America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

UN PRESIDENTE, DOS PAISES – Horacio González


UN PRESIDENTE, DOS PAISES

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Por Horacio González *
El que haya escuchado con atención los discursos del futuro presidente, Mauricio Macri, puede percibir un recurso habitual y bastante notable. Es el de la desintegración de la noción de pueblo, que no era el sujeto de sus interpelaciones. Se dirige a vecinos, familias, personas que “quieren progresar un poco más cada día” y a todos los países en general, “con los que queremos tener una colaboración permanente”. Demasiadas abstracciones, ausencia de entidades sociales específicas, una atmósfera permanentemente angélica de deshistorización y deliberada falta de reconocimiento a los ostensibles nombres que definen el estado complejísimo del mundo contemporáneo. Su vaga idea de la inmigración que trajo a su padre italiano al país también peca de un sentido generalizador y etéreo, y no puede definir de ninguna manera a la población nacional y su cuerpo complejamente estratificado. Su acto en Humahuaca y su repentino “indigenismo” se ve que no caló hondo en él y que fue flor de un día de campaña. Entonces, ¿por qué produjo un sacudón de tamaña envergadura en la sociedad nacional? Las clases populares, a las que él mismo consideraba atomizadas e históricamente inertes, lo votaron en generosa proporción, acompañando a los tradicionales sectores pudientes y a los representantes –digamos el concepto– del “capitalismo financiero”. ¿Un frente de clase de troquel derechista? ¿La coalición de los que estaban “hartos”? No nos apresuremos.

La amalgama que por poco más de dos puntos llevó a Macri al gobierno es de gran heterogeneidad, y se vio encarnada en esos conocidos rostros que ocuparon el escenario macrista, la noche de la victoria electoral. Podríamos llamarla como propia de un populismo de nuevos contornos. El verdadero populismo, que siempre fue más amorfo –salvo el gran populismo del campesinado ruso–, pudo ser dirigido muchas veces por figuras empresariales –del lumpen empresariado, digamos, si nos ponemos excesivamente ortodoxos en el empleo de antiguas terminologías–, y contó con la fuerte movilización de pensamientos –seguimos muy clásicos– que llamaríamos prepolíticos.

El país que protagonizó la vibrante campaña política que nos envolvió a todos tuvo un fuerte componente prepolítico bajo cuyo manto turbador apareció casi exclusivamente la política. El mundo prepolítico, que en general puede ser considerado como el “mundo de vida”, contiene una dimensión no declarada de pensamientos virulentos, formas ancestrales de la reflexión punitiva, amenazas potenciales que al pasar a su estado público hacen asomar apenas su costado larvado. Es cierto que el “mundo de vida” tiene prestigio filosófico, pero cuando se encuentra con los instrumentos comunicacionales que caracterizan una supuesta dispersión de la razón comunicativa y obtiene movimientos propios, como el que hoy se denomina “viralización”, se pierde en una marea ponzoñosa cuyo análisis sereno nos llevaría mucho tiempo, pero que aquí podemos considerar bajo varias modalidades. Modos implícitos de propagar contenidos muy machucados por la ausencia de conceptualización pública, frente a los cuales lo que antes llamábamos “periodismo sensacionalista” queda hecho un poroto. Las “sensaciones” son ahora capas de signos que, con efectos múltiples, recelosos, arbitrarios y desde luego, a veces muy imaginativos, impregnan toda una ciudad y la definen.

El argumentador clásico aquí pierde la partida y queda convertido en “una pequeña secta de ilustrados”, a la que curiosamente se refirió Macri en su discurso de Humahuaca y en su Noche Triunfal. ¿Cómo? ¿Entonces no era el populismo rampante (que nosotros supuestamente representábamos) el que se burlaba de la “ilustración”? Pues no, una pieza populista central, que es el ataque a la “minoría” cultivada y “de espaldas al pueblo”, ha sido incorporada por los laboratorios de Macri, pero ya con el específico sentido de vulnerar a la vida política clásica y sus legados correspondientes. En este caso, el pueblo, y lo popular como procuración incesante de sentido, sería apenas un evento producido por la viralización de numerosas dimensiones tácitas en la expresividad común: primero, el modo civil de estilo pastoral del futuro presidente, luego, el modo reticular en que se diseminan “contenidos” en general basados en mensajes truculentos o anónimos, y después, en algunos casos (que ojalá el candidato desmienta como ajenos a su pensamiento actual), bajo el modo nocturnal. Este modo es el más oscuro y se reveló hace unos días en las pintadas amenazantes en los institutos de derechos humanos del país. El editorial de La Nación, a la mañana siguiente de la elección rechaza la venganza pero deja toda la impresión de que la quiere.

¿No debería el presidente, que lo será de aquí a pocos días, aclarar lo que ocurre en sus alrededores y acaso en su propia conciencia? ¿Eso mismo que sucede por las noches mientras él charla tranquilamente –según ha contado– con sus amigos y su familia? ¿No debería decir que su campaña diurna, vistiendo alegres ponchos regionales, nada tiene que ver con la campaña nocturna, que acepta el indumento de la intimidación clandestina sin condenarla? Parco de conceptos, sin embargo, ya ha dicho mucho, además del mimetismo por el cual durante meses tomó temas del “progreso personal” susceptibles de transmutarse en “definiciones progresistas”. Como un reverso de las teorías de Laclau, “articuló” más “cadenas de equivalentes” que el candidato al que nosotros votamos. Pero virtió hacia la derecha, irónicamente, unas tesis preparadas para los movimientos populares del mundo. Algunas definiciones macristas pertenecían al acervo de los progresismos genéricos, otras directamente eran tomadas del arsenal social del kirchnerismo, y la mayoría –las de derecha– apenas insinuadas en su media lengua. Es por lo tanto una derecha nueva y con una gran votación. Pero ya se vio: una cosa es la Noche y otra la Mañana. Y otra la Mañana siguiente.

Cambio de época: el giro del país hacia la Alianza del Pacífico es la semántica maestra de un conjunto de mutaciones que tendrán incómodos correlatos económicos, sociales y culturales. Efectivamente, no se equivoca al decir “cambio de época”, pues ello siempre es más que la “alternancia” por la que siempre bregaron los radicales y que tanto entusiasmó a Gerardo Morales en su gran noche. Eminente tema: hay cambios de época sin alternancia, alternancia con cambios de época, y cambios de época que se imponen sobre los efectos, más débiles, de la alternancia que ellos mismos proponen. Al punto que la alternancia, en su sentido literal, es Scioli quien iba a encarnarla. Esto es otra cosa: una conversión ideológica, geopolítica y cultural de amplísimas características. Si no escuché mal, el candidato ganador dijo “fundacional”. Perdón si me equivoco, pero esa palabra, que tanto se le reprochó al kirchnerismo (que fue y es un populismo democrático-republicano) al aparecer ahora en el macrismo, revela el tamaño del viraje que, desde ya, se deberá discutir con los mejores argumentos y lejos de la “episteme chicanera” que rige como norma política en el país, tal si fuera ley nacional del Parlamento. Los populismos se consideran fundacionales: Macri no sería la excepción. Con ese espíritu que nada tiene que ver con la alternancia, sino con una antropología política completa de las derechas mundiales, se lanza a la exclusión de Venezuela del Mercosur, aún como chispazo postrero de campaña. Sustituir el pensamiento por la viralización lleva a estas decisiones, en vez de discutir seriamente el estatuto histórico del latinoamericanismo, que es una complejísima forma de la unidad en la diversidad, y no una aplanadora de mercado de la globalización sobre nuestro subcontinente (hay que buscar aquí también un mejor nombre).

Una característica que atraviesa las últimas cuatro décadas de historia nacional es la creación de una zona franca de ideas donde el peronismo en sus rebordes y el neoliberalismo en los suyos se entrelazaban mutuamente. Esa es la estructura de época de la que solo sale beneficiado el neoliberalismo, convertido en un nuevo sentido común que lo único que aprendió en serio durante este largo período es que precisaba una interpretación cribada de algunas versiones del populismo. Lo que ocurre ahora no es novedad, salvo el lenguaje abstracto con que Macri expone esta nueva coalición; cuando le tocó hacerlo a Menem se utilizó solo la picaresca trasnochada, porque esa amalgama todavía no estaba enteramente preparada. Será interesante ahora para el estudio de los politólogos. Ignoro, o más bien creo lo contrario, que sea provechosa para millones de sus propios votantes.

¿Quiénes son ellos? No podemos decir que fueron manipulados por un espurio recurso a una democracia que, en vez de tener conjuntos sociales autodeliberativos, se deja desmenuzar por un ideal de individuo apremiado por las “corporaciones mediáticas”. No, eso hubo siempre. Aunque ahora el modelo dialógico que funda el nuevo orden comunicacional trabaja para esta noción de individuo posesivo que se halla despojado de la idea de mediaciones colectivas. Aun así, no se trata de conjeturar que la votación de Macri no surgió de un acto de la democracia, sino que el concepto clásico de democracia ha cambiado dramáticamente porque el votante ya es portador de otra conciencia, no la de la “ley Saénz Peña”, ni siquiera la de la época de “Braden o Perón”. Eran ésas conciencias cívicas con autonomía relativa. Hoy el juego de las creencias subjetivas convive con toda clase de tramas, valoraciones y éticas sobrentendidas de origen mediático, vulgarizadas hasta chocar enteramente con lo que antes denominamos el mundo prepolítico.

Pues ahora se compone de lógicas persuasivas que encubren de libertad los actos de servidumbre y de actuación interactiva los dominios técnicos más condicionados por poderes que no declaran su nombre. Así, un ideal de transparencia ad usum populorum crea un nuevo individuo asociado tan solo espalda contra espalda y no con literalidad grupal. Este nuevo individualismo, que consume el fácil pasto del ultraje, acepta ser movilizado por una fuerte sospecha en torno a las instituciones públicas y los organismos de Estado. Estas conciencias salen de unas neodemocracias viralizadas que habrá que definir mejor.

Macri tomará el Estado pero se cuida (por lo anteriormente dicho) de decirse un político de Estado. En su nítida biografía, él preguntó, tocó timbres, se informó de lo que quería el vecino, y está allí para “ayudarlo”. Para él, “no quiere nada”. ¡Este es el cambio de época! Pensemos si cualquier político clásico aceptaría, sin desmedro de su ética personal, definirse de esta manera. ¡Vine solo a “ayudar”! No estoy denunciando encubrimientos. Son nuevas culturas políticas, nuevos “manuales de estilo”, nuevas formas no del sujeto que consume sino de sujetos consumidos.

Macri actúa así frente a las conciencias pulverizadas que, por la fuerza del nuevo relato triunfante, condenan lo mismo que muchas veces las sostiene, los sistemas de subsidios, jubilaciones sin aportes previos, etc. Esa paradoja derrotó a Scioli, aunque apenas por un mendrugo porcentual. Lo lograron: el Estado social molestó a sus beneficiaros, además de la larga cadena de “hastíos” que hay que tomarse en serio. Aquella tal maravilla han conseguido. De proveer meramente un “relato” se acusaba sistemáticamente al gobierno saliente de Cristina. En verdad, aquello fue en casi todos los casos una ingenuidad de la publicidad oficial, poniendo un Estado realizador como personaje omnipotente, con señorío y voz propia. Esa contundencia podría haber explorado zonas más sutiles, de no tanta literalidad y de tan cargadas liturgias. Lo que consiguieron quienes prepararon al individuo Macri (pues, ¿qué es el neoliberalismo, estrictamente hablando, si no la invención de sujetos abstractos?) es otro “relato” superior, basado en la fuerza de esas abstracciones, que supieron convertirse en microrrelatos concretos, vecinales (“no me importan los ‘fondos buitre’ sino el ‘dealer’ de la esquina de casa”).

No es que los temas en los que basaron su preponderancia no existieran, inflación, narcotráfico, etc. Pero en vez de conceptualizarlos frente al cuadro de los dominios financiero-comunicacionales a escala mundial, los vieron como una narración folletinesca. Todo ello será materia de nuestras discusiones y aprendizaje: poder enunciar con el poder de lo realmente conceptual (que es lo concreto pensado pero con las necesarias generalizaciones) a estos problemas que se nos escaparon de las manos. Debemos además ganar espesura en nuestras consideraciones sobre los modelos económicos extractivistas, sobre los que tan poco dijimos, y las propuestas de un mero desarrollismo lineal. Que así dichas, no deben ser lo nuestro. Creo que en nombre, si no de éstas, de parecidas reflexiones, deberemos seguir actuando.

* Sociólogo, director de la Biblioteca Nacional.
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24/11/2015 Posted by | General, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , | 6 comentarios

Crónica del ajuste anunciado – Axel Kicillof


“DEBE SER LA PRIMERA VEZ QUE UN CANDIDATO PROMETE UNA DEVALUACION”, SEÑALO KICILLOF
Crónica del ajuste anunciado

En medio de los preparativos de su viaje a Turquía, donde participará de la reunión del G-20, el ministro de Economía se refirió a la propuesta de Cambiemos. “Quieren instalar que la economía es un caos para aplicar su plan de ajuste.”

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“Quieren instalar que la economía argentina es un caos para aplicar su plan de ajuste, porque han sido siempre el partido del mercado y del ajuste. Debe ser la primera vez que en una elección se promete una devaluación, que es obvio que se traslada a los precios. O sea, están prometiendo la caída del salario real”, señaló ayer el ministro de Economía, Axel Kicillof. Citó datos de aumento del consumo, de la situación fiscal y de venta de divisas, el crecimiento del empleo y del salario real para rechazar la idea de estancamiento de la economía. Apuntó contra el principal referente económico de Cambiemos, Alfonso Prat-Gay, quien anticipó que de llegar al gobierno aplicaría una fuerte devaluación del peso y que esa medida no tendría impacto en la inflación.

Kicillof se prepara para participar de la cumbre del G-20 que se llevará a cabo en Antalya, Turquía. Representará a la Argentina junto a su par de Planificación, Julio De Vido, y al canciller, Héctor Timerman, en reemplazo de la Presidenta, Cristina Fernández, quien decidió permanecer en el país. Mientras prepara el viaje, Kicillof habló de la campaña.

“Creo que alrededor de la discusión económica en la campaña electoral está un poco oculta una cuestión vinculada al diagnóstico de la situación actual. Los datos de las consultoras privadas, no sólo el Indec, muestran que este año la economía está en crecimiento y el empleo también. Se puede observar eso en la dinámica de las ventas de cemento, de ladrillo, de lavarropas o tractores, puedo mencionar 70 u 80 indicadores que dan para arriba este año. Según las estadísticas del sistema previsional, que no son estimaciones sino números certeros, se han creado casi 200 mil puestos de trabajo en el último año. Pero ellos dicen que la economía está estancada, o sea, están mintiendo”, analizó Kicillof.

“También dicen que el salario está cayendo: supermentira. Pongo el ejemplo de los metalúrgicos, que cerraron aumentos en paritarias del 27/28 por ciento, y otros gremios lo hicieron más arriba todavía. Y entre los privados nadie habla de una inflación superior al 23 por ciento. ¿Entonces cómo es? Está creciendo el salario real. Dicen que hay un déficit fiscal descontrolado, se basa en un informe de la Auditoría General de la Nación, que me permito decir que es un verdadero desastre, porque agarraron el primer semestre, cuando pagamos la compra de YPF, y lo duplicaron, como si hubiéramos comprado dos veces YPF”, continuó.

En relación con el mal llamado “cepo cambiario”, Kicillof citó los tuits publicados anteayer por CFK. “Vendimos este año casi 90 mil millones de dólares entre importaciones, pago de la deuda externa, turismo y dólar ahorro”, señaló. “¿Por qué tratan de instalar el falso diagnóstico? Porque ellos tienen un plan. No es un plan novedoso ni el plan ‘cambiemos’ sino el plan ‘volvamos’: volvamos al ajuste, a la maxidevaluación, a la economía sin subsidios y con tarifazo. Quieren instalar que la situación es de catástrofe para aplicar su plan de ajuste, una situación que la gente no está pasando, aunque sea obvio que faltan muchas cosas por hacer, como dice Scioli, hay que seguir construyendo sobre lo hecho. Ellos han sido siempre el partido del mercado y del ajuste. Siempre el mismo plan: devaluación y apertura indiscriminada de importaciones”, dijo.

“Debe ser la primera vez que en una elección se promete hacer una devaluación, que es obvio que va a ir a precios. Están prometiendo la caída del salario real, es raro. No hay ninguna duda de que una devaluación va a precios, es la experiencia argentina, es lo que pasó toda la vida. Es curioso cómo les van poniendo la mordaza a cada uno de sus economistas para que no hablen”, indicó el ministro. También advirtió que “las grandes exportadoras están reteniendo la cosecha a la espera de mejores condiciones financieras. Esperan que gane determinado candidato, porque si les prometen devaluación y quita de retenciones, es obvio que van a retener la cosecha en lugar de venderla”. Frente a la promesa de Scioli de subir hasta los 30 mil pesos netos el piso del impuesto a las Ganancias, Kicillof dijo que “este gobierno ha subido el mínimo y modificado impuestos. El tendrá que evaluar la situación impositiva y llegar a una solución responsable y factible”.

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12/11/2015 Posted by | Uncategorized | , , , | Deja un comentario

Argentina: el voto en blanco es un voto por el imperialismo – Atilio Borón


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Quisiera decir algunas pocas palabras en torno al debate suscitado acerca de la conducta que la izquierda debe seguir ante el balotaje del 22-N. Los sectores identificados con las distintas variantes del trotskismo y algunos independientes se han manifestado de forma rotunda a favor del voto en blanco. Otros, que militamos en el amplio y heterogéneo campo de la izquierda, pensamos que en esta coyuntura concreta -alejada del terreno más confortable e indoloro de los discursos y los papers académicos- el voto por Scioli es, desafortunadamente, el único instrumento con que contamos para impedir un resultado que sería catastrófico para nuestro país, para las perspectivas de la izquierda en la Argentina y para la continuidad de las luchas antiimperialistas en América Latina. Sería bueno que hubiese otro instrumento político para detener a Macri, pero no lo hay. El voto en blanco ciertamente no lo es.

Quienes postulan el “votoblanquismo” señalan que en el balotaje del 22-N se enfrentan dos candidatos de la burguesía que se mueven en la cancha de la derecha, como correctamente señala Eduardo Grüner en su respuesta a la intervención de Mabel Thwaites Rey que disparara este debate. Es cierto, pero eso no quita que aún así esa caracterización general sea de nula utilidad a la hora de hacer política. Porque, ¿no eran acaso políticos burgueses Raúl Alfonsín, Ítalo Luder y Herminio Iglesias? ¿Cómo ignorar las diferencias que existían entre ellos? Tomemos un ejemplo. En un caso, juicio y castigo a las Juntas Militares, con todas sus idas y venidas, y con las contradicciones propias de la política pequeño burguesa del partido Radical; en el otro, autoamnistía de los militares genocidas ratificada por ley del Congreso y desenfreno macarthista a cargo de Herminio y sus patotas, continuando con la siniestra obra de la Triple A. Obvio, ni Alfonsín ni Luder aspiraban a construir una sociedad socialista, o siquiera a iniciar una transición hacia el socialismo, como recordaba Salvador Allende. Pero, ¿no eran significativas esas diferencias para la izquierda, pese a que todos eran políticos burgueses? Me parece que sí. Ejemplos de este tipo abundan a lo largo de la historia, y sería un ejercicio ocioso traerlos ahora para ilustrar esta discusión. Perón también era un político burgués, al igual que José P. Tamborini, su contendor en la crucial elección presidencial de 1946. Ambos también se movían en el campo de la derecha, pero a pesar de ello había algunas diferencias, nada menores por cierto, que la historia posterior se encargó de demostrar de modo irrefutable.

En la coyuntura actual el indiscriminado repudio al binomio Macri-Scioli adolece de la misma falta de perspectiva histórica y de rigor analítico. Son, sin duda, dos políticos que juegan en la cancha del capitalismo. Uno, Macri, es un conservador duro y radical; el otro, Scioli, se inscribe en una tradición de conservadorismo popular de viejo arraigo en la Argentina. Macri llega a los umbrales de la Casa Rosada apoyado por una impresionante colección de fuerzas sociales y políticas del establishment capitalista local, sin ninguna organización popular que se haya manifestado en su apoyo. En otras palabras, como indica Gramsci, al identificar la naturaleza de una coalición política es preciso conocer, con la mayor precisión posible, la naturaleza de clase y la organicidad de sus apoyos. A Macri lo respaldan todas las cúpulas empresariales de la Argentina, comenzando por la AEA (Asociación Empresaria Argentina) y siguiendo con casi todas las demás; lo apoyan las capas medias ganadas por un odio visceral hacia todo lo que huela a kirchnerismo, la oligarquía mediática, la Embajada de Estados Unidos y es él quien completa, desde esta parte del continente, el tridente reaccionario cuyas otras dos puntas son nada menos que Álvaro Uribe y José María Aznar. No es casual que su candidatura cuenta con el respaldo de las principales plumas de la derecha latinoamericana: Mario Vargas Llosa, Carlos A. Montaner, Andrés Oppenheimer, Enrique Krauze y todo el mandarinato imperial. ¿Y Scioli? Su candidatura ha sido respaldada por los sectores empresariales menos concentrados, las pymes, sectores medios vagamente identificados con el “progresismo”, una multiplicidad de organizaciones y movimientos sociales –inconexos y heterogénos pero aún así arraigadas en el suelo popular- y estos apoyos hacen que suscite una cierta desconfianza de los poderes mediáticos y el bloque capitalista dominante porque es obvio que no podrá gobernar sin atender a los reclamos de su base social. Un dato que puede parecer una pequeña nota de color pero que no lo es: poco después de las PASO Scioli viaja a Cuba y se reúne durante cuatro horas y media con Raúl Castro; Macri, en cambio, llama por teléfono al Embajador de Estados Unidos, en línea con lo que Wikileaks demostrara que tantas veces hiciera en el pasado. Dirán los “votoblanquistas” que estas son meras anécdotas, pero se equivocan. Remiten a algo más de fondo. Sólo que hay que saber mirar.

De lo anterior se desprende que la consigna del voto en blanco es una forma de eludir las responsabilidades políticas de la izquierda en la hora actual. Cualquiera de los proponentes de esta opción sabe muy bien que con Macri lo que se viene es una política de ajuste y de violenta represión del movimiento popular (los incidentes del Borda o el violento desalojo del Parque Indoamericano son botones de muestra de ello), mientras que Scioli muy probablemente seguirá con la política kirchnerista de no reprimir la protesta social. Y no me parece que para cualquier militante de izquierda esta sea una diferencia insignificante. Por otra parte, podría entenderse la razonabilidad de la consigna “votoblanquista” si, como ocurría con los radicales de finales del siglo diecinueve, cuando se rebelaban contra el fraude y proponían la abstención revolucionaria no votaban pero se alzaban en armas y seguían una estrategia insurreccional, como ocurriera en 1890, 1893 y 1905. O como hicieran los peronistas durante los años en que su partido fue proscripto, que propiciaban el voto en blanco pero en el marco de una estrategia que contemplaba múltiples formas de acción directa, desde sabotajes hasta atentados de diverso tipo. Los “votoblanquistas” de hoy, en cambio, no proponen otra cosa que el burgués repliegue hacia su intimidad y dejar que el resto de la ciudadanía resuelva el dilema político que nos hereda doce años de kirchnerismo. La consigna del voto en blanco es estéril, porque no va acompañada por alguna acción de masas de repudio a la trampa de Macri-Scioli: no hay convocatoria a ocupar fábricas, a cortar rutas, invadir campos, organizar acampes, bloquear puertos o algo por el estilo. Esto es política burguesa en toda su expresión: no me gusta, no me convence, no elijo nada, me retiro y luego veré que hacer. Me retiro del juego institucional y tampoco tengo una estrategia insurreccional de masas: es decir, nada de nada.

¿Será posible construir una opción de izquierda a partir de esa actitud? ¡No, de ninguna manera! Entre otras cosas porque habría que discutir las razones por las cuales luego de más de treinta años de democracia burguesa las izquierdas no hemos todavía sido capaces de construir una sólida alternativa electoral. ¿Cómo es posible que aún hoy estemos penando para superar el 2 o el 3 % de la votación nacional? ¿Por qué el Frente Amplio pudo llegar a la presidencia en el Uruguay, igual que el PT en Brasil, el MAS en Bolivia, el FMLN en El Salvador, mientras que en la Argentina nos debatimos todavía en la lucha para superar un dígito? Aquí no hubo un Plan Jakarta, como el que en Indonesia exterminó en pocos meses a más de medio millón de comunistas; ni un baño de sangre -hablamos siempre desde la reinstauración de la democracia burguesa en 1983, no antes- o una feroz persecución a la izquierda como la que todavía hoy martiriza a Colombia. Es cierto que el peronismo, en todas sus variantes, incluido el kirchnerismo, siempre trató de impedir el crecimiento de la izquierda, o en el mejor de los casos, acotarlo dentro de límites muy precisos. Pero no hubo en la Argentina posterior a 1983 nada similar a lo de Indonesia o Colombia. Y sin embargo, producto de nuestro sectarismo, nuestro ingenuo hegemonismo, de estériles personalismos y falta de unidad no tenemos gravitación en las grandes coyunturas en las que se define el destino de la nación. Creo que ha llegado el momento de avanzar en esa dirección y refundar una izquierda seria y plural, inmunizada contra el facilismo consignista que constantemente anuncia la inminencia de una revolución que nunca llega, con vocación de poder y voluntad de ser protagonista y no víctima de nuestra historia. Claro que si llegara a ganar Macri todo esto sería muchísimo más difícil de llevar a la práctica.

Una última reflexión, que no puedo acallar: estoy asombrado al comprobar como lúcidos pensadores del marxismo “votoblanquista” elaboran sesudos argumentos sin jamás haber pronunciado la palabra “imperialismo”. Se habla de una elección crucial no sólo para la Argentina sino para toda América Latina y la palabrita no aparece. Tampoco se habla de Raúl, de Fidel, de Chávez, de Maduro, de Evo, de Correa, de Sánchez Cerén, de Daniel Ortega. No se habla de las ochenta bases militares que Estados Unidos tiene en la región o de la ofensiva restauradora lanzada por Washington para retrotraer la situación sociopolítica de América Latina al punto que se encontraba el 31 de Diciembre de 1958, en vísperas de la Revolución Cubana. ¿Qué clase de análisis de coyuntura es este que prescinde por completo de la dimensión internacional y que ignora olímpicamente al imperialismo? Todo parecería ser un ejercicio puramente académico, descomprometido de las urgencias reales del momento actual y por completo ajeno a lo que en el marxismo se entiende por análisis de la coyuntura. En cambio, la importancia continental de la elección de Macri no pasó desapercibida para un agudo observador de la política latinoamericana, y protagonista también de ella, como el ex presidente brasileño Fernando H. Cardoso, un ex marxista que se olvidó de muchas cosas menos de lo que significa el papel del imperialismo y la correlación internacional de fuerzas. En una esclarecedora entrevista que le concediera al diario La Nación (Buenos Aires) el domingo 1° de Noviembre, decía que una derrota del kirchnerismo en la Argentina facilitaría la resolución de la crisis en Brasil; es decir, pavimentaría el camino para la destitución de Dilma Rousseff. Agregaba, además, que “si una victoria de la oposición en la Argentina repercutiera además en las elecciones legislativas de Venezuela (el 6 de diciembre), /sería una maravilla. Porque en Venezuela tampoco se puede seguir así” Precisamente, de lo que se trata es de evitar tan “maravilloso” resultado y //para eso hay que impedir la victoria de Macri, apelando al único instrumento disponible para ello: el voto a Scioli. Sería mejor disponer de /otro, pero es lo único que hay. Y votar en blanco contribuiría a lograr el “maravilloso” efecto anhelado por Cardoso.

La existencia de una izquierda indiferente ante la presencia del imperialismo en la vida de nuestros pueblos es uno de los rasgos más asombrosos y deprimentes de la escena nacional. Esa izquierda debería tomar nota de lo que dice el ex presidente brasileño para caer en la cuenta del significado que tendría el triunfo de Macri el 22-N, mismo que trasciende con creces los límites de la política nacional. La propuesta del “votoblanquismo” revela una perniciosa mezcla de dogmatismo y de provincialismo que explica, al menos en parte, la crónica irrelevancia de la izquierda. Esto no es nuevo: el trotskismo, en todas sus variantes, siempre manifestó un profundo rechazo hacia las “revoluciones realmente existentes”. Nunca aceptó a la Revolución Cubana y experiencias como las del chavismo, la boliviana o la ecuatoriana han sido permanente objeto de sus enojosas diatribas, sólo comparables a las que disparan los agentes de la derecha. Cultivan la malsana ficción de una revolución que sólo existe en su imaginación; una revolución tan clara y límpida, y ausente de toda contradicción, que más que un tumultuoso proceso histórico se parece a un teorema de la trigonometría. Por eso son implacables críticos de la Revolución Rusa, la China, la Vietnamita, la sandinista, aparte de las arriba mencionadas. Su concepción de la revolución no es dialéctica ni histórica sino mecánica: la revolución es un acto, un acontecimiento, cuando en realidad es un proceso. Es el desenvolvimiento de la lucha de clases, en un trayecto erizado de violencia y signado por momentos de auge y estancamiento, de avances y retrocesos. Celebran como una hazaña de la clase obrera la conquista de un centro de estudiantes y vomitan su odio contra las “revoluciones realmente existentes”, siempre procesos contradictorios, conflictivos y, según esta visión, invariablemente traicionados por sus líderes. Esta incomprensión, de la que jamás adoleció Trotsky, los convierte–y a pesar de sus protestas- en aliados del imperio, en su desesperado afán por acabar con gobiernos que Washington considera objetivamente antiimperialistas pero que nuestros “votoblanquistas” vituperan como una muestra de la traición a los ideales del socialismo. Y para el imperialismo y sus secuaces, para Álvaro Uribe –el gran socio de Macri- la victoria del PRO y Cambiemos significará un golpe durísimo, tal vez fatal, a los procesos emancipatorios en curso en la región. Debilitará a la UNASUR (que frustró dos golpes de Estado contra Evo y Correa) y la CELAC; hará del Mercosur un apéndice de los TLC y del Tratado TransPacífico; incorporará a la Argentina a la Alianza del Pacífico (nuevo nombre del ALCA); congelará (o tal vez romperá) relaciones con Venezuela, Cuba, Bolivia y Ecuador y, de acuerdo con Washington, apoyará a los grupos que pugnan por derribar a esos gobiernos; y tratará de que la Argentina, como hizo recientemente Colombia, reingrese a la OTAN. Esto no es una suposición, no es algo que Macri podría eventualmente llegar a hacer sino un resumen de las declaraciones en las que anunció cuáles serían las líneas directrices de su política exterior. Aún cuando Scioli quisiera seguir por ese mismo camino, las fuerzas políticas y sociales que lo apoyan plantearían enormes obstáculos a su accionar, y no sólo en el terreno internacional sino también en la política económica. ¿Cómo puede un sector de la izquierda argentina ser indiferente ante esta fenomenal regresión política que el triunfo de Macri produciría en el tablero de la política internacional? ¿Qué quedó del internacionalismo proletario y de la solidaridad con la luchas de los pueblos hermanos? ¿Cómo se puede predicar la abstención o el voto en blanco frente a una situación como la que hemos descripto? Francamente, no lo entiendo. Ojalá que estas líneas sirvan para llamar a la reflexión a los compañeros que proponen el voto en blanco y a caer en la cuenta de todo lo que está en juego el 22-N, que trasciende de lejos la política nacional. Por eso ratificamos la validez del título de esta nota: votar en blanco es votar en línea con las políticas del imperialismo; es votar por el imperialismo y nadie en la izquierda puede actuar de esa manera.

http://www.aporrea.org/internacionales/a216852.html

11/11/2015 Posted by | Uncategorized | , , , , , , , | Deja un comentario