America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

LA CONSOLIDACION DEL NUEVO LIDERAZGO PRESIDENCIAL


El hormiguero

A una semana del rotundo triunfo de CFK, las fuerzas políticas de la oposición y algunos de los sectores económicos y de los medios que las condujeron a esa modesta prueba democrática como si se jugara la supervivencia de la especie humana comienzan a salir de la estupefacción, como prófugos de un hormiguero desbaratado de una sola precisa patada. El gobierno disfruta de la victoria con una serenidad que también los desconcierta.

 Por Horacio Verbitsky

Un ministro del Poder Ejecutivo que fue candidato en las elecciones porteñas repite el relato obtenido en la intimidad de un diario que militó en contra de las chances de CFK. Dice que en cuanto se conocieron las cifras y comenzaron las celebraciones, el jefe de su redacción exigió a varios periodistas que buscaran “datos buenos, porque esto no puede ser cierto”. Cerca de la medianoche, uno de los jefes del Peornismo Opositor, Carlos Brown, perfeccionaba esa idea al denunciar fraude en la provincia de Buenos Aires. Pero la gélida contundencia del escrutinio había apagado mucho ardor editorial y permitido que resurgieran algunos reflejos profesionales básicos: los periodistas preguntaron a cuántas mesas se refería, dónde estaban ubicadas y cuáles eran las pruebas. Brown no supo qué contestar y la conferencia de prensa se disgregó en murmullos. En 2007, cuando fue electa presidente, CFK duplicó los votos de la segunda fórmula, la Coalición Cívica Libertadora de Elisa Carrió, y se impuso en todos los distritos electorales, salvo tres. No obstante, Carrió dijo que el nuevo gobierno nacía con “legitimidad segmentada” porque, según ella, se le opondría el 70 por ciento de las clases medias de los centros urbanos, y que Cristina y Néstor Kirchner terminarían como Ceacescu y su esposa. En las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, CFK pasó del 50 por ciento, todos los demás quedaron a distancia sideral de Cristina y sólo riñen entre ellos. No queda en pie ninguna objeción sobre la legitimidad del mandato recibido y si hay algo que recriminar no es al gobierno: las PASO constituyeron un salto de calidad institucional. Pero la oposición las eludió por temor a una trampa, que ni siquiera entendió en qué podría consistir, y recayó en métodos anacrónicos que le impidieron llegar a octubre con un par de fórmulas fuertes y competitivas. A los efectos del análisis y las comparaciones, tomaremos los resultados del domingo como si correspondieran a una elección presidencial, aun a sabiendas de que pueden sufrir algunas modificaciones en los dos meses que faltan. Debido al impacto producido, hoy parece más probable que los márgenes a favor de Cristina sean aún mayores entonces.

Disparen sobre la oposición

Sería largo y tedioso recordar las denigraciones que las principales fuerzas y los más conocidos columnistas políticos le dedicaron a lo largo de su mandato y los vaticinios terroríficos que esparcieron con entusiasmo. Esos testimonios siguen flotando en el espacio como chatarra cibernética, para escarnio de quienes los firmaron con asnal solemnidad. Los menos cuidadosos extendieron esa actitud despectiva a quienes percibíamos que aquellas invectivas eran sólo expresión de deseos que no se correspondían ni con la calidad del gobierno al que iban dirigidas ni con la valoración social de su gestión. Ese universo político y cultural despertó de mala gana a la realidad, pero aún no sabe dónde está. Su primer reflejo no fue generoso con quienes hicieron lo posible por cumplir los roles que les habían asignado en ese mundo virtual. El principal reproche que se repitió en crónicas y columnas fue por las divisiones de la oposición, que se presentó fragmentada en muchas fórmulas. ¿Por qué no decir, con ese criterio, que el peronismo fue dividido en tres fórmulas presidenciales? ¿O que, incluso quienes respaldaban a Cristina, repartieron su fuerza entre tres boletas en la provincia de Buenos Aires? Ni siquiera es cierto que hayan competido más fórmulas que otras veces, sino todo lo contrario: desde 1983 nunca hubo menos candidatos presidenciales que ahora. Fueron 12 en 1983 y en 1989. En ambos casos, esta diversidad de candidaturas no impidió que las dos primeras concentraran nueve de cada diez votos en la primera y ocho de cada diez en 1989. En 1995, la cantidad de competidores subió a catorce, pero entre los dos primeros también rozaron el 80 por ciento. En 1999 se redujeron a diez candidaturas, pero la concentración volvió a subir: entre la primera y la segunda fórmula sumaron el 86 por ciento. La mayor fragmentación se produjo en 2003, luego de la crisis de fin de siglo, cuando compitieron 18 fórmulas presidenciales. Y al mismo tiempo se redujo la concentración, ya que por primera vez las dos primeras no llegaron al 50 por ciento de los votos. Aun así, la quinta candidata, Elisa Carrió, llegó al 15 por ciento, un porcentaje que este año no alcanzó ni el segundo. En 2007, entre CFK y Carrió se acercaron al 70 por ciento del total, pese a que compitieron 14 fórmulas. En las Primarias de esta semana hubo diez candidaturas, como en 1999. Es ostensible que la cantidad de fórmulas no explica el desequilibrio a favor de Cristina y la magra cosecha del resto. La concentración entre las dos primeras llegó al 62 por ciento, pero CFK-Amado Boudou cuadruplicaron la cosecha de Ricardo Alfonsín-Javier González Fraga. No es la única marca excepcional que alcanzó: ganó en todos los distritos electorales del país salvo San Luis. Prevaleció tanto en el conurbano como en el interior de la provincia de Buenos Aires. Se impuso en todos sus partidos, menos dos (ambos rurales, Puán y Salliqueló), y en todas las comunas de la Capital Federal salvo tres (Recoleta, Belgrano y una parte de Palermo). Ganó en todas las grandes ciudades del país, con la solitaria excepción de Rosario, que el socialismo gobierna desde hace veinte años. Batió en sus propios reductos a sus principales competidores por la presidencia (salvo Alberto Rodríguez Sáa): a Ricardo Alfonsín en Chascomús, a Eduardo Duhalde en Lomas de Zamora, a Mario Das Neves en Chubut, a Hermes Binner en Santa Fe, e incluso en su ciudad, Rafaela, a Elisa Carrió en la Capital y en El Chaco. Obtuvo más votos en su categoría que los que favorecieron en las suyas a quienes en distintos momentos desafiaron su liderazgo partidario: Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires, Juan Manuel Urtubey en Salta, Carlos Reutemann en Llambí Campbell. Sus candidatos a diputados nacionales casi quintuplicaron a los de José Manuel de la Sota en Córdoba y casi duplicaron a los de Carlos Verna en La Pampa. También resultó arrolladora frente a los líderes de la Mesa de Enlace de las cámaras patronales agropecuarias que en 2008 embistieron contra su gobierno. Hugo Biolcati no pudo impedir que Cristina ganara en Carlos Casares, donde vota y tiene su tambo La Dorita; lo mismo le ocurrió a Eduardo Buzzi en su pueblo santafecino de J. B. Molina, a Carlos Garetto en Leones, a Mario Llambías en General Belgrano, y a Alfredo De Angeli en Gualeguaychú. De todos ellos, sólo Llambías cometió la imprudencia de presentarse como candidato. En su propio distrito, apenas obtuvo el 6 por ciento de los votos y fue cuarto. El 3,5 por ciento que lo votó en toda la provincia no le asegura resultar electo en octubre. La reacción pública de Biolcati fue respetuosa. Admitió que habían vivido “en un microclima sectorial” sin ver al resto del país, que debían reflexionar con profundidad ante “el discurso tan crítico que hemos tenido” y que la aprobación a la presidente era respetable y “digna de tener en cuenta”. Pero bastó que se creyera entre amigos y sin testigos para que reapareciera su desprecio por cualquier manifestación popular (y no me refiero al programa de televisión sino a los votantes). La gente que elige a Cristina “mira a Tinelli y si puede pagar el plasma, no le importa nada más”, dijo el presidente de la Sociedad Rural. Esta frase se inscribe en el linaje de los grandes exabruptos históricos contra el pueblo, como el “aluvión zoológico” de 1945, la justificación de los fusilamientos de 1956 porque “se acabó la leche de la clemencia!” o la oposición a que se construyeran viviendas populares, “porque levantan el parquet y lo usan para hacer el asado”.

La venia de Duhalde

El ex senador Eduardo Duhalde buscó el voto del personal en actividad y retirado de las fuerzas armadas, de seguridad, policiales y penitenciarias, nacionales y provinciales, más sus parientes y amigos. Para ello envió al pabellón de lesa humanidad de la cárcel de Marcos Paz a su dador de transfusiones intelectuales Abel Parentini Posse y negoció con Lucrecia Astiz, hermana del ex marino, y con la Unión de Promociones y su comando electoral Votarun (sigla castrense por Votar Unidos). Estos nuevos interlocutores lo convencieron de que sumarían para él un universo de 2,5 millones de votos. Esa es la cifra exacta que obtuvo Duhalde, aunque es obvio que no todos provienen de ese sector, ya que Cristina se impuso en cada sitio del país en los que hay unidades de alguna de las tres Fuerzas Armadas, con sólo tres excepciones, Rosario, la Antártida y Villa Reynolds, donde ganaron Binner, Duhalde y Rodríguez Saa. En promedio, en esas 74 ciudades, Cristina fue preferida por el 49,95 por ciento de los electores, con una minúscula diferencia de 0,14 por ciento respecto del total del país. Es decir, como se ha observado siempre, el voto castrense no difiere del que se produce en los sectores afines en el resto de la sociedad. Es posible que en las bases mismas, Duhalde haya mejorado sus promedios, pero esto no se extiende más allá de una periferia inmediata.

Entropía

Atenuado el estupor comenzó a operar la entropía. Luego del impacto es imposible reconstruir la situación anterior y suceden el caos y una constante declinación. Hasta ahora sólo eludieron la expansión del desastre Rodríguez Sáa, porque su módico objetivo es superar a Duhalde, y Hermes Binner, que está engullendo más de lo que podrá digerir. Como vocero del PRO, Federico Pinedo reclama que Alfonsín y Duhalde retiren sus candidaturas y apoyen a Binner, quien compite por una franja de votantes distinta a la de Maurizio Macrì pero está en conversaciones con varios candidatos a gobernaciones de la UCR para que corten boleta en octubre. Duhalde recrimina que Macrì no cumpla con el apoyo prometido. Hizo una elección superior a la esperable si se considera la valoración social de su historia, pero él no lo sabe porque sus expectativas eran descomunales. Tampoco Pino Solanas entendió que su 12 por ciento en la elección porteña era una excelente marca, hasta que el domingo 14 su grupo no llegó al uno por ciento. Sus diatribas contra sus ex aliados se completan con el extraordinario anuncio de su candidatura a la presidencia para 2015, cuando le falten cien días para cumplir ochenta años. Así, la renovación política está asegurada. Duhalde sigue repitiendo consignas voluntaristas, que ahora incluyen una hecatombe económica y una crisis social que, por supuesto, la tontita de Cristina no sabrá cómo manejar. Llegado a este punto de fuga de la realidad, puede tentarse con algún golpe de mano, como los que lo llevaron a la intendencia de Lomas de Zamora en 1974 y a la Casa Rosada en 2002, para impedir que flameen “banderas de la subversión”. Una advertencia no menos tremendista, pero en formato republicano, lanzó el presidente de la UCR, Ernesto Sánz. Flanqueado por los presidentes de sus bloques legislativos, pero sin la presencia de los ya olvidados Alfonsín y González Fraga, dijo con gesto y tono de grave emergencia que si los resultados de agosto se repetían en octubre el país estaría en grave riesgo institucional. Puso como ejemplo las leyes “contrarias al interés nacional” que el kirchnerismo habría sancionado cuando tuvo mayoría en ambas cámaras. Si Duhalde se arroga la definición de qué o quiénes son o no peronistas, Sanz reparte certificados de republicanismo democrático. Este discurso perdió cualquier credibilidad en 2010, cuando el Grupo Ahhh… sólo empleó las bancas alcanzadas en los comicios de 2009 para repartirse todos los cargos, sin respetar ninguna proporcionalidad. Hasta el Frente de Izquierda y los Trabajadores, que consideró un milagro haber alcanzado el piso del 1,5 por ciento, padeció el mismo fenómeno que las otras fuerzas, en este caso con la fuerza del descorche de una botella de champagne francés, para festejar con el más entusiasta propagandista periodístico de la dictadura, sin previa autorización de sus aliados.

Partidos al medio

No es el único modo en que los medios de comunicación entraron en el debate postelectoral. El resultado demuestra que los medios no influyen en el resultado, dijeron aquellos medios que más hicieron para influir en el resultado. El problema no son los medios, sino su articulación con el poder económico y político: la asociación de Clarín y La Nación en Expoagro, donde cada año cierran negocios por 300 millones de dólares las principales empresas de los agronegocios; la comida de la cúpula de la oposición en la casa del CEO del Grupo Clarín, quien los instó a unirse para resistir al Huracán Cristina; la negociación de Héctor Magnetto con Kirchner para quedarse con Telecom, cualquiera sea la versión que se crea sobre los motivos de su fracaso; la manipulación de jueces que dinamitan a cautelares toda regulación pública de los intereses del grupo. Reducir esa densa trama de negocios y la correspondiente relación con el poder institucional a un análisis de la influencia de los medios sobre el voto sólo puede considerarse una ingenuidad si lo hace alguien menor de 22 años. Gracias al insistente chirrido mediático, que magnifica ad nauseam pequeños episodios e invisibiliza enormes procesos económicos, políticos y sociales, mucha gente se sorprendió por una obviedad: que el pueblo haya votado en defensa propia, a favor del mejor gobierno que ha tenido el país en más de medio siglo, por lo que ya hizo y por lo que falta hacer.

Página12

21/08/2011 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Argentina – Necesidad mutua


Duhalde

Por Néstor Leone

La trama de intereses detrás del respaldo de Clarín a la candidatura de Eduardo Duhalde

Las reuniones existen y son más habituales de lo que se cree. Secretas, de alto contenido político y ciertamente amenas. De un lado, el empresario que supo convertir un diario de tirada mediana en un conglomerado de medios con capacidad de construir agenda e influir de manera decisiva en la opinión pública de la Argentina. Del otro, el político que fue sinónimo de maquinaria electoral y que es considerado, por muchos empresarios, como un hábil piloto de tormentas. Tienen necesidades complementarias y conveniencias mutas. Lo saben y se buscan. Pero, sobre todo, tienen un enemigo común, con el que han compartido tiempos de buenas relaciones y con el que hace rato están en disputa. Ese enemigo común, a pesar de su capacidad inextinguible para recuperar la iniciativa, no atraviesa su mejor momento. Y eso los entusiasma: piensan que, entre ambos, pueden contribuir a marcarle nuevos límites o condicionar su futuro, aunque el poder de fuego de ambos ya no sea el mismo.
Ésas han sido las razones y el contexto para que Héctor Magnetto, CEO del Grupo Clarín, y Eduardo Duhalde, el político que siempre vuelve (aunque nunca se haya ido), retomaran las reuniones del pasado. Ésas que fueron clave en el contexto de la crisis de 2002 y que mantienen de manera episódica desde hace tiempo. La situación del mayor emporio periodístico del país, herido en sus posibilidades por las últimas movidas del Gobierno, genera las nuevas condiciones. Tanto como la escasez de alternativas opositoras de cara a 2011. Una serie de objetivos de mínima los puso en marcha. Dos aspiraciones de máxima, los envalentona: que Duhalde vuelva a ser presidente de la Nación y que Néstor Kirchner, más tarde o más temprano, termine preso.

EL GRAN DECISOR

Magnetto nunca aceptó sentarse con otros en pie de igualdad, dicen quienes lo conocen o lo han tratado. Y esto incluye a empresarios y a políticos de toda laya o responsabilidad. Se concibió a sí mismo como el más importante decisor de la Argentina, más allá de los poderes instituidos, y actúa en consecuencia. Es más, siempre se jactó, en reuniones sociales, de haber puesto a dos vicepresidentes (Carlos Ruckauf y Carlos “Chacho” Álvarez) y haber influido en varias de las políticas clave del país.
Una anécdota, conocida en el mundo empresario, lo pinta de cuerpo entero.
Cuentan que en Lisboa, el pope de Clarín se cruzó con Jesús de Polanco, presidente del poderoso grupo español Prisa. Advertido de la intención del propietario del diario El País de incursionar en el mercado argentino, Magnetto le pidió que lo visitase al llegar a estas latitudes. Pero la gentil invitación no cayó bien en su partenaire. El veterano hombre de negocios, fallecido en 2007, al salir de su asombro, no dejó pasar lo que consideró una osadía y lo interrumpió en seco: “Cuando voy a otros países suelo hablar con los gobiernos, no con los competidores”, espetó. A Magnetto no le gustó nada la reacción e inició una guerra de baja intensidad, con jugadas varias para obstaculizar el desembarco. Finalmente, Prisa compró radio Continental, su nave insignia en el país, a través de una firma controlada asentada en Estados Unidos, y recién hubo unidad de acción a partir de la discusión de la ley de medios.
Como cabeza del Grupo desde hace más de tres décadas, Magnetto le dio su impronta y le permitió consolidarse como conglomerado de medios. Mediante sus audaces estrategias de posicionamiento y su interpretación de “lo que pasa” en la sociedad (con dosis variadas de indefinición ideológica y pragmatismo) logró convertir a sus productos en formadores clave del sentido común argentino. Con su lógica política, imbatible hasta aquí, acaparó sonantes conquistas para el Grupo. Se sabe cómo opera Clarín: pasa del apoyo inicial a los gobiernos, a la negociación y de ésta a la crítica feroz cuando el poder político de turno ingresa en su declive.
Con los Kirchner intentó algo parecido, con resultados diversos. La prórroga por diez años de todas las licencias de televisión abierta y radios mediante un decreto cuestionable, de 2005, y el permiso para concretar la fusión de Cablevisión y Multicanal cimentaron parte de las buenas relaciones iniciales entre los Kirchner y el CEO del Grupo, siempre matizada por la mutua desconfianza. La cobertura del conflicto entre el gobierno nacional y el “campo”, la incursión del Estado en las trasmisiones de fútbol y la ley de medios significaron la ruptura definitiva, con consecuencias gravosas para el Grupo.
Esta confrontación, es vox populi, no llega en un buen momento: las finanzas del Grupo atraviesan dificultades. La crisis global, que no dejó de pegar fuerte en los medios, y la caída de las ventas, ligado a esto último y al declive tendencial de los diarios de papel, conforman un cuadro de situación que ya los mantenía preocupados. La salud de Magnetto, en vilo desde hace unos años, complica más las cosas, sobre todo, si se tiene en cuenta el déficit de cuadros empresariales que ha mostrado el Grupo en los diferentes frentes abiertos.
Por eso, son varios los que ven nubarrones en el futuro del Grupo. “Clarín hoy es como Tyson en su decadencia: le termina mordiendo la oreja a su rival como símbolo de impotencia”, señala un analista avezado de los medios, quien prefirió reservar su identidad. “Están tirando la última ficha al único número que pueden jugarla”, reconoce otro, en el mismo sentido. Es claro, no están hablando de la continuidad del Grupo o su supervivencia, garantizada por su peso histórico y su potencial todavía importante, sino de la ascendencia indiscutida sobre el resto del empresariado y la capacidad de influir no sólo sobre la opinión pública sino también sobre el poder político. Algunas reuniones de empresarios encumbrados, a espaldas de Magnetto y “para no quedar presos de esta pelea entre dos gigantes”, es un ejemplo. El descubrimiento tardío de la cantidad de rencor que había sembrado entre pares, es otro. La posibilidad de que el poder político mensure distinto el poder de fuego del Grupo, un tercer ejemplo, para nada menor.

EL ELEGIDO

 

En este contexto cenagoso, la opción Duhalde no tardó en llegar y convertirse en una apuesta fuerte del Grupo. Se sabe, la relación con el ex presidente siempre fue buena y se deben varios favores mutuos, que se remontan a la salida de la crisis de 2002 (ver aparte). Ahora, también parece que es mutua la conveniencia y la necesidad. Del lado del Grupo no parecen ocultarlo. En  reuniones sociales varias de las últimas semanas, directivos encumbrados dejaron correr el rumor para instalarla como posibilidad cierta. Saben que, para remontar el terreno perdido durante el último año, el actor indicado es Duhalde y no otro. Insinuaron con Carlos Reutemann, poco después de las elecciones de junio, y quedaron desairados con las indecisiones del Lole. En tanto, a Julio Cobos lo consideran el mal menor, pero no un “candidato propio”.
Desde el duhaldismo, reconocen reuniones habituales con la plana mayor del Grupo y la importancia que podría tener un eventual apoyo. “Duhalde nunca dejó de reunirse con Magnetto. La relación fue siempre muy buena”, reconoce un seguidor cercano al hombre de Lomas de Zamora. “En las elecciones de 2005, con Chiche de candidata, fuimos víctimas del acuerdo Kirchner-Clarín”, se ataja otro, duhaldista histórico, sin  desmentir las reuniones con Magnetto. El abrazo en público de Duhalde con el director del Grupo Clarín, José Aranda, a la vista de todos, en el último Coloquio de Idea, hablan de algunos vectores explícitos del acuerdo. La entrevista que concedió al diario, hace unas semanas, o ciertas notas, como la que firmó el 28 de octubre Eduardo van der Kooy bajo el sugerente titulo de “Duhalde, frente a la enorme tarea de reconstruir un liderazgo”, son señales de los aprontes implícitos.
“Duhalde es el tipo que más se acomodó al pensamiento de Magnetto. Nunca le discutiría su poder, porque el poder real no le importa”, confía un hombre del peronismo, que conoce el paño. En tanto, otros, más ligados a los medios, le dan entidad a lo que ya es un secreto a voces en el ambiente político: que el hombre fuerte de Clarín militaría para ver preso a Néstor Kirchner en plazo mediante. Con toda su flota de medios involucrada, le han escuchado a Magnetto, intentará darle sobrada difusión a las denuncias habidas y por haber sobre enriquecimiento ilícito en su contra.
Imbuido en el espíritu de consenso que tanto se pregona, con el Pacto de la Moncloa como modelo, el ex presidente está convencido de que puede ser una figura clave en el poskirchnerismo. Lo que aún no sabe es en calidad de qué: si como candidato a presidente (su aspiración máxima), como elector de una alternativa ganadora o como obstáculo para cerrar caminos a una potencial continuidad de la pareja patagónica y abrir el camino para el triunfo de Cobos. Conocedor de sus fuerzas, sabe que su problema es la escasa imagen positiva que conserva, de cara a la sociedad, aun cuando desde el empresariado se lo ve como “un hombre de consensos”. Y sabe, también, que difícilmente pueda recuperar el poder territorial inmenso del que hizo usufructo en su provincia. Intentará, eso sí, presentarse como ambulancia de heridos y armador del descontento K.
Por lo pronto, está preocupado por la escasez de candidatos alternativos con piné. A Reutemann ya le dio una especie de ultimátum para decidirse, pero la desilusión con el santafesino parece difícil de remontar. Con Felipe Solá la relación, aunque más próxima que hace un tiempo, sigue siendo sinuosa. Con Francisco de Narváez y Mauricio Macri, los otros hombres de Unión-PRO, además, parece haber cierto rencor. Nada que no pueda subsanar, es cierto, si los intereses son complementarios. Los resabios en el armado de las listas de junio último, donde quedaron varios duhaldistas afuera, y los cruces con De Narváez de estas semanas, dan la pauta. “Si alguno cree que puede ser candidato a presidente un extranjero, yo lo voy a buscar a Lula”, lo ninguneó el lomense, no casualmente en la entrevista con Clarín. “Tanto Duhalde como Kirchner son lo viejo, la vieja política, y creo que tenemos que mirar lo nuevo”, contragolpeó el empresario.
Mientras tanto, las reuniones de Duhalde son variadas y con una asiduidad cada vez mayor. Y no sólo con Magnetto. Con Roberto Lavagna, dicen que se ve seguido. Con Alberto Fernández, son varios los que aseguran que reabrió el diálogo. Durante la última semana, esas charlas las trasladó a Estados Unidos, donde estuvo invitado a una ronda de charlas en la Universidad de Harvard y compartió estadía con varios opositores, como el arista Alfonso Prat Gay y la ex vicejefa de gobierno porteño, Gabriela Michetti. Y con dirigentes todavía oficialistas pero díscolos, como los gobernadores Mario Das Neves o Juan Manuel Urtubey.
Con necesidades complementarias y conveniencias mutas, Magnetto y Duhalde, dos actores centrales de la vida política, intentan reacomodarse en el nuevo escenario. Saben que las fichas han cambiado y que el juego ahora es más difícil. Pero apuestan a su poder de fuego y a su peso histórico. Con la esperanza de revertir el rumbo. Y con el íntimo temor de ya no ser.

Leyes a medida

El Grupo Clarín tiene sobrados motivos para agradecer el breve paso de Eduardo Duhalde por el Ejecutivo, entre enero de 2002 y mayo de 2003. Durante esos meses, se aprobaron la Ley de Bienes Culturales (conocida como Ley Clarín), que limita el ingreso del capital extranjero en medios más allá del treinta por ciento, y la Ley de Quiebras, que impide que acreedores puedan tomar el control de una empresa en dificultades económicas.
Era época de crisis para el Grupo, que debía lidiar con algunos contratiempos financieros y esas leyes eran un buen reaseguro, casi tanto como lo fueron la devaluación y la pesificación asimétrica que licuó buena parte de sus deudas.

Fuente – Debate

06/11/2009 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario