America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

0800-BUCHON


0800-BUCHON

Francisco “Tito” Nenna *
Una pesadilla que educa en el miedo

El 0800 dispuesto por el ministro de Educación local, Esteban Bullrich, y defendido sin vergüenza por el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, no es una medida aislada de una gestión sin rumbo sino un engranaje más de una administración con una matriz profundamente autoritaria y fascista. Sucesor del pedagogo Mariano Narodowski y el inefable Abel Posse, Bullrich no contrató en la cartera al espía Ciro James ni despotricó contra el rock, pero en 2010 instrumentó un memorándum para que los directores de escuelas enviaran a las comisarías listas negras con los nombres de los estudiantes que tomaban establecimientos educativos para reclamar mejores condiciones edilicias.

El ingeniero en sistemas y el alcalde procesado implementaron una medida aberrante por donde se la mire y la justifican bajo el chantaje de que El Eternauta posee una carga ideológica y partidaria, como si la resolución que el PRO impuso a los colegios para que en cada acto patrio se entonaran las estrofas del himno a Sarmiento estuviera desprovista de cualquier remisión política y facciosa. Aparentemente, hace falta que los maestros le expliquen a Bullrich que el mundo no obedece a códigos binarios y que la construcción del conocimiento no se genera sobre jergones impolutos y rodeados de probetas lustradas con asepsia científica, sino que las comunidades educativas trascendieron hace décadas la figura del docente subido a las tarimas y elaboran las tramas de aprendizaje bajo la comprensión de que en los pupitres no hay recipientes vacíos ni tábulas rasas.

Cada estudiante es un sujeto de derecho que piensa, siente y expresa una manera de habitar el aula, los pasillos de la escuela y el mundo mismo. Suponer que una experiencia lúdica llena la cabeza de un adolescente con ideas ajenas a la currícula no sólo revela la falta de preparación que el actual ministro tiene para el cargo que ejerce, sino que demuestra que, al igual que Narodowski y Abel Posse, Bullrich apuesta a educar en el miedo.

En definitiva, Macri no rechaza la obra de Oesterheld ni el taller de La Cámpora por su contenido –y no sólo porque jamás leyó esa historieta– sino que se rasga las vestiduras porque lo atemoriza que los jóvenes se sacudan los chalecos de fuerza impuestos por la propaganda mediática que lo exhibe como el jefe de Gobierno que resiste a la adversidad colocando baldosas en homenaje a Ricardo Arjona. Porque el proyecto del PRO no es otra cosa que la reducción de la política a la administración de los recursos estatales en favor de los grupos económicos y la difusión de la foto glamorosa por Twitter, mientras la Policía Metropolitana arremete en el Hospital Borda o Ravi Shankar desembarca en el distrito porteño para hablar del amor en la ciudad más desigual del país.

En ese magma, Bullrich es la innegable continuidad represiva y persecutoria inaugurada por Narodowski y Posse, eyectados del ministerio por las mismas virtudes que el sucesor esculpe a diario en su derrotero. El problema que Macri acusa, así, no es El Eternauta sino el resplandor de una juventud que se planta, unida y organizada, ante la fosforescencia mezquina de la última chance que barajan los nostálgicos del neoliberalismo para someter la Argentina a las pesadillas con las que siempre se enriquecieron.

* Legislador porteño por el Frente para la Victoria.

Alejandro Demichelis *
¡Nunca más!

Las trabajadoras y trabajadores de la educación de la Ciudad de Buenos Aires dimos ayer una “clase magistral”, demostrándole al jefe de Gobierno que tenemos memoria, que no dejaremos que el amedrentamiento, la persecución y el miedo entren nuevamente en las escuelas públicas.

Demostramos que no toleramos autoritarismo, listas negras, mordazas, líneas telefónicas delatoras, separación de cargos a docentes por decir lo que piensan.

Tenemos en nuestra historia a Isauro Arancibia, Américo Marchetti, Marina Vilte, los pibes de La Noche de los Lápices, al gran maestro militante Alfredo Bravo y a Carlos Fuentealba.

Tenemos a las Madres, las Abuelas y los Hijos en nuestro corazón, en nuestras palabras y en nuestras acciones.

Ayer le dijimos Nunca Más a la política de derecha, a esa que quiere silenciar, a la que le molesta el disenso, a la que castiga, a la que no entendió que la noche de la dictadura quedó atrás, que seguiremos luchando comprometidamente por una educación pública nacional, popular y democrática.

* Secretario de Prensa de Ctera.

Enrique C. Vázquez *
Cuestión de política

La puesta en funcionamiento de un 0800 por parte del Gobierno de la Ciudad para que cualquiera denuncie la difusión de ideas políticas en las escuelas constituye una medida que debería preocupar a todo aquel que comulgue con valores democráticos y republicanos.

Desde un punto de vista formal, la iniciativa del Ministerio de Educación no se corresponde con los mecanismos habituales para recibir reclamos y revisar situaciones problemáticas en el sistema educativo.

Si el ministro Bullrich quisiera saber si en un colegio de la ciudad hay militantes políticos que realizan propaganda o actividades que, desde su óptica, son inconvenientes, debería solicitar información al director del área y, por extensión, a los supervisores y directivos escolares. Y si un miembro de la comunidad está en desacuerdo con alguna actividad que se desarrolla dentro del ámbito escolar, el camino razonable es dirigirse al colegio y plantear sus inquietudes a las autoridades del establecimiento. Habilitar un 0800 para “denunciar”, salteándose los mecanismos institucionales establecidos, parecería indicar que se descree de la voluntad de diálogo de los directivos escolares con la comunidad y del buen funcionamiento de la vía jerárquica.

Pero la cuestión de fondo es la política en las escuelas. O, mejor, cuánta y qué política se puede hacer en ese ámbito.

Recientemente llegó a las escuelas medias un instructivo que promueve y pauta la organización de los centros de estudiantes. Sin embargo, la política parece ser, para quienes gestionan la Ciudad, un peligro del que los adolescentes deberían ser preservados.

Es lícito, entonces, preguntarse: ¿de qué deben ser protegidos los estudiantes? ¿De la política en general? ¿De la política partidaria? ¿Hay una forma de participación política sana (la “nueva forma” de hacer política tan declamada) y otra que debe denunciarse? ¿Cuál es el límite que separa a una de otra? ¿Es negativo para la democracia que haya partidos que difundan sus ideas? Si la política partidaria y la consecuente propagación de ideas son inherentes a la democracia, ¿que los jóvenes la aprendan y ejerciten en los colegios entraña algún riesgo? Finalmente, ¿qué Formación para la Ciudadanía vamos a enseñar de aquí en más? ¿Habrá un capítulo para ejercitar entre los adolescentes la práctica denunciadora?

La propuesta oficial parece responder más a una “sintonía fina” con la prédica de cierta prensa y reforzar su identificación con un electorado para el que “política”, “partidos”, “propaganda” resultan desagradables, que a una acción práctica efectiva para evitar la entrada de la “mala” política en los colegios.

El ministro Bullrich objetó que en las escuelas públicas se realice proselitismo político, en horario escolar y con fondos públicos. Si vamos a debatir esta cuestión, pongamos también en la balanza el adoctrinamiento ideológico-religioso-político que se realiza en los colegios confesionales de gestión privada, que funcionan con subsidios del Estado, que pagamos todos. ¿Estará evaluando el gobierno habilitar un 0800 para proteger los derechos de los jóvenes que asisten a esas instituciones?

* Vicerrector del Colegio Nº 4 D.E. 9 Nicolás Avellaneda
Página 12

01/09/2012 Posted by | Educación, General, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , | Deja un comentario

¿Qué significa (hoy) El Eternauta? Por José Pablo Feinmann



La derecha ignorante y torpe que pretende gobernar en la Argentina ha cometido otro de sus grandes desatinos. Más grave que el del policía Palacios con el que pretendía cuidar nuestra seguridad. Más grave que la designación del desdichado y resentido Abel Posse, lleno de odio hacia los jóvenes. No, este error ofende profundamente a nuestra cultura y a la concepción de la defensa de la vida en la Argentina.

Aclaremos: ¿por qué El Eternauta es el símbolo de los nuevos jóvenes y también de los veteranos como el que escribe esta nota? Oesterheld nace en 1919. Fue el maestro de nuestra generación. De la generación que creció durante los años cincuenta. Hizo las mejores historietas (o literatura dibujada, como exactamente definió ese arte Oscar Masotta) de esos años. Primero en la revista Misterix, luego en Hora Cero y Frontera. Sé que esto no significa nada para el político joven, tan joven que lo desconoce todo, que gobierna la “culta” ciudad de Buenos Aires, que lo ha preferido dos veces contra un verdadero, auténtico intelectual como lo es Daniel Filmus. Pero eso ya está. Ahora tenemos al pibe, al hijo de un sólido hombre de negocios que ha acumulado una fortuna tan enorme que puede imponerlo todo o casi todo (aunque, según creo, no se siente muy orgulloso de su vástago, de su eterno recién venido al mundo, que ni hablar sabe, ya que tienen que soplarle al oído lo que debe decir). Detengámonos en este aspecto (no lateral) de la personalidad del joven Macri: a él le soplan al oído porque ignora el ABC del arte de la política. Simplemente estaba más cómodo en las farras de los noventa que en la densidad histórica de la América latina del siglo XXI. Como a él le tienen que “soplar”, supone que a los jóvenes de La Cámpora o del Movimiento Evita y otras agrupaciones también “les soplan”. Les soplan los perversos que quieren hacer de ellos otra cosa de lo que deberían ser. Y ellos (al ser ya eso que no “deberían ser”, al haber sido sometidos por el Mal) les “soplan” a los otros niños lo que a ellos les soplaron, tratan de convertirlos en lo que ellos son, tratan de infiltrarse en sus mentes. La palabra infiltración es la palabra fundante de la derecha, sobre todo en el campo de la educación. Cuando mataron (en 1976) a los curas palotinos de la iglesia de San Patricio, los carniceros escribieron en las paredes: “Esto les pasa por envenenar las mentes de nuestros jóvenes”. Uno se pregunta: ¿no harían lo mismo si pudieran? Posiblemente: la derecha es tan cruel como cada coyuntura se lo permite. Ya habrá algún organismo que tiene bien anotados en un fichero infame los nombres de los que tratan (hoy) de robarles lo que “esencialmente” les pertenece: la Patria, que es “la casa”. Y si algo quieren es eso: que no les tomen la casa.

Veamos: tratemos de que el pibe entienda. Oesterheld (salvando las terribles barreras ideológicas) fue, para mi generación, nuestro Walt Disney. Sólo que no era macartista, ni la jugaba para el lado del imperio. Pero fue alguien que deslumbró, que iluminó nuestra imaginación, que la disparó hacia lo infinito. Hoy, todavía, yo podría dibujarle al pibe un Sargento Kirk en menos de cuatro minutos. Me inscribí en una Escuela de Dibujo, a los seis o siete años, para poder hacerlo. También podría dibujarle un Pato Donald, porque también lo amé de niño, y a Mickey (menos) y al Super Ratón: muchísimo. (Le puedo dibujar un Súper Ratón en tres minutos. Cuando quiera se lo hago. Así se entretiene con héroes que le seguirán gustando, ya que puede entender sus adorables andanzas, no las de Juan Salvo. No se preocupe: a mí también me gustan, ya que nunca dejaré de ser un niño.) Pero (además de serlo) crecí, sufrí, me hice hombre y nunca olvido, sobre todo, a Juan Salvo y sus compañeros. Primero me enamoré del Sargento Kirk, un desertor del Séptimo de Caballería que tomaba una decisión que marcaría su vida: elegía estar con los indios y no con su ejército. Elegía estar del lado de los indios. Vea, eso nos enseñó Oesterheld: a estar del lado de los indios, de los que siempre pierden, de los desplazados, de los masacrados, de las víctimas. Max Horkheimer decía: “Sólo una historia merece ser escrita: una que siempre mire desde el lado de las víctimas”. (Otro día le explico quién fue Max Horkheimer. ¡No le voy a hablar de la Escuela de Frankfurt cuando está en juego la vida del Eternauta!)

Hacia fines de los cincuenta (vea, fue el 4 de septiembre de 1957), en Hora Cero, aparece El Eternauta. La historieta era más que novedosa. Ante todo, sucedía en nuestro país, en Buenos Aires. Por esos años estábamos también subyugados por las revistas mexicanas. Que copiaban a las de EE.UU. y traían a los personajes de los dibujos animados. Pero esto era distinto, otra cosa. Era una historieta “para grandes”. Oesterheld ya nos sentía crecidos. Y nos largaba El Eternauta para que entendiéramos las asperezas de la vida. Juan Salvo (el argumento se sabe) juega al truco con sus amigos en la buhardilla de su casa. Empieza a nevar. Esa nevada mata. En 1982, en SuperHumor, escribí una nota que se llamaba “La nieve de la muerte cae para todos”. Ya identificaba a la nevada asesina con la dictadura de Videla. En 1981, en Medios y Comunicación, Juan Sasturain había publicado su memorable Carta al Sargento Kirk. Cuando le habla de Oesterheld, el viejo, le dice que le fue mal. Que siguió siempre eligiendo a los indios. Pero “perdió amigos, el buen nombre en las editoriales, cuatro hijas. No es mucho en un país lleno de sangre; es demasiado para un hombre solo”. A partir de 1975 (le aclaro, pibe, para que vea qué difícil es todo), no estuve de acuerdo con los indios a los que se unió Oesterheld. Me fui con otros. Pero el Gran Cacique se había muerto y la confusión era muy grande. Entre otros motivos, porque el Gran Cacique también se había equivocado, y mucho. Decían que estaba enfermo. Pero su enfermedad tenía una sintomatología que siempre lo llevaba a cagarnos a nosotros, los indios jóvenes que lo habían traído al país. No sé si hay síntomas de izquierda o de derecha, pero le aseguro que los del viejo eran de derecha. Y que nos jodió fiero. Sin embargo, Oesterheld siguió con otros pequeños caciques de una pequeña tribu a la que ya no seguían las grandes mayorías de las grandes tribus que el Gran Caudillo, al menos, había sabido convocar. En fin, ésta es una cuestión interna. A usted le interesa otra. Que no les arruinen la mente a sus pibes, ahí, en las escuelas. Le cuento un poco más. Sasturain termina su Carta a Kirk de un modo positivo y (¡ya lo creo!) corajudo para los años que corrían: lo invita a volver a luchar. “Supongamos (…) que hay algo urgente por hacer y con sentido: salvar a la muchacha, defender a los indios o cualquier otra causa abierta. En eso estamos.” La nieve que empieza a caer en marzo de 1976 cae para todos y a todos mata. No pregunta, asesina. No hay justicia. Ni para los indios que eligieron pequeños caciques que se fueron a pelear desde la distancia, una gran, gran distancia protectora. Ni para los indios que murieron en insensatas contraofensivas que los soldados de la caballería enemiga, racista y criminal exterminó de la peor manera. Ni para los indios que no teníamos caciques, pero tampoco paz. Porque estábamos en el país de la muerte. Ese país era el de nueva nevada. Todos los que la nieve mataba eran inocentes. Porque la nieve asesina no preguntaba, no tenía ni respetaba leyes; culpables eran todos. Mataba sin juicio previo. Sin fiscales ni defensores. Y los indios que caían no regresaban jamás. Sus familias pedían por ellos y nada. No había un cuerpo sobre el que llorar. Una tumba donde ofrecerle reposo y llorarlo y hasta rezarle o hablarle, locamente hablarle. Así se fue Oesterheld. Se lo llevaron, lo desaparecieron. Y a sus cuatro hijas: Beatriz (19 años), Diana (24), Estela (25) y Marina (18). En cautiverio, se dice (y seguramente es cierto: aunque, ¿puede usted concebir un sadismo tan exasperado, pibe, cree que algo de esto yace en cualquier mensaje que provenga de El Eternauta o del Nestornauta que tan obsedido lo tiene?), le mostraron, con macabra prolijidad, las fotos de los cadáveres de sus cuatro hijas. ¿Cuánto tiene que sufrir un hombre? ¿Cómo la bestialidad humana, el asqueante sadismo, el placer por el dolor del otro, pueden llegar a atrocidades tan inconcebibles? Acláreme ese punto, por favor.

Nuestra generación amó a Héctor Oesterheld y se crió leyendo sus excepcionales historias, su literatura dibujada. Ahora, mañana mismo, voy a seguir dando un curso que trata sobre la literatura en tanto compromiso político. Los grandes autores que he elegido son: Borges, Walsh y Oesterheld. Creo que es la primera vez que Héctor Germán está ubicado donde merece: entre los más grandes escritores de nuestro país. El Eternauta es, para nosotros, el símbolo del héroe que lucha junto con sus amigos contra la Muerte. Luego conocimos esa Muerte. La padecimos. Perdimos amigos. Familiares, muchos se fueron. O fuera del país o arrojados vivos al Río de la Plata, cuyas aguas, desde entonces, son símbolo de la muerte. Los hijos de nuestra generación encontraron –por fin– un político que les pareció primero confiable, luego querido y después se les murió. Ese político –en un 25 de mayo de 2005– dio un discurso y la televisión lo tomó en primer plano y detrás de él estaba… ¡la madre del Eternauta! ¿Puede creerlo, pibe? Estaba Elsa Sánchez de Oesterheld, que lloró a su marido (al que culpó durante mucho tiempo y al que luego entendió y hoy ha vuelto a amarlo), que lloró a sus cuatro hijas, a un yerno y a un nieto. Estaba porque ese político sabía quién era. Nadie, ningún periodista, al día siguiente, sacó una nota sobre el hecho. No reconocieron a Elsa. Yo sí, y seguramente otros también. Pero –para alegría de Elsa, que tanto necesita alegría y vida y afecto, en fin: que la amen– publiqué al día siguiente, en este diario por supuesto, una contratapa que se llamaba: Elsa en el palco del 25. Vea, pibe, si de ahí, al menos inconscientemente hubiera surgido un empujón, aunque pequeño, que llevara –con justicia– a identificar a ese político (usted sabe: a Néstor Kirchner, que también se les murió a los jóvenes que tanto lo lloraron) con El Eternauta estaría tan orgulloso que el corazón me golpearía el pecho como un caballo desbocado. (¿Sabe la fuerza, la potencia de un caballo desbocado? Pregúnteles a sus amigos de la Sociedad Rural, que tanto bendijo el golpe que nos llevó a Oesterheld.)

En fin, para resumir y que usted (y quienes lo rodean o, absurdamente, creen que usted puede gobernar si no le soplan) entiendan algo: El Eternauta fue el símbolo de mi generación, de esa “generación diezmada” que Kirchner mencionó en su primer discurso, y los jóvenes de hoy lo saben y han decidido que también sea el de ellos; el símbolo, ¿no? El símbolo de la lucha por un país más justo, más libre, más democrático, que respete de una vez para siempre a todos los indios, a todos los morochos y a toda la buena gente. Ese es el mensaje. Eso significa el tan temido (por usted y sus consejeros: porque usted, y disculpe, sin consejeros: nada) Nestornauta. Nada mejor que ese mensaje de vida y de respeto por el otro. Y de amor por la política como medio de transformar un mundo a todas luces injusto, el mundo que usted representa, y de transformarlo sin violencia (porque la lección se aprendió: con la violencia se pierde porque es el arma más poderosa de los soldados y tienen muchas y tienen una crueldad y un desdén por la vida que nadie de los de este lado podrá tener jamás) y con respeto por los otros y por la igualdad, por la justicia, por el mundo de los héroes anónimos pero unidos, por los héroes como El Eternauta. Ojalá estas líneas sirvan para que usted comprenda a los jóvenes de hoy, que no son los que están de su lado. Aunque, tal vez, hasta ellos entiendan y se vengan para aquí, para el lado de los indios, de los hijos de las víctimas. De Oesterheld.
Página 12

27/08/2012 Posted by | Arte, Educación, General, Historia, Justicia, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , | 4 comentarios

Macrismo y xenofobia


La verdadera punta del ovillo

Publicado el 14 de Diciembre de 2010

Por Eduardo Anguita
Director de Miradas al Sur. 

Lo del Parque Indoamericano pone sobre la mesa que, en los tres años de Macri, la ciudad retrocedió en materia de partidas sociales y de ejecución de esas partidas. Especialmente en la zona sur. Tanto en vivienda como en salud y educación.

 

El censo en el Parque Indoamericano servirá para detectar con bastante precisión cuánto hay de factor político y cuánto de necesidades sociales. Sin perjuicio de lo que surja de esa casuística, hay dos elementos concluyentes. El primero es que la magnitud de este conflicto se debe a que hay muertos y que se trataron de asesinatos –presumiblemente de balas policiales– destinados a crear un clima de miedo funcional a una derecha política argentina que necesita generar miedo y odio para poder instalar un discurso de cara a las elecciones de 2011. En ese sentido, Mauricio Macri decidió ser la cara visible de un intento tenebroso. Basta recordar que hace un año el jefe de gobierno puso en Educación a Abel Posse para irradiar una ideología autoritaria. Aquel fue un intento propagandístico en boca de un diplomático escritor tilingo que podía entusiasmar a ciertos lectores de La Nación. Esta vez, se ató al carro que le ofrecieron el legislador Christian Ritondo, un porteño plebeyo de la zona sur devenido nuevo rico, habitante del exclusivo country Nordelta en el partido de Tigre. Ritondo tiene las mismas prácticas clientelares de muchos punteros del Conurbano y abreva en el duhaldismo. Su intención, claramente, es que Macri juegue sus fichas para el adelantamiento electoral –si es posible a fines de abril– con la casi certeza de que el PRO tiene chances de imponerse sobre cualquier candidato del Frente para la Victoria, en un escenario de gran atomización de la oposición al macrismo. Hay que subrayarlo, en la Ciudad de Buenos Aires hay tanto dinero que muchos peronistas que dicen estar alineados con el gobierno de Cristina Kirchner dialogaron –y dialogan– con la pata peronista del PRO, porque eso les permite formar parte de algunos negocios de contratos y licitaciones. Si la oposición pudiera poner –de conjunto y sin hipocresías– la lupa sobre la Auditoría General de la Ciudad de Buenos Aires podría comprobar lo que dicen quienes ahí mismo trabajan: los temas grandes no llegan allí sino que se acuerdan en los cafés cercanos a la Legislatura.
Lo que perdura en la ciudad es el célebre “sistema”, ideado por célebres peronistas porteños que acompañaron a Carlos Grosso durante su gestión. Dirigentes como Eduardo Vacca o Miguel Ángel Toma habían conformado una manera de compartir cuotas de poder, no sólo con otros dirigentes políticos, sino con empresas proveedoras y con instituciones de mucho peso en Buenos Aires. Concretamente, con el Episcopado y con los mandos de la Policía Federal, que entre sí tienen vínculos estrechos. La Constitución porteña lleva 16 años y su letra no logra traspasar los muros de intereses oscuros que siguen siendo factores de decisión claves.
Dos ejemplos claros es que la puesta en marcha de las comunas se haya retrasado y la descentralización se postergue y, en segundo lugar, que la creación de la Policía Metropolitana resulte el peor de los engendros: se suman las ambiciones procesistas de Macri a los despechos de ex policías de la Federal peleados con la actual conducción de esa fuerza. Si hubo un toque de atención con los crímenes alevosos de la semana pasada fue que la orden de la jueza María Cristina Azar incluyó la represión de la Federal, que cargó con la parte más fiera de la cacería dentro de la Villa 20. Desde que Néstor Kirchner echó –literalmente– a Gustavo Béliz en 2004, la orden fue sistemáticamente que los agentes federales deben ir a las protestas sociales con chaleco naranja y sin armas. Aquí llevaron pistolas y escopetas. Estas últimas no sólo con cartuchos de disuasión –goma– sino de plomo. Los usaron contra villeros desarmados. Una barbaridad que cobró –el martes pasado– las vidas de Bernardo Salgueiro y Rosemarie Cupeña. Esto tuvo un trasfondo de fuerte desafío a la autoridad de la presidenta de la Nación y de allí que Nilda Garré tomará mañana el control de las fuerzas de seguridad. Una señal importante fue que, hasta tanto asuma, el gobierno nacional desplegó fuerzas de Gendarmería y Prefectura que, desde ya, evitan el conflicto en vez de hacer ratoneras mortales. 

UNA CIUDAD COMPLICADA. Si Garré avanza en una reforma profunda de la Policía Federal deberá contar con muchísimo respaldo para evitar pasos en falso. Un proceso de cambio lleva tiempos muchísimo más largos que las expectativas de un año electoral, y no debe haber ninguna tentación de confundir unos y otros. Sí se puede poner autoridad clara a través de colaborar con la justicia para esclarecer cómo fue la toma de decisiones de la represión del martes pasado y también en la determinación de la cadena de responsabilidades con las muertes, si es que las hubo. Pero también, además de lo sucedido en el Parque Indoamericano, un gran desafío para el nuevo Ministerio de Seguridad será el de establecer cuáles son los conductos de financiamiento ilegal y de compromisos con jueces, políticos, fiscales, empresarios del espectáculo, la noche, el deporte y también con altos dignatarios religiosos. Se trata de una trama compleja y que no es ajena a la corrupción estructural que existe en muchísimas instituciones. Los pasos en falso se pagan caro. La indecisión política también. En ese camino estrecho se movió, por ejemplo, León Arslanian en la Bonaerense y cuando llegó Daniel Scioli se ocupó de borrar con el codo todo lo que Arslanian había escrito con la mano. La gran ventaja es que Garré va a contar con todo el apoyo de la presidenta.
Pero los temas de seguridad no son ajenos a las políticas sociales. Y lo del Parque Indoamericano pone sobre la mesa que en los tres años de Macri la ciudad retrocedió en materia de partidas sociales y de ejecución de esas partidas. Especialmente en la zona sur. Tanto en vivienda como en salud y educación. En el primer caso, se menciona mucho que el Instituto para la Vivienda liberó este año menos del 20% de lo votado por la Legislatura. Y debe remarcarse que el aumento de población en las villas no sólo es por la llegada de inmigrantes de países vecinos sino por la cantidad de inquilinatos cerrados, edificios ocupados que fueron violentamente desa-lojados o fin de los hoteles como solución habitacional transitoria. La genialidad del macrismo consiste en dar unos pesos a cambio de evitar mandar la policía o las patotas que funcionan en el Ministerio de Espacio Público (Unidad de Control) o de Desarrollo Económico (la Unidad de Gestión e Intervención Social) y que están pensadas como auxiliares del clientelismo y la expulsión social.
El nuevo elemento que agregaron Macri y Ritondo es el de los falsos vecinos, a través de bandas armadas, cuyos antecedentes se remontan a los grupos de la Liga Patriótica, y sueñan en convertirse en comandos de la Triple A. Pero, para eso, necesitan mucho amparo estatal. El punto es que uno de los desafíos de cara al posible adelantamiento electoral es neutralizar el eficaz discurso antivillero y discriminador del PRO. Para eso, las caras más visibles del kirchnerismo en la ciudad –Daniel Filmus y Carlos Tomada– deberían tomar la iniciativa de salir juntos a convocar por un gran cambio en Buenos Aires.

VILLAS, NARCOS Y NEGOCIOS INMOBILIARIOS. Una Argentina que crece tiene en la Ciudad de Buenos Aires los mismos problemas con algunos nuevos. Es decir, desde hace 60 años, en las villas vive gente que es “dueña” de su casa sin título de propiedad. Es decir, hay unos 300 mil habitantes que no están inscriptos en el Registro de Propiedad. En las villas, la Dirección de Catastro nunca hizo la demarcación que hace en el resto de los barrios. No se trata de “barrios de emergencia” sino de gente que vive allí. Algunos hace dos y tres generaciones. Con el boom inmobiliario, el PRO quiere ganar simpatías entre los vecinos que ellos creen correctos y echar a los que para ellos son de segunda categoría. Para quien tiene una casita en Soldati, Mataderos, Patricios o Lugano, la idea de que no haya villeros cerca es la ilusión de que su vivienda valdrá más. Pero no es sólo eso: quienes trabajan en las villas saben que hay algunos intereses vinculados a la droga. Concretamente, las redes de distribución de paco, cocaína y otras drogas invierten en construcción en las villas y tienen allí algunas personas que les son útiles. También los tienen en barrios elegantes, desde ya. Y con complicidades en juzgados, fiscalías, partidos políticos y fuerzas de seguridad. Sin embargo, en Buenos Aires se trata de un problema de baja intensidad criminal. Y que no tuvo ninguna incidencia en lo sucedido en Soldati. Lo que no puede negarse es que las problemáticas de seguridad en la ciudad van de la mano de políticas sociales. <

 

Tiempo Argentino

15/12/2010 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Gob. de la Ciudad de Buenos Aires – El otro yo de Macri


Perfil de Abel Posse

Imagen: Veintitres

17-12-2009 /  El pensamiento vivo del polémico ministro de Educación que logró que todo el arco social y político opositor exija su renuncia. Ideología Pro: paranoia macartista, militarismo y rechazo a la juventud.

Por Diego Rojas

Si de algo no se puede acusar a Abel Posse es de improvisado. Desde muy joven formó sus ideas –tanto políticas, filosóficas y estéticas– de tal modo que, a los 75 años, es un representante acabado del ultramontanismo ilustrado, de aquellos que mixturan ideas reaccionarias con sofisticadas lecturas. Posse es un escritor y diplomático que no duda en defender a militares genocidas con el mismo ímpetu que lo convirtió en traductor del filósofo alemán Martin Heidegger. Un modelo de intelectual derechista que Mauricio Macri conocía de antemano, ya que bien se ocupó Posse de hacer conocer el talante de sus ideas a través de novelas, ensayos y columnas periodísticas. Tanto que Luciano Benjamín Menéndez, uno de los represores símbolos de la última dictadura debido a su ferocidad, no dudó en citarlo como forma de justificar su accionar en el juicio que actualmente se le sigue. Un funcionario que Macri eligió conscientemente y que revela las verdaderas ideas que impulsa su partido y su gobierno, más allá de los consejos de los consultores o de las estrategias de marketing. Se podría asegurar que nada de lo humano le es ajeno a Posse. Por eso es posible rastrear en su obra opiniones sobre los temas más diversos. Veintitrés escarbó en esos textos para profundizar en el perfil ideológico que cobija el hombre elegido por Macri para influir sobre las conciencias de los niños y los jóvenes de la ciudad de Buenos Aires a través del Ministerio de Educación.

La agitada primera mitad de la década del setenta continúa provocando debates apasionados en nuestros días. Sin embargo, ya en 1975 Posse había tomado una posición tajante. En la novela Momento de morir –escrita en Venecia, donde cumplía funciones como cónsul–, el escritor reflejó a través de la ficción su visión personal sobre aquellos años. Su alter ego, Medardo Rabagiati, es un abogado algo pusilánime que observa temeroso los enfrentamientos entre las distintas facciones políticas de la sociedad, que se realizan a través de las armas y el miedo. El combate se produce entre trotzcristianos y ortoleninistas (especie de marxistas cuyas diferencias residen en el grado de delirio y uso del terror) y nacionalmazorqueros. El país, dirigido por el presidente Viganó (una caricatura de Héctor Cámpora), es un caos: una juventud delirante, violenta y expropiadora recorre las calles para instaurar la dictadura del proletariado. La visión paranoica no excluye a las fuerzas de la sinarquía que se disputan la nación. Finalmente Rabagiati se convierte en un líder que repone el orden con el apoyo de las fuerzas armadas y reinstaura la Constitución de 1853. El pavor ante la situación política de entonces y ante la revolución que exuda el libro trae a la memoria del lector aquella frase de Bertolt Brecht: “No hay nada más parecido a un fascista que un pequeñoburgués asustado”.

Posse cumplió sus funciones incluso una vez que la dictadura tomó el poder en 1976. “Entre 1973 y 1979 era secretario y cónsul en la deliciosa Venecia. Me causaría horror haber renunciado y tener que pensar hoy que lo hice por Galimberti y Firmenich”, aseguró ante las críticas por no haber interrumpido esa tarea como forma de protesta ante la dictadura de Videla. Ese mismo tesón puesto en la defensa de los militares represores es el que motivó un repudio en toda la línea a su asunción como ministro porteño. “El gobierno constitucional, en 1975, ordenó a las Fuerzas Armadas aniquilar (sic) a la guerrilla, con la aprobación y la firma de sus máximos dirigentes, que pertenecían al mismo partido que hoy, treinta años después, apaña al residuo de subversivos, los destaca casi como personalidades morales, los acoge en el Gobierno y hasta les paga una abundante indemnización por las molestias causadas”, escribió. Debe notarse que “las molestias causadas” a las que se refiere son ni más ni menos que las detenciones ilegales, la tortura, el secuestro de niños y la desaparición de aquellos “subversivos”. “A la vez se busca mantener ilegítimamente encarcelados a los militares que cumplieron el mandato del gobierno peronista, logrando desarticular la guerrilla en apenas diez meses”, agrega. Toda una radiografía del pensamiento reaccionario.

Posse estima que los procesos y encarcelamientos de represores son “un ejercicio de venganza disfrazada de justicia”. Tal vez funde su opinión en la valoración que hace sobre las Fuerzas Armadas: “Serán garantes de la unión nacional, de la integración de Nación ante cualquier desborde secesionista provincial”, augura. Esa obstinación militar lo lleva a plantear, contra toda opinión autorizada sobre el tema, que la guerra de las Malvinas “fue una operación militarmente admirable”.

En la otra vereda se encuentran sus valoraciones sobre todo aquello que huela a izquierda, que lo lleva a realizar afiebradas definiciones que solían escucharse en los reductos más extremos de los apologistas de la Guerra Fría. De esa manera, atribuye al matrimonio Kirchner el haber impuesto “una visión troscoleninista de demoler las instituciones militares y policiales”. En su libro Argentina, el gran viraje, sigue: “Los que se alzaron en armas para imponer la patria socialista se nos proponen como celadores de los Derechos Humanos y de las costumbres democráticas. (…) Abandonaron a sus hijos en la lucha. Iniciaron la guerra, pero en vez de pelear se entregaron sin luchar. Aparecieron en México, Venezuela, Suecia, España o París, iniciándose en el llanto sinfónico, internacional, de sus desdichas y acusando la crueldad represiva. (…) Bastaba un suboficial de la SIDE represiva, guía telefónica en mano, para que con un par de llamadas amenazadoras, el combatiente o ‘militante’ apareciera al día siguiente en su puesto en el exilio”. Posse, sin embargo, tiene una rara manera de “elogiar” a la izquierda: atribuye a los bolcheviques la baja en la edad de la imputabilidad que él mismo propone en doce años, pero omite decir que, según sus fuentes, este hecho habría sucedido en la URSS de 1932, cuando el estalinismo y su política de regresión de los derechos ganados con la revolución de octubre se encontraba en pleno auge.

Una visión exaltadora del pasado retorna constantemente en su prosa. Posse insiste con el mito de una Argentina que lideraba al mundo y que se codeaba, en el imperio de las naciones, con las que luego integraron el en ese entonces no fundado G7. “A partir de 1920, sobre todo con el apogeo de Alvear, estábamos entre los más poderosos del mundo”, escribió en La santa locura de los argentinos. Sin embargo, parece haber sucumbido al hechizo del peronismo, a la mitología que protagoniza Eva Perón y al rumor que aún se escucha de los obreros movilizados aquel 17 de octubre (llegó a escribir una biografía de Evita). Sin embargo, a pesar de todo, su visión política pertenece al ámbito de la ortodoxia derechista y la económica se caracteriza por sus coincidencias con el liberalismo. Pero liberalismo económico, claro, no aquel que se refiere a las costumbres. El ministro de Educación, que debería tener una visión actual de la juventud, declaró: “Hoy vemos la degradación familiar, padres que no controlan a sus hijos, jóvenes drogados y estupidizados por el rock”. Tal vez por eso, en el único texto donde se propone algunas líneas de acción educativa, sugiere: “Esta batalla suprema exige reaccionar sin cobardías ante la invasión audiovisual subculturizadora. Esos productos nefastos deberán expulsarse y sustituirse con la producción nacional y continental adecuada”. Un furibundo rechazo al rock que denota una incomprensión severa de la juventud.

Admirador de Borges, Heidegger, embajador en varios destinos –incluso, bajo el menemismo, en el Perú, donde defendió con ahínco al gobierno de Fujimori, quien hoy se encuentra preso por sus crímenes (“Había vencido a la guerrilla más virulenta y detenido a la mafia de las drogas, un gobierno con un extraordinario récord de logros”, escribió en 2003)–, Posse es una expresión rancia y honesta de ideologías que se acercan al poder de la mano de Macri y sus socios que, tal vez, decidan por una cuestión de imagen no dar rienda suelta a sus bajos instintos políticos. El rechazo a la designación de Posse como titular de la cartera educativa porteña –persona que dictamina los caminos que recorrerán los niños y los jóvenes en la adquisición de sus conciencias– atraviesa todo el arco social y político. Cuánto tiempo más podrá sostenerlo Macri en su puesto es la pregunta que se hace toda una sociedad.

VEINTITRÉS

19/12/2009 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Uncategorized | , , , , , , , , | 2 comentarios