America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Resistiré – El coro de Magnetto


Resistiré – El coro de Magnetto

04/09/2012 Posted by | Arte, General, Humor, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized, Videos | | Deja un comentario

¿Qué significa (hoy) El Eternauta? Por José Pablo Feinmann



La derecha ignorante y torpe que pretende gobernar en la Argentina ha cometido otro de sus grandes desatinos. Más grave que el del policía Palacios con el que pretendía cuidar nuestra seguridad. Más grave que la designación del desdichado y resentido Abel Posse, lleno de odio hacia los jóvenes. No, este error ofende profundamente a nuestra cultura y a la concepción de la defensa de la vida en la Argentina.

Aclaremos: ¿por qué El Eternauta es el símbolo de los nuevos jóvenes y también de los veteranos como el que escribe esta nota? Oesterheld nace en 1919. Fue el maestro de nuestra generación. De la generación que creció durante los años cincuenta. Hizo las mejores historietas (o literatura dibujada, como exactamente definió ese arte Oscar Masotta) de esos años. Primero en la revista Misterix, luego en Hora Cero y Frontera. Sé que esto no significa nada para el político joven, tan joven que lo desconoce todo, que gobierna la “culta” ciudad de Buenos Aires, que lo ha preferido dos veces contra un verdadero, auténtico intelectual como lo es Daniel Filmus. Pero eso ya está. Ahora tenemos al pibe, al hijo de un sólido hombre de negocios que ha acumulado una fortuna tan enorme que puede imponerlo todo o casi todo (aunque, según creo, no se siente muy orgulloso de su vástago, de su eterno recién venido al mundo, que ni hablar sabe, ya que tienen que soplarle al oído lo que debe decir). Detengámonos en este aspecto (no lateral) de la personalidad del joven Macri: a él le soplan al oído porque ignora el ABC del arte de la política. Simplemente estaba más cómodo en las farras de los noventa que en la densidad histórica de la América latina del siglo XXI. Como a él le tienen que “soplar”, supone que a los jóvenes de La Cámpora o del Movimiento Evita y otras agrupaciones también “les soplan”. Les soplan los perversos que quieren hacer de ellos otra cosa de lo que deberían ser. Y ellos (al ser ya eso que no “deberían ser”, al haber sido sometidos por el Mal) les “soplan” a los otros niños lo que a ellos les soplaron, tratan de convertirlos en lo que ellos son, tratan de infiltrarse en sus mentes. La palabra infiltración es la palabra fundante de la derecha, sobre todo en el campo de la educación. Cuando mataron (en 1976) a los curas palotinos de la iglesia de San Patricio, los carniceros escribieron en las paredes: “Esto les pasa por envenenar las mentes de nuestros jóvenes”. Uno se pregunta: ¿no harían lo mismo si pudieran? Posiblemente: la derecha es tan cruel como cada coyuntura se lo permite. Ya habrá algún organismo que tiene bien anotados en un fichero infame los nombres de los que tratan (hoy) de robarles lo que “esencialmente” les pertenece: la Patria, que es “la casa”. Y si algo quieren es eso: que no les tomen la casa.

Veamos: tratemos de que el pibe entienda. Oesterheld (salvando las terribles barreras ideológicas) fue, para mi generación, nuestro Walt Disney. Sólo que no era macartista, ni la jugaba para el lado del imperio. Pero fue alguien que deslumbró, que iluminó nuestra imaginación, que la disparó hacia lo infinito. Hoy, todavía, yo podría dibujarle al pibe un Sargento Kirk en menos de cuatro minutos. Me inscribí en una Escuela de Dibujo, a los seis o siete años, para poder hacerlo. También podría dibujarle un Pato Donald, porque también lo amé de niño, y a Mickey (menos) y al Super Ratón: muchísimo. (Le puedo dibujar un Súper Ratón en tres minutos. Cuando quiera se lo hago. Así se entretiene con héroes que le seguirán gustando, ya que puede entender sus adorables andanzas, no las de Juan Salvo. No se preocupe: a mí también me gustan, ya que nunca dejaré de ser un niño.) Pero (además de serlo) crecí, sufrí, me hice hombre y nunca olvido, sobre todo, a Juan Salvo y sus compañeros. Primero me enamoré del Sargento Kirk, un desertor del Séptimo de Caballería que tomaba una decisión que marcaría su vida: elegía estar con los indios y no con su ejército. Elegía estar del lado de los indios. Vea, eso nos enseñó Oesterheld: a estar del lado de los indios, de los que siempre pierden, de los desplazados, de los masacrados, de las víctimas. Max Horkheimer decía: “Sólo una historia merece ser escrita: una que siempre mire desde el lado de las víctimas”. (Otro día le explico quién fue Max Horkheimer. ¡No le voy a hablar de la Escuela de Frankfurt cuando está en juego la vida del Eternauta!)

Hacia fines de los cincuenta (vea, fue el 4 de septiembre de 1957), en Hora Cero, aparece El Eternauta. La historieta era más que novedosa. Ante todo, sucedía en nuestro país, en Buenos Aires. Por esos años estábamos también subyugados por las revistas mexicanas. Que copiaban a las de EE.UU. y traían a los personajes de los dibujos animados. Pero esto era distinto, otra cosa. Era una historieta “para grandes”. Oesterheld ya nos sentía crecidos. Y nos largaba El Eternauta para que entendiéramos las asperezas de la vida. Juan Salvo (el argumento se sabe) juega al truco con sus amigos en la buhardilla de su casa. Empieza a nevar. Esa nevada mata. En 1982, en SuperHumor, escribí una nota que se llamaba “La nieve de la muerte cae para todos”. Ya identificaba a la nevada asesina con la dictadura de Videla. En 1981, en Medios y Comunicación, Juan Sasturain había publicado su memorable Carta al Sargento Kirk. Cuando le habla de Oesterheld, el viejo, le dice que le fue mal. Que siguió siempre eligiendo a los indios. Pero “perdió amigos, el buen nombre en las editoriales, cuatro hijas. No es mucho en un país lleno de sangre; es demasiado para un hombre solo”. A partir de 1975 (le aclaro, pibe, para que vea qué difícil es todo), no estuve de acuerdo con los indios a los que se unió Oesterheld. Me fui con otros. Pero el Gran Cacique se había muerto y la confusión era muy grande. Entre otros motivos, porque el Gran Cacique también se había equivocado, y mucho. Decían que estaba enfermo. Pero su enfermedad tenía una sintomatología que siempre lo llevaba a cagarnos a nosotros, los indios jóvenes que lo habían traído al país. No sé si hay síntomas de izquierda o de derecha, pero le aseguro que los del viejo eran de derecha. Y que nos jodió fiero. Sin embargo, Oesterheld siguió con otros pequeños caciques de una pequeña tribu a la que ya no seguían las grandes mayorías de las grandes tribus que el Gran Caudillo, al menos, había sabido convocar. En fin, ésta es una cuestión interna. A usted le interesa otra. Que no les arruinen la mente a sus pibes, ahí, en las escuelas. Le cuento un poco más. Sasturain termina su Carta a Kirk de un modo positivo y (¡ya lo creo!) corajudo para los años que corrían: lo invita a volver a luchar. “Supongamos (…) que hay algo urgente por hacer y con sentido: salvar a la muchacha, defender a los indios o cualquier otra causa abierta. En eso estamos.” La nieve que empieza a caer en marzo de 1976 cae para todos y a todos mata. No pregunta, asesina. No hay justicia. Ni para los indios que eligieron pequeños caciques que se fueron a pelear desde la distancia, una gran, gran distancia protectora. Ni para los indios que murieron en insensatas contraofensivas que los soldados de la caballería enemiga, racista y criminal exterminó de la peor manera. Ni para los indios que no teníamos caciques, pero tampoco paz. Porque estábamos en el país de la muerte. Ese país era el de nueva nevada. Todos los que la nieve mataba eran inocentes. Porque la nieve asesina no preguntaba, no tenía ni respetaba leyes; culpables eran todos. Mataba sin juicio previo. Sin fiscales ni defensores. Y los indios que caían no regresaban jamás. Sus familias pedían por ellos y nada. No había un cuerpo sobre el que llorar. Una tumba donde ofrecerle reposo y llorarlo y hasta rezarle o hablarle, locamente hablarle. Así se fue Oesterheld. Se lo llevaron, lo desaparecieron. Y a sus cuatro hijas: Beatriz (19 años), Diana (24), Estela (25) y Marina (18). En cautiverio, se dice (y seguramente es cierto: aunque, ¿puede usted concebir un sadismo tan exasperado, pibe, cree que algo de esto yace en cualquier mensaje que provenga de El Eternauta o del Nestornauta que tan obsedido lo tiene?), le mostraron, con macabra prolijidad, las fotos de los cadáveres de sus cuatro hijas. ¿Cuánto tiene que sufrir un hombre? ¿Cómo la bestialidad humana, el asqueante sadismo, el placer por el dolor del otro, pueden llegar a atrocidades tan inconcebibles? Acláreme ese punto, por favor.

Nuestra generación amó a Héctor Oesterheld y se crió leyendo sus excepcionales historias, su literatura dibujada. Ahora, mañana mismo, voy a seguir dando un curso que trata sobre la literatura en tanto compromiso político. Los grandes autores que he elegido son: Borges, Walsh y Oesterheld. Creo que es la primera vez que Héctor Germán está ubicado donde merece: entre los más grandes escritores de nuestro país. El Eternauta es, para nosotros, el símbolo del héroe que lucha junto con sus amigos contra la Muerte. Luego conocimos esa Muerte. La padecimos. Perdimos amigos. Familiares, muchos se fueron. O fuera del país o arrojados vivos al Río de la Plata, cuyas aguas, desde entonces, son símbolo de la muerte. Los hijos de nuestra generación encontraron –por fin– un político que les pareció primero confiable, luego querido y después se les murió. Ese político –en un 25 de mayo de 2005– dio un discurso y la televisión lo tomó en primer plano y detrás de él estaba… ¡la madre del Eternauta! ¿Puede creerlo, pibe? Estaba Elsa Sánchez de Oesterheld, que lloró a su marido (al que culpó durante mucho tiempo y al que luego entendió y hoy ha vuelto a amarlo), que lloró a sus cuatro hijas, a un yerno y a un nieto. Estaba porque ese político sabía quién era. Nadie, ningún periodista, al día siguiente, sacó una nota sobre el hecho. No reconocieron a Elsa. Yo sí, y seguramente otros también. Pero –para alegría de Elsa, que tanto necesita alegría y vida y afecto, en fin: que la amen– publiqué al día siguiente, en este diario por supuesto, una contratapa que se llamaba: Elsa en el palco del 25. Vea, pibe, si de ahí, al menos inconscientemente hubiera surgido un empujón, aunque pequeño, que llevara –con justicia– a identificar a ese político (usted sabe: a Néstor Kirchner, que también se les murió a los jóvenes que tanto lo lloraron) con El Eternauta estaría tan orgulloso que el corazón me golpearía el pecho como un caballo desbocado. (¿Sabe la fuerza, la potencia de un caballo desbocado? Pregúnteles a sus amigos de la Sociedad Rural, que tanto bendijo el golpe que nos llevó a Oesterheld.)

En fin, para resumir y que usted (y quienes lo rodean o, absurdamente, creen que usted puede gobernar si no le soplan) entiendan algo: El Eternauta fue el símbolo de mi generación, de esa “generación diezmada” que Kirchner mencionó en su primer discurso, y los jóvenes de hoy lo saben y han decidido que también sea el de ellos; el símbolo, ¿no? El símbolo de la lucha por un país más justo, más libre, más democrático, que respete de una vez para siempre a todos los indios, a todos los morochos y a toda la buena gente. Ese es el mensaje. Eso significa el tan temido (por usted y sus consejeros: porque usted, y disculpe, sin consejeros: nada) Nestornauta. Nada mejor que ese mensaje de vida y de respeto por el otro. Y de amor por la política como medio de transformar un mundo a todas luces injusto, el mundo que usted representa, y de transformarlo sin violencia (porque la lección se aprendió: con la violencia se pierde porque es el arma más poderosa de los soldados y tienen muchas y tienen una crueldad y un desdén por la vida que nadie de los de este lado podrá tener jamás) y con respeto por los otros y por la igualdad, por la justicia, por el mundo de los héroes anónimos pero unidos, por los héroes como El Eternauta. Ojalá estas líneas sirvan para que usted comprenda a los jóvenes de hoy, que no son los que están de su lado. Aunque, tal vez, hasta ellos entiendan y se vengan para aquí, para el lado de los indios, de los hijos de las víctimas. De Oesterheld.
Página 12

27/08/2012 Posted by | Arte, Educación, General, Historia, Justicia, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , | 4 comentarios

El cogobierno de las empresas de Macri en los noventa y el negocio de las privatizaciones.


El cogobierno de las empresas de Macri en los noventa y el negocio de las privatizaciones..

08/08/2012 Posted by | Arte, Educación, General, Justicia, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , | 2 comentarios

Psicología :: Tú me acostumbraste (Bolero)


Página/12 :: Psicología :: Tú me acostumbraste.

20/07/2012 Posted by | Arte, General, Psicologia, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , | Deja un comentario

Ese amigo del alma – Hasta siempre Juan Alberto!


30/06/2012 Posted by | Arte, General, Poemas de Autor, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized, Videos | , , , | Deja un comentario

Para León Gieco, los caceroleros son “pelotudos” y Moyano un “hipócrita”


Para León Gieco, los caceroleros son “pelotudos” y Moyano un “hipócrita” | La Razon.

24/06/2012 Posted by | Arte, General, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , | Deja un comentario

El que murió peleando vive en cada compañero!!


03/06/2012 Posted by | Arte, Educación, General, Historia, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , | Deja un comentario

Neutrales


SOY UN CASO PERDIDO

Por fin un crítico sagaz reveló
(ya sabía yo que iban a descubrirlo)
que en mis cuentos soy parcial
y tangencialmente me exhorta
a que asuma la neutralidad
como cualquier intelectual que se respete

creo que tiene razón
soy parcial
de esto no cabe duda
más aún yo diría que un parcial irrescatable
caso perdido en fin
ya que por más esfuerzos que haga
nunca podré llegar a ser neutral

en varios países de este continente
especialistas destacados
han hecho lo posible y lo imposible
por curarme de la parcialidad
por ejemplo en la biblioteca nacional de mi país
ordenaron el expurgo parcial
de mis libros parciales
en Argentina me dieron cuarenta y ocho horas
(y si no me mataban) para que me fuera
con mi parcialidad a cuestas
por último en Perú incomunicaron mi parcialidad
y a mi me deportaron

De haber sido neutral
no habría necesitado
esas terapias intensivas
pero qué voy a hacerle
soy parcial
incurablemente parcial
y aunque pueda sonar un poco extraño
totalmente
parcial

ya sé
eso significa que no podré aspirar
a tantísimos honores y reputaciones
y preces y dignidades
que el mundo reserva para los intelectuales
que se respeten
es decir para los neutrales
con un agravante
como cada vez hay menos neutrales
las distinciones se reparten
entre poquísimos

después de todo y a partir
de mis confesadas limitaciones
debo reconocer que a esos pocos neutrales
les tengo cierta admiración
o mejor les reservo cierto asombro
ya que en realidad se precisa un temple de acero
para mantenerse neutral ante episodios como
girón
tlatelolco
trelew
pando
la moneda

es claro que uno
y quizá sea esto lo que quería decirme el crítico
podría ser parcial en la vida privada
y neutral en las bellas letras
digamos indignarse contra Pinochet
durante el insomnio
y escribir cuentos diurnos
sobre la atlántida

no es mala idea
y claro
tiene la ventaja
de que por un lado
uno tiene conflictos de conciencia
y eso siempre representa
un buen nutrimento para el arte
y por otro no deja flancos para que lo vapulee
la prensa burguesa y/o neutral

no es mala idea
pero
ya me veo descubriendo o imaginando
en el continente sumergido
la existencia de oprimidos y opresores
parciales y neutrales
torturados y verdugos
o sea la misma pelotera
cuba sí yanquis no
de los continentes no sumergidos

de manera que
como parece que no tengo remedio
y estoy definitivamente perdido
para la fructuosa neutralidad
lo más probable es que siga escribiendo
cuentos no neutrales
y poemas y ensayos y canciones y novelas
no neutrales
pero advierto que será así
aunque no traten de torturas y cárceles
u otros tópicos que al parecer
resultan insoportables a los neutros

será así aunque traten de mariposas y nubes
y duendes y pescaditos

Mario Benedetti

03/06/2012 Posted by | Arte, Educación, General, Poemas de Autor, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Solidaridad, Uncategorized | , , | Deja un comentario

Docentes de talleres culturales denuncian “el vaciamiento” por parte del Gobierno de la Ciudad


¡MACRI DESTRUCTOR SERIAL DE LA CIUDAD, DE LA EDUCACIÓN Y DE LA SALUD!

Télam – Docentes de talleres culturales denuncian "el vaciamiento" por parte del Gobierno de la Ciudad.

31/05/2012 Posted by | Arte, Educación, General, Justicia, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , | Deja un comentario

Homenaje a Atahualpa Yupanqui a 20 años de su muerte



by soydondenopienso

21–05–2012 / A 20 años de su muerte, la figura de Atahualpa Yupanqui – acaso el mayor paisajista de nuestra música popular -, expresa una contradicción que denuncia un modo asumir la propia cultura: aquella que opone la inmensidad de su obra con el desprecio que persiste por evocarla.

La resonancia antigua e indígena de la guitarra; la sencillez de las coplas; la belleza austera las progresiones armónicas; y los arpegios pesados; trazaron el perfil de un artista del que el miércoles se cumplirán dos décadas de su muerte, en Nimes, Francia, en 1992.

Su obra, alejada de los guiños de la industria, permanece intacta en el imaginario colectivo: “La añera”, “Camino del indio”, “Zamba del grillo”, “Luna tucumana”, “Guitarra dímelo tú”, entre tantos, invitan a desentrañar la distancia que se insinúa entre lo popular y lo masivo, entre la sencillez y el verso moldeado para el mercado.

Su técnica, su poética y su valor fundacional en la evolución de la música popular lo convirtieron en la figura por excelencia del tradicionalismo folclórico; pero el vigor de su gesto artístico fue suficiente para sepultar toda categoría de frontera.

En su voz abrevan las expresiones contemporáneas más sensibles del folclore; las que se complacen en la repetición y las que se entregan a la evolución.

Atahualpa nació el 31 de enero de 1908 en un paraje del partido bonaerense de Pergamino, pero su música abrazó acentos regionales que desbordaron a la zona pampeana.

Su nombre real fue Héctor Roberto Chavero Haram, pero desde la infancia se bautizó como Atahualpa en referencia al cacique inca; el apellido Yupanqui se incorporó luego y su sonoridad remite, en quechua, al que viene de tierras lejanas para decir algo.

Hijo de padre ferroviario, Atahualpa estudió violín y guitarra desde los seis años con el profesor Bautista Almirón, que le presentó un horizonte distante del mundo rural que lo circundaba.

Los preludios de Fernando Sor y las transcripciones de Schubert, Liszt, Beethoven, Bach, Schumann lo encandilaron de inmediato.

Sin embargo, Yupanqui iba a formar un lenguaje propio con el que alcanzó a atrapar caminos, paisajes, relatos de la vida cotidiana.

“Los días de mi infancia transcurrieron de asombro en asombro, de revelación en revelación”, recordó alguna vez.

La temprana muerte de su padre lo cargó de obligaciones y, en 1917, se trasladó con su familia a Tucumán.

Practicó tenis y boxeo; ejerció el periodismo, pero su oficio de cantor no demoró en aflorar: a los 19 compuso “Camino del indio”, una canción simple de su infancia tucumana que luego se convirtió en un himno de la indianidad.

En el tiempo del primer peronismo fue perseguido y encarcelado por su afiliación al Partido Comunista, que declinó años después.

“Estuve varios años sin poder trabajar en Argentina… Me acusaban de todo, hasta del crimen de la semana que viene. Desde esa olvidable época tengo el índice de la mano derecha quebrado. Buscaban deshacerme la mano pero no se percataron de un detalle: me dañaron la mano derecha y yo, para tocar la guitarra, soy zurdo. Todavía hoy, a varios años de ese hecho, hay tonos como el Si menor que me cuesta hacerlos”, relató años más tarde.

En aquel tiempo de hostilidades alumbró “El payador perseguido”, una de sus obras más recordadas.

“Por fuerza de mi canto/ conozco celda y penal/ Con fiereza sin igual/ más de una vez fui golpeao y al calabozo tirao/ como tarro al basural”, rezaba.

En 1949 buscó un aire nuevo en tierras europeas, donde logró el cobijo artístico de Edith Piaf y encontró el éxito internacional.

Volvió en 1952, con sus intereses políticos en declive, la compañía de su esposa Paule Pepin Fitzpatrick, “Nenette” (su colaboradora artística bajo el pseudónimo de Pablo del Cerro) y la idea de radicarse en la ciudad cordobesa de Cerro Colorado.

La obra de Atahualpa se popularizó en los años 60 con el impulso de Jorge Cafrune y Mercedes Sosa, que grabaron sus composiciones.

Registró 325 canciones entre las que sobresalen “La alabanza”, “El arriero”, “Basta ya”, “Coplas del payador perseguido”, “Los ejes de mi carreta”, “Le tengo rabia al silencio”, “Piedra y camino”, “Viene clareando”, entre más.

Alumbró también la novela “Cerro Bayo”, luego tomada como guión para la cinta “Horizontes de Piedra” con papel protagónico del propio Yupanqui.

En 1992 viajó a Francia para actuar en Nimes, donde se indispuso y falleció el 23 de mayo. Sus cenizas fueron esparcidas en Cerro Colorado.

Lo envolvía mirada pesimista. Ya en 1936 había sentenciado:

“En Buenos Aires el folclore seguirá siendo para algunos una misión, para otros algo que está de moda, y para la gran mayoría una industria”.

Su obra puede interpelarse desde registro paisajístico, el verso de protesta, la prédica nacionalista o el gesto político.

Atraviesa lenguajes, estilos e ideologías. Un artista sin edad ni tiempo.

22/05/2012 Posted by | Arte, Educación, General, Poemas de Autor, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized, Videos | , , , , | Deja un comentario