America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

La vagina como ruleta rusa



Hoy me he levantado contenta pensando en que soy mujer y aun así:

( clica en cada link )

– No me abortaron ni me mataron al nacer por no ser un varón.
– De niña, no me vendieron para prostituirme.
– No tengo que ir por la calle con la cabeza cubierta.
– Ni mi padre ni mi marido tienen derecho a decidir por mí.
– Puedo casarme con el hombre que quiera.
– Y nadie me meterá un pañuelo por la vagina para comprobar si soy virgen.
– Puedo casarme con una mujer.
– Puedo no casarme.
– Puedo vivir con un hombre sin casarme y sin que me traten como a una prostituta.
– Si alguna vez engaño a mi marido, no me lapidarán.
– Si mi marido me pega, la ley me ampara.
– Nadie me vendó los pies al nacer.
– Ni me han colocado aros en el cuello para estirármelo y hacerme más atractiva.
– No me han amputado el clítoris.
– Ni me han mandado a una granja de engorde para poder casarme mejor.
– No tengo que masticar cuero con los dientes.
– Si mi marido muere, no me obligarán a arrojarme a su pira funeraria.
– O a casarme con su hermano.
– No tengo que usar corsé.
– Ni enaguas.
– Ni siquiera tacones si no me apetece.
– No me han obligado a aprender a coser.
– Nadie puede cobrarse en mí el derecho de pernada.
– Ni ofrecerme a sus invitados como obsequio sexual.
– Puedo estudiar una carrera.
Puedo trabajar.
Puedo votar.
– Puedo abrir mi propia cuenta corriente o comprarme una casa.
– Puedo elegir si quiero o no tener hijos.
– Ni me planteo ser menos inteligente que un hombre sólo por el hecho de ser mujer.
– Nadie me va a quemar por bruja.

Y fijaos que al terminar de escribir este post ya no estaba tan contenta.

Feliz día de la mujer trabajadora  hoy y siempre…(o sea, a todas las mujeres).

Fuente  http://piripecias.blogspot.com/2010/03/la-vagina-como-ruleta-rusa.html

13/03/2010 Posted by | General, Psicologia, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , | 2 comentarios

La víctima es la víctima


Por Eva Giberti *

El tema se les ha escapado de los mensajes en los correos electrónicos y de las listas y foros regulados por mujeres preocupadas e interesadas en el tema violencias contra el género.

Ya no somos tan sólo un grupo de mujeres que, en nuestro país y desde la década del 80, introducíamos el tema violencia familiar en cualquier lugar en el que participábamos; ahora las páginas de los periódicos, las voces de las radios y las imágenes de la tevé abundan en advertencias, denuncias y promoción de los derechos humanos de las mujeres.

Imposible desconocer la existencia de golpeadores decididos a imponer sus prepotencias en la vida de las mujeres y no alcanzan las excusas del imaginario social que sostenía que “siempre fue así”, ni resultan graciosas las letras de tango que se regocijan afirmando que “si no te rompo de un tortazo es por no pegarte en la calle”. Y en cuanto una cumbia o un rap amaga con promover el estilo, desde las legislaturas surge alguna diputada reclamando el límite para ese segmento de educación que la música popular promueve.

Jamás supusimos que el universo de golpeadores y de sus cómplices, admiradores, sostenedores, justificadores y defensores retrocedería y esperábamos la aparición del recodo desde el cual pretenderían avanzar. Recodos hubo muchos. Ahora el nuevo invento resultaría ingenuo si no fuese peligroso. Reside en que en determinadas instituciones oficiales, ante la mujer golpeada que denuncia al compañero que forma parte de esa institución, se utilizará la palabra “entrevistada” cuando ingresa en el circuito de admisión. Le tocará a ella demostrar que sus lesiones estuvieron a cargo del golpeador. Hasta que lo demuestre legalmente no será una víctima. Lógica que responde a una antigua historia relacionada con el Código Penal Procesal, que depende de una sentencia relativa a la “denunciante” no evaluable como víctima. Estamos frente a un cuidadoso respeto por el tramo jurídico que involucre la violencia familiar, frecuentemente caratulada por los jueces, una vez que se ha judicializado la historia, como “lesiones leves” (procedimiento que torna muy complejo realizar estadísticas acerca de esta índole de violencias clasificadas según una nomenclatura que elude su nombre propio, fenómeno que encontramos en todo nuestro país).

¿Qué sucedería con las estadísticas si siempre se procediera de ese modo, refiriéndose a “entrevistadas”, por ejemplo cuando la víctima recurre a una institución pidiendo ayuda o cuando nos llama por teléfono al número 137 –abierto los 365 días del año– para que la Brigada Móvil que atiende urgencias en violencia familiar llegue a su domicilio y la conduzca a realizar la denuncia y al hospital para ser atendida, además de buscarle un refugio transitorio? ¿Deberíamos pensar que esas mujeres refugiadas en un rincón de la casa y abrazadas a sus hijos serán nuestras entrevistadas o las víctimas a las que debemos auxiliar y asesorar?

Con la idea de “entrevistadas” –negando en la admisión que nos encontramos ante una mujer golpeada– empezarían a perder sentido las declaraciones de los organismos internacionales que vienen calificando la violencia como lo hizo Kofi Annan, secretario general de la ONU: “La violencia contra las mujeres y las niñas es un problema con proporciones de epidemia, quizás la violación de los derechos humanos más generalizada de las que conocemos. Destroza vidas, rompe comunidades y detiene el desarrollo”. ¿Acaso Annan hablaba de “entrevistadas”?

Los médicos que atienden en sus consultorios a una mujer que solicita atención y no cuenta que la fractura de su brazo es producto de un golpe, ¿deberá considerarla protagonista de una entrevista profesional y admitirla como “accidentada” en lugar de alertarse ante una posible víctima de violencia familiar?

Otro modelo “de vanguardia”

Este elude la existencia de la víctima al hablar de “mujeres en situación de violencia”. El argumento recala en una bienintencionada tesis: calificar a la víctima como tal es estigmatizarla. Sabemos que estigma corresponde al latín stigma, marca impuesta con hierro candente. O sea, quedará instalada de manera permanente. Que es lo que le sucede a la mujer golpeada. Más aún, quienes trabajamos con ellas años después de haber finalizado su relación con el golpeador, sabemos que titubean en contar públicamente “yo fui una mujer golpeada”; es decir, el recuerdo de haber sido infamada por la violencia no desaparece porque ahora ella ya no la padezca y podamos luchar abiertamente contra ese delito. Parte de la gravedad del mismo resulta de los efectos que esa violencia incrustó en la víctima, aunque ella actualmente haya finalizado ese periplo.

La pretensión de proponer la frase “mujer en situación de violencia” puede ser producto del deseo de que ella sobreviva lúcidamente de esa situación, dado que ése es uno de los principios básicos en el que trabajamos con mujeres golpeadas, puesto que de una situación se emerge y de un estigma no. El punto de inflexión es ése: la mujer podrá sobreponerse a la situación, la modificará –cuando pueda–, pero la marca que puso en marcha y definió su necesidad de huir de la violencia y de denunciar al golpeador está sostenida por la memoria del estigma con que el golpeador la marcó. Es esa ferocidad de la marca la que se instituye en potencial para defenderse.

Los argumentos de los sueños de las mujeres que fueron golpeadas y eludieron la violencia, los sobresaltos con que responden, años después de haberse separado del golpeador ante contactos bruscos (empujones casuales por ejemplo), nos hablan de la memoria marcada aunque en la vida se haya “superado” la experiencia como víctima. La preocupación por la estigmatización reside en que se teme que sea la comunidad la que descalifique a quien fue golpeada –lo que suele suceder– y se supone que suprimir la palabra víctima y sustituirla por “mujer en situación de violencia” logrará la maravilla.

Esa sustitución semántica no educará a la comunidad, por el contrario, tiende a disimular que hay golpeadores que producen marcas perdurables. “Mujer en situación de violencia” se desliza hacia el achicamiento o encubrimiento de esa violencia a la que se posiciona como “situacional”, es decir, modificable en sí y transitoria. O sea, desconoce los femicidios en aumento.

También desconoce la resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas en 1985: “Se entenderá por víctima a las personas que, individual o colectivamente, hayan sufrido daños, inclusive lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdida financiera o menoscabo sustancial de los derechos fundamentales, como consecuencia de acciones u omisiones que violen la legislación penal vigente en los Estados miembros, incluida la que proscribe el abuso del poder”.

El universo preocupado por neutralizar los movimientos que actualmente transparentan la gravedad de las distintas formas de violencia contra las mujeres genera alternativas destinadas a revertir lo que en materia de esas violencias ya se ha evidenciado como problema grave. Actualmente, apenas se sostienen los mitos alrededor de la violencia familiar o doméstica pero se crean modelos propios de la violencia simbólica, como los que acabo de enunciar. Lo cual propicia que tengamos, cada día, una responsabilidad creciente: la inteligencia siempre encendida y la acción irrenunciable.

* Coordinadora del programa “Las víctimas contra las violencias”, Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la Nación.

Página 12

27/11/2009 Posted by | General, Psicologia, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario

EL CUERPO DE LAS MUJERES


cuerpo

http://www.ilcorpodelledonne.net/?page_id=259 <–     CLICK

EL CUERPO DE LAS MUJERES es el título de nuestro documental de 25 minutos sobre el uso del cuerpo de la mujer en la televisión. Empezamos de una urgencia. La constatación que las mujeres, las mujeres reales, están desapareciendo de la televisión y que son reemplazadas por una representación grotesca, vulgar y humillante. La pérdida nos parece enorme: la cancelación de la identidad de las mujeres ocurre bajo la mirada de todos, pero sin que haya una reacción adecuada, ni por parte de las mujeres mismas. A partir de aquí, se abrió camino la idea de seleccionar las imágenes televisivas que tuvieran en común la utilización manipuladora del cuerpo de las mujeres para contar lo que está pasando no sólo a quien nunca mira la televisión, sino a quien la mira, pero “no ve”. El objetivo es interrogarse y preguntar sobre las razones de esta cancelación, un verdadero “pogromo” del cual somos todos espectadores silenciosos. Luego, el trabajo puso de relieve la cancelación de los rotros adultos en la televisión, el uso de la cirugía estética para cancelar cada huella del paso del tiempo y las consecuencias sociales de esta remoción.

05/11/2009 Posted by | General, Psicologia, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Videos | , , , , , | Deja un comentario

Argentina: El estado chaqueño se disculpará ante una joven toba por negarle justicia en una violación


no-violencia-de-genero1

Tras el daño, una reparación

Por Mariana Carbajal

En un hecho inédito en el país, el gobierno del Chaco pedirá disculpas públicamente a una joven toba por haberle negado justicia en esa provincia en un caso de violación. Se le pagará además una indemnización de 53 mil dólares y se le entregará una vivienda, entre otras medidas reparatorias. La muchacha es muy pobre y vive en un pueblito aislado de El Impenetrable, a unos 400 kilómetros de Resistencia. El 3 de octubre de 2003, cuando tenía 15 años, fue violada por tres jóvenes “criollos”, vecinos del lugar. A pesar de que la amenazaron para que callara, la chica -identificada como L. N. P.-, hizo la denuncia. Pero la delegación policial demoró en tomarla y la envió a un centro sanitario, donde fue maltratada. En el juicio quedó probado el acceso carnal por la fuerza pero los tres imputados fueron absueltos de culpa y cargo por un tribunal de la ciudad de Presidencia Roque Sáenz Peña, en un proceso plagado de irregularidades, prejuicios de género y discriminación racial. En el fallo, los jueces consideraron que “no se debe confundir la violación con la violencia propia de un acto sexual” (ver aparte). Los atropellos a los derechos de L. N. P. fueron denunciados ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU -tal como reveló un año atrás Página/12-, donde la Argentina enfrenta una demanda. Antes de que llegue la probable condena, el gobierno del Chaco acordó empezar a reparar el daño provocado a L. N. P. por el papel que jugó el Estado para dejar impune la violación.

El acto simbólico de reparación se hará el mañana en la Casa de Gobierno. Ayer, el director provincial de Defensa de la Democracia y del Ciudadano, Julio García, confirmó a este diario que está previsto que lo encabece el gobernador, Jorge Capitanich. L. N. P. irá acompañada por su familia y por integrantes del Instituto de Género, Derecho y Desarrollo (Insgenar), de Rosario, y el Comité de América latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem), con sede en Perú, las dos entidades que llevaron la denuncia ante el CDH.

“Es muy positivo que antes de que salga la condena de Naciones Unidas empiecen a reparar a L. N. P.”, destacó la abogada rosarina Susana Chiarotti, miembro de Insgenar y responsable del Area de Monitoreo Internacional de Cladem. Chiarotti estará en la ceremonia junto a la titular de la oficina en Argentina de Unifem, la española Maider Orta, y a miembros de la asociación indígena Megue Xogochi. Jóvenes de esa ONG hicieron 80 kilómetros en bicicleta hasta la localidad de Castelli para denunciar el caso por teléfono ante la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, cuando se enteraron de que los tres imputados de la violación de L. N. P. estaban en libertad. En el pueblo de L. N. P. -cuyo nombre se mantiene en reserva para preservar a la joven- no hay teléfono público ni llegan las señales de los celulares. Ese llamado fue la puerta para que el caso llegara a un organismo internacional y derivara luego en este acuerdo emblemático.

Además estará la diputada provincial aborigen Inocencia Charole, que semanas atrás denunció en tribunales del Chaco a funcionarios del Programa Paicha, que brinda ayuda a El Impenetrable, por presunto abuso sexual de dos chicas de una comunidad wichí, a quienes les habrían exigido favores sexuales a cambio de comida.

“Para nosotros el acuerdo al que se ha llegado en el caso de L. N. P. es un antecedente muy importante. Generalmente los aborígenes no acceden a la Justicia y cuando hacen una denuncia terminan imputados ellos mismos o sus patrocinantes”, señaló García, abogado indigenista y funcionario del gobierno chaqueño.

El pedido de disculpas a la muchacha es un paso fundamental porque significa el reconocimiento público de la responsabilidad del Estado por haberle negado justicia tras la denuncia de violación sexual. En el petitorio elevado ante la CDH, Cladem e Insgenar pidieron además una indemnización por el daño material y moral para la muchacha, que se le ordene al Estado argentino “la inmediata capacitación de funcionarios y operadores de justicia para evitar la repetición de actos discriminatorios contra mujeres y niñas, especialmente en casos de violencia”, y que se disponga la creación de servicios de atención a víctimas de violencia sexual, “con personal y materiales dispuestos en los idiomas de la población afectada”.

El gobierno provincial le entregará a también una vivienda en la localidad de Castelli. La joven pidió que sea en ese lugar: así podrá alejarse de su pueblo, donde el caso se ventiló. A L. N. P. le resultó dificultoso continuar con sus estudios, dado que el padre de uno de los jóvenes que estuvieron imputados está vinculado con la escuela. Chiarotti contó que están negociando que le den una beca para que pueda seguir luego una carrera universitaria: “Ella quiere estudiar medicina”, contó la abogada.

L. N. P. fabrica canastos artesanales junto con su mamá. Su papá vive de changas. El año pasado viajó a Buenos Aires para participar el 29 de agosto de una reunión en la Cancillería junto a su padre y su hermano. En su bolsito, trajo algunos canastos para vender. Era la primera vez que salía de su zona rural, la primera vez que veía edificios de departamentos.

Página 12

22/04/2009 Posted by | Politica Latinoamerica, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , | 1 comentario

Argentina: NO MAS VICTIMAS


mujer-maltratada Por Marta Dillon

En la tarjeta oficial de la doctora Eva Giberti dice: Coordinadora Programa Las Víctimas contra LaS ViolenciaS. Puede parecer un error de tipeo esas mayúsculas al final de las últimas dos palabras, pero, lejos de eso, se trata de un gesto político: así, con esas mayúsculas, ella enuncia la complejidad de un fenómeno que sólo puede nombrarse en plural: violencias. Y violencias incluyen -aunque siempre la enumeración es insuficiente- tanto el golpe como el insulto; el manoseo en un colectivo como la violación, pagar por tener sexo con una menor como comprar a una mujer igual que si fuera un objeto. Ese plural, aunque podría seguir desplegándose, es en realidad un entramado. Hechos e historias demasiado cotidianas que se cruzan siempre por su zona más vulnerable: las víctimas. Y es ahí, en la mención de las víctimas, donde el título del programa que coordina Eva Giberti sella su postura ideológica: serán las mismas víctimas las que se opongan a las violencias porque es así como se abre la chance para que abandonen el lugar estanco en el que una o muchas violencias han querido dejarlas, inermes, sin nombre, ancladas en un dolor que a veces se impone como única identidad. Para cualquiera que haya sufrido cualquier violencia sabe que primero es necesario salir del círculo, quebrar la escena. Y después romper el silencio, accionar, volver a nombrarse, y nombrar al agresor: denunciarlo. Esta soy yo, esto es lo que me pasó, esto lo que me hicieron; no somos lo mismo, ya no estoy ahí. Este no es un derrotero personal. Para Giberti, no puede serlo: “Hay un Estado frente al que denunciar y reclamar. Hay que entender que esta acción de las víctimas en la denuncia es un reclamo ciudadano”. Ese es el meollo del programa, entonces, su ideología: generar ámbitos seguros para que la palabra pueda circular y convertirse en herramienta de ciudadanía, en herramienta contra las violencias.
La semana que viene se van a cumplir tres años desde que la psicoanalista y trabajadora social Eva Giberti fue citada en el despacho de quien entonces era el ministro de Interior, Aníbal Fernández. Era la primera vez que lo veía personalmente. Apenas terminaron las presentaciones oficiales cuando el ministro le espetó: “Nosotros estamos hartos de mujeres violadas y violadores que nunca se encuentran, tenemos que hacer algo y para eso la llamamos. Usted con su equipo tiene que arreglarse para llegar en veinte minutos como máximo a cualquier comisaría donde haya una denuncia por violación y evitar que la víctima hable con ningún bigotudo como yo”. Así lo relata Giberti y describe el asombro con el que escuchaba: “¡Yo ni siquiera tenía equipo!”. El trasfondo de esa escena había sido la supervivencia de una niña de 13 violada en su casa por un hombre que acaba de apuñalar hasta la muerte a su mamá y que la dejó con vida porque también la nena parecía muerta. Ese hombre acababa de cumplir una condena por violación y la familia atacada ya había hecho una denuncia por acoso. Nada impidió la tragedia. “El ministro hablaba en plural refiriéndose al entonces presidente (Néstor) Kirchner, tenía muy claro lo que quería: ‘Además -me insistió-, se las tiene que arreglar para que a esa mujer le den el tratamiento antirretroviral preventivo y la pastilla del día después. Y sobre todo que sostengan la denuncia’. Yo escuchaba algo que me parecía excelente pero que a la vez me resultaba chino básico, estaba totalmente fuera de lo esperado.”

-¿Quién asesoraba al ministro? Porque es bastante puntual esa demanda de que no se revictimice a quien ha sufrido una agresión sexual al momento de hacer la denuncia…
-Entiendo que la doctora Silvina Zabala, entonces directora de Seguridad Interior, que fue la que dio mi nombre. En esa reunión en la que yo pude decir apenas quince o veinte palabras, Aníbal Fernández planteó todo lo que creía necesario: redactar una nueva ley sobre violencia familiar que incluyera a niños, niñas, ancianos y personas discapacitadas, realizar acciones contra la prostitución infantil -que es ahí cuando yo, a mi vez, hablo del problema internacional de la trata y de la necesidad de que exista una ley de trata como delito federal-.

-¿Dudó en aceptar convertirse en funcionaria pública?
-Apenas tuve tiempo. Antes de que pudiera decir sí o no el presidente había bajado a la reunión y se había mostrado orgulloso de contar conmigo. Cuando finalmente el ministro me preguntó si aceptaba, le pregunté si había oído alguna vez hablar de presiones políticas (se ríe). Yo ni siquiera estaba vestida para entrevistarme con un presidente.

Tres años después, aquella conversación fraguó en hechos: se redactó el proyecto de ley de Protección, Sanción y Erradicación de la Violencia y el Abuso de Poder en el Ambito del Grupo Familiar -tal el nombre que le dieron las más de 60 personas que colaboraron en el armado-, se inscribió a la trata de personas como un delito federal -desde abril del año pasado- y el Programa Las Víctimas contra Las Violencias actúa las 24 horas, cada día del año, a través de cuatro “brigadas” (víctimas de delitos sexuales, víctimas de violencia familiar, Brigada Niñ@s y la Oficina de Rescate y Acompañamiento a Personas Damnificadas por el Delito de Trata) y una línea telefónica -la 137- en la que 25 profesionales se turnan para atender emergencias relacionadas con la violencia familiar. Esta estructura, inventada a caballo entre dos períodos de gobierno y siempre bajo el ala del mismo ministro -aunque antes fuera el de Interior y ahora de Justicia y Derechos Humanos-, es prácticamente el único avance en políticas relacionadas con cuestiones de género que se ha sostenido en el tiempo. Sin embargo, su jurisdicción no excede el ámbito nacional, que en lo concreto se reduce a la Ciudad de Buenos Aires -salvo lo relacionado con trata-; y su proyecto más federal, el proyecto de ley sobre violencia familiar, para el que se convocaron representantes de cada provincia, viene naufragando sin poder navegar con éxito las aguas parlamentarias.

-¿No resulta contradictorio para el Gobierno tener un programa tan avanzado en relación con este tipo de violencias y no lograr que el proyecto de ley sea tratado en el Congreso?
-Por algún motivo, por razones políticas, esa ley no está discutiéndose donde debería discutirse…

-¿Cuáles son esas razones?
-Bueno, antes de bajar a las cámaras tiene que pasar por otros ministerios y siempre hay alguno que quiere cambiar algo de la ley. Porque como la hicimos nosotras y es buena…

Eso es todo lo que Giberti va a decir al respecto. Esta mujer pionera en la formación en estudios de género no va a negar retrocesos que son evidentes para cualquiera -como la falta de reglamentación de los abortos no punibles que cada tanto tienen a alguna familia en vilo- pero tampoco puede ocultar el orgullo que le genera ser madre de esta criatura que atendió, hasta noviembre del año pasado, 1257 denuncias por delitos contra la integridad sexual, 6541 llamados en la línea 137 a lo largo de 2008, 1684 de los cuales merecieron la atención urgente en el domicilio de la víctima -la mayoría se resuelven con asesoramiento telefónico- y rescató, entre mayo y diciembre pasados, a 137 víctimas de trata.
La primera brigada que se formó fue la de atención a víctimas de delitos contra la integridad sexual. La consigna fue la misma que había enunciado Aníbal Fernández: asistencia inmediata al lugar donde se recibe la denuncia, contención y asesoramiento de la víctima, seguimiento para que sostenga la denuncia y tratamiento médico preventivo contra embarazos o infecciones. “Pero el peor problema fue armar equipo -cuenta Giberti-. Ahí es cuando se hace evidente de qué se trata la formación de nuestras psicólogas y psicólogos: no es obligatoria la formación en temas de género, o sea que muchas no tienen la menor idea; tampoco saben de qué se trata una mujer violada o una niña prostituida; pero además, toda su formación apunta al trabajo en consultorio.” Nada relacionado con subirse a un móvil policial en cualquier momento y atravesar la ciudad para llegar en tiempo y forma, enfrentarse con la policía, exigir un lugar adecuado para poder conversar con la víctima y exigir, también, que se respeten sus tiempos. La licenciada en psicología Cecilia Manigrasso, como integrante de esas brigadas, sabe que el trato con las fuerzas de seguridad no siempre es lo más sencillo: “Pero nuestro intento y nuestro trabajo diario es respetar el saber del otro y entender cabalmente hasta dónde llega nuestra tarea. Nosotras no podemos labrar un acta, por ejemplo, ésa es tarea de uniformados. Pero ellos tienen que esperar a que la víctima esté lista para poder hacerlo. Y a veces eso puede llevar un par de horas”. Todas las denuncias son atendidas por esta brigada que atiende a víctimas de violencia sexual, desde las violaciones hasta abusos que pueden darse, por ejemplo, en un transporte público. “Nos pasó hace muy poco que una chica fue manoseada en el subte y cuando se baja lo denuncia al guardia de la estación, que de inmediato le pregunta si está segura -cuenta Manigrasso-, generando una primera descalificación hacia la víctima. Ella insiste y entonces acude un policía y así intervenimos nosotras. Cuando llegamos ya estaba arrepentida de haber hecho la denuncia, se quería ir, había hablado por teléfono con un amigo que le había dicho ‘También, con esos pantalones que vos usás’ y se sentía algo culpable. Le insistimos en que de todos modos era un delito, que la íbamos a acompañar en su denuncia. Resultó que el mismo hombre tenía otras 45 denuncias en lo que iba de enero y estaba buscado por una violación anterior.” Manigrasso, como el resto del equipo, sabe que el abuso sexual e incluso la violación son delitos de acción privada: sin denuncia de la damnificada no habrá quien persiga al agresor. Pero más allá de la letra escrita, la violencia sexual es un delito social y a eso apelan, a cierta solidaridad de género, para que estos hechos no pasen inadvertidos, para generar conciencia de que un manoseo no es un juego: es un delito.
Todavía es enero en Buenos Aires mientras un equipo de 12 personas de las distintas áreas del Programa Las Víctimas contra las Violencias intenta ser breve para que su experiencia en los últimos años quepa en una entrevista de pocas horas. No hace mucho se detuvo a un violador que había sido noticia a fin del año pasado. Cada una de las mujeres que fueron víctimas de ese hombre recibió la atención de la brigada -dos profesionales, trabajadoras sociales o psicólogas, siempre mujeres- que le evitó tener que dar detalles de lo sufrido más de una vez como si tuvieran que probar en cada declaración que habían sido violentadas. De eso se trata la revictimización, de poner en duda la palabra de la víctima, de explorar su cuerpo en busca de pruebas como si fuera un objeto inerte sobre el que es posible investigar. Ahora, las víctimas no pasarán por más de una revisación médica, declararán una sola vez -incluso el testimonio de las integrantes de la brigada servirá de prueba en juicio y recibirán, de inmediato, de ser necesario, el tratamiento preventivo adecuado para estos casos según el protocolo que la doctora Diana Galimberti había impuesto ya hace tiempo en el Hospital Alvarez-. Esto, que cambia radicalmente la situación de las víctimas, de todos modos, al relatarlo, hace que la insistencia en la palabra empiece a sonar pesada. “Es sólo el lugar circunstancial en que se la puso -dice Zaida Gatti, la primera convocada por Giberti y supervisora de cada una de las brigadas-. Trabajamos para el empoderamiento de las víctimas, por eso la tarea no termina en la recepción de la denuncia y el tratamiento médico. Además, cuando consideramos que es posible, acompañamos a las mujeres a realizar la individuación criminal, o sea, la confección de un identikit o el reconocimiento a través de fotos que puedan mostrárseles.” “Además -agrega Manigrasso- estamos en permanente contacto, incluso hasta el momento del juicio, si podemos llegar a esa etapa.”
Alicia Arakelian es psicóloga y supervisa la atención del call center. Trabaja en el programa desde el inicio mismo de éste y ha pasado ya por diversas áreas. Por eso, cuando están desbordados, es probable que se suba a uno de los móviles no identificados que llevan y traen a las brigadas y atienda urgencias en la calle o en el domicilio de la víctima. Es que a pesar de que todavía el 137 no es un número tan conocido como podría ser el 911 -emergencias policiales-, los teléfonos no paran de sonar. “Puede llamar un niño que padezca o que sea testigo de situaciones de violencia, pueden llamar vecinas, amigas o la propia víctima si tiene la chance -explica Ana Jordán, también psicóloga e integrante de los equipos de calle-. Hay que estar atentas, porque la llamada puede cortarse y hay que comunicarse de inmediato y tratar de leer entre líneas lo que sucede del otro lado. A veces la víctima está siendo amenazada para que pida que desestimen su denuncia.” De los 600 llamados estimados por mes -el último diciembre se recibieron exactamente 604 pertinentes, entre más de 3 mil fallidos- la brigada debe desplazarse en el 35 por ciento de los casos, en el resto se puede contener y orientar por teléfono. Claro que ese 35 por ciento representa unos 125 casos en un mes: el promedio es de más de cuatro asistencias por día. En cada caso las psicólogas y trabajadoras sociales llegan acompañadas de un policía que está para protegerlas, más un patrullero que será el que trate con el agresor. El uso de los géneros no es gratuito, a pesar de que las estadísticas que acerca Kevin Wierzbinsky, uno de los encargados del área, señalan un 20 por ciento de víctimas masculinas, sólo hay 4 hombres mayores de 19 años en este porcentaje: el resto corresponde a niños.
Aquí el trabajo de las brigadas es en caliente, muchas veces tienen que cargar niños a upa, esperar que el agresor sea detenido, tomarse el tiempo necesario para escuchar y para hacerse escuchar. “El problema lo tenemos a nivel judicial -sostiene Eva Giberti- porque la mayoría de los jueces y magistrados, salvo contadas excepciones, sigue considerando la violencia familiar como una patología del agresor, cuando en realidad es un abuso de poder y un delito. Y ésa es la manera en que hay que tratarlo.” Pero claro, es fácil decirlo en ámbitos protegidos, no frente a quienes -en sede policial, por ejemplo- siguen sosteniendo que todo para “si le preparás una rica comida”, tal como escuchó Ana Jordán mientras acompañaba a una víctima a hacer la denuncia, un segundo antes de tener que salir corriendo porque el agresor había entrado a la comisaría amenazando otra vez a la víctima. El otro grave problema con que se enfrentan desde las brigadas de atención a víctimas de violencia familiar es la falta de lugares seguros donde alojar a las víctimas. “El gobierno de la Ciudad no reconoce ninguna prioridad en los refugios para víctimas de violencia”, dice Giberti. Y Jordán aporta la anécdota: “Hace poco llegamos con una mujer con varios hijos, un bebé en brazos, los bolsos, etc., al único refugio disponible y cuando nos atienden, cerca de las 20, nos dicen: ‘Ustedes, los de la 137, se están mal acostumbrando. El hogar cierra a las 18’. ¡Como si se pudiera pedir a los agresores que tuvieran horario!”.
¿Cómo se consigue, de todos modos, que las víctimas entiendan su lugar como transitorio, reconozcan sus recursos de resistencia, estén dispuestas a moverse del lugar estático en el que las han querido alojar? Eso no se consigue solamente con palabras, ni siquiera alcanza con la ideología que es una base de acuerdo mínima para pertenecer al programa -según Giberti, una de sus primeras acciones fue la compra de material de estudios de género en la Librería de Mujeres para formar al personal policial que le habían asignado; material que sigue siendo de consulta para todas las profesionales-. Hay que poner el cuerpo. Ponerlo en la calle, en las comisarías cuando se va a asistir a una víctima, en los domicilios; pero también ponerlo para que en esas situaciones pueda habilitar la palabra, cierta empatía necesaria para que se abra el diálogo. De eso se encargó Vita Scardó a través de dramatizaciones, psicodrama, roll playing o cualquier técnica que pueda también inventar o recrear en su tarea de “cuidadora de cuidadores”. Las profesionales hoy pueden reírse de esas técnicas que las desarticularon, pero saben que las necesitan. Porque la teoría de género puesta en acción y en la atención de víctimas de diversas violencias genera más de una frustración: en los hospitales, en las comisarías, en la calle. Esa formación no es la que prima, al contrario. ¿Cómo podrían soportar, sin un apoyo específico, las integrantes de la Brigada Niñ@s la espera mientras se comete el delito, es decir mientras un hombre adulto abusa de una menor dentro de un cuarto de hotel, para poder detenerlo a la salida? Aprendieron a hacerlo. Carola Saricas y Carla Manzo, una licenciada en Ciencias Políticas -y también a cargo del área de estadísticas-, la segunda trabajadora social, aprendieron a hacerlo porque no les quedó opción. Y aun así, como testigos del delito in fraganti, suelen tener problemas para que los jueces lo reconozcan como tal. Giberti no ahorra palabras para estos casos: “Es que para la mayoría de los que intervienen, salvo excepciones, las niñas prostituidas son mujercitas al servicio de los hombres, iguales que sus madres”. Sin embargo, la Brigada Niñ@s, que además tiene que lidiar con víctimas que la mayoría de las veces no se reconocen como tales -y en ese caso no hacen nada, más que abrir la posibilidad de la escucha o la atención médica-, amedrenta. “En nuestro caso -relata Saricas- vamos en busca, no hay quién nos llame. Hemos aprendido a entrenar la mirada para detectar las situaciones en que las menores son prostituidas. Lo peor es que no hay una ley de explotación sexual infantil y tenemos que recurrir a la figura de la corrupción de menores. Además nos enfrentamos con un imaginario social que no considera a la prostitución como una forma de violencia y que no hace diferencia cuando los prostituidos son niños o niñas.” De todos modos, existe un teléfono al que denunciar la prostitución de menores: 0-800-222-1717, pero hasta ahora las causas que han prosperado han corrido por cuenta de la mirada de estas mujeres.
Mariana Schvartz es trabajadora social y está en el área de trata del programa. También forma parte de una brigada, aunque en este caso no se llame así y dependa directamente de la jefatura de gabinete del Ministerio de Justicia: es la Oficina de Rescate de Personas Damnificadas por el Delito de Trata. Su trabajo la obliga a estar disponible a tiempo completo, a pasar largas jornadas en el interior del país, a entrenar la paciencia para detectar situaciones de trata cuando éstas no son evidentes o bien porque las víctimas son mayores de edad o bien porque el tiempo de esclavitud hizo que aprendieran a desconfiar de cualquiera, menos de sus captores. “Actuamos en los allanamientos, nos convocan sobre la hora y recién ahí nos dan datos de cómo ha sido la investigación. Puede ser tanto un prostíbulo como un taller clandestino. La mayoría de las mujeres a las que hemos asistido, casi un 60 por ciento, son mayores de edad a las que también les cuesta visualizarse como víctimas y que se han creído el discurso de los captores sobre que su destino, si hablan, es la cárcel”, cuenta. El trabajo que realiza Mariana y en el que también colaboran integrantes de otras brigadas suele suceder en lugares más que inhóspitos: “A veces tenemos que hacer las entrevistas en los baños porque es el único lugar en donde hay luz blanca; el resto está en penumbras y ninguna mujer quiere hablar sobre la misma cama donde fue obligada a atender clientes. Lo primero que hacemos es ofrecerles que se vistan. Lo hacen de inmediato, es el primer acto de humanidad después del paso incesante de policías, oficiales de migraciones y ante los clientes. Después es cuestión de tiempo, pero lo que buscamos es quebrar el discurso que han aprendido. Muchas veces me ha servido el recurso de hacer cuentas frente a la víctima para que entienda que ese dinero que le prometieron nunca se lo van a dar porque ella siempre va a estar endeudada, como les suelen decir que está desde el mismo momento en que las trasladan. Otra vez me ha pasado que una mujer se quebró cuando le preguntaron el nombre de su padre”. Esta brigada no suele encontrar grilletes, que es la figura que más rápidamente se asocia a la esclavitud: “Es un sometimiento mental, por necesidad, construido a base de multas -hasta cuando están indispuestas- y maltratos”, agrega Saricas. Una vez detectado el caso de trata se acompaña a la víctima, como en el resto de los casos, en el proceso de denuncia y en la búsqueda de otros efectores sociales que puedan ampararla.
La semana que viene, cuando se cumplan tres años de aquella reunión inaugural en la que Eva Giberti se convirtió en funcionaria, habrá oportunidad, seguramente, para hacer balance. Tal vez alguna de las cuentas que aportan las estadísticas sobre el número de asistencias y de denuncias que han prosperado tengan su peso en el balance. La pregunta, ahora, se cae de madura:

-Después de esta experiencia, ¿quisiera seguir cumpliendo la función pública?
-En estas mismas condiciones y con el respaldo que ahora tengo del ministro, seguro que sí -contesta Giberti y es de esperar que más allá de las coyunturas políticas este programa sobreviva y se afiance en el tiempo.
Desde el inicio hasta noviembre del año pasado el programa atendió 1257 denuncias por delitos contra la integridad sexual, 6541 llamados en la línea 137 a lo largo de 2008, 1648 de los cuales merecieron la atención urgente en el domicilio de la víctima -la mayoría se resuelven con asesoramiento telefónico- y rescató, entre mayo y diciembre pasados, a 137 víctimas de trata.
Fuente : Las 12 – Supl. Página 12- 06-02-2009 *

24/02/2009 Posted by | Politica Latinoamerica, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , | 2 comentarios

ARGENTINA: Graciela Aguirre – Mató a su marido y fue absuelta


Fue en defensa propia

16-02-2009

La mujer acusada de matar de una cuchillada a su esposo, Ricardo Avila, fue absuelta esta tarde por el Tribunal Oral número 4 de La Matanza, luego de que los fiscales no presentaran ningún cargo penal por entender que se trató de “defensa propia”. El hecho sucedió en junio de 2007.

Graciela Aguirre habría asesinado a su esposo para defender a sus hijos

La fiscalía desistió de pedir al Tribunal Oral número 4 de La Matanza una acción penal contra Graciela Aguirre, la mujer acusada de matar de una cuchillada a su esposo, Ricardo Avila, por entender que se trató de “defensa propia”. La mujer fue absuelta esta tarde.

Por su parte, Aguirre, quien declaró ante el Tribunal más temprano, contó que a su marido le “tiró a lo ciego” un cuchillazo durante “una lucha” y le causó la muerte.

Aguirre detalló las circunstancias que la llevaron a ese gesto que, precisó, realizó para defender a su hija que también estaba siendo atacada por el padre. La acusada expresó que su marido después de golpearlas a ella y a su hija “fue a la cocina, trajo un manojo de cuchillos, agarró uno” y comenzó a amenazarlas con “matarlas” lo que desencadenó finalmente la tragedia, ocurrida en junio del 2007.

En tanto, los defensores de Aguirre adelantaron que insistirán en solicitar que el caso se juzgue como un hecho de “homicidio en legítima defensa propia y de sus hijos”. “Se va a mantener la misma petición que venimos formulando desde que se iniciaron estas actuaciones, no tenemos dudas de que el tribunal va a poner fin a esta cuestión entendiendo que ella defendió su vida y la de sus hijos”, expresó el letrado Daniel Borojovich.

Así, la petición se basará en “las pruebas técnicas y periciales que hay en el expediente, y que han determinado que tanto Graciela como sus hijos fueron víctimas de golpes instantes previos al hecho y durante el hecho”.

Aguirre, de 38 años, se halla bajo arresto domiciliario por decisión judicial ya que, según el defensor Norberto Ochipinti, se opuso a la petición del fiscal que la quería en prisión. Por su parte, otro defensor de Aguirre, Pousa Bogado, aseguró que el Estado “abandonó” a los hijos de la mujer, ambos menores de edad, que se presentarán a declarar como testigos.

El hecho que se registró el 4 de junio de 2007 a las 22 en el departamento de dos ambientes que la familia compartía en Barcala 546, piso 10 “A” de Ramos Mejía, en momentos que la mujer servía la cena.

El Argentino.com

16/02/2009 Posted by | Uncategorized | , , , , | 3 comentarios

La Violencia Intrafamiliar


maltrato

Por Paola Silva F. – Psicóloga

La Violencia Intrafamiliar

La violencia doméstica: Un mal sobre el cual es difícil hablar:

¿Qué constituye violencia?

¿Es simplemente darle golpes a una persona? También la violencia psicología nos ha dado una nueva visión del ser humano y de sus necesidades psicológicas. Ahora sabemos que hay otro tipo de violencia que también hace daño a las personas: la violencia psicológica o verbal.

Destruir la autoestima de una persona sistemáticamente mediante críticas, desprecios, abandono o insultos; también son formas de violencia. No cabe duda de que a veces los golpes al espíritu son mucho más dañinos que los golpes al cuerpo y dejan heridas más profundas. Las víctimas de este tipo de violencia por lo general continúan sufriendo calladamente y por eso no reciben la ayuda que tanto necesitan. Una persona golpeada en su cuerpo puede mostrar las heridas y recibir ayuda. Sin embargo, la que es golpeada sistemáticamente en su psiquis, en su espíritu, no tiene heridas físicas que mostrar al mundo para poder pedir ayuda. Como este tipo de abuso o violencia doméstica ocurre mayormente en la privacidad del hogar, generalmente pasa desapercibido, a veces durante muchos años. Por añadidura, generalmente la violencia verbal o psicológica precede a la física.

Cuando a la mujer se le coacciona para que aborte (lo cual constituye violencia también contra una criatura inocente que no ha nacido), utilice peligrosos anticonceptivos y abortivos o se practique la dañina esterelización; todos estos también constituyen actos de violencia.

¿Por qué permanecen muchas mujeres en una relación abusiva?

Las víctimas del maltrato verbal muchas veces piensan que éste no es lo suficientemente grave como para tratar de hacer algo para impedirlo. Algunas temen que no les creerán si denuncian al abusador, pues a menudo éste goza de una buena imagen pública. Las que están siendo golpeadas tienen miedo a las represalias por parte del agresor ya que a menudo éste amenaza con matarla. Otras temen enfrentar la vida solas o simplemente no tienen los medios para hacerlo. A veces alguien que la víctima respeta le dice que debe permanecer en esa relación abusiva “por el bien de sus hijos”. En el caso de la mujer del alcohólico o drogadicto, ella es una codependiente de su esposo o “compañero” y la codependencia es una enfermedad emocional que requiere tratamiento de un psicólogo o psiquiatra. Todas estas mujeres tienen en común una baja autoestima y una incapacidad para poner límites porque vienen arrastrando problemas emocionales desde su niñez. A menudo la raíz de la violencia doméstica tanto para las víctimas como para sus victimarios, es el vacío afectivo. O sea, la falta de amor y atención en su niñez.

En los hogares disfuncionales en los cuales un cónyuge maltrata al otro, es común el maltrato a los niños. Constituye violencia no sólo el darles fuertes golpes, sino también gritarles, menospreciarlos, castigarlos excesivamente o negarles la atención, la aceptación y el amor que son tan imprescindibles para su desarrollo emocional y social. También es un acto de violencia en el caso de los padres divorciados, el hablar mal del ex-cónyuge delante de los hijos o utilizarlos para hacerle daño al otro.

Lamentablemente, cuando una mujer está siendo víctima de cualquier tipo de violencia por parte de su esposo o “compañero”, está tan enfrascada en defenderse que a menudo no puede darse cuenta del daño que también están sufriendo sus hijos. A veces permite hasta los maltratos físicos o verbales a éstos por parte del padre o padrastro, porque se siente incapaz de detenerlos ni siquiera en lo que respecta a sí misma.

Los casos de violencia doméstica o intrafamiliar abundan. Es algo que puede sucederle y en verdad a veces les sucede a personas que se consideran religiosas, porque se trata de una enfermedad psicológica que debe ser tratada.

Todos los que están involucrados en la violencia están enfermos y necesitan ayuda

Hasta que no se conozcan los hechos, ninguno de ellos la recibirá. No se les hace ningún favor a los miembros de una familia que está en estas circunstancias al ayudarle a mantener este horrible secreto. Se les debe motivar a obtener ayuda de un psicólogo.

El continuar permitiendo este tipo de abuso tiene graves consecuencias sobre todo para los niños, muchas de las cuales sólo se manifestarán pasados muchos años. A veces los niños se convierten en victimarios y las niñas en víctimas igual que su mamá. Los niños que crecen en hogares violentos tienen una gran probabilidad de ser criminales en el futuro.

Muchas mujeres han intentado de diversas maneras evitar las situaciones de violencia, ya sea modificando conductas propias,  a través de separaciones temporales, recurriendo a distintos profesionales e inclusive a los sistemas de seguridad y justicia, sin lograr cambios. Sumemos la presión social fundada en mitos como “algo habrá hecho”, “la mujer buena tiene que sacrificarse por la familia”, “los celos son una manifestación de amor” y tendremos a una mujer muy confundida, convencida de que nada de lo que haga podrá modificar la situación.

Recuerde que la violencia familiar es un proceso cíclico y que, a medida que pasa el tiempo, los ciclos de tranquilidad se reducen en duración, en tanto los episodios van aumentando en intensidad y frecuencia. La duración de este ciclo, que pocas veces es percibido por la víctima, es un indicador valioso.

También es importante tener en cuenta factores circunstanciales o permanentes, que tiendan a aumentar los niveles de stress del abusador y/o a reducir sus umbrales de inhibición (falta de trabajo, problemas de adicción, salud, etc.)

Mitos acerca de la Violencia Intrafamiliar

El problema de la violencia familiar está muy exagerado.

El maltrato es la causa más común de lesiones o daño en la mujer, más aún que los accidentes automovilísticos, violaciones o robos combinados. Las secuelas de la violencia doméstica producen altísimos costos al estado y a la sociedad en general. La violencia física es la causa de un cuarto de todos los intentos de suicidio realizados por la mujer. El 50% de los hogares padece de alguna forma de violencia. Debido a la proyección estadística de la violencia Intrafamiliar se irá incrementando con el paso del tiempo si no hacemos algo para detenerla.

Hombres y mujeres han peleado siempre; es natural.

En cada familia o relación existen conflictos ocasionales o más o menos permanentes, pero no hay necesidad de resolverlos mediante la violencia. El maltrato  es un crimen de abuso, poder y control. El golpeador habitualmente piensa que tiene el derecho de controlar a su pareja y/o niños por cualquier medio, aún a través de los golpes. La violencia no es una manera aceptable ni justificable para solucionar problemas, aún cuando sólo sea ocasionalmente.

La violencia intrafamiliar es un problema de las clases sociales bajas y de las poblaciones marginales.

La violencia intrafamiliar se produce en todas las clases sociales, sin distinción de factores sociales, raciales, económicos, educativos o religiosos. Las mujeres maltratadas de menores recursos económicos son más visibles debido a que buscan ayuda en las entidades estatales y figuran en las estadísticas. Suelen tener menores inhibiciones para hablar de este problema, al que consideran “normal”. Las mujeres con mayores recursos buscan apoyo en el ámbito privado y no figuran en las estadísticas. Cuanto mayor es el nivel social y educativo de la víctima, sus dificultades para develar el problema son mayores, por diversas razones.  Sin embargo, debemos tener en cuenta que la carencia de recursos económicos y educativos son un factor de riesgo, ya que implican un mayor aislamiento social.

El maltrato generalmente se produce una sola vez.. Debería ser un asunto familiar privado, no un crimen.

El incidente de maltrato rara vez es un hecho aislado. En realidad el maltrato generalmente se produce como una escalada en frecuencia e intensidad, con el agravante de tener un comienzo insidioso (la víctima no lo nota al principio). La incidencia posterior de la violencia es menor cuando el golpeador es denunciado o arrestado, que cuando la policía separa a las partes o actúa como mediadora. Las mujeres maltratadas se merecen la protección que, además, es su derecho, del sistema judicial y policial y necesitan de los recursos que la comunidad puede brindar. La mayor parte de las mujeres que consulta lo hace después de haber padecido un promedio de 7 años de violencia doméstica.

Si la mujer maltratada realmente quisiera, podría dejar a su abusador.

Muchas mujeres dejan a sus parejas. Muchas mujeres que se divorcian por abuso eligen no hablar de la violencia. Sin embargo existen razones sociales, económicas, culturales, religiosas, legales y/o financieras que mantienen a las mujeres dentro de la relación. El  miedo es otra de las razones que las hace permanecer en sus hogares. Los peores episodios de violencia suceden cuando intentan abandonar a su pareja. Los golpeadores tratan de evitar que las mujeres se vayan a través de amenazas de lastimarlas o matarlas, de lastimar o matar a sus hijos, de matarse ellos o de quedarse con la tenencia de los chicos.

Las actitudes sociales, tales como la creencia de que el éxito del matrimonio es responsabilidad de la mujer y que las mujeres lastiman a sus hijos si los privan de su padre, sin importar cómo actúe él, mantienen a muchas mujeres dentro de la relación violenta. Además, las mujeres con chicos que abandonan el hogar tienen el 50% de posibilidades de verse económicamente perjudicadas y terminar viviendo por debajo de niveles de pobreza.

No existe la violación conyugal.

Por lo menos una quinta parte de las mujeres maltratadas son forzadas a mantener relaciones sexuales durante el episodio de violencia o inmediatamente después. De la misma manera son forzadas a realizar actos sexuales indeseados.

El embarazo detendrá la violencia.

Frecuentemente hay un aumento de la violencia durante el embarazo y muchas veces el primer episodio de violencia física se produce durante el embarazo. Generalmente los golpes se dirigen especialmente al vientre de la mujer, produciéndole un aborto o complicaciones en el embarazo.

Muchas jóvenes inician una relación con un hombre violento al quedar embarazadas.

Los chicos no se dan cuenta de que su madre es golpeada, por lo cual no son afectados.

Al menos en la mitad de los hogares en los que la madre es maltratada, también lo son los niños. También pueden ser lastimados por la violencia en contra de su madre, a través de objetos voladores, o mientras están en sus brazos. Aún cuando los niños sólo sean testigos de la violencia contra la madre, las consecuencias para su salud y su supervivencia son graves. Frecuentemente son ellos quienes instan a la madre a abandonar la relación violenta o quienes se interponen entre los padres para proteger a la madre.

Los varones tienen más posibilidades de convertirse en violentos cuando crecen. Las niñas aprenden que la sociedad acepta la violencia hacia las mujeres.

Los niños que viven en hogares violentos se sienten asustados y confundidos. Están en un alto riesgo de experimentar problemas de conducta, aprendizaje, problemas físicos relacionados con el stress y problemas de adicción. Los niños aprenden mientras observan y ven que la violencia funciona (se consigue lo que se busca) especialmente si se utiliza contra alguien menos poderoso. Aprenden que está bien solucionar problemas y controlar a los demás mediante la violencia, especialmente cuando no hay ninguna intervención que frene la violencia.

Las mujeres maltratadas son masoquistas y locas, provocan y disfrutan del maltrato.

Las mujeres no provocan ni merecen el maltrato. Merecen una vida libre de violencia. De la misma manera que sucede con la violación, se hace el intento de acusar a la víctima del comportamiento del atacante. Los golpeadores comúnmente echan la culpa de su comportamiento a frustraciones menores, al abuso de alcohol o drogas o a lo que su pareja pudo haber dicho o hecho. La violencia, sin embargo, es su propia elección. No conocen maneras no violentas de manejar su enojo.

Las reacciones de la mujer maltratada frente a la violencia son normales y necesarias para sobrevivir, dadas las circunstancias. Ella no está loca ni disfruta del maltrato. Generalmente lo que siente es miedo, impotencia, debilidad y vergüenza. Sigue ilusionada en que su pareja va a cambiar. El muestra remordimientos o promete que va a cambiar.

Los hombres que maltratan a sus mujeres están enfermos y no son responsables por sus acciones.

El maltrato es un comportamiento aprendido de las experiencias de la infancia y de los mensajes sociales justificando la violencia contra las mujeres. Los hombres que maltratan a sus mujeres o a sus hijos son, por lo general, sumamente seductores y agradables. También son excelentes vecinos y cumplidores en el trabajo. Si realmente estuvieran enfermos serían violentos no sólo dentro del hogar, sino también fuera de él. Pocos de ellos presentan alguna patología, sólo un 10% de los casos. Los golpeadores no están fuera de control y acusan a sus parejas de provocarla. Este mito permite justificar la violencia, evitando que la sociedad sancione el maltrato.

La violencia familiar es provocada por el alcohol y las drogas.

El alcohol y las drogas son factores de riesgo, ya que reducen los umbrales de inhibición, pero no producen la violencia. La combinación de modos violentos para la resolución de conflictos con adicciones o alcoholismo suele aumentar el grado de violencia y su frecuencia. Muchos golpeadores no abusan ni de las drogas ni del alcohol y muchos abusadores de drogas o alcohol no son violentos. Son dos problemas separados que deben ser tratados por separado.

Los violentos no cambian.

Los hombres que golpean pueden aprender a ser responsables de su propio comportamiento y pueden aprender modos no violentos de actuar o comunicarse. Obviamente, los cambios sólo se producirán si el violento toma conciencia de su problema y  desea solucionarlo.

Una vez que se detienen los golpes, todo va a estar bien.

El abuso psíquico, emocional y sexual generalmente son anteriores a los golpes y continúan aún cuando éstos se hayan detenido. Estos comportamientos también deben cesar para poder comenzar el proceso de reparación. Las mujeres maltratadas sienten miedo, ansiedad, indefensión, ira y vergüenza. Se desarrolla una muy pobre autoestima debido a los constantes insultos y desvalorización de su pareja. Habitualmente es aislada por su pareja y ha perdido contacto con amigos y familia. Suele estar asustada de ser culpabilizada por ellos de la violencia. El soporte de amigos, familiares y la comunidad son necesarios para reconocer sus fuerzas y para creer que ella es una buena persona que merece una vida libre de violencia. La recuperación de la violencia es un proceso que puede llevar un tiempo muy largo.

La violencia emocional produce secuelas tan severas que muchas veces se diagnostican psicopatologías graves como consecuencia del maltrato.

La violencia doméstica sólo es un problema familiar.

Es un crimen contra la sociedad agravado por el vínculo, de la misma manera que lo es la violencia entre extraños,. Problemas sociales como el alcoholismo, las adicciones, la delincuencia juvenil, el suicidio y la fuga de hogar aumentan cuando hay violencia en el hogar. Las empresas pierden billones de dólares al año debido al ausentismo y la baja productividad resultante de la violencia intrafamiliar. Los costos médicos producidos por violencia intrafamiliar ascienden a millones de pesos. Las comunidades gastan millones de pesos al año en intervenciones a través de los programas de asistencia y prevención de la violencia.

PREVENCIÓN E INTERVENCIÓN EN LA DINÁMICA DE LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR.

La amenaza de ejercer violencia y su ejercicio al interior de la familia son conductas aprendidas y reforzadas por la violencia en los medios y en la sociedad y por la estructura tradicional de dominación en la familia. Con frecuencia aquellos que ejercen la violencia fueron víctimas u observadores de ella en sus familias de origen.

Desde un punto de vista sistémico las complejas conductas disfuncionales que hay trás la denominada “violencia intrafamiliar” son manifestaciones de desordenes o implicaciones sistémicas que tienen su origen en dos tipos de eventos en la historia familiar de los perpetradores y de las victimas:

  • eventos acaecidos en la familia de origen de uno o de ambos miembros de la pareja que han quedado inconclusos. Ellos pueden haber tenido como protagonistas de injusticias, actos de violencia y/o culpabilidad no asumida, a personas de otras generaciones. Sus consecuencias se vienen repitiendo y seguirán repitiéndose a lo largo de muchas generaciones si los hechos acaecidos no son reconocidos y concluidos apropiadamente en el contexto del alma familiar.

  • eventos que han afectado el equilibrio en la relación de pareja o actos graves en los que se ha implicado uno o ambos y no han asumido responsablemente sus consecuencias o sus culpas. En estos casos la violencia intrafamiliar es una manifestación de desordenes asociados a otras conductas disfuncionales, como por ejemplo el incesto, los celos, el alcoholismo, destinos familiares difíciles tales como la discapacidad de un hijo, la homosexualidad no asumida..

Un nuevo método psicoterapéutico, creado por el alemán Bert Hellinger, nos ha permitido observar estos eventos cargados de altos niveles de energía afectiva que han sido bloqueados y cómo se expresan a través de sentimientos o emociones sustitutas que resultan incomprensibles incluso para quién las manifiesta, y no se pueden resolver sin una mirada al sistema completo en que se ejercieron.

Así, por ejemplo, si el dolor por actos de violencia perpetrados contra uno por un ser querido no es reconocido y sentido, éste nos lleva paradójicamente a la ceguera ante las propias conductas violentas; por el mismo mecanismo, la negación de una culpa no reconocida de otros miembros del sistema familiar y que no ha sido compensada apropiadamente, se expresa a través de actuar un papel de victima o de victimario de un descendiente a pesar de que éste no tuvo ninguna responsabilidad en los hechos negados o silenciados.

En el enfoque ante la violencia se considera que las causas de esta conducta se hallan en el ámbito de la historia de los afectados y que su curación depende del reconocimiento de la necesidad de poner en orden algo en la psiquis o alma de la familia de origen y/o actual de uno o de ambos integrantes de la pareja.

También es preciso dar herramientas para el manejo de conflictos a quienes ejercen la violencia, proveer a las victimas de habilidades para confrontar en forma apropiada a quienes los hacen objeto de su violencia y fijar límites y aprender a mantener el delicado equilibrio entre dar y recibir de lo bueno y lo malo en el intercambio conyugal.

El trabajo con grupos en que participan miembros de familias, afectadas en diversos grados por el fenómeno de la violencia intrafamiliar, debe estar libre de juicios morales o éticos. Es necesario mirar a los individuos, incluidos a los perpetradores de la violencia, como a niños que obedecen los estándares válidos en su familia de origen. Si se desviaran de ellos, se sentirían culpables y no aceptados ya en su familia de origen. Es aún más difícil cuando esos estándares operan no sólo en la propia familia sino en otras del grupo de referencia de los concernidos. Entonces la presión por seguir esos estándares es aún mayor. Con este trasfondo se puede mirar a las familias de las victimas y los perpetradores de una manera más relajada y con el ánimo de comprenderlas. Así ambos pueden tener un lugar en el corazón del terapeuta y del grupo.

También es preciso estar consciente de que la gente está identificada con perpetradores, entre sus antecesores, que fueron condenados sin reconocer que estaban implicados sistemicamente. Aquí cabe realizar ejercicios en que los perpetradores ya fallecidos y sus victimas encuentran paz al unirse en un pesar común, lo que facilita la ocurrencia de cambios significativos en las familias.

Es posible observar algunos signos en determinadas etapas de nuestra relación de pareja.

En el noviazgo

Últimamente son frecuentes las noticias de mujeres heridas o golpeadas, inclusive muertas, por sus esposos. Las que han buscado ayuda han reconocido que desde la época de sus noviazgos aparecían detalles que al pasarlos por alto no les permitieron darse cuenta de lo que vendría después.

Cuando uno se enamora suele ver todo “color de rosa”. La figura de la otra persona aparece ante nuestros ojos como perfecta. Si le vemos algún pequeño defecto, corremos inmediatamente a buscar una justificación o lo vemos como un asunto pasajero.

El excesivo control de nuestros actos

Si él, por ejemplo, llama constantemente al trabajo o a la casa para saber qué está haciendo ella, se toma como un signo de amor y de preocupación hacia la mujer amada. Si se enoja porque llegamos 10 minutos tarde a la cita, lo atribuimos a un exceso de responsabilidad y puntualidad.

Muchas veces no es hasta que se ha establecido el matrimonio que comenzamos a darnos cuenta quién es realmente la persona que tenemos al lado y nuestra primera sensación es la de habernos casado con un extraño al que hay que dar cuenta de todo, cumplir horarios severamente estrictos y que socava poco a poco nuestra capacidad de decidir y autoestima.

Algunas frases comunes a las que generalmente no prestamos atención son: ¿a dónde vas?, ¿con quién?, ¿por qué?, ¿vas con esa ropa tan provocativa?, ¿a qué hora regresas?, ¿lo saben tus padres? ¿esa amiga yo la conozco?, ¿dónde vive? Y otras que nos parecen puro interés amatorio pero que luego se convierten en motivos de gran ansiedad por si casualidad la hora que dijimos se va a extender o si hubo improvisaciones de último momento que luego él no va a comprender y les va a otorgar otros significados.

El afecto para ellos no es compartible

La primera etapa pudiera decirse que transcurre fundamentalmente en ese tipo de control posesivo. Es importante observar cómo reaccionan ante el amor que podemos sentir hacia otras personas. A ellos les molesta en demasía el cariño hacia familiares, amigos e hijos. Los celos de este tipo prácticamente aparecen en todos los hombres violentos. Es por eso que el nacimiento de los hijos desemboca muchas veces en episodios violentos. Ellos sienten que ya no tienen todo el cariño, que el bebé se lleva la mayor parte, que están desatendidos y por lo general, son incapaces de manejar adecuadamente la situación.

Desean todo nuestro tiempo, pensamientos y devociones para estar seguros de nuestro afecto. Por lo general son personas con baja autoestima que necesitan constantemente una reafirmación de nuestros sentimientos.

¿Conociste bien a su familia de origen?

Es muy importante conocer a la familia del futuro esposo y cómo transcurrió su infancia. Los hombres violentos en su mayoría proceden de hogares donde eran comunes las discusiones, insultos, desvalorizaciones, roturas de objetos, golpes, etc. No todas las personas que tuvieron un hogar así son violentas, pero existen muchas posibilidades de que repitan el modelo familiar cuando establezcan sus propias familias.

La violencia no siempre tiene que ver con los golpes. Las descalificaciones, desvalorizaciones e insultos son síntomas que indican la presencia del fenómeno. Frases comunes son: “Así no se hace eso”, “Déjame a mí que tú no sabes”, “Eres muy lenta”, “Cállate, no seas tarada”, “¿qué decís?, si de esto tú no sabes”, etc.

El dinero, otro aspecto de la violencia

Otras formas de violencia tienen que ver con lo económico. En estos casos, el hombre mantiene el control del dinero, supervisa en qué cosa se gastó algo por mínimo que sea y la mujer tiene que pedir, a veces, hasta para compras muy pequeñas, como leche, bizcochos, etc.

Cualquier tipo de manifestación de violencia puede convertirse en otra. A medida que avanza la relación, de los insultos se puede pasar a romper objetos, de eso a los golpes y si no hay una detención del problema se puede llegar hasta la muerte.

16/02/2009 Posted by | Psicologia, Uncategorized | , , , , , | 1 comentario

MUJERES MALTRATADAS. VIOLENCIA DE GENERO


Mujeres maltratadas.Violencia de género. Poema de Edith Checa, periodista y escritora española, dedicado a las mujeres maltratadas.

21/12/2008 Posted by | Uncategorized, Videos | , , , | 2 comentarios