America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Pájaro de cuentas – Walter Goobar (Cuentas de Máximo Kirchner – Nilda Garré)



Domingo 12 de Abril de 2015

Pájaro de cuentas
Por Walter Goobar

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No hay cuentas de Máximo Kirchner ni de Nilda Garré en el Felon Bank de Delaware. De manera tajante las autoridades bancarias estadounidenses desmintieron la novela por entregas tejida por el diario Clarín y bordada por su periodista estrella Daniel Santoro, en base a información de “fuentes anónimas” publicada por la revista brasileña Veja, que se ha convertido en una base de operaciones de los fondos buitre. Ante la primera desmentida de Garré, Santoro se autojustificó indicando que tenía la información desde hace años y que “a pedido de sus jefes” retomó la investigación, a la que le puso no sólo su firma sino hasta el número de una cuenta que no existía.

En mayo de 2012, el autor de esta columna reveló en una serie de notas que Daniel Santoro y su colega Guillermo Lobo, de TN, estaban siendo investigados por el FBI y el Departamento de Estado en el contexto de una red de espionaje internacional desbaratada en Estados Unidos en junio de 2010 y que, por ese motivo, la Embajada de Estados Unidos les había cancelado sus visas para ingresar a ese país.

Pese a que Santoro ha iniciado una demanda por daños y perjuicios contra los directivos del Grupo Veintitrés y contra el autor de las notas, la confirmación más inesperada y lapidaria de que todo lo publicado era correcto vino de un editorial publicado el 17 de agosto pasado en Clarín.
Vale aclarar que quien firma esta nota contaba con tres fuentes confiables para tamaña aseveración, que ante el más mínimo error, hubiese sido total o parcialmente desmentida por la legación diplomática hasta por una coma mal puesta.

El 5 de mayo de 2012, antes de publicar una línea sobre el tema, el autor de esta nota se comunicó con Santoro, quien a lo largo de un extenso diálogo telefónico se negó a confirmar o desmentir si su visa estadounidense había sido cancelada.

No era necesario ser demasiado sagaz para percatarse de que Santoro a esa altura ya sabía que estaba bajo investigación, pero que no quería que el asunto tomara estado público, sino que apostaba a resolver el tema de manera discreta con las influencias de Clarín.

Tras la publicación de la investigación en Miradas al Sur y revista Veintitrés, Santoro atribuyó las notas a una conspiración en su contra y –evitando hablar de su visa revocada– salió a buscar el respaldo y la solidaridad del Foro de Periodismo Argentino (Fopea), un organismo que él mismo fundó. Luego pidió una audiencia con la entonces embajadora de Estados Unidos, Vilma Martínez, quien lo recibió amablemente y le brindó una piadosa sonrisa como toda respuesta.

Pese a que Santoro ha iniciado una demanda por daños y perjuicios contra los directivos del Grupo Veintitrés y contra el autor de las notas, la confirmación más inesperada y lapidaria de que todo lo publicado era correcto vino de un editorial publicado el 17 de agosto pasado en Clarín. En la nota –que resulta demoledora para la menguante credibilidad de Santoro– no sólo se afirma que la visa le fue cancelada, sino que el periodista fue interrogado por el FBI: “Estados Unidos le quitó la visa y el FBI lo interrogó. Cuando todo se reveló como una verdadera patraña con origen en una sucia maniobra de inteligencia en Argentina, el Departamento de Estado le restituyó la visa”, reza el editorial sin firma.

En efecto, después de una investigación que duró más de un año y medio, Estados Unidos “restituyó” en enero de 2014 la visa a Santoro. El bochorno con las cuentas de Máximo Kirchner y Nilda Garré demuestra que lo que no logró recuperar es la credibilidad.

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13/04/2015 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario

Máximo Kirchner o la excepcionalidad asumida – Roberto Caballero


Máximo Kirchner o la excepcionalidad asumida
El hijo de la presidenta es una pieza extraña al sistema político colonizado por la demanda mediática. Lo atacan por eso, y porque representa un kirchnerismo que, lejos de irse, continúa en el tiempo.

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Máximo Kirchner es una pieza extraña al sistema político colonizado por la demanda mediática. No le gustan las cámaras, ni los sets de televisión, ni las entrevistas y, mucho menos, que Clarín le ordene el libreto sobre lo que hay que decir o lo que hay que hacer.

A su manera, es un actor político diferente, que al estilo de Salinger o el Indio Solari, reclama no ser mediatizado en una sociedad atravesada por los medios de comunicación, donde la pantalla ocupa hoy el lugar que antes ocupaba el crucifijo. Máximo Kirchner propone un desafío que tensiona todo ese andamiaje: exponerse cuando él quiere o su proyecto lo exige, y no cuando lo impone la lógica de los mass media. Podrán discutirse los efectos de esta decisión, preguntarse si lo que ayuda a construir el mito contracultural y la militancia devota es útil a la hora de sumar los votos de los no evangelizados que también se necesitan para ganar una elección. O si, en cambio, hay que buscar estirar los tiempos hasta terminar de evangelizarlos a todos.

“Máximo Kirchner asumió su verdadera excepcionalidad, no encaja en ninguna matriz conocida y tiene naturales dotes de estratega. Sus próximos pasos, por ahora, son un enigma. Pero se equivocan los que temen a su candidatura”.
Pero hay algo que no admite mucho debate. Está claro que la comunicación hegemónica no se lo perdona. La revista Caras no lo pudo retratar en su baño con grifería de oro y aún maldice que se haya casado con una médica y no con una modelo de la agencia de Leandro Santos. La revista Noticias, de la misma editorial Perfil, se lo confundió una vez con el sobrino de Moneta y ahora, casi, casi con Robledo Puch.

Clarín hizo agua esta semana cuando lo quiso involucrar con insólitas cuentas en el exterior derivadas, no se sabe muy bien todavía, si de la venta de uranio enriquecido o agua pesada, o petróleo, o trigo, o de las “play station” que ya no usa a la República Islámica de Irán. Y La Nación todavía está pensando cómo puede hacer para incluirlo, por vía de sus novelistas habituales, en alguna trama oscura con Monzer Al Kassar o el Isis.

No fue a pesar de eso, sino por esa rareza devenida en cualidad, la de no poder encajarlo en alguna de sus historias abismales, que el hijo de la presidenta, en setiembre pasado, sorprendió a algunos hablando como dirigente a 40 mil militantes de La Cámpora en Argentinos Juniors. Aquel día, el tercer Kirchner después de Néstor y Cristina, decidió por propia voluntad romper la imagen de “jugador de Play” prefabricada. Fue una acción deliberada, porque durante un largo tiempo, él mismo se valió del fantástico error de caracterización de los grupos de la comunicación sobre su desdibujada figura pública, para desplazarse casi clandestinamente en una zona poco iluminada de la política y construir la más combativa y obediente organización de militantes de apoyo al gobierno.

El haber aprovechado la distracción de un adversario convencido de la fantasmal mitología que erigió por prejuicio, habla de un estratega capaz que eligió el momento oportuno -ni antes, ni después- para subirse al ring de la pelea. No cuando los otros querían, que era cuando se sentían fuertes y dominantes, sino en un momento de descuido y sólo para mantener o avanzar en la posición.

La decisión de sepultar al “jugador de Play” tuvo beneficios y costos para él y su gente. Cuando el estratega ordena un movimiento, por exitoso que sea, se hace inmediatamente visible en la mesa de arena.

Desde entonces, Máximo Kirchner se convirtió en un blanco móvil del Grupo Clarín y del Partido Judicial. Pero también es cierto que la visibilidad de aquel día, terminó de cimentar el liderazgo carismático sobre su propia tropa y comenzó a extenderse hacia un segundo círculo militante, más amplio y silvestre, del movimiento kirchnerista que se encontraba en una deriva compleja elaborando el duelo por la imposibilidad constitucional de Cristina de ejercer una nueva presidencia.

Entonces tuvo que elegir entre el ocultamiento y la referencialidad para resistir y seguir creciendo, en un contexto donde la presidenta era asediada por el bloque opositor a sus políticas y hasta por miembros del mismo espacio oficial alcanzados por la teoría del “fin de ciclo” agitada por los editorialistas de Clarín y La Nación. En los tiempos del famoso “olor a cala”, Máximo Kirchner asumió la responsabilidad de oxigenar el ambiente. Se hizo cargo de la excepcionalidad de su propia historia, porque no hay un hijo de dos presidentes que se haya dedicado a la política de verdad, e irrumpió en público para avisar que nadie velara al kirchnerismo porque tenía herederos vivos con vocación de poder.

Los costos están a la vista. La campaña de demonización de su nombre y del de La Cámpora, entró en fase demencial. La emergencia de un nuevo líder, expresión además de una juventud militante que estira en el tiempo vital el proyecto kirchnerista, sacó de las casillas al status quo envejecido. Los querían “sushis” y “antonitos”, vocacionalmente inclinados al maquillaje y el stand up televisivo, vanidosamente vulnerables, superficiales y operables. Les salieron rebeldes, místicos, alegres y contraculturales. Quieren ser como Néstor y Cristina, descolgar cuadros, hacer vivible este país. No tienen como modelo a Fernando de la Rúa.

Es demasiada novedad para un poder fosilizado, orgulloso de glorias que no tuvo, soberbio con nada, o casi nada: la juventud que ellos anhelan es la que aparecía sonriente en la tapa de la revista Viva de Clarín en 2000, que llevaba por título “La Joven Guardia”. Un año después, el país ardía y cuarenta argentinos regaban con su sangre las plazas de la república.

No se trata de la doble vara. El poder elogia lo que pretende y castiga aquello que desafía su plan. Trata con mano de seda a unos y a sablazos a los otros. La Cámpora nunca tuvo una tapa como la que Clarín le dedicó a los “sushis” delarruistas. Por el contrario, hay una saga implacable de títulos, copetes y notas de Clarín, La Nación y la revista Noticias que la asocian a lo maldito. En ese marco deben leerse las notas de Clarín sobre cuentas en el exterior y la última tapa que dedicó el newsmagazine de Jorge Fontevecchia a Máximo Kirchner. O el intento previo de vincular a Andrés Larroque con el encubrimiento de la voladura de la AMIA.

Es un intento de demonización para domesticar lo indomesticable. Un esfuerzo sideral por tapar lo que no les gusta que pase: la sobrevida de un proyecto que los puso bajo el reflector y la crítica democrática, que es a lo que temen de verdad.

Cuando Máximo Kirchner habló con Víctor Hugo Morales, lo menos importante fue que desmintiera a Clarín. Una investigación periodística, por definición, no se puede asentar en potenciales, porque estos debilitan aquello que se pretende hacer público. Lo afirma el propio Daniel Santoro en “Técnica de Investigación”, libro que editó en los ‘90. Si se investiga, se revela algo, no se conjetura sobre hechos. Si se publica, es porque ya no hay dudas de que estos fueron una manera comprobable y no de otra imaginaria. Es una cuestión de metodología profesional. Santoro escribió que sus jefes lo obligaron a hacer lo que hizo. Y que Máximo Kirchner ahora debería certificar que él miente. Lo correcto, sería lo inverso. Cuando este diario reveló que Héctor Magnetto, Bartolomé Mitre y Ernestina Noble, dos de ellos jefes de Santoro, se apropiaron de Papel Prensa en complicidad con la dictadura genocida, aportó documentación incontrastable.

Que un sector del Poder Judicial sea, por decirlo de manera liviana, perezoso cuando se trata de empresarios, no inhabilita la evidencia que hoy obra en poder del juzgado. Jueces y fiscales ya confirmaron la necesidad de investigar de manera urgente la existencia de delitos de lesa humanidad y se ratificó el pedido de las indagatorias de los dueños de Clarín y La Nación, que ya tiene casi media década. Eso, con potenciales, no se logra.

Pero decíamos que lo menos relevante fue la explicación del líder de La Cámpora sobre este asunto. Lo trascendente fue su nueva aparición pública, después del acto en Argentinos Juniors. Otra vez generó estupor en unos y admiración en otros. Su hablar pausado, su retórica sencilla y honda, su conceptualización del momento político, dejó embobado incluso al panel de “Intratables”, que no se caracteriza precisamente por ser complaciente con el oficialismo.

Silvia Fernández Barrio, que tiene una suerte de máster en antikirchnerismo militante, dijo que el hijo de la presidenta estaba llamado a ser el hombre que cierre “la grieta” y que podría sentarse a hablar con él sin problemas. No es que Fernández Barrio sea la analista excluyente para mensurar el ADN ideológico de Máximo Kirchner, pero el rol que juega en ese programa, como representante de un sentido común extendido que estaría molesto por los modales y gestualidades de Cristina Kirchner, admite que sea citada para corroborar un dato interesante: cuando habla, el jefe de La Cámpora concita atención y respeto porque es duro y sereno a la vez, aún entre aquellos que detestan al oficialismo por múltiples razones, algunas atendibles y otras insufribles.

Aunque resulte prematuro afirmarlo, habría –y en este caso, el potencial vale porque es una hipótesis a ser demostrada- una porción nada desdeñable de la sociedad que estaría dispuesta a prestar el oído para escuchar lo que tiene para decir un kircherista puro que habla más claro y mejor que sus muchos y voluntariosos exégetas.

Máximo Kirchner es visualizado como un kirchnerista auténtico que reúne las virtudes de sus padres, pero incontaminado de ciertos defectos que, forzadamente, les atribuyen a sus mayores los encarnizados y poderosos enemigos que colectaron en estos años.

Es a eso, en verdad, a la eventual reconexión del kircherismo con ese sector cuya subjetividad es machacada insistentemente por los medios hegemónicos, que la derecha teme. De cara a las elecciones que vienen, pero incluso más allá. Los asusta que haya alguien que pueda descolonizar a su clientela sin frases hirientes, ni estropicios ideológicos.

Máximo Kirchner demuestra que hay otra manera de hacer política. Una que no grita, que puede autonomizarse de la exigencia mediática, que no se casa con modelitos para dejarse ver en un yate, que llena estadios y habla con tono pastoral, que consigue seguidores que le creen, que dirige algo de verdad, que tiene sentimientos –cuando explicó la sensación que le produjo íntimamente que Mirtha Legrand dudara de que su padre estuviera en el ataúd, desnudó el grado de bestialización del debate público naturalizado por los voceros del establishment- y mucha vida por delante.

La desesperación es evidente en sus tapas. La de Noticias, del dueño de Perfil y accionista de Veja, que alimentó la operación de Clarín, sobre todo. Ponerle esposas a un dirigente político es una orden a los jueces de fuerte carácter simbólico, pero la preocupación que atribuyen a la Casa Rosada, en realidad, es la propia. Hay un Kirchner al que no pueden proscribir. Está ahí. Ya no “juega a la Play”. Ahora los desafía y aparecen audiencias masivas que quieren escuchar qué tiene para decirles.

Máximo Kirchner asumió su verdadera excepcionalidad, no encaja en ninguna matriz conocida y tiene naturales dotes de estratega. Sus próximos pasos, por ahora, son un enigma. Pero se equivocan los que temen a su candidatura. Llegan tarde. Porque Máximo Kirchner ya es candidato. Sólo es una cuestión de tiempo.

IMFONEWS

09/04/2015 Posted by | General, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , | Deja un comentario

Una aparición que destrozó varios mitos – Hernàn Brienza


Una aparición que destrozó varios mitos
La gran respuesta que debe dar en el futuro Máximo Kirchner no es política, es metafísica.

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El paro-boicot del martes transcurría anodino. Perpetrada por el dúo dinámico Hugo Moyano y el antisemita Luis Barrionuevo, y secundada por los superhéroes menores del desatino como Pablo Micheli y los dirigentes del trotskismo, la medida de fuerza impedía ir a trabajar a millones de trabajadores que desgraciadamente no pagan el impuesto a las Ganancias porque sus sueldos no son tan altos en defensa de los intereses unos pocos (desgraciadamente, otra vez) trabajadores que sí perciben un salario que los obliga a pagar porcentualmente el impuesto a la ganancia. Para que quede claro, un empleado de un Kiosco del micro-centro que vive en Lanús, por ejemplo, no pudo ir a trabajar porque los transportistas y quienes cortaron el Puente Pueyrredón lo tomaron de rehén porque estaban muy preocupados, por ejemplo, por los ingresos de un pobre gerente bancario que, como cobra 80 mil pesos de sueldo, debe retribuir al Estado 15 mil pesos, 15 mil pesos que el Estado, a través de las políticas de subsidio del gobierno, destina a abaratar el precio del colectivo o del tren, por ejemplo. Un verdadero desatino, que se entiende en el caso de dirigentes gremiales como Moyano, cuyos empleados cobran más de 15 mil pesos gracias a las paritarias que instituyó el gobierno y también en el caso del empresario gastronómico, ya que su odio al Peronismo lo ciega. No se entiende mucho en los demás convocantes, excepto que uno comprenda profundamente ese dicho que reza “en política, los extremos se tocan, pero sólo uno de ellos es consciente de ello”.

“Creo que Máximo no debe ser ni Néstor ni Cristina. Máximo debe ser Máximo. Es decir, una expresión generacional diferente del Kirchnerismo. Toda repetición es conservadora”.
El paro-boicot del martes había logrado parte de su efecto: convertir a Buenos Aires en un sábado sin colectivos ni trenes ni subtes. Y cuando todos los canales de televisión y las radios hablaban de eso, Víctor Hugo Morales anunció que en unos minutos saldría al aire Máximo Kirchner, el hijo de la presidenta, en su programa de Radio Continental. A medida que pasaban los minutos, el reportaje al líder de la Cámpora se convirtió en una verdadera cadena nacional privada: decenas de radios y varios canales de tevé levantaron la señal y pusieron al aire en forma simultánea la palabra de Máximo Kirchner. En un rinconcito patético quedaba TN mostrando las cicatrices que la medida de fuerza había dejado en la ciudad.

¿Por qué la aparición de Máximo produjo tanto efecto político y mediático? Buena parte de la respuesta se la lleva los dos pilares centrales de la táctica kirchnerista: Oportunidad y Sorpresa. ¿Por qué fue oportuna su aparición? Sencillo: porque a media mañana del martes ya nadie hablaba del paro-boicot, ya nadie esperaba lo que dijera Moyano y se había generado cierta ansiedad en saber qué iba a decir la presidenta a las 18 horas. La voz de Máximo tapó los gritos de los convocantes a la medida de fuerza. Si lo hubieran planeado no habría salido mejor, y por eso estoy seguro, justamente, de que planearon hasta el mínimo detalle, valga la ironía.

En segundo término, la salida de Máximo generó sorpresa porque fue del orden de lo “No dado”. No tengo registro en mi memoria de que el líder de La Cámpora haya dado una entrevista radial tan extensa. No puede ser esperado algo que nunca ha sido. He allí su excepcionalidad. Y segundo, porque nadie se esperaba que hablara públicamente. Quizás por esa razón, un hecho mediático se convirtió en un acto político.

Escuchar hablar a Máximo Kirchner generó un sinfín de reacciones. Salvo el inefable Grupo Clarín y la desagradable tapa de la revista Noticias, no hubo consecuencias negativas de la emergencia de la voz de Máximo. Respecto de la tapa de Noticias, creo que una vez más han logrado superarse a sí mismos en el grado de perversión y mal gusto. Me pregunto qué habría pasado si, por ejemplo, el diario Miradas del Sur hubiera publicado en su tapa las fotos de los hijos de Jorge Fontevecchia con dos tiros en la frente y una leyenda que dijera: “La pesadilla de Jorge”. Habría sido un escándalo mediático, un atentado contra la libertad de prensa y, seguramente, muchos habrían leído allí un mensaje de tipo mafioso. Sin embargo, eso no ocurrió con la tapa de la revista Noticias: El fotoshop no da licencia para herir la humanidad del adversario, colegas. Ni los políticos opositores se animan a tanta maldad. El periodismo es más cruel y despiadado que la política.

La aparición de Máximo Kirchner ha despertado en el Kirchnerismo social un revuelo de ponchos felices. Los deseos imaginarios de un gran sector de la población partidaria del gobierno nacional ha escuchado en el hijo los fraseos del padre, la inteligencia de la madre, la frente de la hermana, las manos de la tía y la mirada del abuelo. Como si estuvieran delante de la “nurserí” se reparten parecidos imaginándole un futuro inmediato y a largo plazo. No faltó incluso aquel que lo vio presidente en diciembre de este año.

Pero más allá de las fantasías, lo cierto es que su aparición destrozó varios mitos y dejó algunas cosas claras: 1) Máximo tiene un muy buen discurso mediático (tiró al menos cinco títulos distintos), 2) tiene una gran capacidad de generar frases cortas y comprensibles para todos, es decir, consignas políticas, 3) posee capacidad discursiva y buena oratoria, 4) ocupó el espacio público con un discurso político con contenidos, no sólo en términos teóricos sino también ocupando territorios de voluntad política, 5) Si juega a la Play Station o no es un dato secundario. Evidentemente, se puede jugar a la Play y tener capacidad para la acción política.

Quizás la gran respuesta que debería dar Máximo sea metafísica. Es decir, ¿quién es Máximo Kirchner más allá de la mirada de quiénes lo miran? ¿qué quiere Máximo más allá de los deseos de quienes lo proclaman, lo reclaman, le exigen o lo presionan? Cuándo él responda esas preguntas habrá dado el gran salto de su vida y se encontrará finalmente con su destino. Hay quienes ven en Máximo a Néstor resucitado. Hay quienes consideran que en realidad ha recibida toda la herencia de su madre Cristina. Posiblemente, Máximo sea una síntesis de su padre y de su madre con todo lo bueno y lo malo que ello significa para cualquier hijo. Para que el Kirchnerismo tenga futuro, Máximo debe ser Máximo. La base social del Kirchnerismo descree de cualquier otro líder político que no se apellide Kirchner. Esto no es ni bueno ni malo en sí mismo.

Gran parte de la sociedad descree de la clase política en su conjunto. Hay un vasto sector que cree en un apellido como “control ideológico” en la acción política. No cree en otros apellidos, no cree en liderazgos institucionalizados o en partidos políticos. Cree sólo en liderazgos personales. Esto habla más de las debilidades del sistema político argentino (o latinoamericano) que de las cualidades de un apellido y sus miembros. No se trata de providencialismo sino de confianza política. El Kirchnerismo cree que “un Kirchner” no sería capaz de traicionar el legado de “los Kirchner”. No está vinculado al “nivel de atraso” de las sociedades latinoamericanos sumidas en el populismo barbárico sino que es consecuencia del nivel de desconfianza que generan las democracias modernas en el mundo. La confianza en los Kirchner no es un signo “del atraso de los pueblos” es una consecuencia del vaciamiento de las democracias modernas mediáticas, como bien explicó Pierre Rosanvallon en su libro La Contrademocracia.

Por último, creo que Máximo no debe ser ni Néstor ni Cristina. Máximo debe ser Máximo. Es decir, una expresión generacional diferente del Kirchnerismo. Toda repetición es conservadora. Y el Kirchnerismo será transformador o no será nada.

Infonews

05/04/2015 Posted by | General, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , | Deja un comentario

LA PALABRA DE MAXIMO KIRCHNER Y LA CONTINUIDAD DEL MODELO – 04-03-14


PARTE I

PARTE II

PARTE III

14/09/2014 Posted by | Uncategorized | , , , , , , , , , , | Deja un comentario