America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Contra el nuevo saqueo de la Argentina – Hernan Brienza


Contra el nuevo saqueo de la Argentina
La pendular historia de la deuda argentina y las presiones para llevar al país a una nueva crisis.
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Nota de Tiempo Argentino

Con el paso del tiempo, las cuestiones verdaderamente importantes van tomando su real proporción. Hace poco menos de un año, en la primera entrevista que ofreció la presidenta de la Nación en el ciclo Desde otro lugar, emitido por la TV Pública, Cristina Fernández de Kirchner fue tajante: “Se intenta disciplinar (a los países) no solamente a través de la deuda, sino a través de cómo se quiere administrar el comercio internacional… La deuda externa fue el mayor nido de corrupción desde Bernardino Rivadavia a la década del ’90. Cuando se produjo el golpe de 1976 la deuda argentina era de 6000 millones de dólares, con indicadores económicos muy buenos. Éramos un país industrial y de una economía con una sola moneda… El negocio del mundo financiero internacional es que vos te sigas endeudando, que al banco le pagues más intereses. A partir de la transformación de bancos comerciales en bancos de inversión: el circuito del dinero deja de pasar por la producción para reproducirse, y comienza el negocio de los derivados financieros.”

Hoy, estas palabras, tras el escandaloso comportamiento de la “Injusticia” estadounidense, con el inefable juez de primera instancia Thomas “Buzzard” Griesa, toman una actualidad patente. Sin dudas, la verdadera corrupción en la Argentina es el multimillonario robo de la deuda externa, no sólo por el saqueo que se produce del Estado, sino también de las riquezas y el ahorro de todos los argentinos.

Piense por un momento con qué fortaleza épica negociaría un Mauricio Macri como presidente si hoy dice “hay que ir a sentarse con Griesa y pagar lo que él diga”.
Y no hay que evitar ser ingenuos o malintencionados: no se trata de una cuestión meramente judicial ni de la decisión trastornada de un juez de primera instancia de Estados Unidos, son las cuevas más implacables del orden financiero internacional los que hacen el trabajo sucio para que después recojan los frutos otros sectores económicos.

Con una sola variable, la de la deuda externa, se puede comprender la historia argentina y hacer una división –obviamente esquemática y binaria pero que es útil para mapear política e ideológicamente estos más de 200 años que nos preceden– entre presidencias nacionales y populares y las liberal-conservadoras.

Y la primera conclusión que se podrá establecer es la siguiente: estos últimos –desde Bernardino Rivadavia hasta Fernando de la Rúa endeudaron desvergonzadamente al Estado con organismos financieros de distintas formas–; los primeros, en cambio –desde Manuel Dorrego a Kirchner– comprendieron que no hay posibilidad de llevar adelante un proyecto económico autónomo y sustentable si ese Estado no se libera de las ataduras financieras, verdaderos cepos para el crecimiento de una Nación, impuestas por la toma de deudas realizadas en formas absolutamente irresponsables, cuando no criminales para el futuro de las mayorías argentinas.

Lo interesante de la historia es que detrás de Rivadavia llegaron primero Manuel Dorrego y luego Juan Manuel de Rosas. El primero intentó tomar deuda pública en pesos mediante colectas semiforzosas a los estancieros bonaerenses para cancelar la deuda externa, y el segundo, un poco más radical, decidió directamente desconocer la deuda con la Baring Brothers y no pagarla durante décadas.

El modelo agroexportador –el proceso que comienza con Mitre y concluye con la Década Infame– también es un modelo tomador de deuda permanente y por necesidades estructurales como lo fue el menemismo.

Los desbalances comerciales con Gran Bretaña, producto de las diferencias en los términos de intercambio (exportación de materias primas-importación de productos con valor agregado) y la toma de deudas para saldar esos desequilibrios fueron las principales causas –como bien explica Mario Rapoport en su Historia social, económica y política de la Argentina– de la crisis de 1890, por ejemplo, con síntomas muy similares a los de la crisis de 2001.

El siglo XX también se divide entre desendeudadores como Juan Domingo Perón, quien en 1948 canceló el último pago de deuda estableciendo su celebrada Independencia Económica en la provincia de Tucumán, y los endeudadores, como la dictadura de Pedro Aramburu, que en 1957 logró que Argentina ingresara al circuito de los organismos multilaterales de créditos y tomara la primera deuda con el inefable Fondo Monetario Internacional.

La historia que sigue es bastante conocida: la dictadura militar de Martínez de Hoz –quizás él sea el verdadero cerebro de la dictadura– aumentó la deuda de 7600 millones de dólares a 45 mil millones de dólares, con el agregado de la nacionalización de la deuda privada que realizó el miserable vendepatria –el término apropiado no es reproducible en un diario– de Domingo Cavallo.

Armas, corrupción y negocios privados de las principales empresas fueron los rubros que todos los argentinos debimos pagar con nuestros bolsillos gracias la acción de la dictadura militar.

No es casual entonces que bajo la dirección de Cavallo durante el menemismo y el delarruismo, la deuda externa trepara de 65 mil millones de dólares a 190 mil millones de dólares en apenas una década. Sorprendente.

Y todo para subsidiar las empresas que vaciaban al país aprovechando el retraso cambiario del uno a uno, entre ellas, muchísimas trasnacionales que se llevaban millones de dólares a sus casas matrices. ¿Cómo se logró esto? Sencillo. En la primera etapa, bajo el terrorismo de Estado, la segunda, bajo el terrorismo económico que sufrió el gobierno de Raúl Alfonsín.

Vale la pena recordar qué obtuvo el terrorismo económico a principios de los años noventa. Entre la hiperinflación y las políticas de endeudamiento y sumisión absoluta al FMI, lograron un negocio millonario no sólo para los comisionistas argentinos e internacionales de las constantes renegociaciones sino, sobre todo, poner de rodillas al Estado nacional y por lo tanto a todos los argentinos. ¿Para qué? Fácil. Para quedarse con todas las empresas del Estado. De esa manera los argentinos regalamos a precio vil Entel, Segba, ferrocarriles, Obras Sanitarias, las cajas de jubilación, YPF, Aerolíneas Argentinas, etcétera.

¿De verdad alguien cree que el inefable Griesa toma la decisión que toma porque no le gustó la palabra “extorsión”? Solamente, los muy ignorantes o los muy malintencionados que van en el negocio pueden pensarlo –o algún estúpido periodista que le escribe cartitas genuflexas y sobadoras al juez norteamericano–. Se trata, claro, de acorralar a la Argentina.

¿Por qué es necesario poner al Estado argentino nuevamente de rodillas? Para que negocie, desde un lugar de debilidad como en los años noventa, el tesoro de Vaca Muerta, la fabulosa riqueza minera y la siempre eficiente producción de cereales.

Y como si esto fuera poco para extraer o sustraer las reservas del Banco Central –en el 2002 rondaban los 6000 millones y hoy los 30 mil millones– y sobre todo la capacidad de producción y de consumo que hoy tenemos los argentinos.

¿Le suena muy paranoico? Sepa que 100 mil millones de dólares no es una caja despreciable para ninguna potencia del mundo. Y se sabe, los países desarrollados siempre hacen pagar sus crisis a los países que intentan desarrollarse.

Un párrafo aparte se merece la clase política argentina. ¿Se imagina usted qué podrían hacer con este tema un Sergio Massa, por ejemplo, que fue corriendo siendo jefe de Gabinete a “buchonearle” al embajador de Estados Unidos lo que hacía su propio gobierno?

Piense por un momento con qué fortaleza épica negociaría un Mauricio Macri como presidente si hoy dice “hay que ir a sentarse con Griesa y pagar lo que él diga”. O Jorge Remes Lenicov, que ahora habla de las bondades de la justicia norteamericana olvidándose de la devaluación y la pesificación asimétrica que realizó a favor de las empresas de capital concentrado y monopólicas como Clarín, por ejemplo, robándoles sus ahorros a la mayoría de los argentinos.

¿Se imagina al dubitativo Hermes Binner llevando adelante la negociación? ¿Y Elisa Carrió consultando a las voces que dice escuchar en su cabeza? Ante este panorama, la figura de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner toma su verdadera dimensión.

Por último, el gobierno, sus funcionarios, sus legisladores, sus cuadros, sus militantes tienen un deber irrenunciable: deben salir a explicar a la población con absoluta franqueza la situación económica y política. Argentina y los argentinos no nos merecemos –creo, porque escuchando a algunos comunicadores, políticos y ciudadanos de a pie me hacen dudar– un nuevo saqueo.

Nos costó mucho esfuerzo salir del 2001. Y muchos no queremos volver a no tener Patria.
INFONEWS

29/06/2014 Posted by | Economía, General, Historia, Justicia, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , , , | 2 comentarios

El presente visto desde el futuro – Roberto Caballero


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Con el fallo de la Corte por la Ley de Medios, todo el sistema político antikirchnerista quedó a la derecha. El cambio de época y la anacronía del país conservador.

Roberto Caballero

Relatar un cambio de época no es cosa sencilla. Desde el periodismo, la historia futura se escribe en tiempo presente. Un historiador tiene la oportunidad de juzgar las consecuencias de uno o varios hechos de modo reposado. El periodista, en cambio, debe actuar casi por instinto, separando lo anecdótico y lo trascendental de una noticia, mientras las cosas suceden sin respiro. Es difícil acertar en tiempos convulsionados.
Un cambio de época es la transformación radical de los paradigmas existentes. Hay un orden que entra en crisis, una manera de entender el mundo que es suplantada por otra y una realidad diferente a la conocida que comienza a vislumbrarse como sistema triunfante. El avance no es lineal, es oscilante. El sentido de lo que ocurre no es plano, tiene bajorrelieves. La velocidad no es continua, hay aceleraciones y frenadas bruscas. Pero algunos advierten por olfato, por lectura, por señales, que el proceso es indetenible.
Los lectores de este diario lo saben mejor que nadie. Tiempo Argentino acertó en apoyar desde el vamos la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Visualizó la importancia del Bicentenario. Destacó la soberanía nacional y popular como un valor recuperado. También se animó a investigar la trama oculta de la apropiación de Papel Prensa silenciada durante 27 años. ¿Por qué este diario pudo hacerlo y otros no? Porque al presente hay que verlo desde el futuro. Eso hicimos.
En la misma perspectiva, hay que decir que el demorado fallo de la Corte Suprema de Justicia que declaró constitucional la LSCA es una verdadera bisagra en la historia nacional. Un grupo económico poderoso, que acumuló en los últimos 35 años fortunas siderales para sus accionistas, capturó mercado de manera abusiva, ganó influencia política y administró los bienes simbólicos de toda una época, finalmente debe acatar una ley de la democracia para abandonar la concentración ilegal y dividirse en seis unidades productivas diferentes. (A propósito, una reflexión extra: era tan grande su posición oligopólica, que hacen falta seis empresas al límite de las posibilidades que la ley permite en igualdad de condiciones a todos los grupos, para que pueda adecuarse al régimen antimonopólico previsto en la norma).
Pero la Corte también reivindicó el rol del Estado como garante del derecho democrático a la comunicación y la libertad de expresión, y como autoridad regulatoria del mercado para impedir la homogeneización cultural y la supresión de voces en el discurso público desde posiciones monopólicas. Es un dato muy fuerte, que elude el lugar común del autoritarismo empresarial y recupera la lógica del bien común para la vida institucional. El fallo ratifica definitivamente un rumbo (más democracia, nunca menos) y marca un quiebre político y cultural profundo: es la ruptura con la doctrina libremercadista que dominó la escena del poder en los primeros dos tercios del último periodo constitucional de gobierno, y nada menos que desde la perspectiva de los Derechos Humanos que nuestra Constitución Nacional consagra, pelea clave de la democratización social.
Conviene hacer un poco de historia: la nueva LSCA vino a remplazar un decreto ley firmado por Videla y Martínez de Hoz, referencias claras del terrorismo de Estado y la Doctrina de la Seguridad Nacional, empeorado por los sucesivos gobiernos que aplicaron políticas neoliberales en sincronía con la matriz socioeconómica impuesta a sangre y fuego por la dictadura que asoló el país desde 1976 a 1983, pero cuyo legado reorganizador se estiró conceptual y materialmente hasta el presente, porque beneficiaba a los mismos sectores dominantes, en un siglo y en el otro.
No es casual que el litigio que llegó a la Corte haya sido el del Grupo Clarín SA. Se trata del grupo comunicacional que naturalizó los valores propuestos por aquella dictadura y apoyó la profunda reingeniería que esta llevó delante de modo criminal y masivo, también en su periodo de democracia restringida y de baja intensidad posterior. Clarín no fue el diario que denunció las violaciones de los Derechos Humanos, en sus páginas no hay constancia de la masacre ni de los masacradores, su rol precisamente fue invisibilizar el horror del genocidio de toda una generación para volverlo discutible, algo abominable. No acompañó a la dictadura, no fue un cómplice tácito: integró la superestructura dominante de una época que se extendió hasta ahora. Videla no les regala Papel Prensa. Junto a La Nación, Clarín le exige al dictador que se la arrebate a la familia Graiver para garantizar el manejo del relato. El papel, en los ’70, era como internet hoy. Quien lo manejaba, administraba el flujo informativo. Decidía qué decir y qué callar. En un tiempo de muertes planificadas, los diarios decidieron construir el texto omisor de las acciones del Estado terrorista. O peor aún, en un segundo tiempo: el texto justificador que sostuvo la Teoría de los Dos Demonios. Papel Prensa, obtenido en los camastros de tortura y la picana, es la base fundacional del monopolio que le permitió a Clarín sacarle Radio Mitre a Alfonsín, Canal 13 a Menem y el desarrollo de su cable, a De la Rúa más licencias, la Ley de Bienes Culturales a Duhalde y a Kirchner la fusión de hecho de Cablevisión y Multicanal, aunque nunca fue convalidada. Clarín hizo negocios ejerciendo la tutela, cuando no la extorsión, sobre los tres poderes del Estado constitucional. Porque Clarín era, hasta el fallo de la Corte Suprema que convalidó la LSCA propuesta por el kirchnerismo, el poder acumulado por la Argentina antidemocrática para restringir los avances de la democracia sobre las herencias del proceso que reorganizó el país en función de su objetivo primordial: renta para pocos y miseria para muchos. Cuando Clarín decía que nadie les aguantaba tres tapas, en realidad estaban exhibiendo su poder de fuego para mantener a raya a la política que los molestaba a los dueños del poder y del dinero. A los gobiernos constitucionales les llevó 25 años sacarse el miedo y romper con la lógica asociativa perversa que les proponían Clarín y la Asociación Empresaria Argentina. Néstor y Cristina Kirchner dieron el paso iniciático, corrieron el límite de lo aceptado. El, cuando dijo que Clarín estaba nervioso porque desde la Casa Rosada no respondían a sus exigencias, algo inaudito para sus accionistas, tributarios del viejo esquema de poder. Ella, enviando el proyecto de LSCA al Congreso de la Nación y soportando no tres, sino 500 tapas en su contra, derrumbando un mito. Ambos, impulsando la lucha contra la impunidad que exigían las Madres, las Abuelas y los nietos recuperados.
El Poder Judicial demoró un lustro más en darse ánimo para avanzar. Pero lo hizo. Después del fallo, sus integrantes, que hace una semana eran la reserva última de la república, reciben hoy, de parte de Clarín y sus satélites, el mismo trato despiadado que el grupo prodigó en todos estos años a los políticos insumisos a sus planes de eternización. No le faltaba razón a Clarín cuando consideraba al Poder Judicial como un aliado, claro. La otra gran pata que custodió el legado dictatorial surgió de allí. Muchos de sus integrantes sostuvieron la pátina pseudo-jurídica donde se asentó la impunidad de los ejecutores del genocidio, hasta que las políticas de Memoria, Verdad y Justicia derribaron esa protección. Muchos de sus integrantes también apoyaron la matriz neoliberal, la cristalización de una Argentina dual, convirtiendo el derecho empresario a hacer negocios en una especie de derecho natural y al mercado en un dogma en sí mismo, idea darwiniana si las hay. Por eso es tan importante el fallo de la Corte: porque retira al Poder Judicial de la órbita de los grupos concentrados, lo sustrae del influjo de los poderes fácticos y lo pone al servicio de una sociedad madura, que vive en una democracia con 30 años de vigencia ininterrumpida. Tal vez el frustrado proyecto para democratizar el Poder Judicial comenzó así, en vez de abajo hacia arriba como proponía el Ejecutivo, a la inversa, con esta sentencia cupular, que muy probablemente derrame sus efectos sobre el resto de la judicatura más conservadora. Es una chance, no una certeza. Sin embargo, todos somos testigos de que lo imprevisto sucedió. Esto es vivir un cambio de época.
Héctor Magnetto está en problemas. La estabilidad de su sistema de poder entró en crisis. Buena parte de la política y la propia Corte le perdieron el miedo. Sus socios no toleran lo que el lenguaje frio de las planillas contables les dice: el valor de las acciones del Grupo Clarín SA ayer era uno, hoy es su sexta parte. El dispositivo armado desde hace décadas para arrebatarles buenos negocios a los gobiernos mediante el lobby público y privado, hoy les hace hacer malos negocios a sus accionistas. Algo cambió. Lo siguieron en su última epopeya bélica: tratar de desbancar a Cristina Kirchner antes de que la Corte se pronunciara. Tuvo cuatro años, no pudo hacerlo. Se quedaron con la sexta parte de lo mucho que tenían. Seguirán siendo poderosos, pero en una escala que no le va a permitir hacer lo que hacía antes. Que sus accionistas hayan decidido usar la pequeña hendija que dejó David Martínez, su socio menor en Cablevisión, abierta en vísperas del 7D para adecuarse a la ley, es una derrota para Magnetto comparable a la rebelión que cualquier general sufre de sus coroneles, es como el amotinamiento en un barco donde el timón del capitán se pone en debate. Su estrategia de colisión frontal no dio resultado. El gobierno democrático no se tiró a la banquina como esperaba. Se preguntará, seguramente, en qué falló, dónde cometió el error. Una respuesta posible: la Revolución Industrial suplantó el trabajo manual por la mecanización, del mismo modo que la democracia vino a sepultar la arbitrariedad de los poderes fácticos en la sociedad moderna. El cambio de época es así. Produce ganadores y perdedores. Magnetto quedó abrazado a un orden anacrónico antidemocrático. Su mirada del mundo se oxidó.
El interrogante sigue latente. Se trata de una persona inteligente. Además, exitosa durante décadas. Los accionistas de Clarín le deben todo lo que llegaron a ser, hasta que sucedió lo de la Corte: el mayor conglomerado de medios de comunicación y derivados del país. Eso no lo hace un incapaz, más bien dice de él lo contrario. Su modelo de negocios, su método de injerencia en la vida política, su capacidad articuladora de mensajes que gobernaban el estado de ánimo de la sociedad, funcionó eficazmente mientras la herencia atemorizante de la dictadura cumplía con el rol disciplinador de las posibilidades democráticas. Ya no. ¿Por qué, entonces, no hizo un viraje antes del fallo de la Corte? ¿Por qué no cedió a los pedidos de Marcela Noble para que resigne la competencia a todo o nada contra el gobierno elegido por la voluntad popular? Ocurre que Magnetto tiene un inconveniente que la heredera del holding no tiene. Son dos palabras: Papel Prensa.
Para la causa judicial que investiga los delitos cometidos contra los Graiver, Magnetto no necesita un bufete de buenos abogados, que seguros los tiene y los puede pagar. Le hace falta, en realidad, toda la artillería mediática, toda la capacidad monopólica de unificación discursiva de su grupo, toda la fábrica de sentido trabajando en doble turno para poder herir al kirchnerismo, sus símbolos, sus referentes y las políticas de Derechos Humanos que impulsó en la última década. El fallo de la Corte, además, empeoró su dramática encrucijada personal: es una mala noticia advertir que la justicia se despabila de su antigua docilidad, justo ahora que la documentación secreta y reservada de la dictadura que empieza a hacerse pública aporta al expediente evidencia incontrastable de que el viejo “acuerdo entre privados” no existió. Magnetto quería Papel Prensa y la dictadura quería que Magnetto lo obtuviera. En el medio están las detenciones ilegales, las torturas y el terror que padecieron los Graiver. Es una situación muy delicada, desde el punto de vista procesal.
El juez federal Julián Ercolini tiene toda la documentación en su juzgado. Está el trabajo que hizo la Secretaría de Comercio Interior, “Papel Prensa, la verdad”; ahora se suman las actas reservadas y secretas de la Junta Militar cuyo hallazgo anunció el ministro Agustín Rossi y toda esta información administrativa es complementaria de la investigación periodística que Tiempo Argentino llevó adelante, descubriendo que el general Oscar Bartolomé Gallino se reunía con Héctor Magnetto y Bartolomé Mitre, directores de Clarín y La Nación, y luego confeccionaba los interrogatorios que padecía Lidia Papaleo de Graiver, ilegalmente detenida en un centro clandestino del Circuito Camps. Papel Prensa fue un botín, como tantas otras empresas que la dictadura arrebató a sus verdaderos dueños, en el marco de la represión ilegal y su objetivo de diseñar un país a la medida de sus ambiciones.
La saga de notas impresionantes que publicó este diario en 2010, con la firma de los periodistas Cynthia Ottaviano y Juan Alonso, permite comprender la operatoria del Estado terrorista en alianza con los medios de comunicación oficialistas del genocidio. Leerlas es adentrarse en el futuro, una vez más.
Los documentos que Rossi hizo públicos vienen a probar judicialmente lo que ya se había denunciado periodísticamente: que la Junta Militar presionó primero y detuvo después a los integrantes de la familia Graiver para despojarlos de Papel Prensa y en simultáneo entregársela a Clarín y La Nación. Pero no fueron simples beneficiarios: en el pedido de indagatoria a Magnetto y Mitre que la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación hizo hace tres años, se les asigna un rol protagónico en el desapoderamiento. Las nuevas evidencias también le dan la razón a Eduardo Luis Duhalde, el ya fallecido secretario que presentó la histórica denuncia.
Hay más en los documentos que ahora se conocen y están bajo estudio de Graciana Peñafort, directora de Jurídicos del Ministerio de Defensa, además coautora de la LSCA e implacable defensora de la norma en las audiencias ante la Corte. La dictadura genocida tenía un plan que se extendía hasta 1998. Hablaba en ellos de una “nueva república”. Allí aparece el sustento doctrinario del terrorismo de Estado: el golpe fue para cambiar la matriz productiva, licuar la soberanía cultural, desnacionalizar la economía y acoplar a nuestro país a un nuevo orden internacional, uno donde el capitalismo de rapiña era el triunfante y definitivo vencedor en la historia de la humanidad. Está escrito en los documentos, no es una especulación. No se trata ya de la interpretación de los intelectuales que acompañaron el movimiento de Derechos Humanos, que denunciaron el plan siniestro casi en soledad. Era el proyecto de los Videla, de los Martínez de Hoz, de los Magnetto, de los Noble y de los Mitre, entre otros apellidos asociados al “proceso de reorganización nacional” que propuso y llevó a cabo un baño de sangre como pretendida solución final al país que deseaban, que nació en los ’70 pero se terminó de configurar en los ‘’90

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Casi tres décadas más tarde, la Argentina es otra. El jefe de la Fuerza Aérea le avisa al ministro de Defensa sobre la existencia de estos papeles secretos, olvidados en una vieja oficina, entre trastos y muebles en desuso. La Corte no acata la voluntad expresa e impresa de Clarín para defender su oligopolio. Los socios minoritarios de la empresa se rebelan al CEO belicoso. La democracia sale de su extensa fase posibilista y se fortalece con un horizonte de profundización.
Esto también es el cambio de época. Solo había que animarse a verlo desde el futuro. «

La derecha no sabe leer

Hizo falta que la Corte Suprema se corriera con el fallo de la Ley de Medios un centímetro al centro de lo permitido por el statu quo para que todo el sistema político quedara a la derecha del kirchnerismo. Las cosas que se leen, teñidas de una malicia y un macartismo perimido, no se pueden creer. Ahora resulta que la ley que combatieron durante todo este tiempo es buena, y que los malos son los que quieran aplicarla. Primera conclusión: la derecha no sabe leer. De las casi 400 páginas del fallo, solo tres párrafos en la fundamentación del voto de Enrique Petracchi permiten sostener el embate que iniciaron contra la AFSCA y su titular, Martín Sabbatella; el resto, es una argumentación eficaz en sostener la autoridad regulatoria del Estado en el mercado audiovisual. Pero, así y todo, leen mal. El propio Petracchi advierte en su voto que su opinión sobre la independencia de la autoridad de aplicación no es vinculante, porque no forma parte del litigio de fondo. En síntesis, la oposición trabaja sobre algo que no existió en el expediente y es más clarinista que Clarín SA, porque el grupo de Héctor Magnetto decidió refunfuñando adecuarse a la ley que hay y no a la que fantasean sus satélites desorientados. El caso de Gerardo Milman, del FAP, es grave. Dice en público que la ley es inaplicable por inservible al mismo tiempo que acepta un cargo creado por la misma ley, ahora que se queda sin su diputación. Si fuera serio en sus alaridos republicanos, debería renunciar y no quedarse a cobrar un sueldo de un organismo creado por una ley en la que no creyó ni cree ni va a creer. ¿Desde qué convicción reciente traiciona a sus convicciones previas? Por lo demás, el macartismo desplegado por Sergio Massa, Clarín y Jorge Fontevecchia merece un párrafo aparte. Criticar a Sabbatella por su paso adolescente en el PC es hablar no tanto del kirchnerista Sabbatella sino del infantilismo ideológico de sus actuales atacantes. La identidad comunista tuvo en un siglo, 90 años de vida clandestina y persecución criminal, en muchos casos con un alto grado de consecuencia política militante, más allá de los resultados. El PC no siempre acertó en sus lineamientos, es cierto, pero en una democracia nadie es menos por su linaje ideológico original. Importan los hechos del presente. Ese tipo de críticas hay que dejárselas a Pando, los nietos de Camps y la resaca de la dictadura. De ese lado, y de ningún otro, se ponen solitos los que hablan de Sabbatella como si fuera Satanás. Se quedaron en 1989. Creyeron en Fukuyama. Se equivocaron. Eso duele. Si alguna vez sostuvieron que la historia acababa, no pueden venir ahora a querer ser protagonistas gramáticos de la historia que prosiguió pese a sus pronósticos funestos. Son el pasado, se la tienen que bancar. Son la derecha, aunque les duela, estéticamente e ideológicamente hablando.
TIEMPO ARGENTINO

10/11/2013 Posted by | General, Historia, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Golpistas antes y golpistas ahora – Hernan Brienza


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La editorial del día de ayer del diario La Nación titulada “La tinta no destituye” apela a una serie de fantasmagorías golpistas que vale la pena comenzar a espantar.

Por:

Hernan Brienza
En una mirada naif –por conveniencia propia, claro; es decir, para deslindar la propia complicidad histórica del matutino mitrista con todas las dictaduras del siglo XX– sobre la prensa y la política, el editorialista escribe: “El jueves último en Berazategui, al reanudar la campaña electoral, (la presidenta) hizo suyas las palabras que acababa de pronunciar el intendente de esa comuna, Patricio Mussi. “Me encantó la metáfora –afirmó la jefa del Estado refiriéndose a una frase de Mussi–, lo de las balas de plomo que derrocaron a Perón con las balas de tinta que por ahí intentan derrocar o destituir gobiernos populares. ¡Qué metáfora tan exacta y tan perfecta! En boca de la presidenta, esas palabras revisten una inusual gravedad por el ataque a la prensa que ellas encierran, pues la metáfora, lejos de ser ‘tan exacta y tan perfecta’, es errónea y falaz de punta a punta. Ni las balas de plomo derrocaron al general Juan Domingo Perón, ni existen balas de tinta, ni, en caso de existir, podrían destituir gobiernos. Perón no cayó por obra de las armas que alzó la Revolución Libertadora en 1955. Cayó, básicamente, porque su régimen se había agotado y abundaban los escándalos y las burdas muestras de autoritarismo. Las ‘balas de tinta’ no matan ni hieren, ni mucho menos derrocan gobiernos. Esos proyectiles sólo informan, analizan, investigan y critican. Forman opinión. Si esa opinión, al convertirse en el voto que se deposita en las urnas, resulta políticamente letal, es pura y exclusivamente porque la tinta, al margen de los errores que se puedan cometer, ha sabido transmitir la realidad en la que viven los lectores.”

El editorialista del diario La Nación –que compartió junto con Clarín la apropiación de Papel Prensa realizada en complicidad con la última dictadura militar– olvidó varias cosas en su escrito. 1) que su diario llevó adelante una campaña de desprestigio sistemática contra el gobierno de Juan Domingo Perón, alentando el golpe de Estado de junio del 1955 y el posterior de septiembre, 2) que en 1954, el oficialismo había ganado las elecciones por la vicepresidencia por una abrumadora mayoría, que demostraba que lejos de estar agotado gozaba de buena salud más allá de los errores, las contradicciones y ciertos giros autoritarios que pudiera tener –nada comparable a la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu que fue ilegal, ilegítima, fusiló, encarceló, desterró decenas de personas–, y 3) que Perón renunció a la Presidencia de la Nación después del bombardeo criminal que asesinó a más de 300 civiles, el 16 de junio del 55 –cualquier imagen de esa plaza acribillada por las bombas demuestra la mala intencionalidad del editorialista de La Nación– y tres meses después un nuevo levantamiento militar que amenazó con bombardear las destilerías de combustible de La Plata. No fue el agotamiento, fue el plomo y el fuego impartido criminalmente por sus enemigos políticos el que puso fin al gobierno legal, legítimo, democrático de Perón.

El gobierno de Néstor Kirchner, primero, y luego los dos de Cristina Fernández de Kirchner fueron y son acosados continuamente por una prensa autodenominada “independiente” que no hace más que intentar deslegitimar para destituir a un gobierno legal, legítimo y democrático. El editorialista de La Nación debería recordar la famosa amenaza-editorial de Claudio Escribano, quién le advirtió a Néstor Kirchner antes de asumir que iba a durar menos de un año si no cumplía con cinco puntos programáticos: 1) “La Argentina debe alinearse con los Estados Unidos. No son necesarias relaciones carnales, pero sí alineamiento incondicional. Es incomprensible que aún no haya visitado al embajador de los Estados Unidos.” 2) “No queremos que haya más revisiones sobre la lucha contra la subversión. Está a punto de salir un fallo de la Corte Suprema de Justicia en ese sentido. Nos parece importante que el fallo salga y que el tema no vuelva a tratarse políticamente. Creemos necesaria una reivindicación del desempeño de las Fuerzas Armadas en el contexto histórico en el que les tocó actuar.” 3) “No puede ser que no haya recibido a los empresarios. Están muy preocupados porque no han podido entrevistarse con usted.” 4) “Nos preocupa la posición argentina con respecto a Cuba, donde están ocurriendo terribles violaciones a los Derechos Humanos.” 5) “Es muy grave el problema de la inseguridad. Debe generarse un mejor sistema de control del delito y llevarse tranquilidad a las fuerzas del orden con medidas excepcionales de seguridad.”

Golpistas antes y golpistas ahora. Los editoriales del diario La Nación siempre fueron impresos con el mismo plomo con que se fabricaron las balas de todos los golpes de Estado del siglo XX.
INFONEWS

04/09/2013 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario

EL INFIERNO ES POCO – El almirante y el cardenal – Horacio Verbitsky



Por Horacio Verbitsky

Por una ironía de la historia, ayer se murió el ex almirante Emilio Massera y debutó ante un tribunal el cardenal Jorge Bergoglio. Así volvieron a cruzarse la rama naval de la dictadura y la Iglesia Católica, en la ciudad de Buenos Aires, donde Massera montó su aparato de torturas y exterminio y en la que Bergoglio encabeza la principal diócesis del país. Uno y otro recibieron de la justicia argentina un trato reverente. 

Massera fue detenido por primera vez en plena dictadura, cuando el esposo de su amante no volvió de un paseo en el yate oficial del Comandante en Jefe de la Armada. A ese procesamiento se sumó el segundo en 1985, junto con Jorge Videla y Ramón Agosti. Por última vez de uniforme, se quejó ante la Cámara Federal de la veleidosa sociedad que le daba la espalda luego de haberlo consentido. Durante años rumió su mayor rencor contra los grandes empresarios, cuyos privilegios tuvo la ingenuidad de creer que compartiría para siempre. Indultado por Menem, recorrió canales de televisión prestando un servicio a la sociedad que muchos no valoraron en aquel momento. Su gesto tenso, la repetición de consignas vacías, el despecho y la amenaza en cada palabra, sirvieron para que los más jóvenes aprendieran de primera mano el horror. El señor de la ESMA volvió a caer en 1998, horas después que Pinochet en Londres, por robo de bebés y saqueo de los bienes de sus víctimas. Pero el proceso se suspendió porque en 2002 sufrió un derrame cerebral. La justicia de Roma, donde debía responder por la desaparición de personas de nacionalidad italiana, envió a la Argentina un perito médico. Su dictamen, en febrero de 2009, fue que fingía y que estaba en condiciones de enfrentar el proceso. Al mes siguiente se le realizó un nuevo peritaje argentino. El dictamen ratificó que Massera carecía de la posibilidad de comprender las resoluciones judiciales. Así lo certificaron incluso los peritos designados por las víctimas. Desde entonces, nadie volvió a molestar a uno de los tres jefes de la primera dictadura militar, quien vivió en su casa, con su familia, hasta su internación final. Murió de viejo, a los 85 años. Esa es la diferencia entre el terrorismo de Estado y el estado de derecho, en el que hasta el peor asesino goza de las garantías que en el apogeo de su poder negó a sus víctimas.

Bergoglio tuvo el privilegio de eludir la declaración pública en el tribunal que juzga los crímenes de la dictadura. En cambio los jueces aceptaron visitarlo en su arquidiócesis. Reconoció que en 1999 habló conmigo sobre el secuestro de sus entonces subordinados en la Compañía de Jesús, Orlando Yorio y Francisco Jalics. Pero dijo que nunca oyó hablar de la isla “El Silencio”, en el Tigre, propiedad del Arzobispado porteño, a la que fueron trasladados los prisioneros de la ESMA en 1979 para que no los encontrara la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Eso no es cierto, ya que en aquella entrevista Bergoglio me dio los datos precisos sobre el expediente sucesorio del solterón empleado de la Curia que figuraba como dueño de la propiedad. El papel manuscrito que me entregó se reproduce en esta página.

También negó haberse entrevistado en el Colegio Máximo con el obispo de Morón, Miguel Raspanti. Esto contradice el testimonio de la catequista de Morón Marina Rubino, quien estudiaba teología en el Máximo. Un mediodía, al salir de sus cursos, encontró allí a Raspanti. Marina sabía que sus profesores Jalics y Yorio y un tercer jesuita que trabajaba con ella en el colegio de Castelar, Luis Dourron, habían pedido pasar a la diócesis de Morón. Le dijo que los tres eran intachables, que no dudara en recibirlos. Raspanti le aclaró que la situación era más complicada. No podía recibirlos en la diócesis por “las malas referencias que Bergoglio le había mandado”. Estaba muy angustiado “porque en ese momento Orlando y Francisco no dependían de ninguna autoridad eclesiástica y, me dijo:

No puedo dejar a dos sacerdotes en esa situación ni puedo recibirlos con el informe que me mandó. Vengo a pedirle que simplemente los autorice y que retire ese informe que decía cosas muy graves”.

Bergoglio dijo a los jueces que cuando los curas fueron secuestrados mantuvo un diálogo duro con Massera, a quien visitó para salvarlos. También le preguntaron por su visita a la Cancillería al pedir un trámite especial para la renovación del pasaporte de Jalics, una vez que quedó en libertad. Contestó que le había dicho al funcionario que lo atendió que Jalics estuvo detenido junto con Yorio, que ambos fueron acusados de guerrilleros pero que “no tenían nada que ver”. No es eso lo que dicen los documentos del archivo de Culto. Según el funcionario Anselmo Orcoyen, Bergoglio le dijo que Jalics tuvo “actividad disolvente en Congregaciones religiosas femeninas (Conflictos de obediencia)”. Fue “detenido en la Escuela de Mecánica de la Armada 24/5/76 XI/76 (seis meses) acusado con el padre Yorio. Sospechoso contacto guerrilleros. Vivían en pequeña comunidad que el superior Jesuita disolvió en febrero de 1976 y se negaron a obedecer solicitando la salida de la Compañía el 19/3. Ningún Obispo del Gran Buenos Aires lo quiso recibir”. Orcoyen añade que Bergoglio le comunicó esos hechos “con especial recomendación de que no se hiciera lugar a lo que solicita”.

Cuando en la megacausa ESMA se trate el secuestro de Yorio y Jalics, es probable que estos hechos vuelvan a ventilarse, pero en otros términos, y que Bergoglio no pueda acogerse a los privilegios que el Código Procesal Penal concede por su jerarquía a algunos testigos, pero no a los imputados. Tal vez entonces envidie las brumas mentales que aliviaron el final de Massera.

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Pidió parar el “verdugueo”

Luego de declarar ante la Justicia, el cardenal Jorge Bergoglio presidió la misa de apertura de la asamblea del Episcopado, en la que advirtió contra “la suficiencia”, “el imponerse con mal trato” y “el verduguear”, que consideró son formas de conducción que “dispersan” y “escandalizan” al pueblo, al proponer a los obispos que consoliden un estilo basado en la mansedumbre. “La mansedumbre no agrede ni menosprecia a ninguno. Como hija de la caridad, es paciente, es servicio, no es envidiosa, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, sino que se regocija con la verdad; todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”, subrayó. Bergoglio utilizó pasajes bíblicos para reclamar cambios de estilo. “Tengamos cuidado de no convertirnos en jefes y patrones al estilo de los que denuncia el profeta: ‘jefes que son leones rugientes, jueces que son lobos nocturnos que no dejan nada para roer a la mañana; profetas fanfarrones, hombres traicioneros; sacerdotes que han profanado las cosas santas y han violado la ley, e injustos que no conocen la vergüenza’”, precisó.

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09/11/2010 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , | Deja un comentario

Mirtha, una tía especial – por Carlos Barragán, periodista


cultura@miradasalsur.com

Por qué ahora revela el secuestro de su sobrina desaparecida.

Era llegar de la escuela, ir derecho a encender el Zenith para ver a Los Tres Chiflados y después aceptar la decisión de mi madre y de todas las madres para poner Almorzando con Mirthalegrand, así todo junto, porque todavía no era Mirtha, ni La Señora.
Y en blanco y negro descubrimos la rosas rococó rosadas, aprendimos de sus modales, sus criterios estéticos, sus valores y la manera correcta de ser argentinos. Eran tiempos en que el Ser Argentino era el gran dilema a desentrañar, y Mirtha lo desentrañaba.
Ella fue el argentino que pedía Orden en los años bravos, que pedía mano dura cuando la mano venía mal, que invocaba la valentía y el coraje cuando la valentía y el coraje (la improbable valentía de aquellos militares) eran valores superiores al de la democracia. Y es que la democracia era lo más parecido a la anarquía, al viva la pepa. La democracia era ese sistema donde cada uno hacía lo que quería, en tiempos en que era insoportable lo que una parte de la población quería. Parafraseando a Aldo Rico, la democracia era la jactancia de los países cultos y poderosos.
Y Mirtha no parecía diferente a esos millones que aceptaban las calles acuchilladas por tanques, fálcones y patrulleros que tenían una tarea difícil por hacer: limpiar la sociedad de los grupitos de antisociales que querían imponer un estilo de vida anti-argentino. Pero Mirtha sí era diferente, era un megáfono glamoroso que decía aquello que muchos querían escuchar para tranquilizar sus dudas. Esas dudas que podrían traducirse en “¿Será cierto que los torturan y después los tiran al río?”. No, señora, quedesé tranquila, esa es la mentira que utilizan esos subversivos que no tienen límites. Que son capaces de inventar esas historias macabras para desprestigiarnos a todos, cuando en realidad están escondidos en Europa tocando la guitarra y planeando la manera de destruir nuestros valores.
Año 2010. Mirtha ya no es masiva como supo serlo durante tantos años, no es masiva pero sigue manteniendo parte de la representatividad que la hizo masiva, famosa y rica. Por eso sigue teniendo importancia lo que dice, porque lo que dice es lo que muchos piensan, pensarán o tienen ganas de pensar pero no se animan. Ella fue la única que se atrevió a expresar aquella duda existencial de “¿Se viene el zurdaje?”. Aquel “se viene el zurdaje” que ella se lo endosó a “lo que dice la gente” fue el testimonio de su más honda concordia con los valores de la dictadura militar y el conservadurismo con spray en la cabeza.
Y aunque sea tentador pensar que el endoso a la gente fue una manera de no hacerse cargo, lo cierto es que Mirtha sintoniza bien con su público, y es su público –y su público y ella tenían buenas razones para temer el regreso de ese fantasmagórico zurdaje– que finalmente Mirtha tuvo que soportar, con sus políticas y discursos que exhumaron cuestiones como las luchas sociales, lo nacional, las políticas populistas, los derechos humanos, el Estado que si bien no es plenamente benefactor es sin dudas –y si me permiten– ciudadano friendly, todo esto sazonado con algo de camporismo que pone los pelos de punta –de espanto o de entusiasmo–. Pero el mal mayor de este –su– zurdaje es que exhumó nuestra historia reciente.
Y entonces Mirtha vuelve a combatir al grupito que llegó para destruir nuestros valores, dice tenerles miedo, dice que son totalitarios, que cercenan libertades, que roban, que destruyen, que son el Mal. Hasta que un día, hace público un relato que ella suponía privado aunque los delitos nunca lo son: la historia de Mirtha, su sobrina y el marido secuestrados. Ella que habla con Harguindeguy. Harguindeguy que se la salva. Mirtha que cuenta la historia ahora. Y el marido de su sobrina que ahora sigue desaparecido.
Si uno la escucha atentamente se detecta el respeto que todavía tiene por aquel General de la Nación, un hombre que hacía su trabajo tal y como la Patria –en peligro– se lo demandaba. La Argentina acechada por una juventud violenta y cautivada por fuerzas extra-nacionales. Su sobrina que es parte de esa juventud, y ella que actúa como la tía Rosa (Rosa María Juana Martínez Suárez), traicionando el compromiso político de la ciudadana, la pública, Mirtha Legrand. Mirtha obligada por lazos y afectos familiares, que muchas veces nos hacen actuar en contra de nuestras convicciones.
Mirtha combate a los montoneros, pero la tía Rosa salva a su sobrina. Ya no están Los Tres Chiflados, ni el Zenith, ni mi madre, pero Mirtha sí y después de todo este tiempo nos cuenta esta historia de su sobrina. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Por qué nos revela que ya en 1977 ella supo que torturaban y desaparecían personas? ¿Para qué participarnos?
Quizá sea tautológicamente para eso: para participarnos, para hacernos partícipes de la crueldad que ella toleró y ayudó a tolerar y a comprender como necesaria. La crueldad que tantos negaban porque la negación es la mejor manera de tolerar. Pero Mirtha pasó de la tolerancia al respaldo entusiasta. Sus almuerzos fueron una pedagogía de lo siniestro, el doméstico televisor desde donde nos decía y nos sigue diciendo que somos argentinos, que somos su público, que somos como ella y que debemos ser como ella.
Mirtha nos cuenta y cuenta con nosotros, que si la miramos nos vemos a nosotros mismos en un espejo que nos dice que tendremos suerte. Porque su programa trae suerte.

Miradas al Sur

22/06/2010 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , | 4 comentarios

Argentina – Hallan una fosa común con restos humanos en un predio del Ejército



El Equipo Argentino de Antropología Forense encontró un número indeterminado de restos de humanos que pertenecerían a víctimas de terrorismo de Estado durante la última dictadura militar en una fosa común localizada en “Campo San Pedro”, un predio del Ejército Argentino, a unos 50 kilómetros de la ciudad de Santa Fe. La búsqueda, que duró dos años, se enmarca en una causa iniciada por denuncias de la Casa de Derechos Humanos de Santa Fe y otros organismos de la misma línea.

A través de una orden del Juzgado Federal número 2 de Santa Fe, el Equipo de Antropología Forense inició a fines de 2007 “trabajos de prospección arqueológica a fin de localizar posibles inhumaciones clandestinas realizadas durante el último gobierno militar y en su caso la posterior identificación de los restos humanos”, en el marco de la causa iniciada en marzo de ese año a partir de las denuncias de la Casa de Derechos Humanos de Santa Fe y otros organismos de esa línea.

Dos años después el equipo halló “una fosa común, en cuyo interior se hallaron restos humanos de varias personas cubiertos con cal y evidencia balística asociada a los mismos”, localizada en el “Campo San Pedro”, propiedad del Ejército Argentino.

En el mismo sentido, desde el organismo señalaron que “se han iniciado las tareas tendientes a lograr la identificación de los restos encontrados, sin perjuicio de lo cual cabe señalar que el hallazgo mencionado no dan por terminadas las tareas de prospección y búsqueda, restando todavía explorar una gran superficie del terreno”.

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15/06/2010 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

Chile: el trágico fin de un mito



10 Mar 2010

MARIO AMORÓS

Han transcurrido ya casi dos semanas desde el cataclismo que resquebrajó una extensa franja del sur de Chile, arrebató la vida a cerca de 500 personas, destruyó más de un millón de viviendas, arrasó numerosas localidades costeras y ciudades tan importantes como Concepción, Talcahuano o Constitución y arruinó un sinfín de infraestructuras, incluso en Santiago. El seísmo y el posterior tsunami, seguidos por sus incesantes réplicas, devastaron las regiones del Maule y el Biobío, pero también han dejado al descubierto la falacia del mito chileno, proyectado por el poder político, mediático y económico, alimentado por los medios de comunicación y los gobiernos de Occidente, jaleado recientemente con su ingreso en el exclusivo club de la OCDE o con sus relaciones comerciales privilegiadas con Estados Unidos y la Unión Europea.
Como en tantas otras ocasiones a lo largo de su historia republicana, las élites chilenas intentan presentarse como la excepción en una América Latina supuestamente atrapada hoy entre el autoritarismo y el neopopulismo. Se trataría de un país con un sólido desarrollo democrático, confirmado aparentemente por la victoria de la derecha en las elecciones presidenciales de enero. Y de una nación que se habría anticipado, debido a la mano dura de la dictadura militar, en la aplicación de las recetas que conducirían al éxito: la privatización de la sanidad, las pensiones, la educación y los principales servicios (electricidad, agua, transportes, carreteras…), la laminación de los derechos de los trabajadores y los sindicatos y la sacralización del poder económico y financiero.
El terremoto tuvo su epicentro también en las entrañas de este mito. En los últimos días hemos podido contemplar el hiriente desamparo de centenares de miles de ciudadanos de un país que carece de una red pública eficaz de asistencia, a pesar de la persistente amenaza de estas catástrofes naturales, y cuyo Gobierno decretó tempranamente el despliegue de miles de efectivos de las Fuerzas Armadas y de Carabineros y el toque de queda para restaurar el orden y proteger la propiedad privada.
En cambio, el Ejecutivo que preside Michelle Bachelet tardó unas interminables 72 horas en lograr repartir alimentos en Concepción (la segunda ciudad más populosa del país), por lo que muchas personas no tuvieron más remedio que recurrir al pillaje para sobrevivir, en un escenario dramático en el que, a la ausencia durante días de luz eléctrica y agua potable (servicios en manos de compañías privadas), se sumaba la carencia de equipos humanos suficientes para rescatar a las personas atrapadas por los derrumbamientos o atender a los heridos. Estos sucesos han sido utilizados para sustituir el debate sobre el modelo de sociedad que se derrumbó el 27 de febrero por los retóricos llamamientos en pro de la unidad nacional para la reconstrucción del hermoso sur del país, simbolizados en el “Fuerza Chile” de la presidenta y en el larguísimo telemaratón conducido por el inefable Don Francisco entre el viernes y el sábado.
José Luis Ugarte, profesor de Derecho de la Universidad Diego Portales, reflexionaba estos días: “¿Por qué en Chile apenas el orden se retira –cuando el brazo armado de la ley deja de atemorizar– los sectores más pobres se sienten con el legítimo derecho de saquear y tomar aquello que de otro modo –legalmente– no alcanzan? Porque la sensación de injusticia y de exclusión altamente extendida entre los pobres hace que nuestra sociedad esté pegada con el mismo pegamento que esos edificios nuevos que hoy se derrumban. El terremoto ha desnudado al capitalismo chileno, mostrando vergonzosamente sus pies de barro. Ni nuestra mejor propaganda ni la de los organismos financieros puede esconder que a la hora de repartir entre todos nuestros beneficios nos parecemos más a los países africanos que a los del Primer Mundo, con los que nos gustaría compararnos”.
La historia de Chile está marcada también por los terremotos. El 24 de enero de 1939, un seísmo de 8,3 grados en la escala de Richter con epicentro en Chillán (a 112 kilómetros de Concepción) destruyó prácticamente la misma región ahora devastada y segó la vida de casi 6.000 personas. Eran las primeras semanas de Gobierno del Frente Popular y el presidente Pedro Aguirre Cerda impulsó la creación de la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO) para coordinar los trabajos de reconstrucción.
En muy poco tiempo, la CORFO se convirtió en uno de los ejes del desarrollo económico y social al promover el crecimiento de la industria y las infraestructuras públicas. Mascarones de proa como la Empresa Nacional de Electricidad, la Compañía de Aceros del Pacífico, la Industria Azucarera Nacional o la Empresa Nacional de Telecomunicaciones nacieron bajo su alero y nos remiten a un tiempo histórico en el que el Estado, legitimado por la sociedad democrática, ejercía un papel preponderante del que le despojaron, para reemplazarlo por el dios Mercado, la dictadura de Pinochet y sus políticas neoliberales, cuyas directrices principales han mantenido los cuatro presidentes de la Concertación a lo largo de estos últimos 20 años.
Mañana, la socialista Michelle Bachelet traspasará la banda presidencial al derechista Sebastián Piñera, cuyo consejo de ministros estará integrado por un elenco de empresarios, economistas adscritos a la ortodoxia monetarista y políticos conservadores afines al Opus Dei y otros grupos integristas. Ante esta perspectiva, el presidente del Partido Comunista y diputado electo, Guillermo Teillier, ha llamado a la constitución de un gran frente político y social por “la reconstrucción de Chile”, pero no sólo por la reparación de los daños causados por el terremoto y el tsunami, sino también por la “reconstrucción democrática de Chile”.

Mario Amorós es doctor en Historia y periodista. Autor de ‘Compañero Presidente. Salvador Allende, una vida por la democracia y el socialismo’

Ilustración de Mikel Casal

Fuente – PUBLICO.ES

11/03/2010 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , | Deja un comentario

Argentina: Caso Sra. de Noble e hijos adoptados


La Verdad Apropiada

¿Qué puede esperar Clarín como grupo mediático, poseedor de otros diarios, de radios AM y FM, de canales de televisión abierta y por cable, si su propietaria quedara a la vista de los argentinos como cómplice de una apropiación ilegal, una de las tantas acciones aberrantes durante la represión?

Por:     Hugo Muleiro*

Una porción significativa de los medios de difusión privados de Argentina, que encabezan la oposición al gobierno de la presidenta Cristina Fernández, está intentando ocultar de manera grotesca aspectos esenciales de la causa judicial por la cual la propietaria del diario Clarín, Ernestina Herrera de Noble, está sospechada de la apropiación de dos niños hijos de desaparecidos, que les fueron entregados en adopción al comenzar la dictadura militar, en 1976.

La manipulación grosera de los datos se puso en evidencia ante la orden de un tribunal de alzada a un juez federal para que proceda por fin a hacer tomar muestras de ADN a los dos niños entregados a la empresaria, para cotejarlos con los de familias que buscan a hijos de desaparecidos apropiados durante la represión feroz de los militares, desde 1976 a 1983.

Se trata de un juez, Conrado Bergesio, que está acusado de actuar en favor de los intereses de la dueña de Clarín, mediante procedimientos y decisiones que, según los querellantes, entre ellos las Abuelas de Plaza de Mayo, llevan a la dilación de las comprobaciones requeridas.

Es que este juez, en su resolución, desconoció por completo una ley en vigencia, que establece que los registros de ADN de personas que se presume pueden haber sido víctimas de apropiación por los represores deben ser cotejados en el Banco Nacional de Datos Genéticos.

Para favorecer a la empresaria acusada, el juez dispuso en cambio que las muestras sean comparadas únicamente con las de apenas dos familias que buscan a hijos de desaparecidos. Esa búsqueda es una tarea titánica en la que Abuelas de Plaza de Mayo, en más de 30 años de lucha, logró la identificación de cien niños que fueron sustraídos a sus madres por los militares, en lo que sin duda es uno de los hechos por los cuales la democracia argentina puede aspirar a considerarse, eventualmente, digna.

El diario Clarín, pero también La Nación, primero y segundo en ventas, reportaron sobre este procedimiento sin mencionar la vigencia de esa ley. Además, en varios artículos ocultaron expresamente en qué año los niños fueron dados en adopción a Herrera de Noble, cuando comenzaba la dictadura.

Abuelas de Plaza de Mayo anunció de inmediato que impugnará la prueba parcial dispuesta por el juez y que promoverá además el juicio al magistrado, pero lo cierto es que la empresaria periodística vuelve a ganar tiempo en una causa que se viene arrastrando por dos décadas.

Al referir que las muestras tomadas a ambos jóvenes fueron cursadas por el juez al Cuerpo Médico Forense –y no al Banco Nacional de Datos Genéticos, como la ley dispone-, estos diarios privados ocultan otros hechos, como que ese organismo está intervenido por la Corte Suprema de Justicia, por irregularidades en su funcionamiento.

Pero además, mientras ocultan información o la presentan apenas parcialmente, los mismos diarios despliegan a sus escribas más obedientes como fuerza de choque con el gobierno, multiplicando artículos sobre acusaciones de corrupción.

El caso de los dos niños entregados en plena dictadura militar a la dueña de Clarín no es uno más de los tantos que caen en la esfera de los crímenes cometidos por el régimen totalitario y sus cómplices en el campo civil y en el de los medios.

¿Qué puede esperar Clarín como grupo mediático, poseedor de otros diarios, de radios AM y FM, de canales de televisión abierta y por cable, si su propietaria quedara a la vista de los argentinos como cómplice de una apropiación ilegal, una de las tantas acciones aberrantes durante la represión?

Un derrumbe eventual de este grupo concentrado de medios como nave insignia de la oposición al gobierno de la presidenta Fernández, un papel en el que se muestra como exponente máximo de reclamos de justicia, transparencia y progreso en el país, para que queden por fin a la vista su rostro verdadero y sus manos manchadas con sangre, puede introducir un cambio político formidable en Argentina, acaso destinado a impactar fuertemente en las elecciones presidenciables de 2011, para las cuales Clarín viene impulsando a varias figuras opositoras, a la medida de sus intereses.

* Periodista argentino, ensayista y docente de periodismo

TELESUR

04/01/2010 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , , , | 4 comentarios

¡Quemá esas fotos!


la directora de clarin

Edición de Clarín del 29 de septiembre de 1978. La directora del diario celebra con Videla, Saint Jean y Harguindeguy.

Por Daniel Cecchini

05-09-2009 /

Edición de Clarín del 29 de septiembre de 1978. La directora del diario celebra con Videla, Saint Jean y Harguindeguy.

Sonriente, flanqueada por Felipe y Marcela –los dos niños, hoy jóvenes adultos, que inscribió como sus hijos adoptivos en los años más oscuros de la última dictadura militar–, la directora de Clarín, Ernestina Herrera de Noble, no dudó en darle un fuerte contenido político al breve discurso con que coronó, el 28 de agosto, la celebración de los 64 años del matutino fundado por su marido, Roberto Noble, en 1945.El tono estuvo en concordancia con la campaña que el multimedios más poderoso de la Argentina lleva adelante contra el tratamiento de una nueva ley de Servicios Audiovisuales que termine con la legislación vigente en la materia, diseñada por la dictadura y modificada a favor de los grupos económicos más concentrados durante los últimos 25 años. “Clarín cumple 64 años de periodismo, al servicio del desarrollo del país. Hemos construido nuestra fuerza en la fidelidad a la gente. Y eso muchas veces termina molestando al poder de turno. Hoy sufrimos nuevos embates por defender nuestra integridad periodística. Ataques disfrazados con argumentos falsos y contradictorios. Campañas de una virulencia inusitada, originadas en zonas oscuras del poder. A las que incluso se prestan algunos que creen lucrar con eso. No es la primera vez, ni será la última. Ningún ‘apriete’ torcerá nuestro compromiso con la sociedad. Nuestra misión y principios están expresados públicamente. Se reflejan todos los días en nuestros medios. A ellos nos atenemos”, dijo la viuda de Noble, y volvió a sonreír cuando escuchó los previsibles aplausos.

Espejito, espejito. Conviene entonces detenerse en la “integridad periodística” que los medios del Grupo y su diario de bandera “reflejan todos los días”, en defensa de la cual hoy califican de “ley mordaza”, “ley K de control de medios” o de intento de “chavización” al proyecto que se discute en el Congreso. Fue seguramente en nombre de esa misma integridad que Clarín publicó en su portada del 28 de septiembre de 1978 una foto a tres columnas de Ernestina Herrera de Noble junto al dictador Jorge Rafael Videla para ilustrar el titular más importante del día: “Videla inauguró la planta de Papel Prensa”. La bajada de tapa expresa a las claras la independencia periodística de Clarín en tiempos de dictadura: “El teniente general (RE) Jorge Rafael Videla dejó inaugurada ayer la planta nacional de papel para diarios en una ceremonia efectuada en San Pedro. El Presidente destacó la trascendencia que este hecho tiene para el país y subrayó la necesidad de ejercer la libertad de prensa con responsabilidad. Esta edición de Clarín está impresa en papel elaborado en la flamante fábrica”.En las páginas interiores, donde se da una amplia cobertura de la noticia, puede verse también a la sonriente directora del diario brindando con el dictador y departiendo amablemente con los genocidas Albano Harguindeguy e Ibérico Saint Jean. La ocasión lo ameritaba: desde enero de 1977, Clarín – junto con La Nación y La Razón – eran accionistas mayoritarios de Papel Prensa S.A., asociados con el Estado en manos de los dictadores. Una sociedad que sería el puntapié inicial del proceso que, con el correr de los años, transformaría a Clarín en el multimedios más concentrado del país.

Por entonces, los desaparecidos en la Argentina se contaban por miles, entre ellos varios periodistas y trabajadores gráficos que habían pasado por Clarín en algún momento de sus carreras, como Francisco Paco Urondo, Carlos Alberto Pérez, Enrique Raab, Luis Rodolfo Guagnini, Conrado Guillermo Ceretti, Daniel Alberto Daroqui, Ernesto Luis Fossati y Jorge Rodolfo Harriague. Durante esos años, el diario donde habían trabajado silenció sus nombres, los desapareció de sus páginas. Otros, como The Buenos Aires Herald o La Prensa, denunciaron sus secuestros y sus muertes, a pesar de la censura y la represión.

La misión y los principios. El 24 de marzo de 1976, la portada de Clarín había informado sobre el avasallamiento de las instituciones republicanas con un titular aséptico: “Nuevo Gobierno”. Tres días más tarde, también en tapa, había transparentado su relación con los dictadores con un suelto que decía: “La rígida censura de prensa impuesta el 24 de marzo duró sólo 36 horas. Desde entonces, el progresivo retorno a la normalidad en todos los órdenes y la fluida comunicación entre el gobierno y los diarios la han reducido al cumplimiento de normas indicativas. Pero la experiencia, plena de matices, bien vale la pena ser contada como otro testimonio del actual proceso”. A buen entendedor, pocas palabras.Los ejemplos del apoyo editorial al terrorismo de Estado perpetrado por la dictadura se multiplican con sólo mirar cualquier ejemplar de aquellos días. Por ejemplo, en la nota del 21 de agosto de 1976, titulada “El principio del fin”. Allí está escrito: “No hay tercería posible porque, admitido que estamos en guerra, imperan sus leyes. Es la Nación la que está en armas para vencer al enemigo (…) La fuerza, monopolizada por el Estado, y la razón que, legitima la autoridad y le proporciona el consenso, son los atributos fundamentales del gobierno (…) La marcha hacia el monopolio de la fuerza avanza por caminos convergentes. Ha sido un reclamo formulado por distintas voces y que alcanza mayor vigor en boca de la Iglesia. Lo construyen las propias Fuerzas Armadas y sus hombres de gobierno al asociar a los distintos sectores en la lucha permanente contra la subversión”.

Más de una vez, la propia directora estampó su firma en los editoriales, defendiendo a los dictadores aún cuando las violaciones de los derechos humanos y el desastre económico eran ya evidentes: “Las Fuerzas Armadas, que tienen en su haber el triunfo contra la subversión al costo de enormes sacrificios, están en condiciones de realizar esa convocatoria. Se les presenta una alternativa en que la crisis económica puede llegar a minar los logros que han alcanzado en ese terreno y en que superar esa crisis puede dar la consolidación definitiva de la victoria y la realización de los objetivos que se trazaron al asumir el poder…” (29/3/81). E, incluso, después de la derrota en la aventura de Malvinas: “Repensar el país significa, hoy, también repensar a las Fuerzas Armadas. No nos conforma la idea de unas Fuerzas Armadas políticamente rechazadas y refugiadas en la especificidad de sus tareas. En países como la Argentina, cuya cuestión nacional se resume en el imperativo de crecer y desarrollarse, las Fuerzas Armadas son necesarias para sostener esa batalla contra el statu quo aparentemente incruenta, pero en realidad tan ardua como cualquier otra guerra convencional…” (1º/7/82).

Apenas unos ejemplos de la “misión y los principios expresados públicamente” por Clarín a lo largo de su historia. Una historia de “integridad periodística” que, en 1981, hizo que Ernestina Herrera de Noble enviara esta llamativa queja a la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia: “Tengo el deber moral de expresarle mi disidencia con la decisión de esa universidad de entregar este año el premio Moors Cabot al Sr. Jacobo Timerman (ex director de La Opinión, secuestrado, torturado y expulsado del país por la dictadura). Considero que tal distinción puede interpretarse como un aval a la intolerancia ideológica que ha hecho mucho daño a la marcha del proceso democrático en mi país”. Sí, leyó bien: “proceso democrático”… en 1981.

¡Quemá esas fotos, quemá esas notas! Todo sea por el periodismo independiente.

El Argentino.com

23/09/2009 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Leon Gieco – La memoria (1976 -24 de marzo -2009)


El 24 de marzo de 1976 comienza en el país una dictadura de más de siete años que se cobró la vida de 30.000 personas y desmanteló el aparato productivo del país.

24/03/2009 Posted by | Politica Latinoamerica, Uncategorized, Videos | , , , , | Deja un comentario