feo suena) y no los devaneos preparatorios ni póstumos. Sólo el instante de la incrustación corpórea. Si dura dos minutos -dice el informe- “es demasiado corta”; y si dura hasta treinta minutos, es “demasiado larga”. Aburre.
Como no tengo nada que hacer y gano inmensas fortunas que me pagan trayéndome el dinero a casa en bolsas con un camión de caudales, he logrado calcular lo siguiente: que a un ritmo óptimo de diez encuentros sexuales por mes durante sesenta años de buena salud y sin dejar de estar nunca en pareja, un sujeto o “sujeta”, a razón de diez minutos por vez, sumaría al final de la vida 120 horas de sexo. Tiene razón el poeta Pablo Neruda cuando canta “es tan corto el amor y tan largo el olvido”. Si fuera por el olvido, los opositores políticos y mediáticos se olvidaron ya definitivamente de frecuentar la verdad.
El periodista Hernán Brienza los desnuda y avergüenza en el diario Tiempo Argentino del jueves. Publica lo esencial del contenido de las declaraciones secretas del ex embajador Eduardo Sadous. Que no son más que incomprobables, subjetivas y gaseosas sospechas. Brienza, sagaz y verazmente, comienza con este prólogo: “Sadous se asemeja al célebre personaje de Graham Greene -Jim Wormold- que había logrado tener en vilo a la diplomacia británica haciéndole creer que tenía los mapas de una planta nuclear en la Cuba del dictador Fulgencio Batista. A la postre, esos planos no eran otra cosa que el dibujo de una aspiradora. Algo similar ocurrió con las declaraciones del ex embajador en Venezuela”.
Héctor Caballero, en el citado diario y ampliando el tema, escribía lo que el diario Clarín publicó en su tapa con título catástrofe: “Sadous apuntó a Kirchner y a De Vido”. Y continúa Caballero que tal título “sólo se sostenía en la recreación literaria” de lo que supuestamente el parlanchín había revelado secretamente en el Congreso, y que la versión taquigráfica en poder del diario (y fotografiada en sus páginas) desmiente.
Y sigamos desmintiendo a los grandes medios, ya inmersos en la patología del mentirismo y el golpismo inconscientemente consciente. Es falso lo que decían Clarín, La Nación, Perfil y sus afluentes radiales y televisivos, que “fracasaron los análisis de ADN a los hijos Herrera de Noble”. Ah, no. Los que fracasaron son la bombacha sucia y las medias contaminadas que ellos proveyeron. Pero el Banco Nacional de Datos Genéticos fue un éxito. Porque al reconocer que no pudo conseguir nada de esas presuntas fraudulentas pruebas probó que eran infundios las descalificaciones a su ética de funcionamiento. El Banco Nacional de Datos produjo un dictamen que al menos hasta ahora favorece al grupo que desconfiaba del procedimiento.
Sigamos con el vértigo: ya lo dije, soy millonario. Si sigo así me voy a comprar una mansión en Punta del Este al estilo de los periodistas ricos y famosos. Y, cada vez más, decir verdades opositoras de ésas que hacen temblar a la mentira oficialista.
Ahí está la oposición proponiendo la filantropía verdadera. Sobreactuando su solidaridad y empeñada en otorgar el 82 por ciento móvil a los jubilados. Esta clase de histrionismos de la desfachatez política presume ingenuidad o amnesia en aquellos que con tal de esperar un rescate se aferrarían a quienes los convirtieron en náufragos y que son más especialistas en ahogamientos que en socorro.
A esta corriente de repentina compasión social la consagran paradójicamente quienes se negaban a la estatización de los fondos que saqueaban con celo científico las AFJP. Lo que era inimaginable ahora sucede y puede ser imaginado. A este paso de demagogia opositora le corresponde el descreimiento y la sátira. Imagino un día en que a la colecta de Caritas, le salga una competencia anticristiana que disfrazándose de cristiana promete más alcancías y una colecta superior a la de Caritas. Imagino a Gerardo Morales reclamando el triple de fondos para Milagro Sala y sus militantes, argumentando que los que están recibiendo los bellos pueblos originarios no les alcanza. Imagino a los opositores diciendo que a la Asignación Universal por Hijo hay que agregarle la Asignación Universal por la Mascota del Hijo, con inclusión de cucha y veterinario. O los imagino diciendo que el plan oficial de distribución masiva de computadoras escolares debe ser ampliado con un viaje pago a la planta de Bill Gates y el reparto de celulares de última generación para cada niño. Imagino cualquier “sarasa”, como dicen los jóvenes.
Pero sus máscaras los desenmascaran.
Más a cara descubierta, monseñor Casaretto acaba de decir una verdad de Perogrullo. De ésas como decir que llueve de arriba hacia abajo o que ser bueno es preferible a ser malo. Casaretto dijo que “el matrimonio homosexual no es el principal problema de la Argentina; que antes está la pobreza”. Y sí. Ahora hay quienes quieren quitarle el premio de ciudadana ilustre a Mirtha Legrand. Sería una quita exclusivamente autóctona. Porque ella tiene otras condecoraciones, como la medalla de la Legión de Honor de Francia, país que defiende los Derechos Humanos y que enjuicia a genocidas argentinos. A lo mejor algún francés atento se da cuenta. Si es por darse cuenta ahí nomás, en San Antonio de Padua, increíblemente hay calles que se llaman Clarín, La Nación y La Razón. Por suerte no hay ninguna que se llame Héctor Magnetto. Pero a esta altura del escándalo siniestro de Papel Prensa, esas calles deberían ser desbautizadas.

|| Fuente: REVISTA DEBATE

03/07/2010 - Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Politica Latinoamerica, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , ,

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