America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

La democracia no se mancha – Hernán Brienza


 

 

Un país normal? La semana que culminó ha sido histórica, sin dudas. Apasionada y apasionante, contradictoria, confusa, profusa, estrambótica, aparatosa y original. Puede añadirse cualquier tipo de adjetivos, pero lo que no ha podido encajar es la conjugación del sustantivo “país” con el adjetivo “normal”. Por primera vez en la historia argentina, un presidente se va respaldado por cientos de miles de sus partidarios en una multitudinaria plaza. Por primera vez, la justicia “destituye” 12  horas antes al titular del Poder Ejecutivo a través de funcionarios militantes del presidente entrante y, al mismo tiempo, un primer mandatario asume procesado por la justicia. No se trata de un país normal ni mucho menos.

El desencuentro entre Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri –todo desencuentro es siempre de a dos, más allá de las razones que le asistan a uno u a otro (y lo cierto es que ambos tienen razones que los asisten)- concluyó en una fiesta de a Uno (el macrismo entrante) sin poder incluir al Otro (el kirchnerismo saliente). Las dos Argentinas no pudieron encontrarse y ambas Argentinas son responsables de esa imposibilidad. Pero, además, ese desencuentro evidencia la debilidad simbólica intrínseca del presidente Macri. Un verdadero ganador, un triunfante “sano”, virtuoso, no escatima el placer de ver a su oponente simbólicamente derrotado ofrecer los atributos conquistados. La victoria desequilibra la balanza, y por lo tanto ofrece a quien gana la ventaja de poder tener actos de supuesta grandeza y magnanimidad con quien ha dejado el gobierno. ¿Por qué Macri no pudo tener ese gesto de displicencia y de respeto a su propia dignidad?
A pocos días del estreno mundial de la séptima entrega de la saga de La Guerra de las Galaxias, bien vale la pena recordar las sabias palabras del Maestro Yoda: “El miedo es la entrada al Lado Oscuro de la Fuerza”. Macri no evidenció decisión, fortaleza, autoridad, con el affaire traspaso, sino miedo. O debilidad. Para poder asumir, necesitó borrar al Otro. El kirchnerismo debía desaparecer de las calles, de los escaños del Congreso -remplazados sus diputados por legisladores truchos para que no se notaran los espacios vacíos- y de los actos institucionales. Bueno, el kirchnerismo debe desaparecer, bien podría ser la consigna de los nuevos tiempos y, sobre todo, del andamiaje político-mediático-judicial ¿monitoreado por la CIA? para la región. (Digresión: Preocupante la denuncia de Diosdado Cabello, presidente del Parlamento Venezolano quien acusó directamente a la canciller argentina Susana Malcorra de pertenecer directamente a la Agencia de Inteligencia Americana).
Si uno analiza los primeros movimientos políticos, judiciales y mediáticos todo está dirigido a la supresión de ese elemento molesto y disruptivo en el mapa de poder en la Argentina. El kirchnerismo, al igual que el Yrigoyenismo y el Peronismo, es aquello que no permite la restauración del “país normal”, es decir, de esa Nación conservadora organizada por Bartolomé Mitre en 1862 y reorganizada por el tándem Revolución Libertadora-Dictadura Militar de 1976. Si el Macrismo se equivoca y en vez de llevar adelante una política de integración lúcida, decide “aniquilar” al Otro, utilizará, como nuevo representante del Liberalismo Conservador, para intentar que las mayorías olviden a esa interrupción dislocadora que significó el proceso de estos últimos 12 años, posiblemente, las siguiente herramientas:
a) Manicomialización de Cristina Fernández de Kirchner. Se sabe que cuando el poder encuentra como elemento desafiante a una mujer la primera respuesta que tiene para desacreditarla es la acusación de “locura” para acallar esas voces. “Brujas”, “fanáticas” o “locas” son las mujeres que desafiaron, a lo largo de la historia, al poder. Desde Juana de Arco a las Madres de Plaza de Mayo existe una larga lista de operaciones culturales similares. Cristina será la jugadora “irracional”.
b) Judicialización del kirchnerismo: con un Poder Judicial dispuesto a convertirse en el Grupo de Tareas del gobierno macrista lloverán las denuncias contra ex funcionarios “del antiguo régimen” a tontas y a locas, total lo importante no es la verdad sino el impacto mediático y la estigmatización del Otro, paso previo a la cosificación y a la negación de “humanidad” de ese Otro. Una vez cosificado, ese Otro puede ser insultado, violentado, encarcelado, desaparecido, asesinado.
c) Distintos niveles de Represión interna: Desde los despidos laborales, hasta amenazas, asaltos sospechosos, apagones informativos, censuras, despidos laborales, utilización de la Metropolitana como fuerza de choque, políticas de aprietes, espionajes, etcétera, como parte de un plan de corrimiento de todas las voces opositoras provenientes del kirchnerismo.
Esta, obviamente, es una hipótesis basada en algunos gestos y, también, nobleza obliga, en ciertos prejuicios propios de quien escribe estas líneas derivados de la memoria colectiva. El macrismo puede recostarse sobre su costado lúcido, entonces, apelará más a los estímulos colectivos e individuales –como hizo el menemismo, cabe reconocer- más que en los elementos represivos. Si lo hace podrá cumplir con esa fantasmagoría que proyectó durante los últimos años y que es el aporte de un “progresismo de derecha” a la democracia argentina. Pero para eso, Macri debe sacudir dos males de sus propias filas: el miedo, por un lado, y la concepción monista del Liberalismo Conservador argentino.
El politólogo e historiador Isaiah Berlin habla de dos tipos de concepciones filosóficas en la historia de las ideas de la humanidad: el monismo y el pluralismo. El primero, como se sabe, es la construcción de una única escala de valores basada en una única naturaleza humana, una sola racionalidad y un solo progreso. Esta idea moderna y prerromántica –en baja estima en la actualidad– supone que hay una sola forma de comprender al hombre. El segundo se basa sobre la posibilidad de que exista más de una escala de valores –sin alcanzar el relativismo absoluto–, más de una idea de felicidad humana, y duda de la racionalidad como único fundamento de acción política y de la existencia de una línea de progreso sin historicidades ni particularidades culturales.
El Liberalismo Conservador criollo, en cambio, a lo largo de su historia ha abrazado un peligroso monismo valorativo y teórico que lo ha anquilosado y convertido en un fosilizado armazón enunciativo. Desde Civilización o Barbarie, el conservadurismo autodenominado liberal ha construido una visión monista de la existencia humana: hay una sola línea civilizatoria, una sola forma de democracia, un solo proceso de progreso humano, una sola forma “apolítica” de hacer política.
Este liberalismo monista establece como única racionalidad la suya, con un solo sistema métrico posible sobre el bien y el mal, lo correcto, lo democrático, lo político, sin poder aceptar otro modelo de gestión de autoridad, de liderazgo, de representación democrática, de inversión de valores. Y ese monismo antiplural se llevó a las patadas con la Otredad y terminó haciendo del Otro un objeto de eliminación o de depósito en campos de concentración.
En su discurso de asunción, Macri apeló a la “unidad nacional”. El kirchnerismo, es cierto, apeló durante sus 12 años de gobierno a una mirada agonista de la Patria, que incluía cierta lógica maniquea, pero que reconocía al Otro, al menos como contendiente. El riesgo que corre el Macrismo es el de generar una “unidad”homogeneizadora, monista, represiva y negadora del Otro. Pero para eso debe dejar de sentir miedo. El que acalla al Otro no es el más fuerte, no es el que más autoridad tiene, es el que menos argumentos tiene y por eso debe hacer callar al Otro. El concierto de medios de comunicación oficialistas que hoy vuelven a dominar en la Argentina, con el Clarín de Héctor Magnetto a la cabeza, saben de esto. La democracia no se mancha. 

Tiempo Argentino

15/12/2015 Posted by | General, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , | 2 comentarios

EL PRESIDENTE MAURIZIO MACRÌ: DEL DISCURSO A LA REALIDAD – Horacio Verbitsky


EL ARTE DEL NOMEACUERDO

El discurso inaugural alerta contra la tentación de subestimar a Macrì. No sólo construyó un partido nuevo y sostuvo los liderazgos que le permitieron controlar el Poder Ejecutivo nacional, bonaerense y porteño. También se presenta como deportista y adalid de la honestidad, dejando en las sombras su carácter de hombre de negocios dudosos con el Estado, que les costó la carrera a varios de sus socios, desde Rousselot hasta Boggiano. Su viaje a Brasil, para reactivar los negocios de la famiglia.

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Por Horacio Verbitsky
El primer olvido del presidente Maurizio Macrì fue la Patria, en la fórmula de su juramento, limitado a Dios, la honestidad y los libros sagrados. En correspondencia, se pronunció ante la Asamblea Legislativa por “un nacionalismo más sano”, frase trunca por la falta del término de comparación. ¿Más sano que cuál? La misma discreción tuvo su promesa de sostener “todos nuestros reclamos soberanos”, que tampoco especificó, “sin que eso impida un normal relacionamiento con todos los países del mundo”. No parece el estilo de Susana Malcorra enviar ositos a los kelpers, pero es obvio que las Malvinas se perderán en las últimas páginas de la agenda, en línea con la célebre declaración de Macrì a este diario, cuando dijo que un país tan grande no necesita sumar el déficit adicional que implicaría la recuperación de las islas. El mal de la Argentina es la extensión, como decía Sarmiento y ridiculizaba Jauretche. Tampoco parece quedar espacio para la reivindicación contra las deformidades del sistema financiero internacional sobre la que giró la política exterior argentina en los últimos años. De hecho, el master Daniel Pollack ya recibió a un enviado oficial para discutir cómo se cumplirá el inaceptable fallo del juez de Wall Street Thomas Griesa. Peor aún, en su diálogo telefónico con Barack Obama, Macrì compró completo el breviario estadounidense para las relaciones con Subamérica: colaboración contra “el extremismo violento”, el narcotráfico, que según Malcorra sería “uno de los grandes temas de la agenda latinoamericana”, el cambio climático y “la agenda comercial y económica”. Mientras en todo el mundo se hace evidente que los bombardeos aéreos lejos de acabar con el terrorismo fundamentalista son su mejor cartilla de reclutamiento, incluso entre europeos y estadounidenses nativos, el gobierno de PRO se dispone a poner de nuevo al país en esa mira tremenda, como ya ocurrió dos décadas atrás.

Al dirigirse a los presidentes vecinos que lo escuchaban en la Asamblea Legislativa, el presidente dijo que creía “en la unidad y la cooperación de América Latina y del mundo”, colocando todas las relaciones en un mismo plano. No basta un picado con Evo para compensar tal indiferenciación, sobre todo cuando su ministra de Relaciones Exteriores comienza por decir que “el ALCA no es mala palabra” y Macrì acuerda con los empresarios paulistas apurar el tratado de libre comercio Mercosur-Unión Europea. Lo mismo que en su anunciado “apoyo a la justicia independiente”, en esas definiciones estaba implícita la referencia al gobierno que había concluido doce horas antes. Con la misma intención, sus voceros habían anunciado que el discurso inaugural no insumiría más de media hora, cuando el último de CFK ante la misma audiencia institucional, en marzo de este año, duró seis veces más.

Galería de espejos

Esa interpretación contrastante se multiplicó como en una galería de espejos en los análisis políticos de los medios que celebran el cambio como una cuestión de interés propio. Para eso son las columnas de opinión. Lo objetable está en los espacios informativos, que escamotearon la realidad de los hechos, con tal de despedir con abucheos adjetivos a la ex presidente. Pasaron por alto que al salir de la reunión posterior a la segunda vuelta, Macrì dijo que había acordado en forma cordial con Cristina los detalles de la transmisión del mando que sería, “como corresponde”, en el Congreso. Pero en la quincena transcurrida desde ese 25 de noviembre, cambió de idea, en buena medida por recomendación de un amigo peronista de toda la vida y de los aliados radicales, explicitada en la frase de su nuevo jefe, el intendente santafesino José Corral, de “no ceder a los caprichos de Cristina”. Se trataba de hacer una demostración de fuerza, que en realidad es de aprensión.

Como en los años de la guerra fría, cuando las dos superpotencias presentaban en forma caricaturesca al adversario y luego actuaban como si esa deformidad fuera un retrato hiperrealista, el nuevo presidente temía un abucheo, de La Cámpora en los palcos del Congreso y de una multitud kirchnerista en el trayecto a la casa de gobierno. El prejuicio, como la neurosis, es inmune a los datos de la realidad. Que el gobierno saliente cediera todas las entradas para la Asamblea Legislativa, que acordara lugares separados para cada fuerza en las calles y que ofreciera dejar el bastón y la banda en el Congreso no fue suficiente. Sin siquiera previo aviso Macrì recurrió a la Justicia para obturar el consenso y el diálogo que pondera de palabra. Lo hizo patrocinado por su amigo de toda la vida José Torello y por el abogado del Grupo Clarín y responsable de la fuerza de choque de la UCEP para el desalojo de indigentes del espacio público porteño, Fabián Rodríguez Simón. El disparate resultante refleja el desquicio que se instaló en estos años, a partir de la caprichosa relectura constitucional de Ricardo Lorenzetti, el primer presidente de la Corte Suprema en advertir que la división de poderes podía violarse también en el sentido opuesto al tradicional si antes se robustecía la autoconciencia corporativa del poder teóricamente más débil, sin bolsa y sin espada, según el anacronismo tradicional. Por si la medida cautelar no llegaba a tiempo, el Poder Ejecutivo había acordado con Lorenzetti que el presidente de la Corte encabezaría la ceremonia en el Salón Blanco. Primero Jorge Di Lello y luego la jueza María Servini supusieron que los constituyentes fueron tan estultos como para disponer en cada traspaso doce horas de aplicación de la ley de acefalía y decidieron sustituirlos, creando un asombroso frangollo institucional. Con funcionarios así, ¿quién necesita jueces o fiscales macristas?

Este episodio no pareció de 2015 sino de 2001/2002, y el recordatorio fue completo con la presencia frente al estrado de cuatro de los seudopresidentes de aquellos días amargos: Fernando de la Rúa y los senadores Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá y Eduardo Duhalde. Para que comenzara a oírse la música de fondo de entonces, que comenzaba con el estribillo “Que se vayan todos”, sólo faltaban los más astutos Carlos Menem y Eduardo Camaño. Quedó más que claro por qué CFK no tenía nada que hacer en ese rancio revoltijo. Otro que estaba fuera de lugar era Lorenzetti, pero no se daba cuenta. La insondable vanidad le dibujaba una incontenible sonrisa en los labios, prólogo del beso y el abrazo con el nuevo presidente, como si fuera uno más del gabinete de los CEO que juraría más tarde entre chanzas de estudiantina en el bellísimo Museo del Bicentenario, otro de los legados de una década impar. La imagen de neutralidad que conviene a Lorenzetti no se beneficia con el nombramiento del secretario letrado de la Corte, Gonzalo Cané, como secretario de Cooperación con el Poder Judicial de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Es curioso que el forcejeo protocolar no haya sido analizado más allá de su costado risueño, que se tornó desopilante con la aparición de un segundo y de un tercer bastón, la pugna entre los plateros Pallarols padre e hijo y la amenaza de depositar las insignias al pie del ícono lujanero. El empecinamiento oficialista por eludir al Congreso, donde su representación es parva, y llevar la ceremonia al fuerte gubernativo, bajo la mirada aprobatoria de Lorenzetti, transmite un mensaje simbólico: ése será el eje sobre el que girará el gobierno cuando concluyan los fandangos y rigodones con los ex candidatos presidenciales. La primera demostración fue el decreto de necesidad y urgencia para modificar la ley más debatida y con mayor respaldo social de la historia argentina, que regula los servicios de comunicación audiovisual, y la de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones.

Del rosa al amarillo

Después de escuchar a Macrì se comprende la brevedad: el sentido de sus políticas nunca estará cifrado en las palabras, que utiliza para velar y no para traslucir actos e intenciones: un océano de buenas intenciones y generalidades con las que nadie puede disentir y ni una palabra sobre las políticas concretas que conducirían a ese reiterado vivir mejor, como si bastara con desearlo. Si algo debe reconocerse al flamante jefe supremo de la Confederación Argentina es la congruencia entre su primer mensaje y las consignas de la campaña que lo llevó a esa posición: nada por aquí, nada por allí. Después de tantos años en los que el Poder Ejecutivo explicaba en detalle el sentido y las consecuencias de cada medida de gobierno, no hay dudas de que existe ahora “una visión nueva de la política”. El contraste fue patente en la media jornada transcurrida desde que Cristina se convirtió en calabaza y Macrì y Michetti mostraron el uso no convencional que su gobierno puede darle al balcón de Perón y de Evita, al que nunca osaron asomarse Kirchner ni su esposa. Nunca antes en la historia argentina un gobernante fue despedido por semejante muchedumbre. Las cifras son siempre discutibles, pero hay que remontarse muchas décadas hacia atrás para encontrar una concentración al mismo tiempo tan abigarrada y tan extensa, más propia de una inauguración que de una clausura y tan poblada de jóvenes. La desconcentración insumió más de una hora desde los fuegos artificiales y el saludo final de la ex presidente. Al día siguiente, sólo un tercio de plaza bien tupida, con mayoría racial, recibió a Macrì. El discurso de Cristina fue un repaso circunstanciado de las transformaciones que realizó su gobierno y un mensaje nítido para quien la sucede: están todas las condiciones dadas para que lo haga mejor aún. Lo reconoció incluso el nuevo ministro de Hacienda y Finanzas, Adolfo de Prat Gay, quien dijo que “la Argentina está en buenas condiciones”, sin urgencias. “Nos dejan una herencia complicada pero no se compara con otros momentos del país”. CFK dijo que podía mirar a los ojos a los 42 millones de argentinos y los instó que cada uno “tome su bandera y sepa que él es el dirigente de su destino y el constructor de su vida, que esto es lo más grande que le he dado al pueblo argentino: el empoderamiento popular, el empoderamiento ciudadano, el empoderamiento de las libertades, el empoderamiento de los derechos”. Un mensaje político e ideológico.

Macrì planteó “tres ideas centrales: pobreza cero, derrotar el narcotráfico y unir a los argentinos”. Agregó luego una “intención básica: combatir la corrupción” y “otro pilar de su gobierno”: revolucionar la educación pública. Esa es la agenda que reitera sin pausa el Papa Bergoglio, con quien Macrì intenta mejorar la relación. A eso apuntó también la ceremonia religiosa que pidió al cardenal Mario Poli al iniciar su mandato y la designación en la Sedronar del ex subsecretario de Salud Mental y Abordaje de las Adicciones de La Pampa, Roberto Moro. Según el diario pampeano La Arena, quien lo propuso fue Poli, quien entre 2008 y 2013 estuvo al frente de la diócesis de Santa Rosa. Este nombramiento no fue consultado con el Frente Pampeano que integró PRO. Uno de sus dirigentes, el diputado provincial socialista Luis Solana, se quejó por la designación de quien integró “el peor equipo de salud que tuvo La Pampa”, lo cual “demuestra que a veces el rango no está en función del mérito”. Si Moro fuera sólo inepto, sería un alivio ante la candidatura que no prosperó del ex vocero de Eduardo Duhalde, Eduardo Amadeo.

Además Macrì prometió decir siempre la verdad y universalizar la protección social a todos los chicos. Como este es uno de los saldos menos discutibles de la gestión anterior, la mera afirmación quebranta la promesa que la precede. Otro punto que intentó enfatizar fue que el país “no está dividido” y que pasadas las elecciones “todos debemos unirnos”. También se comprometió a cuidar desde el Estado a los que menos tienen y convocó “al arte del acuerdo”. Sólo le faltó decir que para un argentino no hay nada mejor que otro argentino, como el Perón del 73. Pero aquel presidente volvía después de 18 años de proscripción y exilio forzoso a un país devastado por las dictaduras. Regresó a la presidencia con el mayor porcentaje de votos de la historia nacional y estaba dispuesto a sacrificar muchos puntos de su programa histórico en aras de una concordia tan necesaria como improbable. Macrì obtuvo apenas unas décimas por encima de los dos puntos porcentuales de ventaja sobre un gobierno de doce años, que no pudo presentar por restricciones constitucionales su candidatura natural y que le deja la mejor situación socioeconómica que haya recibido cualquier presidente de la democracia argenta. Pese a ello ha constituido un gabinete económico fundamentalista y corporativo, cuyas políticas conducen a la confrontación que el discurso rechaza. Si los hechos también tienen algo que decir, durante su administración porteña no mostró inclinación por el arte del acuerdo: Macrì fue el gobernador que más leyes vetó en el país y Cristina la presidente que menos vetos y decretos de necesidad y urgencia firmó. Es imaginable el asombro de las generaciones futuras y la dificultad que tendrán para entender cómo una presidente tan respetuosa de los límites políticos e institucionales de su poder pudo ser vilipendiada como autoritaria y caprichosa en los términos soeces que se hicieron comunes en estos años. Tampoco es un hecho menor que Macrì haya sido el primer presidente que asume el cargo con una grave cuenta pendiente, en la causa por las escuchas ilegales en la que está procesado por el juez Sebastián Casanello, y que tratará de saldar con ayuda del ahora denominado fiscal independiente Jorge Di Lello.

Un exceso de retórica

Subestimar a Macrì sería un error grave. Pese a su torpeza expresiva y a la chatura conceptual de sus mensajes, ha sido capaz de construir una carrera política que lo llevó en pocos años desde la empresa familiar a la presidencia. Para ello creó un partido político nuevo, que reclutó su personal en las universidades privadas, las empresas y las ONG y reemplazó los modos de la militancia y la comunicación. La Universidad Católica se jactó de que Macrì y de sus principales colaboradores son egresados de sus carreras (Ricardo Buryaile, Ricardo Negri, Alfonso de Prat Gay, Pedro Lacoste, Germán Garavano, Santiago Otamendi, Andrés Ibarra, Guillermo Dietrich, María Eugenia Vidal, Ramiro Tagliaferro y Javier Ortiz Batalla). “Y después dicen que la Universidad Torcuato Di Tella copó el gobierno”, dice un profesor de la UTDT.

En el último año Macrì mostró además un carácter que no se le conocía, cuando se jugó a todo o nada detrás de Horacio Rodríguez Larreta en la interna porteña y de María Eugenia Vidal en la elección general bonaerense, claves de su éxito en la contienda presidencial. No subestimarlo pero tampoco tomar al pie de la letra sus palabras. Su primera ciudadanía es la del país del no me acuerdo. En su discurso ante el Congreso, dijo que tanto “en el deporte” como en el gobierno porteño había formado buenos equipos, pero con notable prudencia, omitió cualquier mención a su actividad principal, como hombre de negocios dudosos con el Estado.

Su anunciado programa Pobreza Cero es en primer lugar un exceso de retórica. Pobreza Cero no hay en ningún lugar del mundo y nadie siquiera se la propone. El cotejo con lo sucedido durante su gobierno porteño es elocuente. La pobreza se redujo en todo el país, pero en la Ciudad Autónoma en menor proporción, pese a que es la más rica del país. Según el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz, entre 2003 y 2014, en el Área Metropolitana de Buenos Aires salieron de la pobreza 27 de cada 100 habitantes y de la indigencia 15 de cada 100. Pero este promedio se descompone entre los datos de la Ciudad Autónoma y los de los partidos del Gran Buenos Aires que integran el AMBA, y ahí se aprecian las diferencias. Mientras dejaron de ser pobres 32 de cada 100 bonaerenses del conurbano, en la Capital esta buena noticia sólo alcanzó a 13 de cada 100. Respecto de la indigencia, la reducción en el Gran Buenos Aires benefició a 15 de cada 100, y en la Ciudad a 4 de cada 100. El desempleo en la Ciudad también es más elevado que el promedio nacional y la cantidad de población en villas de emergencia se incrementó un 50 por ciento. La revolución educativa que se produjo en estos años en la CABA consistió en la subejecución del presupuesto votado por la Legislatura y la derivación de recursos de la educación pública a la privada. También se incrementó la mortalidad infantil, mientras descendía en el resto del país.

Bromas de mal gusto

Tanto el alegado combate contra la corrupción como las promesas de honestidad y sinceridad parecen una broma de mal gusto. Durante la campaña electoral, Macrì dijo que le había pedido a su amigo y socio Nicolás Caputo que no licitara una sola obra en la Ciudad y que las que terminó eran las licitadas cuando el jefe de gobierno era Jorge Telerman. Es un deliberado engaño: no ganó licitaciones Caputo S.A. pero sí SES SA, en la que el testigo de boda de Macrì tiene la mitad de las acciones y cuyos contratos con el gobierno porteño se multiplicaron por diez. El ex diputado bonaerense de la Coalición Cívica Libertadora, Walter Martello, reprodujo una frase significativa del balance del Grupo Caputo: “Se aguarda para el 2015 una solución rápida del conflicto con los holdouts que permita revertir la actual tendencia negativa en el nivel de actividad”. Martello sostiene que Caputo le aconsejó a Macrì pagar a los fondos buitre todo lo que ordenara Griesa porque tenía entonces en ejecución una cartera de obras para la Ciudad y la Nación por 1500 millones de pesos. Desde que asumió en 2007, el gobierno de Macrì en la CABA acumuló más de doscientas denuncias por delitos tan variados como estafa, asociación ilícita, abuso de autoridad, violación de deberes de funcionario público, enriquecimiento ilícito, falsificación de documentos públicos, amenazas, abandono de personas, omisión maliciosa y falsedad ideológica en su declaración jurada patrimonial ante la Oficina Anticorrupción, lavado de activos y peculado.

Así como Sebastián Piñera aprovechaba cada contacto bilateral con CFK para plantear los reclamos de la línea aérea LAN en la Argentina, Macrì utilizó su primer encuentro con Dilma Rousseff para solicitar que se reviviera el crédito del banco brasileño de desarrollo para el soterramiento del Ferrocarril Sarmiento. Piñera era el principal accionista de LAN y aunque había colocado esas acciones en un fideicomiso, seguía gestionando a favor de la compañía chileno-estadounidense. Del mismo modo, Macrì tiene interés directo en las obras del Sarmiento, que están a cargo de un consorcio integrado por la constructora brasileña Odebrecht, la española Comsa, la italiana Ghella y la argentina Iecsa. Las dos últimas forman parte del grupo que conduce el nuevo jefe de la famiglia Macrì, el primo Angelo Calcaterra, hijo de la hermana de Franco y Tonino Macrì, María Pía.

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13/12/2015 Posted by | Uncategorized | , , , | 1 comentario

ARGENTINA HACIA LA “URIBIZACIÓN” – FERNANDO ARELLANO ORTIZ


ARGENTINA HACIA LA “URIBIZACIÓN”

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POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ

El triunfo electoral del ultraconservador y menos que mediocre jefe de gobierno de Buenos Aires, Mauricio Macri, constituye la victoria política-económica de las corporaciones, del capitalismo especulativo internacional (léase fondos buitre, Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial), de las mafias mediáticas que lideran el Grupo Clarín y La Nación; y por supuesto, de Washington que ve una magnífica oportunidad para dinamitar el proceso integracionista en Suramérica, extendiendo su criminal política de “libre comercio”.

Igualmente es un respiro y un aliciente para la ultraderecha latinoamericana que ahora se ve envalentonada con un alfil suyo que retornará a la Argentina a la trágica década de los 90 a través de políticas de ajuste, devaluación, libre comercio, flexibilización laboral, privatizaciones, favorecimientos tributarios a las transnacionales, profundización del extractivismo, entendimiento con los criminales fondos buitre y la banca multilateral, retroceso en los logros en materia de derechos humanos y alianza política con los gobiernos que en la región siguen al pie de la letra el recetario neoliberal.

Macri, como aplicado alumno del cuestionado expresidente colombiano Álvaro Uribe Vélez, a quien en diciembre de 2010 declaró “huésped de honor de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”, replicará sus malhadadas fórmulas de “seguridad democrática” y “confianza inversionista”, artilugios y eufemismos para someter a un país al control, represión y violación de los derechos humanos, y simultáneamente, al favorecimiento del capital transnacional.

Así como el hoy senador Uribe Vélez ha logrado expandir sus tentáculos mediante sus políticas de represión y entrega de soberanía a países como México, Paraguay, Honduras y el Chile de Sebastián Piñera, muy seguramente lo veremos asesorando al gobierno de Macri en materia de seguridad para supuestamente enfrentar el narcotráfico y privilegiar la “confianza inversionista”.

Conociendo la cercanía de estos gánster de la ultraderecha latinoamericana no será raro ver en un futuro muy próximo la presencia de bandas paramilitares en suelo argentino, pues Macri alabó el “modelo de seguridad” de Uribe en Colombia y le ha pedido asesoría en esta materia.

La “uribización” de la Argentina que comienza a partir de este mes de diciembre cuando Macri y todo su combo integrado por los mismos nefastos personajes que hundieron a este país en la desolación y la desesperanza al iniciar este siglo, se instalen en la Casa Rosada, tendrá como fundamento la promoción de la “seguridad democrática” que no es más que una bien diseñada estrategia de represión y persecución a líderes y movimientos sociales progresistas, bajo el pretexto del ataque a fenómenos como el terrorismo y el narcotráfico, así como la puesta en marcha de lo que eufemísticamente se conoció durante la tiranía de Uribe Vélez en Colombia como “confianza inversionista” consistente en privilegiar los intereses de las corporaciones transnacionales y el capital especulativo sobre los de la nación, a través de privatizaciones, exenciones y beneficios tributarios.

Se trata en síntesis de materializar lo que se denomina “triángulo de la confianza” que mediante políticas de seguridad represora, privilegios al capital especulativo transnacional busca lo que Uribe Vélez en forma demagógica denominó la “cohesión social” que se materializa en una sociedad estructurada sobre un poder autoritario, violador de derechos humanos, que para Macri son un “curro” (una estafa en argot argentino), y al mismo tiempo, generar el ambiente propicio para los negocios de las compañías multinacionales, aumentando los índices de concentración de riqueza y los niveles de inequidad social.

En el plano internacional, el cuestionado senador Uribe Vélez se frota las manos por cuanto ahora la derecha latinoamericana tiene un mandatario que se irá con toda las baterías contra lo que el siniestro exmandatario colombiano ha acuñado con el término de “castro-chavismo”. En efecto, Macri ha anunciado que tan pronto tome posesión este 10 de diciembre romperá relaciones diplomáticas con Venezuela y presionará a Mercosur para que este país sea expulsado de su seno, pretextando que el gobierno de Nicolás Maduro viola los derechos humanos y la Carta Democrática de la OEA.

Argentina con Macri retorna al neoliberalismo y a las “relaciones carnales” con los Estados Unidos como bien lo enunció el canciller Guido di Tella, de la época del gobierno de Carlos Menem, para significar su política de abyección frente a la Casa Blanca.

En Colombia, otro que celebra el triunfo de Macri, es el neoliberal presidente Juan Manuel Santos, quien ahora cuenta con un nuevo socio para ampliar la Alianza del Pacífico, un instrumento maquinado por el Departamento de Estado para torpedear la integración latinoamericana y dinamitar procesos como Mercosur y Unasur.

Con un nuevo lenguaje, frases vacías y hablando de “cambio”, la derecha latinoamericana, en este caso argentina, vuelve por sus fueros, retornando al pasado con la aplicación de sus criminales políticas en contra de la soberanía y los grandes intereses nacionales, cubriéndolas con un manto de legitimidad aparente.

Se acaba en Argentina un ciclo progresista de doce años liderado por Néstor y Cristina Kirchner, que le devolvieron a la nación gaucha su dignidad, su autoestima, volviéndola a poner en el sitial geopolítico en el continente. Pero además con sus políticas sociales y económicas posibilitaron elevar el nivel de vida de millares de sus habitantes, no obstante las múltiples tareas pendientes y los errores cometidos.

La democracia representativa tiene sus reglas y hay que respetarlas. Las mayorías en Argentina decidieron volver al pasado, dándoles una nueva oportunidad a los mismos que llevaron al país a la “negra y triste noche neoliberal”. Pareciera que los pueblos no tienen memoria y gracias a la manipulación mediática viven adormecidos y alienados por sus dominadores. Pero al mismo tiempo habría que señalar parafraseando al gran Arturo Jauretche que “la clase media cuando está mal vota bien y cuando está bien vota mal”.

Noviembre de 2015.
http://www.cronicon.net/paginas/edicanter/ediciones111/nota02.htm

12/12/2015 Posted by | General, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario

¡YES, SIR! – ATILIO A. BORON


¡YES, SIR!

Nota1

POR ATILIO A. BORON

Tal como se preveía, no habían transcurrido doce horas desde su victoria electoral cuando en conferencia de prensa Mauricio Macri ratificó su vocación de convertirse en un proxy de Washington en la región. En línea con los deseos de la Casa Blanca arremetió contra la República Bolivariana de Venezuela y confirmó que solicitaría la suspensión de ese país como miembro del Mercosur porque, según él, habría infringido la cláusula democrática al “perseguir a los opositores y no respetar la libertad de expresión”.

Derrocar al gobierno bolivariano es una vieja obsesión del gobierno de Estados Unidos, para cuyo efecto no ha reparado en límite o escrúpulo alguno. Hasta ahora su ofensiva sólo había encontrado un socio dispuesto a avanzar por ese escabroso sendero: el narcopolítico colombiano Álvaro Uribe. Juan M. Santos, que lo sucedió en el Palacio Nariño, no se prestó a tan peligroso juego. Es más, el conservador presidente colombiano no se ha cansado de agradecerle a Venezuela su colaboración en el proceso de paz en curso en La Habana. Macri parece ignorar estas sutilezas de la política internacional y ser un hombre temerario y de frágil memoria, combinación peligrosa si las hay. Habría que recordarle que la sumisión incondicional al imperio ya se practicó en la Argentina durante el menemato, con el nombre de “relaciones carnales”, y que este país pagó con sangre tamaña insensatez. No se entiende por qué habría de repetir ese desatino, salvo para dar cumplimiento a un acuerdo secreto con la Casa Blanca cuya contrapartida seguramente no tardaremos en conocer.

Macri parece no haber sido tampoco informado que el pasado 28 de Octubre la República Bolivariana fue reelegida para integrar el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. La Asamblea General de la organización aprobó esa resolución con 131 votos, sobre un total de 192 miembros. Formular las acusaciones que hizo Macri pasando por alto un dato tan significativo como este, que ratifica la presencia de Venezuela en un organismo en el cual participan países como Francia, Estados Unidos, Alemania y Japón, es por lo menos un acto de llamativa irresponsabilidad o una muestra de peligroso amauterismo en el manejo de las relaciones internacionales. ¿Cree acaso que los países del Mercosur van a acompañar su arrebato antibolivariano? ¿Ignora que las decisiones del Mercosur requieren el consenso de todos sus miembros? Para empezar, el canciller uruguayo Rodolfo Nin Novoa se apresuró a declarar que su país “no ve razón para aplicar la cláusula democrática a Venezuela en el Mercosur.” Y lo más probable es que el gobierno brasileño siga el mismo curso de acción, en cuyo caso las amenazas de Macri caerían producto de su inviabilidad política.

Volviendo al caso de los opositores políticos en Venezuela, ¿qué diría Macri si en los próximos días, siguiendo el ejemplo de Leopoldo López, Daniel Scioli hiciese público su desconocimiento del resultado electoral y poco después del 10 de diciembre intensificase esa campaña movilizando contactos internacionales e impulsando, cada vez con mayor fuerza acciones violentas exigiendo “la salida” extraconstitucional de un “gobierno ilegítimo” apelando a procedimientos vetados por la constitución y las leyes de la república? ¿Llamaría en tal hipotético caso a Scioli un “opositor político” o lo calificaría, en función de la normativa vigente, como un político incurso en el delito de sedición, que en este país tiene una pena que oscila entre los cinco y veinticinco años de prisión? La legislación venezolana es similar a la argentina y ambas a la de Estados Unidos, donde el delito tiene una penalidad que, en ciertos casos, llega hasta la prisión perpetua o la pena de muerte. En realidad López, cuya mujer estuvo la noche del domingo en los festejos del bunker de Cambiemos, no es un “disidente político” injustamente perseguido por el gobierno bolivariano. Es el cabecilla de un intento de alterar por la fuerza el orden constitucional vigente en su país y derrocar al gobierno surgido de elecciones en un sistema que el ex presidente de Estados Unidos Jimmy Carter dijo que era “más confiable y transparente que el nuestro.” Para ello contó con la colaboración de Uribe, para reclutar un numeroso grupo de mercenarios que camuflados como heroicos “jóvenes universitarios” luchaban valientemente para restaurar las libertades conculcadas en su país. Lanzados a las calles para impulsar “la salida” de Maduro y el derrumbe del orden institucional vigente hicieron uso de cuanta forma imaginable de violencia pueda existir, desde incendios de escuelas y guarderías infantiles hasta la destrucción de medios de transporte públicos y privados, combinado con ataques violentos a universidades y centros de salud, erección de “guarimbas” (barricadas desde las cuales se controlaban los movimientos de la población y se apaleaba o asesinaba impunemente a quienes osaran desafiar su prepotencia) y asesinatos varios. Como producto de estos desmanes murieron 43 personas, la mayoría de ellas simpatizantes chavistas o personal de las fuerzas de seguridad del estado. Tiempo después se descubrió que buena parte de los “guarimberos” eran paramilitares colombianos y que casi no había universitarios venezolanos involucrados en esos luctuosos acontecimientos. La justicia de la “dictadura chavista” lo condenó a una pena de 13 años, 9 meses, 7 días y 12 horas de reclusión. Disconforme con la transición posfranquista en España, el 23 de Febrero de 1981 el teniente coronel Antonio Tejero Molina quiso también él alterar el orden constitucional tomando por asalto el Congreso de Diputados. En su cruzada restauradora el “tejerazo” no produjo ni una sola muerte ni hubo que lamentar pérdidas materiales de ningún tipo. Sin embargo, la justicia española lo sancionó con 30 años de prisión, expulsión del Ejército, pérdida de su grado militar e inhabilitación durante el tiempo de su condena. Nadie lo consideró un opositor político sino un militar sedicioso. Peor es el caso de López, por la mucha sangre derramada por su culpa y por la destrucción de bienes provocada por su apología de la violencia, pese a lo cual la sentencia de la justicia venezolana fue insólitamente benigna. Pero Macri no lo ve así y sigue considerándolo un opositor maltratado por un poder despótico. Mal comienzo en materia de política exterior. Y un paso preocupante en el intento de avanzar en el “reformateo” neoliberal del Mercosur, otra vieja ambición de Estados Unidos, para hacerlo confluir con la Alianza del Pacífico y la Unión Europea dominada por la Troika.

Buenos Aires, noviembre de 2015.

http://www.cronicon.net/paginas/edicanter/ediciones111/nota01.htm

12/12/2015 Posted by | General, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , | 2 comentarios

Fuiste un lujo – Revista Anfibia (Univ.Nac. de San Martìn)


El 9 de diciembre a la tarde, agrupaciones y autoconvocados irán a despedir a Cristina Fernandez a la Plaza de Mayo, donde ella descubrirá un busto en honor a Néstor Kirchner. El escritor Ignacio Molina se la cruzó en un ascensor en el año 2000 y la saludó de manera antipática. “Para mí, en ese momento, vos eras una diputada del montón, miembro del partido que había indultado a los genocidas de la dictadura”. En este texto, la despide y cuenta cómo pasó de la desconfianza al apoyo en estos últimos 12 años.

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Fotos: Prensa Presidencia de la Nación

La única vez que te vi de cerca no me pasó nada bueno. Era una mañana fría del año 2000; vos ibas a ser entrevistada en un programa de la radio donde yo era pasante. Subimos juntos en el ascensor. Al apretar el botón del cuarto piso te saludé con una mueca antipática y mientras te miraba de reojo se me vino a la cabeza una pregunta que en aquel tiempo, y durante los diez años anteriores, se escuchaba seguido: “¿Qué harías si te cruzaras con Videla en un ascensor?” Vos no eras Videla, claro, pero a mí, un post adolescente educado en el rigor político y cultural de los noventa, votante de partidos trotskistas y víctima de la precarización laboral, tu nombre, Cristina Fernández de Kirchner, no me sonaba con la misma cadencia que ahora. Para mí, en ese momento, vos eras una diputada del montón, miembro del partido que había indultado a los genocidas de la dictadura y que había implementado el neoliberalismo en el país. Una dirigente más de la clase política que nos estaba llevando a la debacle.

En aquel tiempo, meses antes o después de aquella mañana fría, te cruzaste con David Viñas en un programa de televisión y les pediste a quienes no estaban conformes con la realidad del país “que participen donde sea, aunque sea fundando su propio partido político, pero que participen para cambiar la realidad”. La escena se puede ver en Youtube y, a la luz de lo que pasaría en los años siguientes, es conmovedora: Viñas interviene para decir “me resulta un poco panglosiana su perspectiva, ¿sabe? Es de un optimismo que por lo menos a mí me desborda…”. Y vos le respondiste: “¿Sabe qué, David? Yo tengo la obligación de ser optimista. Usted tiene la obligación de ser pesimista porque es un intelectual crítico, pero yo soy una militante política, y quiero cambiar las cosas y pienso que lo voy a poder hacer”.

A favor de Viñas, y de aquel post adolescente nihilista que te saludó con una mueca antipática en el ascensor, hay que decir que en ese momento, con un 25% de desocupación, un gobierno que obedecía las órdenes del Fondo Monetario Internacional, un peronismo bastardeado y un pseudo progresismo aliado con el radicalismo de derecha que un año más tarde se iría en helicóptero dejando decenas de muertos en las calles, la opción de no tener esperanzas, de no creer en nada y de desestimar a la política de los partidos tradicionales como una herramienta de cambio era la más lógica del mundo.

Con el tiempo, aquel viaje en ascensor –que si hubiera tenido cualquier otro protagonista habría quedado confinado a los archivos más escondidos de mi memoria– se fue resignificando en mis recuerdos. Tomó una dimensión cada vez más grande. Si te narro mi experiencia, Cristina, no es porque crea que te pueda interesar especialmente, sino porque estoy seguro de que puede ser similar a la de otros miles de jóvenes y no tan jóvenes que en el 2003 miraban a Néstor y a vos de reojo y con desconfianza pero que después, de a poco, fueron encontrando en ustedes al menos una luz a la que aferrarse para no quedar hundidos en la oscuridad del escepticismo. Lo primero que me acercó a esa luz fueron sus nuevos amigos: si varios grupos piqueteros que habían enfrentado las políticas de ajuste y represión de los gobiernos anteriores ahora se acercaban a dialogar, y si las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo confiaban en sus palabras y en sus acciones, entonces ustedes no podían ser tan malos. Y lo segundo fueron sus enemigos: cada vez que la derecha, los militares, la Sociedad Rural y las grandes corporaciones económicas decían cosas como “se viene el zurdaje”, se me iba aclarando el panorama.

A pesar de todo lo que veía de positivo en el gobierno de Néstor y el tuyo, recién pude definirme como “kirchnerista” sin pudores en el 2008, año en el que te enfrentaste al salvaje lock out patronal “del campo” y en un discurso en Plaza de Mayo calificaste al tuyo como “un gobierno popular”. Ese año entré a trabajar en la redacción de la revista Noticias y pude ver cómo se fabricaban las notas de tapa y las denuncias en tu contra: se juntaban dos editores en un escritorio, tiraban títulos, elegían el más escandaloso y en base a eso inventaban la nota. No duré mucho en esa revista (supongo que mi negativa a inventar notas o a presionar a los entrevistados para que digan lo que mis editores pretendían que dijesen y mi firma en una solicitada a favor de tu gobierno influyeron en la decisión de mis jefes de echarme) pero me alcanzó para constatar la saña y la perversión con que los mismos medios que se quejan por una supuesta falta de libertad de expresión quieren lavarle el cerebro a sus consumidores.

Definirme como kirchnerista y valorar todas tus medidas positivas que ya conocemos (la Asignación Universal por Hijo, la estatización de las jubilaciones, los trenes, YPF y Aerolíneas, el matrimonio igualitario, la derogación de la ley de flexibilización laboral, el fortalecimiento de la industria nacional, la derogación de la ley de obediencia debida y la atmósfera que permitió dictar la inconstitucionalidad de los indultos, el plan Procrear, las millones de personas que pudieron jubilarse sin haber hecho aportes, el intento de la 125, y un largo etcétera) no me convierte en un fanático ni me ciega a la posibilidad de ver las falencias y las contradicciones de tu gobierno (la designación de un presunto implicado en crímenes de la dictadura como Jefe del Ejército, la negativa a tratar una ley de aborto seguro y legal, y evitar así que una gran cantidad de mujeres muera por año en clínicas clandestinas, la ausencia de reformas impositivas y agrarias más sólidas y estructurales, los cientos de muertes por casos de gatillos fácil que siguieron produciéndose en los últimos años, tu fortuna económica personal que me incomoda al tener que defenderte, entre varias otras.)

Pero aun teniendo en cuenta todas esas falencias y contradicciones, habría que ser bastante necio para mirar alrededor y no darse cuenta de que fuiste un lujo demasiado grande para este país. Sí, Cristina, fuiste un hecho fuera de lo ordinario para este país lleno de gente que destila un odio y una violencia extrema en la calle, en las redes sociales y en los foros de los diarios; un país en el que muchísimos, al tiempo que te acusan de dictadora, añoran los golpes de Estado y las dictaduras militares; un país donde millones afirman que “las negras del conurbano se embarazan para cobrar los planes”; un país donde gran parte de la clase media y baja puede votar, como en estas últimas elecciones, en contra de sus propios intereses y a favor de una runfla de ignorantes, insensibles y mercenarios que no creen en la política ni en el Estado y que piensan que gobernar es lo mismo que administrar una empresa; un país donde gran parte de la clase alta y la oligarquía se cree dueña de todo y siente que las clases bajas son un estorbo y volvería gustosa a la época de la esclavitud con tal de seguir enarbolando una sola bandera, la de su propia ganancia, a expensas del hambre de los demás.

Sí, Cristina, tus gobiernos y el de Néstor fueron un lujo que muchos no merecieron y que tal vez los más jóvenes no pueden mensurar en su plenitud porque no tienen recuerdos de épocas anteriores; tus gobiernos y el de Néstor fueron un gran paréntesis histórico de doce años tras el cual volverán a escribirse sin traumas palabras como ajuste y represión. Mañana este lujo se termina y vos te vas por la puerta grande. Y por eso te despido hasta pronto y te digo gracias por haber hecho del Estado una herramienta de transformación y no un mero instrumento de los poderosos y las corporaciones, gracias por los derechos y las conquistas, gracias por haber conseguido que en los últimos años la palabra política haya dejado de ser una mala palabra, gracias por haber permitido que las discusiones sobre política dejaran de ser teóricas y utópicas para instalarse en la realidad concreta y cotidiana, gracias por haber hecho que palabras como justicia y distribución no sean sólo parte de consignas panfletarias…

Mañana te vas, Cristina, y la Argentina que dejás es muy diferente a la de aquella mañana fría del año 2000 en que subimos juntos en el ascensor. Y no sólo porque, gracias a los cambios de estos últimos años, Videla murió en la cárcel y otros cientos de genocidas de la dictadura fueron juzgados y condenados y ya nadie puede cruzárselos en ningún ascensor; también porque ya no se respira un aire de pesadumbre general ni hay tantos argentinos olvidados y destinados a pasar hambre a merced de las reglas del mercado. Y vos y yo tampoco somos los mismos que aquella mañana. Yo ya no soy un post adolescente descreído de todo que se interesaba por la política de la misma manera en que se interesaba por la literatura, como algo muy apasionante pero que no tenía injerencia real en la vida de los millones de argentinos. Ahora soy un papá responsable que dejó de sentirse parte de una vanguardia iluminada y escribe novelas y trabaja de cosas que le gustan. No voy a caer en el facilismo y la demagogia de decir que eso último te lo debo a vos, pero sí puedo afirmar que los años de tus presidencias y la de Néstor coincidieron con los años más felices que viví. Y vos, Cristina, lograste convertir tu “optimismo panglosiano” en el gobierno más inclusivo y democrático de la historia argentina. Es cierto que te quedan muchas deudas pendientes y que las desigualdades en el país siguen siendo gigantes; tan cierto como que para llegar adonde llegaste tuviste que dejar en el camino jirones de tu vida. Por eso, si hoy tuviera la suerte de subir con vos en un ascensor, ya no te saludaría con una mueca antipática ni te miraría de reojo ni pensaría en Videla; si hoy me encontrara con vos en un ascensor no sé si los nervios y el tiempo me dejarían hablarte demasiado, pero te abrazaría hasta que se abrieran las puertas y te diría “gracias” al oído y en la última mirada intentaría darte a entender todo esto que te acabo de escribir.

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10/12/2015 Posted by | General, Justicia, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , | Deja un comentario

Las tormentas que vienen .. – Raúl Zibechi


LAS TORMENTAS QUE VIENEN .. – Raúl Zibechi

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El fin del ciclo progresista implica la disolución de las hegemonías y el comienzo de un periodo de dominaciones, de mayor represión contra los sectores populares organizados. Hasta ahora hemos venido comentando las causas del fin del ciclo; ahora habrá que empezar a comprender las consecuencias, tremendas, nada halagüeñas, demoledoras en muchos casos.
La reciente elección de Mauricio Macri como presidente argentino es un giro derechista que está llamado a encender la llama del conflicto social. La respuesta de la redacción del diario conservador La Nación a un editorial que defiende abiertamente el terrorismo de Estado es una muestra de lo que se viene, pero también de las resistencias que deberá afrontar el proyecto de la derecha tradicional.
No estamos ante un retorno a la década de 1990, neoliberal y privatizadora, porque los de abajo están en otra situación, más organizados, con mayor autoestima y conocimiento del modelo que sufren y, sobre todo, con mayor capacidad de enfrentar a los poderosos. Las experiencias colectivas no suceden en vano, dejan huellas profundas, saberes y modos de hacer que en esta nueva etapa jugarán un papel decisivo en la necesaria resistencia a las nuevas derechas.
El periodo que se abre en toda la región sudamericana, donde el presidente Rafael Correa ya anunció que no aspira a su relección, será de mayor inestabilidad económica, social y política; de injerencia creciente del militarismo del Pentágono; de nuevas dificultades para la integración regional, que ya atravesaba serias dificultades; de deterioro de las condiciones de vida de los sectores populares, cuyos ingresos comenzaron a erosionarse en los dos últimos años.
En este nuevo clima, encuentro algunas cuestiones centrales:
La primera es que no habrá fuerzas políticas capaces de gobernar con un mínimo consenso, como el que habían conseguido los gobiernos progresistas en su primera etapa. No habrá consenso en gobiernos como los de Macri; pero conviene recordar que la hegemonía lulista se quebró bajo el segundo mandato de Dilma Rousseff, así como bajo los gobiernos de Tabaré Vázquez, Correa y Maduro, aunque las causas son distintas.
Cuando se desvanece la hegemonía, se imponen las lógicas de la dominación, lo que nos lleva directamente a la exacerbación de los conflictos de clase, género, generación y raza-etnia. La triada dominación-conflictos-represión afectará (ya está afectando) a las mujeres y los jóvenes de los sectores populares, principales víctimas del viraje sistémico a la derecha.
La segunda cuestión a tener en cuenta es que el modelo económico-político es más importante y decisivo que las personas que lo conducen y administran. En las izquierdas aún tenemos una cultura política muy centrada en caudillos y dirigentes, que sin duda son importantes, pero no pueden ir más allá de los límites estructurales que les impone el modelo. El extractivismo es el gran responsable de la crisis que atraviesa la región, de la erosión que sufren los gobiernos y, en resumidas cuentas, es la razón de fondo que explica el viraje a la derecha de las sociedades.
A diferencia del modelo de industrialización por sustitución de importaciones, que generaba inclusión y promovía el ascenso social, el actual modelo extractivo genera polarización social y económica, genera conflictos por los bienes comunes y destruye el medio ambiente. Por lo tanto, es un modelo que genera violencia, criminalización de la pobreza y militarización de las sociedades y los territorios en resistencia.
La incapacidad de los progresismos para salir del modelo extractivo y la expresa voluntad de las nuevas derechas de profundizarlo auguran tiempos de dolor para los pueblos. La reciente tragedia en Mariana (Minas Gerais) por la rotura de dos represas de la minera Vale, que provocó un gigantesco tsunami de lodo que está arrasando sembrados y pueblos enteros, es una pequeña muestra de lo que nos aguarda si no se pone coto al modelo minero-soyero-especulador.
En tercer lugar, el fin del ciclo progresista supone el retorno de los movimientos antisistémicos al centro del escenario político, del que habían estado apartados por la centralidad de la disputa entre los gobiernos y la oposición conservadora. Pero los movimientos que se están activando no son los mismos, ni tienen los mismos modos de organizarse y de hacer, que los que protagonizaron las luchas de los 90.
El movimiento piquetero ya no existe, aunque dejó profundas huellas y enseñanzas, y un sector organizado que trabaja en las villas en las grandes ciudades, con iniciativas de nuevo tipo como los bachilleratos populares y las casas de las mujeres. Los movimientos campesinos, como los Sin Tierra, han sido transformados por la expansión geométrica de la soya, pero surgen nuevos sujetos, más complejos y diversos, donde participan vecinos de pueblos afectados por la minería o los agrotóxicos, y una amplia gana de profesionales de la salud, la educación y los medios.
La impresión es que estamos asistiendo a nuevas articulaciones, sobre todo en las grandes ciudades, donde las demandas de más democracia e igualdad desbordan los cauces de los partidos y sindicatos, pero también de los movimientos de la década neoliberal privatizadora.
Por último, el ciclo progresista debe saldarse con un análisis sereno de los errores cometidos por los movimientos. Sería desmoralizante que en el próximo ciclo de luchas se repitieran los mismos deslices que han afectado la autonomía en estos años. Es probable que la dificultad mayor a enfrentar consista en saber adecuar la doble actividad de los movimientos: la lucha contra el modelo (la defensa de los espacios propios, la movilización y la formación) y la creación en cada nivel posible de lo nuevo (salud, producción, techo, tierra, educación).
Mientras la acción de calle nos permite detener las ofensivas del arriba, las creaciones nuevas son pasos en la autonomía. Son los modos que aprendimos para continuar navegando en las tormentas.

08/12/2015 Posted by | Economía, General, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , | Deja un comentario

“La autoridad no se construye con colores y mucho menos gritándole a una mujer”


LA PRESIDENTA PUBLICÓ EN SU PÁGINA WEB UN TEXTO EN EL CUENTA LA CONVERSACIÓN QUE MANTUVO CON EL PRESIDENTE ELECTO AVCERCA DEL LUGAR DE LA CEREMONIA DE TRASPASO.

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La Presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, publicó en su página web y en las redes sociales un texto en el que cuenta detalles de una converssación que mantuvo con el presidente electo Mauricio Macri en virtud de la discusión sobre el lugar en el que se hará la entrega de los atributos del Poder Ejecutivo.

“Me pasan el celu y el presidente electo comenzó con un elevado tono de voz a exigirme que debía entregarle bastón y banda presidenciales en la Casa Rosada porque era “su ceremonia” y que si no lo hacía como él decía…

¡La Corte Suprema de Justicia de La Nación! le iba a entregar los atributos, porque ya habían consultado.Debo confesar que me sorprendió la exaltada –eufemismo de gritos- verborragia de presidente electo. (…) A tal punto que en un momento tuve que que recordarle que más allá de nuestras investiduras, el era un hombre y yo una mujer y que no corresponde que me tratara de esa forma.”, contó Cristina.

“El presidente electo siguió gritando y diciendo que no es así, que lo tengo que esperar en la Casa Rosada después de que el jure y hable en el Congreso y allí entregarle el bastón y la banda. Traté de explicarle que después que el jure yo ya no soy más Presidenta y que por eso tengo que entregarle banda y bastón ni bien él termine de jurar en forma simultánea, y es ahí cuando me dice, muy enojado, que yo lo tengo que acompañar -y me vuelve a repetir- porque es “su ceremonia”.

Bueno ahí pensé hasta acá llegó mi amor y le recuerdo 3 cosas: la 1ra, que no soy su acompañante.

La 2da, que el 10/12 no es su fiesta de cumpleaños sino el día que asume como Presidente de todos los argentinos en un sistema democrático al que hay que respetar y que su símbolo mayor es la Asamblea Legislativa donde jura como Presidente y donde quien termina su período le entrega el mando.

La 3ra, que no pienso seguir tolerando en silencio, como hasta ahora, el maltrato personal y público que viene dispensando desde el mismo día en que lo invite a Olivos luego de felicitarlo por su triunfo. Ni tampoco las mentiras que se siguen propalando merced a una impunidad mediática nunca antes vista…”, agregó la Presidenta en otra parte del relato.

Finalmente, y tras enumerar las decisiones tomadas por el gobierno saliente en función de colaborar con la transición y la gobernabilidad futura, la Presidenta calificó al episodio, en función de la tapa del Clarín de hoy: “Lo de ayer no fue una llamada telefónica para hablar sobre ninguna ceremonia. Fue simplemente, una operación mediática más en donde la sociedad debía leer: Macri le ordenó a Cristina que tenía que entregarle la banda y bastón en la Casa Rosada”.

En cuanto a la autoridad de un gobierno o de un presidente: No se construye ni con colores, ni con imágenes y mucho menos gritándole a una mujer. Es algo más simple pero al mismo tiempo difícil. Gestión cotidiana y confianza de la sociedad de que no se va a gobernar en contra de ella.

Mientras tanto en la realidad cotidiana están sucediendo cosas producto de acciones y dichos del futuro gobierno que están afectando y afectarán aún más la vida de la gente. Ya lo dije en YPF hace 2 semanas no dejemos que mientras discutimos banalidades y trivialidades nos pasen los elefantes por detrás.

Una vez más la realidad oculta por la impunidad mediática.”, cerró la primera mandataria.

MINUTO UNO

06/12/2015 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , | Deja un comentario

DE VIDELA A MACRÌ. PODER ECONOMICO, DEL GOLPISMO A LA DEMOCRACIA – Horacio Verbitsky


CUARENTA AÑOS DESPUÈS

Por primera vez en un siglo de democracia representativa con voto universal y secreto, un partido de la derecha patronal llega al gobierno en forma legal. Si 2016 no es 1916, tampoco puede equipararse a 1976, cuando los mismos intereses impusieron a sangre y fuego la remodelación de la sociedad argentina. De Videla a Macrì, un largo y accidentado camino. La Procuración General y el caso Avila: los límites que no pueden evadirse en democracia. Los juicios y el poder económico.

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Por Horacio Verbitsky
El próximo jueves, por primera vez en el siglo transcurrido desde que se celebran elecciones por el voto universal y secreto, un partido de la derecha patronal alcanzará el gobierno por medios legales y no derribando a golpes instituciones y derechos. El miércoles pasado, Cristina Fernández de Kirchner promulgó en la EXma la ley 27217 que crea en el ámbito del Congreso una Comisión Bicameral “de Identificación de las Complicidades Económicas y Financieras durante la última dictadura militar”. Al día siguiente, se presentó en el auditorio Emilio Mignone de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) un monumental informe de mil páginas sobre la responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Un ejemplar ya fue entregado al fiscal general Jorge Auat, titular de la Procuradoría de crímenes contra la humanidad del Ministerio Público y a su adjunta Carolina Varsky, y la semana próxima recibirá el suyo el diputado Héctor Recalde, autor del proyecto por el que se creó la Comisión Bicameral. La relación entre estos hechos es evidente, pero indirecta, porque ni 2016 es 1976, ni Macrì es Videla, por más que representen intereses afines, aunque no idénticos. Es difícil imaginar un momento más oportuno que ahora para una reflexión al respecto. El objeto de la Comisión Bicameral será “la búsqueda de la verdad, la memoria, la justicia, la reparación y el fortalecimiento de las instituciones de la democracia”. Su informe final describirá las consecuencias de las políticas económica, monetaria, industrial, comercial y financiera de entonces e identificará a los actores económicos y técnicos que “contribuyeron y/o se beneficiaron” con esas políticas.

Responsables, no cómplices

El trabajo de investigación fue realizado en forma conjunta por el programa Verdad y Justicia del ministerio de Justicia y Derechos Humanos, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, el área de economía y tecnología de FLACSO y el CELS. La responsable del Programa Verdad y Justicia, Elizabeth Gómez Alcorta, dijo que se relevaron fuentes documentales, de prensa, bibliográficas y judiciales, nacionales y provinciales, de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, de los ministerios de Defensa y de Trabajo y de las instituciones parte de la investigación. Se compiló un listado inicial de 200 empresas cuyos trabajadores fueron víctimas de la represión del terrorismo de estado, de las cuales se seleccionaron luego 25, de distintas actividades económicas y regiones del país, a las que el Ejército atribuyera importancia especial. El equipo de trabajo describió los distintos aportes empresariales que habilitaron, exacerbaron o facilitaron la comisión de los delitos y cuantificó en qué cantidad de casos se produjo cada uno de esos aportes. La práctica más frecuente fue en nueve de cada diez casos el despido, la renuncia forzada y el secuestro de obreros activistas. Le siguieron, en orden decreciente la entrega a las fuerzas represivas de listas de delegados e información privada de los trabajadores; la presencia y actividad militar de control, supervisión y amedrentamiento dentro de las fábricas; la designación de oficiales de las Fuerzas Armadas o de Seguridad en cargos directivos en las empresas; la infiltración de agentes de Inteligencia entre los trabajadores; los operativos militares dentro de los predios fabriles; la presencia de cuadros empresariales en las detenciones secuestros o torturas a sus trabajadores; la instalación de las fuerzas represivas dentro de las fábricas; el empleo de vehículos de la empresa en operativos de detención y secuestro; el control del ingreso a la planta por fuerzas militares; la intervención militar en conflictos a solicitud de los directivos de las empresas; la detención de trabajadores en el camino entre la empresa y su domicilio y, en uno de cada cuatro casos, el funcionamiento de campos clandestinos de concentración en establecimientos de la empresa. Todo esto impide referirse a complicidad o participación en delitos cometidos por otros, ya que lo que existió fue responsabilidad de un sector patronal en los crímenes cometidos contra sus trabajadores. Eduardo Basualdo consideró que esta caracterización constituye un salto cualitativo en el conocimiento de la participación empresarial en la dictadura, que destruyó la industria y el empleo y abrió paso a un nuevo patrón de acumulación de capital basado en la valorización financiera. El subsecretario de política criminal Luciano Hazan destacó que no basta con el compromiso del presidente electo de no interferir con el avance de los juicios, ya que cuando se trata de la patronal la reticencia de los jueces requiere de un compromiso activo del Estado, a través de sus distintas dependencias, relevando y suministrando información. Y el secretario de derechos humanos Martín Fresneda hizo una semblanza emocional de su padre, detenido-desaparecido en la trágica Noche de las Corbatas por ser abogado defensor de trabajadores. El mismo día fue asesinado Norberto Centeno, coautor de la ley de contrato de trabajo, una de las primeras que avasalló la Junta Militar. Al concluir la dictadura la participación de los trabajadores en el ingreso había caído al 22 por ciento, el mismo porcentaje del peso de la industria (que perdió 20 mil fábricas) en el total de la economía. Ése fue el programa regresivo que no pudieron implantar en 1955 ni 1966, y que en 1976 requirió el empleo de una fuerza sin límites para quebrar esa resistencia y golpear las bases materiales de un proyecto nacional y popular.

Tomar distancia

Tanto en el informe de la CONADEP de 1984 como en el juicio a las Juntas Militares de 1985, se incluyeron varios casos de complicidad empresarial. Pero la política criminal de entonces sólo permitía avanzar contra quienes ejercieron la comandancia en jefe de alguna de las tres Fuerzas Armadas. El gobierno era débil y el neoliberalismo prevalecía en el mundo, con Ronald Reagan y Margaret Thatcher en su apogeo. No obstante, el presidente Raúl Alfonsín consiguió con estas herramientas interrumpir el círculo vicioso de los golpes de Estado. Ocupados en defenderse ante los tribunales, los militares no tuvieron tiempo y ánimo para opinar de la política económica o cultural, sobre el largo de las faldas de las mujeres y el pelo de los hombres como venía ocurriendo desde 1930. Ese diseño contribuyó a aislar a los ex Comandantes que fueron abandonados por sus socios civiles. El 22 de abril de 1985 se realizó la primera audiencia del juicio a Videla, Massera & Compañía. La noche anterior, el presidente recibió en Olivos a quince grandes empresarios, a quienes por entonces se conocía como capitanes de la industria. Introducidos en el entorno presidencial por el canciller Dante Caputo, aseveraron que sólo concebían el desarrollo de sus empresas dentro del sistema democrático por lo que no harían nada para obstaculizar el juicio. Luego reclamaron un cambio drástico de política, cuyo costo sólo podía ser asumido por el Presidente. Su ministro económico Bernardo Grinspun, tal vez sin mayor comprensión de los cambios estructurales producidos pero con indudable buena fe, había querido reparar el tejido industrial desgarrado durante la dictadura y la respuesta que halló fue una creciente inflación. El presidente convocó a un acto en defensa de la democracia en peligro, pero su discurso ante la multitud que acudió en su auxilio proclamó la economía de guerra contra el salario, que se concretaría con la remoción de Grinspun y el Plan Austral. Una flamante procesadora de texto apareció de un día para otro en la Cámara Federal, que hasta entonces tenía escasos recursos para llevar a cabo su tarea descomunal. La versión que circulaba en los tribunales era que se trató de una gentileza del grupo Bulgheroni. El 29 de mayo de 1991, ya retirado de la Justicia, el camarista y luego Procurador General Andrés D’Alessio, reveló su verdadero origen. Uno de los miembros del tribunal, Jorge Valerga Aráoz, le preguntó a su amigo Osvaldo Pérez Cortés quién podría prestarles un equipo moderno. Pérez Cortés presidió la Comisión de Informática del Poder Judicial de la Nación durante la dictadura, fue vicepresidente de la Asociación Argentina de Informática Jurídica durante 1983 y 1984 y Gerente Legal de Asuntos Contractuales y Contencioso Administrativo de Sideco Americana, desde marzo de 1984. En respuesta a la consulta de Valerga Aráoz, Pérez Cortés regaló la procesadora de texto a la Cámara Federal en nombre de Sideco Americana. Su gerente general era Maurizio Macrì. No es de extrañar que la investigación a los instigadores, cómplices y beneficiarios civiles de la dictadura no fuera contemplada ni siquiera en el considerando 12 y el punto 30 de la sentencia de 1985, que ordenó el enjuiciamiento no sólo de los ex Comandantes sino también “de los oficiales superiores que ocuparon los Comandos de Zonas y Subzonas de Defensa”, de “todos aquellos que tuvieron responsabilidad operativa en las acciones”, de “quienes por su ubicación en la cadena de mandos conocieron de la ilicitud del sistema”, o cometieron hechos aberrantes o atroces. Ni una palabra del poder económico. El juicio pudo realizarse sin riesgo de descarrilamiento institucional pero dejó una democracia castrada que no supo, no quiso o no pudo demasiadas cosas fundamentales. Luego de la bancarrota del gobierno radical, que debió dejar el poder antes de tiempo en medio de una crisis hiperinflacionaria y de saqueos, los grupos económicos emergentes como el nuevo poder participaron con entusiasmo en el desguace del Estado. Cuando Carlos Menem accedió a la presidencia, Pérez Cortés fue uno de los hombres que el grupo Macrì colocó en el Poder Ejecutivo, primero como Subsecretario de Asuntos Legales de la Presidencia de la Nación y luego asesor de gabinete del Ministerio del Interior. En la actualidad, el ex camarista Valerga Aráoz es el abogado defensor de Carlos Blaquier, principal accionista de una de las empresas investigadas, el Ingenio Ledesma.

Crisis de fin de siglo

Recién cuando ese proceso hubo concluido y una acelerada fuga de capitales precipitó la crisis de fin de siglo, fue posible reabrir los juicios que Alfonsín y Menem habían cerrado con las leyes y decretos de impunidad y pensar en el análisis y eventual enjuiciamiento de la responsabilidad empresarial. Al mismo tiempo se recuperaron niveles de ocupación y de ingresos durante una sostenida reindustrialización. Según la CAME, a partir de 2003 se crearon cerca de 19.000 nuevas industrias y por cualquier medición que se consulte, la participación de los trabajadores en el producto volvió a crecer: al 51 por ciento para el inverosímil INDEC; al 39 por ciento para el centro de estudios CIFRA, de la CTA; al 42,4 por ciento según el Centro de Población, Economía y Desarrollo de la UBA(CEPED), que dirige Javier Lindenboim; al 42,9 por ciento para el Instituto Pensamiento y Políticas Públicas de la Unidad Popular, que conduce Claudio Lozano. Un trabajo que CIFRA difundió esta semana como balance de la década sostiene que “la alianza de partidos ubicados a la derecha del espectro político” que está a punto de asumir el gobierno representa a una “fracción del capital que sigue enarbolando un proyecto excluyente que ya no estaría basado en la valorización financiera sino en la producción agroindustrial bajo el paradigma sojero, así como en un nuevo ciclo del endeudamiento externo a partir de pagarle a los fondos buitre y de devaluar la moneda con el consiguiente efecto negativo sobre los salarios, la ocupación y la distribución del ingreso”.

En marzo de 1977, Rodolfo Walsh escribió en la célebre Carta Abierta a la Junta Militar que el peor crimen de la dictadura era la miseria planificada de millones, impuesta por los métodos más despiadados. Demasiado se viene hablando de las similitudes entre el gobierno de 1976 y el que comenzará el jueves. Los nombres de muchos funcionarios designados (como el jefe de personal de Telecom Marcelo Villegas que será ministro de Trabajo del Hada Buena en Buenos Aires) sugieren que los objetivos económico-sociales no son muy distintos. Pero no hay que perder de vista las diferencias. Ni el inminente oficialismo ni la nueva oposición estarán en condiciones de ignorar los límites y restricciones que la democracia impone a la derecha que por primera vez ha ganado una elección limpia, como aún antes de la asunción lo demostró el caso de Juan Cruz Avila.

1 Puede bajarse en forma gratuita en http://www.infojus.gob.ar/responsabilidad-empresarial-delitos-lesa-humanidad-tomo-represion-trabajadores-durante-terrorismo-estado-ministerio-justicia-derechos-humanos-nacion-lb000183-2015-11/123456789-0abc-defg-g38-1000blsorbil y en http://www.infojus.gob.ar/responsabilidad-empresarial-delitos-lesa-humanidad-tomo-ii-represion-trabajadores-durante-terrorismo-estado-ministerio-justicia-derechos-humanos-nacion-lb000184-2015-11/123456789-0abc-defg-g48-1000blsorbil

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06/12/2015 Posted by | Agricultura yGanadería, Economía, General, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , | Deja un comentario

Estigmatizar jóvenes (en redes y medios) – Alicia Entel


Estigmatizar jóvenes (en redes y medios)

FOTO GUADALUPE LOMBARDO

FOTO GUADALUPE LOMBARDO

Por Alicia Entel *
Cada tanto, y favorecidos por una estrategia muy bien planificada por mentores que quedan en las sombras, muchos ciudadanos, y no sólo de Argentina, muestran comportamientos ultrarreaccionarios. Estigmatizan grupos, ejercen violencia verbal y sus expresiones se viralizan en las redes y en los medios tradicionales. En estos días de la finalización del mandato presidencial de Cristina Fernández de Kirchner, más que nunca se escuchan los peores improperios a la denominación y presencia de la agrupación La Cámpora (que según el diario Clarín hasta manejaban el “servicio meteorológico”). Como si un sentimiento vil, mezcla de venganza, envidia y pensamiento reaccionario, se hubiera apropiado de cierta ola ciudadana, se dicen palabras aberrantes, se inventan historias mentirosas y hasta algunos repiten como primates supuestas irregularidades en la actividad de la militancia sin tener comprobación alguna sino que se reiteran frases –de ahí lo de primates– porque algún comunicador de moda las ha dicho. Mantengo vínculo con agrupaciones estudiantiles desde hace muchos años, miles de jóvenes pasaron por la cátedra universitaria que dirijo. Algunos han alcanzado notoriedad pública mediática, política, social, de la más diversa índole e ideario. Nadie niega que, cuando se trata de cualquier agrupación, partido u organización, puede haber habido algún personaje con renuncios. Pero cuidado, los dedos acusadores generalizan, personajes con capacidad de micrófono hablan o escriben impunemente como si se promoviera con las palabras una suerte de razzia fundamentalista contra los jóvenes militantes por el sólo hecho de serlo. Una palabra clave es “corrupción” repetida hasta el cansancio. Como si siguieran, sin saber, el manual de estilo de consultores internacionales, usan y requeteusan tal palabra abstractamente sin evidenciar fuentes que permitan la verificación, o bien, sin sonrojarse suman fuentes “truchas”. Lo que no se dice es que las acusaciones de mentirosos y corruptos, al menos en el caso argentino, configuran una cortina de humo eficaz para debilitar al contrincante ya caído ante la sociedad y a la vez para que la opinión pública no tome conciencia de los proyectos reales del vencedor que, por lo que se avizora, son, cuanto menos, de disminución de derechos. El triunfador no dice “No nos gustan esos jóvenes porque sueñan con un país más justo y con mayor redistribución de la riqueza”, no dicen “No queremos distribuir”. Apelan a la emotividad y se yerguen como sacerdotes de la misión anticorrupción. Desde ese lugar que finge pureza acusan, señalan, inventan.

Hubo una época en la que ser joven militante de izquierda –lo sé bien– era algo así como ser descendiente del diablo mismo. Se le solicitaba no hablar, no decir, o se lo molía a palos cuando intentaba acompañar una protesta. También las dictaduras se ensañaron con militantes marxistas, trotskistas y de las juventudes peronistas, entre otros, una herida aún abierta y que no va a cerrar hasta que se concreten todos los juicios contra quienes cometieron delitos de lesa humanidad.

Con menos dramatismo, muchos jóvenes de agrupaciones universitarias fueron estigmatizados. Incluso si acaso la propia agrupación había tenido actitudes cuestionables, no necesariamente ese sayo les debía caer a todos los integrantes de la organización. Sin embargo eso sucedió. Pregunten a los adultos que fueron estudiantes alfonsinistas de la Franja Morada a principios de los 90, que luego no tuvieron tribuna, se quemaron como dicen los más jóvenes, e incluso su propia agrupación cambió de nombre y que con el tiempo miraron un tanto azorados cómo por un lado continuaba el rechazo o la dispersión y, por otro, sus referentes partían a integrarse en Propuesta Republicana y se convertían en funcionarios.

Cuando las inundaciones en Santa Fe y en provincia de Buenos Aires, muchos jóvenes “K” se organizaron para colaborar con eficacia en terreno y poniendo el cuerpo como pocos lo habían hecho. Sin embargo, de eso no se habla y aún hay pintadas en la ciudad de Buenos Aires que los agravian con el “andate a trabajar”.

Más específicamente, ¿por qué se la agarran con La Cámpora? ¿Por qué hay una suerte de clisé anti k que estigmatiza a la agrupación con un facilismo impresionante? ¿Por qué se miente tanto? En realidad ¿contra quién apuntan? ¿Contra Cristina Fernández de Kirchner, su líder? ¿Y por qué motivos? ¿Porque se plantó ante los fondos buitre? ¿Porque en el mejor momento del mundo sojero pretendió que pagaran impuestos? ¿Porque propició una ley antimonopolios mediáticos? ¿Porque mejoró la vida de mucha “negrada”? ¿Porque no siguió los mandatos del país del Norte que pedía pagar ciegamente la deuda con enormes intereses? Seguramente ahora el gobierno entrante con acuerdo del establishment va a ajustar y va a decir que no le quedó otro remedio que contraer deuda porque las arcas estaban vacías y marcará culpables con la complicidad judicial. Se rasgarán las vestiduras y, nuevamente, hablarán de corrupción. No les creamos. Ya constituye una acusación leit motiv hacia todos los gobiernos populares de Latinoamérica. La verdad no dicha es que en silencio los acusadores pseudopuristas volverán a hacer negocios con la banca internacional ganando probablemente muy buenas comisiones, y, para colmo, perfeccionarán narraciones emotivas, con la invención de culpables. Una vez Cristina dijo, como al pasar, si me pasa algo miren al Norte. Recordémoslo. El estigma corre por todos lados, y muchas veces, como ahora recala en los jóvenes y en su líder. Sin dramatismo, con humor, con los ojos bien abiertos, con mirada solidaria, y mucha presencia en el espacio público, proclamemos libertad de pensamiento y no les creamos.

* Docente e investigadora Fac. de Ciencias Sociales. UBA.

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02/12/2015 Posted by | Educación, General, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , | 2 comentarios