America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Máximo Kirchner o la excepcionalidad asumida – Roberto Caballero


Máximo Kirchner o la excepcionalidad asumida
El hijo de la presidenta es una pieza extraña al sistema político colonizado por la demanda mediática. Lo atacan por eso, y porque representa un kirchnerismo que, lejos de irse, continúa en el tiempo.

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Máximo Kirchner es una pieza extraña al sistema político colonizado por la demanda mediática. No le gustan las cámaras, ni los sets de televisión, ni las entrevistas y, mucho menos, que Clarín le ordene el libreto sobre lo que hay que decir o lo que hay que hacer.

A su manera, es un actor político diferente, que al estilo de Salinger o el Indio Solari, reclama no ser mediatizado en una sociedad atravesada por los medios de comunicación, donde la pantalla ocupa hoy el lugar que antes ocupaba el crucifijo. Máximo Kirchner propone un desafío que tensiona todo ese andamiaje: exponerse cuando él quiere o su proyecto lo exige, y no cuando lo impone la lógica de los mass media. Podrán discutirse los efectos de esta decisión, preguntarse si lo que ayuda a construir el mito contracultural y la militancia devota es útil a la hora de sumar los votos de los no evangelizados que también se necesitan para ganar una elección. O si, en cambio, hay que buscar estirar los tiempos hasta terminar de evangelizarlos a todos.

“Máximo Kirchner asumió su verdadera excepcionalidad, no encaja en ninguna matriz conocida y tiene naturales dotes de estratega. Sus próximos pasos, por ahora, son un enigma. Pero se equivocan los que temen a su candidatura”.
Pero hay algo que no admite mucho debate. Está claro que la comunicación hegemónica no se lo perdona. La revista Caras no lo pudo retratar en su baño con grifería de oro y aún maldice que se haya casado con una médica y no con una modelo de la agencia de Leandro Santos. La revista Noticias, de la misma editorial Perfil, se lo confundió una vez con el sobrino de Moneta y ahora, casi, casi con Robledo Puch.

Clarín hizo agua esta semana cuando lo quiso involucrar con insólitas cuentas en el exterior derivadas, no se sabe muy bien todavía, si de la venta de uranio enriquecido o agua pesada, o petróleo, o trigo, o de las “play station” que ya no usa a la República Islámica de Irán. Y La Nación todavía está pensando cómo puede hacer para incluirlo, por vía de sus novelistas habituales, en alguna trama oscura con Monzer Al Kassar o el Isis.

No fue a pesar de eso, sino por esa rareza devenida en cualidad, la de no poder encajarlo en alguna de sus historias abismales, que el hijo de la presidenta, en setiembre pasado, sorprendió a algunos hablando como dirigente a 40 mil militantes de La Cámpora en Argentinos Juniors. Aquel día, el tercer Kirchner después de Néstor y Cristina, decidió por propia voluntad romper la imagen de “jugador de Play” prefabricada. Fue una acción deliberada, porque durante un largo tiempo, él mismo se valió del fantástico error de caracterización de los grupos de la comunicación sobre su desdibujada figura pública, para desplazarse casi clandestinamente en una zona poco iluminada de la política y construir la más combativa y obediente organización de militantes de apoyo al gobierno.

El haber aprovechado la distracción de un adversario convencido de la fantasmal mitología que erigió por prejuicio, habla de un estratega capaz que eligió el momento oportuno -ni antes, ni después- para subirse al ring de la pelea. No cuando los otros querían, que era cuando se sentían fuertes y dominantes, sino en un momento de descuido y sólo para mantener o avanzar en la posición.

La decisión de sepultar al “jugador de Play” tuvo beneficios y costos para él y su gente. Cuando el estratega ordena un movimiento, por exitoso que sea, se hace inmediatamente visible en la mesa de arena.

Desde entonces, Máximo Kirchner se convirtió en un blanco móvil del Grupo Clarín y del Partido Judicial. Pero también es cierto que la visibilidad de aquel día, terminó de cimentar el liderazgo carismático sobre su propia tropa y comenzó a extenderse hacia un segundo círculo militante, más amplio y silvestre, del movimiento kirchnerista que se encontraba en una deriva compleja elaborando el duelo por la imposibilidad constitucional de Cristina de ejercer una nueva presidencia.

Entonces tuvo que elegir entre el ocultamiento y la referencialidad para resistir y seguir creciendo, en un contexto donde la presidenta era asediada por el bloque opositor a sus políticas y hasta por miembros del mismo espacio oficial alcanzados por la teoría del “fin de ciclo” agitada por los editorialistas de Clarín y La Nación. En los tiempos del famoso “olor a cala”, Máximo Kirchner asumió la responsabilidad de oxigenar el ambiente. Se hizo cargo de la excepcionalidad de su propia historia, porque no hay un hijo de dos presidentes que se haya dedicado a la política de verdad, e irrumpió en público para avisar que nadie velara al kirchnerismo porque tenía herederos vivos con vocación de poder.

Los costos están a la vista. La campaña de demonización de su nombre y del de La Cámpora, entró en fase demencial. La emergencia de un nuevo líder, expresión además de una juventud militante que estira en el tiempo vital el proyecto kirchnerista, sacó de las casillas al status quo envejecido. Los querían “sushis” y “antonitos”, vocacionalmente inclinados al maquillaje y el stand up televisivo, vanidosamente vulnerables, superficiales y operables. Les salieron rebeldes, místicos, alegres y contraculturales. Quieren ser como Néstor y Cristina, descolgar cuadros, hacer vivible este país. No tienen como modelo a Fernando de la Rúa.

Es demasiada novedad para un poder fosilizado, orgulloso de glorias que no tuvo, soberbio con nada, o casi nada: la juventud que ellos anhelan es la que aparecía sonriente en la tapa de la revista Viva de Clarín en 2000, que llevaba por título “La Joven Guardia”. Un año después, el país ardía y cuarenta argentinos regaban con su sangre las plazas de la república.

No se trata de la doble vara. El poder elogia lo que pretende y castiga aquello que desafía su plan. Trata con mano de seda a unos y a sablazos a los otros. La Cámpora nunca tuvo una tapa como la que Clarín le dedicó a los “sushis” delarruistas. Por el contrario, hay una saga implacable de títulos, copetes y notas de Clarín, La Nación y la revista Noticias que la asocian a lo maldito. En ese marco deben leerse las notas de Clarín sobre cuentas en el exterior y la última tapa que dedicó el newsmagazine de Jorge Fontevecchia a Máximo Kirchner. O el intento previo de vincular a Andrés Larroque con el encubrimiento de la voladura de la AMIA.

Es un intento de demonización para domesticar lo indomesticable. Un esfuerzo sideral por tapar lo que no les gusta que pase: la sobrevida de un proyecto que los puso bajo el reflector y la crítica democrática, que es a lo que temen de verdad.

Cuando Máximo Kirchner habló con Víctor Hugo Morales, lo menos importante fue que desmintiera a Clarín. Una investigación periodística, por definición, no se puede asentar en potenciales, porque estos debilitan aquello que se pretende hacer público. Lo afirma el propio Daniel Santoro en “Técnica de Investigación”, libro que editó en los ‘90. Si se investiga, se revela algo, no se conjetura sobre hechos. Si se publica, es porque ya no hay dudas de que estos fueron una manera comprobable y no de otra imaginaria. Es una cuestión de metodología profesional. Santoro escribió que sus jefes lo obligaron a hacer lo que hizo. Y que Máximo Kirchner ahora debería certificar que él miente. Lo correcto, sería lo inverso. Cuando este diario reveló que Héctor Magnetto, Bartolomé Mitre y Ernestina Noble, dos de ellos jefes de Santoro, se apropiaron de Papel Prensa en complicidad con la dictadura genocida, aportó documentación incontrastable.

Que un sector del Poder Judicial sea, por decirlo de manera liviana, perezoso cuando se trata de empresarios, no inhabilita la evidencia que hoy obra en poder del juzgado. Jueces y fiscales ya confirmaron la necesidad de investigar de manera urgente la existencia de delitos de lesa humanidad y se ratificó el pedido de las indagatorias de los dueños de Clarín y La Nación, que ya tiene casi media década. Eso, con potenciales, no se logra.

Pero decíamos que lo menos relevante fue la explicación del líder de La Cámpora sobre este asunto. Lo trascendente fue su nueva aparición pública, después del acto en Argentinos Juniors. Otra vez generó estupor en unos y admiración en otros. Su hablar pausado, su retórica sencilla y honda, su conceptualización del momento político, dejó embobado incluso al panel de “Intratables”, que no se caracteriza precisamente por ser complaciente con el oficialismo.

Silvia Fernández Barrio, que tiene una suerte de máster en antikirchnerismo militante, dijo que el hijo de la presidenta estaba llamado a ser el hombre que cierre “la grieta” y que podría sentarse a hablar con él sin problemas. No es que Fernández Barrio sea la analista excluyente para mensurar el ADN ideológico de Máximo Kirchner, pero el rol que juega en ese programa, como representante de un sentido común extendido que estaría molesto por los modales y gestualidades de Cristina Kirchner, admite que sea citada para corroborar un dato interesante: cuando habla, el jefe de La Cámpora concita atención y respeto porque es duro y sereno a la vez, aún entre aquellos que detestan al oficialismo por múltiples razones, algunas atendibles y otras insufribles.

Aunque resulte prematuro afirmarlo, habría –y en este caso, el potencial vale porque es una hipótesis a ser demostrada- una porción nada desdeñable de la sociedad que estaría dispuesta a prestar el oído para escuchar lo que tiene para decir un kircherista puro que habla más claro y mejor que sus muchos y voluntariosos exégetas.

Máximo Kirchner es visualizado como un kirchnerista auténtico que reúne las virtudes de sus padres, pero incontaminado de ciertos defectos que, forzadamente, les atribuyen a sus mayores los encarnizados y poderosos enemigos que colectaron en estos años.

Es a eso, en verdad, a la eventual reconexión del kircherismo con ese sector cuya subjetividad es machacada insistentemente por los medios hegemónicos, que la derecha teme. De cara a las elecciones que vienen, pero incluso más allá. Los asusta que haya alguien que pueda descolonizar a su clientela sin frases hirientes, ni estropicios ideológicos.

Máximo Kirchner demuestra que hay otra manera de hacer política. Una que no grita, que puede autonomizarse de la exigencia mediática, que no se casa con modelitos para dejarse ver en un yate, que llena estadios y habla con tono pastoral, que consigue seguidores que le creen, que dirige algo de verdad, que tiene sentimientos –cuando explicó la sensación que le produjo íntimamente que Mirtha Legrand dudara de que su padre estuviera en el ataúd, desnudó el grado de bestialización del debate público naturalizado por los voceros del establishment- y mucha vida por delante.

La desesperación es evidente en sus tapas. La de Noticias, del dueño de Perfil y accionista de Veja, que alimentó la operación de Clarín, sobre todo. Ponerle esposas a un dirigente político es una orden a los jueces de fuerte carácter simbólico, pero la preocupación que atribuyen a la Casa Rosada, en realidad, es la propia. Hay un Kirchner al que no pueden proscribir. Está ahí. Ya no “juega a la Play”. Ahora los desafía y aparecen audiencias masivas que quieren escuchar qué tiene para decirles.

Máximo Kirchner asumió su verdadera excepcionalidad, no encaja en ninguna matriz conocida y tiene naturales dotes de estratega. Sus próximos pasos, por ahora, son un enigma. Pero se equivocan los que temen a su candidatura. Llegan tarde. Porque Máximo Kirchner ya es candidato. Sólo es una cuestión de tiempo.

IMFONEWS

09/04/2015 Posted by | General, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , | Deja un comentario

Discurso completo de Máximo Kirchner en el acto de La Cámpora en Argentinos Juniors 13-09-2014


14/09/2014 Posted by | Uncategorized | , , , , | Deja un comentario

LA PALABRA DE MAXIMO KIRCHNER Y LA CONTINUIDAD DEL MODELO – 04-03-14


PARTE I

PARTE II

PARTE III

14/09/2014 Posted by | Uncategorized | , , , , , , , , , , | Deja un comentario

De terror por Luis Bruschtein


Un escenario aterrador: el Vatayón Militante está reclutando presos (y de los peores) para formar escuadrones de la muerte kirchneristas, La Cámpora está desarrollando una campaña de lavado de cerebros en escuelas y jardines de infantes, se nacionalizan empresas para esconder negociados obscenos, los movimientos sociales se han convertido en grupos de choque rentados por el Gobierno y la prensa libre está amordazada. Carrió dice que vivimos bajo una dictadura fascista, la diputada independiente (del PRO) Laura Alonso dice que todas las libertades y garantías individuales están en riesgo y un ex secretario de Cultura afirma que los militantes kirchneristas son peores que los nazis.

Frente a tanto exceso pasa casi desapercibido que el jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires esté procesado por la formación de un grupo de inteligencia ilegal en el área del Gobierno de la Ciudad, por haberle dado apoyo material y por haberse aprovechado de sus actividades. El macrismo se respalda en ese escenario estremecedor y explica que se trata de otra operación del kirchnerismo para encubrir el sistema nacional-socialista hitleriano que se está incubando a pasos acelerados en el país.

Nadie aclara cómo la prensa “libre” favorecida por el 90 por ciento de la pauta publicitaria privada que es, a su vez, el 90 por ciento o más de la pauta total, está silenciada. Porque esos medios son los que han realizado la campaña contra el Vatayón Militante y contra La Cámpora, contra la estatización de Ciccone, son los que publican panfletos como el del ex secretario de Cultura Marcos Aguinis y los que dan entidad a las expresiones de histeria política que son imposibles de constatar en la realidad. No hubo ninguna medida contra esos medios. Son y serán criticados (como es normal que suceda con cualquier medio de cualquier signo político), pero no fueron perseguidos ni silenciados y seguirán su actividad por muchos años.

Hasta resulta gracioso que el escritor que fue asesor del ex presidente De la Rúa acuse a los militantes sociales kirchneristas de ser peores que los nazis porque “al menos –escribió– los nazis tenían una ideología, en tanto que los kirchneristas lo hacen sólo por dinero”. Gracioso, si no fuera patético, porque De la Rúa fue responsable de una política represiva que produjo decenas de muertos entre la militancia social como la que cuestiona Aguinis. Una militancia que resistió las políticas neoliberales de los años ’90 que respaldó Aguinis. Pero además, Aguinis fue secretario de Cultura durante once meses en el gobierno de Raúl Alfonsín. No hizo nada que valga la pena destacar. Pasó por el cargo sin pena ni gloria. Pero por esos mínimos once meses se hizo acreedor de una jubilación de privilegio que no tuvo vergüenza en cobrar. Aguinis es un hombre de derecha y no tiene autoridad para calificar de ser “peores que los nazis” a militantes que participaron en la resistencia contra el neoliberalismo de los años ’90 que destruyó al país y que fue apoyado por Aguinis, que nunca fue perseguido y, por el contrario, se benefició materialmente por su actividad pública con una inmerecida jubilación de privilegio. El hombre incluso defendió su derecho a cobrarla. Más aún, en esa época se dijo que había sido apartado del cargo por su inoperancia y por haber usado los vehículos oficiales para actividades personales. El dicho popular asienta que el ladrón piensa que los demás son como él. Es una metáfora, pero alguien que después de pasar once meses en la administración pública piensa que tiene derecho a una jubilación de privilegio, es lógico que suponga que los demás son como él. A una persona así ni se le pasa por la cabeza que pueda haber una militancia desinteresada.

Si el país estuviera como lo pintan, habría bandas violentas aterrando a los opositores o atacando a los medios opositores o amedrentando a la población. Las policías estarían haciendo allanamientos, maltratando a las personas y habría centenares de presos políticos. No hay nada de eso. Y si se produjeron hechos aislados, ninguno quedó impune como en otras épocas. Lo real es que lo del Vatayón Militante admite un debate sobre las políticas penitenciarias de reinserción, pero no se trata de la creación de bandas kirchneristas como dieron a entender los grandes medios “silenciados”. Lo del adoctrinamiento en escuelas y jardines de infantes no resiste el menor análisis. Y si se piensa, tampoco lo resiste la afirmación de que se estatizó Ciccone para tapar un negociado. Puede haber o no hechos de corrupción, pero estatizar para taparlos sería como tirar la bomba atómica para destruir un hormiguero.

En todo caso, el tema de la corrupción es discutible. Para los medios opositores y la oposición política, estaría probada la participación del vicepresidente Amado Boudou. El Gobierno lo niega. Y la Justicia hasta ahora no ha podido probar las acusaciones que hicieron los medios. Es una investigación que ni siquiera tiene procesados. No hay nada que apure al Gobierno para tapar nada, porque en la Justicia no parece haber ningún destape. Usar este argumento para votar en contra de la estatización de Ciccone después de haber presentado proyectos para estatizar esa misma empresa, como sucedió con los radicales y una parte de los diputados del Frente Amplio Progresista, pone en evidencia la debilidad de las convicciones. Fue más coherente Luis Juez en ese sentido, que apoyó la estatización, aunque mantiene la misma tesitura que el resto de la oposición respecto de las denuncias de corrupción formuladas por Clarín y La Nación.

Uno de los reclamos de la oposición es la falta de diálogo por parte del Gobierno, pero es muy difícil, aquí y en cualquier parte, establecer un diálogo con alguien que lo acusa de nazi-fascista o que lleva a niveles de insulto cualquier tema que se podría prestar a debates enriquecedores. En ese punto, la oposición cierra la posibilidad del mismo diálogo que reclama.

Lo que sí haría un régimen nazi o uno fascista sería espiar la vida privada de los ciudadanos bajo sospecha o molestos para el poder. No hay ninguna acusación mediática ni legal contra el gobierno nacional sobre ese tema. Sin embargo, uno de los dirigentes más importantes de la oposición, el jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, está procesado en un juicio por espionaje telefónico ilegal y los grandes medios se esfuerzan por mantener el tema fuera de los titulares. Ayer el fiscal federal Jorge Di Lello pidió que la causa, en la que está procesado Mauricio Macri, fuera elevada a juicio oral.

La única defensa a la que atina el macrismo es acusar nuevamente al gobierno nacional de haber armado la causa. Sin embargo, no se trata esta vez de una acusación mediática imposible de probar ante la Justicia o una acusación efectista como las que suelen montarse en las operaciones de ese tipo. En este caso ya hubo una investigación que reunió pruebas suficientes para acusar a Macri de partícipe necesario en la formación de un grupo de inteligencia ilegal en su gobierno y de haberse favorecido con su actividad en, por lo menos, dos casos: el espionaje al familiar de víctimas de la AMIA, Sergio Burstein, y el que se realizó a un cuñado del mismo Macri, que no es aceptado por la familia. La investigación judicial fue desarrollada en primera instancia, luego ratificada por la Cámara y luego por Casación. Se trata de una causa que difícilmente pueda ser considerada parcial o manipulada en algún sentido.

Macri tiene que responder a esas acusaciones concretas, no le alcanza con acusar al gobierno nacional. Pero su estrategia dilatoria da la impresión de que no tiene más respuestas. El juicio oral y público recién se realizaría a finales del año próximo, es decir poco después de las elecciones del 2013 y antes de las del 2015, donde Macri será candidato presidencial. La especulación de Macri es estirar las acciones legales hasta el fin de su mandato. Entre tanto se mantendrá esta situación tan grave y, al mismo tiempo, silenciada en la que un jefe de Gobierno, uno de los principales dirigentes de la oposición y candidato presidencial, esté procesado por la Justicia por abuso de poder para espiar en forma ilegal a los ciudadanos. Quizás esta situación explique la estrategia de Macri de victimizarse o de confrontación permanente y sobre cualquier tema con la Casa Rosada. Si su única defensa es acusar al gobierno nacional, tiene que colocarse públicamente como su principal enemigo.

Página 12

04/09/2012 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

Sigan participando – Eduardo Aliverti (Excelente artículo)


Página/12 :: El país :: Sigan participando.

Estos hablan de seguridad jurídica? Estos son los que critican a los trabajadores cuando reclaman en las calles sus derechos?

14/05/2012 Posted by | Uncategorized | , , , , , , , , , , | 2 comentarios

Ganar 2011 para transformar la Argentina


Política y juventud


Publicado el 18 de Agosto de 2010

Por José María Ottavis
Presidente de la JP bonaerense.

A nosotros no nos engañan ni Duhalde, ni De Narváez, ni Solá, ni Macri: con ellos, el peronismo se vuelve inofensivo. Se convierte en una simple herramienta electoral, no en un movimiento revolucionario.

La juventud tiene una relación de glorias y fracasos con la historia argentina. De glorias: fue ella el motor de las gestas más importantes que marcaron a nuestro país. Desde las luchas por la independencia, pasando por las jornadas de octubre del ’45, el retorno de Perón luego de 18 años, para terminar el 19 y 20 de diciembre de 2001 con la resistencia al neoliberalismo. De fracasos: también eran jóvenes los perseguidos durante la resistencia peronista, los desaparecidos por la Dictadura, los que murieron heroicamente en Malvinas, y los excluidos y marginados en los ’90. Ese rol trascendente vuelve a la juventud en un acto imprescindible de la historia nacional.
A plantearlo con claridad: la única demostración de que a la clase dirigente le importa el futuro la tenemos cuando escucha lo que los jóvenes tienen para decir o los incluye en la toma de las decisiones. Caso contrario, son palabras huecas, mentirosas. Simples y berretas estrategias de márketing. Un “plan” que no tiene plan.
El kirchnerismo ha renovado la relación de la dirigencia política con la juventud de su tiempo. ¿Qué ha ocurrido? Por un lado, ha tenido evidentes logros en su gestión que han repercutido en las nuevas generaciones: se crearon millones de empleos, se recuperó el salario de los pibes, las familias mejoraron sus perspectivas de cara al futuro, la Asignación Universal garantizó mayor inclusión, se incrementó notablemente el financiamiento educativo, el programa Conectar–Igualdad, por citar algunos. Son jóvenes los destinatarios directos de estas intervenciones trascendentales.
El caso de la Asignación Universal merece un párrafo aparte. Se trata de una transferencia de miles de millones de pesos hacia los sectores más vulnerables. Es la inversión social más destacable de América Latina. Además, la medida aumentó la matrícula educativa en un 25%. No hay futuro posible sin chicos en las escuelas.
Pero la relación kirchnerismo y juventud no se asienta sólo en resultados materiales. Desde 2003 la Casa Rosada dejó de ser un lugar ocupado por sirvientes de las corporaciones pasó a ser un símbolo de la transformación argentina. La Ley de Medios, la política de DD HH, el matrimonio igualitario, la estatización de las AFJP, por nombrar algunos casos, son decisiones que instituyen nuevos derechos, profundizan la democracia y rompen con el statu quo.
En ese contexto, los jóvenes no podemos menos que sentirnos interpelados. Los que venimos de una tradición militante, que somos peronistas, vemos en el kirchnerismo la expresión de nuestros anhelos. Con claridad: Néstor Kirchner y Cristina Fernández expresan la independencia económica, la soberanía política y la justicia social. Como señalaba una editorial de La Cámpora: “Peronismo puro, kirchnerismo al palo.” A nosotros no nos engañan ni Duhalde, ni De Narváez, ni Solá ni Macri: con ellos, el peronismo se vuelve inofensivo. Se convierte en una simple herramienta electoral, no en un movimiento revolucionario.
Por su parte, aquellos jóvenes que provienen de otras tradiciones militantes o mantienen mayor distancia con el compromiso político, también se sienten demandados por el actual proceso político. De a poco, se vuelcan a las calles, se reúnen en iniciativas colectivas, participan a su manera aprovechándose de las nuevas tecnologías de comunicación. Es impresionante el activismo que se destaca en blogs, sitios web y en las redes sociales virtuales.
La Argentina define a cada paso su destino. La elección del año próximo determinará hacia dónde queremos ir. En ese marco, el gobierno nacional deberá continuar alentando la participación de los jóvenes. Tiene que estar atento a nuestras múltiples y complejas demandas. Somos jóvenes los que pedimos más créditos hipotecarios para poder comprarnos una casa, y también lo somos los que muchas veces somos maltratados por la policía o morimos víctimas del gatillo fácil o mientras nos practicamos un aborto clandestino. Estas son cosas inadmisibles en la Argentina que soñamos.
Los que tenemos responsabilidad como militantes juveniles debemos asumir también nuestro rol. La Juventud Peronista, La Cámpora, todas las juventudes, debemos actuar con voluntad política y la firme decisión de construir consensos. Tenemos que estar al lado de las necesidades y las injusticias que sufren los jóvenes para convertirnos en caja de resonancia de sus problemas y buscar soluciones en el accionar estatal.
Y lo más importante: desde la juventud peronista de la provincia de Buenos Aires debemos decirles a nuestro pueblo y a nuestros dirigentes que no sirve ganar en un sálvese quien pueda electoral. No queremos ganar una elección para seguir en el poder. Queremos ganar para que el poder del peronismo transforme la Argentina. Queremos que Néstor y Cristina sean en 2011 lo primero de lo nuevo.
El kirchnerismo de hoy, como el peronismo de ayer, se volvió “incorregible” cuando le impuso condiciones a las corporaciones de todo tipo. Y cuando lo hizo fue para dignificar a las mayorías populares. Si el peronismo quiere seguir siendo un “hecho maldito” en la historia argentina deberá estatizar YPF, asumir el control de los recursos naturales, avanzar sobre las rentas extraordinarias (industriales, mineras, petroleras, agropecuarias) y lograr el cincuenta y cincuenta en el reparto de la riqueza. En definitiva, hacer honor al legado de Evita: “el peronismo será revolucionario, o no será”.

Tiempo Argentino

18/08/2010 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , , | 1 comentario