America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Empiezan los dos años que faltan – Roberto Caballero



Vuelve CFK. Duran Barba y la Catedral. Se desinfló lo de Seychelles y Hubrys. Ahora vivimos entre Ciudad Juárez y la enfermedad de Pick.

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Después de cinco semanas, cumplido el posoperatorio que la mantuvo alejada de la escena pública, Cristina Fernández de Kirchner se reintegra a partir de mañana paulatinamente a sus funciones como jefa de Estado. En el medio pasó de todo y, a la vez, nada espectacularmente grave sucedió. El panorama con el que va a encontrarse la presidenta es, en líneas generales, bastante parecido al que dejó cuando entró en el quirófano, aunque no será exactamente un calco. En su ausencia, Sergio Massa le ganó a Martín Insaurralde estirando un poco más la diferencia que había sacado en las PASO y la Corte Suprema de Justicia dictaminó que la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual es enteramente constitucional, culminando con cuatro años de intensa batalla legal. Era esperable una elección de medio término con datos menos favorables para el oficialismo que los obtenidos en las presidenciales de 2011 y era mucho menos pronosticable que el máximo tribunal le diera la razón al gobierno con la Ley de Medios. Cuando se pasa en limpio lo sucedido, hay que apuntar que, aun con la victoria por diez puntos del tigrense en territorio bonaerense, la sociedad decidió no quitarle las mayorías parlamentarias al kirchnerismo, que las leyes económicas clave de 2014 (presupuesto, ley de cheque y emergencia económica) ya fueron sancionadas y que el fallo cortesano aportó un innegable oxígeno a la gobernabilidad, protegiendo así a la instituciones democráticas de una crisis cuyos únicos beneficiarios concretos eran los sectores corporativos de cuño antidemocrático.

Por lo demás, la agenda mediática dominante sigue orbitando alrededor de las noticias catastróficas que procuran alimentar la desconfianza social y minar cualquier certidumbre política. Son maniáticos, no hay nada que hacerle. Del Síndrome de Hubrys pasamos a la Enfermedad de Pick. No buscan partes médicos, quieren certificados de defunción. Eso sí, la cotización del dólar blue resignó algo –no mucho– de espacio frente al flagelo del narcotráfico, que pasó de los escándalos de Rosario y Córdoba con graves implicancias policiales y políticas provinciales a la escala nacional, merced a un documento eclesial y una definición en igual sentido de la Corte, que catapultó la temática a las tapas de los dos diarios hegemónicos, reinaugurando la temporada de opiniones facilistas: en octubre, era el lavado de dinero en las Islas Seychelles (denuncia finalmente desestimada por la justicia esta semana); ahora es el derribo de aviones que entran por la frontera norte.

De la noche a la mañana, casi, los argentinos se levantaron viviendo en Ciudad Juárez. Ni tanto, ni tan poco. El narcotráfico existe, negarlo es una tontería; convertirlo en un debate sobre baterías antiaéreas, un abordaje igualmente poco serio. Cuando Massa y Daniel Scioli proponen el debate por el derribo, olvidan que los últimos narcos detenidos en los countries en el distrito de Tigre vuelan en primera de aviones de línea y que lo más parecido a un cártel operando fuertemente en el suelo bonaerense que gobierna Scioli –al estilo de lo que ocurre dramáticamente en el Gran Rosario– puede advertirse en el partido de San Martín, donde talla como intendente su socio Gabriel Katopodis. A propósito, el ataque que recibió la procuradora Alejandra Gils Carbó por decir que está a favor de la despenalización de los consumidores y en contra de la legalización de las drogas fue sumamente injusto. Es la primera jefa del Ministerio Público en crear una fiscalía específica para combatir la narcocriminalidad, mucho antes de que la Corte saliera, como sale ahora, a golpearse el pecho por el mismo asunto.

En el medio, lo que prometía ser una sanción internacional de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) por la supuesta falta de libertad de expresión en la Argentina –motorizada por Joaquín Morales Solá y Magdalena Ruiz Guiñazú–, naufragó en parte por el efecto vivificante del fallo por la Ley de Medios que reivindicó el papel del Estado como regulador del derecho a la comunicación frente a los monopolios y medios concentrados y, en mayor medida, por la inconsistencia de la denuncia, que quedó licuada en un párrafo ambiguo del extenso informe de 60 páginas que produjo la propia CIDH, que sólo mostró algo de preocupación por las críticas que recibieron los periodistas de Perfil y La Nación a su decisión de comparecer en Washington, lo cual puede gustar más o menos –en particular, la descalificación a Ruiz Guiñazú, de quien se puede tomar legítimamente distancia por sus actuales posturas políticas, sin dejar de reconocer sus actos valerosos del pasado, en oposición a los de Morales Solá, por ejemplo–, pero que también es parte del derecho a expresarse de los que piensan distinto a Morales Solá y Madgalena. Lo concreto es que la CIDH no va a abrir investigación alguna ni monitoreo puntual sobre las presuntas amenazas a la libertad de expresión en la Argentina.

La expectativa por volver a ver a la presidenta en funciones es muy alta. Desde ya que, aun el antikirchnerismo racional, quiere verla recuperada.

De lo más grave, igual de repudiable que la reivindicación “espectacular” de Adolf Hitler que hizo Jaime Duran Barba, el asesor de Mauricio Macri, puede mencionarse la irrupción en la catedral metropolitana de grupos católicos fascistas contra la ceremonia interreligiosa evocando La Noche de los Cristales Rotos, paso fundamental de la política antisemita y racista del Tercer Reich que acabaría con la vida de 6 millones de judíos en Europa durante la Segunda Guerra Mundial. Eran un puñado, bastante exaltado, con sus boinas rojas y su frenético rezo del rosario. La pregunta inquietante es a cuántos otros representan en sus diatribas e impulsos violentos. No eran viejos, eran jóvenes. Se ve que a la derecha del Papa Francisco no está la pared. Hasta el disidente del peronismo Eduardo Amadeo, que no es Camilo Torres, se asustó por la escena. La intolerancia de los sectores reaccionarios en la Argentina, de todos modos, no merece un tratamiento liviano. Cruzados como estos, puestos a ocupar o influir sobre las jefaturas de las Fuerzas Armadas de los ’70, justificaron en el altar divino la masacre de toda una generación. Un baño de sangre purificador que sentó las bases del Estado terrorista. Desde la Revista Cabildo luego dijeron que Raúl Alfonsín era comunista y judío en los ’80, de igual modo que hoy califican a Cristina Kirchner de montonera y atea. Parecen pocos, quizá lo sean, pero sus postulados lunáticos atraviesan peligrosamente el discurso público emitido por comunicadores y políticos que lo naturalizan de manera banal, que son de derecha y reaccionarios, pero suelen opinar desde una neutralidad prefabricada. ¿Cómo se los puede identificar? Es fácil: son los que sugieren que en Ecuador la palabra “espectacular” no quiere decir lo que dice en castellano pretendiendo justificar lo injustificable, asocian el gobierno democrático a una dictadura, usan de modo macartista el adjetivo “comunista” y pregonan que los organismos de Derechos Humanos están cooptados por el demonio más malo que existió hace 35 años. Disimulan, matizan, claro, después de tres décadas de democracia ininterrumpida, aun los reaccionarios de derecha que no quieren quedar pegados a la derecha reaccionaria. Para eso está Mariano Grondona, aunque después vayan de invitados felices a su programa.

Es un triunfo de las libertades, sin ninguna duda, que se esfuercen en camuflar lo que son y que hayan aprendido algo de modales. Aunque convendría aclarar que esa prevención los habilita como sujetos simplemente ubicuos, no más tolerantes, ni más democráticos, ni menos peligrosos. Si el contexto de la Argentina fuera otro, correrían a ser intendentes civiles del nuevo proceso de organización nacional. Sólo hace falta un poco de memoria, más que agudeza imaginativa, para poder verlos caminar en un futuro improbable.

Volviendo al retorno de Cristina Kirchner, ojalá la lejanía, la toma de distancia, la perspectiva del panóptico visual, le haya servido para detectar qué cosas suceden por fuera de los asuntos importantes de la administración cotidiana del Estado que tanto la ocupan. Al correrse del atril, algunos funcionarios se vieron en la incómoda tarea de operar sin su aval explícito previo. Hayan o no hablado en privado, esta vez la presidenta no apareció en público para certificarles que hacían lo correcto. No está mal. No hubo caos. El país no colapsó. El shock que significó el paso de la presencia casi diaria de la mandataria a su silencio de un mes y medio donde incluso congeló su cuenta de Twitter fue, en principio, sólo eso: una sorpresa que luego derivó en rutina. La experiencia confirmó tres cosas: que la impronta presidencial es única, que el sentido de las acciones oficiales es inalterable y que los editores opositores fueron los que padecieron la falta de la figura que habitualmente concentra sus ataques más encarnizados. Amado Boudou, Juan Manuel Abal Medina, Carlos Zanini, Agustín Rossi, Florencio Randazzo y Martín Sabbatella, con sus diferentes estilos y responsabilidades, despejaron los nubarrones de eventual desgobierno que agitó el antikirchnerismo cuando se supo de la operación. Se calzaron la gestión al hombro. Atravesaron un momento difícil, sin desbarrancar. También la juventud tuvo un papel relevante en las masividades desplegadas durante el acto del 17 de octubre en Plaza de Mayo. La invisibilización mediática fue inversamente proporcional a su entrañable contundencia.

No ocurrió lo mismo con los gobernadores e intendentes que comenzaron a sacarse los ojos con los resultados electorales arriba de la mesa. La disputa al interior del pejotismo por ver quién o quiénes ocupan espacios expectantes con la cabeza puesta en 2015 los desnudó como una maquinaria indolente, cuando no como vanidosos concursantes en un desfile de cargos reales o imaginarios. Hay un sector del PJ que actúa como el antiperonismo desea que lo haga: con una desmedida vocación por la supervivencia personal. Si Sergio Massa los aventaja moralmente en algo es que, al menos, para dejar de vivar falsamente a Cristina y criticar despiadadamente a La Cámpora y a Moreno, decidió abandonar el peronismo. Los otros, en cambio, murmuran desde adentro cosas parecidas mientras juran una lealtad de inaudible convicción. El revés de la trama tampoco es auspicioso: núcleos del kirchnerismo no peronista ven en cada tumulto la confirmación de que el dispositivo político que tejió Néstor Kirchner en vida entró en fase de declinación. Así como hay un peronismo que vive obsesionado por alambrar el territorio y asegurarse la propiedad de los emblemas partidocráticos, existe también un progresismo sólo preocupado por los insumos narrativos simbólicos y estéticos del modelo nacido en 2003. Exagerando, son las dos caras de una misma acechanza: el debilitamiento de la musculatura política kirchnerista de cara a los dos años que se avecinan.

En el plano económico, la merma de las reservas del Banco Central se volvió un tema sensible. La sociedad escucha pronósticos oscuros a diario. En los canales de TV predomina el análisis opositor. No aparecen voces oficiales con la potencia necesaria para replicar el discurso único instalado, con su sensación pegajosa de deriva contante. Ya no es sólo el lobby devaluador, ni siquiera el petardeo constante de AEA –que incluso fracasó en el armado del fragote empresario antikirchnerista esta semana–, es otra cosa: una especie de monólogo tremendista que se convirtió en la partitura legitimada por ausencia de una música alternativa que se escuche más clara y más fuerte. Se reproducen argumentos esquizoides y se habla de situaciones contradictorias. Se mezclan la suba de la carne con la injusticia de un dólar tarjeta que permite comprar autos importados de alta gama, las mejores opciones para invertir los pesos sobrantes con la histeria por una inflación descontrolada. Cualquier sobremesa de la clase media está atravesada por estas discusiones. El común denominador es el malestar. Otra vez, se habla de Chile, de Uruguay o de Brasil como ejemplos de lo que debe hacerse en oposición a lo que se hace acá. No hay ningún tipo de espacio para preguntas obvias: si todo fuera tan genial con la derecha chilena gobernando, ¿por qué vuelve arrasando Michelle Bachelet? Si en el país oriental todo es felicidad, ¿por qué una milanesa con fritas cuesta 130 pesos argentinos, con sueldos muy inferiores a los que se pagan en la Argentina medido en dólares? Si en Brasil las cosas marchan bien, ¿por qué hubo protestas tan masivas hace dos meses y las automotrices ralentizan la producción? No importa. Lo que llega desde afuera, lo que los medios reproducen, los lugares comunes repetidos hasta la sequedad de la saliva por los comentaristas televisivos, es que afuera es el paraíso y esto, lo más parecido al infierno. Pero cuidado, lo llamativo no es que circulen barbaridades como si fuesen verdades incontrastables, eso ya es parte del folclore de los últimos años, lo curioso es que no haya voces articuladas que salgan al cruce para neutralizarlas y bajar la ansiedad social sobre estos temas. Si eso no ocurre pronto, José Luis Espert va a pasar de pintoresco personaje nostálgico del neoliberalismo de los ’90 a salvador de la patria dolarizada. La disputa, en ese caso, no va a ser sobre modelos económicos más o menos incluyentes. Va a ser entre los que explican algo aunque sea malo y los que no explican nada, nada de nada, convirtiendo la economía en una variante del esoterismo. El esfuerzo de Mercedes Marcó del Pont, titular del BCRA, por poner palabras donde no las había durante un encuentro con 500 economistas, es encomiable. Pero no es la ministra de Economía.

La expectativa por volver a ver a la presidenta en funciones es muy alta. Desde ya que, aun el antikirchnerismo racional, quiere verla recuperada. Eso no quita que existan, de parte de algunos opositores, hirientes comparaciones entre su estado de salud y la vitalidad del ciclo institucional. La idea de que para curarse tiene que dejar todo lo que le provoque estrés, y que el mayor causante de estrés es, precisamente, la acción misma de gobierno, no es otra cosa que un pedido solapado de deserción anticipada. Jorge Giacobbe, titular de Giacobbe Consultores, desde Clarín, dijo: “Me parece que no se puede hablar de la vuelta de Cristina, porque no vuelve Cristina sino un trozo de ella.” Lo dicho: no quieren partes médicos, que los hubo, quieren algo así como la extremaunción política en vida.

Eso, el final de todo este proceso, es lo único que no va a pasar, salvo que la intervención quirúrgica haya sido para transformar a la presidenta en otra persona. Una que no es.

Mañana, entonces, empiezan los dos años que faltan, le duela a quien le duela .

Memoria, el día de la militancia

Hoy se cumplen 41 años del primer retorno de Juan Domingo Perón a la patria después de un largo exilio de 18 años motivados por la proscripción aplicada por la Argentina oligárquica, liberal y antidemocrática. Es una fecha simbólica, clave en el calendario nacional y popular. Hito del compromiso a través del tiempo, la lucha clandestina y la lealtad al líder pese a las persecuciones. A los muertos, presos y torturados que entregaron todo por el regreso definitivo del General, y a sus familias, vayan estas líneas como reconocimiento a una gesta heroica y silenciosa que no ocupa espacio en los diarios que pregonan el olvido como toda solución a sus propias inconsecuencias en defensa de las libertades de todos los argentinos, incluidos los peronistas.

Impugna que algo queda

La UCR y el PRO impugnaron la prolongación del mandato de Martín Sabbatella al frente de la AFSCA propuesta por la presidenta. Nunca leyeron la ley. Los partidos no pueden impugnar, sólo la sociedad civil; lo que hacen, entonces, es una operación mediática, que encuentra en las páginas de Clarín y La Nación su soporte masificante. A lo sumo, en la Comisión Bicameral pueden votar en contra. Todo indica que Sabbatella, que logró finalmente la constitucionalidad plena de la ley, seguirá al frente de la AFSCA. Deberían, radicales y macristas, ocuparse más del candidato del FAP-GEN si es que –como dicen ahora, después de haber batallado incansablemente por lo contrario–, pretenden que la ley se aplique en su totalidad. Gerardo Milman ha dicho públicamente que la ley le parece inútil, obsoleta e inservible. Esa postura no le impidió candidatearse como integrante del directorio cuando se vence en diciembre su mandato como diputado. Milman pasaría de cobrar en Diputados a cobrar como director en la AFSCA, siempre que la presidenta lo avale, no sea cosa de quedarse sin salario, a propuesta de la tercera minoría. Acepta un cargo creado por una norma en la que no creyó ni cree. Se trata del mismo diputado que amplificó y agitó el supuesto escándalo de las Islas Seychelles, que la justicia federal desestimó esta semana. Ahora, para conseguirse un trabajo, depende de la firma de la presidenta, la misma a la que acusó de encabezar el gobierno más corrupto de la historia argentina después de la dictadura. Las vueltas de la vida.

INFONEWS

21/11/2013 Posted by | General, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones | , , , , | Deja un comentario

Exclusivo: Servini de Cubría llamó a indagatoria a Duran Barba por informe de Tiempo Argentino


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01/11/2011 Posted by | General, Justicia, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , | Deja un comentario

Elecciones porteñas: “Fueron Durán Barba y Macri los que usaron métodos” de campaña sucia




El candidato a vicejefe de Gobierno porteño del FpV, Carlos Tomada, sostuvo que “fueron Durán Barba y Macri los que usaron estos métodos”, al aludir a los llamados telefónicos que recibió el padre de Daniel Filmus en el marco de una campaña que fue denunciada como “sucia”.
A su vez, Filmus indicó que Mauricio Macri se niega a debatir. “Le digo al jefe de gobierno que no tenga miedo de debatir, porque en el debate no hay agresión”, señaló el candidato.

El juez federal Ariel Lijo allanó hoy los domicilios de tres empresas en Capital Federal en el marco de las medidas de prueba que ordenó en la causa por una supuesta campaña electoral “sucia” contra Filmus.

Allegados a la causa precisaron que los operativos se concretaron en las sedes de las firmas TAG Continental, Connectic SRL y NSS, con domicilios en Libertad 1.240; en Talcahuano 446 y Virrey Ceballos 422, respectivamente.

Tag Continental sería el call center argentino usado mientras que Connectic “posteaba el servidor” NSS, detallaron fuentes judiciales cercanas a Lijo.

“Otros cuatro allanamientos fueron llevados a cabo en los anteriores domicilios que tenían registradas esas empresas”, agregaron las fuentes.

La causa, por presunta violación a normas electorales, se inició por denuncia del vicepresidente del Partido Justicialista (PJ) distrito Capital Federal, Juan Manuel Olmos.

La denuncia, que también mencionó afiches callejeros y la creación de una página de internet falsamente atribuida al senador nacional Filmus, destacó que, a través de encuestas telefónicas, se buscaba difamar al candidato del Frente de la Victoria para la jefatura del gobierno porteño.

Según las fuentes consultadas, como responsables de los afiches callejeros fueron sindicados el Frente de Izquierda y Proyecto Sur, que negaron la autoría de los carteles, en tanto que la página de internet figura el nombre de un legislador pero con una extensión distinta a la verdadera.

Las órdenes de allanamiento, que se concretaron con la intervención de efectivos de Gendarmería Nacional, “contenían facultades para incautar todo elemento que sirviera para averiguar el origen de esas llamadas y la veracidad de los hechos denunciados”, precisó un funcionario que colabora en la pesquisa.

Las voceros informantes relativizaron una versión según la cual uno de los domicilios allanados podría corresponder a las oficinas de Jaime Durán Barba, asesor de campaña del jefe de gobierno Mauricio Macri (PRO), quien, como postulante, definirá con Filmus en el balotaje del próximo 31 de julio si renueva mandato.

La denuncia de Olmos tuvo eco favorable en el fiscal federal con competencia electoral Jorge Felipe Di Lello, quien requirió “medidas urgentes” para que cesaran eventuales campañas difamatorias contra Filmus.

Las encuestas telefónicas denunciadas preguntaban al destinatario de las llamadas si “¿Sabía usted que el padre de Filmus es arquitecto y trabajaba en el proyecto de viviendas por el que Sergio Schoklender se encuentra investigado?”, y “Ahora que usted sabe esto, ¿lo votaría?”.

“Ha habido cientos de miles de llamadas y por las redes sociales mucha gente se queja de que ha habido llamadas por toda la ciudad planteando una falsa encuesta, donde se induce al engaño”, dijo Filmus en una conferencia de prensa ofrecida días atrás en el Senado Nacional.

La ley 19.945 establece pena de hasta dos años de prisión para quien “despliegue actitudes engañosas que tiendan a inducir a otro a sufragar de determinada forma o a abstenerse de hacerlo”.

Muchos de los números de teléfonos de los destinatarios de la encuesta fueron proporcionados a la justicia, lo que habría permitido detectar la intervención de las empresas de consultoría informática cuyos domicilios fueron allanados.

Con esos datos hubo pedidos de informes a las empresas telefónicas, que respondieron que la encuesta se hacía a través de grabaciones telefónicas que, tras “partir” de Buenos Aires, “triangulaban” en Miami y volvían a los clientes de aquellas compañías en esta ciudad.

En la causa penal consta el IP del servidor de donde partía el audio que se usaba para realizar los llamados por Internet, precisaron las fuentes judiciales.
Telam

21/07/2011 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , | Deja un comentario

Durán Barba: la voz de Macri para que los primates puedan entender


Domingo 23 de enero de 2011

Por

Eduardo Blaustein

eblaustein@miradasalsur.com

El ecuatoriano entiende que apenas si somos “simios” movidos por emociones atávicas. Sus recetas

Hiera su honor con el ataque, incítelo a gastar todo su dinero amplificando el tema y gánele la elección. Lo grave para él es que, cuando usted triunfe, la gente creerá que la acusación fue cierta. Los que ganan tienen la razón y escriben la historia.”
Jaime Durán Barba y su colega Santiago Nieto sostienen que a “la gente” no le gustan los traidores ni los enjuagues políticos. Cuando se trata de atacar adversarios en las campañas políticas, sin embargo, prescriben captar espías y “disidentes al adversario para saber de sus debilidades, su psicología, de manera de hacerlos engranar o perder aunque sea mediante acusaciones que no sean ciertas”.
En El arte de ganar. Cómo usar el ataque en campañas exitosas (Debate), los autores dicen que nuestras sociedades son maduras y mucho más autónomas del poder político que en el pasado. Lo reiteran en las primeras páginas del libro para exigirles respeto a los políticos cuando piensen en cómo ganar votantes. Pero a medida que se avanza en la lectura, la tesis que prevalece, y que literalmente se repite unas treintena de veces como sustrato seudohistórico, es que nuestra sociedad es aún básicamente una aglomeración de simios que someten a otros simios, sólo que no por la fuerza, sino por el cálculo. De esa tesis rudimentaria sólo escapan los buenos consultores políticos: ellos son sofisticados, los políticos son más bien brutitos que se mueven como machos alfa recién salidos de la horda. El resto –nosotros– nos movemos según impulsos irracionales, más necesidades hedonistas y de consumo. A la hora de las elecciones, priman entre los primates imágenes y pulsiones atávicas.
Este es el núcleo duro del pensamiento de Jaime Durán Barba, a quien Macri, cuando tuvo que explicar por qué no es no xenófobo, definió como “ecuatoriano y el principal de mis asesores”. Puede colegirse que Durán Barba es Macri, su pensamiento íntimo, su modo de ver el mundo. De ahí el interés de leer a Durán Barba, quien es a la vez lo único, lo mejor y lo peor que tiene Macri, y lo que por ahora lo sostiene en un relativo grado de incombustibilidad: su comunicación.

Léase con cuidado en la playa. No está mal el libro para llevarlo a la playa. Como lo prescribe la época, es de lectura amena, ligerito y con unas cuantas astucias no demasiado complejas de entender. Claro que debería ser algo tonto o ciego (sucede) el político que no conozca esas astucias. En conjunto, el trabajo no hace más que reproducir la vulgata más elemental del discurso de nuestras derechas. Apenas se da vuelta la primera página, psicoanálisis berreta: toda la vida y obra de Néstor Kirchner en la política argentina se resuelve en el recuerdo presunto de un “peleador” que salió así de “terco” y “agresivo” porque “de niño (un niño que no vio suficiente televisión) tuvo que enfrentarse a sus compañeros de escuela que se burlaban por su ceceo y su mirada estrábica”. Cinco líneas más abajo se inscribe al ex Presidente en una línea de “grandes caudillos del siglo pasado” que va de Lázaro Cárdenas a Perón, Castro, Duvalier” y… Hitler.
Como es habitual entre quienes dicen estar de vuelta de las ideologías, a DB y su socio de escritura se les escapan de modo permanente sus derechosidades: el ataque irónico contra las izquierdas por melancólicas, la ley de medios entendida como un instrumento “para controlar los medios de comunicación”, el rebrote de “totalitarismos plebiscitarios” en Latinoamérica, un nuevo indigenismo al que textualmente ubican entre lo nazi y lo new age. Más este párrafo de la página 235: “Aquellos que expresan interés por los hijos de los desaparecidos no vacilan en atropellar los derechos y humillar a los huérfanos que fueron adoptados (por el caso Noble) cuando eso conviene a sus intereses”.
Demagogo hasta el asombro por su nivel de desprecio a la política y la sociedad, DB escribe como si lo hiciera para la peor platea de La Nación, de modo de recibir sus aplausos. A su entender, los actos populares son sólo “una forma de pasear, divertirse y conseguir unos pesos… Luego van a otro mitin y aplauden a quien paga, diga lo que diga (…) Esas manifestaciones son reminiscencias de una época que murió”. El que muere en ese punto es el libro mismo, que queda súbitamente viejo y pobre si se atiende a lo sucedido durante el último año desde los festejos del Bicentenario a la recuperación del kirchnerismo por la vía de sus acciones políticas, más la movilización sucedida tras la muerte de Kirchner. Acontecimientos que por otro lado desmienten la existencia de un único sentido común dominante en una sociedad mucho más compleja y rica que lo que trivialmente describe DB.
No hay nada más aburrido que asistir a una marcha, sostiene el hedonista DB, para afirmar algo tan livianito como que “nuestros países (por Latinoamérica) eran hasta hace poco enormemente aburridos”. Se viene entonces el panegírico de rutina acerca del divertidísimo estallido de la era de la imagen y las nuevas tecnologías, que no aporta una sola idea al acumulado en 25 a 50 años de literatura sobre el tema. Excepto por afirmaciones según las cuales en aquella sociedad del pasado “muchos creían que quien se bañaba en Viernes Santo podía convertirse en pescado”, que los peluqueros extraían las muelas y que dado que eso no es más así los políticos deberían entender que las elecciones no se ganan “llenando la Plaza de Mayo con cabecitas negras como lo hacía Perón”.
En graciosa contraposición a la idea de una política añeja, La Voz de Macri festeja en la página 72 el Alica, alicate televisivo de Francisco de Narváez: “A partir de ese día su popularidad creció de manera vertical”. No se pregunta qué tipo de gobierno pueda devenir del Alica, alicate, si bien, perdidísima en la página 111, una línea de texto recuerda que “ser buen candidato no significa ser un buen estadista”.

Atento boxes. De todo hay que leer en este mundo de dolor y hay algunas anotaciones de DB acerca de la derrota de Kirchner en la provincia de Buenos Aires que conviene tener en cuenta. Aún cuando hace un recorte feroz en la noción de lo que pueda haber perdido Kirchner por “peleador”, es verosímil lo que sostiene cuando dice que los ataques contra De Narváez fortalecieron al colombiano. O que se hizo un excesivo énfasis en la defensa del “modelo” siendo que el “modelo”, en la particular escala del 2009, no era tan visible como para ser percibido o apreciado como tal, fuera de los sectores cuyo voto duro estaba asegurado para el oficialismo. De cara a lo que viene, no está mal calibrar la afirmación elemental de DB cuando afirma que las campañas (o la comunicación) que sólo apuntan al voto fiel no son buenas campañas.
Aún en contradicción con la visión según la cual seguimos siendo monos incorregibles, también es para tener en cuenta lo que sostiene DB en esta frase: “Hacer una obra no compra la voluntad de los electores… Los ciudadanos, cuanto más tienen, más demandan. Si tienen alcantarillado, quieren luz. Si tienen ambas cosas, quieren parques. Si tienen las tres cosas, quieren una universidad en el barrio… Es impensable que llegue un momento en el que le digan al gobernador, intendente o al presidente ‘tenemos suficiente, preocúpese por otros’”. El párrafo alerta contra la peligrosa idea de que una elección esté ganada por lo hecho de bueno en el gobierno y sintetiza la lógica de las aspiraciones que reemplazan otras satisfechas.

La cápsula. El gran macanazo en la visión de Durán Barba/Nieto, más allá de lo ideológico, tiene que ver con una lógica de encapsulamiento, como si las campañas electorales se libraran fuera de todo espacio e historia posible. Es entendible el procedimiento argumental siendo que una operación básica del libro es compre campañas Durán Barba. Sin la menor modestia, los autores se la pasan vendiendo sus destrezas, un tipo de saber situado muy por encima de la ignorancia media de los políticos (“nuestros clientes”). Cada quince páginas, una frase del tipo “para hacer estas cosas se necesita de profesionales con experiencia”. A cambio, brillan por su ausencia los contextos históricos, las identidades culturales por complejas o elusivas que puedan ser, los procesos políticos y las alianzas, las marcas dejadas por las gestiones de gobierno o las de época. Todo es sanata y culto a la era de la imagen y del celular en una sociedad plana y vacía. Si todo se jugara en una campaña y nada más que una campaña, hasta se podría apostar a que Durán Barba podría hacer ganar a De la Rúa un año después de su renuncia.
Asombra la ausencia casi total de referencias sobre el rol de los medios de comunicación y la capacidad de acceder al dinero, los medios o los factores de poder a la hora de hacer campañas. Recién sobre el final del libro menciona DB un viejísimo best seller (1971) de David Cooper, La muerte de la familia, para sostener la tesis de que el avance central de nuestras sociedades se debe al ascenso de los medios. Página 406, tras un largo divague acerca de cómo pasamos de la horda a la ciudad-Estado y de allí a la democracia liberal: “La televisión hizo desfilar a los líderes despojados de sus ropajes y la gente se percató de que no eran divinos”. Una pelotudez notoria que revela lecturas ausentes en la formación de DB, siendo que se pueden rastrear extensísimas genealogías culturales (desde Aristófanes a la salida de la Edad Media y de allí a la revista inglesa Punch, nacida en 1841 o la argentina El Mosquito) generosas en sospechas, menosprecios y sátiras de élite o populares sobre la política.
Acaso no se le pueda pedir mucho más a La Voz de Macri, así como a Macri no se le puede pedir más que (lo peor de) Queen. Como toda escritura, el libro espeja a sus autores. Y si el favorito de Macri es La virtud del egoísmo (Ayn Rand), no puede sorprender que Durán Barba ancle la lógica esencial de sus recetas en la idea, un tanto compartible pero más bien tosca, de que sólo “somos simios con sueños racionales”.

EL GOBIERNO AFINA EL DISCURSO
El que habla es una de los mejores cabezas que trabajan en la Secretaría de Comunicación del Gobierno Nacional: “Todos los trabajos de Durán Barba tienen un eje estructurador que es el de cómo escucha el candidato o la política en general a determinado sentido común de una sociedad. Él intenta ajustar al candidato como a un surfeador en ese esquema. Por eso siempre trabaja con los candidatos de las derechas latinoamericanas, porque se trata de un modelo de conservación de lo dominante. Y por eso mismo no sirve para un gobierno como el nuestro. Él no podría trabajar con este gobierno por su matriz conceptual. Acá nuestro desafío es cómo generar un sentido común alternativo que sostenga las políticas que se llevan adelante. Para eso no alcanza un programa de tele o un medio oficialista”.
Con la llegada de Juan Manuel Abal Medina a la Secretaría, se vienen días de novedades y búsqueda de estrategias más integradas en la comunicación oficial. Con dos planteos básicos: mejorar en la construcción de los relatos que deben hacerse acerca del por qué de las políticas oficiales y hacerlo mediante el empleo en simultáneo “de todos los canales de comunicación, ya sean publicitarios, periodísticos, de comunicación directa, u otros”. El desafío que se plantean los viejos y nuevos cuadros de la Secretaría es “superar cierta fragmentación de la actual comunicación”, algo que podría llamarse dispersión o suma de tácticas sin estrategia. El segundo objetivo de la Secretaría es reunir en un único ámbito a los distintos organismos –que también viven su propia dispersión– que intervienen en el proceso comunicacional: Afsca, CNC, RTA, Télam, las señales de la TV Digital, de modo de centralizar y darle mayor velocidad tanto al surgimiento de los nuevos medios como a la producción de contenidos.
A diferencia crucial con la gestión de Mauricio Macri en la ciudad, la mejor comunicación del Gobierno Nacional suele tener relación no con fuegos de artificio sino con lo esencial y lo mejor de las políticas oficiales y sus resultados concretos. El déficit asumido, sin embargo, tiene que ver con lo simbólico, con la necesidad de construir esos relatos en los que cada acción de gobierno y cada conflicto que se afronte aparezcan vinculados en una cadena de sentido que permee en la sociedad. Buena parte de la acción permanente del kirchnerismo antes del 2009 adoleció de mejor comunicación on line. Para cuando llegó la campaña 2009 el slogan “Nosotros Hacemos” llegaba algo tarde o fuera de sincro. Estos son algunos de los problemas que el nuevo equipo comandado por Abal Medina busca revertir.


23/01/2011 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , | Deja un comentario

Yo tengo un amigo paraguayo


 



Publicado el 12 de Diciembre de 2010

Por Roberto Caballero

Si no hubiera muertos de por medio, la escena hasta sería graciosa, como salida del programa de Capusotto en Canal 7: Macri flanqueado por un ciudadano paraguayo, desmintiendo así su xenofobia. A esta altura, el jefe de gobierno porteño podría remplazar a su asesor de imagen, Jaime Durán Barba, por el guionista Pedro Saborido. Sería igual. ¿Qué es lo que hace un nazi para ocultar su antisemitismo? Dice que tiene un amigo judío. ¿Qué hizo Macri para ocultar su prejuicio contra bolivianos y paraguayos? Decir que tiene un amigo paraguayo. La pregunta es si su torpeza responde a la genética (todos, en mayor o menor medida, podemos ser torpes: se nos caen los platos, los vasos, decimos cosas inconvenientes) o una ideología prejuiciosa, adquirida de modo voluntario. A Macri se lo acusa habitualmente de frívolo, de insensible, de no tener ideas. Es decir, hay una imagen prefabricada sobre él, de mucha gente que no lo quiere, o lo quiere poco, o no lo quiere nada, que lo muestra como desacertado, por decirlo de modo leve. Esta mirada interesada, sin embargo, elude que la base de sus muchos errores no es tanto su desconcierto de muchacho rico con más terraza que calle a la hora de hacer política, sino el corpus ideológico de su pensamiento.
Macri es lector de Ayn Rand, gurú de una corriente filosófica llamada “objetivismo”, que defiende el egoísmo racional, ataca los principios solidarios y rescata a un único sujeto social lleno de virtudes: los empresarios. El mundo, para Rand y Macri, se divide entre “los creadores” (los entrepreneurs) y “los saqueadores” (la gente que no lo es). El objetivismo reivindica el capitalismo, se opone a cualquier forma de cooperativismo asociativo, y detesta al Estado como regulador de la economía y la vida de las sociedades.
Rand nació en San Petersburgo, Rusia, el año 1905, y murió en Nueva York, en 1982. Su verdadero nombre era Alisa Rosembaum. Fue guionista en Hollywood y luego novelista. En libros como La rebelión del Atlas se propuso desmitificar el paraíso comunista detrás de la Cortina de Hierro y defender los valores fundamentales de la sociedad estadounidense: un grupo de hombres libres que desató su genio productivo como único motor de la creación de la riqueza. En la Argentina, Rand es la musa inspiradora de Mariano Grondona, que usó su teoría para escribir su libro Factores culturales para el desarrollo. De modo inamovible, la tesis es que hay ciertas culturas que tienden al desarrollo, y otras al subdesarrollo. Así pensaba Rand, así piensa Grondona, así piensa Macri. Y así se pensaba hace 160 años, cuando las sociedades eran menos complejas que las actuales.
Quizá por eso, y no por una torpeza congénita, se equivoca tanto Macri. Esta ideología se aburre con la política, justamente porque el arte de la política es mucho más elaborado que el prejuicio. Las cosas, para Macri, son blanco o negro. La ley y el orden, por citar dos de los valores que destacó en medio de las muertes en Soldati, están en la pirámide de sus aspiraciones, porque supone que, precisamente, la ley y el orden representan el secreto del éxito de las sociedades que admira. Piensa, en los hechos, como un empresario y no como un político. El primero quiere que nada se interponga a la generación de riqueza (ni las leyes, ni los reclamos, ni las multitudes, ni el Estado), porque, una vez generada, se derrama hacia el resto de la sociedad. El segundo, en cambio, es el que articula intereses, muchas veces contrapuestos, para que unos y otros entiendan que sus deseos son realizables, más temprano o más tarde, en una convivencia civilizada. Uno parte del prejuicio. El otro es pragmático.
Cuando ayer el gobierno nacional hizo sentar a la misma mesa al macrismo refunfuñante y a los ocupantes del Parque Indoamericano, un principio de solución política (y no policial) comenzó a vislumbrarse. El debate volvió al eje de donde nunca debió salirse: la crisis es habitacional (el macrismo no ejecutó el 80% del presupuesto para viviendas sociales) y no migratoria.
Macri hizo el esfuerzo, pero terminó levantándose enojado de la mesa de negociaciones. Es muy fuerte para él. Su ideología le impide ceder ante lo que no comprende. Por eso falla, y falla tanto y tan seguido. Y por eso mismo representa un peligro: sus errores se pagan con muertos.
Sus votantes, los que fueron encandilados por sus ojitos celestes y el discurso eficientista, deberían recapacitar ante lo ocurrido.
Si Macri no pudo mantener el control de un parque, ¿cómo se candidatea para gobernar un país?
De sólo pensarlo da miedo.

Tiempo Argentino

15/12/2010 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , | 2 comentarios

Argentina – GRUPO A: FRAGILIDAD POLÍTICA Y AUSENCIA DE LIDERAZGO




La oposición se endurece
y a la vez se dispersa

Por Edgardo Mocca

Dos rasgos centrales definen a la   oposición en estos días: la disposición a jugar al todo o nada en el Congreso y la tendencia a la dispersión.
Carentes de liderazgo y proyecto propio, los líderes opositores parecen dispuestos a asumir el diagnóstico y la estrategia que formulan los editorialistas de los principales medios. Han lanzado una nueva ofensiva parlamentaria dirigida a refutar la imagen de blandura y vacilación que periódicamente les adjuntan sus impacientes consejeros comunicativos. Las claves de esta ofensiva son totalmente evidentes: la sobreoferta de medidas de alta popularidad (el 82 por ciento móvil, insólita bandera de combate de la derecha argentina) combinada con la desfinanciación del Estado, vía reforma del impuesto al cheque y la reducción de las retenciones a las exportaciones.
Es la segunda etapa del operativo iniciado a principios de este año y rápidamente frustrado, que estaba orientado a bloquear el uso de reservas para el pago de compromisos externos y a imponer una presidencia del Banco Central enfrentada con el programa económico del Gobierno. Las razones de la relativamente rápida frustración de aquel impulso radican, con toda evidencia, en la fragilidad política de sus gestores atravesados por la división y la mutua desconfianza. Si esta interpretación se llevara a fondo, las causas de la anemia opositora podrían ser rastreadas en su profunda heteronomía, en el hecho, también muy visible, de que sus guiones se escriben desde fuera de sus propios espacios.
Entonces, hay que ocultar esa evidencia. Es necesario encontrar otras causas que no amenacen esa relación mutuamente funcional entre la estrategia de los medios concentrados y ciertas carreras políticas. La voz de orden es, entonces, más energía, más combatividad contra el Gobierno. Y, en estos días, se suma un nuevo caballito de batalla: si la ofensiva fracasa en el Senado -donde la relación de fuerza es estrecha y cambiante- la razón habrá que buscarla en la capacidad del Gobierno para sobornar adversarios.
En el violento e irresponsable operativo se sitúa en la misma bolsa a los intercambios particularistas, es decir las ventajas laterales que pueda obtener una provincia a cambio del apoyo a una iniciativa del oficialismo nacional, la invitación a sumarse a una delegación internacional para algún senador díscolo y la simple y llana coima. Los dos primeros recursos son discutibles pero enteramente legales; el tercero es un delito que tiene antecedentes bastantes cercanos, lo que aconsejaría un grado mayor de responsabilidad en su denuncia.

En última instancia, el éxito mayor al que aspira el Grupo A en esta etapa no es el de la aprobación de sus iniciativas, sino el alboroto que desaten las discusiones -mejor si hay alguna denuncia escandalosa en el medio- y la posibilidad de forzar el veto presidencial a medidas popularmente atractivas. Ni ese modesto objetivo está asegurado, según lo muestran las duras discusiones entre los referentes opositores alrededor del nivel y la distribución de las retenciones a las exportaciones agrarias. En el debate no parece estar en juego un plan estratégico en relación a los ingresos del Estado, sino el modo más eficaz para dañar al Gobierno.
Mientras se desarrolla el intento de acorralamiento parlamentario al oficialismo, la oposición se deshilacha. La escena principal transcurre en torno de las desventuras del jefe de gobierno porteño. El pedido de juicio político a sí mismo, idea publicitaria tan sorpresiva como disparatada, no resiste el choque con la realidad política. El macrismo no logra sumar a la jugada a nadie ajeno a su propia tropa y los rumores de deserciones internas empiezan a presagiar un negro final para el oficialismo de la Ciudad. Muy probablemente el espectáculo, intenso pero veloz, de un juicio político fracasado por falta de la mayoría de los dos tercios sea reemplazado por el trabajo lento y tortuoso de una comisión investigadora que hará desfilar a muchas personas y acumulará datos y argumentos muy fuertes no sobre la comisión de un delito (para eso a Mauricio Macri lo espera un juicio oral), sino sobre el desempeño del alcalde en sus funciones. Habrá que ver cómo se las arregla Jaime Durán Barba para convertir ese calvario en una promisoria tribuna electoral.
Pero el tema Macri desborda los límites de la política porteña. Su desgracia ha terminado por evidenciar la fragilidad de la alianza entre el Peronismo Federal y la centroderecha, con el agravante del enorme signo de interrogación que abre respecto de las perspectivas de quien era su precandidato más competitivo. Si nos atenemos a las declaraciones de estos días, las de Eduardo Duhalde por ejemplo, no será Macri el candidato de los peronistas disidentes en 2011, lo que abre el espacio para una dura disputa interior entre aspirantes que hoy “miden” bastante por debajo del jefe porteño. Mientras tanto, Duhalde vuelve a agitar el Pacto de la Moncloa argentino, un gran acuerdo de gobernabilidad entre “todas” las fuerzas políticas, una generalidad que, claro está, excluye al kirchnerismo. Puede descontarse la impaciencia popular por conocer en detalle ese singular documento que produce el milagro de unir en la defensa de un proyecto de país a personas y corrientes que diariamente intercambian todo tipo de chicanas mutuas.

En el campamento del Acuerdo Cívico y Social los aires no son más armoniosos. Detrás de anécdotas patéticas como la del ataque de Carrió a Alfonsín por compartir un acto de gobierno en su propio pueblo, puede verse la naturaleza de las tensiones. Carrió no tiene su lugar en el Acuerdo. En principio, la diputada no tiene lugar en ningún espacio que no pueda manejar a su arbitrio y que no desemboque, directa o indirectamente, en su candidatura presidencial. El modo de salida aparentemente elegido es el que tiende simultáneamente a dañar la credibilidad del espacio panradical y a mantenerse en el monopolio indisputado de la rabia antikirchnerista. La muy probable candidatura de Carrió para el año próximo será, seguramente, una referencia extrema en la sonoridad y espectacularidad de sus acciones, aunque, en las condiciones que parecen insinuarse, su atractivo electoral tenderá a menguarse radicalmente.
La oposición se muestra más combativa y audaz en las circunstancias de mayor debilidad política propia desde el 28 de junio del año último. Las ilusiones de un rápido debilitamiento terminal del Gobierno se han disipado. Las posibilidades de triunfo electoral opositor parecerían asociarse a un mayor ejercicio de la prudencia, capaz de sintonizar con un clima social que claramente no es el de los días de la discusión de la Resolución 125. Pero esa apuesta tiene un costo principal: la ruptura del vínculo estratégico con las empresas mediáticas que tienen otros intereses y otros tiempos políticos.

DEBATE

31/07/2010 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario