America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Argentina: Padre e hijo – Ricardito y el juego de las diferencias

Publicado el 2 de Julio de 2011

Por Ricardo Ragendorfer Periodista.
‘Las nuestras no fueron leyes de impunidad’, gritó. Entonces el auditorio aplaudió nuevamente a rabiar. En ese instante, la diferencia entre aquel hombre y la figura de su padre fue más pronunciada que nunca.

No fue un acto de campaña. Pero sirvió para que el candidato presidencial por el radicalismo, Ricardo Alfonsín, exhibiera su pensamiento profundo en materia de Derechos Humanos, no sin denostar la política contra la impunidad impulsada desde 2003 por el gobierno nacional. Al respecto, con un tono que se esforzaba en sonar como el de su padre, bramaría:
–Ya no convence a nadie el intento de los Kirchner por reescribir la historia mediante su tergiversación.
Esas 17 palabras merecieron una salva de aplausos; entre quienes batían sus palmas resaltaba el ministro de Seguridad porteño, Guillermo Montenegro, el fiscal federal Carlos Stornelli, el ex embajador menemista Diego Guelar, el ex jefe de la SIDE, Juan Bautista Yofre, y el ex ministro de Defensa en la década del ’90, Vicente Massot. La escena transcurría en el primer piso del Palacio Balcarce, ubicado sobre la Avenida Quintana, durante la presentación del libro autobiográfico La casa está en orden, de Horacio Jaunarena.
–Hicimos lo que había que hacer: juzgar a los máximos responsables, pero establecimos un límite –agregó Alfonsín– se refería a las leyes de Punto Final y de Obediencia Debida.
Junto a él, Jaunarena corcoveó en señal de asentimiento.
Al fin y al cabo había sido él quien en 1986 y 1987 diseñó esas dos criaturas legales. Por entonces, era ministro de Defensa del gobierno de Raúl Alfonsín. Después ocuparía el mismo cargo bajo las presidencias de Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde. En ambas ocasiones también dejaría su huella. Durante su gestión en el gabinete del ex suegro de Shakira, promovió –aunque sin éxito– la fusión de la Prefectura y la Armada para borrar los límites entre la Defensa Nacional y la Seguridad Interior. Luego, ya como ministro de Duhalde, insistiría con militarizar el orden urbano, no sin dejar de lado la intervención castrense en el conflicto social. A tal efecto, con la colaboración del jefe del Ejército, teniente general Ricardo Brinzoni, propuso crear un superministerio de Defensa y Seguridad que tendría a su cargo la lucha contra la delincuencia callejera, el control de las aduanas y la política migratoria. Jaunarena describió semejante estructura como “una pirámide verdeazul” con una utilidad multidireccional: evitaría la violencia urbana, posibles saqueos y también el desorden sindical. La idea entusiasmó de sobremanera a Duhalde. Pero, tras evaluar el rechazo de otros funcionarios, como el secretario de Seguridad, Juan José Álvarez, decidió archivar el proyecto. Lo cierto es que Jaunarena no es un hombre proclive a darse por vencido; tanto es así que, en junio de 2010, renovó su sueño de restaurar la Doctrina de la Seguridad Nacional y –con el padrinazgo del mismísimo cardenal Jorge Bergoglio– incluyó su viejo proyecto en una especie de manifiesto opositor titulado Contrato Social para el Desarrollo, cuyo patrocinio corrió por cuenta de la llamada Escuela de Posgrado Ciudad Argentina (EPOCA), encabezada por Roberto Dromi.
Ahora, durante la presentación de su libro, un periodista le preguntó si, en el caso de que Alfonsín fuera elegido presidente, él estaría dispuesto a ocupar otra vez la cartera de Defensa. Por respuesta, Jaunarena esbozó una pícara sonrisa.
En tanto, el candidato radical seguía entregado a su arenga.
–Las nuestras no fueron leyes de impunidad–, gritó, sin dejar de sacudir el brazo derecho.
Entonces el auditorio aplaudió nuevamente a rabiar.
En ese instante, la diferencia entre aquel hombre y la figura de su padre fue más pronunciada que nunca.
Lo cierto es que Raúl Alfonsín siempre fue una rara avis en el universo de la UCR. En vísperas al golpe de 1976 –mientras muchos radicales hacían fila para tocar las puertas de los cuarteles–, él fundaba la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos (APDH), junto al rabino Marshall Meyer y Alfredo Bravo, entre otros. Y durante la dictadura alternó la actividad política –en un partido que aportó intendentes y embajadores al régimen– con el ejercicio de la abogacía, pero en su variante más riesgosa: fue defensor de presos políticos, y uno de los pocos dispuestos a firmar hábeas corpus para personas desaparecidas. Ello forjaría su propia percepción de la llamada Guerra sucia. El 13 de diciembre de 1979, en oportunidad del arribo al país de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Alfonsín emitió el siguiente comunicado: “Argentina está siendo empujada hacia el colapso ético por los partidarios de la violencia de uno y otro signo.” En otras palabras, se refería a una ciudadanía inerme, desprevenida y pacífica que, por razones inexplicables y ajenas a su voluntad, había quedado en medio de un enfrentamiento ideológico entre dos bandos terroristas de distinto signo. Tal lectura –que luego fue simplificada bajo la clasificación de “teoría de los dos demonios”–, constituía una idea errónea de la violencia política que había sacudido al país, puesto que –con o sin organizaciones guerrilleras– el terrorismo de Estado había sido una condición indispensable para instaurar un orden económico que sustituiría el desarrollo industrial por el capitalismo financiero. Así se llegó a las elecciones de 1983. En ese marco, Alfonsín sintonizó las ansias de una sociedad herida, encerrada y carente de libertades básicas. La esperanza generada por su figura se palpaba en las calles. Y la revisión del pasado –a diferencia del discurso de su rival, Italo Luder– fue su carta de triunfo. El resto de la historia ya se sabe.
Y las diferencias entre ese hombre y su hijo, también. <

Tiempo Argentino

02/07/2011 - Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , ,

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: