America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

La soledad del manager , por Eduardo Anguita


El CEO de Clarín sabe que en pocas semanas será denunciado penalmente ante la Justicia Penal por delitos cometidos en el marco del terrorismo de Estado. (NA)

eanguita@miradasalsur.com

En 2008, en los primeros rounds de la pelea por la ley de medios, el periodista Samuel Chiche Gelblung contó una anécdota imperdible en el programa televisivo La Cornisa, de Luis Majul. Carlos Menem le había contado a Gelblung algunos pormenores de una reunión con Héctor Magnetto. No conforme con la entrega de Canal 13, el hombre fuerte de Clarín le pedía al entonces presidente una cantidad de cosas que, a juicio del riojano, parecían excesivas. Llegado un momento, Menem lo interrumpió.
–Bueno, entonces quiere sentarse donde estoy yo.
–No. Ése es un cargo menor –fue la breve respuesta de Magnetto–.
Gelblung llevaba por entonces casi una década de liderar audiencia en Radio 10. Desde hace un año y medio está en Radio Mitre y fue uno de los invitados a la reunión que Magnetto organizó el martes pasado en el edificio que el Grupo tiene en la calle Piedras al 1800. Allí estuvieron, desde las cuatro de la tarde, la plana mayor de directivos, Héctor y José Aranda, Lucio Pagliaro y Jorge Rendo, entre otros. Participaron gerentes y editores de todas las empresas del monopolio y hasta Gabriel Cavallo, el abogado de Ernestina Herrera de Noble en la causa que investiga la adopción irregular de Felipe y Marcela. Llamativamente, la que no fue de la partida fue la viuda de Roberto Noble, todavía directora del diario que el 28 de agosto celebrará los 65 años de su primera edición.
Gelblung se disponía a escuchar por primera vez a Magnetto, un hombre enigmático, dueño de silencios y que, además, fue operado hace unos años de un cáncer de laringe y tiene todavía sesiones de foniatría para poder hacerse oír. La voz metálica de Magnetto resulta difícil sólo los primeros minutos y luego es posible seguir el hilo de su discurso. Pero lo que más le impresionó a Gelblung no fue que Magnetto pudiera hablar cuatro horas seguidas, sino que le pareció muy creíble aquella frase de Menem que bien podía haber sido una humorada del ex presidente: para el CEO de Clarín el cargo de presidente de la Nación es algo pequeño.
Más allá de la erudición que pueda haber mostrado o de la seguridad completa que pudo haber transmitido a los asistentes a ese extenso comité central ampliado, el manager está solo y atraviesa su momento más difícil. Magnetto hizo hincapié en que sortearán las notables dificultades empresariales que les plantea la desmonopolización de la empresa, tal como lo marca la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Dijo, para transmitir confianza, que Clarín se va a sobreponer y va a mantener sus posiciones de privilegio. “No vendimos –dijo– cuando nos ofrecieron entre cinco y seis mil millones de dólares y no vamos a vender ahora.” La referencia, parece, era a una propuesta del empresario norteamericano Ted Turner en los noventa. Lo que sucede es que, ahora, los problemas son de otra índole, de otra naturaleza.
Magnetto no sólo tiene que desandar la fusión de Multicanal y Cablevisión que le permite controlar las dos terceras partes de la televisión paga en la Argentina. No sólo aceptó en esa reunión que, tal como muestran las encuestas, Néstor o Cristina Kirchner están en condiciones de ganar las elecciones de 2011, mientras que sus amigos políticos están desacreditados y peleados. De la larga exposición de Magnetto, para los gerentes y editores quedó claro que ningún artículo o nota gráfica, radial o televisiva podrá ser ajena a esta guerra empresarial. Es decir, a los redactores y cronistas que se amparaban en el eslogan del periodismo independiente ahora no les quedará siquiera la fantasía de trabajar por la verdad y sin la injerencia patronal.
El gran problema es que el CEO de Clarín sabe que en pocas semanas será denunciado penalmente ante la Justicia Federal por delitos cometidos en el marco del terrorismo de Estado. Delitos imprescriptibles que lo pueden llevar a un proceso penal para el que contará con todas las garantías de la defensa.

La obsesión de Papel Prensa. Cuatro días antes de que ClarínClarín y La Nación lograron arrebatarle a los herederos de David Graiver, en un proceso tenebroso bien documentado en el libro Silencio por Sangre, de Daniel Cecchini y Jorge Mancinelli.
El jueves, dos días después del cónclave de la calle Tacuarí, a las nueve de la mañana, se llevó a cabo la reunión de accionistas de Papel Prensa. Desde que el Estado decidió que terminaba la impunidad de Clarín y La Nación para manejar esa empresa mixta, las reuniones de directorio o de accionistas son una sumatoria de incompatibilidades. Sencillamente porque por más de tres décadas, Papel Prensa era zona liberada para los accionistas privados.
Así, el jueves, desde las nueve hasta las cuatro de la tarde, el temario no tuvo ningún punto de acuerdo. Los directores del Estado no aprobaron el balance porque no contaba con el dictamen de la Comisión Fiscalizadora. Un trámite imprescindible, máxime cuando están bajo sospecha muchas operaciones con sobreprecios. Luego, los accionistas debían aprobar la gestión de los directores. Por mayoría automática, fue aprobada la de los 10 directores privados y desaprobada la gestión de los directores del Estado. De acuerdo con los estatutos, eso habilitaría un juicio para que, finalmente, esos directores sean apartados de su cargo. Ergo, el Estado podría quedar sin representantes en el directorio.
Esa kafkiana reunión tuvo un momento de humor ácido. Fue cuando, por la tarde y después de no encontrar ni un solo punto en común, el secretario de Comercio Guillermo Moreno sacó unos cascos –los que usan los trabajadores de la planta de Papel Prensa– y dos pares de guantes de boxeo. La escena fue grabada por una cámara interna de seguridad que registraba la escena . Unas horas después, TN y Canal 13 se despacharon con “la nueva amenaza de Moreno” a quien se escuchaba en clave cómica hacer referencias a “casco o guantes-guantes o casco”. Desde ya, Clarín se apropió de un video interno de una empresa y lo emitió a través de sus medios sin pedir permiso. Podría decirse, sin faltar a la verdad, que es una confesión de cómo actúa un monopolio y no sólo una falta de pedido de autorización de emisión. La Nación se apresuró, al día siguiente, a denunciar penalmente a Moreno por “coacción agravada”. Seguramente, cuando pidan las pruebas, el juez podrá corroborar que los guantes habían sido comprados en una juguetería.
Pero estos hechos son irrelevantes ante la grave acusación hecha por Lidia Papaleo, viuda de David Graiver, hacia Magnetto. Esta mujer fue secuestrada, permaneció en un campo clandestino de detención, fue salvajemente torturada y una vez en libertad fue llevada ante una serie de personas para transferir las acciones de Papel Prensa a quienes la dictadura cívico-militar determinaba como nuevo dueños. Papaleo contó ante esta comisión que busca la verdad que Magnetto la miró fríamente a los ojos y le dijo:
–Señora, firme. Están en juego su vida y la de su hija.
Por entonces, Magnetto era un contador en ascenso. Había pasado de ser un empleado adjunto a la dirección de Clarín, a convertirse en el gerente general y su voz sonaba prístina. Ahora, aunque esté superando las dificultades de dicción, no le va a resultar fácil tener que soportar un careo con aquella mujer a la que aterrorizó después de que sus socios militares la habían humillado hasta niveles casi incomprensibles para la condición humana. Es cierto que ahora Magnetto es el principal accionista del monopolio, que desplazó de ese lugar a la viuda de Noble y que con el acto del martes pretendió mostrar que está dispuesto a ir por todo o nada.
Quizá sea cierto que, para cierta mirada, este empresario esté por encima de la función de un presidente. El problema es que en la Argentina de los últimos años, el Estado no es subsidiario de las corporaciones de poder. Entonces no importa que los presidentes sean temerarios, sino que cumplan y hagan cumplir la Constitución y las leyes. Cierta parte de la sociedad cree que se vive algo pasajero y que el poder concentrado de los grupos económicos volverá al centro de la escena. En esa ideología es comprensible que, en privado, un empresario forjado en pleno terrorismo de Estado pueda decir que ocupar la presidencia de la Nación es “un cargo menor”.
Otra parte de la sociedad –y que parece bastante mayoritaria– apoya un Estado activo y quiere que funcionen las instituciones públicas.
cumpla 65 años, en la Casa Rosada, la Presidenta de la Nación va a recibir en un acto público toda la documentación reunida por la comisión Papel Prensa –La Verdad–. En este informe, trabajaron los directores puestos por el Estado (que tiene el 27,46% de las acciones más el 0,6% que tiene la agencia Télam) en esa empresa que Miradas al Sur publicó en su edición de la semana pasada un interesante punto del estudio hecho por Ipsa Mora y Araujo en el cual siete de cada diez consultados considera que bajo la presidencia de Cristina Kirchner funcionan las instituciones.

Miradas al Sur

16/08/2010 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Argentina – El ajedrez del ADN de los Noble por Eduardo Anguita


eanguita@miradasalsur.com

Mientras Gabriel Cavallo, el abogado de Ernestina Herrera de Noble, despotricaba contra la capacidad científica del Banco Nacional de Datos Genéticos (Bndg), Marcela Noble Herrera viajaba al Uruguay para embarcar, ese mismo día con rumbo a Estados Unidos. Allí ya se había instalado quien 34 años atrás la adoptó de modo irregular mientras el diario de su propiedad se constituía en uno de los pilares civiles del Terrorismo de Estado. Esto se produjo el sábado 26 de junio. Curiosamente, el día anterior, la directora del Bndg, María Belén Rodríguez Cardozo, concurría al juzgado federal Nº2 de San Isidro para informar a su titular, Sandra Arroyo Salgado, que las muestras obtenidas el viernes 28 de mayo habían sido manipuladas.
Es evidente que Marcela se iba del país horas después de la burla que sintió la jueza cuando supo que las prendas íntimas de Marcela y Felipe habían sido utilizadas por otras personas para impedir que fuera descubierta su filiación genética. Según testigos presenciales, cuando el personal del juzgado le requirió a Felipe su ropa interior se encontraron con que no llevaba puesto calzoncillo. Sin embargo, una vez que pidió que le dieran vestimenta, solicitó un calzoncillo.
Según la edición de Perfil de ayer, Ernestina Herrera de Noble volvería a la Argentina en estos días. Ejecutivos de Clarín
blindaron toda información a Miradas al Sur en tanto que tienen fluida relación con el diario de Jorge Fontevecchia.

Felipe se casó a fines del año pasado. Hace dos meses nació su primera hija y afirmó que eso “le cambió su vida”. Si bien embarcó a Uruguay una semana después del affaire del calzoncillo, volvió a los nueve días. Hasta el momento de ser escritas estas líneas está en la Argentina y se desplaza con una nutrida custodia. Tanto él como sus abogados son concientes de que la ley autoriza a la jueza Arroyo Salgado a obtener muestras genéticas sin intrusión pero con autoridad. En concreto, de acuerdo a la normativa y la jurisprudencia, los funcionarios judiciales pueden quedarse con ropa interior o cepillos de dientes pero no pueden obtener sangre ni cortarle siquiera un pelo a alguien que, quizá, sea uno de los nietos que buscan las Abuelas de Plaza de Mayo.
La firmeza de la ley para no invadir la vida privada de las personas es una muestra clara del espíritu humanitario de la norma. La burda contaminación de las prendas de aquel viernes 28 de mayo se inscribe en la política del monopolio de obstruir la Justicia y ganar tiempo en esta dura partida de ajedrez que tiene, enfrente, al conjunto de la sociedad democrática y particularmente a los familiares de los 400 nietos que buscan las Abuelas. El tiempo que buscan es concreto: Héctor Magnetto, CEO del Grupo y conductor estratégico de los silencios mediáticos, cuenta con el visto bueno de figuras opositoras dispuestas a echar un manto de olvido sobre esta causa que se tramita desde hace nueve años en los tribunales sanisidrenses. Eduardo Duhalde, Elisa Carrió, Julio Cobos y Felipe Solá son algunos de quienes consideran que sus campañas electorales tienen chances de la mano del monopolio.
La impunidad y el poderío mediático son los flancos fuertes para intentar frenar esta investigación. Quedó en evidencia que el Bndg no manipuló, como insiste Gabriel Cavallo, sino que se encontró con una prueba manipulada. El diseño de esa maniobra es de los directivos y los letrados del Grupo. La ejecución necesitó de la participación activa de Felipe y Marcela, quienes con esa conducta dejaron de ser sólo posibles víctimas de falsificación de identidad para asumir un rol mucho más complejo y contradictorio como es el de tomar partido por las decisiones de la conducción de la empresa cuya accionista mayoritaria es quien los adoptó irregularmente.
Los abogados del Grupo afirman por lo bajo que Marcela no es hija de desaparecidos y que, probablemente, Felipe tampoco lo sea. La falta de seriedad de ese argumento contrasta con la decisión de impedir que el Bndg pueda determinar la verdad.
El dato cierto es que Marcela fue a Estados Unidos y que se preparó durante años para asumir funciones directivas en el Grupo. Si tanto ella como Ernestina deciden en algún momento considerar su viaje como parte de un exilio forzado por un gobierno que las persigue es todavía materia de ciencia ficción, pero hay una gran diferencia entre una y otra: Ernestina, probablemente sepa el origen biológico de Marcela, mientras que ella creció en un ambiente que naturalizó que de ciertas cosas “no debe hablarse”.
La sorpresa que causó la frialdad que se esconde detrás de fraguar pruebas exponiendo a Felipe y Marcela, debe hacer pensar que sus estrategas son capaces de jugar con celadas propias de un ajedrez donde uno de los contendores no tiene apego por la Verdad y la Justicia mientras que el otro debe ser consecuente con los principios humanitarios que fueron el origen de sus luchas. Nadie imagina a Estela de Carlotto pergeñando una jugada inmoral. En cambio, Magnetto y Herrera de Noble pueden volver a confundir a la opinión pública. No sólo por su poderío mediático sino porque saben cosas de Felipe y Marcela que el resto no saben.
Pero en estos años la sociedad argentina avanzó mucho en el camino de recuperar la dignidad. Hasta el momento, la gran mayoría de los nietos que recuperaron su identidad lograron romper las corazas impuestas por quienes les fraguaron sus orígenes. El de estos dos jóvenes podría resultar similar –o diferente– en función de múltiples variantes. Una de ellas es decisiva: la posibilidad de que las familias humilladas por el secuestro de bebés durante la última dictadura los localice y, al mismo tiempo, que la identidad genética irrumpa en quien vivió la supresión de su origen y se produzca el milagro de la vida; es decir, que un ser humano, de modo tardío, pueda reencontrar sus raíces.
Esa posibilidad, apasionante para la mayoría de las culturas y tradiciones humanas, choca con los intereses del Grupo Clarín y una cantidad de políticos y abogados que relativizan o se burlan de la tragedia que significó la última dictadura cívico militar.

Los orígenes. Magnetto llegó a Clarín cuando gobernaba el dictador Alejandro Lanusse y Ernestina de Noble estaba encaminada a jugar fuerte en el proyecto Papel Prensa. Por entonces, Magnetto estaba “adscripto a la dirección”. En 1975, cuando tenía jóvenes 31 años, se convertía en gerente general de Clarín Agea. Una potente comisión interna había logrado una serie de mejoras laborales en ese año, entre ellos una muy buena paritaria bajo la órbita de la conducción combativa del gremio de prensa. Oscar González, actual secretario de Asuntos Parlamentarios de la Jefatura de Gabinete, formaba parte de la comisión interna de Clarín y recuerda que en diciembre de aquel año, cuando faltaban menos de 100 días para la concreción del golpe, tuvieron conocimiento de que los ejecutivos de Clarín entregaban las fichas del personal y especialmente de los militantes, a los servicios de inteligencia del Estado y de las Fuerzas Armadas. Eran los tiempos en que el líder radical Ricardo Balbín advertía la existencia de “la guerrilla industrial”. El 2 de febrero de 1976, la empresa echó a los 13 miembros de la interna y, una vez consumado el atropello a la Constitución, los despidos llegaban a dos centenares. La limpieza del frente interno era el mensaje para quienes se quedaban en sus puestos de trabajo. A partir de eso se explica por qué pudieron titular Nuevo Gobierno el 25 de marzo y por qué en las páginas de ese diario ningún periodista publicó una sola línea sobre lo que pasaba realmente en Argentina.
Pasados 34 años, en un escenario donde se juzga a los genocidas y donde se respetan la libertad informativa y los derechos humanos, Clarín es un pulpo informativo cuyo talón de Aquiles consiste en no informar la verdad sobre los temas que sus empresarios deben mantener en secreto para evitar consecuencias judiciales. Cuentan para ello con algunos abogados que antes fueron eficaces en sus vínculos con la Justicia y que ahora sólo pueden tirar sus dardos envenenados contra los mejores defensores de los derechos humanos o dar apoyo (in)moral a quienes en realidad deberían saber, de una vez por todas, cuál es su identidad de origen.
Esta metafórica partida de ajedrez tiene muchos puntos oscuros. El pueblo necesita saber de qué se trata. La comunicación no puede ser patrimonio de un grupo monopólico que recurre a falsedades. Si esta causa que por ahora sólo conmueve a círculos politizados y de derechos humanos, cobra dimensión popular, estamos ante la posibilidad de dar un paso importante contra la impunidad.

Miradas al sur

05/07/2010 Posted by | General, Historia, Medios de Comunicaciòn, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario