America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Con los ojos en el 23 de octubre – Por Eduardo Anguita


Publicado el 19 de Julio de 2011

Por Eduardo Anguita Periodista y Director de Miradas al Sur.
Los únicos que le ponen tope a la voracidad del mercado son los funcionarios del gobierno nacional. Por el contrario, el PRO-privado se suma al discurso de que la inflación oficial es una mentira y alienta la liberalización de precios.

En las municipalizadas elecciones porteñas no estuvieron presentes muchas de las claves –genuinas– que llevarán al electorado nacional –y también porteño– a volcarse mayoritariamente por Cristina Fernández. Conviene, a efectos de un análisis serio, prescindir por un momento de los desaciertos o fricciones del kirchnerismo capitalino. También de los efectos positivos de la campaña macrista que le permitió al jefe de gobierno porteño mantener los altos niveles de aceptación que tiene en el distrito.
Una de las facetas claves de la política es la representación y gestión de intereses que los ciudadanos delegan en sus representantes a través del sufragio. En ese sentido, además de las simpatías y pertenencias políticas, los candidatos ponen en juego los logros conseguidos cuando quieren revalidar funciones o, por el contrario, las propuestas superadoras para corregir el rumbo tomado. Mauricio Macri hace dos meses decía que estaba en condiciones de pelear por la presidencial “para que la Argentina vuelva a estar en el mundo”. De repente, de tan ambiciosa e insostenible premisa, pasó a ser el campeón del timbreo entre los vecinos de los barrios y del impresionante logro de las bicisendas. Bastó que sacara un punto y medio más que en 2007 para que ciertos referentes intelectuales y artísticos de un supuesto pensamiento crítico y comprometido entraran en pánico y para que los medios del establishment descubrieran un estadista, un nuevo líder político que, por lástima, se bajó a las elecciones distritales. El poco disimulo por reconocer que la Capital es arisca no merece muchas más consideraciones que un dato útil para saber que la Ciudad de Buenos Aires es la más psicoanalizada del mundo. Antes, la esquina de Salguero y Mansilla era parte de la placita Guadalupe, nombre adquirido por el colegio de la sociedad católica del Verbo Divino y la Parroquia adjunta. Con los años, muchos empezaron a llamar placita Freud, con café homónimo en la esquina y con la extensión a las manzanas cercanas para denominar el barrio Villa Freud. Y, con los años, para muchos se trata del Palermo Sensible. Ahí conviven escuelas confesionales con consultorios de psicoanalistas lacanianos, freudianos ortodoxos y de una veintena de corrientes más, así como un número incalculable de paseadores de perros cuyos dueños viven, en proporción abrumadora, solos con su mascota en departamento. Ni en Viena o Bruselas, París o Barcelona se puede encontrar un cóctel tan europeizado como en Palermo Sensible. Lo dicho es apenas una descripción y para nada roza el desprecio o la ironía. La realidad es que aquel Palermo Viejo es ahora Hollywood, Soho o Queens, con nombres que se inspiraron en el norte de América y no en el Viejo Mundo. Además, lograron que muchos orgullosos habitantes de Villa Crespo ahora se sientan seducidos por estar en el catálogo de los barrios chetos.
Pues bien, más allá de las fantasías de pertenecer, muchos “vecinos” no se enteran que son los ciudadanos más subvencionados de la Argentina. Sí, porque además de gozar del presupuesto municipal por habitante más holgado del país, son los que tienen más cantidad de colectivos, los únicos que tienen subtes, los que más consumen gas, nafta, electricidad, teléfono y agua potable. ¿Les contó Jaime Durán Barba que el gobierno nacional mantiene congelados los precios de los servicios y de varias tarifas? El boom de consumo de equipos frío-calor, de televisores de plasma, de estufas a gas, de autos cero kilómetro, no sólo tienen la ventaja de ser el fruto del trabajo genuino –que creció por una política sostenida del Estado Nacional– sino también por la decisión de mantener bajas las tarifas. Las empresas prestadoras (de energía, transporte o comunicaciones) reciben compensaciones para evitar que pierdan rentabilidad y esas compensaciones surgen de fondos como las retenciones, la mayor recaudación impositiva y el aprovechamiento de los fondos de la seguridad social, antes en manos de las AFJP. Esto beneficia a todos los argentinos pero, sobre todo, a los que mayor consumo tienen. En este caso, los porteños. Curiosamente, son los porteños los que, proporcionalmente, más mandan los chicos a colegios privados, los que más cocheras consumen, los que más medicina privada usan y los que mayor proporción de televisión paga tienen. Curiosamente la escuela privada recibe la mayor proporción de subsidios públicos y, pese a eso, el gobierno de Macri no se mosquea cada vez que los dueños de los colegios deciden aumentar la cuota escolar. A su vez, el acuerdo de Macri con Cablevisión para dar Internet a las escuelas costó un dineral y se hizo sin llamado a licitación. Eso sí, si la Secretaría de Comercio de la Nación decide fijar un precio tope para la prestación del servicio, Macri se opone. Prometió crear diez megacocheras públicas para evitar la locura del tránsito. No hizo ninguna y el precio de la hora de estacionamiento sube a niveles demenciales. Las prepagas, desde que salió una ley nacional que regula la prestación del área, también comunicaron aumentos a sus asociados.
En resumen, los únicos que le ponen tope a la voracidad del mercado son los funcionarios del gobierno nacional. Por el contrario, el PRO-privado se suma al discurso de que la inflación oficial es una mentira y alienta la liberalización de precios y, por supuesto, alienta el fin de las retenciones al complejo comercial sojero, el grupo económico más beneficiado en estos años pese a los controles del gobierno nacional.
Ahora bien, si en la megaciudad donde vive el 10% de los habitantes de la Argentina y se factura el 25% de los bienes y servicios (en Buenos Aires están las casas matrices de todos los poderosos grupos empresariales del país), alguien espera que los votantes se vuelquen masivamente a sostener un modelo igualitario o inclusivo debería aprovechar lo dicho al principio de este artículo: Buenos Aires está plagada de psicoanalistas y psicólogos, como dice la publicidad televisiva ¡llame ya! o peléese con la realidad.

DESPUÉS, QUÉ IMPORTA DEL DESPUÉS. Uno de los tantos mitos urbanos que se despliegan en las páginas de los diarios que se alinearon con Macri (diarios porteños de distribución nacional y no “diarios nacionales”) es que se viene la menesunda. Entendida, en este caso, como una ola de comicios
anti–K y que tienen por epicentro la segunda vuelta porteña y las provinciales de Santa Fe y Córdoba. ¡Gran descubrimiento! ¡Los favoritos en los tres distritos son los que ya están gobernando y no los preferidos de Cristina! Ahora bien, ¿alguna vez se quejaron los gobernadores o intendentes santafecinos o cordobeses de ser excluidos de los presupuestos nacionales de obra pública, de planes de vivienda, de interconexión de gas o electricidad o de recursos para producción agropecuaria o industrial? No. O, al menos, en una sociedad donde todos los recursos son escasos, los reclamos no fueron mayores que los de otros distritos. Y si se observa el comportamiento de los diputados y senadores alineados con el socialismo santafecino o el peronismo cordobés se podrá encontrar una cantidad de matices muy diversos a la hora de acompañar –o no– las iniciativas legislativas del Ejecutivo. En definitiva, el hecho de que “la Casa Rosada no tenga delegados en las otras dos provincias importantes de la Pampa Húmeda” no parece una novedad. Sería, en caso de ganar el socialismo santafecino o el delasotismo cordobés, un escenario muy conocido.
Ahora, para muchos políticos (que están perdiendo la paciencia inflamados por sus propias internas o por hacer más gambetas que las recomendadas por los manuales) sería bueno que agarraran el calendario electoral y sepan que cada cosa va en su momento. Es decir, que pasados algunos comicios que los ponen incómodos, va a venir el momento de las elecciones nacionales. O sea, el 24 de julio Santa Fe, el 31 ballottage porteño y el 7 de agosto Córdoba. Después, sí que importa el después, viene el plato fuerte. El de la disputa del proyecto de país. El que no sólo representa a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, el de los derechos de los trabajadores y el de las políticas de dignidad para los más desprotegidos. Se va a plebiscitar un modelo de soberanía que llevó a que se les diga chau a las corporaciones privadas que habían colonizado la mente de los argentinos haciendo creer que el agua, el gas o la electricidad no eran un derecho sino un coto de caza de los concesionarios. Hace no mucho, el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, le contó a este cronista una reunión que el anterior intendente, Alberto Balestrini, había tenido en sus oficinas municipales con el presidente de la empresa Aguas Argentinas, a la sazón, un empresario de la multinacional francesa Suez. La reunión sucedió a poco de comenzar el gobierno de Néstor Kirchner, y Balestrini le preguntó al empresario francés para cuándo iban a tener cloacas y agua potable el 70% aproximadamente de los matanceros que no tenían acceso a esos servicios básicos. El empresario francés sacó una carpeta donde tenía todo anotado y le dijo que alrededor de 2016, no el 70% pero sí la mitad de ellos, podía tener agua y cloacas. Pero le aclaraba que se trataba de obras de muy baja rentabilidad y que representaba un gran esfuerzo para la compañía. Balestrini le dijo amablemente que se fuera de la oficina. Pero de modo urgente. Sabida es la historia. Suez, o su nombre predecente, Lyonnaise des Eaux, formaron parte de un concierto surgido al compás de las políticas del FMI y sus socios locales, algunos de ellos empresarios, otros políticos, otros dueños de las redes de información. El colapso de 2001 dio pie a que llegara Néstor Kirchner, algo que no hubieran permitido los factores de poder de no ser por la profundidad de la crisis y el retroceso de Domingo Cavallo y los banqueros que lo sostenían.
En estas elecciones de octubre no se hablará del FMI ni de lo que le viene en ganas al chileno Nicolás Eyzaguirre o a la francesa Christine Lagarde. Ellos deberán estar atentos a lo que haga el Congreso estadounidense antes del 2 de agosto porque hay riesgo de default. Pero no en Argentina sino en los Estados Unidos. A menos que los republicanos se amiguen con Barack Obama y le dejen cobrar más impuestos y extender los montos del bestial endeudamiento público de los EE UU. Entre el 10 de agosto y el 21 de octubre (fecha de la veda) el país va a discutir sobre la vigencia del modelo liderado por Cristina Fernández y también de las ofertas que tengan quienes se presenten en los comicios presidenciales. Ese va a ser un escenario estupendo. Vamos a aprender mucho. Vamos a tener que argumentar con razones. Y también con emociones. Con identidad. Con ideas de futuro. A no ponerse ansiosos. A no agrandar estúpidos recelos. No hay que temer a los “librepensadores”. Hay muchos que tienen experiencia. No necesariamente la política se hace desde los cargos o el espejismo del poder. No hay que caer en la trampa de los que son ases en el manejo de la publicidad política. Ojo, aunque también hay que aprender de ellos. <

20/07/2011 - Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , ,

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