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Una aparición que destrozó varios mitos – Hernàn Brienza

Una aparición que destrozó varios mitos
La gran respuesta que debe dar en el futuro Máximo Kirchner no es política, es metafísica.

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El paro-boicot del martes transcurría anodino. Perpetrada por el dúo dinámico Hugo Moyano y el antisemita Luis Barrionuevo, y secundada por los superhéroes menores del desatino como Pablo Micheli y los dirigentes del trotskismo, la medida de fuerza impedía ir a trabajar a millones de trabajadores que desgraciadamente no pagan el impuesto a las Ganancias porque sus sueldos no son tan altos en defensa de los intereses unos pocos (desgraciadamente, otra vez) trabajadores que sí perciben un salario que los obliga a pagar porcentualmente el impuesto a la ganancia. Para que quede claro, un empleado de un Kiosco del micro-centro que vive en Lanús, por ejemplo, no pudo ir a trabajar porque los transportistas y quienes cortaron el Puente Pueyrredón lo tomaron de rehén porque estaban muy preocupados, por ejemplo, por los ingresos de un pobre gerente bancario que, como cobra 80 mil pesos de sueldo, debe retribuir al Estado 15 mil pesos, 15 mil pesos que el Estado, a través de las políticas de subsidio del gobierno, destina a abaratar el precio del colectivo o del tren, por ejemplo. Un verdadero desatino, que se entiende en el caso de dirigentes gremiales como Moyano, cuyos empleados cobran más de 15 mil pesos gracias a las paritarias que instituyó el gobierno y también en el caso del empresario gastronómico, ya que su odio al Peronismo lo ciega. No se entiende mucho en los demás convocantes, excepto que uno comprenda profundamente ese dicho que reza “en política, los extremos se tocan, pero sólo uno de ellos es consciente de ello”.

“Creo que Máximo no debe ser ni Néstor ni Cristina. Máximo debe ser Máximo. Es decir, una expresión generacional diferente del Kirchnerismo. Toda repetición es conservadora”.
El paro-boicot del martes había logrado parte de su efecto: convertir a Buenos Aires en un sábado sin colectivos ni trenes ni subtes. Y cuando todos los canales de televisión y las radios hablaban de eso, Víctor Hugo Morales anunció que en unos minutos saldría al aire Máximo Kirchner, el hijo de la presidenta, en su programa de Radio Continental. A medida que pasaban los minutos, el reportaje al líder de la Cámpora se convirtió en una verdadera cadena nacional privada: decenas de radios y varios canales de tevé levantaron la señal y pusieron al aire en forma simultánea la palabra de Máximo Kirchner. En un rinconcito patético quedaba TN mostrando las cicatrices que la medida de fuerza había dejado en la ciudad.

¿Por qué la aparición de Máximo produjo tanto efecto político y mediático? Buena parte de la respuesta se la lleva los dos pilares centrales de la táctica kirchnerista: Oportunidad y Sorpresa. ¿Por qué fue oportuna su aparición? Sencillo: porque a media mañana del martes ya nadie hablaba del paro-boicot, ya nadie esperaba lo que dijera Moyano y se había generado cierta ansiedad en saber qué iba a decir la presidenta a las 18 horas. La voz de Máximo tapó los gritos de los convocantes a la medida de fuerza. Si lo hubieran planeado no habría salido mejor, y por eso estoy seguro, justamente, de que planearon hasta el mínimo detalle, valga la ironía.

En segundo término, la salida de Máximo generó sorpresa porque fue del orden de lo “No dado”. No tengo registro en mi memoria de que el líder de La Cámpora haya dado una entrevista radial tan extensa. No puede ser esperado algo que nunca ha sido. He allí su excepcionalidad. Y segundo, porque nadie se esperaba que hablara públicamente. Quizás por esa razón, un hecho mediático se convirtió en un acto político.

Escuchar hablar a Máximo Kirchner generó un sinfín de reacciones. Salvo el inefable Grupo Clarín y la desagradable tapa de la revista Noticias, no hubo consecuencias negativas de la emergencia de la voz de Máximo. Respecto de la tapa de Noticias, creo que una vez más han logrado superarse a sí mismos en el grado de perversión y mal gusto. Me pregunto qué habría pasado si, por ejemplo, el diario Miradas del Sur hubiera publicado en su tapa las fotos de los hijos de Jorge Fontevecchia con dos tiros en la frente y una leyenda que dijera: “La pesadilla de Jorge”. Habría sido un escándalo mediático, un atentado contra la libertad de prensa y, seguramente, muchos habrían leído allí un mensaje de tipo mafioso. Sin embargo, eso no ocurrió con la tapa de la revista Noticias: El fotoshop no da licencia para herir la humanidad del adversario, colegas. Ni los políticos opositores se animan a tanta maldad. El periodismo es más cruel y despiadado que la política.

La aparición de Máximo Kirchner ha despertado en el Kirchnerismo social un revuelo de ponchos felices. Los deseos imaginarios de un gran sector de la población partidaria del gobierno nacional ha escuchado en el hijo los fraseos del padre, la inteligencia de la madre, la frente de la hermana, las manos de la tía y la mirada del abuelo. Como si estuvieran delante de la “nurserí” se reparten parecidos imaginándole un futuro inmediato y a largo plazo. No faltó incluso aquel que lo vio presidente en diciembre de este año.

Pero más allá de las fantasías, lo cierto es que su aparición destrozó varios mitos y dejó algunas cosas claras: 1) Máximo tiene un muy buen discurso mediático (tiró al menos cinco títulos distintos), 2) tiene una gran capacidad de generar frases cortas y comprensibles para todos, es decir, consignas políticas, 3) posee capacidad discursiva y buena oratoria, 4) ocupó el espacio público con un discurso político con contenidos, no sólo en términos teóricos sino también ocupando territorios de voluntad política, 5) Si juega a la Play Station o no es un dato secundario. Evidentemente, se puede jugar a la Play y tener capacidad para la acción política.

Quizás la gran respuesta que debería dar Máximo sea metafísica. Es decir, ¿quién es Máximo Kirchner más allá de la mirada de quiénes lo miran? ¿qué quiere Máximo más allá de los deseos de quienes lo proclaman, lo reclaman, le exigen o lo presionan? Cuándo él responda esas preguntas habrá dado el gran salto de su vida y se encontrará finalmente con su destino. Hay quienes ven en Máximo a Néstor resucitado. Hay quienes consideran que en realidad ha recibida toda la herencia de su madre Cristina. Posiblemente, Máximo sea una síntesis de su padre y de su madre con todo lo bueno y lo malo que ello significa para cualquier hijo. Para que el Kirchnerismo tenga futuro, Máximo debe ser Máximo. La base social del Kirchnerismo descree de cualquier otro líder político que no se apellide Kirchner. Esto no es ni bueno ni malo en sí mismo.

Gran parte de la sociedad descree de la clase política en su conjunto. Hay un vasto sector que cree en un apellido como “control ideológico” en la acción política. No cree en otros apellidos, no cree en liderazgos institucionalizados o en partidos políticos. Cree sólo en liderazgos personales. Esto habla más de las debilidades del sistema político argentino (o latinoamericano) que de las cualidades de un apellido y sus miembros. No se trata de providencialismo sino de confianza política. El Kirchnerismo cree que “un Kirchner” no sería capaz de traicionar el legado de “los Kirchner”. No está vinculado al “nivel de atraso” de las sociedades latinoamericanos sumidas en el populismo barbárico sino que es consecuencia del nivel de desconfianza que generan las democracias modernas en el mundo. La confianza en los Kirchner no es un signo “del atraso de los pueblos” es una consecuencia del vaciamiento de las democracias modernas mediáticas, como bien explicó Pierre Rosanvallon en su libro La Contrademocracia.

Por último, creo que Máximo no debe ser ni Néstor ni Cristina. Máximo debe ser Máximo. Es decir, una expresión generacional diferente del Kirchnerismo. Toda repetición es conservadora. Y el Kirchnerismo será transformador o no será nada.

Infonews

05/04/2015 - Posted by | General, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , ,

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