America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Gracias Griesa por abrirnos los ojos – Roberto Cavallero


Martes 30 de Septiembre de 2014

Gracias Griesa por abrirnos los ojos

Mejor dignos y desacatados que de rodillas, sin Patria y sin futuro. El juez y sus amigos nos hacen verificar eso en los hechos.

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El desacato que dictó ayer el juez Thomas Griesa contra la República Argentina admite una lectura judicial y otra política. Sobre la primera, hay que decir que no hay en la legislación estadounidense aval para declarar en desacato a un Estado extranjero, más bien ocurre todo lo contrario. Según la ley de “Inmunidades Soberanas Extranjeras” (FSIA), la propiedad de un Estado extranjero es “inmune de embargo, secuestro y ejecución”. Por eso Griesa no multa, porque una orden de sanciones pecuniarias, que afecta las propiedades soberanas, sería imposible de cumplir sin estar violando, a la vez, la propia ley estadounidense que el juez, en teoría, debe acatar.

Además, el derecho y la práctica legal internacional impiden represalias de este tipo. Países como Canadá, Reino Unido, Israel y Australia lo prohíben en sus legislaciones de modo taxativo, la Carta de la ONU habla de la “igualdad soberana de todos sus Miembros” y la Carta de la OEA expresa, de manera tajante: “Ningún Estado podrá aplicar o estimular medidas coercitivas de carácter económico y político para forzar la voluntad soberana de otro Estado”.

Griesa dice que la recientemente aprobada “Ley de Pago Soberano”, medida autónoma que la República Argentina tomó para seguir cumpliendo sus obligaciones con el 94 % de los bonistas que entraron a sus canjes, desconoce su fallo incumplible que exige pagarle a los holdins y a los buitres –el 1%– al mismo tiempo, y se queja porque eso sería, en la extravagante interpretación de su rol en el pleito, un desacato, desconociendo que un tribunal de los Estados Unidos no puede prohibir que un Estado extranjero debata y apruebe normativa propia. De lo contrario, sus facultades serían las de un juez imperial cuya jurisdicción no reconocería límites planetarios. Una exorbitancia, aún para un magistrado de los Estados Unidos. Al menos hasta hoy, la capital de la Argentina sigue siendo Buenos Aires, y no Washington o Nueva York.

Griesa aplica la ley, o mejor dicho, la interpretación que él hace de la misma, como si la Argentina fuera un particular o una empresa. Desconoce que dictar el desacato contra un país soberano como el nuestro tiene derivaciones que lo exceden en sus atribuciones. La deuda con los holdouts que podrían pedir un tratamiento similar al que reciben los buitres en su fallo dispararía de modo reflejo un reclamo casi inmediato de unos U$S 20 mil millones (las dos terceras partes de las reservas del país) y la activación de la cláusula RUFO por centenares de miles de millones de dólares, que haría caer la exitosa reestructuración de la deuda canjeada en 2005 y 2010, y habilitaría la quiebra del Estado Nacional por varias generaciones.

Anoche, el gobierno repudió la medida del “juez municipal” y pidió que Estados Unidos acepte la demanda que nuestro país presentó en la Corte de La Haya para que responda por la actitud destemplada y avasallante de un representante de su Poder Judicial. “La decisión del Juez Griesa no tiene ningún efecto práctico salvo proveer de nuevos elementos que sirvan a la difamante campaña política y mediática llevada adelante por los fondos buitre contra la Argentina”, sostiene el comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores, que lleva la firma de Héctor Timerman. Hasta aquí, la lectura judicial de lo decidido por Griesa.

En términos políticos, puede decirse que el desacato del juez neoyorquino responde a una pésima evaluación de la realidad interna que atraviesa nuestro país por parte de un sector del Departamento de Estado. El kirchnerismo gobernante será, para los diarios que ya sabemos, y que forman parte de la minuta desinformativa del magistrado y los diplomáticos como Edgar Sullivan, encargado de Negocios de la embajada estadounidense, la corporización de un autocracia de tinte populista sin arraigo efectivo en la sociedad, pero la verdad es que las últimas encuestas, entre ellas una de Consultora Equis que relevó 1200 casos entre junio y julio de este año, revelan que el 66,2 % de los participantes se mostró de acuerdo con la forma en la que el gobierno negocia con los fondos buitre, y que el 70,1 % de esa gente votaría al candidato que postule la presidenta Cristina Kirchner. Esa foto refleja, en términos técnicos, un piso del 40% para las elecciones de 2015. Alto, demasiado alto para un gobierno que, según Joaquín Morales Solá o Carlos Pagni, está más cerca del olor a cala que de la resurrección. ¿Quién de los opositores llegaría hoy al 31% de las adhesiones necesarias para evitar que el Frente Para la Victoria gane en primera vuelta con cualquiera de sus candidatos?

El sector del Departamento de Estado que monitorea el fallo Griesa incurre en equivalencias extravagantes. Supone que un desacato dará aire a la oposición local, que multitudes se podrían volcar a las calles como sucedió en Venezuela para derrocar al gobierno, que las marimbas caraqueñas son equiparables a los cortes de la Panamericana que ensaya la izquierda desopilante, que los sindicalistas antikirchneristas gozan de mejor reputación que el más criticable de los funcionarios kirchneristas, en fin, que la guerra de cuarta generación con la que pretenden esmerilar a un gobierno insumiso necesita, apenas, del síndrome portorriqueño de la política doméstica, de la nostalgia de las “relaciones carnales” de otro tiempo y de los foros de lectores de los diarios Clarín y La Nación que destilan una violencia que sueñan con ver trasladada a las calles.

Se equivocan feo. Griesa con su intromisión descarada en la soberanía nacional le acaba de entregar una mochila de plomo a los opositores que desde el primer día lo pusieron en el lugar de la sensatez y, por default, le entregó al gobierno una distinción patriótica que reconfigura todo el escenario político local, empujando a la marginalidad a los espacios liderados por Mauricio Macri, Sergio Massa y Julio Cobos. Ellos no competían para ser concejales del distrito de Nueva York, querían ser presidentes de la Argentina.

Pero para ser presidentes, primero tendrían que reconocer que la Nación existe y que los fallos de jueces extranjeros que atentan contra la propia soberanía la desconocen en la práctica. Así de simple, así de dramático. Es probable que los cerebros del Departamento de Estado se hayan equivocado porque el insumo noticioso que utilizan está contaminado de una exagerada irrealidad.

Las editoriales de Clarín y La Nación delatan un rechazo visceral al kirchnerismo que nubla la realidad de las cosas, incluso para los legítimamente antikirchneristas. Donde el Pentágono ve marimbas y autos incendiados, hay una sociedad que quiere vivir en paz. No sería extraño que la desestabilización que buscan se traduzca finalmente en multitudes saliendo a las calles, aunque no para pedir que el gobierno democrático se vaya, como soñaban, sino para ratificar que entre los buitres y la Patria no hay elección posible.

Mejor dignos y desacatados, que de rodillas, sin Patria y sin futuro. Hacernos ver esto, verificarlo en los hechos, es lo único que, al fin de cuentas, debemos agradecerle al increíble juez Griesa y sus amigos.

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05/10/2014 Posted by | Economía, General, Justicia, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

30 de SEP. [Transmisión completa]. Creación de la Secretaría de Hábitat. Cristina Fernández


CRISTINA CORAJE, NO MANDA DECIRLO, LO DICE ELLA MISMA, CON TODAS LAS LETRAS.. BRAVO CRISTINA, EL PUEBLO TE APOYA!!!

01/10/2014 Posted by | Economía, General, Industrias, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized, Videos | , , , , | Deja un comentario

Los dueños del relato salvaje -por Roberto Caballero


Los dueños del relato salvaje

Quiénes son los economistas más consultados en la radio y la TV argentinas para fabricar, desde la hegemonía comunicacional, las expectativas de todos. Manipulación, reinvención y nostalgias de los 

Ránking - Melconián, D
Ránking – Melconián, D
 

En plena crisis con los fondos buitre, la consultora Ejes de Comunicación relevó cuáles fueron los especialistas en economía más consultados en la radio y la televisión del país, durante julio y agosto. Aunque parezca sorprendente, una década después de heterodoxia kirchnerista con índices más o menos favorables en la materia, la interpretación de los escenarios financieros y el manejo de las expectativas económicas sigue claramente hegemonizado por nostálgicos de los ’90. En algunos casos se trata de ex funcionarios de malos gobiernos. En otros, de columnistas habituales del diario conservador La Nación. Y, los menos, son críticos con mayor o menor saña de las decisiones oficiales.

Aunque difundido de manera incompleta, el estudio de Ejes señala que el más solicitado por los medios relevados fue Carlos Melconian: apareció 40 veces en programas de radios y televisión, entre los que se destacan los de Radio Mitre (ocho veces), de Canal 26 (siete), de FM Millenium y de La Red (cinco veces en cada una). En todos ellos, valga la aclaración aunque sea obvia, Melconian –de quien unas líneas más abajo se adosa una minibiografía– dijo que había que pagarles a los fondos según el fallo de Thomas Griesa.

Segundo en el podio, increíblemente, aparece Agustín D’Atellis, un kirchnerista. Participó de 31 programas, con Canal 26 a la cabeza (cinco oportunidades), CN23 (cuatro), Radio 10 y Del Plata (tres). En todos ellos, D’Attellis salió a decir que no había que preocuparse por el fallo Griesa, que éste no debía afectar la vida cotidiana de la gente y que no estaba de acuerdo con sentarse a negociar y pagar, ya que el impacto sería gravísimo.

La incidencia de la concentración en la formación de precios ha significado, entre 2001 y 2010, que los precios de las industrias oligopólicas (Ramas Altamente Concentradas) se incrementaran un 7,6% por encima del promedio sectorial.
El primero, un liberal. El segundo, un kirchnerista. Pero acá es donde se rompe toda fantasía de equilibrio entre miradas antagónicas y comienza el proceso de concentración que va a terminar direccionando la opinión en un sentido único. Porque el tercer lugar fue compartido por José Luis Espert y Daniel Artana, ambos con 22 apariciones. Espert, muy crítico del kirchnerismo y del peronismo en general, participó sobre todo en emisiones de Radio El Mundo (siete veces), de Canal 26 y de FM Identidad (tres). Siempre recomendando pagarles a los buitres y hablando de default. Artana, a su turno, espada mediática de FIEL, se destacó en sus irrupciones en FM Millenium y Radio Mitre (cuatro veces), y en Radio El Mundo, FM Identidad y Rivadavia (tres). En todos los casos, pidió sentarse con los buitres a negociar. Los siguientes fueron Orlando Ferreres, Aldo Pignanelli, Ricardo Delgado, Matías Tombolini, Martín Tetaz, Guillermo Nielsen y Nicolás Dujovne.

Lo que sigue son breves biografías que permiten saber desde qué lugar hablan los más requeridos por los medios relevados por Ejes, a la hora de explicar qué es lo que sucede en materia económica.

Carlos Melconian: militante entusiasta de la gestión cavallo-menemista en el pasado, hoy es una de las principales espadas económicas del macrismo, partido del que fue candidato. Sobre los años ’90, dejó dicho: “Se trató del período más prolongado y de mayor expansión económica” de la historia. En homenaje a la década perdida, escribió el libro Recuperar la ilusión, donde añora la Convertibilidad. Según el periodista financiero Maximiliano Montenegro -ex Página/12, actual Canal 26-, “fue uno de los principales responsables de legalizar el proceso de estatización de la deuda externa privada, que ideó Domingo Cavallo como presidente del Banco Central de la dictadura. Según consta en los documentos oficiales –siempre según Montenegro–, el joven Melconian, como jefe del Departamento de Deuda Externa de esa entidad, archivó las investigaciones sobre fraudes cometidos por multinacionales y grupos económicos locales con los seguros de cambio a principios de los ’80. El equipo de auditores del Central había detectado autopréstamos, créditos ficticios y otras maniobras dolosas por 6000 millones de dólares. Sin embargo, esas operaciones cuestionadas fueron registradas como legítimas y cargadas a la deuda pública argentina con la invaluable colaboración de Carlos Melconian”. Jorge Lanata, antes de trabajar en el Grupo Clarín S.A., lo cuestionó en su programa por fugar 2,3 millones de dólares al exterior. En las elecciones del 2003, Menem lo tenía en carpeta como ministro de Economía en un eventual retorno suyo a la Casa Rosada. Hábil comunicador, descontracturado en sus formas, suele pasearse por los canales de TV dando cátedra neoliberal, como si no tuviera pasado. Lo hace, semanalmente, como columnista del programa de Marcelo Longobardi, por Radio Mitre, del Grupo Clarín S.A., que tiene la mitad del share de la AM metropolitana.

Agustín D’Atellis: proviene de La Gran Makro. Es especialista en Macroeconomía y Finanzas y profesor de la UBA y la Universidad de Moreno. Junto a Fernanda Vallejos, Alejandro Robba, Andrés Asiain (a quien una funcionaria del PRO en la UBA le quitó recientemente su cátedra) y Santiago Fraschina, integra el grupo de jóvenes expertos que adscriben al modelo económico de la última década.

José Luis Espert: está denunciado ante la UFI 4 de Pergamino, especializada en “violencia de género”, por publicar un tuit donde llamó “hija de puta” a Florencia Kirchner, hija de la presidenta. Tiene un máster en Economía en la Universidad del CEMA. Trabajó junto a Miguel Angel Broda, y fue socio de José María Dagnino Pastore –ministro de Economía de dos dictaduras, la de Onganía y la de Bignone– y Adolfo Sturzenneger –padre de Federico– en la consultora Econométrica S.A. Según la Fundación Libertad y Progreso, liderada por el ex menemista Aldo Abram y Manuel Solanet –secretario de Hacienda de Martínez de Hoz–, es “un apasionado defensor del libre mercado”. El sitio servicial Urgente 24 recogió con algarabía una propuesta suya, de hace muy poquito: “Hay que echar empleados públicos y bajar sueldos.” Escribe en La Nación.

Daniel Artana: hombre de FIEL –fundación financiada por Telefónica y Telecom, entre otras empresas–, fue funcionario en Economía durante la efímera gestión de Ricardo López Murphy, junto a Solanet. Antes de asumir como virtual viceministro de Economía de la Alianza, declaraba: “Si uno mira los números del desempleo en la Argentina, se ve que está concentrado en la gente de baja calificación. Y no es agradable lo que voy a decir, pero es de sentido económico: si el desempleo es muy alto es porque los salarios son muy altos. ¿Qué es lo que pone un piso allí? Que tenemos gente de muy baja calificación empleada en los sectores públicos provinciales y municipales y ganando sueldos que son el doble de lo que les paga el sector privado en esa misma provincia por 48 horas semanales en empleos similares. Lo que impide generar los puestos de trabajo es que está todo el mundo esperando la beca del Estado.” Escribe en La Nación.

Orlando Ferreres: ex secretario de Coordinación Económica durante el primer gobierno de Menem, cargo al que llegó de la mano del entonces Grupo Bunge & Born. Actualmente se desempeña en su consultora, Orlando Ferrreres & Asociados. En 2012, dejó por escrito: “El populismo se caracteriza, principalmente, por generar altas expectativas de consumo a la población con el objetivo de obtener más votos en las elecciones, sin embargo, dichas expectativas van más allá de lo posible. Este tipo de comportamiento genera crisis periódicas, crisis que llegan cuando las promesas consumistas ya no pueden cumplirse dado que las inversiones en infraestructura, energía e industrias no fueron hechas a tiempo. Últimamente, con la democracia de masas, como lo que interesa son los votos, al igual que una empresa que actúa en un mercado de un bien o servicio, lo que se procura por encima de todo es ganar mercado, para lo que hay que obtener un mayor ‘market share’, mayor porcentaje de votos, al menos más de 40%, mucho mejor 45% y sino todo lo que se pueda, arriba de 51%. Hacer ilusionar a la gente es fácil, lo difícil es cumplir en el largo plazo”. Pregunta incómoda para Ferreres: ¿El problema, entonces, es la democracia? Escribe en La Nación. 

Aldo Pignanelli: De viejo vínculo con el justicialismo, integró el directorio del Banco Provincia de Buenos Aires desde 1987 al ’89. Fue subsecretario de Asuntos Municipales de Buenos Aires (1989-1991) y asesor del Directorio del Banco de Formosa (1992-1997). También se desempeñó como secretario de Economía de la Municipalidad de Moreno en los años 1986-1987. En 2002, de la mano de Eduardo Duhalde, llegó a presidir el BCRA, del que fue vicepresidente desde el ’97, los años convertibles, según dice su propio CV. Más tarde tuvo que irse peleado con el entonces ministro Roberto Lavagna. Hoy integra el equipo económico del diputado Sergio Massa, junto a Lavagna.

Ricardo Delgado: titular de Analytica, trabajó en Ecolatina, la consultora de la familia Lavagna. Premiado por la empresa Arcor en el ’93 por “su estudio del impacto de la desregulación económica en la competitividad industrial” y por el Grupo Roggio en el ’98 “por el análisis de los efectos de inversión en infraestructura sobre el desarrollo regional”. Autor de un libro recomendable, La herencia, 30 años de Economía Argentina en Democracia. El periodista Marcelo Zlotogwiazda sostuvo: “Este libro está muy bien escrito, a pesar de que los economistas no se caracterizan por su habilidad con la pluma. La sensación se va generando a medida que uno avanza en la lectura, pero al terminar el libro uno tiene un sabor amargo, porque cuando uno ve en perspectiva estos 30 años advierte que hubo muy poco crecimiento, inferior a países de la zona, generando una sociedad fracturada. En los últimos 30 años, tuvimos dos hiperinflaciones, dos confiscaciones de depósitos, la mayor transferencia de activos y el default más grande de la historia y la crisis del 2001.” Delgado era, hasta no hace mucho, el principal referente económico del massismo, después de una etapa en la que trabajó con Francisco De Narváez. Su figura quedó opacada por las de Martín Redrado, Lavagna, Pignanelli y De Mendiguren.

Matías Tombolini: se graduó como economista en la UBA en 2001. Es integrante del Centro de Iniciativas y Políticas del Socialismo para Buenos Aires, que preside Roy Cortina. Se desempeñó asesor legislativo del Bloque del Partido Socialista en la Legislatura, y participó como orador en eventos del PSOE en Argentina. Entre los años 2004 y 2007 fue funcionario en distintas áreas del gobierno porteño. No es neoliberal, pero tampoco un adherente a las políticas oficiales.

Martín Tetaz: profesor de la Universidad de La Plata, se presenta en su blog como “investigador especializado en Economía del Comportamiento”. Autor del libro Psychonomics, la economía está en tu mente, le escribe cartas al ministro Axel Kicillof, donde le dice: “Estimado Axel (…) te quisiera hacer algunos comentarios. Me gustaría empezar con la crisis del 2011 que desembocó en el cepo.

Tanto en la entrevista que te hizo Página como en la que te efectuó Victor Hugo, hablas de una corrida bancaria y cambiaria preelectoral. Te quiero recordar que no hubo corrida bancaria y que los depósitos del sector privado en pesos, si bien crecieron menos que lo que lo venían haciendo, subieron nominalmente (1862 millones en septiembre y 3512 en octubre). Sí hubo corrida cambiaria, pero a diferencia de lo que vos decís, no fue electoral. 

La prueba de ello es que persistió en noviembre luego que las elecciones habían pasado y el gobierno cosechó un espectacular apoyo político, casi sin precedentes.” Sigue, es interesante. Lo que no se entiende bien es por qué en el primer párrafo niega una corrida que, dos párrafos más abajo, confirma en su existencia. Hace dos semanas, consultado por las reformas a la Ley de Abastecimiento, pronosticó que la Argentina tomaba el camino de Venezuela.

Guillermo Nielsen: Surgido de FIEL, actualmente es el presidente de Strategic Investments S.A y se presenta en su CV como “asesor económico-financiero de corporaciones”. Fue director de ANSES en el 2000 y secretario de Finanzas del Ministerio de Economía y Producción, entre mayo del 2002 y diciembre 2005. Suele recordar que su gestión fue clave para resolver el primer canje de la deuda. En el ámbito privado, se desempeñó en el Grupo Macri, donde llegó a gerente de Creaurban S.A. y estuvo a cargo del planeamiento estratégico de SOCMA entre el ’95 y el ’97. Antes había trabajado en Campbell Soup/Swift-Armour S.A. En junio de este año, vaticinó que la Corte de Justicia de los Estados Unidos apoyaría a la Argentina en el pleito con los houldouts. Eso no pasó. Ahora dice que hay que pagarleS a los buitres como sea. Igual que Macri.

Nicolás Dujovne: durante una década, trabajó como economista jefe del Banco Galicia. Llegó a ser, con 32 años, delegado ante el BCRA del Ministerio de Economía que dirigía José Luis Machinea. En el 2000, viajó a Washington para participar de un seminario del FMI donde se analizó la posible dolarización de la economía. Allí defendió la Convertibilidad y dijo que, en los ’90, la Argentina fue el país que más creció en Latinoamérica. También, que nuestro país trataba de bajar su riesgo soberano en la vieja forma: “Mediante el ajuste fiscal y la continuidad de reformas estructurales.” Hace poco, en una amigable charla con Mariano Grondona, explicó que “los buitres son como los tiburones, cuando se comen a una persona no son ni buenos ni malos: tienen hambre”. El inefable Mariano, sentenció: “Entonces pagamos o pagamos.” Hoy, Dujovne escribe seguido en La Nación.

Se puede concluir que, si no fuera por D’Atellis, la economía de los argentinos estaría contada en su totalidad por especialistas que no comulgan con las ideas del gobierno ni con las del ministro del área, Axel Kicillof. Es lo contrario a lo que sucedía en los ’90, cuando en la mayoría de los programas de la radio y la televisión, los expertos repetían casi como mantra los conceptos del entonces poderoso Domingo Cavallo.

¿Por qué antes los economistas que aparecían en pantalla o en el éter eran oficialistas y ahora son casi todos opositores?

¿Es porque Cavallo acertaba en todo y Kicillof se equivoca en todo?

Quizá las minibiografías anteriores respondan a esta pregunta con alguna precisión. Durante una década, los críticos de hoy, los fabricantes del mal humor y las certezas pesimistas que nos rodean convencieron a todo un país de que el peso valía lo mismo que un dólar. Un relato salvajemente ficcional –más que cualquier cosa que haya dicho el viejo Indec de esta década-, que los grupos económicos aprovecharon para seguir concentrando riqueza hasta que todo estalló por los aires. Los que creyeron, terminaron pagando la crisis.

Los dueños de aquel dogma falso que generó desocupación a mansalva, hiperendeudamiento, destrucción del aparato productivo y exclusión social siguen siendo los dueños del relato económico. Son los más buscados por los medios hegemónicos, los más interesados por hablar y conforman, en los hechos, una cadena de interpretación monopólica, de la que es muy difícil zafar. Que el Estado es malo, que el mercado todo lo resuelve, que el gobierno negocia mal con los acreedores, que la Ley de Abastecimiento es inconstitucional, que hay que devaluar, que hay que bajar la presión tributaria al campo, que hay que achicar el déficit, que la política es populista, que hay que despedir empleados estatales, sacar subsidios y dejar de invertir en ciencia y tecnología porque es gasto, como dijo Macri, esta semana, advirtiéndoles a los científicos que se viene la hora del detergente y la esponja para lavar los platos otra vez.

¿Será que el país de la economía concentrada depende de la palabra monopolizada?

¿Qué sucederá el día que haya cinco neoliberales, cinco D’Atellis y cinco que no piensen una cosa ni la otra, de cara a los micrófonos y las cámaras, en igualdad de condiciones, para contarnos lo que pasa?

Viviremos en una democracia de verdad, sin monopolios. Mientras tanto, habrá que bancarse que los grupos económicos sean los dueños del relato y del sentido de las cosas que pasan.

Hasta que las cosas que pasen, los pongan en su lugar.

Concentran la palabra, también la economía

Una reciente investigación de dos especialistas del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), Hernán Letcher y Julia Strada, descubre las verdaderas razones de la “125 judicial” que el Grupo de los Seis prepara para rechazar el paquete de leyes que busca regular democráticamente las relaciones entre producción y consumo; entre ellas, la que cuenta con media sanción senatorial para modificar la vieja Ley de Abastecimiento.

Letcher y Strada concluyen que la resistencia del establishment “está ligada a la posibilidad de perder privilegios a partir de una mayor regulación estatal en la economía, en este caso tratándose de las cadenas de producción-industrialización-comercialización”.

“El reclamo del poder, con variaciones de estilo y sofisticaciones –continúa el estudio–, cae en el lugar común del establishment económico: el problema es la intervención estatal en la economía, lo que se refleja en el desaliento de la inversión. La solución implica que el Estado deje de arbitrar el ‘partido económico’ y permita que los capitales y los bienes fluyan libremente. De ese modo, habrá inversión, empleo y crecimiento. Ya lo habían planteado meses atrás en el Foro de Convergencia Empresaria, a través del documento ‘Bases para la formulación política del Estado’, donde dos propuestas resaltaban en el apartado ‘económico’ de esta paradigmática declaración de principios: la ‘remoción de los factores que desalientan las inversiones’ y la ‘eliminación de los factores que desalientan, restringen o prohíben las exportaciones’.”

“La primera reflexión es que la ley apunta a equiparar entre quienes tienen poder y privilegios, con quienes no lo tienen”, señalan los autores. Y luego, describen el grado de concentración logrado por los que se oponen a las regulaciones:

En Argentina hay 700 mil empresas chicas y medianas. Y sólo 5000 grandes. La estructura de la economía presenta un funcionamiento condicionado por los grandes oligopolios formadores de precios. El mercado alimenticio es un ejemplo de ello:

* En el caso de la cerveza, las multinacionales Quilmes, CICSA Y CASA Isenbeck se reparten el mercado a través de las marcas Quilmes, Schneider, Heineken, Stella Artois, Brahma, Warsteiner, entre otras.

* En yerba mate el 50% depende de Las Marías, Hreñuk SA, Molinos Río de la Plata y La Cachuera.

* El 78% de los enlatados los produce Arcor.

* El 80% del aceite comestible es acaparado por Molinos Río de la Plata y AGD de Urquía.

* El 75% de la azúcar blanca la produce Ledesma –del empresario procesado por delitos de lesa humanidad, Pedro Blaquier–.

* Dos empresas (Bagley Argentina, grupo Arcor) y la multinacional Kraft controlan el 60% del mercado de galletitas.

* En panificados, Bimbo, multinacional de capitales mexicanos controla el 80% de la producción  a través de las marcas Fargo, Bimbo y Lactal.

* Dos empresas de capital nacional (Mastellone/La Serenísima y Sancor) controlan el 82% de la producción de leche

* Coca Cola y Pepsi controlan el 82% del mercado de gaseosas.

* Cuatro empresas multinacionales (Unilever, Johnson & Son, Procter & Gamble y Reckit Benckiser) controlan el 83% del mercado de productos de limpieza (jabón en polvo, lavandina, desodorantes, detergente, etc).

En la comercialización, la situación no es muy distinta:  

* El Grupo Inc. S. A. (conformado por Carrefour, Día y Carrefour Express) con 600 bocas de expendio en todo el país registró una facturación anual aproximada de 16 mil millones de pesos. Le sigue Cencosud S.A. (Jumbo, Disco y SuperVEA) de origen chileno, con 280 bocas y una facturación de 9700 millones de pesos. COTO CICSA, con 113 bocas facturó 5400 millones. Walmart Argentina S.A (Walmart, Changomás y Changomás Express) con 61 bocas de expendio facturó 4000 millones. Finalmente, el Grupo S.A, Importadora y Exportadora de la Patagonia (donde se encuentra La Anónima, Quijote y Best), con 112 puntos de venta, también rondó los 4000 millones de facturación anual.

La incidencia de la concentración en la formación de precios ha significado, entre 2001 y 2010, que los precios de las industrias oligopólicas (Ramas Altamente Concentradas) se incrementaran un 7,6% por encima del promedio sectorial, mientras que los precios de las Ramas Medianamente Concentradas y las Ramas Escasamente Concentradas retrocedieron un 10% respecto a la media fabril. Asimismo, en el período 2007-2010, las RAC explicaron el 63% del incremento de precios mientras que las RMC y las REC explicaron el 23 y el 12%”.

En el caso de otros rubros, que tienen que ver con los insumos difundidos, el escenario también muestra enorme concentración:

* Siderar, del Grupo Techint –Rocca–, controla la producción de chapas del país.

* Dow Argentina, de capitales norteamericanos, controla toda la producción de polietileno, insumo clave para la industria plástica.

* Dak Americas, de capitales mexicanos, controla toda la producción de PET, otro insumo clave para la industria plástica, como las botellas de gaseosa.

* Aluar, de capitales argentinos, controla toda la producción de aluminio.

* Cuatro empresas (las multinacionales Loma Negra, Holcim y Avellaneda y la empresa de capital nacional Petroquímica Comodoro Rivadavia) controlan la producción de cemento”.

Los que quieran obtener el muy buen trabajo de Letcher y Strada –que no son invitados demasiado seguido para opinar por los grupos de comunicación concentrados–, pueden escribirles al siguiente correo: <info@centrocepa.com.ar>.

Infonews

14/09/2014 Posted by | Daniel Artana, Josè Luis Espert | , , , , , , , , , , | Deja un comentario

El problema de la política – Roberto Caballero


El problema de la política

La pelea de la Argentina con los fondos buitre en la justicia de los Estados Unidos desnudó los límites de la oposición cerril y la apuesta del país corporativo a una presidencia débil a partir de 2015.

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Si algo dejó en evidencia el conflicto activado por los fondos buitre es que la oposición cerril –es decir, la que reduce la política a la pulsión de cazar cleptómanos reales o imaginarios en el zoológico mediático– sólo alcanzó a balbucear “páguenle a Griesa” sin dimensionar las consecuencias de la sumisión a una sentencia lesiva de los intereses del país.

Entre el “capricho ideológico” que hace rato la tiene ensimismada y la “épica antikirchnerista” que amontona como el viento a sus referentes en el córner de la historia donde conviven, desgraciadamente, con banqueros y empresarios en su mayoría cómplices o beneficiarios de la crisis de la deuda, estos opositores –no todos– deambulan por sets televisivos abonando un “sentido común” de las cosas –”hay que pagar como sea”, “la justicia estadounidense es un modelo”, “aunque no la tenga, hay que darle la razón al juez”– que no contempla ninguno de los argumentos del gobierno, como si lo excluyera de la posibilidad de hacer o decir algo correcto.

El suyo es un relato de inmenso vacío. No traduce vocación de poder. Ni ansias de transformación. Desnuda apenas el propósito de administrar a futuro esa especie de consorcio de propietarios inamovibles a través del tiempo, que es como ven al bloque de poder económico. No quieren ser jefes de Estado, sólo gerentes dóciles.

La oposición cerril, la que toma el “sentido común” de las corporaciones, la que cede a su oferta de domesticación, no está comprendiendo que existe otro “sentido común” que se expresa en el kirchnerismo y que, en peleas como las de los buitres, reconecta con aspiraciones populares muy expandidas.
La consultora Poliarquía, que no es oficialista, refleja un crecimiento sostenido de la imagen de Cristina Kirchner por su manejo de la crisis. Una encuesta sobre 1400 casos revela que en junio la valoración positiva era del 35%, la regular del 25%, la negativa del 31% y el 6% no sabía o no contestaba. Un mes después, los números son otros: 47% positiva, un 21% regular, un 25% negativa y los que no saben ni responden llegan al 7 por ciento.

La presidenta tiene antecedentes como buen piloto de tormenta, pero esta vez la rusticidad opositora se la hizo más fácil. Enfrente tuvo dirigentes que reprodujeron, con algunas leves variantes, el discurso de Paul Singer, un especulador que atenta contra el interés nacional por codicia. Es lógico entonces que crezca la imagen presidencial. Pasó cada vez que el kirchnerismo –como esa vez con la fragata Libertad retenida en Ghana– logró instalar en el debate público la cuestión de la soberanía reduciendo la incidencia de otros asuntos que los medios antikirchneristas sobredimensionan, a veces, hasta volúmenes ridículos.

Como si de golpe, el manto de irrealidad que fabrican estas usinas interesadas en erosionar el discurso oficial, cediera ante un sentimiento verdadero y potente que ilumina al conjunto de la sociedad. Nuestro país no será Canadá, tampoco Australia –no todavía–, pero es el único que tenemos, y ante cualquier sensación de ultraje a su autonomía, la figura fuerte de la presidenta aparece como un límite cierto a esas voracidades.

Es fácil advertir también que la dirigencia opositora más perturbada por los focos televisivos rehúye discutir en los términos que propone el oficialismo. Se toma tan en serio lo del país dividido, que cuando la opinión mayoritaria la contradice se refugia en una dialéctica evasiva. En vez de explicar qué harían de distinto para resolver el problema crónico de la deuda y defender en simultáneo la soberanía, tratan primero comprensivamente el punto de vista de Singer & Cía y luego salen monologando de la minería a cielo abierto o el déficit de carne vacuna.

No dialogan con el kirchnerismo. No tienen intención de hablar, aún en situaciones críticas como esta, que lo demandan. Su “sentido común” retacea valor o incumbencia, incluso, a lo que diga un ministro que cosecha aplausos en tribunas internacionales como el G-77, la OEA o la ONU, defendiendo la postura argentina. Quizá porque, de sólo intentarlo, de acudir en solidaria cooperación política, la estrategia digitada por el poder económico que busca la satanización constante de este gobierno, a través de las tapas y zócalos de los medios de comunicación que controlan, se vería mellada. Es sabido: desde la pelea por la 125, al menos, que el oficialismo es presentado en la gran pantalla mediática como una secta de arribistas y rufianes, cuando no como una banda de nostálgicos ideológicos y épicos atolondrados.

Los opositores que atravesaron esta grieta de sentido ficticia, esa zanja de Alsina virtual para reconocer en el kirchnerismo un adversario que lidia con los asuntos de Estado y no un enemigo, se cuentan con los dedos de una mano. El radical Leopoldo Moreau, por caso, se lució al conceder que el tratamiento de la deuda en las gestiones K es un hito democrático, como el Juicio a las Juntas alfonsinista. Eso sí es desafiar el “lugar común” prefabricado para la política por los dueños del poder y del dinero, que no creen en ella. O, mejor dicho, que no creen en cierta política que pueda pensarse por fuera de su influencia determinante.

La oposición cerril, la que toma el “sentido común” de las corporaciones, la que cede a su oferta de domesticación, no está comprendiendo que existe otro “sentido común” que se expresa en el kirchnerismo y que, en peleas como las de los buitres, reconecta con aspiraciones populares muy expandidas.

El escenario preelectoral montado por los medios antikirchneristas es bastante triste para la política. En ninguna de las encuestas conocidas aparece un candidato que supere el 22% de la intención de voto general. Tampoco un kirchnerista puro despega, aunque en este espacio todavía no se conoce cuál será el elegido por su figura más convocante, es decir, la presidenta. El escenario es frustrante. Si se trasladara al 2015, tal como se prefigura hoy, cualquier presidente sería un presidente débil. Sería un festín para las corporaciones.

Cuando un presidente democrático es débil, la democracia entera lo es. Construir mayorías parlamentarias para concretar un proyecto de país distinto, que contradiga relatos y acciones corporativas, no es tarea sencilla. No es para hacer pucheros desde la banca con la muñeca “republiquita”. En estos casos, si la sociedad no empodera al que conduce, el poder queda donde siempre, es decir, del lado conservador del sistema. El kircherismo asumió el desafío, cuando Néstor Kirchner llegó a la Casa Rosada. Logró crecer con una agenda de cambios y transformaciones, en muchos casos radicales, que no se vislumbra hoy en la oferta opositora. También descubrió en el trance lo generosa que puede ser la sociedad cuando las cosas marchan bien y lo mezquina que puede ser cierta política cuando hay que enfrentar a los dueños de casi todo.

La pregunta esencial es si después de una década y monedas kirchnerista, el presidente que surja en 2015, votado en una primera vuelta por el 20 o el 30 % del electorado tendrá la suficiente fortaleza para sostener el universo de derechos sociales, económicos y culturales que se consagraron en esta última década.

El que surge es un escenario hipotético, aunque no improbable, y claramente funcional a los enemigos más encarnizados del tipo de Estado que reconstruyó el kirchnerismo, después de otra década y monedas de neoliberalismo salvaje donde el poder económico hizo y deshizo a su antojo hasta el estallido del 2001. No hay que olvidarse nunca de las secuelas.

La restauración conservadora sueña con archivar la experiencia del kirchnerismo insubordinado entronizando un presidente soso que gerencie la vuelta a un esquema político que, en lo central, no cuestione su renta con planteos populistas.

Después de la anomalía incluyente de los últimos años, sería el retorno a la “normalidad” previa con bolsones de gente que no entran en la bitácora de los derechos. La mayoría de los precandidatos poskirchneristas, al menos por ahora, cumplen con el requisito bastardo de la debilidad. Pero está claro que lo que es una solución para el poder económico, para la política pasa a ser un problema.

La fatiga que un sector de la sociedad manifiesta hacia el oficialismo no se traduce en la elección de un candidato arrasador y exitoso. Tal vez, porque en muchos de los discursos opositores se detecta una prosa corporativa que alude a situaciones ya vividas. En general, bastante extremista. Lo suficiente como para espantar, incluso, a los que se dicen genuinamente antikirchneristas. La prédica de la Sociedad Rural es descarnadamente rentística y sectorial. La del Foro de la Convergencia Empresarial, neoliberal en doctrina. ¿Cómo no percatarse, por ejemplo, que detrás de la airada protesta por la “década depredada” de Miguel Etchevehere, asoma el deseo de recuperar ganancias extraordinarias eliminando las retenciones, es decir, desfinanciando al Estado? ¿Qué proyecto de país pequeño es ese? ¿A quién puede seducir el capricho ideológico de los ruralistas sino a los ruralistas?

El problema no es Etchevehere, que defiende su plata. Pero políticos que dicen lo mismo que él, o que aplaudan su balance chicato sobre la década que pasó, sólo capturan la atención de Etchevehere. No puede ser el discurso de un candidato que aspire a la mayoría. Sí, el de uno que se postule a gerente.

Los del Foro de la Convergencia Empresarial también son una mochila de plomo. Sus integrantes se reunieron en Córdoba para exigirle al Estado que, como solución al gasto excesivo, eche un millón y medio de empleados públicos a la calle. Lo hicieron desde la Fundación Mediterránea que catapultó a Domingo Cavallo al poder en los ’90. Los candidatos que van a sus almuerzos posan alegres comunicando un pasado trágico, el neoliberal.

Como ocurre en la contienda con los buitres, aún los antikirchneristas verdaderos saben diferenciar entre Singer y Cristina. En cuestiones de soberanía territorial o financiera, no hay mucho que discutir de cara a la sociedad. Tampoco cuando la pelea se da de manera nítida, como se dio en este tiempo, entre una economía democrática incluyente y otra corporativa y excluyente. El problema de la vieja política es no querer entender lo primero y mucho menos lo segundo.

Mientras tanto, el poder económico se prepara para ungir a un presidente débil en 2015, que vuelva a introducir en el Estado a los funcionarios dóciles que van a la escuelita del Malba para aprender a decir “Sí, buitre”.

Este es el problema de la política hoy.

La escuelita de Magnetto

Clarín inauguró un ciclo en el Malba –el museo que estaba cerrado el día de la final del mundial para enojo de Beatriz Sarlo– llamado “Democracia y Desarrollo”, bajo la consigna “en todo lo que pensemos puede haber una coincidencia”. A primera vista, es una apuesta del grupo empresario a recuperar parte del legado desarrollista. También una lavada de cara consensual a una marca, la del Grupo Clarín SA, hoy identificada con la antipolítica y el abuso monopólico. Para salir de la situación de debilidad y aislamiento, sus accionistas pensaron este ciclo como la Mesa del Diálogo Argentino que impulsó la Iglesia Católica durante el mandato de Eduardo Duhalde, aunque esta vez el lugar de Bergoglio es ocupado por Héctor Magnetto. Por su tribuna desfilan, con curioso aire de novedad, ex funcionarios, algunos asesores de malos gobiernos y consultores diversos, que repiten los lineamientos neoliberales de los documentos del Foro de la Convergencia Empresarial que reúne a la Sociedad Rural, Clarín, La Nación, Techint, Arcor y la AmCham. Como para que Rogelio Frigerio se revuelque en su tumba. El próximo 12 de agosto, cuando se discuta sobre Vaca Muerta, tienen turno para concurrir el gobernador neuquino Jorge Sapag y los diputados con ansias gerenciales Sergio Massa, Julio Cobos y Hermes Binner. También serán de la partida como asistentes a la escuelita de Magnetto, Juan José Aranguren, de Shell, y Juan Garoby, de YPF.

Los encuentros se televisan por el Canal Metro. Magnetto mismo lo decidió. Pretende ganar así consenso y apoyo político para reiniciar su pelea judicial y no adecuarse a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Otra vez sopa.

El boletín de notas de su escuelita, que refleja el nivel de sumisión de los concurrentes al país corporativo, se reparte todos los días. Con títulos, fotos y epígrafes.
Tiempo Argentino

04/08/2014 Posted by | Economía, General, Justicia, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , | Deja un comentario

Los “Salieris” locales de Griesa juegan con fuego – Roberto Caballero


Los “Salieris” locales de Griesa juegan con fuego
Nunca aciertan, pero siempre presagian lo peor. El acoso de Bonelli a Kicillof. El juez irritado que dobló la apuesta y la violación al derecho de los bonistas. ¿Qué pasará mañana?

Buitres-carroñeros
Algunos creen haber encontrado en Thomas Griesa al padre colérico que finalmente viene a ponerle límites a las insolencias del kirchnerismo. Es asombroso, pero la figura del juez estadounidense, que se irrita porque debe suspender sus vacaciones ante cada audiencia en la que Argentina defiende su soberanía financiera, adquiere estatura de monumento en vida para los analistas que derraman sus fantasías en los diarios opositores. Todo lo que dice y hace Griesa parece salido de La Biblia. Cuanto peor sea para la Argentina, más acertada y providencial sería su decisión. El anciano magistrado, de 84 años, ocupa en los artículos de Marcelo Bonelli, por ejemplo, el mismo lugar de relevancia que Baltazar Garzón se ganó en la historia de la justicia penal universal. Claro que el andaluz ganó prestigio persiguiendo a dictadores, genocidas y violadores de los Derechos Humanos por todos los rincones del planeta. El neoyorquino próximo a jubilarse no: anda en menesteres menos altruistas. Sería como el negativo con toga de Theodore Kaczynski, el “Unabomber”: a su modo, Griesa también puede hacer estallar el sistema, en su caso, el de reestructuración de deudas soberanas a escala global, usando a la Argentina como víctima propicia. Con países en el mundo cuya relación deuda PBI ronda el 200%, a punto caramelo para la quiebra, ¿cómo se llama eso de exigir, tal como lo hace el magistrado estrella de Bonelli en su fallo y en la interpretación del pari passu decretado por la Cámara de Apelaciones de Nueva York, que los bonos buitres se paguen al 100%, sin quita y sin plazos de gracia, en alineamiento automático con las exigencias de esos mismos especuladores financieros? Jugar con fuego, de mínima.

En realidad, hay otra pregunta más acuciante. ¿Los fondos buitre, marginales dentro del sistema financiero, quieren en verdad su dinero multiplicado? ¿Esto es un problema de avivada y simple usura de tipos audaces? ¿O lo que buscan es quedarse directamente con los países, sus activos y riquezas naturales complicándoles la vida con ayuda de jueces indolentes, cuando no cómplices? Desde su poltrona imperial, Griesa juega el TEG con Paul Singer, desconociendo la última e inestable racionalidad sistémica defendida por el FMI, el gobierno de los Estados Unidos, el de Francia, el de Brasil, el de China, el de Rusia y otros 130 países que se pronunciaron en este pleito a favor de la posición de la República Argentina. “Es plata manchada con sangre”, alertó el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, a la vez que denunció que nuestro país “es obligado a pagar una deuda inmoral e ilegítima”. Para ser más precisos, aunque queda claro que Pérez Esquivel habla de la avaricia de los cobradores y del origen espurio de las acreencias, hoy por hoy, de no haber éxito en la negociación, a nuestro país se lo está obligando a que incumpla los pagos. Porque si Argentina paga a todos a la vez como quiere Griesa, reabre la deuda al infinito y defaultea. Si no paga, ocurre lo mismo. Y si paga, y Griesa boicotea el cobro de los bonistas como lo hizo el viernes, nuestro país corre igual peligro de default.

El gobierno tiene 30 días para negociar un acuerdo con Pollack que contemple el bolsillo de los “demandantes” buitre de Griesa.
Ante este escenario minado, cabe interrogarse qué tiene el juez en la cabeza que en las audiencias se queja porque toda esta discusión le interrumpe las vacaciones. ¿Quiere que todos los acreedores cobren? ¿Busca que lo hagan sólo los buitres? ¿O en verdad pretende llevarse puesto todo el proceso de reestructuración argentino que es mirado en el mundo como un ejemplo posible de salida al problema de la deuda? Esto último suena dramático. Lo es. Pero es lo que va a ocurrir fácticamente si Griesa no se replantea la situación. Nuestro país depositó en fecha en el Banco de Nueva York los casi 1000 millones de dólares destinados a los bonistas que entraron en los canjes. Jorge Lanata vaticinó: “Mi interpretación judicial estricta es que Griesa va a embargar los fondos” para pagarle a los houldouts. Muchos pensaron lo mismo, no sólo él. Griesa se había negado a reponer el stay. La realidad desmintió a todos, incluido a Lanata: el juez imprevistamente ordenó al banco que se abstenga de pagar a los bonistas su dinero y la devuelva al tesoro argentino. “Cualquier intento de pagarles a los bonistas reestructurados sin pagarles a los demandantes es ilegal”, sentenció Griesa. En su jerga, “demandantes” es igual a “fondos buitre”.

¿Puede el juez castigar al 92,4% de los bonistas en su derecho a cobrar en tiempo y forma para beneficiar al 1% que ganó el juicio en Nueva York? Pareciera que sí. ¿Puede el Banco de Nueva York (BONY) retornar el dinero que es de los bonistas, no de la Argentina y tampoco de los buitres? “Simplemente tienen que devolvérsela”, respondió el juez neoyorquino ante la consulta del abogado del BONY. Igualmente, sus abogados estudiaron el caso durante todo el fin de semana. Mañana se sabrá qué concluyeron. Están entre cumplir con el juez o con sus clientes. Vaya dilema. Lo concreto, hasta ahora, es que el Tesoro Nacional ya dio por pagada su obligación, en las cuentas convenidas de aquella plaza, por lo tanto, Argentina no entró en default real. Y tampoco desacató la orden de Griesa, pese a lo que diga Bonelli: hay una negociación abierta con los holdouts, y con un mediador, Daniel Pollack, designado por el propio juez. Argentina honró su compromiso, como había anunciado. Pagó, pero Griesa obstruyó el cobro legal de los bonistas. Decidió poner en duda el derecho de propiedad de unos para garantizar el de los otros. El juez les está escamoteando la plata de los bonistas restructurados en sus propias narices. Los fondos están hoy, domingo, en una suerte de limbo. La de Griesa es una resolución inédita.

Salvo que, aunque el juez jure y perjure que su intención no es que Argentina entre en default, la jugada sea otra y de una envergadura monumental: que nuestro país pague primero a Singer –”los demandantes”– 1350 millones de dólares, después 15 mil millones al resto de los holdouts y, finalmente, por añadidura, producto del antecedente judicial creado, otros 120 mil millones a los holdin que reclamen idéntico tratamiento. En este escenario, todos ganarían, claro, menos la Argentina, que retrocedería al 2001 en materia de deuda. La exitosa quita de dos tercios que el país obtuvo en los dos canjes que impulsaron Néstor y Cristina Kirchner se esfumaría definitivamente si Griesa se sale con la suya.

En resumidas cuentas: si los bonistas no reclaman mañana al banco su plata disponible en las cuentas previstas, si el banco no defiende el derecho de sus clientes a cobrar (“el pago es una disrupción de la orden”, advirtió el juez en la audiencia del viernes), si las negociaciones se estancan y no llevan a ningún lado, y Griesa impone finalmente su capricho con la excusa del pari passu en beneficio de los “demandantes”, es casi una obviedad que nuestro país enfrenta una estrategia coordinada para sepultar su política soberana de desendeudamiento.

“Es lindo pelearse con los holdouts”, sentenció en cámara un irónico Marcelo Bonelli, mientras elevaba a Griesa a la categoría de prócer y al gobierno que evitó 900 embargos de los buitres lo hundía en el descrédito. “Cristina intenta ubicarse como víctima política de un complot internacional y ocultar la responsabilidad de la Casa Rosada por la sucesión de errores estratégicos, displicencia y ausencia de profesionalismo en la negociación que lleva a la Argentina a una nueva crisis externa”, escribió el viernes 27, en el “Panorama Empresario” de Clarín, bajo el título “El Gobierno juega con fuego en el borde de otro default”. Se trata del mismo Bonelli que en 2001 elogió el “blindaje”, el “megacanje” y el “corralito”, y que pocas horas antes del diciembre negro donde murieron 37 personas por la represión aseguró que estaba “todo bajo control”. Todavía puede verse en Youtube el reportaje en el que Fernando De la Rúa justificó sus medidas económicas porque Bonelli, en tiempo real, desde Clarín y Telenoche, las catalogaba de “sensatas”.

¿Será que Bonelli responde hoy a los mismos intereses que defendió hace 13 años? Convendría entonces ser cautelosos con la verdadera intención oculta de sus profecías. El “megacanje” aumentó de un día para otro la deuda en 50 mil millones de dólares y produjo casi 60 millones en pagos a comisionistas. Algunos fueron bancos, y los bancos suelen ser generosos con ciertos consultores y ciertos periodistas. Es difícil escapar a esas generosidades.

¿Los ataques a Axel Kicillof, que está a la cabeza de la estrategia defensiva de la Argentina en todo este litigio, son gratuitos? Escribió Bonelli, el viernes, mientras los abogados del país litigaban en los tribunales neoyorquinos: “Entre los banqueros se sostiene que la información confidencial sobre los abruptos giros de Kicillof fue utilizada por inversores para hacer suculentas utilidades financieras en estas acaloradas jornadas. Las decisiones generan subas y bajas en los títulos que fueron aprovechados por fondos de inversión con fluidos contactos con el Palacio de Hacienda.” Nadie en el mercado, ni siquiera los banqueros y empresarios que están en la antípoda ideológica del ministro de Economía a quien el diario La Nación recibió el día de su designación reprochándole su condición de marxista y nieto de rabino, llegó tan lejos como Bonelli en la búsqueda alucinada de asociarlo con algún manejo turbio. Además de instalar escenarios de cataclismos permanentes, Bonelli hace rato que está empeñado en meter cizaña entre el ministro y Juan Carlos Fábrega, el presidente del Banco Central, el otro jugador del dispositivo económico general que conduce la presidenta. Pero en su artículo del viernes da un salto en calidad e introduce una serie de presuntos detalles improbables cuya finalidad se descuenta, por repetida: que Elisa Carrió o Patricia Bullrich se presenten en la justicia para iniciar alguna causa mediática que distraiga al ministro de los asuntos trascendentes que lo ocupan. El affaire Boudou coopera bastante (ver recuadro). ¿Acaso el manto de sospecha es parte de una operación para neutralizarlo? ¿Buscarán ponerlo nervioso en esta encrucijada clave para el país? ¿Qué tan lejos puede llegar Clarín en su meticuloso trabajo de demolición de la postura nacional? Si esto surgiera de alguna usina de inteligencia privada que procura aislar a los funcionarios de la expectativa social podría llevar como título “Operación Buquebús, parte dos”. Por traslúcida, es torpe. Sirve, de todos modos, advertir el juego en que anda el adversario. Griesa está en Nueva York, pero los fondos buitre no tienen fronteras. Ni diarios, ni periodistas, ni políticos, ni operadores que resistan su fenomenal capacidad de persuasión.

A propósito de esto, el psicoanalista Jorge Alemán escribió en Página/12, el mismo día que Bonelli, el luminoso párrafo que sigue: “A pesar del escepticismo que este panorama infunde, todavía se puede pensar que el presente es injusto, pero la historia es el lugar donde la verdad retorna. Por ello, aquellos sermoneadores de la ética en medios hegemónicos salpicados de sangre, aquellos expertos en economía cómplices de lo peor, que recuerdan siempre las ‘reformas estructurales inevitables’, aquellos custodios de la ‘racionalidad’ que advierten día tras día sobre el demonio populista, aquellas izquierdas pseudo republicanas, pseudo socialistas de las ‘bellas almas’ reunidas que gustan denunciar el carácter prosaico del mundo, que no piensen que la cosa va a ser tan fácil para ellos, porque son muchos los que han tejido una memoria común, que los recordarán en su traición.”

Es poco lo que puede agregarse a una descripción tan acertada. El gobierno tiene 30 días para negociar un acuerdo con Pollack que contemple el bolsillo de los “demandantes” buitre de Griesa. Quizá sea poco tiempo. Pero analistas serios del mercado financiero estadounidense admiten que Argentina estaba 5 a 0 en el resultado, hasta que el país recogió adhesiones internacionales y ordenó el pago a los holdin en el BONY. En concreto, Griesa lo obstruye, aunque tampoco embargó los fondos e insiste con el papel del negociador. ¿Se puede hablar de un empate sobre la hora? Es prematuro, está por verse. Hay que observar un dato positivo: Griesa no embargó la plata como se suponía, Argentina todavía no defaulteó y los buitres no cobraron. Sobre la hora, casi, con una jugada de alto riesgo –el pago según prospecto–, la Argentina consiguió un tiempo de descuento y, tal vez, hasta penales. No hay que tener miedo a negociar y hay que negociar sin miedo, aconseja Aldo Ferrer. A veces, lo impensado puede suceder.

¿Un procesamiento oportuno?

Ariel Lijo es como un Griesa de cabotaje. Cuanto más complica al vicepresidente, más elogios cosecha en la prensa opositora. El procesamiento de Amado Boudou era esperado. Independientemente de su suerte judicial en el caso Ciccone, vale detenerse en la oportunidad que encontró el juez para dictar la medida. Argentina enfrenta un litigio internacional por la deuda donde no hay buenos. El éxito del gobierno es el éxito del país y lo mismo ocurre con su derrota. En medio de la tormenta, acorralar penalmente al segundo en la sucesión presidencial no parece inocuo.

Lijo es el juez que dejó impune las responsabilidades políticas en los asesinatos de Maxi Kosteki y Darío Santillán. Esos crímenes cerraron un ciclo abierto con el neoliberalismo en la Argentina. La Masacre del Puente Pueyrredón fue el epílogo trágico de políticas neoliberales que llevaron a la desocupación, la pobreza y al hiper-endeudamiento del país, con “blindaje”, “megacanje” y “corralito” incluidos, brutal paisaje social y económico cuyas secuelas intentaron ser reparadas desde el 2003 por el kirchnerismo en el gobierno.

En 2001 ese sistema injusto y excluyente estalló. Son varios los analistas que aseguran que la derrota contra los buitres en Nueva York haría retornar al país a aquel tiempo. No resulta extraño que en la previa de una resolución tan importante, el magistrado que concedió el beneficio del archivo de la causa a los responsables del asesinato de los dos militantes sociales se apure para procesar al vice de un gobierno que objetivamente trató, por todos los medios a su alcance, que el reloj de la historia avance y no retroceda. Cuando se analiza la situación en su debido contexto, no se puede ser otra cosa que suspicaz con la decisión de Lijo. Eso no hace más o menos culpable a Boudou en el caso de la imprenta. Simplemente nos hace a todos menos inocentes.
Infonews

30/06/2014 Posted by | Economía, General, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

El Tío Tom – Luis Bruschtein


El Tío Tom

Luis-brustein

Por Luis Bruschtein
El Tío Tom (el de La cabaña…) daba consejos: “Si te portás bien, el amo será bondadoso”; y daba a entender que la actitud del amo dependía de la del esclavo. Si al esclavo lo tratan mal, es porque se portó mal. El Tío Tom no podía ver que lo que estaba mal era la esclavitud. Porque para que permaneciera esclavo lo habían convencido de que la esclavitud era natural: hay quienes nacen para amos y otros para esclavos, pensaba. Debía ser sumiso y obediente con el patrón.

Cuando se conoció el fallo de la Corte norteamericana que favoreció a los fondos buitre, dirigentes de la oposición se apresuraron a criticar el discurso oficial sobre estos buitres. Se dijo que había que terminar con un discurso “prepotente” y que ese tono de provocación permanente proyectaba la imagen de un país bananero, lo cual había influido en los jueces supremos del Norte. Algunos de los que hicieron fila para pegarle al Gobierno por el fallo fueron Julio Cobos, Patricia Bullrich, Margarita Stolbizer, Martín Lousteau, Pino Solanas, Hermes Binner y varios legisladores del radicalismo.

Los medios opositores machacaron sobre el tema con un dejo de “yo te lo dije” y “se la buscaron”, como si el fallo perjudicara solamente al Gobierno, como si el Gobierno fuera responsable por ese fallo y como si el fallo fuera una ocurrencia de la Corte. Los medios jugaron con este sentido común de Tío Tom que naturaliza la esclavitud, y la oposición orilló por ese andarivel, a veces por oportunismo y a veces realmente por Tío Tom.

La fuente del mal no está en la actitud del amo, ni en la del esclavo: el mal de fondo está en la esclavitud. Lo que estuvo mal no fue el discurso del Gobierno, ni el fallo de la Corte. Porque los fallos de Griesa y luego el de la Corte fueron congruentes con un sistema económico internacional que está hecho para favorecer a los buitres. Es el sistema que empezó a diseñarse en los acuerdos de Bretton Woods, y que surgió como hegemónico y exacerbado en el mundo unipolar de la Posguerra Fría y la globalización financiera. Pensar que el Gobierno se portó mal porque calificó como “buitres” a esos agentes financieros, y como “extorsión” a sus demandas, habilitadas por el fallo de Griesa, y que entonces el amo representado por la Corte norteamericana le dio un coscorrón con el fallo, es pensar como el Tío Tom. Es mostrar la hilacha de un convencimiento íntimo, ingenuo, casi mágico, por el cual, en el mundo natural, la usura es un negocio legal y sus víctimas se tienen que resignar ante ese hecho de la realidad. Es la mirada inducida, instalada, que explica, por ejemplo, que millones de esclavos pudieran ser sometidos por un puñado de amos. Parecen convencidos de que el fallo hubiera sido distinto si en vez de decir “la extorsión de los fondos buitre”, el Gobierno hubiera hablado de “los derechos de los holdouts”.

La intención de instalar esa mirada está. Apenas se conoció el fallo, Carlos Melconian, Martín Redrado, Federico Sturzenegger y hasta el mismo Domingo Cavallo, y otros economistas con el mismo currículum, invadieron las pantallas de televisión. Los medios opositores los volvieron a convertir en exponentes de la verdad, en los jueces vengativos contra la rebelión. Los apologistas del endeudamiento de los ‘90, los responsables de políticas que llevaron a la crisis más colosal de la historia argentina, fueron convocados por los medios opositores para explicar lo que está mal y lo que está bien. Fueron irónicos y condescendientes, fueron inapelables y superiores. Repitieron lo que siempre dijeron, no hubo nada nuevo, pero en esa resurrección se pudo entrever uno de los futuros posibles: el retorno al pasado de la mano de muchos de los Tío Tom de la política.

La esencia ideológica del fallo de Griesa, y del desinterés de la Corte norteamericana, es la protección de los fondos de especulación frente a los derechos de millones de personas que fueron empobrecidas por esas prácticas y que están representadas por los Estados de sus países. Hay una tradición en la Justicia norteamericana de proteger a las corporaciones norteamericanas que representan la propiedad privada frente a los Estados extranjeros que representan un bien público. El fallo de Griesa no hubiera sido diferente aunque le besaran los pies, como algunos sugerían. El escenario del juez rodeado por los buitres estaba montado antes del discurso de la Presidenta. Fue un circo para humillar a los “argies”.

En contrapartida, la posición argentina se basó en el derecho de los Estados a reestructurar sus deudas soberanas en el contexto de normativas internacionales razonables y en uso. Todo el proceso de reestructuración de la deuda externa fue realizado para salir del default. Por eso evitó decisiones unilaterales –como declarar ilegal la deuda–, las que prometían eternizar un escenario de bloqueo financiero. Cualquier medida unilateral hubiera implicado un default, que es lo que se trataba de evitar.

En cambio, la quita, los plazos, los modos de pago, cada paso fue discutido arduamente con los acreedores y sólo se avanzó cuando se llegó a la aprobación de más de las dos terceras partes de ellos. Es el porcentaje establecido por las legislaciones nacionales cuando se produce una quiebra. Es lo que se respetó y se dio por establecido, aunque no existiera una ley internacional escrita como en las legislaciones nacionales. El resultado de esa negociación tan difícil y dura fue muy ventajoso para la Argentina. Se logró un ahorro neto y porcentual mucho mayor del que obtuvo el presidente Rafael Correa, de Ecuador, cuando declaró ilegal un tramo de su deuda. En ese momento representó la quita más importante en la historia de las reestructuraciones de deuda en el planeta.

Oponer la declaración ilegal de la deuda con la reestructuración exitosa que logró el kirchnerismo resulta muy forzado; y cuando se utilizó de esa manera, generó paradojas. Quien así lo hizo terminó aliado a fuerzas políticas que tomaron esa deuda ruinosa cuando fueron gobierno, para oponerse a la fuerza política que en definitiva logró una quita fenomenal del 70 por ciento.

En esa línea, este falso nacionalismo termina muy cerca de las campañas de difamación de los grupos de poder afectados por esa política soberana. La estrategia que usó la Argentina para reestructurar su deuda generó el rechazo de los prestamistas internacionales, pero al mismo tiempo dividió ese frente. El artículo que publicó ayer el diario norteamericano The New York Times es ilustrativo. Para el diario “es difícil sentir simpatía por Argentina” porque llevó a cabo una “brutal reestructuración, cuando razonablemente podría haber sido más generosa”. Pero advierte que los fallos del juez Griesa y el de la Corte Suprema norteamericana pueden perjudicar “a países cuyos problemas financieros son mucho más graves”. El editorial de este diario conservador confirma que los que se opusieron a esta reestructuración de la deuda con argumentos supuestamente nacionalistas quedaron fuera de un hecho histórico en el tema que les interesa, y que la Argentina aparece en esta batalla legal como exponente de una gran cantidad de países que serán muy afectados según la forma en que se defina esta situación. The New York Times advirtió también que los fallos de Griesa y la Corte pusieron en riesgo el carácter de Nueva York como capital financiera del mundo. Muchos de los países que tomen deuda lo pensarán dos veces antes de decidir pagar en bancos de esa ciudad o aceptar contratos bajo esa jurisdicción que cierra todos los caminos a cualquier reestructuración en caso de crisis.

El discurso de la Presidenta en Rosario por el Día de la Bandera se puso en línea con la estrategia que se inició en el gobierno de Néstor Kirchner. El Gobierno no está empeñado en no negociar. Por el contrario, es el principal interesado en hacerlo. De hecho le ha ido bien cuando lo hizo. Pero no hará nada por este 1 por ciento de los acreedores que ponga en riesgo la reestructuración exitosa que había logrado con el 92,4 por ciento de ellos. Con esos parámetros, cualquier negociación que emprenda será bastante dura. Los buitres también lo saben y por eso tratarán de capitalizar lo más posible sus triunfos judiciales en Nueva York. Podrían empujar al default a la Argentina para condicionar de esa manera al próximo gobierno. Pero el kirchnerismo podría convertir esa crisis en una causa nacional que potencie a sus candidatos y lo mantenga en el poder. Cuanto más se prolongue en el tiempo, el hilo se hará más delgado y comenzará a incidir con más fuerza el debate abierto entre los Estados y los organismos financieros internacionales que buscan dejar una puerta abierta a las reestructuraciones de la deuda externa. Los buitres, a su vez, tratarán de incidir sobre las contradicciones políticas internas, como lo hicieron cuando convocaron a una reunión en San Pablo, Brasil, en abril del año pasado, para financiar a grupos de caceroleros que se movilizaron en el 18-A. El fondo NML, del que participa Paul Singer y el que llevó adelante la causa contra la Argentina en el juzgado de Griesa, financia a la ONG Vital Voices de la que es co-fundadora la diputada del PRO, Laura Alonso. Casualmente fue esta legisladora una de las que recibió con más alabanzas el fallo de la Corte norteamericana contra la Argentina. “Es una demostración de la independencia de la Justicia en ese país”, dijo. Seguramente habrá más situaciones de este tipo que no se han hecho públicas. Todo lo que debilite al Gobierno, es ganancia para ellos.

Las decisiones judiciales pusieron a los buitres en el cenit; es su momento de mayor fuerza. A medida que pase el tiempo comenzarán a incidir otros factores. A la Argentina le interesa negociar. A ellos les interesa apurar definiciones, quieren negociaciones rápidas o desgastar a este gobierno para condicionar a los que vengan. Son varios los escenarios posibles. El proceso recién empieza.

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21/06/2014 Posted by | Economía, General, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

Obligados a dar una vuelta – Roberto Caballero


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La importancia del viaje de legisladores a los EEUU. Una buena oportunidad para discutir qué quiere decir “pensamiento nacional”.

Una comitiva de legisladores oficialistas y opositores parte hoy hacia los Estados Unidos para mostrar el acuerdo del sistema político nacional contra el reclamo de los fondos buitre NML Capital y Aurelius Capital Management.

No se sabe qué impacto causará esta foto ante la Corte Suprema estadounidense que debe expedirse sobre el tema el jueves 12, pero se supone que, en este caso, todo lo que suma no resta. La imagen de unidad que se desprende de esta acción conjunta contradice las minutas periodísticas que los lobistas de Washington y Nueva York reparten entre los cortesanos con profusos análisis sobre la situación de la Argentina, cuyo principal insumo son las notas y los títulos de Clarín y La Nación.

Constituye una novedad meritoria, un esfuerzo loable de parte de los integrantes de un sistema parlamentario que está atravesado, la mayoría de las veces, por peleas de sordos y posicionamientos mediáticos en perjuicio de coincidencias básicas que le vendrían bien al país.

La escena casi infantil de la oposición huyendo frente al jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, que se tomó muy en serio esto de ir una vez por mes al Congreso a informar sobre la gestión, no contribuye al diálogo que reclaman desde los pisos de TV.

El “queremos repreguntar” de los diputados antikirchneristas es pobre como excusa. Antes exigían que el jefe de Gabinete concurriera. Cuando va, lo esperan con un voluminoso interrogatorio de 1200 preguntas. Son 257 diputados. Entonces, para hacer estallar la sesión por el aire, plantean que no los dejan repreguntar, como sí pueden hacerlo los miembros de la Cámara Alta, donde son apenas 72 senadores. ¿Cuánto hubiera durado una sesión en Diputados con 3000 preguntas y repreguntas de 257 diputados oficialistas y opositores?

La intención por abortar el encuentro, más que las ganas de saber, se impuso finalmente, en supuesta represalia a que los diputados oficialistas, en la sesión previa, no dieron quórum para debatir el tema Ganancias en los términos que reclaman las minorías.

Hay mucha mezquindad en la política local y muchas, demasiadas ganas, de aparecer en TV o en Twitter con una frase efectista más que sentados en sus bancas. Los actings de ofensa, las tonalidades dramáticas, la eterna pose de disgusto construyen un lenguaje útil para el desacuerdo e inútil para lo contrario.

Por eso, que ahora viaje una delegación parlamentaria conjunta a los Estados Unidos para rechazar la campaña de los fondos buitre contra el país no es una cosa para dejar pasar. Es una respuesta edificante a los que tratan de demoler cualquier diferencia entre lo importante y lo anecdótico. Es anteponer el interés nacional a las pedestres disputas y artilugios que alimentan la hoguera cotidiana de desencuentros, reales o inventados. Una señal de madurez en medio de tanta política de salita de cuatro.

Al grupo del FPV, con Julián Domínguez, Omar Perotti, Roberto Feletti, Miguel Ángel Pichetto, Gerardo Zamora, entre otros, se suma el FR con Darío Giustozzi; el PRO con –el ahora desprocesado por el Megacanje– Federico Sturzenegger y el peronismo puntano con el ex presidente Adolfo Rodríguez Saá.

Por las suyas, a título personal, es decir, sin el aval del FAUNEN, será de la partida el ex ministro de Economía Martín Lousteau. Al espacio político que integra –la UCR, el FAP y UNEN– le pareció demasiado codearse con legisladores a los que acusa todos los días de pertenecer a una especie de secta de cleptómanos y mitómanos compulsivos. Es duro decirlo, aunque no por eso menos cierto: el FAUNEN –con la excepción de Lousteau– privilegió diferenciarse de sus pares a viajar y defender la posición del Estado Nacional en el tema de la deuda y los holdouts. Eso sí, para que no quede tan grosero y conste en actas, enviaron a la Embajada de los Estados Unidos y a Domínguez una nota en la que expresan su apoyo. Poner el cuerpo les sonó a demasía.

El diputado Claudio Lozano, de Unidad Popular, el partido de Víctor De Gennaro, también se bajó de la comitiva. Su argumento: “No compartimos el enfoque que el gobierno tiene sobre el endeudamiento (…) Somos parte de las causas judiciales que cuestionan los canjes realizados en el año 2005 y 2010 y cuestionamos siempre la prórroga de jurisdicción y soberanía que este gobierno ha tenido y que permite que hoy nos estén juzgando en los Estados Unidos”. A veces, la coherencia se confunde con tozudez.

Menos dudó el centenar de legisladores británicos –sí, británicos– que firmaron una resolución de apoyo a la Argentina, alertando a la Corte estadounidense sobre los efectos negativos de un triunfo judicial de los buitres.

Fueron 106 las firmas que suscribieron el llamado de la red internacional católica Jubileo (¿el Papa Francisco habrá tenido algo que ver?) para denunciar que “los fondos buitre están tratando de presionar a la Argentina a incumplir con los pagos de la deuda externa a través de un juicio en Nueva York”.

Los parlamentarios ingleses, a su vez, promovieron un proyecto de ley para “impedir que los fondos buitre ignoren la reestructuración de la deuda argentina y griega”. En un comunicado, la Red Jubileo señaló que “dos de los fondos, NML Capital y Aurelius Capital Management están demandando a la Argentina en Nueva York por ganancias enormes sobre una deuda que adquirió a muy bajo precio durante la crisis de 2001 (…) Si los fondos buitre ganan el juicio, los prestamistas no tendrán ningún incentivo para negociar reestructuraciones de pagos insostenibles en el futuro (…) Esto enviaría ondas de choque al sistema financiero y tendría consecuencias graves para países con crisis de deudas como Grecia, Irlanda y Portugal”.

Sarah-Jayne Clifton, directora del Jubilee Debt Campaign, afirmó: “Los fondos buitre nunca prestaron dinero a la Argentina. Especularon en una deuda con la esperanza de obtener una ganancia enorme.”

Daniel Ozarow, del Argentina Research Network, uno de los convocantes de la petición, dijo: “Parece increíble que las reglas existentes del sistema de deuda internacional permitan que los fondos buitre impongan un castigo colectivo sobre millones de argentinos en atención a un puñado de especuladores billonarios”.

La actitud de los parlamentarios británicos expone crudamente uno los principales problemas de nuestro país: la baja densidad nacional en la formación de cuadros de buena parte de su clase dirigente. En la batalla de Vuelta de Obligado, hubo argentinos que eligieron los buques ingleses y franceses para derrotar a Rosas. Estaban tan enfrentados al “tirano” que pelearon para cederle el control de las vías navegables interiores a los poderes extranjeros. Varias generaciones después, muchos dirigentes argentinos siguen creyendo que algo malo para el país puede ser bueno para ellos.

Si Argentina entra en default técnico, algunos de los pronósticos catastróficos que alientan los opositores se verán confirmados. Es probable que esto le reste chances al kirchnerismo, electoralmente hablando, y que cierta oposición vea alimentado su sueño de abrazarse al sillón de Rivadavia, pero el costo de este triunfo de los holdouts se pagará con incertidumbre, parate económico y secuelas sociales. ¿Qué clase de oposición es esa, que sólo gana cuando el país pierde?

Todavía no se sabe qué quiere decir el nombre de la secretaría (de Coordinación Estratégica del Pensamiento Nacional) a cuyo frente fue designado el filósof e integrante de Carta Abierta, Ricardo Forster. Se lo anda preguntando Horacio González, director de la Biblioteca Nacional, así que tal vez lo trascendente no sea responder a la pregunta, sino la pregunta misma.

Lo que sí se sabe es que la reacción en cadena de los diarios opositores y sus voceros está motivada por el horror a dos palabras: “pensamiento nacional”. Las traducen como “pensamiento único”, las comparan con la obra de Orwell, y Nelson Castro llegó a decir “esto es Goebbels”, sin importarle mucho que Forster sea judío, de formación marxista y cosmopolita en esencia. ¿Qué tiene que ver el propagandista del Holocausto con una secretaría del Ministerio de Cultura que va a estar encabezada por un intelectual que habla con todos y que fue alumno, entre otros, de José Luis Romero, heredero del linaje liberal mitrista en la historia, aunque después lo haya contradicho? Nada. Pero la operación no es contra Forster, sino contra lo que representa: un gobierno que se pregunta y quiere que nos preguntemos qué cosa es el “pensamiento nacional”.

Les molesta, en realidad, que exista una posibilidad de superar la reflexión binaria del país de la grieta que ellos promueven, que se constituya un punto de encuentro entre tradiciones diferentes pero profundamente atravesadas por sentimientos nacionales. ¿Acaso no quieren que se los juzgue malamente por esa atracción fatal que los empuja a subirse a cualquier buque que pasa, si es antinacional mejor? No es cuestionable la admiración por lo extranjero. En un mundo globalizado, todos somos un poco extranjeros. La pregunta es si admirar y comprender esta realidad necesariamente debe interpretarse como el vaciamiento o ausencia de los intereses nacionales. No le temen a la respuesta. Simplemente los incomoda, los irrita, la pregunta.

La comitiva legislativa que marcha a los Estados Unidos a defender la postura argentina frente al acecho de los fondos buitre es un paso de la política en el sentido correcto, incluso de resignificar la Vuelta de Obligado: ahora están obligados a dar una vuelta. Hay algo que está por encima de las rencillas domésticas: es esa Nación a la que le escribieron Borges y Marechal. La nuestra.

Cuando el oscurantismo gana

Si Clarín y La Nación fueran algo así como The Washington Post, Amado Boudou sería Richard Nixon y el caso Ciccone, la versión local del “Watergate”. Pero son distintas épocas, y distintos los casos y los personajes, aunque haya un empeño exagerado en hallar simetrías. Quizá por eso en Clarín y La Nación festejen que no haya sido televisada la indagatoria.

Independientemente de la suerte judicial del vicepresidente, es verdad que lo poco o mucho que se conoce del expediente en la esfera pública fue ventilado por los dos diarios dominantes. Tan cierto como la evidente animadversión de sus propietarios contra el segundo en la línea de sucesión presidencial del gobierno kirchnerista, del que son opositores acérrimos.

Hubiera sido interesante ver la televisación. Nunca se hizo, es verdad. Alguna vez hay que empezar. Pero parece que somos más conservadores de lo que creemos. Lo curioso del caso es que Clarín y La Nación se hayan opuesto a la propuesta del vicepresidente, de televisar el interrogatorio del juez Ariel Lijo. Uno no se imagina a los periodistas del Washington Post, o de cualquier medio del mundo, negándose a la posibilidad de acceder a los lugares habitualmente inaccesibles o vedados.

Cuando alguien propone transparentar el conocimiento de una causa judicial institucionalmente importante, porque involucraron a un vicepresidente, no sólo se oponen Clarín y La Nación, hasta muchos de sus periodistas se niegan. Es raro. ¿A quién beneficia el oscurantismo de puertas cerradas? A la sociedad y al periodismo que busca la verdad, seguro que no.
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12/06/2014 Posted by | Economía, General, Historia, Justicia, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

Una presidenta entre dos poderes judiciales. Fondos buitre y constitucionalidad de la Ley de Medios.


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28–08–2013 /
Una presidenta entre dos poderes judiciales. Fondos buitre y constitucionalidad de la Ley de Medios.

Por Roberto Caballero

Una presidenta constitucional en ejercicio, elegida democráticamente por el voto popular, es desafiada por dos poderes judiciales, el de Estados Unidos y el de su propio país, para forzarla a tomar decisiones que no quiere ni puede tomar.

Es decir, estos dos poderes intervienen directa o indirectamente en la gobernabilidad del país, pero gracias a la supremacía comunicacional de los medios concentrados, el tema transita el debate público de modo intrascendente.

Lo terrible, lo irremediable, lo que es abordado como un complejo asunto de Estado, es que la empresa chilena LAN debe desalojar un hangar del Aeroparque y hace pucheros.

Vamos de vuelta.

La justicia neoyorquina le exige al gobierno argentino que pague a los fondos buitre barriendo con las consecuencias positivas de un canje de deuda exitoso que reactivó la economía, la producción, el empleo, el salario, las jubilaciones y además generó divisas para cumplir con los bonistas, y no pasa nada. O no pasa mucho.

O, de última, se dice que es una complicación que el kirchnerismo cosecha por ineptitud o testarudez, o por ambas cosas. Eso es todo lo que pasa, según los editorialistas antikirchneristas.

Veamos lo otro. La justicia local le dice al gobierno que las leyes que impulsa y son votadas por mayoría en el Congreso están viciadas de inconstitucionalidad –basta ver la licuación de la reforma que intentó el Ejecutivo–, entrometiéndose en asuntos de legislación como si el Palacio de Tribunales fuera el de Versalles, y no pasa nada.

O no pasa mucho. O, de última, se señala que es lo que el kirchnerismo recoge por ser satánicamente autoritario en su ADN. Eso es todo lo que pasa, según los opinadores del establishment.

Nadie se pregunta, sin embargo, dos cuestiones centrales, que parecen sepultadas por las toneladas de antikirchnerismo bovino que desparrama la prensa dominante.

¿Dónde queda la soberanía nacional? ¿En Times Square?
¿Y la soberanía popular? ¿En Talcahuano y Lavalle?

El gobierno tendrá aciertos y errores. Cada uno puede elegir qué lado de la balanza hace pesar más en su evaluación.

Pero las decisiones que permitieron una década de reconstrucción las tomó en Buenos Aires y no en Washington; y todas y cada una de ellas fueron validadas por el voto popular en elecciones libres y democráticas. Cristina Kirchner encarna entonces la soberanía nacional y popular, guste más o guste menos lo que hace o dice.

Esta idea de que todo lo que hace el kirchnerismo está pésimo y cualquier crítica se ajusta a una verdad incontrastable para poder lapidarlo, es una mala idea que no sólo conspira contra el oficialismo: lo hace contra todo el sistema institucional.

El que hay, el que pudo recomponerse después de 2001. Tiene un tufillo electoral que trata de manera liviana cuestiones bien trascendentes.

Vamos otra vez. En un fallo de claro corte político, un tribunal de justicia de los Estados Unidos acaba de descargar sobre los argentinos, los kirchneristas y los no kirchneristas, un estigma aborrecible: somos “deudores recalcitrantes” después de haber pagado religiosamente miles de millones de dólares de deuda externa durante diez años, con el esfuerzo que sabemos, al 93% de los acreedores que confiaron en la reactivación del país.

Puso en un pie de igualdad a esos acreedores y a los “fondos buitre” que litigan contra la Argentina y exigen que se les pague el valor nominal de los bonos que compraron a precio de remate.

¿Alguien se preguntó qué sucedería si el fallo de la Cámara fuera avalado por la Corte Suprema de los Estados Unidos?

El 93% que aceptó una quita del 75% del valor de sus bonos, volverían a reclamarlo. Y Argentina quebraría su economía una vez más. No por culpa del kirchnerismo: sería una decisión tomada bien lejos de la Casa Rosada.

Por eso no se entiende qué critican los opositores como Martín Redrado, Alfonso Prat-Gay y Carlos Melconian que antes del 2003 apoyaron a Domingo Cavallo en su política de superendeudamiento, antesala del default que todavía pagamos. ¿Qué cátedra quieren dar ahora? ¿Desde qué púlpito? ¿A qué costo social?

¿No comprenden, acaso, que si se llevan puesto al gobierno con la ayuda de la justicia estadounidense y los fondos buitre se llevan también puesta la economía nacional?

También se puede ganar elecciones sin dañar al país. ¿O no es la idea?

Preocupa también el antikirchnerismo latente de algunos de los jueces de la Corte Suprema nacional. Sus últimos acuerdos corrieron el límite de convivencia esperable y atendible entre los poderes.

Esta Corte que ayudó a integrar Néstor Kirchner, dejando en el pasado a la Corte adicta del menemismo, no puede ceder al pavoneo opositor en esta encrucijada histórica.

Con un frente externo complicado, no es de lo más aconsejable que algunos supremos jueguen a ver quién llega más lejos en una pulseada institucional.

Esa es una factura que tarde o temprano todos vamos a tener que pagar, porque acá no hay ganadores y los perdedores se cuentan de a millones.

El máximo tribunal del país también debe tener oídos para aquellos poderes democráticos, aunque estén presididos por opciones políticas que no son de su agrado; y no sólo para la Sociedad Rural y la Asociación Empresaria Argentina (AEA).

Hoy, a las 10 de la mañana, cuando se inicie la audiencia pública convocada para tratar la constitucionalidad de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, se habrán cumplido casi cuatro años de dilaciones judiciales que, en los hechos, se transformaron en una política de sostenimiento de los grupos concentrados de la comunicación, específicamente, del más agresivo a la hora de mantener su posición dominante en el mercado, el Grupo Clarín SA.

Todo este debate estuvo atravesado por los argumentos envenenados del litigante que, precisamente, comanda el armado de la agenda pública de medios en nuestro país desde una formidable y cuestionada capacidad de instalación.

El daño producido a la autoridad del Estado democrático por vía de la justicia cautelar fue y es inconmensurable.

Ha sido una mochila pesadísima de trasladar para los funcionarios y personas con intervención en la esfera de la opinión pública que vieron a lo largo de todos estos años cómo su honra era arrojada a los perros para neutralizar su eficacia e influencia, ahogando o etiquetando las voces disidentes del relato único que impuso Héctor Magnetto.

Los supremos deben saber que ese poder dañino que el Grupo Clarín SA desparramó sobre todos los que osaron desafiarlo, va a volverse recargado si se decide la inconstitucionalidad de los artículos antimonopólicos de la Ley de Medios de la Democracia.

Y no pueden ignorar que más temprano que tarde ese mismo poder que durante cuatro años de demoras judiciales ayudaron a incrementar va a dejar de acariciar sus trayectorias inmaculadas y va a desatar un proceso fulminante de desacreditación cuando ya no necesite de sus fallos amigables.

En 30 años de democracia, hubo 73 proyectos de ley para democratizar la comunicación. Todos fracasaron, menos este. De los autores de los proyectos anteriores quedó poco y nada en el tintero, la mayoría de ellos fueron eyectados de la actividad política, enviados al ostracismo por la trituradora de los medios concentrados.

Es un listado histórico del que la Corte no puede deslindarse. La sociedad no espera un fallo político, kirchnerista o antikirchnerista, espera que los supremos, después de tres décadas de ejercicio democrático, refuercen la idea de que la igualdad ante la ley no es puro grupo.

Esto ocurre en un contexto. No son días fáciles. El frente externo se complica. El interno, se enrarece. Los profetas de fin de ciclo se ceban. Son capaces de darle la razón a la justicia de New York o al Grupo Clarín SA con tal de complicar las políticas de gobierno.

Pero Cristina Kirchner no está sola, porque no llegó sola hasta acá. Hay millones de personas que no quieren perder lo ganado y, mucho menos, la realidad de precipicio que ofrece la Argentina del pasado revestida de novedad.

Los millones silenciosos son los dueños de la soberanía amenazada. Habrá que escuchar qué dicen cuando se pronuncien.

Infonews

29/08/2013 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario