America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

La economÍa y el terror social: una mirada en espejo – Ricardo Foster

filósofo-Ricardo-Forster


Después de más de 10 años de un gobierno que vino a invertir los términos del poder y de su circulación en la Argentina de las últimas décadas, los actuales y antiguos dueños de la riqueza, utilizando recursos conspirativos archiconocidos, nuevamente amenazan, con posibilidades ciertas y complicidades varias, con regresar al centro de las decisiones convirtiendo, si lograsen imponerse, a la voluntad popular y a la vida democrática en un pellejo vacío. El peligro es la regresión social, económica y política.

¿Es posible que un país repita, como si se tratara de un mantra, los ciclos trágicos de una historia que regresa con una puntualidad exasperante? ¿Tiene tan poca presencia en lo profundo del tejido social el recuerdo de lo ya vivido y el reconocimiento de lo logrado y recuperado en estos últimos tiempos? ¿La melancolía de la zozobra y la catástrofe siempre anunciada pueden más que la confrontación con los causantes de nuestras crisis? ¿Regresa el espíritu del “sálvese quien pueda” musicalizado con la profecía autocumplida del cambalache discepoliano? ¿Puede el kirchnerismo recuperar la iniciativa recobrando su capacidad de invención que lo ha caracterizado en los momentos más difíciles? ¿De nuevo la economía se devora a la política apelando a las pasiones cuentapropistas de amplios sectores de la clase media obnubilados por la estructura fantasmagórica del dólar y dispuestos al suicidio social impulsados por los gurús de la ortodoxia económica y el pánico desestabilizador? ¿Es acaso el capitalismo el límite infranqueable de todo proyecto popular, la evidencia de sus contradicciones insalvables? ¿Qué quedó de la batalla cultural que condujo, eso se pensó, al triunfo electoral de octubre de 2011? ¿Será otra vez el disciplinamiento que emerge del terror económico y de las políticas de shock el horizonte que nos espera? ¿No resulta paradójico que un progresismo de la repetición critique al único gobierno que intentó plantarse ante el poder neoliberal? ¿No es también sinónimo de la repetición que la izquierda radicalizada vuelva a jugar con el fuego de la indiferenciación allí donde le da lo mismo el kirchnerismo que la derecha? ¿Cómo, desde qué lugar, diciendo qué cosas se podrá impulsar lo mejor de estos años de disputa y de recreación de una alternativa popular?

Preguntas que surgen, estas y muchas otras, en medio de un verano caliente repleto de amenazas y de viejos espectros que revolotean a nuestro alrededor fugados de pesadillas que creíamos olvidadas. Empecemos por la economía y sus manipulaciones mediáticas capaces de amplificar la experiencia traumática del terror social.

Un fantasma recorre el mundo… el fantasma de la crisis económica que amenaza con hacerle un inmenso daño a la supuesta invulnerabilidad del capitalismo global, pero que también funciona como un gigantesco laboratorio en el que se experimenta con el terror derramado sobre millones de personas que poco y nada entienden de lo que está sucediendo a su alrededor y con sus vidas y expectativas. Como un aquelarre en el que todo se enloquece, cada día los habitantes atribulados de una época de convulsiones impredecibles nos levantamos a la espera de noticias que, por su contenido abrumador e indescifrable, nos lanzan a un sentimiento agudizado de intemperie. Poco y nada queda de esa eternidad prometida por los cultores del fin de la historia asociado a la consolidación definitiva de un sistema estructurado alrededor de la economía mundial de mercado y políticamente articulado con la forma liberal de la democracia. Lejos de la impunidad desplegada a partir del derrumbe estrepitoso del bloque soviético, el capitalismo, en su fase neoliberal, muestra sus tremendas grietas pero lo hace de una manera que no deja de expresar su mefistofélica astucia allí donde la manipulación de las informaciones y la proliferación de noticias que anuncian la llegada del caos no tienen otro cometido estratégico que multiplicar el horror paralizante en las sociedades asoladas por el desencadenamiento de la crisis.

“Cuanto peor, mejor”, decía un economista vernáculo de ojos azules y saltones con un leve dejo sicopático, y lo decía porque estaba convencido de los efectos destructivos de una crisis capaz de atemorizar de tal modo a la población como para ponerla a disposición de las alternativas pergeñadas por los mismos causantes y aceleradores de la crisis. El miedo social, lejos de habilitar experiencias libertarias, populares y emancipatorias, acaba por abrirles el paso a las peores “soluciones”. La convertibilidad nació de las brutales consecuencias dejadas por la hiperinflación. El daño que dejó en el país ha sido inconmensurable: destrucción del aparato productivo, crecimiento exponencial de la desigualdad, concentración inédita de la riqueza, aumento brutal de la pobreza y de la indigencia, desguace del Estado, eliminación de derechos sociales, fragmentación social, apropiación especulativa de los fondos jubilatorios, exclusión, desempleo y muchas otras plagas que dejaron a la Argentina en bancarrota económica, política, moral e institucional. Remontar esa caída en abismo costó un enorme esfuerzo combinado con una voluntad política decidida a enfrentar a las estructuras del poder real, el mismo que se benefició con la hiperinflación y con el nefasto invento del menemismo. No olvidar nuestra propia experiencia es un modo de aprender a leer con espíritu crítico y alerta la estrategia de shock que busca imprimirle el establishment agro-financiero-industrial y la derecha a una crisis que, más allá de su profundidad, tiene como correlato deseado por ese mismo poder la ampliación de sus ganancias y la manipulación, vía el aparato mediático, de la opinión pública.

La crisis económica que se despliega con particular virulencia en los países centrales parece estar lejos de su declive y, por el contrario, el aceleramiento y la profundización de sus peores consecuencias amenazan con ser los rasgos prevalecientes en medio de una aguda situación de incertidumbre que puede extenderse a la economía mundial. Sin embargo, y esto más allá de la complejidad de la situación que se escapa a una aprehensión acabada de sus posibles implicancias, lo que también aparece como un rasgo típico de este contexto opaco es el aprovechamiento que el capitalismo concentrado, especulativo-financiero, hace al expandirse la lógica del miedo y del shock traumático que se desparrama sobre poblaciones desconcertadas y en estado de pánico ante lo que no comprenden y que se asemeja más a una tormenta desencadenada por los dioses dormidos que por la acción de hombres de carne y hueso que manejan, a discreción, los resortes de la vida económica y política de sus sociedades. Parte de esa estrategia es la que hoy regresa con especial virulencia en nuestro país. La escena descripta desde las usinas mediáticas es la del caos, la de la ingobernabilidad, la del fantasma de la hiperinflación a la vuelta de la esquina. Lo que se busca es la parálisis. Contra eso hay que actuar.

Poblaciones que durante las últimas décadas desaprendieron, a ritmo acelerado, lo que significa el Estado como ente regulador y como instrumento de protección de la ciudadanía, y en especial de los sectores más débiles y vulnerables, ante el avance sistemático de las corporaciones privadas que, en pos de su rentabilidad y maximización de la tasa de ganancia, arremeten contra los intereses colectivos y contra la propia gramática de lo público amplificando las supuestas mieles de la estructura privada y privatizadora del capital-liberalismo. Esas poblaciones no encuentran el modo de salir de la pasividad y de la despolitización incentivadas por un sistema que hizo del acceso al consumo su núcleo articulador de la subjetividad contemporánea. Un consumo, en muchos casos desenfrenado, que acabó por darle forma a un hiperindividualismo en el que cada quien se bastaba a sí mismo y cerraba las vías de contacto y comunicación con los demás amplificando la extraña coincidencia de una sociedad de masas consumidoras estalladas en su proliferación de mónadas supuestamente autosuficientes. Difícil reconstruir la trama de una sociedad si lo único que la constituye es el consumo. No estaría de más aprender algo de esa lección en el interior del camino recorrido en estos diez años. Es imposible reconstruir tramas de reconocimiento y de solidaridad afirmándose en la pura lógica del consumo. Sus estragos son evidentes.

Homogeneidad del gusto y el consumo y fragmentación de la vida social constituyen las formas prevalecientes en esta etapa del capitalismo y se convierten, a la vez, en la mayor traba para salir a darle batalla a un sistema que amenaza con arrojar de ese mismo mercado a quienes, hasta ayer nomás, atraía con todo tipo de seducciones. Reconstruir colectivos sociales con capacidad de disputar poder es, quizás, el mayor desafío al que se enfrentan sociedades capturadas por la gramática de la alienación consumista y el individualismo. La década del ’90, entre nosotros, fue la mejor expresión de esa metamorfosis social que habilitó la sistemática destrucción de trabajo, industria, vida social y política.

La horadación producida en lo profundo del tejido social por el reinado de los valores neoliberales constituye el peor de los venenos a la hora de intentar torcer el rumbo de un sistema que no dudó ni dudará en aplicar políticas de ajuste brutal. Sin decirlo, con astucia, el establishment hoy profundiza sus intentos destituyentes buscando asfixiar la economía del país. Dólar, inflación, fuga de capitales, concentración oligopólica, manipulación informativa son algunos de sus instrumentos. El gobierno también es víctima de sus errores y debilidades. Enfrentar la amenaza supone, también, encontrar nuevas alternativas para seguir doblando la apuesta. ¿Quizá reconfigurando el comercio exterior? ¿Tal vez impulsando una nueva ley de entidades financieras y bancarias que se corresponda con las necesidades actuales de un Estado que vuelve a regular la economía? Claro que nada surge por generación espontánea. Veamos qué viene sucediendo en la economía global.

Desmontaje material y simbólico del Estado de Bienestar en muchos países europeos que, a un ritmo que se aceleró en los últimos años, se correspondió con la proyección impúdica de la inverosímil concentración de la riqueza en cada vez menos manos (un puñado de multimillonarios son dueños de una renta equivalente a la de 148 países y, en un informe algo atrasado de las Naciones Unidas –la cosa ahora es peor todavía– se decía que no más de 50 personas físicas eran poseedoras de la mitad de la renta del total de la humanidad). A mayor crisis y desolación democrática, mayor desigualdad y ampliación exponencial de la concentración del capital. De la brutal crisis desatada en el segundo semestre de 2008 los únicos vencedores han sido sus principales causantes: los bancos y las entidades financieras que recibieron extravagantes sumas de dinero para tapar los agujeros negros que sus propios manejos especulativos y construidos sobre el más absoluto de los engaños generaron en el interior de sociedades que parecían disfrutar de regalías infinitas. Los ciudadanos de esos países hoy son testigos, la mayoría de ellos incrédulos y sin herramientas conceptuales para intentar comprender qué sucede y qué realidad despiadada se les avecina como consecuencia de un proceso de impudicia político-económica, sustentado sobre un relato hegemónico avalado y multiplicado por los grandes medios de comunicación europeos y estadounidenses, que ha terminado por responsabilizar a los sectores más vulnerables de la población de los cuantiosos daños causados por la implementación de las políticas neoliberales. La impudicia del poder no tiene ni conoce límites.

Extraordinaria paradoja que transforma a las víctimas en victimarios, a los sujetos de derechos en supuestos privilegiados de gastos “dispendiosos” de Estados causantes, gracias a colosales agujeros fiscales, de la crisis (¿Le suena conocido, estimado lector, el argumento? ¿Se acuerda de Doña Rosa y del periodista “independiente” que en aquellos años dominó la escena discursiva de la televisión? ¿Alguna relación, quizá, con los actuales colegas que se desgarran las vestiduras ante el acrecentamiento del “gasto fiscal” en consonancia con los dichos del presidente de la Sociedad Rural que, sin pudor, exige las mismas recetas que en los ’90? ¿Y qué dice la oposición, cuál es su plan, de qué modo se diferencia de los buitres de siempre?). Una unidad europea construida fundamentalmente alrededor de los grandes bancos y de las grandes corporaciones que terminó de hacer del euro un candado que se cerró brutalmente sobre las economías de los países más débiles. Una unidad forjada, y algunas voces se levantaron desde un comienzo pero jamás fueron escuchadas mientras duró la bonanza, alrededor del más pedestre economicismo tecnocrático y sostenida sobre el fabuloso giro de la Europa de posguerra (la que se construyó bajo los auspicios de políticas keynesianas y bienestaristas y que le dieron forma a sus “años dorados”) hacia una sociedad pospolítica y articulada por el paradigma especulativo-financiero cuyo eje ideológico lo fue trazando, como punta de lanza de un proceso que ya no se detuvo, la entente neoconservadora creada por Ronald Reagan y Margaret Thatcher.

La enorme sagacidad del capital-liberalismo fue asociar a la mayor parte de las socialdemocracias europeas a su propagandizada y exitosa concepción del fin de la historia, la muerte de las ideologías y la llegada al puerto seguro de la economía global de mercado y lo hizo en el preciso momento en que se derrumbaba el edificio ya carcomido de la Unión Soviética y, con él, el último exponente de un orden económico que, a falta de otras virtudes estragadas por el tiempo y la infamia estalinista, había tenido la función, al menos, de impedir el dominio absoluto y abrumador del capitalismo en su forma concentrada y monopólica. Liberado de toda atadura, el sistema de la economía-mundo se fue desprendiendo, a paso acelerado, de su rostro bienestarista para mostrar, ahora sin tapujos, su rostro brutal. Los países más débiles de la cadena europea están siendo los primeros en percibir en todo su alcance las consecuencias de ese giro histórico. En Estados Unidos el crecimiento de los índices de pobreza, la desocupación y la concentración de la riqueza son rasgos evidentes de lo que viene generando el neoliberalismo.

Una vez caído el muro de Berlín, las socialdemocracias (Felipe González en España, Mitterrand y sus sucesores en Francia, Tony Blair en Gran Bretaña, Craxi en Italia, etc.) se reconvirtieron (como los Rodríguez Zapatero y los Papandreu en los últimos años) en socios putativos del modelo neoliberal y acabaron por volverse funcionales a las políticas que vendrían a desmontar el Estado de Bienestar al que tanto habían hecho por construir y defender en otro contexto de la historia europea (en particular la socialdemocracia escandinava). Tal vez por eso no resulte sorprendente que hayan sido nuevamente los socialistas –en España y en Grecia, y ahora en Francia– los que se hicieron cargo del trabajo sucio. Aprendizajes de la historia que nos permiten a nosotros, sudamericanos, comprender de qué va esta extraordinaria etapa por la que están atravesando algunos de nuestros países y que se enfrenta a lo lógica que predomina en esos mismos centros del poder económico mundial que apelan, entre otras cosas, al aterrorizamiento de sus poblaciones como un instrumento adecuado para que les dejen operar sin anestesia. La Argentina volvió a ser un campo de batalla entre los defensores de la regresión conservadora y quienes siguen apostando a un proyecto de matriz distribucionista. Eso es lo que está hoy en juego detrás de la corrida cambiaria, de los chantajes corporativos, de la fuga de capitales y de las exigencias de ajuste que provienen del establishment. Dejar que avancen los promotores del terror económico sería retroceder hacia las pesadillas de un país que ya conocimos.

Info News

11/02/2014 - Posted by | Agricultura yGanadería, Economía, Educación, General, Historia, Industrias, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , ,

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: