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“Cristina Kirchner hoy ganaría en primera vuelta” – Excelente análisis

Por Manuel Barrientos

El director de Poliarquía, Eduardo Fidanza, analiza el mapa político nacional, a cincuenta días de las primarias del 14 de agosto
Después de la confirmación de la candidatura a la reelección por parte de Cristina Fernández, Eduardo Fidanza examina las fortalezas y las debilidades de los principales candidatos presidenciales y anticipa cuáles serán los ejes de discusión de la campaña electoral. Profesor titular de Teoría Sociológica en la Universidad de Buenos Aires y director de la consultora Poliarquía, rechaza un posible regreso del bipartidismo y asegura que “lo más probable es que tengamos kirchnerismo por unos años más”. También vaticina un triunfo de Mauricio Macri en la Ciudad de Buenos Aires y explica las razones del “voto cruzado” entre el actual jefe de gobierno porteño y Cristina Kirchner.

¿Concuerda con los análisis recientes que sostienen que, en la próxima elección, podría generarse un regreso del bipartidismo?
Tal como están las cosas, no creo que estemos regresando al bipartidismo. Hay una distribución de preferencias electorales, bastante caracterizadas, en torno de un eje que podríamos definir como peronismo-no peronismo. Pero ahí ingresamos en problemas adicionales, porque tendríamos que definir qué es el peronismo y qué es el no peronismo. Hay votantes que históricamente no votan por el peronismo, pero también hay peronistas disidentes. En los últimos años, si bien se puede hablar de estos campos, la llegada de Néstor Kirchner al gobierno hizo que mucha gente del campo no peronista lo apoyara, aunque es cierto que en circunstancias muy críticas.
¿El peronismo sigue siendo una identidad aglutinante?
Hay una estadística que es muy palmaria. Si uno toma los últimos 65 años de la historia argentina, desde 1946 hasta ahora, y extrae aquellos períodos discontinuos que tengan como condición la existencia de elecciones libres, el peronismo ganó la mayor parte de esos comicios. De esos cuarenta años donde hubo elecciones libres, el peronismo gobernó treinta y uno. Es decir, el 77 por ciento de ese período. Eso habla de lo que podemos denominar como un sistema político de partido dominante. Ahora, la gran discusión irresuelta es qué es el peronismo. ¿Es el kirchnerismo? ¿Es el menemismo? ¿Es el peronismo?
¿Qué elementos en común tienen esas expresiones?
Me remito a algunas interpretaciones que se han hecho sobre el peronismo, que evitan aquel tópico que señala que el peronismo hace transformismo o adaptaciones ideológicas. Eliseo Verón y Silvia Sigal, en Perón o muerte, un libro que releo y recomiendo, hablan del peronismo como una forma de enunciación, que tiene determinadas continuidades y notas características. Siempre están presentes la idea de un líder, la figura de un pueblo, la necesidad de reconstituir la nación. Además de esos enunciados, está la forma de organización del peronismo. En ese sentido, hablo de una “casa peronista”, en una interpretación libre de aquello que Steven Levitsky sostiene sobre el peronismo.
¿Qué simboliza esa metáfora de la casa peronista?
El peronismo tiene una forma de organización con una base constante, que tiene que ver con los liderazgos provinciales, municipales, sindicales; y después, una cima, más fluida, donde se ubican los liderazgos coyunturales, muchas veces ejercidos desde la presidencia. Hay un reflujo, donde el depositario de la identidad peronista es ese peronismo-peronista, donde se ubican esas formas de organización de base, territoriales.
¿El acuerdo entre Ricardo Alfonsín y Francisco de Narváez podría leerse co-mo un intento por captar ese tipo de elec
torado?
Se plantean varios desafíos para la candidatura de Alfonsín. En su acercamiento a De Narváez hay una primera consideración que es muy pragmática y que no se debe desatender. En la Argentina actual no se puede aspirar a competir por la presidencia sin tener cierta solidez en la provincia de Buenos Aires. Creo que pesó esa consideración en la asociación con De Narváez, quien fue el único que logró vencer al actual gobierno en ese territorio. Pero Alfonsín pensó que podía hacer esa apertura pragmática hacia un político de “centroderecha” y, a su vez, podía conservar el ala progresista, con la que, no tengo la menor duda, se siente más identificado. Por ahora, esta operación política quedó a mitad de camino.
A principios de este año señaló que De Narváez había diluido gran parte de los votos que obtuvo en 2009. ¿Considera que tiene posibilidades de recuperar ese electorado?
Antes de 2009, era improbable que Francisco de Narváez ganara. Y triunfó. Después se convirtió en un dirigente alternativo, pero no lo pudo sostener. La cuestión es bastante compleja, porque De Narváez dependió mucho de su propio esfuerzo personal y de su propio esfuerzo económico, pero no logró un arraigo territorial ni pudo aglutinar con él fuerzas que hoy son importantes y que están ligadas a la cuestión del dominio territorial peronista. Y tampoco supo sostener, o no quiso sostener, su coalición con Mauricio Macri. De ese modo, quedó librado a su capacidad de trabajo, que es mucha, y a su propia posibilidad económica de llevar adelante una campaña.
¿Qué ganó y qué perdió Alfonsín con esa alianza?
Todavía no sabemos cómo ese acuerdo va a favorecer o afectar el voto de Alfonsín, pero preliminarmente se podría pensar que la candidatura de Hermes Binner le quita votos a otras expresiones de la oposición. En este punto, hay que entender una cuestión importante. Dentro del predominio histórico, cultural y electoral del peronismo, hay un segmento importante de la población que no vota al peronismo y que no comulga con la interpretación que hoy el peronismo hace sobre la sociedad, la economía y la historia argentinas. Hay gente que no es peronista ni vota candidatos peronistas y se reivindica con una forma del progresismo que tiene que ver con valores republicanos. Ésa es la que podríamos llamar la cultura radical, y hay que ver cómo cayó en ese sector esta decisión pragmática de Alfonsín. En ese sentido, es posible que gane votos en un sentido, pero los pierda en otro.
¿Qué variables ingresan en ese juego?
Dependerá de cómo se desarrolle la campaña y de la vitalidad que demuestren las otras expresiones, especialmente las de Binner y Elisa Carrió. A priori, parece que Alfonsín está en mejores condiciones, no digo de polarizar la elección, pero sí de tomar un segundo lugar más claro. Pero todavía los análisis son preliminares, si bien muestran algo que sí es importante: hay una asimetría entre el caudal de votos de Cristina Kirchner y los candidatos de la oposición. Ése es un cuadro general que se va a ir detallando y estimo que, hacia fines de julio, el panorama va a estar más claro. Hoy las encuestas dicen que Cristina Kirchner ganaría en primera vuelta, y es lo más probable. Es una estimación basada en un rango de voto de Cristina de entre el 40 y el 45 por ciento. Podría ocurrir que ella estuviera por debajo del 40, con lo cual se iría a una segunda vuelta. No es lo que considero lo más probable, pero no se puede descartar.
¿Qué posibilidades de crecimiento tiene la candidatura de Binner?
Depende. En el segmento del 25 por ciento de la población más informada, tiene muy buenas chances. El problema es que la elección no la define ese 25 por ciento sino el ciento por ciento de la población. En ese sentido, un problema es la falta de conocimiento a nivel general que tiene Binner. Y eligió como compañera de fórmula a Norma Morandini, una persona muy prestigiosa y con una carrera muy interesante, pero que enfrenta el mismo problema: el nivel de desconocimiento. Hay que ver qué posibilidades y qué recursos tiene Binner para lograr mayor visibilidad, en el corto lapso que queda. Binner tiene algo que exhibir, que es experiencia de gobierno. Es un gobernador prestigioso y acaba de ganar una interna. Sus debilidades son esa falta de conocimiento y, adicionalmente, la heterogeneidad de su coalición.
¿Por qué?
Binner empezó mal, en cierta manera, porque se sacó la foto con sus aliados y, al día siguiente, Pino Solanas declaró que lo dejaron de lado. No hay que olvidar que pesa sobre la oposición el estigma de la Alianza. También, otro elemento que forma parte de la cultura popular y es la idea de la bolsa de gatos. Es notable la sensibilidad que tiene la gente para ver bolsas de gatos fuera del peronismo, mientras pasa por alto lo que sucede dentro de él. Ahí hay un triunfo discursivo del peronismo, porque tiene una heterogeneidad que podría ser leída críticamente en el lenguaje popular.
Elisa Carrió obtuvo el segundo lugar en 2007 y Eduardo Duhalde gobernó el país en 2002 y 2003. ¿Qué tipo de votantes podría captar en esta elección?
Duhalde ha mejorado un poco su intención de voto y se ha beneficiado con algunos votos que provenían de Macri, que no alcanzan para cambiar su posición relativa. Mi hipótesis es que Duhalde se está perfilando como un candidato del orden, y está apuntando a la sensación que hay en parte del electorado de desorden, de peligro, de inseguridad. Sus movimientos van ese sentido, como lo muestran el reciente libro de Carlos Ruckauf sobre la inseguridad en una línea dura y el acuerdo con Aldo Rico. Son señales para un tipo de electorado que, por cierto, clausuran a los votantes más progresistas que tienen prevenciones contra la mano dura. No auguro que Duhalde haga una buena elección, pero sí reconozco que está perfilando su candidatura con cierta claridad.
¿Ese posicionamiento no le resta posibilidades por fuera del área metropolitana?
Sí, por supuesto. Pero hay otra cuestión importante: ¿cómo se van a distribuir los votos habiendo tanta oferta? Hay quienes dicen, por ejemplo, que Binner le resta votos a Cristina Kirchner; otros, que Duhalde le puede quitar votos a Alfonsín; y así muchas combinatorias. Pero veo que, hasta ahora, Cristina Kirchner lleva mucha ventaja en lo que se podría denominar como voto seguro. Aunque falta tiempo, parece más difícil que se resten votos al Gobierno a medida que aparecen nuevas ofertas opositoras y, en cambio, tiendo a observar que las mismas se van neutralizando entre sí. Es decir, es más difícil hoy arrebatarle votos a Cristina que arrebatárselos o intercambiárselos con otra expresión de la oposición. Es algo que la oposición tiene que observar, porque si este análisis es correcto, eso va a redundar en mayor ventaja para Cristina Kirchner.
¿Qué motivos explican la intención de voto de Cristina Kirchner?
Hay razones de índoles distintas. Con respecto a las razones económicas, que considero más importantes, los tests mensuales sobre el nivel de consumo -que abarcan ropa, calzado, entretenimientos, esparcimiento, compra de electrodomésticos, etcétera-, muestran que, en los sectores que están consumiendo más -independientemente de su nivel socioeconómico-, el voto y la imagen de Cristina son considerablemente más altos que en los sectores que no están consumiendo. Aclaro que el consumo no depende de la cantidad de dinero que la gente gaste, sino de la satisfacción que se obtiene. Es decir, alguien puede ir a un restaurante de trescientos pesos por cubierto y sentirse satisfecho, pero otra persona puede ir a una parrilla, gastar treinta pesos y también sentirse satisfecho. Nosotros estamos viendo que, a mayor consumo, mayor apoyo a Cristina. El empleo también es otra variable muy importante; y el hecho de que, a pesar de la inflación, el salario real no está afectado o está relativamente afectado.
¿Qué otras razones advierten sobre el nivel de apoyo que obtiene la Presidenta?
Hay razones que son políticas y que están relacionadas, no tanto con lo ideológico, sino con ciertos logros que la gente le atribuye al Gobierno, y con ciertas continuidades que tiene la expresión populista. Es decir, el liderazgo fuerte y el nacionalismo. También ha penetrado en la sociedad el relato sobre la relevancia del papel del Estado en la economía, que es un elemento más político que económico. Estas razones económicas y políticas forman un cóctel bastante contundente.
En ese sentido, ¿cuáles estima que serán los ejes de la campaña?
Se plantea una cuestión paradójica, ya que parece que los candidatos no van a discutir sobre el problema de la inseguridad que, según las encuestas, es el que más preocupa a la sociedad. Duhalde parece ser la única excepción. El Gobierno va a poner sobre la mesa su capacidad para gobernar el país, el hecho de haber sacado a la Argentina de la crisis y todos los logros en términos del crecimiento de la actividad económica y sus efectos en el nivel de las familias. Básicamente, el empleo. Cuando uno hace un análisis a nivel mundial, el empleo es una carta muy importante para que un gobierno sea reelegido y retenga su mandato. Entonces, se va a discutir sobre gobernabilidad, empleo y la consistencia o inconsistencia del programa económico. Y la oposición tiene que apuntar a discutir palmo a palmo esas cuestiones.
¿Por qué?
No creo que haciendo una contrapropuesta que tenga que ver con la república y con la transparencia logre desequilibrar la ventaja argumentativa que el Gobierno le lleva. Se abre ahora una expectativa con respecto a la cuestión de la corrupción, pero las primeras evidencias dicen que Cristina no se habría visto afectada sustancialmente por el caso Schoklender. Habría que ver si este caso dispara como tema de campaña la corrupción, pero no me parece probable. Ahí hay una dificultad para la oposición. En la población argentina se encuentra hoy un beneplácito común con el rol del Estado, con el empleo, con el consumo, con la defensa de los intereses nacionales, etcétera, etcétera, y todos esos temas, que tienen un consenso favorable, va a ser difícil que la oposición los discuta. Puede, entonces, discutir las presuntas inconsistencias del programa económico del Gobierno, la inflación, los subsidios, la alteración de los precios relativos. Hay que ver si esa discusión se puede dar y si la población presta oídos a eso, y asume los argumentos críticos de la oposición.
¿Qué panorama observa para las elecciones del 10 de julio en la Ciudad de Buenos Aires?
Nuestra encuesta reciente muestra una clara supremacía de Mauricio Macri. Hay que recordar la historia electoral de la Ciudad de Buenos Aires, que con muy pocas excepciones, siempre fue crítica con respecto al gobierno federal. Pino Solanas está más débil que en la elección anterior, así que el ballottage sería entre Macri y Daniel Filmus. De acuerdo a los datos que tenemos, la diferencia que tiene Macri, si bien no le alcanza para ganar en primera vuelta, lo coloca más probablemente con un nuevo mandato como jefe de gobierno. Pero no está claro qué diferencia habrá en ese ballottage.
¿Se verifican, entonces, votos cruzados entre Macri y Cristina Kirchner?
Si bien tiene menos votos que en el promedio nacional, Cristina Kirchner también gana en la Ciudad de Buenos Aires con amplitud. Incluso, podría ganar en primera vuelta en el distrito. Esa superposición también se observa en Santa Fe y en Córdoba, por ejemplo. En términos ideológicos, esa combinación del voto parece anómala, pero en términos pragmáticos no lo es.

Debate

26/06/2011 - Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , ,

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