America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

1ro. de Mayo de 1974 – Un cacho de Historia del Peronismo, sobre todo para los jóvenes que no la vivieron!

1º DE MAYO DE 1974.

La Revista ASÍ, perteneciente al diario Cronica fué una publicación de los años 60 y 70. Fiel al estilo Cronica, alternaba noticias policiales en profusión y con fotos truculentas, chismes y tal cual encabeza su portada «Firme junto al Pueblo» no ocultaba su simpatia por el Peronismo. Con notas, ediciones especiales y coberturas de todo evento relacionado al Movimiento Pupular. Llegó a tirar entre 300 y 350 mil ejemplares ambos días que salía, que eran los martes y jueves de cada semana.
Siendo que iba dirigada a sectores populares, la redacción y sintaxis de los periodistas era no solo muy profesional sino de sumo respeto ante los acontecimientos que se cubrían. Periodismo popular pero sin subestimar al lector.

Tenemos leido, discutido, debatido y dado vuelta al derecho y al reves ciertos días de nuestra historia politica que fueron días bisagra o marcan un viraje importante en la evolución (y eventuales consecuencias posteriores) del hecho en cuestión.
Uno de esos días es el 1º de Mayo de 1974.
Cada Kumpa piensa y considera la mencionada jornada en sentidos distintos, algunos coincidentes y otras veces contrapuestos los puntos de vista.
Conseguí esta revista que cubrió la historica tarde del 1º de Mayo del 74, debí tipearla ya que no hay ejemplar disponible o la nota suelta en si en Internet.
Espero les sea de provecho, habiendo leido ya distintas apreciaciones.

Revista Así, Mayo de 1974

CONTROL Y VIGILANCIA.

¡Qué destino es este del periodista ! Cuantas veces la nota ingrata, las guardias de horas y horas frente a una puerta donde un secuestrado (su familia) proporcionará cuatro datos magros con los cuales informar ! O los plantones porque una vedette esta «noviando» con fulanito y hay que pescarlos juntos para que no nieguen nada y se les pueda sacar la foto.
Dicen -los que están afuera- que es un «lindo mundo» el nuestro. Puede ser, nadie lo sabe bien. Es un trabajo. Tanto entrego, tanto recibo. Claro, hay algunos que con su cara o su situación adquieren cierto prestigio mayor o una apreciable cuenta bancaria. Pero eso es igual que con los jugadores de futbol. Siempre se habla de los veinte cracks que ganan fortunas, pero hay mas de veinticinco partidos cada fin de semana, con once jugadores cada equipo. Y los sueldos son los comunes. No habrá que trabajar sobre un torno o darle y darle a la garlopa; no, no hay nada de eso, pero hay horas de mala sangre y cafe.
Hay -como en tantos otros oficios- sueños e ilusiones que chocan con la realidad, como dicen, es la «unica verdad». Por eso es que yo quiero dejar un testimonio como una lápida, sobre esta fecha, sobre esta nota. Y quiero abandonar ese tono frio que a veces adquirimos para relatar emociones de otros. Quiero «calentarme» y soslayar -inclusive- a los lectores. Quiero perderme de tanta calificación de «magno acontecimiento», de «manifestación popular». No basta con eso, yo solo quiero contarle al hijo que tengo lo que fué este día, lo que valió este día. Y que los lectores, si quieren, lean esta carta. Nada más.

LA CARTA.

Felipe, hijo, amigo, cuando leás esta carta habrán pasado muchos años y muchas cosas y ojalá ya esté para mostrartela. Sacaré, entonces, un papel arrugado donde habrá fotos y estarán estas lineas impresas en amoroso cuerpo 10 de la maquina. Tantas cosas habrán cambiado entonces…! Vos sabrás leer, te habrán enseñado letra por letra cada cosa. Sabrás que es lo que (dicen que ) es bueno y que cosas aseguran que son malas.
« Si de algo sirvieron los años que estuvimos juntos apreciarás cuánto de bueno hay en lo malo, y cuánto de malo en lo que llaman «bueno».
Sabrás defender el culto de la amistad y entenderás qué cosa es vivir en este país. Rememorarás a tu padre, criado a café con leche, a mate cocido calentado en la vieja cocina a querosén (porque yo te lo habré dicho y habremos estado en lo de tu abuela, mi madre, y «la vieja» se habrá deshecho preparando esas comidas como ya no vienen más, te lo aseguro). Por supuesto que la televisión, el plástico, los aviones y la electrónica cambiaron nuestras vidas. y es por eso que a veces no nos llegamos a entender, pero yo te quiero contar esto y respetame este deseo: quiero que leas a un hombre que estuvo cerca de la historia, viéndola germinarse en alaridos, en voces, en cánticos y en cansancio.Una historia como no aparecerá en ningún libro, porque no conozco libros con sudor, ni fechas que muestren la sangre. Por eso, la historia que escribirán, nunca será la historia que vivimos; y esto también lo sabrás de los libros. En ellos nunca habrás leido lágrimas por hijos que se fueron o padres que fueron molidos a palos. Nunca en una página estará una lágrima, ¿para qué?, solo ensuciaría la tinta. La lágrima se llora o se calla, y listo. Y así somos, así serás, porque desde que vos eras una madera chiquita flotando sobre las piezas, mientras te cambiábamos los pañales con tu madre, solo me interesó que aprendieras el amor y el odio, el escarnio y la alegria.
Ya llegaría la nostalgia. Con eso solo se pueder vivir. Sin eso, Felipe, NO SE PUEDE VIVIR, te lo aseguro. Y entonces te voy a contar una mañana y una tarde de lo que me acuerdo, de lo que vi, de lo que quedó de una fecha que no habrá de repetirse, y esa es mi aflicción: no habrás de vivir esto que te cuento, y lamentablemente nosotros seremos los culpables de cuanto vivas o dejes de vivir, y peor: tendrás derecho a reclamarnos por lo que hicimos o dejamos de hacer. Con nosotros, hijo, terminará una historia y con vos y los tuyos empezará a (…..) eso sucede pero que ni vos ni yo sepamos exacto nos bajamos de un caballo del pasado para montarnos en un corcel del futuro. Que cosa, hijo, que cosa la vida. Mirá, te cuento.
Hace muchos años el abuelo tenía una sola idea, como tantos. Y no le vino sola, se la dio la vida y se la explicó un tipo. Un tipo del cual sabés el nombre y el apellido, pero que ignorás casi todo. Y es lógico, por entonces yo era pequeño. Fué por 1943-46, y lo aprendí de golpe, casi sin darme cuenta. Porque tu abuelo me llevaba, me acercaba cada año a una fiesta donde -decía tu abuelo- se festejaba una lucha, no un triunfo. Y había un hombre que hablaba y contaba cosas y amenazaba enemigos y resumía su trabajo. Y mi viejo, tu abuelo, el padre de tu padre se abrazaba con otra gente y gritaba y aullaba sobre esa plaza, y ofertaba la vida para que eso siguiera así. Ya sé, muchos te habrán dicho que «solo dijeron» que había que dar la vida.
« Vos contale que tu abuelo si se que amasijó, de a golpes y desgracias, para que eso se mantuviera. Que fué perdiendo las horas como se pasaron los años, se le fue la vida. Se murió el viejo un día y se acabó. Pero vos sabes que no, que es mentira, y si en algo le crees a tu padre te digo: el abuelo estaba este 1º de Mayo en la plaza. Más viejo por supuesto, bastante vencido por los achaques (…..), despues de 18 años. Y el abuelo no había muerto, estaba allí!, te lo juro, gritando y lagrimeando, y abrazándose y sudando por horas y horas de plantón, esperando, como antes, que se festejase una lucha que continúa, que debe continuar.

EL DÍA.

El día comenzó ayer, hijo. Desde la noche la policia se apostó sobre las calles, rodeando la plaza. Esa misma plaza donde tantas veces comprábamos a (100 pesos ) la bolsita con manies que vos tirabas de una sola vez a t us pies para que las palomas picoteasen. Se habían ido las palomas. Nadie sabe quien les avisó, tal vez los obreros, los operarios que desde la semana anterior acomodaban parlantes y estrados. Claro, ahora la cosa era distinta. Antes, quizás más espontáneamente (pese a quienes decían que se tomaba asistencia y se pagaba. Yo no conozco a nadie capaz de tomar asistencia a medio millón de personas) antes -te decía- la gente afloraba lentamente, pero en grupos, con cánticos y sudor. Con lozanía. Esta madrugada de este 1º de mayo la plaza no estaba vacía. Torvos centinelas auscultaban, toqueteaban a cuantos aparecimos con el sol. Había cansancio en ellos, el cansancio que da la tonta rutina de la prepotencia. Pero pasamos el control. Fotógrafos y nosotros, periodistas. Desde hace una semana que gestionamos credenciales. Desde hace un mes que sabemos que este acto será el mismo, pero distinto. Pero había que estar, y estuvimos. Desde lo alto de los edificios cercanos se ve asomar gente que cuida, precavida, una maniobra para algunos pueden haber imaginado (aseguran que hay imaginacion para cualquier cosa) pero nadie cree que se pueda llevar a cabo. Ahora son levemente diferentes las cosas.
Si se habla de muertes, de torturas, nadie se horroriza. Han pasado tantos increibles sucesos en estos años que parecee que el terror fuese materia de los hombres, dispuesto sobre la calle para probarnos hasta que punto soportamos cómo reaccionamos antes los crimenes y los insultos. Pero el pueblo, innominado, el pueblo grande y vociferante, no entiende de esas cosas, se niega a entender. Siempre ha sido así. Muchas veces, en muchos lugares hubo personas que avisaban, alertaban, pero ya ves, finalmente, el dolor es individual: la burla, la agresión son de persona a persona. Es muy dificil agredir a un pueblo, se sabe que tiene que ser muy seria la afrenta para que duela a todos. Y cuando esto sucedió, el pueblo esperó su turno y se cobró. Recordalo: tal vez te toque ser depositario de alguna cuenta que nosotros dejamos pendiente.
Desde mi posición, hijo, puedo ver los tablones de un palco donde aseguran estará la Reina Nacional de los Trabajadores. Vieja costumbre que vuelve, para dotar a esta fiesta de un aire levemente circense, casi inherente al ser humano. Muchas veces el empaque y la seriedad olvidaron que el hombre tiene una dosis de ternura y otra de farsa. Si hasta hubo quien se hizo llevar, seriamente, en una carroza ! Se oyen sirenas, algunas bocinas y murmullos. Las escuadras se preparan para indicar a cada cual dónde está su lugar. Hice cálculos matemáticos hijo; entre la plaza y las calles habra aquí, hoy, más de medio millón de personas. Una de ellas es tu madre, que dejó tu figurita con « la Lala «, la abuela, para poder venir y mirar. Ella también quiere llenarse los ojos de gente y de gritos, y guardarlos.

LOS PRIMEROS.

De todas partes los vi aparecer. Parcos, tranquilos, sin molestarse por las horas de plantón que acumularían. Sin saber de previsiones, de paquetes con comida. Nada, para qué. Había que estar, hay que estar hermano -solían decir. Y estaban. Fueron. Casi como de alguna manera extraña Latinoamerica se alzase, indómita, nueva, virgen, hosca, extraña y que estaba en la plaza. Al diablo con París, al cuerno con Europa, al demonio con la cultura. Todo eso parecía que terminaba, que se terminó, hijo, en esta plaza. Pero uno que sabe, que desgraciadamente razona no encuentra, sin embargo, los motivos para estar contento. Es como cuando uno se tira al agua, sabe que puede nadar, soporta el agua sobre todo su cuerpo, pero no es pez. No lo soy, hijo, tal vez por eso puedo ser testigo. Tengo los gritos restallando en mi cabeza, puedo guardar cada cántico, pero no sé hasta qué punto sirven, existen.
Ellos, los primeros que vinieron a esta plaza son los dueños del día que quiero compartir.
Sonaban los bombos y averiguamos: pantallitas y bombos, retmbantes bombos que no nos abandonarían comenzaron a las 10.30. Eran de Luz y Fuerza. En las pantallitas, azul y blancas, se agradecía la General Perón y se llamaba a la unidad nacional. Eran las 10.30, te cuento, y empezaron los bombos. No los escucharía silenciarse nunca más; hasta el final. Yo preguntaba, para saber, para explicarme, preguntaba de donde venían, que querían. Nadie sabía explicármelo con certeza, nadie lo sabía. Venían porque si, venían para ver al viejo, venían porque hace muchos años habian venido, venían, venían…venían. Había ancianos, pequeños como vos ahora, que yo te escribo esta carta para contarte lo inexplicable de las emociones. Pero así es la vida, Felipe.

LAS PALOMAS.

Te acordas de las palomas…? recien a las 11.5 comenzaron a levantar vuelo. Claro, demasiado bombo, nadie que le tirara maices. Solo ruidos y gente esperando. Qué capacidad de espera tiene la gente, Felipe. Muchas veces me pregunto si la gente espera algo de afuera o simplemente está buscando las fuerzas que desde dentro tienen que salir. No lo sé. Y no lo pude aprender en este día. Solo sé que aparecieron, surgieron las fuerzas de la fe en alaridos, en pequeños abrazos, en la complicidad de repartir una galleta, un trago de agua. Mientras tanto los parlantes retransmitían los discursos que en el Congreso aplaudían legisladores y ministros. Una especie de rendición de cuentas que los gobiernos gustan simular ante los diputados y senadores, que les encanta ser simulados. Despues con las palomas en el aire el primer disco que se propaló: Carmen Guzman en una paisajista pieza pampeana. De pronto sentí que volvía a algún pueblo de la campaña, donde los parlantes sobre árboles cuentas sucedidos y un aprendiz de locutor imita a sus idolos de la radio para anunciarnos piezas de moda, una tienda llamada «El buen gusto» (siempre hay -en cada pueblo- una tienda llamada «El buen gusto»). Como esas propaladoras, que tu padre tan bien conoce, llegaban los compases de piezas «criollas», folklóricas, tal vez porque así pretenderían llenarnos de tradición, no sé, cre que los organizadores sueñan con un oyente unico. Cualquier organizador tiene ese defecto, que a veces resulta beneficioso.

EL HOMBRE «SANDWICH».

Pasa a mi lado un hombre de cincuenta y cuatro años. Hugo es su nombre, tiene traje gris y sobre el mismo un cartel para el pecho y otro para la espalda. Ya son las doce, el cartel dice: «Con las manos en el cielo damos gracias a Dios, por devolvernos a Perón». En la espalda una incripción similar despliega su fervor sin ninguna verguenza, para qué. Es peronista, ésta es su plaza y éste es su día. Cerca suyo vocifera un vendedor: «Dos por cien pesos, vendo, vendo…» Seguro que en la escuela estudiaste a French y Beruti, que de patriotas, no más, se dedicaron a identificar a los patriotas con una cinta azul y otra blanca (así, al menos, inoformaba el «Billiken» en mi época). Pues bien, hijo, esos patriotas existen todavía, a dos por cien pesos.
Por su parte, en el botiquin de las ambulancias distribuidas a razón de tres por bocacalle, sedantes, corticoides, analgésicos, hipotensores, antiespasmódicos, cardiotónicos, formaban una bateria muy bien dispuesta para la tarde. Y en verdad que hizo falta, hijo: fueron mas de cien los heridos, que yo conté. No heridos, en realidad, más bien descompuestos de hambre, apretujones, calor y el agobio de enfermarse y no poder llegar, no estar cuando el viejo lider hablara desde el balcón.
Minetras tanto las radios del país transmitían en cadena con la Red Nacional. Desde los pequeños transistores el Uruguay estaba presente: Radio Colonia pasaba tangos de Julio Sosa.

Y COMIENZA LA FIESTA.

Eran las dos de la tarde, ya todo estaba listo para comenzar. Subieron al «proscenio» locutores y artistas de variedades. Hasta Santiago Gomez Cou estuvo presente. Eso sí: recitó un poema de Ruben Dario dedicado al Centenario de la Republica. Y la gente más allá del vallado que ponía cincuenta metros entre el primer peronista del pueblo y su lider no los escuchaba. Para nada. Nunca hicieron falta patiquinos cuando la primera figura va a venir. Nadie, salvo, tal vez «La Chona», que anunció que se pasaría al otro lado del vallado para estar junto al pueblo. Estoy escribiendo estos nombres, algunos tan ilustres como Susana Rinaldi, Antonio Carrizo, Larrea y me doy cuenta de que dentro de unos años serán menos que polvo, serán nada comparado con la memoria de este día y sus protagonistas: Perón y el pueblo.
Y esa especie de carnaval con la que -te cuento- pensaron ocupar las horas entre la gente que se juntaba y Perón de nada sirvieron y es bueno recordarlo. Por cuantos de ellos pagarían entrada en otra ocasión, por varios, seguramente. Pero en este lugar, en este día parecieron parodias de lo popular, torpes muñecos que la gente ignoraba. Nunca, si tu destino en el canto, en la música, en el arte, nunca te comprometas, hijo, a representar, a servir de portador o de intermediario entre la creación artistica y su receptor fuera del ámbito que le resulte habitual. Más que un elefante en un bazar cada artista fue esta tarde, un sordo muñeco de lo ridiculo, un afiche parlante de la tonteria. Nadie que encolumnara los bombos, nadie que hiciera actora a esa muchedumbre. Salvo, por supuesto, Perón.

SORDOS RUIDOS.

En el palco de los periodistas corrió prestamente el rumor: por Corrientes, dede LIbertad hasta aquí (6 cuadras) está encolumnado Montoneros. Debo explicarte, Felipe, que la Juventud Peronista, en su gruesa mayoría, pretendió levantar a través de Perón -y de su gobierno- consignas revolucionarias bastante radicales, y cercanas a una concepción filosófica que no es parte del peronismo.
Y su lider piensa otra cosa y actúa en consecuencia. Así es que estos años han sido de lucha entre esta fracción y la vieja guardia peronista, vertical en la concepción de Perón, y agrupados junto a la CGT… Ya te enterarás qué cosa es la CGT. Ese rumor llegaba cuando tu padre estaba contando los reporteros que habían venido a cubrir el acontecimiento. Aproximadamente 500, entre ellos más de 50 extranjeros. Sheila Prentice, rubia, del «Times» de Londres, miraba desconcertada, mientras fotografiaba y fotograbiaba los heridos contando de nuestros sofocones.. Pero ya casi nada importa, se acercan las cinco de la tarde. Los locutores intentan ya desgañitados, una inutil, vana retahila de consejos. Se acerca la hora.

FANFARRIA.

Anuncian, por fin, que la fanfarria del Regimiento Granaderos de a Caballo atacará con el Himno Nacional. Todo el mundo lo canta, hasta que llega la parte donde la letra dice: o juremos con gloria morir, ohoooooh juremos con gloria morir… y se escucha con cierta fiereza hacia el centro de la plaza, exactamente hacia el centro. No termina el himno cuando comienzan con «yo te daré, te daré una cosa, te daré, patria hermosa, una cosa que empieza con P……Perón !, e inmediatamente la marchita, casi sin respirar, pero ya las consignas y los destinos son distintos.

EL OMBLIGO DE LA PLAZA.

Primero llegaron sobre el costado de la catedral; despues mediante forcejeos, lograron meterse hacia el medio. Allí desplegaron carteles que llevaban escondidos y banderas sobre las que se pintó con aerosol: «Montoneros». Se había dicho que no se podía portar otra cosa que banderas argentinas, pero sin embargo las organizaciones sindicales pusieron sus distintivos y la Juventud Peronista y los Montoneros los suyos. Les costó forcejeos, trompadas y heridos llegar a instalarse, pero lo lograron. De ellos fué el ombligo de la Plaza de Mayo. Un cordon umbilical que pretendían hasta el histórico balcón.

EL RELOJ LEJANO.

Desde el Consejo Deliberante se alza la torre sobre la que convergían las miradas. Eran exactamente las 17.02 y se pide, en nombre de todos los muertos, un minuto de silencio…
Duro, duro, duro……
Aquí están los montoneros
que mataron a Aramburu…..
Sobre el silencio claro, muy claramente se oyó la consigna. Y el resto de la plaza como conjurado contestando:
Perón, Perón
Ni yanquis ni marxistas
Peronistas, Pe-ro-nis-tas
Asi ya establecidos los limites, comenzó el acto. Faltaba un detalle, lo dieron los oficiales de policia indicándole a la tropa que se ajustara el barbijo de la gorra. Sería su mayor premeditación, casi la maxima acción, salvo controlar una y otra vez a cada transeúnte y colaborar con los heridos.
A las 17.3 se escucha el himno del trabajo, como semicoreado por los presentes, mientras desde la Casa Rosada se desprende un grupo de gente en mangas de camisa y ancho fisico, para llegar hasta el centro de la plaza, exactamente donde estaban las banderas de Montoneros. De allí, precisamente, salían heridos de chorreante sangre hacia las ambulancias. Su ulular cortaba los gritos y se espantaba por las avenidas. «Hoy es el día del trabajo….»: el himno voceado destempladamente intentaba unificar, pero no lo lograba.
Ya son las 17.5 y los silbidos coronan a Isabel Martinez de Perón, mientras la vicepresidenta corona a la reina del Trabajo. Corona sobre corona todos los periodistas se extrañan de los silbidos hasta que lentamente un Isabel !, Isabel !se impone sobre las bocas ahuecadas y el viento de frente que la agrede. Es tiempo de mirar el reloj, 17.9 y se anuncia que hablará Perón. Al fin el momento, al fin la tensa expectativa se hara oidos, voces acalladas para escucharlo. Eso creemos.

«COMPAÑEROS»….

Exactamente a las 17.11 su voz cascada, ese viejo vozarrón militar de garganta y ruido rebotado, ese vozarrón que viniera en cintas, en frases entrecortadas, en intrucciones para la resistencia, en consejo para los trabajadores, en avales para los delegados, en anhelos y consignas, en escolásticas charlas, en reportajes, esa voz que tendió un puente sobre el océano, sobre gobiernos que pocos queriamos pero que mirabamos distinto porque asilaban «al viejo», esa voz volvió a decir «compañeros» a los trabajadores un 1º de mayo y desde el mismo balcón. Chau, allí terminó una historia, hijo. De la que viene tendrás parte, no te olvides.

A LAS 17.12, EXACTAMENTE.

«Hoy, hace 21 años (un error de cifras de Perón) que en este mismo balcón y con un día luminoso como éste hablé por ultima vez a los trabajadores argentinos. Fue entonces que les recomendé que ajustasen sus organizaciones, porque vendrían días dificiles. No me equivoqué ni en la apreciación de los días que venían ni en la calidad de la organización sindical, que se mantuvo a través de veinte años, pese a estos estúpidos que gritan…
Son exactamente las 17.13. Recuerda hasta los minutos, hijo. Alli se hizo grande un silencio y después, desde los cuatro costados de la plaza retumbó el aplauso, el alarido, la interrupción (18 veces le interrumpieron, en total, a su discurso) y comenzó a gestarse una historia. El ombligo de la plaza, allí estaban los ojos nuestros. Cada uno de nosotros tiene un amigo, conocido, alguien que es joven que nunca vió a Perón, que apenas si estaba vivo en sus anteriores gobiernos y que sin embargo hoy es el más acérrimo entusiasmado y definitivo peronista. Casi como si dentro de veinte años vos, Felipe, llenás una plaza vitoreando a este lider. Casi lo mismo. En ese ombligo de la plaza estaban los ojos de la prensa, que es casi como decir los ojos del mundo.
A continuación Perón dijo: Decía que a traves de estos veinte años, las organizaciones sindicales se han mantenido inconmovibles y hoy resulta que algunos imberbes pretenden tener mas méritos que los que lucharón durante veinte años….

17.14, POCO MAS O MENOS.

« Y otra vez el estruendo que ahoga al ombligo, un ombligo que ya no tiene cordon sobre el balcón, que lo está perdiendo. Son las 17.16, mientras se escucha por primera vez (en otra interrupción) «La vida por Perón», mientras un minuto mas tarde, a las 17.17, tiembla la plaza con el grito que fue consigna de la C.G.T: Conformes, mi general. Así, sin explicaciones, sin ambages, sin términos medios. El ombligo calla. Los Montoneros, los «montos», esa gente como serás vos en unos años ya está guardando sus banderas. Les ha dicho infiltrados, imberbes, estúpidos. Ha puesto la gesta del 1º de mayo bajo la advocación de la C.G.T y los obreros, los desconoce.
El ombligo (ilegible) las 17.19 con las banderas (ilegible) unidos por las manos, esperando lo peor comienzan a retirarse. Por el momento no es Perón quien (ilegible) en la plaza, es su gente contra su gente. Tres cuartas partes de la concentración comienza un grito sordo y gozoso: «Que se vayan, que se vayan», mientras Perón debe interrumpir su charla, para esperar que se callen sus peronistas. Mientras se están marchando se escucha la voz de Perón acusando a «los infiltrados» dentro de su movimiento, pero ya no se interesa nadie por eso. Los «Montos» esperan los palos, las balas que acudirán a terminar de saludar su partida, los otros sectores politizados comienzan a paladear su goce y el pueblo, ajeno a todo, mientras son las 17.22 del primero de mayo de 1974 comienza a vivir una etapa en la que su lider, aquél de tantas marchas, de las insolitas patas en la fuente sobre unas fuentes que ya no están y una historia que ya se escribe, irremisiblemente, convoca a sus amigos, los politicos y saluda a los trabajadores y llama a la nostalgia en su ayuda. Nadie sabe si ese es el discurso que Perón iba a pronunciar, nadie sabe si ese gritos sobre el minuto de silencio cambió la historia de la juventud peronista. Nadie sabe. A las 17.25 se escucha: «Ni yanquis ni marxistas, per-ro-nis-tas» y a las 17.26 termina el discurso. Todos aplauden, saludan, agitan banderas. Los chicos que se han perdido no importa. Son las 17.27 y Perón saluda desde el balcón de la rosada con los brazos en alto. Ya está. El circulo se ha cerrado. Allá, por las calles laterales andan las juventudes arreglando sus «tendencias» a tiros. Por la plaza la historia se despereza.
Agitada tarde le ha tocado vivir. Nosotros, sobre un palco lateral miramos, solamente miramos, para llenarnos los ojos y tenerlos. Han pasado tantos años, vi tantas veces a mi padre, a tu abuelo, a treinta años argentinos vueltos hacia la Casa Rosada que pensé que más allá, algunos metros más allá Cristobal Colón mira hacia el río. El sol terminará por ocultarse y Borges, durante tantos años dueño de los crepúsculos, mañana o pasado volverá a realizar declaraciones. La orina sobre el cordón de la vereda largará mañana un tufillo desagradable, los obreros desmontarán los palcos y la vida seguirá. Todo el mundo contará que estuvo en la plaza y tendrá anécdotas para referir a sus nietos. Yo ni eso, solo estas lineas, por las que vivo, para recordarde a vos, hijo, que aquí entrego la posta. De todo esto soy culpable, meritorio o no. Esta es la patria nuestra, esta tarde estuvo América en esos rostros hirsutos, broncos. De aquí y hacia delante, todo es espera, y la espera no tiene dueño, solo ansiedad.

DESPEDIDA.

Ya terminó todo. Va quedando vacia la plaza. Los periodistas destacados para informar sobre tan «magno acontecimiento» apretamos pequeños papeles, lápices, algún abrigo y nos vamos desperdigando. Se viene la noche y -no es ninguna alegoria- se viene la oscuridad. Como decía el abuelo: «Festejemos la lucha, aunque sea para no olvidar». Y a veces tiene razón,o tenía; como a veces tengo razón yo, aunque vos lo niegues.
La vida nos está juntando en estas páginas, fijate vos qué cosa rara, tan solo porque la emoción que tengo es superior a mi «frio y meticuloso» sentido profesional. Y es así que debe ser, porque dos personas solo pueden encontrarse en una emoción, en un odio o en un amor, y lo otro es nada más que relacioón comercial. Y cuando vos leas estas carillas vaya a saber en qué vericueto (si es que estoy vivo) me habrá metido la vida, la misma que nos junta para este adiós que yo te doy, y que vos leerás dentro de algunos años, aunque más no sea como respeto a esta emoción. Porque aunque muchos colegas, lo consideren un tremendo error, aún puedo emocionarme… gracias a Dios.
Y esto es todo, hijo, levemente inconexo (no me pidas claridad cuando dejé que fuesen los sentimientos los que moviesen las teclas), pero seguramente sentido: vivido con todos los sentidos, para decirlo mejor. Leelo de nuevo, si querés. Ya es madrugada sobre Buenos Aires, mañana volverá a salir el sol y empezará la vida. En la abrigada memoria guardaremos esta fecha para desempolvarla alguna vez, para mostrarla fresca ante quien corresponda pedir y rendir cuentas. Habrás de saber que la historia me tuvo de testigo un día y que daré fe de cuanto vi, siempre, palabra que solo sirve para pedirte que vos también recuerdes, que empeñes la mayor violencia contra el olvido de este punto de la historia, en el nombre de tu padre. Amén.
— en PLAZA DE MAYO, 1º DE MAYO 1974.

12/05/2012 - Posted by | Educación, General, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , ,

1 comentario »

  1. Realmente, muy inspirador. teniendo en cuenta el contexto (como debe ser SIEMPRE), solo alguien que estuvo presente, puede transmitir lo que sucedió allí. El análisis va por nuestra cuenta. Estoy seguro que FELIPE debe estar muy orgulloso de su padre. y personalmente estoy seguro que , Felipé, ha tomado debida nota del legado de su padre. Atónito como estoy, de leer éste artículo, hoy 18-08-2014, 40 años despues de ocurrido éste evento, siento que hemos desperdiciado 30 años de “democracia” y muchas vidas de argentinos y argentinas, en la gran utopía que se viene pregonando desde 1810. Aún así, soy un entusiasta respecto del futuro argentino. Ésta historia, solo está iniciándose. Y es por ésa razón, que debemos transmitir los valores que nadie debe olvidar y que demás está repetir, pero por las dudas: HONOR, VALOR, SOLIDARIDAD, COMPROMISO Y HUMILDAD ( para mi modesto entender, claro está.)

    Comentario por Raúl Alberto Lobo | 18/08/2014


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