America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Obligados a dar una vuelta – Roberto Caballero

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La importancia del viaje de legisladores a los EEUU. Una buena oportunidad para discutir qué quiere decir “pensamiento nacional”.

Una comitiva de legisladores oficialistas y opositores parte hoy hacia los Estados Unidos para mostrar el acuerdo del sistema político nacional contra el reclamo de los fondos buitre NML Capital y Aurelius Capital Management.

No se sabe qué impacto causará esta foto ante la Corte Suprema estadounidense que debe expedirse sobre el tema el jueves 12, pero se supone que, en este caso, todo lo que suma no resta. La imagen de unidad que se desprende de esta acción conjunta contradice las minutas periodísticas que los lobistas de Washington y Nueva York reparten entre los cortesanos con profusos análisis sobre la situación de la Argentina, cuyo principal insumo son las notas y los títulos de Clarín y La Nación.

Constituye una novedad meritoria, un esfuerzo loable de parte de los integrantes de un sistema parlamentario que está atravesado, la mayoría de las veces, por peleas de sordos y posicionamientos mediáticos en perjuicio de coincidencias básicas que le vendrían bien al país.

La escena casi infantil de la oposición huyendo frente al jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, que se tomó muy en serio esto de ir una vez por mes al Congreso a informar sobre la gestión, no contribuye al diálogo que reclaman desde los pisos de TV.

El “queremos repreguntar” de los diputados antikirchneristas es pobre como excusa. Antes exigían que el jefe de Gabinete concurriera. Cuando va, lo esperan con un voluminoso interrogatorio de 1200 preguntas. Son 257 diputados. Entonces, para hacer estallar la sesión por el aire, plantean que no los dejan repreguntar, como sí pueden hacerlo los miembros de la Cámara Alta, donde son apenas 72 senadores. ¿Cuánto hubiera durado una sesión en Diputados con 3000 preguntas y repreguntas de 257 diputados oficialistas y opositores?

La intención por abortar el encuentro, más que las ganas de saber, se impuso finalmente, en supuesta represalia a que los diputados oficialistas, en la sesión previa, no dieron quórum para debatir el tema Ganancias en los términos que reclaman las minorías.

Hay mucha mezquindad en la política local y muchas, demasiadas ganas, de aparecer en TV o en Twitter con una frase efectista más que sentados en sus bancas. Los actings de ofensa, las tonalidades dramáticas, la eterna pose de disgusto construyen un lenguaje útil para el desacuerdo e inútil para lo contrario.

Por eso, que ahora viaje una delegación parlamentaria conjunta a los Estados Unidos para rechazar la campaña de los fondos buitre contra el país no es una cosa para dejar pasar. Es una respuesta edificante a los que tratan de demoler cualquier diferencia entre lo importante y lo anecdótico. Es anteponer el interés nacional a las pedestres disputas y artilugios que alimentan la hoguera cotidiana de desencuentros, reales o inventados. Una señal de madurez en medio de tanta política de salita de cuatro.

Al grupo del FPV, con Julián Domínguez, Omar Perotti, Roberto Feletti, Miguel Ángel Pichetto, Gerardo Zamora, entre otros, se suma el FR con Darío Giustozzi; el PRO con –el ahora desprocesado por el Megacanje– Federico Sturzenegger y el peronismo puntano con el ex presidente Adolfo Rodríguez Saá.

Por las suyas, a título personal, es decir, sin el aval del FAUNEN, será de la partida el ex ministro de Economía Martín Lousteau. Al espacio político que integra –la UCR, el FAP y UNEN– le pareció demasiado codearse con legisladores a los que acusa todos los días de pertenecer a una especie de secta de cleptómanos y mitómanos compulsivos. Es duro decirlo, aunque no por eso menos cierto: el FAUNEN –con la excepción de Lousteau– privilegió diferenciarse de sus pares a viajar y defender la posición del Estado Nacional en el tema de la deuda y los holdouts. Eso sí, para que no quede tan grosero y conste en actas, enviaron a la Embajada de los Estados Unidos y a Domínguez una nota en la que expresan su apoyo. Poner el cuerpo les sonó a demasía.

El diputado Claudio Lozano, de Unidad Popular, el partido de Víctor De Gennaro, también se bajó de la comitiva. Su argumento: “No compartimos el enfoque que el gobierno tiene sobre el endeudamiento (…) Somos parte de las causas judiciales que cuestionan los canjes realizados en el año 2005 y 2010 y cuestionamos siempre la prórroga de jurisdicción y soberanía que este gobierno ha tenido y que permite que hoy nos estén juzgando en los Estados Unidos”. A veces, la coherencia se confunde con tozudez.

Menos dudó el centenar de legisladores británicos –sí, británicos– que firmaron una resolución de apoyo a la Argentina, alertando a la Corte estadounidense sobre los efectos negativos de un triunfo judicial de los buitres.

Fueron 106 las firmas que suscribieron el llamado de la red internacional católica Jubileo (¿el Papa Francisco habrá tenido algo que ver?) para denunciar que “los fondos buitre están tratando de presionar a la Argentina a incumplir con los pagos de la deuda externa a través de un juicio en Nueva York”.

Los parlamentarios ingleses, a su vez, promovieron un proyecto de ley para “impedir que los fondos buitre ignoren la reestructuración de la deuda argentina y griega”. En un comunicado, la Red Jubileo señaló que “dos de los fondos, NML Capital y Aurelius Capital Management están demandando a la Argentina en Nueva York por ganancias enormes sobre una deuda que adquirió a muy bajo precio durante la crisis de 2001 (…) Si los fondos buitre ganan el juicio, los prestamistas no tendrán ningún incentivo para negociar reestructuraciones de pagos insostenibles en el futuro (…) Esto enviaría ondas de choque al sistema financiero y tendría consecuencias graves para países con crisis de deudas como Grecia, Irlanda y Portugal”.

Sarah-Jayne Clifton, directora del Jubilee Debt Campaign, afirmó: “Los fondos buitre nunca prestaron dinero a la Argentina. Especularon en una deuda con la esperanza de obtener una ganancia enorme.”

Daniel Ozarow, del Argentina Research Network, uno de los convocantes de la petición, dijo: “Parece increíble que las reglas existentes del sistema de deuda internacional permitan que los fondos buitre impongan un castigo colectivo sobre millones de argentinos en atención a un puñado de especuladores billonarios”.

La actitud de los parlamentarios británicos expone crudamente uno los principales problemas de nuestro país: la baja densidad nacional en la formación de cuadros de buena parte de su clase dirigente. En la batalla de Vuelta de Obligado, hubo argentinos que eligieron los buques ingleses y franceses para derrotar a Rosas. Estaban tan enfrentados al “tirano” que pelearon para cederle el control de las vías navegables interiores a los poderes extranjeros. Varias generaciones después, muchos dirigentes argentinos siguen creyendo que algo malo para el país puede ser bueno para ellos.

Si Argentina entra en default técnico, algunos de los pronósticos catastróficos que alientan los opositores se verán confirmados. Es probable que esto le reste chances al kirchnerismo, electoralmente hablando, y que cierta oposición vea alimentado su sueño de abrazarse al sillón de Rivadavia, pero el costo de este triunfo de los holdouts se pagará con incertidumbre, parate económico y secuelas sociales. ¿Qué clase de oposición es esa, que sólo gana cuando el país pierde?

Todavía no se sabe qué quiere decir el nombre de la secretaría (de Coordinación Estratégica del Pensamiento Nacional) a cuyo frente fue designado el filósof e integrante de Carta Abierta, Ricardo Forster. Se lo anda preguntando Horacio González, director de la Biblioteca Nacional, así que tal vez lo trascendente no sea responder a la pregunta, sino la pregunta misma.

Lo que sí se sabe es que la reacción en cadena de los diarios opositores y sus voceros está motivada por el horror a dos palabras: “pensamiento nacional”. Las traducen como “pensamiento único”, las comparan con la obra de Orwell, y Nelson Castro llegó a decir “esto es Goebbels”, sin importarle mucho que Forster sea judío, de formación marxista y cosmopolita en esencia. ¿Qué tiene que ver el propagandista del Holocausto con una secretaría del Ministerio de Cultura que va a estar encabezada por un intelectual que habla con todos y que fue alumno, entre otros, de José Luis Romero, heredero del linaje liberal mitrista en la historia, aunque después lo haya contradicho? Nada. Pero la operación no es contra Forster, sino contra lo que representa: un gobierno que se pregunta y quiere que nos preguntemos qué cosa es el “pensamiento nacional”.

Les molesta, en realidad, que exista una posibilidad de superar la reflexión binaria del país de la grieta que ellos promueven, que se constituya un punto de encuentro entre tradiciones diferentes pero profundamente atravesadas por sentimientos nacionales. ¿Acaso no quieren que se los juzgue malamente por esa atracción fatal que los empuja a subirse a cualquier buque que pasa, si es antinacional mejor? No es cuestionable la admiración por lo extranjero. En un mundo globalizado, todos somos un poco extranjeros. La pregunta es si admirar y comprender esta realidad necesariamente debe interpretarse como el vaciamiento o ausencia de los intereses nacionales. No le temen a la respuesta. Simplemente los incomoda, los irrita, la pregunta.

La comitiva legislativa que marcha a los Estados Unidos a defender la postura argentina frente al acecho de los fondos buitre es un paso de la política en el sentido correcto, incluso de resignificar la Vuelta de Obligado: ahora están obligados a dar una vuelta. Hay algo que está por encima de las rencillas domésticas: es esa Nación a la que le escribieron Borges y Marechal. La nuestra.

Cuando el oscurantismo gana

Si Clarín y La Nación fueran algo así como The Washington Post, Amado Boudou sería Richard Nixon y el caso Ciccone, la versión local del “Watergate”. Pero son distintas épocas, y distintos los casos y los personajes, aunque haya un empeño exagerado en hallar simetrías. Quizá por eso en Clarín y La Nación festejen que no haya sido televisada la indagatoria.

Independientemente de la suerte judicial del vicepresidente, es verdad que lo poco o mucho que se conoce del expediente en la esfera pública fue ventilado por los dos diarios dominantes. Tan cierto como la evidente animadversión de sus propietarios contra el segundo en la línea de sucesión presidencial del gobierno kirchnerista, del que son opositores acérrimos.

Hubiera sido interesante ver la televisación. Nunca se hizo, es verdad. Alguna vez hay que empezar. Pero parece que somos más conservadores de lo que creemos. Lo curioso del caso es que Clarín y La Nación se hayan opuesto a la propuesta del vicepresidente, de televisar el interrogatorio del juez Ariel Lijo. Uno no se imagina a los periodistas del Washington Post, o de cualquier medio del mundo, negándose a la posibilidad de acceder a los lugares habitualmente inaccesibles o vedados.

Cuando alguien propone transparentar el conocimiento de una causa judicial institucionalmente importante, porque involucraron a un vicepresidente, no sólo se oponen Clarín y La Nación, hasta muchos de sus periodistas se niegan. Es raro. ¿A quién beneficia el oscurantismo de puertas cerradas? A la sociedad y al periodismo que busca la verdad, seguro que no.
Infonews

12/06/2014 - Posted by | Economía, General, Historia, Justicia, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , ,

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