America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Por qué Cristina Fernández arrasó en las primarias – Razones de la mitad más uno


18.08.2011

Por Adrián Murano

La combinación de méritos propios, relatos mediáticos forzados y estrategias opositoras contra natura que alumbró el triunfo K. Claves y consecuencias de una elección histórica.

Para los aficionados a los resúmenes, aquí van tres razones sencillas que aproximan una explicación a la contundente cosecha de votos que obtuvo Cristina Fernández de Kirchner:

1) Una mayoría a menudo invisibilizada por los medios hegemónicos respalda la gestión de gobierno, considera que CFK fue artífice –en coautoría con Néstor Kirchner– de un modelo de desarrollo sustentable, y cree que la obra iniciada por ambos aún no ha sido concluida.

2) Otra porción de electores K –volátil, algo culposa– concluyó que enfrente, en la oposición, no hay nada potable. O, para expresarlo en términos más elegantes, ninguno de los candidatos posee una propuesta superadora al Gobierno. El paupérrimo desempeño del autodenominada Grupo A en el Congreso y los múltiples derrapes de campaña ayudaron a consolidar la idea de que, más que una oposición, constituyeron una “máquina de impedir” nociva para el país.

3) A tres décadas de la recuperación democrática, cada vez más argentinos están inmunizados a la contaminación mediática. Un claro ejemplo de ese avance social lo sufre el Grupo Clarín. Si bien mantiene bolsones de influencia, la Presidenta derribó el mito que por años paralizó a la política argentina: CFK no sólo sobrevivió a centenares de tapas negativas –el límite de supervivencia, según el mito, eran cuatro portadas–, sino que en esa resistencia puso al descubierto a Clarín como el verdadero líder de la oposición. Sacar a Héctor Magnetto de las sombras y confrontarlo le otorgó la simpatía instantánea de empresarios, artistas, académicos y otros referentes sociales que durante años padecieron el yugo extorsivo del Grupo.

Este artículo podría concluir aquí. Pero sería una evaluación incompleta, ingenua, funcional a la maquinaria de la desinformación y la manipulación política que se lanzó a la caza de insólitas teorías para maquillar el categórico mensaje de las urnas. O sea: buscan reducir los comicios a una simple elección de candidatos con resultado sorprendente. Y desconocer, de esa manera, lo que realmente fue: un aluvión de votos que busca sepultar a la Argentina del pasado.

Marcos Aguinis, profesional del lugar común, es quizá quién mejor explota la ignorancia de las clases dominantes en decadencia. Tanto su panfleto best seller como sus esporádicos artículos mediáticos abundan en falacias. Lo más grave: no miente con intención de engañar, sino por pura ignorancia. “Desde el año 2003, cuando resultó imposible que se uniesen Lilita Carrió y Ricardo López Murphy, la sociedad está cansada de políticos que tienen virtudes y no pueden vencer sus defectos”, escribió Aguinis el martes 16 en la página 17 del diario Clarín, sin aclarar, claro, a qué virtudes y defectos se refería. Y siguió: “Esa simple alianza hubiera salvado al país de la era kirchnerista y habría aprovechado el viento de cola para elevarnos hacia un desarrollo genuino, equivalente al que protagonizan ahora Chile, Colombia, Perú, Brasil”. La afirmación agrupa varios de los lugares comunes en los que suelen abrevar los escribas de la nada. Lugar común 1): Aguinis califica de “simple” la eventual alianza entre dos intransigentes sumidos en la intrascendencia por su pródiga capacidad para, precisamente, destruir alianzas. Por otro lado, la elección del domingo demostró que, aun unida contra natura, la suma de los votos cosechados por toda la oposición no hubiese impedido el triunfo K. Lugar común 2): Cómo se verá más adelante, lo del “viento de cola” es el recurso que acuñaron los economistas para justificar los sucesivos yerros de sus predicciones apocalípticas. Lugar común 3): El “desarrollo genuino” que les adjudica a Chile, Colombia, Perú y Brasil –enumeración repetida como mantra entre los opinadores más perezosos– encubre el profundo desconocimiento sobre los disímiles procesos de esos países, y los deseos ocultos del autor y sus seguidores.

En primer lugar, poco y nada se parece el modelo de industrialización con inclusión social del Brasil de Lula con la economía de especulación financiera que infló los números macroeconómicos del Perú de Alan García. Y salvo por la buena relación con los Estados Unidos, tampoco se parecen mucho la economía primarizada y de servicios de Chile con la transferencia de recursos estadounidenses que nutre la demanda agregada de la población colombiana. Pero sin reparar en estos detalles, la enumeración le alcanza a Aguinis para establecer qué tipo de modelo político –no económico– ambiciona para nuestro país: a excepción de Brasil, los otros tres países empleados como ejemplo aplican las políticas de libre mercado que pregona el liberalismo cipayo subsidiado por los think tanks derivados del Consenso de Washington. Un último detalle: como se pudo apreciar recientemente con la revuelta de estudiantes en Chile, o los votos populares que encumbraron a Ollanta Humala en Perú, el “modelo” que entusiasma al autor favorito de la derecha es una fábrica de inequidad y exclusión social.

A pesar de las múltiples inconsistencias de sus afirmaciones, Aguinis es consumido, respetado y retroalimentado por esa maquinaria de propaganda del establishment autodenominada “formadores de opinión”. Alejados de los marcos teóricos que definen la formación de opinión como la combinación de vivencias y relatos, los medios de comunicación –y en especial la televisión– conformaron un heterogéneo grupo de “formadores” compuesto por intelectuales, economistas, dirigentes y comunicadores con ínfulas de gurúes. Esa usina de pensamiento único se nutre de la agenda dispuesta por los medios dominantes para imponer como verdades reveladas determinadas lecturas de lo que ellos llaman “realidad”. Así, por caso, se instaló como una “realidad” que el Gobierno impulsó una reforma del Indec con la perversa intención de mentirle a “la gente” –a estos oráculos les gusta hablar de “gente” y no de “pueblo”, porque les resulta más peligroso que demodé–. El sencillo ejercicio de la duda, que tan bien se les da a los buenos intelectuales y periodistas, hubiese bastado para desarmar esa afirmación: ¿es posible que un gobierno destruya la credibilidad de un organismo estadístico de puro gusto? ¿Habrá motivos políticos o económicos que justifiquen semejante decisión? ¿No será, acaso, que el Indec, como otras tantas jurisdicciones del Estado, había sido tomado como coto privado de consultores, especuladores y banqueros? Esas preguntas, u otras similares, jamás se formularon. Bastó con enfatizar los desprolijos modos gubernamentales en la intervención para establecer que se trató de una decisión mala de toda maldad.

Cualquier economista más o menos honesto podría haber reconocido que el Indec necesitaba una reforma desde hacía tiempo. Que parte de su personal –no todo– mantenía vínculos inconvenientes con consultoras que cotizaban su información privilegiada entre bonistas y especuladores. Se sabía, también, que el criterio estadístico aplicado para establecer el IPC tenía inconsistencias que distorsionaban el diagnóstico, distorsionando, así, el clima político y de negocios. Pero la campaña anti-intervención fue tan expansiva, que casi ningún observador independiente se animó a murmurar esas razones en público para evitar ser tildado de “estropajo K” –o alguna cosa peor–. Por cierto, no ayudó la tumultuosa réplica del Gobierno, que alimentó el griterío con su crónica dificultad para comunicar con serenidad aquello que requiere algo más que una acusación o una chicana. Y en la carrera de exabruptos, se sabe, suele perder el que tiene razón.

Aquel episodio del Indec inauguró una tendencia que se hizo estrategia de la prensa canalla y la oposición en general: toda acción de gobierno que desafiara el statu quo fue tildada de “capricho”. O de “revanchismo” salvaje. O, en el mejor de los casos, de mera especulación electoral. Con esa maniobra se buscó esmerilar medidas de alto impacto simbólico, social y político como la reapertura de los juicios a los genocidas, el matrimonio igualitario, la Asignación Universal por Hijo, la Ley de Medios de la democracia, la inclusión jubilatoria y la restitución del sistema previsional solidario. Estos episodios medulares del modelo K, entre otros, fueron denostados por los nostálgicos del Estado bobo que garantizaba impunidad, concentración económica y sumisión de lo público frente al interés privado. Desactivar ese paradigma fue uno de los pilares que sostuvo al gobierno de CFK en los momentos delicados. Que los hubo. Y en abundancia.

Uno de los montajes empresario-mediáticos más extravagantes y, a la vez, más efectivos buscó establecer que la era K fue beneficiaria de un “viento de cola”. El insólito eslogan, convertido en certeza por los dueños tradicionales del poder y del dinero a través de sus comunicadores rentados, sirvió para que se difundiera la idea de que el Gobierno disfrutaba de un contexto internacional favorable y que ni siquiera su perverso afán de “llevarse puesto al país” podía evitar que esa bonanza global traccionara al alza a la economía local. Un simple repaso de los hechos alcanza para desarmar semejante necedad: de los ocho años de gobierno kirchnerista, los cuatro primeros estuvieron signados por una compleja reestructuración de la deuda pública, el ordenamiento de cuentas fiscales desquiciadas, la restauración de un tesoro saqueado y el fortalecimiento del Estado como rector de la economía. Esa fenomenal reconstrucción se financió, es cierto, con los recursos provenientes de la exportación de commodities a precios internacionales altos. Pero fue la decisión estatal de capturar parte de esa renta excepcional y extraordinaria, y su aplicación estratégica, lo que permitió sentar las bases del crecimiento. En otros tiempos, y con otros liderazgos, ese flujo se hubiese concentrado en las manos de siempre, a la espera de que la abundancia y la gravedad derramaran parte de esa riqueza. La historia demuestra que, contrariando el hallazgo de Newton, el dinero sólo derrama hacia arriba sin un Estado que distribuya a cara de perro.

Si la teoría del “viento de cola” no explica el proceso del primer gobierno K, mucho menos aplica para la gestión de CFK. Su gobierno fue recibido con un violento lockout chacarero que, con aires destituyentes, pretendió restaurar la tradicional concentración de la renta y condicionar cualquier intento futuro de profundizar el modelo de distribución insinuado en el gobierno de su marido. Apenas aplacada esa intentona, la Argentina recibió el “viento de frente” de la crisis económica global de 2008. Ese vendaval obligó a aplicar onerosas políticas anticíclicas que permitieron sostener niveles de empleo y esquivar el estancamiento estimulando la demanda, sin caer en las viejas trampas del endeudamiento condicionante o el ajuste estructural. Con más inteligencia que declamación, el Gobierno logró que todos hicieran un aporte ante la emergencia, pero según su capacidad contributiva: las empresas aceptaron el aumento de la presión fiscal a cambio de estímulos, los trabajadores aportaron a través del “impuesto inflacionario” y el Estado sostuvo líneas de producción con financiamiento y subsidios al empleo.

Las políticas oficiales permitieron amortiguar el costo social de la tormenta, pero redujeron la briosa velocidad de la recuperación económica, demorando la inclusión de sectores vulnerables que fueron expulsados del sistema por generaciones. Los que acuñaron la falacia del “viento de cola” para retacearle méritos a un gobierno que pasó dos tercios de su mandato remando contra la corriente son los mismos que, puestos en pilotos de tormenta, suelen arrojar a los pobres como lastre.

La percepción de esa “realidad completa” –y no el recorte parcial de la realidad que  ofrecen los medios dominantes– fue lo que impulsó a muchos desposeídos a ratificar su confianza en el gobierno K. No porque habiten en el paraíso, sino porque saben que la tibia inclusión obtenida por la asignación universal o el empleo –aun en condiciones precarias– activó la movilidad social, asentando expectativas allí donde hasta no hace mucho habitaba la desolación.

Y la generación de esperanza, se sabe, cotiza en votos.

A veces, las cosas son más simples de lo que parecen. En los próximos sesenta días, se escribirá y hablará del “efecto viuda”, del voto “cuota”, de la “oposición mezquina”, de la “voluntad hegemónica”. Es bueno saber que el 23 de octubre se apagarán esos artificios y los argentinos elegiremos por nuestra cuenta. A conciencia. Otra vez.

Veintitrés

20/08/2011 Posted by | Agricultura yGanadería, Economía, General, Medios de Comunicaciòn, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , | Deja un comentario

Cristina encabeza las encuestas (Por Demián Verduga)


dverduga@miradasalsur.com

 

Casi todos los encuestadores consultados coincidieron: los niveles de aprobación de Cristina Fernández no son un fenómeno que se explique por el fallecimiento del ex presidente Néstor Kirchner. El oficialismo tenía (y tiene) una recuperación sistemática en los índices de aprobación. Los números de la consultora Equis –que coinciden con los de otras encuestadoras– son los siguientes: la imagen positiva de la Presidenta se ubica alrededor del 55 por ciento. La aprobación a la gestión está en 68 puntos y la intención de voto alrededor de 46. Con estas cifras, Cristina Fernández ganaría las elecciones en primera vuelta.
Artemio López, el director de Equis, dijo a Miradas al Sur que Cristina y Néstor Kirchner tenían una intención de voto que rondaba el 37 por ciento antes del 27 de octubre. “Claro que ahora la Presidenta subió. Pero la tendencia ya estaba. Los que no la veían era porque no salían de la campana mediática”, remarcó el consultor.
Sergio Berensztein –de Poliarquía– tuvo una visión muy distinta sobre el origen de la popularidad presidencial. “Hay una corriente de apoyo que es producto de la solidaridad por la muerte de su marido”, remarcó a este medio. López discrepó por completo con esas declaraciones. Volvió a destacar que la tendencia es previa al fallecimiento de Kirchner y que se explica por el respaldo a decisiones de la gestión. Puso dos ejemplos: la estatización de las Afjp y la puesta en marcha de la Asignación Universal por Hijo. “Tienen una aprobación cercana al 80 por ciento”, dijo. Y tomando ese indicador como base, el director de Equis agregó que es imposible que ciertas medidas logren “tanta aceptación” y que ésta no se traslade al Gobierno.
Otros dos consultores que hablaron con Miradas al Sur coincidieron con López. Carlos Fara remarcó que “la muerte de Kirchner consolidó una tendencia de apoyo al Gobierno”. Luego agregó que uno de los motivos que la explican es que “el Ejecutivo corrigió su modo de comunicación” después de la derrota electoral de mediados de 2009. Doris Capurro –de Ibarómetro– tuvo una mirada similar y tiró una cifra concreta. Señaló que antes del fallecimiento del ex presidente sus mediciones ubicaban a Cristina con “un 50 por ciento de imagen positiva”. Además, coincidió con Fara en que la muerte del ex presidente lo que produjo fue “una aceleración” de un proceso que ya existía.

Liderazgo y modelo. Artemio López retomó su cuestionamiento a los análisis que interpretan el apoyo actual a la Presidenta como “un estado de la opinión pública”. “Lo que sucede –dijo– es mucho más profundo. Se trata del surgimiento de un liderazgo histórico que encarnaban Néstor Kirchner y Cristina Fernández, que ahora se deposita todo en ella.” Para sostener su posición, el consultor remarcó un eje que no siempre se toma en cuenta en los análisis políticos: el amor. “El vínculo personal que se vio durante el velatorio de Kirchner es clave para entender lo que pasa. Esa señal no es volátil, algo que mañana cambia”. Por eso –según López– puede haber “alguna porción del respaldo” a la Presidenta que se reduzca, pero el grueso del apoyo “es muy firme”.
Capurro, por su parte, subrayó que las vertientes de adhesión a Cristina Fernández son básicamente dos y explicó cómo se componen: “Hay 6 de cada 10 argentinos que cuando se les pregunta si quieren cambiar el modelo dicen que no”. Luego agregó que 4 de esos 6 son apoyo duro del Gobierno y los 2 restantes “mantenían diferencias por cuestiones de estilo”. “Es este 20 por ciento de la opinión pública el que ahora se sumó con más decisión a respaldar al Ejecutivo”, remarcó Capurro. Y además dijo que ese cambió se produjo porque “la muerte del ex presidente” disparó el temor en ese sector de la sociedad de que “el modelo” se pusiera en riesgo.

Distritos duros. Las cifras que más sorprenden –quizá– son las que surgen en los puntos del país en los que el Gobierno tuvo mayores niveles de rechazo, en particular las provincias donde la actividad agrícola sojera es muy importante. Según Equis, en Entre Ríos y Santa Fe –dos puntos donde el conflicto por la 125 fue fuerte– la Presidenta cosecha un 61 por ciento de imagen positiva. Córdoba muestra una cifra similar, con el 57 por ciento. “Lo cierto es que muchas de las medidas que el Gobierno fue tomando para el sector agropecuario comenzaron lentamente a cambiar el rechazo visceral que había despertado la 125”, explicó López. Y señaló un dato político de los últimos días que ilustra ese proceso: la ruptura de la Mesa de Enlace. “Nadie puede pensar que es un hecho que se produjo de la noche a la mañana. Esa fractura prueba que las políticas del Gobierno ayudaron a los pequeños y medianos productores para quienes ya no tiene sentido aliarse con los grandes pools de siembra”.
La ciudad de Buenos Aires también es un distrito complejo para el oficialismo, como lo fue para cualquier gobierno peronista. Según López, en ese distrito, la imagen positiva de Cristina llega al 55 por ciento y la intención de voto al 35. “En su mejor momento –destacó López a modo de comparación–el kirchnerismo sacó 25 puntos en Capital”. Capurro coincidió con que esos son los niveles de adhesión de Cristina en la Ciudad. Señaló además que la tendencia se debe en parte a “una gran decepción con el Gobierno de Macri”, que contrasta con la visión que los porteños tienen de la gestión nacional, que suma una aprobación “muy alta”.

El dilema del peronismo. Luego de la muerte de Kirchner, los signos políticos fueron inmediatos. Daniel Scioli convocó a todos los intendentes del conurbano bonaerense a una reunión. Se sentaron alrededor de un rectángulo armado con una hilera de mesas y expresaron su apoyo a Cristina Fernández. El líder de la CGT, Hugo Moyano, hizo declaraciones públicas, en el programa 6,7,8. Señaló que “la jefa del movimiento es la compañera Presidenta”. Sin embargo, una de las dudas más fuertes que despertó el fallecimiento del ex presidente era si Cristina podría ocuparse del armado político y del peronismo, que Kirchner presidía.
Al respecto, Fara señaló: “Me parece que se manejó muy bien los primeros días. Tomó decisiones firmes y para la población está claro que hoy concentra la conducción del Estado y del espacio político”. Capurro, por su parte, remarcó que fue una “señal de enorme fortaleza” haber logrado la renegociación de la deuda con el Club de París en medio del duelo.
En su análisis sobre este punto, López puso el acento en una característica del funcionamiento del peronismo. El viejo concepto que dice que el que gana conduce y el resto acompaña. “Cristina es la jefa del partido porque es la única que puede garantizarle la victoria en 2011”, remarcó el consultor. Y agregó que “está clarísimo que nadie va a discutir a un referente con 45 por ciento de intención de voto dentro del peronismo”.

Una mano opositora. Los analistas que hablaron con este medio sumaron un elemento para explicar el fortalecimiento del oficialismo: la oposición. “La política siempre es comparativa”, remarcó Capurro. Con esa frase, sugirió que las fortalezas de un espacio también tienen que ver con las debilidades de los otros.
Para Fara, la oposición “tiene un problema muy fuerte para sintonizar qué sucede” con el humor social. “Actúa como si el clima fuera el mismo que había después de la 125 y no es así”. El consultor subrayó que centrar el accionar en un supuesto fortalecimiento de la calidad institucional “es algo que tiene muchas limitaciones para enamorar a la población”. Subrayó que Carlos Reutemann “es el único que vio con claridad que las cosas habían cambiado” y por eso se fue del Peronismo Federal.
López coincidió con la idea de Fara sobre la debilidad del discurso opositor. Dijo que “no les sirvió para instalarse antes, y menos después de la muerte de Kirchner. Toda la estrategia se armaba alrededor de una resistencia a la figura del ex presidente y ahora lo que tienen enfrente es a una mujer que perdió a su marido. Es muy difícil seguir con lo mismo”.
Incluso Berensztein acompañó en este punto a los otros consultores: “A la oposición le falta generar ideas creativas”. Capurro se sumó a la misma línea y remató señalando que “el Grupo A tiene que hacer una profunda autocrítica. Si no analizan por qué hasta ahora no pudieron consolidarse y crecer, si no se preguntan qué cosas tienen que cambiar, será cada vez peor”.

26/11/2010 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , | Deja un comentario

Los análisis dominicales coincidieron en marcar la fractura de la oposición


LOS ANALISIS DOMINICALES DE CLARIN Y LA NACION COINCIDIERON EN MARCAR LA FRACTURA DE LA OPOSICIÓN…(YA SE SABÍA, ESE TIPO DE ALIANZAS TARDE O TEMPRANO CAEN CUANDO SON POR CONVENIENCIA POLÍTICA Y NO POR CONVICCIÓN.)

Marianike

Publicado el 22 de Noviembre de 2010

Varios artículos pusieron la lupa sobre la desgajada oposición. La Nación y Clarín señalaron al unísono que el llamado grupo A “ya no existe más”, mientras Página/12 marcó que ese espacio “terminó enredado en sus propias cuitas”.

Apenas una semana después de la muerte de Néstor Kirchner, los diarios comenzaron a mostrar las “divisiones”, “fuertes contrapuntos” y “señales de fatiga” que aquejaban a la oposición. Ayer, la tendencia pareció confirmarse en el surtido menú de artículos periodísticos que con un tono similar analizaban las fuertes disidencias internas del arco antikirchnerista.

Se fractura definitivamente la oposición en el Congreso”, anunció La Nación. “La muerte del ex presidente Néstor Kirchner, primero, y el escandaloso debate sobre el proyecto del presupuesto 2011, después, colocaron una lápida definitiva sobre la unidad opositora en el Congreso”, describió la nota, cuyo planteo central fue que “los antikirchneristas ya no coordinarán sus acciones”. “El llamado Grupo A ya no existe más, hay que asumirlo. Nació en diciembre pasado para plantearse frente al oficialismo, pero exageró en su política de confrontación a matar o morir, y eso nos debilitó como coalición”, citó el artículo a “un encumbrado diputado del radicalismo”. Y concluyó: “en efecto, la negociación ya no se entablaría entre oficialismo y una amalgama de bloques opositores, sino que los acuerdos se trazarían por tema y por bloque, con una UCR más dialoguista como mascarón de proa”. En otro tramo, la cobertura destacó también que “el precandidato presidencial por el radicalismo Ricardo Alfonsín acusó al Gobierno de tener ‘un discurso violento que divide a la sociedad’ y propuso ‘actuar con sensatez, calma y tranquilidad’”.

En la misma línea, Clarín señaló que: “La dura discusión por el Presupuesto abrió grietas en todo el arco opositor. Si ahora estamos así, ¿qué queda para el año electoral?”, citó la nota a “un radical”, mientras que “un peronista disidente” añadió que “la campaña ya empezó, y el grupo A dejó de existir”.

Página/12 (que una semana atrás ya había presentado en tapa al “Grupo Miau” para hablar de la crisis de la oposición), incluyó ayer una serie de artículos continuando la misma dirección. “Por lo visto en los últimos días, la oposición persevera en un estilo de acción política muy eficaz para justificar algunas tapas espectaculares y ganar muchas horas de show televisivo, pero estéril para cualquier intento de revertir la actual escena política”, escribió Edgardo Mocca. “La oposición en su conjunto -apuntó también- y dentro de ella particularmente el radicalismo, no termina de percibir la clausura de una etapa política”. Otra de las notas planteó la contradicciones del Felipe Solá frente al debate del Presupuesto, advirtiendo también la división entre la diputada del GEN Margarita Stolbizer y la titular de la Coalición Cívica Elisa Carrió.

La oposición, confundida y fragmentada, ha continuado (en la coyuntura) sus tradicionales agorerías”, escribió Mario Wainfeld. “Muchas, pronunciadas cuando se vaticinaba una ofensiva implacable del grupo A, fueron refutadas por los hechos. La stangflation, el default, el vaciamiento del Banco Central, el fracaso de la reapertura del canje de deuda, la entropía del kirchnerismo, entre tantas. El discurso de la oposición (incluida su vanguardia mediática) vira hacia el escándalo y hacia un par de tópicos nuevos”, entre los que el periodista incluyó la infalibilidad atribuida a Kirchner tras su muerte.

Perfil publicó una entrevista a Federico Pinedo en la que el jefe de los diputados del PRO fustigó duramente a Carrió, mientras que desde Tiempo Argentino se analizó el cierre del año legislativo del antikirchnerismo, advirtiendo que, a pesar de tener el control de ambas cámaras, la oposición tuvo su peor año en cuanto a la producción de leyes. “Durante los primeros días de marzo, el flamante Grupo A, con Carrió a la cabeza, buscó frenar y derogar el DNU que autorizaba al Ejecutivo a pagar deuda con reservas. Fue el primer fracaso. El último, las falsas denuncias de soborno”, recordó la nota.  <

Miradas al Sur

22/11/2010 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , | Deja un comentario

Argentina – Cinco meses sin una ley opositora


Más división que acuerdo

Publicado el 7 de Agosto de 2010

Por Alberto Dearriba Periodista.
En tren de sospechar libremente, uno puede suponer que, si a los que votan contra las corporaciones los estimula el gobierno, los que lo hacen a favor son beneficiados por los intereses más concentrados.

Tras cinco meses de sesiones ordinarias en el Congreso sin que el Grupo A consiga sancionar ley alguna, espadas de la oposición descubrieron con ayuda de los medios más concentrados que los integrantes de la Cámara Alta están en situación de remate y se venden al mejor postor. La primera piedra fue lanzada por el ex oficialista Felipe Solá, quien aseguró que el gobierno sale de shopping para torcer voluntades. Su humorada –que empaña al cuerpo en su conjunto sin precisar un caso concreto– es tan ofensiva como la que podrían haber proferido los legisladores oficialistas cuando el propio Solá votó contra la resolución 125 en la Cámara Baja, pese a integrar entonces la bancada oficialista.
En tren de sospechar libremente, uno puede suponer que si a los que votan contra las corporaciones los estimula el gobierno, los que lo hacen a favor son beneficiados por los intereses más concentrados. Salvo que exista un doble estándar para juzgar la moral de los legisladores: cuando votan a favor de proyectos oficialistas son corruptos y cuando lo hacen en contra, son paladines de la democracia.
Más de una docena de diputados que llegaron a sus bancas en las boletas del Frente para la Victoria votan sistemáticamente contra el gobierno en la Cámara Baja, sin que los medios echen sospechas sobre ellos. Un puñado de senadores arribados de la misma forma a la Cámara Alta apoyan los proyectos opositores. El vicepresidente de la Nación gozó durante más de un año de la categoría de principal opositor luego de aquella madrugada célebre que lo convirtió en un héroe republicano al votar contra el gobierno que todavía integra formalmente.
Pero ni Solá, ni Cobos, ni sus pares que se pasaron a la oposición son corruptos por haber votado en favor de los sojeros, sino que decidieron priorizaron sus vínculos con los intereses agroexportadores antes que continuar junto al gobierno.
No se trata aquí de ocultar ningún posible chanchullo en una casa que quedó manchada a partir de la sanción de la “Ley Banelco”, en la que la justicia detectó sobornos a los legisladores para que aprobaran una ley que flexibilizaba normas laborales, con lo cual se favorecía a las empresas. Pero no parece justo que la santafesina Roxana Latorre se convierta en la peor del colegio cuando decide no votar el proyecto opositor que impulsa el 82% móvil para las jubilaciones, porque considera que se tata de una movida demagógica. ¿A cuento de qué el senador Emilio Rached viene a contar ahora que el gobierno lo apretó cuando se votó la 125? Es poco creíble que el Senado sea una cloaca cuando la oposición no puede imponer su voluntad, y un faro institucional cuando sepulta un proyecto oficialista.
Sería más propio pensar que si bien el kirchnerismo perdió las elecciones de junio del año pasado al ver reducido su número de legisladores, las cuentas tampoco son tan favorables al conglomerado opositor, en el cual además andan a los codazos por las candidaturas presidenciales.
El heterogéneo Grupo A puede mantenerse unido cuando apunta con un proyecto a limar el poder del kirchnerismo, pero no logra coincidencias cuando debe decidir quién paga el pato de los proyectos que imagina. Están todos de acuerdo con aumentar las jubilaciones, pero sólo los diputados de centroizquierda proponen que la medida sea financiada con un aumento en los aportes patronales, que reponga el nivel que tenían antes que Domingo Cavallo los podara. Distribuir recursos es siempre popular. Cristina Fernández lo graficó al señalar que no sólo estaba de acuerdo con el 82%, sino con el 100%. Pero establecer cargas para solventar el beneficio pone de mal humor a quienes deben pagarlas. Impulsemos entonces lo que junta votos y no lo que provoca mal humor, parecen haber acordado los legisladores del centro a la derecha
Las contradicciones internas del Grupo A también aparecen claramente en el intento por rebajar las retenciones a las exportaciones de soja. La conductora de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, apoya férreamente la postura de la Sociedad Rural que propone mantener sólo las de la soja en un 25%. Carrió describió una parábola que la llevó desde posiciones de centroizquierda en sus comienzos, a defender a capa y espada una renta extraordinaria. Está claro el giro a la derecha de sus propuestas políticas. Pero nadie tiene derecho a echar la honra de la chaqueña a los perros por este cambio. Se trata de una opción acorde con sus reales convicciones, que evidentemente no eran aquellas de sus comienzos. Los socialistas en cambio parecen más consecuentes en este aspecto con sus planteos históricos, ya que coinciden con la Federación Agraria en segmentar las retenciones. Y también los radicales son congruentes con sus vaivenes históricos, ya que no consiguen unificar una postura en el bloque que cuenta con la mayor cantidad de agrodiputados de entidades distintas.
Peronistas de derecha, macristas, radicales y lilitos, son capaces de rendirse juntos como lo hicieron la semana pasada ante la corporación sojera en la Sociedad Rural, o esta semana en la comida con el titular del grupo mediático más concentrado. Pero no se ponen de acuerdo para sancionar una ley. Pueden encontrar una brecha ahora con el proyecto para modificar al Indec, que tal vez sea el primero que atraviese los gruesos muros del Congreso. Les resulta más fácil unirse cuando se trata de limar al gobierno, pero estallan cuando deben apostar a intereses económicos en pugna.
Ante estas dificultades, lanzaron una campaña de sospechas generalizadas sobre la Cámara Alta que los medios que expresan el poder amplificaron. Intentan encubrir la incapacidad política de la oposición, o la aritmética parlamentaria desfavorable, para señalar, en cambio, al dinero corruptor del gobierno como freno de sus aspiraciones. Desesperados por la imposibilidad de derrotar al oficialismo y así cumplir con el sector de la sociedad que siente un odio visceral hacia el kirchnerismo, escupen peligrosamente hacia arriba. Utilizan la estrategia de los directores técnicos de fútbol, que antes de los partidos siembran sospechas sobre la honra de los árbitros con el fin de condicionar sus fallos. Se suman a peligrosas posturas antipolíticas, que apuntan a explicar todo por la vía fácil del soborno, sin tener en cuenta la ideología, el alineamiento partidario y los intereses concretos de los jugadores. Carlos Reutemann no votó contra la 125 porque lo sobornaron, sino porque es un conservador convencido, con intereses personales que se ven perjudicados por las retenciones. Cobos vio la posibilidad de dejar de ser el tipo que tocaba sólo la campanita y se tiró políticamente a la pileta. A Solá no le pagó Monsanto, sino que responde al sector con el cual tejió buena parte de su carrera política durante el menemismo. Culpar de todo a la billetera gubernamental –confundiendo el juego habitual de la política con la coima que engrosa fortunas personales– no hace más que esconder las propias limitaciones y debilitar al sistema democrático en su conjunto.
Los legisladores opositores invirtieron cinco meses intentando denunciar sin éxito supuestas violaciones constitucionales, sin resultados concretos ni mejoras en las encuestas. Dijeron que usar reservas para pagar deuda desataría sobre la economía las siete plagas de Egipto. Pero se pagó prácticamente todo el Fondo de Desendeudamiento completo y la economía sigue creciendo.
A partir de septiembre –mientras continúan ingresando los dólares de la cosecha récord– se volcarán al consumo más de 1400 millones de pesos por mes, por efecto de los aumentos en las jubilaciones y en las asignaciones por hijo (universal, familiar y discapacitado). No es que los jubilados vayan a bailar en una pata por el incremento de casi el 17% que tendrán sus escasos haberes desde septiembre; ni que los padres de los chicos vayan a tirar manteca al techo por el nuevo nivel de las asignaciones. Tampoco cambiará substancialmente la vida de quienes perciben el salario mínimo que era de 1500 pesos y no podrá ser menor a 1740 desde este mes y de 1840 pesos desde enero. Pero queda en claro que fue el kirchnerismo el que sacó los haberes previsionales del congelamiento, puso a funcionar el Consejo del Salario Mínimo y convocó a las negociaciones colectivas que establecieron aumentos promedio del 25%. Frente a estas módicas mejoras, están las increíbles propuestas de alcanzar mañana mismo el anhelado objetivo del 82% móvil, sin contrapartida fiscal alguna. Lo plantean quienes congelaron, privatizaron y recortaron los haberes. Los que creyeron que la crisis se salvaba con más ajuste, en vez de apostar a un mercado interno más generoso. Los que creen que la inversión social es una dádiva propia del detestable populismo.    <

Tiempo Argentino

07/08/2010 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Argentina – GRUPO A: FRAGILIDAD POLÍTICA Y AUSENCIA DE LIDERAZGO




La oposición se endurece
y a la vez se dispersa

Por Edgardo Mocca

Dos rasgos centrales definen a la   oposición en estos días: la disposición a jugar al todo o nada en el Congreso y la tendencia a la dispersión.
Carentes de liderazgo y proyecto propio, los líderes opositores parecen dispuestos a asumir el diagnóstico y la estrategia que formulan los editorialistas de los principales medios. Han lanzado una nueva ofensiva parlamentaria dirigida a refutar la imagen de blandura y vacilación que periódicamente les adjuntan sus impacientes consejeros comunicativos. Las claves de esta ofensiva son totalmente evidentes: la sobreoferta de medidas de alta popularidad (el 82 por ciento móvil, insólita bandera de combate de la derecha argentina) combinada con la desfinanciación del Estado, vía reforma del impuesto al cheque y la reducción de las retenciones a las exportaciones.
Es la segunda etapa del operativo iniciado a principios de este año y rápidamente frustrado, que estaba orientado a bloquear el uso de reservas para el pago de compromisos externos y a imponer una presidencia del Banco Central enfrentada con el programa económico del Gobierno. Las razones de la relativamente rápida frustración de aquel impulso radican, con toda evidencia, en la fragilidad política de sus gestores atravesados por la división y la mutua desconfianza. Si esta interpretación se llevara a fondo, las causas de la anemia opositora podrían ser rastreadas en su profunda heteronomía, en el hecho, también muy visible, de que sus guiones se escriben desde fuera de sus propios espacios.
Entonces, hay que ocultar esa evidencia. Es necesario encontrar otras causas que no amenacen esa relación mutuamente funcional entre la estrategia de los medios concentrados y ciertas carreras políticas. La voz de orden es, entonces, más energía, más combatividad contra el Gobierno. Y, en estos días, se suma un nuevo caballito de batalla: si la ofensiva fracasa en el Senado -donde la relación de fuerza es estrecha y cambiante- la razón habrá que buscarla en la capacidad del Gobierno para sobornar adversarios.
En el violento e irresponsable operativo se sitúa en la misma bolsa a los intercambios particularistas, es decir las ventajas laterales que pueda obtener una provincia a cambio del apoyo a una iniciativa del oficialismo nacional, la invitación a sumarse a una delegación internacional para algún senador díscolo y la simple y llana coima. Los dos primeros recursos son discutibles pero enteramente legales; el tercero es un delito que tiene antecedentes bastantes cercanos, lo que aconsejaría un grado mayor de responsabilidad en su denuncia.

En última instancia, el éxito mayor al que aspira el Grupo A en esta etapa no es el de la aprobación de sus iniciativas, sino el alboroto que desaten las discusiones -mejor si hay alguna denuncia escandalosa en el medio- y la posibilidad de forzar el veto presidencial a medidas popularmente atractivas. Ni ese modesto objetivo está asegurado, según lo muestran las duras discusiones entre los referentes opositores alrededor del nivel y la distribución de las retenciones a las exportaciones agrarias. En el debate no parece estar en juego un plan estratégico en relación a los ingresos del Estado, sino el modo más eficaz para dañar al Gobierno.
Mientras se desarrolla el intento de acorralamiento parlamentario al oficialismo, la oposición se deshilacha. La escena principal transcurre en torno de las desventuras del jefe de gobierno porteño. El pedido de juicio político a sí mismo, idea publicitaria tan sorpresiva como disparatada, no resiste el choque con la realidad política. El macrismo no logra sumar a la jugada a nadie ajeno a su propia tropa y los rumores de deserciones internas empiezan a presagiar un negro final para el oficialismo de la Ciudad. Muy probablemente el espectáculo, intenso pero veloz, de un juicio político fracasado por falta de la mayoría de los dos tercios sea reemplazado por el trabajo lento y tortuoso de una comisión investigadora que hará desfilar a muchas personas y acumulará datos y argumentos muy fuertes no sobre la comisión de un delito (para eso a Mauricio Macri lo espera un juicio oral), sino sobre el desempeño del alcalde en sus funciones. Habrá que ver cómo se las arregla Jaime Durán Barba para convertir ese calvario en una promisoria tribuna electoral.
Pero el tema Macri desborda los límites de la política porteña. Su desgracia ha terminado por evidenciar la fragilidad de la alianza entre el Peronismo Federal y la centroderecha, con el agravante del enorme signo de interrogación que abre respecto de las perspectivas de quien era su precandidato más competitivo. Si nos atenemos a las declaraciones de estos días, las de Eduardo Duhalde por ejemplo, no será Macri el candidato de los peronistas disidentes en 2011, lo que abre el espacio para una dura disputa interior entre aspirantes que hoy “miden” bastante por debajo del jefe porteño. Mientras tanto, Duhalde vuelve a agitar el Pacto de la Moncloa argentino, un gran acuerdo de gobernabilidad entre “todas” las fuerzas políticas, una generalidad que, claro está, excluye al kirchnerismo. Puede descontarse la impaciencia popular por conocer en detalle ese singular documento que produce el milagro de unir en la defensa de un proyecto de país a personas y corrientes que diariamente intercambian todo tipo de chicanas mutuas.

En el campamento del Acuerdo Cívico y Social los aires no son más armoniosos. Detrás de anécdotas patéticas como la del ataque de Carrió a Alfonsín por compartir un acto de gobierno en su propio pueblo, puede verse la naturaleza de las tensiones. Carrió no tiene su lugar en el Acuerdo. En principio, la diputada no tiene lugar en ningún espacio que no pueda manejar a su arbitrio y que no desemboque, directa o indirectamente, en su candidatura presidencial. El modo de salida aparentemente elegido es el que tiende simultáneamente a dañar la credibilidad del espacio panradical y a mantenerse en el monopolio indisputado de la rabia antikirchnerista. La muy probable candidatura de Carrió para el año próximo será, seguramente, una referencia extrema en la sonoridad y espectacularidad de sus acciones, aunque, en las condiciones que parecen insinuarse, su atractivo electoral tenderá a menguarse radicalmente.
La oposición se muestra más combativa y audaz en las circunstancias de mayor debilidad política propia desde el 28 de junio del año último. Las ilusiones de un rápido debilitamiento terminal del Gobierno se han disipado. Las posibilidades de triunfo electoral opositor parecerían asociarse a un mayor ejercicio de la prudencia, capaz de sintonizar con un clima social que claramente no es el de los días de la discusión de la Resolución 125. Pero esa apuesta tiene un costo principal: la ruptura del vínculo estratégico con las empresas mediáticas que tienen otros intereses y otros tiempos políticos.

DEBATE

31/07/2010 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Argentina – El árbol y el bosque


[29/07/2010 | 21:43] La súbita preocupación del autodenominado Grupo A por la justicia social resulta, aparentemente, incomprensible dada su férrea oposición a todas aquellas medidas tomadas por el Poder Ejecutivo tendientes a desmontar la herencia del neoliberal-conservadurismo desde 2003 a esta parte.

Para comprender esta aparente paradoja hay que ir más allá del debate alrededor del objetivo de lograr el 82 por ciento móvil de las jubilaciones.

Hay que mirar el proceso político más general, inscripto en la batalla fundamental del actual período histórico: desandar los caminos empujados a partir de la dictadura genocida desde 1976. La etapa abierta allí fundó un nuevo régimen de acumulación apoyado en el terrorismo de Estado. Como bien denunció Rodolfo Walsh en su Carta Abierta a la Junta Militar, el aniquilamiento masivo contra los cuerpos y el despojo de los bienes y los derechos de los militantes populares tuvo un sentido que trascendía esos crímenes horrendos: “Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”.

Ese plan, instrumentado para la región por golpes de Estado sangrientos en los años setenta, abrió las compuertas para la instalación de los proyectos neoliberal-conservadores, y el año 2001 expresó en nuestro país un agotamiento de ese proyecto de orden social.

¿Qué región y qué país encontró ese fin de ciclo?

Una América Latina desunida, subordinada a los mandatos imperiales de Estados Unidos, que transitó irresponsablemente por las calles de las “relaciones carnales” y la imposición de las fórmulas ruinosas del Consenso de Washington.

La aplicación sistemática de esas fórmulas se expresó en procesos de concentración y extranjerización de la economía, subordinación a los vaivenes del mercado financiero internacional, elevadísimos costos sociales en términos de desigualdad, exclusión, desempleo. Cualquier indicador social revela los efectos catastróficos que ratifican los pronósticos de Rodolfo Walsh.

En términos económicos, el modelo de acumulación se fundó en políticas exportadoras en detrimento del mercado interno, desplegando una economía de servicios -a expensas de una economía productiva- con sus consecuencias en términos del nivel y calidad del empleo.

La privatización de las jubilaciones resultó no sólo un mecanismo fraudulento contra los trabajadores aportantes sino un muy eficaz dispositivo de vaciamiento del Estado, convertido en garante, en última instancia, de administradoras que estimularon irresponsablemente un capitalismo especulativo.

Todo este proceso supuso también una reconfiguración del papel del Estado, asumiendo el rol de garante de negocios del capital transnacional y sus aliados vernáculos, que se apoderaron vía privatizaciones del patrimonio público construido con el esfuerzo de generaciones de argentinos.

Las políticas sociales de vivienda, salud y educación propendieron a procesos de mercantilización y abdicación por parte del Estado nacional en materia de garantías de derechos.

Cuando se impuso la Alianza, en 1999, continuó con la misma política, y muchas de las figuras estelares del denostado (por la Alianza) gobierno menemista integraron las filas del nuevo oficialismo. La figura paradigmática de Domingo Felipe Cavallo es apenas un botón de muestra de los elencos estables de las políticas neoliberal-conservadoras.

Todavía está fresca en la memoria la reducción nominal del trece por ciento de los salarios estatales y las jubilaciones, que avalaron la entonces ministra Patricia Bullrich y el antaño secretario de Desarrollo Social y actual senador, Gerardo Morales.

Los hechos del 19 y 20 de diciembre fueron una suerte de corolario dramático de aquel ciclo.

El desempleo entonces rondaba el 25 por ciento; la pobreza, el 52 (con el agravante de que si tomamos el universo de niños, adolescentes y jóvenes el indicador se ampliaba al 74 por ciento); la desigualdad era inédita y exasperante.

Medidas que construyen

Fue Aristóteles, un gran estudioso de las sociedades de su tiempo, quien definió a la democracia como el gobierno del mayor número de personas a favor de los más débiles de la sociedad.

Las medidas implementadas desde 2003 nos permiten ver una orientación general que va en dirección a la construcción de una sociedad más democrática, en el marco de un proyecto de unidad regional y de articulación Sur-Sur.

La política exterior renunció expresamente a las “relaciones carnales” con Estados Unidos y promovió activamente la unidad de los países de nuestra América. La elección de Néstor Kirchner como secretario general de la Unasur, tal vez, expresa ese reconocimiento unánime de la región.

En el plano institucional del Estado, reconocemos especialmente el cambio de la Corte Suprema. Esta decisión constituyó una valiosa reconstrucción de un instituto que, en los noventa, fue transformado en soporte y garantía de la impunidad y el privilegio como política de Estado.

En un sentido convergente, el impulso a las políticas de memoria, verdad y justicia ha sido fundamental para la aceleración de las causas por genocidio y la tardía, pero muy valorable, aplicación de justicia.

La política económica se reorientó al estímulo de la producción, y esas definiciones generaron más de cinco millones de nuevos puestos de trabajo en los últimos siete años. Lo pendiente -aunque hay avances en esta dirección- es el mejoramiento de la calidad de los empleos, profundizando el concepto de “trabajo decente”.

La distribución del ingreso entre capital y trabajo avanzó en equidad, y la brecha de la desigualdad se redujo, pero de modo limitado. Este punto también constituye una asignatura pendiente, aunque caben reconocer pasos que van en esa dirección.

Y si en algo el Gobierno dio muestras concretas de su voluntad reparadora, fue en las políticas sociales que viene implementando, aun con las contradicciones, tensiones, disputas y dificultades de remontar un escenario devastado por un cuarto de siglo de políticas estatales para la desigualdad y la exclusión.

En el segmento de la niñez, la Asignación Universal por Hijo constituye una medida de las más progresivas y justas de los últimos sesenta años. Es curioso que quienes hoy se rasgan las vestiduras por el 82 por ciento móvil hayan expresado del modo que pudieron su oposición a esta medida.

Las nacionalizaciones promovidas por el gobierno nacional, como Aerolíneas o la recuperación por parte del Estado del sistema previsional, fueron impugnadas por la misma oposición que hoy reclama mejoras en los haberes jubilatorios.

Con relación a nuestros jubilados y pensionados, también la acción de gobierno demostró, hasta hoy, una orientación inequívocamente democratizadora: dos millones cuatrocientos mil nuevos jubilados que no estaban incluidos en el sistema por diversas causas, aumentos progresivos y la sanción de una ley de actualización de haberes.

Proyecto de País

Mientras que el Gobierno avanzó en la dirección correcta -aun con las insuficiencias que fueron señaladas arriba y otras que exceden el sentido de estas líneas, la oposición vociferante resistió cada una de las medidas progresivas sin otras razones que desgastar al Poder Ejecutivo.

El alineamiento con el monopolio mediático, la oposición a las nacionalizaciones, las críticas a la Asignación Universal por Hijo o los gritos desaforados contra la relación con Venezuela constituyen parte de un mismo proyecto restaurador neoliberal. Por este motivo, suena increíble la demanda del 82 por ciento móvil proviniendo de quienes, siendo gobierno, ajustaron, privatizaron, excluyeron; y quienes siendo oposición resisten las medidas gubernamentales que apuntan a fortalecer la justicia social.

El hecho adicional de que los proyectos de actualización del 82 por ciento móvil carezcan, en general, de la explicitación de fuentes de financiamiento sustentables en el tiempo, hacen pensar que el sentido de esta intervención sigue siendo limar al gobierno nacional.

El Bloque Nuevo Encuentro, que integro, coincide con el objetivo de restituir el 82 por ciento, pero para que esto sea posible es preciso instrumentar otras medidas. La restitución de los aportes patronales para las grandes empresas -que el Grupo A, seguramente, no apoyaría- o la continuidad de las retenciones -que, paradójicamente, la oposición derechista apuesta a derogar- son pasos que permitirían avanzar en el sentido planteado. Allí van las ideas de gravar la especulación financiera, el juego, las industrias extractivas que serían fuentes genuinas de financiamiento. En lugar de eso, con una increíble irresponsabilidad, las espadas de la derecha apuestan a desfinanciar al Estado.

Está poco difundido que los ingresos de la Anses se generan con alrededor de un sesenta por ciento de contribución de trabajadores y empleadores, y el cuarenta por ciento restante por ingresos tributarios. El problema, como se ve, es mucho más complejo que una mera consigna de barricada.

En estos años, la Argentina más que duplicó lo que destina de su presupuesto a la previsión social y es el país de América Latina que tiene mayor aporte, en términos de PBI, a la previsión social. Estos son hechos y no palabras.

La discusión en torno al 82 por ciento móvil esconde otras disputas, ocultando intenciones e intereses inconfesables. Esas banderas del privilegio son sostenidas por quienes despliegan toda su energía en un proyecto restaurador cuya aplicación nos devolvería a un pasado inviable.

No seremos cómplices de una estrategia que multiplicó la pobreza y la injusticia social. Por lo que se hizo bien y, fundamentalmente, por lo que falta, nuestras fuerzas se unirán en torno a un proyecto que otorgue dignidad y justicia a todas y todos, sin inadmisible exclusiones ni repugnantes exclusivismos.

Esta nota fue publicada en la Revista Debate el día 24 de julio de 2010.

|| Fuente: (Por: Carlos Heller -DEBATE)

30/07/2010 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 1 comentario

El salariazo menemista del 82 por ciento por Jorge Giles


22-07-2010 /


Jorge Giles

Ese señor que salta por el aire, que cae y hace “¡plop!”, no es un acróbata de circo.

Es el jefe de gobierno porteño.

Si Mauricio Macri era hasta hoy el eje de la oposición del Grupo A, agárrense porque han quedado descentrados y encima, con las ruedas pinchadas.

No por las escuchas ilegales, sino por un fallo judicial.

La diáspora opositora recién comienza. De acá en más mentirán a tiempo completo para llenar el vacío que dejará la implosión macrista.

Dice Martín Sabatella que “el 82 % para los jubilados en boca del Grupo A es lo mismo que el salariazo en boca de Menem”.

Aplausos. El Grupo A es el menemismo por otros medios.

Cortados por la misma tijera, no tienen escrúpulos a la hora de mentir y de usar los sentimientos más nobles de nuestro pueblo para hacer política.

Algunos de los opositores han dicho y otros lo dejaron entrever, que “el salariazo del 82 %”, se financiaría con “otra ANSES que se ocupe de los jubilados exclusivamente” y borre de su agenda la Asignación Universal por Hijo, el Fútbol para Todos, la promoción de más producción y más empleo, las computadoras para los pibes, las vacaciones y beneficios sociales que se otorgan a trabajadores activos y pasivos.

Macri dijo incluso, que había que reprivatizar el sistema y volver a las AFJP.

Ahora son cautos porque el sabio riojano les enseñó: “Si hubiese dicho antes de las elecciones todo lo que iba a ejecutar en el gobierno, no me hubiesen votado”.

Por primera vez en décadas, gobierna la Argentina un proyecto de país.

No hay solamente una gestión de gobierno mas o menos prolija.

Y cuando hay proyecto nacional, hay políticas de corto, mediano y largo alcance.

La velocidad del proceso político la pone el que mantiene el timón entre sus manos, el que mira la brújula para confirmar el norte y el que mide los vientos día a día. Para eso se elige un gobierno en democracia. Para transformar la realidad con responsabilidad y buen tacto. Es el que dice, por ejemplo, “las reservas están para usarlas cada vez que se justifique hacerlo”. Luego, las usa y las dobla en cantidad al mes siguiente.

Su imaginario no se agota en poner las baldosas de la casa, sino en asegurar cimientos fuertes, levantar las paredes, ponerle un buen techo, pintarla, calefaccionarla, asegurarla.

La oposición piensa todo lo contrario.

Es el único “ente” que tiene la capacidad de equivocarse tanto en el llano como cuando gobierna.

Respetuosamente, son ineptos todo terreno.

Miren a Macri. Es la única maqueta viviente que tiene la derecha para exhibir y “mirá lo que quedó”, como dice el tango.

El ministro Amado Boudou y el titular de ANSES, Diego Bossio, ya dieron las explicaciones técnicas que derrumban la demagogia del 82 %, reafirmadas por la Presidenta y por Néstor Kirchner cuantas veces fue necesario hacerlo.

Demuestran con números lo que el sentido común indica.

Pero la oposición responde con la lógica de la política antes del 2003.

Sus “ofertas” se inspiran en cómo saquear mejor los recursos de los propios trabajadores; por eso la fórmula para la oposición sigue siendo: “pobres contra pobres”.

El modelo político y social iniciado en el 2003 rompió con esa lógica e impuso la lógica de la justicia social: Sacar a los que más tienen para lograr un equilibrio social.

Por eso lo atacan desde el verdadero poder que es el poder económico concentrado, el monopolio mediático del Grupo Clarín, la derecha conservadora, la jerarquía eclesiástica.

Este gobierno pisa esos callos, no los sufridos pies del pueblo como se mal acostumbraron a hacer los políticos que destruyeron la Argentina en los noventa con la versión original del PRO- Pejota disidente y luego con la Alianza radical de Fernando de la Rua.

No hay que dejar que los lobos se vistan de corderos.

Sin agraviar a nadie, no habrá que ponerse a la defensiva ante el embate demagógico. Hay que denunciarlos públicamente.

¿O alguien creería a Videla diciendo que ahora defiende los derechos humanos?

Desde ayer somos más libres y más iguales. Y eso es lo que vale.

El Argentino.com

25/07/2010 Posted by | Medios de Comunicaciòn, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Argentina – El plan opositor


Veamos quiénes son los grandes apoyos de la Coalición Opositora y sus principales objetivos.

Por Antonio Tourville (*), especial para NOVA.

Esto que escribo hoy no es nada nuevo, y ya sucedió en Argentina, y lo voy a repetir hasta el 2011 por todos los medios posibles y de todas las formas a mi alcance. No esperé -ni espero- nada material de la política, nunca obtuve nada de ella, en cambio puse y seguiré poniendo todo mi esfuerzo y algunos recursos en pos de la defensa de mi Patria y del bienestar del Pueblo.

Esto lo siento, porque estoy enamorado de mi Patria y de mi Pueblo. Gracias al pueblo, estudié dos carreras en Ciencias Exactas, en universidades públicas, esto acrecentó mi formación y mi juicio lógico. Relato esto porque me he sorprendido yo mismo, porque he publicado resultados, mucho antes de que ocurrieran, cosa que a achaco a mi libertad de pensamiento y a la estructura  lógica del mismo. Para ello, mi método es 1) Recabar toda la información posible, 2) Cruzarla, 3) Ponerme en el lugar de la persona o grupo a los que quieran anticipar, 4) Pensar desde la lógica, teniendo en cuenta los condicionantes y las personas o grupos que los rodean y apoyan.

Por esto, desde que se demostró el que Grupo A era posible, desde que, alcoholizados por el poder y el odio, Solanas y Pinedo aplaudían juntos, o encontrados por la incongruencia, Lozano y Prat Gay también festejaban, o aunados por la prostitución ideológica, Bonasso coincidía con Carrió, o haciendo gala de amnesia, Alfonsín hacía migas con los diputados de la Sociedad Rural, o enfrascada en la locura, Donda caminaba junto a Aguad, o traicionando a Perón, supuestos peronistas le daban aire y poder a los enemigos actuales e históricos del peronismo, o mujeres que dicen reivindicar a Eva se ponían como viles serviles a favorecer las intenciones de la oligarquía, que escupió, violó, arrastró y mansillo a Evita.

Era lastimoso ver a antiguos hombres y mujeres de la Causa Popular complotar contra su pueblo, haciendo recordar la década de la traición cipaya, comandada por Menem y Duhalde.

Y allí quedó claro: estos sujetos no tienen principios, no tienen ideologías, no tienen Patria, sólo los mueven sus bajas y entupidas ambiciones, que más tarde o más temprano este Circo Romano que armaron los hará victimas, porque Roma no paga traidores y el Pueblo jamás los perdona.

Vayamos a lo nuestro, tomando distancia, veamos quiénes son los grandes apoyos de la Coalición Opositora y sus principales objetivos. Se destaca: la Mesa de Enlace, (que pretende la anulación de> las retenciones y la liberalización del comercio exterior), la UIA de las multis y grandes empresas (que pretende una devaluación, y  bajar el costo laboral e impositivo), el Oligopolio de Medios (que pretende la abolición de la nueva ley que lo regula y la devolución de su gran negocio, el fútbol), la CIA o el poder de Estados Unidos (que pretende la alineación obediente y el abandono del Mercosur), los Bancos Buitres (que pretenden recuperar las AFJP y seguir con la timba financiera).

Estos, en grandes líneas, son los pagos de favores que tendría que cumplir el nuevo gobierno, surgido de la Coalición A, llámese Cobos, Duhalde, Carrió o Macri. ¿Pero cómo harían todo esto? Para ello tendrían que desarmar todos los planes sociales, como la asignación por hijo, las becas, el subsidio a madres  de siete hijos, las cooperativas de trabajo, etc. Tendrían que bajar los salarios y las jubilaciones, tendrían que producir desocupación para bajar las pretensiones salariales, tendrían que argumentar el abandono del Mercosur,> tendrían que bajar el consumo por el aumento de los precios que se irían a dólares por las liberalización de las exportaciones.

Cosa casi imposible, porque ante la primera medida el pueblo reaccionaría y ya las otras serían inviables. Por ello, este gobierno parido por los Duhalde, los Solanas, las Carrió, los Macaluse, los Macri, los Bonasso, los Lozano, los Prat Gay, los Alfonsín, los Morales, los Aguad, los Biolcati, los Pinedo, las Bullrich, las Dondas, etc., etc., tendrían que tomar todas estas medidas de una sola vez y sentarse a esperar los resultados que sumirían a todo el Pueblo en un desastre generalizado, que lo llevaría al sálvese quien pueda, evitando la reacción.

Pero, a todas luces, todas estas medidas juntas producirían una pueblada y el gobierno caería. Por ello, el único camino  y el único plan de la oposición es tomar una sola medida que traiga como consecuencia a las demás. Y esto no es otra cosa que una violenta devaluación con la liberación del comercio exterior, con la excusa de aumentar la competitividad y dar un envión a la productividad y el crecimiento, que es el discurso de estos viles opositores Grupo A.

Una devaluación que llevaría al dólar a 6 pesos o más, justificándola, además, con el falso descalabro producido por los Kirchner Esto produciría: que el poder adquisitivo de los salarios se redujera a la mitad (dado que todos los bienes subirían al doble), que la asignación por hijo, las becas, los subsidios, y otros planes, caerían en igual medida. Necesitándose la mitad de los dólares actuales para sostenerlos, esto haría posible bajar o anular las retenciones agropecuarias, la reducción de algún impuesto a la producción y/o el otorgamiento de algún subsidio en el mismo sentido a las grandes empresas.

Una devaluación como esta haría que los países del Mercosur nos pusieran aranceles diferenciados a nuestras exportaciones, con nuestro consiguiente enojo, y nuestro alejamiento del bloque, para caer en el abrazo del oso del Tío Sam. La UIA de los grandes se alegraría por la baja del costo laboral e impositivo. El mercado interno, desfinanciado por la caída del salario y el aumento de los precios que se mantendrían en dólares, caería, produciendo el cierre de toda empresa no vinculada al comercio exterior, produciendo desocupación y la caída de las condiciones laborales y pretensiones salariales.

En medio de todo esto, seria casi una nimiedad abolir la Ley de Medios y devolver el fútbol y las AFJP, con el cuento del achique del gasto y del cuidado de los fondos de los jubilados, que casi habrían quedado licuados por la devaluación.

En tanto, la calidad y la cantidad de la alimentación caerían, la carne, la leche, y todo alimento proteico ahora cotizados en dólares sería prohibitivo, y el pueblo se alimentaría con grasa de poco valor e hidratos de carbono, cayendo en la desnutrición y en el desequilibrio fisiológico, produciéndose un desastre sanitario consecuente.

Los bancos de las escuelas comenzarían a vaciarse, la mortalidad infantil crecería, se llenarían las veredas de los hospitales y el futuro de nuestros jóvenes se mudaría nuevamente a los aeropuertos, ahora sin destino, dado que el mundo recién está entrando en la crisis de su sistema  financiero.

Así es  el Modelo Opositor, con que sueña Clarín y La Nación, dirigido y apoyado por la Coalición Grupo A. Tendríamos un país exportador, tal vez con un excelente crecimiento de su PBI, con un pueblo hambreado, desocupado, esclavizado, donde sus mejores hijas se prostituirían y sus hijos serian arrastrados por la desazón a la droga y al delito.

Este país sería surcado por un combate a la inseguridad a sangre y fuego, dado que ésta crecería en forma exponencial y también su represión. La protesta social sería criminalizada y reprimida, Kosteki, Santillán, Fuentealba, Teresa Rodríguez y Víctor Choque caerían en el olvido, porque sólo serían unos, entre otros muchos.

Este es el país al que nos quiere conducir la Coalición Grupo A; resistiremos, aunque en ello se nos vaya la vida.

(*) Dirigente peronista de Paz, Pan y Trabajo.

10/12/2009 Posted by | General, Politica Internacional, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , | 1 comentario