America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

La estrategia para el regreso de la “larga noche neoliberal”


La estrategia para el regreso de la “larga noche neoliberal”

Los grupos y ONG que buscan en la Cumbre de Panamá torcer el rumbo de los gobiernos populares. Alianzas ideológicas y en algunos casos negocios en común, los paradigmas que identifican a los grupos de la derecha que desde sectores políticos y mediáticos crean zozobra en la región.

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La derecha latinoamericana pretende recuperar el poder que supo detentar durante tantos años. Volver, como alguna vez calificó el ecuatoriano Rafael Correa, a la “larga noche neoliberal” de los ’90. Con el apoyo de Estados Unidos y en pleno desarrollo de la Cumbre de las Américas en Panamá, una extensa red de dirigentes y fundaciones decidió embestir contra los gobiernos populares de la región para impulsar a sus propios representantes. A pesar de pregonar la defensa de la “democracia” y el “respeto a las instituciones”, se trata de una telaraña de políticos con un oscuro prontuario de apoyo a maniobras desestabilizadoras y golpes de Estado. Hoy, su principal objetivo parece ser el de derribar al presidente venezolano Nicolás Maduro, identificado como el nuevo enemigo de la Casa Blanca. Pero van por más.

Todo ocurre en un contexto global delicado, mientras Barack Obama negocia un restablecimiento de las relaciones bilaterales con Cuba, al tiempo que se enfrenta duramente con Venezuela. Un país que, junto con Brasil y Ecuador, en las últimas semanas denunció intentos de desestabilización orquestados por los medios de comunicación y la oposición local. También es clave lo que ocurre al otro lado del Atlántico: los partidos fenómeno de la izquierda europea se referencian cada vez más en los procesos políticos latinoamericanos, lo que genera que las fuerzas conservadoras estigmaticen a gobiernos como el de Maduro para deslegitimar y horadar el crecimiento de Podemos, en España, y Syriza, en Grecia.

Por eso no es extraño que el ex presidente español Felipe González, uno de los lobistas en la época de privatizaciones del menemismo, decidiera hacerse cargo de la defensa de dos dirigentes de la derecha venezolana detenidos por instigar actos de violencia y promover un golpe de Estado contra Maduro: Leopoldo López y el ex alcalde de Caracas, Antonio Ledezma. Tampoco sorprende que la red de políticos neoliberales latinoamericanos sea liderada por otro ex presidente ibérico, José María Aznar, quien junto a 25 ex mandatarios de la región aplaudió las presiones ejercidas por EE UU contra el gobierno venezolano y señaló la existencia de “una alteración democrática” en el país bolivariano. Aznar y George Bush fueron los únicos dos que reconocieron el gobierno surgido del efímero golpe contra Hugo Chávez, justamente el 11 de abril de 2002.

Aznar hizo pública su postura esta semana a través de un texto divulgado en Madrid y firmado por el ex presidente argentino Eduardo Duhalde, el chileno Sebastián Piñera, los colombianos Álvaro Uribe y Andrés Pastrana, y el mexicano Felipe Calderón, entre otros. Todos fieles exponentes del neoliberalismo, que durante sus gobiernos poco contribuyeron a profundizar la democracia real, entendida como la ampliación de derechos y oportunidades para las mayorías.

Piñera, discípulo predilecto de la Universidad de Harvard, fue un férreo opositor a la universalización de la educación pública y gratuita en su país. Duhalde, quien creció al calor del menemismo, era presidente durante la feroz represión del Puente Pueyrredón, en la que fueron asesinados Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. Uribe, de estrechos lazos con la Casa Blanca, fue denunciado por recibir financiamiento de grupos paramilitares. Y Calderón inició en suelo azteca la llamada “guerra contra el narcotráfico”, que propició la militarización de las calles y la desaparición de más de 12 mil personas en seis años de gobierno.

Los prontuarios de cada uno de estos dirigentes podrían ocupar varios libros. Pero no son sólo nombres propios los que componen la red de la derecha latinoamericana. Detrás de las caras conocidas aparece un grupo de fundaciones que, como dice la reconocida investigadora Stella Calloni, está llevando adelante una “invasión silenciosa” en el continente. Se trata de un grupo de organizaciones que se muestra como “la cara social de la CIA” y que está directamente financiado por EE UU y Europa.

“Lo común entre todas las organizaciones es que comparten los mismos nombres en sus juntas directivas y comités asesores, además de los mismos financiadores y patrocinadores, lo que los convierte en un verdadero ejemplo de una telaraña imperial”, asegura Eva Gollinger, una abogada, escritora e investigadora estadounidense-venezolana, autora de La Telaraña Imperial: Enciclopedia de Injerencia y Subversión.

Una de esas organizaciones es la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), presidida por Aznar y uno de los tantos tentáculos que tiene el derechista Partido Popular (PP) de Mariano Rajoy en España para esparcir su visión conservadora de la política y la economía. Se trata de un foro que apoyó el golpe de Estado contra Chávez y que compartió varios actos con la Fundación Pensar, el think thank del PRO y su líder, Mauricio Macri, en la Argentina. Los encuentros se dan todos los años y en el primero de ellos, en 2008 en Rosario, participaron el ex secretario estadounidense para América Latina, Roger Noriega, y el escritor Mario Vargas Llosa, conocido internacionalmente tanto por sus obras literarias como por sus posturas neoliberales.

Otra organización que apoyó el golpe de Estado contra Chávez es el Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad (CEDICE), que se presenta en su sitio web con una cita del gurú neoliberal Milton Friedman y dice defender “la libertad individual, la iniciativa privada, los derechos de propiedad, el gobierno limitado y la búsqueda de la paz”. Su objetivo central es “la divulgación del pensamiento económico y político que otorga prioridad a la libre acción”.

La organización nació en Venezuela, pero recibe un importante apoyo económico del extranjero. En particular, del Centro para la Empresa Privada Internacional de EE UU (CIPE, por sus siglas en inglés), que opera como el brazo empresarial del Departamento de Estado y de otras dos conocidas fundaciones: la Fundación Nacional para la Democracia (NED) y la Agencia de Desarrollo Internacional de EE UU (USAID), expulsada de Bolivia el año pasado, cuando el presidente Evo Morales la denunció por “injerencia” en asuntos internos.

Muchas de estas organizaciones operaron dentro de las subcumbres que se realizaron antes de la Cumbre de las Américas que comenzó ayer y finalizará esta tarde en Panamá. Una de ellas es el Centro de Investigación y Capacitación de Emprendedores Sociales (CICES), que aprovechó la ocasión para organizar el IV Foro de Jóvenes de las Américas, donde la derecha regional lanzó sus habituales críticas contra los gobiernos de Cuba y Venezuela. La presidenta de CICES, la argentina Micaela Hierro Dori, es una ex funcionaria del PRO que se formó en la Georgetown University bajo el Global Competitiveness Leadership Program, una verdadera usina de líderes de la derecha internacional.
Durante su estadía en Panamá, Hierro Dori reconoció, a través de un audio filtrado, que el evento organizado por el CICES buscaba conseguir “algo de dinero extra del Departamento de Estado porque ellos quieren armar algo grande”. La mujer es, además, fundadora de la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia en Cuba, un organismo dedicado a fustigar a la revolución comandada por Fidel y Raúl Castro.
En los últimos tiempos, este tipo de organizaciones, al igual que los representantes de la nueva derecha latinoamericana, optaron por una estrategia: adoptar un discurso lavado, a favor de los “Derechos Humanos” y la “democracia”, sin dar muchas precisiones sobre su verdadero pensamiento político y económico. El mejor ejemplo es Macri, que según su precandidata a jefa de gobierno Gabriela Michetti, es un hombre “cero ideologizado”. Un mito que se derrumba rápidamente cuando el candidato presidencial para los comicios de octubre dice que hará todo lo posible para que en Venezuela “se restablezca realmente un gobierno democrático”. «

La fundación pensar

El pasado 26 de marzo, Mitzi Capriles, esposa del encarcelado alcalde venezolano Antonio Ledezma, y Lilian Tintori, mujer del también preso dirigente opositor Leopoldo López, visitaron Buenos Aires. Durante su estadía fueron bien recibidas por el líder del PRO, Mauricio Macri, quien se mostró preocupado, una vez más, por la situación en el país gobernado por Nicolás Maduro.
Además de formar parte de la Fundación Pensar, el precandidato presidencial cuenta con una ONG llamada Grupo Estela (Estudios Estratégicos Latinoamericanos), dirigida por el ministro de Educación de la Ciudad, Esteban Bullrich, y el sub secretario de gestión económica, Carlos Regazzoni. Ambos trabajan intensamente en la campaña contra Venezuela, siguiendo los lineamientos de los think thanks estadounidenses.
Según un informe publicado esta semana por la CTA, el Grupo Estela reúne en su interior a un puñado de jóvenes expertos en temas de relaciones internacionales, economía y políticas públicas, que el PRO utiliza para generar papers y documentos de situación sobre la realidad local y latinoamericana. Mercedes Renó, Nadia Kreizer, Sergio Caplán y Laura Dadomo son sólo algunos de sus integrantes, la mayoría provenientes de universidades privadas como la UCA o Austral.
Acompañan también esta iniciativa de la derecha regional otros cruzados del PRO, como la diputada Cornelia Schmitd-Lierman, Federico Pinedo -asiduo visitante de la embajada de Estados Unidos-, el rabino Sergio Bergman y Jorge Triaca. El detenido Antonio Ledezma y la vocera de la ultraderecha María Corina Machado figuran como miembros de honor de la ONG.
En su última reunión, los expertos de Estela trataron la situación que vive Venezuela y llegaron a la conclusión de que “hay tres escenarios a futuro”: uno “menos probable”, en el que “Maduro flexibiliza el régimen para finalizar su mandato”; otro en el que el presidente “endurece su posición y aumenta su aislamiento”; por último, uno en el que “Maduro finaliza su mandato en contexto de crisis institucional”.

GOLPE

Justo un 11 de abril, pero de 2002, Aznar y George Bush (hijo) fueron los únicos en reconocer al efímero golpe contra el presidente bolivariano Hugo Chávez.
Infonews

11/04/2015 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 1 comentario

Argentina – El árbol y el bosque


[29/07/2010 | 21:43] La súbita preocupación del autodenominado Grupo A por la justicia social resulta, aparentemente, incomprensible dada su férrea oposición a todas aquellas medidas tomadas por el Poder Ejecutivo tendientes a desmontar la herencia del neoliberal-conservadurismo desde 2003 a esta parte.

Para comprender esta aparente paradoja hay que ir más allá del debate alrededor del objetivo de lograr el 82 por ciento móvil de las jubilaciones.

Hay que mirar el proceso político más general, inscripto en la batalla fundamental del actual período histórico: desandar los caminos empujados a partir de la dictadura genocida desde 1976. La etapa abierta allí fundó un nuevo régimen de acumulación apoyado en el terrorismo de Estado. Como bien denunció Rodolfo Walsh en su Carta Abierta a la Junta Militar, el aniquilamiento masivo contra los cuerpos y el despojo de los bienes y los derechos de los militantes populares tuvo un sentido que trascendía esos crímenes horrendos: “Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”.

Ese plan, instrumentado para la región por golpes de Estado sangrientos en los años setenta, abrió las compuertas para la instalación de los proyectos neoliberal-conservadores, y el año 2001 expresó en nuestro país un agotamiento de ese proyecto de orden social.

¿Qué región y qué país encontró ese fin de ciclo?

Una América Latina desunida, subordinada a los mandatos imperiales de Estados Unidos, que transitó irresponsablemente por las calles de las “relaciones carnales” y la imposición de las fórmulas ruinosas del Consenso de Washington.

La aplicación sistemática de esas fórmulas se expresó en procesos de concentración y extranjerización de la economía, subordinación a los vaivenes del mercado financiero internacional, elevadísimos costos sociales en términos de desigualdad, exclusión, desempleo. Cualquier indicador social revela los efectos catastróficos que ratifican los pronósticos de Rodolfo Walsh.

En términos económicos, el modelo de acumulación se fundó en políticas exportadoras en detrimento del mercado interno, desplegando una economía de servicios -a expensas de una economía productiva- con sus consecuencias en términos del nivel y calidad del empleo.

La privatización de las jubilaciones resultó no sólo un mecanismo fraudulento contra los trabajadores aportantes sino un muy eficaz dispositivo de vaciamiento del Estado, convertido en garante, en última instancia, de administradoras que estimularon irresponsablemente un capitalismo especulativo.

Todo este proceso supuso también una reconfiguración del papel del Estado, asumiendo el rol de garante de negocios del capital transnacional y sus aliados vernáculos, que se apoderaron vía privatizaciones del patrimonio público construido con el esfuerzo de generaciones de argentinos.

Las políticas sociales de vivienda, salud y educación propendieron a procesos de mercantilización y abdicación por parte del Estado nacional en materia de garantías de derechos.

Cuando se impuso la Alianza, en 1999, continuó con la misma política, y muchas de las figuras estelares del denostado (por la Alianza) gobierno menemista integraron las filas del nuevo oficialismo. La figura paradigmática de Domingo Felipe Cavallo es apenas un botón de muestra de los elencos estables de las políticas neoliberal-conservadoras.

Todavía está fresca en la memoria la reducción nominal del trece por ciento de los salarios estatales y las jubilaciones, que avalaron la entonces ministra Patricia Bullrich y el antaño secretario de Desarrollo Social y actual senador, Gerardo Morales.

Los hechos del 19 y 20 de diciembre fueron una suerte de corolario dramático de aquel ciclo.

El desempleo entonces rondaba el 25 por ciento; la pobreza, el 52 (con el agravante de que si tomamos el universo de niños, adolescentes y jóvenes el indicador se ampliaba al 74 por ciento); la desigualdad era inédita y exasperante.

Medidas que construyen

Fue Aristóteles, un gran estudioso de las sociedades de su tiempo, quien definió a la democracia como el gobierno del mayor número de personas a favor de los más débiles de la sociedad.

Las medidas implementadas desde 2003 nos permiten ver una orientación general que va en dirección a la construcción de una sociedad más democrática, en el marco de un proyecto de unidad regional y de articulación Sur-Sur.

La política exterior renunció expresamente a las “relaciones carnales” con Estados Unidos y promovió activamente la unidad de los países de nuestra América. La elección de Néstor Kirchner como secretario general de la Unasur, tal vez, expresa ese reconocimiento unánime de la región.

En el plano institucional del Estado, reconocemos especialmente el cambio de la Corte Suprema. Esta decisión constituyó una valiosa reconstrucción de un instituto que, en los noventa, fue transformado en soporte y garantía de la impunidad y el privilegio como política de Estado.

En un sentido convergente, el impulso a las políticas de memoria, verdad y justicia ha sido fundamental para la aceleración de las causas por genocidio y la tardía, pero muy valorable, aplicación de justicia.

La política económica se reorientó al estímulo de la producción, y esas definiciones generaron más de cinco millones de nuevos puestos de trabajo en los últimos siete años. Lo pendiente -aunque hay avances en esta dirección- es el mejoramiento de la calidad de los empleos, profundizando el concepto de “trabajo decente”.

La distribución del ingreso entre capital y trabajo avanzó en equidad, y la brecha de la desigualdad se redujo, pero de modo limitado. Este punto también constituye una asignatura pendiente, aunque caben reconocer pasos que van en esa dirección.

Y si en algo el Gobierno dio muestras concretas de su voluntad reparadora, fue en las políticas sociales que viene implementando, aun con las contradicciones, tensiones, disputas y dificultades de remontar un escenario devastado por un cuarto de siglo de políticas estatales para la desigualdad y la exclusión.

En el segmento de la niñez, la Asignación Universal por Hijo constituye una medida de las más progresivas y justas de los últimos sesenta años. Es curioso que quienes hoy se rasgan las vestiduras por el 82 por ciento móvil hayan expresado del modo que pudieron su oposición a esta medida.

Las nacionalizaciones promovidas por el gobierno nacional, como Aerolíneas o la recuperación por parte del Estado del sistema previsional, fueron impugnadas por la misma oposición que hoy reclama mejoras en los haberes jubilatorios.

Con relación a nuestros jubilados y pensionados, también la acción de gobierno demostró, hasta hoy, una orientación inequívocamente democratizadora: dos millones cuatrocientos mil nuevos jubilados que no estaban incluidos en el sistema por diversas causas, aumentos progresivos y la sanción de una ley de actualización de haberes.

Proyecto de País

Mientras que el Gobierno avanzó en la dirección correcta -aun con las insuficiencias que fueron señaladas arriba y otras que exceden el sentido de estas líneas, la oposición vociferante resistió cada una de las medidas progresivas sin otras razones que desgastar al Poder Ejecutivo.

El alineamiento con el monopolio mediático, la oposición a las nacionalizaciones, las críticas a la Asignación Universal por Hijo o los gritos desaforados contra la relación con Venezuela constituyen parte de un mismo proyecto restaurador neoliberal. Por este motivo, suena increíble la demanda del 82 por ciento móvil proviniendo de quienes, siendo gobierno, ajustaron, privatizaron, excluyeron; y quienes siendo oposición resisten las medidas gubernamentales que apuntan a fortalecer la justicia social.

El hecho adicional de que los proyectos de actualización del 82 por ciento móvil carezcan, en general, de la explicitación de fuentes de financiamiento sustentables en el tiempo, hacen pensar que el sentido de esta intervención sigue siendo limar al gobierno nacional.

El Bloque Nuevo Encuentro, que integro, coincide con el objetivo de restituir el 82 por ciento, pero para que esto sea posible es preciso instrumentar otras medidas. La restitución de los aportes patronales para las grandes empresas -que el Grupo A, seguramente, no apoyaría- o la continuidad de las retenciones -que, paradójicamente, la oposición derechista apuesta a derogar- son pasos que permitirían avanzar en el sentido planteado. Allí van las ideas de gravar la especulación financiera, el juego, las industrias extractivas que serían fuentes genuinas de financiamiento. En lugar de eso, con una increíble irresponsabilidad, las espadas de la derecha apuestan a desfinanciar al Estado.

Está poco difundido que los ingresos de la Anses se generan con alrededor de un sesenta por ciento de contribución de trabajadores y empleadores, y el cuarenta por ciento restante por ingresos tributarios. El problema, como se ve, es mucho más complejo que una mera consigna de barricada.

En estos años, la Argentina más que duplicó lo que destina de su presupuesto a la previsión social y es el país de América Latina que tiene mayor aporte, en términos de PBI, a la previsión social. Estos son hechos y no palabras.

La discusión en torno al 82 por ciento móvil esconde otras disputas, ocultando intenciones e intereses inconfesables. Esas banderas del privilegio son sostenidas por quienes despliegan toda su energía en un proyecto restaurador cuya aplicación nos devolvería a un pasado inviable.

No seremos cómplices de una estrategia que multiplicó la pobreza y la injusticia social. Por lo que se hizo bien y, fundamentalmente, por lo que falta, nuestras fuerzas se unirán en torno a un proyecto que otorgue dignidad y justicia a todas y todos, sin inadmisible exclusiones ni repugnantes exclusivismos.

Esta nota fue publicada en la Revista Debate el día 24 de julio de 2010.

|| Fuente: (Por: Carlos Heller -DEBATE)

30/07/2010 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 1 comentario

Para una guerrilla semiológica – Umberto Eco


Umberto Eco propone Guerrilla Comunicacional

Fecha de publicación: 15/04/10

No hace mucho tiempo que para adueñarse del poder político en un país era suficiente controlar el ejército y la policía. Hoy, sólo en los países subdesarrollados los generales fascistas recurren todavía a los carros blindados para dar un golpe de estado. Basta que un país haya alcanzado un alto nivel de industrialización para que cambie por completo el panorama: el día siguiente a la caída de Kruschev fueron sustituidos los directores de Izvestia, de Pravda y de las cadenas de radio y televisión; ningún movimiento en el ejército. Hoy, un país pertenece a quien controla los medios de comunicación.

Si la lección de la historia no parece lo bastante convincente, podemos recurrir a la ayuda de la ficción que, como enseñaba Aristóteles, es mucho más verosímil que la realidad. Consideremos tres películas norteamericanas de los últimos años: Seven Days in May (Siete días de mayo), Dr. Strangelove (Teléfono rojo, volamos hacia Moscú) y Fail Safe (Punto límite). Las tres trataban de la posibilidad de un golpe militar contra el gobierno de Estados Unidos, y, en las tres, los militares no intentaban controlar el país mediante la violencia de las armas, sino a través del control del telégrafo, el teléfono, la radio y la televisión.

No estoy diciendo nada nuevo: no sólo los estudiosos de la comunicación, sino también el gran público, advierten ahora que estamos viviendo en la era de la comunicación. Como ha sugerido el profesor McLuhan, la información ha dejado de ser un instrumento para producir bienes económicos, para convertirse en el principal de los bienes. La comunicación se ha transformado en industria pesada. Cuando el poder económico pasa de quienes poseen los medios de producción a quienes tienen los medios de información, que pueden determinar el control de los medios de producción, hasta el problema de la alienación cambia de significado. Frente al espectro de una red de comunicación que se extiende y abarca el universo entero, cada ciudadano de este mundo se convierte en miembro de un nuevo proletariado. Aunque a este proletariado ningún manifiesto revolucionario podría decirle: «¡Proletarios del mundo, uníos!» Puesto que aún cuando los medios de comunicación, en cuanto medios de producción, cambiaran de dueño, la situación de sujeción no variaría. Al limite, es lícito pensar que los medios de comunicación serían medios alienantes aunque pertenecieran a la comunidad.

Lo que hace temible al periódico no es (por lo menos, no es sólo) la fuerza económica y política que lo dirige. El periódico como medio de condicionamiento de la opinión queda ya definido cuando aparecen las primeras gacetas. Cuando alguien tiene que redactar cada día tantas noticias como permita el espacio disponible, de manera que sean accesibles a una audiencia de gustos, clase social y educación diferentes y en todo el territorio nacional, la libertad del que escribe ha terminado: los contenidos del mensaje no dependerán del autor, sino de las determinaciones técnicas y sociológicas del medio.

Todo esto había sido advertido hace tiempo por los críticos más severos de la cultura de masas, que afirmaban: « Los medios de comunicación de masas no son portadores de ideología: son en sí mismos una ideología.» Esta posición, que he definido en uno de mis libros como «apocalíptica», sobreentiende este otro argumento: No importa lo que se diga a través de los canales de comunicación de masas; desde el momento en que el receptor está cercado por una serie de comunicaciones que le llegan simultáneamente desde varios canales, de una manera determinada, la naturaleza de esta información tiene poquísima importancia. Lo que cuenta es el bombardeo gradual y uniforme de la información, en la que los diversos contenidos se nivelan y pierden sus diferencias.

Recordaréis que ésta es también la conocida posición de Marshall McLuhan en Understanding Media. Salvo que, para los llamados «apocalípticos», esta convicción se traducía en una consecuencia trágica: el destinatario del mensaje de los mass-media, desvinculado de los contenidos de la comunicación, recibe sólo una lección ideológica global, un llamado a la pasividad narcótica.

Cuando triunfan los medios de masas, el hombre muere.


Por el contrario, Marshall McLuhan, partiendo de las mismas premisas, llega a la conclusión de que, cuando triunfan los medios de masas muere el hombre gutenbergiano y nace un hombre diferente, habituado a «sentir» el mundo de otra manera. No sabemos si este hombre será mejor o peor, pero sabemos que se trata de un hombre nuevo. Allí donde los apocalípticos veían el fin de la historia, McLuhan observa el comienzo de una nueva fase histórica. Pero es lo mismo que sucede cuando un virtuoso vegetariano discute con un consumidor de LSD: el primero ve en la droga el fin de la razón, el otro el inicio de una nueva sensibilidad. Ambos están de acuerdo en lo que concierne a la composición química de los psicodélicos.

En cambio la cuestión que deben plantearse los estudiosos de la comunicación es ésta: ¿Es idéntica la composición química de todo acto comunicativo? Naturalmente, están los educadores que manifiestan un optimismo más simple, de tipo iluminista: tienen una fe ciega en el poder del contenido del mensaje. Confían en poder operar una transformación de las conciencias transformando las transmisiones televisivas, la cuota de verdad en el anuncio publicitario, la exactitud de la noticia en la columna periodística.

A éstos, o a quienes sostienen que the medium is the message, quisiera recordarles una imagen que hemos visto en tantos cartoons y en tantos comic strips, una imagen un poco obsoleta, vagamente racista, pero que sirve de maravilla para ejemplificar esta situación. Se trata de la imagen del jefe caníbal que se ha colgado del cuello, como pendentif, un reloj despertador.

No creo que todavía existan jefes caníbales que vayan ataviados de tal modo, pero cada uno de nosotros puede trasladar este modelo a otras varias experiencias de la propia vida cotidiana. El mundo de las comunicaciones está lleno de caníbales que transforman un instrumento para medir el tiempo en una joya «op».

Si esto sucede, entonces no es cierto que the medium is the message: puede ser que la invención del reloj, al habituarnos a pensar el tiempo en forma de un espacio dividido en partes uniformes, haya cambiado para algunos hombres el modo de percibir, pero existe indudablemente alguien para quien el «mensaje-reloj» significa otra cosa.

Pero si esto es así, tampoco es cierto que la acción sobre la forma y sobre el contenido del mensaje pueda modificar a quien lo recibe; desde el momento en que quien recibe el mensaje parece tener una libertad residual: la de leerlo de modo diferente.

He dicho «diferente» y no «equivocado». Un breve examen de la mecánica misma de la comunicación nos puede decir algo más preciso sobre este argumento.

La cadena comunicativa presupone una fuente que, mediante un transmisor, emite una señal a través de un canal. Al extremo del canal, la señal se transforma en mensaje para uso del destinatario a través de un receptor. Esta cadena de comunicación normal prevé naturalmente la presencia de un ruido a lo largo del canal, de modo que el mensaje requiere una redundancia para que la información se transmita en forma clara. Pero el otro elemento fundamental de esta cadena es la existencia de un código, común a la fuente y al destinatario. Un código es un sistema de probabilidad prefijado y sólo en base al código podemos determinar si los elementos del mensaje son intencionales (establecidos por la fuente) o consecuencia del ruido. Me parece muy importante distinguir perfectamente los diversos puntos de esta cadena, porque cuando se omiten se producen equívocos que impiden considerar el fenómeno con atención. Por ejemplo, buena parte de las tesis de Marshall McLuhan acerca de la naturaleza de los media derivan del hecho de que él llama «media», en general, a fenómenos que son reducibles a veces al canal, a veces al código y a veces a la forma del mensaje. El alfabeto reduce, según criterios de economía, las posibilidades de los órganos fonadores y de este modo provee de un código para comunicar la experiencia; la calle me provee de un canal a lo largo del cual puedo hacer viajar cualquier comunicación. Decir que el alfabeto y la calle son «media», significa no considerar la diferencia entre un código y un canal.

Decir que la geometría euclidiana y un traje son “media”, significa no diferenciar un código (los elementos de Euclides son un modo de formalizar la experiencia y de hacerla comunicable) de un mensaje (un traje determinado, en base a códigos indumentarios -de convenciones aceptadas por la sociedad-, comunica una actitud mía respecto a mis semejantes). Decir que la luz es un media significa no advertir que existen, por lo menos, tres acepciones de «luz». La luz puede ser una señal de información (utilizo la electricidad para transmitir impulsos que, según el código morse, significan mensajes particulares); la luz puede ser un mensaje (si mi amante pone una luz en la ventana, significa que su marido está ausente); y la luz puede ser un canal (si tengo la luz encendida en la habitación, puedo leer el mensaje-libro). En cada uno de estos casos el impacto de un fenómeno sobre el cuerpo social varía según el papel que juega en la cadena comunicativa.

Siguiendo con el ejemplo de la luz, en cada uno de estos tres casos el significado del mensaje cambia según el código elegido para interpretarlo. El hecho de que la luz, cuando utilizo el código morse para transmitir señales luminosas, sea una señal -y que esta señal sea luz y nada más- tiene en el destinatario un impacto mucho menos importante que el hecho de que el destinatario conozca el código morse. Si, por ejemplo, en el segundo de los casos citados, mi amante usa la luz como señal para transmitirme en morse el mensaje «mi marido está en casa» pero yo sigo refiriéndome al código establecido precedentemente, por el que «luz encendida» significa «marido ausente», lo que determina mi comportamiento (con todas las desagradables consecuencias que supone) no es la forma del mensaje ni su contenido según la fuente emisora, sino el código que yo uso. Es la utilización del código lo que confiere a la señal-luz un determinado contenido. El paso de la Galaxia Gutenberg al Nuevo Pueblo de la Comunicación Total no impedirá que se desencadene entre yo, mi amante y su marido el eterno drama de la traición y de los celos.

En este sentido, la cadena comunicativa descrita antes deberá transformarse de esta manera: el receptor transforma la señal en mensaje, pero este mensaje es todavía una forma vacía a la que el destinatario podrá atribuir significados diferentes según el código que aplique.

Si escribo la frase No more, aquel que la interprete a la luz del código lengua inglesa la entenderá en el sentido más obvio; pero les aseguro que, leída por un italiano, la misma frase significaría «nada de moras», o bien «no, prefiero las moras»; pero, si en lugar de un sistema de referencia botánico, mi interlocutor apelase a un sistema de referencia jurídico, entendería «nada de moras (dilaciones)»; y si usase un sistema de referencia erótico, la misma frase sería la res- puesta «no, morenas» a la pregunta «¿Los caballeros las prefieren rubias?».

Naturalmente, en la comunicación. normal, entre persona y persona, relativa a la vida cotidiana, estos equívocos son mínimos: los códigos se establecen de antemano. Pero hay también casos extremos como, en primer lugar, la comunicación estética, donde el mensaje es intencionalmente ambiguo con el fin preciso de estimular la utilización de códigos diferentes por parte de aquellos que estarán en contacto con la obra de arte, en lugares y en momentos diferentes.

Si en la comunicación cotidiana la ambigüedad está excluida y en la estética es por el contrario deseada, en la comunicación de masas la ambigüedad, aunque ignorada, está siempre presente. Hay comunicación de masas cuando la fuente es única, centralizada, estructurada según los modos de la organización industrial; el canal es un expediente tecnológico que ejerce una influencia sobre la forma misma de la señal; y los destinatarios son la totalidad (o bien un grandísimo número) de los seres humanos en diferentes partes del globo. Los estudiosos norteamericanos se han dado cuenta de lo que significa una película de amor en tecnicolor, pensada para las señoras de los suburbios y proyectada, después, en un pueblo del Tercer Mundo. Pero en países como Italia, donde el mensaje tele- visivo es elaborado por una fuente industrial centralizada y llega simultáneamente a una ciudad industrial del norte y a una perdida aldea agrícola del sur, en dos circunstancias sociológicas separadas por siglos de historia, este fenómeno se registra día a día.

Pero basta incluso con la reflexión paradójica para convencerse de este hecho: cuando la revista Eros publicó, en Estados Unidos, la famosa fotografía de una mujer blanca y un hombre de color, desnudos, besándose, imagino que, si las mismas imágenes hubieran sido transmitidas por una red televisiva de gran difusión, el significado atribuido al mensaje por el gobernador de Alabama y por Allen Ginsberg habría sido diferente. Para un hippie californiano, para un radical del Village, la imagen habría significado la pro- mesa de una nueva comunidad. Para un seguidor del Ku Klux Man el mensaje habría significado una tremenda amenaza de violencia carnal.

El universo de la comunicación de masas está lleno de estas interpretaciones discordantes; diría que la variabilidad de las interpretaciones es la ley constante de las comunicaciones de masas. Los mensajes parten de la fuente y llegan a situaciones sociológicas diferenciadas, donde actúan códigos diferentes. Para un empleado de banco de Milán la publicidad televisiva de un frigorífico representa un estímulo a la adquisición, pero para un campesino en paro de Calabria la misma imagen significa la denuncia de un universo de bienestar que no le pertenece y que deberá conquistar. Es por esto que creo que en los países pobres incluso la publicidad televisiva puede funcionar como mensaje revolucionario.

El problema de la comunicación de masas es que hasta ahora esta variabilidad de las interpretaciones ha sido casual. Nadie regula el modo en que el destinatario usa el mensaje, salvo en raras ocasiones. En este sentido, aunque hayamos desplazado el problema, aunque hayamos afirmado que «el medio no es el mensaje», sino que «el mensaje depende del código», no hemos resuelto el problema de la era de las comunicaciones. Si el apocalíptico dice: «El medio no transmite ideologías, es la ideología misma; la televisión es la forma de comunicación que asume la ideología industrial avanzada», nosotros sólo podremos responder: «El medio transmite las ideologías a las que el destinatario puede recurrir en forma de códigos que nacen de la situación social en la que vive, de la educación recibida, de las disposiciones psicológicas del momento.» En tal caso, el fenómeno de las comunicaciones de masas seria inmutable: existe un instrumento extremadamente poderoso que ninguno de nosotros llegará jamás a regular; existen medios de comunicación que, a diferencia de los medios de producción, no son controlables ni por la voluntad privada ni por la de la colectividad. Frente a ellos, todos nosotros, desde’ el director de la CBS y el presidente de Estados Unidos, pasando por Martin Heidegger, hasta el campesino más humilde del delta del Nilo, somos el proletariado.

Sin embargo, creo que el defecto de este plantea- miento consiste en el hecho de que todos nosotros estamos tratando de ganar esta batalla (la batalla del hombre en el universo tecnológico de la comunicación) recurriendo a la estrategia.

Habitualmente, los políticos, los educadores, los científicos de la comunicación creen que para controlar el poder de los mass-media es preciso controlar dos momentos de la cadena de la comunicación: la fuente y el canal. De esta forma se cree poder controlar el mensaje; por el contrario, así sólo se controla el mensaje como forma vacía que, en su destinación, cada cual llenará con los significados que le sean sugeridos por la propia situación antropológica, por su propio modelo cultural. La solución estratégica puede resumirse en la frase: «Hay que ocupar el sillón del presidente de la RAI», o bien: «Hay que apoderarse del sillón del ministro de Información», o: «Es preciso ocupar el sillón del director del Corriere.» No niego que este planteamiento estratégico pueda dar excelentes resultados a quien se proponga el éxito político y económico, pero me temo que ofrezca resultados muy magros a quien espere devolver a los seres humanos una cierta libertad frente al fenómeno total de la comunicación.

Por esta razón, habrá que aplicar en el futuro a la estrategia una solución de guerrilla. Es preciso ocupar, en cualquier lugar del mundo, la primera silla ante cada aparato de televisión (y, naturalmente, la silla del líder de grupo ante cada pantalla cinematográfica, cada transistor, cada página de periódico). Si se prefiere una formulación menos paradójica, diré: La batalla por la supervivencia del hombre como ser responsable en la Era de la Comunicación no se gana en el lugar de donde parte la comunicación sino en el lugar a donde llega. Si he hablado de guerrilla es porque nos espera un destino paradójico y difícil, a nosotros, estudiosos y técnicos de la comunicación: precisamente en el momento en que los sistemas de comunicación prevén una sola fuente industrializada y un solo mensaje, que llegaría a una audiencia dispersa por todo el mundo, nosotros deberemos ser capaces de imaginar unos sistemas de comunicación complementarios que nos permitan llegar a cada grupo humano en particular, a cada miembro en particular, de la audiencia universal, para discutir el mensaje en su punto de llegada, a la luz de los códigos de llegada, confrontándolos con los códigos de partida.

Un partido político, capaz de alcanzar de manera capilar a todos los grupos que ven televisión y de llevarlos a discutir los mensajes que reciben, puede cambiar el significado que la fuente había atribuido a ese mensaje. Una organización educativa que lograse que una audiencia determinada discutiera sobre el mensaje que recibe, podría volver del revés el significado de tal mensaje. 0 bien, demostrar que ese mensaje puede ser interpretado de diferentes modos.

Cuidado: no estoy proponiendo aquí una nueva forma de control de la opinión pública, todavía más terrible. Estoy proponiendo una acción para incitar a la audiencia a que controle el mensaje y sus múltiples posibilidades de interpretación.

La idea de que un día habrá que pedir a los estudiosos y educadores que abandonen los estudios de televisión o las redacciones de los periódicos para librar una guerrilla puerta a puerta, como provos de la recepción crítica puede asustar y parecer pura utopía. Pero si la Era de las Comunicaciones avanza en la dirección que hoy nos parece más probable, ésta será la única salvación para los hombres libres. Hay que estudiar cuales pueden ser las formas de esta guerrilla cultural.

Probablemente, en la interrelación de los diversos medios de comunicación, podrá emplearse un medio para comunicar una serie de juicios sobre otro medio. Esto es lo que en cierta medida hace, por ejemplo, un periódico cuando critica una transmisión de televisión. Pero, ¿quién nos asegura que el artículo del periódico será leído del modo que deseamos? ¿Nos veremos obligados a recurrir a otro medio para enseñar a leer el periódico de manera consciente?.

Ciertos fenómenos de «contestación de masa» (hippies o beatniks, new bohemia o movimientos estudiantiles) nos parecen hoy respuestas negativas a la sociedad industrial: se rechaza la sociedad de la Comunicación Tecnológica para buscar formas alternativas de vida asociativa. Naturalmente, estas formas se realizan usando medios de la sociedad tecnológica (televisión, prensa, discos…).

Así no se sale del círculo, sino que se vuelve a entrar en él sin quererlo. Las revoluciones se resuelven a menudo en formas pintorescas de integración.

Podría suceder que estas formas no industriales de comunicación (de los love-in a los mitines estudiantiles, con sentadas en el campus universitario) pudieran llegar a ser las formas de una futura guerrilla de las comunicaciones. Una manifestación complementaria de las manifestaciones de la comunicación tecnológica, la corrección continua de las perspectivas, la verificación de los códigos, la interpretación siempre renovada de los mensajes de masas. El universo de la comunicación tecnológica sería entonces atravesado por grupos de guerrilleros de la comunicación, que reintroducirían una dimensión crítica en la recepción pasiva. La amenaza para quienes the medium is the message podría entonces llegar a ser, frente al medio y al mensaje, el retorno a la responsabilidad individual. Frente a la divinidad anónima de la Comunicación Tecnológica, nuestra respuesta bien podría ser: «Hágase nuestra voluntad, no la Tuya.»

Artículo publicado en Aporrea.org en 2002, reproducido en el libro de Eco, titulado La estrategia de la ilusión, Lumen/de la Flor, 1987

http://aporrea.org/medios/a98858.html

15/04/2010 Posted by | Ciencia y Tecnología, General, Medios de Comunicaciòn, Politica Internacional, Sociedad y Cultura, Solidaridad, Uncategorized | , , , | Deja un comentario

Receta para futuros golpes de Estado


25-07-2009

Máximo Kinast

Argenpress

Política ficción: Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia

Ante todo, un Golpe de Estado es un “cambio forzado de Gobierno”. (CNN dixit)


Olvídese de los gorilas y de la Teoría de los Tres Tercios (un tercio de dirigentes contrarios desaparecidos y asesinados, un tercio desaparecidos, torturados y presos; y el último tercio, desaparecidos por unos días y expulsados del país). El Almirante Merino era un bruto y un borracho y su idea es estúpida. De uniformados, lo menos posible. Son como las cabareteras, caros y de mala clase y en estos negocios tienen la tendencia a quedarse con todo.


1º Lo primero es crear un ambiente a favor del cambio de Gobierno. Si no tiene usted el control, de los medios de comunicación, olvídese de la idea de dar un Golpe de Estado.


Para crear ese ambiente todo vale, mientras sea publicado por los medios de desinformación nacional y extranjeros. Mejor extranjeros, porque rebotan desde el exterior con la aureola de ser verdad. Este es un período de algunos meses (mínimo tres meses).


Algunas ideas:

Diga que el Presidente es inepto. No necesita demostrar nada. Mejor si puede hacer caricaturas que lo ridiculicen.

Una buena crítica destructiva de todo lo que haga o quiera hacer el Presidente.

Invéntele amores y amoríos. Cualquier cosa que sirva para crearle una imagen de inmoral, borracho drogadicto, etc.

2º Lo segundo es lo más importante. No olvide pedir permiso a la Embajada de los Estados Unidos. Si no lo consigue, busque un buen lobbista que le relacione con el Pentágono (también puede autorizar Golpes de Estado sin el apoyo de Obama). Los boys de la CIA le aconsejarán en este punto. Déjese guiar por ellos, que para eso les pagan muy bien y les han entrenado en desestabilizar, desinformar y dar golpes de Estado. (Tiempo máximo para estas gestiones imprescindibles: un mes). Con ellos ya tiene en el bolsillo a la OEA, la ONU, el FMI, la OTAN y a los países del Mundo Libre.

3º Ahora viene la fase delicada de la acción directa. Se trata de ’sacar’ al Presidente. Cualquier medio vale. Desde el asesinato (como en el Caso Kennedy) hasta sacarlo en pijama de la cama en la madrugada. Secuestro, extorsión, amenazas a la familia, todo vale. Lo importante es que el Presidente firme una renuncia o lo mata. Muerto es tan útil como renunciado. Aquí necesitará la ayuda de los gorilas uniformados de su patria. Evite que se pasen. Se trata de ’sacar’ al Presidente, nada más. Lo peor es un baño de sangre. Que la cosa pase piola y todo le irá bien. Los Altos Mandos saben que el Estado es para chupar del bote y no les conviene que les modifiquen la situación, por lo que le apoyarán patrióticamente sin chistar. (Tiempo previsto: unas pocas horas. Mientras menos, mejor)

4º Ahora los medios de comunicación han de llorar por la existencia “de un vacío de Poder” que es urgente llenar para “conservar la Democracia y defender el Estado de Derecho”. Recurra al apoyo de la Iglesia, que le dará su bendición a cambio del Concordato y de la financiación anual que le paga el Estado. Los Medios de Comunicación saben el valor de la tajada publicitaria que les pasa el Gobierno, la que puede ser incrementada directa y discretamente con un regalito para los dueños. (Este período es muy intenso y muy breve. Dos o tres días es mucho. Mejor si es un mismo día).

5º Los demás Poderes del Estado, Judicial y Legislativo han de llenar el vacío de Poder de conformidad a las leyes y a la Constitución, aunque sea por medios alambicados, oscuros y propios de leguleyos. NO IMPORTA. Lo único importante es que los medios de comunicación digan que el “cambio de Gobierno” (olvide la palabra “forzado”) se ha realizado conforme al Derecho, a la Constitución y a las Leyes.

6º Ahora Usted, como nuevo Presidente ha de declarar públicamente (y los medios han de difundir su Declaración) de que respeta por sobre todo la Democracia, la Constitución y las Leyes de su país. Prometa TODO. Desde elecciones libres y anticipadas dentro de tres meses, hasta acabar con el hambre, dar trabajo a todo el pueblo y construir viviendas dignas financiadas por el Estado con Créditos al 1% e hipotecas a 50 años plazo en cuotas fijas. No se preocupe por lo que prometa. La gente se olvida y usted también. Luego haga lo que quiera dentro de los límites que le permita el Gran Hermano del Norte y la oligarquía de su país. El resto de la gente no cuenta.

Recuerde que no hay democracias. Que todos los gobiernos son plutocracias. Y los plutócratas son fieles sirvientes de los que tienen el dinero. Si necesita justificación lea a Macquiavelo y a León Dugut, tratadista francés que sitúa a la Fuerza como principal fuente del Derecho.

Verá como terminará -al final de sus días- con una hermosa estatua en la Plaza principal de la capital de su país.

25/07/2009 Posted by | General, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario