America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

9 años después I Kirchnerismo y refundación – Daniel Gonzalez Almandoz


9 años después I
Kirchnerismo y refundación
En cada proceso de transformación sociopolítico aparece la tentación de autoproclamarse como fundante de una nueva instancia histórica. Sin embargo, pocos logran materializarlo. Los quiebres provocados por el kirchnerismo en Argentina permiten afirmar, por lo menos hoy, que este movimiento cuenta con la decisión, energía y atributos para lograrlo.
Un nuevo 25 de mayo, una nueva oportunidad, la posibilidad de refundación.

Por Daniel Gonzalez Almandoz | Desde la Redacción de APAS Mendoza
27|05|2012

Hay denominaciones que de tanto uso, se vacían hasta dejar de señalar su objeto originario, quedando huecas en valor y esencia.

Junto a esto, hay tentaciones recurrentes en cada uno de los momentos en los cuales la modorra de la historia se ve alterada por sujetos y procesos que proponen –prometen- dar una sustancial transformación al orden de las cosas.
Resulta simple encontrar, en un repaso cronológico, la aparición de ideas como cambio de época; nuevo movimiento histórico o refundación.

Es su uso -y abuso-, lo que las mina de su significación inaugural. Muchas veces provocado por su condición de denominación englobante que unifica diversidades, algo así como el significante vacío laclauniano. Y otras veces, ese abuso se da por pretensión de reconocimiento histórico sin entender que la perdurabilidad simbólica está sostenida en su materialización, sustancial y coherente con esa simbología, ruptura con lo anterior, a lo que se opone.

El actual escenario argentino no escapa a esta pretensión. Sin embargo, aparecen datos y actos que permiten, en este particular momento, afirmar que ese amplio y complejo emergente denominado kirchnerismo cuenta con condiciones y decisiones para lograrlo. Se sustentan en el encuentro y articulación de elementos y procesos, muchas veces contradictorios y en conflicto entre sí, que han logrado contenerse en un nuevo bloque histórico.

En ediciones anteriores de APAS se sostuvo que la toma de decisiones específicas, como la recuperación de YPF, la reestatización de los sistemas solidarios de jubilaciones, y el establecimiento de leyes que responden a la matriz de ampliación de derechos sociales e individuales -ley de servicios de comunicación audiovisual, matrimonio igualitario o muerte digna- permiten presumir que se está frente a un cuarto movimiento histórico de carácter popular en Argentina.

Esta idea, sostenida -entre otros- por el periodista Hernán Brienza en el diario “Tiempo Argentino”, muestra una continuidad con el federalismo, el primer radicalismo y el primer peronismo, que se encuentra en su carácter plebeyo y condición de organización política de los desplazados, negados y dominados social, cultural y/o económicamente.

Esta condición de continuidad se combina hoy con la aparición en escena de un nuevo sujeto, emergente de la crisis provocada por el neoliberalismo, y que consiguió su restitución como sujeto colectivo en el doble juego de interpelaciones hacia y desde el Estado.

Un dato en este sentido parte del hecho que, por lo menos en términos de hegemonía al interior de cada proceso, las instancias anteriores presentaban un sujeto social más o menos homogéneo.

Así, el federalismo fue la expresión de la montonera no ilustrada que impulsaba la construcción de una nación con presencia de las autonomías provinciales; el radicalismo inicial enarboló la bandera de los derechos políticos de los pequeños comerciantes y artesanos que deconstruían el poder lumpen de la oligarquía agroexportadora; y el peronismo original construyó su sujeto en la defensa y representación en torno al obrero industrial contenido en el proceso de sustitución de importaciones.

Por su parte, el kirchnerismo se diferencia por la condición heterogénea de su sujeto social, compuesto por vertientes tributarias de los anteriores procesos, que se resignifican de modo especial y se encuentran con actores provenientes de espacios políticos de filiación pequeño burgués; izquierdas institucionalistas y no; expresiones que provienen de experiencias antagónicas al peronismo; e individuos formados en la negación de la política que modificaron su pensamiento resocializándose en esta mixtura compleja.

Esto no quiere decir que todo entra en la cosmovisión K; sino que su unidad y organización radica en su condición de diversidad de matriz popular; su adecuación al nuevo escenario geopolítico regional y mundial; y el imperativo de responder al reconocimiento y promoción del protagonismo de los relegados de siempre.

Es útil entender aquí que la característica de relegado a la cual nos referimos no se reduce sólo a un sentido económico, perspectiva que fue central para el golpe al neoliberalismo asestado en 2001, y que de a poco, aunque no aún de manera suficiente, plena y definitiva está en proceso de modificación; sino que al tiempo que reivindica la necesaria y sustancial transformación de las condiciones de concentración y redistribución de la riqueza, impulsa una irrupción cultural que pone en crisis supuestas “buenas maneras y formas correctas” que siempre fueron la expresión simbólica universalidad y no cuestionada de las dominaciones que permitieron el establecimiento hegemónico de esa materialidad a modificar.

El aspecto cultural es central para entender la unidad organizada de la heterogeneidad señalada; y también para comprender la aparición de espacios opositores que no logran coordinarse entre sí.

Así, frente a la propuesta de cambio que emana desde el Estado Nacional se posicionan expresiones que comparten algunas características con el sujeto K, pero que se construyen abiertamente como oposicón: partidos políticos de corte pequeño-burgués; izquierdas institucionalistas y no; el antiperonismo tradicional de raigambre liberal; algunos espacios trabajadores que priorizan lo corporativo sectorial frente a la solidaridad expansiva; y hasta expresiones tributarias del propio peronismo, como el denominado “duhaldismo” y la “feudalización de los Rodríguez Saa”.

Esta constitución de nuevos sujetos, a favor y en contra, es acompañada de otros aspectos que dan mayor soporte a la afirmación acerca que el presente constituye un cambio de época en el sentido más profundo de la palabra.

Un aspecto muy interesante fue aportado esta semana por el programa televisivo 678, en uno de sus análisis respecto de las coberturas periodísticas de la visita presidencial a Angola. Allí, una de sus panelistas enunció la tesis respecto de que uno de los problemas de varios referentes opositores pasa por el hecho de analizar situaciones del siglo 21 con categorías del siglo 20.

Esta idea resulta útil para comprender las falencias de críticas -que no es equivalente a mirada crítica- de posturas como las del ex ministro de economía del primer gobierno de Cristina Fernández, Martín Lousteau, quien fuera impulsor, luego abandónico, de la recordada resolución 125 que establecía un nuevo régimen a la exportación agraria.

Para ejemplificar esto resulta útil revisar una entrevista dada por Lousteau al diario mendocino “Los Andes”, donde dejó frases como: “todos los países han atravesado en algún momento por una fase proteccionista, pero Argentina lo está haciendo para que no se vayan los dólares del país. Este es un problema grave que puede traer sanciones de otros mercados”. También se expresó sobre el caso de la nacionalización de acciones de Repsol en YPF: “Este no es un gobierno que se ha anticipado a los problemas y no está dando posibilidades de negociar a la empresa. Dan vuelta papeles de expropiación y se está convirtiendo en un conflicto soberano bilateral”.

Un simple y rápido análisis de estas declaraciones permiten presumir, por lo menos, cierto anclaje que añora la antigua existencia de un mundo unipolarmente político y con cierta bilateralidad no ideológica, en donde se admiraba una pujante y hoy inexistente Europa.

Otro interesante caso es el que brinda el respetable y brillante Martín Caparrós, autor entre otras cosas, junto a Eduardo Anguita, de esa fenomenal obra sobre la militancia popular que es “La Voluntad”.

En esta situación, queda la sensación, por ejemplo luego del paso del escritor por los estudios de la señal de cable del monopolio Clarín, Todo Noticias (TN) para acompañar a Santos Biasatti en su programa “Otro Tema”. Allí, su lugar de enunciación pareciera instalarse en las coordenadas de un pretendido y probadamente insuficiente progresismo anclado en lo autonomista; útil y compartido en otro momento de la historia argentina y mundial, pero al que hoy le cuesta digerir que la mejora de condiciones amplias de vida se encuentre en las articulaciones que propone una especial aplicación de un populismo que se entiende en clave de una interpelación de ida y vuelta entre Estado-Sociedad.

La idea de nuevas categorías y nuevas miradas atraviesan también debates cotidianos, que al momento de explorarlos permiten ver que las variables que discuten terminan refiriendo a cosas distintas, o como dicen los economistas, mezclando peras con manzanas.

Este es el caso de las discusiones respecto de una posible reforma de la Constitución Nacional, resistida por algunos por entenderla como un simple intento reeleccionista, desconociendo pretensiones mayores que quedan claras en declaraciones como las proferidas por la diputada nacional oficialista Diana Conti, que señaló que “hay que cambiar el sentido de la Constitución actual, que tiene una matriz liberal-conservadora”; o las declaraciones del también legislador kirchnerista Jorge Landrau, que en declaraciones a Ámbito Financiero afirmó “que el debate sobre una eventual reforma constitucional debe darse y sin limitaciones, pero subrayó que hacer una reforma sólo para plantear la re-reelección no tiene sentido”, y que “yo pondría en la Constitución que el Estado nacional nunca pierda el control de sus recursos naturales”.

Agencia Periodística de América del Sur

31/05/2012 Posted by | General, Justicia, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , | Deja un comentario

Elecciones porteñas – Las estrategias de comunicación


Publicado el 12 de Julio de 2011

Por Eduardo Anguita Periodista y Director de Miradas al Sur.
Una campaña política con propuestas y valores ‘tal cual son’ puede dejar de lado el valor de lo emocional, tanto o más importante que lo racional en una campaña. No es pecado saber re-presentar las propuestas. Sobre todo si, del otro lado, hay marketineros expertos.

Reducir el análisis de las elecciones del domingo a los aciertos o desaciertos en los mensajes de las campañas del PRO y del FPV sería deambular entre la estupidez y el cinismo. Del mismo modo, desdeñar el papel de la comunicación es entender bastante poco de política. Una campaña electoral es una disputa de voluntades entre algunos candidatos concretos. Hay un escenario y, de acuerdo al lugar desde el cual se lo mire, hay protagonistas y antagonistas. El escenario porteño, se ha dicho excesivamente, le es por lo menos esquivo al peronismo. Pero, en esta oportunidad, tenía que enfrentar a Mauricio Macri, un candidato que partía de un piso alto, tanto por los votos obtenidos en las elecciones de 2003 como en las de 2007. Además, corría con la ventaja de estar al frente de la Ciudad. En todas las elecciones provinciales, salvo la de Catamarca, venían ganando los oficialismos. En una situación de crecimiento económico y prosperidad, el voto por el cambio es más difícil de obtener que el voto por la continuidad.
Se ha dicho el domingo por la noche que el FPV hizo una elección histórica en la Ciudad y no parece una afirmación acertada. En rigor, el FPV sacó algo más de 14%, mientras que el total de votos a la fórmula Daniel Filmus–Carlos Tomada llegó de las otras dos listas de adhesión. Se trata de una elección bastante similar a la de 2007. En aquel entonces, cabe recordar, la actual presidenta ganaba en primera vuelta. Es decir, en un escenario nacional favorable al FPV, en la Ciudad, las dificultades del kirchnerismo para llegar a franjas más amplias del electorado no eran pocas.
¿Qué se hace cuando la prédica ideológica y el debate de propuestas no alcanzan para atraer votantes sin definición política o con una definición diferente a la del candidato? Se recurre a las estrategias de comunicación. Y quienes hacen esos menesteres no siempre son personas o equipos o agencias que tienen cercanía política o doctrinaria con los candidatos. Tanto las encuestas de opinión como la formación de reuniones de votantes (los llamados grupos actitudinales) para estudiar conductas sirven para establecer cuáles son los contenidos de los mensajes que cada franja de votantes está dispuesto a escuchar. También para saber qué tonos y qué estilos de comunicación van a ser retenidos y aceptados así como los que van a pasar desapercibidos o rechazados. Los expertos en comunicación política pueden orientar en determinar qué tipo de programas de televisión son los que van a acercar a franjas de electores que resultaban proclives o indiferentes a una propuesta determinada.
Hay dos argumentos para desestimar esta pequeña introducción a la necesidad de tener estrategias comunicacionales. El primero es que lo importante es transmitir los valores y las propuestas “tal cual son”, sin pasar por el tamiz de la publicidad. El segundo es que el sistema de medios está tan ideologizado –en contra del kirchnerismo– que sólo quedan los pocos medios de comunicación involucrados con el proceso de cambio que vive la Argentina desde 2003. Ambos argumentos son un autoengaño.
El primero, particularmente, porque una elección en la Ciudad no deja de ser una campaña política de proximidad, de vecindad, de gestión de intereses de quienes viven en el distrito. En consecuencia, al compromiso militante y al esfuerzo genuino que hicieron Daniel Filmus, Carlos Tomada, Juan Cabandié y miles de militantes, se le hace imprescindible un equipo de comunicadores que vaya testeando los resultados de las aproximaciones, de las caminatas y charlas con los vecinos. Sencillamente porque esos actos sirven sólo si se multiplican y son vistos por miles de otros ciudadanos, mientras que resultan poco eficaces si no se contagian. Para eso, la mitad de la comunicación es la convicción y la propuesta del candidato, la otra mitad es lo que tienen en la cabeza y sobre todo en el corazón aquellos a quienes van dirigidos los mensajes. Otro aspecto interesante es que los equipos de comunicación suelen evaluar no sólo la capacidad de impacto y aceptación de los mensajes propios sino los de los competidores. Una campaña política con propuestas y valores “tal cual son” puede dejar de lado el valor de lo emocional, tanto o más importante que lo racional en una campaña. No es pecado saber re-presentar las propuestas. Sobre todo si, del otro lado, hay marketineros expertos.
En cuanto al segundo punto, el papel de los medios, hay que tener presente que no todo se limita a exponer en radio o televisión las ideas propias o participar de un debate con adversarios. Los medios de comunicación audiovisuales son una ventana a la vida de personas notables. Hay programas de chimentos, hay programas para ir con la familia y para contar las cosas que cada uno hace al margen de la política. Pero, además, hay situaciones que un candidato puede crear o provocar que la televisión “vaya” a un lugar en vez de que el candidato vaya al set de televisión, para que sean las cámaras las que busquen la acción de esos candidatos, para que los descubra en otras situaciones que no sean los actos o caminatas políticas. Precisamente, los especialistas en comunicación que promueven artistas, deportistas o personas públicas de diversa índole saben cómo encontrar vetas y aprovechar una vez para mostrar a la persona íntima, otra vez al hijo o al padre de familia y otra, al intelectual o al goleador.
Para que estas y otras actividades propias de la comunicación funcionen hace falta que quienes tienen la conducción política deleguen en un equipo muy pequeño la gestión y el análisis estratégico de la comunicación. No las decisiones, pero sí las evaluaciones y los consejos. Sí las alternativas para que el candidato pueda decidir.
Esta breve esquela, estos mínimos apuntes parecen verdades de Perogrullo innecesarias en este momento. Sin embargo, de modo más explícito o más discreto, más emocional o racional, los resultados de las elecciones porteñas crearon un sacudón muy fuerte en buena parte de la sociedad. Por eso, parece necesario repasar muchas de las cosas que se proponen como recetitas de manual.
No es un ejercicio inútil reparar en que el kirchnerismo es demasiado atípico en materia de comunicación política. La presidenta Cristina Fernández lanzó su candidatura a la reelección el mismo día en que anunciaba la convocatoria a 220 nuevos canales de televisión de aire. Tan fuerte es el vínculo que tiene en la actualidad con la sociedad que pasa desapercibido el hecho de que, una vez más, no está pendiente de lo que piensen o hagan los dueños de los medios de comunicación actuales, a quienes lógicamente no los pone feliz esa convocatoria a la pluralidad de voces. Pero el vínculo de la presidenta con la sociedad, a través de sus apariciones en los actos públicos, es de una intensidad poco común. No sólo porque tiene resultados de gestión para comunicar ni tampoco por su capacidad oratoria. Hay algo del orden de lo emocional que, particularmente desde la muerte de Néstor Kirchner, hace de Cristina no sólo una heroína contemporánea. No sólo lo es, sino que también lo representa para muchas personas que la toman como un punto de referencia en sus logros y frustraciones cotidianas. Ella ocupa un lugar simbólico notable: es, al mismo tiempo, un espejo del dolor y de la fortaleza. Eso es un dato de la realidad que podrán estudiar psicólogos, antropólogos, historiadores y sociólogos. Los especialistas en comunicación estudian el vínculo. Estudian la empatía que una mujer convertida en personaje simbólico ocupa en el imaginario del ciudadano común. Y los comunicadores suelen advertir cuándo ese vínculo sube en potencia y también pueden advertir si ese vínculo entra en declive. Los especialistas en esas cosas se ganan la vida como un laboratorista que busca vacunas o un operario que limpia vidrios de pisos altos. Se puede reparar en ellos o se los puede desestimar. Hay tantas cosas que son aleatorias que esta puede ser una más de ellas. Sobre todo, para muchos políticos que, por ser buenos comunicadores, creen que son también buenos estrategas de comunicación.<

Tiempo Argentino

13/07/2011 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , | Deja un comentario

Argentina – El miedo, los periodistas y Carlos Souto por Eduardo Anguita


30-04-2010 /


Eduardo Anguita

La edición del domingo pasado de Miradas al Sur incluyó una investigación periodística que, curiosamente, tuvo una gran repercusión en algunos medios y absolutamente ninguna en otros. Pudimos acceder, en detalle, a cómo la agencia publicitaria La Ese tiene un equipo de jóvenes que, en negro, hace un trabajo de desinformación que contraviene todos los principios éticos de la información pública. Resumidamente: algunos muchachos y chicas tienen que llamar a las radios para leer mensajes escritos por creativos publicitarios mientras que otros intervienen en las páginas webs de los diarios simulando ser lectores interesados en dejar sus opiniones. La Ese no actuó por vocación cívica sino por un contrato con el Grupo Clarín.

El lunes, Carlos Souto mostró que había acusado recibo. La Ese, que se muestra en su página web como una sólida estructura de comunicación política, tembló varios grados en la escala Magnetto. Souto dio consigna de que llamaran a todos los trabajadores en negro con la orden terminante de que no se presentaran a trabajar. Evidentemente, tenía miedo de que la investigación periodística hubiera alertado a los inspectores de la AFIP o del Ministerio de Trabajo y quedara ensartado en esa maniobra miserable de tener una fachada de publicitario millonario y una trastienda de “taller de costura clandestina” –como afirmó Miradas al Sur– con el agravante de que los trabajadores de esos talleres no están obligados a mentir todo el tiempo, como tienen que hacerlo los empleados de La Ese.

El martes, los empleados en negro fueron convocados a trabajar y los esperaba un regalo: ¡El bueno de Souto los ponía en blanco! El miércoles, el dueño de La Ese tenía una conferencia en público y el periodista Ezequiel Siddig, de Miradas al Sur, concurrió a la misma y pudo hacer algunas preguntas. Souto, cuyo fuerte es hacer libretos para otros, perdió el control y atinó a decir, muy enojado: “¡Yo no tengo un taller clandestino de costura!”. Es cierto que no lo tiene, al menos a partir del martes.

La investigación publicada el domingo anterior fue, incluso, generosa en cuanto a las labores que despliega para el monopolio Clarín, que le adjudicó, casi casi, la autoría de la solicitada firmada por Felipe y Marcela Noble Herrera así como la adaptación televisiva emitida por TN. La realidad es que los directivos del Grupo Clarín están tan atacados por las debilidades de su comunicación pública que no dejan en manos externas el armado de esas piezas. Un joven, pero experimentado, ejecutivo del monopolio fue quien escribió el texto. El lugar de los creativos de La Ese fue, si era posible, embellecerlo con algún giro sintáctico que impactara para mostrar qué buena madre es Ernestina Herrera de Noble. Lástima que ni siquiera revisaron los archivos en los que ella decía que había hablado con los chicos muchas veces sobre la posibilidad de que fueran hijos de desaparecidos. Lástima, porque el texto les endilgó a Felipe y Marcela que “no hay ningún indicio de que seamos hijos de desaparecidos”.

De todos modos, el escaso trabajo de Souto en este tema no pudo servir para mucho. El desplazamiento del juez Conrado Bergesio de la causa por el análisis de ADN y la responsabilidad de la dueña de Clarín como supuesta apropiadora puso al monopolio en el escenario más temido. Por decisión de la Sala II de la Cámara Federal de San Martín y en virtud de un pedido de recusación por parte de la fiscal Rita Molina, este expediente ahora lo tramitará la titular del Juzgado Federal I de San Isidro, Sandra Arroyo Salgado, quien ya tuvo dos causas de hijos de desaparecidos y las tramitó con toda corrección. En concreto, Clarín no maneja a Arroyo Salgado como sí manejaba a Bergesio. Tampoco sus abogados ahora pueden acudir a chicanas jurídicas para impedir que el Banco Nacional de Datos Genéticos devele, finalmente, quiénes son los padres biológicos de Marcela y Felipe si, como todo indica, fueron efectivamente secuestrados cuando eran bebés y entregados como parte de una maniobra típica del terrorismo de Estado.

La construcción del emporio mediático Clarín tiene cada vez menos puntos oscuros. Cuando se devele la identidad de los padres de Felipe y Marcela, se podrá avanzar un paso más. Quizá se descubran las razones subyacentes por las cuales Clarín fue cómplice activo de la dictadura

Periodistas famosos. Mientras este escenario fue cobrando un lugar preponderante en algunos medios de comunicación, el Grupo recurrió a otro golpe de efecto. Esta vez, con la participación protagónica de algunos connotados comunicadores que revistan en sus filas, quienes fueron al Senado a escuchar la solidaridad de la presidenta de la Comisión de Comunicación, María Eugenia Estensoro.

Bien vale recordarlo, es la hija del poderosísimo empresario José Estensoro, que presidió YPF al principio de la privatización y que murió en una situación que nunca fue investigada a fondo. En plena guerra entre Ecuador y Perú, mientras las figuras principales del menemismo estaban asociadas al contrabando de armas a Ecuador, Estensoro viajó en su avión particular a ese país. Lo pilotaba el experimentado Arturo Pagnés. Lo que se reportó como accidente tuvo muchos puntos oscuros. Especialmente sobre un viaje a Ecuador en plena guerra.

La familia de Pagnés siempre fue remisa a hablar, ni siquiera en confianza con sus ex compañeros de Aerolíneas Argentinas. Las compañías de seguros no investigaron. No se sabe cómo fue –si es que hubo– el resarcimiento económico a la familia de Estensoro. En la Argentina no se radicó ninguna causa. Seguramente la senadora Estensoro, más allá del dolor personal por la muerte de su padre de la cual el lunes próximo se cumplirán 15 años, sabrá cosas sobre las cuales no querrá que los periodistas investiguen. Ella es la que tomó la voz cantante en esta nueva maniobra que pretende que hay miedo entre los periodistas. Ella fue la que recibió al grupo de comunicadores del establishment que fue el miércoles al Senado. A excepción de Magdalena Ruiz Guiñazú, el resto son formadores de opinión del grupo Clarín: Eduardo Van der Koy, Ricardo Kirchbaum, Nelson Castro, Edgardo Alfano, Marcelo Bonelli, Daniel Santoro y Joaquín Morales Solá. Se trata de periodistas de mucha trayectoria y, sin dudas, con mucha influencia sobre las vastas audiencias del grupo.

Todos abordaron el peligro del autoritarismo K. TN y Clarín hablan del miedo de los periodistas. Un arma tan efectista como superficial e inconsistente. Ninguno de ellos se anima a romper el cerco de silencio de Clarín sobre el miedo de los directivos del grupo a que se sepa la verdad de los hijos de la dueña. Ninguno de ellos se anima a dar una explicación sobre este vuelco del grupo cada vez más insidioso sobre una agenda periodística sólo destinada a atacar a un gobierno que sí se animó a impulsar una ley que democratice la palabra.

Y, desde ya, ninguno de ellos se animó a hablar de la actividad de Souto para Clarín. Si lo hacen por miedo o por convicción es algo que excede el análisis de esta columna. Pero ya que hablan tanto de miedo podrían decir si hay algo a lo que no le tengan miedo. Por bien de la comunicación. Y, sobre todo, de la sociedad.

Miradas del Sur

01/05/2010 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 2 comentarios

Argentina – Hurgar en el pasado reciente por Eduardo Anguita


05-03-2010 /


Eduardo Anguita

Hay cier­tas pa­ra­do­jas que, si no se die­ran al ca­lor de una lu­cha fron­tal, se­rían dig­nas de la más pu­ra iro­nía. Pe­ro, en el con­tex­to ac­tual, no ha­cen más que con­fir­mar la fal­ta de co­he­ren­cia de bue­na par­te de la di­ri­gen­cia que se opo­ne al Go­bier­no. La ma­yo­ría de los ven­ci­mien­tos de es­te año del Bi­cen­te­na­rio co­rres­pon­den al lla­ma­do me­ga­can­je y a la pe­si­fi­ca­ción asi­mé­tri­ca. Es de­cir, vis­to des­de quie­nes hoy de­ci­den ha­cer fren­te a com­pro­mi­sos fi­nan­cie­ros con­traí­dos de mo­do frau­du­len­to, la ce­rra­da ne­ga­ti­va a ha­cer los pa­gos co­rren por cuen­ta de quie­nes nos me­tie­ron en esos líos.

Des­de otro la­do, un gru­po de di­pu­ta­dos acau­di­lla­dos por Fer­nan­do “Pi­no” So­la­nas sos­tie­ne que de­be re­vi­sar­se la deu­da le­gí­ti­ma de la ile­gí­ti­ma. Con ese ar­gu­men­to lo­gran cen­tí­me­tros y mi­nu­tos en los me­dios del Gru­po Cla­rín y en La Na­ción, los dos me­dios que dan so­por­te me­diá­ti­co e in­ten­si­dad emo­cio­nal a los ver­da­de­ros res­pon­sa­bles de la po­lí­ti­ca es­truc­tu­ral de en­deu­da­mien­to del país. Ellos, a no du­dar, cons­ti­tu­yen los ver­da­de­ros ga­na­do­res de la ma­nio­bra que en el Se­na­do de la Na­ción de­jó al Fren­te pa­ra la Vic­to­ria en un al­to gra­do de im­po­ten­cia pe­se a ser, por le­jos, la ban­ca­da más gran­de la Cá­ma­ra al­ta.

La si­tua­ción, más allá de los eno­jos y aun del gra­do de con­vic­ción de mu­chos que de­fien­den al Go­bier­no, tor­na frá­gil la ca­pa­ci­dad de ges­tión rá­pi­da por par­te de la Pre­si­den­ta. Sal­vo que la so­cie­dad se in­vo­lu­cra­ra con de­ci­sión en tor­cer el rum­bo con una pre­sión po­pu­lar, los ar­gen­ti­nos vi­vi­re­mos un tiem­po de bas­tan­te so­por, de la me­dio­cri­dad de quie­nes gri­tan y so­breac­túan an­te los mi­cró­fo­nos. La me­mo­ria de­be­ría ayu­dar a que par­te de la so­cie­dad sal­ga del le­tar­go.

Bas­ta re­cor­dar que, a me­dia­dos de 2001, Do­min­go Ca­va­llo ha­bía con­vo­ca­do a su ami­go Da­vid Mul­ford, ban­que­ro del Cre­dit Suis­se y ex fun­cio­na­rio del Te­so­ro nor­tea­me­ri­ca­no. Con el en­tu­sias­ta apo­yo del en­ton­ces pre­si­den­te Fer­nan­do de la Rúa y del elen­co de ra­di­ca­les y me­ne­mis­tas, el go­bier­no de en­ton­ces lo­gró pro­rro­gar los ven­ci­mien­tos de la deu­da ex­ter­na con­vo­can­do al se­lec­to gru­po de ban­cos que ha­bía lo­gra­do que la Ar­gen­ti­na se en­deu­da­ra al lí­mi­te que lo ha­bía he­cho. Así, los ban­cos Ga­li­cia, San­tan­der, Fran­cés, Cre­dit Suis­se, HSBC, JP Mor­gan y Sa­lo­mon “ges­tio­na­ron” a ta­sas exor­bi­tan­tes el re­fi­nan­cia­mien­to.

Eso sí, co­bra­ron u$s150 mi­llo­nes de co­mi­sión pa­ra ha­cer la ope­ra­to­ria que in­cluía el can­je de sus pro­pios bo­nos. El pa­so de los me­ses lle­vó al es­ta­lli­do del mo­de­lo neo­li­be­ral y a que el ac­tual se­na­dor Adol­fo Ro­drí­guez Saá de­cla­ra­ra des­de la pre­si­den­cia pro­vi­sio­nal de la Re­pú­bli­ca el de­fault de la deu­da. Fue con un dis­cur­so en­fer­vo­ri­za­do que des­per­tó el aplau­so del Con­gre­so, con­ver­ti­do en una tri­bu­na de­ca­den­te, ya que só­lo du­ró unos días has­ta que Eduar­do Du­hal­de, quien ha­bía sa­bi­do apro­ve­char la de­bi­li­dad de De la Rúa, se que­dó en la Ca­sa Ro­sa­da.

En ese 2002 Du­hal­de pro­vo­có la me­ga­de­va­lua­ción y la pe­si­fi­ca­ción asi­mé­tri­ca, en la que nue­va­men­te se re­fi­nan­ció deu­da jun­to a una bru­tal trans­fe­ren­cia de ri­que­zas só­lo po­si­ble por la im­pu­ni­dad que con­ce­día el caos rei­nan­te. Cla­rín fue un só­li­do alia­do de Du­hal­de, en­tre otras co­sas por­que li­cua­ba sus pa­si­vos.
Es de­cir, los pe­ro­nis­tas di­si­den­tes que tri­bu­ta­ron al du­hal­dis­mo, al me­ne­mis­mo (y tam­bién a la va­rian­te de los her­ma­nos Ro­drí­guez Saá, que en­ton­ces no era ni de unos ni de otros), así co­mo los ra­di­ca­les de to­da la­ya, fue­ron par­tí­ci­pes de ma­nio­bras que per­mi­tie­ron co­mi­sio­nes le­ga­les -y de las otras-, aho­ra se opo­nen al pa­go or­de­na­do de los ven­ci­mien­tos ex­ter­nos ¡con la ex­cu­sa de que se ha­ce con re­ser­vas del Ban­co Cen­tral!

Lo que es peor aún, ni si­quie­ra lo ar­gu­men­tan con cla­ri­dad, se li­mi­tan a cues­tio­nar las for­ma­li­da­des y, so­bre to­do, a agi­tar que el ma­tri­mo­nio Kirch­ner es in­tra­ta­ble, au­to­ri­ta­rio y arro­gan­te.

Si uno no co­no­cie­ra el ca­rác­ter cí­cli­co del com­por­ta­mien­to de vas­tos sec­to­res me­dios de la Ar­gen­ti­na y si no tu­vie­ra en cuen­ta que los gol­pes de Es­ta­do só­lo fue­ron po­si­bles con el com­po­nen­te de aho­go fi­nan­cie­ro del go­bier­no a vol­tear, po­dría pen­sar que la es­tu­pi­dez y el de­li­rio se apo­de­ra­ron de unos cuan­tos re­pre­sen­tan­tes del pue­blo de la Na­ción. La rea­li­dad es más preo­cu­pan­te y es­ta pri­me­ra se­ma­na de mar­zo pa­re­ce ser el ini­cio de una pe­lea po­lí­ti­ca en la cual los ma­ti­ces, los in­ter­cam­bios de ideas y los con­sen­sos en­tre par­ti­dos es­tán fue­ra de la are­na don­de se di­ri­me la con­fron­ta­ción.

Has­ta ha­ce muy po­co, el ar­gu­men­to fa­vo­ri­to de los opo­si­to­res era que la Ar­gen­ti­na es­ta­ba fue­ra del mun­do. Una ex­pre­sión des­pec­ti­va apo­ya­da en una se­rie de lu­ga­res co­mu­nes re­pe­ti­dos has­ta el can­san­cio por la de­re­cha re­cal­ci­tran­te: un go­bier­no po­pu­lis­ta y ami­go de Hu­go Chá­vez no pue­de lo­grar que el mer­ca­do de ca­pi­ta­les vo­lun­ta­rios (en rea­li­dad un se­lec­to gru­po de cor­po­ra­cio­nes fi­nan­cie­ras) sea ac­ce­si­ble tan­to pa­ra em­pre­sa­rios co­mo pa­ra el Es­ta­do. El otro ar­gu­men­to es que nin­gún go­bier­no de los Es­ta­dos Uni­dos acep­ta dia­lo­gar con un ener­gú­me­no que (en Mar del Pla­ta, Nés­tor Kirch­ner, no­viem­bre de 2005) di­jo en la ca­ra a Geor­ge Bush “no al AL­CA” de mo­do ro­tun­do.

Sin em­bar­go, esos mis­mos sec­to­res no tie­nen nin­gu­na ex­pli­ca­ción de por qué Hi­llary Clin­ton elo­gió el de­sen­deu­da­mien­to ar­gen­ti­no ni pue­den com­pren­der có­mo el JP Mor­gan ava­la es­ta po­lí­ti­ca. Es­tos sec­to­res, me re­fie­ro al ar­co con­ser­va­dor que no pue­de ex­hi­bir su pa­sa­do re­cien­te ni sus con­duc­tas en tiem­pos de dic­ta­du­ra, aho­ra pre­ten­den am­pa­rar­se en la su­pues­ta de­fen­sa fé­rrea de la ins­ti­tu­cio­na­li­dad.

Del otro la­do, el pe­que­ño gru­po de le­gis­la­do­res que si­guen a Pi­no So­la­nas to­mó el ejem­plo del tra­to a la deu­da he­cho por el ecua­to­ria­no Ra­fael Co­rrea. Un ca­so que no tie­ne mu­cho que ver con la his­to­ria de cam­bios de ma­nos de los te­ne­do­res de tí­tu­los pú­bli­cos ar­gen­ti­nos, y que pu­so a ese gru­po su­pues­ta­men­te a la iz­quier­da del Go­bier­no, co­mo el po­lo an­tiim­pe­ria­lis­ta ne­ce­sa­rio pa­ra de­jar de bus­car so­lu­cio­nes ti­bias y re­for­mis­tas a es­ta ho­ra cru­cial de la Re­pú­bli­ca. Si bus­ca­ran ca­na­les de di­fu­sión tan pu­ros co­mo pos­tu­ra que adop­ta­ron, des­de ya no se pres­ta­rían a ser la pá­gi­na iz­quier­da de Fe­de­ri­co Pi­ne­do, Car­los Me­nem y Er­nes­to Sanz.

Pe­ro to­do lo tó­xi­co que tie­ne la opo­si­ción no es su­fi­cien­te co­mo pa­ra pen­sar que se di­lui­rán por sus pro­pias de­bi­li­da­des. Co­men­zó, el mis­mo miér­co­les, un pro­ce­so de mo­vi­li­za­ción, que va des­de los lla­ma­dos a las ra­dios y los men­sa­jes por co­rreo elec­tró­ni­co has­ta la con­vo­ca­to­ria a la mo­vi­li­za­ción po­pu­lar. Sin du­da, el kirch­ne­ris­mo de­be­rá pre­pa­rar­se pa­ra un pe­río­do no tan bre­ve, pa­ra so­por­tar una can­ti­dad de ad­ver­si­da­des bien re­ves­ti­das de ins­ti­tu­cio­na­li­dad. Y, si quie­re acu­mu­lar pres­ti­gio y fuer­zas, de­be­rá man­te­ner la cal­ma y es­pe­rar que, co­mo de­cía Al­fre­do Zi­ta­rro­sa, crez­ca des­de el pie.

La par­ti­ci­pa­ción, la or­ga­ni­za­ción y la pro­fun­di­za­ción de la dis­tri­bu­ción del in­gre­so. Hay mu­chas vo­ces que, su­ges­ti­va­men­te, no se hi­cie­ron es­cu­char lo su­fi­cien­te en es­tas ho­ras. Des­de los mo­vi­mien­tos so­cia­les has­ta la di­ri­gen­cia sin­di­cal y te­rri­to­rial. La de­re­cha con­ser­va­do­ra ga­nó la ma­yo­ría en las co­mi­sio­nes del Se­na­do. Un da­to pa­ra te­ner en cuen­ta y que les per­mi­ti­rá una cuo­ta de po­der -real- en la vi­da ins­ti­tu­cio­nal. No más que eso. A no per­der la pa­cien­cia, por­que La­ti­noa­mé­ri­ca -y la Ar­gen­ti­na- apren­die­ron bas­tan­te en es­tos años.

Buenos Aires Económico

06/03/2010 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario