America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Hugo Marietan, Alcmeon, Revista Argentina de Clínica Neuropsiquiátrica, vol. 16, Nº 2, marzo de 2010, págs. 171 a 176 – Últimas observaciones sobre psicopatía


EN ESTOS MOMENTOS QUE ESTA TAN ACTUAL EL TEMA DE MUJERES QUE MUEREN EN MANOS DE SUS PAREJAS, AGREDIDAS CON PALOS, FUEGO O DE OTRAS MANERAS, LES DEJO ESTE INTERESANTE ARTÍCULO QUE PUEDE RESULTAR DE INTERÉS. (2)

Haré un rápido punteo sobre las últimas observaciones de mis investigaciones acerca de las características psicopáticas. Son hallazgos que provienen del trabajo clínico con psicópatas y sus allegados.

El mito de la captación intuitiva de las necesidades del otro

Se habla mucho sobre la intuición del psicópata, de la capacidad de captar las necesidades del otro, y estudiando más finamente este asunto concluí dos conceptos; primero que las personas comunes no podemos captar, entender la lógica psicopática porque es una estructura lógica totalmente distinta; a nosotros, el psicópata nos resulta extraño, alguien muy difícil de entender en sus actitudes mientras el psicópata se muestre como psicópata, por su puesto. Dado que en la mayoría de sus acciones no se muestra como tal, anda solapado y no se lo puede reconocer. Pero también llegué a la conclusión de que los comunes les resultan extraños al propio psicópata, es decir, él tampoco comprende la mente de los comunes y esta incapacidad la descubre desde muy chico y ¿qué hace?, comienza a estudiar las actitudes, los actos, las reacciones de los comunes, y, especialmente, un tipo de reacción en que él tiene un déficit muy marcado, que es la expresión de las emociones. Este tipo de personalidad, la psicopatía, tiene un déficit en la repercusión emocional de los hechos, comparado con el común.

El psicópata estudia a los otros

Nosotros conocemos a las otras personas globalmente, no nos ponemos a estudiar a las personas que tenemos al lado, lo asimilamos por contigüidad y por continuidad en el tiempo de la relación, como absorbiendo globalmente el conocimiento del otro; es por eso que a veces estamos años con una persona sin conocerla “a fondo” y pasan los años y hay conductas que nos asombran.

En cambio, el psicópata hace un estudio analítico de la otra persona porque es un objeto extraño para él, éste conocimiento analítico a lo largo del tiempo -que desde niño hace el psicópata sobre el otro- le va dando un conocimiento sobre tipos y variedades de humanos y especialmente en el aspecto emocional, él aprende como es la gestualidad de lo emocional en el otro y la imita. De esto se sigue que este repetido “captar” del psicópata, que el psicópata capta las necesidades del otro, no es más que el producto del aprendizaje realizado, de hacer analogías y distribuir en patrones conductuales y luego asimilar a un individuo desconocido a uno de esos patrones conductuales. Desde luego que este estudio le es sumamente provechoso para manipular y seducir.

De uno de ellos: “Era el velorio de mi madre. Mis hermanos lloraban en silencio junto al cajón, mis hermanas, histéricas como siempre, gritaban y se retorcían. Una de ellas hasta se desmayó. Yo no sentía nada. Me pareció lógico que muriera, si tuvo un cáncer con metástasis y se lo descubrieron tarde. Me di cuenta que la gente me miraba. Entendí que debía hacer como ellos, un poco de teatro. Y me tomé la cara con las manos y lloré. No es que no quisiera a mi madre, la quería como todo hijo, sino que no me nacía llorar. Tampoco soy loco, sé que en los velorios se llora, y que se espera que un hijo llore a su madre. ¿Se entiende?”.

El informe de la complementaria

En el tema específico de la complementaria ¿cómo es que el psicópata puede manejar tan bien a la complementaria? A esto puedo responder: no es que el psicópata sea un mago clarividente, sino que la complementaria, la persona que convive con el psicópata, le va informando todo lo que siente, hace y va a hacer, en su tremendo esfuerzo e intento por preservarse como persona en la mente del psicópata. Por dejar de ser “cosa” y llegar a persona constantemente brinda información sobre ella al psicópata, aún cuando tiene lugar la separación psicópata-complementario y/o están realizando el juicio de divorcio, la complementaria está desesperada por hablar con el abogado del psicópata… Les he preguntado: “¿Para qué vas a hablar con el abogado del psicópata?”, y ellas contestan: “Porque le tengo que decir qué es lo que voy a hacer con la casa, los bienes, etcétera. Es decir, ellas están tan adiestradas que necesitan que el psicópata se informe sobre lo que ellas van a hacer.

Una lógica militar

La otra conclusión que comunico es que la lógica del psicópata, es una lógica de tipo militar: es una lógica de objetivos, de tácticas, de estrategias, de apoderarse de terreno, de ganar territorios, de persistir en el objetivo y utilizar todas las herramientas necesarias para lograr ese objetivo. La mente del psicópata es una mente de tipo militar. La mente del común es una mentalidad de tiempo de paz, de destinos que dependen en gran medida de la suerte.

Así es fácil notar la desventaja que tienen los lideres comunes frente a un líder psicopático. El líder común siempre esta contemporizando con los otros, siempre está consensuando y tratando de ver algunos esquemas de estrategias basados en el consenso. El líder psicopático, mejor dicho, el psicópata que está a cargo del poder, es un militar, y es un militar impiadoso, sigue su objetivo, lo seguirá, cueste lo que cueste, y caiga quien caiga. Frente a él, los líderes comunes tienen poco que hacer a menos que se den cuenta de esta característica crucial.

El líder común maneja personas, consensua. Existe otro tipo de jefe, el caudillo. A diferencia del líder, el caudillo maneja hombres; los códigos viriles (la lealtad, el coraje, la divisa) son los valores que rigen tanto al caudillo como a sus huestes. El líder común consensua, hace reuniones, trata de que todos armonicen. El caudillo es obedecido por hombres, con valores de hombres, y el psicópata da órdenes a individuos cosificados.

La táctica del tero

El tero es un problema para los cazadores de campo abierto porque avisa al resto de la fauna al volar sobre el cazador emitiendo su conocido teru_teru, y arruinándole la caza. Pero el tero tiene otra astucia: el escándalo lo arma lejos del lugar donde están empollando los huevos de sus crías. En una clara maniobra de distracción, grita aquí y el nido está allá.

Y esta es una táctica que suelen usar los psicópatas, llamada también “cortina de humo”, concentran la atención de los demás sobre un tema, mientras ellos trabajan, solapados y en silencio, sobre otro tema. Y cuando los demás se dan cuenta del artilugio, ya es tarde, ya está todo hecho.

Intoxicación de abstracciones

Otra maniobra que utiliza el psicópata, sobre todo con la complementaria, es la intoxicación de abstracciones. El psicópata taladra los oídos de la complementaria con palabras, con problemas, con cuestionamientos, con descalificaciones, con detalles irrelevantes… que le hace creer que son importantes. Y esto le sirve para que la complementaria esté permanentemente pensando en él; la intoxica de abstracciones.

Cuando traten a una complementaria observarán que se pasa la hora hablando del psicópata, de lo que le dijo, de lo que hizo. Constantemente está hablando de él, es como si el psicópata estuviese en un trono mental dentro de la cabeza de la complementaria. Y si analizan el discurso verán que lo que está diciendo acerca del psicópata son banalidades. Y es que esa mente está entrenada para trabajar con las abstracciones que le da el psicópata, mientras la complementaria está abstraída en trabajar, en rumiar todas estas abstracciones el psicópata hace lo que se le da la gana, lejos, como el tero. El psicópata juega con las cartas ocultas; la complementaria, con las cartas sobre la mesa.

Nota: Más allá de la muerte

“Su pareja, psicópata, murió, pero ella lo va a ver una vez por mes al cementerio”

Como he dicho muchas veces, el psicópata penetra como un virus y se queda en la mente del complementario. El complementario, desde luego, lo aloja cuidadosamente, a pesar de que se queje de sus brutalidades y de los martirios psicológicos que le propine. Una satisfacción inefable lo sostiene vigorosamente en la psiquis del complementario.

Bajo protesta de la propia complementaria, de su parte lógica que lucha por conseguir el antivirus que lo destruya, mientras su otra parte, la esclava boicotea la acción de la lógica. Así, la batalla por la recuperación se da en la propia cabeza de la complementaria: entre la lógica y la esclava. A mayor tiempo de convivencia con el psicópata, más fuerte se hace la esclava. Se le envicia la cabeza de psicopatía, de sumisión irracional, de placeres indefinidos, de tensiones que traspasan el sufrimiento y tocan allí, en “ese extraño oasis” donde el animalito se sienta a beber a sus anchas.

Tanta tensión, tanta desconsideración, tan cruel, y sin embargo es entrañable. Pero la complementaria no sabe qué extraña del psicópata. Toda su lógica repasa la historia de la relación y solo encuentra espinas y dolor. Es que el rastrillo de la Lógica tiene dientes muy separados para poder rastrear la sutileza embriagante del lo irracional. Solo puede arrastrar lo más grueso, lo que sabemos todos: el maltrato, las infidelidades, las caídas, los golpes. Pero la esclava se queda con su preciado y secreto tesoro. Ella sabe porqué le debe obediencia al psicópata. Y porqué, ahora que está muerto, lo va a visitar a su tumba, una vez por mes, ante el azoramiento de lo la lógica que no sabe qué hace frente a esa lápida y que espera que sea lo suficientemente gruesa para evitar cualquier posible retorno al mundo de los vivos.

La esclava no siente así, ella es la que está ahí, parada, esperando por el milagro. En su mundo irracional, todo es posible y, tal vez, tenga algo de placer con tan solo acercarse a ese cuerpo idolatrado, un metro ochenta más abajo.

Nosotros, sumisos a lo racional, nunca entenderemos esto. Lo declararemos incomprensible y cerraremos el paquete y… ¡al archivo!

Pero ella, la esclava, no. Ella seguirá por un tiempo a llorarlo a la tumba, hasta que su apetito insatisfecho obligue a buscar “aquellas” emociones, las oscuras, las que se filtraban a través de las amplias fisuras de lo convencional y la hacían tan feliz. No lo conseguirá, lo sabemos, y quedará ese hueco, compañero triste que se arrastrará a su lado hasta el día final.

Mientras tanto, la lógica rearmará su vida, y tendrá sus placeres, sus armonías, sus bellas ecuaciones simétricas, la consideración de los otros. Y la paz, esa paz tanto tiempo perdida. Todas sus cuentas darán bien.

Pero, una vez al año o cada dos años, sin saber cómo ni por qué, se encontrará contemplando la lápida, y tal vez le saque algunos pastitos rebeldes que se empeñan en taparla.

Dr. Hugo Marietan, abril 2009

El valor sugestivo de las palabras

Otra conclusión es que el psicópata conoce a fondo el enorme valor manipulador de las palabras, hasta dónde puede llegar la sugestión con las palabras: las coloca en el momento en que tendrá mayor peso y las omite cuando el silencio castiga más. El discurso de la complementaria está plagado de “me dijo”, “la otra vez me contó”, “pero él dice”. El psicópata habla, pero muchas veces no informa: ¿cómo puede ser que la complementaria no sepa que hace el psicópata? Algunas se pasan años, décadas viviendo con el psicópata pero no tienen una idea clara de cuál es el trabajo, de dónde viene el dinero y, menos que menos, en qué se gasta. ¿Qué hace su marido? Dice que trabaja en tal lado, dice que hace tal cosa… o no saben en absoluto cuánto gana, de pronto se encuentran que existe una cuenta bancaria en tal banco pero de casualidad, o abren por azar el correo o investigan directamente el correo electrónico y se enteran de un varias de actividades que no sabían en absoluto. El psicópata oculta a pesar de la curiosidad tremenda de la mujer; curiosidad a la que ningún neurótico puede escapar. El neurótico se entrega a la curiosidad de la mujer y la mujer sabe todo del neurótico hasta lo que el neurótico no sabe, pero con el psicópata no puede.

Agrego aquí un cuento de Marco Denevi que trata, precisamente, del valor sugestivo de las palabras:

Crimen perfecto, por Marco Denevi

La señora Smithson, de Londres (estas historias siempre ocurren entre ingleses) resolvió matar a su marido, no por nada sino porque estaba harta de él después de cincuenta años de matrimonio. Se lo dijo:

-Thaddeus, voy a matarte.

-Bromeas, Euphemia -se rió el infeliz.

-¿Cuándo he bromeado yo?

-Nunca, es verdad.

-¿Por qué habría de bromear ahora y justamente en un asunto tan serio?

-¿Y cómo me matarás? – siguió riendo Thaddeus Smithson.

-Todavía no lo sé. Quizá poniéndote todos los días una pequeña dosis de arsénico en la comida. Quizás aflojando una pieza en el motor del automóvil. O te haré rodar por la escalera, aprovecharé cuando estés dormido para aplastarte el cráneo con un candelabro de plata, conectaré a la bañera un cable de electricidad. Ya veremos.

El señor Smithson comprendió que su mujer no bromeaba. Perdió el sueño y el apetito. Enfermó del corazón, del sistema nervioso y de la cabeza. Seis meses después falleció. Euphemia Smithson, que era una mujer piadosa, le agradeció a Dios haberla librado de ser una asesina.

El manejo del tiempo. El misterio

Otra característica es el preciosismo en el manejo de los tiempos que tiene el psicópata. El neurótico por naturaleza suele ser muy ansioso quiere las cosas ya, tiene hambre de tiempo, es decir no tiene mucha capacidad de espera. El psicópata cual buen cazador sabe manejar los tiempos, y maneja muy bien la espera.

Otra vivencia que genera el psicópata es el misterio, la incógnita. El ser humano necesita explicaciones, necesita aferrarse a las creencias, no puede tolerar mucho la incertidumbre. Los psicópatas son duchos en tolerar la incertidumbre, manejan el misterio, la incógnita y mantiene en vilo al otro. Forja una tensión especial en todos los que conviven con él o están en relación directa con un psicópata.

Un ser impar

El psicópata es un ser impar por eso no puede ser comparado con nadie. Si aceptamos su fachada “común”, uno de sus tantos disfraces, no nos resulta extraño. Pero, si en función de la convivencia, o por determinadas circunstancias especiales, conseguimos atisbar algunos de sus rasgos, entonces resalta lo extraño, y, si tenemos mala suerte, hasta podemos observar su lado siniestro, la zona oscura que lo hace impar.

El psicópata no tiene amigos

El psicópata tiene conocidos, tiene relaciones utilitarias, puede estar rodeado de de gente, de socios, pero no tiene amigos, amigos personales, no los necesita. Nosotros necesitamos apoyarnos en amigos, comentarles nuestros asuntos o simplemente disfrutar de su compañía. El psicópata no lo necesita. Para él es fácil relacionarse con otros y sacarle provecho y dejarlos. No hace lazo real sino aparente y transitorio. No tiene amigos y tampoco deja tener amigos. El psicópata aísla: cuando constata que la complementaria está relacionada con amigos, con compañeros, con la familia, destruye esos lazos para que la complementaria quede aislada y bajo su dominio, como lo dijimos tantas veces.

Desmesura

El psicópata en su accionar psicopático es desmesurado, fuera de medida, por eso nos suenan estridentes las noticias sobre psicopatía. Por ejemplo, al Monstruo de Mendoza (Argentina) no le bastó el incesto con su hija de 8 años, la embarazó varias veces y la mantuvo como su mujer 25 años. Algunos asesinos seriales no les es suficiente con matar a una personas, siguen una serie de asesinatos que repiten un esquema letal. El término “monstruo”, derivado del latín mounstruum que significa “más allá de lo natural”, está bien aplicado.

Nota: A la sombra de Lot

Las acciones del Monstruo de La Cuarta Sección de Mendoza, como apodaron al que violó y engendró siete hijos en su hija causan desconcierto y asombro. No es para menos. La mente normal no está preparada para asimilar episodios que van más allá de hechos criminales que sobrepasan ciertos rangos. Así no causa sorpresa una violación, siempre y cuando el formato que tenga sea recurrentes, o parecido a violaciones anteriores. Uno se acostumbra a cierta dosis de morbosidad. Pero todo aquello que se extralimite de esos formatos causa sorpresa.

En el caso que nos ocupa, si se comprueban los hechos, sobrepasa largamente estos parámetros: se trata de un padre que ha violado a sus hija, que ha tenido hijos con ella, que la relación se extiende al menos por 20 años, que hay una madre que estaba al tanto de los hechos, que existían hermanos, y que, la propia involucrada dejó pasar tanto tiempo antes de denunciar al perverso. Son muchas acciones, varias personas y con fuertes vínculos familiares que participan para que todo esto se haya producido.

Es demasiado para una comprensión simple. Es todo tan “retorcido”, tan laberíntico que sólo la presencia de un psicópata puede dar pista para entender en parte lo que pasó.

El psicópata es un ser especial, con gran poder de persuasión, muy instintivo y que genera, de por sí, temor para aquellos que conviven con él. Y, a más, él es un experto en diagramar amenazas y coerciones. Es un artista de la mentira y de la manipulación. Esta manipulación no es brusca e inmediata, sino que se hace despacio y a lo largo del tiempo. Cual homeópata va inyectando hábitos moralmente venenosos a lo largo del tiempo, de tal forma que las personas que conviven con él se acostumbran a pequeñas inmoralidades, y, de a poco, se van “vacunando” con las perversiones del psicópata hasta tolerar “grandes dosis” de perversión. Esto unido a su capacidad de manipular la mente del otro, a generar miedo, puede terminar en un resultado como el que estamos dando noticia.

Las preguntas son innumerables: ¿Por qué la hija de 35 años recién ahora denuncia? Ella fue captada por el psicópata desde muy niña (el hermano llega a decir que fue abusada desde los 8 años) y a esa edad no puede contrarrestar con nada a los abusos, solo puede avisar a su madre. Y su madre calla, apaña el perverso. Es como una estatua de sal que se hace cómplice con su silencio. Es una partícipe necesaria.

¿Cómo es que la madre no defendió a su hija? Porque antes que madre es una complementaria del psicópata. Y la complementaria, antes que madre, es funcional al psicópata. Esto es, que hará lo que sea necesario para satisfacer y proteger al psicópata. Por más monstruosa que sea esta idea, lo veo a diario en mi consultorio con las complementarias. Ellas se deben al psicópata (cual esclavas) antes que a la razón y la lógica. Es un vínculo muy especial que no está relacionado con parámetros éticos del bien o del mal y que he desarrollado con extensión en mi libro “El Complementario y su psicópata”.

Desde luego que desde afuera, esta caso se analiza desde la empatía, desde colocarse en lugar del otro y decir, por ejemplo: “Si yo me entero que mi marido le hace esto a mi hija: lo mato”, o pensamientos por el estilo. Pero el error consiste en desconocer que este no es un marido cualquiera, es un psicópata. Y ya aquí la empatía no funciona porque no podemos colocarnos en la mente de un psicópata ni de una complementaria captada por un psicópata.

Es un vínculo especialísimo.

También la hija es víctima y a su vez complementaria del psicópata. Por eso no lo denunció antes. Ha sufrido y callado. Y sólo cuando sospecha que atacará a su hija, ahí hace la denuncia, no por ella, sino por su hija.

El psicópata no considera a las personas con el valor de personas, sino como cosas para su satisfacción. Y repite una y otra vez la misma acción porque está respondiendo a una necesidad especial que tiene: violar.

Y no responde a argumentaciones, a educación, a castigos ni a premios: él es como es y seguirá siendo así, por eso es reincidente.

Los que los rodean son sumidos en una especie de letargo y dejan que el perverso ejecute sus perversiones. A los sumo, cuando pueden, escapan de este circuito negativo, cuando no, caen sumisos a los requerimientos del monstruo.

Dr. Hugo Marietan, 11 de mayo de 2009

Hasta aquí llega un punteo sobre las últimas conclusiones en mi investigación sobre la psicopatía. Hay otros puntos que están en ciernes, pero los iré elaborando durante el año y los comunicaré en el próximo congreso.

El dinamismo de la entrada de información que van aportando las complementarias que asisto, y los psicópatas que las acompañan o bien que vienen por otros cuadros y no saben que son psicópatas, es una fuente constante en el armado de una teoría moderna sobre este tema. La fuerza de este material radica en priorizar la observación llana de los consultantes por sobre las teorías concebidas con anterioridad a esta investigación. Esto hace que cada vez más las complementarias que leen la página http://www.marietan.com se sientan identificadas con el material preexistente y aporten nuevas vivencias y así la casuística va creciendo y, por ende, nuestro conocimiento de este apasionante universo velado que implica a los psicópatas.

18/06/2012 Posted by | Educación, General, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , | Deja un comentario

Camionazos por Horacio Verbitsky


Camionazos

Con métodos gremiales para dirimir un conflicto político, Moyano pone a prueba su capacidad de daño contra la presidente cuya reelección reclamó hace apenas un año como garante de un modelo económico que recuperó “la dignidad de los trabajadores”. Las deserciones que lo aíslan, el calidoscopio sindical y las alianzas contra natura. Scioli intenta aprovechar la fisura para sus propios fines, luego del anuncio de su candidatura presidencial. Los medios y el poder político.

Por Horacio Verbitsky

Luego de meses de amenazas, Hugo Moyano comenzó los paros de camioneros, con el propósito de desabastecer de billetes los cajeros automáticos. Si se atiende a la jactancia con la que hace ya algunos años Moyano se refirió a su poder, la escalada proseguirá con la acumulación de basura en las calles y/o la falta de combustible en los surtidores, las góndolas raleadas en los supermercados, los kioscos de diarios y revistas con ejemplares atrasados, la distribución postal paralizada, los cereales desbordando los silos y los puertos inactivos. Al fundamentar el plan de lucha, su hijo y adjunto, Pablo Moyano, se refirió a la propuesta insatisfactoria de la patronal camionera en la mesa de discusión paritaria, es decir una motivación de raíz laboral. Si así fuera, el conflicto tramitaría por los carriles normales, con intervención del Ministerio de Trabajo en un tira y afloje natural entre las partes, que se zanjaría con alguna cifra intermedia entre el 30 por ciento de aumento que reclaman los conductores y el 18 por ciento que ofrecen los empresarios, tal como ha ocurrido en los años anteriores y como siguió pasando este año en los gremios que ya cerraron la negociación. Es tan obvio que el gobierno prefiere una contención salarial como que no hay topes inamovibles establecidos y cada acuerdo depende de las respectivas relaciones de fuerza y las condiciones de cada sector. Pero el desafío de los Moyano tiene menos que ver con los regateos salariales que con la lucha por el poder, en una primera instancia, sindical, pero en el fondo, político. Por eso, también reclaman que los patrones absorban el impuesto a las ganancias que pagan los trabajadores de mayores ingresos, es decir una cuestión de política pública, cuya resolución depende del Estado. Es difícil que los propietarios accedan, sobre todo desde la advertencia que CFK les hizo en un discurso, sobre el posible corte a los subsidios que reciben si los utilizan en forma dispendiosa. Esta bandera y el proyecto de participación en las ganancias segmentan la representación de Moyano, ya que convocan a la delgada franja superior de la heterogénea fuerza de trabajo. Más de un tercio de los asalariados aún tiene empleos informales y entre los privados formales el tercio que menos gana accede apenas al diez por ciento de la masa salarial. En esa base de la pirámide inyecta recursos el gobierno, porque sabe que se vuelca al consumo y sostiene la demanda agregada en un momento de grave crisis internacional. Moyano, en cambio, aboga por mayores ingresos para la cúspide. De todos modos, una vez cerradas las principales paritarias y definida la sucesión en la CGT, el gobierno deberá incrementar las asignaciones familiares y el mínimo no imponible para la cuarta categoría del impuesto a las ganancias, para que el fastidio que Moyano expresa no se extienda a sectores asalariados más significativos. El Congreso de la CGT es el primer objetivo de Moyano, quien quiere que propios y ajenos constaten que puede forzar al gobierno a una capitulación. Es la misma línea que siguió en su apuesta por mechar candidatos sindicales en las listas del Frente para la Victoria. Pero hasta ahora, con excepción de algunas escaramuzas, sólo había recurrido a las concentraciones masivas, en avenidas y estadios. Nada de eso le dio resultado, y ante cada nuevo incremento de la presión, Cristina se felicitó por no haber cedido: es fácil imaginar cuánto mayor sería hoy la molestia si Moyano tuviera hombres propios en la vicepresidencia y en un tercio de las bancas legislativas, como había pedido. Pensar que el incremento de la fuerza vaya a lograr un efecto distinto sobre la personalidad presidencial, es una presunción improbable, por muchas y variadas razones. Además, en aquel acto por el 1º de mayo en la Avenida 9 de Julio, hace apenas un año, Moyano pidió la reelección de Cristina porque la definió como “la garantía de profundizar este modelo económico” para “seguir recuperando la dignidad de los trabajadores”. En medio de la peor coyuntura económica mundial en tiempos de paz en un siglo y cuando la Argentina adopta todo tipo de medidas para proteger el empleo y los ingresos populares, es inverosímil afirmar que aquella persona se haya convertido en el enemigo de los trabajadores a la que hay que combatir con todos los medios y alianzas disponibles, de TN a la Sociedad Rural.
El participacionismo

Moyano parte de supuestos contradictorios. Al mismo tiempo cree que su hegemonía en la CGT obedeció a su propio mérito y fortaleza y que las candidaturas para sustituirlo sólo se sostienen por el impulso oficial, pero que aún así no serán viables porque la mayoría de los delegados al Comité Central Confederal del 12 de julio le responden. La pugna que Moyano sostuvo con los gobiernos neoliberales de las décadas de 1980 y 1990 y el poder acumulado por su gremio, que creció junto con la importancia de los servicios (paradojal consecuencia del modelo que impugnaba), pesaron en el momento de la decisión. Pero Moyano no hubiera sido electo en 2004 ni, sobre todo, reelecto en 2008, si Néstor Kirchner no lo hubiera ungido como su interlocutor privilegiado en el movimiento sindical. Esto le permitió incrementar su nómina de afiliados, mordiéndoles el padrón a los otros gremios que representaban a trabajadores sobre grandes ruedas, y obtener una serie de canonjías estamentales sobre el resto de sus pares. A cambio, garantizó negociaciones paritarias tranquilas e impidió desbordes sociales, es decir aquello que hoy le reprocha a quienes aspiran a sucederlo. Este rol hoy en disputa no se explica por la biografía de los dirigentes, sino por la estructura sindical participacionista, donde el poder se dispensa desde el Estado. Así, Moyano incrementó su incidencia, pero no las simpatías de que gozaba. Su aislamiento se ha profundizado desde que se lanzó en velocidad a la colisión con el gobierno, con expresiones verbales que, es ostensible, no son su fuerte. La segunda hipótesis de Moyano no tiene más fundamentos que la primera: que el gobierno se haya cansado de sus hoscas intimaciones no equivale a decir que prefiera entronizar en la CGT a los sindicalistas empresarios que fueron el caballo de Troya del menemismo dentro del movimiento obrero. Uno de ellos, Armando Cavalieri, pidió apoyo para desbancar a Moyano, que le discute el encuadramiento sindical de 5000 trabajadores de logística. La respuesta del gobierno fue ambivalente. A través del diputado Carlos Kunkel apoyó al candidato de Moyano en Comercio, el ex asociado de Cavalieri Oscar Nieva, pero no llegó a prohibir el voto a los jubilados, entre quienes Cavalieri hizo la diferencia que le permitió retener el gremio que conduce desde hace cuatro décadas, y obtener congresales que pueden ser decisivos para la elección en la CGT. Nadie lo dirá, pero la idea no es fortalecer a dirigentes vergonzosos como Oscar Lescano o el propio Cavalieri, sino ponerle algún límite a Moyano, cuyas contribuciones a ese propósito son destacables.
Cinco por uno

¿Quiere decir esto que se partirá la CGT? La mera pregunta denota escasa percepción del cuadro sindical. De hecho, la CGT ya está tan o más fracturada que la CTA y cada una de las cinco fracciones de este calidoscopio se atraen y se repelen en un juego cuya única regla es la inestabilidad. Los denominados Gordos no asisten desde hace años a las reuniones de la Comisión Directiva, y un grupo de gremios que siguen al gastronómico Luís Barrionuevo han creado un organismo paralelo denominado “CGT Azul y Blanca”. La novedad que puede cristalizar en el Congreso del mes próximo es el regreso de Los Gordos a la central, en alianza con sectores que en los últimos años reconocieron la conducción de Moyano, como aquellos que se hacen llamar Independientes, y que incluyen a José Lingeri, Héctor Rodríguez y Gerardo Martínez, y una exteriorización más visible de la división preexistente. Ante esta perspectiva, Moyano amagó con alejarse pero sin abandonar la central, tal como lo hicieron sus rivales en estos años. Su proyecto era replegarse sobre el Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA), que lideró en la resistencia al neoliberalismo, y sobre la Confederación de Trabajadores del Transporte (CATT), a la que Kirchner devolvió la personería retirada por la dictadura. Pero es poco lo que le queda de ambas estructuras. Muchos de los gremios que integraron el MTA, igual que los de la CATT, le han hecho saber que no lo seguirán hasta estrellarse contra un gobierno sólido que hace tan poco consideraba el mejor para los trabajadores desde el de Juan Perón. De los dirigentes que durante años flanquearon a Moyano, sólo siguen a su lado Juan Carlos Schmidt y Omar Plaini, pero hasta ellos mantienen contacto frecuente con altos funcionarios del gobierno y sólo comparten el lado gremial de las exigencias de Moyano. La afirmación de Amado Boudou de que la presidente no necesita de la dirigencia sindical porque se comunica en forma directa con los trabajadores, es desmentida por la práctica diaria, de la que el mismo vicepresidente participa, de reuniones permanentes con secretarios generales de todos los gremios. Los taxistas, los colectiveros, los marítimos, los aeronavegantes y los conductores de locomotoras abandonaron también la CATT, con lo cual la intimidación de Moyano se reduce a poco más que su propio gremio y a una parte de los pilotos de aviones y los ferroviarios del encarcelado José Pedraza. Pasar de las palabras a la acción tiene dos riesgos simétricos: que fracase y que tenga éxito, lo cual supone que no hay opción ganadora. Cada sector lidia como puede con sus contradicciones. Moyano pasó su próxima movilización del 27 al 26 de junio, para que coincida con el décimo aniversario del asesinato de Kosteki y Santillán y al mismo tiempo recompuso su relación con Gerónimo Venegas, el dirigente de los estibadores rurales cómplice del alto índice de informalidad del trabajo rural. También ha tenido citas con las cámaras patronales agropecuarias, que tampoco quieren pagar impuestos, pero cuyo lockout por la extraterritorialidad de sus posesiones tuvo mínima inserción rural y ninguna urbana, y con la UCR, el partido cuyos últimos dos gobiernos terminaron en forma desastrosa para los trabajadores. Sólo le falta concertar alguna acción con los centenares de caceroleros que se creen poseedores de un derecho individual a atesorar dólares, pero que intentan disimular esta pretensión vergonzante con grandilocuentes consignas patrióticas y moralistas. Pensar que esta ensalada de intereses contrapuestos pueda ser una base política muestra el extravío de quien busca posicionarse como líder popular. Por su parte, los grandes gremios que quieren librarse de Moyano se ven constreñidos a buscar el apoyo de un gobierno que les repugna más que a él. Los que apoyan a ese gobierno (como la CTA que dirige Hugo Yasky) no se sentirían en buena compañía cerca de West Ocampo o Daher, y están impulsando un reagrupamiento sobre un eje muy nítido, cuyo mejor expositor fue un personaje trágico, desgarrado entre dos lealtades: “La contradicción principal es entre el proyecto financiero neoliberal y el proyecto nacional popular y latinoamericano, y eso se expresa en la antinomia política kirchnerismo-antikirchnerismo. Nosotros sabemos de qué lado estamos”, dijo en diciembre el otro hijo del camionero, Facundo Moyano. ¿Nosotros? El otro sector de la CTA, representado por Pablo Micheli, sólo puede disimular su nimia capacidad de movilización mimetizándose con agrupaciones pequeñas pero compactas que siempre lo han cuestionado por izquierda como Barrios de Pie o la Corriente Clasista y Combativa, y tendiendo puentes hacia Moyano, a quien durante años despreció, como expresión de una burocracia sindical que en los últimos años demostró ser más representativa que la conducción miniceteaísta, a la que Micheli accedió con un fraude comprobado por la justicia. Moyano no necesita de esos métodos para ganar una elección en Camioneros, pero no los desdeñaría en la CGT, aunque la ferocidad de su ruptura con el gobierno también ha abierto grietas en sus propias filas. Le pasa con Cristina lo mismo que padeció Víctor De Gennaro con Kirchner: la emergencia imprevista de un liderazgo de masas cuya mera existencia cuestionaba el rol al que se creían destinados por la historia o la providencia. Uno y otro emprendieron el difícil tránsito del sindicalismo a la política y cuando quisieron enfrentar a esos gobiernos afines, se les quebraron sus fuerzas sindicales y se despertaron compartiendo el lecho con quien nunca hubieran deseado cuando eran más libres de elegir.
La Ñata contra el vidrio

Quien aprovechó la fisura para sus propios fines fue el gobernador de Buenos Aires Daniel Scioli, quien recibió a Moyano en su reducto de Villa la Ñata para un partido de futsal. En una impremeditada metáfora, los naranjas de Scioli vencieron a los verdes de Moyano por 15 a 8, y el gobernador superó la mejor marca de Messi, al anotar 6. Desde el kirchnerismo se considera que el anuncio de sus aspiraciones presidenciales fue un error político, motivado por la presión del vicegobernador Gabriel Mariotto y los bloques legislativos, que responden a Olivos. A tres años de la apertura de la sucesión presidencial, Scioli se habría expuesto a un prematuro desgaste, cuando su preocupación excluyente debería ser cómo llegar a fin de mes, dilema que se le repetirá treinta y seis veces. La interpretación opuesta sostiene que Scioli madrugó al gobierno nacional (y a cualquier otro competidor) al instalarse como candidato, pero con la suficiente prudencia como para subordinar esa posibilidad a la de Cristina. De ahora en adelante, no necesita hablar más del tema y puede manejarse sólo con gestos y símbolos, ese lenguaje a la vez simple y complejo, que llega al pueblo sin mediaciones y que sólo la presidente domina tan bien o mejor que él. Una vez plantada la bandera, el gobernador puede esperar que se arrimen quienes se sienten excluidos del esquema kirchnerista, que no son pocos en la clase política, porque Cristina está llevando a cabo la mutación que Kirchner no pudo. Entre ellos, el ex ministro de Economía Roberto Lavagna, quien repite la parábola de Domingo Cavallo en 2001: se presenta como el padre del modelo que supuestamente conoce el camino de salida. Las diferencias son tan obvias que ni merecen enumerarse. El Congreso de la FUA de este fin de semana indica hasta dónde está dispuesto a llegar Scioli: el jefe de la JP que responde a Alberto Pérez, el funcionario Nicolás Milazzo, se alió con la Franja Morada radical y con las diversas vertientes de la paleoizquierda para vencer al kirchnerismo, que rechazó un ofrecimiento de dibujar los resultados para aparecer perdiendo “por sólo veinte votos” y se abocará a construir una nueva entidad sobre terreno menos pantanoso.
Página 12

18/06/2012 Posted by | Economía, General, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , | Deja un comentario

Golpes a la bartola por Eduardo Aliverti


Golpes a la bartola

Por Eduardo Aliverti

Que la semana pasada haya empezado con las alarmas de pesificación generalizada y después avanzado con el lanzamiento de un megaplán de viviendas para sectores populares y medios es una muy buena fotografía del mapa político en su sentido más integral. Incluye cuanto se desee envolver en el paquete de la agenda publicada.

Los rumores de que se pasarían a pesos todos los contratos individuales, y hasta el pago de bonos, fueron una obscena operación de prensa que no resistía la menor consideración. De un párrafo relativamente confuso introducido en el proyecto de reforma del Código Civil, algunas mentes obsesionadas con la provocación de escándalos, o amenazas graves para la economía, extrajeron que se venía la noche para quienes tuvieran acreencias en dólares. “Cerebros” periodísticos, aclaremos, porque en rigor no hubo dirigencia opositora que actuara ni en el origen ni en la amplificación del operativo. El ministro de Justicia salió a aclarar los tantos y sanseacabó. No había margen para más, y ésa fue la culminación de una maniobra destinada a morir antes de implementar los primeros pasos. Apenas les quedó espacio para alguna de esas columnas de opinión que, cuando el pescado podrido se revela como tal, intentan licuar falaces intentonas hablando del “clima” vigente. Bajo ese ardid pudo leerse que el Gobierno introdujo de modo clandestino (sic) la modificación de dos artículo del Código Civil. Esto es simplemente maravilloso. Un proyecto ingresa al Congreso con letra explícita y el periodismo de la ultraoposición militante le adjudica carácter secreto, oculto, de espaldas a la ley, ilícito y siguen las acepciones del término “clandestino”. El periodista vuelve a recurrir a una figura que ya usó varias veces: ¿hace falta que metan los goles con la mano? ¿Tan poco les importa siquiera el papelón consigo mismos, de tanto apuro por taladrar? ¿A cuáles y cuántos “ciudadanos” y “gente” se refieren cuando citan la urgencia por hacerse de divisa extranjera? ¿Se sostiene que citen, textualmente, la existencia de una “fiebre” por el dólar? Qué impagable sería meterse en la cabeza de estos tipos cuando están a punto de tipear esas cosas. No se trata de los editores, que definen los títulos y las bajadas de las notas. No. Son los columnistas que, bien a solas con sus datos y su conciencia, resuelven construir un concepto. Los que editan son portavoces ya entregados o resignados a la orientación furibunda que determina la patronal. Y sus avisadores. Si se titula que “para el Banco Mundial, la Argentina crecerá menos”, en lugar de que por tanto seguirá creciendo, es entendible. Si la analista senior de una de esas consultoras de fama mundial que viven para ¿equivocarse? mundialmente, Moody’s, reconoce que le bajan la nota a Argentina sólo porque es Argentina (sic), no por las señales de su economía, también se entiende (ver Ambito Financiero, miércoles pasado, entrevista a Verónica Améndola). Con esa clase de alimento, los referentes del mañanero radiofónico y los escritores de zócalos televisivos, a quienes no les ingresa más originalidad que la pautada por los diarios, ya tienen de sobra. Pero los opinadores diríase que a secas, o “presentados” así al margen de que porten renombre mayor o menor, ¿no tienen mínimo prurito a la hora de inventar? ¿No les da para pegarles una vuelta a mentiras pornográficas? ¿No intentan guardarse vías de escape para cuando el mañana los señale como fabuladores, por haber escrito fantasías que pudieron disimular con mayor elevación retórica?

Cuando Cristina lanzó el plan de créditos hipotecarios, al cabo de ese comienzo de semana insuflado por las versiones de pesificación, cambió el eje y el punto fue llenar de sospechas la noticia. Recelos justificados, debe reconocerse, porque respecto de la vivienda el oficialismo ya boqueó, y muy mal, con aquello de los inquilinos que serían propietarios. Sin embargo, la cuestión no es (únicamente) ésa sino, otra vez, la capacidad del Gobierno –sea cual fuere la eficacia ejecutora de su anuncio– para desarmar la ofensiva propagandística en su contra. Aquí es necesario detenerse. Preguntar cuánto hay de reflejos oficiales y cuánto de una prensa comandante que, al gobernarse a sí misma sin base de fuerzas o individualidades extraperiodísticas, cae en repeticiones previsibles de aliento corto. Un marciano de pocas luces habría adivinado que, siendo los recursos previsionales el principal inyector de fondos para construir viviendas, seguiría inmediatamente la acusación de estar usando la plata de los jubilados. Así fue. Validos de una acordada de los supremos, titularon en bloque que la Corte le dio treinta días a la Anses para que informe cómo se emplea el dinero jubilatorio. Pero la solicitud judicial al Gobierno no tiene nada que ver con el lanzamiento del plan hipotecario, salvo que algún otro marciano pueda creer que la Corte empalma sus dictámenes a medida que el oficialismo procede. En este caso, vendría a ser que Cristina anunció la operatoria crediticia el martes y unas pocas horas después ya estaba reunida la Corte para advertirle que con la plata de los jubilados no se jode. No digan que no es asombroso por donde quiera vérselo. Por un lado, resultaría que entonces sí hay la Justicia independiente por cuya inexistencia se indignan unas cacerolas devaluadas y unos comunicadores más patéticos todavía. Como si fuera poco, esa Justicia que no existe acaba de cercar nuevamente a Boudou por el affaire Ciccone. ¿En qué quedamos? ¿Existe o no? Repárese en que, en esta oportunidad, ni hace falta retrucar en primer término la pelotudez bíblica de que la plata de los jubilados debe quedar en una cuenta intocable por los años de los años, como si el Estado no tuviera la responsabilidad de invertirla para asegurar su satisfacción y rédito. No. Esta vez alcanzaría con exhibir las inenarrables contradicciones de “la corpo”, con el solo señalamiento de sus disparates. Incurren en ellos, además de sus necesidades político-empresariales, porque de lo contrario sobraría lugar para meterse en lo que no les conviene. En el PRO termina de estallar una interna que va de dura a salvaje. Funcionarios de la Ciudad se enfrentaron con aspereza por el cierre del plazo para armar las listas, aunque el tema excede a esa razón burocrática. Gabriela Michetti vetó a Esteban Bullrich, el ministro de Educación, como presidente de la asamblea general del, digamos, partido. Bullrich se hartó y renunció, pero Michetti también está harta de Horacio Rodríguez Larreta, y viceversa, porque entre ambos juegan si la primera acepta ir de candidata a la provincia y si el segundo toleraría que no lo haga y le compita en Capital. Nada de este chiche de armonía es informado por los medios de la oposición, casi obsesionados por proteger la figura de Macri a como dé lugar, bien que equilibran entre eso y continuar midiendo a Daniel Scioli como gran esperanza blanca. La clausura del palco desde el que sacaron la foto al celular de José María Ottavis, vicepresidente de la Cámara baja bonaerense, cuando recibía un mensaje que en verdad lo alertaba sobre un presunto ofrecimiento de compra de votos; y una conjetura acerca de que se intentó cambiar de lugar a los periodistas parlamentarios, lo cual nunca se concretó, fueron otros de los apasionantes temas ensanchados. Como tampoco daba para mucho, reapareció la ola de inseguridad porteña mediante la mención a toda página de una “seguidilla de robos audaces”. Y hasta la sugerencia de que vivir en la capital colombiana tal vez sea más seguro que hacerlo entre Flores y Caballito. Impactante.

Lo significativo de este mapa mediático, mucho más que lo que revela puntualmente a través de cada episodio y su tratamiento, pasa por una renovada demostración: todos, invariablemente, continúan corriendo detrás del oficialismo. De lo que hace y de lo que deja de hacer. De los entusiasmos y de los enconos que despierta. Cuando ocurre algo así, y sin que suponga perder reflejos de pensamiento crítico sino todo lo contrario, cabe el sentido figurado de que no hay mucho más que hablar. Al no disponer en el equipo de jugadores sobresalientes que las conviertan en acción política concreta, las críticas y denuncias, del tenor que fueren, carecen de base ejecutiva y transformadora. Seguramente, y apartando las chicanas en torno de la clase social a que pertenecen o de su imposibilidad para articular dos frases seguidas, eso explica que los centenares o pocos miles de gentes impulsados a cacerolear un ratito no sean capaces de encontrar una consigna unificadora. Bien al revés de lo sucedido en 2008, cuando “el campo” amalgamaba, hoy no tienen argumentos. Sólo el odio. Corean inconsistencias cuya hondura es la misma que la de manifestarse a favor de la felicidad.

Algunos lo hacen con cacerolas. Y otros desde los medios.

Página 12

18/06/2012 Posted by | Uncategorized | , , , , , , , | Deja un comentario