America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Intervención en el Encuentro Mundial de Resistencia y Alternativa a la Deuda Externa, Social y Ecológica.La Habana, Cuba, 28-30 de Septiembre, 2005


Intervención en el Encuentro Mundial de Resistencia y Alternativa a la Deuda Externa, Social y Ecológica.La Habana, Cuba, 28-30 de Septiembre, 2005
La deuda externa, veinte años después

10105
Atilio Boron
Rebelión

Conmemoramos hoy un encuentro histórico, y un discurso histórico, respondiendo a una amable invitación de Jubileo Sur y la Central de Trabajadores Cubanos que nos honra y que mucho agradecemos.

Hace exactamente veinte años, y nadando a contracorriente del saber convencional de los economistas y políticos “responsables” y “sensatos” de la época, el Presidente Fidel Castro Ruz ofrecía en su discurso un detallado y riguroso análisis del capitalismo latinoamericano y la dinámica estructural que lo condujo a la crisis de la deuda, estallada en 1982. Su alocución pronosticaba, con una lógica impecable, que a menos que los gobiernos actuaran conjuntamente y atacaran el problema en sus causas de fondo, la deuda externa del Tercer Mundo se convertiría en una hipoteca histórica impagable e incobrable.

En un pasaje de su discurso decía, con fina ironía, que

“Me culpan a mí de decir que la deuda es impagable. Bien. La culpa hay que echársela a Pitágoras, a Euclides, a Arquímedes, a Pascal, …, al matemático que Uds. prefieran. Son las teorías de los matemáticos las que demuestran que la deuda es impagable.” (p. 16) [i]

Una deuda que, anotaba Fidel, si pusiéramos un individuo a contarla dólar por dólar, y a razón de un segundo por dólar, se demoraría 11.574 años en auditarla. Una deuda que, en ese año, equivalía a 17.530 dólares por kilómetro cuadrado, y que de intereses nomás debía pagar, en los próximos diez años, 19.478 dólares por kilómetro cuadrado, sin hablar del repago del capital. Una deuda de 923 dólares por habitante, quien deberá pagar, sólo de intereses, 1.025 dólares en los próximos diez años. ( p. 19) ¿Quién dijo que no existían milagros en la economía?

La deuda y la economía capitalista internacional

El problema de la deuda mal podía analizarse, mucho menos resolverse, sin estudiar la estructura y el funcionamiento del capitalismo a nivel mundial: comprender lo que significaba para nuestras economías el intercambio desigual, las restricciones que imponía el proteccionismo del Norte, la fuga de capitales y el estancamiento económico y la dependencia de la periferia, fenómenos éstos producidos por las férreas leyes de la acumulación capitalista y la sumisión al imperialismo que tornaban imposible el pago de la deuda.

Descartó en su conferencia toda una serie de ingeniosas pero artificiosas fórmulas que, según sus mentores, permitirían resolver el problema de la deuda externa latinoamericana: desde reducir el pago a una proporción de las exportaciones (10, 20 por ciento, etc.), estirar los plazos vía hábiles renegociaciones con los acreedores y otras por el estilo como, por ejemplo, lanzar un “Plan Marshall” para América Latina.

Y remataba su razonamiento con una ominosa metáfora médica:

“la deuda es un cáncer … que se multiplica, que liquida al organismo …. y que requiere una intervención quirúrgica. Toda solución que no sea quirúrgica, les aseguro, no resuelve el problema. … Todo paliativo no tiende a mejorar, tiende a agravar el mal.” (p. 26-27)

Pero, se preguntaban muchos: ¿de dónde saldrían los recursos para financiar esa cirugía mayor exigida por las circunstancias? ¿Hay o no hay recursos para ello?

La respuesta: recortando la carrera armamentista -absurda, irracional, inhumana, un gigantesco e irresponsable desperdicio de recursos- que consumía nada menos que un millón de millones de dólares, es decir, un billón de dólares, por año. Una cifra superior a la deuda externa de la totalidad del Tercer Mundo. (p. 28)

Una pequeña parte de ese gasto militar, un 12 % -dependiendo naturalmente de los intereses- sostenido ininterrumpidamente a lo largo de diez años sería suficiente para abatir la deuda externa de nuestros países.

Pero, proseguía en su discurso,

“no se resuelve el problema con anular la deuda, con abolir la deuda; volveremos a estar igual, porque los factores que determinaron esta situación están ahí presentes. Y nosotros hemos planteado esas dos cosas muy asociadas: la abolición de la deuda y el establecimiento del Nuevo Orden Económico Internacional.” (p. 28)

De ahí su llamamiento al establecimiento de un nuevo orden que pusiera fin a las crecientes inequidades de la economía mundial y a sus tendencias polarizantes y excluyentes, y que consagraban la vigencia de una división internacional del trabajo según la cual, como agudamente lo observara Eduardo Galeano, algunos países se especializan en ganar y otros en perder.

Todos los indicadores señalan que, desde esos días, la situación ha empeorado dramáticamente. El actual orden económico internacional es, en realidad, un gigantesco y salvaje desorden que ha ocasionado un holocausto social sin precedentes en la historia, colocándonos al borde de una irreparable catástrofe ecológica y de los peligros que entraña un imperialismo que, acosado por la lucha y resistencia de los pueblos, criminaliza la protesta social, militariza la escena internacional y se repliega sobre su formidable maquinaria bélica procurando perpetuar, a cualquier precio y echando mano a cualquier recurso, su dominación sobre los pueblos y naciones de la periferia.

Un desoído llamamiento a la unidad.

Salir de la crisis de la deuda requería que los países actuaran concertadamente, desarrollando una estrategia unitaria para enfrentar a unos acreedores riquísimos y poderosos, perfectamente organizados, que se movían coordinadamente, que contaban con inmensos recursos para defender sus intereses –oficinas, equipos técnicos, publicistas y embaucadores inescrupulosos aptos para todo servicio- y que, además, contaban con el incondicional apoyo de “sus gobiernos”, articulados para hacer frente a los desafíos de la coyuntura bajo el liderazgo de los Estados Unidos. Esta abrumadora coalición de los acreedores generaba además un discurso, permanentemente reproducido por la “comunidad financiera internacional” y sus representantes políticos encargados de gestionar la crisis capitalista, advirtiendo sobre los inmensos riesgos que acarrearía, para los deudores, imitar el modelo organizativo de sus acreedores. Nosotros actuamos concertadamente, ustedes háganlo por separado: ese era el consejo que procedía del centro imperial y que repetían insistentemente sus epígonos en el Tercer Mundo

En su profético discurso Fidel denunciaba los errores y la inconveniencia de

las estrategias nacionales individualistas de resolución de la crisis de la deuda. Los tímidos amagues efectuados por algunos gobiernos para promover una solución colectiva de la crisis –principalmente la creación del Grupo de Cartagena, integrado por los más grandes deudores de América Latina pero excluyendo irracionalmente a la gran mayoría de los países de la región- fueron eficazmente neutralizados por Ronald Reagan, sus aliados en el Primer Mundo y sus compinches en el Tercero. Según el enfoque “caso por caso” auspiciado por la Casa Blanca los gobiernos que optasen por una negociación individual de la crisis de la deuda -es decir, que traicionaran a las otras víctimas del sistema- serían recompensado por un tratamiento especial, más considerado y condescendiente, que el que obtendrían si es que elegían la escabrosa y desaconsejada senda de la negociación colectiva frente al club de acreedores. Como rapaces patronos sabían que, en momentos de crisis, valía la pena invertir unos dólares más para romper una huelga contratando esquiroles. Aplicaron la misma táctica en las relaciones internacionales y, desgraciadamente, encontraron más de un voluntario para hacer el trabajo, quebrando definitivamente la posibilidad de establecer una concertación estratégica entre las naciones sometidas al imperialismo y al yugo de la deuda.

Los gobiernos de nuestras pseudo-democracias capitularon uno tras otro, hundidos para siempre en el deshonor, y aceptaron la negociación individual, seducidos por las promesas de un trato diferencial. Todos, sin excepción, fueron prolijamente estafados por el tahúr imperialista. Y nuestros países terminaron todos más endeudados que antes, después de haber pagado miles de millones de dólares a sus acreedores durante un cuarto de siglo.

Si bien Fidel concluyó su discurso planteando la imposibilidad matemática de pagar la deuda, la anulación que proponía se fundaba en otros factores de superior importancia: factores políticos y morales.

En primer lugar, en las insuperables dificultades políticas con que se enfrentarían los nacientes gobiernos democráticos de la región para imponer los programas de ajuste y estabilización requeridos por los “perros guardianes” económicos del sistema: el FMI, el BM, el BID y la OMC. Tales programas implicaban una interminable sucesión de ajustes que, a la larga, serían insostenibles en democracia. O que, si lo fueran, terminarían por desnaturalizar y erosionar, quizás irreparablemente, la incipiente legitimidad de las nacientes democracias de la región.

En segundo lugar existía todo tipo de consideraciones éticas, religiosas y filosóficas que demostraban inequívocamente la inmoralidad de la deuda, su carácter insanablemente ilegítimo y fraudulento, que conllevaba a “la más flagrante y brutal violación de los derechos humanos que pueda concebirse.” (p. 49) Un ejemplo era suficiente: el informe del Director de la UNICEF que decía que si los países de América Latina tuvieran los niveles de salud que Cuba ofrece a su población se salvarían de morir nada menos que 800.000 niños por año. ¿Quién si no el imperialismo y sus gobiernos-clientes, dóciles sirvientes de sus menores deseos y siempre atentos a sus intereses, deben responsabilizarse por tamaño genocidio, ejecutado fría y silenciosamente todos los días?

La responsabilidad de los intelectuales.

Pero, conviene también preguntarse por la responsabilidad que les cabe en la producción y ocultamiento de este genocidio a tecnócratas e intelectuales, sobre todo los pertenecientes a esa variedad que Alfonso Sastre ha magistralmente denominado los “intelectuales bienpensantes.” Tecnócratas, casi siempre economistas ortodoxos para quienes la vida humana es un simple número en una ecuación econométrica, y que en épocas como éstas -que condenan a 100.000 personas por día a morir a causa del hambre y enfermedades prevenibles, 35.000 de los cuales son niños- hacen gala de una ilusoria neutralidad y equidistancia, buscando refugio en supuestos imperativos técnicos que culminan en la exaltación del pensamiento único y en la justificación de lo injustificable. Otros, refractarios a tecnicismos de cualquier tipo, prefieren envolverse en las tinieblas de una retórica pseudo-humanista que, en sus dichos, rinde culto sin concesiones a los más excelsos valores del espíritu humano pero que, en su práctica, terminan convalidando las mayores atrocidades.

Intelectuales que, como reconoce Mario Vargas Llosa en su libro El lenguaje de la pasión se dedican incansablemente a “la gratísima tarea de fabricar mentiras que parezcan verdades.” [ii] (p. 90), algo que los “bienpensantes” hacen en sus novelas, lo que no está nada mal, sino también en sus envenenados artículos de opinión, lo que está muy mal porque constituye una estafa al lector, y que la prensa capitalista reproduce en todo el mundo condenando a Cuba y a Fidel; a Venezuela y a Chávez; al MST brasileño y los zapatistas mexicanos. En fin, a todos cuantos tengan la osadía de desafiar la dominación del capital.

Intelectuales y prensa que, sin embargo, callan miserablemente ante los crímenes y las violaciones a los derechos humanos que a diario comete el imperialismo como, para nombrar sólo la más reciente, el cobarde asesinato del patriota puertorriqueño Filiberto Ojeda Ríos perpetrado por el FBI y otras fuerzas represivas del imperio. ¡Imagínense el griterío que habrían armado los Vargas Llosa, padre e hijo, los Carlos Alberto Montaner, las Zoe Valdéz, los famosos “Reporteros sin Fronteras” -en suma y parafraseando el título de un libro de los primeros- “los perfectos idiotas colonizados” por el imperio si algo levemente parecido hubiese ocurrido en Cuba o Venezuela! Peor aún, piensen lo que podrían haber dicho nuestros “bienpensantes” si un dirigente opositor hubiese sido apaleado por la policía en Cuba o Venezuela. Su santa indignación habría alcanzado alturas olímpicas, descerrajando atronadoras declaraciones que habrían inundado día y noche la televisión mundial, mientras que toda la llamada “prensa seria” internacional reproduciría sus “mentiras que parecen verdades” por semanas y semanas. Y sin embargo, ante un crimen alevoso como el cometido en Puerto Rico, estos patéticos bufones del cowboy tejano se llamaron a un ignominioso mutismo, un silencio que los delata en su condición de farsantes a sueldo del imperio, gente a la que se le paga para que hablen y también para que callen, para fabricar impunemente esas mentiras que parecen verdades mientras se los rodea de un halo de inmaculada moralidad cívica.

Sería larga la lista de los cómplices del imperio en esta hora trágica para la civilización. ¿Dónde están, por ejemplo, esos atildados gobernantes europeos, cuyo sueño es perturbado sin clemencia por la sola visión de las amenazas que se ciernen sobre la libertad política en Cuba y Venezuela y que sólo encuentran consuelo planeando hacer negocios con China? ¿Y que hay de los diplomáticos del Viejo Continente que incansablemente condenan a Cuba por su inclaudicable defensa de los derechos humanos y la democracia verdadera, y a Venezuela por su pretensión de abrir paso al socialismo del siglo XXI? ¿Se reunirán ahora el Consejo de Europa, o el Parlamento Europeo, para sancionar a los Estados Unidos por acribillar, al mejor estilo de los gangsters de Chicago de los años treinta, a un patriota septuagenario, enfermo y desarmado? ¿Qué harán en la próxima sesión de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra? ¿Tendrán la valentía de denunciar este crimen cometido por el imperio en una de sus provincias cautivas? Y nuestra OEA, ¿convocará de urgencia a la Srta. Rice para amonestarla severamente por esta nueva muestra de terrorismo de estado cometida en tierras americanas?

Elementos para un balance.

Para terminar, y resumiendo, porque en esta mesa tengo el honor de estar acompañado por algunos de los mejores economistas del mundo, quiero decir que, en consonancia con el discurso de Fidel de 1985:

1°) La deuda demostró ser impagable.

Según los datos publicados por el Comité por la Anulación de la Deuda de los países del Tercer Mundo (CADTM), que lidera Eric Toussaint desde Bélgica, la deuda externa total pasó de 580.000 millones de dólares en 1980 a 2.400.000 millones de dólares (es decir, dos billones cuatrocientos mil millones de dólares) en el 2002.

Por cada dólar adeudado en 1980 los países del Tercer Mundo ya habían pagado, al año 2001, 8 dólares, y todavía debían 4 dólares más.

Pablo González Casanova ha demostrado que las transferencias de excedentes desde la periferia hacia el capitalismo metropolitano en los veintitrés años comprendidos entre 1972 y 1995 llegó a la fabulosa cifra de 4,5 billones de dólares (o sea, 4.500.000 millones de dólares). Cálculos efectuados a la luz de esta metodología exclusivamente para América Latina por Saxe-Fernández y Núñez arrojan una cifra “que supera los 2 billones de dólares tributados en dos décadas de neoliberalismo globalizador, cifra cuya magnitud equivale al PIB combinado de todos los países de América Latina y el Caribe en 1997.” [iii]

En conclusión: los países de América Latina y el Caribe han pagado entre cinco y seis veces la deuda externa original, pese a lo cual todos ellos están más endeudados que antes

Este perverso “milagro económico” ha tenido gravísimas consecuencias sobre la región, al aumentar exponencialmente el número de pobres e indigentes y al comprimir los horizontes vitales de la gran mayoría de nuestra población, aún entre los “afortunados” que se sitúan por encima de la raquítica “línea de la pobreza” usualmente utilizada por tecnócratas y expertos -que ganan suculentos sueldos y que, como los de las instituciones financieras internacionales, ni siquiera pagan impuestos- para discriminar entre pobres e indigentes y quienes no lo son.

2° ) Sobre los planes Marshall y Brady

Y en relación al Plan Marshall, debemos reconocer que ahí el Comandante se equivocó. Dijo en su discurso de 1985 que no se necesitaría uno sino veinte planes Marshall para resolver el problema de la deuda. (pg. 43) Pero según Eric Toussaint, en su documentadísimo libro La Bolsa o la Vida, y más recientemente en el sitio web del CADTM entre 1980 y 2002 los pueblos del Tercer Mundo enviaron, a sus acreedores del Norte, ¡una suma equivalente a 51 Planes Marshall! [iv] Si sumamos lo que siguieron enviando en estos últimos cinco años seguramente estaremos en una cifra cercana a los sesenta planes Marshall. Fidel se equivocó: ¡pecó de optimista, de voluntarista! Ni sus refinados análisis pudieron prever un despojo tan fenomenal y desorbitado de nuestras riquezas.

¿Y del Plan Brady, tan alabado por los políticos de nuestras transiciones democráticas? ¿Quién se acuerda ahora del famoso Plan Brady según el cual, una vez firmado por nuestros países, el tema de la deuda externa quedaría definitivamente relegado al olvido? Argentina lo firmó en 1993, de la mano de ese verdadero “eje del mal” formado por Menem y Cavallo. El resultado: la deuda pasó de 65.000 millones a 113.000 millones de dólares en 1999, poco después de que por seguir a rajatabla todas y cada una de las recomendaciones del Consenso de Washington la Argentina se desbarrancara en la más profunda y extensa recesión económica de su historia. Pero como era buen negocio prestarle a ese país el gobierno de De la Rúa, cuando su ministro de Economía era el actual Secretario General de la CEPAL, José Luis Machinea obtuvo gracias a la bendición del FMI un “blindaje financiero” cercano a los veinte mil millones de dólares, mismo que estuvo bien lejos de proteger a la economía argentina pero que sirvió para financiar la acelerada fuga de capitales ante su inminente derrumbe. Esa medida fue seguida por otra, igualmente especulativa e igualmente auspiciada por el FMI, el “megacanje” de una parte de la deuda externa cuyo más inmediato resultado fue la jugosa comisión de veinte millones de dólares que cobró un puñado de bancos norteamericanos por hacer un par de asientos contables en sus libros. Cuando Rodríguez Saá declaró el default, a fines de 2001, el país que había sido hasta ese entonces un pagador ejemplar, a costa de la destrucción del estado y el hambre del pueblo, debía 122.000 millones de dólares, casi el doble de lo adeudado al firmarse el Plan Brady. Todo un éxito, sin duda, para los banqueros.

3°) La deuda externa, cual un cáncer, terminó por debilitar a las nacientes democracias del continente.

El costo de aplicar las políticas recomendadas por el Consenso de Washington fue enorme también desde el punto de vista político. Desde el discurso de Fidel hasta hoy no menos de 16 gobiernos de América Latina fueron desalojados del poder en medio de graves crisis económicas y sociales. En los últimos años en tres ocasiones en Ecuador, dos en Bolivia, una en Perú y Argentina. Y si vamos para atrás tenemos la caída de Collor de Melo y Carlos Andrés Pérez, en Brasil y Venezuela respectivamente. Y antes el traspaso adelantado del poder de Alfonsín a Menem en medio del incendio hiperinflacionario de la Argentina de 1989.

La deuda externa y las brutales condicionalidades impuestas por el FMI para su eterno –y altamente rentable- refinanciamiento fueron las grandes responsables del profundo desprestigio en que han caído los mal llamados gobiernos democráticos de la región, en realidad curiosa mezcla de regímenes plutocráticos, es decir, al servicio de los ricos, pero elegidos, al revés de los antiguos regímenes oligárquicos, por una crecientemente desencantada, apática y abstencionista ciudadanía. La democracia fue definida por Abraham Lincoln como el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Nuestras “democracias” son otra cosa: gobiernos de los mercados, por los mercados y para los mercados. Es decir, plutocracias en el más puro sentido de la filosofía política clásica.

Según un estudio del PNUD si en 1997 el 41 % de la población latinoamericana declaraba estar satisfecha con sus gobiernos democráticos esta cifra descendía a 29 % en el 2004. Es decir, que menos de un tercio de los habitantes de esos países estaba satisfecho con sus gobiernos. Presumo que Cuba no fue incluida en la muestra de 18 países de la región seguramente porque se la consideró apriorísticamente como no-democrática, por lo cual carecía de sentido preguntarle a los cubanos si estaban o no satisfechos con su democracia. En esa misma encuesta sólo el 19 % declaraba su beneplácito con el funcionamiento de la economía de mercado, pese a que sus publicistas se desgañitan cada día proclamando sus incomparables virtudes. En el país en el cual la economía de mercado contaba con mayor porcentaje de aprobación, Chile, esta proporción apenas llegaba al 36 %. Lamentablemente no se tienen noticias de que, salvo Chávez en Venezuela, alguno de los gobiernos involucrados haya decidido someter su mandato a un referendum revocatorio de mandato. Ninguno demostró tampoco mayor preocupación por el bajísimo nivel de aprobación que gozaba la economía de mercado, cuyos milagrosos “efectos de derrame” tanto benefician a los pobres. No hay información hasta ahora que gobierno alguno haya decidido someter a votación si, dado el bajo nivel de aceptación de la economía de mercado, se continúa con la misma o se ensaya algún otro sistema económico alternativo.

Por último, la encuesta del PNUD le preguntó a 231 líderes de la región, entre los cuales varios ex-presidentes, ex- ministros y grandes empresarios quiénes realmente mandaban en América Latina. La respuesta es sumamente aleccionadora, sobre todo por venir de quienes viene: el 80 % declaró que quienes realmente mandaban en sus países eran las grandes corporaciones transnacionales y el capital financiero, seguido, en un 65 % de los casos, por la prensa y los grandes medios de comunicación. Esos son los verdaderos factores de poder en nuestras mal llamadas democracias. Sólo uno de cada tres líderes creía que quienes prevalecían eran nuestros devaluados presidentes. La tan controvertida afirmación de Marx y Engels contenida en el Manifiesto Comunista y que decía que el “Estado es el comité que administra los negocios conjuntos de la clase burguesa” obtiene ahora una sonora ratificación de fuentes insospechadas de contaminación alguna con el virus del comunismo. Son los propios burgueses y sus representantes políticos quienes ratifican la tesis de aquellos autores.

Esta fenomenal crisis política e ideológica, cuyas consecuencias a futuro son impredecibles, se la debemos al imperialismo, la deuda externa y el Consenso de Washington.

4°) La crisis moral.

La globalización neoliberal, etapa superior del imperialismo, trajo consigo una crisis moral que la deuda externa no ha hecho sino profundizar.

Una crisis que se manifiesta en la corrupción sistemática que implica el traspaso de miles de millones de dólares de los países del Tercer Mundo a los centros hegemónicos del imperio, y principalmente a los Estados Unidos, indispensable eje articulador del sistema, traspaso que se efectiviza sin mínimos controles de probidad y honestidad administrativas. Todo eso mientras nuestros pueblos quedan sumidos en la miseria, nuestros recursos naturales son saqueados a mansalva, y nuestro medio ambiente y la biodiversidad convertidos en viles mercancías, al igual que el trabajo humano, y sujetos a una ilimitada depredación.

Crisis moral, también, la que nos hace aparecer como deudores cuando en realidad, como lo demuestran sobradamente las organizaciones y movimientos sociales que convocaron a este encuentro, nuestros pueblos son los verdaderos acreedores de una deuda histórica, social, ecológica y cultural contraída por siglos de dominación imperialista. Una deuda que es ilegítima, ilegal, injusta e inmoral, y que por lo tanto debe ser anulada de inmediato. Como si estas consideraciones no fueran suficientes, porque ya ha sido pagada en numerosas oportunidades.

Por eso cuando vemos a algún que otro pequeño economista del establishment rasgarse las vestiduras ante la posibilidad de que no paguemos la deuda y advertirnos las amenazas que se cernirían sobre nosotros en caso de no “honrar nuestros compromisos” deberíamos recordarle que obrar según sus consejos sería algo así como pretender que una persona que ha sido asaltada por una pandilla de bandidos que la despoja de todos sus bienes se esmere por honrar los compromisos derivados de una tal situación. O que un pequeño comerciante, extorsionado por la mafia, honre el compromiso de pagar, reiteradamente, lo exigido por aquella para garantizar la protección de su humilde local. Este símil entre la operación de la mafia y al modus operandi del imperialismo no es para nada casual ni anecdótico.

No es muy diferente la situación de nuestros países en relación a la deuda externa. La literatura sobre el tema de la “deuda odiosa,” como lo recuerda Noam Chomsky en varios de sus escritos, ha crecido llamativamente. La génesis de esta concepción se remonta a la guerra entre España y los Estados Unidos. Cuando éstos tomaron posesión de Cuba, en 1898, procedieron a dar por cancelada la deuda que la isla tenía con España debido a que “la misma se impuso sobre el pueblo de Cuba sin su consentimiento y por la fuerza de las armas.” Veinticinco años más tarde esta misma doctrina fue utilizada para avalar la cancelación de la deuda que había contraído un dictador costarricense con el Royal Bank of Canada. Gran Bretaña presentó una reclamación que condujo al arbitraje a cargo de la Corte Suprema de los Estados Unidos. El fallo refrendado por el propio presidente de la Corte, Howard Taft, se encuadró en la doctrina de la “deuda odiosa” y dispuso que dado que el banco había prestado el dinero a un gobernante ilegítimo, en un país sin controles democráticos ni libertad de pensamiento y para un uso no legítimo, la petición británica fue desestimada. Más recientemente, el gobierno de George Bush anuló la deuda de Irak por haber sido contraída bajo el régimen dictatorial de Saddam Hussein. El hecho de que estas experiencias no hayan sido incorporadas a la agenda de discusiones sobre la deuda externa nada tiene que ver con cuestiones legales, económicas o técnicas. Se trata simplemente de una cuestión de correlación de fuerzas en el plano internacional, que hace que las naciones endeudadas acepten los términos que les imponen sus acreedores. Pero nada indica que dicha correlación de fuerzas sea inalterable.

Por último, ¿cómo desconocer que la deuda externa se ha convertido en un gigantesco tributo neocolonial que los países de la periferia abonan a las burguesías y gobiernos del centro del sistema? Por eso la renegociación de la deuda se ha constituido, tanto como el cobro de sus servicios, en una de las principales fuentes de ganancias del capital financiero. Este hecho desnudo queda oculto, sin embargo, por la cantidad impresionante de prejuicios, “mentiras que parecen verdades” y datos amañados que permanentemente presenta la “prensa especializada” disfrazada de información objetiva y veraz.

Así se escucha con frecuencia decir que si el Tercer Mundo no pagara su deuda se produciría un cataclismo financiero internacional que arrojaría la economía mundial a una depresión peor aún que la de los años treinta. Esta imagen catastrofista y extorsiva contrasta brutalmente con los sobrios datos que expone Eric Toussaint y que demuestran que las naciones de la periferia son responsables por apenas un 10 porciento de la deuda externa del planeta, y que los gastos militares de poco más de dos años alcanzarían para cancelarla por completo. La abrumadora mayoría de la deuda corresponde a los Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y el resto del mundo desarrollado. Sin embargo, ¡este noventa porciento no constituye un problema; el diez por ciento del Tercer Mundo sí! [v] En realidad, la deuda ha sido uno de los mecanismos favoritos de la gran burguesia financiera internacional para asegurarse ingresos estables, gestionados políticamente por sus gobiernos con el auxilio de sus perros guardianes del FMI y el BM. Estas genencias les permiten construir una red de seguridad financiera que los faculta para encarar operaciones de alto riesgo, contando con el seguro respaldo de las suculentas ganancias garantizadas por la intervención directa de las potencias capitalistas al exigir el pago de los servicios de la deuda externa, promover la interminable renegociación de la misma y al imponer las fatídicas “condicionalidades” que potencian la rentabilidad de todas sus operaciones en la periferia del sistema.

Por eso es imprescindible seguir librando esta crucial batalla de ideas, a la que hace ya mucho nos convocara Fidel. El imperialismo ha quedado huérfano de ideas, y nunca tuvo valores. Sólo le quedan las armas. Y en su célebre alegato luego del fallido asalto al Cuartel Moncada, Fidel decía al respecto, citando a Martí, que “un principio justo desde el fondo de una cueva puede más que un ejército.” [vi] El imperialismo podrá prevalecer por las armas, pero al no tener más ideas ni valores su victoria no será duradera. Bien lo anotaba, hace casi dos siglos y medios, un gran filósofo, Jean-Jacques Rousseau, al comentar que: “Si Roma y Esparta perecieron, ¿que imperio puede aspirar a perdurar eternamente?” La Roma americana seguramente no habrá de desmentir la sabiduría del filósofo.

Muchas gracias.

[i] Las notas del discurso del Comandante Fidel Castro Ruz corresponden a la edición conmemorativa del discurso pronunciado el 3 de Agosto de 1985 en la Sala 1 del Palacio de Convenciones de La Habana, Cuba, bajo el título Conciencia ante la crisis (La Habana: Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, 2005).

[ii] Mario Vargas Llosa, El lenguaje de la pasión (Buenos Aires: Aguilar, 2001), p. 90.

[iii] Gonzalez Casanova, Pablo La explotación global (México: CEIICH/UNAM:1998) y Saxe-Fernández, John; James Petras; Henry Veltmeyer y Omar Núñez 2001 Globalización, Imperialismo y Clase Social (Buenos Aires y México: Grupo Editorial Lumen/Humanitas), pp. 105 y 111.

[iv] Eric Toussaint, La Bolsa o la Vida (Buenos Aires: CLACSO, 2004). El cálculo publicado en este libro, para el período 1980-2000 era de 43 planes Marshall. Cf. p. 178.

[v] Ibid., pp. 50-51.

[vi] Fidel Castro Ruz, La Historia me Absolverá . Edición definitiva y anotada. (Buenos Aires: Ediciones Luxemburg, 2005), pp. 41-42.

Atilio A. Boron. CLACSO/Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales

17/06/2014 Posted by | Economía, General, Historia, Justicia, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , | Deja un comentario

Una declaración brillante y valiente – Fidel Castro Ruz


Fidel Castro Ruz

Cuba Debate

La atención a otros asuntos ahora prioritarios, me apartaron momentáneamente de la frecuencia con que elaboré reflexiones durante el año 2010, sin embargo, la proclama del líder revolucionario Hugo Chávez Frías el pasado jueves 30 me obliga a escribir estas líneas.

El presidente de Venezuela es uno de los hombres que más ha hecho por la salud y educación de su pueblo; como son temas en los que mayor experiencia ha acumulado la Revolución cubana, gustosamente colaboramos al máximo en ambos campos con este hermano país.

No se trata en absoluto de que ese país careciera de médicos, por el contrario, los poseía en abundancia e incluso entre ellos profesionales de calidad, como en otros países de América Latina. Se trata de una cuestión social. Los mejores médicos y los más sofisticados equipos podrían estar, como en todos los países capitalistas, al servicio de la medicina privada. A veces ni siquiera eso, porque en el capitalismo subdesarrollado, como el que existía en Venezuela, la clase rica contaba con medios suficientes para acudir a los mejores hospitales de Estados Unidos o Europa, algo que era y es habitual sin que nadie pueda negarlo.

Peor aún, Estados Unidos y Europa se han caracterizado por seducir a los mejores especialistas de cualquier país explotado del Tercer Mundo para que abandonen su patria y emigren a las sociedades de consumo. Formar médicos para ese mundo en los países desarrollados implica fabulosas sumas que millones de familias pobres de América Latina y el Caribe, no podrían pagar nunca. En Cuba sucedía eso hasta que la Revolución aceptó el reto, no solo de formar médicos capaces de servir a nuestro país, sino a otros pueblos de América Latina, el Caribe o del mundo.

Jamás hemos arrebatado las inteligencias a otros pueblos. En cambio, en Cuba se han formado gratuitamente decenas de miles de médicos y otros profesionales de alto nivel para devolverlos a sus propios países.

Gracias a sus profundas revoluciones bolivarianas y martianas, Venezuela y Cuba son países donde la salud y la educación se han desarrollado extraordinariamente. Todos los ciudadanos tienen derecho real a recibir gratuitamente educación general y formación profesional, algo que Estados Unidos no ha podido ni podrá garantizar a todos sus habitantes. Lo real es que el gobierno de ese país invierte cada año un millón de millones de dólares en su aparato militar y sus aventuras bélicas. Es además el mayor exportador de armas e instrumentos de muerte y el mayor mercado de drogas del mundo. Debido a ese tráfico, decenas de miles de latinoamericanos pierden la vida cada año.

Es algo tan real y tan conocido, que hace más de 50 años, un Presidente de origen militar denunció, con tono amargo, el poder decisivo acumulado por el complejo militar industrial en ese país.

Estas palabras estarían de más si no mediara la odiosa y repugnante campaña desatada por los medios de difusión masiva de la oligarquía venezolana, al servicio de ese imperio, utilizando las dificultades de salud que atraviesa el Presidente bolivariano. A este nos une una estrecha e indestructible amistad, surgida desde que visitó por primera vez nuestra patria, el 13 de diciembre de 1994.

A algunos les extrañó la coincidencia de su visita a Cuba con la necesidad de atención médica que se produjo. El Presidente venezolano visitó a nuestro país con el mismo objetivo que lo llevó a Brasil y Ecuador. No traía intención alguna de recibir servicios médicos en nuestra patria.

Como se conoce, un grupo de especialistas cubanos de la salud prestan, desde hace años, sus servicios al Presidente venezolano, que, fiel a sus principios bolivarianos, jamás vio en ellos extranjeros indeseables, sino hijos de la gran Patria Latinoamericana por la cual luchó el Libertador hasta el último aliento de su vida.

El primer contingente de médicos cubanos partió hacia Venezuela cuando se produjo la tragedia en el estado de Vargas, que costó miles de vidas a ese noble pueblo. Esta acción de solidaridad no era nueva, constituía una tradición arraigada en nuestra patria desde los primeros años de la Revolución; desde que hace casi medio siglo médicos cubanos fueron enviados a la recién independizada Argelia. Esa tradición se profundizó a medida que la Revolución cubana, en medio de un cruel bloqueo, formaba médicos internacionalistas. Países como Perú, la Nicaragua de Somoza y otros del hemisferio y el Tercer Mundo, sufrieron tragedias por terremotos u otras causas que requirieron la solidaridad de Cuba. Así nuestra patria se convirtió en la nación del mundo con más alto índice de médicos y personal especializado en salud, con elevados niveles de experiencia y capacidad profesional.

El Presidente Chávez se esmeró en la atención de nuestro personal de salud. Así nació y se desarrolló el vínculo de confianza y amistad entre él y los médicos cubanos que fueron siempre muy sensibles al trato del líder venezolano, el cual por su parte, fue capaz de crear miles de centros de salud y dotarlos de los equipos necesarios para prestar servicios gratuitos a todos los venezolanos. Ningún gobierno del mundo hizo tanto, en tan breve tiempo, por la salud de su pueblo.

Un elevado porcentaje de personal cubano de la salud prestó servicios en Venezuela y muchos de ellos actuaron además como docentes en determinadas materias impartidas para la formación de más de 20 mil jóvenes venezolanos que comienzan a graduarse como médicos. Muchos de ellos comenzaron sus estudios en nuestro propio país. Los médicos internacionalistas integrantes del Batallón 51, graduados en la Escuela Latinoamericana de Medicina, han ganado un sólido prestigio en el cumplimiento de complejas y difíciles misiones. Sobre esas bases se desarrollaron mis relaciones en ese campo con el presidente Hugo Chávez.

Debo añadir que a lo largo de más de doce años desde el 2 de febrero del año 1999, el Presidente y líder de la Revolución venezolana no ha descansado un solo día, y en eso ocupa un lugar único en la historia de este hemisferio. Todas sus energías, las ha consagrado a la Revolución.

Podría afirmarse que por cada hora extra que Chávez dedica a su trabajo, un Presidente de Estados Unidos, descansa dos.

Era difícil, casi imposible, que su salud no sufriera algún quebranto y eso sucedió en los últimos meses.

Persona habituada a los rigores de la vida militar, soportaba estoicamente los dolores y molestias que con frecuencia creciente lo afectaban. Dadas las relaciones de amistad desarrolladas y los intercambios constantes entre Cuba y Venezuela, sumado a mi experiencia personal con relación a la salud, que viví desde la proclama del 30 de julio del año 2006, no es raro que me percatara de la necesidad de un chequeo riguroso de la salud del Presidente. Es demasiado generoso de su parte, atribuirme algún mérito especial en este asunto.

Admito, desde luego, que no fue fácil la tarea que me impuse. No era para mí difícil percatarme de que su salud no andaba bien. Habían transcurrido 7 meses desde que se realizó su última visita a Cuba. El equipo médico dedicado a la atención de su salud me había rogado que hiciera esa gestión. Desde el primer momento la actitud del Presidente era informar al pueblo, con absoluta claridad, su estado de salud. Por ello, estando a punto ya de regresar, a través de su Ministro de Relaciones Exteriores, informó al pueblo sobre su salud hasta ese instante y prometió mantenerlo detalladamente informado.

Cada cura iba acompañada por rigurosos análisis celulares y de laboratorio, que en tales circunstancias se realizan.

Uno de los exámenes, varios días posteriores a la primera intervención, arrojó resultados que determinaron una medida quirúrgica más radical y el tratamiento especial del paciente.

En su digno mensaje del 30 de junio, el Presidente notablemente recuperado habla de su estado de salud con toda claridad.

Admito que para mí no fue fácil la tarea de informar al amigo de la nueva situación. Pude apreciar la dignidad con que recibió la noticia que -para él con tantas tareas importantes que llevaba en la mente, entre ellas el acto conmemorativo del Bicentenario y la formalización del acuerdo sobre la unidad de América Latina y el Caribe- mucho más que los sufrimientos físicos que implicaba una cirugía radical, significa una prueba que como expresó la hizo comparar con los momentos duros que le tocó enfrentar en su vida de combatiente indoblegable.

Junto a él, el equipo de personas que lo atienden y que él calificó de sublimes, han librado la magnífica batalla de la que he sido testigo.

Sin vacilación afirmo que los resultados son impresionantes y que el paciente ha librado una batalla decisiva que lo conducirá y con él a Venezuela, a una gran victoria.

Hay que hacer que su alegato se comunique al pie de la letra en todas las lenguas, pero sobre todo que sea traducido y subtitulado al inglés, un idioma que pueda entenderse, en esta Torre de Babel en que el imperialismo ha convertido al mundo.

Ahora los enemigos externos e internos de Hugo Chávez están a merced de sus palabras y sus iniciativas. Habrá sin dudas sorpresas para ellos. Brindémosle el más firme apoyo y confianza. Las mentiras del imperio y la traición de los vendepatrias serán derrotadas. Hoy hay millones de venezolanos combativos y conscientes, que la oligarquía y el imperio no podrán volver a someter jamás.

Fidel Castro Ruz
Julio 3 de 2011

06/07/2011 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , | Deja un comentario

Una vieja historia peronista, por Alberto Dearriba


04-06-2010


El presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Héctor Méndez, mandó al diputado Héctor Recalde a vivir a Cuba. Fue después de que el legislador vinculado con el titular de la Confederación General del Trabajo (CGT), Hugo Moyano, impulsara un proyecto de ley para hacer efectiva la participación de los trabajadores en las ganancias empresarias, consagrada en la Constitución Nacional.

En realidad, en la Cuba revolucionaria de Fidel Castro los asalariados no tienen participación en las ganancias sino que –como se sabe– las empresas están allí socializadas. El proyecto de Recalde impulsa que los trabajadores puedan integrarse a los directorios, acceder a los balances y discutir el reparto de utilidades, pero no socializa los medios de producción.

La figura de Recalde, un veterano laboralista, no es en verdad del agrado de muchos empresarios ya que desde que se sentó en su banca a principios del kirchnerismo no hace más que reponer normas laborales abolidas por el menemismo.

Una idea peronista. El legislador kirchnerista no impulsó la aplicación de una institución del socialismo sino un derecho consagrado en la Carta Magna argentina, compatible con el sistema capitalista vigente. Al igual que las convenciones colectivas, la participación de los trabajadores en las ganancias es en verdad una institución cara al peronismo histórico, con la que se intenta superar una de los conflictos fundamentales de las sociedades de consumo.

La idea peronista de la conciliación de clases entre burgueses y asalariados campea detrás de las negociaciones colectivas y del proyecto de Recalde. Precisamente son herramientas que intentan sintetizar las contradicciones capitalistas en una mesa de negociaciones, en lugar de resolverlas en el terreno de los conflictos gremiales. Con las negociaciones colectivas, la Argentina kirchnerista retomó una institución del peronismo en pos de un mercado interno más dinámico y de una mayor justicia social.

Claro que, por más civilizados que sean los tironeos, las paritarias generan inevitables rispideces, porque es allí donde se escenifica de manera palpable la disputa por la torta. Al menos, se trata del momento que aguardan los trabajadores para mejorar su nivel de ingresos, ya que los empresarios pueden hacerlo con mayor autonomía cuando aumentan unilateralmente los precios de sus productos con el fin de agrandar la porción que pueden coptar.

Temor al off-side. Para colmo, ocurre siempre que algunos líderes sindicales sienten haber quedado en off-side frente a sus dirigidos, porque consiguieron una tasa de incremento inferior a la que obtuvieron algunos colegas. Esta competencia sindical suele desatar rechazos empresarios. Pero si en cambio los dirigentes gremiales se quedan cortos, sienten que se les mueve el piso por el descontento de las bases. Algo de eso ocurrió en los últimos días cuando algunos sindicatos reclamaron la reapertura de las paritarias, porque quedaron descolocados frente al incremento del 30 por ciento logrado por los trabajadores de la alimentación.

“A los que arreglaron por menos del 30 se les va a venir la noche”, advirtió el gastronómico José Luis Barrionuevo. Pero lo cierto es que desde el costado de los trabajadores, no sólo debe observarse la tasa conseguida en las negociaciones colectivas, sino el punto de partida sobre las que se aplicará el incremento.

Las pitonisas del caos. Cada vez que se abren negociaciones colectivas surgen las advertencias de los agoreros, que preanuncian un escenario de caos si los trabajadores tiran demasiado de la cuerda. Insisten en que los aumentos de salarios son inflacionarios sin tener en cuenta que los economistas coinciden en calcular que la incidencia del salario oscila entre el 3 y el 15 por ciento del precio final de los productos, según sean de mano de obra intensiva o extensiva.

Los que preanuncia el caos son los mismos que guardan un estruendoso silencio cuando las empresas captan ingresos por la vía del aumento de precios, en lugar de hacerlo mediante el incremento de la producción. O peor aún, los que culpan al gobierno de los aumentos de precios que generan los empresarios y se comen los beneficios que otorgan por ejemplo los planes sociales.

Profecía autocumplida. Para descalificar las demandas, estos vaticinadores de agorerías advierten que los aumentos de sueldo pueden desatar una carrera de precios y salarios. La amenaza es clara: “Si se reclaman aumentos elevados, aumentaremos los precios para recuperar lo que tuvimos que ceder”, parecen decir. En verdad, son ellos mismos los que están en condiciones de desatar el caos que vaticinan con sólo aumentar los precios de sus productos. Y encima le cargan la responsabilidad al gobierno con la ayuda inestimable de los medios para los cuales la culpa la tiene siempre la política y no los sectores de poder a los que nadie vota.

Otra historia. De todos modos, este país que discute el reparto de la renta nacional es muy distinto a aquel de los ’90, en el que las conducciones gremiales sólo atinaban a reclamar la mantención de las fuentes de trabajo. Las presiones por mayores salarios no eran posibles cuando se cerraban empresas todos lo días. Con una desocupación de hasta el 25 por ciento, las presiones salariales eran solamente hacia la baja. La administración de Fernando de la Rúa –antes que el modelo neoliberal estallara en mil pedazos en 2001– llegó a rebajar jubilaciones y sueldos estatales para pagar la deuda externa.

Pese a los vientos que soplan hoy en Europa, donde líderes populares aplican políticas de ajuste archiconocidas por estas costas, prima en cambio en la Argentina la decisión política de empujar la economía con mayor demanda. Y en ese intento por lograr un mercado interno generoso –con el espejo de aquel mítico fifty-fifty del primer Perón– los salarios son una herramienta central. Lo contrario es la paz de los cementerios.

Buenos Aires Económico.

06/06/2010 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , | Deja un comentario

Las contradicciones de Hilda Molina, la abuelita de Heidi, con libro nuevo contra Cuba


La médica cubana Hilda Molina presentaba en la Feria del Libro su libro “Mi verdad”. En reportajes previos dejó en claro el sentido político del volumen, que supone otra contradicción suya. Y van…

EMILIO MARÍN | La Arena. Argentina | 24-4-2010 a

www.kaosenlared.net/noticia/contradicciones-hilda-molina-abuelita-heidi-libro-nuevo-contra-cuba

Hilda Molina… la dulce abuelita


DIJO QUE VENÍA AL PAÍS SÓLO A CUIDAR A SU MADRE Y NIETOS…

La doctora Molina es una contradicción andante, con un doble discurso superior al normal. Cuenta que la revolución dirigida por Fidel Castro triunfó cuando ella tenía 15 años y abrazó esa causa. Lo hizo durante 35 años, hasta que en 1994 se cambió de bando, militando en la contrarrevolución (ella se autodefine como “disidente”) durante los siguientes 15 años, que en 2010 ya son dieciséis.

Y eso marca la gravedad de su situación. Todo el mundo tiene contradicciones, pero lo importante es ir superándolas para mejor. Lo de ella es involución: de destacada neurocirujana y directora del Centro Internacional de Restauración Neurológica (CIREN), a mediocre operadora de las campañas que Estados Unidos y lo peor de Europa conducen contra Cuba.

El viernes 23 de abril esta mujer presentaba en la Feria del Libro de Buenos Aires “Mi verdad”, editado por Planeta, que en librerías se vende al nada módico precio de 72 pesos. No saben los argentinos cuántos libros, y de los buenos, se pueden comprar en la isla por esa plata. Es que la revolución cubana se distingue entre otras cosas por la educación universal y de calidad, por la elevación cultural de sus once millones de habitantes. Su Feria del Libro se hace en La Habana y luego recorre numerosas ciudades del inmenso lagarto verde.

¿Por qué la publicación del libro supone una contradicción más de la ex galena?

Porque cuando reclamaba que la dejaran venir a Argentina, decía que no haría actividad política. Que lo suyo era una cuestión humanitaria, de cuidar a su madre, llegada a Buenos Aires en mayo de 2008, y a sus dos nietos (hijos del desertor cubano Roberto Quiñones y la argentina Verónica Scarpatti, acompañante de un hermano que se atendió la salud en Cuba).

La señora que quería viajar declaraba en 2006: “Molina expone los tres propósitos legítimos y humanitarios por los cuales necesita viajar a la Argentina: visitar a mis queridos hijo y nuera; conocer a mis maravillosos nietos” (La Nación, 22/07/2006). Esta declaración fue vía teléfono, con su notebook a mano, lo que desmiente las denuncias suyas y de los medios monopólicos amigos, de que a la abuelita de Heidi la tenían amordazada e impedida de comunicarse.

Pero ahora y con un título pretencioso -hasta con alguna reminiscencia hitleriana-, la neurocirujana ha publicado un libro político. Está en todo su derecho editarlo, pero sería honesto que dijera la verdad. Debería haber aclarado que venía a Argentina a profundizar sus calumnias contra Cuba, su gobierno, su medicina, etc. En el tiempo libre vería a sus nietos…

La invitación a la presentación del libro está firmada por un viejo amigo del imperio como Mario Vargas Llosa, otro que se pasó de bando y vomita mentiras con la furia de los conversos.

Parte de la campaña

Algún ingenuo puede creer que el volumen de Planeta es solamente crítico de Cuba pero sin llegar a lo mercenario (que bien aclaró Atilio Borón en una nota en Página/12, no es lo mismo que disidente). Incluso se podría suponer que es una simple coincidencia que “Mi verdad” aparezco justo en los días que arrecia la campaña internacional de Washington contra Cuba de que irrespeta los derechos humanos. Ellos, los que en Irak asesinaron a un millón de personas…

No hay tal casualidad. El libro es parte de la campaña internacional. En estos días en un reportaje le preguntaron: “¿Cuál es su reflexión sobre lo que están haciendo tantos patriotas cubanos llevando adelante una huelga de hambre?”.

Molina contestó: “Son todos excelentes personas y están luchando contra un sistema totalitario y además represivo. Hasta protestas pacíficas son reprimidas en Cuba. Ese apoyo y reconocimiento que muchos se lo dan al gobierno deberían dárselo a la disidencia, porque si bien ha habido violaciones de Derechos Humanos en las dictaduras de derecha, también es cierto que salvajes violaciones a los Derechos Humanos están ocurriendo en Cuba. Y es bueno que el mundo lo sepa, por eso me afané, me concentré en terminar el libro, porque quería que mis vivencias, mis treinta y cinco años dentro del sistema y mis quince frente a él en Cuba quedaran reflejados”.

A confesión de parte, relevo de pruebas. El reportaje fue de Pablo Docimo, del sitio Web “Tribuna de Periodistas”, del extremo derecho del espectro mediático. “Tribuna” tiene como estrella a Christian Sanz, autor de un célebre artículo que él tituló: “SE CONFIRMA LA USURPACIÓN DEL TÍTULO DE ABOGADA POR PARTE DE LA ACTUAL PRESIDENTE”. Así atacaba a Cristina Fernández…

La señora Molina arribó a Ezeiza el 14 de junio de 2009 por decisión humanitaria de Raúl Castro, luego de gestiones de la mandataria argentina, que se condujo con más tino que su esposo cuando era presidente.

Pero termina jugando en política con lo más granado de la derecha. En setiembre de ese año se presentó en la Cámara de Diputados junto al legislador del PRO, Julián Obiglio, para disparar munición gruesa contra Cuba, acusándola de ser una vulgar dictadura. Luego viajó a Córdoba, disertando en el Jockey Club invitada por la Fundación Oulton, de Carlos Oulton, referente de Recrear-PRO, y los ex legisladores demócrata y cavallista, Roberto Cornet y Prudencio Bustos Argañaraz.

Y a la presentación de su libro invita Vargas Llosa, feroz crítico del “populismo” latinoamericano, quien apunta centralmente contra Venezuela y Cuba pero con fragmentos de su metralla busca herir a Cristina Fernández. Tal la segunda contradicción de la abuelita de Heidi: llegó por gestiones del kirchnerismo y se acovachó con la oposición conservadora. La presidenta también tendría que repasar su política pues eligió mal, como le pasó con Julio Cobos y Martín Redrado.

Del bloqueo ni mu…

La tercera contradicción muy flagrante del personaje es que se presenta como una sufrida cubana, creyente y católica, luego de 35 años de colaboración con lo que ahora llama “demonio”, y no aparezca ni una línea cuestionando el bloqueo estadounidense.

Muchos cubanos, incluso críticos del gobierno, no dejan de criticar esa criminal medida que Washington impuso en forma total en 1962. Muchos países, la mayoría capitalistas, han votado contra el bloqueo desde 1992.   La última vez, en octubre del año pasado, hubo 187 votos contra el bloqueo, sobre 192 estados miembros de Naciones Unidas.

Hasta el papa Juan Pablo II, cuando visitó la isla en enero de 1998, pidió en forma elíptica contra el bloqueo, al decir “que el mundo se abra a Cuba”.

Si todas esas personas y entidades se han pronunciado contra un cerco que afecta la vida y el bienestar de millones de cubanos, ¿quiénes son los que sostienen o justifican esa medida? La lista de Estados es corta: Estados Unidos, Israel y Palau. Hay que sumar las entidades que responden a esos intereses, caso de la Fundación Nacional Cubano-Americana y los gusanos de Miami y algunos terroristas como Luis Posada Carriles. Y dentro de Cuba, a los mercenarios como Vladimiro Roca, Marta Beatriz Cabello, Elizardo Sánchez e Hilda Molina, ahora en Buenos Aires.

Hay que ser muy poco patriota, muy poco cubana y muy poco cristiana, para justificar por acción u omisión el bloqueo contra su propio país. Y trabajar en mayor o menor grado, de consuno con la SINA, la Comisión por la Democracia en Cuba fundada por George Bush, los espías disfrazados de la USAID y ahora con la campaña de agresión impulsada por Barack Obama e Hillary Clinton.

Molina cree ser una mujer de ciencia. Lo era, en su tiempo pasado de revolución. Ahora es una chanta, que considera que Fidel Castro está poseído por el demonio. En un reportaje en junio de 2009 con Jorge Fontevecchia, de Perfil, donde ofendió a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, ella manifestó: “y dije en aquel momento y lo repito ahora: parece que el señor Fidel Castro necesita un exorcismo. Pues que lo haga, si ese exorcismo lo va a ayudar a estar en paz y sobre todo si va a llevar la paz a Cuba”. No deja de ser una suerte que la isla se haya librado de esta bruja.

Otra contradicción de esta embajadora del envenenamiento de las relaciones argentino-cubana es que dice hablar con la verdad pero refrita mentiras de varias décadas. En el reportaje con Docimo, dice Molina: “mientras Fidel exista, va a haber una amenaza latente de subversión en América Latina, de esto, no tenga la menor duda. Fidel es el patriarca de la subversión, y todavía lo sigue siendo. Hoy, yo no me preocuparía tanto por Hugo Chávez, sí por su mentor, que está allí, que está vivo, y con suficientes reservas neuronales como para seguir  promoviendo la subversión no sólo en América Latina, sino en el mundo”.

¿Estará buscando ganarse una beca de analista en la CIA o la IV Flota de EE UU o simplemente que le suban el sueldo? En esa búsqueda mercantil ha atacado a la medicina cubana y la Operación Milagro, un programa oftalmológico que a junio de 2009 había beneficiado a 1.650.000 personas, incluyendo a 28.000 argentinos. Al opinar así, ganada por el odio, Molina ha roto definitivamente con la humanista profesión de médico.

www.laarena.com.ar

29/04/2010 Posted by | General, Historia, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Sobre bases racionales y justas – Fidel Castro



Por Fidel Castro *

Conozco bien a Chávez; nadie como él sería más renuente a derramar la sangre entre venezolanos y colombianos, dos pueblos tan hermanos como los cubanos que viven en el este, el centro y el extremo oeste de nuestra Isla. No tengo otra forma de expresar el grado de hermandad que existe entre venezolanos y colombianos.

La calumniosa imputación yanqui de que Chávez planea una guerra contra la vecina Colombia llevó a un influyente órgano de prensa colombiano a publicar el pasado domingo, 15 de noviembre, bajo el título de “Tambores de guerra”, un despectivo e injurioso editorial contra el presidente venezolano, donde se afirma, entre otras cosas, que “Colombia debe tomar con toda seriedad la que constituye la más grave amenaza a su seguridad en más de siete décadas, pues ésta proviene de un presidente que, además, es de formación militar”.

Coincidiendo con la publicación de ese editorial, el líder bolivariano había escrito su artículo semanal “Las líneas de Chávez”, en el cual enjuicia la impúdica concesión de siete bases militares a Estados Unidos en suelo de Colombia, un territorio que posee 2050 kilómetros de frontera con Venezuela.

En ese artículo, el presidente de la República Bolivariana explicó con valentía y lucidez su posición: “Lo dije este viernes en el acto por la paz y contra las bases militares de Estados Unidos en suelo colombiano: estoy en la obligación de llamarlos a todos y todas a prepararnos para defender la Patria de Bolívar, la Patria de nuestros hijos. Si no lo hiciera, estaría cometiendo un acto de alta traición. Nuestra Patria es hoy libre y la defenderemos con la vida. Venezuela nunca más volverá a ser colonia de nadie: nunca más estará de rodillas frente a invasor o imperio alguno… el gravísimo y trascendente problema que tiene lugar en Colombia no puede pasar inadvertido por los gobiernos latinoamericanos”.

Más adelante añade conceptos importantes: “Todo el arsenal bélico gringo, contemplado en el acuerdo, responde al concepto de operaciones extraterritoriales… convierte al territorio colombiano en un gigantesco enclave militar yanqui…, la mayor amenaza contra la paz y la seguridad de la región sudamericana y de toda nuestra América”.

“‘El acuerdo’ impide que Colombia pueda ofrecerle garantías de seguridad y respeto a nadie: ni siquiera a los colombianos y colombianas. No puede ofrecerlas un país que ha dejado de ser soberano y que es instrumento del ‘nuevo coloniaje’ que avizorara nuestro Libertador.”

Chávez es un verdadero revolucionario, pensador profundo, sincero, valiente e incansable trabajador. No llegó al poder mediante un golpe de Estado. Se sublevó contra la represión y el genocidio de los gobiernos neoliberales que entregaron los enormes recursos naturales de su país a Estados Unidos. Sufrió prisión, maduró y desarrolló sus ideas. No llegó al poder a través de las armas, a pesar de su origen militar.

Tiene el gran mérito de haber iniciado el difícil camino de una revolución social profunda partiendo de la llamada democracia representativa y la más absoluta libertad de expresión, cuando los más poderosos recursos mediáticos del país estaban y están en manos de la oligarquía y al servicio de los intereses del imperio.

En sólo once años, Venezuela logró los más altos avances educacionales y sociales alcanzados por un país en el mundo, a pesar del golpe de Estado y los planes de desestabilización y descrédito impuestos por Estados Unidos.

El imperio no decretó un bloqueo económico contra Venezuela –como hizo con Cuba– tras el fracaso de sus golpes sofisticados contra el pueblo venezolano, porque se habría bloqueado a sí mismo dada su dependencia energética del exterior, pero no ha renunciado a su propósito de liquidar el proceso bolivariano y su generoso apoyo en recursos petroleros a los países del Caribe y Centroamérica, sus amplias relaciones de intercambio con Sudamérica, China, Rusia y numerosos Estados de Asia, Africa y Europa. La Revolución Bolivariana goza de simpatías en amplios sectores de todos los continentes. Duele especialmente al imperio sus relaciones con Cuba, después de un bloqueo criminal contra nuestro país que ha durado ya medio siglo. La Venezuela de Bolívar y la Cuba de Martí, a través del ALBA, promueven nuevas formas de relaciones e intercambios sobre bases racionales y justas.

* Fragmentos de la reflexión publicada en CubaDebate.

PÁGINA 12

20/11/2009 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Uncategorized | , , , | 1 comentario

Feliz cumple Fidel!!!!!!!


ADITAL] Agencia de Información Fray Tito para América Latina
http://www.adital.com.br

13.08.09 – CUBA

Fidel Castro cumple 83 años en plena vigencia

ADDITION CUBA CASTRO
Adital – Cumple 83 años y más que estadista o revolucionario, más que un personaje siempre actual en la vida de los cubanos y el pensamiento de los latinoamericanos, Fidel Alejandro Castro Ruz es un idealista, un hombre de historia que vive y sigue dejando huella. En realidad, un hombre que es historia.

Todo se ha dicho y escrito sobre Fidel, y lo curioso es que no deja de ser un personaje admirable a pesar de la profusión de material biográfico a favor o en contra.

Miles de enciclopedias lo retratan, cientos de sitios web hablan de su larga existencia. ¿Qué nos deja la revisión de tanta información’ La percepción de un hombre que ha dejado una huella indeleble en los últimos cincuenta años.

Y más allá de detractores o defensores está una cuestión no tan simple: si ya era difícil iniciar una revolución, lo más duro ha sido mantenerla. ¿Cómo lo ha logrado’

Hay, desde luego, algunos hechos ya conocidos: todos los organismos internacionales, desde las Naciones Unidas hasta el Banco Mundial, reconocen al unísono que la población de Cuba es la única del Tercer Mundo que ha alcanzado un nivel de desarrollo humano comparable al de los países más avanzados. La isla tiene la esperanza de vida más elevada y la tasa de mortalidad infantil más baja del Tercer Mundo (incluso más baja que la de Estados Unidos). La UNICEF certifica que Cuba es la única nación de América Latina que ha erradicado la desnutrición infantil.

Pero más allá de esos logros está la figura del líder político, histórico y espiritual que ha sabido mantenerse vigente, a pesar de no estar en la vida pública desde julio de 2006.

Fidel ha demostrado que luego de más de ocho décadas de vida, su lucidez e inteligencia no merman, y a través de Internet sigue presente.

Las “Reflexiones” que escribe desde marzo de 2007 sirven como termómetro de su inagotable capacidad de análisis y constituyen prueba fehaciente de que su opinión, en casi 250 artículos publicados y reproducidos alrededor del mundo, aún es imprescindible.
Fidel Castro, el compañero, el comandante, el líder, el pensador, cumple 83 con una estatura histórica fortalecida y desafiante. Es la vigencia plena de ideas y actitudes que muy pocos consiguen.

Fidel puede ser leído en www.cubadebate.cu

Texto y foto: ABN

14/08/2009 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , | Deja un comentario

Reflexiones del compañero Fidel desde el 04-03-09


A petición del líder de la Revolución Cubana, en su reflexión publicada el 19 de febrero de 2008, todas las futuras reflexiones se publicarán bajo el nombre de «Reflexiones del compañero Fidel». En esta página, usted también podrá acceder a las reflexiones anteriores a esta fecha

23 de febrero de 2008

http://www.prensaescrita.com/

11/08/2009 Posted by | General, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , | Deja un comentario

Reflexiones del compañero Fidel: Muere el golpe o mueren las constituciones


Fidel_con_las_manos_enlaz

Los países de América Latina luchaban contra la peor crisis financiera de la historia dentro de un relativo orden institucional.

Cuando el Presidente de Estados Unidos Barack Obama, de viaje en Moscú para abordar temas vitales en materia de armas nucleares, declaraba que el único presidente constitucional de Honduras era Manuel Zelaya, en Washington la extrema derecha y los halcones maniobraban para que éste negociara el humillante perdón por las ilegalidades que le atribuyen los golpistas.

Era obvio que tal acto significaría ante los suyos y ante el mundo su desaparición de la escena política.

Está probado que cuando Zelaya anunció que regresaría el 5 de julio, estaba decidido a cumplir su promesa de compartir con su pueblo la brutal represión golpista.

Con el Presidente viajaban Miguel d¢ Escoto, presidente pro témpore de la Asamblea General de la ONU, y Patricia Rodas, la canciller de Honduras, así como un periodista de Telesur y otros, hasta 9 personas. Zelaya mantuvo su decisión de aterrizar. Me consta que en pleno vuelo, cuando se aproximaba a Tegucigalpa, se le informó desde tierra sobre las imágenes de Telesur, en el instante que la enorme masa que lo esperaba en el exterior del aeropuerto, estaba siendo atacada por los militares con gases lacrimógenos y fuego de fusiles automáticos.

Su reacción inmediata fue pedir altura para denunciar los hechos por Telesur y demandar a los jefes de aquella tropa que cesara la represión. Después les informó que procedería al aterrizaje. El alto mando ordenó entonces obstruir la pista. En cuestión de segundos vehículos de transporte motorizados la obstruyeron.

Tres veces pasó el Jet Falcon, a baja altura, por encima del aeropuerto. Los especialistas explican que el momento más tenso y peligroso para los pilotos es cuando naves rápidas y de poco porte, como la que conducía al Presidente, reducen la velocidad para hacer contacto con la pista. Por eso pienso que fue audaz y valiente aquel intento de regresar a Honduras.

Si deseaban juzgarlo por supuestos delitos constitucionales, ¿por qué no le permitieron aterrizar?

Zelaya sabe que estaba en juego no solo la Constitución de Honduras, sino también el derecho de los pueblos de América Latina a elegir a sus gobernantes.

Honduras es hoy no solo un país ocupado por los golpistas, sino además un país ocupado por las fuerzas armadas de Estados Unidos.

La base militar de Soto Cano, conocida también por su nombre de Palmerola, ubicada a menos de 100 kilómetros de Tegucigalpa, reactivada en 1981 bajo la administración de Ronald Reagan, fue la utilizada por el coronel Oliver North cuando dirigió la guerra sucia contra Nicaragua, y el Gobierno de Estados Unidos dirigió desde ese punto los ataques contra los revolucionarios salvadoreños y guatemaltecos que costaron decenas de miles de vidas.

Allí se encuentra la “Fuerza de Tarea Conjunta Bravo” de Estados Unidos, compuesta por elementos de las tres armas, que ocupa el 85 por ciento del área de la base. Eva Golinger divulga su papel en un artículo publicado en el sitio digital Rebelión el 2 de julio de 2009, titulado “La base militar de Estados Unidos en Honduras en el centro del golpe”. Ella explica que “la Constitución de Honduras no permite legalmente la presencia militar extranjera en el país. Un acuerdo ‘de mano’ entre Washington y Honduras autoriza la importante y estratégica presencia de los cientos de militares estadounidenses en la base, por un acuerdo ‘semi-permanente’. El acuerdo se efectuó en 1954 como parte de la ayuda militar que Estados Unidos ofrecía a Honduras… el tercer país más pobre del hemisferio.” Ella añade que “… el acuerdo que permite la presencia militar de Estados Unidos en el país centroamericano puede ser retirado sin aviso”.

Soto Cano es igualmente sede de la Academia de la Aviación de Honduras. Parte de los componentes de la fuerza de tarea militar de Estados Unidos está integrada por soldados hondureños.

¿Cuál es el objetivo de la base militar, los aviones, los helicópteros y la fuerza de tarea de Estados Unidos en Honduras? Sin duda que sirve únicamente para emplearla en Centroamérica. La lucha contra el narcotráfico no requiere de esas armas.

Si el presidente Manuel Zelaya no es reintegrado a su cargo, una ola de golpes de Estado amenaza con barrer a muchos gobiernos de América Latina, o quedarán éstos a merced de los militares de extrema derecha, educados en la doctrina de seguridad de la Escuela de las Américas, experta en torturas, la guerra psicológica y el terror. La autoridad de muchos gobiernos civiles en Centro y Suramérica quedaría debilitada. No están muy distantes aquellos tiempos tenebrosos. Los militares golpistas ni siquiera le prestarían atención a la administración civil de Estados Unidos. Puede ser muy negativo para un presidente que, como Barack Obama, desea mejorar la imagen de ese país. El Pentágono obedece formalmente al poder civil. Todavía las legiones, como en Roma, no han asumido el mando del imperio.

No sería comprensible que Zelaya admita ahora maniobras dilatorias que desgastarían las considerables fuerzas sociales que lo apoyan y solo conducen a un irreparable desgaste.

El Presidente ilegalmente derrocado no busca el poder, pero defiende un principio, y como dijo Martí: “Un principio justo desde el fondo de una cueva puede más que un ejército.”

Fidel Castro Ruz

26/07/2009 Posted by | General, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario

Fidel y el veredicto de la historia


17 de Marzo de 2009

fidel-y-atilio-boron

Por Atilio A. Boron

Fidel está canalizando todas sus energías hacia la estratégica “batalla de ideas”, condición necesaria para la construcción de una alternativa poscapitalista y no sólo posneoliberal, como ansían algunos antiguos izquierdistas desilusionados. En la medida en que subsista el capitalismo como modo de producción, su naturaleza explotativa, opresiva y predatoria se manifestará en todas sus expresiones históricas, desde el laissez faire de comienzos del siglo XX hasta el neoliberalismo de finales del mismo siglo, pasando por el keynesianismo y el desarrollismo. La preocupación del Comandante por releer a Gramsci y los clásicos de la teoría marxista se acompaña por un renovado interés en la obra de Darwin y el estudio del impacto de la nanotecnología sobre los procesos productivos y, por lo tanto, sobre los bienes y servicios a los que podría acceder la población. Fidel sabe que las nuevas tecnologías de comunicación e información son un poderoso instrumento de dominación ideológica pero, dialécticamente, también pueden ser un arma formidable para concientizar a la población y facilitar la diseminación del pensamiento crítico, como se hace desde los diversos cursos que ofrecemos en el PLED. Pero su inquietud no se queda allí: lee también sobre el cambio climático, la crisis económica, los procesos políticos y los temas candentes de la realidad internacional. La lista sería interminable.

Si bien su recuperación física y el moderado aumento de peso han desdibujado en algo su figura quijotesca del pasado, su intelecto y su corazón siguen siendo fieles a la noble tradición del Quijote y su pasión por enderezar entuertos es tan intensa como antes. Es ese espíritu el que lo llevó a tomar por asalto el Moncada y tiempo después, con Raúl y el Che, a iniciar la epopeya de Sierra Maestra. Tal como lo había pronosticado en su célebre alegato ante los jueces del Moncada, la historia lo absolvió, ¡y cómo! También le otorgó la razón cuando en 1985 demostró matemáticamente la imposibilidad de pagar la deuda externa, contrariando las opiniones de sedicentes “expertos” que elaboraban ingeniosos artificios para demostrar lo contrario. Cuando se derrumbó la Unión Soviética y se vino abajo el (falso) socialismo de Europa Oriental fueron muchos los que le aconsejaron que reconciliara a Cuba con las nuevas realidades de la globalización, arriando las supuestamente raídas banderas del socialismo. El guerrero se negó y contrariando la opinión y los pronósticos de propios y ajenos aguantó el temporal y proclamó a los cuatro vientos que, aunque la Unión Soviética se hundiera, el frágil navío de la Cuba revolucionaria resistiría la tormenta y llegaría a buen puerto. Una vez más, la historia le concedió la razón.

También le había sonreído en 1992, en la Cumbre de la Tierra, celebrada en Río de Janeiro, cuando denunció en los siete minutos exactos que cada participante tenía asignado la catástrofe ambiental y climática que se avecinaba. Su intervención fue fulminada como apocalíptica y meramente ideológica por muchos de los que el pensamiento convencional identificaba como “realistas” y “expertos.” ¿Quién se acuerda ahora de aquellos enanos? ¿Y qué decir de los gobernantes allí presentes -Menem, Fujimori y otros de su misma ralea- que hicieron oídos sordos ante el discurso de Fidel y que con su criminal indiferencia agravaron el problema? La historia volvió a fallar a su favor cuando, en 1998, convocó a los economistas a discutir la crisis en gestación, en momentos en que el saber oficial aseguraba que no había -y que no habría- crisis sino, a lo sumo, una transitoria desaceleración del crecimiento económico. Una década más tarde los porfiados hechos demostraban una vez más que la razón estaba con Fidel.

Este fue el hombre que me honró con su invitación a discutir algunos aspectos de mi ponencia. Le interesó sobre todo el concepto de “burguesía imperial”, concebido para caracterizar el entrelazamiento producido entre las clases dominantes de las principales metrópolis capitalistas y la forma en que unificaron su estrategia de dominación global. Sus integrantes se dan cita anualmente en Davos para coordinar su estrategia a escala mundial, pasar revista a sus efectivos, armonizar sus discursos y políticas y potenciar su influencia política e ideológica a nivel internacional, para lo cual invitan a gobernantes, “expertos” y comunicadores sociales para transmitir la buena nueva. Me pidió detalles, ejemplos, razones por las cuales utilizo ese concepto. Se quejó de su falta de tiempo: no pudo recibir a varios presidentes, y a los que atendió no pudo dedicarles el tiempo que hubiera deseado.

Hablamos un poco sobre la Argentina y me dijo que le había sorprendido gratamente la fortaleza y la convicción que demostró la presidenta Cristina Fernández y sus ganas de luchar, pero estaba preocupado por las secuelas del conflicto que el año pasado enfrentó al Gobierno con los sectores del campo. Al examinar el panorama sociopolítico latinoamericano expresó su preocupación porque el péndulo ideológico, que en la última década se había movido hacia la izquierda -si bien con diferente amplitud según los países- pudiera detener su marcha o, peor, iniciar una reversión amenazando la estabilidad o la continuidad de los gobiernos progresistas de la región. Sabe que el imperialismo está al acecho para “corregir el rumbo” de su patio trasero. Lo conoce al detalle y puede decir, como Martí, que “le conozco las entrañas y mi honda es la de David”. Con esa honda tuvo a raya al Goliat americano durante 50 años y terminó por aislarlo: en octubre del 2008 de los 192 países miembros de las Naciones Unidas 185 votaron a favor de una resolución que exigía poner fin al bloqueo contra Cuba. Sólo dos acompañaron al imperio: Israel, la megabase militar estadounidense en Medio Oriente, y Palau, una islita perdida en el Pacífico poblada por 21.000 personas y utilizada como campo de pruebas de la cohetería de la armada norteamericana. Otros dos, las islas Marshall (63.000 habitantes) y Micronesia (107.000) consideraron demasiado tamaña ignominia y se abstuvieron. Pero este mensaje de la comunidad universal es desoído por la Casa Blanca y sus mandantes: el complejo militar-industrial. Estos quieren aprovechar la crisis para volver a “disciplinar” a la región y acabar con la primavera izquierdista. La sucesión del gobierno de la Concertación en Chile parece inexorablemente destinada a reinstalar a un personaje de la derecha en la Moneda, bien sea el oficialista Eduardo Frei o el opositor Sebastián Piñera. Y las previsiones no son mucho más alentadoras para Argentina, Brasil y Uruguay. La crisis económica podría ser el disparador de esa recomposición derechista y esa amenaza no puede ser tomada a la ligera. Si esto se produjera, el aislamiento de Venezuela, Bolivia y Ecuador podría agravarse, poniendo en riesgo la viabilidad política y económica de los proyectos transformadores actualmente en curso con negativas consecuencias para Cuba. También me hizo saber de su inquietud por el acoso a que está siendo sometido el gobierno de Fernando Lugo en Paraguay, y la necesidad de que Argentina y Brasil adopten una postura solidaria y generosa en relación con las dos grandes represas de Yacyretá e Itaipú, cuya propiedad comparten con el Paraguay.

Había transcurrido una hora y cuarenta minutos de conversación y era preciso poner fin a este diálogo. Le pregunté si no sería posible que alguien nos sacara una foto porque de lo contrario no serían pocos los que me considerarían un impostor. Fidel accedió de buen grado a mi pedido quejándose burlonamente de que todos le dicen lo mismo y lo obligan a retratarse. Entonces se volvió hacia uno de sus colaboradores y dijo: “A ver. Traigan un espejo”. Se lo traen, se mira y dice: “Humm, ¡se ve bien!”, y es cierto. Estimulado por su buen humor aprovecho para felicitarlo por su recuperación y decirle que lo veo muy bien, con un aspecto tan bueno como el que lucía Ingrid Betancourt cuando se produjo su misteriosa liberación por el ejército colombiano. Una estruendosa carcajada selló la humorada. Nos preparamos para la foto y allí, transportado por el clima relajado, me atreví a decirle que con el logo de Adidas del uniforme de los atletas cubanos sus detractores ahora lo criticarían por hacerle publicidad a una transnacional. Nueva carcajada y, rápido como un rayo, y con su dedo índice repetidamente hundiéndose en mi pecho me dijo, masticando cada sílaba, “es-que-yo-soy-una-víctima-de-tu-burguesía-imperial”. Nuevas risotadas, foto, y un fuerte abrazo de despedida que permite comprobar el buen tono muscular de su físico y, con alivio, que tenemos Comandante para rato.

Rebelión

17/03/2009 Posted by | Politica Latinoamerica, Uncategorized | , , , , , , , , | Deja un comentario

Todos íbamos a ser revolucionarios – Manuel Cabieses Donoso


cuba

“El poeta Kavafis escribió que Itaca no
existe, lo que existe es el viaje hacia Itaca.
Lo mismo se podría decir del socialismo.
Y también se podría decir que a pesar de los naufragios, el viaje vale la pena”.
Eduardo Galeano

La Revolución Cubana es el acontecimiento más importante del siglo XX en América Latina, y así será valorado por la historia. Cuba se hizo cargo -con todos los peligros y costos que ello implicaba- de la continuidad de la lucha independentista en nuestra América. En los años 60 encarnó con gallardía lo más auténtico del genio rebelde, audaz y valiente de los héroes de la independencia. Y en los años siguientes, hasta hoy, se convirtió en símbolo de una asombrosa resistencia a todo tipo de agresiones imperialistas.
Al proclamar en 1961 el carácter socialista de su revolución -en vísperas de la invasión de Bahía Cochinos-, Cuba rompió las cadenas que la ataban al neocolonialismo norteamericano. Su revolución no sólo derrotó ejércitos bien armados. También ganó una importante batalla ideológica que refrescó la teoría e hizo volar por los aires los manuales y dogmas revolucionarios. Inspirada en el marxismo-leninismo pero incorporando a su ideario la herencia de los libertadores del siglo XIX, los valores fraternos del cristianismo y de las culturas comunitarias de la América indígena y mestiza, la Revolución Cubana dotó de un sistema de ideas al movimiento revolucionario latinoamericano.
La primera revolución socialista de América Latina tomó por sorpresa al mundo. Hizo posible lo que incluso los revolucionarios de entonces creían imposible hacer en el área de dominación de EE.UU. Cuba lanzó un reto que ha debido pagar con muchas vidas y grandes sacrificios materiales. El heroico y admirable pueblo cubano ha sufrido -y aún sufre- muchas penurias. Las soporta a pie firme gracias a la enorme fuerza de su patriotismo, a su unidad y a la firmeza de su ideología socialista. Estos valores le han permitido defender la soberanía de la patria y alcanzar conquistas sociales únicas en América Latina y que podrían ser mucho mayores sin el cepo de acero que bloquea su economía.
Su ejemplo produjo en los años 60 y 70 un vigoroso impulso en la lucha de liberación latinoamericana. Cuba prestó ayuda a los movimientos revolucionarios que surgieron en casi todos los países de la región y que hicieron suya la tesis de que la lucha armada era la forma fundamental de enfrentar al imperialismo y las burguesías locales. Esto abrió una intensa lucha ideológica que separó las aguas entre el reformismo y el campo revolucionario. Las consecuencias de ese áspero debate aún se observan en la Izquierda latinoamericana. La dirección cubana se enfrentó no sólo al Imperio, a los gobiernos, partidos e intelectuales reaccionarios -que expulsaron a Cuba de la OEA, redoblaron el bloqueo y alentaron el sabotaje y la formación de bandas armadas en la isla-. La Revolución también se batió con los gobiernos reformistas burgueses que seguían los lineamientos de la Alianza para el Progreso impulsada por EE.UU., con los partidos reformistas de Izquierda y hasta con el poderoso Partido Comunista de la Unión Soviética, su principal y casi único aliado. El punto más alto de esa controversia ideológica -en cuyo fragor se formó una nueva generación revolucionaria en América Latina-, lo constituyó la Primera Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) que se efectuó en La Habana en agosto de 1967. La resolución general de la OLAS, hoy casi olvidada por unos y otros, lleva como título un pensamiento de Simón Bolívar:”Para nosotros la Patria es América”, afirmación que ha recuperado lozanía y vigencia impulsada por la revolución bolivariana en Venezuela. El documento señala que “siendo la lucha armada la vía fundamental, es igualmente necesario emplear otras formas de lucha siempre que se encuentren en desarrollo o tengan por objetivo ayudar a desarrollar la que se estima principal. Las formas de lucha sólo tendrán un valor revolucionario en la medida en que contribuyan al desarrollo hacia las formas más altas de la lucha de clases y estén dirigidas a crear conciencia acerca de la inevitable confrontación revolucionaria en todo el continente” (ver PF N° 35).
La declaración ponía énfasis en la necesidad de unificar el mando político y militar en la guerra revolucionaria. Aquello -hoy se sabe- tenía directa relación con las dificultades que encontró en Bolivia el comandante Ernesto Che Guevara para incorporar al Partido Comunista a la guerrilla. El secretario general del PCB, Mario Monje, había reclamado el mando del destacamento guerrillero como condición para que su partido se sumara a la lucha armada, lo cual el Che rechazó invocando la experiencia de la guerra revolucionaria en Cuba.
Mucho más explícito fue el discurso de Fidel Castro en la clausura de la conferencia de la OLAS. Comentó y respondió con suma dureza un documento público del Partido Comunista de Venezuela que había decidido abandonar la lucha guerrillera iniciada con apoyo cubano. El PCV acusaba de “agentes de Cuba” a los ex comunistas que continuaban combatiendo en las montañas y denunciaba al PC cubano de intervenir en los asuntos internos del PC venezolano. Fidel Castro, además de calificar de “derechistas” a los dirigentes del PCV y refutar sus afirmaciones, admitió que la Revolución Cubana no sólo tenía contradicciones con el imperialismo y con “estos señores reaccionarios del partido de Venezuela. En este país también tenemos nuestra microfracción”. Se trataba, explicó, de “los que nunca creyeron en la Revolución”. Describiendo el llamado “período del sectarismo”, dijo que “los sectarios nos causaron serios problemas, con un feroz oportunismo, con una implacable política de persecución contra mucha gente, trajeron elementos de corrupción al seno de la Revolución”. Se burló de las “características de iglesia” de algunos partidos comunistas y de sus tesis de esperar el triunfo de las ideas revolucionarias en las masas antes de pasar a la acción. “Quienquiera que se detenga a esperar que las ideas triunfen primero en las masas, de manera mayoritaria, para iniciar la acción revolucionaria -dijo Fidel-, no será jamás revolucionario”. Este era el punto central de la polémica con el reformismo de Izquierda (ver PF N° 35).
Las resoluciones de la OLAS repercutieron fuerte en el movimiento de Izquierda latinoamericano, agudizando la confrontación entre partidos comunistas y las organizaciones revolucionarias surgidas a partir de la Revolución Cubana y que ya adelantaban la lucha armada urbana y rural en varios países del continente. Fidel dijo en su discurso: “Hay un movimiento en este continente mucho más amplio que el movimiento constituido simplemente por los partidos comunistas de América Latina, y a ese movimiento amplio nos debemos nosotros, y juzgaremos la conducta de las organizaciones no por lo que digan que son, sino por lo que demuestren que son, por lo que hagan, por su conducta”.
Un mes después de la conferencia en La Habana, el Che anotaba en su diario de campaña en Bolivia: “Un diario de Budapest critica al Che Guevara, figura patética, y, al parecer irresponsable y saluda la actitud marxista del Partido Chileno que toma actitudes prácticas frente a la práctica. Cómo me gustaría llegar al poder, nada más que para desenmascarar cobardes y lacayos de toda ralea y refregarles en el hocico sus cochinadas” (Diario del Che en Bolivia, 8 de septiembre de 1967, ver PF N° 59.)
Un mes después de esta amarga reflexión, el Che fue capturado y asesinado en Vallegrande.
La polémica con sectores políticos chilenos, sin embargo, venía de antes. En un discurso del 30 de agosto de 1966, Fidel Castro respondió el reto que le lanzó el presidente de Chile y líder democratacristiano Eduardo Frei Montalva, para demostrar cuál de los dos gobiernos había hecho más por su pueblo. “Este señor -dijo Fidel- nos reta a que le diga lo que hemos hecho en la industria. En primerísimo lugar, convertirlas de industrias yanquis en industrias cubanas. Algo que jamás tendrá el señor Frei el valor de hacer en Chile”. Fidel agradeció al Partido Socialista -que por lo demás fue el partido chileno más receptivo a las tesis cubanas y el único que incluso formó una filial en Chile del ELN para apoyar la lucha guerrillera en Bolivia- “porque sin titubeos, sin vacilación alguna le salió al paso a las campañas calumniosas de Frei y comparsa, sin miedo al chauvinismo”. También agradeció al “movimiento democratacristiano rebelde” que enfrentaba al ala derecha del PDC. Pero a la vez respondió al diputado comunista Orlando Millas por declaraciones de ese dirigente criticando el discurso del líder cubano del 26 de julio de ese año. Dijo Fidel: “El señor Milla, o Millas, coincidiendo con el señor Frei -y ¡qué lejos llegamos por ese camino!- se sintió con el derecho a increpar con ácidas palabras nuestros pronunciamientos. ¡Allá él! No son los únicos en Chile, los únicos elementos seudorrevolucionarios, hay otros que también se han lanzado con una serie de diatribas, dicen que desde posiciones revolucionarias. Ya discutiremos y a su debido tiempo arreglaremos cuentas con esos farsantes también. El Partido Comunista de Chile no ha hecho ninguna declaración solidarizándose con las declaraciones de Millas. Ha participado en los actos de solidaridad y de defensa de la Revolución Cubana, ha hecho pronunciamientos solidarios con motivo del 26 de julio y, en nuestra opinión, no ha adoptado ninguna actitud beligerante contra nosotros. ¿Tenemos que coincidir necesariamente todos los partidos? No. Nosotros no podemos obligar a nadie que piense como nosotros, pero nadie nos puede obligar a nosotros a que pensemos como otros que creemos que están equivocados”. (Ver PF N° 11).
En este escenario de abierta lucha ideológica se formó toda una generación de revolucionarios latinoamericanos. En ella se inserta la revista Punto Final que tomó parte -y escogió bando- en los debates. Desde luego, lo que en esos años considerábamos la forma fundamental de lucha -la lucha armada- fue derrotada en varios países. La más dolorosa ocurrió en Bolivia y costó la vida inapreciable del Che y de sus compañeros. Pero la lucha armada triunfó en otros países. La victoria más resonante de la guerra del pueblo se produjo el 30 de abril de 1975, cuando los revolucionarios vietnamitas entraron a Saigón e hicieron huir con la cola entre las piernas al ejército norteamericano. En Angola tropas cubanas derrotaron al ejército sudafricano en 1988. En América Latina también se alcanzaron victorias: como en Nicaragua (19 de julio de 1979) o se logró un desarrollo excepcional que obligó a firmar la paz en El Salvador (16 de enero de 1992). Esa forma de lucha prosigue en Colombia -desde hace 60 años- sin que las FARC ni el ELN hayan sido derrotados. La vía electoral -criticada en la conferencia de la OLAS- triunfó en Chile en 1970. Salvador Allende, que participó en la reunión de La Habana, fue elegido presidente constitucional para iniciar “una revolución con sabor a vino tinto y empanadas”. Ese proceso pacífico llamó la atención del mundo y, desde luego, provocó la solidaridad activa de Cuba. Pero también hizo detonar la reacción del imperio. Chile no estaba preparado para enfrentar su propia Playa Girón. El golpe del 11 de septiembre de 1973 confirmó la advertencia de Fidel en la OLAS: “Los que crean de verdad que el tránsito pacífico es posible en algún país de este continente, no nos explicamos a qué clase de tránsito pacífico se refieren como no sea un tránsito pacífico de acuerdo con el imperialismo (…). La esencia de la cuestión está en si se les va a hacer creer a las masas que el movimiento revolucionario, que el socialismo, va a llegar al poder pacíficamente. ¡Y eso es una mentira!”. La rica experiencia de la Unidad Popular terminó con la sangrienta venganza del terrorismo de Estado -respaldado por el imperialismo y la derecha chilena- que se prolongó 17 años. En ese período, Cuba acogió a miles de exiliados y apoyó incondicionalmente a todos los que lucharon contra la dictadura, tanto a quienes lo hicimos con las armas como a aquellos que optaron por métodos pacíficos.
La aspiración revolucionaria de los pueblos latinoamericanos -como tenía que suceder- ha vuelto a la carga. Venezuela, Bolivia y Ecuador iniciaron el tránsito pacífico hacia el socialismo. Han retomado el camino que abrió Salvador Allende, pero con toda seguridad sus dirigentes no olvidarán en ningún momento las lecciones que dejó el fracaso en Chile. Ellos se orientan hacia un socialismo que en términos generales caracterizan como socialismo del siglo XXI. Cada país lo hace a su manera, sin anteojeras ni mordazas, sin dogmas ni prejuicios. Inventando, acertando, errando y rectificando en un proceso sin fin de recreación que es propio de la naturaleza liberadora y desprejuiciada del auténtico socialismo. Su eje central es la integración y unidad de América Latina, como lo quiso Bolívar y como lo proclamó la conferencia de la OLAS.
En Chile también deberemos asumir en algún momento esa tarea y ponernos a trazar la silueta de nuestro socialismo. Cumpliremos de ese modo con el deber de todo revolucionario, que es hacer la revolución.

MANUEL CABIESES DONOSO

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 678, 9 de enero, 2009. Suscríbase a PF)

09/03/2009 Posted by | Politica Latinoamerica, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario