America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Una presidenta entre dos poderes judiciales. Fondos buitre y constitucionalidad de la Ley de Medios.

_Cristina

28–08–2013 /
Una presidenta entre dos poderes judiciales. Fondos buitre y constitucionalidad de la Ley de Medios.

Por Roberto Caballero

Una presidenta constitucional en ejercicio, elegida democráticamente por el voto popular, es desafiada por dos poderes judiciales, el de Estados Unidos y el de su propio país, para forzarla a tomar decisiones que no quiere ni puede tomar.

Es decir, estos dos poderes intervienen directa o indirectamente en la gobernabilidad del país, pero gracias a la supremacía comunicacional de los medios concentrados, el tema transita el debate público de modo intrascendente.

Lo terrible, lo irremediable, lo que es abordado como un complejo asunto de Estado, es que la empresa chilena LAN debe desalojar un hangar del Aeroparque y hace pucheros.

Vamos de vuelta.

La justicia neoyorquina le exige al gobierno argentino que pague a los fondos buitre barriendo con las consecuencias positivas de un canje de deuda exitoso que reactivó la economía, la producción, el empleo, el salario, las jubilaciones y además generó divisas para cumplir con los bonistas, y no pasa nada. O no pasa mucho.

O, de última, se dice que es una complicación que el kirchnerismo cosecha por ineptitud o testarudez, o por ambas cosas. Eso es todo lo que pasa, según los editorialistas antikirchneristas.

Veamos lo otro. La justicia local le dice al gobierno que las leyes que impulsa y son votadas por mayoría en el Congreso están viciadas de inconstitucionalidad –basta ver la licuación de la reforma que intentó el Ejecutivo–, entrometiéndose en asuntos de legislación como si el Palacio de Tribunales fuera el de Versalles, y no pasa nada.

O no pasa mucho. O, de última, se señala que es lo que el kirchnerismo recoge por ser satánicamente autoritario en su ADN. Eso es todo lo que pasa, según los opinadores del establishment.

Nadie se pregunta, sin embargo, dos cuestiones centrales, que parecen sepultadas por las toneladas de antikirchnerismo bovino que desparrama la prensa dominante.

¿Dónde queda la soberanía nacional? ¿En Times Square?
¿Y la soberanía popular? ¿En Talcahuano y Lavalle?

El gobierno tendrá aciertos y errores. Cada uno puede elegir qué lado de la balanza hace pesar más en su evaluación.

Pero las decisiones que permitieron una década de reconstrucción las tomó en Buenos Aires y no en Washington; y todas y cada una de ellas fueron validadas por el voto popular en elecciones libres y democráticas. Cristina Kirchner encarna entonces la soberanía nacional y popular, guste más o guste menos lo que hace o dice.

Esta idea de que todo lo que hace el kirchnerismo está pésimo y cualquier crítica se ajusta a una verdad incontrastable para poder lapidarlo, es una mala idea que no sólo conspira contra el oficialismo: lo hace contra todo el sistema institucional.

El que hay, el que pudo recomponerse después de 2001. Tiene un tufillo electoral que trata de manera liviana cuestiones bien trascendentes.

Vamos otra vez. En un fallo de claro corte político, un tribunal de justicia de los Estados Unidos acaba de descargar sobre los argentinos, los kirchneristas y los no kirchneristas, un estigma aborrecible: somos “deudores recalcitrantes” después de haber pagado religiosamente miles de millones de dólares de deuda externa durante diez años, con el esfuerzo que sabemos, al 93% de los acreedores que confiaron en la reactivación del país.

Puso en un pie de igualdad a esos acreedores y a los “fondos buitre” que litigan contra la Argentina y exigen que se les pague el valor nominal de los bonos que compraron a precio de remate.

¿Alguien se preguntó qué sucedería si el fallo de la Cámara fuera avalado por la Corte Suprema de los Estados Unidos?

El 93% que aceptó una quita del 75% del valor de sus bonos, volverían a reclamarlo. Y Argentina quebraría su economía una vez más. No por culpa del kirchnerismo: sería una decisión tomada bien lejos de la Casa Rosada.

Por eso no se entiende qué critican los opositores como Martín Redrado, Alfonso Prat-Gay y Carlos Melconian que antes del 2003 apoyaron a Domingo Cavallo en su política de superendeudamiento, antesala del default que todavía pagamos. ¿Qué cátedra quieren dar ahora? ¿Desde qué púlpito? ¿A qué costo social?

¿No comprenden, acaso, que si se llevan puesto al gobierno con la ayuda de la justicia estadounidense y los fondos buitre se llevan también puesta la economía nacional?

También se puede ganar elecciones sin dañar al país. ¿O no es la idea?

Preocupa también el antikirchnerismo latente de algunos de los jueces de la Corte Suprema nacional. Sus últimos acuerdos corrieron el límite de convivencia esperable y atendible entre los poderes.

Esta Corte que ayudó a integrar Néstor Kirchner, dejando en el pasado a la Corte adicta del menemismo, no puede ceder al pavoneo opositor en esta encrucijada histórica.

Con un frente externo complicado, no es de lo más aconsejable que algunos supremos jueguen a ver quién llega más lejos en una pulseada institucional.

Esa es una factura que tarde o temprano todos vamos a tener que pagar, porque acá no hay ganadores y los perdedores se cuentan de a millones.

El máximo tribunal del país también debe tener oídos para aquellos poderes democráticos, aunque estén presididos por opciones políticas que no son de su agrado; y no sólo para la Sociedad Rural y la Asociación Empresaria Argentina (AEA).

Hoy, a las 10 de la mañana, cuando se inicie la audiencia pública convocada para tratar la constitucionalidad de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, se habrán cumplido casi cuatro años de dilaciones judiciales que, en los hechos, se transformaron en una política de sostenimiento de los grupos concentrados de la comunicación, específicamente, del más agresivo a la hora de mantener su posición dominante en el mercado, el Grupo Clarín SA.

Todo este debate estuvo atravesado por los argumentos envenenados del litigante que, precisamente, comanda el armado de la agenda pública de medios en nuestro país desde una formidable y cuestionada capacidad de instalación.

El daño producido a la autoridad del Estado democrático por vía de la justicia cautelar fue y es inconmensurable.

Ha sido una mochila pesadísima de trasladar para los funcionarios y personas con intervención en la esfera de la opinión pública que vieron a lo largo de todos estos años cómo su honra era arrojada a los perros para neutralizar su eficacia e influencia, ahogando o etiquetando las voces disidentes del relato único que impuso Héctor Magnetto.

Los supremos deben saber que ese poder dañino que el Grupo Clarín SA desparramó sobre todos los que osaron desafiarlo, va a volverse recargado si se decide la inconstitucionalidad de los artículos antimonopólicos de la Ley de Medios de la Democracia.

Y no pueden ignorar que más temprano que tarde ese mismo poder que durante cuatro años de demoras judiciales ayudaron a incrementar va a dejar de acariciar sus trayectorias inmaculadas y va a desatar un proceso fulminante de desacreditación cuando ya no necesite de sus fallos amigables.

En 30 años de democracia, hubo 73 proyectos de ley para democratizar la comunicación. Todos fracasaron, menos este. De los autores de los proyectos anteriores quedó poco y nada en el tintero, la mayoría de ellos fueron eyectados de la actividad política, enviados al ostracismo por la trituradora de los medios concentrados.

Es un listado histórico del que la Corte no puede deslindarse. La sociedad no espera un fallo político, kirchnerista o antikirchnerista, espera que los supremos, después de tres décadas de ejercicio democrático, refuercen la idea de que la igualdad ante la ley no es puro grupo.

Esto ocurre en un contexto. No son días fáciles. El frente externo se complica. El interno, se enrarece. Los profetas de fin de ciclo se ceban. Son capaces de darle la razón a la justicia de New York o al Grupo Clarín SA con tal de complicar las políticas de gobierno.

Pero Cristina Kirchner no está sola, porque no llegó sola hasta acá. Hay millones de personas que no quieren perder lo ganado y, mucho menos, la realidad de precipicio que ofrece la Argentina del pasado revestida de novedad.

Los millones silenciosos son los dueños de la soberanía amenazada. Habrá que escuchar qué dicen cuando se pronuncien.

Infonews

29/08/2013 - Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , ,

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: