America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Lo que Mauricio hizo que se vea más una cuota de odio en la piel


Por 

Eduardo Blaustein

Miradas al Sur presenció una encuesta cualitativa para intentar comprender lo decidido por los porteños, particularmente el voto a Macri. Las razones y emociones, el rol de los medios, la bronca antiká, el lugar de Filmus.

Bienvenidos al Encuentro de Dos Mundos. El lugar donde se estrellan nuestras sobrecargas de periodistas informados, nuestras certezas nac & pop, nuestros duros paradigmas. Es jueves por la noche. Mientras desde un equipo de audio se escucha a Cristina inaugurando Tecnópolis, once personas se van sentando en una habitación alrededor de una mesa que tiene vasos de café y galletitas. Tomados por una cámara, ya aparecen amuchados en un monitor de televisión, para que Big Brother los examine. “Vengo por la encuesta”, han dicho uno a uno en el piso siete de un edificio céntrico donde funciona la consultora Opinión Autenticada, la que la embocó bien en 2006 cuando el kirchnerismo misionero no pudo imponer un plebiscito de reelección indefinida y también se acercó mucho a los resultados bonaerenses en 2009. Los que ya charlan en torno de la mesa vienen de Balvanera, de Núñez, de La Boca. Cobrarán una cifra protocolar de150 pesos para ser radiografiados en un focus group, para que pretendamos entender por qué votan lo que votan. A juzgar por las caras, las ropas, las palabras y los gestos ninguno de ellos es un oligarca, ni un cheto intolerable, ni un Ceo corporativo. Son siete mujeres y cuatro hombres. Sólo uno de ellos parece pasar de los cincuenta. Son todos bien de barrio, lo que se llama gente del común, y el cronista de Miradas, calzando auriculares, podrá seguir cada palabra del otro lado de un vidrio unilateral, la famosa cámara Gesell. Buena parte de lo que digan, lo que sigue, es material no apto para kirchneristas sensibles o versión Tano Passman.
F. es el psicólogo que coordina el grupo y su tarea consiste en hacer que el grupo se exprese, cuidándose de hacer preguntas que contengan la respuesta. Larga su primer estímulo para aquellos que votaron a Mauricio Macri el domingo pasado. Es especialmente a ellos a quienes Miradas quiere escuchar. Van corriendo las respuestas:
“Porque hizo una buena gestión y para que siga, porque le faltan hacer bastantes cosas”. “Porque dentro de lo que es la política lo veo como de lo más honesto que hay, sin desmerecer a ninguno.” “Porque está haciendo, un poco hace, aunque mucho no sé cuál es su proyecto. Pero en Villa Crespo, que es donde vivo, veo algunas cosas.” “Porque es uno de los que mejor me cae dentro de la política.”
Las primeras respuestas son entre cuidadosas y políticamente correctas. Ya se irá viendo que en este tipo de encuestas cualitativas las personas suelen comportarse como palomitas blancas en un acto en el patio del recreo el 25 de mayo, muy correctas y dialogantes, nada de conflictos. Le toca el turno a una mujer de treinta y algo. Dice que Macri le da confianza, que él tuvo “la oportunidad de hacer cosas y la aprovechó” y que si sigue “va a seguir haciéndolas”. De pronto dispara con un clásico: “Él ya tenía dinero y no parece que va a llenarse los bolsillos con la política, aunque por ahí soy ignorante. Lo que hace lo hace por pasión”.
Algo más vehemente es otra mujer de entre cuarenta y cincuenta. Tiene alguna pinta de profe de inglés, quizá posea un título universitario, le gusta expresarse con buenas palabras. Es la única que con mucho énfasis dijo “Mauricio” en lugar de “Macri”. Retoma la idea de que Macri “ya era empresario y sabía manejar las cosas. Él se volcó a la parte cultural”. Menciona museos, conciertos y bicisendas, y agrupa esos sustantivos como “cosas de avanzada para llevar a Buenos Aires a nivel mundial, a un país del primer mundo. Se rodea de profesionales, eleva el nivel, él le da glamour a la gestión, lleva el glamour por la cuna de la que viene. Hizo el autobús de dos pisos (se refiere al turístico) como el que tienen París y Londres”.
Ahora le toca a un muchacho de unos cuarenta, buzo azul. Vuelve al argumento que es del propio Macri: terminar las cosas que la gestión PRO propone terminar: “La costumbre acá es que cambia el gobierno y se dejan las cosas colgadas”. Remata con otra frase clásica, relevante para todas las gestiones y más para captar el voto: “Las cosas que hizo se ven”.

En minoría. Hora de que hablen los votantes filmusistas. El primero (quizá la cara más nacional y popular, apenas más de treinta) usa argumentos kirchneristas. Dice que está de acuerdo con lo que hizo el Gobierno Nacional, que apostó a que “la Ciudad y la Nación se lleven bien, cosa que no veo en Macri”. La segunda filmusista es un tanto pelirroja. Subraya los dichos del preopinante y añade que ella, en Filmus, esperaba “algo distinto”. Como la respuesta es más bien vaga el coordinador le pide que ejemplifique. La pelirroja acude a argumentos no necesariamente kirchneristas: más seguridad, arreglo de calles, no pelearse con la Presidenta.
Qué dicen los votantes de Pino Solanas. Uno dice que lo primordial es salud y educación. Otro, acaso conspirativo, asegura que en las elecciones del domingo se sorprendió porque creía que “el Gobierno Nacional tenía todo arreglado y que iba a ganar Filmus”. “Por eso voté a Pino, porque tiene ideas de vanguardia. No es totalmente zurdo pero es socialista, y más humano.” Delicado, agrega que “Macri no me desagrada del todo” pero que la Metropolitana le parece “una payasada. Los veo jugando a las cartas en Devoto, que es mi barrio”. Hay una mujer que es la única votante radical. Votó a Silvana Giudice. Dice que la oyó hablar en La Boca y que le parece “una Pino en mujer”. Es la misma que dirá que Macri es “la cara más radical” en Capital y que acaso, como otros dos, vote a Duhalde presidente.
Pregunta de rigor para los que votaron a Macri. ¿Lo van a volver a votar en el ballottage? Unánime y entusiasta sí. ¿Lo votaron sabiendo que iba a ganar? Otro sí tumultuoso. Más interesante es la respuesta a una pregunta que intenta descifrar hasta qué punto votaron a Macri por Macri o en contra del Gobierno Nacional. Emerge, algo confuso, un “totalmente”. Un “totalmente” en contra del Gobierno Nacional. Y salen a la luz dos de las primeras frases crueles. Es que el ambiente ya se hizo movidito y se está dejando un poco de lado la corrección cívica:
–Quería bajarle un poco la soberbia a la Presidenta.
–Hubiera querido verle la cara cuando perdió.
Llega un momento difícil para el corazoncito del cronista y los lectores. Los tres que votaron a Pino dicen que votarán a Macri. Pero es aún más fuerte el modo en que hablan de Filmus, de su campaña, de la relación entre la campaña de Filmus y Cristina. Para explicar lo cual hay que anticipar algo del final de la charla entre los once. Porque incluso los más macristas se mostrarán al final híper respetuosos de la figura de Filmus. Lo colmarán de elogios: “un gran tipo”, “un tipo excelente”, “muy buen ministro de Educación” (“y de Salud”, agregará alguno), “un gran educador”.

¿Y entonces? Es ahí donde arremeten los votantes macristas. Muy, pero muy enojados, van diciendo “No me banco a Cristina”, “Cristina lo desprestigió mucho”, “Todo el tiempo salía la cara de ella en los afiches”, “Lo manejó”. Surge entonces la discusión célebre: El Maltrato Kirchnerista. El muchacho filmusista resiste en minoría la tesis de que el Gobierno Nacional maltrató al de la Ciudad. El macrista mayor, que no es ningún gil, un señor algo calvo con cara de tener un acumulado largo de charlas en bares y mucho diario encima, le dice que es la Presidenta la que nunca quiso ayudar a Macri, que fue Macri “el que siempre quiso dialogar con ella”, que no le dieron la Federal, que la Metropolitana “va a ser la mejor policía del país”. Y cuando termina, hace un gesto conciliador bajando la palma de su mano hacia el piso:
–Sin agresión, ¿eh?
Un gesto que uno podría decodificar como típico de Mauricio. Pero este señor se la cree. Y como dentro de un segundo medio mundo alrededor de la mesa coincidirá en que “Boudou es el amante de Cristina”, es el tiempo de decir que en el intercambio, maravillosa y tristemente, se combina todo lo que es humano: buenos razonamientos y otros no tanto, vivacidad, mucha información periodística devorada y puesta en circulación (incluyendo lo peor o las tapas de Noticias), las apelaciones solidarias junto a la suspicacia maliciosa, el amor al prójimo junto al prejuicio. Si lo que se pretende del focus es establecer la parte racional del voto, esa racionalidad queda expuesta en una doble lista hecha por el coordinador sobre una pizarra. Las opiniones de los entrevistados conforman esta lista despareja de lo que “Macri hizo bien”: el arreglo de la avenida Patricios que evitó inundaciones, la Metropolitana, el Metrobús, el Maldonado, parquizaciones bajo autopistas, continuar subtes y escuelas, encontrarse con actividades culturales en internet. Del lado de lo malo alguien dirá “Es un soberbio”. Del otro: “Tiene cero soberbia”. Del lado de lo negativo, la cosa es aún más confusa: la situación del Borda, ratas en el Rivadavia, bicisendas, gastar plata en las playitas (una macrista defiende las playitas).

Anotaciones. No aparece en la charla el problema de la vivienda, menos aún la Ucep, ni las escuchas, ni las bajas ejecuciones, ni la xenofobia (salvo por una votante que habla de los peruanos y bonaerenses que se atienden en los hospitales), ni el impacto económico y social de las políticas nacionales. Otra anotación: hablan de ciertas políticas del gobierno de Macri como si acabaran de descubrir lo que venía de lejos, particularmente las políticas culturales. Vamos todavía la comunicación macrista.
Ya pasó una hora larga de conversación. Pregunta ahora el coordinador qué debería hacer Daniel Filmus para ganar la segunda vuelta, por fulero que pinte el panorama. Se redoblan las frases crueles de los votantes macristas (como en 2008, las más fieras anti Cris son las mujeres): “Sacarse a la Presidenta de encima”, “Ella le juega en contra”, “Filmus tendría que ser él mismo”, “Pero él se puso esa mochila, nadie lo obligó”. El coordinador reitera la pregunta de cómo podría hacer Filmus para ganar en segunda. La muchachada se pone espesa:
–Fraude.
–Regalar cien mil netbooks en las villas.
–Despegarse de Cristina.
–No tiene tiempo de hacer eso.
El muchacho filmusista, con un cierto desasosiego, les pregunta entonces a los que votaron a Macri, una vez más, si lo hicieron por Macri o en contra de Cristina. Hay algo de fifty-fifty en la respuesta, con el ya sugerido toque de crueldad. Termina la rueda. Todos contentos, amables, en sana convivencia, saldrán del edificio con sus 150 pesos protocolares. Un digno rebusque, acaso un virtuoso choripán en la era de la comunicación y los paradigmas en choque permanente.

Miradas al Sur

17/07/2011 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario

Fuerza Bruta – Eduardo Aliverti


No hay noticia políticamente más importante que el virtual lanzamiento de Mauricio Macri como candidato presidencial. Habrá quienes crean que sólo se trata de una formalidad, al entenderla como una decisión elemental y tomada hace tiempo, pero, en primer lugar, no es así. Y, en cualquier caso, deja las cosas más blanco sobre negro que nunca en términos de dónde pararse frente a un año electoral decisivo para el corto y mediano plazo de los argentinos. E incluso para el largo.

Como se recordó en estos días, Néstor Kirchner juzgaba obvio e inevitable que, más tarde o más temprano y crecientemente, el escenario político quedara circunscripto a una gran fuerza inclinada hacia la izquierda y a otra volcada para la derecha. A fin de evitar polémicas inútiles: estamos hablando de poderíos, figuras y candidaturas con chances de poder real, y no de estampas testimoniales. Con independencia del modo en que cada quien evalúe al ex presidente, los hechos estarían dándole la razón. El denominado “peronismo federal” ya pasó de la puerta del cementerio a los pies de su tumba, con Duhalde como mascarón de proa simbólico y algunos correveidiles que no terminan de decidirse a nada porque apenas los une, o unía, la bronca y el estupor ante el hecho heterodoxo del kirchnerismo. Elisa Carrió, segunda en los últimos comicios presidenciales y construida por gruesos sectores de clase media urbana como una outsider capaz de contener a sus inconformismos sempiternos, ha pasado a ser, definitivamente, un tema de evaluación psiquiátrica. Hace rato que no merecía ser justipreciada con parámetros de medición convencional, porque nadie se dedica a lo político-dirigencial para destruir todo lo que construye. Carrió hace animación mediática, no actividad política. Acaba de afirmar que la masividad del funeral de Kirchner fue montada por Fuerza Bruta. Se diría que no hay vuelta atrás para quien llega a ser corrido por izquierda por Mirtha Legrand, aunque podría argüirse que en la Argentina jamás se sabe. Hay más luego una incógnita, ya pulverizada esa otra construcción, periodístico-campestre, que es el Gardiner mendocino; y descartadas, se supondría, las probabilidades de otro cuyano, Ernesto Sanz, del que más o menos nadie tiene idea de quién es. ¿Hay todavía un voto radical histórico, gorila, maestro-ciruela, en condiciones de hacer entrar en las grandes ligas al hijo de Alfonsín y a alguna porción de ese Partido Socialista al que da pavura confiarle algo más que una intendencia? ¿Hay vuelta, objetivamente, de la imagen de no saber terminar un mandato, del fantasma del helicóptero, de haberse sufrido que sus carencias de liderazgo les impiden gobernar con el peronismo en contra, de no controlar sindicatos, de no conocerse qué diablos es en verdad la alternativa que ofrecen? Finalmente, para volver o seguir andando por postulaciones testimoniales, el neo-Carrió que es Pino Solanas (no por la expresividad ideológica, aclaremos, sino como representatividad quijotesca) resolvió ir por la testificación presidencial inviable y no por la probabilidad certera de gobernar la Capital. Pino no quiere gestionar. Quiere relatar. De modo que resignó el enchastre con lo probable a favor de la comodidad de lo imposible.

Por todos esos agujeros que dejan las opciones al kirchnerismo, Macri comunica que va él. Lanzó una secuencia de oraciones a la que no se prestó mayor atención, ni siquiera por parte de sus más conspicuos detractores. Dijo que va por todo. Dijo que Buenos Aires ya no le interesa porque si gana Cristina no aguantará otros cuatro años de no poder hacer nada, a repugnante contramano de aquello que afirmaba en su campaña: a la Capital le sobra la plata, decía en 2007, y no tiene por qué depender de nadie. Dijo que si le va bien, será presidente. Y que de lo contrario tendrá más tiempo para estar con Juliana, en la definición más pornográfica que el firmante recuerde acerca de cómo se interpreta la vocación política: ya fui presidente de Boca y ya goberné nada menos que a los porteños, así que sólo me queda la Presidencia de la Nación y de lo contrario me dedico a mi mujer y a los negocios que me deja mi papá. Toda una auténtica disposición al entendimiento de la política como servicio público. Que se arreglen entre Rodríguez Larreta y Michetti: si pierden es problema de ellos y no del desastre que fue mi gestión. La derecha peronista no tendrá otra variante que seguirme. Y eso trae tanto (eventual) respaldo de aparato como interrogantes porque, ay, ¿la hibridez de los radicales llegará hasta el punto de votar a un tipo que tiene detrás el apoyo de Duhalde & Cía? No importa. Si les gusta bien y si no, también, porque no tendrán otra en esa segunda vuelta que hoy es una quimera. Macri va por todo y está perfecto. Olfatea que, aun cuando el viento de cola de la macroeconomía le da al kirchnerismo y a la popularidad de Cristina una ventaja enorme, hay una porción de esta sociedad, muy significativa, que no quiere lola con experimentos de aroma zurdo. ¿Cuántos son los argentinos que a pesar de estar mejor que casi nunca, o precisamente por eso, quieren sacarse de encima la incomodidad de enfrentamientos con el Imperio, y a Madres y Abuelas en el balcón de la Rosada, y a los piquetes y a Moyano, y a que el Estado se meta en mi vida como si alguna vez hubiera habido más Estado que cuando la rata lo puso a disposición de sus agentes? ¿Cuántos serán esos argentinos que compran el país que les venden Clarín y sus acólitos? ¿Cuántos son los que creen que está amenazada la libertad de prensa, y que Guillermo Moreno es más perjudicial para su vida cotidiana que los grupos monopólicos? ¿Cuántos los que compran que estamos aislados del mundo? ¿Cuántos los pobres y la clase media a los que les parece que no es cuestión de cómo les va sino de cómo les dicen que les tiene que ir? ¿Y cuántos son los que, malhumorados o indignados por “la inseguridad”, serán capaces de ir atrás de un discurso represivo asquerosamente demagógico, cuya inutilidad completa se reveló una y mil veces? La cuenta que saca Macri es que todavía son muchos. Ha deducido, por pulsión de clase, o porque registra que cuanto mejor se está más miedo puede tenerse a perder alguna quintita, o porque tendrá a sus órdenes a la maquinaria mediática, que es todo o nada. La Presidencia o Juliana. Le llevó su tiempo, y por eso no es cierto que la decisión caía por su propio peso. Apuesta a que, a pesar de lo que se avanzó, ese componente reaccionario de la sociedad argentina es lo suficientemente grande como para ponerle una ficha, aunque pueda quedarse sin el pan y sin la torta.

Que el peronismo antikirchnerista no le garantice ni por asomo la presencia nacional de que carece; que si alcanza la segunda vuelta es dudosísimo su arrastre de voto radical; que no sólo carezca de equipo sino de partido o fuerza militante, directamente, son aspectos que Macri habrá tenido en cuenta, pero sin mayor quite de sueño. Después de todo, él no se metió en política para construir cosa alguna que no fuera un ámbito de negocios institucional, con el apoyo de las grandes facciones de poder económico y el favor de votos que pudiera brindarle la sucesiva defección de los partidos tradicionales. Hoy, ese proyecto tiene la traba de un oponente que suscita ora entusiasmo, ora apoyo por descarte ante la impresentabilidad del resto. Pero confía, o eso sugiere, en que si encarna al original más puro de la derecha, contra fotocopias, insulsos e indecisos, puede haber un espacio importante, y hasta ganador, desde el segmento de la Argentina tilinga, facha, individualista.

¿Tendrá razón Macri? Según la actualidad, no parece. Según la experiencia histórica, siempre hay un huevo de la serpiente dando vueltas. Esa es la auténtica fuerza bruta.

Página 12

07/02/2011 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Carta abierta a Jorge Lanata – por Hugo Presman


Hace varios días que he estado dando vueltas con la intención de escribirte. Lo hago sin otra autoridad que el haberte abierto mi casa para que entraras en forma de voz ( la radio, con programas como Hora 25, Lanata AM), la imagen ( televisión, Día D, Después De Todo), la prensa escrita (Página 12, Crítica, Revista XXI, XXII, XXIII), libros (Cortinas de Humo, La guerra de las Piedras,  Polaroids, Historia de Teller, Argentinos, ADN, Hora 25, Muertos de amor) y varios documentales que realizaste. En una oportunidad fui al programa de radio que hacías en  la Rock and Pop, para ver cómo trabajabas. Soy un oyente radial veterano, de más de sesenta años, y recién hace 12 pude darme el gusto de conducir y coconducir programas de radio. Fui periodista siempre, aunque no ejercía profesionalmente ocupado en la militancia universitaria y política, en la docencia universitaria y en las actividades inherentes al contador público.

 

Muchas veces he dicho ante el micrófono que fuiste uno de los periodistas más originales en las últimas tres décadas. Innovaste en Página 12, en día D, hiciste un buen programa como Hora 25,  y  algunas cosas recordables de fuerte impacto en la revista XXI como  el agujero en la tapa en uno de sus primeros números. No me olvido de una actitud tuya valiente e inusual como la denuncia por irregularidades de una empresa que publicitaba en tu programa.

Recuerdo reportajes que mantenían en vilo al televidente como el que le realizaste a Cecilia Felgueras que codirigía el Pami durante la Alianza, al dirigente sindical Luis Barrionuevo, al periodista Mariano Grondona

Desde que volviste a la televisión en Canal 26- también lo dije al aire- te he notado en una versión light, como si estuvieras aburrido; o debido a que la situación que vive el país con importantes debates, incluido el papel del periodismo, te ha dejado en posición adelantada. Como si una situación esperanzadora aquí y en unos cuantos países de América Latina te dejara en off-side. Como si a los cincuenta años hubieras envejecido exponencialmente. Tal vez el empresario periodístico se comió al periodista, igual que algunos sindicalistas gordos que en su juventud fueron combativos. ¿Habrá también una conceptualización que llegue a calificar de periodistas gordos a aquellos que decidieron arrumbar sus sueños y sucumbieron al reconocimiento del establishment?

Aquel periodista ingenioso se ha transformado en alguien que se plagia mal a sí mismo. Ya había pasado con Crítica que fue una versión menor, muy desmejorada, de la mejor Página 12. Tus reportajes actuales son conversaciones sin repreguntas. Acostumbrado al éxito, transitas  un periodo de reiterados fracasos, como Critica, el teatro de revistas, la escasa repercusión de DDT (Después de Todo). Será por eso o tal vez porque el escenario político no te sienta cómodo que has perdido los estribos. Y entonces empezás a derrapar mal.

Declarás “Me tienen harto con la dictadura”, justamente a  vos que en Página 12 hiciste un emblema de la lucha por verdad y justicia para esclarecer a las aberraciones perpetradas por el terrorismo de estado y sentar en el banquillo de los acusados a los asesinos. En ese editorial dijiste entre otras cosas: “Quiero pensar tranquilo. Déjenme pensar tranquilo…..Hay cosas que estoy de acuerdo con Clarín y en otras estoy de acuerdo con el gobierno….En Argentina no se puede hablar. Sos una cosa u otra ….La pelea con Clarín no es una pelea ideológica, es una pelea por negocios ”

¿Sabés lo que me llama la atención Jorge? Que a pesar de que sos un divulgador histórico, no entiendas que siempre y especialmente en las coyunturas decisivas está lo principal y lo secundario. En el caso de Papel Prensa (que en la revista Noticias afirmás “que no le importa a nadie y encima con pruebas falsas”) lo fundamental es terminar con el monopolio. Lo secundario son las intenciones, que no es el campo de un analista político sino del  psicoanálisis. En la página 402 del tomo 2 de “Argentinos” escribiste: “La historia de Papel Prensa es el sueño de cualquier editor: un monopolio de papel barato.” Resulta contradictorio que  cuando se está librando el combate para revertir situaciones anómalas que vos denunciaste pero obviamente no tenías poder para modificarlo, ahora te entran las dudas. En el modelo lanatacéntrico las cosas son importantes si caen bajo tu interés y dejan de tenerlas cuando la enarbolan otros. Hacés afirmaciones categóricas como “pruebas falsas” y no aportás una sola prueba que avale tu aseveración.   Buscás en la realidad procesos cristalinos. No los hay. Tampoco en la historia, que es la política del pasado como la política es la historia del presente. Tu posición me parece similar al que entra al Vaticano, se para frente a La Piedad de Miguel Ángel y en lugar de admirar la fenomenal escultura, se concentra en la mosca posada sobre la cara de Jesús. Y después sale hablando de la mosca. O en tu estilo conforme a tu escala de prioridades, denunciando que el artista se quedó con un vuelto cuando compró el mármol en Carrara.

Ya cumpliste cincuenta años y es hora que entiendas que una posición ideológica expresa siempre intereses económicos. Un filósofo que sabía de esto, un tal Carlos Marx sostenía: “En la historia como en la naturaleza, la podredumbre es el laboratorio de la vida”

No estamos viviendo una revolución. Apenas- pero para una Argentina arrasada parece revolucionario – un intento de desarrollo capitalista con recuperación de algunos resortes económicos, una mayor presencia del Estado, un mayor control sobre el mercado y  poner en caja algunas corporaciones mientras se favorecen y desarrollan a algunos sectores económicos. Recuperación de la influencia de los sectores sindicalizados y mejoría en las leyes que regulan el trabajo. Predominio de la política sobre la economía. Política exterior latinoamericana con logros como la UNASUR y el no al ALCA. Apenas algunos de los avances concretados. El kirchnerismo tiene continuidades y rupturas con la década infame de los noventa. Por sus rupturas recibe críticas despiadadas del establishment y sus voceros mediáticos. Y por sus continuidades se los crítica desde sectores de izquierda, que según como se ubiquen ayudan a intentar profundizar lo existente o son funcionales al poder económico afectado. Olvidan una vieja frase de Armando Tejada Gómez: “Como el mundo es redondo, si uno se corre mucho a la izquierda, termina abrazado a la derecha”

¿Preguntás por qué ahora se hace esto? La respuesta sería: ¿Por qué no ahora? Si el gobierno avanza en algo que siempre propusiste, no te quedes al costado del camino como un moderno Hamlet sumido en dudas existenciales. Conservá la distancia crítica que te parezca. Pero esa equidistancia debe ser simétrica, tanto en relación al gobierno como del poder económico. Si no tu planteo es tan tramposo como tu reiteración que “la presidenta habló una hora y media, por cadena nacional, de algo que pasó hace 34 años”. Presentó el informe elaborado sobre Papel Prensa ¿ de qué querés que hable? Parecés esos oyentes de radio que cuando uno trata un tema, por ejemplo  la pobreza, llaman diciendo por qué  no se habla  hoy de la inseguridad o la situación de los jubilados, temas tal vez analizados la semana anterior. Demagógicamente preguntaste: ¿Habló del hambre, de la educación, de la inseguridad? Y repetís, con la insistencia que le criticas a 6-7-8: “Ayer la presidenta habló una hora y treinta de Papel Prensa. En todo lo demás nos va como la puta madre. Habló  de algo que pasó hace 34 años cuando hoy y ayer se mueren chicos de hambre.”

Disculpá Jorge pero tu amiga Mirtha Legrand no lo hubiera hecho mejor. Si la misma que te elogia en sus almuerzos en donde sos invitado en soledad y le retribuís su admiración con toneladas de miel hacia su persona dedicándole un libro con la leyenda: “ Para la Chiqui que es una grande. Con cariño y admiración. Jorge”. Permitime que te lo diga, pero al antiguo transgresor progre parece que lo has jubilado. O tal vez coincidas con Elisa Carrió, la que te ofreció ser candidato a jefe de la ciudad de Buenos Aires, quien en otro encuentro gastronómico dijo que la diva manducadora era la mejor periodista argentina.

Parece increíble que en la contienda sobre la ley de medios, creas que Clarín es el más débil. Es tan endeble el multimedio que la ley recién se podrá aplicar integralmente, según quien gane el próximo gobierno o será archivada para siempre. Es un grupo hegemónico tan anoréxico que puede escamotear durante años y años una prueba de ADN de los hijos adoptados irregularmente por Ernestina Herrera de Noble.

Dijiste: “No le creo (a los Kirchner) su preocupación por los derechos humanos porque además compraron los organismos de derechos humanos.” Coincido con vos que los Kirchner no se preocuparon por el tema hasta que primero Néstor y luego Cristina llegaron a la presidencia. Por convicción tardía u oportunismo cambiaron. Vuelvo a decirte: el análisis político considera hechos no intenciones. Si hubieras vivido en 1810/1811  habrías criticado el Plan Secreto de Operaciones de Mariano Moreno porque en 1809 escribió La Representación de los Hacendados que era su antítesis. ¿Que le pasó a Mariano Moreno? te hubieras preguntado. Y te hubieras quedado en el palco mirando cómo se definía la suerte de lo iniciado en 1810. Adoptás la misma posición de los socialistas que se mostraban incómodos y hasta llegaban a votar en contra ante  la ejecución de algunos de sus proyectos por Perón o como Victoria Ocampo que luchaba por el voto femenino pero se opuso cuando lo concretó Eva Perón. Como decía Hipólito Yrigoyen “esas son patéticas miserabilidades”

Decís que compraron a los organismos de derechos humanos. Es una acusación por lo menos aventurada  que sabés que no podes probar. Si Hebe, Nora, o Estela afirmarían que vos decís lo que decís porque querés quedar bien con Clarín ¿como reaccionarías? Tal vez con la crispación adjetivadora de tus declaraciones a la revista Noticias.

En mi opinión, Abuelas y un sector de las  Madres, encontraron después de muchos años de adversidad, donde vos las apoyaste y acompañaste, pero no los gobiernos, un lugar donde fueron comprendidas y reconocidas por el oficialismo.

¿Cuál es el derecho que te asiste de colocarte a la izquierda del dolor de los familiares de las víctimas?  Elsa Oesterheld a la que le desaparecieron su esposo y sus cuatro hijas le dijo a la presidenta en la Feria del Libro de Frankfurt: “Yo que creí estar muerta y hoy vuelvo a tener esperanzas.” Solidarizarse y haber luchado y seguir luchando por verdad y justicia de una tragedia argentina es justo y lógico. Sobreactuar el dolor por encima de las víctimas ronda el grotesco. Me imagino que te debe sacudir hasta las vísceras cuando Estela de Carlotto dice que “ Lanata está del tomate” o “ que tus declaraciones son de un papanata.” ¿No sería bueno que incorpores el comentario de los más directamente afectados por el terrorismo de estado, reflexionando en dónde has quedado ubicado?  Tal vez te ayude en tu deseo de pensar tranquilo.

También sostenés que “somos el hazmerreir en el exterior” Osvaldo Bayer, un crítico duro, insobornable, a quién vos llevaste a Página 12, le dijo al diario Tiempo Argentino en relación a la Feria del Libro de Frankfurt: “Hace diez años nadie imaginaba que la Argentina sería la invitada de honor” ( 8-10-2010 página 35)

En la revista Noticias insistís: “El kirchnerismo usó y prostituyó los derechos humanos…por un lado parte de los organismos se vendieron y por otro lado el gobierno los usó o ellos se dejaron usar. Es una mezcla de todo” Cuando uno formula este tipo de afirmaciones, es conveniente observar quiénes aplauden y quiénes critican. Si alguien propone la reforma agraria y recibe el aplauso de la Sociedad Rural, es obvio que el que está equivocado es el que la propone y no quienes la aplauden. Uno de los nietos recuperados ha afirmado que cuando te veía el apropiador quería que apague la tele y ahora está seguro que te aplaudiría.

“Hay mucha mentira alrededor de los setenta y me hartó. Me lo fui bancando durante muchos años, pero finalmente cuando los setenta llegan al poder, como hoy, y piensan la política de la misma manera en lo que hacían hace 40 años tenemos que hacer algo porque si no todo va a volver al mismo quilombo. Porque nada te garantiza que cuatro forros no vayan a agarrar los fierros y armar quilombo otra vez” Parece mentira que manejes un análisis tan superficial. Ni los tiempos son comparables ni las situaciones. Por una cuestión de edad a los setenta los leíste o te lo contaron. Por las mismas razones fui testigo y protagonista secundario de aquella etapa. La mal llamada Revolución Argentina había radicalizado y nacionalizado a la pequeña burguesía descubriendo las potencialidades del peronismo, incluso sobrevalorando las mismas. La sociedad en sus sectores mayoritarios hablaba y proponía como mínimo un capitalismo de estado y como máximo el socialismo. El Cordobazo implicó un hito en  un sostenido avance de las masas. Surgieron  organizaciones armadas que tenían justificativo- más allá que no estaba de acuerdo con la  metodología- por la proscripción de las mayorías populares personificada en Perón exiliado. En general en los sectores radicalizados y en los revolucionarios se sentía desprecio por la democracia a la que se consideraba formal. El retorno de Perón fue una épica nacida en la resistencia y concretada en los setenta. Las organizaciones armadas perdieron su justificación a partir del 11 de marzo de 1973. ¿ Encontrás alguna semejanza con la actualidad para hacer una comparación tan liviana?

El terrorismo de estado con sus horrores  ha sepultado bajo una lápida la posibilidad de discutir los grandes errores cometidos las organizaciones armadas. Ese es un debate pendiente que vos querés cancelar simplemente por una cuestión de hartazgo.

Decís ahora: “pero finalmente cuando los setenta llegan al poder”. Te olvidás de lo que escribiste hace poco tiempo: “En esos años Kirchner militó en agrupaciones vinculadas a la Juventud Peronista pero- contra el mito que se sostiene hoy- nunca formó parte de la Tendencia Revolucionaria ( agrupación de superficie del movimiento guerrillero) ni de Montoneros” ( Página 119 de tu libro Hora 25, impreso en octubre del 2008)

Impacta esa mezcla de superficialidad, enojo y desenfreno verbal. Etiquetás a 6-7-8 como “ un grupo de tareas”. Calificar un programa de televisión como un grupo de tareas además de ser una banalización lamentable, está en la misma línea de Elisa Carrió que consideró que el  kirchnerismo es el nazismo sin campos de concentración. Respondés a críticas conceptuales con adjetivaciones descalificatorias como “rata”, mientras tu originalidad se ha reducido a llevar un cerdo al estudio y tus análisis naufragan en la superficie de las cosas. Considerás dos veces como excelente un artículo que “casualmente” publican el mismo día (miércoles 6-10-2010) La Nacíón y Clarín titulado “Maradona como metáfora argentina”, recogido de El País de España, cuya autoría es de John Carlín y Carlos Pierini. Pensar que esa retahíla de lugares comunes del pensamiento colonizador y de sus seguidores colonizados encuentra el origen de la decadencia en los “gobiernos populistas, corruptos e incompetentes” y en la añoranza de la Argentina “granero del mundo”. No es casual tampoco que el editorial de La Nación del 10 de octubre dice con respecto a la mencionada nota: “la repercusión general   se explica por haber dado en el centro de las razones coaligadas en la disparatada caída que la Argentina viene sufriendo en relación con el concierto mundial de naciones”

En Argentinos tomo II, en la bibliografía que mencionás como consultada figuran tres libros de Arturo Jauretche. Parece que no los leíste o si lo hiciste no lo entendiste.

Tus posiciones actuales le inspirarían un nuevo capítulo de su Manual de Zonceras. El “izquierdista, divulgador histórico” coincidiendo con el diario cuyo fundador escribió la falsificada historia oficial, en dos de sus caballitos de batalla: la añoranza de la Argentina pastoril del primer centenario y el populismo como causante de la decadencia argentina.

El lanatismo, enfermedad infantil de periodismo

Salgo de la carta por algunas líneas. Un pequeño paréntesis. El periodismo de los setenta fue militante. No escondía cuál era su posición ideológica. No está mal esa posición siempre que surja claramente desde qué lugar y pertenencia se hace periodismo. Durante la dictadura establishment- militar el periodismo más valiente y meritorio como el de Buenos Aires Herald, que denunció las desapariciones, nunca entendió que los horrores eran necesarios a la política económica que apoyaba. Nunca comprendió que no fue Videla el que puso a Martínez de Hoz sino que fue Martínez de Hoz (lo que él representaba) el que eligió a Videla. En los noventa, la escuela lanatiana, fue la existencia de un periodismo por encima de todo. El periodista estrella como fiscal. En medio de instituciones que se desmoronaban, el periodismo lanatiano se elevaba como un faro ético. Era periodismo a secas. Por encima de las ideologías, los periodistas eran más importantes que los protagonistas de la historia. Era el que la contaba, o como se decía persistentemente los que escribían la primera versión de la historia. La tergiversación de roles llegó al punto que en esta ubicación del periodismo lanatiano, el relato del gol de Maradona realizado por Víctor Hugo Morales era más importante que Maradona y su gol.

Se hizo de la corrupción el centro del análisis, mientras lo principal que ocurría,  la venta del país pasaba a un segundo plano. Si Robert Cox  sólo apreciaba las desapariciones sin comprender su vinculación con la política económica, Lanata veía la corrupción como centro de su análisis. Incluso en el programa de Mariano Grondona en un debate con Jorge Asis, cuando éste afirma que la oposición al gobierno es el periodismo, el director de Página 12 contestó:  “ Yo creo que la principal oposición que tiene el gobierno  son sus  políticos corruptos”

Un integrante de la escudería Lanata, el escritor Martín Caparrós declaró  en La Nación del 10-02-2010: “Cuando periodistas muy bien intencionados iluminaban la corrupción menemista, Menem estaba cambiando la estructura socioeconómica de la Argentina como nadie lo había hecho. Mientras se consolidaba un modelo de exclusión que todavía estamos sufriendo, el periodismo estaba atento a la leche adulterada o al frigorífico. Ahora pasa lo mismo. Volvemos a la facilidad “¡ ah, son corruptos, roban!”. Yo le llamo a eso honestismo”

Se recurrió a un lenguaje moralista que como bien señala el ensayista Juan José Becerra “es la hamaca paraguaya del pensamiento político”. Está muy bien denunciar la corrupción siempre que se la contextualice  porque como decía Carlos Marx citado por José Pablo Feinmann en “La filosofía y el barro de la historia: “El capital viene al mundo chorreando sangre y lodo” (Capítulo XXIV del primer tomo de El Capital) . Si no se procede así, resulta tan ingenuo como descubrir que las chicas que trabajan en un prostíbulo no son vírgenes y salir a gritarlo a los cuatro vientos.

El periodismo político por encima de la política misma es tan ilusorio como los gurúes económicos que engañaban con una economía aséptica desprendida de la política.

El kirchnerismo bajó del pedestal al periodismo y lo puso en tela de juicio. A veces con desmesuras y arbitrariedades. Pero quedó bajo una mirada crítica, como los políticos, los gurúes económicos, el FMI, la justicia, la policía, los empresarios, el sindicalismo. En ese contexto Jorge Lanata está según la Revista Noticias “furioso, exultante, exaltado.” Es posible que todo sea una gigante equivocación. Lanata nunca superó una caracterización de “progre” y lo que ello conlleva como incomprensión de la realidad cuando  no se presenta fácil de aprehender como sucedió durante el menemismo. Es un liberal de izquierda al estilo norteamericano que en una etapa de la historia nacional derramó ingenio y audacia. No es un analista político Por eso cuando la realidad se complejiza, Lanata muestra sus limitaciones y superficialidad.  Y como Elisa Carrió su mirada sólo pasa por la mirilla de la corrupción que además debe tener a él como denunciante. Una visión tan reducida fue sintetizada hace unos años en programa radial EL TREN, por el periodista y escritor venezolano Modesto Emilio Guerrero quién afirmó, transformando el  título de un libro famoso de Lenín : “ El lanatismo es la enfermedad infantil del periodismo”

PD:

Éstas son algunas de las cosas que te quería decir Jorge. Tal vez estés en condiciones de emprender la vuelta y que aceptes que un primer actor desconcertado puede  pasar a ser un buen artista de reparto. Para ello seguramente tengas que desaprender algunas cosas. En la disyuntiva sarmientina de civilización y barbarie, es conveniente observar la realidad desde el campo que los civilizadores llaman barbarie. Desde ahí se puede intentar comprender los movimientos populares en América Latina. Es bueno llevar en la mochila a Arturo Jauretche, a algunos autores del pensamiento nacional como Rodolfo Puiggrós, Jorge Abelardo Ramos, Jorge Spilimbergo entre otros,  y cuando uno tiene  dudas dónde posicionarse ante una realidad compleja que mezcla el oro y el barro, usar una brújula a prueba de errores: ver dónde está el grueso del poder económico y los medios hegemónicos y ubicarse enfrente. Salvo que efectivamente quieras estar bajo la protección del PODER. En ese caso deberías asumir esa posición, sin pudores, y no descalificar  groseramente a todo aquél que te critique, como si fueras un intocable.

Si seguís tan enojado, denostando con argumentos simplistas hasta a los estudiantes secundarios que toman colegios y deciden enamorarse nuevamente de la política, cuando seas más  grande es posible que llegues a ser un Pepe Eliaschev II. Y si el éxito te sonríe como cuando eras progre, tal vez alcances a Joaquín Morales Solá

 

Diario Registrado

23/11/2010 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Politica Latinoamerica, Uncategorized | , , , , , | 4 comentarios

Argentina – Cinco meses sin una ley opositora


Más división que acuerdo

Publicado el 7 de Agosto de 2010

Por Alberto Dearriba Periodista.
En tren de sospechar libremente, uno puede suponer que, si a los que votan contra las corporaciones los estimula el gobierno, los que lo hacen a favor son beneficiados por los intereses más concentrados.

Tras cinco meses de sesiones ordinarias en el Congreso sin que el Grupo A consiga sancionar ley alguna, espadas de la oposición descubrieron con ayuda de los medios más concentrados que los integrantes de la Cámara Alta están en situación de remate y se venden al mejor postor. La primera piedra fue lanzada por el ex oficialista Felipe Solá, quien aseguró que el gobierno sale de shopping para torcer voluntades. Su humorada –que empaña al cuerpo en su conjunto sin precisar un caso concreto– es tan ofensiva como la que podrían haber proferido los legisladores oficialistas cuando el propio Solá votó contra la resolución 125 en la Cámara Baja, pese a integrar entonces la bancada oficialista.
En tren de sospechar libremente, uno puede suponer que si a los que votan contra las corporaciones los estimula el gobierno, los que lo hacen a favor son beneficiados por los intereses más concentrados. Salvo que exista un doble estándar para juzgar la moral de los legisladores: cuando votan a favor de proyectos oficialistas son corruptos y cuando lo hacen en contra, son paladines de la democracia.
Más de una docena de diputados que llegaron a sus bancas en las boletas del Frente para la Victoria votan sistemáticamente contra el gobierno en la Cámara Baja, sin que los medios echen sospechas sobre ellos. Un puñado de senadores arribados de la misma forma a la Cámara Alta apoyan los proyectos opositores. El vicepresidente de la Nación gozó durante más de un año de la categoría de principal opositor luego de aquella madrugada célebre que lo convirtió en un héroe republicano al votar contra el gobierno que todavía integra formalmente.
Pero ni Solá, ni Cobos, ni sus pares que se pasaron a la oposición son corruptos por haber votado en favor de los sojeros, sino que decidieron priorizaron sus vínculos con los intereses agroexportadores antes que continuar junto al gobierno.
No se trata aquí de ocultar ningún posible chanchullo en una casa que quedó manchada a partir de la sanción de la “Ley Banelco”, en la que la justicia detectó sobornos a los legisladores para que aprobaran una ley que flexibilizaba normas laborales, con lo cual se favorecía a las empresas. Pero no parece justo que la santafesina Roxana Latorre se convierta en la peor del colegio cuando decide no votar el proyecto opositor que impulsa el 82% móvil para las jubilaciones, porque considera que se tata de una movida demagógica. ¿A cuento de qué el senador Emilio Rached viene a contar ahora que el gobierno lo apretó cuando se votó la 125? Es poco creíble que el Senado sea una cloaca cuando la oposición no puede imponer su voluntad, y un faro institucional cuando sepulta un proyecto oficialista.
Sería más propio pensar que si bien el kirchnerismo perdió las elecciones de junio del año pasado al ver reducido su número de legisladores, las cuentas tampoco son tan favorables al conglomerado opositor, en el cual además andan a los codazos por las candidaturas presidenciales.
El heterogéneo Grupo A puede mantenerse unido cuando apunta con un proyecto a limar el poder del kirchnerismo, pero no logra coincidencias cuando debe decidir quién paga el pato de los proyectos que imagina. Están todos de acuerdo con aumentar las jubilaciones, pero sólo los diputados de centroizquierda proponen que la medida sea financiada con un aumento en los aportes patronales, que reponga el nivel que tenían antes que Domingo Cavallo los podara. Distribuir recursos es siempre popular. Cristina Fernández lo graficó al señalar que no sólo estaba de acuerdo con el 82%, sino con el 100%. Pero establecer cargas para solventar el beneficio pone de mal humor a quienes deben pagarlas. Impulsemos entonces lo que junta votos y no lo que provoca mal humor, parecen haber acordado los legisladores del centro a la derecha
Las contradicciones internas del Grupo A también aparecen claramente en el intento por rebajar las retenciones a las exportaciones de soja. La conductora de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, apoya férreamente la postura de la Sociedad Rural que propone mantener sólo las de la soja en un 25%. Carrió describió una parábola que la llevó desde posiciones de centroizquierda en sus comienzos, a defender a capa y espada una renta extraordinaria. Está claro el giro a la derecha de sus propuestas políticas. Pero nadie tiene derecho a echar la honra de la chaqueña a los perros por este cambio. Se trata de una opción acorde con sus reales convicciones, que evidentemente no eran aquellas de sus comienzos. Los socialistas en cambio parecen más consecuentes en este aspecto con sus planteos históricos, ya que coinciden con la Federación Agraria en segmentar las retenciones. Y también los radicales son congruentes con sus vaivenes históricos, ya que no consiguen unificar una postura en el bloque que cuenta con la mayor cantidad de agrodiputados de entidades distintas.
Peronistas de derecha, macristas, radicales y lilitos, son capaces de rendirse juntos como lo hicieron la semana pasada ante la corporación sojera en la Sociedad Rural, o esta semana en la comida con el titular del grupo mediático más concentrado. Pero no se ponen de acuerdo para sancionar una ley. Pueden encontrar una brecha ahora con el proyecto para modificar al Indec, que tal vez sea el primero que atraviese los gruesos muros del Congreso. Les resulta más fácil unirse cuando se trata de limar al gobierno, pero estallan cuando deben apostar a intereses económicos en pugna.
Ante estas dificultades, lanzaron una campaña de sospechas generalizadas sobre la Cámara Alta que los medios que expresan el poder amplificaron. Intentan encubrir la incapacidad política de la oposición, o la aritmética parlamentaria desfavorable, para señalar, en cambio, al dinero corruptor del gobierno como freno de sus aspiraciones. Desesperados por la imposibilidad de derrotar al oficialismo y así cumplir con el sector de la sociedad que siente un odio visceral hacia el kirchnerismo, escupen peligrosamente hacia arriba. Utilizan la estrategia de los directores técnicos de fútbol, que antes de los partidos siembran sospechas sobre la honra de los árbitros con el fin de condicionar sus fallos. Se suman a peligrosas posturas antipolíticas, que apuntan a explicar todo por la vía fácil del soborno, sin tener en cuenta la ideología, el alineamiento partidario y los intereses concretos de los jugadores. Carlos Reutemann no votó contra la 125 porque lo sobornaron, sino porque es un conservador convencido, con intereses personales que se ven perjudicados por las retenciones. Cobos vio la posibilidad de dejar de ser el tipo que tocaba sólo la campanita y se tiró políticamente a la pileta. A Solá no le pagó Monsanto, sino que responde al sector con el cual tejió buena parte de su carrera política durante el menemismo. Culpar de todo a la billetera gubernamental –confundiendo el juego habitual de la política con la coima que engrosa fortunas personales– no hace más que esconder las propias limitaciones y debilitar al sistema democrático en su conjunto.
Los legisladores opositores invirtieron cinco meses intentando denunciar sin éxito supuestas violaciones constitucionales, sin resultados concretos ni mejoras en las encuestas. Dijeron que usar reservas para pagar deuda desataría sobre la economía las siete plagas de Egipto. Pero se pagó prácticamente todo el Fondo de Desendeudamiento completo y la economía sigue creciendo.
A partir de septiembre –mientras continúan ingresando los dólares de la cosecha récord– se volcarán al consumo más de 1400 millones de pesos por mes, por efecto de los aumentos en las jubilaciones y en las asignaciones por hijo (universal, familiar y discapacitado). No es que los jubilados vayan a bailar en una pata por el incremento de casi el 17% que tendrán sus escasos haberes desde septiembre; ni que los padres de los chicos vayan a tirar manteca al techo por el nuevo nivel de las asignaciones. Tampoco cambiará substancialmente la vida de quienes perciben el salario mínimo que era de 1500 pesos y no podrá ser menor a 1740 desde este mes y de 1840 pesos desde enero. Pero queda en claro que fue el kirchnerismo el que sacó los haberes previsionales del congelamiento, puso a funcionar el Consejo del Salario Mínimo y convocó a las negociaciones colectivas que establecieron aumentos promedio del 25%. Frente a estas módicas mejoras, están las increíbles propuestas de alcanzar mañana mismo el anhelado objetivo del 82% móvil, sin contrapartida fiscal alguna. Lo plantean quienes congelaron, privatizaron y recortaron los haberes. Los que creyeron que la crisis se salvaba con más ajuste, en vez de apostar a un mercado interno más generoso. Los que creen que la inversión social es una dádiva propia del detestable populismo.    <

Tiempo Argentino

07/08/2010 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Gob. de la Ciudad de Buenos Aires – A pagar los daños sin fijar límites


ACUERDAN UNA LEY PARA QUE LOS SUBSIDIOS POR LAS INUNDACIONES NO TENGAN TOPE

Las comisiones de Presupuesto y Obras Públicas aprobaron por unanimidad un dictamen para ampliar los alcances de los subsidios a los damnificados por los temporales de febrero. La ley se discutirá en la Legislatura el próximo 8 de abril.

A más de un mes del temporal, los subsidios por las inundaciones tienen fecha para ser tratados en la Legislatura porteña. Ayer, todos los diputados de las comisiones de Presupuesto y de Obras Públicas aprobaron el proyecto que modifica la ley 1575, que creó el Fondo de Emergencias para Subsidios, y el decreto firmado por Mauricio Macri en febrero pasado para paliar los daños producidos por las últimas tormentas en la ciudad de Buenos Aires. La reforma llegará al recinto el próximo 8 de abril y tiene por objetivo extender el derecho a mayor cantidad de damnificados y reducir los condicionamientos para lograrlo. Entre los puntos a cambiar, se eliminarán los topes mínimos y máximos de los montos, se incluirán a las personas que viven en asentamientos o villas y a los vecinos que se encuentren en calidad de morosos. Además y para este año, el Fondo se incrementa de 10 a 20 millones de pesos.

El proyecto que ayer obtuvo dictamen por unanimidad de las comisiones de Presupuesto y de Obras Públicas de la Legislatura e intentará convertirse en ley el mes próximo es, en realidad, la reelaboración de varias iniciativas presentadas por diputados de distintos bloques luego de que se inundara la ciudad en febrero pasado. Entre sus fundamentos, el documento destaca que “sin duda debemos concluir que el Poder Ejecutivo demostró un grado de inoperancia e improvisación injustificables, (…) mientras se invierte en lo visible, como pavimentos y veredas, lo invisible, un plan hidráulico integral para toda la ciudad, continúa siendo una utopía”.

Pese a las manifiestas críticas al oficialismo porteño, el proyecto para modificar el decreto de Macri por la inundaciones logró el acuerdo de la totalidad del arco político local. Tanto el PRO –que tienen mayoría en el recinto–, Proyecto Sur, la Coalición Cívica, como el kirchnerismo acordaron que la suma de dinero que permita paliar los daños ocasionados por las inundaciones no tendrá topes mínimos ni máximos, sino que será fijado en cada caso por la autoridad encargada de verificar los daños producidos. Es decir, el Poder Ejecutivo.

“Es un subsidio, no una indemnización: el ciudadano que crea insuficiente el monto de dinero otorgado por el gobierno podrá iniciar un juicio”, explicó María América González, diputada por Proyecto Sur y una de las ideólogas de la iniciativa. Además, según la legisladora, “el dinero a pagar incluye los daños ocasionados a los inmuebles, la reparación o sustitución de los electrodomésticos los deberá cubrir la empresa encargar de proveer el servicio eléctrico”.

También, el proyecto de ley estable un máximo de 70 días hábiles para que el gobierno realice la verificación necesaria del daño producido y, una vez vencido ese plazo, se considera ratificado lo denunciado por el vecino.

Uno de los objetivos más importantes del proyecto es extender el derecho a la mayor cantidad de damnificados y, en consecuencia, reducir a su mínima expresión los condicionamientos para lograrlo. A diferencia de lo establecido por la ley 1575, sancionada en 2004, “aquellos vecinos que se encuentren en calidad de morosos podrán acceder al subsidio adhiriéndose a un plan de facilidades de pago o debitando el monto de su deuda fiscal del dinero a percibir”, contó a Página/12 la diputada González.

Según los fundamentos del proyecto, el artículo 3º de la ley, “dejaba fuera del sistema de beneficios a la franja poblacional de menor recurso y más vulnerable”. En caso de aprobarse las modificaciones, podrán acceder al subsidio, además de los titulares de viviendas y los ocupantes legítimos, los damnificados que vivan en núcleos habitacionales transitorios (hoteles familiares), villas y asentamientos de la ciudad. En tal caso, “el ocupante deberá acreditar de manera fehaciente el domicilio habitual y permanente, quedando exceptuados de cualquier otro requisito”.

En el proyecto, el Fondo de Subsidios se incrementa de 10 a 20 millones de pesos para que se atiendan los daños ocurridos en 2010. El monto se tomará aumentando la cuota del Fondo al 1,5 por ciento de lo que se recaude por ABL. Y, a partir de 2011, la Legislatura deberá establecer el monto destinado al Fondo en el Presupuesto de la Ciudad, que no podrá ser inferior al 1 por ciento de lo recaudado por ABL.

Asimismo, insta al Ejecutivo porteño a que ante fenómenos meteorológicos extraordinarios que provoquen inundaciones se instrumenten “las medidas necesarias para que el Banco de la Ciudad establezca una línea de crédito específica a tasa subsidiada destinada a asistir a personas físicas, consorcios de edificios y locales comerciales damnificados”.

Informe: Mariana Seghezzo.

27/03/2010 Posted by | General, Medio Ambiente, Politica Latinoamerica, Uncategorized | , , , , , , , , | Deja un comentario

Reflexiones de Ricardo Foster


Reflexiones a la hora del crepúsculo

Por Ricardo Forster

“Sólo por amor a los desesperados
conservamos aún la esperanza.”

Walter Benjamin

La política y sus tiempos. La política y la capacidad de devorar en un instante todo aquello que amenaza con salirse de las exigencias de lo urgente. La política y la clausura del pasado, pero no entendido como tiempo cristalizado, como núcleo de una melancolía insoportable, sino entendida, la política, como dominio abusivo y brutalizador del aquí y ahora que vuelve ilegítima cualquier fidelidad o, más grave todavía, cualquier persistencia en un giro anacrónico del lenguaje y de las pasiones. Todo debe jugarse en el absoluto del presente que engulle sin piedad los entusiasmos de ayer. No parece quedar ni la sombra del recuerdo o, cuanto mucho, una leve mueca de autoconmiseración por haber sido tan ingenuos, tan poco realistas, tan absurdamente quiméricos, que pudimos imaginar en un momento de extravío y alucinación que éramos testigos, y quizás parte, de un cambio histórico, de una rara inflexión de una época previamente anunciada como de clausura. A la hora del crepúsculo, como decía el viejo Hegel, la filosofía levanta vuelo para intentar comprender lo sucedido. Son muchos los que se despiertan de su largo sueño, ese que prolongaron mientras las cosas sucedían sin ellos o contra ellos, para dedicarse a recordarnos todo lo que se ha hecho mal, todo lo que se hubiera podido hacer y no se hizo. Son los críticos de última hora, los aventajados que saben sacar ventaja cuando las hojas ya han caído del árbol pero que nunca se atrevieron a enlodarse cuando la historia se volvía barro y urgencia. Son aquellos que nos lanzan a boca de jarro que gracias a los desaguisados del kirchnerismo hoy regresa la derecha y amenaza con volverse nuevamente hegemónica. Olvidan, prefieren hacerlo, que si la derecha restauracionista está entre no-sotros es porque algo sucedió en estos últimos años, algo de lo insólito y de lo inesperado que, entre otras cosas, reinstaló la cuestión degradada de lo político y nos ofreció la rara oportunidad de recuperar, bajo nuevas condiciones y abriéndonos a otras posibilidades hermenéuticas, lenguajes rapiñados en tiempos de oscuridad y de derrota; mundos conceptuales que se nos habían extraviado o que habían sido sometidos a la dura crítica, que suele ser impiadosa, del acontecer histórico.

¿Qué fue de las izquierdas siempre esclarecidas y dueñas de la verdad y de las tradiciones nacional-populares en los noventa, más allá de sus insistencias dogmáticas y de sus cegueras para intentar leer la densidad de los nuevos tiempos? ¿Qué fue de ese progresismo bienpensante, pulcro y republicano cuando le tocó la hora de ejercer el gobierno? ¿Qué fue de los libros que nos ampararon al construir nuestras biografías político-intelectuales cuando tuvimos que recorrer el arduo pero indispensable camino de la revisión crítica? Algunos intentamos construir refugios para guarecernos de la tormenta desatada sobre todos nosotros por una época brutal del capitalismo vencedor; refugios en gran medida apartados de la escena pública y de la política allí donde ambas parecían alejarse miles de kilómetros de aquello que creíamos significativo (los ladrillos con los que construimos esos refugios estaban hechos de los saberes amados, de los libros que nos apasionaron, de aquellos otros que no habíamos leído en las horas de la urgencia y, por qué no reconocerlo, de los dogmatismos). Otros resistieron dando batallas minoritarias y testimoniales, valiosas en sí mismas. Los más cerraron el folio de sus antiguos compromisos juveniles para adaptarse a las nuevas condiciones de una época cruel y antiutópica. Todos, de diversos modos, sufrimos el impacto de ese giro impensado en el interior de nuestra historia reciente.

¿Cuesta regresar al punto de partida como para intentar otra mirada? ¿Qué éramos y dónde estábamos en el 2003? ¿Qué esperábamos de ese a destiempo alocado que se llama/ó kirchnerismo? ¿Qué fue de la anomalía y de la excepcionalidad, apenas un giro ingenioso del lenguaje para dar cuenta de lo que no podíamos dar cuenta? ¿Olvidamos, acaso, las escrituras ciertas, por aparentemente incuestionables, de lo destinado nacional, las marcas persistentes de lo peor en el cuerpo de la sociedad que no esperaba y menos deseaba lo que aconteció inesperadamente el 25 de mayo de 2003? ¿Qué país éramos en ese inicio catastrófico y degradante de un milenio que nos devolvía la imagen de una decadencia indetenible? ¿Qué nos había sucedido durante la década menemista?, una década que se comió el alma de gran parte de los argentinos que, como en otros momentos graves de la historia, olvidaron rápidamente sus compromisos y sus opciones. Esas mismas opciones que hoy, convenientemente travestidas, regresan de la mano de una derecha mediática (así, al menos, la veía Nicolás Casullo a la derecha en esta época de un neoliberalismo articulado no sólo como giro económico del capitalismo sino, fundamentalmente, como revolución cultural afincada en los lenguajes universal-homogeneizantes de los medios de comunicación de masas), capaz de penetrar en lo profundo del sentido común de vastos sectores sociales y de modificar intensamente los imaginarios de época para fusionarlos con los objetivos del poder económico y de sus prácticas culturales. El enceguecimiento posmoderno del aquí y ahora, la lógica avasalladora del instante parecen apropiarse de nuestra capacidad para auscultar los signos del presente mirándonos en el espejo de un pasado que, aunque ya no lo sepamos ni lo queramos o podamos ver, insiste en nosotros recordándonos dónde estábamos y de dónde veníamos.

Errores, muchos, pero cómo no cometerlos cuando el giro loco de la historia hacía tiempo que había dejado huérfanos de ideas a los supuestos portadores de lo emancipatorio (ya se que muchos dirán que lo venían advirtiendo, usarán sus certezas incontaminadas para demostrar que las maneras de comprender este tiempo de la historia son equivalentes a las que siempre hemos utilizado como si las furias de esa misma historia no nos hubieran atacado impiadosamente, cual termitas que se devoran maderas carcomidas por el paso del tiempo). Descreerán de lo extraordinario que hasta hace muy poco era la marca de la originalidad, de la de ellos y de la nuestra. Dirán (¿diremos?) que todo fue apenas una ilusión, casi un equívoco, como quien toma una calle que de repente lo conduce hacia una zona de la ciudad que permanecía desconocida, hasta que se da cuenta de que eso mismo que le resultaba desconocido era tan sólo una falsa escenografía. Mientras tanto los pasos nos devuelven a lo conocido, a las desilusiones de siempre pero satisfechos por nuestros aciertos y nuestras aseveraciones autocumplidas. Ni un resto de fidelidad a ese loco entusiasmo que nos tomó desprevenidos, regreso al redil del realismo o, peor, del posibilismo. De nuevo a asumir la sensatez, a regresar a la seriedad que necesita una verdadera República y de la que carecimos a lo largo de esta experiencia alucinada que descuidó, eso nos dicen desde diversos lados, las formas. Se acabó, el tiempo de la anomalía se volvió espectral, es apenas un fantasma que ya no asusta a nadie y, mucho menos, recorre nuestras geografías devastadas, una vez más, por la seriedad de lo inexorable. Los tiempos se han cumplido y hemos regresado a nuestra cotidianidad, aquella que se despoja de la esperanza imposible para afirmarse en la certeza de lo cumplido como anuncio de lo peor, es decir, el fin de la excepcionalidad y de la espera sin garantías.

¿Eso es lo que deseamos? ¿Tanto para tan poco? ¿No es acaso ahora, cuando el desfiladero se estrecha, el momento de la insistencia, la loca afirmación de lo a deshora? ¿No es éste el núcleo de lo imaginado como lo propio de esas cartas abiertas que se nos ocurrió escribir para decir de otro modo, con otras palabras, aquello que estaba sucediendo y que amenazaba, una vez más, con tragarse lo inaugurado en el 2003? ¿No constituyó una sorpresa, para propios y extraños, y en especial para la derecha mediática, la aparición de esos intelectuales que salían a defender a un gobierno impresentable, desprolijo, soberbio, hegemónico y rodeado de piqueteros? ¿Imaginábamos que los avatares laberínticos de nuestras vidas nos permitirían esta segunda oportunidad para intervenir, ahora de otro modo y con las enseñanzas del dolor a cuestas, en la escena política? ¿No fue acaso esa desprolijidad plebeya la que nos conmovió y nos convocó cuando toda forma de “gestión” de lo público parecía definitivamente capturada por los lenguajes tecnocráticos y por las apelaciones hipócritas a la calidad institucional mientras se desguasaba el Estado y se agusanaban las lógicas de la distribución de la riqueza en nombre de las sacrosantas leyes del mercado? ¿No intentamos, acaso, darle forma a nuevas palabras que buscaran dar cuenta de lo propio de una época anómala, sabiendo que lo político se muere allí donde no se reinventa bajo otras experiencias y en la búsqueda de nuevos lenguajes? Lo único garantizado en este tramo de la experiencia humana, decía Theodor W. Adorno con un cierto dejo de pesimismo, es la reproducción de la barbarie. Tal vez por eso lo que queda, lo que nos queda, es seguir insistiendo. Hoy más que nunca para impedir que se consume esa barbarie que, entre nosotros, lleva la forma de la restauración conservadora.

El kirchnerismo (¿pero… qué es eso?) nos donó lo que parecía perdido: la actualidad de nuestras nostalgias, la alegría de intensidades olvidadas, la oportunidad de un entusiasmo crepuscular y bello. Abrió las compuertas cerradas de la política habilitando un diálogo que parecía imposible entre generaciones separadas por los abismos de la historia y de las derrotas. Asustó, sí, asustó como hacía mucho tiempo que no ocurría a los poderes de siempre, a esa derecha que sintió un escalofrío y que tuvo que iniciar el camino de la horadación del Gobierno para clausurar cualquier intento de cambio posible en un país que había renunciado a todo cambio. Demasiado, al menos para mí, como si lo ajado hubiera encontrado una nueva e imposible circunstancia para fugarse de lo cumplido y asomar de nuevo su rostro por las sendas de una historia continental. Como si aquellas reflexiones benjaminianas, las que nos recuerdan el potencial dislocador y subversivo de la nostalgia en una época dominada por el instante y la fugacidad, se hubieran vestido con las galas de lo impensado y de lo inesperado permitiéndonos reencontrarnos con nuestras mejores tradiciones intelectuales y políticas. Extraña circunstancia en la que incluso pudimos recuperar una poética de la emancipación transformándola en el lenguaje extravagante, por injurioso de las formas aceptadas, de cartas lanzadas al ruedo de la política. ¿Valió la pena? Kirchner se ha equivocado mucho, eso decimos y seguramente tenemos razón… pero acaso ¿si no se hubiera equivocado, algo de lo acontecido hubiera sucedido? ¿No somos el resultado de un error, no es la actualidad nacional ese a deshora del que hablaba hamletianamente o apelando, por qué no, a los espectros de Marx? ¿No se abre ahora, precisamente ahora, un tiempo para entramar los hilos de las lenguas que se hablaron durante estos años de yapa? ¿Hay algo de gratitud en nosotros? ¿Vale en política la fidelidad gratuita? ¿Pecaremos de ingenuos? En fin, perdón, por estas reflexiones crepusculares.

 

09/08/2009 Posted by | General, Sociedad y Cultura | , , , , , | Deja un comentario

Argentina: Derrota del oficialismo en las elecciones legislativas. El modelo y los modales


10/7/2009

x Jorge Sanmartino

La restauración del reinado del FMI, el retraso salarial, los despidos, serán arduas faenas que ni la oposición ni un futuro gobierno de derechas lograrán fácilmente

Para algunos analistas la gente no votó contra el modelo, sino contra los modales. Sobre esa base, algunos dirigentes del PJ reclaman que se “democratice” el poder con los gobernadores que ganaron. La oposición de derecha afirma que los modales son parte del modelo, aunque ella misma se esconda detrás de las formas para no revelar su contenido. Existe confusión sobre las causas de la derrota.

El ciclo kirchnerista entró en su ocaso desde la crisis de las retenciones y las elecciones del 28 de junio afirmaron y aceleraron la tendencia. Los ganadores que pasaron de pantalla, entre ellas Reuteman, Macri y Cobos, y juegan la del 2011, son todas variantes de derecha. Pero también existió un voto a su izquierda, representado por el de Pino Solanas en Capital, Sabattella en Provincia de Buenos Aires, y la izquierda en tercer lugar. Los próximos dos años serán escenarios de fuertes disputas de poder, de reacomodamientos y de fuertes desafíos para los movimientos populares, en sintonía con la polarización política y la crisis económica que presenciamos en América Latina.

La burguesía nacional y sus mentores

El desgajamiento y la pérdida de poder del elenco de gobierno, comenzó con la crisis del campo. Una derecha dividida, desorientada y debilitada encontró en la burguesía agraria, moderna, dinámica, y fundamental para el tipo de acumulación capitalista vigente, al aportar el grueso de las divisas que ingresan al país, a los voceros más conspicuos para taladrar la muralla que en aquella época, que parece una eternidad, se mostraba inquebrantable. Lo hizo incluso con los métodos de las clases subalternas: con piquetes, manifestaciones masivas, cacerolazos. Ya había dicho hace tiempo el investigador marxista Nicos Poulantzas que las clases sociales no se forman mirándose a sí mismas en el espejo sino en la confrontación, relación y comunicación con las clases enemigas. La burguesía agraria, acompañada por la pequeña burguesía rural, logró desarticular el poder oficial no sólo por los errores del Poder Ejecutivo, no sólo por el papel espectacular, extraordinario de los medios de comunicación (que de ninguna manera se debería subestimar), sino porque constituyen un pilar sobresaliente del tipo de economía exportadora que la Argentina reproduce, al igual que los otros países de la región, como parte de la división internacional del trabajo, en la que participa como exportadora de agroalimentos de bajo valor agregado para mercados como los asiáticos que, a su vez, participan en este mundo globalizado como proveedores industriales de bienes de consumo masivo.

De la soja viven provincias enteras y para el 2010 se prevé que la siempre total del yuyo verde ascienda al 70% de toda la agricultura nacional. Este esquema hace de la Argentina una país económicamente frágil y dependiente y sólo una radical modificación del esquema de poder, de la estrategia política industrial y de servicios, y de una poderosa base social que la sostenga, podría modificar de raíz esta tendencia que el “automatismo económico” del mercado impone por su propia lógica y penetra en los poros más profundos de la sociedad, hasta calar hondo incluso en los valores y el espíritu de una época. La burguesía agraria, si descontamos a ciertos sectores de la banca, y un grupo muy reducido de industrias, como las automotrices, Techint y pocas más, constituyen el factor más dinámico de la burguesía nacional, aquella que el peronismo en el poder se empecinó en levantar de sus cenizas para que eche a andar. La UIA, al denunciar en época de crisis la “chavización” del gobierno, demostró que no aspira ser el “estandarte de la patria” ni el sujeto social de la salvación nacional, como pretendían Néstor y Cristina, sino una capa semi parasitaria que vivió al calor de los subsidios y que exige defender sus posiciones aún a costa de su propio programa.

Porque al exigir hoy una fuerte devaluación del peso (en definitiva ahí radica el núcleo de la disputa y el affaire Chávez), se consideran naturales aliadas de la burguesía agraria para enfrentar juntas las demandas salariales y la caída de las ganancias. Pero los industriales lo hacen a costa de su propio pellejo, pues una fuerte devaluación encarece los precios de los alimentos y disminuye el consumo popular, la esencia de la producción nacional según los mejores manuales peronistas. Pero todo eso es teoría. Es que la Argentina de hoy no es la de los años 70, ni siquiera de los 80. Ahora domina claramente el capital concentrado, orientado a la exportación de la producción y a la explotación de los recursos naturales, como la siderurgia y los alimentos o el petróleo, mientras la producción de bienes de capital sigue siendo marginal.

Fue el poder real, económico, cultural y social que esta burguesía posee la que, junto con las tradiciones políticas de amplios sectores de las clases medias urbanas, le dio un eco decisivo al “reclamo del campo” y la que cimentó el triunfo electoral de todas las variantes que se opusieron a la resolución 125. La burguesía nacional no está muerta, sólo que no es nacional y popular como se la imaginan algunos trasnochados de la morada oficial. El gobierno cayó preso de sus propias contradicciones. Lejos de apostar a medidas radicales para afianzar social, económica y políticamente a su base social popular, apostó por lo que creía eran sus aliados naturales: la burguesía nacional concentrada (agraria e industrial) y el aparato del PJ. Apostó y perdió. Por eso se simplifica demasiado cuando se habla de “lo que se hizo” y “lo que falta”, pues lo que falta no es el producto de una carencia, sino de un exceso, es decir del carácter de clase de toda una política y unos objetivos de colaboración de clases que hoy, mejor dicho, ya en el conflicto con el campo, comienza su eclipse.

El matrimonio presidencial no se parece a Chávez ni a Evo Morales, no posee las cualidades de la “izquierda carnívora”, ni se propuso democratizar la democracia convocando a una asamblea constituyente, a pesar que la derecha aviva el fantasma “populista”. Fue útil a la clase capitalista cuando cumplió el papel de bombero de la crisis social desatada en el 2001, pero inútil como vehículo de sus propios intereses. Se puede objetar que entre el gobierno y la oposición no había discusión de fondo, porque, en última instancia, el kirchnerismo jamás propuso cambios de fondo. Pero en política los matices cuentan, y mucho. No se trata de embellecer o disfrazar a nadie. La feroz disputa que se propusieron las cámaras patronales contra el “neodesarrollismo” oficial, quizá no constituya una “guerra de modelos” (habría primero que ponerse de acuerdo en lo que significa esta palabra tan poco “científica” en las ciencias sociales), pero, cómo llamarlo, si responde a “matices” que a los actores del drama parecían importarles mucho. A confesión de partes revelo de pruebas. Pero, si la burguesía ganó tanta plata durante estos 6 años, ¿por qué motivo “serrucha” el poder del gobierno?, ¿por qué mata a la “gallina de los huevos de oro”? En mi opinión, porque a pesar de todo, no lo sienten como su gobierno. Nunca pudieron entrar a la Casa Rosada desfilando por aquellas alfombras rojas como lo hicieron en épocas doradas. Nunca dejaron de sufrir los arbitrajes del ministerio de Trabajo, que antes era una oficina patronal y ahora había que fatigarla.

En definitiva, tuvieron que negociar con una fuerza sindical a la que se habían desacostumbrado y que creían más muerta que el tiranosaurio rex. Después de más de 15 años de puro capitalismo, después de haberle torcido el brazo a un desahuciado y mendicante Alfonsín, después de haber entregado su alma al diablo y volverse diablo al fin, los capitalistas nativos no soportaron siquiera tibias regulaciones estatales ni suaves distribuciones de renta. Los portavoces del “modelo neodesarrollista” creían en un angelical equilibrio entre las ganancias, las rentas y los ingresos. Qué tiernos. Defendieron, bajo métodos capitalistas, el mandato popular de seguir creando empleos y recuperar, aunque lentamente, el salario, algo que desde comienzos del 2008 se le hizo muy difícil. Algunas de las medidas tomadas fueron un reconocimiento a la exigencia social que encabezaron los piqueteros desde las luchas contra el menemismo. Y las retenciones móviles fueron una de ellas, por los motivos que hayan sido. Por eso fue correcto defender la resolución 125 a pesar de todas las críticas que podía y debía hacerse al elenco presidencial (y por eso fue ¡ay!, tan equivocada la postura de Pino Solanas y Claudio Lozano al votar contra la 125, hecho que quizá, ojalá, hayan meditado y rectificado, aunque no lo digan en público): el más evidente, haber fomentado, él mismo, el modelo de acumulación sojero-petrolero.

Hoy, aquí, se hizo evidente que entre el neodesarrollismo light y pejotizado de la pareja presidencial y la pulsión al beneficio puro y sin mediaciones regulativas de la clase capitalista, había tanta distancia como la que se evidenció en el terremoto político que la Argentina vive desde el voto “no positivo” del teniente general don Cleto Cobos y que dividió, como en la época de Perón, a las mejores familias. No se trató, estoy convencido, de que Néstor Kirchner se haya enredado con el cable del teléfono, ni de que haya “chocado la calesita”. Para una clase capitalista exaltada y acostumbrada a los triunfos, eran más que matices. No discutamos más si fue el modelo o los modales. Los Kirchner creyeron resolver el tema como se hace en la estancia. Se equivocaron, porque quisieron ser capataces cuando debían ser, para el establishment, simples peones. No pudieron ser lo primero y no quisieron ser lo segundo. Y se fueron hundiendo, sin pena ni gloria, llevando con ellos los consejos demodé de un folletito doctrinario que no se consigue ni en las viejas bibliotecas: “La comunidad organizada”.

El consenso y la democracia que pregona la derecha

Un componente cultural indiscutible anida en el rencor de buena parte del establishment y la cúpula del poder social, hasta el lapsus de considerar al elenco dirigente como un reciclado de montoneros trasnochados a los que había, sí o sí, que derrotar. ¿La idea del consenso no comenzará a hacerse presente de nuevo en el pedido de amnistía, para “no avivar los odios del pasado”? El intelectual orgánico de la carpa menemista, pero también de una legión de hombres de la caverna, el Clown Jorge Asís, o el filósofo del golpe militar Mariano Grondona, no pierden un segundo. La simbología derechista es producida en cantidades industriales en la prensa y la web y distribuida y consumida diariamente. Que las clases dominantes no se resignan a perder ni una parcela de su poder, aun incluso bajo los gobiernos más moderados de la región, lo demuestra la sorda lucha de la inmensa mayoría de las corporaciones empresario-mediáticas en todos los países de la región.

En Honduras fue depuesto Zelaya, un liberal que se deslizó peligrosamente hacia el ALBA y comenzó a mirar con cariño a Chávez y sus contratos petroleros, que afectó negocios de empresas como la Shell y ESSO. Fue un golpe apoyado por las corporaciones, la Iglesia, las élites económicas y culturales y la totalidad de los grandes medios de comunicación. Al coro de golpistas se le ha unido la CNN con fervor inusitado. Pero otro tanto ocurre en Venezuela, Bolivia e incluso en Paraguay, Brasil o Ecuador. Los medios de comunicación se han vuelto un arma poderosa de los sectores más reaccionarios y un instrumento de agitación para las elites y las nuevas clases medias altas. Aquí también, el kirchnerismo es víctima de su propio enredo. El proyecto de ley de radiodifusión irritó a los barones de la multimedia, pero llega demasiado tarde, como en aquellas novelas que, para darle dramatismo, el héroe acude a destiempo, y claro, al final el drama se vuelve comedia. Su fuerza parlamentaria quedó irremediablemente menguada y es poco probable que prospere.

Aún así, ni el dinero de De Narváez (que existe), ni la saturación de la corporación mediática (que existe), ni la “traición” (¿traición?) de los intendentes (que parece no existir) explican de por sí una derrota que se veía venir (incluso si Kichner hubiera ganado por poco en Buenos Aires). Prevalecieron, como se viene diciendo, varios factores que lo explican. La batalla ideológica es una, de importancia fundamental, porque la derecha no triunfó sobre un gobierno que hizo de este país un jardín de rosas sino sobre la impotencia y los límites del neodesarrollismo.

La Iglesia, las patronales y la oposición de derecha ganaron a la opinión pública en torno al “consenso”, que se volvió en todo el continente, un eufemismo de la sumisión al status quo neoliberal. Vargas Llosa y toda la runfla reaccionaria del continente vienen machacando contra el “autoritarismo” y la “falta de consenso” de los gobiernos “populistas” como el de Chávez o Evo Morales. A ella se acaba de sumar hace pocos meses nuestra querida burguesía nacional, la que supimos conseguir. Bajo la denuncia de “autoritarismo” las derechas del continente han apelado al golpe militar (Venezuela 2002), al paro petrolero y la asfixia económica (Venezuela 2003 y 2004), al sabotaje autonomista (Bolivia hasta el día de hoy), a la presión política y económica (Ecuador), y al golpe militar (Honduras), con el visto bueno o la indiferencia de las administraciones norteamericanas. Hoy, aquí, no hizo falta. Su triunfo fue haber revestido de manera exitosa el lenguaje de la guerra de clases y la revancha social y política, bajo el suave manto de la “libertad de expresión”, la “democracia” y el “consenso”.

El paro agrario y el corte de rutas, la presión económica de la UIA a favor de la devaluación, la campaña permanente de los medios de comunicación, la espoliación demagógica de mayor seguridad, fueron utilizados en los dos últimos años bajo la impronta de la “institucionalidad”, el “diálogo” y en “repudio a la soberbia”. A falta de una defensa digna de ese nombre, la derecha cosechó a favor de su discurso más del 60% de las opiniones. El resultado electoral no hace más que certificar un hecho. Ganaron la batalla porque las armas del gobierno fueron pálidos recuerdos de “un tiempo mejor”, destellos apenas poetizados de “un país feliz” con “empresarios nacionales” como “Don Carlo” y trabajadores orgullosos a imagen de Moyano.

Para poder neutralizar el vendaval de la derecha, hacía falta una movilización social y política de grandes mayorías populares que el kirchnerismo, convocado para poner orden y pacificar el país, nunca incentivó. Al sacar al movimiento popular de la calle, selló al mismo tiempo su propia suerte. El mito de la “falta de consenso”, basado en una campaña “republicana” inclusos por aquellos que siguen hoy alabando a Onganía o defendiendo al menemismo, o que pedían hasta hace poco tiempo mano dura contra los piqueteros, ha derramado su ideología incluso entre los sectores populares del conurbano. El decisionismo kirchnerista (en verdad un pálido e irreconocible boceto de lo que entendía Carl Schmitt) fue lindo para sacar a la gente de la calle y poner orden en el país, pero es horrorosamente autoritario para establecer impuestos sobre la renta extraordinaria…

La parodia del pan radicalismo y del PRO fue eficaz en franjas pobres porque el declive de los índices económicos desde principios del 2008 comenzó a sentirse en el bolsillo de los sectores más humildes. Quizá no de los asalariados formales y sindicalizados, que votaron masivamente al gobierno, pero sí entre los sectores más desprotegidos.

La recomposición del radicalismo luego del desastre de De La Rua, el triunfo de todas las vertientes pro ruralistas del peronismo y de la “nueva política” de Francisco billetera De Narváez, constituyen un triunfo, mediado, no conclusivo, relativizado, pero triunfo al fin de una derecha revanchista, antipopular, que intentará revertir las pocas conquistas democráticas, sociales y políticas que se han logrado desde el 2001 a esta parte. Pero una cosas es querer y otra poder. Es dudoso que amplios sectores populares hayan votado un programa conservador a conciencia. Se trató, para ellos, más de modales que de modelo. La restauración del reinado del FMI, el ajuste fiscal, el retraso salarial, los despidos, el aumento de los precios a consecuencia de la eliminación de las retenciones, serán arduas faenas que ni las bancadas de la oposición ni un futuro gobierno de derechas lograrán fácilmente. Por algo hablaron más de los modales que del modelo, y en ese acto de deliberado ocultamiento está el homenaje que el vicio le rinde a la virtud.

[*] Sociólogo, integrante del EDI (Economistas de Izquierda), de la Asociación Gramsciana y de la Corriente Praxis.


La Haine

10/07/2009 Posted by | Uncategorized | , , , , | Deja un comentario