America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

EL PANTANO ARGENTINO – EL IRRESISTIBLE DESARROLLO DE LA CRISIS DE GOBERNABILIDAD


POR JORGE BEINSTEIN*

El nuevo año comenzó mal en Argentina, el conflicto causado por el desplazamiento del presidente del Banco Central, Martín Redrado, disparó una grave crisis institucional donde se enfrentan dos bandos que van endureciendo sus posiciones. Por un lado una oposición de derecha cada vez más radicalizada ahora con mayoría en el poder legislativo encabezada por el vicepresidente de la República y que se extiende hacia los núcleos más reaccionarios del poder judicial y de las fuerzas de seguridad (públicas y privadas).


Fachada del Banco Central de la Argentina

Se trata de una fuerza heterogénea, casi caótica, sin grandes proyectos visibles impulsada por los grandes medios de comunicación que operan como una suerte de “partido mediático” extremista, su base social es un agrupamiento muy belicoso de clases medias y altas. En el otro bando encontramos a la presidenta Cristina Kirchner resistiendo desde el Poder Ejecutivo con sus aliados parlamentarios, sindicales y “sociales”, su perfil político es el de un centrismo desarrollista muy contradictorio oscilando entre las capas populares más pobres a las que no se atreve a movilizar con medidas económicas y sociales radicales y los grandes grupos empresarios y otros factores de poder que busca en vano recuperar para recomponer el sistema de gobernabilidad vigente durante la presidencia de Néstor Kirchner.

A este abanico de fuerzas locales es necesario incorporar la intervención de los Estados Unidos que a partir de la llegada de Barak Obama a la Casa Blanca se muestra cada vez más activa en los asuntos internos de Argentina.

Esto debe ser integrado al contexto más amplio de la estrategia imperial de reconquista de América Latina marcada por hechos notorios como el reciente golpe de estado en Honduras, el despliegue de la Cuarta Flota, las bases militares en Colombia y otras actividades menos visibles pero no menos efectivas como la reactivación de su aparato de inteligencia en la región (CIA, DEA, etc.) y la consiguiente expansión de operaciones conspirativas con políticos, militares, empresarios, grupos mafiosos, medios de comunicación, etc.

LA OLA REACCIONARIA

Como es sabido la crisis se desató cuando el presidente del Banco Central decidió no acatar un decreto llamado de “necesidad y urgencia”, con fuerza de ley, que le ordenaba poner una parte de las reservas a la disposición de un fondo publico destinado al pago de deuda externa. De ese modo Redrado (apoyándose en la “autonomía” del Banco impuesta en los años 1990 por el Fondo Monetario Internacional, FMI) desafiaba la legalidad y asumía como propia la reivindicación del conjunto de la derecha: no pagar deuda externa con reservas sino con ingresos fiscales obligando así al gobierno a reducir el gasto público lo que seguramente impactaría de manera negativa sobre el Producto Bruto Interno, el nivel de empleo y seguramente sobre los salarios.

En una primera aproximación, la crisis aparece como una disputa sobre política económica entre neoliberales partidarios del ajuste fiscal y keynesianos partidarios de la expansión del consumo interno, sin embargo la magnitud de la tormenta política en curso obliga a ir más allá del debate económico, no existe proporción entre el volumen de intereses financieros afectados y la extrema virulencia del enfrentamiento. Tampoco se trata de un problema causado por la necesidad de pagar deuda externa ante una situación financiera difícil, por el contrario, el Estado tiene un importante superávit fiscal y la deuda externa representa actualmente cerca del 40 % del Producto Bruto Interno contra un 80 % en 2003 cuando Néstor Kirchner asumió la Presidencia de la República.

Para empezar a entender lo que esta ocurriendo es necesario remontarnos al primer semestre del 2008 cuando estalló el conflicto entre el gobierno y la burguesía rural, en ese caso también la confrontación apareció bajo el aspecto económico: el gobierno intentó establecer impuestos móviles a las exportaciones agrarias, cuyos precios internacionales, en ese momento, subían vertiginosamente, los grandes grupos del agrobusiness se opusieron, aunque estaban ganando mucho dinero pretendían ganar mucho más acaparando la totalidad de esos beneficios extraordinarios. Para sorpresa, tanto del gobierno como de los propias elites agrarias, su protesta fue inmediatamente respaldada por la casi totalidad de los empresarios rurales, incluso por sectores que por su área de especialización o ubicación regional no tenían intereses materiales concretos en el tema, y rápidamente los cortes de ruta, magnificados por los medios de comunicación, arrastraron la adhesión de las clases altas y medias urbanas, estructurándose, de esa manera, una marea social reaccionaria cuya magnitud no tenía precedentes en la historia argentina de los últimos cincuenta años. Para encontrar algo parecido sería necesario remontarnos a 1955 cuando una masiva convergencia conservadora de clases medias apoyó el golpe de militar oligárquico.

La movilización derechista de 2008 estuvo plagada de brotes neofascistas, alusiones racistas a las clases bajas, insultos al “gobierno montonero” (es decir supuestamente controlado por ex guerrilleros marxistas reciclados), etc. Esa ola reaccionaria se prolongó en las elecciones legislativas de 2009 donde la derecha obtuvo la victoria (y la mayoría en el Parlamento), antes y después de ese evento estuvo permanentemente alimentada por los medios de comunicación concentrados. Actualmente es difícil diagnosticar si mantiene o no su nivel de masividad, el conflicto se desarrolla por ahora sin presencias multitudinarias, la gran mayoría de la población observa la situación como a una pelea por arriba entre grupos de poder.

Si evaluamos la trayectoria en los dos últimos años de la confrontación entre una derecha, cada vez más audaz y agresiva, y un gobierno, crecientemente acorralado, no es difícil imaginar un escenario próximo de “golpe de estado”, no siguiendo los viejos esquemas de las intervenciones militares directas, ni siquiera pensando en una réplica del caso hondureño (golpe militar con fachada civil) sino más bien en un abanico de alternativas novedosas donde se combinarían factores tales como la manipulación de mecanismos judiciales, el empleo arrollador del arma mediática, la utilización de instrumentos parlamentarios, la movilización de sectores sociales reaccionarios (cuya amplitud es una incógnita fuerte) incluyendo acciones violentas de grupos civiles dirigidos desde estructuras de seguridad policiales o militares. En este último caso, deberíamos tomar en consideración las posibles intervenciones del aparato de inteligencia norteamericano que dispone actualmente de un importante know how en materia de golpes civiles, como las llamadas revoluciones coloridas o blandas, algunas exitosas como la “naranja” en Ucrania (2004), la que derrocó a Milosevic (Yugoslavia 2000), la de “las rosas” (Georgia 2003), la de “los tulipanes” (Kirguistán 2005), la “del cedro” (Líbano 2005) y otras fracasadas como la “revolución blanca” (Bielorrusia 2006), la “verde” (Irán 2009) o la “revolución twitter” (Moldavia 2009).

En todas esas “revoluciones”, orquestadas por el aparato de inteligencia de los Estados Unidos, las convergencias entre grupos civiles y medios de comunicación golpearon contra gobiernos considerados “indeseables” por el Imperio, tuvieron éxito ante estados sumergidos en crisis profundas, fracasaron cuando las estructuras estatales pudieron resistir y/o cuando las mayorías populares les hicieron frente.

LAS RAÍCES

¿Cuáles son las raíces de esa avalancha derechista?, no puede ser atribuida al descontento de las elites empresarias y de las clases superiores ante drásticas redistribuciones de ingresos en favor de los pobres o a medidas económicas izquierdizantes o estatistas que afecten de manera decisiva los negocios de los grupos dominantes. Por el contrario, la bonanza económica que marcó a los gobiernos de los Kirchner significó grandes beneficios para toda clase de grupos capitalistas: financieros, industriales exportadores o volcados al mercado interno, empresas grandes o pequeñas, etc. Argentina experimentó altas tasas de crecimiento del PBI y enormes superávits fiscales impulsados por exportaciones en vertiginosos ascenso. Y aunque la desocupación se redujo la estructura de distribución del Ingreso Nacional heredada de la era neoliberal no varió de manera significativa. La gobernabilidad política permitió la preservación del sistema que tambaleaba hacia 2001-2002, las estatizaciones decididas durante la presidencia de Cristina Kirchner fueron en realidad medidas destinadas a preservar el funcionamiento del sistema más que a modificarlo, la estatización de la seguridad social privada, por ejemplo, fue precipitada por la crisis financiera global y el agotamiento de una estructura de saqueo de fondos previsionales, la estatización de Aerolíneas Argentinas significó tomar posesión de una empresa totalmente liquidada a punto de desaparecer.

Si alguna presión existe a nivel de las clases altas es hacia una mayor concentración de ingresos y ello debido a su propia dinámica gobernada por el parasitismo financiero global-local que opera como una suerte de núcleo estratégico, central de sus negocios. En ese sentido la resistencia del gobierno a esa tendencia en aras de la gobernabilidad aparece ante dichas elites como un “intervencionismo insoportable”.

Otro factor decisivo es la creciente agresividad de los Estados Unidos acosado por la crisis, sabiendo que el tiempo juega en su contra, que la decadencia de la unipolaridad imperial les puede hacer perder por completo sus tradicionales posiciones de poder en América Latina. En realidad eso ya está empezando a ocurrir a partir del proceso de integración regional, de un Brasil autonomizándose cada vez mas de los Estados Unidos, de la persistencia de la Venezuela chavista, la consolidación de Evo Morales en Bolivia, etc. La Casa Blanca está embarcada en una loca carrera contra el tiempo, extiende las operaciones militares en Asia y Africa heredadas de la era Bush, apadrina el golpe militar en Honduras y otras intervenciones en América Latina. La caída o degradación integral del gobierno kirchnerista sería para los norteamericanos una muy buena noticia, debilitaría a Brasil, reduciría el espacio político de Venezuela, Ecuador y Bolivia.

Pero existe un fenómeno de primera importancia que probablemente los Kirchner ignoraron y que buena parte de la izquierda y el progresismo subestimaron: el cambio de naturaleza de la burguesía local, cuyos grupos dominantes han pasado a constituir una verdadera lumpen burguesía donde se interconectan redes que vinculan negocios financieros, industriales, agrarios y comerciales con negocios ilegales de todo tipo (prostitución, tráfico de drogas y armas, etc.), empresas de seguridad privada, mafias policiales y judiciales, elites políticas y grandes grupos mediáticos. Es la más importante de las herencias dejadas por la dictadura, consolidada y expandida durante la era Menem.

La política de derechos humanos del gobierno no afectó solo a grupos de viejos militares criminales aislados e ideológicamente derrotados, al golpear a estos grupos estaba desatando una dinámica que dañaba a una de las componentes esenciales de la (lumpen) burguesía argentina realmente existente. Cuando empezamos a desentrañar la trama de grupos mediáticos como “Clarín” o no mediáticos como el grupo Macri aparecen las vinculaciones con negocios provenientes de la última dictadura, personajes clave de las mafias policiales, etc. En esos círculos dominantes la marea creciente de procesos judiciales contra ex represores pudo ser vista, tal vez en su comienzo hacia mediados de la década pasada, como una concesión necesaria al clima izquierdizante heredado de los acontecimientos de 2001-2002 y que mantenida dentro de límites modestos no afectaría la buena marcha de sus negocios. Pero esa marea creció y creció hasta transformarse en una presión insoportable para esas elites.

Finalmente es necesario constatar que así como se desarrolló ese proceso de humanización cultural democratizante también se desarrolló, protagonizado por los grandes medios de comunicación, un contra proceso de carácter autoritario, de criminalización de los pobres, de condena al progresismo que pone a los derechos humanos por encima de todo. En cierto sentido, se trató de una suerte de reivindicación indirecta de la última dictadura realizada por los grandes medios de comunicación, centrada en la necesidad de emplear métodos expeditivos ante la llamada “inseguridad”, la delincuencia social, los desordenes callejeros. La misma encontró un espacio favorable en una porción importante de la población perteneciente a las clases medias y altas muchos de cuyos miembros no se atreven a defender a la vieja y desprestigiada dictadura militar pero que han encontrado un nuevo discurso neofascista que les permite levantar la cabeza.

Esta gente se movilizó en el 2008 en apoyo de la burguesía rural y contra el gobierno “izquierdista”, estuvo a la vanguardia de la victoria electoral de Mauricio Macri en la ciudad de Buenos Aires y de los políticos de derecha en las elecciones parlamentarias de 2009.

¿JUGANDO CON FUEGO?

La crisis actual puede llegar a tener serias repercusiones económicas, es lo que esperan muchos de los dirigentes políticos de derecha que sueñan con apoderarse del gobierno en medio del caos y/o de la pasividad popular. La parálisis del Banco Central o su transformación en una trinchera opositora podría desordenar por completo al sistema monetario, degradar al conjunto de la economía lo que sumado a un Tsunami mediático convertiría al gobierno en una presa fácil.

En teoría, existe la posibilidad de que el gobierno acorralado por la derecha busque desesperadamente ampliar su base popular multiplicando medidas de redistribución de ingresos hacia las clases bajas, estatizaciones, etc. La derecha cree cada vez menos en esa posibilidad lo que la hace más audaz, más segura de su impunidad, considera que los Kirchner están demasiado aferrado al “país burgués”, por razones psicológicas, ideológicas y por los intereses que representan y que por sus cabezas no asoma ni siquiera débilmente esa alternativa de ruptura. Una sucesión de hechos concretos parecen darle la razón, después de todo Martín Redrado, fue designado como presidente del Banco Central por Néstor Kirchner y confirmado luego por Cristina Kirchner, ahora ellos “descubren” que es un neoliberal reaccionario mientras buscan reemplazarlo por algún otro neoliberal o buen amigo de los intereses financieros.

También existe la posibilidad de que el caos buscado por la derecha o las medidas económicas que ésta seguramente tomará si conquista el gobierno desate una gigantesca ola de protestas sociales haciendo estallar la gobernabilidad y reinstalando a escala ampliada al fantasma popular de 2001-2002. Pero esa derecha considera cada vez menos probable la concreción de dicha amenaza, está cada vez más convencida de que los medios de comunicación combinados con un sistema de represión puntual, no ostentoso pero enérgico pueden controlar a las clase bajas. Es muy probable que esas elites degradadas, lanzadas en una cruzada irracional, estén atravesando una serie crisis de percepción.

*Jorge Beinstein es economista argentino, docente de la Universidad de Buenos Aires. jorgebeinstein@gmail.com

ALAI, enero 12 de 2010.

20/01/2010 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Atilio Borón: “Uribe es el Caballo de Troya de Estados Unidos”


América Latina enfrenta un nuevo panorama geopolítico con la presencia norteamericana en Colombia. Borón explica la postura de los Estados Unidos y la militarización en la región, el panorama en Honduras, la situación de Chávez y el Amazonas.

Por Julio Ferrer

Es sociólogo y uno de los más destacados pensadores latinoamericanos. Acaba de obtener el Premio Internacional José Martí 2009 otorgado por la Unesco. Fue secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Actualmente dirige el PLED (Programa Latinoamericano de Educación a Distancia) y es titular de las cátedras de Teoría y Filosofía Política en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Entre sus numerosos libros se destacan “Reflexiones sobre el poder, el estado y la revolución”, “Consolidando la explotación, la academia y le Banco Mundial contra el pensamiento crítico”, “Socialismo siglo XXI ¿hay vida después del neoliberalismo? y “Crisis civilizatoria y agonía del capitalismo, diálogos con Fidel Castro” de reciente aparición. En esta entrevista reflexiona sobre el golpe cívico-militar en Honduras, las bases militares de EEUU en territorio colombiano y el nuevo escenario de América Latina.

Crisis en Honduras

Si el gobierno de los Estados Unidos prometió suspender todas las visas, cortar los fondos a los golpistas y no reconocer las próximas elecciones hondureñas de noviembre, ¿por qué todavía no ha declarado que la vida política de Honduras se ha transformado en una dictadura cívico-militar?

Sin ninguna duda, la brutalidad de los hechos lleva la marca indeleble de la CIA y la Escuela de las Américas. Un presidente constitucional- Manuel Zelaya- es violentamente secuestrado en horas de la madrugada por militares encapuchados y trasladado a una base militar norteamericana (la Soto Cano, en Palmerotas), una carta de renuncia apócrifa que se dio a conocer con el propósito de engañar y desmovilizar a la población –tal como se hiciera en el golpe contra Chávez- y que fue de inmediato retransmitida a todo el mundo por la CNN; la reacción del pueblo que sale a la calle a detener a los tanques y los vehículos del Ejército a mano limpia y exigir el retorno de Zelaya a la presidencia; el corte de la energía eléctrica para impedir el funcionamiento de las radios y la televisión, la censura a la prensa, todo para sembrar pánico y confusión. De todas maneras, los gobiernos de la región han repudiado al golpismo y la OEA se ha manifestado en los mismos términos, exigiendo la restitución inmediata de Zelaya. El presidente Obama debe saber que el golpe en Honduras sólo fue posible por la aquiescencia brindada por su gobierno. Pese a todo este cúmulo de evidencias, Washington se niega a hablar de golpe de Estado y a sancionar con toda severidad al nuevo régimen.

Además no es la primera vez que Estados Unidos intervienen en los asuntos políticos en Honduras para proteger sus intereses

Absolutamente. EEUU lo viene haciendo desde 1903, pero la gran invasión ocurriría en 1983, cuando el embajador de EEUU en Honduras era nada menos que John Negroponte, cuya carrera “diplomática” lo llevó a cubrir destinos como Vietnam, Honduras, México, Irak para, posteriormente, hacerse cargo del organismo de inteligencia llamado Consejo Nacional de Inteligencia de su país. No está de más recordar que durante los años ochenta las fuerzas armadas de Honduras fueron reestructuradas y reeducadas integralmente por la Escuela de las Américas. En Tegucigalpa se establecería la gran base de operaciones desde donde se monitorearon los actos terroristas realizados contra el gobierno Sandinista y se promovió la creación del Escuadrón de la Muerte (Batallón 316) que secuestró, torturó y asesinó a centenares de personas dentro de Honduras. Se brindó apoyo logístico y militar al ejército salvadoreño y a los paramilitares que combatían a la guerrilla del Frente Farabundo Martí. El presidente Obama no puede ignorar estos nefastos antecedentes. Lo que se le está pidiendo es que Estados Unidos deje de intervenir, que retire su apoyo a los golpistas, único sustento que los mantiene en el poder, y que de ese modo facilite el retorno de Zelaya a Tegucigalpa. La Casa Blanca dispone de muchos instrumentos económicos y financieros para disciplinarlos. Si no lo hace es porque no quiere, y los gobiernos y pueblos de América Latina deberían sacar sus propias conclusiones.

Álvaro Uribe: “Caballo de Troya del Imperio”

En un artículo reciente, usted sostiene que Uribe es uno de los principales narcotraficante de Colombia ¿Podría hacer una ampliación de ésto?

Hay un documento que se hizo público recientemente y que resume información que han venido compilando el     FBI, la DEA, y varias agencias de inteligencia norteamericanas, donde se demuestra irrefutablemente el vínculo que liga Uribe con el narcotráfico. En 2004, el Archivo Federal de Seguridad de Estados Unidos dio a conocer un documento producido en 1991 en el que se acusa al por entonces senador Álvaro Uribe Vélez de ser uno de los principales narcotraficantes de Colombia, referenciado como el hombre número 82 en un listado, cuyo puesto 79 ocupaba Pablo Escobar de Gaviria, capo del Cartel de Medellín y amigo de toda la familia de Uribe. El informe, que puede leerse en http://www.gwu.edu/%7Ensarchiv/NSAEBB/NSAEBB131/dia910923.pdf, asegura que el hoy presidente colombiano “se dedicó a colaborar con el cartel de Medellín en los más altos niveles del gobierno. Uribe estaba vinculado a un negocio involucrado en el tráfico de narcóticos en Estados Unidos. Su padre fue asesinado en Colombia por su conexión con los narcos. Uribe trabajó para el cartel de Medellín y es un estrecho amigo personal de Pablo Escobar Gaviria… (y) fue uno de los políticos que desde el Senado atacó toda forma de tratado de extradición”. Y siguen unas series de acusaciones muy fundadas y probadas, a las cuales se agrega un cuantioso volumen de informaciones que todavía no han sido desclasificadas pero que demuestran los lazos indestructibles y comprobables entre Uribe y el narcotráfico. Esto para ni hablar de su probada vinculación con los paramilitares y su complicidad en el asesinato de miles de civiles en Colombia perpetrado por aquellos en los últimos años y que, entre otras cosas, motivara el bloqueo en el Congreso de Estados Unidos del Tratado de Libre Comercio firmado por George W. Bush y Álvaro Uribe hace ya algunos años.

¿Usted define a Uribe como “el Caballo de Troya del Imperio” en base a esta información?

Absolutamente. Su misión es ser el Caballo de Troya de EEUU dentro del cual penetrará la máquina militar norteamericana con el pretexto de combatir al narcotráfico. Si los norteamericanos le piden siete bases, Uribe pondrá siete bases. Si él llegara a reaccionar o rechazara los pedidos del Imperio, correría la misma suerte del “ex hombre fuerte” de Panamá Manuel Antonio Noriega, quien una vez cumplida con las tareas que le impusiera la Casa Blanca, fue derrocado y apresado por la cruenta invasión de 1989. Noriega fue encerrado en una cárcel de máxima seguridad y condenado a 40 años de prisión por sus vinculaciones con el cartel de Medellín. Eso les ocurre a estos personajes cuando dejan de ser funcionales a los intereses del Imperio. Es por eso que Uribe no puede oponerse a nada de lo que le pida. Y está decidido, si es necesario, en convertir a Colombia en un protectorado norteamericano.

Ahora se entiende porque Uribe intenta a cualquier costo conseguir que la Corte Suprema declare constitucional su reelección…

Claro, por eso Uribe está tan desesperado por obtener su reelección, en medio de un proceso plagado de ilegalidades, fraudes y sobornos. La mal llamada “prensa libre” que se rasga las vestiduras por las iniciativas de consulta popular sobre la reelección de presidentes nobles y patrióticos como Hugo Chávez, Evo Morales o Rafael Correa, no escriben ni una sola línea sobre el proyecto reeleccionista de un personaje del bajo fondo como Uribe, donde más de 70 personas involucradas en su campaña -sobre todo parlamentarios de su partido y altos funcionarios del gobierno- que se encuentran procesadas (y algunas ya condenadas) por la justicia colombiana por la comisión de toda suerte de ilícitos encaminados a facilitar la re-elección de Uribe.
Las bases militares norteamericanas en Colombia

¿Cuántas bases tiene EEUU diseminada por el mundo?

Según Douglas Chalmers, un especialista en este tema, el imperio tiene 872 bases y misiones militares a lo largo y ancho del planeta. Tal como lo dijera ese notable pensador estadounidense Noam Chomsky -a quien el poeta y ensayista cubano Roberto Fernández Retamar denominara “El Bartolomé de Las Casas del imperio norteamericano”- este inmenso dispositivo militar es el principal instrumento de un plan de dominación mundial solo comparable al que alucinara la mente patológica de Adolf Hitler.

Con respecto a las siete bases norteamericanas en territorio colombiano, el presidente Uribe las justifica “para librar una batalla contra el narcotráfico y el terrorismo”.

Es una excusa insostenible a la luz de la experiencia: según una agencia especializada de las Naciones Unidas los dos países donde creció la producción y exportación de amapola y coca son Afganistán y Colombia, ambos bajo una suerte de ocupación militar norteamericana. Y, por otra parte, si algo enseña la historia del último medio siglo de Colombia es la probada incapacidad de la vía militar para resolver el desafío planteado por las FARC. La solución a la crisis es política, no militar.

¿Dónde se instalarían las bases?

Las siete bases estarían localizadas en Larandia y en Aplay (ambas en el Oriente Colombiano); en Tolemaida y en Palanquero (en el centro de Colombia); en Malambo (sobre el Atlántico, en la costa Norte); en Cartagena, sobre el Caribe colombiano y la séptima en un lugar aún no determinado del Pacífico. El Congreso de EEUU ya aprobó la suma de 46 millones de dólares para instalar su personal y sus equipos bélicos y de monitoreo en la más importante de estas bases: Palanquero. En la actualidad ya hay en Colombia 800 hombres de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y 600 “contratistas civiles”-en realidad, mercenarios-pero los analistas coinciden en señalar que la cifra real es mucho más elevada que la oficialmente reconocida. También hay evidencia de que en el Perú de Alan García se han destinado algunos apostaderos navales como base de operaciones de la Cuarta Flota.

Con las bases funcionando en Colombia, ¿el objetivo inmediato es desestabilizar la revolución bolivariana de Venezuela? ¿Puede producirse un efecto dominó en el continente?

Con la entrega de estas bases, Venezuela queda completamente rodeada, sometida al acoso permanente de las tropas del Imperio estacionadas en Colombia, aparte de las nativas y los “paramilitares”. A ello habría que agregar el apoyo que aporta en esta ofensiva en contra en contra de la revolución bolivariana las bases norteamericanas en Aruba, Curaçao y Guantánamo, la de Palmerola, en Honduras; y la IV Flota que dispone de suficiente recursos para patrullar el litoral marítimo y penetrar en los ríos interiores de América Latina. También Bolivia y Ecuador. También Evo Morales y Correa quedan en la mira. En Paraguay, Estados Unidos se aseguro el control de la base estratégica de Estigarribia-a menos de cien kilómetros de la frontera con Bolivia- y que cuenta con unas de las pistas de aviación más extensas y resistentes de Sudamérica, apta para recibir los gigantescos aviones de transporte Galaxy con tanques, aviones y armamento pesado de todo tipo que utiliza el Pentágono. También tiene otra base, a cien metros de la frontera con Brasil (sí, cien metros), actualmente bajo el control formal de la DEA pero que, en realidad es una base militar. Está situada en la localidad de Pedro Juan Caballero, justo frente a la ciudad brasileña de Ponta Porá, en Mato Grosso do Sul. El plan es clarísimo: tienen completamente rodeada al Amazonas, que para los estrategos norteamericanos es una suerte de “tierra de nadie” que será ocupada por quienes tengan la capacidad técnica, logística y militar para hacerlo. No reconocen la soberanía del Brasil, y mucho menos de Colombia, Venezuela, Perú, Ecuador o Bolivia sobre esa inmensa región, el pulmón del planeta Tierra.

En la reunión última del Unasur en Bariloche, ¿se pudo consensuar algo concreto sobre las bases de EEUU en territorio colombiano?

Si bien no se condenó ni se exigió el retiro de las bases norteamericanas en territorio colombiano-cosa que se podría haber hecho- Uribe tuvo que aceptar la creación de una Comisión del Consejo Sudamericano de Defensa con autoridad para visitar esas siete bases, inspeccionar su armamento, las tropas, los civiles-mercenarios contratados. Veremos si cumple. Evo Morales dijo una cosa muy interesante en Bariloche: si EE.UU. es un país tan democrático entonces debería aceptar la realización de un plebiscito continental para que los pueblos de Latinoamérica decidan si aceptan o no la instalación de bases extranjeras en sus territorios. Esta sería una interesante propuesta. De todos modos lo que hay que decir es que pese a su tono lavado la resolución de la UNASUR es importante, que el conflicto no termina aquí y que la disputa será muy larga y con incontables idas y venidas. Haber preservado la unidad de UNASUR y elaborado una declaración por consenso alienta a los distintos gobiernos democráticos de la región para seguir en la lucha contra la militarización desencadenada por la política estadounidense. Y, además, es un moderado revés para la política de la Casa Blanca, uno de cuyos objetivos es abortar a la UNASUR y a cualquier organismo regional que no cuente con su activa presencia.
El Amazonas: el objetivo estratégico de Estados Unidos

Lula y su gigante sudamericano ¿corre peligro también de caer en las garras del imperio?

Como dije antes, el objetivo inmediato es derrocar a Chávez, y con el efecto carambola acabar con Evo Morales y Correa. Pero el objetivo estratégico de largo alcance, es tomar el Amazonas.

¿Por qué?

Porque en el Amazonas se encuentra la más grande reserva de agua subterránea del planeta (sobre todo por su inmensa capacidad de recarga) que es el acuífero Guaraní, que compartimos Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. En la zona hay grandes ríos como el Amazonas, el Orinoco, el Paraná e innumerables afluentes, muchos de los cuales desembocan en la Cuenca del Plata. Esta es una región que los expertos consideran como la más rica del planeta por sus recursos naturales: agua, petróleo, gas, energía hidroeléctrica, minerales estratégicos, agricultura, biodiversidad, etcétera. Esas bases militares son la avanzada de una agresión militar orientada a apoderarse de esas riquezas, la que se desencadenará inexorablemente una vez que el imperio lo considere oportuno y necesario. Por lo tanto, sabemos que esto va a ocurrir; lo único que no sabemos es cuándo ocurrirá. Y Uribe es quien descaradamente ofrece a Colombia como la base territorial más importante para semejante plan de rapiña, aspirando emular en América Latina el papel que Israel desempeña en Medio Oriente.
-Ante este panorama, donde EEUU planea recolonizar América Latina y el Caribe, ¿qué posición tienen que tomar los distintos gobiernos democráticos de la región?
Ante estas amenazas los países sudamericanos tienen que reaccionar con mucha firmeza, exigiéndole a Estados Unidos archivar sus planes belicistas en Colombia, desmilitarizar América Latina y el Caribe y desactivar la IV Flota. Por su parte los gobiernos de la región nucleados en la Unsaur y el Consejo Sudamericano de Defensa deberían reforzar esta demanda mediante algunas iniciativas que claramente demuestren la seriedad de este reclamo: por ejemplo, una primera medida podría ser ordenar el inmediato retiro de las misiones militares y el personal militar estadounidense estacionado en nuestros países mientras no se reviertan las políticas belicistas del imperio. Luego se debería ir escalando meticulosamente estas medidas hasta forzar a Estados Unidos a abandonar sus pretensiones en esta región. Es difícil, sin duda; pero no es imposible.

Revista 2010

18/12/2009 Posted by | General, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 2 comentarios

El tóxico de Uribe – Atilio Boróm


Atilio Borón

Página 12

¿Qué pretende Uribe con su frenética gira por América Sudamérica? Nada menos que vender una iniciativa tóxica, para utilizar el lenguaje impuesto por la crisis capitalista: justificar la escalada de la ofensiva militar del imperio con el propósito de revertir los cambios que en los últimos años alteraron la fisonomía sociopolítica de la región. Ante esta desconcertante realidad la táctica de la Casa Blanca ha sido abandonar la retórica belicista de Bush y ensayar un discurso igualitarista y respetuoso de la soberanía de los países del área, pero desplegando nuevas bases militares, manteniendo a la Cuarta Flota y fortaleciendo sin pausa al Comando Sur.

En este sentido Barack Obama, a quien los perpetuamente desorientados “progres” europeos y latinoamericanos continúan confundiendo con Malcom X, está siguiendo al pie de la letra los consejos de Theodore Roosevelt, el padre de la gran expansión imperialista norteamericana en el Caribe y Centroamérica, cuando dijera “speak softly and carry a big stick”, es decir, “habla bajito pero lleva un gran garrote”. Roosevelt fue un maestro consumado en aplicar esa máxima a la hora de construir el Canal de Panamá y lograr, con la infame Enmienda Platt, la práctica anexión de Cuba a los Estados Unidos. Con su política de remilitarización forzada de la política exterior hacia América Latina y el Caribe Obama se interna por el camino trazado por su predecesor.

La justificación que Uribe esgrime en apoyo de su decisión de conceder a las fuerzas armadas de Estados Unidos siete bases militares es que de esa manera se amplía la cooperación con el país del Norte para librar un eficaz combate contra el narcotráfico y el terrorismo. Excusa insostenible a la luz de la experiencia: según una agencia especializada de las Naciones Unidas los dos países donde más creció la producción y exportación de amapola y coca son Afganistán y Colombia, ambos bajo una suerte de ocupación militar norteamericana. Y si algo enseña la historia del último medio siglo de Colombia es la incapacidad para resolver el desafío planteado por las FARC por la vía militar.

Pese a ello el general Freddy Padilla de León ­–quien gusta decir que morir en combate “es un honor sublime”- anunció días pasados en Bogotá que las siete bases estarían localizadas en Larandia y en Apiay (ambas en el Oriente colombiano); en Tolemaida y en Palanquero (en el centro de Colombia); en Malambo (sobre el Atlántico, en la costa norte); en Cartagena, sobre el Caribe colombiano y la séptima en un lugar aún no determinado de la costa del Pacífico. El Congreso de Estados Unidos ya aprobó la suma de 46 millones de dólares para instalar su personal y sus equipos bélicos y de monitoreo en estas nuevas bases con el objeto de reemplazar las instalaciones que tenía en Manta. En la actualidad ya hay en Colombia 800 hombres de las fuerzas armadas de Estados Unidos y 600 “contratistas civiles” (en realidad, mercenarios) pero los analistas coinciden en señalar que la también Correa y Evo Morales quedan en la mira del imperio si se tiene en cuenta que Alan García en Perú arde en deseos de ofrecer “una prueba de amor” al ocupante de la Casa Blanca otorgándole facilidades para sus tropas.

En Paraguay, Estados Unidos se aseguró el control de la estratégica base de Mariscal Estigarribia –situada a menos de cien kilómetros de la frontera con Bolivia- y que cuenta con una de las pistas de aviación más extensas y resistentes de Sudamérica, apta para recibir los gigantescos aviones de transporte de tanques, aviones y armamento pesado de todo tipo que utiliza el Pentágono. También en ese país dispone de una enorme base en Pedro Juan Caballero, ¡localizada a 200 metros de la frontera con Brasil!, pero según Washington pertenece a la DEA y tiene como finalidad luchar contra el narcotráfico. La amenaza que representa esta expansión sin precedentes del poder militar norteamericano en Sudamérica no pasó desapercibida para Brasil, que sabe de las ambiciones que Estados Unidos guarda en relación a la Amazonía, región que “puertas adentro” los estrategas imperiales consideran como un territorio vacío, de libre acceso, y que será ocupado por quien tecnológicamente tenga la capacidad de hacerlo.

Ante estas amenazas los países sudamericanos tienen que reaccionar con mucha firmeza, exigiéndole a Estados Unidos archivar sus planes belicistas en Colombia, desmilitarizar América Latina y el Caribe y desactivar la Cuarta Flota. La retórica “dialoguista” de Obama es incongruente con la existencia de semejantes amenazas, y si quiere lograr un mínimo de credibilidad internacional debería ya mismo dar instrucciones para dar marcha atrás con estas iniciativas. Por su parte, los gobiernos de la región nucleados en la Unasur y el Consejo Sudamericano de Defensa deberían hacer oídos sordos ante las falacias de Uribe y pasar del plano de la retórica y la indignación moral al más concreto de la política, impulsando algunos gestos bien efectivos: por ejemplo, ordenando el inmediato retiro de las misiones militares y los uniformados estacionados en nuestros países mientras no se reviertan aquellas políticas. De ese modo el mensaje de rechazo y repudio al “militarismo pentagonista” -como precozmente lo bautizara un gran latinoamericano, Juan Bosch- llegaría claro y potente a los oídos de sus destinatarios en Washington. Las súplicas y exhortaciones, en cambio, no harían sino exacerbar las ambiciones cifra real es mucho más elevada que la oficialmente reconocida.

No hace falta ser un experto militar para comprobar que con la entrega de estas bases Venezuela queda completamente rodeada, sometida al acoso permanente de las tropas del imperio estacionadas en Colombia, amén de las nativas y los “paramilitares”. A ello habría que agregar el apoyo que aportan en esta ofensiva en contra de la Revolución Bolivariana las bases norteamericanas en Aruba, Curazao y Guantánamo; la de Palmerolas, en Honduras; y la Cuarta Flota que dispone de suficientes recursos para patrullar efectivamente todo el litoral venezolano. Pero no sólo Chávez está amenazado: del imperialismo.

Rebelión

07/08/2009 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario