America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Una aparición que destrozó varios mitos – Hernàn Brienza


Una aparición que destrozó varios mitos
La gran respuesta que debe dar en el futuro Máximo Kirchner no es política, es metafísica.

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El paro-boicot del martes transcurría anodino. Perpetrada por el dúo dinámico Hugo Moyano y el antisemita Luis Barrionuevo, y secundada por los superhéroes menores del desatino como Pablo Micheli y los dirigentes del trotskismo, la medida de fuerza impedía ir a trabajar a millones de trabajadores que desgraciadamente no pagan el impuesto a las Ganancias porque sus sueldos no son tan altos en defensa de los intereses unos pocos (desgraciadamente, otra vez) trabajadores que sí perciben un salario que los obliga a pagar porcentualmente el impuesto a la ganancia. Para que quede claro, un empleado de un Kiosco del micro-centro que vive en Lanús, por ejemplo, no pudo ir a trabajar porque los transportistas y quienes cortaron el Puente Pueyrredón lo tomaron de rehén porque estaban muy preocupados, por ejemplo, por los ingresos de un pobre gerente bancario que, como cobra 80 mil pesos de sueldo, debe retribuir al Estado 15 mil pesos, 15 mil pesos que el Estado, a través de las políticas de subsidio del gobierno, destina a abaratar el precio del colectivo o del tren, por ejemplo. Un verdadero desatino, que se entiende en el caso de dirigentes gremiales como Moyano, cuyos empleados cobran más de 15 mil pesos gracias a las paritarias que instituyó el gobierno y también en el caso del empresario gastronómico, ya que su odio al Peronismo lo ciega. No se entiende mucho en los demás convocantes, excepto que uno comprenda profundamente ese dicho que reza “en política, los extremos se tocan, pero sólo uno de ellos es consciente de ello”.

“Creo que Máximo no debe ser ni Néstor ni Cristina. Máximo debe ser Máximo. Es decir, una expresión generacional diferente del Kirchnerismo. Toda repetición es conservadora”.
El paro-boicot del martes había logrado parte de su efecto: convertir a Buenos Aires en un sábado sin colectivos ni trenes ni subtes. Y cuando todos los canales de televisión y las radios hablaban de eso, Víctor Hugo Morales anunció que en unos minutos saldría al aire Máximo Kirchner, el hijo de la presidenta, en su programa de Radio Continental. A medida que pasaban los minutos, el reportaje al líder de la Cámpora se convirtió en una verdadera cadena nacional privada: decenas de radios y varios canales de tevé levantaron la señal y pusieron al aire en forma simultánea la palabra de Máximo Kirchner. En un rinconcito patético quedaba TN mostrando las cicatrices que la medida de fuerza había dejado en la ciudad.

¿Por qué la aparición de Máximo produjo tanto efecto político y mediático? Buena parte de la respuesta se la lleva los dos pilares centrales de la táctica kirchnerista: Oportunidad y Sorpresa. ¿Por qué fue oportuna su aparición? Sencillo: porque a media mañana del martes ya nadie hablaba del paro-boicot, ya nadie esperaba lo que dijera Moyano y se había generado cierta ansiedad en saber qué iba a decir la presidenta a las 18 horas. La voz de Máximo tapó los gritos de los convocantes a la medida de fuerza. Si lo hubieran planeado no habría salido mejor, y por eso estoy seguro, justamente, de que planearon hasta el mínimo detalle, valga la ironía.

En segundo término, la salida de Máximo generó sorpresa porque fue del orden de lo “No dado”. No tengo registro en mi memoria de que el líder de La Cámpora haya dado una entrevista radial tan extensa. No puede ser esperado algo que nunca ha sido. He allí su excepcionalidad. Y segundo, porque nadie se esperaba que hablara públicamente. Quizás por esa razón, un hecho mediático se convirtió en un acto político.

Escuchar hablar a Máximo Kirchner generó un sinfín de reacciones. Salvo el inefable Grupo Clarín y la desagradable tapa de la revista Noticias, no hubo consecuencias negativas de la emergencia de la voz de Máximo. Respecto de la tapa de Noticias, creo que una vez más han logrado superarse a sí mismos en el grado de perversión y mal gusto. Me pregunto qué habría pasado si, por ejemplo, el diario Miradas del Sur hubiera publicado en su tapa las fotos de los hijos de Jorge Fontevecchia con dos tiros en la frente y una leyenda que dijera: “La pesadilla de Jorge”. Habría sido un escándalo mediático, un atentado contra la libertad de prensa y, seguramente, muchos habrían leído allí un mensaje de tipo mafioso. Sin embargo, eso no ocurrió con la tapa de la revista Noticias: El fotoshop no da licencia para herir la humanidad del adversario, colegas. Ni los políticos opositores se animan a tanta maldad. El periodismo es más cruel y despiadado que la política.

La aparición de Máximo Kirchner ha despertado en el Kirchnerismo social un revuelo de ponchos felices. Los deseos imaginarios de un gran sector de la población partidaria del gobierno nacional ha escuchado en el hijo los fraseos del padre, la inteligencia de la madre, la frente de la hermana, las manos de la tía y la mirada del abuelo. Como si estuvieran delante de la “nurserí” se reparten parecidos imaginándole un futuro inmediato y a largo plazo. No faltó incluso aquel que lo vio presidente en diciembre de este año.

Pero más allá de las fantasías, lo cierto es que su aparición destrozó varios mitos y dejó algunas cosas claras: 1) Máximo tiene un muy buen discurso mediático (tiró al menos cinco títulos distintos), 2) tiene una gran capacidad de generar frases cortas y comprensibles para todos, es decir, consignas políticas, 3) posee capacidad discursiva y buena oratoria, 4) ocupó el espacio público con un discurso político con contenidos, no sólo en términos teóricos sino también ocupando territorios de voluntad política, 5) Si juega a la Play Station o no es un dato secundario. Evidentemente, se puede jugar a la Play y tener capacidad para la acción política.

Quizás la gran respuesta que debería dar Máximo sea metafísica. Es decir, ¿quién es Máximo Kirchner más allá de la mirada de quiénes lo miran? ¿qué quiere Máximo más allá de los deseos de quienes lo proclaman, lo reclaman, le exigen o lo presionan? Cuándo él responda esas preguntas habrá dado el gran salto de su vida y se encontrará finalmente con su destino. Hay quienes ven en Máximo a Néstor resucitado. Hay quienes consideran que en realidad ha recibida toda la herencia de su madre Cristina. Posiblemente, Máximo sea una síntesis de su padre y de su madre con todo lo bueno y lo malo que ello significa para cualquier hijo. Para que el Kirchnerismo tenga futuro, Máximo debe ser Máximo. La base social del Kirchnerismo descree de cualquier otro líder político que no se apellide Kirchner. Esto no es ni bueno ni malo en sí mismo.

Gran parte de la sociedad descree de la clase política en su conjunto. Hay un vasto sector que cree en un apellido como “control ideológico” en la acción política. No cree en otros apellidos, no cree en liderazgos institucionalizados o en partidos políticos. Cree sólo en liderazgos personales. Esto habla más de las debilidades del sistema político argentino (o latinoamericano) que de las cualidades de un apellido y sus miembros. No se trata de providencialismo sino de confianza política. El Kirchnerismo cree que “un Kirchner” no sería capaz de traicionar el legado de “los Kirchner”. No está vinculado al “nivel de atraso” de las sociedades latinoamericanos sumidas en el populismo barbárico sino que es consecuencia del nivel de desconfianza que generan las democracias modernas en el mundo. La confianza en los Kirchner no es un signo “del atraso de los pueblos” es una consecuencia del vaciamiento de las democracias modernas mediáticas, como bien explicó Pierre Rosanvallon en su libro La Contrademocracia.

Por último, creo que Máximo no debe ser ni Néstor ni Cristina. Máximo debe ser Máximo. Es decir, una expresión generacional diferente del Kirchnerismo. Toda repetición es conservadora. Y el Kirchnerismo será transformador o no será nada.

Infonews

05/04/2015 Posted by | General, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , | Deja un comentario

El desafío de transitar dos años sin sobresaltos – Felipe Yapur



El desafío de transitar dos años sin sobresaltos

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Afianzar el control parlamentario es necesario para la trascendencia del modelo, más allá del límite constitucional de 2015.

Felipe Yapur

El kirchnerismo tiene para este 2013 un objetivo primordial y no es otro que garantizar todo el poder político necesario para posibilitar, en condiciones normales de temperatura y presión, un transcurrir sin grandes sobresaltos (internos) de los dos últimos años de gestión de Cristina
Kirchner. El cumplimiento de este objetivo, que se expresará en los comicios parlamentarios, permitirá otorgarle al modelo político puesto en marcha en 2003, un mejor y más profundo desarrollo y, fundamentalmente, la permanencia en el tiempo.

Un importante triunfo electoral del Frente para la Victoria sirve para muchas cosas. Afianzar el control parlamentario de las Cámaras genera tranquilidad a la hora de aprobar leyes. Pero, sobre todo, es necesario para trabajar en la trascendencia del modelo más allá del límite constitucional de 2015. Si las bancas que se obtienen son suficientes para avanzar en una reforma constitucional, la presidenta tendrá un problema menos para decidir si buscará o no una nueva reelección. En este hipotético escenario, la reforma de la Carta Magna es una carta que sólo CFK sabe si la jugará. Pero si aun así la presidenta decidiera no convocar a una Convención Constituyente, también puede suceder que los curules obtenidos no llegaran a ser suficientes para esa jugada; un buen resultado electoral servirá para que ese volumen de poder político obtenido se utilice para gobernar sin el estigma del “pato rengo” y, sobre todo, que CFK elija el o la sucesora para el período 2015-2019.

La reunión que el kirchnerismo bonaerense realizó en Santa Teresita se enmarca en la búsqueda de este objetivo. También resulta útil para anular o limitar las aspiraciones presidencialistas precoces de algunos dirigentes. El gobernador Daniel Scioli es uno de ellos. Por lo tanto, la reunión con los intendentes bonaerenses, con la presencia de los distritos más importantes en cuanto a peso electoral, representa un mensaje claro para el mandatario.

Por un lado, ese cónclave fue realizado en el mismo lugar y fecha en que Néstor Kirchner reunió a la tropa bonaerense en 2010 luego de la derrota electoral del año anterior y desde donde lanzó el proceso de recuperación política. En esta oportunidad no se viene de una derrota, pero el desafío que se enfrenta es todavía mayor: la continuidad del modelo. En ese sentido, los intendentes cobran mayor importancia porque son los dirigentes políticos, electos por la voluntad popular, que mayor cercanía tienen con las bases. Un mejoramiento de las gestiones municipales es una herramienta importante a la hora de garantizar el acompañamiento electoral.

La reunión, que contó también con la presencia de ministros y legisladores nacionales, le marcó el territorio al primer candidato presidencial que se anotó en la carrera de 2015. Scioli, como cualquier aspirante presidencial, necesita del control político del territorio bonaerense para asegurarse un hipotético triunfo en 2015. Entonces, mientras no exista una definición de lo que hará la presidenta para ese año, ella recupera una estrategia de la que supo valerse Néstor Kirchner para quitarle el poder a Duhalde: los intendentes. El mensaje que se buscó enviar, y que debe haber llegado, es que en la provincia de Buenos Aires la líder y conductora es CFK y nadie más. De paso, al gobierno le sirvió para frenar ese reclamo sciolista de una nueva ley de coparticipación federal, un pedido que tiene más perfume a maniobra electoral con la que se pretende forzar a algún mandatario provincial para que exprese descontento y así comenzar a recorrer el país con una ambulancia. Pero, dicho sea de paso, no debe haber gobernador, oficialista u opositor, dispuesto a resignar un punto de su coparticipación para mejorar el porcentaje de Buenos Aires, uno de los distritos que recibe el mayor respaldo (en dinero y obras) del gobierno central.

Este encuentro también resulta un mensaje para el resto de los distritos del Frente para la Victoria. La renovación del parlamento provoca tensiones entre los que finalizan su mandato y quieren repetir. El tema es que una vez más la lapicera que escribirá las listas la tiene CFK y algunos ven peligrar su continuidad en las cómodas bancas del Congreso. El gobierno entonces enfrenta una prueba más que interesante porque deberá encontrar un punto de equilibrio tal que le permita incorporar nuevas camadas de legisladores kirchneristas, esos que tienen en sus entrañas el modelo que impulsa y conduce CFK, sin perder esos acuerdos todavía necesarios con referentes de los viejos y anquilosados esquemas de construcción política del pejotismo, como lo definía Néstor Kirchner.

Entre los que ven el fin de su paso por el Congreso apuestan a una diáspora que les sirva para mantener su banca y, de paso, pellizcar algo en un posible armado peronista no kirchnerista. Si bien se sabe que en el kirchnerismo hay mucho peronismo pero que no todo el peronismo es kirchnerista, esta depuración es útil para que el FPV avance en su construcción como fuerza política transformadora y se convierta, como aspiran muchos de sus integrantes, en el peronismo del siglo XXI.

No es una tarea fácil la que comienza, pero es necesaria. En ese marco, 2013 se presenta como un mejor año en lo económico. La obra pública será uno de los pilares, nuevamente, de la gestión donde el programa Pro.Cre.Ar, el más importante en décadas en lo que hace a la construcción de viviendas, será otro de los motores de la apertura de puestos de trabajo. La relación con Brasil seguirá siendo una prioridad y un repunte económico de ese poderoso país que hace sonreír a más de un funcionario del gobierno nacional. Elementos que permitirán al FPV mejorar sus chances electorales. Parece poco complicado pero también el gobierno sabe que tiene enfrente a sectores decididos a provocar daño. La CGT de Hugo Moyano es uno de ellos.

El dirigente camionero, abandonando su condición de líder de trabajadores, se suma a la pléyade de representantes de sectores corporativos con los que buscará patear el tablero del único gobierno que le abrió las discusiones paritarias y el respeto por los convenios colectivos. Desdoblar las paritarias, como anunció, tiene más que ver con su estrategia electoral, que se podría definir como un “rompan todo”. Así Moyano se transformó en un ejemplo de lo fácil que resulta ser un opositor al que no le preocupa la destrucción de lo obtenido con mucho esfuerzo en la última década.

Mientras tanto, las otras dos fuerzas políticas que muestran potencial crecimiento tienen una llamativa estrategia similar. Tanto el PRO como el FAP, como si se tratara de una versión argentinizada de la MUD (Mesa de Unidad Democrática), esa que sin éxito pergeñó la oposición venezolana, suman partidos y representantes extra-política, con tal de mejorar sus chances electorales. Falta tiempo para los comicios, pero sus irregulares movimientos dan cuenta de la desesperación que genera el no poder enhebrar una serie de propuestas alternativas a un modelo que ya cumple diez años de avances y transformación.

Infonews

02/02/2013 Posted by | General, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario

¡FRACASADOS CON MUERTE POLÍTICA ANUNCIADA!


Las caras lo dicen todo, ambiciosos fracasados, traidores, usan a los obreros para seguir consiguiendo privilegios. Lo de los subsidios familiares y el mínimo no imponible son la zanahoria, buscan posicionarse políticamente junto con el grupo Clarín…. Yo a esta película le pondría este título : FRACASADOS CON MUERTE POLÍTICA ANUNCIADA!

20/11/2012 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

La oposición envejece – Roberto Caballero


22.07.2012 |

Si no logra interpretar los cambios que se produjeron de los ’90 a esta parte, el antikirchnerismo seguirá declinando junto al país conservador. La encuesta de Ibarómetro y los nuevos valores de la sociedad argentina.

Por:

Roberto Caballero

Siguen siendo un misterio para el desolado universo opositor las razones que explican la supremacía política del kirchnerismo en la Argentina de hoy. Esa impotencia del arco anti-K, sin embargo, no es una buena noticia. La democracia necesita de algo más que la ceguera opositora. Es su lucidez la que está haciendo falta. Entre otras cosas, para advertir que la última década fue pródiga en cambios que merecen, al menos, ser interpretados si no quieren caer en el recurso de la satanización constante del oficialismo como único –y, a esta altura, también inocuo– aporte al debate. Es evidente que tratando de desgastar al kirchnerismo consumen su propia energía. La convergencia argumental entre, por ejemplo, el socialista Hermes Binner y el liberal-conservador Mauricio Macri, no daña al oficialismo: desorienta a los propios. Que Hugo Moyano coincida con el Momo Venegas y este, a su vez, se abrace con Hugo Biolcati en la Sociedad Rural, no acumula en un proyecto alternativo. Son señales que entusiasman mucho a los diarios hegemónicos, pero que hacia abajo no producen nada. No hay euforia entre los socialistas porque Binner coincida con Macri, ni entre los moyanistas se palmean orgullosos porque Venegas alabe al camionero. Es así de simple: hay sumas que como resultado dan cero. Es difícil que cambien, porque el kirchnerismo suscita un apoyo masivo que empuja a los opositores a la propia automarginación. Pero no se trata, solamente, de la iniciativa política del partido gobernante. No es la cadena oficial ni ningún atajo episódico lo que explica esto que ocurre. Es la escasa voluntad por asumir y entender que el viejo orden de las cosas ya no existe como tal y que uno nuevo, a los tumbos pero irreprimible, se viene construyendo colectivamente en todos estos años.
Por caso, en la última edición de la revista Veintitrés se publica una reveladora encuesta de Ibarómetro, comandada por el sociólogo Ignacio Ramírez. Es un relevamiento minucioso realizado entre noviembre de 2011 y junio de 2012, sobre 1000 casos en Capital Federal, Primer y Segundo Cordón del GBA. Los resultados reflejan un cambio de valores en la sociedad que son los mismos que el kirchnerismo contiene como “ecosistema cultural” –así lo define el sociólogo Ramírez–, en rotunda oposición a los que hegemonizaron la década de los ’90. A continuación, un breve resumen, que contempla a los que no saben ni contestan:

* Sobre el rol del Estado en la economía: el 76,3% de los consultados dice que tiene que ser “activo” y sólo el 11,3% sostiene que no debe intervenir.

* Sobre las alianzas políticas y económicas del país: el 64,6% opina que deben ser con “América Latina” y el 17,6% con los “Estados Unidos”.

* Sobre los juicios por violación a los Derechos Humanos: el 68% afirma que “deben continuar”, y el 18,8% piensa lo contrario.

* Sobre la participación de los jóvenes en la política: el 58,4% ve a las nuevas generaciones “más involucradas en política” y le “parece bien”, mientras que el 25,2% no ve mayor involucramiento juvenil y al 2,6% le “parece mal” el aluvión participativo.

* Sobre el interés en general en la política: el 23,7% dice que le interesa “mucho”, el 33% “poco”, el 26,9% “bastante” y el 14% “nada”.

* Sobre la frecuencia con la que se conversa de política: el 41,7% dice que “algunas veces”, el 26,4% “siempre”, el 21,4% “raramente” y el 9,1% “nunca”.

* Sobre la Ley de Medios de la democracia: el 43,6% ve como “positivo” su implementación, mientras que un 17% considera que es “negativa”.

* Sobre la influencia de los medios en general: el 69% sostiene que es “mucha” o “bastante”; el 61% cree que las noticias que dan los principales medios están influenciadas por “intereses comerciales” y “organizaciones poderosas”, y el 34% afirma que los periodistas están condicionados por las empresas en las que trabajan.

Si los ’90 fueron el paisaje calendario del fin de las ideologías, la despolitización, la reconciliación entre víctimas y victimarios, y la no-intervención estatal en la economía, el paisaje actual es su exacto opuesto. El nuevo tiempo trae aparejados nuevos valores que fueron internalizados por la sociedad. Se está operando un cambio cultural que va a terminar cristalizando en un paradigma que no será neoliberal, entre otras cosas porque el Consenso de Washington dejó de ser el consenso hegemónico planetario. ¿Es el kirchnerismo el que propone este vuelco radical? ¿O simplemente asume esos valores como propios? Un poco y un poco. El neoliberalismo en la Argentina fracasó de modo impiadoso y el emergente político desacralizador de los valores que lo instituyeron como pensamiento único durante más de una década, aquí y ahora, se llama kirchnerismo. Este decide sobre la ola. Y decide bastante parecido a lo que una vigorosa mayoría social pretende. Así se entiende el 54% de octubre pasado, aun con los problemas y el desgaste natural de gestión.
¿Por qué la alternativa provino desde el mismo kirchnerismo y no de la oposición, después de ocho años intensos? La enseñanza que dejaron los festejos del Bicentenario es que la realidad deseada por la oposición política y mediática no existe más allá de las primeras 15 páginas del diario Clarín y de las editoriales previsibles de La Nación. Es inédito lo que sucedió y sucede: el oligopolio continúa manejando la agenda de los periodistas –aun la de algunos kirchneristas–, pero su incidencia en la agenda pública hoy es relativa. Quizá porque sus ideas son las ideas que vinieron a ser suplantadas por las nuevas ideas que abraza la sociedad del Bicentenario.
Volviendo al ejemplo de 2010: se suponía que la sociedad estaba enojada con lo que pasaba. Los políticos opositores se peleaban para pescar adhesiones en el amplio y vasto océano del antikirchnerismo social que reflejaban los diarios, y nada de eso ocurrió. No había caña y no había agua. Al contrario, la gente quería ganar la calle y festejar, como lo hizo. Y un tiempo después, Cristina arrasó en las urnas, sacándole casi 40 puntos al segundo inmediato.
En tanto y en cuanto la oposición no registre que se produjeron cambios que no tienen retorno, el mismo escenario puede repetirse. Si no sale de su ensimismamiento y comienza a leer que la geografía social y cultural ya no es la misma, va a fracasar todas las veces que lo intente. En eso, valdría que observen a Beatriz Sarlo, no cuando habla desde los prejuicios, sino cuando sale a investigar por cuenta propia lo que sucede allí abajo, donde ocurre lo que no entiende. Su crónica sobre un viejo acto kirchnerista en Ferro, donde hablaron Emilio Pérsico, Hugo Moyano, Daniel Scioli y Néstor Kirchner es de antología. Su descripción es rigurosa. Se puede ser antikirchnerista e inteligente. Ella encontró verdadera militancia donde otros sólo veían clientelismo. No importa lo que después diga en Radio Mitre con el codo: vale lo que dejó por escrito con su mano. Con valentía. La misma valentía intelectual que debiera tener la oposición si dejara de una vez por todas el relato autoflagelante y volviera a tener algo de voluntad de poder. Las tribulaciones de los opinadores tristes del antikirchnerismo, enfermos a su vez de retórica salvacionista, crean un clima casi surrealista. Como si los problemas los tuviera el kirchnerismo y no los que se le oponen sin poder vencerlo.
En un punto, hay que decirlo, son eficaces. En la generación de intrigas, por ejemplo: a Moyano y a Scioli les agitaron fantasías narcisistas, jugaron con cartas prestadas y después quedaron pedaleando en el aire. El ex motonauta, al menos, supo meter reversa. Al camionero, en cambio, se le trabó la caja. La de cambios.
Es preocupante. La oposición no está viendo algunas cosas obvias. Una: hay más verdad en Tecnópolis y en las caras de los que pasean entre sus stands que en los estudios de TN y América TV. Dos: la sociedad no quiere volver a los ’90, nunca más. La encuesta del sociólogo Ramírez tiene un apartado que ilumina el escenario donde se juega la política en serio. Se les pregunta a los encuestados si son felices: el 32,1% confiesa que es “muy feliz”, el 33,3% dice que es “bastante feliz”, el 24,8 % asume que es “poco feliz” y el 7,3% que es “nada feliz”.
Haría bien el antikirchnerismo en mensurar estos datos si quiere abandonar el testimonialismo. Y la amargura, de paso. En definitiva, si no quiere envejecer y declinar junto con el país conservador.
Y haría mejor el kirchnerismo en no dormirse en los laureles. Aunque en este caso, es improbable que su hiperactiva conductora los deje.

Tiempo Argentino

24/07/2012 Posted by | Economía, General, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Un camionero que perdió el rumbo



Un camionero que perdió el rumbo
by soydondenopienso

El árbol y el bosque

22–06–2012 / Nadie puede interpretar que el conflicto de los camioneros se limita a una cuestión meramente gremial, porque de ser así, el árbol estaría tapando el bosque.

Por Gustavo López

El gobierno nacional popular y progresista, que se inició el 25 de mayo de 2003, fue el que más ha hecho por los trabajadores en los últimos 50 años, y su tarea fue profundizada y expandida a partir del año 2007 con todas las medidas tomadas e impulsadas por el gobierno de Cristina Fernández.

La generación de más de 5 millones de puestos de trabajo basada en el modelo de expansión económica de mercado interno, la renegociación de la deuda externa, la recuperación de la administración de los fondos de jubilaciones y pensiones, la Ley de Movilidad Jubilatoria, la asignación universal por hijo, la re estatización de YPF o el plan de viviendas a Pro.Cre.Ar, forman parte de un todo, que implica una unidad en el pensamiento político de este modelo al cual se vienen oponiendo las grandes corporaciones que representan al capital concentrado y pretenden la reimplantación del modelo económico neoliberal que dejó a la Argentina al borde de la disolución en 2001.

¿Quiénes se beneficiaron con la expansión de la economía, el blanqueo de puestos de trabajo y la generación de empleo formal, sino los propios trabajadores?

Por eso, hay que recordar que son aquellos que impulsaron la sanción de las leyes de flexibilización laboral, y los mismos que apostaron a la desindustrialización, la importación indiscriminada, el congelamiento de las jubilaciones y, después, a la reducción de jubilaciones y salarios, los que hoy se oponen al modelo.

Romper con el neoliberalismo parecía imposible y, sin embargo, Néstor Kirchner lo hizo a partir de 2003. Y juntamente con ese imposible, se terminaron otros imposibles , como la impunidad del terrorismo de Estado.

Hoy, tanto las garantías individuales como los derechos colectivos que consagra nuestra Constitución están vigentes, por eso existe pleno ejercicio del derecho a la libertad de expresión y las paritarias funcionan normalmente.

Entonces, ¿por dónde pasa el conflicto, por un aumento salarial? Claramente que no.

Lamentablemente, algunos compañeros que lucharon contra el neoliberalismo y luego acompañaron este proceso transformador, hoy vuelven a perder de vista el horizonte y terminan anunciando paros en las cadenas de televisión de los grupos concentrados.

El modelo se defiende desde adentro y cualquier otro canto de sirena terminará sirviendo los intereses más concentrados de la economía y en contra de una democracia participativa.

23/06/2012 Posted by | Economía, General, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , | Deja un comentario

Camionazos por Horacio Verbitsky


Camionazos

Con métodos gremiales para dirimir un conflicto político, Moyano pone a prueba su capacidad de daño contra la presidente cuya reelección reclamó hace apenas un año como garante de un modelo económico que recuperó “la dignidad de los trabajadores”. Las deserciones que lo aíslan, el calidoscopio sindical y las alianzas contra natura. Scioli intenta aprovechar la fisura para sus propios fines, luego del anuncio de su candidatura presidencial. Los medios y el poder político.

Por Horacio Verbitsky

Luego de meses de amenazas, Hugo Moyano comenzó los paros de camioneros, con el propósito de desabastecer de billetes los cajeros automáticos. Si se atiende a la jactancia con la que hace ya algunos años Moyano se refirió a su poder, la escalada proseguirá con la acumulación de basura en las calles y/o la falta de combustible en los surtidores, las góndolas raleadas en los supermercados, los kioscos de diarios y revistas con ejemplares atrasados, la distribución postal paralizada, los cereales desbordando los silos y los puertos inactivos. Al fundamentar el plan de lucha, su hijo y adjunto, Pablo Moyano, se refirió a la propuesta insatisfactoria de la patronal camionera en la mesa de discusión paritaria, es decir una motivación de raíz laboral. Si así fuera, el conflicto tramitaría por los carriles normales, con intervención del Ministerio de Trabajo en un tira y afloje natural entre las partes, que se zanjaría con alguna cifra intermedia entre el 30 por ciento de aumento que reclaman los conductores y el 18 por ciento que ofrecen los empresarios, tal como ha ocurrido en los años anteriores y como siguió pasando este año en los gremios que ya cerraron la negociación. Es tan obvio que el gobierno prefiere una contención salarial como que no hay topes inamovibles establecidos y cada acuerdo depende de las respectivas relaciones de fuerza y las condiciones de cada sector. Pero el desafío de los Moyano tiene menos que ver con los regateos salariales que con la lucha por el poder, en una primera instancia, sindical, pero en el fondo, político. Por eso, también reclaman que los patrones absorban el impuesto a las ganancias que pagan los trabajadores de mayores ingresos, es decir una cuestión de política pública, cuya resolución depende del Estado. Es difícil que los propietarios accedan, sobre todo desde la advertencia que CFK les hizo en un discurso, sobre el posible corte a los subsidios que reciben si los utilizan en forma dispendiosa. Esta bandera y el proyecto de participación en las ganancias segmentan la representación de Moyano, ya que convocan a la delgada franja superior de la heterogénea fuerza de trabajo. Más de un tercio de los asalariados aún tiene empleos informales y entre los privados formales el tercio que menos gana accede apenas al diez por ciento de la masa salarial. En esa base de la pirámide inyecta recursos el gobierno, porque sabe que se vuelca al consumo y sostiene la demanda agregada en un momento de grave crisis internacional. Moyano, en cambio, aboga por mayores ingresos para la cúspide. De todos modos, una vez cerradas las principales paritarias y definida la sucesión en la CGT, el gobierno deberá incrementar las asignaciones familiares y el mínimo no imponible para la cuarta categoría del impuesto a las ganancias, para que el fastidio que Moyano expresa no se extienda a sectores asalariados más significativos. El Congreso de la CGT es el primer objetivo de Moyano, quien quiere que propios y ajenos constaten que puede forzar al gobierno a una capitulación. Es la misma línea que siguió en su apuesta por mechar candidatos sindicales en las listas del Frente para la Victoria. Pero hasta ahora, con excepción de algunas escaramuzas, sólo había recurrido a las concentraciones masivas, en avenidas y estadios. Nada de eso le dio resultado, y ante cada nuevo incremento de la presión, Cristina se felicitó por no haber cedido: es fácil imaginar cuánto mayor sería hoy la molestia si Moyano tuviera hombres propios en la vicepresidencia y en un tercio de las bancas legislativas, como había pedido. Pensar que el incremento de la fuerza vaya a lograr un efecto distinto sobre la personalidad presidencial, es una presunción improbable, por muchas y variadas razones. Además, en aquel acto por el 1º de mayo en la Avenida 9 de Julio, hace apenas un año, Moyano pidió la reelección de Cristina porque la definió como “la garantía de profundizar este modelo económico” para “seguir recuperando la dignidad de los trabajadores”. En medio de la peor coyuntura económica mundial en tiempos de paz en un siglo y cuando la Argentina adopta todo tipo de medidas para proteger el empleo y los ingresos populares, es inverosímil afirmar que aquella persona se haya convertido en el enemigo de los trabajadores a la que hay que combatir con todos los medios y alianzas disponibles, de TN a la Sociedad Rural.
El participacionismo

Moyano parte de supuestos contradictorios. Al mismo tiempo cree que su hegemonía en la CGT obedeció a su propio mérito y fortaleza y que las candidaturas para sustituirlo sólo se sostienen por el impulso oficial, pero que aún así no serán viables porque la mayoría de los delegados al Comité Central Confederal del 12 de julio le responden. La pugna que Moyano sostuvo con los gobiernos neoliberales de las décadas de 1980 y 1990 y el poder acumulado por su gremio, que creció junto con la importancia de los servicios (paradojal consecuencia del modelo que impugnaba), pesaron en el momento de la decisión. Pero Moyano no hubiera sido electo en 2004 ni, sobre todo, reelecto en 2008, si Néstor Kirchner no lo hubiera ungido como su interlocutor privilegiado en el movimiento sindical. Esto le permitió incrementar su nómina de afiliados, mordiéndoles el padrón a los otros gremios que representaban a trabajadores sobre grandes ruedas, y obtener una serie de canonjías estamentales sobre el resto de sus pares. A cambio, garantizó negociaciones paritarias tranquilas e impidió desbordes sociales, es decir aquello que hoy le reprocha a quienes aspiran a sucederlo. Este rol hoy en disputa no se explica por la biografía de los dirigentes, sino por la estructura sindical participacionista, donde el poder se dispensa desde el Estado. Así, Moyano incrementó su incidencia, pero no las simpatías de que gozaba. Su aislamiento se ha profundizado desde que se lanzó en velocidad a la colisión con el gobierno, con expresiones verbales que, es ostensible, no son su fuerte. La segunda hipótesis de Moyano no tiene más fundamentos que la primera: que el gobierno se haya cansado de sus hoscas intimaciones no equivale a decir que prefiera entronizar en la CGT a los sindicalistas empresarios que fueron el caballo de Troya del menemismo dentro del movimiento obrero. Uno de ellos, Armando Cavalieri, pidió apoyo para desbancar a Moyano, que le discute el encuadramiento sindical de 5000 trabajadores de logística. La respuesta del gobierno fue ambivalente. A través del diputado Carlos Kunkel apoyó al candidato de Moyano en Comercio, el ex asociado de Cavalieri Oscar Nieva, pero no llegó a prohibir el voto a los jubilados, entre quienes Cavalieri hizo la diferencia que le permitió retener el gremio que conduce desde hace cuatro décadas, y obtener congresales que pueden ser decisivos para la elección en la CGT. Nadie lo dirá, pero la idea no es fortalecer a dirigentes vergonzosos como Oscar Lescano o el propio Cavalieri, sino ponerle algún límite a Moyano, cuyas contribuciones a ese propósito son destacables.
Cinco por uno

¿Quiere decir esto que se partirá la CGT? La mera pregunta denota escasa percepción del cuadro sindical. De hecho, la CGT ya está tan o más fracturada que la CTA y cada una de las cinco fracciones de este calidoscopio se atraen y se repelen en un juego cuya única regla es la inestabilidad. Los denominados Gordos no asisten desde hace años a las reuniones de la Comisión Directiva, y un grupo de gremios que siguen al gastronómico Luís Barrionuevo han creado un organismo paralelo denominado “CGT Azul y Blanca”. La novedad que puede cristalizar en el Congreso del mes próximo es el regreso de Los Gordos a la central, en alianza con sectores que en los últimos años reconocieron la conducción de Moyano, como aquellos que se hacen llamar Independientes, y que incluyen a José Lingeri, Héctor Rodríguez y Gerardo Martínez, y una exteriorización más visible de la división preexistente. Ante esta perspectiva, Moyano amagó con alejarse pero sin abandonar la central, tal como lo hicieron sus rivales en estos años. Su proyecto era replegarse sobre el Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA), que lideró en la resistencia al neoliberalismo, y sobre la Confederación de Trabajadores del Transporte (CATT), a la que Kirchner devolvió la personería retirada por la dictadura. Pero es poco lo que le queda de ambas estructuras. Muchos de los gremios que integraron el MTA, igual que los de la CATT, le han hecho saber que no lo seguirán hasta estrellarse contra un gobierno sólido que hace tan poco consideraba el mejor para los trabajadores desde el de Juan Perón. De los dirigentes que durante años flanquearon a Moyano, sólo siguen a su lado Juan Carlos Schmidt y Omar Plaini, pero hasta ellos mantienen contacto frecuente con altos funcionarios del gobierno y sólo comparten el lado gremial de las exigencias de Moyano. La afirmación de Amado Boudou de que la presidente no necesita de la dirigencia sindical porque se comunica en forma directa con los trabajadores, es desmentida por la práctica diaria, de la que el mismo vicepresidente participa, de reuniones permanentes con secretarios generales de todos los gremios. Los taxistas, los colectiveros, los marítimos, los aeronavegantes y los conductores de locomotoras abandonaron también la CATT, con lo cual la intimidación de Moyano se reduce a poco más que su propio gremio y a una parte de los pilotos de aviones y los ferroviarios del encarcelado José Pedraza. Pasar de las palabras a la acción tiene dos riesgos simétricos: que fracase y que tenga éxito, lo cual supone que no hay opción ganadora. Cada sector lidia como puede con sus contradicciones. Moyano pasó su próxima movilización del 27 al 26 de junio, para que coincida con el décimo aniversario del asesinato de Kosteki y Santillán y al mismo tiempo recompuso su relación con Gerónimo Venegas, el dirigente de los estibadores rurales cómplice del alto índice de informalidad del trabajo rural. También ha tenido citas con las cámaras patronales agropecuarias, que tampoco quieren pagar impuestos, pero cuyo lockout por la extraterritorialidad de sus posesiones tuvo mínima inserción rural y ninguna urbana, y con la UCR, el partido cuyos últimos dos gobiernos terminaron en forma desastrosa para los trabajadores. Sólo le falta concertar alguna acción con los centenares de caceroleros que se creen poseedores de un derecho individual a atesorar dólares, pero que intentan disimular esta pretensión vergonzante con grandilocuentes consignas patrióticas y moralistas. Pensar que esta ensalada de intereses contrapuestos pueda ser una base política muestra el extravío de quien busca posicionarse como líder popular. Por su parte, los grandes gremios que quieren librarse de Moyano se ven constreñidos a buscar el apoyo de un gobierno que les repugna más que a él. Los que apoyan a ese gobierno (como la CTA que dirige Hugo Yasky) no se sentirían en buena compañía cerca de West Ocampo o Daher, y están impulsando un reagrupamiento sobre un eje muy nítido, cuyo mejor expositor fue un personaje trágico, desgarrado entre dos lealtades: “La contradicción principal es entre el proyecto financiero neoliberal y el proyecto nacional popular y latinoamericano, y eso se expresa en la antinomia política kirchnerismo-antikirchnerismo. Nosotros sabemos de qué lado estamos”, dijo en diciembre el otro hijo del camionero, Facundo Moyano. ¿Nosotros? El otro sector de la CTA, representado por Pablo Micheli, sólo puede disimular su nimia capacidad de movilización mimetizándose con agrupaciones pequeñas pero compactas que siempre lo han cuestionado por izquierda como Barrios de Pie o la Corriente Clasista y Combativa, y tendiendo puentes hacia Moyano, a quien durante años despreció, como expresión de una burocracia sindical que en los últimos años demostró ser más representativa que la conducción miniceteaísta, a la que Micheli accedió con un fraude comprobado por la justicia. Moyano no necesita de esos métodos para ganar una elección en Camioneros, pero no los desdeñaría en la CGT, aunque la ferocidad de su ruptura con el gobierno también ha abierto grietas en sus propias filas. Le pasa con Cristina lo mismo que padeció Víctor De Gennaro con Kirchner: la emergencia imprevista de un liderazgo de masas cuya mera existencia cuestionaba el rol al que se creían destinados por la historia o la providencia. Uno y otro emprendieron el difícil tránsito del sindicalismo a la política y cuando quisieron enfrentar a esos gobiernos afines, se les quebraron sus fuerzas sindicales y se despertaron compartiendo el lecho con quien nunca hubieran deseado cuando eran más libres de elegir.
La Ñata contra el vidrio

Quien aprovechó la fisura para sus propios fines fue el gobernador de Buenos Aires Daniel Scioli, quien recibió a Moyano en su reducto de Villa la Ñata para un partido de futsal. En una impremeditada metáfora, los naranjas de Scioli vencieron a los verdes de Moyano por 15 a 8, y el gobernador superó la mejor marca de Messi, al anotar 6. Desde el kirchnerismo se considera que el anuncio de sus aspiraciones presidenciales fue un error político, motivado por la presión del vicegobernador Gabriel Mariotto y los bloques legislativos, que responden a Olivos. A tres años de la apertura de la sucesión presidencial, Scioli se habría expuesto a un prematuro desgaste, cuando su preocupación excluyente debería ser cómo llegar a fin de mes, dilema que se le repetirá treinta y seis veces. La interpretación opuesta sostiene que Scioli madrugó al gobierno nacional (y a cualquier otro competidor) al instalarse como candidato, pero con la suficiente prudencia como para subordinar esa posibilidad a la de Cristina. De ahora en adelante, no necesita hablar más del tema y puede manejarse sólo con gestos y símbolos, ese lenguaje a la vez simple y complejo, que llega al pueblo sin mediaciones y que sólo la presidente domina tan bien o mejor que él. Una vez plantada la bandera, el gobernador puede esperar que se arrimen quienes se sienten excluidos del esquema kirchnerista, que no son pocos en la clase política, porque Cristina está llevando a cabo la mutación que Kirchner no pudo. Entre ellos, el ex ministro de Economía Roberto Lavagna, quien repite la parábola de Domingo Cavallo en 2001: se presenta como el padre del modelo que supuestamente conoce el camino de salida. Las diferencias son tan obvias que ni merecen enumerarse. El Congreso de la FUA de este fin de semana indica hasta dónde está dispuesto a llegar Scioli: el jefe de la JP que responde a Alberto Pérez, el funcionario Nicolás Milazzo, se alió con la Franja Morada radical y con las diversas vertientes de la paleoizquierda para vencer al kirchnerismo, que rechazó un ofrecimiento de dibujar los resultados para aparecer perdiendo “por sólo veinte votos” y se abocará a construir una nueva entidad sobre terreno menos pantanoso.
Página 12

18/06/2012 Posted by | Economía, General, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , | Deja un comentario

La disputa por el peronismo – Edgardo Mocca


Debate.

27/12/2011 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , , | Deja un comentario

Azul un ala – Por Luis Bruschtein


Página/12 :: El país :: Azul un ala.

26/11/2011 Posted by | Economía, General, Medios de Comunicaciòn, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , | Deja un comentario

Los responsables de la inflación


Sigo con el tema, que es el caballito de batalla de  los opositores…y de algunos empresarios que nunca vendieron como ahora…son los que piden inversiones, pero no aumentan su producción, ni toman más empleados…claro es más fácil aumentar precios, tener ganancias vergonsozas y empobrecer a la población. Después…  haciendo campaña, hablan de la pobreza…mucha hipocresía.!!!!

Marianike

Por Walter Moore*
La poderosa constelación de medios que se ocupó de demonizar las actividades del Secretario de Comercio, Guillermo Moreno, en sus esfuerzos para contener la suba de precios, ahora agita el fantasma de la inflación.

Esto implica, al menos, una peligrosa deshonestidad intelectual al culpar al gobierno por dos actividades contrapuestas, mientras el más elemental análisis exculpa al gobierno de la actual escalada de precios. 

Es el gobierno el que subsidia, o sea paga a las empresas para que éstas no aumenten los precios de algunos servicios básicos, como el transporte, el agua, la electricidad, etc.

Mientras estas empresas privatizadas (extranjeras en su mayoría), no cesan de presionar para que se aumenten los precios.

Entre la batería de recursos destinadas a culpar al Gobierno del crecimiento de los precios se menciona el incremento del circulante, llamado en la jerga bancaria M2, que en la Argentina se mantiene extraordinariamente bajo, en un 25% del monto del PBI, mientras que en países que enfrentan el peligro contrario a la inflación, la deflación, como Estados Unidos, el circulante había crecido hasta superar el 110% de su PBI, y eso fue antes de la nueva emisión de 600.000 millones de dólares programada.

Además, el gobierno impide que se devalúe nuestra moneda, a pesar de la permanente presión de los sistemas financieros para que lo haga, porque una devaluación incrementaría los costos de insumos (o productos) importados. Tampoco puede acusarse al Estado de imponer una presión impositiva adicional, pues su accionar se limita a disminuir la evasión y la elusión impositiva, actividad que practican muchas empresas.

Tampoco son factores inflacionarios relevantes los precios de las materias primas, excepto en de algunos rubros como carnes o combustibles, pero cuyo análisis merece un tratamiento que excede los límites de este trabajo.

Entonces, si no es el Estado el villano que genera la inflación, alguien lo es, porque los precios crecen.

La acusación que pueden hacerle al gobierno es la de haber incrementado la demanda al incorporar al consumo a un gran sector de la población que estaba excluido, efecto provocado por el crecimiento de los ingresos y la cantidad de jubilados o la asignación universal por hijos.

Lo natural es que este aumento de la demanda debe ser satisfecho con un incremento de la producción, para lo cual suele ser necesario realizar inversiones utilizando las grandes ganancias obtenidas, pero muchas empresas optan por aumentar los precios, así ganan más produciendo la misma cantidad, pero eludiendo sus responsabilidades sociales como empresarios, que no consisten en hacer beneficencia, sino de jugar limpio su rol en la economía.

Hoy existen sólo dos grupos responsables del incremento constante de los precios, los empresarios del sistema agroalimentario ya mencionados y los Grandes Distribuidores, o sea la cadena de supermercados e hipermercados. Ambos grupos pertenecen, en su gran mayoría a empresas trasnacionales que han ocupado los principales resortes de nuestra economía, durante la ofensiva contra el Tercer Mundo llamada Globalización, desarrollada en las dos últimas décadas del siglo pasado.

El supermercadismo, controlado por las grandes empresas transnacionales de la distribución, ingresó en nuestros países buscando recomponer los bajos márgenes comerciales y el decreciente poder de compra registrados en sus países de origen, como consecuencia de mercados maduros y saturados y de regulaciones restrictivas para la apertura de locales. Su política es obtener márgenes de comercialización tres a cuatro veces superiores a los que obtienen en sus países de origen.

A su vez, han logrado un creciente dominio de los sistemas de producción agroalimentaria, pues gracias a su enorme poder de compra pueden enriquecer o hacer quebrar a las empresas proveedoras, y para vender incrementar sus beneficios eliminan procesos de intermediación desarrollando marcas propias, envasando numerosos productos con marcas propias.

El proceso de extranjerización de la economía, ha permitido una concentración de los sistemas de distribución, disminuyendo a unas pocas cadenas de supermercados, que curiosamente aumentan los precios (o en algunos casos los disminuyen) al mismo tiempo. Esto permite suponer que se ha armado un sistema de “cartelización” que se articula con las grandes empresas del sistema agroalimentario, con lo cual se elimina la competencia, base sacrosanta de las bendiciones del “libre mercado”, cuyo principal argumento es la competencia, definida como “una situación en la cual los agentes económicos tienen la libertad de ofrecer bienes y servicios en el mercado, mientras los consumidores pueden elegir a quién compran estos bienes y servicios. En general, esto se traduce por una situación en la cual, para un bien determinado, existen una pluralidad de oferentes y una pluralidad de demandantes”.

Pero en el caso de los monopolios combinados o cartelización, que consiste en el acuerdo de precios de venta y de compra por parte de las grandes empresas, se elimina el factor competencia, y así conforma un monopolio privado, que se enriquece, a costa de la calidad de vida de toda la población.

En otras palabras, para que el Estado controle la inflación, en el estado actual de organización del sistema económico, además de los acuerdos de precios que pueda lograr con algunos sectores, debe tomar una serie de medidas que provocarán un griterío de protesta por los medios de difusión al servicio del capital concentrado y a las empresas multinacionales. Como por ejemplo: Establecer un sistema de precios máximos con un fuerte poder punitorio para aquellos que lo transgredan.

Crear sistemas de distribución y producción agroalimentaria que compita con las grandes cadenas de distribución actuales, ya sean cooperativas de productores, empresas mixtas (estatales y privadas), ferias populares, financiamiento inicial de las proveedurías gremiales o barriales, para mencionar sólo algunas posibilidades.

Reprimir con todo el peso de la ley las actividades que impliquen acuerdos de cartelización entre las grandes cadenas, eliminando la competencia entre las mismas.

Obligar a desmantelar las grandes cadenas de distribución, vendiéndolas en partes a diferentes empresas capaces de competir entre sí, y limitar legalmente el tamaño que pueda tener cada grupo económico para impedir las actuales tendencias monopólicas.

Resumiendo, la inflación lleva el dinero de los bolsillos de la población a las arcas de las multinacionales, y esto perjudica a todos, pues la demanda de aumento de ingresos para compensarla, desequilibra la armonía social. Perón afirmaba que “,mientras los precios suben por el ascensor, los salarios lo hacen por la escalera”.

Como los medios al servicio de la extranjerización económica saben eso, y la batalla por los aumentos de salarios se librará al mismo ritmo que crece la inflación, ahora se ocupan en demonizar al secretario general de la Confederación General del Trabajo, Hugo Moyano, con la finalidad de descalificar la legitimidad de los reclamos de los trabajadores. Es un juego conocido.

* Periodista. Investigador.

TELAM

13/11/2010 Posted by | Economía, General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , | 2 comentarios

Una vieja historia peronista, por Alberto Dearriba


04-06-2010


El presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Héctor Méndez, mandó al diputado Héctor Recalde a vivir a Cuba. Fue después de que el legislador vinculado con el titular de la Confederación General del Trabajo (CGT), Hugo Moyano, impulsara un proyecto de ley para hacer efectiva la participación de los trabajadores en las ganancias empresarias, consagrada en la Constitución Nacional.

En realidad, en la Cuba revolucionaria de Fidel Castro los asalariados no tienen participación en las ganancias sino que –como se sabe– las empresas están allí socializadas. El proyecto de Recalde impulsa que los trabajadores puedan integrarse a los directorios, acceder a los balances y discutir el reparto de utilidades, pero no socializa los medios de producción.

La figura de Recalde, un veterano laboralista, no es en verdad del agrado de muchos empresarios ya que desde que se sentó en su banca a principios del kirchnerismo no hace más que reponer normas laborales abolidas por el menemismo.

Una idea peronista. El legislador kirchnerista no impulsó la aplicación de una institución del socialismo sino un derecho consagrado en la Carta Magna argentina, compatible con el sistema capitalista vigente. Al igual que las convenciones colectivas, la participación de los trabajadores en las ganancias es en verdad una institución cara al peronismo histórico, con la que se intenta superar una de los conflictos fundamentales de las sociedades de consumo.

La idea peronista de la conciliación de clases entre burgueses y asalariados campea detrás de las negociaciones colectivas y del proyecto de Recalde. Precisamente son herramientas que intentan sintetizar las contradicciones capitalistas en una mesa de negociaciones, en lugar de resolverlas en el terreno de los conflictos gremiales. Con las negociaciones colectivas, la Argentina kirchnerista retomó una institución del peronismo en pos de un mercado interno más dinámico y de una mayor justicia social.

Claro que, por más civilizados que sean los tironeos, las paritarias generan inevitables rispideces, porque es allí donde se escenifica de manera palpable la disputa por la torta. Al menos, se trata del momento que aguardan los trabajadores para mejorar su nivel de ingresos, ya que los empresarios pueden hacerlo con mayor autonomía cuando aumentan unilateralmente los precios de sus productos con el fin de agrandar la porción que pueden coptar.

Temor al off-side. Para colmo, ocurre siempre que algunos líderes sindicales sienten haber quedado en off-side frente a sus dirigidos, porque consiguieron una tasa de incremento inferior a la que obtuvieron algunos colegas. Esta competencia sindical suele desatar rechazos empresarios. Pero si en cambio los dirigentes gremiales se quedan cortos, sienten que se les mueve el piso por el descontento de las bases. Algo de eso ocurrió en los últimos días cuando algunos sindicatos reclamaron la reapertura de las paritarias, porque quedaron descolocados frente al incremento del 30 por ciento logrado por los trabajadores de la alimentación.

“A los que arreglaron por menos del 30 se les va a venir la noche”, advirtió el gastronómico José Luis Barrionuevo. Pero lo cierto es que desde el costado de los trabajadores, no sólo debe observarse la tasa conseguida en las negociaciones colectivas, sino el punto de partida sobre las que se aplicará el incremento.

Las pitonisas del caos. Cada vez que se abren negociaciones colectivas surgen las advertencias de los agoreros, que preanuncian un escenario de caos si los trabajadores tiran demasiado de la cuerda. Insisten en que los aumentos de salarios son inflacionarios sin tener en cuenta que los economistas coinciden en calcular que la incidencia del salario oscila entre el 3 y el 15 por ciento del precio final de los productos, según sean de mano de obra intensiva o extensiva.

Los que preanuncia el caos son los mismos que guardan un estruendoso silencio cuando las empresas captan ingresos por la vía del aumento de precios, en lugar de hacerlo mediante el incremento de la producción. O peor aún, los que culpan al gobierno de los aumentos de precios que generan los empresarios y se comen los beneficios que otorgan por ejemplo los planes sociales.

Profecía autocumplida. Para descalificar las demandas, estos vaticinadores de agorerías advierten que los aumentos de sueldo pueden desatar una carrera de precios y salarios. La amenaza es clara: “Si se reclaman aumentos elevados, aumentaremos los precios para recuperar lo que tuvimos que ceder”, parecen decir. En verdad, son ellos mismos los que están en condiciones de desatar el caos que vaticinan con sólo aumentar los precios de sus productos. Y encima le cargan la responsabilidad al gobierno con la ayuda inestimable de los medios para los cuales la culpa la tiene siempre la política y no los sectores de poder a los que nadie vota.

Otra historia. De todos modos, este país que discute el reparto de la renta nacional es muy distinto a aquel de los ’90, en el que las conducciones gremiales sólo atinaban a reclamar la mantención de las fuentes de trabajo. Las presiones por mayores salarios no eran posibles cuando se cerraban empresas todos lo días. Con una desocupación de hasta el 25 por ciento, las presiones salariales eran solamente hacia la baja. La administración de Fernando de la Rúa –antes que el modelo neoliberal estallara en mil pedazos en 2001– llegó a rebajar jubilaciones y sueldos estatales para pagar la deuda externa.

Pese a los vientos que soplan hoy en Europa, donde líderes populares aplican políticas de ajuste archiconocidas por estas costas, prima en cambio en la Argentina la decisión política de empujar la economía con mayor demanda. Y en ese intento por lograr un mercado interno generoso –con el espejo de aquel mítico fifty-fifty del primer Perón– los salarios son una herramienta central. Lo contrario es la paz de los cementerios.

Buenos Aires Económico.

06/06/2010 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , | Deja un comentario