America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Los pobres no quieren ideología


Por Carlos Girotti
06-08-2010 / 

Carlos Girotti

El título precedente es el inicio de una rotunda aseveración de Elisa Carrió. La pronunció durante una conferencia de prensa para explicar la posición de su partido sobre las retenciones a las diversas exportaciones agrícologanaderas. Dijo: “Los pobres no quieren ideología, quieren ser clase media y no les interesa que les hablen de Marx (se refería a Karl y no a Groucho), las mujeres quieren ser lindas y los hombres ver fútbol”. Pensar que con todo el esfuerzo intelectual que hizo para firmar el certificado de defunción de las ideologías, Francis Fukuyama jamás imaginó que las ideologías seguirían vivitas y coleando. La longevidad de la Carrió es una prueba incontrastable.
Para Carrió existen las ideologías. No las desprecia ni las niega. Al contrario, sabe que están ahí, latentes. Pero, eso sí, no son para cualquiera. Los pobres, por ejemplo, no sólo no quieren otras ideologías: tampoco tienen. Advierte, entonces, que a lo sumo aspiran a ser clase media y en ese ideal ontológico define –esta vez sin proponérselo– los atributos de esa clase inexistente que, por sus dichos, sería aquella en las que “las mujeres quieren ser lindas y los hombres ver fútbol”. O sea, las mujeres pobres, para ser de clase media, quieren ser lindas, pues, por ser pobres, son feas de toda fealdad. Con los hombres pobres no; no importa si son lindos, basta que sean pobres y que quieran ver fútbol para ilusionarse con pertenecer a la clase media. De hecho, bastaría con que los hombres pobres vieran fútbol todo el tiempo para ser de la clase media.
Se puede decir que esta original teoría del ascenso social es tributaria de la del derrame económico que Elisa Carrió postula con su rebaja del 10% en las retenciones a la soja –sin segmentar, claro– y la eliminación lisa y llana de las alícuotas a granos, carnes y oleaginosas. Toda esa masa de dinero, ahora en manos de un Estado depredador, se volcaría hacia la sociedad y, desde luego, los hombres pobres se sentarían frente a sus televisores, o concurrirían a los estadios para ver fútbol sin cesar y las mujeres pobres se pondrían en fila a las puertas de los spa y se abonarían a los institutos de belleza.
Una verdadera revolución productiva pero sin salariazo, porque ni haría falta. Los pobres, renuentes por definición a cualquier oferta ideológica, se situarían alborozados –y mansos, sobre todo mansos– en ese nirvana clasemediero y disfrutarían de las bondades derramadas por mieses y reses.
Sin necesidad de echar mano a ninguna de las teorías sobre la estratificación social, hoy ya casi es un pasatiempo refutar afirmaciones como las de Elisa Carrió en la conferencia de prensa aludida, o las de Biolcatti en la Sociedad Rural. No hay que empeñarse en ningún esfuerzo teórico ni académico: bastaría con recordarles la letra de Joan Manuel Serrat: “Disculpe, señor, para hacerles saber que traté de contenerles pero ya ve/Han dado con su paradero/Éstos son los pobres de los que le hablé…/Le dejo con los caballeros/Y entiéndase usted…”
Por lo mismo, este columnista insiste una y otra vez en que el desafío no pasa por denunciar ni apostrofar a las representaciones políticas de las derechas porque el modelo de sociedad que éstas defienden, más allá de cómo exterioricen esa defensa, está presente en el sentido común que, a la sazón, es una urdimbre de tradiciones, ideologías, usos, costumbres y folclore.
El sentido común no es “el menos común de los sentidos”; es un tejido cuyas hebras pueden ser más o menos resistentes a la disputa política e ideológica propiamente dicha, y su entramado final es cambiante, relativo siempre según la época. Desde ya que el sentido común es un campo de disputa (algunos hablan de “batalla cultural”, otros de “batallas de las ideas”, otros “búsquedas de nuevos lenguajes”), y en ese magma –que en sí mismo no es una ideología– confrontan todas las ideologías existentes. En el sentido común, pues, también existe la correlación de fuerzas, y el modelo de sociedad que hoy surge de ese magma es una representación del tipo de relaciones sociales realmente existente que, al tiempo que las naturaliza y legitima, oculta su carácter expoliador, virulento e irracional. Los dichos de Carrió son la banalización de las consecuencias catastróficas de las actuales relaciones sociales y, por ende, una justificación de estas últimas.
Pero, entonces ¿habría que esperar a que acontezca un cambio profundo en las relaciones sociales para que cambie el sentido común? Nada indica que sea aconsejable hacerlo, aunque la larga tradición y persistencia del mecanicismo como concepción política y filosófica sugiera lo contrario. La disputa contra el sentido común imperante no puede quedar circunscripta a la propagandización de un futuro inasible ni, mucho menos, rendirse a la lógica del posibilismo. Hay experiencias en la base de la sociedad que, lejos de convalidar aquello que el sentido común señala como correcto o deseable, revelan la posibilidad material –en términos históricos– de transitar otros caminos y, por ellos, construir la propia ideología.
Se acaban de cumplir veinte años desde que el Movimiento Campesino de Santiago del Estero eligiera a Zenón “Chuca” Ledesma como su primer presidente. El actual Mocase-Vía Campesina es un ejemplo rotundo de la no sumisión a los dictados del sentido común que, de otro modo, hubiera entregado inermes a más de 9.000 familias ante el avance de la represión y la colonización sojera. Otro tanto le cabe a la experiencia de los trabajadores del subterráneo de Buenos Aires quienes, tras largos años de lucha en defensa de su libertad de organización y agremiación, soportando todo tipo de ataques, concurrirán en breve a elegir autoridades dentro de la CTA.
Apenas dos ejemplos, es verdad, pero si se acepta que la política es el único factor de cambio posible, ella debe abrevar en la experiencia directa e intransferible de todos aquellos sectores sociales que, con denuedo, desmienten a diario que el sentido común sea el más común de los sentidos. El conflicto que ello supone expresa una puja de intereses no siempre claros pero que remiten, de un modo u otro, al litigio permanente entre quienes defienden el modelo actual de sociedad y quienes aspiran a superarlo. No se trata de una lucha en un campo de abstracciones; las relaciones materiales que se establecen entre uno y otro polo de la confrontación se dan allí donde millones de seres humanos pugnan por mejorar las condiciones de su existencia y es esa materialidad la que configura cada ideología y no al revés.
A los efectos de esta nota, poco importa que Carrió, Biolcatti y tantos más no puedan –por los intereses de clase que representan y expresan– concebir otra vía para la constitución de las ideologías que no sea la de la negación de su fundamento material. Para ellos y su visión de “los pobres”, otra vez, basta con recordarles la canción de Serrat: “Que Dios le inspire o que Dios le ampare/ Que ésos no se han enterado/ Que Carlos Marx está muerto y enterrado”. Pero, para el resto, lo que queda abierto es el desafío de fundar una intervención en la realidad más allá de los recatados límites del posibilismo.

*Sociólogo, Conicet

http://www.elargentino.com/Content.aspx?Id=101693

07/08/2010 Posted by | General, Sociedad y Cultura | , , , , , , , | 1 comentario

El laboratorio argentino y sus investigadores – Por Ricardo Forster


29-04-2010 /


Ricardo Foster

La Argentina es como un laboratorio en el que cada semana se hacen distintos experimentos. Nada de lo que parecía seguro permanece ante los continuos cambios de protocolos que habilitan a nuevos investigadores para que desarrollen sus experiencias teniendo como ratones de laboratorio a una sociedad por lo general atribulada, confusa y poco dispuesta a ser víctima de tanto manoseo.
Un día es el fantasma angustiante de la inflación; un fantasma que entre nosotros despierta los más recónditos y oscuros recuerdos de una época tenebrosa cuya sola mención aterroriza al simple ciudadano. Con rapidez inusual, los investigadores de ese objeto extraño y extravagante que lleva el nombre de “Argentina” se dedican a analizar qué consecuencias conlleva el bombardeo que sobre la población se hace recordándole sus pesadillas hiperinflacionarias: qué nuevas conductas, que gritos histéricos, qué reacciones alucinadas y qué nueva forma de fragmentación social y cultural se despliega al calor de ese experimento entramado con los lenguajes arcanos y encriptados de economistas que cuando intentan explicar algo lo vuelven más misterioso y angustiante. Todo está allí como un cóctel molotov que amenaza con hacer saltar cordura y sensatez mientras nos regresa, como sociedad, al tiempo del sálvese quien pueda, un tiempo que, como ya sabemos gracias a la historia realmente acontecida, suele concluir en lo peor. En el laboratorio, sin embargo, se privilegia la asepsia y la objetividad, esa que descree de formadores de precios, de políticas de comunicación asociadas a la espiral inflacionaria pero a la que también contribuye una, a estas alturas, incomprensible manipulación de las estadísticas oficiales que sólo parece contribuir a llevarle agua al molino de los anunciadores de la catástrofe. Los investigadores más jóvenes, aquellos que todavía no se resignan a lo rutinario y establecido, se preguntan por qué y para qué el Indec fue promotor de su propia ilegitimación. Sueñan, como puede hacerlo quien aún tiene las ilusiones intactas, que se podrá recuperar la confiabilidad del dichoso organismo estatal al mismo tiempo que también será posible demostrar con rigurosidad científica de qué modo los grandes grupos económicos, beneficiarios de los procesos de monopolización y oligopolización de las últimas décadas, son, en gran parte, responsables directos del aumento de los precios. Los más arrojados, y tal vez utópicos, buscarán asociar con pruebas incontrastables la complicidad de la corporación mediática a la hora de amplificar el pánico inflacionario.

Otro día, y cuando la repetición malsana del sadomasoquismo económico termina por hartar a tirios y troyanos, en el laboratorio se lanzan a investigar la repentina proliferación del “miedo”. Claro que ahora necesitan incorporar a psicólogos, especialistas en problemas espirituales, a sociólogos de la cultura y a avezados mitógrafos que puedan explicar lo que significa el miedo, cómo se genera, a quiénes ataca y por qué (en particular si nos topamos con un “miedo” que dice ser el producto de la persecución ideológica y de la crispación oficialista y no a ese otro, más atávico, que se relaciona con la famosa inseguridad, tema que siempre tienen a mano en el laboratorio para sacarlo a la luz pública cuando no aparecen otros objetos de investigación más adecuados y cuando están carentes de fondos). Si los fenómenos inflacionarios combinaban realidad y ficción, lo hacían de modo tal que la mayoría de los mortales con entrar en un supermercado podían comprobar si algo sucedía con los precios (más difícil era trabajar con la inflación de la propia inflación desplegada astutamente por algunos actores interesados en magnificar su presencia entre nosotros). Con el “miedo” es más arduo y complejo porque se escapa de los datos “objetivos y cuantificables”, sortea las explicaciones seriales y se introduce de lleno en el pantano que horroriza a casi todos los científicos que provienen del campo de las ciencias duras: la subjetividad, el impresionismo social o los laberintos de la construcción de imaginarios culturales. Lo cierto es que durante esta semana tuvieron que trabajar a destajo ante la invasión mediática del “miedo” (incluso alguna revista de esas de amplia circulación se atrevió, con total impudicia que no dejó de azorar a los investigadores, a destacar en tapa y con un fotomontaje de Kirchner convertido en Hitler, que el miedo está acá, se mueve con amplia libertad y sale de las usinas del fachoprogresismo oficialista que utiliza a filósofos nazis para desplegar sus estrategias políticas y que se dedica a escrachar a periodistas independientes). Resulta complicado y agotador, para los investigadores, compatibilizar el miedo que siente Mirtha Legrand con el que siente la senadora jujeña, o el que siente una pulposa modelo con el que desliza con su habla conspirativa Lilita Carrió, o más llano y brutal el senador Morales, atribuyéndole a Milagro Sala la potestad de armar a las fuerzas piqueteras dispuestas para aterrorizar a las clases medias. Más difícil resulta establecer las correspondencias, señaladas por varios políticos opositores y por algunos comunicadores, entre regímenes exterminadores y genocidas (como el nazismo y, en otra medida, la dictadura videlista) y un gobierno democrático que, entre otras cosas, prohibió reprimir cualquier protesta social y derogó las leyes de impunidad y los indultos de los criminales habilitando nuevamente los juicios por la verdad y la justicia. Algo confusos y aturdidos, los investigadores se deciden por abandonar esa línea de indagación que los conduce al pantano de la subjetividad, la manipulación, la exageración y la alucinación. Sospechan, tratando siempre de mantener su prescindencia y su sacrosanta objetividad en la que han sido formados, que un tufillo a impudicia y a mentira se cuela entre los pliegues del “miedo” sobreexpuesto. También acuerdan con que los escraches contra periodistas del grupo Clarín, anónimos y por lo tanto moralmente cobardes, no contribuyen ni favorecen a despejar la nube malsana que se ha detenido sobre nuestras cabezas; pero también han aprendido, los más viejos por experiencia propia y los más jóvenes por haberlo estudiado, que una dictadura es una dictadura y quienes tienden a subestimar o a banalizar sus acciones criminales es porque o no las han sufrido o han sido cómplices de ellas.

Alguna otra semana, sobre todo en ciertos momentos de calma, en el laboratorio se dedican a investigar por qué gran parte de los comunicadores y de los especialistas afirman que la Argentina está “aislada internacionalmente”, que “se ha puesto de espaldas al mundo” y que ha “quedado reducida a ser aliada del régimen de Hugo Chávez o, peor todavía, del cubano”, y lo hacen creyendo, como personas con sensibilidad que son, que esos intachables observadores independientes de nuestra realidad dicen verdades concluyentes y desinteresadas. Los investigadores, serios y aplicados, se dedican primero a recopilar toda la información disponible. Por una casualidad de esas que dejan sus huellas imborrables en la historia de los grandes descubrimientos científicos, el mismo día que llegó el presupuesto para poner en marcha la investigación se enteraron (aunque no por la tapa de los principales diarios ni por los noticieros de los grandes grupos mediáticos; sino por noticias al margen o en periódicos extranjeros como The New York Times o Le Monde) que la presidenta Cristina Fernández se había entrevistado con Barack Obama –pese a que con bombos y platillos se había anunciado que su par estadounidense no la iba a recibir– y, más tarde, con el premier chino y que, al día siguiente y recién arribada a nuestro país, iba a recibir al presidente de Rusia en la primera visita que un presidente ruso realizara a la Argentina. Algo confundidos por tan flagrantes contradicciones, nuestros investigadores llegaron a la conclusión (luego de analizar otras cuestiones como el Mercosur, la relación con Brasil, la pertenencia al grupo de los 20 y a las naciones que discutieron la problemática nuclear, además de revisar las muy buenas relaciones con la comunidad europea y la apertura hacia los mercados asiáticos más el casi seguro nombramiento de Néstor Kirchner al frente de la Unasur) de que ciertos medios de comunicación –los más poderosos y concentrados– mentían descaradamente. Después de varias reuniones urgentes en las que se discutió qué hacer con estas conclusiones irrefutables y científicamente corroborables y siguiendo la línea de conducta que fija la ética de la investigación, acordaron en lo difícil y compleja que era la Argentina a la hora de ofrecer a la opinión pública (otro arduo tema de indagación que decidieron posponer para otra ocasión) un relato verídico de aquello mismo que, siendo del orden del sentido común, no suele ser aceptado por aquellos que se ocupan de fabricar sus propios relatos de lo que realmente sucede en nuestro país.

VEINTITRES

02/05/2010 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

los medios y el negocio de generar pánico 14-11-2009 tvr


03/12/2009 Posted by | General, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , , | Deja un comentario

Argentina: Según Kirchner, la oposición es “la derecha de los 90” y “la Alianza del 2001”


Totalmente de acuerdo con éstas expresiones, Macri-De Narváez crecieron al amparo de Menem, y las políticas que añoran,  son las que se implementarón en esa época, al igual que los dirigentes de la mesa de enlace…En cuanto a la Alianza entre CC, Radicales y socialimo…son los que gobernaron después de Menem y continuaron con el mismo esquema político… Así que nada se puede esperar de esta oposición para la mayoría del pueblo argentino..Añoran un país sin ningún tipo de regulaciones del estado..y volver a llevarnos a un pueblo dedicado solo a los servicios, tal cual el esquema del ALCA, que fuera rechazado en la Cumbre de las Américas , en  Mar del Plata…No tenemos memoria!!

Recuerdan las calles semivacias, colectivos sin pasajeros, cantidad de taxis desplazándose sin pasajeros en fila india…Cantidad de comercios con cartelitos SE VENDE, SE ALQUILA…  desocupados a los que nadie contenía, grupos barriales gestionando el trueque para sobrevivir, y además sin moneda?

Marianike

08-06-09

El primer candidato a diputado del Frente Justicialista para la Victoria, Néstor Kirchner, aseguró que la oposición “no tiene alternativas superadoras” porque la agrupación Unión Pro que postula a Francisco De Narváez “representa la derecha de los 90” y “los otros son la alianza del 2001”. También afirmó que De Narváez no debe “victimizarse” y, por el contrario, debe declarar ante la Justicia por el caso de la ruta de la efedrina.

El candidato a diputado por el Frente Justicialista para la Victoria le pidió a su contrincante en la provincia de Buenos Aires, Francisco de Narváez, que “de un ejemplo cívico y republicano” y se presente ante la justicia, para declarar ante el juez que investiga llamados de su celular a Mario Segovia.

“Cuando alguien del oficialismo es citado por la justicia, es investigado. Cuando alguien de la oposición es citado, es perseguido. Terminemos con esta cuestión corporativa”, dijo Kirchner.

“Inédito y obsceno sería que se deje administrar justicia porque hay elecciones”, consideró el ex presidente.

En un reportaje realizado con Radio América, Kirchner reseño además la situación en que debió asumir el gobierno en el 2003 y destacó que en su gestión “por la Argentina ahorro 70 mil millones de dólares en deuda externa”.

El ex presidente se refirió también a la relación con Venezuela y calificó de “absurda” y como una “actitud retrógrada” la postura de algunos sectores de pedir que ese país sea retirado del Mercosur, tras la decisión de Hugo Chávez de nacionalizar Sidor.

“Los beneficios de nuestra relación con Venezuela son muy positivos. Cuba regresa a la OEA y algunos plantear sacar a Venezuela del Mercosur. Es una actitud retrógrada. Es absurdo. Eso no se resuelve por el camino de la exclusión sino por el camino de la racionalidad”, dijo Kirchner.

El candidato a diputado en la provincia de Buenos Aires afirmó además que habla “permanentemente” con “muchos” productores agropecuarios, “más de lo que cree” la Mesa de Enlace, y que están “muy agradecidos” con la política del Gobierno “porque la situación que tenían en 2002 era de quiebra absoluta”.

Asimismo, volvió a cargar contra “algunos” dirigentes del sector ruralista a los que acusó de haber tenido “acciones destituyentes”, y sostuvo que “el presidente de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati, hace muy bien en votar en contra nuestro, porque pensamos totalmente diferente”.

En ese sentido, diferenció: “Nosotros pensamos en los pobres, en la clase media, en los pibes… ellos piensan en cómo un pequeño sector de la sociedad puede concentrar más riquezas a costa del pueblo”.

“Los productores argentinos son trabajadores. Estoy contento de que la mayoría tenga tractores nuevos, me alegra que puedan trabajar fuertemente en sus campos. En el 2002 no tenían ni para el gasoil”, enfatizó.

Señaló que “siempre” dijo que “la mesa de entidades rurales actúa como un instrumento político en muchos casos, o algunos de ellos, o alguno, con la misma mentalidad y filosofía política que (el ministro de Economía en la última dictadura militar José) Martínez de Hoz, es decir el proyecto neoliberal”.

“Nadie los quebró tanto en los ’90 y nunca apoyaron tanto un gobierno como en los ’90. Tendrían que mirarse un poquito hacia adentro”, recomendó.

Kirchner diferenció a las entidades rurales de los productores agropecuarios y manifestó: “Con muchos hablo permanentemente, más de lo que ellos (en referencia a los dirigentes ruralistas) creen, en muchos casos están muy agradecidos porque la situación que tenían en 2002 era de quiebra absoluta”.

Reiteró que cuando cortaron las rutas el año pasado, en pleno conflicto con el Gobierno, “fueron acciones destituyentes”.

“Cuando uno pone un tractor para cortar una ruta lo que está haciendo es generar una actitud de desestabilización y destituyente muy fuerte”, especificó, al tiempo que descartó que a causa de la crisis en el sector vayan a tener que importar leche y carne.

Página 12

08/06/2009 Posted by | Politica Latinoamerica, Uncategorized | , , , , , , , , | Deja un comentario

Argentina: Candidatos de la Divina Providencia – Ricardo Ragendorfer


17-05-2009

La relación personalizada de algunos políticos con Dios condimenta el curso de la Historia.

Por Ricardo Ragendorfer
rragendorfer@miradasalsur.com

Durante una comida ofrecida en la casa de un prominente hombre de la cultura que integraba el ARI antes de pasarse al kirchnerismo, Lilita Carrió, tras vaciar su copa de vino, dijo:

–A mí, Dios se me apareció dos veces.

Al concluir la frase, volvió a llenar la copa.

Los otros comensales asimilaron la confidencia cruzándose miradas incómodas; en cambio, el anfitrión atenuó la tirantez del momento con una fingida curiosidad.

Ello bastó para la mujer ampliara el asunto sin escatimar detalles. Entonces aseguró que las visitas divinas habían ocurrido de madrugada y que para ella fueron “muy angustiosas”. Finalmente, soltó:

–En ambas ocasiones, Dios me pidió que fuera presidenta.

Se podría poner en duda la veracidad de esa experiencia si otras personas que dejaron su huella en la Historia no hubiesen vivido situaciones análogas. Los ejemplos abundan.

A fines de 1998, el entonces gobernador de Texas, George W. Bush, recibió a su guía espiritual, el predicador metodista James Robinson. Sus palabras de bienvenida fueron:

–He oído el llamado…

–Lo sé. Soy testigo del crecimiento de tu fe.

–No me refiero a eso –aclaró Bush, agitando un brazo como para espantar a una mosca imaginaria.

Y entornando los ojos, prosiguió:

–He oído el llamado. Creo que Dios me quiere como presidente.

Ambos entonces se pusieron a rezar.

Ya se sabe el resto de la trama.

El dedo del Señor. Tal vez es una violación a las leyes de la historia que un ex alcohólico con un coeficiente intelectual inferior a la media se convierta en el presidente del país más poderoso del planeta. O quizás tamaña fatalidad sea parte de las mismas. De otra manera no podría explicarse el motivo por el que, desde la noche de los tiempos, la civilización se vio atravesada por personajes como Nerón, Hitler o Idi Amín. En este punto, la pregunta es: ¿el mundo sería igual si aquellos seres no hubieran existido? Es posible que sí. Aunque tal respuesta no es más que una especulación contrafáctica. En realidad, el tema cabalga sobre un enigma de otro signo: la siempre azarosa conjunción de hechos y circunstancias que suelen conducir a determinados hombres hacia el liderazgo político. O sólo hacia la ilusión de su logro. En muchos casos, por cierto, ese fenómeno de basa en la religiosidad de sus protagonista. Ya que es precisamente la vivencia mística lo que impulsa en ciertos sujetos la extraña creencia de que son los elegidos y que su misión no es otra que la de borrar el mal de la Tierra. Claro que la idea de predestinación absoluta no es novedosa; fue desarrollada a mediados del siglo XVI por Calvino, y supone la existencia de un grupo de hombres y mujeres que, aun antes de nacer, ya fueron elegidos en una suerte de casting celestial. En otras palabras, existiría un verdadero dream team, cuyos integrantes –los predestinados– no necesitan ser virtuosos, debido a que tienen asegurada la salvación eterna por el solo hecho de ser elegidos. Así funciona el mecanismo del “destino manifiesto”.

Pero ello no siempre es infalible. Por caso, se rumorea que Ricardo López Murphy también habría creído ser depositario de un mandato semejante. Al respecto, en un ya añejo reportaje en la revista Gente, su señora, doña Norma, deslizó:

–Ricardo se prepara desde siempre para ser presidente.

Sin embargo, durante la noche del 28 de octubre de 2007, el ex ministro de la Alianza no salía de su azoro: en los comicios presidenciales de ese día sólo había obtenido el 1,45 por ciento de los votos. Y su lectura de la derrota fue:

–Todo el mundo me saludaba en la calle. No entiendo cómo nadie me votó.

Lo suyo era casi un colapso teológico.

No menor es el fenómeno de la autopredestinación. En ese sentido, el de Julio Cobos es un ejemplo acabado. Más que por la voluntad divina, su llegada al centro de la escena fue resultado de una curiosa constelación de hechos, casi una comedia de enredos marcada por equivocaciones ajenas y la pura casualidad. Claro que su propia interpretación de ello tiene una melodía más solemne: “Es la segunda oportunidad en que la vida me pone ante una situación impensada”, llegó a decir el 2 de abril en el Salón Azul del Senado, a metros de donde yacía Raúl Alfonsín. Minutos antes, sin pudor ni testigos que avalaran sus afirmaciones, Cobos reveló que, en su lecho de muerte, el líder radical le dio la misión de “reconstruir la unidad del partido”. Había que ver a ese hombre durante el cortejo fúnebre hacia Recoleta, saludando con una mueca triunfal y los brazos en alto a la gente que había en los balcones. Fue como si Alfonsín hubiera muerto para él.

No deja de ser significativo el elevado número de seres supuestamente autopredestinados para llegar a la presidencia, un cargo que –sin mediar interrupciones institucionales– sólo puede ser ejercido por 10 personas en un lapso de 40 años.

Se sabe que Francisco de Narváez es uno de los que acarician esa esperanza, confiando en que una futura enmienda constitucional le sortee la imposibilidad de ser candidato a presidente debido a su pasaporte colombiano. Pero su empeño no deja de ser curioso: un acaudalado heredero que, de pronto, se obsesiona por gobernar un país, sin tener un pasado militante ni formación política y menos aún ideas originales. Tal vez para suplir tamañas limitaciones haya comprado en un remate –por 140 mil dólares– la biblioteca personal de Perón y su uniforme de gala. A ello se le debe agregar una inversión propia de aproximadamente 50 millones de dólares en la eterna campaña que el Colorado –tal como lo llaman sus seguidores– desarrolla para concretar su sueño. Un sueño que –según dicen– se forjó en una suite del Hotel Hyatt, cuando, a punto de volarse la tapa de los sesos con una Walther PPK, vio una luz al final del túnel. Y en esa luz estaba nada menos que el sillón de Rivadavia. Ese tipo, cuya cosmovisión oscila entre las baladas de Alejandro Lerner y la astrología, entonces comprendió una máxima de la milenaria sabiduría china: “Crisis es oportunidad”. Y sin dudarlo, corrió con premura a tatuarse ese ideograma en el cuello.

El destino tendrá la última palabra.

El Argentino.com

29/05/2009 Posted by | Politica Latinoamerica, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Que decia Alfonsin de Lilita Carrio?


Las Ultimas Palabras de Alfonsin sobre Carrio

07/05/2009 Posted by | Politica Latinoamerica, Videos | , , , | 2 comentarios