America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Argentina: el voto en blanco es un voto por el imperialismo – Atilio Borón


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Quisiera decir algunas pocas palabras en torno al debate suscitado acerca de la conducta que la izquierda debe seguir ante el balotaje del 22-N. Los sectores identificados con las distintas variantes del trotskismo y algunos independientes se han manifestado de forma rotunda a favor del voto en blanco. Otros, que militamos en el amplio y heterogéneo campo de la izquierda, pensamos que en esta coyuntura concreta -alejada del terreno más confortable e indoloro de los discursos y los papers académicos- el voto por Scioli es, desafortunadamente, el único instrumento con que contamos para impedir un resultado que sería catastrófico para nuestro país, para las perspectivas de la izquierda en la Argentina y para la continuidad de las luchas antiimperialistas en América Latina. Sería bueno que hubiese otro instrumento político para detener a Macri, pero no lo hay. El voto en blanco ciertamente no lo es.

Quienes postulan el “votoblanquismo” señalan que en el balotaje del 22-N se enfrentan dos candidatos de la burguesía que se mueven en la cancha de la derecha, como correctamente señala Eduardo Grüner en su respuesta a la intervención de Mabel Thwaites Rey que disparara este debate. Es cierto, pero eso no quita que aún así esa caracterización general sea de nula utilidad a la hora de hacer política. Porque, ¿no eran acaso políticos burgueses Raúl Alfonsín, Ítalo Luder y Herminio Iglesias? ¿Cómo ignorar las diferencias que existían entre ellos? Tomemos un ejemplo. En un caso, juicio y castigo a las Juntas Militares, con todas sus idas y venidas, y con las contradicciones propias de la política pequeño burguesa del partido Radical; en el otro, autoamnistía de los militares genocidas ratificada por ley del Congreso y desenfreno macarthista a cargo de Herminio y sus patotas, continuando con la siniestra obra de la Triple A. Obvio, ni Alfonsín ni Luder aspiraban a construir una sociedad socialista, o siquiera a iniciar una transición hacia el socialismo, como recordaba Salvador Allende. Pero, ¿no eran significativas esas diferencias para la izquierda, pese a que todos eran políticos burgueses? Me parece que sí. Ejemplos de este tipo abundan a lo largo de la historia, y sería un ejercicio ocioso traerlos ahora para ilustrar esta discusión. Perón también era un político burgués, al igual que José P. Tamborini, su contendor en la crucial elección presidencial de 1946. Ambos también se movían en el campo de la derecha, pero a pesar de ello había algunas diferencias, nada menores por cierto, que la historia posterior se encargó de demostrar de modo irrefutable.

En la coyuntura actual el indiscriminado repudio al binomio Macri-Scioli adolece de la misma falta de perspectiva histórica y de rigor analítico. Son, sin duda, dos políticos que juegan en la cancha del capitalismo. Uno, Macri, es un conservador duro y radical; el otro, Scioli, se inscribe en una tradición de conservadorismo popular de viejo arraigo en la Argentina. Macri llega a los umbrales de la Casa Rosada apoyado por una impresionante colección de fuerzas sociales y políticas del establishment capitalista local, sin ninguna organización popular que se haya manifestado en su apoyo. En otras palabras, como indica Gramsci, al identificar la naturaleza de una coalición política es preciso conocer, con la mayor precisión posible, la naturaleza de clase y la organicidad de sus apoyos. A Macri lo respaldan todas las cúpulas empresariales de la Argentina, comenzando por la AEA (Asociación Empresaria Argentina) y siguiendo con casi todas las demás; lo apoyan las capas medias ganadas por un odio visceral hacia todo lo que huela a kirchnerismo, la oligarquía mediática, la Embajada de Estados Unidos y es él quien completa, desde esta parte del continente, el tridente reaccionario cuyas otras dos puntas son nada menos que Álvaro Uribe y José María Aznar. No es casual que su candidatura cuenta con el respaldo de las principales plumas de la derecha latinoamericana: Mario Vargas Llosa, Carlos A. Montaner, Andrés Oppenheimer, Enrique Krauze y todo el mandarinato imperial. ¿Y Scioli? Su candidatura ha sido respaldada por los sectores empresariales menos concentrados, las pymes, sectores medios vagamente identificados con el “progresismo”, una multiplicidad de organizaciones y movimientos sociales –inconexos y heterogénos pero aún así arraigadas en el suelo popular- y estos apoyos hacen que suscite una cierta desconfianza de los poderes mediáticos y el bloque capitalista dominante porque es obvio que no podrá gobernar sin atender a los reclamos de su base social. Un dato que puede parecer una pequeña nota de color pero que no lo es: poco después de las PASO Scioli viaja a Cuba y se reúne durante cuatro horas y media con Raúl Castro; Macri, en cambio, llama por teléfono al Embajador de Estados Unidos, en línea con lo que Wikileaks demostrara que tantas veces hiciera en el pasado. Dirán los “votoblanquistas” que estas son meras anécdotas, pero se equivocan. Remiten a algo más de fondo. Sólo que hay que saber mirar.

De lo anterior se desprende que la consigna del voto en blanco es una forma de eludir las responsabilidades políticas de la izquierda en la hora actual. Cualquiera de los proponentes de esta opción sabe muy bien que con Macri lo que se viene es una política de ajuste y de violenta represión del movimiento popular (los incidentes del Borda o el violento desalojo del Parque Indoamericano son botones de muestra de ello), mientras que Scioli muy probablemente seguirá con la política kirchnerista de no reprimir la protesta social. Y no me parece que para cualquier militante de izquierda esta sea una diferencia insignificante. Por otra parte, podría entenderse la razonabilidad de la consigna “votoblanquista” si, como ocurría con los radicales de finales del siglo diecinueve, cuando se rebelaban contra el fraude y proponían la abstención revolucionaria no votaban pero se alzaban en armas y seguían una estrategia insurreccional, como ocurriera en 1890, 1893 y 1905. O como hicieran los peronistas durante los años en que su partido fue proscripto, que propiciaban el voto en blanco pero en el marco de una estrategia que contemplaba múltiples formas de acción directa, desde sabotajes hasta atentados de diverso tipo. Los “votoblanquistas” de hoy, en cambio, no proponen otra cosa que el burgués repliegue hacia su intimidad y dejar que el resto de la ciudadanía resuelva el dilema político que nos hereda doce años de kirchnerismo. La consigna del voto en blanco es estéril, porque no va acompañada por alguna acción de masas de repudio a la trampa de Macri-Scioli: no hay convocatoria a ocupar fábricas, a cortar rutas, invadir campos, organizar acampes, bloquear puertos o algo por el estilo. Esto es política burguesa en toda su expresión: no me gusta, no me convence, no elijo nada, me retiro y luego veré que hacer. Me retiro del juego institucional y tampoco tengo una estrategia insurreccional de masas: es decir, nada de nada.

¿Será posible construir una opción de izquierda a partir de esa actitud? ¡No, de ninguna manera! Entre otras cosas porque habría que discutir las razones por las cuales luego de más de treinta años de democracia burguesa las izquierdas no hemos todavía sido capaces de construir una sólida alternativa electoral. ¿Cómo es posible que aún hoy estemos penando para superar el 2 o el 3 % de la votación nacional? ¿Por qué el Frente Amplio pudo llegar a la presidencia en el Uruguay, igual que el PT en Brasil, el MAS en Bolivia, el FMLN en El Salvador, mientras que en la Argentina nos debatimos todavía en la lucha para superar un dígito? Aquí no hubo un Plan Jakarta, como el que en Indonesia exterminó en pocos meses a más de medio millón de comunistas; ni un baño de sangre -hablamos siempre desde la reinstauración de la democracia burguesa en 1983, no antes- o una feroz persecución a la izquierda como la que todavía hoy martiriza a Colombia. Es cierto que el peronismo, en todas sus variantes, incluido el kirchnerismo, siempre trató de impedir el crecimiento de la izquierda, o en el mejor de los casos, acotarlo dentro de límites muy precisos. Pero no hubo en la Argentina posterior a 1983 nada similar a lo de Indonesia o Colombia. Y sin embargo, producto de nuestro sectarismo, nuestro ingenuo hegemonismo, de estériles personalismos y falta de unidad no tenemos gravitación en las grandes coyunturas en las que se define el destino de la nación. Creo que ha llegado el momento de avanzar en esa dirección y refundar una izquierda seria y plural, inmunizada contra el facilismo consignista que constantemente anuncia la inminencia de una revolución que nunca llega, con vocación de poder y voluntad de ser protagonista y no víctima de nuestra historia. Claro que si llegara a ganar Macri todo esto sería muchísimo más difícil de llevar a la práctica.

Una última reflexión, que no puedo acallar: estoy asombrado al comprobar como lúcidos pensadores del marxismo “votoblanquista” elaboran sesudos argumentos sin jamás haber pronunciado la palabra “imperialismo”. Se habla de una elección crucial no sólo para la Argentina sino para toda América Latina y la palabrita no aparece. Tampoco se habla de Raúl, de Fidel, de Chávez, de Maduro, de Evo, de Correa, de Sánchez Cerén, de Daniel Ortega. No se habla de las ochenta bases militares que Estados Unidos tiene en la región o de la ofensiva restauradora lanzada por Washington para retrotraer la situación sociopolítica de América Latina al punto que se encontraba el 31 de Diciembre de 1958, en vísperas de la Revolución Cubana. ¿Qué clase de análisis de coyuntura es este que prescinde por completo de la dimensión internacional y que ignora olímpicamente al imperialismo? Todo parecería ser un ejercicio puramente académico, descomprometido de las urgencias reales del momento actual y por completo ajeno a lo que en el marxismo se entiende por análisis de la coyuntura. En cambio, la importancia continental de la elección de Macri no pasó desapercibida para un agudo observador de la política latinoamericana, y protagonista también de ella, como el ex presidente brasileño Fernando H. Cardoso, un ex marxista que se olvidó de muchas cosas menos de lo que significa el papel del imperialismo y la correlación internacional de fuerzas. En una esclarecedora entrevista que le concediera al diario La Nación (Buenos Aires) el domingo 1° de Noviembre, decía que una derrota del kirchnerismo en la Argentina facilitaría la resolución de la crisis en Brasil; es decir, pavimentaría el camino para la destitución de Dilma Rousseff. Agregaba, además, que “si una victoria de la oposición en la Argentina repercutiera además en las elecciones legislativas de Venezuela (el 6 de diciembre), /sería una maravilla. Porque en Venezuela tampoco se puede seguir así” Precisamente, de lo que se trata es de evitar tan “maravilloso” resultado y //para eso hay que impedir la victoria de Macri, apelando al único instrumento disponible para ello: el voto a Scioli. Sería mejor disponer de /otro, pero es lo único que hay. Y votar en blanco contribuiría a lograr el “maravilloso” efecto anhelado por Cardoso.

La existencia de una izquierda indiferente ante la presencia del imperialismo en la vida de nuestros pueblos es uno de los rasgos más asombrosos y deprimentes de la escena nacional. Esa izquierda debería tomar nota de lo que dice el ex presidente brasileño para caer en la cuenta del significado que tendría el triunfo de Macri el 22-N, mismo que trasciende con creces los límites de la política nacional. La propuesta del “votoblanquismo” revela una perniciosa mezcla de dogmatismo y de provincialismo que explica, al menos en parte, la crónica irrelevancia de la izquierda. Esto no es nuevo: el trotskismo, en todas sus variantes, siempre manifestó un profundo rechazo hacia las “revoluciones realmente existentes”. Nunca aceptó a la Revolución Cubana y experiencias como las del chavismo, la boliviana o la ecuatoriana han sido permanente objeto de sus enojosas diatribas, sólo comparables a las que disparan los agentes de la derecha. Cultivan la malsana ficción de una revolución que sólo existe en su imaginación; una revolución tan clara y límpida, y ausente de toda contradicción, que más que un tumultuoso proceso histórico se parece a un teorema de la trigonometría. Por eso son implacables críticos de la Revolución Rusa, la China, la Vietnamita, la sandinista, aparte de las arriba mencionadas. Su concepción de la revolución no es dialéctica ni histórica sino mecánica: la revolución es un acto, un acontecimiento, cuando en realidad es un proceso. Es el desenvolvimiento de la lucha de clases, en un trayecto erizado de violencia y signado por momentos de auge y estancamiento, de avances y retrocesos. Celebran como una hazaña de la clase obrera la conquista de un centro de estudiantes y vomitan su odio contra las “revoluciones realmente existentes”, siempre procesos contradictorios, conflictivos y, según esta visión, invariablemente traicionados por sus líderes. Esta incomprensión, de la que jamás adoleció Trotsky, los convierte–y a pesar de sus protestas- en aliados del imperio, en su desesperado afán por acabar con gobiernos que Washington considera objetivamente antiimperialistas pero que nuestros “votoblanquistas” vituperan como una muestra de la traición a los ideales del socialismo. Y para el imperialismo y sus secuaces, para Álvaro Uribe –el gran socio de Macri- la victoria del PRO y Cambiemos significará un golpe durísimo, tal vez fatal, a los procesos emancipatorios en curso en la región. Debilitará a la UNASUR (que frustró dos golpes de Estado contra Evo y Correa) y la CELAC; hará del Mercosur un apéndice de los TLC y del Tratado TransPacífico; incorporará a la Argentina a la Alianza del Pacífico (nuevo nombre del ALCA); congelará (o tal vez romperá) relaciones con Venezuela, Cuba, Bolivia y Ecuador y, de acuerdo con Washington, apoyará a los grupos que pugnan por derribar a esos gobiernos; y tratará de que la Argentina, como hizo recientemente Colombia, reingrese a la OTAN. Esto no es una suposición, no es algo que Macri podría eventualmente llegar a hacer sino un resumen de las declaraciones en las que anunció cuáles serían las líneas directrices de su política exterior. Aún cuando Scioli quisiera seguir por ese mismo camino, las fuerzas políticas y sociales que lo apoyan plantearían enormes obstáculos a su accionar, y no sólo en el terreno internacional sino también en la política económica. ¿Cómo puede un sector de la izquierda argentina ser indiferente ante esta fenomenal regresión política que el triunfo de Macri produciría en el tablero de la política internacional? ¿Qué quedó del internacionalismo proletario y de la solidaridad con la luchas de los pueblos hermanos? ¿Cómo se puede predicar la abstención o el voto en blanco frente a una situación como la que hemos descripto? Francamente, no lo entiendo. Ojalá que estas líneas sirvan para llamar a la reflexión a los compañeros que proponen el voto en blanco y a caer en la cuenta de todo lo que está en juego el 22-N, que trasciende de lejos la política nacional. Por eso ratificamos la validez del título de esta nota: votar en blanco es votar en línea con las políticas del imperialismo; es votar por el imperialismo y nadie en la izquierda puede actuar de esa manera.

http://www.aporrea.org/internacionales/a216852.html

11/11/2015 Posted by | Uncategorized | , , , , , , , | Deja un comentario

Intervención en el Encuentro Mundial de Resistencia y Alternativa a la Deuda Externa, Social y Ecológica.La Habana, Cuba, 28-30 de Septiembre, 2005


Intervención en el Encuentro Mundial de Resistencia y Alternativa a la Deuda Externa, Social y Ecológica.La Habana, Cuba, 28-30 de Septiembre, 2005
La deuda externa, veinte años después

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Atilio Boron
Rebelión

Conmemoramos hoy un encuentro histórico, y un discurso histórico, respondiendo a una amable invitación de Jubileo Sur y la Central de Trabajadores Cubanos que nos honra y que mucho agradecemos.

Hace exactamente veinte años, y nadando a contracorriente del saber convencional de los economistas y políticos “responsables” y “sensatos” de la época, el Presidente Fidel Castro Ruz ofrecía en su discurso un detallado y riguroso análisis del capitalismo latinoamericano y la dinámica estructural que lo condujo a la crisis de la deuda, estallada en 1982. Su alocución pronosticaba, con una lógica impecable, que a menos que los gobiernos actuaran conjuntamente y atacaran el problema en sus causas de fondo, la deuda externa del Tercer Mundo se convertiría en una hipoteca histórica impagable e incobrable.

En un pasaje de su discurso decía, con fina ironía, que

“Me culpan a mí de decir que la deuda es impagable. Bien. La culpa hay que echársela a Pitágoras, a Euclides, a Arquímedes, a Pascal, …, al matemático que Uds. prefieran. Son las teorías de los matemáticos las que demuestran que la deuda es impagable.” (p. 16) [i]

Una deuda que, anotaba Fidel, si pusiéramos un individuo a contarla dólar por dólar, y a razón de un segundo por dólar, se demoraría 11.574 años en auditarla. Una deuda que, en ese año, equivalía a 17.530 dólares por kilómetro cuadrado, y que de intereses nomás debía pagar, en los próximos diez años, 19.478 dólares por kilómetro cuadrado, sin hablar del repago del capital. Una deuda de 923 dólares por habitante, quien deberá pagar, sólo de intereses, 1.025 dólares en los próximos diez años. ( p. 19) ¿Quién dijo que no existían milagros en la economía?

La deuda y la economía capitalista internacional

El problema de la deuda mal podía analizarse, mucho menos resolverse, sin estudiar la estructura y el funcionamiento del capitalismo a nivel mundial: comprender lo que significaba para nuestras economías el intercambio desigual, las restricciones que imponía el proteccionismo del Norte, la fuga de capitales y el estancamiento económico y la dependencia de la periferia, fenómenos éstos producidos por las férreas leyes de la acumulación capitalista y la sumisión al imperialismo que tornaban imposible el pago de la deuda.

Descartó en su conferencia toda una serie de ingeniosas pero artificiosas fórmulas que, según sus mentores, permitirían resolver el problema de la deuda externa latinoamericana: desde reducir el pago a una proporción de las exportaciones (10, 20 por ciento, etc.), estirar los plazos vía hábiles renegociaciones con los acreedores y otras por el estilo como, por ejemplo, lanzar un “Plan Marshall” para América Latina.

Y remataba su razonamiento con una ominosa metáfora médica:

“la deuda es un cáncer … que se multiplica, que liquida al organismo …. y que requiere una intervención quirúrgica. Toda solución que no sea quirúrgica, les aseguro, no resuelve el problema. … Todo paliativo no tiende a mejorar, tiende a agravar el mal.” (p. 26-27)

Pero, se preguntaban muchos: ¿de dónde saldrían los recursos para financiar esa cirugía mayor exigida por las circunstancias? ¿Hay o no hay recursos para ello?

La respuesta: recortando la carrera armamentista -absurda, irracional, inhumana, un gigantesco e irresponsable desperdicio de recursos- que consumía nada menos que un millón de millones de dólares, es decir, un billón de dólares, por año. Una cifra superior a la deuda externa de la totalidad del Tercer Mundo. (p. 28)

Una pequeña parte de ese gasto militar, un 12 % -dependiendo naturalmente de los intereses- sostenido ininterrumpidamente a lo largo de diez años sería suficiente para abatir la deuda externa de nuestros países.

Pero, proseguía en su discurso,

“no se resuelve el problema con anular la deuda, con abolir la deuda; volveremos a estar igual, porque los factores que determinaron esta situación están ahí presentes. Y nosotros hemos planteado esas dos cosas muy asociadas: la abolición de la deuda y el establecimiento del Nuevo Orden Económico Internacional.” (p. 28)

De ahí su llamamiento al establecimiento de un nuevo orden que pusiera fin a las crecientes inequidades de la economía mundial y a sus tendencias polarizantes y excluyentes, y que consagraban la vigencia de una división internacional del trabajo según la cual, como agudamente lo observara Eduardo Galeano, algunos países se especializan en ganar y otros en perder.

Todos los indicadores señalan que, desde esos días, la situación ha empeorado dramáticamente. El actual orden económico internacional es, en realidad, un gigantesco y salvaje desorden que ha ocasionado un holocausto social sin precedentes en la historia, colocándonos al borde de una irreparable catástrofe ecológica y de los peligros que entraña un imperialismo que, acosado por la lucha y resistencia de los pueblos, criminaliza la protesta social, militariza la escena internacional y se repliega sobre su formidable maquinaria bélica procurando perpetuar, a cualquier precio y echando mano a cualquier recurso, su dominación sobre los pueblos y naciones de la periferia.

Un desoído llamamiento a la unidad.

Salir de la crisis de la deuda requería que los países actuaran concertadamente, desarrollando una estrategia unitaria para enfrentar a unos acreedores riquísimos y poderosos, perfectamente organizados, que se movían coordinadamente, que contaban con inmensos recursos para defender sus intereses –oficinas, equipos técnicos, publicistas y embaucadores inescrupulosos aptos para todo servicio- y que, además, contaban con el incondicional apoyo de “sus gobiernos”, articulados para hacer frente a los desafíos de la coyuntura bajo el liderazgo de los Estados Unidos. Esta abrumadora coalición de los acreedores generaba además un discurso, permanentemente reproducido por la “comunidad financiera internacional” y sus representantes políticos encargados de gestionar la crisis capitalista, advirtiendo sobre los inmensos riesgos que acarrearía, para los deudores, imitar el modelo organizativo de sus acreedores. Nosotros actuamos concertadamente, ustedes háganlo por separado: ese era el consejo que procedía del centro imperial y que repetían insistentemente sus epígonos en el Tercer Mundo

En su profético discurso Fidel denunciaba los errores y la inconveniencia de

las estrategias nacionales individualistas de resolución de la crisis de la deuda. Los tímidos amagues efectuados por algunos gobiernos para promover una solución colectiva de la crisis –principalmente la creación del Grupo de Cartagena, integrado por los más grandes deudores de América Latina pero excluyendo irracionalmente a la gran mayoría de los países de la región- fueron eficazmente neutralizados por Ronald Reagan, sus aliados en el Primer Mundo y sus compinches en el Tercero. Según el enfoque “caso por caso” auspiciado por la Casa Blanca los gobiernos que optasen por una negociación individual de la crisis de la deuda -es decir, que traicionaran a las otras víctimas del sistema- serían recompensado por un tratamiento especial, más considerado y condescendiente, que el que obtendrían si es que elegían la escabrosa y desaconsejada senda de la negociación colectiva frente al club de acreedores. Como rapaces patronos sabían que, en momentos de crisis, valía la pena invertir unos dólares más para romper una huelga contratando esquiroles. Aplicaron la misma táctica en las relaciones internacionales y, desgraciadamente, encontraron más de un voluntario para hacer el trabajo, quebrando definitivamente la posibilidad de establecer una concertación estratégica entre las naciones sometidas al imperialismo y al yugo de la deuda.

Los gobiernos de nuestras pseudo-democracias capitularon uno tras otro, hundidos para siempre en el deshonor, y aceptaron la negociación individual, seducidos por las promesas de un trato diferencial. Todos, sin excepción, fueron prolijamente estafados por el tahúr imperialista. Y nuestros países terminaron todos más endeudados que antes, después de haber pagado miles de millones de dólares a sus acreedores durante un cuarto de siglo.

Si bien Fidel concluyó su discurso planteando la imposibilidad matemática de pagar la deuda, la anulación que proponía se fundaba en otros factores de superior importancia: factores políticos y morales.

En primer lugar, en las insuperables dificultades políticas con que se enfrentarían los nacientes gobiernos democráticos de la región para imponer los programas de ajuste y estabilización requeridos por los “perros guardianes” económicos del sistema: el FMI, el BM, el BID y la OMC. Tales programas implicaban una interminable sucesión de ajustes que, a la larga, serían insostenibles en democracia. O que, si lo fueran, terminarían por desnaturalizar y erosionar, quizás irreparablemente, la incipiente legitimidad de las nacientes democracias de la región.

En segundo lugar existía todo tipo de consideraciones éticas, religiosas y filosóficas que demostraban inequívocamente la inmoralidad de la deuda, su carácter insanablemente ilegítimo y fraudulento, que conllevaba a “la más flagrante y brutal violación de los derechos humanos que pueda concebirse.” (p. 49) Un ejemplo era suficiente: el informe del Director de la UNICEF que decía que si los países de América Latina tuvieran los niveles de salud que Cuba ofrece a su población se salvarían de morir nada menos que 800.000 niños por año. ¿Quién si no el imperialismo y sus gobiernos-clientes, dóciles sirvientes de sus menores deseos y siempre atentos a sus intereses, deben responsabilizarse por tamaño genocidio, ejecutado fría y silenciosamente todos los días?

La responsabilidad de los intelectuales.

Pero, conviene también preguntarse por la responsabilidad que les cabe en la producción y ocultamiento de este genocidio a tecnócratas e intelectuales, sobre todo los pertenecientes a esa variedad que Alfonso Sastre ha magistralmente denominado los “intelectuales bienpensantes.” Tecnócratas, casi siempre economistas ortodoxos para quienes la vida humana es un simple número en una ecuación econométrica, y que en épocas como éstas -que condenan a 100.000 personas por día a morir a causa del hambre y enfermedades prevenibles, 35.000 de los cuales son niños- hacen gala de una ilusoria neutralidad y equidistancia, buscando refugio en supuestos imperativos técnicos que culminan en la exaltación del pensamiento único y en la justificación de lo injustificable. Otros, refractarios a tecnicismos de cualquier tipo, prefieren envolverse en las tinieblas de una retórica pseudo-humanista que, en sus dichos, rinde culto sin concesiones a los más excelsos valores del espíritu humano pero que, en su práctica, terminan convalidando las mayores atrocidades.

Intelectuales que, como reconoce Mario Vargas Llosa en su libro El lenguaje de la pasión se dedican incansablemente a “la gratísima tarea de fabricar mentiras que parezcan verdades.” [ii] (p. 90), algo que los “bienpensantes” hacen en sus novelas, lo que no está nada mal, sino también en sus envenenados artículos de opinión, lo que está muy mal porque constituye una estafa al lector, y que la prensa capitalista reproduce en todo el mundo condenando a Cuba y a Fidel; a Venezuela y a Chávez; al MST brasileño y los zapatistas mexicanos. En fin, a todos cuantos tengan la osadía de desafiar la dominación del capital.

Intelectuales y prensa que, sin embargo, callan miserablemente ante los crímenes y las violaciones a los derechos humanos que a diario comete el imperialismo como, para nombrar sólo la más reciente, el cobarde asesinato del patriota puertorriqueño Filiberto Ojeda Ríos perpetrado por el FBI y otras fuerzas represivas del imperio. ¡Imagínense el griterío que habrían armado los Vargas Llosa, padre e hijo, los Carlos Alberto Montaner, las Zoe Valdéz, los famosos “Reporteros sin Fronteras” -en suma y parafraseando el título de un libro de los primeros- “los perfectos idiotas colonizados” por el imperio si algo levemente parecido hubiese ocurrido en Cuba o Venezuela! Peor aún, piensen lo que podrían haber dicho nuestros “bienpensantes” si un dirigente opositor hubiese sido apaleado por la policía en Cuba o Venezuela. Su santa indignación habría alcanzado alturas olímpicas, descerrajando atronadoras declaraciones que habrían inundado día y noche la televisión mundial, mientras que toda la llamada “prensa seria” internacional reproduciría sus “mentiras que parecen verdades” por semanas y semanas. Y sin embargo, ante un crimen alevoso como el cometido en Puerto Rico, estos patéticos bufones del cowboy tejano se llamaron a un ignominioso mutismo, un silencio que los delata en su condición de farsantes a sueldo del imperio, gente a la que se le paga para que hablen y también para que callen, para fabricar impunemente esas mentiras que parecen verdades mientras se los rodea de un halo de inmaculada moralidad cívica.

Sería larga la lista de los cómplices del imperio en esta hora trágica para la civilización. ¿Dónde están, por ejemplo, esos atildados gobernantes europeos, cuyo sueño es perturbado sin clemencia por la sola visión de las amenazas que se ciernen sobre la libertad política en Cuba y Venezuela y que sólo encuentran consuelo planeando hacer negocios con China? ¿Y que hay de los diplomáticos del Viejo Continente que incansablemente condenan a Cuba por su inclaudicable defensa de los derechos humanos y la democracia verdadera, y a Venezuela por su pretensión de abrir paso al socialismo del siglo XXI? ¿Se reunirán ahora el Consejo de Europa, o el Parlamento Europeo, para sancionar a los Estados Unidos por acribillar, al mejor estilo de los gangsters de Chicago de los años treinta, a un patriota septuagenario, enfermo y desarmado? ¿Qué harán en la próxima sesión de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra? ¿Tendrán la valentía de denunciar este crimen cometido por el imperio en una de sus provincias cautivas? Y nuestra OEA, ¿convocará de urgencia a la Srta. Rice para amonestarla severamente por esta nueva muestra de terrorismo de estado cometida en tierras americanas?

Elementos para un balance.

Para terminar, y resumiendo, porque en esta mesa tengo el honor de estar acompañado por algunos de los mejores economistas del mundo, quiero decir que, en consonancia con el discurso de Fidel de 1985:

1°) La deuda demostró ser impagable.

Según los datos publicados por el Comité por la Anulación de la Deuda de los países del Tercer Mundo (CADTM), que lidera Eric Toussaint desde Bélgica, la deuda externa total pasó de 580.000 millones de dólares en 1980 a 2.400.000 millones de dólares (es decir, dos billones cuatrocientos mil millones de dólares) en el 2002.

Por cada dólar adeudado en 1980 los países del Tercer Mundo ya habían pagado, al año 2001, 8 dólares, y todavía debían 4 dólares más.

Pablo González Casanova ha demostrado que las transferencias de excedentes desde la periferia hacia el capitalismo metropolitano en los veintitrés años comprendidos entre 1972 y 1995 llegó a la fabulosa cifra de 4,5 billones de dólares (o sea, 4.500.000 millones de dólares). Cálculos efectuados a la luz de esta metodología exclusivamente para América Latina por Saxe-Fernández y Núñez arrojan una cifra “que supera los 2 billones de dólares tributados en dos décadas de neoliberalismo globalizador, cifra cuya magnitud equivale al PIB combinado de todos los países de América Latina y el Caribe en 1997.” [iii]

En conclusión: los países de América Latina y el Caribe han pagado entre cinco y seis veces la deuda externa original, pese a lo cual todos ellos están más endeudados que antes

Este perverso “milagro económico” ha tenido gravísimas consecuencias sobre la región, al aumentar exponencialmente el número de pobres e indigentes y al comprimir los horizontes vitales de la gran mayoría de nuestra población, aún entre los “afortunados” que se sitúan por encima de la raquítica “línea de la pobreza” usualmente utilizada por tecnócratas y expertos -que ganan suculentos sueldos y que, como los de las instituciones financieras internacionales, ni siquiera pagan impuestos- para discriminar entre pobres e indigentes y quienes no lo son.

2° ) Sobre los planes Marshall y Brady

Y en relación al Plan Marshall, debemos reconocer que ahí el Comandante se equivocó. Dijo en su discurso de 1985 que no se necesitaría uno sino veinte planes Marshall para resolver el problema de la deuda. (pg. 43) Pero según Eric Toussaint, en su documentadísimo libro La Bolsa o la Vida, y más recientemente en el sitio web del CADTM entre 1980 y 2002 los pueblos del Tercer Mundo enviaron, a sus acreedores del Norte, ¡una suma equivalente a 51 Planes Marshall! [iv] Si sumamos lo que siguieron enviando en estos últimos cinco años seguramente estaremos en una cifra cercana a los sesenta planes Marshall. Fidel se equivocó: ¡pecó de optimista, de voluntarista! Ni sus refinados análisis pudieron prever un despojo tan fenomenal y desorbitado de nuestras riquezas.

¿Y del Plan Brady, tan alabado por los políticos de nuestras transiciones democráticas? ¿Quién se acuerda ahora del famoso Plan Brady según el cual, una vez firmado por nuestros países, el tema de la deuda externa quedaría definitivamente relegado al olvido? Argentina lo firmó en 1993, de la mano de ese verdadero “eje del mal” formado por Menem y Cavallo. El resultado: la deuda pasó de 65.000 millones a 113.000 millones de dólares en 1999, poco después de que por seguir a rajatabla todas y cada una de las recomendaciones del Consenso de Washington la Argentina se desbarrancara en la más profunda y extensa recesión económica de su historia. Pero como era buen negocio prestarle a ese país el gobierno de De la Rúa, cuando su ministro de Economía era el actual Secretario General de la CEPAL, José Luis Machinea obtuvo gracias a la bendición del FMI un “blindaje financiero” cercano a los veinte mil millones de dólares, mismo que estuvo bien lejos de proteger a la economía argentina pero que sirvió para financiar la acelerada fuga de capitales ante su inminente derrumbe. Esa medida fue seguida por otra, igualmente especulativa e igualmente auspiciada por el FMI, el “megacanje” de una parte de la deuda externa cuyo más inmediato resultado fue la jugosa comisión de veinte millones de dólares que cobró un puñado de bancos norteamericanos por hacer un par de asientos contables en sus libros. Cuando Rodríguez Saá declaró el default, a fines de 2001, el país que había sido hasta ese entonces un pagador ejemplar, a costa de la destrucción del estado y el hambre del pueblo, debía 122.000 millones de dólares, casi el doble de lo adeudado al firmarse el Plan Brady. Todo un éxito, sin duda, para los banqueros.

3°) La deuda externa, cual un cáncer, terminó por debilitar a las nacientes democracias del continente.

El costo de aplicar las políticas recomendadas por el Consenso de Washington fue enorme también desde el punto de vista político. Desde el discurso de Fidel hasta hoy no menos de 16 gobiernos de América Latina fueron desalojados del poder en medio de graves crisis económicas y sociales. En los últimos años en tres ocasiones en Ecuador, dos en Bolivia, una en Perú y Argentina. Y si vamos para atrás tenemos la caída de Collor de Melo y Carlos Andrés Pérez, en Brasil y Venezuela respectivamente. Y antes el traspaso adelantado del poder de Alfonsín a Menem en medio del incendio hiperinflacionario de la Argentina de 1989.

La deuda externa y las brutales condicionalidades impuestas por el FMI para su eterno –y altamente rentable- refinanciamiento fueron las grandes responsables del profundo desprestigio en que han caído los mal llamados gobiernos democráticos de la región, en realidad curiosa mezcla de regímenes plutocráticos, es decir, al servicio de los ricos, pero elegidos, al revés de los antiguos regímenes oligárquicos, por una crecientemente desencantada, apática y abstencionista ciudadanía. La democracia fue definida por Abraham Lincoln como el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Nuestras “democracias” son otra cosa: gobiernos de los mercados, por los mercados y para los mercados. Es decir, plutocracias en el más puro sentido de la filosofía política clásica.

Según un estudio del PNUD si en 1997 el 41 % de la población latinoamericana declaraba estar satisfecha con sus gobiernos democráticos esta cifra descendía a 29 % en el 2004. Es decir, que menos de un tercio de los habitantes de esos países estaba satisfecho con sus gobiernos. Presumo que Cuba no fue incluida en la muestra de 18 países de la región seguramente porque se la consideró apriorísticamente como no-democrática, por lo cual carecía de sentido preguntarle a los cubanos si estaban o no satisfechos con su democracia. En esa misma encuesta sólo el 19 % declaraba su beneplácito con el funcionamiento de la economía de mercado, pese a que sus publicistas se desgañitan cada día proclamando sus incomparables virtudes. En el país en el cual la economía de mercado contaba con mayor porcentaje de aprobación, Chile, esta proporción apenas llegaba al 36 %. Lamentablemente no se tienen noticias de que, salvo Chávez en Venezuela, alguno de los gobiernos involucrados haya decidido someter su mandato a un referendum revocatorio de mandato. Ninguno demostró tampoco mayor preocupación por el bajísimo nivel de aprobación que gozaba la economía de mercado, cuyos milagrosos “efectos de derrame” tanto benefician a los pobres. No hay información hasta ahora que gobierno alguno haya decidido someter a votación si, dado el bajo nivel de aceptación de la economía de mercado, se continúa con la misma o se ensaya algún otro sistema económico alternativo.

Por último, la encuesta del PNUD le preguntó a 231 líderes de la región, entre los cuales varios ex-presidentes, ex- ministros y grandes empresarios quiénes realmente mandaban en América Latina. La respuesta es sumamente aleccionadora, sobre todo por venir de quienes viene: el 80 % declaró que quienes realmente mandaban en sus países eran las grandes corporaciones transnacionales y el capital financiero, seguido, en un 65 % de los casos, por la prensa y los grandes medios de comunicación. Esos son los verdaderos factores de poder en nuestras mal llamadas democracias. Sólo uno de cada tres líderes creía que quienes prevalecían eran nuestros devaluados presidentes. La tan controvertida afirmación de Marx y Engels contenida en el Manifiesto Comunista y que decía que el “Estado es el comité que administra los negocios conjuntos de la clase burguesa” obtiene ahora una sonora ratificación de fuentes insospechadas de contaminación alguna con el virus del comunismo. Son los propios burgueses y sus representantes políticos quienes ratifican la tesis de aquellos autores.

Esta fenomenal crisis política e ideológica, cuyas consecuencias a futuro son impredecibles, se la debemos al imperialismo, la deuda externa y el Consenso de Washington.

4°) La crisis moral.

La globalización neoliberal, etapa superior del imperialismo, trajo consigo una crisis moral que la deuda externa no ha hecho sino profundizar.

Una crisis que se manifiesta en la corrupción sistemática que implica el traspaso de miles de millones de dólares de los países del Tercer Mundo a los centros hegemónicos del imperio, y principalmente a los Estados Unidos, indispensable eje articulador del sistema, traspaso que se efectiviza sin mínimos controles de probidad y honestidad administrativas. Todo eso mientras nuestros pueblos quedan sumidos en la miseria, nuestros recursos naturales son saqueados a mansalva, y nuestro medio ambiente y la biodiversidad convertidos en viles mercancías, al igual que el trabajo humano, y sujetos a una ilimitada depredación.

Crisis moral, también, la que nos hace aparecer como deudores cuando en realidad, como lo demuestran sobradamente las organizaciones y movimientos sociales que convocaron a este encuentro, nuestros pueblos son los verdaderos acreedores de una deuda histórica, social, ecológica y cultural contraída por siglos de dominación imperialista. Una deuda que es ilegítima, ilegal, injusta e inmoral, y que por lo tanto debe ser anulada de inmediato. Como si estas consideraciones no fueran suficientes, porque ya ha sido pagada en numerosas oportunidades.

Por eso cuando vemos a algún que otro pequeño economista del establishment rasgarse las vestiduras ante la posibilidad de que no paguemos la deuda y advertirnos las amenazas que se cernirían sobre nosotros en caso de no “honrar nuestros compromisos” deberíamos recordarle que obrar según sus consejos sería algo así como pretender que una persona que ha sido asaltada por una pandilla de bandidos que la despoja de todos sus bienes se esmere por honrar los compromisos derivados de una tal situación. O que un pequeño comerciante, extorsionado por la mafia, honre el compromiso de pagar, reiteradamente, lo exigido por aquella para garantizar la protección de su humilde local. Este símil entre la operación de la mafia y al modus operandi del imperialismo no es para nada casual ni anecdótico.

No es muy diferente la situación de nuestros países en relación a la deuda externa. La literatura sobre el tema de la “deuda odiosa,” como lo recuerda Noam Chomsky en varios de sus escritos, ha crecido llamativamente. La génesis de esta concepción se remonta a la guerra entre España y los Estados Unidos. Cuando éstos tomaron posesión de Cuba, en 1898, procedieron a dar por cancelada la deuda que la isla tenía con España debido a que “la misma se impuso sobre el pueblo de Cuba sin su consentimiento y por la fuerza de las armas.” Veinticinco años más tarde esta misma doctrina fue utilizada para avalar la cancelación de la deuda que había contraído un dictador costarricense con el Royal Bank of Canada. Gran Bretaña presentó una reclamación que condujo al arbitraje a cargo de la Corte Suprema de los Estados Unidos. El fallo refrendado por el propio presidente de la Corte, Howard Taft, se encuadró en la doctrina de la “deuda odiosa” y dispuso que dado que el banco había prestado el dinero a un gobernante ilegítimo, en un país sin controles democráticos ni libertad de pensamiento y para un uso no legítimo, la petición británica fue desestimada. Más recientemente, el gobierno de George Bush anuló la deuda de Irak por haber sido contraída bajo el régimen dictatorial de Saddam Hussein. El hecho de que estas experiencias no hayan sido incorporadas a la agenda de discusiones sobre la deuda externa nada tiene que ver con cuestiones legales, económicas o técnicas. Se trata simplemente de una cuestión de correlación de fuerzas en el plano internacional, que hace que las naciones endeudadas acepten los términos que les imponen sus acreedores. Pero nada indica que dicha correlación de fuerzas sea inalterable.

Por último, ¿cómo desconocer que la deuda externa se ha convertido en un gigantesco tributo neocolonial que los países de la periferia abonan a las burguesías y gobiernos del centro del sistema? Por eso la renegociación de la deuda se ha constituido, tanto como el cobro de sus servicios, en una de las principales fuentes de ganancias del capital financiero. Este hecho desnudo queda oculto, sin embargo, por la cantidad impresionante de prejuicios, “mentiras que parecen verdades” y datos amañados que permanentemente presenta la “prensa especializada” disfrazada de información objetiva y veraz.

Así se escucha con frecuencia decir que si el Tercer Mundo no pagara su deuda se produciría un cataclismo financiero internacional que arrojaría la economía mundial a una depresión peor aún que la de los años treinta. Esta imagen catastrofista y extorsiva contrasta brutalmente con los sobrios datos que expone Eric Toussaint y que demuestran que las naciones de la periferia son responsables por apenas un 10 porciento de la deuda externa del planeta, y que los gastos militares de poco más de dos años alcanzarían para cancelarla por completo. La abrumadora mayoría de la deuda corresponde a los Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y el resto del mundo desarrollado. Sin embargo, ¡este noventa porciento no constituye un problema; el diez por ciento del Tercer Mundo sí! [v] En realidad, la deuda ha sido uno de los mecanismos favoritos de la gran burguesia financiera internacional para asegurarse ingresos estables, gestionados políticamente por sus gobiernos con el auxilio de sus perros guardianes del FMI y el BM. Estas genencias les permiten construir una red de seguridad financiera que los faculta para encarar operaciones de alto riesgo, contando con el seguro respaldo de las suculentas ganancias garantizadas por la intervención directa de las potencias capitalistas al exigir el pago de los servicios de la deuda externa, promover la interminable renegociación de la misma y al imponer las fatídicas “condicionalidades” que potencian la rentabilidad de todas sus operaciones en la periferia del sistema.

Por eso es imprescindible seguir librando esta crucial batalla de ideas, a la que hace ya mucho nos convocara Fidel. El imperialismo ha quedado huérfano de ideas, y nunca tuvo valores. Sólo le quedan las armas. Y en su célebre alegato luego del fallido asalto al Cuartel Moncada, Fidel decía al respecto, citando a Martí, que “un principio justo desde el fondo de una cueva puede más que un ejército.” [vi] El imperialismo podrá prevalecer por las armas, pero al no tener más ideas ni valores su victoria no será duradera. Bien lo anotaba, hace casi dos siglos y medios, un gran filósofo, Jean-Jacques Rousseau, al comentar que: “Si Roma y Esparta perecieron, ¿que imperio puede aspirar a perdurar eternamente?” La Roma americana seguramente no habrá de desmentir la sabiduría del filósofo.

Muchas gracias.

[i] Las notas del discurso del Comandante Fidel Castro Ruz corresponden a la edición conmemorativa del discurso pronunciado el 3 de Agosto de 1985 en la Sala 1 del Palacio de Convenciones de La Habana, Cuba, bajo el título Conciencia ante la crisis (La Habana: Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, 2005).

[ii] Mario Vargas Llosa, El lenguaje de la pasión (Buenos Aires: Aguilar, 2001), p. 90.

[iii] Gonzalez Casanova, Pablo La explotación global (México: CEIICH/UNAM:1998) y Saxe-Fernández, John; James Petras; Henry Veltmeyer y Omar Núñez 2001 Globalización, Imperialismo y Clase Social (Buenos Aires y México: Grupo Editorial Lumen/Humanitas), pp. 105 y 111.

[iv] Eric Toussaint, La Bolsa o la Vida (Buenos Aires: CLACSO, 2004). El cálculo publicado en este libro, para el período 1980-2000 era de 43 planes Marshall. Cf. p. 178.

[v] Ibid., pp. 50-51.

[vi] Fidel Castro Ruz, La Historia me Absolverá . Edición definitiva y anotada. (Buenos Aires: Ediciones Luxemburg, 2005), pp. 41-42.

Atilio A. Boron. CLACSO/Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales

17/06/2014 Posted by | Economía, General, Historia, Justicia, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , | Deja un comentario

Reflexiones de Fidel – Es la hora del recuento y de la marcha unida


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27 Agosto 2009

Esta reflexión no va dirigida a los gobiernos sino a los pueblos hermanos de América Latina.

Mañana 28 de agosto se iniciará en Argentina la reunión Cumbre de UNASUR cuya trascendencia no puede ignorarse. En ella se debe analizar la concesión de siete bases militares en territorio de Colombia, a la superpotencia norteamericana. Las conversaciones previas de ambos gobiernos se mantenían en riguroso secreto. El acuerdo debía presentarse al mundo como hecho consumado.

En horas de la madrugada del 1º de marzo del 2008, las Fuerzas Armadas de Colombia, entrenadas y armadas por Estados Unidos, habían atacado con bombas de precisión a un grupo de guerrilleros que penetró en una apartada zona del territorio ecuatoriano. Al amanecer, hombres de las tropas élites colombianas transportados en helicópteros ocuparon el pequeño campamento, remataron a los heridos y se apoderaron del cadáver del jefe guerrillero Raúl Reyes, quien al parecer sostenía en esos días un encuentro con jóvenes visitantes de otras nacionalidades, interesados en conocer las experiencias de la guerrilla que desde la muerte del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, hace más de 50 años, sostiene la lucha armada. Entre las víctimas había estudiantes universitarios de México y Ecuador que no portaban armas. El método fue brutal, al estilo yanqui. El gobierno de Ecuador no había recibido advertencia alguna antes del ataque.

El hecho constituyó una acción humillante para el pequeño y heroico país suramericano, envuelto en un proceso político democrático. Se sospechaba fuertemente que la base aérea norteamericana de Manta había ofrecido información y cooperado con los atacantes. El presidente Rafael Correa adoptó la valiente decisión de solicitar la devolución del territorio ocupado de la base militar de Manta, cumpliendo estrictamente los términos establecidos en el convenio militar con Estados Unidos, y retiró su embajador en Bogotá.

La entrega de territorio para el establecimiento de siete bases militares de Estados Unidos en Colombia, amenaza directamente la soberanía y la integridad de los demás pueblos de Sur y Centroamérica con las que nuestros próceres soñaron crear la gran patria latinoamericana.

El imperialismo yanki es cien veces más poderoso que los imperios coloniales de España y Portugal, ajeno por completo al origen, los hábitos y la cultura de nuestros pueblos.

No se trata de estrechos chovinismos. “Patria es humanidad”, como proclamó Martí, pero jamás bajo el dominio de un imperio que ha impuesto al mundo una tiranía sangrienta. En nuestro propio hemisferio los cientos de miles de compatriotas latinoamericanos asesinados, torturados y desaparecidos en Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá, Chile, Argentina, Paraguay, Uruguay y otros países de Nuestra América, durante las últimas cinco décadas por golpes de Estado y acciones que Estados Unidos promovió y apoyó, demuestran de forma irrebatible lo que afirmo.

Cuando analizo los argumentos con que Estados Unidos pretende justificar la concesión de bases militares en territorio de Colombia, no puedo menos que calificar de cínicos tales pretextos. Afirma que necesita esas bases para cooperar en la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo, el tráfico de armas, la emigración ilegal, la posesión de armas de destrucción masiva, los desbordes nacionalistas y los desastres naturales.

Ese poderoso país es el mayor comprador y consumidor de drogas del planeta. Un análisis de los billetes que circulan en Washington, capital de Estados Unidos revela que el 95 por ciento pasaron por manos de  personas que consumen drogas; es el mayor mercado y a la vez el mayor suministrador de armas para el crimen organizado en América Latina, con ellas están muriendo decenas de miles de personas cada año al Sur de su frontera; es el mayor Estado terrorista que ha existido nunca. No solo lanzó las bombas contra ciudades civiles en Hiroshima y Nagasaki;  en sus guerras imperiales como las promovidas en Vietnam, Iraq, Afganistán, Pakistán y otros países ubicados a miles de kilómetros de distancia en las que han muerto millones de personas; es el mayor productor y poseedor de armas de destrucción masiva, incluidas las nucleares, las químicas y las biológicas.

Los paramilitares colombianos, muchos de los cuales proceden de los desmovilizados de las Fuerzas Armadas y constituyen, en parte, sus reservas, son los mejores aliados y protectores de los narcotraficantes.

El llamado personal civil que acompañaría a los soldados en las bases de Colombia son, como norma, ex militares norteamericanos perfectamente entrenados, que son después contratados por empresas privadas como Blackwater, que se hizo famosa por los crímenes cometidos en Iraq y otras partes del mundo.

Un país que se respete a sí mismo no necesita mercenarios, ni soldados, ni bases militares norteamericanas para combatir el narcotráfico, ni proteger la población en los casos de desastres naturales, o brindar cooperación humanitaria a otros pueblos.

Cuba es un país sin problemas de drogas ni altos índices de muertes violentas, cuyo número decrece por año.

El único propósito de Estados Unidos con esas bases, es poner América Latina al alcance de sus tropas en cuestión de horas. La alta jerarquía militar de Brasil recibió con verdadero desagrado la noticia sorpresiva del acuerdo sobre la instalación de bases militares de Estados Unidos en Colombia. La base de Palanquero está muy cerca de la frontera con Brasil. Con esas bases, unidas a las de las Islas Malvinas, Paraguay, Perú, Honduras, Aruba, Curazao y otras, no quedaría un solo punto del territorio de Brasil y del resto de América del Sur fuera del alcance del Comando Sur, donde en cuestión de horas, mediante el empleo de sus más modernos aviones de transporte, puede hacer llegar tropas y otros medios sofisticados de combate. Los mejores especialistas en la materia han suministrado los datos necesarios, para demostrar el alcance militar del acuerdo yanki-colombiano. Tal programa, que incluyó el restablecimiento de la IV Flota, fue diseñado por Bush y heredado por el actual gobierno de Estados Unidos, a quien algunos líderes suramericanos demandan el debido esclarecimiento de su política militar en América Latina. Los portaaviones nucleares no se necesitan para combatir las drogas.

El objetivo más inmediato de ese plan es liquidar el proceso revolucionario bolivariano y asegurar el control del petróleo y otros recursos naturales de Venezuela. El imperio, por otro lado, no acepta la competencia de las nuevas economías emergentes en su patio trasero, ni países verdaderamente independientes en América Latina. Cuenta con la oligarquía reaccionaria, la derecha fascista y el control de los principales medios de difusión masiva internos y externos. Nada que parezca verdadera equidad y justicia social tendrá su apoyo.

La emigración de latinoamericanos hacia Estados Unidos es consecuencia del subdesarrollo, y este es consecuencia del saqueo a que hemos sido sometidos por parte de ese país y del intercambio desigual con las naciones industrializadas.

México fue desgajado de América Latina por el Acuerdo de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá. La mayoría de los 12 millones de emigrantes ilegales en el primero de esos países son mexicanos y también la mayor parte de los cientos que mueren cada año en el muro de la frontera con aquel país.

Con una población de 107 millones de habitantes, en medio de la actual crisis económica internacional, el índice de pobreza crítica en México se ha elevado al 18 por ciento y la pobreza general alcanza a más de la mitad de sus habitantes.

Nada perturbó tanto la vida de Martí, el Apóstol de nuestra independencia, como la anexión a Estados Unidos. Desde 1889 venía tomando conciencia de que ese era el mayor peligro para América Latina. Soñó siempre con la Patria Grande, desde el río Bravo hasta la Patagonia;  por ella y por Cuba dio su vida.

El 10 de enero de 1891 escribió en La Revista Ilustrada de Nueva York un ensayo titulado “Nuestra América”, en el que expresó inolvidables frases: “… ¡los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes.”

Cuatro años más tarde, después de su desembarco por Playitas en la provincia oriental de Cuba, cuando ya marchaba por los campos insurrectos, sostuvo un encuentro con el periodista del Herald George E. Bryson, el 2 de mayo de 1895. Este le contó que había entrevistado en la Habana al famoso general Arsenio Martínez Campo. El jefe español le dijo que antes de conceder la independencia a Cuba prefería entregarla a Estados Unidos.

De tal forma impactó la noticia a Martí, que el 18 de mayo escribió a su amigo mexicano Manuel Mercado la famosa carta póstuma en la que habla del “…camino que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de Nuestra América, al  Norte   revuelto y brutal que los desprecia…”

Al día siguiente, desoyendo el consejo del General Máximo Gómez, quien le indicó permanecer en la retaguardia, solicitó a su ayudante un revolver, cargó contra una tropa española bien posesionada y murió en el combate.

“Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas”, sentenció en su última carta.

firma fidel

Fidel Castro Ruz

agosto 27 de 2009

28/08/2009 Posted by | General, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 1 comentario

Llamamiento contra el Golpe de Estado en Honduras a la Clase Obrera Mundial



06-08-09

Llamamiento del Frente Nacional contra el Golpe de Estado en Honduras a la Clase Obrera Mundial. Todos a organizar el boicot contra la dictadura militar-empresarial de Roberto Micheletti.
El 28 de junio del presente año, cuando la población hondureña se preparaba a participar en la Encuesta Popular sobre la instalación de una Cuarta Urna, en la cual se decidiría si se convoca o no a una Asamblea Constituyente, miles de efectivos militares secuestraron al Presidente Constitucional de la República, Manuel Zelaya Rosales y lo expulsaron hacia la vecina Costa Rica; ocuparon la Casa Presidencial, clausuraron violentamente todas las estaciones de radio y televisión independientes, persiguieron a los funcionarios del gobierno e implantaron un Estado de Sitio en todo el país.
De esa forma, se hizo efectivo un Golpe de Estado, que horas más tarde fue “legalizado” por el Congreso Nacional (asamblea legislativa), colocando en la Presidencia a Roberto Micheletti Bain, dirigente del mismo Partido político del Presidente Zelaya, mediante ridículos argumentos de que el gobernante depuesto había “renunciado”. Esa versión fue desmentida por el mismo Presidente Zelaya, además de que el Congreso Nacional no tiene atribuciones constitucionales para separarlo de su cargo. Asimismo, se argumentó la existencia de una orden de captura sin que el Presidente fuera sometido a un juicio en el cual pudiera defenderse de las acusaciones que se le hacían.
Detrás del golpe se encuentran la cúpula empresarial, los cuatro partidos políticos de la burguesía (Partido Liberal, Partido Nacional, Partido Demócrata Cristiano y Partido Innovacion y Unidad socialdemócrata), las cúpulas de las iglesias católica y evangélica, asi como los dueños de los principales medios de comunicación. Todos ellos hicieron una alianza contrarrevolucionaria temiendo que la consulta popular del 28 de junio diera poder al pueblo y, en especial, a la clase obrera y al campesinado pobre, para iniciar la construcción de una nueva sociedad, donde los privilegios de clase de la burguesía y de los terratenientes fueran eliminados.
También es necesario decir que detrás de ese golpe de estado, esta la mano del Imperialismo norteamericano y de la ultraderecha latinoamericana, quienes lo ven como una oportunidad de frenar los avances de la izquierda en la región centroamericana y la influencia de la revolución venezolana, tras los recientes triunfos electorales del Frente Farabundo Marti para la Liberacion Nacional (FMLN) en El Salvador y del Frente Sandinista en Nicaragua.
Sin embargo, la respuesta del Pueblo hondureño no se hizo esperar desde la primera hora del golpe. Las masas populares se lanzaron a las calles, a conquistar las plazas públicas y a protestar en la Casa Presidencial (edificio sede del gobierno) en contra de miles de efectivos militares, armados con tanquetas, helicópteros, aviones y artillería pesada. Desde entonces, las masas populares salen TODOS LOS DIAS a la calle desde hace un mes, a protestar, a ejecutar medidas de presión para derrocar al gobierno usurpador, realizando masivas movilizaciones, cortes de carreteras, toma de edificios públicos, etc. haciendo uso del Articulo 3 de nuestra Constitución Política que da derecho a la Insurrección Popular en caso de la imposición de un gobierno por la fuerza de las armas. Aunque esta lucha ha costado la vida de varios hondureños, asesinados por los militares, gracias a la misma el gobierno usurpador no ha logrado controlar la situación, ni derrotar a las masas y por tanto no ha logrado consolidarse como gobierno.
La máxima expresión organizativa de la resistencia popular es el “Frente Nacional contra el Golpe de Estado” que unifica a todas las expresiones sociales y políticas del movimiento popular y conduce el movimiento nacional hacia el derrocamiento de la dictadura. Este frente está constituido por organizaciones obreras, campesinas y populares en general, así como por los partidos y movimientos políticos de izquierda y centro que se han declarado en contra del golpe de estado.
La reacción internacional fue contundente desde el punto de vista diplomático: Salvo el régimen sionista de Israel, ningún otro país del mundo se atrevió a reconocer a la dictadura militar-empresarial impuesta en Honduras. Tanto la Organización de Estados Americanos (OEA), la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), el Grupo de Río, los países asociados al ALBA, entre otros, condenaron el golpe de estado, porque correctamente interpretan que se trata de un primer golpe a las de por sí limitadas democracias burguesas existentes en Latinoamerica, y que, de consolidarse, sentaría un precedente funesto para hacer retroceder las conquistas sociales y las libertades democráticas de los pueblos y trabajadores, proclive a ser imitado por las fuerzas más reaccionarias en otros países de la región y del mundo.
Sin embargo, esta reacción no ha pasado aún de declaraciones diplomáticas que, si bien son útiles, no son suficientes para golpear a la dictadura ni en lo económico, ni en lo militar.
El único gobierno que tuvo siempre una política ambigua respecto al gobierno usurpador, fue el gobierno norteamericano liderado por Barack Obama. Mientras declaraba reconocer al Gobierno del Presidente Manuel Zelaya como único presidente, dio visa a los emisarios de los golpistas para que estos ingresen a territorio norteamericano a hacer lobby a favor del golpe; no ha suspendido los principales programas de apoyo económico y militar en Honduras; no aplica el boicot comercial como en cambio si ha hecho contra Cuba , y se niega a declarar que se trata de un “Golpe de Estado”. Más bien ha promovido una negociación entre el legítimo Presidente de los hondureños, Manuel Zelaya, con el dictador Micheletti, a través de un mediador: el Presidente de Costa Rica, Oscar Arias.
Para el Frente Nacional contra el Golpe de Estado, la mediación del Presidente Arias es una estrategia del Departamento de Estado de los Estados Unidos para lograr cierto reconocimiento internacional al dictador Micheletti, dilatar en el tiempo la salida al conflicto para que el movimiento de resistencia se desgaste y someter al Presidente Zelaya a condicionamientos inaceptables ante su eventual reinstalación en el poder, a fin de que abandone las reivindicaciones políticas que han motivado la movilización popular, como son la lucha por una Asamblea Constituyente y por el castigo a los culpables del golpe. Por consiguiente, el Frente Nacional contra el Golpe de Estado, solo acepta una reinstalación inmediata, segura e incondicional del Presidente Zelaya a su cargo.
La clase obrera hondureña, que desde el principio respondió activamente a la resistencia popular, organizó para la tercera semana una movilización unificada con sus propios métodos de lucha: la Huelga general y la toma de los centros de trabajo, comenzando con un paro general de 48 horas de las tres centrales sindicales del país (CUTH, CGT y CTH) los pasados días 23 y 24 de julio, que se ha repetido el 30 y 31 del mismo mes. En solidaridad los compañeros de organizaciones populares de El Salvador y Nicaragua hicieron cortes en las aduanas para impedir el ingreso y salida de mercadería a Honduras. Inmediatamente las asociaciones empresariales de Honduras y Centroamérica, que son solidarias con los usurpadores, pusieron el grito en el cielo porque dicho boicot implica pérdidas millonarias para sus empresas. Eso significa que la huelga y el boicot comercial son armas efectivas para desgastar las bases económicas de los golpistas, más que las declaraciones formales.
Por todo lo anterior, el Frente Nacional contra el Golpe de Estado hace un llamamiento a las organizaciones representativas de la clase obrera mundial para que organicen y ejecuten una solidaridad militante con la clase obrera y con el pueblo de Honduras, realizando acciones de boicot a todos los productos que entran y salen a puertos hondureños, a fin de asfixiar económicamente a la dictadura; a hacer manifestaciones de repudio a la dictadura enfrente de las embajadas de Honduras y de los Estados Unidos; a hacer actos político culturales en solidaridad con la lucha del pueblo hondureño; y en general a ejecutar cuanta acción fortalezca la lucha del pueblo hondureño y su clase obrera para sacudirnos este régimen opresor y alcanzar una nueva sociedad.
SOLO LA UNIDAD MUNDIAL DE LA CLASE OBRERA DERROTARA EL EXPERIMENTO FASCISTA EN HONDURAS FRENTE NACIONAL CONTRA EL GOLPE DE ESTADO. www.ecoportal.net
Tegucigalpa M.D.C. 31 de julio de 2009 – HONDURAS
Más información sobre la resistencia al golpe en Honduras:
http://contraelgolpedeestadohn.blogspot.com
http://viacampesina.org/main_sp/
www.todosconhonduras.org/
http://www.enlazandoalternativas.org/spip.php?rubrique58
www.movimientos.org/honduras.php
www.aler.org
http://www.telesurtv.net/noticias/canal/senalenvivo.php

Enviado por Cora

08/08/2009 Posted by | General, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , | 2 comentarios

La industria de la mentira y la alienación


miércoles 8 de abril de 2009

Dax

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Toscano Segovia (especial para ARGENPRESS.info)

Vicente Romano es un notable investigador de la comunicación implicado profundamente en la tarea de desenmascaramiento de las mentiras emanadas por la industria mediática de la falsificación. A través de la docencia, de sus escritos y su posición política de izquierda ha expuesto con precisión cuáles son los objetivos trazados por falsimedia, los mismos que tienen que ver con la descontextualización de las luchas sociales, la tergiversación de la realidad de los pueblos, la estigmatización y satanización de los movimientos revolucionarios y la presentación constante de cosas banales cuyo propósito es el de alienar a la niñez y a la juventud principalmente. Vicente Romano accedió a contestar algunas interrogantes relacionadas con estas temáticas.

Marx señaló que las ideas que dominan en una sociedad son las ideas de la clase dominante. La industria mediática, por lo tanto, va a expresar las ideas del imperialismo, de la burguesía a nivel mundial desde el punto de vista ideológico de esos sectores. Pero lo que ellos presentan a la gente es una distorsión de la realidad. Se habla entonces de que ésta industria mediática pretende alienar, manipular a las masas. Sin embargo en el mundo, en el momento actual, la gente ya no acepta pasivamente lo que los medios le proponen y hay un cuestionamiento serio sobre los contenidos de la industria mediática. ¿Significa esto que los medios perdieron la batalla en este proceso de la denominada “fabricación del consenso”? ¿Acaso la gente está más preparada políticamente, lo que le hace tener mayor conciencia sobre la realidad? O ¿la realidad misma es la que ha hecho que la gente empiece a pensar de manera distinta?

Sí, entre los muchos aciertos de Marx está su afirmación de que las ideas dominantes son las de la clase dominante. Así, como el valor supremo de esta sociedad estriba en acumular dinero, no es de extrañar que la mayoría quieran ser ricos y vivir como ellos, aunque digan que también lloran.

Como se sabe, la industria de la comunicación, llamada también “de la conciencia”, se ha convertido en un sector estratégico de la economía, la política y la cultura, al menos en lo que se viene denominando “primer mundo”, que no existiría sin el expolio de los otros. Y sus beneficios no son sólo económicos directos. Con la difusión e inculcación de sus valores, los propietarios de esta industria persiguen, y hasta cierto punto consiguen, que la mayoría de la población los acepte. Por eso, los medios de comunicación desempeñan también una función importante en la reproducción y legitimación del sistema. Para eso están, para producir beneficios a sus propietarios y para inculcar valores hasta que la mayoría de la población los hagan suyos y adquieran así validez social.

Cierto, la utilización de los medios presupone siempre una manipulación. Pero lo que importa no es que los medios y contenidos de la industria de la conciencia sean manipulados, sino quién los manipula, en provecho de quién y al servicio de qué intereses. La manipulación propiamente dicha se da cuando se produce para beneficio de los pocos y en detrimento de los muchos.

De este modo se priva a los muchos de los conocimientos necesarios para el dominio de su entorno, la sociedad en que viven, y cambiarla para mejorar sus condiciones de vida y de trabajo, esto es, para ser más felices.

La experiencia mediatizada, ilusoria, virtual, de la realidad que reciben través de los medios poco o nada tiene que ver con la de su existencia. ¿Dónde están esas cosas tan bonitas que salen en la tele, pueden preguntarse los millones de niños que ni siquiera tienen acceso al agua?

¿Cómo pueden seguir aplaudiendo los muchos su propia depauperación material y espiritual? Me resisto a creer que así sea. ¿Han tenido la oportunidad de acceder a otros contenidos? Por eso, como los llamados “medios de masas” no satisfacen sus necesidades, empiezan a darles la espalda y a buscar medios alternativos que responden mejor a ellas, esto es, que muestran la realidad, no en su unidad mágica, ilusoria sino en su diversidad y complejidad, en sus contradicciones, a fin de superarlas, claro. De ahí que la atención de los muchos desposeídos se dirija cada vez más a los medios cuyos contenidos concuerdan con la realidad de sus experiencias. No hay que olvidar que la conciencia surge como resultado de la acción y de la experiencia.

Desde posiciones progresistas se ha hecho un permanente cuestionamiento sobre los diversos productos que los medios proponen a la gente como las telenovelas, por ejemplo. Sin embargo, diversas personas acuden a ellas con el único propósito de disipar la mente frente a una dura jornada de trabajo y no necesariamente son objeto de manipulación o alienación. Por ejemplo, en Cuba la gente asume la hora de la novela como un momento especial, el mismo que es imposible perderse. ¿Qué posición, desde el punto de vista político-comunicacional, desde la izquierda, se puede hacer sobre estos productos?

Desde mi punto de vista, condicionado por mi experiencia española y europea, el movimiento progresista, la izquierda, incluido el marxismo, apenas ha dedicado atención y análisis a esta cuestión. Hasta ahora se ha preocupado, sobre todo, por el tiempo de trabajo, por la jornada laboral, por su reducción y, por ende, por la ampliación del tiempo libre, es decir, el tiempo libre de trabajo, el tiempo alienado. Pero apenas hay estudios sobre el tiempo de ocio socialmente necesario para el desarrollo de la subjetividad. Algo apuntó ya a finales del siglo XIX el franco-cubano Paul Lafargue.

Aunque si se mira de cerca, el tiempo libre también es tiempo alienado, tiempo organizado por otros.

El desarrollo multilateral y armónico de la personalidad no sólo exige la apropiación del tiempo trabajo, sino también una cantidad de tiempo libre socialmente necesario. Para ello, este tiempo libre debe ser tiempo propio, no alienado, activo, creador, ocupado principalmente en la adquisición, transmisión e intercambio de experiencias, en el disfrute de lo que gusta hacer y de lo que complementa el desarrollo individual y social. O sea, dicho en términos de Marx, tiempo que facilite el acceso al “reino de la libertad”, sobre la base del dominio de la necesidad.

Y para todo esto, el dominio del tiempo parece imprescindible.

Las industrias musical y cinematográfica constantemente hacen campañas a través de los medios para luchar contra la piratería. Las instituciones represivas estatales (jurídicas-policiales) actúan en defensa de los intereses de esas industrias. Los argumentos esgrimidos son de carácter económico, puesto que señalan que esa competencia ilegal les genera serias pérdidas económicas, y también de carácter moral para, en cierta forma, encubrir su codicia monetaria. La piratería, sin embargo, ha permitido a mucha gente acceder a productos que en el mercado oficial o legal no se los encuentra o que tienen un costo elevado y por ello no son de fácil acceso para el común de la gente. ¿Qué validez tienen los argumentos de las industrias señaladas frente a la piratería? ¿Qué posición deben asumir los colectivos sociales de izquierda frente a este hecho?

Teóricamente, sus argumentos y normas pretenden proteger los derechos de los autores, artistas y pequeños empresarios de la cultura. En la práctica, sin embargo, sus principales beneficiarios son los grandes oligopolios que controlan el mercado de la música o el cine. Estos grupos, que con frecuencia representan un grave obstáculo al ejercicio libre y generalizado del derecho a la cultura, apenas resultan dañados por la actividad de la piratería. Los manteros, como se conocen en España los vendedores de CDs y DVDs en las calles, expuestos en mantas tendidas en el suelo, no engañan a sus compradores, que saben que los artículos no son originales sino copias no autorizadas. El perjuicio que produce a las discográficas o a las grandes distribuidoras suele ser, en consecuencia, irrelevante. O en todo caso, menor que los miles de descargas para uso privado que tienen lugar diariamente y que, al menos todavía, no merecen ningún reproche penal. En realidad suele ser una actividad cotidiana, socialmente admitida. Una actividad criminalizada por los detentadores de la propiedad y de la que los jueces empiezan a absolver a los manteros encarcelados por ejercerla.

Como dice el profesor Gerardo Pisarello, “en ausencia de empleos dignos y de una red sólida de seguridad social, la supervivencia en la ciudad, más que una opción, ha pasado a convertirse en un imperativo ineludible para miles de personas. Por eso la respuesta que ofrece el Código Penal, además de reprochable en términos morales y jurídicos, se presenta como altamente ineficaz. En un contexto de crisis como el actual, tratar a los vendedores ambulantes como peligrosos delincuentes es una manera tosca de negar su existencia y su condición. Esta ceguera degrada a la propia sociedad con la que conviven, y resulta todavía más sangrante cuando detrás de la penalización anida, más que el ánimo de proteger derechos generalizables, la abierta connivencia con privilegios de mercado excluyentes e insostenibles.”

Al criminalizar a los manteros no sólo se criminaliza la pobreza: también se elude una discusión de fondo, no demagógica, acerca de las causas reales, económicas y políticas, de la inseguridad y del desorden en nuestras ciudades. Los Juzgados absuelven porque no toda conducta infractora de la ley de propiedad intelectual debe tener necesariamente la grave respuesta del derecho penal, dice una Sentencia de 22 de mayo de 2007.

En América Latina, principalmente entre la juventud, han tenido mucha aceptación los libros best seller de Cuauhtemoc Sánchez o las obras de Paulo Coelho. De igual manera la juventud se siente atraída por las revistas que el mercado les propone donde se habla de música, los ídolos del momento, las fiestas juveniles y donde salen las muchachas y los muchachos retratados en sus espacios de reunión, ya sea en el colegio, en el mall o en su barrio. En el campo musical todavía las y los jóvenes se sienten atraídos por Juanes, Shakira, Britney Spears, Alejandro Sanz, Enrique Iglesias o por ritmos musicales como el Hip Hop o el Rap. ¿Qué elementos positivos y qué elementos negativos tienen estas producciones? ¿Cuáles son las razones para que la juventud se identifique con esos personajes de la música?

Por mi edad no soy consumidor de estos productos, pero como docente universitario sí he podido observar algo los comportamientos de los jóvenes. Aunque los ritmos y melodías de mi juventud eran muy distintos, algunos de mis estudiantes me han enseñado que en su música, para mí estruendosa y alocada, también se manifiesta mucha protesta contra este sistema que los explota.

Sólo puedo decir que el sistema capitalista también ha privatizado los espacios públicos, privando así a los jóvenes de lugares de reunión no comercializados. La reacción de los jóvenes, al menos en España, ha sido la ocupación de ciertos espacios públicos con el llamado “botellón”, algo que las autoridades no ven con buenos ojos y procuran desalojarlos por la fuerza.

Con esta actitud, los jóvenes evidencian una de las carencias de este sistema para establecer y fomentar las relaciones democráticas, tanto para los jóvenes como para los mayores, a saber: los “lugares del tiempo”, esto es, lugares del encuentro, de entrar en contacto, como plazas, patios, etc.

Este tipo de lugares de actividad simultánea parecen desaparecer cada vez más del escenario, ya sea en el trabajo, en público, o en casa. El diálogo con el compañero o compañera de trabajo se ha sustituido por el diálogo con la pantalla del ordenador. La tendencia económica apunta también en otra dirección: la de sustituir los lugares de comunicación intensiva por una profusión cada vez mayor de relaciones comunicativas tecnológicas.

Esto equivale a una creciente mutilación de los aspectos más humanos de la comunicación, la relación e interacción directa entre las personas

La democracia, como sistema abierto, implica necesariamente espacios abiertos, a los que todos pueden acceder. El espacio público debe ser del público, o mejor dicho, de los públicos, el lugar de encuentro del pluralismo y de la interacción social. En este sentido, los espacios públicos tienen gran importancia para el disfrute y uso colectivo del tiempo libre, de la comunicación, del consumo de cultura, del asueto y esparcimiento, etc.

Es muy significativo que, tras su absorción por la Alemania capitalista, la RFA, los jóvenes de la absorbida Alemania socialista, la RDA, reclamasen la devolución de sus antiguos “lugares del tiempo”, sus lugares de esparcimiento.

La juventud en diversos lugares aparece como contestataria frente al sistema capitalista y al poder adulto adoptando diversas modas en cuanto a peinados, formas de vestirse y hábitos se refiere. Los ideólogos y propagandistas del sistema han sido muy inteligentes, apropiándose en algunos casos de esos elementos de la juventud o en otros fabricándolos ellos mismos para hacerlos aparecer como parte de la rebeldía juvenil. Esto también tiene que ver con el consumo de ciertas drogas. El sistema trata de paralizar a la juventud en unos casos o de cooptarla en otros, dejándoles cierto espacio en el que aparezcan como independientes de esas estructuras de poder. ¿Cómo lograr efectivamente que la juventud no se deje, en forma sutil o abierta, engañar por el sistema y sus mecanismos de alienación?

Por su esencia, el sistema capitalista no puede sino apropiarse de todas aquellas manifestaciones humanas, incluidos los sentimientos, a fin de capitalizarlas. Me parece que los jóvenes son cada vez más conscientes de esta explotación y comercialización. Sorprende que en casi todas las manifestaciones de protesta a que asisto me sienta a veces extraño entre todos los jóvenes que participan. Para mí, esto significa que son conscientes de su explotación y de los deseos de cambio de sistema político, económico y cultural. A nosotros, los mayores, sólo nos cabe contribuir a ampliar su conciencia, como dijo el joven ensayista inglés Ch. Caudwell que murió combatiendo el fascismo durante la Guerra Civil Española. Esto es, contribuir a desentrañar los múltiples y sutiles mecanismos de manipulación y dominio existentes en esta sociedad de libre mercado, como se autodefine hipócritamente.

Aunque lo que impera en la organización social actual es la animalidad, la ley de la selva, los valores del más fuerte, la cooperación y la solidaridad están en el origen de la humanidad. El ser humano surge cuando empieza a prestar atención al otro. Sin la cooperación y la solidaridad no hubiera podido elevar su animalidad a humanidad, crear el lenguaje, la cultura, etc., y alzarse sobre el resto de los animales. De ahí que la solidaridad emerja como una categoría óntica y, al mismo tiempo, política, tanto ayer como hoy.

La juventud es rebelde, impetuosa. Sin embargo, esa rebeldía muchas veces no se expresa contra el sistema como una totalidad, sino contra cosas que competen a la individualidad de cada joven y que tienen que ver principalmente con problemas de su vida cotidiana. A muchas y muchos jóvenes no les interesa militar políticamente en organizaciones revolucionarias, de izquierda. Cansados tal vez por la palabrería, el dogmatismo y sectarismo de diversos grupos, más precisamente sectas, se decepcionan de pertenecer a ellos. La falta de respuestas concretas a esos problemas cotidianos, también aleja a la juventud de esas organizaciones. En cambio, otras y otros jóvenes se vinculan a grupos religiosos o forman parte de clubes de fans de artistas o deportistas. ¿Qué propuestas concretas y qué tareas inmediatas se deberían plantear los colectivos y las organizaciones de izquierda, revolucionarias para que la juventud participe, se implique y se sienta identificada con estos grupos?

Los jóvenes tienen buenas razones para estar desengañados con los partidos y organizaciones de izquierda. En España, al menos, es cierto que su cultura cainita los ha llevado a la fragmentación extrema en que se encuentran hoy. Obsesionados con la conservación de sus parcelitas de poder en el aparato o en las instituciones, malgastan sus vidas y sus proyectos en palabrería huera, a la caza de una supuesta “línea correcta”. Mientras tanto la revolución puede esperar. Y los jóvenes que se acercan a ellos se ven frustrados y lo abandonan pronto.

Pero como el ser humano no puede vivir sin los demás, en plan Robinson, busca satisfacer sus necesidades de relación con los otros en los clubs y sectas religiosas. De ahí que, frente a la ética de la exclusividad y del individualismo haya que contraponer la ética de la solidaridad y la cooperación.

América Latina está viviendo una situación revolucionaria muy favorable para las fuerzas de izquierda. El triunfo del candidato del FMLN en El Salvador, Mauricio Funes, pese a la brutal campaña mediática en su contra, demuestra que hay un avance significativo a nivel político en los pueblos latinoamericanos que desean un cambio radical del sistema imperante. Los presidentes Hugo Chávez, Evo Morales, a pesar de estar sometidos al ataque furibundo de falsimedia, no han sido derrotados por las fuerzas de la derecha, gozando todavía del respaldo popular. En América Latina se vive y se siente el avance de la Revolución. En los medios se lee, se escucha y se ve, frente a esta situación desfavorable para el imperialismo y la burguesía, constantemente los llamados al diálogo, a la convivencia pacífica, a la conciliación. Hablan de la unidad nacional, de la necesidad de vivir en armonía y de todas y todos salir adelante. Sin embargo, cuando han existido períodos de reflujo, no han escatimado, absolutamente nada, para incitar a la desobediencia civil, al terrorismo, a los golpes de Estado contra esos regímenes y gobiernos progresistas. ¿Cuál debe ser la postura de la intelectualidad de izquierda y de los colectivos sociales revolucionarios frente a falsimedia en las circunstancias políticas que hoy vive América Latina?

Desde la Atlántida de Platón, la Civitas Dei de Agustín de Hipona, la Civitas Solis de T. Campanella, la Utopía de Tomás Moro y así hasta la Ilustración y los socialistas utópicos del siglo XIX, muchas de esas ensoñaciones sociales se sitúan en América, al otro lado del Atlántico. Los movimientos de independencia respecto de las metrópolis europeas incorporaron gran parte de los ideales de la Revolución Francesa de 1789, con su lema de libertad, igualdad, fraternidad y sus derechos del hombre. Esos ideales, junto con los de las revoluciones socialistas del siglo XX, renacen ahora en Venezuela y en los procesos emancipadores que se expanden por América Latina, particularmente en Bolivia, Brasil, Ecuador, etc. Cobra nueva vida el principio de esperanza. Un principio que se opone también a los modos de operar del tardocapitalismo, que no hace sino ampliar la brecha entre ricos y pobres en el mundo.

La tarea de la izquierda estriba en descubrir las contradicciones, analizarlas y comentarlas. Ese sigue siendo el gran cometido. La receta consiste en mantener la debida distancia ante los temas y el compromiso con el público, esto es, con el pueblo.

Si la capacidad diferenciadora de los grandes medios y de la comunicación institucional, académica, no puede o no quiere plantearse preguntas en el sentido ilustrador, la inteligencia humana tiene que utilizar otros medios para hacerlas.

Plantear ahora preguntas incómodas, provocadoras, significa hallar las respuestas de mañana. Omitirlas equivale a no cumplir debidamente la profesión de comunicador o de formador de comunicadores. Si la comunicación organizada de los grandes medios periódicos y de las instituciones no indagan los conflictos ni se los cuestionan, éstos estallarán de una manera o de otra. Los medios de comunicación son útiles mientras verbalicen los conflictos latentes antes de que empiecen a volar las piedras y la fuerza bruta desplace a la dialéctica de pregunta y respuesta.

Desde la perspectiva cultural conviene asimismo abandonar el eurocentrismo europeo. El abandono del eurocentrismo implica también el concepto de que cultura es sinónimo de cultura occidental, euronorteamericana. La cultura es universal, y entre los componentes de la cultura latinoamericana hay que tener muy en cuenta tanto las culturas indígenas como su componente afroamericano. Pues, los 20 millones de africanos que llegaron a América entre los siglos XVI y XIX, y no voluntariamente, no sólo aportaron su fuerza de trabajo barata o gratuita, sino también valores culturales que, en su mestizaje o pureza han enriquecido el acervo cultural de América.

8. Contra las FARC-EP existe una campaña internacional de desprestigio orquestada por el imperialismo y la burguesía colombiana, hoy liderada por el narcoparamilitar de Álvaro Uribe. Muchos intelectuales “progre”, así como organizaciones de “izquierda”, se han sumado a los ataques contra esta organización revolucionaria colombiana a la que se le acusa de estar vinculada al narcotráfico internacional, al secuestro y a la extorsión. Incluso José Saramago ha expresado un rechazo frontal contra las FARC-EP. Muy poco se conoce sobre la realidad. Por ejemplo, cuando salieron las fotos de Ingrid Betancourt en la selva, se habló de que estaba en una situación calamitosa, al borde de la muerte, que sufría enfermedades terminales, etc. La realidad fue totalmente distinta, pero la imagen de las FARC-EP ante el mundo quedó totalmente denigrada. ¿Cómo comunicólogo y cómo hombre de izquierda cuál es su análisis sobre esto?

Las primeras imágenes de la señora Betancourt desmintieron de golpe la campaña falaz de su martirio a manos de las FARC, tan aireado una y otra vez por los medios. Aquí sí fue cierto lo de que una imagen vale más que mil palabras. Otro tanto ocurrió con el “poeta de la silla de ruedas”, torturado hasta la incapacidad física por el “régimen” cubano. Y digo lo de “régimen” porque en ningún medio del susodicho mundo libre jamás se dice que Cuba tenga un gobierno o una administración. Sin embargo, al aterrizar en el aeropuerto de Madrid bajó tan campante la escalerilla del avión por su propio pie, rebosante de salud, para la estupefacción de los numerosos periodistas que lo esperaban.

Los medios defensores del capitalismo no van a reconocer sus mentiras ni su manipulación. Tienen que defender los intereses de sus propietarios. Compárese un simple telediario de un canal de PRISA, por ejemplo el del Canal Cuatro en España, con otro de Telesur para ver la enorme diferencia de sus contenidos.

Como bien se sabe, la información veraz que reclaman estos paladines de la libertad de información jamás incluye los puntos de vista de quienes ellos llaman “antisistema” o terroristas. Eso sería contrario a sus intereses. Esa es su tarea. Y la cumplen lo mejor que pueden. La libertad de información se reduce en última instancia a la libertad de acceso. Sin la inclusión de los puntos de vista del adversario el receptor no puede formarse un juicio veraz de la realidad.

9. A los colectivos sociales de izquierda, revolucionarios, que no tienen los suficientes recursos y que no tienen en su poder la tecnología que si lo tiene la industria mediática ¿qué recomendaciones, qué ideas les da para constituir verdaderos medios opuestos políticamente al orden establecido, pero sin perder de vista el humor, la alegría y la belleza?

Toda comunicación se inicia y acaba en el grupo primario, en el cara a cara. Los medios primarios, los del contacto elemental humano, son los que permiten el mayor grado de autodeterminación. Son los medios de libre disposición. Sin embargo cada vez se utilizan menos, debido a que los medios ajenos, heterodeterminados, colonizan el tiempo y el espacio.

Y el medio propio por excelencia es el lenguaje.

Si bien es el trabajo el que modifica las condiciones sociales, el lenguaje es el instrumento utilizado para acelerar o frenar el cambio de esas condiciones. A través de la comunicación, del intercambio de informaciones, los seres humanos toman conciencia de sus experiencias, que contrastan con otros al expresarlas. La primera toma de conciencia se efectúa en el pronunciamiento del mundo, como decía Paulo Freire. La comunicación es necesaria para la verificación del conocimiento y el acuerdo en la modificación de las condiciones sociales. En este sentido, la fuerza de convicción de las palabras reside en su concordancia con la realidad. El lenguaje le da forma al mundo. La palabra es el primer ejercicio del poder.

La “sociedad de medios”, como se denomina a veces el estadio actual de la evolución medial, esto es, la era de la comunicación electrónica, no hace sino poner de manifiesto la necesidad de la comunicación primaria, la comunicación del contacto elemental humano.

En la conversación con el otro, en el diálogo enriquecedor es donde puede verificarse el conocimiento y de dónde puede surgir la solidaridad

La comunicación es cada vez más mediatizada y menos dialógica (P. Freire), lo que equivale a perder humanidad. El vacío dialógico de esta “sociedad de la comunicación” tiene su contrapartida ilusoria en el éxito de las sectas y de las tertulias de Internet.

Cierto, el público sólo puede alcanzarse a través de los medios. En la actualidad, como el público debe aceptar los nuevos medios electrónicos a fin de sufragar el gasto enorme de los inventores y propietarios, apelar a los legisladores es tan fútil como apelar a la responsabilidad de periodistas y editores.

Habría que partir, más bien, desde abajo. Se podría intentar:

• Crear público con medios alternativos que no funcionen con criterios comerciales, y denunciar los intereses de la industria medial.

• Realizar un trabajo de ilustración en las escuelas, establecer el estudio de los medios como asignatura.

• Fomentar la competencia comunicativa. No basta con ser un receptor “crítico”. Hay que ser consciente del papel que uno juega en el proceso de la comunicación de masas y de las posibilidades que tiene para articular, expresar y satisfacer las múltiples y variadas necesidades.

Porque, como dice Faustino Cordón, la única manera de ser feliz es entender la realidad para dominarla.

ARGENPRESS

12/04/2009 Posted by | Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Uncategorized | , , , , , , , , | Deja un comentario