America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

La democracia no se mancha – Hernán Brienza


 

 

Un país normal? La semana que culminó ha sido histórica, sin dudas. Apasionada y apasionante, contradictoria, confusa, profusa, estrambótica, aparatosa y original. Puede añadirse cualquier tipo de adjetivos, pero lo que no ha podido encajar es la conjugación del sustantivo “país” con el adjetivo “normal”. Por primera vez en la historia argentina, un presidente se va respaldado por cientos de miles de sus partidarios en una multitudinaria plaza. Por primera vez, la justicia “destituye” 12  horas antes al titular del Poder Ejecutivo a través de funcionarios militantes del presidente entrante y, al mismo tiempo, un primer mandatario asume procesado por la justicia. No se trata de un país normal ni mucho menos.

El desencuentro entre Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri –todo desencuentro es siempre de a dos, más allá de las razones que le asistan a uno u a otro (y lo cierto es que ambos tienen razones que los asisten)- concluyó en una fiesta de a Uno (el macrismo entrante) sin poder incluir al Otro (el kirchnerismo saliente). Las dos Argentinas no pudieron encontrarse y ambas Argentinas son responsables de esa imposibilidad. Pero, además, ese desencuentro evidencia la debilidad simbólica intrínseca del presidente Macri. Un verdadero ganador, un triunfante “sano”, virtuoso, no escatima el placer de ver a su oponente simbólicamente derrotado ofrecer los atributos conquistados. La victoria desequilibra la balanza, y por lo tanto ofrece a quien gana la ventaja de poder tener actos de supuesta grandeza y magnanimidad con quien ha dejado el gobierno. ¿Por qué Macri no pudo tener ese gesto de displicencia y de respeto a su propia dignidad?
A pocos días del estreno mundial de la séptima entrega de la saga de La Guerra de las Galaxias, bien vale la pena recordar las sabias palabras del Maestro Yoda: “El miedo es la entrada al Lado Oscuro de la Fuerza”. Macri no evidenció decisión, fortaleza, autoridad, con el affaire traspaso, sino miedo. O debilidad. Para poder asumir, necesitó borrar al Otro. El kirchnerismo debía desaparecer de las calles, de los escaños del Congreso -remplazados sus diputados por legisladores truchos para que no se notaran los espacios vacíos- y de los actos institucionales. Bueno, el kirchnerismo debe desaparecer, bien podría ser la consigna de los nuevos tiempos y, sobre todo, del andamiaje político-mediático-judicial ¿monitoreado por la CIA? para la región. (Digresión: Preocupante la denuncia de Diosdado Cabello, presidente del Parlamento Venezolano quien acusó directamente a la canciller argentina Susana Malcorra de pertenecer directamente a la Agencia de Inteligencia Americana).
Si uno analiza los primeros movimientos políticos, judiciales y mediáticos todo está dirigido a la supresión de ese elemento molesto y disruptivo en el mapa de poder en la Argentina. El kirchnerismo, al igual que el Yrigoyenismo y el Peronismo, es aquello que no permite la restauración del “país normal”, es decir, de esa Nación conservadora organizada por Bartolomé Mitre en 1862 y reorganizada por el tándem Revolución Libertadora-Dictadura Militar de 1976. Si el Macrismo se equivoca y en vez de llevar adelante una política de integración lúcida, decide “aniquilar” al Otro, utilizará, como nuevo representante del Liberalismo Conservador, para intentar que las mayorías olviden a esa interrupción dislocadora que significó el proceso de estos últimos 12 años, posiblemente, las siguiente herramientas:
a) Manicomialización de Cristina Fernández de Kirchner. Se sabe que cuando el poder encuentra como elemento desafiante a una mujer la primera respuesta que tiene para desacreditarla es la acusación de “locura” para acallar esas voces. “Brujas”, “fanáticas” o “locas” son las mujeres que desafiaron, a lo largo de la historia, al poder. Desde Juana de Arco a las Madres de Plaza de Mayo existe una larga lista de operaciones culturales similares. Cristina será la jugadora “irracional”.
b) Judicialización del kirchnerismo: con un Poder Judicial dispuesto a convertirse en el Grupo de Tareas del gobierno macrista lloverán las denuncias contra ex funcionarios “del antiguo régimen” a tontas y a locas, total lo importante no es la verdad sino el impacto mediático y la estigmatización del Otro, paso previo a la cosificación y a la negación de “humanidad” de ese Otro. Una vez cosificado, ese Otro puede ser insultado, violentado, encarcelado, desaparecido, asesinado.
c) Distintos niveles de Represión interna: Desde los despidos laborales, hasta amenazas, asaltos sospechosos, apagones informativos, censuras, despidos laborales, utilización de la Metropolitana como fuerza de choque, políticas de aprietes, espionajes, etcétera, como parte de un plan de corrimiento de todas las voces opositoras provenientes del kirchnerismo.
Esta, obviamente, es una hipótesis basada en algunos gestos y, también, nobleza obliga, en ciertos prejuicios propios de quien escribe estas líneas derivados de la memoria colectiva. El macrismo puede recostarse sobre su costado lúcido, entonces, apelará más a los estímulos colectivos e individuales –como hizo el menemismo, cabe reconocer- más que en los elementos represivos. Si lo hace podrá cumplir con esa fantasmagoría que proyectó durante los últimos años y que es el aporte de un “progresismo de derecha” a la democracia argentina. Pero para eso, Macri debe sacudir dos males de sus propias filas: el miedo, por un lado, y la concepción monista del Liberalismo Conservador argentino.
El politólogo e historiador Isaiah Berlin habla de dos tipos de concepciones filosóficas en la historia de las ideas de la humanidad: el monismo y el pluralismo. El primero, como se sabe, es la construcción de una única escala de valores basada en una única naturaleza humana, una sola racionalidad y un solo progreso. Esta idea moderna y prerromántica –en baja estima en la actualidad– supone que hay una sola forma de comprender al hombre. El segundo se basa sobre la posibilidad de que exista más de una escala de valores –sin alcanzar el relativismo absoluto–, más de una idea de felicidad humana, y duda de la racionalidad como único fundamento de acción política y de la existencia de una línea de progreso sin historicidades ni particularidades culturales.
El Liberalismo Conservador criollo, en cambio, a lo largo de su historia ha abrazado un peligroso monismo valorativo y teórico que lo ha anquilosado y convertido en un fosilizado armazón enunciativo. Desde Civilización o Barbarie, el conservadurismo autodenominado liberal ha construido una visión monista de la existencia humana: hay una sola línea civilizatoria, una sola forma de democracia, un solo proceso de progreso humano, una sola forma “apolítica” de hacer política.
Este liberalismo monista establece como única racionalidad la suya, con un solo sistema métrico posible sobre el bien y el mal, lo correcto, lo democrático, lo político, sin poder aceptar otro modelo de gestión de autoridad, de liderazgo, de representación democrática, de inversión de valores. Y ese monismo antiplural se llevó a las patadas con la Otredad y terminó haciendo del Otro un objeto de eliminación o de depósito en campos de concentración.
En su discurso de asunción, Macri apeló a la “unidad nacional”. El kirchnerismo, es cierto, apeló durante sus 12 años de gobierno a una mirada agonista de la Patria, que incluía cierta lógica maniquea, pero que reconocía al Otro, al menos como contendiente. El riesgo que corre el Macrismo es el de generar una “unidad”homogeneizadora, monista, represiva y negadora del Otro. Pero para eso debe dejar de sentir miedo. El que acalla al Otro no es el más fuerte, no es el que más autoridad tiene, es el que menos argumentos tiene y por eso debe hacer callar al Otro. El concierto de medios de comunicación oficialistas que hoy vuelven a dominar en la Argentina, con el Clarín de Héctor Magnetto a la cabeza, saben de esto. La democracia no se mancha. 

Tiempo Argentino

15/12/2015 Posted by | General, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , | 2 comentarios

ENTREVISTA CON EL POLITÓLOGO ARGENTINO DANTE PALMA


ENTREVISTA CON EL POLITÓLOGO ARGENTINO DANTE PALMA
POR OPORTUNISMO POLÍTICO, CANDIDATOS DE LA DERECHA EN ARGENTINA HAN TENIDO QUE INCORPORAR A SU DISCURSO LINEAMIENTOS ANTINEOLIBERALES DEL KIRCHNERISMO

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POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ
Quito

La derecha en la Argentina causante de la debacle económica de comienzos de este siglo ha tenido que incorporar a su discurso principios ideológicos antineoliberales que proclama el kirchnerismo como la intervención y el rol protagónico del Estado en el manejo de los sectores estratégicos de la nación para poder competir por el relato político en la actual coyuntura electoral. Así lo analiza el politólogo y periodista Dante Palma. Obviamente lo hace por oportunismo político porque buena parte de la sociedad argentina aprueba que áreas como la petrolera o la de las pensiones sean manejadas por el Estado, luego de varios años de haber sido succionadas en beneficio de los privados. El kirchnerismo logró revertir esta situación, volviendo a nacionalizar dichos sectores.

Para conocer su óptica respecto de la coyuntura política de Argentina, dialogamos con el periodista Dante Palma, filósofo, investigador social y panelista del programa periodístico 6, 7, 8, que se transmite por la Televisión Pública de ese país y que tiene como característica ser un espacio de opinión de claro matiz gobiernista.

Uno de sus últimos libros es Quinto poder. El ocaso del periodismo (Planeta, Buenos Aires, 2014), en el que reflexiona sobre el desarrollo completamente mediatizado de la humanidad y la ultra concentración de la propiedad de los medios de comunicación.

Palma señala que el concepto de quinto poder lo toma del comunicólogo hispano-francés Ignacio Ramonet para denotar la necesidad de que surja una fuerza de la sociedad civil pero empoderada por la decisión política del Estado, “capaz de ponerle límite a la prepotencia de la prensa, a ese cuarto poder que quita y legitima gobiernos y nos quiere hacer creer que la opinión pública coincide punto por punto con la línea editorial de las corporaciones mediáticas”.

“A partir del ejemplo de Latinoamérica se observa -sostiene el autor- que la viabilidad del quinto poder depende de la acción directa de los gobiernos y de los Estados, los únicos capaces de enfrentar a las grandes corporaciones económicas. Sin esa decisión política y sin una agenda que realce el valor de una disputa cultural difícilmente estaríamos asistiendo a un momento tan crítico del periodismo tradicional y al auge de nuevas formas y voces. Porque en buena parte de Latinoamérica, y en Argentina en particular, no tenemos, como sucede en la mayoría de los países del primer mundo, a los cuatros poderes del mismo lado frente a la sociedad civil. Mas bien, está la decisión del “primero” de los poderes (el poder ejecutivo), seguido de un enorme consenso que incluye fuerzas opositoras en el “segundo” (el poder legislativo) enfrentando a aquellos dos poderes que no solo tienen en común intereses económicos e ideológicos sino que también se caracterizan por ser aquellos poderes que no son elegidos a través del mecanismo de elecciones democráticas. Me refiero, claro está, al modo en que el cuarto poder, el de las corporaciones económico-mediáticas, ha logrado hallar en el “tercero” de los poderes (el poder judicial) el dique de contención para el avance de muchas de las medidas impulsadas por los representantes de la ciudadanía”.
Aprovechando su participación como panelista en el Congreso Internacional Comunicación e Integración Latinoamericana desde y para el Sur, que organizó el Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (CIESPAL), con sede en Quito, Ecuador, entre el 22 y 23 de julio, con motivo del décimo aniversario del canal interestatal Telesur, el Observatorio Sociopolítico Latinoamericano http://www.cronicon.net le solicitó a este analista argentino su percepción sobre el momento político en su país.

– ¿Ante el al relato dominante de los grupos corporativos desde el punto de vista mediático, el kirchnerismo que es la primera fuerza política en Argentina (el Frente para la Victoria), ha logrado construir hegemonía desde un punto de vista gramsciano?

– Lo que sería el discurso kirchnerista sigue siendo minoritario, podríamos decir que es un discursocontrahegemónico, aún con el avance de la Ley de Servicios de Comunicación, la voz hegemónica sigue siendo la de las corporaciones económicas que son las dueñas de los medios. Sin embargo lo que si te puedo decir y sucede, se está viendo claramente ahora en época de elecciones, es que los principios fundamentales del proyectokirchnerista han tenido que ser tolerados incluso por las variantes de la derecha y por los sectores conservadores en el sentido deaceptar que el Estado tiene que intervenir. Aceptar, por ejemplo, que la empresa petrolera tiene que ser estatal, que las jubilaciones tienen que ser manejadas por el Estado y no pueden estar en manos privadas, bueno ese tipo de cosas que el paradigma neoliberal siempre puso en tela de juicio hoy en la Argentina no son puestas en tela de juicio por los candidatos presidenciales de la derecha. En ese sentido si puedo decir que hoy un amplio porcentaje de la población apoya estos planteos antineoliberales aun cuando no sea kirchnerista.

– Los sectores que respaldan el gobierno de Cristina Fernández han instalado la idea de que es necesario defender el “modelo” iniciado por el presidente Néstor Kirchner a partir de 2003, o lo que es lo mismo, el proyecto kirchneristaposneoliberal. ¿Este proyecto político se defiende solo o el gobierno ha tenido que hacer un gran esfuerzo de comunicación para solidificar su discurso y de esta manera convencer a buena parte de la sociedad argentina?

– No, solo no se defiende,aunque el kirchnerismo tuvo una mala política comunicacional durante muchos años y podría decir que en la actualidad tiene problemas en ese sentido.Adopta diferentes opciones: desde la utilización de las cadenas nacionales hasta optar por diferentes formatos de comunicación, pasando por los medios que tienen una línea editorial más afíncon el gobierno. Si bien los medios influyen no son determinantes porque en el caso del kirchnerismoque fundamentalmente es una continuidad del peronismo, cuenta con el respaldo de una base peronista, de la tradición peronista, que es muy fuerte y que está por debajo de esa superficie mediática de histeria que grita que se vaya. Eso es lo que explica que después de muchas crisis, entre ellas la del 2009, en la que parecía que el kirchnerismo se terminaba y que incluso no culminaría su mandato de “repente” entre comillas se empiezan a dar una serie de acciones sucesivas y a emerger espacios especialmente de la juventud con un claro apoyo hacia el gobierno que deriva que el kirchnerismo gane las elecciones presidenciales en primera vuelta en 2011 con el 54% de los votos.

– El programa de televisión 6, 7, 8, del cual haces parte como panelista es único en su género porque es un espacio de opinión que se caracteriza por ser muy gobiernista. ¿Hasta qué punto una cadena estatal, la Televisión Pública Argentina, puede darse el lujo de tener un programa de televisión de debate marcadamente gobiernista? ¿Cómo analizas ese enfoque político desde el punto de vista de utilizar un bien púbicopara apuntalar la defensa de un sector político que detenta el poder ejecutivo?

– Yo creo que hay que contextualizar el caso porque obviamente si lo observas desde afuera vas a decir que una televisión pública es un medio de comunicación que no puede ser del gobierno. Desde ese punto de vista hay que decir que un programa claramente progubernamental no debería gozar de esa prerrogativa. Sin embargo cuando lo contextualizas se puede ver que el gobierno en el caso argentino cuenta con el poder formal pero no tiene el poder real. En ese sentido la voz del gobierno y la voz de la inmensa cantidad de gente que lo apoya no tenía espacio en los medios. En realidad,para aclararle a la gente, la televisión pública tiene un programa como 6, 7, 8 que sale seis horas por semana. O sea que si se hace la cuenta no ocupa ni el 3% de la programación de la televisión pública y es un programa plenamente político con clarosesgo oficialista. En ese contexto te voy a decir que el Estado también tiene la obligación de dar un espacio a voces que eran acalladas o sectores invisibilizados. Un programa como 6,7,8 no tenía lugar en ninguna de las televisoras privadas, en consecuencia si la televisión pública no le daba ese espacio a una voz como la del gobierno que en las elecciones de 2011 obtuvo un respaldo abrumador se le estaría coartando su derecho a expresarse. El deber de ser plural obliga en este caso a que una televisión pública le dé voz incluso a un sector claramente parcializado.

– ¿En tu condición de periodista y analista político, consideras que el estilo de la prensa de la derecha en América Latina que se caracteriza por sus mentiras y las constantes calumnias e injurias que lanza, tal cual como ocurre en tu país con medios como La Nación y Clarín está agotado, o crees que van a seguir utilizando esa misma estrategia para tratar de desgastar a los gobiernos progresistas?

– Es difícil que haya vuelta atrás cuando se reconocepor buena parte de la población que los medios no son independientes, ni neutrales, sino que por el contrario defienden intereses y ahí es difícil que haya un cambio. En el caso argentino veo que hay un intento de que la corporación periodística que está fracturada entre oficialistas y no oficialistas busca un retorno, volver a ser esa corporación que tenía de contraparte al gobierno de turno. Así que yo creo que lo que va a venir está abierto, es por un lado eso. Hay un intento de suturar esa fractura que se ha dado de una manera tal que tanto periodistas oficialistas como no oficialistas seguramente puedan confluir en una corporación monolítica que supieron tener hace 15 años.

– ¿Por qué tu último trabajo bibliográfico se titula Quinto poder, el ocaso del periodismo?

– Porque creo que es una categoría que nos permite pensar y dar cuenta del nuevo diagrama de las sociedades. Me parece una categoría altamente controvertida que yo tomo de Ignacio Ramonet para analizar la necesidad de controlar a ese cuarto poder. Es decir, que la sociedad civil o el pueblo sea capaz de controlar ese cuarto poder, y de esta manera se convierta en quinto poder, se empodere o se visibilice y para ello hace falta una decisión del Estado, una decisión de los poderes del Estado. No podemos pensar en que la sociedad civil por generación espontánea y mágicamente de repente empiece a tener una agenda contrahegemónica y pueda disputar esos espacios con los medios tradicionales corporativos.

Quito, Ecuador, agosto de 2015.
http://www.cronicon.net/paginas/edicanter/Ediciones108/nota5.htm

04/09/2015 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , | Deja un comentario

Una cuestión de confianza – Hernan Brienza


Una cuestión de confianza
Méndez salió a marcar la cancha con las paritarias. Las certezas e incógnitas de los candidatos.

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Ya comenzaron a marcar la cancha para el 2016. Ya anunciaron cuál va a ser la primer conquista de las mayorías que van a querer cargarse: Héctor Méndez, referente de los industriales, exigió la caída de las negociaciones colectivas de trabajo con el argumento de que “en un país serio, sin inflación, no hay paritarias”. Más allá de tener que recordarle a los formadores de precios que en un “país serio” las tasas de ganancias son mucho menores que en Argentina, que la especulación está limitada por el sistema impositivo y que la fuga de capitales es mínima, conviene hacer un alto en el camino para pensar el futuro inmediato.

Mauricio Macri, el candidato de los poderosos, ya anunció que le iba entregar a los empresarios y especuladores el tipo de cambio llave en mano para que puedan transferir ingresos a piacere. Con lo cual, nada nos permite dudar de que las paritarias son para él nada más que un estorbo y que no tendrá problemas en sacrificarlas en nombre de la acumulación de riquezas. Pero la pregunta más insidiosa es la siguiente: ¿qué harán los precandidatos del Frente para a Victoria? ¿Entregarán las paritarias? ¿Las convertirán en una Gran Paritaria Nacional que fije un techo porcentual para los salarios de los trabajadores y que debilite la posibilidad de negociación de los gremios? ¿Y qué hará el Movimiento Obrero Organizado? ¿Se plantará ante el avance empresarial por sobre los trabajadores? ¿Se sentarán sobre las Obras Sociales y negociarán la deuda del Estado a cambio de las paritarias? ¿Habrá paros, marchas, manifestaciones de parte de los líderes sindicales hace una semana tomaron de rehenes a los trabajadores impidiéndoles ir a trabajar? Luis Barrionuevo, por ejemplo, ¿defenderá los intereses de los empleados gastronómicos o su propio interés como patronal gastronómica?

Una nación homogénea es aquella en la que, en rasgos generales y sin inocencias, ganan todos o pierden todos.
La avanzada de los poderes reales tiene como principales voceros a sus empleados de siempre: los economistas pagos por el establishment. Ya aparecieron por casi todos los canales de televisión y las radios opositoras anunciando el evangelio del ajuste y la devaluación. Preparan la mesa para que los capitalistas –perdón por el lenguaje a destiempo- devoren en plena puja distributiva los ingresos de los trabajadores en una transferencia regresiva que “corrija” los desvíos distributivos del Kirchnerismo. Porque en el centro de la disputa de los próximos cuatro años –y en realidad a lo largo de toda la historia- está justamente este tema: la apropiación de los recursos económicos, es decir, el reparto de la torta de todo lo que producimos los 40 millones de argentinos.

Ante este panorama y estas preguntas no hay respuestas a priori. Los argentinos saben de qué manera resolvió estas cuestiones el Kirchnerismo. Pero no saben siquiera como lo resolverán los principales precandidatos electorales. Tienen indicios de que Mauricio Macri y Sergio Massa, por sus compromisos asumidos, jugarán a favor del capital concentrado o minimizarán la participación de los trabajadores, pero no poseen la certeza de que Daniel Scioli o Florencio Randazzo actúen de la misma manera que Cristina Fernández de Kirchner. Y allí es donde se abre una brecha en la confianza política.

El Kirchnerismo ha construido su pacto político con una buena parte de la sociedad de forma ascendente. No sólo cuantitativamente –del 22 por ciento al 54- sino también cualitativamente. Un importante sector de la población argentina considera que los mejores negociadores de los intereses populares fueron Néstor y Cristina; es decir, depositaron su fe en sus delegados. Este concepto es fundamental porque esa confianza “afectiva” consiste, también, en creer que si no se obtuvo nada mejor es porque realmente no se podía. Pero no se trató de la mera esperanza o de pensamiento mágico sino sencillamente de la devolución que dio la experiencia de verlos actuar.

Ningún candidato goza hoy de esa confianza política. Ni de la oposición ni del oficialismo. Y dentro del espacio peronista o kirchnerista podría obtener algo de esa confianza sí y solo sí la presidenta hace una traslación delegativa de ese sentimiento. Para una mayoría comprometida con el proyecto nacional y popular no basta con los gestos y con las declaraciones, con hacerse el más o menos kirchneristas, ni siquiera en los indiscutiblemente K como Agustín Rossi o los que aparecen como más leales como el gobernador de Entre Ríos Sergio Urribarri. Siempre hay un espacio para la duda. Lo mismo ocurre con los candidatos que aparecen con más juego propio como el gobernador de Buenos Aires y el ministro del Interior.

La duda no debe ofender a nadie y es legítima. No se trata de desconfianza maliciosa sino simplemente de precaución autoconservadora. Ni tampoco de proyectos grandilocuentes ni rimbombantes sino de cuestiones pequeñas, mínimas, porque como se sabe, Dios está en los detalles. ¿Qué harán con las paritarias? ¿De qué manera resolverán a puertas cerradas las negociaciones con los sectores empresarios? ¿Y con la embajada de Estados Unidos? ¿Quién correrá primero a establecer las mejores relaciones con la Casa Blanca? Y esta pregunta está hecha no desde el principismo teórico sino desde la conciencia de la complejidad del entramado comercial y diplomático que el Kirchnerismo supo tejer con la administración norteamericana.

Frente a las posibles dificultades económicas que atraviesen a la región en los próximos años – como por ejemplo el fortalecimiento del dólar, el abaratamiento de los precios de las materias primas, el agotamiento de la recomposición del mercado interno y las restricciones del ingreso de divisas- ¿de qué manera se resolverán esos problemas? ¿De la forma que lo hizo el Kirchnerismo o echarán mano a recetas ortodoxas y ajustes regresivos?

La historia es muy sencilla: en las últimas décadas, los poderes económicos saquearon a la argentina, ya sea a través de los negociados sucios con el Estado en plena dictadura militar, ya sea con la Patria Financiera, con el patrón de acumulación del menemismo en los noventa y con la fuga de capitales de principios de siglo. La hecatombe del 2001 los obligó a pactar la paz social. El Kirchnerismo se coló en la hendija que dejo esa situación de espanto que sufrieron las clases dominantes en nuestro país. Y éstas se mantuvieron calladas mientras pudieran hacer negocios multimillonarios. Ahora que ha entrado una brisa fresca por la ventana de la economía, ya empiezan a chillar por la existencia de las paritarias o por la forma en que se distribuyen los excedentes. Ya están viendo de qué manera se quedan con la mayor parte de la frazada. Una nación homogénea es aquella en la que, en rasgos generales y sin inocencias, ganan todos o pierden todos. O como decía el gran pensador Arturo Jauretche, en la que una sola ley rija: “o es pa’ todos la cobija, o es pa’ todos el invierno”.

Info News

13/04/2015 Posted by | Economía, General, Industrias, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , | 1 comentario

Mauricio Macri y la fatiga opositora – Roberto Caballero


Cristina Fernández de Kirchner retiene poder aun dentro del PJ y el Frente para la Victoria manda en los pronósticos. El cambio del líder del PRO, las razones de Martín Sabbatella y el dolor por Luciano Arruga.
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Aunque parezca argumento de ficción, la fatiga política que envuelve hoy al antikirchnerismo es mucho mayor que el cansancio acumulado por el kirchnerismo en todos estos años de gestión turbulenta. Las distintas oposiciones hicieron de todo, tuvieron de su lado a la mayor cadena de agitación y propaganda de la que se tenga memoria y se convencieron más de una vez de que podían festejar el fin de un ciclo y el advenimiento de sus horas felices y, sin embargo, las encuestas les vaticinan un pedregoso y aún amargo camino hacia el 2015.

Al menos por ahora, los números reflejan una tendencia que descorazona al más entusiasmado de los antikirchneristas: a un año de las elecciones, el Frente para la Victoria (FPV) tiene un núcleo duro de votantes a escala nacional que va del 30 al 35% de los consultados, y ninguno de sus solitarios adversarios se proyecta por encima del 26% de las preferencias. Es un panorama agobiante. Más si se tiene en cuenta que, cuando las urnas hablen, en sólo doce meses, el candidato que logre el 40% de los votos y saque una ventaja del 10% sobre el segundo será el próximo presidente de los argentinos durante cuatro años.

No es sencillo leer la realidad por fuera de los diarios que ya sabemos. Pero para la oposición, aunque les resulte una herejía, se torna indispensable, si quieren ir por algo más de lo que ya tienen.
El giro copernicano de Mauricio Macri en las últimas horas responde a esta realidad desoladora. Si vapuleando la AUH, oponiéndose a la estatización de YPF y criticando el satélite Arsat 1, apenas supera el 16%, siempre según las encuestas que maneja su equipo de campaña, ¿cómo hace para, al menos, conseguir otro 15% que lo ponga en condiciones de disputar un balotaje con el FPV?

Con Jaime Durán Barba alejado como consultor maquiavélico, Macri decidió ahora dejarse llevar por su instinto. Huele mejor que nadie, aunque más no sea por su minúscula experiencia de estadista metropolitano, que el humor social irritado no implica un desconocimiento a planes oficiales que hoy forman parte de un patrimonio social transversal e irreversible. Por eso, y porque para él una encuesta –más que las convicciones ideológicas–, es la base para el diseño de un programa electoral, en pocos días salió a elogiar la AUH, a decir que YPF y las AFJP seguirían siendo estatales bajo su hipotético gobierno y que el satélite Arsat 1 es un logro científico y tecnológico valioso, cuando hace dos semanas había dicho lo contrario ante la CAME.

Recordar que todos estos proyectos contaron con la negativa de su bloque parlamentario es sólo un breve ejercicio de memoria. Hay un sentido común en la sociedad que supone cambios, pero no todos los cambios radicales que propone en bloque el antikirchnerismo fogoneado por Clarín y La Nación.

En verdad, la realidad no es como los diarios desean que sea. Hay matices, deseos complejos, hibridaciones, que el editor o titulero, signado por la simplificación del oficio, no logra evidenciar. Macri se dio cuenta de eso. Habrá que ver si le alcanza para llegar a la final o a ver desde la segunda bandeja de la tribuna lo que sucede el año próximo.

Sergio Massa atraviesa una situación parecida. A diferencia del jefe macrista, sabe desde el comienzo que una parte del voto bonaerense que lo acompañó el año pasado votaría a un candidato kirchnerista en elecciones presidenciales. Lector minucioso del trabajo de los consultores, armó una oferta anclada en la seguridad –de la que ya no habla, del mismo modo que renunció a la comisión de Legislación Penal-, que tiene un techo.

Es cierto: es el tema que más preocuparía al electorado de la provincia de Buenos Aires, y podría sumársele el de Córdoba, Mendoza y Santa Fe. Pero no mucho más que eso, que es mucho, aunque insuficiente para alcanzar el 30% que lo ponga a discutir en serio con la fuerza del FPV estructurada a nivel nacional.

El “Operativo Garrochas”, como su equipo bautizó al presunto pase en bandada de gobernadores, intendentes y dirigentes del peronismo tradicional al Frente Renovador, no ocurrió ni en el volumen ni en la calidad esperada. Por el contrario, las últimas fotos que cosechó son junto a radicales como Gerardo Morales, que pusieron en crisis no al FPV sino al FAUNEN, el otro espacio opositor a la deriva, bajo el síndrome de fatiga que produce el kirchnerismo con Cristina Kirchner timoneando la iniciativa política nacional.

Dos de las grandes peleas que impulsa el oficialismo, contra los fondos buitre y contra el oligopolio Clarín, que quería que el gobierno le firmara la adecuación trucha que había presentado ante la AFSCA, cuentan con una adhesión social que no se refleja en las tapas de los diarios favoritos que leen los asesores de Macri y Massa. No son, como podría pensarse, banderas que dejan contento al núcleo duro y nada más.

Una encuesta que leen con pavor en las oficinas de Héctor Magnetto, por ejemplo, revela que la mayoría de la sociedad está de acuerdo con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) y que comparte la idea de que la concentración empresarial en el rubro es el principal condicionante a la libertad de expresión. Tampoco escapa a cualquier aprendiz de analista político que la lucha contra los buitres goza de una legitimidad social extendida que incluye a sectores que son críticos del gobierno por cuestiones como la inflación o cuyo malhumor está atado transitoriamente a asuntos de bolsillo o expectativas financieras.

Pero la fatiga política opositora tiene otros ingredientes. En el mejor de los casos, es decir, con una alianza que logre juntar los votos indispensables para forzar un balotaje, los que especulan con un gran envase de antikirchnerismo social que supere el voto duro oficial, al estilo del voto antimenemista del 2003, eluden incluir en su análisis deseado que Carlos Menem sacó el 25% de los votos, que a su vez era el techo de imagen positiva de su liderazgo en aquel momento, que tenía una imagen negativa del 75%. ¿Cuál es la imagen positiva de Cristina hoy? En todos los casos, la mida quien la mida, encuestadores oficialistas u opositores, y se mida contra lo que se mida, Cristina tiene una imagen positiva en la sociedad que es superior a lo que, en teoría, cosecharía en votos la marca FPV. Algunos hablan del 40% y otros del 45 por ciento.

En el medio, Clarín, La Nación y Paul Singer agotaron el stock de denuncias horripilantes que podrían lastimarla en el prime time de la televisión y en los juzgados de los Estados Unidos. Después del Lázarogate, después del Cristóbalgate, después de llevar a tribunales a Amado Boudou, la imagen de la conductora del kirchnerismo sigue estando por arriba de cualquiera de los otros liderazgos que le hablan a la sociedad sobre el rumbo que deben tomar las cosas. No es un detalle menor. El cansancio opositor se explica por esto mismo.

Cuando Jorge Lanata, a través del personaje que actúa para el Grupo Clarín S.A., dice que todo el antikirchnerismo junto no logra llenar un balde de bosta, certifica dos cosas: una, que Héctor Magnetto y el Foro de la Convergencia Empresarial están disconformes con las performances de los candidatos que vienen apoyando; y dos, que están presos del nerviosismo, porque para estas fechas del 2014, después de lo ocurrido en octubre pasado con Massa, de la devaluación de enero y del trabajo para decretar un default general, la presidenta sigue contando con los reflejos necesarios para retener poder en vez de perderlo. Se les incendiaron los manuales con los que analizaban la realidad política del país. Sus balances son los de aquel que se quema, grita y pide socorro, no los del que medita de manera sensata.

La amenaza de un diciembre violento, un clásico de temporada, se reduce a la exigencia de un bono que agita, paradójicamente, la Unión Industrial Argentina, que reúne a los empresarios que cuando se sientan en la mesa paritaria dicen no tener plata para cubrir la exigencia obrera. Y tiene como vocero a Hugo Moyano, quien acaba de decir que va a apoyar a un futuro gobierno porque va a tener que aplicar un fuerte ajuste en la economía. Con tan delirante apuesta de convergencia síndico–empresaria para el caos, ¿todavía hay alguien que se pregunta por qué Cristina tiene mejor imagen que sus fanatizados detractores? Cuando pasen las fiestas, las elecciones están a la vuelta de la esquina. Más de 30 años de democracia ininterrumpida le enseñaron a la sociedad que las tensiones se dirimen en las urnas, territorio que únicamente las corporaciones ven con recelo militante.

Ante este panorama, convendría no perder de vista lo que ocurre en el propio FPV, escenario que conjuga hoy las tensiones esenciales del porvenir político. Es un espacio que se divide entre los peronistas feudales que apuestan a perdurar apoyando lo que Cristina diga que hay que apoyar, aunque deban apretarse la nariz después de ver que Massa no despega, los kirchneristas duros que apoyarán lo que Cristina decida sin siquiera cuestionárselo y los kirchneristas críticos que quisieron heredar antes de tiempo y se dieron cuenta de que una cosa es el pronóstico basado en el deseo y otra la realidad, como demostró el acto de Argentinos Juniors donde habló Máximo Kirchner.

Por ahora, la encuestología dominante asigna a Daniel Scioli las mejores chances para erigirse en la figura aglutinadora del espacio oficialista. Sin ninguna duda, si Cristina se decidiera por él, el futuro político podría teñirse del color de las mandarinas. A Scioli le hace falta eso: que Cristina lo bendiga. Solo no puede y con el Papa tan lejos no le alcanza.

En su versión Pimpinela de las cosas, el naranja zodiacal “renueva la ilusión de la vida y tiene virtudes antidepresivas”. Es “la energía, la felicidad, la atracción y la creatividad”. Todo muy lindo, pero la política es más que Osho. Exige gestos, algunos magullones, levantar cada tanto la voz, no sólo buenas apariencias.

El problema de Scioli es que un sector de sus asesores todavía no comprendió que él tiene que elegir entre ser la Dilma o el José Serra del 2010. Y tiene que elegir bien, sin equivocarse, si quiere ser presidente. En Brasil hace cuatro años ganó el “lulismo”, no la ola Dilma.

El acto por el Día de la Lealtad en Moreno, que reunió al PJ, y donde habló Scioli fustigando a los que quieren derogar a la AUH y la estatización de YPF, muestra que el gobernador bonaerense, de una gestión opaca, a veces, si quiere, puede brillar. Lástima que es la excepción y no la regla, si no el panorama estaría mucho más claro para todos. También demostró que la gravitación de Cristina dentro del universo pejotista, contra todos los pronósticos, sigue siendo alta, casi excluyente.

Volviendo a la fatiga opositora, no debe ser fácil de digerir la lectura de las encuestas y sus números esquivos, y tampoco la sucesión de actos militantes (Luna Park, Ferro, Argentinos Juniors, Atlanta) que el kirchnerismo viene desplegando en este último tiempo.

No es sencillo leer la realidad por fuera de los diarios que ya sabemos. Pero para la oposición, aunque les resulte una herejía, se torna indispensable, si quieren ir por algo más de lo que ya tienen.

Macri logró verlo y cambió su discurso. Un poco por fatiga, otro tanto por vocación de poder. Aunque no le alcance, lo muestra con ambición. Del mundo opositor es el único que advirtió que el kirchnerismo gobierna el sentido común de muchas cosas.

Cosas que ya no tienen vuelta atrás.

Las mentiras de Clarín

Como un gladiador solitario, en los entretiempos del Fútbol Para Todos, el titular de la AFSCA, Martín Sabbatella, respondió ayer la estrategia mendaz del Grupo Clarín S.A. para violar la Ley de Medios de la democracia.

Sabbatella se cargó sobre sus espaldas una decisión para nada sencilla: rechazar la adecuación voluntaria del grupo que regentea Héctor Magnetto. No tenía muchas opciones, en verdad: avalar una adecuación trucha del mayor oligopolio hubiera sido herir de muerte el espíritu antimonopólico de una norma democrática y apoyada por la mayoría de la sociedad, según las encuestas que lee el propio Grupo Clarín S.A.

Había vínculos societarios ilegales y contratos ilegales entre vendedores y compradores. Lo dicho: una apuesta trucha para burlarse de la ley tan trabajosamente aprobada. Para el que tenga dudas, puede consultar el texto completo de la LSCA.

Si se hubiera hecho una cosa distinta a la que hizo Sabbatella, tratando de evitar la judicialización del caso, el kirchnerismo se habría condenado a la impotencia y nuestra democracia, al maquillaje. Nunca menos.

De satélites y dolores

El cuerpo de Luciano Arruga apareció un día después de que el Estado lanzara al espacio un satélite de producción nacional, único en su tipo, que lo coloca en el selecto club de los países que pueden concretar una hazaña así.

Es difícil congeniar la idea de un Estado que puede hacer eso y, a la vez, durante casi seis años no identificar un cuerpo enterrado como NN, después de un presunto accidente de tránsito, perteneciente a un joven por el cual hubo campañas en medios de todo el país en lo que se sospechaba –y aún se sospecha, para que se vea la situación de incertidumbre generada– fue un caso de violencia institucional.

Que una ONG como el CELS, representante de los deudos de Luciano, haya presentado un hábeas corpus que aceleró la identificación, debería sonrojar a todos los que queremos un Estado democrático, ágil y eficiente. El sistema judicial bonaerense, la policía de Daniel Scioli, pero también todo el sistema institucional debería responder por la desidia que muestra un Estado –el Poder Judicial, sobre todo– peor que cómplice: abúlico e indolente.

Lo del satélite es una proeza que demuestra que los argentinos estamos llamados a hacer grandes cosas, pese a lo que digan Clarín y La Nación.

El caso Arruga es una vergüenza, sin justificaciones.

Una cosa nos remite al futuro. La otra, al pasado horrible.

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22/10/2014 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , | 1 comentario

El kirchnerismo, la discusión que viene – Edgardo Mocca


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La cuestión de los ciclos políticos, la disputa por la sucesión presidencial y la naturaleza de los programas en contraposición en el largo camino a 2015

El kirchnerismo no es una persona, es una visión del país y del mundo, dijo (la versión no es textual sino interpretativa) la presidenta Cristina Kirchner en la segunda parte del reportaje que le concediera a Jorge Rial. Curiosamente, de modo casi simultáneo con la difusión pública de la nota se conocía el parte médico que concluía con la obligatoriedad de un período de reposo de la mandataria: a la propia relativización del lugar político la sucedía una escena política en la que esa centralidad quedaba fuera de toda discusión.

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Sin embargo, se puede pensar los dichos de la Presidenta de otra manera, menos coyuntural y más estratégica. Es, por empezar, muy significativo que Cristina, después de que en la entrevista con Hernán Brienza pusiera entre paréntesis la existencia misma del kirchnerismo como fenómeno relativamente autónomo del kirchnerismo, se refiriera a ese movimiento como una perspectiva común de toda una constelación política en la Argentina. Nada de esto forma parte de una diversión teórica, género tan abundante en nuestra vida política y sus adyacencias. Por el contrario, esta aparente digresión presidencial toca el corazón del conflicto político argentino: la naturaleza del kirchnerismo no se discute en términos de una descripción de la realidad sino de una estrategia, de un “programa” político. Si esto fuera así, ¿a qué otro programa está enfrentando la Presidenta? No es muy difícil encontrar la respuesta. Todo el arco opositor, incluyendo al llamado “peronismo disidente”, ha intentado imponer una interpretación del resultado de las primarias abiertas como un fin de ciclo político: a saber, el ciclo kirchnerista. No se pone, como se ve, el acento en un pronóstico electoral adverso hacia las presidenciales de 2015, sino en el presunto ocaso de una experiencia política. Para la oposición, encabezada ideológicamente como siempre por el staff mediático del monopolio y sus aliados, se trata del fin de uno de los movimientos pendulares del peronismo; así como el menemismo fue el peronismo de los años de oro del neoliberalismo, el kirchnerismo lo habría sido de un giro nacionalista, hijo también de una coyuntura, a la que se la piensa como breve y sin demasiada proyección futura.

Estamos en el terreno de la previsión: los disidentes –Sergio Massa como su principal espada actual- prevén una reubicación del PJ, una nueva política de alianzas y una más lenta o más rápida reconversión en la mirada del país y del mundo. Los opositores del arco panradical sugieren un cuadro futuro prácticamente igual en el que el clivaje sería entre un peronismo derechizado y un radicalismo a la cabeza de un reagrupamiento “socialdemócrata”, algo así como una versión local de la concertación chilena. En ninguna de esas representaciones del futuro político hay algún lugar más o menos importante para el kirchnerismo. No sería justo negar que en las filas del espacio actualmente en el gobierno hay también quienes reducen la experiencia de estos años a un ciclo de predominio peronista, con algún aporte político de menor cuantía; esa definición suele ser funcional a los cálculos que empiezan a hacerse sobre el comportamiento del peronismo en un futuro próximo.

¿Es realmente el kirchnerismo una visión del país y del mundo, como afirmó la presidenta o su lugar histórico se reduce al “gerenciamiento” circunstancial de un peronismo que no se autodefine por proyectos o rumbos sino por un estricto pragmatismo de poder? Los supuestos analistas objetivos que optan por la segunda perspectiva tienen muchos problemas en el momento de recorrer la trayectoria discursiva y de políticas públicas de esta década: ¿por qué puede ser más utilitaria en la Argentina una política que enfrente a la Sociedad Rural, a los accionistas de las AFJP y a un oligopolio del poder de fuego del Grupo Clarín que la conciliación con esas fuerzas? Hay un relato mediático –con mucha penetración en cierto progresismo- que lo atribuye todas las políticas kirchneristas a un enorme simulacro que procura ocultar un designio de poder incompartido y arbitrario, cuando no una pura y simple vocación de enriquecimiento. Pero esta visión de un país detenido y estancado la voluntad de poder de un grupo de autoritarios no es muy aplicable a la Argentina de estos años, poblados de decisiones trascendentes, de grandes conflictos y hasta de densos rencores y revanchismos. Desde el punto de vista del camino recorrido no habría forma de negar una visión política nacional y mundial específica como rasgo central del kirchnerismo.

«El kirchnerismo es una profunda reescritura de la historia del movimiento, porque le aportó el sello de una época diferente, de nuevas demandas, de nuevas disputas»

Claro que no es una visión mágicamente surgida de la nada. Es portadora de potentes raíces históricas, ante todo del nacionalismo popular peronista. Cada una de las medidas trascendentes, cada uno de los conflictos centrales, y hasta cada una de las escenas de crispación clasista de las que hemos vivido en estos años llevan el sello de esa historia. Ahora bien, la herencia peronista no es un extraño don que poseen determinados líderes o funcionarios, sino una obstinada memoria popular poblada de mitos y rituales. Tampoco la historia del peronismo realmente existente es una línea recta de compromiso con determinadas banderas y tradiciones. La reivindicación de una memoria es, en su máximo nivel, estrictamente política. Se construye en una praxis que incluye estructuras, prácticas y liderazgos pero las supera. Ciertamente es muy difícil pensar al kirchnerismo sin el peronismo en cuya historia abreva. Pero no es menos difícil concebir en la segunda década del siglo XX en la Argentina un peronismo sin el kirchnerismo. Porque el kirchnerismo es una profunda reescritura de la historia del movimiento, porque le aportó el sello de una época diferente, de nuevas demandas, de nuevas disputas. Surgió después del derrumbe del sueño neoliberal cuyo principal timonel fue un líder al que difícilmente puedan negársele los pergaminos partidarios y que fue además mayoritario y exitoso durante su mandato. Pero también surgió de la Argentina posdictatorial y construyó un relato alternativo de lo que significó el terrorismo de Estado: un relato que no condescendió con la visión de un demonio que vino a combatir otro demonio y descendió al horror por pura brutalidad sino que puso en cuestión las raíces sociales y estructurales, los poderosos actores económicos que conformaron un proyecto que además de terror trajo desindustrialización, pauperización y escarmiento social.

La frase de Cristina es programática. Traza el horizonte de continuidad política de una visión del país y del mundo que tiene mucho que hacer y decir en un futuro de crisis del paradigma capitalista hoy vigente y de disputa por la continuidad o no de una política que cambió drásticamente el rumbo del país, al tiempo que replanteó su lugar en el mundo. Ese horizonte está lejos de estar garantizado. La no reelección de la Presidenta introduce incertidumbres nuevas en el próximo período, particularmente las que conciernen al futuro del peronismo. De eso, según cree el autor de estas líneas, se discutirá desde hoy hasta la elección de 2015.

REVISTA DEBATE

02/11/2013 Posted by | General, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario

Las mil y una noches del kirchnerismo por Roberto Caballero


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Entre el game over de los años felices y la voluntad de ganar. El Estado como botín corporativo y las conclusiones imaginarias.

Roberto Caballero
El kirchnerismo tiene más de mil y una noches, pero hay una en particular, de 2009, que tensó al máximo los nervios de su conducción política. Las planillas daban como irreversible el triunfo de Francisco De Narváez en la provincia de Buenos Aires. Néstor Kirchner, furioso con los resultados, habría dicho “se acabó, nos vamos”. La mitología oficial –más o menos fiel a los hechos, claro– atribuye a Cristina una determinación que no dejó lugar a dudas: “No nos vamos nada, de acá nos sacan con los pies para adelante.” Dos años después, la presidenta fue reelegida con el 54% de los votos, un escenario impensado la noche de aquella discusión.

Es probable que la primera reacción de Kirchner haya interpretado la congoja profunda de la militancia reunida frente al Hotel Intercontinental. Una multitud aguerrida, forjada en los duros combates de la 125, que veía cómo un advenedizo les arrebataba la supremacía electoral en un territorio que suponían blindado. Ni los discursos épicos, ni las testimoniales, ni las obras públicas, ni la candidatura del ex presidente habían servido. Las ganas de irse eran visceralmente explicables, sentimentalmente comprensibles, humanamente justificables. Era salir del laberinto de la derrota, aunque sea por abajo, enterrándose.

Pero en el medio del desconcierto generalizado, Cristina advirtió que la debacle definitiva, la que jubila de verdad a un proyecto político, no estaba a la vuelta de una elección de medio término chueca, sino en pensar las decisiones futuras usando el mismo razonamiento que los adversarios. En dos años, los que se ufanaban del fin de ciclo inaugurado por “alika, alikate” trastocaron en platea abatida ante una rotunda victoria oficial inimaginada. Hoy De Narváez está vencido antes de competir. Se convirtió en un fantasma de sí mismo.

La irrupción de Sergio Massa en las PASO vuelve a poner en debate al kirchnerismo. Es un fenómeno muy parecido al que provocó De Narváez hace cuatro años. Un sector de su militancia está previsiblemente disgustado con los resultados. Les resulta inexplicable que después de todo lo que hizo el gobierno en una década, en una campaña de dos semanas el intendente de Tigre haya sacado algunos votos más que Martín Insaurralde. Lo viven como el aviso de una tragedia que comenzó a suceder.

Quieren irse. Sólo se les escuchan bufidos. Se entusiasman nada más cuando hablan de un idílico llano desde el cual (ya sueltos de manos de las complicaciones que genera la gestión cotidiana del Estado) piensan jaquear la restauración conservadora, agitando las banderas emancipatorias al viento. En ese momento se les iluminan los ojos. La trinchera es una fantasía atractiva. Después la bruma retorna a sus pupilas. Se encorvan. Vuelven a lo suyo, convencidos de que ya perdieron. Sin querer jugar el partido hasta el final.

El abatimiento que registran es el efecto real de una conclusión imaginaria: llegó el final, el game over de la década, el epitafio para los años felices, el Papa es un suplicio, el peronismo un atajo a la inescrupulosidad, los fondos buitre el conjunto del imperialismo financiero. Creen, al fin de cuentas, que la derrota la decide el oponente. Leen la realidad con sus ojos y en sus medios. Asumen que esta es inmodificable, además, porque la pretensión de sus adversarios se les presenta como insalvablemente predestinada.

En cualquier batalla la primera decisión es ir por la cabeza del otro. No es una ciudad, no es una frontera, es el ánimo del que está enfrente el que hay que minar hasta reducirlo a la impotencia que garantiza la victoria propia. Para este subgrupo kirchnerista, el partido terminó cuando el otro gritó un gol. Es una pena, esto de querer volver a la calle y resignar el control del Estado.

Porque eso mismo quiere el antikirchnerismo: quedarse con el Estado. No estamos en el 2001, cuando nadie quería el Estado porque el Estado estaba destruido. En aquel momento, el botín era otro: la devaluación salvaje para licuar de un plumazo las deudas de las empresas. Ese era el negocio que pretendía el bloque económico concentrado. No les interesaba quién era el presidente, por eso pasaron varios candidatos antes de que Eduardo Duhalde agarrara esa brasa caliente y ejecutara la pesificación asimétrica que dejó un tendal.

Hoy el Estado es literalmente rico, tiene mucho dinero, presupuestos abultados, el déficit fiscal –en el peor de los casos– es del 1% del PBI y la relación deuda-PBI es la más baja de los últimos 20 años. Eso se logró en una década. Los que hablan de fin de ciclo van, en realidad, por el Estado que reconstruyó el kirchnerismo. La devaluación es una excusa, no hay que equivocarse. Están los que quieren volver al endeudamiento para ganar dinero con las colocaciones y los que buscan reorientar el dinero público dedicado a los planes sociales hacia la rentabilidad de sus empresas. Para eso necesitan controlar el Estado.

Arrebatárselo a un signo político insumiso a sus intereses. Mandarlo a su casa, como hicieron con Raúl Alfonsín, que también tenía un Estado, complicado, pero Estado al fin y con muchas empresas. Sergio Massa es el ariete electoral de este proyecto de entrega del Estado a los deseos corporativos. En los ’90 lo querían para hacer plata con las privatizaciones. Ahora para administrar sus cuantiosos recursos en un sentido inverso al reparto inclusivo.

El fin de ciclo del que hablan la AEA (Asociación Empresaria Argentina) y Clarín es un atajo gramatical hacia el copamiento de un Estado, que ahora existe. Los funcionarios kirchneristas que quieren salir disparados de sus despachos para retornar románticamente a las calles deberían saber que están orbitando alrededor de un conjuro ajeno. No hacen lo que quieren, están bailando con la música que otros le ponen.

De las mil y una noches que vivió el kirchnerismo, la del Hotel Intercontinental dejó una enseñanza útil para todos los tiempos. La peor de las derrotas no es la que te infringe el adversario, en una circunstancia precisa. Es entregarle en bandeja la voluntad de ganar.
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16/09/2013 Posted by | General, Historia, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , | Deja un comentario

“NUESTRO ESPACIO VA A CRECER” – ENTREVISTA A CARLOS HELLER, CANDIDATO A DIPUTADO DEL FPV



“Nuestro espacio va a crecer”
Heller resalta el nivel de aprobación del proyecto que se votó esta semana en Diputados. Imagina una buena elección del FpV.

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Por Nicolás Lantos
El kirchnerismo “va a crecer” en octubre porque “hay mucha gente que no quiere un cambio de rumbo y que no está en contra de este proyecto”, sostiene el diputado del Frente Nuevo Encuentro Carlos Heller, candidato a diputado por el Frente para la Victoria en la ciudad de Buenos Aires. En diálogo con Página/12, Heller opinó sobre los cambios anunciados por el Gobierno tras las PASO, sobre la relación entre su bloque y la Casa Rosada y sobre las propuestas hacia el futuro.

–Usted siempre ha propuesto una reforma tributaria profunda, en ese sentido ¿cómo evalúa los cambios que se votaron el miércoles en la Cámara de Diputados?

–A ver, yo empezaría por el final. Hubo un debate y se votó: 139 a 91, una mayoría mucho más amplia que la que obtienen generalmente los proyectos del Poder Ejecutivo o del oficialismo. Es decir, que estamos hablando de un consenso parlamentario muy amplio. No quedan dudas de cuál es la voluntad del Parlamento. Además, lo que se votó tiene un claro carácter progresivo y redistributivo. Uno puede hacer un análisis de lo que falta y decir que hay que ir hacia una reforma más abarcativa y completa. Lo cierto es que de 2003 para acá han pasado de representar un 23 a un 40 por ciento de los ingresos tributarios por Ganancias, Ingresos Brutos, retenciones. De a poco se va cargando menos en el consumo y más en los que más tienen. Lo que se votó es un avance que sigue en ese sentido.

–¿Cómo evalúa que va a repercutir la reapertura del canje de deuda?

–Yo creo que lo que hay que tener claro es que desde 2005, cuando Argentina hace la primera apertura del canje, su objetivo fue siempre que el ciento por ciento de los acreedores entraran, no es que se discriminó en distintos tipos de acreedores. De todas formas, como el fallo de la cámara dice que Argentina es “un deudor recalcitrante” y que “carece de voluntad de pagar”, cosa que es mentira porque Argentina ha cumplido con rigurosa puntualidad sus obligaciones, se planteó la reapertura para abrir una vez más esa posibilidad y eliminar un argumento en el debate. ¿Cómo van a reaccionar? No lo sé. Supongo que hay un porcentaje que va a adherir, viendo que Argentina viene pagando con regularidad, así que pueden considerar después de tantos años que es una buena salida.

–¿Cree que en este nuevo contexto puede reflotar su proyecto de una nueva ley de entidades financieras?

–Nosotros siempre vamos a seguir insistiendo con eso porque creemos que es parte de las reformas pendientes que quedan después de esta década de avances inéditos. Pero también reconocemos que la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central ha sido una reforma sustancial que permitió instrumentar muchas de las cosas que nosotros poníamos en esa ley. Si bien creemos que reemplazar la ley de entidades financieras tiene un altísimo valor simbólico porque significa seguir derribando símbolos del neoliberalismo y de la dictadura, ha habido avances en esa materia que han sido más que significativos.

–¿Qué otros temas quedan pendientes, a su entender?

–Hay manejos de tiempos que tienen que ver con quién tiene el escenario completo y el rumbo del proyecto. Pero visto en esa perspectiva, una ley de inversiones extranjeras es algo imprescindible. El tema de la reforma impositiva integral es otra reforma pendiente, hay que revisar cuestiones como la permanencia en el Ciadi, los tratados bilaterales de inversión, rediscutir el tema de los recursos naturales…

–Como parte del bloque de Nuevo Encuentro, durante estos años apoyaron al Gobierno como aliados. ¿Van a permanecer así después de diciembre o comienza una nueva etapa?

–Néstor Kirchner decía que florezcan mil flores, y cuando decía que florezcan mil flores se refería a la necesidad de construir un espacio frentista que abarcara tradiciones y culturas diferentes en el marco de un proyecto común. Eso no debería significar perder identidades. El tema es cómo mantener la identidad y al mismo tiempo aportar a la construcción de algo común. No hace falta renegar de los orígenes de cada uno. Nosotros no nos sentimos como aliados ni como gente que apoya sino que nos sentimos parte de este proyecto.

–En tanto candidato a diputado, ¿cómo evalúa el resultado de las PASO en la Ciudad y qué espera para octubre?

–Evidentemente en las PASO se produjeron algunos fenómenos, como el de una lista donde distintas vertientes compitieron, mientras que en otras listas no hubo competencia. Eso genera un fenómeno de desnivel de la atención que suscitó cada una y que de ninguna manera va a repetirse en octubre, cuando se van a votar candidatos concretos. Yo tengo mis dudas de que todos los que votaron a Prat Gay o a Terragno automáticamente vayan a votar a Pino Solanas. Lo mismo pasa en Diputados. Nuestro espacio va a crecer con respecto a las PASO, creo que hay mucha gente que no quiere un cambio de rumbo y que no está en contra de este proyecto, pero que en estas elecciones se dio el lujo de votar a otras propuestas para que superen el piso. Nosotros vamos a trabajar intensamente con el objetivo de que Daniel Filmus renueve su banca. Esa pelea es totalmente posible y la daremos con convicción.

PÀGINA12

07/09/2013 Posted by | General, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Uncategorized | , , , | Deja un comentario

“El Grupo Clarín es el cáncer moral más grave del país” – Néstor Leone


Debate.

¨Corajes aislados, loquitos sueltos como yo, totalmente ineficaces frente a esa posición dominante, siempre existieron. Pero la relación de fuerzas de Clarín conmigo, por ejemplo, era de una a un millón. Ahora, no pensaron que alguien, que gusta del poder, osara confrontarlos. Con ellos sólo estaba permitido relacionarse dándoles más poder para, así, obtener migajas de poder a cambio. En este autoengaño cayeron todos los gobiernos anteriores y cae ahora, lastimosamente, la oposición. Se siente poderosa porque le dan un poco de pantalla y espacio en los diarios. Pero el poder que le ofrecen es de poca monta.  ¨

03/11/2011 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

Memoria y balance por Marcelo Capurro


Debate.

Por primera vez en décadas, un gobierno estableció políticas de Estado, las aplicó y creó los mecanismos jurídicos necesarios para su trascendencia en el tiempo.

21/10/2011 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , | Deja un comentario

“Éramos un país corporativo” – Entrevista a Agustín Rossi


Publicado el 4 de Septiembre de 2011

Por Felip Yapur

El jefe del bloque de Diputados del Frente para la Victoria resalta la transformación que impuso el kirchnerismo en la lógica de la administración de las decisiones políticas, elogia la masiva participación de la juventud y reclama un sinceramiento de las diferencias que imperan en el peronismo. Reivindica la impronta que Néstor Kirchner y Cristina Fernández le dieron al PJ, retomando las banderas del primer peronismo y la defensa de los Derechos Humanos. El tercer piso de la Cámara de Diputados está destinado exclusivamente para el peronismo. Eso es así desde hace mucho tiempo. El despacho del jefe del bloque de Diputados del Frente para la Victoria (FPV) es tan grande que empequeñece al que lo usa. Agustín Rossi lo ocupa desde hace seis años y allí vivió buenos tiempos y también de los malos. La disminución del bloque luego de la Resolución 125 o la pelea por las retenciones fue uno de esos momentos agrios que luego se repitió con la derrota de las legislativas de 2009. Sin embargo, Rossi asegura que el haber atravesado con éxito los dos años en que la oposición controló la Cámara Baja y el resultado de las primarias está relacionado directamente con el cambio de paradigma que significaron las presidencias de Néstor Kirchner y ahora de Cristina Fernández. “Ellos dos pusieron en práctica los mejores valores y las banderas históricas del primer peronismo, que es lo más sentido por todos nosotros. A eso le agregaron la política de Derechos Humanos. Ahí está el peronismo”, afirma.
Para Rossi, el peronismo de estos tiempos es el rechazo al ALCA, los juicios por Memoria, Verdad y Justicia, y las políticas de distribución de la riqueza que se aplican desde 2003. A todo ello le agrega otro ítem que considera vital: la participación de la juventud. Sostiene que el discurso de la participación de los jóvenes es común para todas las fuerzas políticas, pero asegura que es el FPV el único que renueva y forma los nuevos cuadros dirigenciales: “En diciembre tendremos decenas de diputados nacionales, provinciales y concejales que son jóvenes, que forman parte de la generación del Bicentenario.”

–En estos últimos dos años usted tuvo la dura tarea de defender los proyectos del gobierno en minoría. Pero a juzgar por los resultados, para el Grupo A tener la mayoría en la Cámara Baja no le trajo ningún beneficio.
–No fueron buenos estos dos últimos años parlamentarios. Exceptuando la ley de matrimonio igualitario, que atravesó a todos los bloques de manera horizontal. El resto giró alrededor de la lógica oficialismo versus oposición. Por una oposición que se quedó con la fotografía del 3 de diciembre de 2009, fecha en que se reconstituyó la arquitectura de la Cámara y donde fue la única vez que mostraron una mayoría tan contundente de 138 diputados. En esa oportunidad se quedaron con la conducción de las comisiones y la mayoría en ellas, pero después intentaron construir una agenda pensando que esa mayoría la tendrían siempre y quedó demostrado que no. Imponían un temario que nosotros no compartíamos, pero después no lograban imponerla en el recinto cuando no conseguían el quórum o se quedaban sin él en medio de la sesión. Entonces estos dos años terminaron siendo malos por esa lógica. Me parece que si hubiéramos tomado otro camino, como sucede ahora en las últimas sesiones cuando construimos una agenda de consenso, todo habría sido mejor. Pero bueno, supimos que la capacidad de iniciativa estaba limitada por ser la primera minoría, pero también fuimos viendo que teníamos capacidad para frenar todo aquel proyecto que fuera en contra del modelo.
–Insisto, entonces no era suficiente el número. Lo que le faltó a la oposición es lo que sobró al oficialismo: un proyecto político.
–Nosotros lo dijimos, esa mayoría de diciembre de 2009 no estaba expresada en las urnas. Porque se juntaron desde Pino Solanas, pasando por De Narváez, los Rodríguez Saá, Carrió, el radicalismo y hasta el socialismo. Eso fue una mayoría en contra del oficialismo. Incluso, en términos de números de bancas, nosotros seguíamos siendo la primera minoría, pero ellos rompieron la tradición de respetar esa proporción en la distribución de las presidencias de comisiones. Lo único que respetaron es que nos dejaron la presidencia de la Cámara.
–En esa oposición también había peronistas como los legisladores que responden a Duhalde o a los hermanos Rodríguez Saá.
–Era lógico con todo lo que pasó en la Argentina. El kirchnerismo como proyecto político tensionó y exigió definiciones y por eso ya todos saben quién es quién en la política argentina.
–Está bien, pero el peronismo no dejó de disputar su interna en elecciones generales como sucedió desde 2003 a la fecha. ¿No cree que es necesario rediscutir el partido como herramienta electoral y de construcción política?
–Hay que sincerar todo. En 2003 fuimos como partido con tres opciones con Néstor Kirchner, Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá. Eso continuó hasta ahora. Entonces, esta idea de que formamos parte de lo mismo me parece que ya no va más. Podrá haber un origen similar, pero ya no se puede discutir que es un todo. Lo mismo pasa con Duhalde, que estamos enfrentados desde hace varias elecciones. Entonces, no se puede pensar que esos votos se sumarían tras una interna. El kirchnerismo le dio una impronta al justicialismo que yo reivindico, que nos comunica con los mejores valores y banderas más históricas del primer peronismo y que es lo más sentido por todos nosotros. A eso le agregó todo lo que significa la política de Derechos Humanos y, obviamente, adecuado a la época y a la coyuntura internacional que vive. Pero me parece que ahí está el peronismo. Antes estaba en Néstor y ahora el peronismo está en Cristina. Por eso, no creo que haya nada que nos una a esos otros sectores, sobre todo después de las primarias, porque no entiendo qué podemos tener en común con ese dirigente que habla del “sucio trapo rojo”. ¿Qué nos une con él? Ahora nada. Tal vez en el pasado, cuando la transición, pero ahora no hay nada en común. Hoy, los valores, las ideas, la forma de construcción y las mejores cosas que le ha dado el peronismo a la política, se ven expresadas en estos años de Néstor y Cristina.
–Así como Kirchner le dio una impronta novedosa al peronismo, ¿es posible decir que la presidenta le da su impronta al kirchnerismo con el protagonismo de la juventud?
–Para cualquiera que quiera este espacio político, eso es una muy buena noticia. Todo espacio político que se precie tiene que tener una renovación dirigencial y formación de cuadros. Nosotros lo estamos haciendo. La presidenta le dio una respuesta de jerarquía a un fenómeno de jerarquía. Porque la juventud no participa tanto desde hace tiempo, se reconocen oleadas como fue en los ’70 y en los ’80. Ahora está la generación del Bicentenario, que supo movilizarse, participar activamente en política, y luego de diez años del que se vayan todos, la verdad es que ahora es una muy buena noticia. Ello fortalece las instituciones, oxigena la democracia y le da a la política sentido de futuro, de trascendencia. Entonces está la presidenta abriendo las compuertas para que haya una innumerable cantidad de jóvenes que participan en todo el país, y eso me parece perfecto, porque en diciembre tendremos diputados nacionales, provinciales y concejales jóvenes en todo la Argentina. Eso está muy bien y lo único que deben pensar esos jóvenes es en convocar a todos aquellos que todavía están fuera para construir este modelo de país. Uno vio cómo se han envejecido estructuras políticas en el país por la no inclusión de los jóvenes. Y se puede ver cuando ese aluvión colma los espacios políticos, como nos sucede a nosotros. Además está muy bien que quien ejerce la conducción política sea la que garantice esos niveles de participación. Y nadie tiene que tener miedo de nada.
–La participación de los jóvenes significa un corrimiento en lo cuadros dirigenciales, eso también sucederá en el FPV.
–No me parece mal, además cada vez que apareció la participación juvenil se la intentó estigmatizarla. Y en esto, si bien La Cámpora es una de las tantas organizaciones juveniles que existen, el intento de estigmatizarla tiene como objetivo real frenar la participación juvenil y no tanto a la organización. Hay que tener claro eso y estar contento de que tantos jóvenes participen y, sobre todo, en nuestros espacio.
–¿Usted también es un ejemplo de esa participación de sectores nuevos? Digo, llegó a ser jefe de bloque sin experiencia legislativa.
–(Ríe) Era un momento muy particular. Porque había una conducción colegiada fruto que veníamos del distanciamiento con Duhalde y mi designación no siguió los cánones estipulados que decía que debía ser un legislador con experiencia. Pero no fui el único, no hay que olvidarse que nombramos a Patricia Vaca Narvaja como vicepresidenta de la Cámara.
–Cuando le dicen que el kirchnerismo es un gobierno revolucionario o que revolucionó las estructuras tradicionales, ¿coincide con esa lectura?
–Veamos. Primero cambió el paradigma en el que se construyó la sociedad de los ’90. El de hoy es la antítesis de esos años. En aquellos se buscó terminar con el tema de los Derechos Humanos imponiendo la teoría de los dos demonios. Con toda la política, a través de Néstor, comenzamos a reconstruir el relato, dejando en claro que acá hubo un plan sistemático de secuestro, tortura, muerte, desaparición y robos de bebés. Y además se decidió que sea la justicia que determine las responsabilidades. El kirchnerismo también pone de vuelta en valor la producción, la industrialización y el trabajo. Nosotros creamos nuevamente el mercado interno, el consumo de un modelo que tiene que tener una potencialidad exportadora pero con un mercado interno fortalecido, que no es una condición suficiente, pero sí necesaria como para garantizar distribución del ingreso y movilidad social ascendente. Me parece que el kirchnerismo recupera el rol del Estado que es absolutamente diferente al que se generó en los ’90. Hoy el Estado es central en la vida de los argentinos y tiene una política de inclusión en los sectores etáreos más importantes que son los niños y adultos mayores. Es el Estado que tiene la capacidad y la fortaleza de ponerse en el centro del dispositivo económico cuando la crisis de 2008 y 2009. Ahora bien, lo pueden definir como revolucionario, reformista o transformador, pero lo cierto es que ha sido un gobierno que nos emparentó con las mejores tradiciones del primer peronismo. Ha pasado todo y de manera muy vertiginoso como por ejemplo fue el no al ALCA. Eso fue estratégico.
–Ese cambio paradigmático genera riesgos al tocar intereses de sectores y corporaciones históricamente favorecidos.
–La lógica en la que nos hemos movido todo este tiempo es que somos un espacio político que  preserva para la política las decisiones más importantes en lo que hace al Estado nacional. No comparte esas decisiones con ninguna corporación ni sector en particular. El rol de la política es preservarse ese nivel de decisiones para sí, porque la política, y en este caso el kirch-nerismo, es la que tiene que garantizar el interés general. Entonces, me parece que esto es lo novedoso porque éramos un país claramente corporativo y ahora nosotros le transmitimos que la política ocupa un espacio de centralidad. Seguiremos gobernando de esa manera y siempre vamos a tomar las decisiones en el marco del interés general de la sociedad. Esto es lo que hizo Néstor, lo que está haciendo Cristina y seguirá siendo así. Recuerdo que en los primeros años de Néstor, los directivos de algunas corporaciones nos decían que estaban de acuerdo con las decisiones del gobierno, pero que antes solían ser avisados con anticipación. Eso no es más así. Pero no significa que las corporaciones vayan a desaparecer, lo que pasa es que ahora la ley es pareja para todos.<

Tiempo Argentino

05/09/2011 Posted by | Ciencia y Tecnología, Economía, General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , | Deja un comentario