America Latina Unida

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La Patagonia Rebelde…un film de Héctor Olivera


SI NO LA VISTE… TE LA RECOMIENDO…

12/12/2010 Posted by | Arte, cine nacional, General, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized, Videos | , , , , , , | 1 comentario

Argentina – “La aplicación de la ley de medios va a costar sangre, sudor y lágrimas” – Federico Luppi


16-05-2010

El actor plantea su defensa de la Ley de Servicios Audiovisuales y las peleas que vienen.

Foto: Sur

Por Carla Czudnowsky
Periodista

Federico Luppi está de vuelta. Recién acaba de rodar No retorno, una coproducción  con España, y está de regreso en las tablas porteñas haciendo Por tu padre (Multiteatro, Corrientes 1283).
Durante tres horas charlamos rodeados de un embriagador aroma a ajos que salía de la cocina, donde Susi –su mujer– saltaba acelgas.  Mientras este galán de hombre me convidaba de su excelsa y amplia colección de tés.
Luppi tiene ese discurso demoledor, esos argumentos contundentes. Sabe lo que dice y dice lo que siente. Nada ata su discurso, lo sabe y se jacta de eso. Habla lindo. Habla de todo. La crisis política, los medios y la grave situación que atraviesa España. Se reconoce inseguro, dependiente de las mujeres y padre culposo. Hoy, más plantado que nunca,  se sabe “más grande”. ¿Qué cosas, entonces, podrían asustar al más grande de los grandes?
–El martes terminaste de rodar una película en coproducción con España.
–Sí. El libro se llama No retorno. Trata el caso de los muertos por accidentes en carretera y el de esas personas  que, en general, dejan al muerto tirado ahí y se las toman. El libro lo hizo Ana Cohen, hermana del director, Miguel Cohen. Es estupendo, a pesar de platear un tema tan doloroso. Tanta gente que ha perdido familiares y todas las culpas de los familiares de las víctimas sintiendo “yo no estuve”, las secuelas perversas y pecaminosas de los testigos falsos. Es un libro sin sensiblerías que no establece juicios. Plantea los comportamientos humanos donde lo mediático insiste en buscar sangre y buscar siempre a un culpable.
–¿Y a vos, desde lo personal qué te despierta?
–Yo viví un hecho muy lamentable. Un hijo de mi hermano murió así. Salía de una discoteca, cuando viene un muchacho en un coche con su noviecita y lo mata … Al día siguiente, la familia del chico que atropelló a mi sobrino había hecho cosas como cambiar la titularidad de la propiedad que tenían a su nombre. Estos eventos te confrontan con lo que llamaríamos la inentendible y profunda mezquindad del ser … yo me pregunto: ¿a mí, qué me pasaría si voy por la carretera y mato a una persona? ¿No la levanto?
–¿Qué cosas pasan en una familia cuando muere un ser querido?
–Primero es la aceptación. Se hace imposible la comprensión de una conversión de la ley natural. ¿Cómo un hijo va a morir antes que yo?… Es brutal… La pérdida es muy dolorosa. Es terrible lo que se instala en un segundo.
–En la obra Por tu padre, que protagonizás junto a Adrián Navarro, interpretás dos papeles. Uno de ellos es el de un padre. ¿Cómo es?
–Ese padre tiene una gran virtud  que es aceptar profunda y sensatamente sus límites. Es extensamente desprejuiciado. Cuando el hijo le plantea muy duramente el tema de que dejó que su mujer (o sea “la madre”) lo engañara, él dice (la obra en realidad) que esa mujer adora ser bien cogida. Y si él la ama y ella lo adora, por qué se lo vamos a negar. El tema del perdón y de la convivencia son maravillosos desde el punto de vista de los límites que te obliga a correr. Hace poco leía que hay que tener cuidado con el tema de ser tolerante. La tolerancia es un espécimen conceptual absolutamente capitalista, no tiene nada de generoso.
–También hacés el papel del amante de la madre. ¿Qué cosas le pasan al personaje de Adrián Navarro?
–Es un trabajo interesante. El hijo es un chico con muchos agujeros emocionales. Fue “el tercero excluido” en la relación familiar. Separado también, como el padre. Se encontró con una mujer muy parecida a su madre, sexualmente muy activa y lo sufre. Navarro es muy preciso como actor. Brillante.
–En la obra se plantea también el rol del padre y las culpas. ¿Es posible una paternidad sin culpa?
–Es imposible.
–Tenés dos hijos: Marcela y Gustavo. ¿Qué cosas te reprochás vos como padre y qué cosas te han reprochado ellos?
–He sido muchas veces un padre afectuoso, proveedor, pero he sido muy ausente también. No he sido un contenedor en el sentido amplio del término, me hubiese gustado haber visto su nacimiento más de cerca, haber seguido más su crecimiento año a año.
–¿Creés que haber sido padre a los 23 años y el hecho de ser artista te han hecho un padre más libre?
–A lo mejor les he dado una libertad excesiva y me lo reprocho. Un día, hace muchos años me acuerdo que Marcela se iba a pasar un día en carpa con un amiguito. Yo la había autorizado y la madre estaba como loca. Me decía: “¿pero no ves? ¡Se van a coger, se van a coger! Y yo le respondía: “no sé… ¿qué querés que haga?. ¿Cuándo tendría que ir? ¿A los 78 años? ¿A los 23?” (risas). Creo que fui muy permisivo o les quise brindar demasiada libertad, pero el dictamen final es de los chicos.
–Tanto en la película que terminaste de rodar como en el teatro, las casualidades o las causalidades hacen que también interpretes a un padre.
–Es que ya estoy en una edad en que sólo me ofrecen papeles de padre (risas). Me acuerdo la primera vez que tomé conciencia de esto fue cuando me mandaron el guión de Matar al abuelito. Yo no era tan grande como para  hacer de abuelo, aunque tuviera el pelo canoso. Me ofendí mucho al principio y hasta le hice una cita al director para ir a decirle de todo. Pero camino a la reunión me cayó la ficha … y le terminé saliendo con otra cosa. Es difícil ese costado de este oficio donde están en juego dos cosas impresionantes como son la autoestima y la inseguridad. Uno quizá lo niega socialmente. Pero la propia génesis del oficio tiene que ver con el egocentrismo. Soy el centro de aquellos que me miran. Vivo de que me miren.
–¿Ahí te diste cuenta de que estabas creciendo?
–No es fácil acostumbrarse a que un día te digan “¿abuelo o señor quiere sentarse?”. Yo siempre tuve la costumbre de ceder asientos vacíos, y un día en Madrid,  en un sitio muy lleno una chica me dijo: “Señor siéntese”. Está bien que ocurra eso. Es una forma también de ir aceptando el paso del tiempo.
–¿Qué cosas te dan miedo?
–Hoy… la inseguridad, en el sentido cotidiano de la vida. Me preocupa la cuestión de la disminución física. Quisiera atravesarla sin demasiado oprobio.
–¿Pero te preocupa por miedo a no poder generar o la disminución física en sí misma?
–Yo viví una experiencia notoria. Cuando llegue a España tenía 67/68 años y me di cuenta de que comenzaban los límites a cosas tan sencillas como una hipoteca, un préstamo, un registro de conducir o una prepaga. Y, no obstante, en la vida social me exigen el mismo caudal de cumplimiento como si tuviera 32 años. A mí el sistema me exige que cumpla copiosamente con todos lo elementos que tiene que ver con la capacidad de generar recursos. Para eso tengo que cuidar la salud como una llama olímpica. Además, el tema de lo de la autonomía del actor es un engaña pichanga conceptual. Es real en tanto y en cuanto el cuerpo aguante. Me gustaría no tener caídas en “el infierno de la imposibilidad” o volverme un idiota (hace como que se babea)… que son cosas que las he visto.
–¡Ah!, lo que te preocupa es tu dignidad…
–Sí, más un poco de eso. Si se quema la casa que no se vea el humo (risas).
–Sigamos hablando de miedos… siempre te reconociste abiertamente como un tipo de izquierda. ¿Te daba miedo eso durante la dictadura?
–Sí. Yo tenía cuarenta y pico y estaba afuera, trabajando en España. Mi miedo aceleró mi vuelta. Era el ’77 ó ’78. Ya estaba muy claro el plan. Masacre y economía iban juntas.
–¿Cómo fue en esos años ’70 ser un tipo de izquierda reconocido?
–Muy duro. No tenía ninguna posibilidad de irme. Mis hijos eran muy pequeñitos. Yo estaba prohibido. No tenía la posibilidad de hacer ni siquiera publicidad. Cuando surgió la posibilidad de irme a España a hacer teatro por un año con la obra El Gran Deschave, lo hice. Dejé todo armado aquí para que mis hijos tuvieran una solvencia económica.
–¿Pero militabas o pertenecías a algún grupo?
–He sido siempre muy francotirador. Sin importame demasiado la etiqueta. Ya sea trosko, bolche, radical, de derecha. No tengo afiliación política que me impida la libertad de moverme para decir lo que siento.
–¿Sentís que fuiste encasillado en una especie de sillón K?
–Es la Comunidad de la Etiqueta.
–Y a vos las etiquetas te incomodan…
–Totalmente. Siempre la etiqueta te apunta para desacreditar. No se ensalza la virtud de lo elegido. Uno de los miedos que me asalta cuando veo a esta gente en la política es esta evidente intención de hacer negocios cueste lo que cueste. Es justamente, no ya la notoriedad de los intereses o la pequeñez de sus proyectos, sino la pequeñez moral de que hacen gala. Me acuerdo hace unos meses cuando deciden que el mejor periodista del año es Morales Solá y el peor es Orlando Barone. Todo ya es tan evidente y absurdo, de  gente que se autocalifica como independiente. Aquellas personas que hace años parecía que decían cosas interesantes, y como estábamos saliendo de la dictadura parecía que era algo parecido a la verdad, hoy han adquirido un determinado status afectivo, sentimental, intelectual, pero son muy mediocres. Y eso me da miedo. Es la vieja anécdota del mono con navaja.
–¿Creés que es posible un periodismo independiente?
–El tema es que van presos de una mentira que han elaborado para sentirse tranquilos. Basta ver que hay una cuestión de imagen y sonido que te determina la visión de una persona ante un discurso que es una muy estrecha calidad intelectual. Francamente torpe, como el caso del discurso de Luis Majul en el Martín Fierro. Un individuo que saca la lanza de la persecución y la libertad de prensa y que llama a ese libro horrible que escribe “Periodismo de investigación”. Lo digo yo como un tipo que tiene que comerse esa mercadería que ellos elaboran. No es posible que esta estupenda mediocridad le sirva a los medios. Cuando llegue el momento en que los medios tengan que apañársela con un mundo más complejo, contradictorio y conflictivo, porque va a aumentar la tecnología, los medios de comunicación… ¿Qué van a hacer con la gente mediocre? ¿Qué van a hacer con un tipo que durante 22 años se ha entrenado en mentir mañana tarde y noche?
–¿No creés que tal vez ellos piensan sinceramente eso? ¿O creés que mienten?
–No sé si tiene demasiada importancia. Para ser bíblicos: “Por sus obras los conocerás”. ¿No? Suponte que digan que la papaya es color fucsia cuando es verde y amarilla. El hecho de que sean o no conscientes de eso no determina que están mintiendo sobre la papaya. La intención primaria no la conozco. No conozco cuando dicen datos inciertos no investigados o constatados. Les da lo mismo. Sacan conclusiones genéricas y vagas. Tienen que ver con lo concreto en relación con el mundo social. No es una cuestión de ideologías, de ser K o no ser K, que digan lo que quieran. Este “mirtalegranismo” de la gente, los Bonelli, los Morales Solá… en un mundo donde la gente ha perdido parientes, la vida para desalojar a los dictadores de América latina… No tienen vergüenza. Me indigno porque digo por qué nosotros los vamos a votar mañana y no vemos esas cosas… Esta sempiterna caída en la compra de mercadería de mierda. ¿Por qué?
–¿Qué te parece el hecho de que no se esté aplicando la ley de medios?
–Es coherente con los esfuerzos notables del establishment mediático. Creo que dadas las fuerzas en juego van a echar toda la carne al asador para que no se aplique. Hay bolsones de jueces que son de extrema derecha, aliados al mundo genocida o emparentados con intereses espurios que hoy la Justicia no cuenta. Cuando vemos la visita a la Corte Suprema de (Héctor) Magnetto, el capitán del mundo corporativo… Yo que (Ricardo) Lorenzetti no lo hubiera recibido. Independientemente de lo que conversen, esa visita es una marca en la Justicia. ¿Para qué van? Creo que la aplicación de esta ley va a costar sangre sudor y lágrimas.
–¿Fuiste a la marcha en apoyo a la ley de medios?
–Sí, claro que sí. Vi a la gente llegando por las calles, con las consignas, las agrupaciones, a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo… Por un momento tuve la sensación y esperanza de decir que no nos pueden ganar. Forma parte de los sueños que tiene el país. Tengo una profunda ilusión con lo que puede pasar aunque con bastante poca esperanza.
–Ya pasamos por todas tus pasiones, hijos, vida, política. ¿Qué te enseñó la vida a esta altura?
–Tus preguntas son muy agudas…
–Ja ja. Es que ayer tuve terapia (risas).
–Lo que yo aprendí es que los problemas en la vida de una persona o una nación, si uno no los enfrenta con valentía y profundidad, aparecen 15 ó 35 años más tarde azotando con sus más nefastas consecuencias. Un ejemplo concreto es la Transición española. En 40 años no fue preso ningún corrupto, procesado, torturador, ni un general miserable del franquismo. Y hoy, ese franquismo sin enfrentar ni condenar aparece revivido enjuiciando al juez Baltazar Garzón. Los dos oponentes o querellantes en esa causa son organizaciones de derecha. Y yo lo digo con profundo pesar. Felipe Gonzáles fue el Raúl Alfonsín de la transición. Retardó 35 años el crecimiento de España.
–Hablando de España, ¿cómo vivís la crisis que padecen?
–Con enorme tristeza y pena. Presiento un final duro para (José Luis Rodríguez) Zapatero. Es la confirmación de una crueldad anunciada. Otra vez van a pagar los mismos. Los maestros, los empleados: el pueblo. Mientras los bancos auxiliados por el Estado siguen haciendo ganancias con los intereses. ¿Qué más tiene que pasar para que entendamos que el FMI y el Banco Mundial no son sinónimo de salvataje, sino de opresión y muerte? Lo lamento sinceramente por Zapatero. Tiene que lidiar con una manada de lobos como el Partido Popular, que apoya el ajuste aún cuando dicen que no y le echan la culpa a Zapatero. La angustia de la gente pugna por aferrarse a lo seguro y no a la libertad.
Susi entra en escena. El rostro preocupado de Federico desaparece. Se desdibuja su ceño fruncido. Susi, su enamoradísima mujer, le avisa que tiene que partir pero que le dejó la comida preparada. El la mira irse con devoción. La charla había terminado. Me acompaña a la puerta, me saluda afectuosamente, pero antes de despedirme me  confiesa: “La vida cotidiana sin mujer es como estar en una isla sin balsa”.

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18/05/2010 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

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