America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Los miércoles, catarsis – Horacio Verbitsky


LOS MIERCOLES CATARSIS –

La marcha del miércoles 18 repetirá algunos episodios históricos de las últimas siete décadas, representativos de un clivaje profundo de la sociedad argentina, de ninguna manera exclusivo de estos tiempos. Que todas las fuerzas de la oposición, política, económica, cultural, profesional, interna e internacional se manifiesten en las calles con absoluta libertad es una forma de sinceramiento de profundo valor catártico, un clímax del que habrá que prever el descenso.

Por Horacio Verbitsky
Algunos de los memorables precedentes de la cita convocada para el miércoles son la marcha de la Constitución y la Libertad, del 17 de septiembre de 1945; la procesión del Corpus Christi del 11 de junio de 1955; la recepción del 23 de septiembre de ese mismo año a Eduardo Lonardi, quien dirigió un mensaje trémulo de buenas intenciones a una Plaza de Mayo llena a reventar; las marchas nocturnas convocadas en 2004 por el ex ingeniero Blumberg para una reforma punitivista del Código Penal; la congregación de la Sociedad Rural frente al jardín zoológico de julio de 2008; el gran cacerolazo de noviembre de 2012 y su réplica desteñida de abril de 2013. Pese a las diferencias de época y contexto, los asistentes a todos ellos tienen notorios elementos en común. Expresan a un sector muy significativo en la Ciudad de Buenos Aires y notorio en varias capitales provinciales, dotado de recursos materiales y simbólicos muy por encima de la media. Hoy como ayer defienden grandes principios, abstracciones avasalladas por los duros hechos de una realidad que les resulta hostil y enigmática, hasta que logran reducirla a una fórmula comprensible para su concepción binaria. Su principio básico es la buena conciencia y la generosa disposición a deponer rencillas menores en aras de los grandes valores, a unirse por la salvación de la patria o de la república, de la democracia o de la libertad, que siempre agonizan. Otra cosa es quienes convocan y manipulan. Walsh lo dijo mejor que nadie en la tercera edición de Operación Masacre, publicada en 1969. Allí instó a “no dejarse conmover por las sagradas ideas, los sagrados principios y, en general, las bellas almas de los verdugos”.

Desde conservadores y socialistas hasta comunistas y radicales marcharon el 12 de octubre de 1945 hacia el Círculo Militar para pedir que la Corte Suprema de Justicia asumiera el poder con respaldo de las Fuerzas Armadas. Félix Luna destacó el carácter progresista de la plataforma con que esa Unión Democrática se presentó a las elecciones presidenciales de febrero de 1946. Pero sobra la experiencia para saber qué hicieron con esas declaraciones de principios los partidos que integraban la UD, cuando la suerte electoral o el golpismo militar les fueron más propicios. Entre ambas fechas se produjo la fiesta del monstruo, según el insuperable título de un cuento tan burdo que hasta se dudó que Borges y Bioy Casares lo hubieran escrito, en el que consignaron el significado que tuvo para ese sector el ascenso del peronismo. La misma unidad ante el mal absoluto explica que en junio de 1955 hasta liberales y marxistas se encolumnaran bajo los pendones eclesiásticos y envueltos por el humo de los incensarios, en contra de la separación de la Iglesia del Estado. Durante la batalla contra las retenciones, el componente de clase fue más ostensible pero aún así la Sociedad Rural celebró su bautismo de masas con las banderas rojas del maoísmo y el trotskysmo. Y en las movilizaciones de 2012 y 2013 coexistieron biblias con calefones y sables sin remache, la beautiful people, indignada por la corrupción, harta de los discursos en cadena con anuncios para los sectores más vulnerables y/o desesperada por comprar dólares.

Un gigantesco oximoron

La convocatoria de esta semana no es menos policroma y escenificará otro oximoron. Los propietarios del edificio demolido por el atentado pedirán que intervenga en la investigación la Corte Suprema de Justicia, que llegó al mismo callejón sin salida en la causa por el aún más antiguo atentado contra la embajada de Israel. Los acompañarán los fiscales que sabotearon el avance de la investigación al no sostener las apelaciones planteadas por las víctimas del estallido y que fueron denunciados por Memoria Activa, entre ellos el jefe de Comodoro Py, Germán Moldes, y el cerebro gris de la movida, Raúl Plee. La Iglesia Católica será representada por la Comisión Justicia y Paz de su Episcopado, cuyo presidente, Gabriel Castelli es un próspero hombre de negocios, director de la cementera Loma Negra, del Industrial and Commercial Bank of China (ICBC) y de la cadena de supermercados Farmacity. Esta filiación del operador obispal ayuda a entender el repudio del Grupo de Sacerdotes en Opción por los Pobres, que denunció “oscuras operaciones contra la justicia y la democracia” por parte de “un grupo del poder judicial, amigos de poderosos y corporaciones”, al que “un grupo del poder eclesiástico hace llegar su bendición”. El anhelado golpe militar fracasó en 1945 por la irrupción de un nuevo actor político en defensa de las conquistas obtenidas en los dos años previos, pero tuvo éxito diez años después. En 2008 fueron ostensibles “el clima destituyente” y “el desprecio por la legitimidad gubernamental”, luminosos aportes a la comprensión de un momento complejo que el grupo Carta Abierta no ha conseguido apagar ni con los diecisiete somníferos posteriores. Ni el clima ni el desprecio contaban ya con un brazo armado que completara la obra, porque la subordinación castrense al poder político es uno de los logros transversales de la democracia argentina, que el kirchnerismo afianzó. Un burdo remedo se intentó con la organización de saqueos y los alzamientos de las fuerzas de seguridad en distintos lugares del país. Ni la economía, ni la política ni el conflicto social han conseguido desmoronar al gobierno, pese a que se aplicaron técnicas de desestabilización probadas en Africa y Asia. De allí la importancia de las posiciones simbólicas desde las que el gobierno es hostigado ahora. Si bien la mayoría de los fiscales nacionales y las entidades que agrupan a los provinciales se manifestaron en contra de la marcha, igual que varias organizaciones sociales, intelectuales y artistas, su número puede ser grande. Si el gobierno no corre a modificar sus políticas como con las leyes Blumberg, si mantiene la calma, como hizo en los últimos cacerolazos y paros sindicales, al apogeo que se alcance el miércoles le seguirá el ocaso que siempre sucede en ausencia de una organización capaz de capitalizar esa energía en una opción política. Lo sucedido con la reforma de la ley de Inteligencia nacional es un indicio acerca de la dificultad de las fuerzas de oposición para construir tal alternativa.

Fiscales y jueces

Sobre la denuncia del fiscal Natalio Alberto Nisman resta poco por agregar: su dependencia de la embajada estadounidense, su identificación con el removido jefe de operaciones de la Secretaría de Inteligencia, Antonio Stiuso, su texto autocontradictorio y las desmentidas que provocó en quienes esperaba que fueran su principal soporte, como el ex secretario general de INTERPOL Ronald K. Noble, ya han sido detalladas en estas páginas, y el viernes en la presentación de la Procuración del Tesoro ante el juez Daniel Rafecas. Las investigaciones de Rafecas sobre el Holocausto se volcaron en su libro de 2012 Historia de la Solución Final. Una indagación de las etapas que llevaron al exterminio de los judíos europeos, que le generó empatía con las víctimas del atentado. Rafecas inscribe su investigación “en un proceso muy saludable que estamos viviendo en nuestro país de memoria, verdad, justicia, de revisión del pasado, de las dictaduras”, como declaró al presentar la obra. Esa opinión está respaldada por su tarea como juez: desde 2004 es el que más y mejor ha trabajado en causas por crímenes de lesa humanidad, lo cual lo coloca en el podio de los indispensables, junto con Leopoldo Schiffrin y Horacio Cattani. En ese sentido, es una garantía para todas las partes interesadas. Por supuesto, desde que se supo que el sorteo arrojó su nombre, la oposición sostiene que el gobierno, que forzó su alejamiento en la causa madre contra el vicepresidente Boudou y que había promovido su juicio político, le perdonó la vida cuando le tocó intervenir en la causa por enriquecimiento ilícito del jefe del Ejército, César Milani, que suponen encajonada. Prefieren desconocer los pronunciamientos a favor de Rafecas que enviaron al Consejo de la Magistratura los organismos de derechos humanos (incluida la abuela Estela Carlotto), la DAIA, el Consejo Nacional Armenio y los trabajadores judiciales, que hicieron ver al oficialismo y a la oposición radical (que lo detesta por su investigación sobre los pagos para la aprobación de la ley de precarización laboral) el desmesurado costo que tendría la remoción de un magistrado impecable, al que sólo podría caberle una sanción menor.

Distinto es el caso del fiscal Gerardo Pollicita, discípulo y admirador de Plee según su biografía autorizada que ayer publicó el matutino La Nación. Su requerimiento de instrucción no merece la misma descalificación que el mamotreto de Nisman. Era impensable que Pollicita desestimara la denuncia in limine. La acusacion de Nisman comprende a muchas personas, que no necesariamente correrán la misma suerte procesal. Una vez descartada la acusación por encubrimiento contra la presidente y su ministro, algunos de los acusados de tercera o cuarta línea podrían ser atrapados por el artículo 172 del Código Penal, por defraudar “con nombre supuesto, calidad simulada, falsos títulos, influencia mentida, abuso de confianza o aparentando bienes, crédito, comisión, empresa o negociación o valiéndose de cualquier otro ardid o engaño”. Desde el comienzo, Pollicita advierte que se basa “pura y exclusivamente” en los elementos aportados en la denuncia y que recién ahora habrá que iniciar la investigación para ver si existe un delito y en ese caso quiénes son sus responsables. No fue él, sino Nisman, quien imputó a la presidente CFK y a su ministro Héctor Timerman. Su relato de los presuntos hechos no es más que una glosa de la denuncia de su difunto colega y ex subordinado, del que encomilla numerosas frases. Cuando no lo hace, usa el tiempo potencial, adjetivos como presunto, participios como supuesto o locuciones del tipo “según la hipótesis desarrollada” o “la denuncia entiende demostrado”. Por el contrario, el fiscal no sostuvo el llamado a indagatoria de la presidente, que sí había pedido Nisman. Esta cautela en las palabras y en los actos no se contagió a los títulos de prensa, que atribuyeron a Pollicita la imputación contra Cristina. Como su única fuente es la denuncia de Nisman, Pollicita también sostiene como columna vertebral de su requerimiento la presunta presión argentina para que INTERPOL levantara las alertas rojas, y no toma en cuenta la desmentida de Noble, porque recién a partir del viernes forma parte del expediente. Además reitera gruesos errores fácticos y conceptuales: le atribuye a la Comisión de la Verdad facultades jurisdiccionales, o potestades de carácter judicial, que el Memorando de Entendimiento no le asignó, y que actuaría en reemplazo del juez y del fiscal; sostiene que estaría integrada por iraníes, cuando el Memorando dice en forma explicita que deberán ser juristas de reconocimiento internacional, ni persas ni argentinos; y afirma que las conclusiones de esa comisión que nunca se formó estaban “arregladas de antemano”. Pollicita no traiciona a Nisman pero, con intención o no, lo pone en evidencia.

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15/02/2015 Posted by | General, Historia, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Salud, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , | 2 comentarios

Empiezan los dos años que faltan – Roberto Caballero



Vuelve CFK. Duran Barba y la Catedral. Se desinfló lo de Seychelles y Hubrys. Ahora vivimos entre Ciudad Juárez y la enfermedad de Pick.

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Después de cinco semanas, cumplido el posoperatorio que la mantuvo alejada de la escena pública, Cristina Fernández de Kirchner se reintegra a partir de mañana paulatinamente a sus funciones como jefa de Estado. En el medio pasó de todo y, a la vez, nada espectacularmente grave sucedió. El panorama con el que va a encontrarse la presidenta es, en líneas generales, bastante parecido al que dejó cuando entró en el quirófano, aunque no será exactamente un calco. En su ausencia, Sergio Massa le ganó a Martín Insaurralde estirando un poco más la diferencia que había sacado en las PASO y la Corte Suprema de Justicia dictaminó que la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual es enteramente constitucional, culminando con cuatro años de intensa batalla legal. Era esperable una elección de medio término con datos menos favorables para el oficialismo que los obtenidos en las presidenciales de 2011 y era mucho menos pronosticable que el máximo tribunal le diera la razón al gobierno con la Ley de Medios. Cuando se pasa en limpio lo sucedido, hay que apuntar que, aun con la victoria por diez puntos del tigrense en territorio bonaerense, la sociedad decidió no quitarle las mayorías parlamentarias al kirchnerismo, que las leyes económicas clave de 2014 (presupuesto, ley de cheque y emergencia económica) ya fueron sancionadas y que el fallo cortesano aportó un innegable oxígeno a la gobernabilidad, protegiendo así a la instituciones democráticas de una crisis cuyos únicos beneficiarios concretos eran los sectores corporativos de cuño antidemocrático.

Por lo demás, la agenda mediática dominante sigue orbitando alrededor de las noticias catastróficas que procuran alimentar la desconfianza social y minar cualquier certidumbre política. Son maniáticos, no hay nada que hacerle. Del Síndrome de Hubrys pasamos a la Enfermedad de Pick. No buscan partes médicos, quieren certificados de defunción. Eso sí, la cotización del dólar blue resignó algo –no mucho– de espacio frente al flagelo del narcotráfico, que pasó de los escándalos de Rosario y Córdoba con graves implicancias policiales y políticas provinciales a la escala nacional, merced a un documento eclesial y una definición en igual sentido de la Corte, que catapultó la temática a las tapas de los dos diarios hegemónicos, reinaugurando la temporada de opiniones facilistas: en octubre, era el lavado de dinero en las Islas Seychelles (denuncia finalmente desestimada por la justicia esta semana); ahora es el derribo de aviones que entran por la frontera norte.

De la noche a la mañana, casi, los argentinos se levantaron viviendo en Ciudad Juárez. Ni tanto, ni tan poco. El narcotráfico existe, negarlo es una tontería; convertirlo en un debate sobre baterías antiaéreas, un abordaje igualmente poco serio. Cuando Massa y Daniel Scioli proponen el debate por el derribo, olvidan que los últimos narcos detenidos en los countries en el distrito de Tigre vuelan en primera de aviones de línea y que lo más parecido a un cártel operando fuertemente en el suelo bonaerense que gobierna Scioli –al estilo de lo que ocurre dramáticamente en el Gran Rosario– puede advertirse en el partido de San Martín, donde talla como intendente su socio Gabriel Katopodis. A propósito, el ataque que recibió la procuradora Alejandra Gils Carbó por decir que está a favor de la despenalización de los consumidores y en contra de la legalización de las drogas fue sumamente injusto. Es la primera jefa del Ministerio Público en crear una fiscalía específica para combatir la narcocriminalidad, mucho antes de que la Corte saliera, como sale ahora, a golpearse el pecho por el mismo asunto.

En el medio, lo que prometía ser una sanción internacional de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) por la supuesta falta de libertad de expresión en la Argentina –motorizada por Joaquín Morales Solá y Magdalena Ruiz Guiñazú–, naufragó en parte por el efecto vivificante del fallo por la Ley de Medios que reivindicó el papel del Estado como regulador del derecho a la comunicación frente a los monopolios y medios concentrados y, en mayor medida, por la inconsistencia de la denuncia, que quedó licuada en un párrafo ambiguo del extenso informe de 60 páginas que produjo la propia CIDH, que sólo mostró algo de preocupación por las críticas que recibieron los periodistas de Perfil y La Nación a su decisión de comparecer en Washington, lo cual puede gustar más o menos –en particular, la descalificación a Ruiz Guiñazú, de quien se puede tomar legítimamente distancia por sus actuales posturas políticas, sin dejar de reconocer sus actos valerosos del pasado, en oposición a los de Morales Solá, por ejemplo–, pero que también es parte del derecho a expresarse de los que piensan distinto a Morales Solá y Madgalena. Lo concreto es que la CIDH no va a abrir investigación alguna ni monitoreo puntual sobre las presuntas amenazas a la libertad de expresión en la Argentina.

La expectativa por volver a ver a la presidenta en funciones es muy alta. Desde ya que, aun el antikirchnerismo racional, quiere verla recuperada.

De lo más grave, igual de repudiable que la reivindicación “espectacular” de Adolf Hitler que hizo Jaime Duran Barba, el asesor de Mauricio Macri, puede mencionarse la irrupción en la catedral metropolitana de grupos católicos fascistas contra la ceremonia interreligiosa evocando La Noche de los Cristales Rotos, paso fundamental de la política antisemita y racista del Tercer Reich que acabaría con la vida de 6 millones de judíos en Europa durante la Segunda Guerra Mundial. Eran un puñado, bastante exaltado, con sus boinas rojas y su frenético rezo del rosario. La pregunta inquietante es a cuántos otros representan en sus diatribas e impulsos violentos. No eran viejos, eran jóvenes. Se ve que a la derecha del Papa Francisco no está la pared. Hasta el disidente del peronismo Eduardo Amadeo, que no es Camilo Torres, se asustó por la escena. La intolerancia de los sectores reaccionarios en la Argentina, de todos modos, no merece un tratamiento liviano. Cruzados como estos, puestos a ocupar o influir sobre las jefaturas de las Fuerzas Armadas de los ’70, justificaron en el altar divino la masacre de toda una generación. Un baño de sangre purificador que sentó las bases del Estado terrorista. Desde la Revista Cabildo luego dijeron que Raúl Alfonsín era comunista y judío en los ’80, de igual modo que hoy califican a Cristina Kirchner de montonera y atea. Parecen pocos, quizá lo sean, pero sus postulados lunáticos atraviesan peligrosamente el discurso público emitido por comunicadores y políticos que lo naturalizan de manera banal, que son de derecha y reaccionarios, pero suelen opinar desde una neutralidad prefabricada. ¿Cómo se los puede identificar? Es fácil: son los que sugieren que en Ecuador la palabra “espectacular” no quiere decir lo que dice en castellano pretendiendo justificar lo injustificable, asocian el gobierno democrático a una dictadura, usan de modo macartista el adjetivo “comunista” y pregonan que los organismos de Derechos Humanos están cooptados por el demonio más malo que existió hace 35 años. Disimulan, matizan, claro, después de tres décadas de democracia ininterrumpida, aun los reaccionarios de derecha que no quieren quedar pegados a la derecha reaccionaria. Para eso está Mariano Grondona, aunque después vayan de invitados felices a su programa.

Es un triunfo de las libertades, sin ninguna duda, que se esfuercen en camuflar lo que son y que hayan aprendido algo de modales. Aunque convendría aclarar que esa prevención los habilita como sujetos simplemente ubicuos, no más tolerantes, ni más democráticos, ni menos peligrosos. Si el contexto de la Argentina fuera otro, correrían a ser intendentes civiles del nuevo proceso de organización nacional. Sólo hace falta un poco de memoria, más que agudeza imaginativa, para poder verlos caminar en un futuro improbable.

Volviendo al retorno de Cristina Kirchner, ojalá la lejanía, la toma de distancia, la perspectiva del panóptico visual, le haya servido para detectar qué cosas suceden por fuera de los asuntos importantes de la administración cotidiana del Estado que tanto la ocupan. Al correrse del atril, algunos funcionarios se vieron en la incómoda tarea de operar sin su aval explícito previo. Hayan o no hablado en privado, esta vez la presidenta no apareció en público para certificarles que hacían lo correcto. No está mal. No hubo caos. El país no colapsó. El shock que significó el paso de la presencia casi diaria de la mandataria a su silencio de un mes y medio donde incluso congeló su cuenta de Twitter fue, en principio, sólo eso: una sorpresa que luego derivó en rutina. La experiencia confirmó tres cosas: que la impronta presidencial es única, que el sentido de las acciones oficiales es inalterable y que los editores opositores fueron los que padecieron la falta de la figura que habitualmente concentra sus ataques más encarnizados. Amado Boudou, Juan Manuel Abal Medina, Carlos Zanini, Agustín Rossi, Florencio Randazzo y Martín Sabbatella, con sus diferentes estilos y responsabilidades, despejaron los nubarrones de eventual desgobierno que agitó el antikirchnerismo cuando se supo de la operación. Se calzaron la gestión al hombro. Atravesaron un momento difícil, sin desbarrancar. También la juventud tuvo un papel relevante en las masividades desplegadas durante el acto del 17 de octubre en Plaza de Mayo. La invisibilización mediática fue inversamente proporcional a su entrañable contundencia.

No ocurrió lo mismo con los gobernadores e intendentes que comenzaron a sacarse los ojos con los resultados electorales arriba de la mesa. La disputa al interior del pejotismo por ver quién o quiénes ocupan espacios expectantes con la cabeza puesta en 2015 los desnudó como una maquinaria indolente, cuando no como vanidosos concursantes en un desfile de cargos reales o imaginarios. Hay un sector del PJ que actúa como el antiperonismo desea que lo haga: con una desmedida vocación por la supervivencia personal. Si Sergio Massa los aventaja moralmente en algo es que, al menos, para dejar de vivar falsamente a Cristina y criticar despiadadamente a La Cámpora y a Moreno, decidió abandonar el peronismo. Los otros, en cambio, murmuran desde adentro cosas parecidas mientras juran una lealtad de inaudible convicción. El revés de la trama tampoco es auspicioso: núcleos del kirchnerismo no peronista ven en cada tumulto la confirmación de que el dispositivo político que tejió Néstor Kirchner en vida entró en fase de declinación. Así como hay un peronismo que vive obsesionado por alambrar el territorio y asegurarse la propiedad de los emblemas partidocráticos, existe también un progresismo sólo preocupado por los insumos narrativos simbólicos y estéticos del modelo nacido en 2003. Exagerando, son las dos caras de una misma acechanza: el debilitamiento de la musculatura política kirchnerista de cara a los dos años que se avecinan.

En el plano económico, la merma de las reservas del Banco Central se volvió un tema sensible. La sociedad escucha pronósticos oscuros a diario. En los canales de TV predomina el análisis opositor. No aparecen voces oficiales con la potencia necesaria para replicar el discurso único instalado, con su sensación pegajosa de deriva contante. Ya no es sólo el lobby devaluador, ni siquiera el petardeo constante de AEA –que incluso fracasó en el armado del fragote empresario antikirchnerista esta semana–, es otra cosa: una especie de monólogo tremendista que se convirtió en la partitura legitimada por ausencia de una música alternativa que se escuche más clara y más fuerte. Se reproducen argumentos esquizoides y se habla de situaciones contradictorias. Se mezclan la suba de la carne con la injusticia de un dólar tarjeta que permite comprar autos importados de alta gama, las mejores opciones para invertir los pesos sobrantes con la histeria por una inflación descontrolada. Cualquier sobremesa de la clase media está atravesada por estas discusiones. El común denominador es el malestar. Otra vez, se habla de Chile, de Uruguay o de Brasil como ejemplos de lo que debe hacerse en oposición a lo que se hace acá. No hay ningún tipo de espacio para preguntas obvias: si todo fuera tan genial con la derecha chilena gobernando, ¿por qué vuelve arrasando Michelle Bachelet? Si en el país oriental todo es felicidad, ¿por qué una milanesa con fritas cuesta 130 pesos argentinos, con sueldos muy inferiores a los que se pagan en la Argentina medido en dólares? Si en Brasil las cosas marchan bien, ¿por qué hubo protestas tan masivas hace dos meses y las automotrices ralentizan la producción? No importa. Lo que llega desde afuera, lo que los medios reproducen, los lugares comunes repetidos hasta la sequedad de la saliva por los comentaristas televisivos, es que afuera es el paraíso y esto, lo más parecido al infierno. Pero cuidado, lo llamativo no es que circulen barbaridades como si fuesen verdades incontrastables, eso ya es parte del folclore de los últimos años, lo curioso es que no haya voces articuladas que salgan al cruce para neutralizarlas y bajar la ansiedad social sobre estos temas. Si eso no ocurre pronto, José Luis Espert va a pasar de pintoresco personaje nostálgico del neoliberalismo de los ’90 a salvador de la patria dolarizada. La disputa, en ese caso, no va a ser sobre modelos económicos más o menos incluyentes. Va a ser entre los que explican algo aunque sea malo y los que no explican nada, nada de nada, convirtiendo la economía en una variante del esoterismo. El esfuerzo de Mercedes Marcó del Pont, titular del BCRA, por poner palabras donde no las había durante un encuentro con 500 economistas, es encomiable. Pero no es la ministra de Economía.

La expectativa por volver a ver a la presidenta en funciones es muy alta. Desde ya que, aun el antikirchnerismo racional, quiere verla recuperada. Eso no quita que existan, de parte de algunos opositores, hirientes comparaciones entre su estado de salud y la vitalidad del ciclo institucional. La idea de que para curarse tiene que dejar todo lo que le provoque estrés, y que el mayor causante de estrés es, precisamente, la acción misma de gobierno, no es otra cosa que un pedido solapado de deserción anticipada. Jorge Giacobbe, titular de Giacobbe Consultores, desde Clarín, dijo: “Me parece que no se puede hablar de la vuelta de Cristina, porque no vuelve Cristina sino un trozo de ella.” Lo dicho: no quieren partes médicos, que los hubo, quieren algo así como la extremaunción política en vida.

Eso, el final de todo este proceso, es lo único que no va a pasar, salvo que la intervención quirúrgica haya sido para transformar a la presidenta en otra persona. Una que no es.

Mañana, entonces, empiezan los dos años que faltan, le duela a quien le duela .

Memoria, el día de la militancia

Hoy se cumplen 41 años del primer retorno de Juan Domingo Perón a la patria después de un largo exilio de 18 años motivados por la proscripción aplicada por la Argentina oligárquica, liberal y antidemocrática. Es una fecha simbólica, clave en el calendario nacional y popular. Hito del compromiso a través del tiempo, la lucha clandestina y la lealtad al líder pese a las persecuciones. A los muertos, presos y torturados que entregaron todo por el regreso definitivo del General, y a sus familias, vayan estas líneas como reconocimiento a una gesta heroica y silenciosa que no ocupa espacio en los diarios que pregonan el olvido como toda solución a sus propias inconsecuencias en defensa de las libertades de todos los argentinos, incluidos los peronistas.

Impugna que algo queda

La UCR y el PRO impugnaron la prolongación del mandato de Martín Sabbatella al frente de la AFSCA propuesta por la presidenta. Nunca leyeron la ley. Los partidos no pueden impugnar, sólo la sociedad civil; lo que hacen, entonces, es una operación mediática, que encuentra en las páginas de Clarín y La Nación su soporte masificante. A lo sumo, en la Comisión Bicameral pueden votar en contra. Todo indica que Sabbatella, que logró finalmente la constitucionalidad plena de la ley, seguirá al frente de la AFSCA. Deberían, radicales y macristas, ocuparse más del candidato del FAP-GEN si es que –como dicen ahora, después de haber batallado incansablemente por lo contrario–, pretenden que la ley se aplique en su totalidad. Gerardo Milman ha dicho públicamente que la ley le parece inútil, obsoleta e inservible. Esa postura no le impidió candidatearse como integrante del directorio cuando se vence en diciembre su mandato como diputado. Milman pasaría de cobrar en Diputados a cobrar como director en la AFSCA, siempre que la presidenta lo avale, no sea cosa de quedarse sin salario, a propuesta de la tercera minoría. Acepta un cargo creado por una norma en la que no creyó ni cree. Se trata del mismo diputado que amplificó y agitó el supuesto escándalo de las Islas Seychelles, que la justicia federal desestimó esta semana. Ahora, para conseguirse un trabajo, depende de la firma de la presidenta, la misma a la que acusó de encabezar el gobierno más corrupto de la historia argentina después de la dictadura. Las vueltas de la vida.

INFONEWS

21/11/2013 Posted by | General, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones | , , , , | Deja un comentario

La víscera más sensible es el bolsillo


Télam – La víscera más sensible es el bolsillo.


Coincido totalmente con este artículo, cuando Susana Giménez y Mirtha Legrand se refieren al pueblo argentino, diciendo que votan por el bolsillo,  reconocen que estamos bien pero vamos mal, claro ellas mintiendo antes las cámaras siempre estuvieron bien, la crispación  en años previos al 2001 la padecía la mayoría del pueblo argentino, sin posibilidad de expresar ese desagrado (que implicaba desocupación, ajustes de sueldos y salarios, cierres de fábricas, locales de ventas, etc), dado que para una persona común no es fácil quejarse ante la TV..ahora estas mujeres, como muchos opositores y medios hegemónicos siguen acumulando ganancias, pero protestan cuando deben pagar impuestos para la distribución al pueblo en escuelas, salud, infraestructura, etc etc. y a esto le llaman crispación. Hablan de dictadura, de divisiones, de no convocar a debatir.. Cuándo los gobiernos anteriores llamaron a debatir? El pueblo salía a la calle a peticionar y solo encontraba una represión brutal, nadie los escuchaba, ejem. cuando los bancos con la anuencia del poder de turno,  se adueñaron de los depósitos y los clientes salian a romper las puertas y persianas de los bancos cerrados por temor.

Claro estas señoras son millonarias, gracias a ese pueblo que las sigue, pero lo que hacen, lo hacen por caridad o por dinero? Acaso es un apostolado?  Ellas siguen ganando para costear sus lujos, el pueblo necesita el dinero para vivir.

Lamento decirles a ellas, que Cristina es única, inteligente, estudiosa, trabajadora y que es un gran orgullo del pueblo argentino, escucharla en sus disertaciones en los foros internacionales, sin duda ella ama a su pueblo, lo trasunta en todas sus expresiones..y por eso el pueblo la vota. Y sino comparen con los opositores, ni ellos se convencen de lo que dicen..desilachados totalmente.

Marianike

02/10/2011 Posted by | Economía, General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , | 6 comentarios

¡Argentinos, a las urnas! – Roberto Caballero


12.08.2011

Este domingo, quizá, tal vez, nazca el “cristinismo”, mezcla de los que quieren más de este modelo “nacional y popular” y los que por viveza y sentido de supervivencia admiten que cambiar de montura a mitad del río es desaconsejable.

La primera presidencia de Cristina Kirchner fue una presidencia débil. A poco de asumir, con el lock out de las patronales agropecuarias, que mantuvieron paralizado el país durante cuatro meses, también se fraccionó la fuerza parlamentaria del Frente para la Victoria. Desde entonces, la presidenta gobernó sin mayorías legislativas.

También gobernó, y esto es muy evidente, sin ningún tipo de apoyatura mediática.
También gobernó, y esto es doblemente evidente, sin la lealtad del aparato del PJ, que desde mucho antes de las testimoniales coquetea con Eduardo Duhalde o cualquier otra opción no K, imponiendo en los hechos una lógica de toma y daca, al mejor estilo vandorista.

Gobernó Cristina Kirchner sin el aval expreso ni tácito de ninguna fuerza opositora, que por el contrario eligio de modo constante encolumnarse detrás de todas las operaciones mediáticas de demolición de la figura presidencial, con la coyuntural excepción del socialismo y algunos sectores más o menos progresistas en las votaciones por la reestatización de Aerolíneas Argentinas, las AFJP y el matrimonio igualitario. Que quede en actas para la historia futura.

Gobernó Cristina sin una Corte Suprema adicta, como la que tuvo el menemismo.

Gobernó Cristina sin vicepresidente, después de la vergonzosa traición de Julio Cobos.

Gobernó, también, durante el último año sin su marido que, a la vez, era el jefe político que –ella misma confesó– la protegía de las crueldades del poder; y sin presupuesto, nada menos.

Gobernó, siendo mujer, contra el prejuicio machista de la sociedad y de todo el sistema institucional, en una soledad tan concurrida que produce pavura.

Frente al mito construido por Joaquín Morales Solá –el censor de Clemente en la dictadura– sobre el autoritarismo y la vocación por el control absoluto del kirchnerismo, hay que decir que no hubo en los últimos 40 años de democracia argentina una presidenta que haya gobernado, como ella, desde tan extrema condición de debilidad.

Se la acusó de “yegua”, de “loca”, de “bipolar”, de “fanática”, de “soberbia” y, el colmo, de estar casada con un “nazi”; y, sin embargo, ahí está, mostrándose descarnadamente sobre la tarima, haciendo su duelo en público, pero sin dejar de gobernar, mientras el mundo se desploma, literalmente, en una situación de adversidad que a otros presidentes los hizo huir en helicóptero y tirar la toalla antes de lo previsto.

Me imagino que somos muchos los que, legítimamente, nos preguntamos cómo sería un gobierno de Cristina Kirchner con mayorías parlamentarias, con una oposición menos subordinada a los poderes corporativos, con los grupos monopólicos de la comunicación cediendo –democráticamente– algo de su posición dominante en el discurso público, con un peronismo menos corleónico y feudal, con un vicepresidente que le cuide el sillón cada vez que viaja y no la despida con un serrucho en la mano, con empresarios, banqueros y sindicatos que la ayuden a reconstruir la confianza entre argentinos y no hagan de la puja distributiva natural en democracia una pelea de suma cero constante, donde prevalecen los intereses de bando por encima de la Nación.

Me gustaría, y creo que nos pasa a varios, ver gobernar a Cristina con algo del poder que le dieron, en 2007, los 7 millones de argentinos que la votaron para que fuera presidenta constitucional.
Porque esta mujer, con casi nada, se mantuvo en pie. Con casi nada, digo, porque tres meses después de asumir comenzó la más impiadosa campaña de demonización, con fines destituyentes, de la que se tenga memoria. No tuvo respiro. Los actos multitudinarios con la CGT, el acompañamiento de Madres y Abuelas, la red de medios alternativos que desafía cotidianamente la hegemonía desinformativa de Clarín y la militancia de corazón que cobró visibilidad con los funerales de Néstor Kirchner ayudaron, sin duda, en toda esa etapa dramática. Hablan de la conciencia colectiva de un pueblo en una encrucijada determinada de su historia y de un liderazgo, el de Cristina, sobre todos esos sectores que expresan los valores de la reconstrucción nacional, después del desastre de 2001. Pero para disciplinar a los dueños del poder y del dinero de este país hace falta, además, ganar elecciones por la mayor cantidad de votos posible.

De cara a las elecciones del próximo domingo 14 y las definitivas de octubre, Cristina tiene los votos kirchneristas asegurados. Se trata de una minoría política intensa, nacionalmente estructurada, que le es incondicional. Sin embargo, le hacen falta más votos “cristinistas” si quiere gobernar, después de tanto viento en contra, con algo de tranquilidad durante los próximos cuatro años. Esos votos exceden el marco militante de los que acompañan su proyecto. Están en otras multitudes, más silenciosas, que interpretan que Cristina encarna una curiosa virtud: ella es el oficialismo y, se sabe, que cuando hay crisis la gente se vuelve menos audaz, quizá hasta más conservadora, es decir, vuelve a elegir al que está porque no come vidrio. Pero también una candidata y estadista como ella, resume el malestar y la solución a ese malestar. Cristina parece ser la garantía de preservar lo bueno y, a la vez, profundizar el cambio que corrija lo malo. Sus opositores se prepararon para ser opositores, pero generan dudas y más dudas sobre sus condiciones para gestionar en tiempos bravíos. Es Cristina la única que puede oxigenar el Gabinete y relanzar el gobierno; y también la que inicie el impostergable recambio generacional en la administración de la cosa pública, que entierre la vieja política para siempre. Es un puente de plata posible. No hay otro. No, al menos, a la vista, salvo para los voluntaristas, que creen que administrar un país es cosa sencilla y para cualquiera.

A la Cristina sola, sin apoyo en el Congreso, agraviada por Héctor Magnetto y sus 200 licencias radiales y televisivas, blanco de la saña opositora más superficial, inmersa en la mayor crisis del capitalismo planetario y sin marido, ya la vimos gobernar y, de todos los que la critican, nadie lo hubiera hecho mejor. Eso es un mérito.

Este domingo, quizá, tal vez, nazca el “cristinismo”, mezcla de los que quieren más de este modelo “nacional y popular” y los que por viveza y sentido de supervivencia admiten que cambiar de montura a mitad del río es desaconsejable.

El mundo se ha vuelto un lugar hostil. Es poco lo que podemos hacer para solucionar lo que ocurre en Washington, Madrid, París y Atenas. Pero es mucho lo que se puede hacer acá, con todos los inconvenientes que existen –y van a seguir existiendo–, para asegurarle un futuro a nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.

¿Cómo sería un país si Cristina gobernara con algo de poder?

Con sinceridad, no lo sabemos.

El domingo podemos dar un paso para averiguarlo.

¡Argentinos, a las urnas!

Tiempo Argentino

12/08/2011 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , | Deja un comentario