America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

La nueva ofensiva imperialista en América Latina – La jugada del Caribe


03-02-2010


Ana Esther Ceceña, Humberto Miranda, David Barrios, Rodrigo Yedra

Rebelión

Ay! Haití la negra, llorando está

Pablo Milanés

El 12 de enero de 2010 fue un día de mucha incertidumbre, pero también de muchas confirmaciones. Puerto Príncipe, lo más cercano a un centro urbano moderno en el país más pobre del hemisferio occidental, amaneció con un terremoto de 7 grados de intensidad que dejó al pueblo, al Presidente y al propio Dios sin casa, al derrumbarse incluso el Palacio Presidencial y la Catedral.
Ese pequeño pedazo de La Española, pionero en la sublevación independentista, se debate hoy entre una catástrofe económica que lo ha sumido en la pobreza y le ha cancelado la autosuficiencia alimentaria1, una catástrofe natural comparable a un bombardeo nuclear aunque sin efectos radioactivos, y una nueva ocupación que refuerza su condición de colonia.
La inmediata respuesta solidaria de la comunidad mundial enviando alimentos, medicinas y cobijas, se combinó con la presencia de médicos cubanos que desde hace 11 años trabajan apoyando al pueblo de Haití y que en estos momentos jugaron un papel central en la atención a las víctimas. Las difíciles condiciones del país, no obstante, no facilitaron la distribución rápida de la ayuda humanitaria, y los medios de comunicación, en cierta medida lidereados por la CNN, fueron colocando como sentido común la idea de una situación de creciente caos e ingobernabilidad, que justificaba la presencia militar no sólo de los integrantes de la MINUSTAH2, sobre terreno desde 2004, sino de nuevos contingentes de ¡tropas de asalto!
Si bien al inicio se había autorizado a la MINUSTAH colocar hasta 6.700 efectivos militares en Haití, ese tope fue incrementándose hasta alcanzar el 30 de noviembre de 2009 una cifra de 9.065 efectivos uniformados, incluidos 7.031 soldados3 y 2.034 policías4, apoyados por 488 funcionarios internacionales, 1.212 funcionarios nacionales y 214 voluntarios de la ONU. Esta Misión, con un presupuesto anual promedio de 600 millones de dólares, ha sido denunciada por la organización inglesa Save the Children (No one to turn on to, 2008) por las sistemáticas violaciones sexuales, maltrato o incitación a la prostitución de niñas y niños haitianos, además de ser denunciada por organizaciones de derechos humanos y misiones de observación de la sociedad civil por los atropellos que con toda impunidad se cometen en nombre del restablecimiento de la paz.
Fuerza supuestamente de paz compuesta por uniformados de muchos países, notoriamente latinoamericanos, la MINUSTAH ha sido repudiada desde un inicio por la población haitiana por tratarse de una imposición que conculca las facultades de autodeterminación y el ejercicio de una democracia plena en Haití, además de estar autorizada para reprimir a los haitianos hasta en caso de sospecha.5
Hoy, en una jugada muy audaz, es directamente el Comando Conjunto de Estados Unidos, a través del Comando Sur, quien se erige como autoridad suprema controlando movimientos aéreos, marinos y terrestres. La MINUSTAH y sus efectivos quedan bajo las órdenes de las divisiones del Comando Sur en virtud de la atención al desastre.
Nadie objeta estos movimientos del ajedrez del poder hegemónico que en muy pocas horas transformaron la geopolítica continental. La comunidad internacional parece haberse hecho cargo de Haití como si fuera un desierto sin capacidad de organización propia desde 2004, y mucho más ahora después del terremoto. La comunidad internacional parece aceptar que las disposiciones de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos son universales y que las tropas son necesarias para apaciguar a ese pueblo indómito.
Descartando la hipótesis de que el propio Estados Unidos haya provocado el terremoto,6 lo cierto es que unas horas después del desastre ya estaba en suelo haitiano la dramáticamente célebre 82 División Aerotransportada del ejército de Estados Unidos, responsable de las invasiones a Dominicana (1965), Granada (1983) y Panamá (1989), y, para el 26 de enero, el número de soldados que e movió hacia Haití, sumando los que hay en tierra y mar, asciende a 12,500.7 Nadie sabe a ciencia cierta qué función puedan estar cumpliendo los integrantes de una brigada netamente ofensiva, equipada con armamento sofisticado que incluye misiles, y con capacidad de neutralización y aniquilamiento de fuerzas vivas y la toma de territorios en muy breve plazo. Es decir, una fuerza de asalto de respuesta rápida. Habría sólo que recordar que en Granada y Panamá se trataba de operativos de invasión y ahora de uno, en principio, humanitario.
Dadas las circunstancias podría en verdad hablarse de una invasión limpia, al no necesitar despliegue de fuerza aérea y artillería para el bombardeo previo. El terremoto hizo el trabajo sucio, sin bajas para el invasor.
No hay mejor teatro de operaciones.
Estados Unidos desplegó eficientemente todo un operativo de guerra y se ha ocupado mucho más de controlar que de apoyar. Se hizo cargo de las comunicaciones controlando no sólo el aeropuerto sino todos los movimientos en las costas, al punto que el Vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, sostiene que Estados Unidos “…está aprovechando una desgracia terrible de un pueblo hermano para asentar presencia militar permanente, en una estrategia de militarización, de control en el continente”8, y el presidente Evo Morales está llamando a una reunión de las Naciones Unidas para detener la escalada. Pero ni la ONU está en condiciones de interpelar las decisiones interventoras de Estados Unidos, ni los halcones están en disposición de soltar la presa. El imperio ha tomado muy en serio la pérdida estratégica que han significado los procesos revolucionarios recientes en Latinoamérica.
Además del buque hospital USNS Comfort, con cerca de mil elementos de personal médico que curiosamente atienden sólo alrededor de 100 pacientes diarios, se colocó en las costas de Haití, que por la cercanía (74 km.) son también las costas de Cuba, un portaviones nuclear (USS Carl Vinson) y dos buques de asalto anfibio (USS Bataan, USS Nassau). Todas estas naves, en realidad, son bases militares itinerantes que complementan las posiciones en tierra y que otorgan una mayor versatilidad y flexibilidad a las redes de control militarizado.
De acuerdo con información oficial, se han creado oportunamente dos nuevas Fuerzas de Tarea:

El Comando Sur de Estados Unidos ha establecido la Fuerza de Tarea Conjunta- Haití (JTF-H) para observar los esfuerzos de ayuda de los militares de Estados Unidos en Haití y ha nombrado al Teniente General del Ejército de Estados Unidos Ken Keen9 como su comandante. Más de 20,000 militares norteamericanos, 23 navíos y más de 120 aviones están apoyando las operaciones para proveer ayuda y cuidado a más de tres millones de haitianos afectados por el terremoto del 12 de enero.10

La otra Fuerza de Tarea, la 48, tiene sede ni más ni menos que en Cuba, en la base de Guantánamo, y por ahora se ocupa de coordinar “…los activos de tierra y aire para entregar oportunamente la ayuda humanitaria a Haití” según Patricia Wolfe, comandante de la Fuerza, quien recuerda que:

El suministro oportuno de esta ayuda es sólo posible por la estrecha proximidad de la Base Naval de la Bahía de Guantánamo (GTMO) con el área afectada. GTMO es obviamente una posición clave para atender los requerimientos estratégicos en esta región. (http://www.navy.mil/search/display.asp?story_id=50733)

De manera que si esto no es una ofensiva de guerra contra Haití tal vez sí lo sea para sus vecinos. Las nuevas posiciones ocupadas no sólo rodean el Caribe sino que cortan el paso entre Cuba y Venezuela y, mediante triangulaciones con las bases de la zona crean condiciones de aislamiento para cada una de las islas caribeñas.
Cuba, por lo pronto, queda cubierta por todos los flancos.
Con estas dos nuevas Fuerzas de Tarea a partir del desastre, una con sede en Haití y otra ubicada en Guantánamo, se puede pensar que estamos en el inicio de una reorganización completa de la estrategia militar en esta región o, por lo menos, de una reorganización operativa con miras más ambiciosas que en el pasado, y preparando condiciones de intervención inmediata en cualquier situación y lugar que así lo requiera, desde su perspectiva, en el área.
Con las viejas y nuevas bases en Colombia, las potenciales bases en Panamá, Palmerola, Guantánamo, Aruba y Curaçao, Estados Unidos tiene una situación de total control de movimientos en la región caribeña, o amazónico-caribeña. México queda cercado en el Golfo y sometido por la Inciativa Mérida, y en coordinación con Colombia como parte del corredor de contención que Estados Unidos ha ido propiciando para detener los procesos de transformación en el continente.
Buena jugada! Haití queda ocupado, Cuba rodeada, la IV flota ondeando sus banderas en todo el Caribe y Venezuela acosada.
Pero en el Caribe no hay guerra. El Caribe es una zona de paz… y catástrofes.
NOTAS

[1] Hasta los años 70 del siglo XX Haití fue autosuficiente en arroz, que es la base de la alimentación. A partir de entonces y como producto de una combinación de políticas neoliberales, se perdió la suficiencia al punto que hoy se importa más del 80 % del arroz que se consume. Pero en general de una dieta alimenticia que se producía en un 90 % dentro del país, hoy se importa el 55 % (Rodríguez, José Luis, citado en Sánchez, José Tomás, ¿Qué hacemos en Haití? , http://www.ea.com.py).
[2] Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití.
[3] Los países que aportan personal militar, con Brasil a la cabeza, son: Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Ecuador, Estados Unidos, Filipinas, Francia, Guatemala, Jordania, Nepal, Paraguay, Perú, República de Corea, Sri Lanka y Uruguay.
[4] Países que aportan personal policiaco: Argentina, Benin, Bangladesh, Brasil, Burkina Faso, Camerún, Canadá, Chad, Chile, China, Colombia, Côte d’Ivoire, Croacia, Egipto, El Salvador, España, Estados Unidos, Federación de Rusia, Filipinas, Francia, Guinea, Jordania, India, Jamaica, Madagascar, Malí, Nepal, Níger, Nigeria, Pakistán, República Centroafricana, Rwanda, Rumanía, Senegal, Serbia, Sri Lanka, Suiza, Togo, Turquía, Uruguay y Yemen.
[5] La sospecha se ha ido instalando como elemento de justificación para acciones punitivas de parte de las fuerzas públicas, negando así las atribuciones de las instancias de justicia. En el caso de las misiones humanitarias o de paz, cuyo propósito debería ser restablecer y/o garantizar las condiciones para un funcionamiento regular de las instituciones democráticas, no debería permitirse tal grado de impunidad a las tropas que están autorizadas a disparar si creen que alguien parece sospechoso.
[6] Lo mismo ocurrió con el ataque a las torres gemelas. Algunos investigadores y periodistas han sostenido que se trató de un autoatentado para justificar los cambios drásticos de política militar que le sucedieron. Y en este caso ya circulan escritos basados en informaciones sobre el Proyecto HAARP con base en Alaska, sosteniendo la hipótesis de la capacidad de generar cambios climáticos y catástrofes como el terremoto en Haití.
[7] http://www.abn.info.ve/noticia.php?articulo=217451&lee=16
[8] “Bolivia teme que Haití se convierta en otra base militar estadounidense”. En DiarioCoLatino.com, San Salvador, enero 28, 2010. http://www.diariocolatino.com/es/20100119/internacionales/75895/
[9] Ken Keen es el Military Deputy Commander (Comandante suplente o adjunto) del Comando Sur y tiene amplia experiencia en la región, además de haber comandado la Fuerza de Tarea Ranger en la Operación Tormenta en el Desierto y de haber formado parte del Comando Conjunto del EUCOM en 2007-2009. Se trata de un militar de la más alta categoría y experiencia en zonas de guerra y conflicto, en plenas funciones, con trabajo reciente en áreas de alto riesgo estratégico. En América Latina fungió como Oficial de las Fuerzas Especiales en Panamá (1977-1980); Oficial del Grupo de Entrenamiento Militar en Honduras (1980); Comandante del Grupo Militar de Estados Unidos en Colombia (2001-2003); Comandante del Ejército del Sur de Estados Unidos (2005-2007) y estudiante en el Comando Brasileño y el Colegio del Comando General en Brasil (Brazilian Command and General Staff College) (1987-1988). ( http://www.southcom.mil/AppsSC/pages/dcdrBio.php ). No hay que descuidar este último dato y los vínculos que implica, sobre todo teniendo en cuenta el papel de las Fuerzas Armadas brasileñas como comandantes de la MINUSTAH.
[10] Consultado en la página de internet del Comando Sur el día viernes 29 de enero de 2009 http://www.southcom.mil/AppsSC/factFiles.php?id=138
Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa de los autores, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

ENVIADO POR CORA

07/02/2010 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Nueva ofensiva de Estados Unidos sobre los pueblos de América



Yankees go home!

Ana Esther Ceceña y Humberto Miranda

Rebelión

Aunque parece ya lejano porque ocurrió en marzo de 2008, el presunto ataque colombiano a Ecuador en la provincia de Sucumbíos marcó el inicio de un nuevo ciclo dentro de la estrategia estadounidense de control de su espacio vital: el continente americano. No se trató de un hecho aislado, sino de una primera piedra de un camino que continúa abriéndose paso.

En aquel momento se desplegaban iniciativas de creación de plataformas regionales de ataque bajo el velo de la guerra preventiva contra el terrorismo. Pero si en Palestina y el Medio Oriente había ya costumbre de recibir las ofensivas del Pentágono desde Israel, y aderezadas con sus propósitos particulares, en América no había ocurrido un ataque unilateral de un Estado a otro “en defensa de su seguridad nacional”.

El ataque perfiló las primeras líneas de una política de Estado que no se modificó con el cambio de gobierno (de Bush a Obama) sino que se adecuó a los tiempos de la política continental que, en esa ocasión, dio lugar a un airoso reclamo de Ecuador, secundado por la mayoría de los presidentes de la región en la reunión de Santo Domingo.

Prudentemente se detuvo esta escalada militar para bajar las tensiones y dar paso al cambio de gobierno en Estados Unidos, pero la necesidad de detener el crecimiento del ALBA y la búsqueda de caminos seguros para intervenir en la región, sobre todo frente a Venezuela, Ecuador y Bolivia, llevó nuevamente a Estados Unidos a involucrarse en proyectos desestabilizadores o directamente militaristas.

Nuevas formas de viejos propósitos. La doctrina formulada por Monroe y reiterada por Kennedy con la Alianza para el Progreso (Alpro), tiene expresiones contemporáneas en el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), la Integración de la Infraestructura Regional de Sudamérica (IIRSA) y el Proyecto Mesoamericano (antes Plan Puebla Panamá), pero también en la creación de una retícula militar que envuelve la región en su conjunto.

La revolución cubana en 1959 generó una cuña de subversión social que puso en entredicho el dominio estadounidense en el continente. La victoria cubana en Playa Girón en 1961, la supervivencia del proceso cubano después de la “crisis de los misiles”, y su permanencia en medio del acoso y las dificultades se constituyeron en un dique simbólico que desde entonces aparece como bastión de esperanza y dignidad, y como posibilidad real frente a la dominación.

Por esta misma razón, Cuba ha sido cuidadosamente separada del resto del continente mediante políticas de “extensión de la democracia” y combate a las tiranías (Alpro) promovidas financieramente a través de la USAID, mediante su expulsión de la Organización de Estados Americanos y mediante la manipulación de los imaginarios hasta convertirla en caso único e irrepetible, con tal éxito que en muchos sentidos el proceso cubano no es incorporado a los análisis sino como experiencia aislada que es a la vez añorada y rechazada por las izquierdas del continente.

Después de Cuba y de las experiencias insurgentes en casi todos los países de América Latina, los procesos democráticos fueron violentamente interrumpidos por dictaduras militares financiadas por la USAID, tan activa nuevamente en nuestros días, y preparadas por la Escuela de las Américas. Se abrió una larga noche para el continente y América volvió a ser, en cierta medida, “para los americanos”.

Las dictaduras se transformaron en neoliberalismo, las riquezas de nuestros países dejaron de ser “patrimonio estratégico de la nación” para convertirse en atractivos de inversión. La ilusión hegemónica de una América unida defendiendo los intereses americanos se encaminó en los tratados de libre comercio.

Los levantamientos contra el neoliberalismo, los tratados regionales, el ALCA y, recientemente, contra los dos megaproyectos de reordenamiento territorial y creación de la infraestructura de la integración energética y el saqueo (Plan Puebla Panamá, crecido hasta el Putumayo incorporando a Colombia, y hoy transformado en Proyecto Mesoamericano, e Integración de la Infraestructura Regional de Sudamérica), obligaron a la inteligencia hegemónica a recolocarse estratégicamente en el continente.

La insuficiencia del mercado como disciplinador general es acompañada por la presencia creciente de las políticas y fuerzas militares en todo el continente. El ethos militar se impone como eje ordenador de la totalidad.

Como una vuelta de tuerca más, las movilizaciones antineoliberales dan lugar a cambios institucionales y experiencias de gobierno contrahegemónicas en Venezuela, Bolivia y Ecuador, y con esto se pone en riesgo, o por lo menos en dificultades, el dominio estadounidense. Con estas nuevas experiencias –que se agregan a la cubana y la reubican geopolíticamente-, no sólo se cuestionan las reglas del juego establecidas sino que grandes extensiones territoriales e inmensas fuentes de recursos empiezan a salir del control hegemónico.

La amenaza de esta confluencia y de su potencial ampliación, los triunfos democráticos, la constitución del ALBA, Petrocaribe y las señales de distanciamiento de las políticas de Washington –encaminadas en múltiples ocasiones por los organismos internacionales-, es asumida como un peligro mayor por los guardianes de la seguridad de Estados Unidos que, independientemente de quien ocupe la presidencia, mantiene una política de estado para defender como hinterland el continente americano y enfrentar desde esta plataforma el juego de competencias con el resto del mundo.

El golpe de Estado en Honduras -uno de los eslabones más frágiles del ALBA-, conducido por un militar hondureño formado en la Escuela de las Américas, tramado en vinculación con la base de Palmerola, consultado con el personal de la Embajada estadounidense y asumido por la oligarquía hondureña -que si existe es por el auspicio de los intereses de EEUU que requieren parapetarse en socios locales-, es el primer operativo de relanzamiento de la escalada iniciada en Sucumbíos.

Como parte de una ofensiva con múltiples variantes, que combina el juego de fuerzas constituidas internamente con intervenciones desde el exterior, que se presenta lo mismo con faceta militar que diplomática, económica o mediática, el golpe en Honduras abre un sendero diferente que pone en riesgo cualquier tipo de procedimiento democrático y deja sentado un precedente perverso. Cómo leer si no la deslegitimación de un gobernante constitucional y legítimo, derrocado por un golpe espurio que violenta la Constitución y las formas democráticas, y que, no obstante, mediante un extraño subterfugio termina siendo acusado de ser él el violador de la Constitución y, por ese mecanismo, es equiparado con el gobierno de los golpistas. Tan defensor como violador de la Constitución es uno como el otro en el esquema de diálogo que se impuso después del golpe y que, de no ser por la movilización popular exigiendo el restablecimiento de la constitucionalidad y rechazando tanto el golpe de Estado como la militarización, ya sería un dato más en la historia.

Honduras no es cualquier país. No solamente es integrante del ALBA y Petrocaribe sino que el gobierno de Zelaya empezaba a hablar de reforma agraria en las tierras que históricamente han sido parte del reino de la United Fruit Company, responsable de muchas masacres. Honduras fue el espacio desde donde se organizó la contrainsurgencia en los años de las luchas revolucionarias centroamericanas y es todavía el espacio de emplazamiento de la base militar estadounidense de Soto Cano o Palmerola, una de las mayores en la región latinoamericana que ha funcionado como cuartel general del Comando Sur desde su creación.

El depuesto gobierno de Zelaya, empujado por la movilización popular que desde hace un año cuestionó la existencia de Palmerola en el II Encuentro contra la Militarización, empezaba a hablar de la recuperación de las instalaciones de esa base. Esto, en un momento de ascenso de la presencia militar estadounidense, de ampliación, reactivación o modernización de sus posiciones en el continente, aceleró sin duda la intervención1 que, evidentemente, responde a intereses económicos y geopolíticos mucho más trascendentes que los de la oligarquía local.

No obstante, a pesar de su gravedad, el golpe en Honduras sólo anuncia lo que se vislumbra para los gobiernos que han osado desafiar al imperio y que no cesan de ser acosados. Honduras resultó atropellado en una búsqueda por alcanzar objetivos de mucha mayor importancia geoestratégica como Venezuela, Ecuador y Bolivia, y constituye ya, independientemente de su desenlace, uno de los soportes de la estrategia en curso.

Honduras constituyó el elemento desencadenador o, mejor, la cortina de humo que dio paso a la reactivación del proyecto interrumpido después del ataque a Sucumbíos: el establecimiento de una sede regional de la llamada guerra preventiva en América, justo al lado del Canal de Panamá y en la entrada misma de la cuenca amazónica pero, lo más importante en términos estratégicos coyunturales, en las fronteras de los procesos incómodos para los grandes poderes mundiales liderados por Estados Unidos.

Mientras la nebulosa levantada por Honduras desvió la mirada, se vuelven a desatar los montajes para acusar de cómplices de las FARC, único grupo reconocido como terrorista por el Pentágono en la región, a los presidentes de Venezuela y Ecuador, pero, sobre todo, se revive un viejo acuerdo entre Colombia y Estados Unidos que otorga inmunidad a las tropas estadounidenses en suelo colombiano y permite la instalación de 7 bases militares estadounidenses que se suman a las seis ya registradas por el Pentágono y por el Congreso en su Base structure report.

El plan de disciplinamiento continental pasa por quebrar geográfica y políticamente las alianzas progresistas y los procesos emancipatorios continentales. En Honduras se trata de introducir una cuña divisoria que debilite y quiebre los potenciales procesos democráticos en Centroamérica, y simultáneamente que se articule con el corredor de contención contrainsurgente conformado por México, Colombia y Perú, al que poco a poco se van sumando otros posibles aliados (ver mapa). La “israelización” de Colombia que se erige como punto nodal, articulada a este corredor, parece estar intentando tender una cortina de separación entre Venezuela, Ecuador y Bolivia, creándoles condiciones de aislamiento relativo, en el plano geográfico. Colombia como plataforma de operaciones enlazada a todo un entramado de posiciones y complicidades que rodean y aislan las experiencias contrahegemónicas y/o emancipatorias para irlas cercenando, disuadiendo o derrotando a medio plazo.2

Pero además de este corredor geopolítico, que además se entrelaza geográficamente con las zonas de mayor riqueza del continente, se puede ubicar otra línea de intervención más sutil que podría establecerse como el eje Miami-México-Bogotá3, en el cual se pretende agrupar una derecha supuestamente endógena, portadora de un pretendido modelo latinoamericano propio frente a las propuestas emancipatorias emergentes. La participación de los grupos anticastristas de Miami y de sus contrapartes en el Pentágono en el golpe de Honduras se hizo evidente tanto en las sorprendentes declaraciones anticomunistas de los protagonistas del golpe, que parecían como salidas de la prehistoria política, como en la aparición en escena de personajes como Otto Reich.

Este conjunto de hechos permite concluir que está en curso un proyecto de recolonización y disciplinamiento del continente completo. Con la anuencia y hasta entusiasmo de las oligarquías locales, con la coparticipación de los grupos de ultraderecha instalados en algunos gobiernos de la región, en América Latina se está conformando mucho más que un nuevo Israel, desde donde el radio de acción se debe medir con las distancias que los aviones de guerra y monitoreo alcanzan en un solo vuelo sin necesidad de cargar combustible; o con los tiempos de llegada a los objetivos circunstanciales, que son muy reducidos desde las posiciones colombianas; o con la capacidad de respuesta rápida ante contingencias en las principales ciudades de los alrededores: Quito, Caracas y La Paz; o con la seguridad económica que les da establecerse al lado de la franja petrolera del Orinoco, equivalente a los yacimientos de Arabia Saudí, y al lado del río Amazonas, principal caudal superficial de agua dulce del continente, al lado de los mayores yacimientos de biodiversidad del planeta, frente a Brasil y con posibilidades de aplicar la técnica del yunque y el martillo, contando con la cooperación de Perú, a cualquiera de los tres países que en Sudamérica han osado desafiar a la hegemonía.

Si bien Honduras muestra claramente los límites de la democracia dentro del capitalismo, el trasfondo de Honduras, con el proyecto de instalación de nuevas bases en Colombia y la inmunidad de las tropas estadounidenses en suelo colombiano, convertiría a ese país en su totalidad en una locación del ejército de Estados Unidos que pone en riesgo la capacidad soberana de autodeterminación de los pueblos y los países de la región. Una base militar estadounidense del tamaño de un país completo y en el corazón de la amazonia.

Todo hace pensar que las acciones desde este enclave militar en América del Sur se dirigirán a los Estados enemigos o a los Estados fallidos, que, de acuerdo con las nuevas normas impulsadas por Estados Unidos, pueden ser históricamente fallidos o devenir, casi instantáneamente, Estados fallidos “por colapso”. Cualquier contingencia puede convertir a un país en un Estado fallido súbito y, por ello, susceptible de ser intervenido. Y entre las contingencias están las relaciones de sus gobernantes con algún grupo calificado como terrorista (es ahí que se explica la insistencia por acusar a los presidentes Chávez y Correa de mantener vínculos de colaboración con las FARC), los conflictos transfronterizos o la penetración del narco.

Una vez decretado el Estado fallido, la intervención puede realizarse desde Colombia, que ya estará equipada para avanzar sobre sus vecinos.

Es de prever la búsqueda de otros emplazamientos militares en el futuro cercano (por lo pronto en Perú, que ya está estableciendo compromisos de operación amplia de tropas estadounidenses en su territorio desde 2006 y con posibilidades de uso de bases en Chiclayo y en la zona del VRAE) combinada con procesos de fortalecimiento de los aparatos de inteligencia y militares en general al interior de los países latinoamericanos. Asimismo, es de esperar que la construcción de los Estados fallidos pasará por estimular deserciones militares, inculpar o corromper altos funcionarios de gobiernos progresistas por vínculos con las actividades criminalizadas por la hegemonía o por la implantación del narcotráfico en barrios marginales de ciudades como Caracas u otras, como herramienta para desatar conflictos y desestabilizar/controlar una región cada vez más rebelde.

A sólo unos meses del ascenso presidencial de Obama, ya resulta ingenuo pensar que existe un cambio en la política estadounidense hacia la región. El esquema de dominación está claro y delineado. Estados Unidos va, como decía Martí, “con esa fuerza más sobre nuestras tierras de América”. Deberá haber una respuesta múltiple, regional, social, solidaria, en bloque. Una respuesta que se extienda desde el Río Bravo hasta la Patagonia y que reditúe a la independencia de nuestras naciones.

500 años de lucha nos han dotado a los pueblos de América Latina de suficiente experiencia para encarar las batallas presentes contra el saqueo, la colonización y las imposiciones de todo tipo. Hoy esa lucha pasa por detener y revertir la militarización y el asentamiento de las tropas de Estados Unidos en Colombia y en todos nuestros países para que los últimos 500 años en rebeldía no hayan sido en vano.

No hay consigna más sensata y oportuna en este momento que la renovada “Yankees, go home”.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=91998

24/09/2009 Posted by | General, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 1 comentario

Chávez asegura que golpe contra Zelaya fue ordenado desde Palmerola


El jefe de Estado instó a Obama a que retire la base y lo invitó a “darse cuenta” de lo que el imperio norteamericano pretende hacer en Latinoamérica.


chavez - zelaya


TeleSUR _ Hace: 13 horas

El presidente venezolano, Hugo Chávez, aseguró este domingo que la orden que se le dio a los militares hondureños para ejecutar el golpe de Estado del pasado 28 de junio contra Manuel Zelaya, fue dada en la base estadounidense de Palmerola ubicada en ese país centroamericano, e instó a Barack Obama, a que investigue el caso y retire ese espacio militar, así como también la base de Guantánamo en Cuba.

“La orden dada a los militares que entraron a tiros por Zelaya a su casa presidencial fue dada desde la base yankee que está allí, la base de Honduras llamada Palmerola, allí hicieron todas las operaciones”, expresó el mandatario en su programa “Aló, Presidente”.

El jefe de Estado instó a Obama a que retire la base y lo invitó a “darse cuenta” de lo que el imperio norteamericano pretende hacer en Latinoamérica.

“Obama retire la base en Palmerola y la base de Guantánamo en Cuba (…) dese cuenta, hermano sea consecuente con lo dicho en su discurso en Trinidad y Tobago”, exhortó Chávez respecto a la última V Cumbre de las Américas.

La idea de la dejar a su homólogo legítimo en Costa Rica fue dada también desde Palmerola, dice el mandatario y afirma que desde esa base el “imperio hacía sus operaciones hacia El Salvador, Nicaragua y Guatemala”.

Agregó que el mandatario norteamericano está “entrando en un laberinto” porque está confundido y no sabe qué hacer.

“Obama está confundido, no estamos pidiendo que intervenga en Honduras, sino que retire el imperio de Honduras y sus garras de América Latina”, destacó el presidente.

Dijo que su colega estadounidense “no entiende”, “es joven y aun le falta estudiar”

Sin embargo, el mandatario dio su respaldo a la reforma de Salud que emprende Obama en su país, porque “el pueblo lo quiere” y saludó la labor del mandatario, pese a que lo notó “un poco desesperado”.

Chávez aseguró también que no podrá volver a confiar en su homólogo Álvaro Uribe”, respondiendo al llamado del presidente colombiano para conversar.

“Vienen a sembrar cizaña entre Colombia y Venezuela ¿Cómo voy a confiar yo más en el presidente de Colombia? No puedo”, sentenció Chávez.

El mandatario venezolano hizo alusión al llamado realizado por Uribe el viernes, cuando manifestó su deseo de “recomponer las relaciones” con Ecuador y Colombia.

Chávez calificó esta actitud de “cínica” y destacó que Uribe “ya no puede arreglar esto, cuando se apuñala la buena fe de los hermanos y vecinos”.

“Ya es imposible recomponer las relaciones y esto es producto de la política imperial para dividirnos y alejarnos. En el caso de Colombia y Venezuela lo lograron”, lamentó.

Chávez “congeló” las relaciones con Colombia en julio debido al acuerdo militar que Colombia y Estados Unidos ultiman para dar a Washington un acceso controlado a al menos siete bases militares en el país sudamericano.

El mandatario venezolano reiteró este domingo su deseo de sustituir las importaciones colombianas, que el año pasado sumaron 6 mil100 millones de dólares, por productos de países como Brasil y Argentina.

TeleSUR -Afp /jp-PR

17/08/2009 Posted by | General, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Uncategorized | , , , , , , | 1 comentario