America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

El presente visto desde el futuro – Roberto Caballero


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Con el fallo de la Corte por la Ley de Medios, todo el sistema político antikirchnerista quedó a la derecha. El cambio de época y la anacronía del país conservador.

Roberto Caballero

Relatar un cambio de época no es cosa sencilla. Desde el periodismo, la historia futura se escribe en tiempo presente. Un historiador tiene la oportunidad de juzgar las consecuencias de uno o varios hechos de modo reposado. El periodista, en cambio, debe actuar casi por instinto, separando lo anecdótico y lo trascendental de una noticia, mientras las cosas suceden sin respiro. Es difícil acertar en tiempos convulsionados.
Un cambio de época es la transformación radical de los paradigmas existentes. Hay un orden que entra en crisis, una manera de entender el mundo que es suplantada por otra y una realidad diferente a la conocida que comienza a vislumbrarse como sistema triunfante. El avance no es lineal, es oscilante. El sentido de lo que ocurre no es plano, tiene bajorrelieves. La velocidad no es continua, hay aceleraciones y frenadas bruscas. Pero algunos advierten por olfato, por lectura, por señales, que el proceso es indetenible.
Los lectores de este diario lo saben mejor que nadie. Tiempo Argentino acertó en apoyar desde el vamos la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Visualizó la importancia del Bicentenario. Destacó la soberanía nacional y popular como un valor recuperado. También se animó a investigar la trama oculta de la apropiación de Papel Prensa silenciada durante 27 años. ¿Por qué este diario pudo hacerlo y otros no? Porque al presente hay que verlo desde el futuro. Eso hicimos.
En la misma perspectiva, hay que decir que el demorado fallo de la Corte Suprema de Justicia que declaró constitucional la LSCA es una verdadera bisagra en la historia nacional. Un grupo económico poderoso, que acumuló en los últimos 35 años fortunas siderales para sus accionistas, capturó mercado de manera abusiva, ganó influencia política y administró los bienes simbólicos de toda una época, finalmente debe acatar una ley de la democracia para abandonar la concentración ilegal y dividirse en seis unidades productivas diferentes. (A propósito, una reflexión extra: era tan grande su posición oligopólica, que hacen falta seis empresas al límite de las posibilidades que la ley permite en igualdad de condiciones a todos los grupos, para que pueda adecuarse al régimen antimonopólico previsto en la norma).
Pero la Corte también reivindicó el rol del Estado como garante del derecho democrático a la comunicación y la libertad de expresión, y como autoridad regulatoria del mercado para impedir la homogeneización cultural y la supresión de voces en el discurso público desde posiciones monopólicas. Es un dato muy fuerte, que elude el lugar común del autoritarismo empresarial y recupera la lógica del bien común para la vida institucional. El fallo ratifica definitivamente un rumbo (más democracia, nunca menos) y marca un quiebre político y cultural profundo: es la ruptura con la doctrina libremercadista que dominó la escena del poder en los primeros dos tercios del último periodo constitucional de gobierno, y nada menos que desde la perspectiva de los Derechos Humanos que nuestra Constitución Nacional consagra, pelea clave de la democratización social.
Conviene hacer un poco de historia: la nueva LSCA vino a remplazar un decreto ley firmado por Videla y Martínez de Hoz, referencias claras del terrorismo de Estado y la Doctrina de la Seguridad Nacional, empeorado por los sucesivos gobiernos que aplicaron políticas neoliberales en sincronía con la matriz socioeconómica impuesta a sangre y fuego por la dictadura que asoló el país desde 1976 a 1983, pero cuyo legado reorganizador se estiró conceptual y materialmente hasta el presente, porque beneficiaba a los mismos sectores dominantes, en un siglo y en el otro.
No es casual que el litigio que llegó a la Corte haya sido el del Grupo Clarín SA. Se trata del grupo comunicacional que naturalizó los valores propuestos por aquella dictadura y apoyó la profunda reingeniería que esta llevó delante de modo criminal y masivo, también en su periodo de democracia restringida y de baja intensidad posterior. Clarín no fue el diario que denunció las violaciones de los Derechos Humanos, en sus páginas no hay constancia de la masacre ni de los masacradores, su rol precisamente fue invisibilizar el horror del genocidio de toda una generación para volverlo discutible, algo abominable. No acompañó a la dictadura, no fue un cómplice tácito: integró la superestructura dominante de una época que se extendió hasta ahora. Videla no les regala Papel Prensa. Junto a La Nación, Clarín le exige al dictador que se la arrebate a la familia Graiver para garantizar el manejo del relato. El papel, en los ’70, era como internet hoy. Quien lo manejaba, administraba el flujo informativo. Decidía qué decir y qué callar. En un tiempo de muertes planificadas, los diarios decidieron construir el texto omisor de las acciones del Estado terrorista. O peor aún, en un segundo tiempo: el texto justificador que sostuvo la Teoría de los Dos Demonios. Papel Prensa, obtenido en los camastros de tortura y la picana, es la base fundacional del monopolio que le permitió a Clarín sacarle Radio Mitre a Alfonsín, Canal 13 a Menem y el desarrollo de su cable, a De la Rúa más licencias, la Ley de Bienes Culturales a Duhalde y a Kirchner la fusión de hecho de Cablevisión y Multicanal, aunque nunca fue convalidada. Clarín hizo negocios ejerciendo la tutela, cuando no la extorsión, sobre los tres poderes del Estado constitucional. Porque Clarín era, hasta el fallo de la Corte Suprema que convalidó la LSCA propuesta por el kirchnerismo, el poder acumulado por la Argentina antidemocrática para restringir los avances de la democracia sobre las herencias del proceso que reorganizó el país en función de su objetivo primordial: renta para pocos y miseria para muchos. Cuando Clarín decía que nadie les aguantaba tres tapas, en realidad estaban exhibiendo su poder de fuego para mantener a raya a la política que los molestaba a los dueños del poder y del dinero. A los gobiernos constitucionales les llevó 25 años sacarse el miedo y romper con la lógica asociativa perversa que les proponían Clarín y la Asociación Empresaria Argentina. Néstor y Cristina Kirchner dieron el paso iniciático, corrieron el límite de lo aceptado. El, cuando dijo que Clarín estaba nervioso porque desde la Casa Rosada no respondían a sus exigencias, algo inaudito para sus accionistas, tributarios del viejo esquema de poder. Ella, enviando el proyecto de LSCA al Congreso de la Nación y soportando no tres, sino 500 tapas en su contra, derrumbando un mito. Ambos, impulsando la lucha contra la impunidad que exigían las Madres, las Abuelas y los nietos recuperados.
El Poder Judicial demoró un lustro más en darse ánimo para avanzar. Pero lo hizo. Después del fallo, sus integrantes, que hace una semana eran la reserva última de la república, reciben hoy, de parte de Clarín y sus satélites, el mismo trato despiadado que el grupo prodigó en todos estos años a los políticos insumisos a sus planes de eternización. No le faltaba razón a Clarín cuando consideraba al Poder Judicial como un aliado, claro. La otra gran pata que custodió el legado dictatorial surgió de allí. Muchos de sus integrantes sostuvieron la pátina pseudo-jurídica donde se asentó la impunidad de los ejecutores del genocidio, hasta que las políticas de Memoria, Verdad y Justicia derribaron esa protección. Muchos de sus integrantes también apoyaron la matriz neoliberal, la cristalización de una Argentina dual, convirtiendo el derecho empresario a hacer negocios en una especie de derecho natural y al mercado en un dogma en sí mismo, idea darwiniana si las hay. Por eso es tan importante el fallo de la Corte: porque retira al Poder Judicial de la órbita de los grupos concentrados, lo sustrae del influjo de los poderes fácticos y lo pone al servicio de una sociedad madura, que vive en una democracia con 30 años de vigencia ininterrumpida. Tal vez el frustrado proyecto para democratizar el Poder Judicial comenzó así, en vez de abajo hacia arriba como proponía el Ejecutivo, a la inversa, con esta sentencia cupular, que muy probablemente derrame sus efectos sobre el resto de la judicatura más conservadora. Es una chance, no una certeza. Sin embargo, todos somos testigos de que lo imprevisto sucedió. Esto es vivir un cambio de época.
Héctor Magnetto está en problemas. La estabilidad de su sistema de poder entró en crisis. Buena parte de la política y la propia Corte le perdieron el miedo. Sus socios no toleran lo que el lenguaje frio de las planillas contables les dice: el valor de las acciones del Grupo Clarín SA ayer era uno, hoy es su sexta parte. El dispositivo armado desde hace décadas para arrebatarles buenos negocios a los gobiernos mediante el lobby público y privado, hoy les hace hacer malos negocios a sus accionistas. Algo cambió. Lo siguieron en su última epopeya bélica: tratar de desbancar a Cristina Kirchner antes de que la Corte se pronunciara. Tuvo cuatro años, no pudo hacerlo. Se quedaron con la sexta parte de lo mucho que tenían. Seguirán siendo poderosos, pero en una escala que no le va a permitir hacer lo que hacía antes. Que sus accionistas hayan decidido usar la pequeña hendija que dejó David Martínez, su socio menor en Cablevisión, abierta en vísperas del 7D para adecuarse a la ley, es una derrota para Magnetto comparable a la rebelión que cualquier general sufre de sus coroneles, es como el amotinamiento en un barco donde el timón del capitán se pone en debate. Su estrategia de colisión frontal no dio resultado. El gobierno democrático no se tiró a la banquina como esperaba. Se preguntará, seguramente, en qué falló, dónde cometió el error. Una respuesta posible: la Revolución Industrial suplantó el trabajo manual por la mecanización, del mismo modo que la democracia vino a sepultar la arbitrariedad de los poderes fácticos en la sociedad moderna. El cambio de época es así. Produce ganadores y perdedores. Magnetto quedó abrazado a un orden anacrónico antidemocrático. Su mirada del mundo se oxidó.
El interrogante sigue latente. Se trata de una persona inteligente. Además, exitosa durante décadas. Los accionistas de Clarín le deben todo lo que llegaron a ser, hasta que sucedió lo de la Corte: el mayor conglomerado de medios de comunicación y derivados del país. Eso no lo hace un incapaz, más bien dice de él lo contrario. Su modelo de negocios, su método de injerencia en la vida política, su capacidad articuladora de mensajes que gobernaban el estado de ánimo de la sociedad, funcionó eficazmente mientras la herencia atemorizante de la dictadura cumplía con el rol disciplinador de las posibilidades democráticas. Ya no. ¿Por qué, entonces, no hizo un viraje antes del fallo de la Corte? ¿Por qué no cedió a los pedidos de Marcela Noble para que resigne la competencia a todo o nada contra el gobierno elegido por la voluntad popular? Ocurre que Magnetto tiene un inconveniente que la heredera del holding no tiene. Son dos palabras: Papel Prensa.
Para la causa judicial que investiga los delitos cometidos contra los Graiver, Magnetto no necesita un bufete de buenos abogados, que seguros los tiene y los puede pagar. Le hace falta, en realidad, toda la artillería mediática, toda la capacidad monopólica de unificación discursiva de su grupo, toda la fábrica de sentido trabajando en doble turno para poder herir al kirchnerismo, sus símbolos, sus referentes y las políticas de Derechos Humanos que impulsó en la última década. El fallo de la Corte, además, empeoró su dramática encrucijada personal: es una mala noticia advertir que la justicia se despabila de su antigua docilidad, justo ahora que la documentación secreta y reservada de la dictadura que empieza a hacerse pública aporta al expediente evidencia incontrastable de que el viejo “acuerdo entre privados” no existió. Magnetto quería Papel Prensa y la dictadura quería que Magnetto lo obtuviera. En el medio están las detenciones ilegales, las torturas y el terror que padecieron los Graiver. Es una situación muy delicada, desde el punto de vista procesal.
El juez federal Julián Ercolini tiene toda la documentación en su juzgado. Está el trabajo que hizo la Secretaría de Comercio Interior, “Papel Prensa, la verdad”; ahora se suman las actas reservadas y secretas de la Junta Militar cuyo hallazgo anunció el ministro Agustín Rossi y toda esta información administrativa es complementaria de la investigación periodística que Tiempo Argentino llevó adelante, descubriendo que el general Oscar Bartolomé Gallino se reunía con Héctor Magnetto y Bartolomé Mitre, directores de Clarín y La Nación, y luego confeccionaba los interrogatorios que padecía Lidia Papaleo de Graiver, ilegalmente detenida en un centro clandestino del Circuito Camps. Papel Prensa fue un botín, como tantas otras empresas que la dictadura arrebató a sus verdaderos dueños, en el marco de la represión ilegal y su objetivo de diseñar un país a la medida de sus ambiciones.
La saga de notas impresionantes que publicó este diario en 2010, con la firma de los periodistas Cynthia Ottaviano y Juan Alonso, permite comprender la operatoria del Estado terrorista en alianza con los medios de comunicación oficialistas del genocidio. Leerlas es adentrarse en el futuro, una vez más.
Los documentos que Rossi hizo públicos vienen a probar judicialmente lo que ya se había denunciado periodísticamente: que la Junta Militar presionó primero y detuvo después a los integrantes de la familia Graiver para despojarlos de Papel Prensa y en simultáneo entregársela a Clarín y La Nación. Pero no fueron simples beneficiarios: en el pedido de indagatoria a Magnetto y Mitre que la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación hizo hace tres años, se les asigna un rol protagónico en el desapoderamiento. Las nuevas evidencias también le dan la razón a Eduardo Luis Duhalde, el ya fallecido secretario que presentó la histórica denuncia.
Hay más en los documentos que ahora se conocen y están bajo estudio de Graciana Peñafort, directora de Jurídicos del Ministerio de Defensa, además coautora de la LSCA e implacable defensora de la norma en las audiencias ante la Corte. La dictadura genocida tenía un plan que se extendía hasta 1998. Hablaba en ellos de una “nueva república”. Allí aparece el sustento doctrinario del terrorismo de Estado: el golpe fue para cambiar la matriz productiva, licuar la soberanía cultural, desnacionalizar la economía y acoplar a nuestro país a un nuevo orden internacional, uno donde el capitalismo de rapiña era el triunfante y definitivo vencedor en la historia de la humanidad. Está escrito en los documentos, no es una especulación. No se trata ya de la interpretación de los intelectuales que acompañaron el movimiento de Derechos Humanos, que denunciaron el plan siniestro casi en soledad. Era el proyecto de los Videla, de los Martínez de Hoz, de los Magnetto, de los Noble y de los Mitre, entre otros apellidos asociados al “proceso de reorganización nacional” que propuso y llevó a cabo un baño de sangre como pretendida solución final al país que deseaban, que nació en los ’70 pero se terminó de configurar en los ‘’90

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Casi tres décadas más tarde, la Argentina es otra. El jefe de la Fuerza Aérea le avisa al ministro de Defensa sobre la existencia de estos papeles secretos, olvidados en una vieja oficina, entre trastos y muebles en desuso. La Corte no acata la voluntad expresa e impresa de Clarín para defender su oligopolio. Los socios minoritarios de la empresa se rebelan al CEO belicoso. La democracia sale de su extensa fase posibilista y se fortalece con un horizonte de profundización.
Esto también es el cambio de época. Solo había que animarse a verlo desde el futuro. «

La derecha no sabe leer

Hizo falta que la Corte Suprema se corriera con el fallo de la Ley de Medios un centímetro al centro de lo permitido por el statu quo para que todo el sistema político quedara a la derecha del kirchnerismo. Las cosas que se leen, teñidas de una malicia y un macartismo perimido, no se pueden creer. Ahora resulta que la ley que combatieron durante todo este tiempo es buena, y que los malos son los que quieran aplicarla. Primera conclusión: la derecha no sabe leer. De las casi 400 páginas del fallo, solo tres párrafos en la fundamentación del voto de Enrique Petracchi permiten sostener el embate que iniciaron contra la AFSCA y su titular, Martín Sabbatella; el resto, es una argumentación eficaz en sostener la autoridad regulatoria del Estado en el mercado audiovisual. Pero, así y todo, leen mal. El propio Petracchi advierte en su voto que su opinión sobre la independencia de la autoridad de aplicación no es vinculante, porque no forma parte del litigio de fondo. En síntesis, la oposición trabaja sobre algo que no existió en el expediente y es más clarinista que Clarín SA, porque el grupo de Héctor Magnetto decidió refunfuñando adecuarse a la ley que hay y no a la que fantasean sus satélites desorientados. El caso de Gerardo Milman, del FAP, es grave. Dice en público que la ley es inaplicable por inservible al mismo tiempo que acepta un cargo creado por la misma ley, ahora que se queda sin su diputación. Si fuera serio en sus alaridos republicanos, debería renunciar y no quedarse a cobrar un sueldo de un organismo creado por una ley en la que no creyó ni cree ni va a creer. ¿Desde qué convicción reciente traiciona a sus convicciones previas? Por lo demás, el macartismo desplegado por Sergio Massa, Clarín y Jorge Fontevecchia merece un párrafo aparte. Criticar a Sabbatella por su paso adolescente en el PC es hablar no tanto del kirchnerista Sabbatella sino del infantilismo ideológico de sus actuales atacantes. La identidad comunista tuvo en un siglo, 90 años de vida clandestina y persecución criminal, en muchos casos con un alto grado de consecuencia política militante, más allá de los resultados. El PC no siempre acertó en sus lineamientos, es cierto, pero en una democracia nadie es menos por su linaje ideológico original. Importan los hechos del presente. Ese tipo de críticas hay que dejárselas a Pando, los nietos de Camps y la resaca de la dictadura. De ese lado, y de ningún otro, se ponen solitos los que hablan de Sabbatella como si fuera Satanás. Se quedaron en 1989. Creyeron en Fukuyama. Se equivocaron. Eso duele. Si alguna vez sostuvieron que la historia acababa, no pueden venir ahora a querer ser protagonistas gramáticos de la historia que prosiguió pese a sus pronósticos funestos. Son el pasado, se la tienen que bancar. Son la derecha, aunque les duela, estéticamente e ideológicamente hablando.
TIEMPO ARGENTINO

10/11/2013 Posted by | General, Historia, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Liliana Felipe: “La sombra de Ernestina esconde princesa fugitiva, amenazada, que cada tanto debía desaparecer.


Por:Verónica Mastrosimone

cultura@miradasalsur.com

La cantautora argentina residente en México cuenta cómo se inspiró para escribir la canción sobre la dueña del grupo Clarín, que por estos días circula en Internet.

Luego de que Miradas al Sur dio a conocer el relato de Lidia Papaleo de Graiver sobre las torturas recibidas para firmar la venta de las acciones de Papel Prensa, la corresponsal en Argentina del diario La Jornada de México publicó la noticia en ese país. La cantautora argentina residente en México Liliana Felipe cuenta en esta entrevista cómo se inspiró para escribir la canción Ernestina , que por estos días circula en Internet.
–¿Cuándo escribiste la canción sobre Ernestina?
–Hace una semana. La grabamos en el bar. Leí la solicitada de los hijos (de Ernestina) y luego me impactó mucho verlos a los dos con ese sentimiento de violencia emocional del esclavo que castiga al esclavo, que castiga con más fuerza. Pensé todo el tiempo si hubiera tenido la desgracia de que mi sobrina estuviera desaparecida, no sé lo que hubiera sido mi vida. Estuvimos muy cerca de que ocurriera, entonces me costaba mucho la sensación de que ellos digan que no quieren saber de quiénes son hijos. Me pareció muy doloroso, como también me pareció muy dolorosa la derecha argentina, los sojeros, los curas, los militares, los mismos de siempre, insultando a las Abuelas, que tienen el legitimísimo derecho de saber quiénes son sus nietos. Todo eso se me mezcló y lo que quise es reírme un rato de Ernestina. Y no por supuesto mencionar a los hijos, eso me parece muy doloroso, simplemente pensar en ella como alguien que se dedica al engaño, como la droga exactamente.
–Cuando cantás parece que sale la bronca de adentro, ¿qué te pasa cuando interpretás esta canción?
–Lo que me impactó con esta canción, que fue muy liberadora para mí, es que sentí que me ayudaba a sacar el engrudo que se me metía en el cerebro cuando veía cómo insultaban a las Abuelas. La indiferencia, el silencio, los jueces, estas cosas del poder tan inmundas y que los ciudadanos mortales como yo no tenemos posibilidad nunca de poder influenciar en algo. Sentí que la melodía misma me ayudaba y me permitía reírme un ratito. Ojalá lo que ella nos hubiese propuesto en la vida hubiera sido reírnos, y no ser cómplices de 30.000 desapariciones y de todos los robos que ha habido y por haber. Siento que tenemos que llegar a la verdad y que la Argentina como país ya está grandecita y ya tenemos que saber toda la verdad.
–¿Pensás que se ha llegado por fin a conocer toda la historia o falta todavía?
–Falta, pero si pensamos que la Argentina prácticamente es el único país en el mundo en el que se están haciendo los juicios a los genocidas, entonces eso también es un motivo de orgullo, y decimos “¡vaya, finalmente la Justicia sirve, y la Justicia rejuvenece y hace bien, civiliza a la gente!”. Aquí en México todavía no se juzga a nadie, y las matanzas fueron mucho antes que las nuestras. Eso es impunidad, es darles pistolas a los asesinos, que anden sueltos, que hagan lo que se les hinche un huevo.
–¿Te siguen doliendo las cosas que suceden en la Argentina?
–Bueno, hace 32 años que estoy en México, para mí están las dos historias muy mezcladas. Estoy aquí viviendo por la historia sucedida en la Argentina, no están muy desligadas. Creo que por mi edad sufrí menos que otra gente que tuvo que salir de Argentina cuando tenían 38 o 45 años, 50 años, con toda una vida hecha, teniendo que enfrentarse a otra realidad. Siento que yo lo viví menos violentamente, puesto que era muy joven, tenía 26 años. Igualmente fue doloroso y entonces decido vivir en México, construir una vida, no tengo que reconstruir tanto. Yo aquí estuve de muy jovencita, seguí estudiando y conociendo México, y en eso ¡me enamoro de una mexicana! Ahí todo se completó, y cuando tuve la oportunidad de regresar ya no tenía muchas ganas. Uno pierde cierto interés cuando un país te duele tanto. Ahora me siento muy orgullosa de que se estén llevando a cabo los juicios.
–¿La Argentina de hoy es un lugar donde podrías vivir?
–No lo sé, es un lugar adonde me gusta ir. Ya soy extranjera en la Argentina, no sé si sabría vivir, convivir, no sé si podría desarrollar los mecanismos para sobrevivir. En México disfruto y vivo, y soy muy feliz. Igualmente para mí la primavera es en septiembre, aunque esté en marzo. Aunque ya llevo vivida más de la mitad de mi vida en México, hay cosas muy raras, muy esquizofrénicas, que tiene uno muy arraigado de la infancia. La verdad es que nunca lo había pensado, creo que no podría vivir en la Argentina.
–En una nota contás que cuando leíste el libro Matar o no matar del poeta húngaro Georgy Konrad, que incluye 131 aforismos contra la violencia, sentiste una sacudida y lo empezaste a leer con ojos argentinos. ¿Qué significa eso?
–Creo que verlo con ojos argentinos era verlo desde el lado de los torturadores. ¿Por qué estos tipos se arrogan el derecho de matar a una generación? ¿Por qué se sienten enviados de Dios, por qué se sienten poseedores de la verdad? Y ése es un sentimiento muy argentino, no un sentimiento que tengan los pueblos originarios, que podrían tener mucho más y con muchas más razones que los milicos argentinos. Pero el sentimiento de los milicos argentinos es el que te dan los curas, el dinero, los ancestros asesinos, mataindios, etc. Pero también está el otro sentimiento, el de la justicia, el de la lucha, el del ingenio, el escrache, el de la gente que no se dio por vencida aunque todos los medios de comunicación o el 99,9 % estuviera en contra, y aunque todos los pelotudos siguieran con sus programas de televisión, aunque siguiera ese circo estúpido. A mí me impactó mucho una de las primeras veces que fui allá, por el ’84, apenas asumió Alfonsín, que mi mamá llegó llorando porque había comprado una revista con las nalgas de una vedette, y en las nalgas decía “incluye la lista de los desaparecidos”. Qué terrible, ¿no? Mercadotecnia. Pero la alegría de que Luciano Benjamín Menéndez esté en cadena perpetua detenido en Córdoba, qué te puedo decir…
–¿Cuáles son los hilos conductores de tus composiciones?
–Yo diría que los hilos conductores son memoria, derechos humanos, sexualidad y religión, todo eso me marca. Yo digo que soy clerofóbica. Soy cabaretera culta, antitaurina, clerofóbica.
–¿Seguís asumiéndote como una eterna desvelada, oveja descarriada, borracha y fumadora?
–Ya no, vos sabés que dejé de fumar, dejé de beber, y estoy también muy sorprendida con eso porque yo pensaba que no podía vivir si no fumaba y pensaba que no podía vivir si no me tomaba mi botella de vino tinto por día, y estoy muy sorprendida de lo que uno cree y de las cosas que se agarra, porque dejan de tener sentido muchas de las cosas sin las cuales uno creía que no tenía sentido vivir. Y no sólo puedo vivir sino que puedo vivir mucho mejor. No meto la pata como la metía, ni digo las estupideces que decía, estoy feliz, mucho más tranquila, componiendo mejor.
–En muchas entrevistas te han preguntado sobre drogas, hablás de la marihuana y la cocaína de manera muy diferente al peyote. ¿Si Ernestina es como la cocaína (como dice la canción), quién sería como el peyote?
–Bueno, por ejemplo, Elena Poniatowska, que es una mujer con mucho conocimiento, porque el peyote lo que te da es un conocimiento y es relación con la naturaleza, también Marguerite Yourcenar, que lo que me provoca cuando la leo es esta relación con la naturaleza, este nexo, este amor. El mismísimo Carlos Monsiváis, que acaba de abandonarnos, ¡Saramago!, hablo solamente de escritores ahorita, pero es la gente que te provoca ese enlace con la naturaleza, con las cosas fuertes de la vida.
–¿Qué opinás de la ley de medios?
–También eso me hace sentir muy orgullosa de haber nacido en la Argentina. Hasta lo que yo entiendo, la ley de medios es una de las propuestas más progresistas que hay en el mundo en este momento. Tengo una sobrina abogada que me la desmenuzó y me mandó unas cosas con las que ella no está de acuerdo, como con que se le dé tanto espacio a la Iglesia. Pero yo siento que es la ley más progresista que hay en el mundo y te diría una cosa más: en México, el problema fundamental es que los medios están en manos de un duopolio, que son los que ponen al pelele éste en el gobierno. No tenemos un centímetro de espacio, no existe el espacio, lo que los cien millones de mexicanos escuchamos es lo que dicen unos locos, maniáticos. Es aterradora la situación en México con respecto a los medios de comunicación. Entonces, el hecho de que en Argentina se esté discutiendo algo progresista me parece lo máximo, ojalá que se implante ahora, con todos los defectos que tenga; para cambiar algo, hay que avanzar sobre el tema de los medios de masas que someten al mundo entero. Así como el tema del aborto se fue trabajando, se fue corrigiendo de a poquito, no nació de un día para el otro, con la ley de medios tiene que pasar lo mismo, hay que apoyarla. Además, por cierto, el aborto es un tema que me debe Cristina, porque ella debiera ser la primera en promover el aborto legal, por cuestiones de salud.
–¿Qué elogiás y qué criticás del gobierno de Cristina Fernández?
–Es un gobierno elegido democráticamente, eso es oro. Ella me parece muy inteligente. Y el bloque que presentan Evo, Lula, Chávez, Cristina, me parece maravilloso, es lo mejor que hay en el mundo. Mirá a Europa, un asco, una porquería. Es en América Latina donde están los mejores gobiernos; mirá el papelon de Obama, no pasa nada con Obama, y con la fuga de petróleo, ahora sí podemos decir que los gringos “están pasando aceite”. En cambio, este grupo está teniendo propuestas inteligentes, como separarse del FMI, hacer un banco independiente, nacionalizar empresas estratégicas. Bueno, mis respetos a los que les toca. ¿Viste que la derecha haga algo? ¡nada!, donde hay derecha hay narcotráfico y muchos curas, ese es el negocio, y se acabó.
–Tu canción dice: “Ernestina es más refalosa que la parafina. Se patina con su propia sombra siempre que camina”. ¿Pensás que padece su propia sombra?
–No me atrevo a pensar, pero entiendo que hay algo que ni siquiera sospechamos que está queriendo ocultar, porque ella estuvo en negociados jodidos, aparentemente los chicos son hijos de desaparecidos, eso pareciera que es una verdad a gritos. Por eso te digo que lo de Lidia Papaleo me explotó en la cabeza, porque yo no sabía, nadie lo sabía. Entonces siento que la sombra de Ernestina está escondiendo otros negocios.

01/07/2010 Posted by | General, Historia, Medios de Comunicaciòn, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

La batalla judicial cruzada entre el Gobierno, Clarín y La Nación



Expediente Papel Prensa

Néstor Leone

Debate

Ya no queda tiempo para medir fuerzas y escudriñar la estrategia del adversario. Menos aún para acuerdos o armisticios. Se juega contrarreloj y con piezas que se mueven de manera cada vez más precipitada. En la justicia, en la arena política o ante la opinión pública. Es cierto: no hay certeza sobre quién, finalmente, saldrá victorioso y en qué condiciones. Pero sí hay indicios, cabos que se atan y lecturas que pueden hacerse. En ellas, el gobierno nacional gana terreno y despoja de razones a su principal rival político desde hace más de dos años. Y en ellas, también, el Grupo Clarín viene en retroceso. Acentuado retroceso, por cierto. Factores varios se conjugan para explicarlo. Su pasado de negociaciones sospechosas, que adquieren luz pública con paso irrefrenable, es un ejemplo. Su política empresarial de atropello permanente, que le valió enemigos del más diverso pelaje y con muchas ganas de cobrarse sus créditos, puede ser otro. Que, claro, se suman a los errores de estimación respecto del poder de fuego del primer gobierno en la historia contemporánea que tuvo la osadía de enfrentarlos, acostumbrados como estaban a la defección sin tanta resistencia de los poderes políticos de turno.


El capítulo Papel Prensa, en ese sentido, resulta bastante simbólico. La reacción airada del Grupo ante la investigación que pretende ofrecer luz al oscuro origen de la empresa, con querellas desesperadas y empecinamiento por retacear información son muestras de esta actitud errante y desorientada. Como pueden ser muestras, también, del grado de desolación y miedo que ronda por estos días las cabezas visibles del que sigue siendo el mayor conglomerado de medios del país. El testimonio estremecedor de Lidia Papaleo de Graiver y su denuncia pública acerca de la manera atroz en la que fueron adquiridas las acciones de la empresa por parte del Grupo y de sus socios de entonces -y de hoy- ya se convirtió en una pesadilla difícil de conjurar.


La posible incriminación de su hombre fuerte, Héctor Magnetto, como partícipe necesario o ideólogo de una serie de hechos, algunos de los cuales pueden ser tipificados dentro de lo que la jurisprudencia internacional considera como crímenes de lesa humanidad (y, por lo tanto, no prescriptibles) ensombrecen las mesas de reuniones de la calle Piedras. Y, claro, retroalimentan el nerviosismo, como sucede por estos días cada vez que la jueza Sandra Arroyo Salgado avanza con la investigación sobre el origen de los hijos de Ernestina Herrera de Noble o cuando descubren que su lobby en contra de la nueva Ley de Medios, aprobada por amplia mayoría en el Congreso, ya no tiene el peso de otrora. Pero hay más: pagos en negro a los accionistas, el cobro de “retornos”, los “ñoquis” que prohijarían en la empresa desde la dictadura militar o la defraudación al Estado, como socio cuasi bobo. A lo que habría que sumar las desavenencias internas dentro de Clarín y la distancia incipiente con La Nación, su más importante socio.


No obstante, lo que más temor e incertidumbre genera hoy entre los popes del Grupo es la inquina que ven en los Kirchner para avanzar sobre éstos y otros frentes en los que “andan flojos de papeles”. Subestimados en un principio, dados por muertos luego, ven en la pareja patagónica el peor de los males y el rival a vencer. Por eso, ponen como objetivo supremo evitar la continuidad del proyecto en 2011. Aunque advierten que las armas con que cuentan, para nada desdeñables, están en baja. La elaboración en curso de un informe, al que se le dio el nombre de “Papel Prensa-La Verdad”, por parte de los directores de la asamblea accionaria que responden al Gobierno, brinda otra pizca de intranquilidad. Y las conversaciones en off de algunos funcionarios con periodistas y allegados no contribuyen a tranquilizarlos. Uno de ellos, en estos días, dijo a Debate: “No sé si es el fin de Clarín, pero sí de Magnetto. Está quebrado y solo”.

Origen espurio

El nacimiento y desarrollo de Papel Prensa, la planta productora del insumo básico de los diarios, monopólica en su rubro, bien podría ser una metáfora de cómo se consolidan ciertos poderes fácticos o se adquieren determinados derechos en nuestro país. Nació en los setenta, como un intento bienintencionado por resolver el principal cuello de botella de los diarios, y se convirtió con el tiempo en una nueva modalidad de cerrojos y elementos de presión, con empresarios que saben de prebendas y hacen usufructo de ellas, y con un Estado más bien ausente que financia las ganancias de sus pares privados en perjuicio de otros actores. Es decir, del resto de la sociedad. Lo que le agrega un plus a esta historia es la forma en la que los propietarios privados de las acciones se habrían hecho de ellas, durante la última dictadura militar.

Lo contó Lidia Papaleo de Graiver, en la asamblea de la empresa, el 20 de mayo último, llevada de sorpresa por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Allí, la viuda del dueño de las acciones de Papel Prensa (David Graiver, muerto en agosto de 1976, en un misterioso accidente aéreo) dijo que fue forzada a vender todo. Forzada, en los peores términos. “No hubo sugerencias, fue ‘firmás o te mato’”, remarcó (ver aparte), al tiempo que dio precisiones sobre su secuestro, así como de las feroces torturas recibidas durante el período que estuvo ilegalmente detenida, como gran parte de su familia. Y lo dijo ante la cara de sorpresa de los representantes del Grupo Clarín y del diario La Nación, dueños del 49 y el 22,5 por ciento, respectivamente, y partes de la cuestionada adquisición de aquel entonces. El tercer integrante de aquella tríada, La Razón, vendió su parte en Papel Prensa a Clarín, antes de ser el diario mismo propiedad del Grupo.

Según la investigación en curso, los diarios en cuestión llegaron con cierta facilidad a hacerse de las acciones de la papelera. El pago se habría hecho con poco efectivo y mucho papel pintado, más una serie de préstamos preferenciales del Banco Nacional de Desarrollo (Banade), que les habría facilitado la dictadura. Así, las empresas involucradas se aseguraron que el Estado no realizara ningún estudio técnico para averiguar cómo financiarían el proyecto ni que se pidieran avales de patrimonios personales para acceder a esos créditos. Y la dictadura se compró el silencio de estos medios. La foto histórica del brindis entre Ernestina Herrera de Noble, dueña de Clarín, con Jorge Rafael Videla, dueño de la vida y la muerte de los argentinos, el 27 de setiembre de 1978, durante la inauguración de la planta de San Pedro, parece el documento más contundente de aquel contubernio.

“Papel Prensa está mal habida por donde mire. Donde se pone el dedo, salta pus”, le cuenta a Debate una fuente cercana al directorio de la empresa. “Por eso no dan la información que se les pide. Están hasta las manos”, agrega. Además, cuenta algunas puntas del informe que Moreno encargó a los directores de la empresa para que en un plazo máximo de noventa días (ya pasó casi la mitad de tiempo) entreguen un informe sobre el traspaso de acciones y los vericuetos de la empresa, para determinar si hubo irregularidades. El informe llevará por nombre “Papel Prensa-La Verdad” y contaría con información extra proporcionada por nuevos denunciantes de la causa, expedientes de la Conadep, información del Tribunal de Guerra de la dictadura y los papeles de la sucesión.

Batalla judicial

La historia se cuenta como anécdota entre los allegados al Gobierno. Dice que un alto directivo de Clarín fue quien verbalizó el fin de la relación del Grupo con el Gobierno. Lo hizo luego del “conflicto del campo”, cuando advirtieron en calle Piedras que los Kirchner iban indefectiblemente hacia su declinación política, luego de una buena relación inicial. “Entramos en guerra”, cuentan que el hombre del Grupo le dijo a un alto funcionario nacional, tras advertir que los cruces en ascenso entre unos y otros serían imparables. “Dónde viste que una empresa le gane a un Estado”, señalan que respondió éste, rápido de reflejos. A lo que el empresario contestó, con suficiencia: “Esto es Clarín”. El entredicho, en buenos términos según parece, quedó ahí, pero tuvo otros capítulos. El más cercano en el tiempo se habría producido hace poco más de un año. “Te oferto la rendición con un pliego de condiciones. Si no aceptan, de acá en más la rendición será incondicional”, dicen que ofreció el funcionario. Por cierto, sólo obtuvo una negativa oronda.

Los sucesos que caracterizaron la relación, de ahí en más, habla de lo imposible de una marcha atrás, con la pérdida absoluta de compostura periodística en los medios del Grupo y con jugadas osadas de parte del Gobierno, entre las que pueden mencionarse la revisión de la fusión entre Cablevisión y Multicanal o la aparición del Estado como socio-reemplazante de Clarín en las transmisiones de AFA, entre otros hechos. Respecto de Papel Prensa, la disputa tuvo como escenario la asamblea de accionistas de la empresa y la justicia. Por un lado, el Gobierno objetó la reelección irregular de Alberto Maquieira al frente de la empresa (su mandato había sido suspendido el 8 de marzo, mediante una resolución judicial) y la falta de entrega de información a los directores representantes del Estado. A lo que agregó una serie de irregularidades por probar ligadas a retornos y liquidación en negro a los accionistas privados. Como contragolpe, el CEO de Clarín, Héctor Magnetto, y el director de La Nación, Bartolomé Mitre, presentaron una querella criminal contra el secretario Moreno por presunto abuso de funciones y por montar un supuesto “aparato paraestatal sui generis” para perseguirlos. Y entre los argumentos, citaron el hecho de que la resolución de la Secretaría de Comercio Interior que pedía el informe “Papel Prensa-La Verdad”, llevase el número 126. Reminiscencias, por cierto, del conflicto con el campo.

“Tienen miedo. Y el miedo mayor es que se los incrimine por delitos de lesa humanidad”, contó un allegado al directorio de la empresa, quien consideró que la denuncia del dueto Magnetto-Mitre tiene como destinatarios a “Moreno y otros”, pero que ese “otros” no es más que la pareja presidencial. Y agrega: “Es ridículo que se haga una denuncia para frenar un informe que el secretario está en su derecho a pedir. Si están limpios de culpa y cargo no tendrían que tener problemas en presentar lo que se les pide. Y si el informe oficial es sesgado o no, eso lo va a determinar la justicia”.

Internas

Sabidos en problemas, Magnetto y Mitre pretenden blindar a la sociedad. Por lo menos, la suya. Son conscientes de que la suerte de uno puede ser la del otro. Fueron protagonistas principales de aquellas asambleas que cuestiona Papaleo de Graiver y estuvieron al frente de la conducción de la empresa desde sus momentos fundacionales hasta hace poco. Lo que no pueden asegurar es que esa sociedad blindada abarque también a las empresas que representan. La situación complicada de la principal accionista de Clarín por la investigación referente al origen de dos de sus hijos y la molestia de los socios externos del Grupo (los fondos de inversión, por ejemplo, que tienen el 18 por ciento de la propiedad), complican la situación de Magnetto. En tanto, las disputas internas preexistentes con la familia Saguier, socios mayoritarios de La Nación, le auguran problemas mayores a Mitre. Por lo pronto, los Saguier han comenzado a tomar distancia. Hace unas semanas rescindieron el convenio de accionistas que tenían con Clarín desde 1977, que les permitía actuar al unísono, y se declararon “en absoluta libertad e independencia”. Y en las últimas asambleas de la empresa han optado por sentarse alejados de los representantes de Clarín.

“A los Saguier no los salpica el caso: son compradores de buena fe”, le contó a Debate otro allegado al directorio, quien mencionó también una reunión que uno de los hermanos Saguier había tenido con los trabajadores de la planta en San Pedro y los comentarios respetuosos sobre Moreno, tanto en la asamblea como fuera de ella. “Es probable que aprovechen la oportunidad para sacarse a Bartolito de encima”, comentó la misma fuente, quien asegura que los Saguier hicieron llegar al Gobierno, a través de terceros, un sondeo. “Nos mandaron a decir que si queríamos la línea editorial, no había acuerdo posible. Les contestamos que no, que diarios gorilas el país necesitaba; pero que lo que no debía haber es diarios golpistas”.

Manejos

Dos cuestiones señalan de manera persistente cuando se habla con algún funcionario del Gobierno ligado al caso. Por un lado, la sorpresa que aún persiste sobre la poca altura para manejar el conflicto que han demostrado tener las primeras y segundas líneas dirigenciales del Grupo. “Las cosas las hacen mal. Hasta ahora ganaban siempre por la capacidad de fuego que habían acumulado, pero no por la inteligencia de sus jugadas. Si hasta tacharon un balance”, señala un hombre cercano al círculo más próximo a la Presidenta. Por el otro, hablan de manera recurrente sobre lo que puede significar política y socialmente el esclarecimiento sobre el origen de la empresa. “Esto es la punta del ovillo. Da la impresión de que hay una verdad más profunda. Por ejemplo, faltan actas de las reuniones de directorio de aquella época. No aparecen”, señala la misma fuente. “Quizá se pueda saber más sobre la connivencia del poder militar con el poder económico”, argumentó otro, en el mismo sentido.

Pero los malos manejos no terminan ahí, sino que recorren gran parte de la historia de la empresa. Un mojón de esto lo volvió a marcar, en estos días, José Pirillo, dueño de La Razón en los ochenta, con sus denuncias sobre las maniobras de los socios privados para beneficiarse con el costo del papel de diario, en detrimento de las publicaciones de la competencia, y sobre cómo fue “despojado” de su diario en 1987, tras romper la sociedad en Papel Prensa. Otro mojón lo refrendó el Gobierno mismo acusando a sus socios privados por “retornos” a proveedores, cobrados por un gerente y repartidos personalmente a los accionistas. Y por vender papel a precio privilegiado (hasta un veinticinco por ciento por debajo de los costos, como comprobó la Sindicatura General de la Nación que había sucedido durante tres de los cuatro trimestres del último año) a Clarín y La Nación. A eso hay que agregar dos datos que están en investigación. Por un lado, la supuesta existencia de ñoquis, un verdadero reservorio de mano de obra desocupada, que viene de la dictadura militar. Por el otro, la existencia de una estructura de gastos sobredimensionados que no tendría razón de ser. La orden del juez contencioso administrativo federal, Claudia Rodríguez Vidal, que permite unificar los precios, intenta resarcir uno de estos abusos. Los pedidos de informes intentan poner fin a los otros.

“No está pensada una estatización ni una expropiación. Esto es lo que están diciendo ellos. El objetivo es que todas las empresas periodísticas puedan tener papel al mismo precio”, señalan desde la Secretaría de Comercio Interior. Y ya piensan alternativas. Que se genere una empresa entre todos los diarios del interior del país, puede ser una.
Mientras tanto, la batalla ingresa en su etapa de definiciones.

Fuente original: http://www.revistadebate.com.ar//2010/06/04/2947.php

10/06/2010 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura | , , , , , , , , , | 1 comentario

Caso Noble: Revelan trámite de Magnetto ante Videla


Denuncia del ex dueño de La Razón

21-05-2010 /  El ex propietario del diario La Razón, José Pirillo, admitió que el propio CEO de Clarín, Héctor Magnetto le reconoció haber tramitado ante el dictador Jorge Rafael Videla, la entrega de dos niños a Ernestina Herrera de Noble. Además, denunció ante la Asamblea de accionistas de Papel Prensa, cómo despojado de su diario.


Los hermanos Noble Herrera.

El ex propietario del diario La Razón, José Pirillo, reveló que el propio CEO de Clarín, Héctor Magnetto le reconoció haber tramitado ante el dictador Jorge Rafael Videla, la entrega de dos niños a Ernestina Herrera de Noble. Además denunció, ante la Asamblea de accionistas de Papel Prensa, de que manera fue despojado de su diario.

“Magnetto me dijo que él tenía suficiente poder como para representar a la señora de Noble porque era el albacea de sus hijos y además él se los había gestionado ante Videla”, señaló Pirillo durante la asamblea.

En tanto, en la misma reunión, la ex accionista de Papel Prensa, Lidia Papaleo de Graiver, brindó su testimonio de cómo la obligaron a desprenderse su participación en la empresa.

Pirillo relató de forma explícita, según consta en un acta labrada por una escribana a la que Télam tuvo acceso, “la experiencia vivida en esta empresa” desde que compró el diario La Razón.

“Me encontré -dijo Pirillo- con imposiciones que me querían poner los sindicatos en acuerdo previo con la Junta Militar efectuado con motivo de la adquisición o la expropiación de las acciones de Papel Prensa”.

Recordó que “el 3 de abril de 1985 fue la primera vez que vengo a Papel Prensa, porque compré las acciones de La Razón el 29 de marzo de 1985. Fui informado por Patricio Peralta Ramos de los mecanismos que se habían utilizado para la supuesta compra de acciones”.

“Le manifesté -agregó- que yo no encontraba en la contabilidad de La Razón los aportes efectuados por La Razón. Me contestó que no los iba a encontrar porque realmente no se habían hecho aportes sino que los aportes que debían hacer los tres diarios a Papel Prensa se habían efectuado vía retornos que pagaban las empresas constructoras de la planta de Papel Prensa”.

Detalló que “dentro de los acuerdos previos que me dijeron que existían, estaba no publicar en los tres diarios nada que atentase contra la Junta Militar, porque a su vez ponía en peligro la democracia que recién se había instalado en el país”.

“En ese momento le manifesté al señor Magnetto que yo le reconocía el carácter de Gerente General pero que existía un convenio de sindicación de dueños de los tres medios y que por consiguiente le solicitaba la presencia o quería hablar con la señora Ernestina de Noble. Montó en cólera por mi postura y me dijo que él tenía suficiente poder como para representar a la señora de Noble porque era el albacea de los hijos de la señora de Noble y además él se los había gestionado ante Videla”, remarcó.

Explicó que “los otros enfrentamientos que tuvimos en mi transcurso acá en Papel Prensa fue justamente por la apropiación que estaban haciendo los tres diarios en forma ilegal de los bienes de la empresa vía manipular el precio de venta a los tres diarios”.

En ese sentido aclaró que de casi 13.000 toneladas que se producían, 8.500 se llevaba Clarín, 2.500 se llevaba La Nación, apenas 1.000 La Razón y el resto, unas 300 toneladas, se les vendía a otros diarios.

“Al ver lo exiguo de la cantidad me pareció que era una burla en la Memoria del balance decir que se proveía de papel de diario a noventa diarios del país”, insistió Pirillo. Se refirió además a la diferencia de precio que pagaban los diarios, indicando que “en ese momento, nosotros pagábamos el papel a 320 pesos la tonelada”.

Contó que se logró la resolución de 590 pesos la tonelada, o sea 30 pesos más barato que lo que era Papel de Tucumán; pero que el Directorio impuso un precio arbitrario de 420 pesos, no 590, con lo cual Clarín, con ese valor tenía un diferencial mensual de 2.400.000 dólares porque era el mayor cliente que retiraba papel a ese precio.

Detalló que sus discusiones con Magnetto surgieron justamente por ese tema. “Yo sostenía que como cada diario tenía, y de acuerdo al convenio de sindicación, el 33 por ciento del poder, le correspondía a cada diario el 33 por ciento de la producción de papel, y después que decidiera cada diario qué hacer con ese papel, si vendérselo a uno de los sindicados o venderlo libremente en el mercado. Pero lo cierto era que Clarín se llevaba más de 8.500 toneladas de papel”, puntualizó.

Relató luego como fue despojado de su diario mediante una maniobra de sus propios abogados, con la connivencia de un juez que vendió las acciones de Papel Prensa, cosa que no podía hacer; a Clarín y La Nación, en un precio tan vil de 6 millones de dólares por el 13 por ciento del paquete accionario”.

Explicó que al juez del concurso de La Razón “se le pidió juicio político en el año 1990-1991. Hay una resolución del 18 de julio de 1991 de la Corte Suprema donde ordena el enjuiciamiento del juez Foiguel López por las irregularidades cometidas en la transferencia del paquete accionario de José Pirillo y de Papel Prensa”.

De la misma manera Lidia Papaleo de Graiver comentó los pormenores de una reunión que mantuvo “con un señor de “La Nación” muy alto, Campos Carlés” y con Magnetto. “Yo siempre he dicho que me acuerdo más de los ojos y de la cara de Magnetto que la de mis torturadores. Él me dijo que tenía que firmar”.

Recordó que “al día siguiente, nos reunimos de nuevo y Sofovich que era de Clarín me llevó a la salida y, estaba el contador mío, me dijo “¿Usted sabe cómo fue la historia de Clarín? Usted ahora se va de acá. Tome un avión adónde pueda, y que después alguien se ocupe, pero váyase ya”. Esa noche me secuestraron”.

Indicó que en esa reunión “estaba el gordito Mitre de La Nación, Carlés, Sofovich, estaba Magnetto. Estaban todos, pero no juntos. A mi me llevaron siempre a La Nación”. Reveló luego que nunca tuvo una reparación total del patrimonio perdido, solo “una reparación parcial dispuesta por el gobierno” y que “hay bienes que todavía no se han podido recuperar. El acuerdo al que llegamos con Alfonsín tuvo idas y venidas hasta 1989”.

“Del capital que teníamos a la muerte de David sólo cobramos un 20%. Ahora estoy buscando algunas cosas de recuerdo para mis nietos. Trabajo porque me gusta y mi gran ilusión es que Papel Prensa sea verdaderamente una gran empresa”, señaló finalmente.

El Argentino

22/05/2010 Posted by | General, Historia, Medios de Comunicaciòn, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario