America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Argentina – Debilidades y fortalezas de Clarín frente al escenario más temido – Eduardo Anguita y Marcos Cittadini


LAS RESERVAS DEL GRUPO FRENTE A LA PÉRDIDA DE CREDIBILIDAD Y UN PANORAMA JUDICIAL ADVERSO

03-05-2010 /  Si en las próximas semanas se confirmará que Felipe y Marcela son hijos de desaparecidos y fueron apropiados por Ernestina Herrera de Noble, el impacto para el Grupo será de una magnitud imprevisible.


Desde que en 1976 Ernestina Noble “adoptó” a sus hijos Felipe y Marcela nunca tuvo que afrontar un panorama tan adverso.

Por Eduardo Anguita y Marcos Cittadini
politica@miradasalsur.com

Si en las próximas semanas se confirmará que Felipe y Marcela son hijos de desaparecidos y fueron apropiados por Ernestina Herrera de Noble, el impacto para el Grupo será de una magnitud imprevisible. Esto está potenciado por el probable fracaso de la estrategia de frenar la aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y las revelaciones sobre el origen de Papel Prensa. Las debilidades manifiestas de Clarín, sin embargo, no son suficientes como para prever una caída estrepitosa. El multimedios tiene puntos de apoyo que es importante reconocer y estudiar. La tarea de democratizar la comunicación y abrir los espacios a nuevas voces requiere de inteligencia y equilibrio para analizar la coyuntura.

Puertas adentro de los medios de Clarín, se sigue el día a día de las alternativas de los tres frentes abiertos y que amenazan con quitarle, por lo menos, el lugar hegemónico que tuvo en el último cuarto de siglo. Como grupo periodístico, Clarín descansa sobre un elemento intangible que es la credibilidad de su marca y no podría soportar que Marcela y Felipe hayan sido apropiados por la directora y principal accionista del diario. Más allá de la acusación penal que ella sufriría, la imagen de los medios sería vulnerada en muchos frentes. No sólo los lectores y espectadores sino también los mismos trabajadores de los medios quedarían sin argumentos frente a las audiencias y los lectores. La caída de ese valor intangible de la marca, a su vez, podría impactar en el valor económico del Grupo ya que, tal como analiza un empresario de comunicación, “ningún inversor nacional o extranjero querría invertir en una compañía cuya principal accionista y presidenta del directorio atraviese un proceso penal por delitos vinculados al terrorismo de Estado”. Pero más que por la depreciación vinculada a la imagen, los directivos de Clarín están más preocupados por el impacto que les causará la plena vigencia de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Especialmente por la consecuente pérdida de la posición dominante en el mercado del cable, su verdadero modo de hacer caja. La pesadilla de Gordon Gekko. En octubre de 2007, Clarín comenzó a operar en las Bolsas de Buenos Aires y de Londres y colocó en el mercado acciones clase B a un valor de 29,14 pesos por papel, lo que implicó una operación por 1.457 millones de pesos (458 millones de dólares). Según la propia empresa, esto valuaba a la compañía en cerca de 3.500 millones de dólares. La salida a Bolsa se hizo bajo la convicción y previsión de que no habría restricción en la cantidad de licencias de cable, ni apertura de pliegos de licitación a otros operadores, y que nadie les sacaría los derechos exclusivos para transmitir el fútbol de primera división. Desde que se supo que la AFA rescindía el contrato de televisación con TSC, el 11 de agosto de 2009, las acciones cayeron casi el 30 por ciento en veinte días. El 3 de septiembre, recibieron otro mazazo, que fue el rechazo a la fusión de Multicanal y Cablevisión. Cuando comenzó la oferta pública de acciones de la compañía, éstas llegaron a cotizar a 32 pesos, mientras que hoy cayeron a un quinto de ese valor y se cotizan a seis pesos. De esta manera, el hecho de que Clarín no valga más de 500 millones de dólares en Bolsa genera dos problemas. Por un lado, una falta de apalancamiento para tomar deuda y por otro, una falta de financiamiento propio. Los accionistas se preocupan al cuestionarse cómo se hace para invertir si no hay posibilidades de endeudarse. Según analistas financieros cercanos al Grupo, la única forma de avanzar que tienen es abrir el paquete de acciones clase A. Es decir, aquellas que dan poder de decisión a quienes las compran. Ese riesgo tiene el agravante de la caída del “valor de compañía”. El riesgo que correrían Ernestina Herrera de Noble, Héctor Magnetto, José Aranda y Lucio Pagliaro –que controlan el paquete accionario– es que alguien invirtiera 50 millones de dólares y obtuviera una sexta parte de la sociedad y poder de decisión. Los memoriosos aseguran que este peligro ya se vivió en 2002 con el ex banquero menemista Raúl Moneta. En ese momento, el Grupo estaba endeudado en el exterior en dólares. La deuda externa argentina estaba valuada en un 30% de su valor por lo que todas las empresas argentinas habían caído en su valor de deuda nominal. Moneta reunió fondos buitre y compró la deuda de Clarín al 30% hasta adquirir más del 66%. El entonces presidente Eduardo Duhalde los auxilió al modificar la Ley de Quiebras y suspender la cláusula de Cram down, por la que el acreedor puede elegir cobrar la deuda o quedarse con parte de la empresa. Si no hubiese sido por Duhalde, Clarín habría estado en manos de Moneta. Es por eso que el matutino tituló “La crisis causó dos nuevas muertes” cuando la Policía Bonaerense mató a Darío Santillán y Maximiliano Kosteki el 26 de junio de 2002 en la estación Avellaneda. La tapa había sido revisada por Magneto y aprobada por Duhalde en un proceso que forma parte de una rutina de hace años. Aún hoy, todas las noches antes de definir la tapa, hay una llamada entre Ricardo Kirchsbaum –secretario general de Redacción– y Héctor Magnetto, CEO del Grupo. A veces la llamada es a Martín Etchevers, gerente de Comunicaciones Externas, pero Magnetto siempre está al tanto. En otras épocas, después de eso se llamaba al Gobierno de turno y eso era un aviso o una amenaza. Según recuerdan dentro de la corporación, el acuerdo de Magneto y Duhalde para las elecciones de 1999 fue que si había una diferencia de éste sobre De la Rúa de más de un 5 %, Magneto empujaba al lomense para arriba. Si la diferencia era menor, lo dejaba solo para no perder credibilidad. Un valor que hoy no importa tanto. El dueño de la pelota. La capacidad política de un medio depende de su credibilidad, pero no sólo la causa contra la señora Herrera de Noble se la quitó. La sola discusión de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual también mostró la caída de la pretensión de objetividad de todos sus medios. Para algunos analistas, Clarín en este último tiempo ha perdido ese capital que se ha desplazado a medios alternativos porque el público busca otra cosa. “La sensación de gran parte de la clase media es que no hace falta abrir el diario a la mañana porque ya se sabe qué va a decir.” Otro elemento que se considera es que se volvió previsible, y esto le quita posibilidades de ejercer presión. Para los empresarios mediáticos, la estrategia siempre fue construir un producto creíble, anexar otros negocios y lograr poder político con el medio insignia para presionar a favor de los emprendimientos laterales. Los ejemplos que se citan son los de Fox o del Chicago Tribune en los Estados Unidos. De eso se trata la pérdida de la ética periodística arrastrada hacia el funcionalismo capitalista. Pero en el caso de Clarín, para un experto consultado, “la falta de inteligencia muestra los intereses con una desnudez absoluta. Si se analiza la cobertura del tema agropecuario y se tiene en cuenta que uno de los miembros del directorio, José Aranda, tiene 45 mil hectáreas de campos de arroz en Corrientes junto a George Soros, se sacan algunas conclusiones. O se ve que en cierta forma fueron tibios con Botnia y se recuerda la contaminación de Papel Prensa en San Pedro, se establece otra conexión. Si cae la credibilidad del diario, del canal y la de los noticieros… si pasa todo eso, quedan destruidos”. El negocio de la televisión por cable es la mayor fuente de ingresos del monopolio, pero el negocio cambió: el pie oficial que pesó sobre la licitación de licencias de cable durante más de una década ya no existe. Hoy se venden pliegos y la competencia deja al descubierto la desinversión que la empresa llevó a cabo durante años amparada en la impunidad de la posición dominante. Antes, los cables regionales eran presionados con métodos claros: si no vendían su participación, no tenían el fútbol y eso decretaba su muerte. Esa espada de Damocles ya no pende sobre sus cabezas y las posibilidades de competir los dejan en una situación muy favorable. Para Clarín, hacer la inversión de up grade tecnológico es de un costo imposible de afrontar en estas condiciones. A escasos treinta kilómetros de Capital Federal tienen problemas para brindar Internet porque las redes no resisten, mientras que operadores de cable de ciudades chicas como Los Cardales, Villa Gesell o Alvear dan triple play con mejor calidad. Queda claro que la distribución del cable e Internet necesitan de una reinversión constante. En algunas ciudades las operadoras de Clarín llevan un atraso de seis años, que en términos tecnológicos es muchísimo. Según dicen, el interés por Fibertel no era tanto por la compañía como por la base tecnológica y por la buena imagen. Si los obligaran a deshacerse de Cablevisión, no sólo perderían dinero sino también una empresa para contraponer a Multicanal, que tiene una pésima estima por parte de los clientes. Además, en los últimos dos años Telecentro les quitó cerca del 25 % de un mercado que continúa siendo monopólico (porque Telecentro no tiene licencia para operar en Capital). Pertenecer tiene sus privilegios. Pero el grupo también tiene fortalezas y muchas están relacionadas con la disciplina de sus periodistas. Una forma de controlarlos es el sueldo. Ricardo Kirschbaum no gana por periodista sino por directivo. Es decir, él y otros responsables de la edición tienen remuneraciones de altos ejecutivos. Quienes están cerca observan que los más encumbrados no sacan los pies del plato porque siempre está la duda acerca del éxito de Clarín en su guerra contra el Gobierno. Otra manera de control es la bajada de línea directa que se hace a veces en el segundo subsuelo del edificio de la calle Tacuarí, donde no hay cámaras ni llega la señal de los celulares, un modo de impartir ordenes sin que quede registro. Por otro lado, muchos temen perder lo que se llama “quioscos”, verdadera fuente de financiación de ciertas figuras. Quienes tienen un extra en Metro o en una radio, lo tienen por ser periodistas de Clarín, Canal 13 o TN. Perder un ingreso implica perder todos. Algunos citan como ejemplo a Julio Blanck, editor jefe de Clarín, cuyo programa en la madrugada de FM La Isla concitó en un tiempo las pautas más jugosas del mercado. Muchos dicen que la actitud de cerrar P&E no fue una actitud monopólica sino política. Ese era el único lugar en el que los periodistas de Clarín ganaban dinero sin pasar por el medio. “Hoy en Metro están controlados porque los directivos saben a quién le están pautando, cuánto y controlan la línea editorial. Alguna vez en el viejo canal, a Fabián Doman lo llamó Martín Etchevers porque no le gustó algo que dijo en su programa y lo amenazó por teléfono con levantarle el programa aunque era un espacio que él pagaba”, advierten. Pero el disciplinamiento también tiene sus debilidades. Por ejemplo, Lorena Maciel leyó al aire un texto que decía que el Banco Nacional de Datos Genéticos está controlado por las Abuelas de Plaza de Mayo, se paralizó y luego pidió disculpas. O el hecho de que Juan Miceli –que ha demostrado más de una vez tener ética periodística– prefiera la pantalla de Canal 7 es una señal para el periodismo y puertas adentro del canal de Constitución. Entre los políticos, varios han estado cerca del Grupo por distintos motivos, como Felipe Solá o Julio Bárbaro. Pero hay casos más llamativos, como la militancia anti Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual de Enrique Thomas y Silvina Giudici. O el diputado entrerriano Gustavo Cusinato, a quien le dan para que lea en forma textual escritos a favor del monopolio elaborados por el ex secretario de Comunicaciones Henoch Aguiar. O José Scioli, quien es señalado como informante del voto peronista cuando estuvo en el Congreso. Otros recuerdan que la íntima relación que tienen con Elisa Carrió es de larga data y, suspicaces, mencionan que la diputada pasó 20 días y gastó 67 mil pesos en la Posada del Quenti en Córdoba. Poco después salió una nota a doble página acerca del alojamiento en el Suplemento Viajes y Turismo de Clarín. Una apuesta desestabilizadora. El problema que tienen los que toman decisiones en el multimedio es que sus análisis y previsiones son sobre la base de desalojar al actual gobierno antes de que termine su mandato. La consigna “son ellos o nosotros” circula como una apuesta a crear –de modo artificial pero sobre todo antidemocrático– un escenario donde volteen la ley de medios y eviten que se conozca la identidad de Felipe y Marcela. No sólo eso significaría tumbar un gobierno sino someter una decisión soberana del Parlamento y la pretensión de condicionar a la Justicia. Pero tal vez sea demasiado tarde hasta para eso, porque aunque el kirchnerismo no triunfara en 2011, ellos perderán la posición monopólica en el espectro audiovisual y toda la maquinaria empresarial está montada sobre la base de tener posiciones dominantes en todos los medios que encaran. Esa es una debilidad relativa ya que, hoy por hoy, el impacto masivo de los medios controlados por Magneto no tiene competencia. Sí tiene competidores, que se van afianzando día a día, pero que no suplen con su calidad el peso cuantitativo del rating y la circulación de sus medios. La identidad de Marcela y Felipe puede producir un cambio imprevisible. El temor que les produce a los directivos se traduce en la cantidad de decisiones desacertadas. La solicitada y el video de Felipe y Marcela, armados por la agencia de Carlos Souto, demostró infinidad de fallas. A la falta de moral que trasunta tener dos personas cautivas de una identidad falsa, se contrapone el prestigio que tienen las Abuelas y las Madres de Plaza de Mayo. La sociedad ya tiene este tema como un debate cotidiano. Los mismos directivos de Clarín se ocuparon de instalarlo en la agenda pública. Algo contrapuesto al silencio de siempre. Lo hicieron por dos motivos contrapuestos. Uno es por impotencia, por incapacidad de asumir –y pagar el costo– que fueron parte de una dictadura cívico militar. El otro es que se preparan para lo inevitable y quieren aprovechar su gran capacidad de impacto mediático poniéndose en el lugar de las víctimas. Quieren que, aún después que se sepa la identidad de Felipe y Marcela, un sentimiento a-histórico y fascista se apodere de parte de la sociedad. Tienen la idea de que es mejor consolidarse como la expresión cultural de la derecha reaccionaria pero, al mismo tiempo, contar con la simpatía de algunos supuestos izquierdistas que, por centímetros de prensa y minutos de televisión, sean la cara ética de una maniobra para evitar la complicidad con el terrorismo de Estado.

Miradas del Sur

04/05/2010 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Argentina – El miedo, los periodistas y Carlos Souto por Eduardo Anguita


30-04-2010 /


Eduardo Anguita

La edición del domingo pasado de Miradas al Sur incluyó una investigación periodística que, curiosamente, tuvo una gran repercusión en algunos medios y absolutamente ninguna en otros. Pudimos acceder, en detalle, a cómo la agencia publicitaria La Ese tiene un equipo de jóvenes que, en negro, hace un trabajo de desinformación que contraviene todos los principios éticos de la información pública. Resumidamente: algunos muchachos y chicas tienen que llamar a las radios para leer mensajes escritos por creativos publicitarios mientras que otros intervienen en las páginas webs de los diarios simulando ser lectores interesados en dejar sus opiniones. La Ese no actuó por vocación cívica sino por un contrato con el Grupo Clarín.

El lunes, Carlos Souto mostró que había acusado recibo. La Ese, que se muestra en su página web como una sólida estructura de comunicación política, tembló varios grados en la escala Magnetto. Souto dio consigna de que llamaran a todos los trabajadores en negro con la orden terminante de que no se presentaran a trabajar. Evidentemente, tenía miedo de que la investigación periodística hubiera alertado a los inspectores de la AFIP o del Ministerio de Trabajo y quedara ensartado en esa maniobra miserable de tener una fachada de publicitario millonario y una trastienda de “taller de costura clandestina” –como afirmó Miradas al Sur– con el agravante de que los trabajadores de esos talleres no están obligados a mentir todo el tiempo, como tienen que hacerlo los empleados de La Ese.

El martes, los empleados en negro fueron convocados a trabajar y los esperaba un regalo: ¡El bueno de Souto los ponía en blanco! El miércoles, el dueño de La Ese tenía una conferencia en público y el periodista Ezequiel Siddig, de Miradas al Sur, concurrió a la misma y pudo hacer algunas preguntas. Souto, cuyo fuerte es hacer libretos para otros, perdió el control y atinó a decir, muy enojado: “¡Yo no tengo un taller clandestino de costura!”. Es cierto que no lo tiene, al menos a partir del martes.

La investigación publicada el domingo anterior fue, incluso, generosa en cuanto a las labores que despliega para el monopolio Clarín, que le adjudicó, casi casi, la autoría de la solicitada firmada por Felipe y Marcela Noble Herrera así como la adaptación televisiva emitida por TN. La realidad es que los directivos del Grupo Clarín están tan atacados por las debilidades de su comunicación pública que no dejan en manos externas el armado de esas piezas. Un joven, pero experimentado, ejecutivo del monopolio fue quien escribió el texto. El lugar de los creativos de La Ese fue, si era posible, embellecerlo con algún giro sintáctico que impactara para mostrar qué buena madre es Ernestina Herrera de Noble. Lástima que ni siquiera revisaron los archivos en los que ella decía que había hablado con los chicos muchas veces sobre la posibilidad de que fueran hijos de desaparecidos. Lástima, porque el texto les endilgó a Felipe y Marcela que “no hay ningún indicio de que seamos hijos de desaparecidos”.

De todos modos, el escaso trabajo de Souto en este tema no pudo servir para mucho. El desplazamiento del juez Conrado Bergesio de la causa por el análisis de ADN y la responsabilidad de la dueña de Clarín como supuesta apropiadora puso al monopolio en el escenario más temido. Por decisión de la Sala II de la Cámara Federal de San Martín y en virtud de un pedido de recusación por parte de la fiscal Rita Molina, este expediente ahora lo tramitará la titular del Juzgado Federal I de San Isidro, Sandra Arroyo Salgado, quien ya tuvo dos causas de hijos de desaparecidos y las tramitó con toda corrección. En concreto, Clarín no maneja a Arroyo Salgado como sí manejaba a Bergesio. Tampoco sus abogados ahora pueden acudir a chicanas jurídicas para impedir que el Banco Nacional de Datos Genéticos devele, finalmente, quiénes son los padres biológicos de Marcela y Felipe si, como todo indica, fueron efectivamente secuestrados cuando eran bebés y entregados como parte de una maniobra típica del terrorismo de Estado.

La construcción del emporio mediático Clarín tiene cada vez menos puntos oscuros. Cuando se devele la identidad de los padres de Felipe y Marcela, se podrá avanzar un paso más. Quizá se descubran las razones subyacentes por las cuales Clarín fue cómplice activo de la dictadura

Periodistas famosos. Mientras este escenario fue cobrando un lugar preponderante en algunos medios de comunicación, el Grupo recurrió a otro golpe de efecto. Esta vez, con la participación protagónica de algunos connotados comunicadores que revistan en sus filas, quienes fueron al Senado a escuchar la solidaridad de la presidenta de la Comisión de Comunicación, María Eugenia Estensoro.

Bien vale recordarlo, es la hija del poderosísimo empresario José Estensoro, que presidió YPF al principio de la privatización y que murió en una situación que nunca fue investigada a fondo. En plena guerra entre Ecuador y Perú, mientras las figuras principales del menemismo estaban asociadas al contrabando de armas a Ecuador, Estensoro viajó en su avión particular a ese país. Lo pilotaba el experimentado Arturo Pagnés. Lo que se reportó como accidente tuvo muchos puntos oscuros. Especialmente sobre un viaje a Ecuador en plena guerra.

La familia de Pagnés siempre fue remisa a hablar, ni siquiera en confianza con sus ex compañeros de Aerolíneas Argentinas. Las compañías de seguros no investigaron. No se sabe cómo fue –si es que hubo– el resarcimiento económico a la familia de Estensoro. En la Argentina no se radicó ninguna causa. Seguramente la senadora Estensoro, más allá del dolor personal por la muerte de su padre de la cual el lunes próximo se cumplirán 15 años, sabrá cosas sobre las cuales no querrá que los periodistas investiguen. Ella es la que tomó la voz cantante en esta nueva maniobra que pretende que hay miedo entre los periodistas. Ella fue la que recibió al grupo de comunicadores del establishment que fue el miércoles al Senado. A excepción de Magdalena Ruiz Guiñazú, el resto son formadores de opinión del grupo Clarín: Eduardo Van der Koy, Ricardo Kirchbaum, Nelson Castro, Edgardo Alfano, Marcelo Bonelli, Daniel Santoro y Joaquín Morales Solá. Se trata de periodistas de mucha trayectoria y, sin dudas, con mucha influencia sobre las vastas audiencias del grupo.

Todos abordaron el peligro del autoritarismo K. TN y Clarín hablan del miedo de los periodistas. Un arma tan efectista como superficial e inconsistente. Ninguno de ellos se anima a romper el cerco de silencio de Clarín sobre el miedo de los directivos del grupo a que se sepa la verdad de los hijos de la dueña. Ninguno de ellos se anima a dar una explicación sobre este vuelco del grupo cada vez más insidioso sobre una agenda periodística sólo destinada a atacar a un gobierno que sí se animó a impulsar una ley que democratice la palabra.

Y, desde ya, ninguno de ellos se animó a hablar de la actividad de Souto para Clarín. Si lo hacen por miedo o por convicción es algo que excede el análisis de esta columna. Pero ya que hablan tanto de miedo podrían decir si hay algo a lo que no le tengan miedo. Por bien de la comunicación. Y, sobre todo, de la sociedad.

Miradas del Sur

01/05/2010 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 2 comentarios

Argentina – “Los hijos de Noble son hijos de desaparecidos”



Por Néstor Leone Roberto

Marquevich, ex juez federal, cuenta su experiencia como juez de la causa Noble Herrera y habla sobre las presiones que recibió de parte del Grupo Clarín.

El 17 de diciembre de 2002, cuando todavía era juez federal de San Isidro, Roberto José Marquevich ordenó la detención de Ernestina Herrera de Noble. La noticia conmocionó al mundo periodístico y político. La dueña del principal grupo de medios del país tenía que rendir cuentas por primera vez ante la Justicia debido a la presunción de que Felipe y Marcela Noble serían hijos de desaparecidos, apropiados durante la última dictadura militar. Un año después del episodio, Marquevich fue destituido por mal desempeño de sus funciones. En esta entrevista, el ex magistrado afirma que esos chicos fueron adoptados de manera irregular y da por hecho que son hijos de víctimas del terrorismo de Estado. Además, narra los entretelones políticos de la causa y señala las múltiples presiones que recibió, en una semana donde una decisión judicial volvió a poner el tema en discusión. En este caso fue la Cámara Nacional de Casación Penal, que hizo lugar al recurso de queja interpuesto por los abogados de Marcela y Felipe Noble Herrera y dejó en suspenso la realización de una pericia de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos.

¿Cuándo tomó contacto con la causa? ¿Cuándo llegó a su juzgado?
Aproximadamente en el año 2000. La señora de Noble había sido denunciada por dos apropiaciones: tanto por los supuestos abuelos biológicos de sus hijos como por las Abuelas de Plaza de Mayo.
¿Está convencido de que los hijos adoptivos de la señora Herrera de Noble son hijos de desaparecidos?
Sí. Los expedientes de la adopción son muy burdos. Tanto el de Felipe como el de Marcela. Por eso digo que son “supuestamente adoptados”. Y mi convencimiento nace, precisamente, del conocimiento que tengo de la causa.
¿Qué lo lleva a hacer esa afirmación, por ejemplo?
Analizar una causa tan compleja, de manera rápida, no es conveniente. Pero puedo mencionarle algunos elementos. Por ejemplo, la declaración de Roberto García, testigo principal de una de las adopciones. Cuando me lo mencionan no estaba tan convencido de citarlo, pero al leer su declaración, donde hablaba de una canastita en la que habían dejado a Felipe, parecía una cosa tan ingenua, tan infantil, que decidí hacer una citación. Me costó bastante encontrarlo. Declaró en el juzgado y me dijo que no había estado en San Isidro.
Luego se supo que era un viejo chofer de la familia Noble. ¿Es así?
Esa misma tarde ordené un oficio, nada extraordinario, al propio diario Clarín y ellos me informan que tenía un cargo administrativo. Después supe que era el chofer de la señora de Noble. También está el tema del domicilio. La señora de Noble en ese entonces vivía en Capital, no en Martínez, como ahora. Y las dos adopciones se hicieron en San Isidro.
¿Está comprobado, como se dijo, que tanto la partida de nacimiento como los documentos de la adopción son irregulares?
Está clarísimo, al punto de que el acta fue objetada desde un comienzo, tanto por los querellantes como por las Abuelas y por el propio juzgado. Había una serie de datos que tornaban inciertas o irregulares las adopciones. Al tener los datos sobre estas irregularidades y sospechas acerca de delitos que tenían que ver con la identidad de estas personas, delitos inexcarcelables, por otra parte, es que mi juzgado llama a indagatoria a la señora Herrera de Noble. Tampoco existió la madre que, supuestamente, había entregado a los chicos en adopción. Y ése es otro dato importante. Está claro que ninguno de los padres que la señora invoca existieron.
¿Por qué pudo anotarlos con el doble apellido, siendo que Roberto Noble hacía varios años que había fallecido?
Eso nunca lo pude determinar. Es antojadizo, diría yo. La que estaba adoptando, supuestamente, era Ernestina Herrera y no había problemas en anotarlos con su apellido. Noble estaba muerto y no podía adoptar.
¿Hay posibilidad de que Herrera de Noble no haya sabido cuál era la procedencia de esos niños? En mi juzgado tuve muchas causas ligadas a hijos de desaparecidos. Por lo menos, cincuenta. De éstas, catorce prosperaron. Es decir, hice el trámite completo, hasta llegar a la condena de los apropiadores. Y es muy variada la serie de argumentos que le pueden dar a uno para justificarlo. Si ella no conocía el origen de esos chicos lo disimulaba bien, porque es simple: se lo dice al juez y listo. Pero se negó a declarar. Negarse a declarar es un derecho constitucional, pero también pienso que la negativa a declarar deja interrogantes que permiten hacer elucubraciones. Innecesarias, digo yo, si uno no tiene nada que ocultar. Lo mismo pasa con las muestras sanguíneas y el empecinamiento que tienen para negarse a hacérselas. Hace ocho años pedí que se sacasen muestras, y se negaron. De ahí la necesidad de la extracción compulsiva. Este trámite lo comparo con una rueda de reconocimiento de personas. Usted puede negarse, pero yo tengo la obligación de mostrarle su foto a la víctima. Esto es exactamente igual.
Su destitución, dos años después de la detención de Herrera de Noble, tuvo que ver con esto. ¿De esto tampoco tiene dudas?
No es que no tenga dudas, está escrito. El único motivo esgrimido fue la detención de la señora. En lo personal me causó dolor, por los muchos años que tenía en la justicia. Parece una verdad de Perogrullo, pero como juez tenía autoridad de detención. Además, no era la primera detención que llevaba a cabo, por supuesto.
¿En qué consistió la campaña de la que usted dice haber sido víctima?
Hubo de todo, debido al poder de la señora. Unos días después de solicitar su detención, me entero de que ese día la señora de Noble tenía que entregar unos premios (ndr: Premios Clarín Espectáculos 2002). Lo único que falta es que averiguase qué iba a hacer esa noche, o si tenía dentista a la tarde. Es un absurdo. Es decir, cuando se busca la mala intención, la imaginación puede ser ilimitada.
¿Qué tipo de presiones recibió? ¿Hasta dónde llegaban?
En esa época era presidente Eduardo Duhalde y, a través de gente de su gobierno, se interesaban por lo que iba a ocurrir con la señora de Noble. Pero el que quería saber era el presidente.
¿Era una presión directa?
Absolutamente. Llamar a un juez es lo último que se tiene que hacer. El juez tiene que ser una garantía. Si llaman es porque tienen desconfianza de que vaya a pasar algo que ellos no quieren que pase. Por ejemplo, que quede detenida. Con ese criterio, no podría haber justicia ni personas detenidas: directamente consulto con el presidente y listo.
¿Tomó contacto, durante el tiempo en que usted estuvo al frente de la causa, con cuadros dirigenciales del Grupo?
Sí, con directivos. Y con gente que no estaba directamente vinculada al Grupo. El abogado de Noble venía dos veces por semana al juzgado en el trámite de la causa. He hablado, incluso, con Héctor Magnetto. Lo aclaro: en el trámite de investigación, no cuando tomé decisiones.
¿Qué le decían?
Es muy difícil reproducir diálogos, pero lo que no resulta para nada difícil es saber hacia dónde iba encaminado el diálogo. “Mire que es una persona muy importante”, decían. “Mire que esta señora tiene muchos pergaminos de las embajadas”, en tonos amenazantes. En alguna medida, estaba preparado para lo que vino después.
Cuando dictó la detención de Ernestina Herrera de Noble, ¿ya suponía el destino que le esperaba? Sí. En mi carrera como juez tuve causas muy resonantes y no lo descartaba. El juicio político existe. Alguna vez podían hacerme uno y que prosperara. Bueno, me tocó. Recuerdo que iba al Consejo de la Magistratura, interesado por el estado del juicio político, y me encontraba con directivos del Grupo Clarín en los despachos de las personas que me iban a juzgar. No había que ser muy suspicaz para saber cuál iba a ser el resultado. Pero, bueno, uno siempre tiene la esperanza de que las cosafuncionen bien.
Por su parte, ¿no admite alguna irregularidad o cierto manejo desprolijo de la causa?
¿Desprolijo? En primer lugar, no puedo tergiversar una causa que ni siquiera fue tramitada por mí. Después, las declaraciones de los testigos las tomé yo, pero escribiendo lo que decían los testigos. Que me haya faltado algo más puede ser, o puede ser que no se me haya ocurrido algo. Pero vamos a terminar siempre en lo mismo. Yo tenía en el juzgado una sospecha de que se habían cometido delitos graves. Esa sospecha, para el supuesto de que me haya faltado o sobrado algo, es corregible. Para eso tenemos tribunales que revisan las decisiones de los jueces y que pueden llegar hasta la Corte.
En aquel momento Clarín atribuyó la detención a una venganza del menemismo y de sus testaferros empresariales, por la cobertura del diario respecto del contrabando de armas a Ecuador y Croacia, que llevó a la detención del ex presidente Carlos Menem.
Se llegaron a decir muchas cosas, todas falsas. Pero supongamos, por un momento, que fue así. El juicio político me lo tendrían que haber hecho por eso, porque fui un instrumento de un grupo político que quería vengarse de la señora de Noble. Pero nunca fui acusado en el juicio político por eso. El juicio político se hace por una supuesta detención irregular a la señora de Noble.
De comprobarse la filiación de los hijos, quedaría al desnudo la impunidad con la que se manejaron y la convicción de que esa impunidad se prolongaría indefinidamente. ¿Lo ve así?
No, si no se probase eso, igual está demostrada la impunidad con que se mueve un medio de estas características. Está clarísimo, absolutamente claro. La displicencia con que se manejan, sobre todo con la justicia, es tremenda. Si a usted le dan una orden, tiene que cumplirla. Si la policía lo para en la ruta, usted no puede seguir de largo. Si a usted lo llama un juez, tiene la obligación de concurrir.
¿Cree que se le ha perdido el miedo al poder que supone la dueña del Grupo Clarín? Me refiero a la justicia, pero no sólo a la justicia.
No, para nada.
No se le ha perdido el miedo, dice.
Para nada. La gente, a lo mejor piensa, que puede haber una especie de doble mensaje. Pero una cosa son los problemas del Gobierno con Clarín y otra cosa es la causa. No tiene nada que ver una cosa con la otra. Igualmente, me llama más la atención el miedo de los políticos, más que el de los jueces. Mucho más. Porque el juez puede hasta no leer el diario. Pero el político vive del diario o vive con el diario. La sensación que tengo yo es que Clarín es un grupo que infunde mucho miedo. O tienen mucho poder o hacen creer que tienen mucho poder. No sé cuántos empresarios lo hacen. Para un medio periodístico, la forma de infundir miedo a los políticos es sacar tres artículos en su contra. Y con un juez hasta les debe resultar más sencillo, porque generalmente no tenemos la gimnasia para movernos en esos ámbitos.
Una hipótesis sobre el caso dice que, en el Grupo, apuestan todas las fichas a dilatar la resolución de la causa, con la esperanza de que un nuevo gobierno le quite impulso. ¿Lo ve posible?
Otra hipótesis posible es que deben estar esperando que la señora de Noble muera. Jugarán con eso, como si con eso hubiese de-saparecido el delito que se investiga, cuando lo que se investiga es a Ernestina Herrera de Noble pero también a las víctimas, no porque seamos perversos, sino para darles la identidad, que es un derecho que tienen ellos y una obligación que tiene el Estado. Por eso digo que, desgraciadamente, las dos hipótesis pueden ser posibles. Es algo muy delicado lo que está tratándose desde el punto de vista de la justicia. Lo que nadie les podrá impedir, de comprobarse la apropiación, es que los chicos dejen de ver a la señora. Tuve experiencias de chicos que se han quedado con sus apropiadores, incluso los iban a visitar a las cárceles, y después se fueron a vivir con ellos.

El rol del juez Bergesio

¿Qué opinión tiene de la continuidad de la causa, ya con Conrado Bergesio a cargo?
Cuando dejo la causa hay un largo proceso de dilación y de irregularidades. Entre las últimas, Bergesio indica la extracción de sangre en el Cuerpo Médico Forense, cuando debía hacerse en el Banco Nacional de Datos Genéticos. Y, al día siguiente, ordena un allanamiento, cosa que no era necesaria porque ya tenía la sangre y los objetos secuestrados los manda al Hospital Durand. ¿Qué explicación tiene? Pero eso no es todo. Cuando hace el allanamiento, la policía está una hora y media antes en la puerta de la casa de los Noble, hasta que llegó el abogado de la familia, cuando el factor sorpresa es el 99 por ciento del éxito del trámite. Increíble.
Cuando habla de estas irregularidades y dilaciones de Bergesio,  ¿cómo las calificaría?
No sé cómo contestarle.
¿Son irregularidades técnicas o hay algo más?
¿Usted quiere saber si lo compraron a Bergesio? Creo que no. Creo que es un tema ideológico y nada más.
¿En qué sentido?
Ideológico, en el único sentido que tiene. Él está convencido… Ah, porque usted no lo conoce a Bergesio. Es una persona que formó parte de la Cámara Federal Penal, que juzgaba a militantes de Montoneros, del ERP. O sea, no es el mejor juez para juzgar en una causa en la que hay supuestos hijos de desaparecidos durante el proceso militar. Además, todos sus amigos son militares o gente afín. Un hombre de derecha, digamos. Es esencial para la justicia que uno no tenga la parte ideológica. Lo he escuchado a Ricardo Gil Lavedra criticar a la Presidenta por el tema de la Corte Iberoamericana. No entiendo por qué critica eso; él sabe muy bien que se puede recurrir a esa corte por los tratados internacionales. Se supone que él es un constitucionalista. Pero, a lo mejor, está hablando como político. No me olvido de que él está con Elisa Carrió. Carrió dice que los hijos de Noble son también sus hijos, Gil Lavedra dice esto otro y el diario Clarín, en un mes, hace dos críticas al Banco Nacional de Datos Genéticos.
¿Puede ser inminente la resolución a partir de ciertos avances que se dieron en los últimos meses?
Trae feas sospechas, de un lado y del otro. La justicia no está acostumbrada a que le resuelvan las cosas en los diarios. No sé, hacer un ejercicio político me cuesta porque no estoy acostumbrado.
Le cambio la pregunta: ¿están dadas las condiciones para que haya una pronta resolución?
Tendría que ser lo más rápido posible para no arruinar lo que se hizo, porque este tipo de muestras va perdiendo su calidad para servir como prueba genética. Si usted me pregunta qué haría yo, dejaría que pase todo esto y, como juez, haría repetir la muestra de sangre.
Con la actuación del juez Bergesio, ¿usted cree que existe la posibilidad de que se llegue a la resolución del caso? ¿A qué resolución se refiere?
A la verdad, sea cual fuere.
No tiene otro remedio. Tiene obligación de hacerlo. Lo que más llama la atención es que en lugar de pasar cuatro meses ya pasaron seis años.

La discusión por los ADN

¿Qué opina de la sanción de la ley que ampliaba las facultades para extraer las muestras de ADN?
Escuché decir muchas cosas sobre eso, la mayoría sorprendentes. Por ejemplo, que lastimaba la libertad de expresión. Nunca escuché un argumento parecido. Me dije: debe ser porque la señora tiene medios. Pero la señora está involucrada como acusada. Es lo mismo que, porque un médico está acusado de homicidio, la corporación médica lo defienda diciendo que se está violando la salud pública. No lo entendí y sigo sin entenderlo. Hay quienes todavía dicen que esto es una pelea del Gobierno contra Clarín. Al margen de que exista esa pelea, esto es sumamente grave.
Los sectores que se niegan a avanzar con estas causas hablan de un supuesto derecho de los jóvenes a conocer o no la verdad sobre su identidad. ¿Qué les contestaría?
Es otro argumento muy utilizado. Pero, en realidad, no sé a qué se refieren, porque estos chicos no tienen nada que decidir. El único que puede decidir es el juez sobre la base de una orden para la extracción de sangre, sea voluntaria o compulsiva. El que mencionan no es un derecho de los jóvenes. Supongo que se repite por ignorancia.
¿Qué le produjo escuchar a la diputada Elisa Carrió decir que “los hijos de Noble eran sus hijos”?
Me llamó la atención. En política se pueden decir muchas más cosas de las que puede uno con un cargo de juez, que tiene la obligación de ser un poco más cuidadoso. Pero llegar al extremo de decir eso, resulta inentendible. No la entendí, de verdad. Salvo que haya querido decir “protegemos al Grupo Clarín”, que también puede ser posible. Esto es más simple de lo imaginable: se resuelve con una extracción compulsiva de sangre. No todos los países del mundo tienen, como la Argentina, un lugar específicamente dedicado a eso, con un banco genético. También hay que decirlo, no todos sufrieron, por suerte para ellos, desapariciones como nosotros. No voy a hablar de números, pero debe haber más de 500 casos en el Banco de Datos para entrecruzar información, ¿cuál es motivo por el cual se quiere arruinar una investigación haciendo sólo el comparativo con los querellantes? Si no hay nada que ocultar, es todo muy simple.

DEBATE

04/04/2010 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , | Deja un comentario

Argentina: Caso Sra. de Noble e hijos adoptados


La Verdad Apropiada

¿Qué puede esperar Clarín como grupo mediático, poseedor de otros diarios, de radios AM y FM, de canales de televisión abierta y por cable, si su propietaria quedara a la vista de los argentinos como cómplice de una apropiación ilegal, una de las tantas acciones aberrantes durante la represión?

Por:     Hugo Muleiro*

Una porción significativa de los medios de difusión privados de Argentina, que encabezan la oposición al gobierno de la presidenta Cristina Fernández, está intentando ocultar de manera grotesca aspectos esenciales de la causa judicial por la cual la propietaria del diario Clarín, Ernestina Herrera de Noble, está sospechada de la apropiación de dos niños hijos de desaparecidos, que les fueron entregados en adopción al comenzar la dictadura militar, en 1976.

La manipulación grosera de los datos se puso en evidencia ante la orden de un tribunal de alzada a un juez federal para que proceda por fin a hacer tomar muestras de ADN a los dos niños entregados a la empresaria, para cotejarlos con los de familias que buscan a hijos de desaparecidos apropiados durante la represión feroz de los militares, desde 1976 a 1983.

Se trata de un juez, Conrado Bergesio, que está acusado de actuar en favor de los intereses de la dueña de Clarín, mediante procedimientos y decisiones que, según los querellantes, entre ellos las Abuelas de Plaza de Mayo, llevan a la dilación de las comprobaciones requeridas.

Es que este juez, en su resolución, desconoció por completo una ley en vigencia, que establece que los registros de ADN de personas que se presume pueden haber sido víctimas de apropiación por los represores deben ser cotejados en el Banco Nacional de Datos Genéticos.

Para favorecer a la empresaria acusada, el juez dispuso en cambio que las muestras sean comparadas únicamente con las de apenas dos familias que buscan a hijos de desaparecidos. Esa búsqueda es una tarea titánica en la que Abuelas de Plaza de Mayo, en más de 30 años de lucha, logró la identificación de cien niños que fueron sustraídos a sus madres por los militares, en lo que sin duda es uno de los hechos por los cuales la democracia argentina puede aspirar a considerarse, eventualmente, digna.

El diario Clarín, pero también La Nación, primero y segundo en ventas, reportaron sobre este procedimiento sin mencionar la vigencia de esa ley. Además, en varios artículos ocultaron expresamente en qué año los niños fueron dados en adopción a Herrera de Noble, cuando comenzaba la dictadura.

Abuelas de Plaza de Mayo anunció de inmediato que impugnará la prueba parcial dispuesta por el juez y que promoverá además el juicio al magistrado, pero lo cierto es que la empresaria periodística vuelve a ganar tiempo en una causa que se viene arrastrando por dos décadas.

Al referir que las muestras tomadas a ambos jóvenes fueron cursadas por el juez al Cuerpo Médico Forense –y no al Banco Nacional de Datos Genéticos, como la ley dispone-, estos diarios privados ocultan otros hechos, como que ese organismo está intervenido por la Corte Suprema de Justicia, por irregularidades en su funcionamiento.

Pero además, mientras ocultan información o la presentan apenas parcialmente, los mismos diarios despliegan a sus escribas más obedientes como fuerza de choque con el gobierno, multiplicando artículos sobre acusaciones de corrupción.

El caso de los dos niños entregados en plena dictadura militar a la dueña de Clarín no es uno más de los tantos que caen en la esfera de los crímenes cometidos por el régimen totalitario y sus cómplices en el campo civil y en el de los medios.

¿Qué puede esperar Clarín como grupo mediático, poseedor de otros diarios, de radios AM y FM, de canales de televisión abierta y por cable, si su propietaria quedara a la vista de los argentinos como cómplice de una apropiación ilegal, una de las tantas acciones aberrantes durante la represión?

Un derrumbe eventual de este grupo concentrado de medios como nave insignia de la oposición al gobierno de la presidenta Fernández, un papel en el que se muestra como exponente máximo de reclamos de justicia, transparencia y progreso en el país, para que queden por fin a la vista su rostro verdadero y sus manos manchadas con sangre, puede introducir un cambio político formidable en Argentina, acaso destinado a impactar fuertemente en las elecciones presidenciables de 2011, para las cuales Clarín viene impulsando a varias figuras opositoras, a la medida de sus intereses.

* Periodista argentino, ensayista y docente de periodismo

TELESUR

04/01/2010 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , , , | 4 comentarios

Argentina – La pluma y la picana


Que quede claro. Una cosa es el Grupo Clarín, el monopolio y la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA), y otra es Clarín y los derechos humanos.

Ambas cosas se entrelazan,  pero corren por caminos separados,  y en el marco de un sistema con independencia relativa de poderes.  Pero, ¿desde dónde podemos reclamar que el Poder Ejecutivo se mantenga independiente del Poder Judicial y del Legislativo, si la misma justicia y parte del Legislativo demuestran no ser independientes del poder de los medios de comunicación concentrados?

Porque una cosa es el nuevo marco legal y sus posibles implicancias económicas y políticas, y otro asunto, que debe correr por otro carril, son los hechos vinculados a las violaciones de los derechos humanos y la complicidad de ese aparato ideológico formado en la dictadura que hoy proclama defender la “libertad de prensa”.

Sabemos que muchos de los beneficios que obtuvieron fueron gracias a Videla y compañía: la vitoreada Ley de Radiodifusión, Papel Prensa, y el secuestro de dos niños en manos de su dueña, Ernestina Herrera de Noble, con la connivencia de altos directivos y periodistas del grupo empresario.

Pero el rol de los medios en la dictadura no puede recortarse al plano de los beneficios económicos obtenidos, sino que se debe expandir el debate hacia sus implicancias culturales.

El modelo político, social y económico, impuesto con el secuestro y la desaparición, permitió también la decadencia cultural, el miedo, la imposición de falsos valores, cuantificables en moneda extranjera.

Nunca los grandes medios de comunicación fueron tan oficialistas en este país como lo fueron con la Junta Militar y el plan económico de Martínez de Hoz.

Represión cultural

Ni los juicios por la verdad contra los jerarcas militares, ni la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) nos deben hacer olvidar la complicidad de los civiles, principalmente periodistas, con la dictadura militar.

Es hora de avanzar en el debate acerca de los responsables culturales del golpe militar, porque atrás de ellos se esconden verdades fundamentales para la reparación histórica que merece todo pueblo que ha sido víctima de un genocidio.

Lo que nunca confesaran los militares, para llevarse sus secretos a la tumba o por el desconocimiento propio de una institución con información compartimentada, pueden saberlo Joaquín Morales Solá, Samuel Gelblund o Mariano Grondona.

Ellos seguramente saben más que lo que saben muchos implicados militares. Ellos usaron como materia prima de su infamia periodística la información mejor guardada por los militares. Nadie busca con esto hacer una caza de brujas, sino simplemente encontrar la verdad.

Diana Maffia, del ARI, en el documental “Propaganda negra”, realizado en 2005 por la Universidad de Lomas de Zamora, es clara: “La desaparición de personas, secuestros de niños, tortura, fue tan fuerte, que hablar de la represión cultural parecía superficial. Tuvieron que pasar muchos años para darle una verdadera dimensión política y que no resulte ofensivo, sobre todo por las víctimas humanas”.

“El hombre que sabía demasiado”

Como periodista, intento ponerme en el lugar de la prensa en la dictadura. No puedo decir simplemente que fueron sus ideólogos. Para entender la situación de estas personas y su falta de humanidad voy a recurrir al dilema ético que plantea la película de Alfred Hitchcock.

Una pareja de vacaciones en Marruecos entabla una amistad con un francés, que antes de morir asesinado les revela que es un espía y que deben hacer llegar cierto mensaje a la embajada británica para evitar que un alto mandatario extranjero sea ultimado en Londres.

Aquí, se pone en juego el valor de la vida por sobre las propias implicancias políticas que puedan desatar el asesinato del diplomático, que son una guerra mundial y posteriormente la vida de la hija de la pareja.

Qué puede pensarse de un periodista que entra a un campo de concentración y no busca salvar a las víctimas. Qué puede pensarse de un periodista que a más de 30 años sigue en silencio, ocultando información, no sólo en función de saber la verdad, sino de mostrar cierta humanidad para con los familiares de las víctimas que quieren conocer el destino de sus hijos, hermanos o nietos.

Entiendan esto: los máximos popes de nuestra profesión son de la calaña más baja en la que pueda catalogarse un ser humano. Cobardes, cómplices de secuestro, tortura y asesinato. Deberían ser declarados personas non gratas en todas las Facultades de Comunicación del país. ¿Habrán tenido aunque sea el dilema moral del protagonista de “El hombre que sabía demasiado”?

La nota de la vergüenza

Es difícil sentirse periodista después de leer esta nota. Pienso todavía si es real. Prefiero suponer que no fue hecha por periodistas, que directamente fue armada por los militares y publicada en Clarín. Algo muy usual en los medios de comunicación. El que paga ve su información publicada.

Se trata de asumir que hay periodistas, todavía en actividad, que más allá de su ideología han sido cómplices del secuestro, la tortura y el asesinato. Y que la justicia viene obviando su participación activa en estos delitos.

La nota de Clarín, fechada el jueves 1º de Diciembre de 1977, y que viene circulando estos días por Internet es estremecedora. En ella, un periodista sin nombre narra la excursión a un campo de concentración militar junto a un grupo de (sus) colegas.

La nota mereció una denuncia presentada hace unos días en el Juzgado Federal Nº 3 en lo penal, a cargo del juez Daniel Rafecas, en la causa donde se investigan los hechos de terrorismo de estado de la zona del Primer Cuerpo de Ejército, por el abogado y periodista colaborador de esta revista Pablo Llonto.

La crónica en cuestión, titulada “La ardua recuperación”, reza en su bajada que los periodistas fueron “Invitados por el Comando en Jefe del Ejército”, mostrando claramente las vinculaciones entre la Junta Militar y el diario.


No se trató de una investigación, de una especie de “cámara oculta” de la actualidad. Se trata lisa y llanamente de una complicidad. Narran su excursión al campo clandestino de detención como si se tratara de una visita guiada a un museo, donde en vez de obras de arte describen la situación de “jóvenes en recuperación”.

“Los hombres de prensa observaron las instalaciones donde se encuentran alojados e, incluso, pudieron dialogar con algunos jóvenes”. ¿Quiénes eran esos jóvenes? ¿En qué lugar estaban? ¿Quiénes administraban el centro clandestino de detención? Todos interrogantes que la justicia debería buscar develar.

“Esta experiencia se realiza con el directo apoyo de un equipo interdisciplinario, compuesto por médicos, psicólogos, asistentes sociales, abogados, que prestan asistencia a los detenidos, y tratan de resolver sus problemas y el de sus familias”, narra el cronista al finalizar la nota, abriendo un abanico de complicidades que la justicia no puede obviar.

Deberían investigarse los pormenores de esta nota y de todas las notas que abiertamente reflejan que hay periodistas que tienen información vital para la historia de este país. Pueden ser declarados inocentes, partícipes involuntarios, pero no pueden no declarar y ocultar información.

http://www.censurarte.ar

Que la página web de nuestra revista sea dada de baja por la empresa de hosting mendocina Host Rentable sin previo aviso y utilizando argumentos falsos, como es el envío de “spam” o “correo basura” desde nuestra cuenta de correo, también suministrada por dicha empresa, abrió el debate con relación a la libertad de información y la red de redes.

Nuestra base de datos de e-mails no ha sido realizada con fines comerciales, sino con el objetivo de difundir material periodístico a personas relacionadas con la revista,  y no existe ninguna denuncia presentada por un particular que recibiese dicha información mensual sobre los contenidos de Revista 2010 sin su consentimiento.

Por esto, además de las acciones legales en curso, el hecho debe abrir el debate para tener una legislación en la materia y que ninguna empresa de hosting se reserve “el derecho de rechazar, fijar o quitar cualquier información o material, en enteros o en parte, que, en su discreción única, son inaceptables, indeseables”, lo que puede servir de excusa para dar de baja ya sea contenidos pornográficos como periodísticos.

Si a esto le sumamos que la empresa Host Rentable es casualmente de la misma provincia de donde es el Grupo Uno, propiedad de Vila y Manzano, que actuó judicialmente en su momento para impedir que se reproduzca la señal de Canal 7 en Mendoza, y que intimidó a la cooperativa que edita Revista 2010 en una nota salida en el diario Uno, días antes de la supresión de la página y mientras lanzábamos la agencia noticiasmendoza.com, las sospechas son más que fundadas, aunque quede de ahora en más en manos de la justicia.

Por otra parte, los artilugios legales del Grupo Clarín, utilizados contra blogs y eliminando material periodístico subido a Youtube con el pretexto del derecho de Copyright para la palabra “Clarín”, también abren un capítulo que no contempla la nueva LCSA y que deberá ampliarse, para legislar en la materia y  extender así las libertades de prensa y de información.

Los impedimentos judiciales impulsados por el Grupo Uno para que no se transmita Canal 7 en Mendoza o que Telesur no esté en la grilla de programación de Multicanal y Cablevisión, y la feroz casería de contenidos periodísticos que se realiza en Internet, reflejan, una vez más, que los fines de estas empresas no son sólo económicos sino que, como en la dictadura, siguen cumpliendo su rol en la represión cultural en función del pensamiento único.

Se trata de poderes económicos, pero también políticos y culturales, quienes desprecian como nadie la verdadera libertad de prensa y de información. Los oligopolios no sólo concentran señales, tienen prisionera a la palabra y no quieren soltarla.

REVISTA 2010

17/12/2009 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

¡Quemá esas fotos!


la directora de clarin

Edición de Clarín del 29 de septiembre de 1978. La directora del diario celebra con Videla, Saint Jean y Harguindeguy.

Por Daniel Cecchini

05-09-2009 /

Edición de Clarín del 29 de septiembre de 1978. La directora del diario celebra con Videla, Saint Jean y Harguindeguy.

Sonriente, flanqueada por Felipe y Marcela –los dos niños, hoy jóvenes adultos, que inscribió como sus hijos adoptivos en los años más oscuros de la última dictadura militar–, la directora de Clarín, Ernestina Herrera de Noble, no dudó en darle un fuerte contenido político al breve discurso con que coronó, el 28 de agosto, la celebración de los 64 años del matutino fundado por su marido, Roberto Noble, en 1945.El tono estuvo en concordancia con la campaña que el multimedios más poderoso de la Argentina lleva adelante contra el tratamiento de una nueva ley de Servicios Audiovisuales que termine con la legislación vigente en la materia, diseñada por la dictadura y modificada a favor de los grupos económicos más concentrados durante los últimos 25 años. “Clarín cumple 64 años de periodismo, al servicio del desarrollo del país. Hemos construido nuestra fuerza en la fidelidad a la gente. Y eso muchas veces termina molestando al poder de turno. Hoy sufrimos nuevos embates por defender nuestra integridad periodística. Ataques disfrazados con argumentos falsos y contradictorios. Campañas de una virulencia inusitada, originadas en zonas oscuras del poder. A las que incluso se prestan algunos que creen lucrar con eso. No es la primera vez, ni será la última. Ningún ‘apriete’ torcerá nuestro compromiso con la sociedad. Nuestra misión y principios están expresados públicamente. Se reflejan todos los días en nuestros medios. A ellos nos atenemos”, dijo la viuda de Noble, y volvió a sonreír cuando escuchó los previsibles aplausos.

Espejito, espejito. Conviene entonces detenerse en la “integridad periodística” que los medios del Grupo y su diario de bandera “reflejan todos los días”, en defensa de la cual hoy califican de “ley mordaza”, “ley K de control de medios” o de intento de “chavización” al proyecto que se discute en el Congreso. Fue seguramente en nombre de esa misma integridad que Clarín publicó en su portada del 28 de septiembre de 1978 una foto a tres columnas de Ernestina Herrera de Noble junto al dictador Jorge Rafael Videla para ilustrar el titular más importante del día: “Videla inauguró la planta de Papel Prensa”. La bajada de tapa expresa a las claras la independencia periodística de Clarín en tiempos de dictadura: “El teniente general (RE) Jorge Rafael Videla dejó inaugurada ayer la planta nacional de papel para diarios en una ceremonia efectuada en San Pedro. El Presidente destacó la trascendencia que este hecho tiene para el país y subrayó la necesidad de ejercer la libertad de prensa con responsabilidad. Esta edición de Clarín está impresa en papel elaborado en la flamante fábrica”.En las páginas interiores, donde se da una amplia cobertura de la noticia, puede verse también a la sonriente directora del diario brindando con el dictador y departiendo amablemente con los genocidas Albano Harguindeguy e Ibérico Saint Jean. La ocasión lo ameritaba: desde enero de 1977, Clarín – junto con La Nación y La Razón – eran accionistas mayoritarios de Papel Prensa S.A., asociados con el Estado en manos de los dictadores. Una sociedad que sería el puntapié inicial del proceso que, con el correr de los años, transformaría a Clarín en el multimedios más concentrado del país.

Por entonces, los desaparecidos en la Argentina se contaban por miles, entre ellos varios periodistas y trabajadores gráficos que habían pasado por Clarín en algún momento de sus carreras, como Francisco Paco Urondo, Carlos Alberto Pérez, Enrique Raab, Luis Rodolfo Guagnini, Conrado Guillermo Ceretti, Daniel Alberto Daroqui, Ernesto Luis Fossati y Jorge Rodolfo Harriague. Durante esos años, el diario donde habían trabajado silenció sus nombres, los desapareció de sus páginas. Otros, como The Buenos Aires Herald o La Prensa, denunciaron sus secuestros y sus muertes, a pesar de la censura y la represión.

La misión y los principios. El 24 de marzo de 1976, la portada de Clarín había informado sobre el avasallamiento de las instituciones republicanas con un titular aséptico: “Nuevo Gobierno”. Tres días más tarde, también en tapa, había transparentado su relación con los dictadores con un suelto que decía: “La rígida censura de prensa impuesta el 24 de marzo duró sólo 36 horas. Desde entonces, el progresivo retorno a la normalidad en todos los órdenes y la fluida comunicación entre el gobierno y los diarios la han reducido al cumplimiento de normas indicativas. Pero la experiencia, plena de matices, bien vale la pena ser contada como otro testimonio del actual proceso”. A buen entendedor, pocas palabras.Los ejemplos del apoyo editorial al terrorismo de Estado perpetrado por la dictadura se multiplican con sólo mirar cualquier ejemplar de aquellos días. Por ejemplo, en la nota del 21 de agosto de 1976, titulada “El principio del fin”. Allí está escrito: “No hay tercería posible porque, admitido que estamos en guerra, imperan sus leyes. Es la Nación la que está en armas para vencer al enemigo (…) La fuerza, monopolizada por el Estado, y la razón que, legitima la autoridad y le proporciona el consenso, son los atributos fundamentales del gobierno (…) La marcha hacia el monopolio de la fuerza avanza por caminos convergentes. Ha sido un reclamo formulado por distintas voces y que alcanza mayor vigor en boca de la Iglesia. Lo construyen las propias Fuerzas Armadas y sus hombres de gobierno al asociar a los distintos sectores en la lucha permanente contra la subversión”.

Más de una vez, la propia directora estampó su firma en los editoriales, defendiendo a los dictadores aún cuando las violaciones de los derechos humanos y el desastre económico eran ya evidentes: “Las Fuerzas Armadas, que tienen en su haber el triunfo contra la subversión al costo de enormes sacrificios, están en condiciones de realizar esa convocatoria. Se les presenta una alternativa en que la crisis económica puede llegar a minar los logros que han alcanzado en ese terreno y en que superar esa crisis puede dar la consolidación definitiva de la victoria y la realización de los objetivos que se trazaron al asumir el poder…” (29/3/81). E, incluso, después de la derrota en la aventura de Malvinas: “Repensar el país significa, hoy, también repensar a las Fuerzas Armadas. No nos conforma la idea de unas Fuerzas Armadas políticamente rechazadas y refugiadas en la especificidad de sus tareas. En países como la Argentina, cuya cuestión nacional se resume en el imperativo de crecer y desarrollarse, las Fuerzas Armadas son necesarias para sostener esa batalla contra el statu quo aparentemente incruenta, pero en realidad tan ardua como cualquier otra guerra convencional…” (1º/7/82).

Apenas unos ejemplos de la “misión y los principios expresados públicamente” por Clarín a lo largo de su historia. Una historia de “integridad periodística” que, en 1981, hizo que Ernestina Herrera de Noble enviara esta llamativa queja a la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia: “Tengo el deber moral de expresarle mi disidencia con la decisión de esa universidad de entregar este año el premio Moors Cabot al Sr. Jacobo Timerman (ex director de La Opinión, secuestrado, torturado y expulsado del país por la dictadura). Considero que tal distinción puede interpretarse como un aval a la intolerancia ideológica que ha hecho mucho daño a la marcha del proceso democrático en mi país”. Sí, leyó bien: “proceso democrático”… en 1981.

¡Quemá esas fotos, quemá esas notas! Todo sea por el periodismo independiente.

El Argentino.com

23/09/2009 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario