America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Conflicto Colombia – Venezuela


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07/08/2010 Posted by | General, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized, Videos | , , , , | Deja un comentario

El Paraguay de Lugo


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07/08/2010 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Uncategorized, Videos | , , , , | 1 comentario

Argentina – Cinco meses sin una ley opositora


Más división que acuerdo

Publicado el 7 de Agosto de 2010

Por Alberto Dearriba Periodista.
En tren de sospechar libremente, uno puede suponer que, si a los que votan contra las corporaciones los estimula el gobierno, los que lo hacen a favor son beneficiados por los intereses más concentrados.

Tras cinco meses de sesiones ordinarias en el Congreso sin que el Grupo A consiga sancionar ley alguna, espadas de la oposición descubrieron con ayuda de los medios más concentrados que los integrantes de la Cámara Alta están en situación de remate y se venden al mejor postor. La primera piedra fue lanzada por el ex oficialista Felipe Solá, quien aseguró que el gobierno sale de shopping para torcer voluntades. Su humorada –que empaña al cuerpo en su conjunto sin precisar un caso concreto– es tan ofensiva como la que podrían haber proferido los legisladores oficialistas cuando el propio Solá votó contra la resolución 125 en la Cámara Baja, pese a integrar entonces la bancada oficialista.
En tren de sospechar libremente, uno puede suponer que si a los que votan contra las corporaciones los estimula el gobierno, los que lo hacen a favor son beneficiados por los intereses más concentrados. Salvo que exista un doble estándar para juzgar la moral de los legisladores: cuando votan a favor de proyectos oficialistas son corruptos y cuando lo hacen en contra, son paladines de la democracia.
Más de una docena de diputados que llegaron a sus bancas en las boletas del Frente para la Victoria votan sistemáticamente contra el gobierno en la Cámara Baja, sin que los medios echen sospechas sobre ellos. Un puñado de senadores arribados de la misma forma a la Cámara Alta apoyan los proyectos opositores. El vicepresidente de la Nación gozó durante más de un año de la categoría de principal opositor luego de aquella madrugada célebre que lo convirtió en un héroe republicano al votar contra el gobierno que todavía integra formalmente.
Pero ni Solá, ni Cobos, ni sus pares que se pasaron a la oposición son corruptos por haber votado en favor de los sojeros, sino que decidieron priorizaron sus vínculos con los intereses agroexportadores antes que continuar junto al gobierno.
No se trata aquí de ocultar ningún posible chanchullo en una casa que quedó manchada a partir de la sanción de la “Ley Banelco”, en la que la justicia detectó sobornos a los legisladores para que aprobaran una ley que flexibilizaba normas laborales, con lo cual se favorecía a las empresas. Pero no parece justo que la santafesina Roxana Latorre se convierta en la peor del colegio cuando decide no votar el proyecto opositor que impulsa el 82% móvil para las jubilaciones, porque considera que se tata de una movida demagógica. ¿A cuento de qué el senador Emilio Rached viene a contar ahora que el gobierno lo apretó cuando se votó la 125? Es poco creíble que el Senado sea una cloaca cuando la oposición no puede imponer su voluntad, y un faro institucional cuando sepulta un proyecto oficialista.
Sería más propio pensar que si bien el kirchnerismo perdió las elecciones de junio del año pasado al ver reducido su número de legisladores, las cuentas tampoco son tan favorables al conglomerado opositor, en el cual además andan a los codazos por las candidaturas presidenciales.
El heterogéneo Grupo A puede mantenerse unido cuando apunta con un proyecto a limar el poder del kirchnerismo, pero no logra coincidencias cuando debe decidir quién paga el pato de los proyectos que imagina. Están todos de acuerdo con aumentar las jubilaciones, pero sólo los diputados de centroizquierda proponen que la medida sea financiada con un aumento en los aportes patronales, que reponga el nivel que tenían antes que Domingo Cavallo los podara. Distribuir recursos es siempre popular. Cristina Fernández lo graficó al señalar que no sólo estaba de acuerdo con el 82%, sino con el 100%. Pero establecer cargas para solventar el beneficio pone de mal humor a quienes deben pagarlas. Impulsemos entonces lo que junta votos y no lo que provoca mal humor, parecen haber acordado los legisladores del centro a la derecha
Las contradicciones internas del Grupo A también aparecen claramente en el intento por rebajar las retenciones a las exportaciones de soja. La conductora de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, apoya férreamente la postura de la Sociedad Rural que propone mantener sólo las de la soja en un 25%. Carrió describió una parábola que la llevó desde posiciones de centroizquierda en sus comienzos, a defender a capa y espada una renta extraordinaria. Está claro el giro a la derecha de sus propuestas políticas. Pero nadie tiene derecho a echar la honra de la chaqueña a los perros por este cambio. Se trata de una opción acorde con sus reales convicciones, que evidentemente no eran aquellas de sus comienzos. Los socialistas en cambio parecen más consecuentes en este aspecto con sus planteos históricos, ya que coinciden con la Federación Agraria en segmentar las retenciones. Y también los radicales son congruentes con sus vaivenes históricos, ya que no consiguen unificar una postura en el bloque que cuenta con la mayor cantidad de agrodiputados de entidades distintas.
Peronistas de derecha, macristas, radicales y lilitos, son capaces de rendirse juntos como lo hicieron la semana pasada ante la corporación sojera en la Sociedad Rural, o esta semana en la comida con el titular del grupo mediático más concentrado. Pero no se ponen de acuerdo para sancionar una ley. Pueden encontrar una brecha ahora con el proyecto para modificar al Indec, que tal vez sea el primero que atraviese los gruesos muros del Congreso. Les resulta más fácil unirse cuando se trata de limar al gobierno, pero estallan cuando deben apostar a intereses económicos en pugna.
Ante estas dificultades, lanzaron una campaña de sospechas generalizadas sobre la Cámara Alta que los medios que expresan el poder amplificaron. Intentan encubrir la incapacidad política de la oposición, o la aritmética parlamentaria desfavorable, para señalar, en cambio, al dinero corruptor del gobierno como freno de sus aspiraciones. Desesperados por la imposibilidad de derrotar al oficialismo y así cumplir con el sector de la sociedad que siente un odio visceral hacia el kirchnerismo, escupen peligrosamente hacia arriba. Utilizan la estrategia de los directores técnicos de fútbol, que antes de los partidos siembran sospechas sobre la honra de los árbitros con el fin de condicionar sus fallos. Se suman a peligrosas posturas antipolíticas, que apuntan a explicar todo por la vía fácil del soborno, sin tener en cuenta la ideología, el alineamiento partidario y los intereses concretos de los jugadores. Carlos Reutemann no votó contra la 125 porque lo sobornaron, sino porque es un conservador convencido, con intereses personales que se ven perjudicados por las retenciones. Cobos vio la posibilidad de dejar de ser el tipo que tocaba sólo la campanita y se tiró políticamente a la pileta. A Solá no le pagó Monsanto, sino que responde al sector con el cual tejió buena parte de su carrera política durante el menemismo. Culpar de todo a la billetera gubernamental –confundiendo el juego habitual de la política con la coima que engrosa fortunas personales– no hace más que esconder las propias limitaciones y debilitar al sistema democrático en su conjunto.
Los legisladores opositores invirtieron cinco meses intentando denunciar sin éxito supuestas violaciones constitucionales, sin resultados concretos ni mejoras en las encuestas. Dijeron que usar reservas para pagar deuda desataría sobre la economía las siete plagas de Egipto. Pero se pagó prácticamente todo el Fondo de Desendeudamiento completo y la economía sigue creciendo.
A partir de septiembre –mientras continúan ingresando los dólares de la cosecha récord– se volcarán al consumo más de 1400 millones de pesos por mes, por efecto de los aumentos en las jubilaciones y en las asignaciones por hijo (universal, familiar y discapacitado). No es que los jubilados vayan a bailar en una pata por el incremento de casi el 17% que tendrán sus escasos haberes desde septiembre; ni que los padres de los chicos vayan a tirar manteca al techo por el nuevo nivel de las asignaciones. Tampoco cambiará substancialmente la vida de quienes perciben el salario mínimo que era de 1500 pesos y no podrá ser menor a 1740 desde este mes y de 1840 pesos desde enero. Pero queda en claro que fue el kirchnerismo el que sacó los haberes previsionales del congelamiento, puso a funcionar el Consejo del Salario Mínimo y convocó a las negociaciones colectivas que establecieron aumentos promedio del 25%. Frente a estas módicas mejoras, están las increíbles propuestas de alcanzar mañana mismo el anhelado objetivo del 82% móvil, sin contrapartida fiscal alguna. Lo plantean quienes congelaron, privatizaron y recortaron los haberes. Los que creyeron que la crisis se salvaba con más ajuste, en vez de apostar a un mercado interno más generoso. Los que creen que la inversión social es una dádiva propia del detestable populismo.    <

Tiempo Argentino

07/08/2010 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Los pobres no quieren ideología


Por Carlos Girotti
06-08-2010 / 

Carlos Girotti

El título precedente es el inicio de una rotunda aseveración de Elisa Carrió. La pronunció durante una conferencia de prensa para explicar la posición de su partido sobre las retenciones a las diversas exportaciones agrícologanaderas. Dijo: “Los pobres no quieren ideología, quieren ser clase media y no les interesa que les hablen de Marx (se refería a Karl y no a Groucho), las mujeres quieren ser lindas y los hombres ver fútbol”. Pensar que con todo el esfuerzo intelectual que hizo para firmar el certificado de defunción de las ideologías, Francis Fukuyama jamás imaginó que las ideologías seguirían vivitas y coleando. La longevidad de la Carrió es una prueba incontrastable.
Para Carrió existen las ideologías. No las desprecia ni las niega. Al contrario, sabe que están ahí, latentes. Pero, eso sí, no son para cualquiera. Los pobres, por ejemplo, no sólo no quieren otras ideologías: tampoco tienen. Advierte, entonces, que a lo sumo aspiran a ser clase media y en ese ideal ontológico define –esta vez sin proponérselo– los atributos de esa clase inexistente que, por sus dichos, sería aquella en las que “las mujeres quieren ser lindas y los hombres ver fútbol”. O sea, las mujeres pobres, para ser de clase media, quieren ser lindas, pues, por ser pobres, son feas de toda fealdad. Con los hombres pobres no; no importa si son lindos, basta que sean pobres y que quieran ver fútbol para ilusionarse con pertenecer a la clase media. De hecho, bastaría con que los hombres pobres vieran fútbol todo el tiempo para ser de la clase media.
Se puede decir que esta original teoría del ascenso social es tributaria de la del derrame económico que Elisa Carrió postula con su rebaja del 10% en las retenciones a la soja –sin segmentar, claro– y la eliminación lisa y llana de las alícuotas a granos, carnes y oleaginosas. Toda esa masa de dinero, ahora en manos de un Estado depredador, se volcaría hacia la sociedad y, desde luego, los hombres pobres se sentarían frente a sus televisores, o concurrirían a los estadios para ver fútbol sin cesar y las mujeres pobres se pondrían en fila a las puertas de los spa y se abonarían a los institutos de belleza.
Una verdadera revolución productiva pero sin salariazo, porque ni haría falta. Los pobres, renuentes por definición a cualquier oferta ideológica, se situarían alborozados –y mansos, sobre todo mansos– en ese nirvana clasemediero y disfrutarían de las bondades derramadas por mieses y reses.
Sin necesidad de echar mano a ninguna de las teorías sobre la estratificación social, hoy ya casi es un pasatiempo refutar afirmaciones como las de Elisa Carrió en la conferencia de prensa aludida, o las de Biolcatti en la Sociedad Rural. No hay que empeñarse en ningún esfuerzo teórico ni académico: bastaría con recordarles la letra de Joan Manuel Serrat: “Disculpe, señor, para hacerles saber que traté de contenerles pero ya ve/Han dado con su paradero/Éstos son los pobres de los que le hablé…/Le dejo con los caballeros/Y entiéndase usted…”
Por lo mismo, este columnista insiste una y otra vez en que el desafío no pasa por denunciar ni apostrofar a las representaciones políticas de las derechas porque el modelo de sociedad que éstas defienden, más allá de cómo exterioricen esa defensa, está presente en el sentido común que, a la sazón, es una urdimbre de tradiciones, ideologías, usos, costumbres y folclore.
El sentido común no es “el menos común de los sentidos”; es un tejido cuyas hebras pueden ser más o menos resistentes a la disputa política e ideológica propiamente dicha, y su entramado final es cambiante, relativo siempre según la época. Desde ya que el sentido común es un campo de disputa (algunos hablan de “batalla cultural”, otros de “batallas de las ideas”, otros “búsquedas de nuevos lenguajes”), y en ese magma –que en sí mismo no es una ideología– confrontan todas las ideologías existentes. En el sentido común, pues, también existe la correlación de fuerzas, y el modelo de sociedad que hoy surge de ese magma es una representación del tipo de relaciones sociales realmente existente que, al tiempo que las naturaliza y legitima, oculta su carácter expoliador, virulento e irracional. Los dichos de Carrió son la banalización de las consecuencias catastróficas de las actuales relaciones sociales y, por ende, una justificación de estas últimas.
Pero, entonces ¿habría que esperar a que acontezca un cambio profundo en las relaciones sociales para que cambie el sentido común? Nada indica que sea aconsejable hacerlo, aunque la larga tradición y persistencia del mecanicismo como concepción política y filosófica sugiera lo contrario. La disputa contra el sentido común imperante no puede quedar circunscripta a la propagandización de un futuro inasible ni, mucho menos, rendirse a la lógica del posibilismo. Hay experiencias en la base de la sociedad que, lejos de convalidar aquello que el sentido común señala como correcto o deseable, revelan la posibilidad material –en términos históricos– de transitar otros caminos y, por ellos, construir la propia ideología.
Se acaban de cumplir veinte años desde que el Movimiento Campesino de Santiago del Estero eligiera a Zenón “Chuca” Ledesma como su primer presidente. El actual Mocase-Vía Campesina es un ejemplo rotundo de la no sumisión a los dictados del sentido común que, de otro modo, hubiera entregado inermes a más de 9.000 familias ante el avance de la represión y la colonización sojera. Otro tanto le cabe a la experiencia de los trabajadores del subterráneo de Buenos Aires quienes, tras largos años de lucha en defensa de su libertad de organización y agremiación, soportando todo tipo de ataques, concurrirán en breve a elegir autoridades dentro de la CTA.
Apenas dos ejemplos, es verdad, pero si se acepta que la política es el único factor de cambio posible, ella debe abrevar en la experiencia directa e intransferible de todos aquellos sectores sociales que, con denuedo, desmienten a diario que el sentido común sea el más común de los sentidos. El conflicto que ello supone expresa una puja de intereses no siempre claros pero que remiten, de un modo u otro, al litigio permanente entre quienes defienden el modelo actual de sociedad y quienes aspiran a superarlo. No se trata de una lucha en un campo de abstracciones; las relaciones materiales que se establecen entre uno y otro polo de la confrontación se dan allí donde millones de seres humanos pugnan por mejorar las condiciones de su existencia y es esa materialidad la que configura cada ideología y no al revés.
A los efectos de esta nota, poco importa que Carrió, Biolcatti y tantos más no puedan –por los intereses de clase que representan y expresan– concebir otra vía para la constitución de las ideologías que no sea la de la negación de su fundamento material. Para ellos y su visión de “los pobres”, otra vez, basta con recordarles la canción de Serrat: “Que Dios le inspire o que Dios le ampare/ Que ésos no se han enterado/ Que Carlos Marx está muerto y enterrado”. Pero, para el resto, lo que queda abierto es el desafío de fundar una intervención en la realidad más allá de los recatados límites del posibilismo.

*Sociólogo, Conicet

http://www.elargentino.com/Content.aspx?Id=101693

07/08/2010 Posted by | General, Sociedad y Cultura | , , , , , , , | 1 comentario