America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Acontecimientos, imposturas y contundencias – Por Ricardo Forster


 

02.11.2011

Pudimos comprobar, una vez más, que la verdadera oposición es la del establishment económico-financiero que busca debilitar al Gobierno.

 Decía, en otra de estas columnas, que hay momentos en los que la conjunción de acontecimientos permite visualizar, con mayor claridad, la marcha de una etapa histórica. Acontecimientos, cada uno por sí solo, capaces de ocupar sin inconvenientes la tapa de los diarios y de suscitar múltiples y apasionadas interpretaciones. Desde hace unos cuantos años, y al calor del retorno de lo político, que la Argentina nos tiene acostumbrados a esta acumulación sorprendente de hechos conmovedores que impiden la toma de distancia o la asepsia interpretativa. Como algo que parecía olvidado, el retorno de la política ha venido a conmover lo que parecía sellado. Lo que se abrió, otra vez y a fuerza de la contundencia de lo acontecido, es la dinámica conflictiva de la vida democrática que recuperó, después de la noche neoliberal, la vitalidad participativa y el apasionamiento que sólo puede nacer cuando, de nuevo, una sociedad se enfrenta a sus dilemas y a sus contradicciones.

Para algunos, esas profusas marcas dejadas sobre el cuerpo de la realidad constituyen la evidencia de que algo importante sigue recorriéndonos como sociedad; para otros, opositores acérrimos, estaríamos delante de una sofisticada dramatización que ha logrado transformar una impostura y una ficción en lo más parecido a la materialidad de la vida concreta. Los primeros, y el lector ya sabe que me encuentro entre estos, consideran que lo iniciado en mayo de 2003 ha conmovido profunda y decisivamente a una sociedad que no imaginaba lo que vendría y que esa inauguración ha permitido salirnos de la continuidad malsana de una decadencia que parecía imbatible (la abrumadora lista de acciones y decisiones fundamentales me ahorra mayores comentarios). Los otros, cultores de una analítica que se quiere demoledora y erigidos en la última reserva de una oposición famélica de ideas y posibilidades interpelativas, insisten, como lo ha hecho con su elocuencia bastante menguada Beatriz Sarlo, en la tesis de la actuación que se asocia a la aguda intervención, para hacer más impactante esa sofisticación actoral de parte de Cristina, de un selecto grupo de publicistas e ideólogos que han sabido sacarle el jugo a un acontecimiento –la muerte de Néstor Kirchner– capaz de torcer el rumbo del país y de capturar, en un movimiento hipnótico, a la mayoría de la población. Sin poder sustraerse a la irradiación de lo que los años ’90 dejaron como saldo de cuentas, instalados en la continuidad de un análisis despolitizador e inclinado a la pura artificialidad telemática y espectacularizante, no han podido comprender lo que viene sucediendo ni han logrado sobreponerse al impacto de la absoluta endeblez de sus argumentos sostenidos por los prejuicios de teorías deudoras de una posmodernidad largamente rebasada por la nueva etapa por la que estamos atravesando. Se trata, una vez más, de eludir prejuicios y obstáculos que impiden poner en valor aquello que vino a desmontar los discursos del fin de la historia, la muerte de las ideologías y la entrada en un tiempo pospolítico en el que todo se resolvería de acuerdo a los lenguajes massmediáticos.

Recorrer, entonces, con mirada escrutadora las señales dejadas por la última semana de octubre constituye, para alguien desprejuiciado y con intenciones de hacer una lectura comprensiva de la realidad argentina, una verdadera experiencia alejada de los lugares comunes y atiborrada de acontecimientos que, cada uno por sí mismo, hubiera merecido una larga reflexión. Me refiero, estimado lector y en orden de aparición, al arrasador triunfo, el domingo 23, de Cristina Fernández y del Frente para la Victoria, un triunfo que dejó al menos dos cosas en claro: la primera, que el kirchnerismo ha logrado subirse a lo más alto de la consideración popular revirtiendo las dificultades de los años 2008 y 2009, y la segunda, que la oposición ha demostrado su insustancialidad a la hora de constituirse en una fuerza alternativa.

También, y a lo largo de la semana, pudimos comprobar, una vez más, que la verdadera oposición es la del establishment económico-financiero que busca debilitar al Gobierno a través de la fuga de capitales y tratando de forzar una devaluación. La respuesta del kirchnerismo, en consonancia con su estilo y su capacidad para tomar decisiones impactantes en momentos oportunos, ha sido exigirles a las petroleras y a las mineras que liquiden sus divisas en el país. Volveré sobre esta cuestión que marca la nueva problemática a la que se enfrentará un gobierno que, y eso lo ha demostrado con creces, no se amedrenta ante las presiones de las corporaciones económicas como no lo hizo ante la munición gruesa que le tiraron, a lo largo de los últimos años, los grandes medios de comunicación concentrados. De la misma manera en que también está señalando la necesidad de encarar políticas que toquen cuestiones estructurales de la economía sabiendo, como lo sabe el kirchnerismo, que una decisión económica cobra real sentido cuando se inscribe en un proyecto que no se queda en el mero emparchamiento sino que busca avanzar hacia otra matriz productiva, social y política. Lo que se dirime en los mercados financieros y de cambio, en la lucha contra la especulación y la fuga de capitales, es la posibilidad o no de profundizar en el sentido de la igualdad. Allí donde todos los gobiernos democráticos han fallado para dejarse finalmente condicionar por las corporaciones económicas, el kirchnerismo deberá, como ya lo ha hecho, ejercer su poder soberano.

Otro de los acontecimientos decisivos ha sido el fallo histórico que se dictó el miércoles por la noche en la causa de la ESMA, una causa emblemática, tal vez la más cargada simbólicamente ya que nos remite a ese lugar maldito que representó el núcleo más visible y brutal del terrorismo de Estado. La ESMA es la dictadura, por sus mazmorras pasaron miles de hombres y mujeres que, en la mayoría de los casos, además de ser salvajemente torturados luego fueron asesinados. La ESMA, el juicio y la condena a los genocidas, constituye la mejor expresión de lo que implicó, desde la llegada de Néstor Kirchner al gobierno en mayo de 2003, el giro fundamental en relación a la política de derechos humanos, un giro que permitió, primero, anular las leyes de impunidad y los indultos, para luego, y reformada también la Corte Suprema de Justicia de la Nación –integrada ahora por jueces comprometidos con el Estado de Derecho y dispuestos a caminar en el sentido de la reparación jurídica–, avanzar, aunque con demoras producto de un aparato judicial deudor, en muchos de sus estamentos, de las rémoras del pasado, por la senda de la justicia logrando, de ese modo, que las otras dos palabras clave de la trilogía enarbolada por los movimientos de derechos humanos –memoria y verdad– se convirtieran, ¡por fin!, en una realidad visible y reparadora. ¿Resulta acaso extraño que los cultores de la idea sempiterna de la impostura y de la dramatización prácticamente hayan pasado por alto un acontecimiento simbólicamente tan decisivo que evidencia lo inocultable de un giro histórico que ha permitido avanzar sobre una reparación antes inimaginable? ¿Ahí también estamos ante un montaje y una pura ficción que busca capturar la conciencia de los incautos?

El tercer acontecimiento de esta semana inolvidable fue la jornada del jueves 27 en la que se cumplió el primer aniversario de la muerte de Néstor Kirchner. El mejor homenaje a un líder político extraordinario, que marcó a fondo la vida argentina de este comienzo de siglo, ha sido el reconocimiento popular a Cristina con ese caudaloso 54 por ciento (14 puntos por arriba del mágico 40 por ciento al que aspiraba Néstor para ganar en primera vuelta) y la inmensa alegría de ver condenados a los Acosta y a los Astiz. Lejos, esos dos acontecimientos constituyeron el mejor homenaje imaginable para un hombre que hizo de su vida una lucha continua por la justicia en su doble acepción de reparación social y judicial. Lo que no han comprendido, una vez más, quienes son incapaces de correrse de sus prejuicios, es que la muerte, además de una “escenificación cuidada en sus detalles”, y muy lejos de “una dramaturgia consumada por parte de quien interpretó cabalmente su papel hasta el menor de los detalles”, permitió correr un grueso velo que, una vez despejado, mostró, a una parte importante de la sociedad, lo que se buscó, con denodado esfuerzo mediático, ocultar. Pero también habilitó lo que raramente sucede en nuestras sociedades que es la confluencia, entrañable y caudalosa, de política y sentimiento, de tristeza y energía, de impacto emocional y movilización políticamente transfigurada en un apoyo sin medias tintas a Cristina (es en esos momentos únicos donde se suelen hacer añicos los análisis que piensan a la masa como un ente pasivo y carente, por lo tanto, de iniciativa, incapaz de apropiarse de un acontecimiento y transformarlo en un giro de la vida histórica; prefieren, esos analistas, seguir moviéndose, cómodos, por la zona de la incomprensión y el prejuicio y amparados en su supuesta sofisticación teórica que, en muchos casos, encubre la ignorancia y, peor todavía, el desprecio por los sentimientos y las experiencias populares). La muerte de Néstor Kirchner solidificó, en el interior de la multitud, la potencia de una interpelación que vino a conmover la dinámica de los acontecimientos. Cristina, su duelo, se inscribió, como no podía ser de otro modo, en el misterio del reconocimiento popular. El 27 de octubre, estoy tentado a arriesgar, quizás haya sido nuestro 17 de octubre y, como aquel momento parteaguas de la historia nacional, a muchos les costó entender qué es lo que estaba pasando y de qué modo algo decisivo dejó marca en la vida del pueblo.

Pero la oposición, la verdadera y no las escuálidas fuerzas políticas que sufrieron una paliza monumental el domingo 23, lejos de aceptar la contundencia del apoyo social a Cristina y más lejos todavía de adaptarse a las exigencias de un proyecto que no ha dejado de tocar intereses corporativos y a destacar que la etapa actual estará signada por la búsqueda de la mayor igualdad posible, ya ha mostrado cuál es su respuesta y lo viene haciendo, con distintos grados de virulencia, desde el comienzo del mandato de Cristina en diciembre de 2007 (su punto más álgido, pero no el único, fue la avanzada destituyente de la mesa de enlace y su socio mediático). La fuga de capitales, la presión sobre el dólar y el intento de forzar una devaluación son las armas que viene utilizando para volver reales las profecías de la catástrofe. Evidenciando reflejos rápidos y como señal de lo que será el camino a recorrer en su tercer mandato, el Gobierno ha salido con contundencia a responderle a la fuga y a la especulación. Lo que sigue estando en juego, ahora como ayer, son proyectos antagónicos de país y lo que también ha quedado claro es que, a diferencia de otras etapas de la democracia argentina, el kirchnerismo no se replegará ante los chantajes ni las presiones sino que, por el contrario, como lo hizo en el 2008 y en el 2009, doblará la apuesta. Tal vez, estemos ante el punto de partida de aquello que, sin grandes precisiones, se viene anunciando como la “profundización del proyecto” y, a estas alturas de los acontecimientos, ya no habría que recordarle a la derecha restauracionista que cuando más y mejor responde el kirchnerismo es cuando lo desafían. Ahí está una de las enseñanzas de Néstor: no retroceder ni amilanarse y responder con inteligencia y reduplicando los esfuerzos transformadores.

La semana que dejamos atrás es más que elocuente respecto de lo que sigue en pugna en la Argentina pero, también, ha servido para manifestar caudalosamente el grado de apoyo y de movilización de una parte significativa, mayoritaria, de la sociedad a la hora de sostener el camino emprendido desde mayo de 2003. Alrededor de Cristina, de su liderazgo indiscutido, se ha constituido una fuerza social y política a la que ya no se la puede arredrar con golpes de mercado ni mucho menos con operaciones de prensa. Mientras tanto el Gobierno seguirá dando señales elocuentes de hacia dónde quiere ir.

Veintitrés

05/11/2011 Posted by | Economía, General, Medios de Comunicaciòn, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , | Deja un comentario

Un momento histórico – La elección del mayor estafador de la historia reciente


por James Petras*

Muchas personas de la sociedad civil norteamericana están reaccionando con angustia y decepción a la manera como se va constituyendo la nueva administración gubernamental USA. Políticos corruptos y otros belicistas están formando el entorno del nuevo presidente electo Obama. Después de la advertencia del profesor Chomsky, del ex combatiente de Irak Jimmy Massey, presentamos la investigación del profesor James Petras.

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Fotomontaje: Bush y Obama, un «change» (cambio) para llegar al mismo lugar.

“Tengo una visión de estadounidenses con 80 años trabajando en oficinas y fábricas todavía, en silla de ruedas después de haber perdido las piernas en las guerras imperiales y sus pensiones gracias a los especuladores de Wall Street, y recordando amargamente que habían votado a un Presidente que primero prometió cambio, prosperidad y paz, para luego nombrar a timadores financieros y belicistas.”

Un ministro itinerante 2008.

Introducción

Todo el espectro político, desde la izquierda «libertaria», pasando por los editores progresistas de The Nation, hasta el partido de extrema derecha compuesto de neo-conservadores/belicistas sionistas y los académicos de Berkeley/Chicago/Harvard partidarios del libre mercado ha aclamado con una sola voz la elección de Barack Obama como ‘un momento histórico y decisivo’ de la historia estadounidense, y otros histrionismos. Por razones totalmente externas a las eyaculaciones emocionales de sus promotores, es cierto que es un momento histórico: Sólo hay que constatar la brecha abismal entre la demagogia de su campaña ‘populista’ y sus antiguas relaciones carnales cada vez más estrechas con los personajes políticos más retrógrados, con los corredores de poder y con los apoyos millonarios financieros e inmobiliarios.

Un análisis somero de quiénes son sus asesores principales de campaña, de cuáles son sus compromisos públicos con los especuladores de Wall Street, con los militaristas civiles, con los sionistas celosos y con los abogados corporativos evidencia lo que se ocultó al electorado mediante la imagen de Obama de ser el amigo del pueblo y dar el mensaje elocuente de ‘esperanza’. Ganó eficazmente la confianza, los dólares y las decenas de millones de votos al prometer ‘cambio’ (impuestos más altos para los ricos, el fin de la guerra de Irak y la reforma del sistema nacional de salud); sin embargo, sus asesores de campaña sugerían la continuación de las políticas militares y económicas de la Administración Bush (confirmada más tarde por los nombramientos más estratégicos).

A las tres semanas de su elección, nombró a todos los posos políticos que habían provocado las guerras interminables de las últimas dos décadas, y a los diseñadores de las políticas económicas responsables de la quiebra financiera y la recesión cada vez más profunda que azota a decenas de millones de estadounidenses hoy y previsiblemente en el futuro. Podemos afirmar que la elección de Obama ciertamente representa un hito en la historia estadounidense: La victoria del mayor estafador y sus cómplices de la historia reciente.

Habló con los trabajadores y trabajó con los amos de éstos.

Paseó el color de su piel delante de las minorías mientras borraba cualquier mención de sus quejas socio-económicas.

Prometió la paz para Oriente Próximo a la mayoría de los jóvenes estadounidenses y jura servilmente lealtad eterna al Partido de la Guerra de los sionistas estadounidenses que obedecen a un poder colonial extranjero (Israel).

Obama, a una escala mayor, es la encarnación perfecta del Hombre de Confianza de Melville. Te distrae mientras te quita la cartera. Te da las gracias mientras te manda a luchar en nombre de un país extranjero en una guerra en Oriente Próximo. Dice solemnemente piedades vacías mientras vacía los fondos de la Seguridad Social para rescatar a los principales financieros que te estafaron de tus inversiones de jubilación. Nombra y alaba a los arquitectos de los planes de pirámide desplomados mientras promete que el futuro será mejor.

Es cierto, “nuestros mayores críticos intelectuales”, nuestros izquierdistas ‘libertarios’ y anarquistas académicos utilizaron sus conferencias donde cobran 5 cifras como plataformas para promocionar la candidatura del estafador: Describieron el tono político del estafador como “respuesta a las necesidades más sentidas de nuestro pueblo”. Alabaron al estafador cuando habló de ‘cambio’ y de ‘darle la vuelta de 180 grados al país’. Es cierto, Obama dio una vuelta de 360 grados: Nos devolvió a las políticas y a los arquitectos responsables de nuestro actual desastre político-económico.

Los seguidores progresistas y auto-narcotizados del estafador

El contraste entre la retórica de la campaña de Obama y sus actividades políticas fue transparente, público y evidente para todos, salvo para las masas hipnotizadas y los ‘progresistas’ auto-narcotizados quienes se inventaron argumentos en su favor. De hecho, incluso después de la elección de Obama y el nombramiento tanto de los cómplices de Clinton /Wall Street a los más altos puestos económicos como de los arquitectos de las guerras imperiales prolongadas (Hillary Clinton a Secretaria de Estado y Robert Graves de la Administración Bush a Secretario de Defensa), los ‘verdaderos creyentes progresistas’ encontraron razones para representar, cual perrito faldero, la charada. Muchos progresistas argumentaron que los nombramientos de belicistas y timadores por parte de Obama fue un truco para ganar tiempo ahora y desplazarse a la ‘izquierda’ más adelante.

Si nunca han reconocido sus errores históricos públicamente, estos mismos progresistas se pusieron a escribir ‘cartas abiertas al Presidente’ abogando a favor de ‘la causa del pueblo’. Quizá sus epístolas logren evadir la destructora de papel del Jefe de la Casa Blanca, Rahm Emanuel.

El prestidigitador que habló de ‘cambio’ ahora habla de ‘experiencia’ al nombrar a puestos tanto mayores como menores a los mismos rocines políticos que rotan discretamente entre Wall Street, Washington, la Reserva Federal y los ambientes académicos. En vez de ‘cambio’, hay continuidades absolutas de diseñadores de políticas, y sobre todo vínculos mayores entre militaristas, Wall Street y los nombramientos de Obama. Los verdaderos creyentes progresistas, enfrentados con el fracaso total, se agarran a un clavo ardiendo. Obligados a reconocer que todos los nombramientos de Obama representan los posos del pasado corrupto y sangriento, esperan y rezan para que las circunstancias extremas actuales conviertan a estos belicistas impenitentes y partidarios de toda la vida del capital financiero en defensores de un estado de bienestar keynesiano resucitado.

Más al contrario, Obama y sus hombres en el Pentágono, Departamentos de Estado y Justicia, y agencias de Inteligencia y Seguridad están pidiendo grandes aumentos en gastos militares, envíos de tropas y militarización interior para recuperar las fortunas perdidas de un imperio en declive. Obama y sus hombres proyectan proseguir con energía la guerra global de Clinton-Bush contra los movimientos nacionales de resistencia en Oriente Próximo. Sus asesores de más confianza, que colocan a Israel como prioridad, han echado el ojo a Irán, Siria, Afganistán, Pakistán, Somalia, Sudán, Palestina e Irak.

La estafa económica de Obama

Luego está el contraste entre los billones que Obama regalará a los timadores financieros (y cualquier otra empresa privada capitalista ‘demasiado grande para fallar’) y su compensación cero para los 100 millones de cabezas de familia estafados por valor de 5 billones de dólares en concepto de ahorros y pensiones por parte de sus nombrados cohortes y los que se han beneficiado de los rescates. Ni un solo centavo será destinado a los parados de larga duración. Ni un solo hogar será rescatado de la amenaza de desahucio.

Obama es la marca registrada de una red de personal de confianza. Es una banda bien organizada de políticos eminentes, recaudadores de fondos, buscavidas de los medios de comunicación, magnates inmobiliarios y macarras académicos. Se unen a ellos y los encubren los funcionarios y rocines del Partido Demócrata. Como el virtuoso, Obama proyectó la imagen y siguió el guión. Pero la financiación y todo el tinglado ‘populista’ fueron construidos por los partidarios inflexibles del libre mercado, por los que ponen a Israel primero, tanto judíos como gentiles, por los belicistas de Washington y por todo un ejército de burócratas multimillonarios.

La estafa electoral sirvió para algo más que la mera propulsión de una docena de artistas estratégicos de la estafa hacia puestos relevantes de la Casa Blanca. Primero, la banda estafadora de Obama desvió la rabia e ira de decenas de millones de estadounidenses económicamente machacados y sangrados por la guerra, de forma que la hostilidad no se vertiera sobre una presidencia y un congreso desacreditados, o sobre un sistema político grotesco de un partido con dos facciones, y diera como resultado la acción directa o al menos un nuevo movimiento político.

En segundo lugar, la imagen de Obama proporcionó una tapadera temporal para el regreso y la continuidad de todo lo que detestaba el pueblo estadounidense – los arrogantes timadores intocables, el desempleo creciente y la incertidumbre económica, la pérdida de hogares y ahorros de toda una vida, y las guerras imperiales interminables.

Siendo las estrellas de la película Paul Volker, ‘Larry’ Summers, Robert Gates, los Clinton, Geithner, Holder y General (‘Tú bebe tu kool-aid mientras yo ocupo mi sitio en el Consejo de Administración de Boeing’) Jim Jones (Cuerpo de Marines de los Estados Unidos USMC), Obama nos obsequia con un nuevo pase de intervenciones militares y crímenes de guerra, bandidaje en Wall Street, Abu Graib, buscavidas del Comité Estadounidense-Israelí de Actividades Políticas AIPAC y todas las demás pamplinas diversas. Nuestro Gunga Din hecho en Harvard da a entender que habla en nombre de todos los sujetos coloniales pero actúa en el interés del imperio, de sus vampiros financieros, y de sus criminales de guerra y sus sanguijuelas de Oriente Próximo de la Tierra de los Elegidos.

Las dos caras de Obama

Como la cara de Jano en las monedas de la república romana, Obama y sus íntimos amigotes bromearon cínicamente sobre ‘cuál es la cara real de Barack’, conscientes de la estafa que perpetraban durante la campaña. En realidad, sólo hay una cara – la de un Obama muy comprometido, consecuente y sin tapujos, demostrando con sus nombramientos la cara de un constructor de imperio.

Obama es un militarista a las claras con el firme propósito de reconstruir el imperio estadounidense hecho jirones. El Presidente Electo es un defensor de Wall Street imperturbable – colocando la recuperación de los grandes bancos y empresas de inversión como prioritaria. Las personas nominadas para los puestos económicos más relevantes (Tesorería, asesores de la Casa Blanca) están bien capacitadas (largo servicio en la oligarquía financiera) para perseguir la agenda de Wall Street de Obama. No hay ni un solo miembro de su equipo económico que represente o haya defendido los intereses de las clases asalariadas (ni siquiera de las pequeñas y medianas empresas procedentes de la industria productiva).

Los propagandistas de Obama sostienen que sus nombramientos reflejan su preferencia por la ‘experiencia’ – esto es verdad: Su equipo ha tenido mucha ‘experiencia’ en aumentar los beneficios empresariales, compras y especulación en el transcurso de sus largas y lucrativas carreras. Obama no quiere a jóvenes sin historiales de haber servido a las Grandes Finanzas cuyos intereses le son cruciales. Quería a funcionarios económicos de confianza que reconocieran que la tarea central de su régimen es la refinanciación millonaria. Los nombramientos de los Summers, Rubins, Geithners y Volkers encajan perfectamente con su ideología: Son la mejor elección para sus metas económicas.

Los críticos de estos nombramientos hablan de los ‘fallos’ de estos economistas y su papel en ‘el colapso del sistema financiero’. Estos críticos no reconocen sin embargo que sus ‘fallos’ no es lo más relevante, sino su compromiso inquebrantable con los intereses de Wall Street y su voluntad para sacar billones de dólares más a los contribuyentes estadounidenses con el fin de sostener a sus colegas de Wall Street.

Con Clinton y Bush, previo al desplome financiero, éstos ‘liberalizaron’ la práctica de timar a 100 millones de estadounidenses de billones de ahorros y pensiones privados. En la crisis actual, éstos son exactamente las personas necesarias para timar a la tesorería de los Estados Unidos los billones de dólares que necesitan para rescatar a sus compañeros oligarcas. El Presidente Blanco (Bush) deja excrementos humeantes en las alfombras de la Casa Blanca, y Wall Street llama al ‘histórico’ Presidente Negro Obama para organizar la limpieza.

Obama, el militarista, supera a su antecesor

Lo que hace a Obama un militarista y defensor de Wall Street mucho más audaz que Bush es que tiene la intención de perseguir políticas militares que ya han dañado al pueblo de Estados Unidos nombrando a personas que ya han sido desacreditados en el contexto de guerras imperiales falladas y una economía interior fracasada. Mientras Bush empezó sus guerras después de que la paz acostumbrada de Estados Unidos fuera destrozada por el clima de miedo orquestado a raíz del 9/11, Obama tiene la intención de lanzar su intensificación de los gastos militares en el contexto de un desencanto público generalizado con las guerras en curso, con déficits fiscales monumentales, con presupuestos militares inflados y después de que 100.000 soldados estadounidenses hayan muerto, estén heridos o destrozados psicológicamente.

Los nombramientos de Obama de Clinton, General Jim Jones, el ciudadano israelí Rahm Emmanuel y el ultra-sionista Dennis Ross, encajan perfectamente con su agenda imperial-militarista de intensificación de la agresión militar. Su selección de candidatos en el terreno de la inteligencia también encaja perfectamente con la prioridad de Obama de recuperar el liderazgo mundial de Estados Unidos (reconstruir las redes imperiales de Estados Unidos). Toda la charlatanería de los medios sobre los esfuerzos de Obama de ‘bipartidismo’, ‘experiencia’ y ‘competencia’ tapa los asuntos fundamentales: Las personas elegidas de los dos partidos están completamente comprometidas con la construcción del imperio militar. Todos están a favor de “un nuevo esfuerzo por renovar la posición de Estados Unidos en el mundo” (léanse ‘la dominación imperial de Estados Unidos en el mundo’), de acuerdo con lo que dijo la futura Secretaria de Estado Hillary Clinton. El General James Jones, la elección de Obama para la Seguridad Nacional, presidió las operaciones militares durante el período de Abu Graib/Guantánamo.

Apoyó con fervor el aumento de tropas en Irak y aboga por un gran aumento del gasto militar, 100.000 efectivos y la militarización de la sociedad doméstica estadounidense (sin mencionar sus relaciones financieras personales con el complejo industrial militar). Robert Gates, como el Secretario de Defensa de Obama, apoya la guerra imperial universal, unilateral y sin límite. Cuando el número de países aliados de Estados Unidos en Irak caiga de 35 a 5 el 1/1/2009 y el régimen títere iraquí está pidiendo la retirada de todos los soldados estadounidenses para 2012, Gates, el intransigente, insiste en una presencia militar permanente.

El asunto de ‘la experiencia’ gira alrededor de dos cuestiones: (a) la experiencia relacionada con ¿qué prácticas políticas pasadas? (b) la experiencia necesaria para perseguir ¿qué políticas futuras? Toda la experiencia pasada de los nombramientos está relacionada con guerras imperiales, conquistas coloniales y la construcción de estados amigos. La ‘experiencia’ de Hillary Clinton fue su apoyo al bombardeo de Yugoslavia y la invasión de la OTAN de Kosovo, su apoyo al Ejército de Liberación de Kosovo (KLA), una organización terrorista-criminal internacionalmente reconocida, y los bombardeos implacables de Irak en la década de los 90, la invasión criminal de Bush de Irak en 2003, el bombardeo asesino de núcleos civiles en el Líbano por parte de Israel… y ahora las llamadas a voz en grito para la ‘destrucción total de Irán’. Clinton, Gates y Jones no han propuesto nunca durante su carrera política la negociación pacífica de disputas con cualquier adversario de los Estados Unidos o Israel. Dicho de otra manera, su ‘experiencia’ alardeada se basa exclusivamente en su enfoque militarista unidimensional de las relaciones exteriores.

Y la ‘competencia’ ¿para hacer qué? En términos generales, Los Tres (Clinton, Gates y Jones), han demostrado la mayor incompetencia para librar a los Estados Unidos de guerras coloniales perdidas, costosas y dilatadas. Les falta la más mínima capacidad de reconocer que la construcción de imperios militaristas en el contexto de estados independientes ya no es viable, que sus costes pueden arruinar una economía imperial y que las guerras sin fin erosionan su legitimidad a los ojos de la ciudadanía.

Incluso dentro del marco del pensamiento estratégico, geopolítico e imperial, sus posicionamientos demuestran la más alta incompetencia: Apoyan ciegamente a un pequeño estado colonial ideológicamente fanático y altamente militarizado (Israel) frente a 1.5 billones de musulmanes que viven en naciones ricas en recursos minerales y petrolíferos con mercados lucrativos, potencial inversor y situadas en el centro estratégico del mundo. Promocionan guerras totales contra poblaciones enteras, como ocurre en Afganistán, Irak y Somalia, sin la menor posibilidad de ganarlas. Son verdaderamente los ‘Maestros de la Derrota’.

Obama nombró a ‘Los Tres’ por su experiencia, competencia y apoyo bipartidista en la persecución de guerras imperiales. No se percató de sus fallos deslumbrantes, sus violaciones flagrantes de las normas básicas de la civilización (los derechos humanos de decenas de millones de civiles en naciones soberanas) a causa de su voluntad de perseguir las ilusiones de un nuevo orden mundial dominado por los Estados Unidos.

Conclusión

El compromiso profundo de Obama de convertirse en el salvador del imperio estadounidense se evidencia en el nombramiento a los puestos más relevantes de los políticos y generales más mediocres y fallidos basándose en su voluntad de perseguir la construcción de imperios militaristas mientras la economía doméstica se desploma y la ciudadanía se empobrece y se desangra.

Igual que la campaña electoral y victoria posterior de Obama entrarán en los anales de la historia como la estafa política del nuevo milenio, sus nombramientos políticos y económicos marcarán otro momento ‘histórico’: El nombramiento de especuladores y belicistas fallidos y corruptos. Unámonos a la celebración inaugural de nuestro ‘Primer Presidente Imperial Afro-Americano’ ¡que gana mediante la estafa y gobierna con las armas!

James Petras

James Petras es profesor emérito de sociología en la universidad de Binghamton (New York). Intelectual emblemático de la izquierda estadounidense, es autor de numerosas obras. James Petras es miembro de la conferencia «antiimperialista» Axis for Peace que organiza la Red Voltaire

25/01/2009 Posted by | Politica Internacional, Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario

Gatopardismo imperial – Atilio Borón


22-01-2009

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Atilio Borón

Página 12

Finalmente llegó el gran día. Toda la prensa mundial no hace sino hablar de la nueva era abierta con el acceso de Barack Obama a la Casa Blanca. Esto confirma los pesimistas pronósticos acerca del retrógrado papel que cumplen los medios del establishment al profundizar, con las ilusiones y los engaños de su propaganda, la indefensión de la “sociedad del espectáculo”, una forma involucionada de lo social donde el nivel intelectual de grandes segmentos de la población es rebajado sistemáticamente mediante su cuidadosa des-educación y desinformación. La agobiante “obamamanía” actual es un magnífico ejemplo de ello.

Obama llegó a la presidencia diciendo que representaba el cambio. Pero los indicios que surgen de la conformación de su equipo y de sus diversas declaraciones revelan que si hay algo que va a primar en su administración será la continuidad y no el cambio. Habrá algunos, sin duda, pero serán marginales, en algunos casos cosméticos y nunca de fondo. El problema es que la sociedad norteamericana, especialmente en el contexto de la formidable crisis económica en que se debate, necesita cambios de fondo, y éstos requieren algo más que simpatía o elocuencia discursiva. Hay que luchar contra adversarios ricos y poderosos, y nada indica que Obama esté siquiera remotamente dispuesto a considerar tal eventualidad. Veamos algunos ejemplos.

¿Cambio, designando como jefe de su Consejo de Asesores Económicos a Lawrence Summers, ex secretario del Tesoro de Bill Clinton y artífice de la inaudita desregulación financiera de los noventa causante de la crisis actual? ¿Cambio, ratificando al secretario de Defensa designado por George W. Bush, Robert Gates, para conducir la “guerra contra el terrorismo” por ahora escenificada en Irak y Afganistán? ¿Cambio, con personajes como el propio Gates, o Hillary Clinton, que apoyaron sin ambages la reactivación de la Cuarta Flota destinada a disuadir a los pueblos latinoamericanos y caribeños de antagonizar los intereses y los deseos del imperio? En su audiencia ante el Senado, Clinton dijo que la nueva administración de Obama debería tener “una agenda positiva” para la región para contrarrestar “el temor propagado por Chávez y Evo Morales”. Seguramente se referiría al temor a superar el analfabetismo o a terminar con la falta total de atención médica, o al temor que generan las continuas consultas electorales de gobiernos como el de Venezuela o Bolivia, mucho más democráticos que el de Estados Unidos en donde todavía existe una institución tan tramposa como el colegio electoral, que hace posible, como ocurriera en el 2000, que George W. Bush derrotara en ese antidemocrático ámbito al candidato que había obtenido la mayoría del voto popular, Al Gore. ¿Puede esta Secretaria de Estado representar algún cambio?

¿Cambio, producido por un líder político que quedó encerrado en un estruendoso mutismo ante el brutal genocidio perpetrado en Gaza? ¿Qué autoridad moral tiene para cambiar algo quien actuó de ese modo? ¿Cómo suponer que representa un cambio una persona que dice, como lamentablemente lo hizo Obama hace apenas un par de días a la cadena televisiva Univisión, que “Chávez ha sido una fuerza que ha impedido el progreso de la región, (…) Venezuela está exportando actividades terroristas y respalda a entidades como las FARC”? Tamaño exabrupto y semejantes mentiras no pueden alimentar la más mínima esperanza y confirma las prevenciones que suscita el hecho de que uno de sus principales consejeros sobre América latina sea el abogado Greg Craig, asesor de la inefable Madeleine Albright, ex secretaria de Estado de Bill Clinton, la misma que dijera que las sanciones en contra de Irak luego de la Primera Guerra del Golfo (que costaron entre medio millón y un millón y medio de vidas, predominantemente de niños) “valieron la pena”. Craig, además, tiene como uno de sus clientes a Gonzalo Sánchez de Lozada, cuya extradición a Bolivia está siendo solicitada por el gobierno de Evo Morales para juzgarlo por la salvaje represión de las grandes insurrecciones populares del 2003 que dejaron un saldo de 65 muertos y centenares de heridos. Sus credenciales son, por lo visto, inmejorables para producir el tan deseado cambio.

En esa misma entrevista, Obama se manifestó dispuesto a “suavizar las restricciones a los viajes y al envío de remesas a Cuba”, pero aclaró que no contempla poner fin al embargo decretado en contra de Cuba en 1962. Agregó además que podría sentarse a dialogar con el presidente Raúl Castro siempre y cuando “La Habana se muestre dispuesta a desarrollar las libertades personales en la isla”. En fin, la misma cantinela reaccionaria de siempre. Un caso de gatopardismo de pura cepa: algo tiene que cambiar, en este caso el color de la piel, para que nada cambie en el imperio.

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23/01/2009 Posted by | Politica Internacional, Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario