America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

La verdadera foto del fin de ciclo – Roberto Caballero


La verdadera foto del fin de ciclo

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Nota de Tiempo Argentino

La cumbre del Malba, donde Héctor Magnetto se codeó con Daniel Scioli, Sergio Massa y Hermes Binner, confirma la tendencia post fallo de la Corte Suprema sobre la Ley de Medios: el Grupo Clarín está debilitado –debe partir su oligopolio en seis grupos empresarios independientes entre sí– y pretende revertir su declinación comercial y política convocando a una serie de eventos para repensar al país, bajo el título “Democracia y Desarrollo”, y con una campaña de márketing de fuerte presencia en las calles y la TV anunciando que hay “un nuevo Clarín”.

Cuando Magnetto era un hombre muy poderoso su rostro era desconocido. Tampoco necesitaba rodearse de precandidatos presidenciales. O, si lo hacía, era bajo la protección de las sombras. El CEO de Clarín no era eventero, mandaba a esos eventos a sus cuadros intermedios a decir que existía y los bendecía a la distancia. Poner el cuerpo es resignar anonimato, perder poder.

Magnetto no es Frigerio, y este Clarín no es como aquel: está en declinación.
Cuando el Grupo Veintitrés nació, Sergio Szpolski y Matías Garfunkel hicieron un evento, casualmente, en el Malba. Para una empresa flamante y de volumen escaso, codearse con políticos mediáticos era una manera de instalarse aparentando más influencia de la que tenía. A esa reunión del Malba también asistió Scioli, eterno candidato con debilidad por las cámaras.

Donde algunos ven poder de convocatoria (“las fotos del fin de ciclo K”, se apresuró a titular el bisemanario Perfil en su edición de ayer), en realidad, lo que puede advertirse es un manotazo acuciante que acerque al Grupo Clarín nuevamente al centro de la escena, con la ayuda de algunos políticos con hambre de canapés.

El título de la jornada, “Democracia y Desarrollo”, busca asociar a este Clarín con lo que fue Clarín en el pasado: una usina orgánica de pensamiento frigerista, es decir, desarrollista, que influya en el poder político y empresario. Pero Frigerio está muerto y junto a Magnetto no aparecía ninguna de los referentes que podían saludar las “batallas” que el frondicismo proponía como proyecto nacional. Estaban esta vez la Sociedad Rural –a quien el frondicismo combatió por su obsesión agroexportadora que impedía el desarrollo industrial– y la AEA y el Foro de Convergencia Empresarial, que defienden postulados neoliberales y la vuelta al capitalismo financiero de los ’90. Nada más lejos del desarrollismo.

Magnetto no es Frigerio, y este Clarín no es como aquel: está en declinación.

Por lo demás, pasada la feria judicial, el juez federal Julián Ercolini, que investiga los presuntos delitos de lesa humanidad cometidos por Héctor Magnetto y Ernestina Herrera de Noble en el despojo a los Graiver de Papel Prensa, podría llamar al CEO de Clarín a indagatoria.

Se trata del mismo juez que acaba de procesar a Luis D’Elía por la trompada al productor rural Alejandro Gahan durante al 125, delito por el que el dirigente piquetero ya fue condenado. En CN23 se los pudo ver a D’Elía y Gahan cerrando heridas, pidiéndose disculpas y dándose un fuerte apretón de manos. Es un canal que sólo tienen los clientes de Cablevisión Satelital por la censura empresaria que todavía impone Magnetto, que desconoce así resoluciones de la AFSCA.

Pero no se puede tapar el sol con la mano. Esto también vale para Ercolini, quien ya habría tomado la decisión de avanzar en el expediente Papel Prensa. La cita no sería en el Malba esta vez, sino en Comodoro Py.

Esa sería la verdadera foto del fin de ciclo.

INFONEWS

16/06/2014 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones | , , , , , , , , | Deja un comentario

El presente visto desde el futuro – Roberto Caballero


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Con el fallo de la Corte por la Ley de Medios, todo el sistema político antikirchnerista quedó a la derecha. El cambio de época y la anacronía del país conservador.

Roberto Caballero

Relatar un cambio de época no es cosa sencilla. Desde el periodismo, la historia futura se escribe en tiempo presente. Un historiador tiene la oportunidad de juzgar las consecuencias de uno o varios hechos de modo reposado. El periodista, en cambio, debe actuar casi por instinto, separando lo anecdótico y lo trascendental de una noticia, mientras las cosas suceden sin respiro. Es difícil acertar en tiempos convulsionados.
Un cambio de época es la transformación radical de los paradigmas existentes. Hay un orden que entra en crisis, una manera de entender el mundo que es suplantada por otra y una realidad diferente a la conocida que comienza a vislumbrarse como sistema triunfante. El avance no es lineal, es oscilante. El sentido de lo que ocurre no es plano, tiene bajorrelieves. La velocidad no es continua, hay aceleraciones y frenadas bruscas. Pero algunos advierten por olfato, por lectura, por señales, que el proceso es indetenible.
Los lectores de este diario lo saben mejor que nadie. Tiempo Argentino acertó en apoyar desde el vamos la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Visualizó la importancia del Bicentenario. Destacó la soberanía nacional y popular como un valor recuperado. También se animó a investigar la trama oculta de la apropiación de Papel Prensa silenciada durante 27 años. ¿Por qué este diario pudo hacerlo y otros no? Porque al presente hay que verlo desde el futuro. Eso hicimos.
En la misma perspectiva, hay que decir que el demorado fallo de la Corte Suprema de Justicia que declaró constitucional la LSCA es una verdadera bisagra en la historia nacional. Un grupo económico poderoso, que acumuló en los últimos 35 años fortunas siderales para sus accionistas, capturó mercado de manera abusiva, ganó influencia política y administró los bienes simbólicos de toda una época, finalmente debe acatar una ley de la democracia para abandonar la concentración ilegal y dividirse en seis unidades productivas diferentes. (A propósito, una reflexión extra: era tan grande su posición oligopólica, que hacen falta seis empresas al límite de las posibilidades que la ley permite en igualdad de condiciones a todos los grupos, para que pueda adecuarse al régimen antimonopólico previsto en la norma).
Pero la Corte también reivindicó el rol del Estado como garante del derecho democrático a la comunicación y la libertad de expresión, y como autoridad regulatoria del mercado para impedir la homogeneización cultural y la supresión de voces en el discurso público desde posiciones monopólicas. Es un dato muy fuerte, que elude el lugar común del autoritarismo empresarial y recupera la lógica del bien común para la vida institucional. El fallo ratifica definitivamente un rumbo (más democracia, nunca menos) y marca un quiebre político y cultural profundo: es la ruptura con la doctrina libremercadista que dominó la escena del poder en los primeros dos tercios del último periodo constitucional de gobierno, y nada menos que desde la perspectiva de los Derechos Humanos que nuestra Constitución Nacional consagra, pelea clave de la democratización social.
Conviene hacer un poco de historia: la nueva LSCA vino a remplazar un decreto ley firmado por Videla y Martínez de Hoz, referencias claras del terrorismo de Estado y la Doctrina de la Seguridad Nacional, empeorado por los sucesivos gobiernos que aplicaron políticas neoliberales en sincronía con la matriz socioeconómica impuesta a sangre y fuego por la dictadura que asoló el país desde 1976 a 1983, pero cuyo legado reorganizador se estiró conceptual y materialmente hasta el presente, porque beneficiaba a los mismos sectores dominantes, en un siglo y en el otro.
No es casual que el litigio que llegó a la Corte haya sido el del Grupo Clarín SA. Se trata del grupo comunicacional que naturalizó los valores propuestos por aquella dictadura y apoyó la profunda reingeniería que esta llevó delante de modo criminal y masivo, también en su periodo de democracia restringida y de baja intensidad posterior. Clarín no fue el diario que denunció las violaciones de los Derechos Humanos, en sus páginas no hay constancia de la masacre ni de los masacradores, su rol precisamente fue invisibilizar el horror del genocidio de toda una generación para volverlo discutible, algo abominable. No acompañó a la dictadura, no fue un cómplice tácito: integró la superestructura dominante de una época que se extendió hasta ahora. Videla no les regala Papel Prensa. Junto a La Nación, Clarín le exige al dictador que se la arrebate a la familia Graiver para garantizar el manejo del relato. El papel, en los ’70, era como internet hoy. Quien lo manejaba, administraba el flujo informativo. Decidía qué decir y qué callar. En un tiempo de muertes planificadas, los diarios decidieron construir el texto omisor de las acciones del Estado terrorista. O peor aún, en un segundo tiempo: el texto justificador que sostuvo la Teoría de los Dos Demonios. Papel Prensa, obtenido en los camastros de tortura y la picana, es la base fundacional del monopolio que le permitió a Clarín sacarle Radio Mitre a Alfonsín, Canal 13 a Menem y el desarrollo de su cable, a De la Rúa más licencias, la Ley de Bienes Culturales a Duhalde y a Kirchner la fusión de hecho de Cablevisión y Multicanal, aunque nunca fue convalidada. Clarín hizo negocios ejerciendo la tutela, cuando no la extorsión, sobre los tres poderes del Estado constitucional. Porque Clarín era, hasta el fallo de la Corte Suprema que convalidó la LSCA propuesta por el kirchnerismo, el poder acumulado por la Argentina antidemocrática para restringir los avances de la democracia sobre las herencias del proceso que reorganizó el país en función de su objetivo primordial: renta para pocos y miseria para muchos. Cuando Clarín decía que nadie les aguantaba tres tapas, en realidad estaban exhibiendo su poder de fuego para mantener a raya a la política que los molestaba a los dueños del poder y del dinero. A los gobiernos constitucionales les llevó 25 años sacarse el miedo y romper con la lógica asociativa perversa que les proponían Clarín y la Asociación Empresaria Argentina. Néstor y Cristina Kirchner dieron el paso iniciático, corrieron el límite de lo aceptado. El, cuando dijo que Clarín estaba nervioso porque desde la Casa Rosada no respondían a sus exigencias, algo inaudito para sus accionistas, tributarios del viejo esquema de poder. Ella, enviando el proyecto de LSCA al Congreso de la Nación y soportando no tres, sino 500 tapas en su contra, derrumbando un mito. Ambos, impulsando la lucha contra la impunidad que exigían las Madres, las Abuelas y los nietos recuperados.
El Poder Judicial demoró un lustro más en darse ánimo para avanzar. Pero lo hizo. Después del fallo, sus integrantes, que hace una semana eran la reserva última de la república, reciben hoy, de parte de Clarín y sus satélites, el mismo trato despiadado que el grupo prodigó en todos estos años a los políticos insumisos a sus planes de eternización. No le faltaba razón a Clarín cuando consideraba al Poder Judicial como un aliado, claro. La otra gran pata que custodió el legado dictatorial surgió de allí. Muchos de sus integrantes sostuvieron la pátina pseudo-jurídica donde se asentó la impunidad de los ejecutores del genocidio, hasta que las políticas de Memoria, Verdad y Justicia derribaron esa protección. Muchos de sus integrantes también apoyaron la matriz neoliberal, la cristalización de una Argentina dual, convirtiendo el derecho empresario a hacer negocios en una especie de derecho natural y al mercado en un dogma en sí mismo, idea darwiniana si las hay. Por eso es tan importante el fallo de la Corte: porque retira al Poder Judicial de la órbita de los grupos concentrados, lo sustrae del influjo de los poderes fácticos y lo pone al servicio de una sociedad madura, que vive en una democracia con 30 años de vigencia ininterrumpida. Tal vez el frustrado proyecto para democratizar el Poder Judicial comenzó así, en vez de abajo hacia arriba como proponía el Ejecutivo, a la inversa, con esta sentencia cupular, que muy probablemente derrame sus efectos sobre el resto de la judicatura más conservadora. Es una chance, no una certeza. Sin embargo, todos somos testigos de que lo imprevisto sucedió. Esto es vivir un cambio de época.
Héctor Magnetto está en problemas. La estabilidad de su sistema de poder entró en crisis. Buena parte de la política y la propia Corte le perdieron el miedo. Sus socios no toleran lo que el lenguaje frio de las planillas contables les dice: el valor de las acciones del Grupo Clarín SA ayer era uno, hoy es su sexta parte. El dispositivo armado desde hace décadas para arrebatarles buenos negocios a los gobiernos mediante el lobby público y privado, hoy les hace hacer malos negocios a sus accionistas. Algo cambió. Lo siguieron en su última epopeya bélica: tratar de desbancar a Cristina Kirchner antes de que la Corte se pronunciara. Tuvo cuatro años, no pudo hacerlo. Se quedaron con la sexta parte de lo mucho que tenían. Seguirán siendo poderosos, pero en una escala que no le va a permitir hacer lo que hacía antes. Que sus accionistas hayan decidido usar la pequeña hendija que dejó David Martínez, su socio menor en Cablevisión, abierta en vísperas del 7D para adecuarse a la ley, es una derrota para Magnetto comparable a la rebelión que cualquier general sufre de sus coroneles, es como el amotinamiento en un barco donde el timón del capitán se pone en debate. Su estrategia de colisión frontal no dio resultado. El gobierno democrático no se tiró a la banquina como esperaba. Se preguntará, seguramente, en qué falló, dónde cometió el error. Una respuesta posible: la Revolución Industrial suplantó el trabajo manual por la mecanización, del mismo modo que la democracia vino a sepultar la arbitrariedad de los poderes fácticos en la sociedad moderna. El cambio de época es así. Produce ganadores y perdedores. Magnetto quedó abrazado a un orden anacrónico antidemocrático. Su mirada del mundo se oxidó.
El interrogante sigue latente. Se trata de una persona inteligente. Además, exitosa durante décadas. Los accionistas de Clarín le deben todo lo que llegaron a ser, hasta que sucedió lo de la Corte: el mayor conglomerado de medios de comunicación y derivados del país. Eso no lo hace un incapaz, más bien dice de él lo contrario. Su modelo de negocios, su método de injerencia en la vida política, su capacidad articuladora de mensajes que gobernaban el estado de ánimo de la sociedad, funcionó eficazmente mientras la herencia atemorizante de la dictadura cumplía con el rol disciplinador de las posibilidades democráticas. Ya no. ¿Por qué, entonces, no hizo un viraje antes del fallo de la Corte? ¿Por qué no cedió a los pedidos de Marcela Noble para que resigne la competencia a todo o nada contra el gobierno elegido por la voluntad popular? Ocurre que Magnetto tiene un inconveniente que la heredera del holding no tiene. Son dos palabras: Papel Prensa.
Para la causa judicial que investiga los delitos cometidos contra los Graiver, Magnetto no necesita un bufete de buenos abogados, que seguros los tiene y los puede pagar. Le hace falta, en realidad, toda la artillería mediática, toda la capacidad monopólica de unificación discursiva de su grupo, toda la fábrica de sentido trabajando en doble turno para poder herir al kirchnerismo, sus símbolos, sus referentes y las políticas de Derechos Humanos que impulsó en la última década. El fallo de la Corte, además, empeoró su dramática encrucijada personal: es una mala noticia advertir que la justicia se despabila de su antigua docilidad, justo ahora que la documentación secreta y reservada de la dictadura que empieza a hacerse pública aporta al expediente evidencia incontrastable de que el viejo “acuerdo entre privados” no existió. Magnetto quería Papel Prensa y la dictadura quería que Magnetto lo obtuviera. En el medio están las detenciones ilegales, las torturas y el terror que padecieron los Graiver. Es una situación muy delicada, desde el punto de vista procesal.
El juez federal Julián Ercolini tiene toda la documentación en su juzgado. Está el trabajo que hizo la Secretaría de Comercio Interior, “Papel Prensa, la verdad”; ahora se suman las actas reservadas y secretas de la Junta Militar cuyo hallazgo anunció el ministro Agustín Rossi y toda esta información administrativa es complementaria de la investigación periodística que Tiempo Argentino llevó adelante, descubriendo que el general Oscar Bartolomé Gallino se reunía con Héctor Magnetto y Bartolomé Mitre, directores de Clarín y La Nación, y luego confeccionaba los interrogatorios que padecía Lidia Papaleo de Graiver, ilegalmente detenida en un centro clandestino del Circuito Camps. Papel Prensa fue un botín, como tantas otras empresas que la dictadura arrebató a sus verdaderos dueños, en el marco de la represión ilegal y su objetivo de diseñar un país a la medida de sus ambiciones.
La saga de notas impresionantes que publicó este diario en 2010, con la firma de los periodistas Cynthia Ottaviano y Juan Alonso, permite comprender la operatoria del Estado terrorista en alianza con los medios de comunicación oficialistas del genocidio. Leerlas es adentrarse en el futuro, una vez más.
Los documentos que Rossi hizo públicos vienen a probar judicialmente lo que ya se había denunciado periodísticamente: que la Junta Militar presionó primero y detuvo después a los integrantes de la familia Graiver para despojarlos de Papel Prensa y en simultáneo entregársela a Clarín y La Nación. Pero no fueron simples beneficiarios: en el pedido de indagatoria a Magnetto y Mitre que la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación hizo hace tres años, se les asigna un rol protagónico en el desapoderamiento. Las nuevas evidencias también le dan la razón a Eduardo Luis Duhalde, el ya fallecido secretario que presentó la histórica denuncia.
Hay más en los documentos que ahora se conocen y están bajo estudio de Graciana Peñafort, directora de Jurídicos del Ministerio de Defensa, además coautora de la LSCA e implacable defensora de la norma en las audiencias ante la Corte. La dictadura genocida tenía un plan que se extendía hasta 1998. Hablaba en ellos de una “nueva república”. Allí aparece el sustento doctrinario del terrorismo de Estado: el golpe fue para cambiar la matriz productiva, licuar la soberanía cultural, desnacionalizar la economía y acoplar a nuestro país a un nuevo orden internacional, uno donde el capitalismo de rapiña era el triunfante y definitivo vencedor en la historia de la humanidad. Está escrito en los documentos, no es una especulación. No se trata ya de la interpretación de los intelectuales que acompañaron el movimiento de Derechos Humanos, que denunciaron el plan siniestro casi en soledad. Era el proyecto de los Videla, de los Martínez de Hoz, de los Magnetto, de los Noble y de los Mitre, entre otros apellidos asociados al “proceso de reorganización nacional” que propuso y llevó a cabo un baño de sangre como pretendida solución final al país que deseaban, que nació en los ’70 pero se terminó de configurar en los ‘’90

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Casi tres décadas más tarde, la Argentina es otra. El jefe de la Fuerza Aérea le avisa al ministro de Defensa sobre la existencia de estos papeles secretos, olvidados en una vieja oficina, entre trastos y muebles en desuso. La Corte no acata la voluntad expresa e impresa de Clarín para defender su oligopolio. Los socios minoritarios de la empresa se rebelan al CEO belicoso. La democracia sale de su extensa fase posibilista y se fortalece con un horizonte de profundización.
Esto también es el cambio de época. Solo había que animarse a verlo desde el futuro. «

La derecha no sabe leer

Hizo falta que la Corte Suprema se corriera con el fallo de la Ley de Medios un centímetro al centro de lo permitido por el statu quo para que todo el sistema político quedara a la derecha del kirchnerismo. Las cosas que se leen, teñidas de una malicia y un macartismo perimido, no se pueden creer. Ahora resulta que la ley que combatieron durante todo este tiempo es buena, y que los malos son los que quieran aplicarla. Primera conclusión: la derecha no sabe leer. De las casi 400 páginas del fallo, solo tres párrafos en la fundamentación del voto de Enrique Petracchi permiten sostener el embate que iniciaron contra la AFSCA y su titular, Martín Sabbatella; el resto, es una argumentación eficaz en sostener la autoridad regulatoria del Estado en el mercado audiovisual. Pero, así y todo, leen mal. El propio Petracchi advierte en su voto que su opinión sobre la independencia de la autoridad de aplicación no es vinculante, porque no forma parte del litigio de fondo. En síntesis, la oposición trabaja sobre algo que no existió en el expediente y es más clarinista que Clarín SA, porque el grupo de Héctor Magnetto decidió refunfuñando adecuarse a la ley que hay y no a la que fantasean sus satélites desorientados. El caso de Gerardo Milman, del FAP, es grave. Dice en público que la ley es inaplicable por inservible al mismo tiempo que acepta un cargo creado por la misma ley, ahora que se queda sin su diputación. Si fuera serio en sus alaridos republicanos, debería renunciar y no quedarse a cobrar un sueldo de un organismo creado por una ley en la que no creyó ni cree ni va a creer. ¿Desde qué convicción reciente traiciona a sus convicciones previas? Por lo demás, el macartismo desplegado por Sergio Massa, Clarín y Jorge Fontevecchia merece un párrafo aparte. Criticar a Sabbatella por su paso adolescente en el PC es hablar no tanto del kirchnerista Sabbatella sino del infantilismo ideológico de sus actuales atacantes. La identidad comunista tuvo en un siglo, 90 años de vida clandestina y persecución criminal, en muchos casos con un alto grado de consecuencia política militante, más allá de los resultados. El PC no siempre acertó en sus lineamientos, es cierto, pero en una democracia nadie es menos por su linaje ideológico original. Importan los hechos del presente. Ese tipo de críticas hay que dejárselas a Pando, los nietos de Camps y la resaca de la dictadura. De ese lado, y de ningún otro, se ponen solitos los que hablan de Sabbatella como si fuera Satanás. Se quedaron en 1989. Creyeron en Fukuyama. Se equivocaron. Eso duele. Si alguna vez sostuvieron que la historia acababa, no pueden venir ahora a querer ser protagonistas gramáticos de la historia que prosiguió pese a sus pronósticos funestos. Son el pasado, se la tienen que bancar. Son la derecha, aunque les duela, estéticamente e ideológicamente hablando.
TIEMPO ARGENTINO

10/11/2013 Posted by | General, Historia, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , | Deja un comentario

SERGIO MASSA, EL CANDIDATO DE CLARÍN – La cocina del show por Adrián Murano


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El intendente de Tigre es la nueva esperanza del Grupo para derrotar al Gobierno K. La estrategia de Magnetto, el rol de Alberto Fernández y los favores mediáticos en campaña.

Artista Exclusivo. Massa paseó su triunfo electoral por Canal 13. Alberto Fernández lubricó el vínculo entre el intendente y el multimedios de Magnetto.
Sergio Massa ganó las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias en buena ley. Es decir: sacó más votos que sus contrincantes en el distrito clave de la política nacional. Unos 3.041.969 bonaerenses lo eligieron como su candidato para las elecciones de octubre. Su principal elector, sin embargo, no estuvo entre esa multitud. Héctor Magnetto, el mandamás del Grupo Clarín, vota en Capital.

El fervor del empresario con la campaña de Massa se desplegó en todos los formatos con los que opera el multimedios: gráfica, radio y tevé. Un detallado estudio del sitio Diarios Sobre Diarios, especializado en análisis de medios escritos, detalló esos favores. “Clarín y La Nación votan a Massa y en contra del FPV” se titula el artículo, a tono con la contundencia del informe. El trabajo, publicado a una semana de las PASO, sostuvo que durante la campaña “Massa apareció 17 veces en la portada de Clarín y 18 en la de La Nación”. Sobre ese total, aclara el artículo, “Clarín lo trató favorablemente en 10 títulos –5 principales, 4 secundarios y 1 pequeño–, y en forma neutra en 7 noticias –1 central, 4 secundarias y 2 pequeñas–”. Según el trabajo de DSD, La Nación –suerte de subsidiaria editorial de Clarín– no se quedó atrás: “Lo editó (a Massa) en forma positiva en 9 títulos –4 principales, 1 secundario y 4 pequeños–, y en neutro en 9 noticias –6 centrales y 3 secundarias–. Además, publicó 2 títulos neutros –1 principal y 1 pequeño– para dirigentes del ‘massismo’”.

Pero no sólo de elogios se nutre una campaña mediática. A menudo, los medios son más eficaces para demoler que para construir. Entrenado en esa tarea, Clarín también favoreció a Massa denostando a su competidor, el intendente K Martín Insaurralde. Según el relevamiento de DSD, el lomense “sumó 8 menciones en la primera plana de Clarín y 8 en la de La Nación. Clarín lo cuestionó en 4 noticias –3 principales y 1 secundaria– y lo editó en neutro en otros 4 títulos –1 central, 1 secundario y 2 pequeños–. En ese sentido –agrega el informe–, La Nación lo trató en forma adversa en 4 noticias –2 principales, 1 secundaria y 1 pequeña–, en neutro en 3 títulos –2 centrales y 1 secundario– y favorablemente en 1 noticia principal”.

El trabajo de DSD –cuya versión completa se puede consultar en http://www.diariosobrediarios.com.ar/dsd/notas/5/674-clarin-y-la-nacion-votan-a-massa-y-en-contra-del-fpv.php#.UgvxtNI99e0–revela que el fenómeno se replicó en territorio porteño, donde Elisa Carrió fue la precandidata “con mejor performance en las tapas de los dos diarios de mayor circulación”. El dato coincide con la actitud de los candidatos apenas concluida la jornada electoral. Tanto Massa como Carrió fueron agasajados por la principal espada periodística del Grupo, Jorge Lanata, en su show dominical. Pero la tarea, claro está, aún no fue concluida.

Massa transitará hacia el 27 de octubre sobre la alfombra roja tendida por el Grupo. Eso no implica, sin embargo, que el camino esté exento de sobresaltos. De tanto en tanto, el Grupo le requerirá muestras de fidelidad que lo pueden dejar en offside. Algo de eso ocurrió, precisamente, cuando La Nación le hizo decir a Mirta Tundis que, de resultar electa, anularía el Fútbol Para Todos. La declaración de la tercera candidata a diputada massista provocó una crisis de nervios, sobre todo en los intendentes de territorios peronistas, que sin sutilezas expresaron su temor. “¡Cómo mierda se le ocurre decirles a los negros del conurbano que les vamos a sacar el fútbol! ¡Por qué no les dice que les sacamos la Asignación Universal, así no nos vota nadie!”, se quejó ante Veintitrés, en lenguaje llano, un histórico colaborador del jefe comunal.

Después de aquella declaración, la consultora previsional de Telenoche fue apartada de la campaña, pero su nombre reapareció de manera curiosa tras la noche triunfal. “Cuídenos a nuestra joya”, le advirtió a Massa la dupla Santillán-Biasatti, que conduce el noticiero de El Trece. Pocas veces se observó, en vivo y en directo, semejante muestra de cariñosa complicidad entre un candidato y un medio de comunicación.

Una de esas veces fue el abrazo que el extinto Bernardo Neustadt estrechó con Carlos Menem la noche en la que el riojano obtuvo la reelección. A la manera de Neustadt, el domingo Lanata recibió con abrazos y mohines cómplices a Elisa Carrió. Es cierto que el animador y la diputada se prodigan una añeja amistad. Pero ese brote afectivo encaja en la mesa de arena que Magnetto dispuso para la próxima contienda electoral. El CEO de Clarín imagina la tapa del 28 de octubre con el siguiente podio: Massa en provincia, Carrió, Gabriela Michetti y Pino Solanas en Capital. Incontinente, la diputada que se propuso defender “a muerte” los intereses del Grupo Clarín ya inició su campaña a favor de la candidata a senadora del Pro.

Más cauto, acorde con el terreno cenagoso que le toca transitar, Massa evita las definiciones tajantes sobre cualquier cosa, pero en especial las relacionadas con el Grupo Clarín. Un ejemplo: cada vez que le preguntaron sobre la Ley de Medios, el candidato dijo que será respetuoso de lo que determine la Corte Suprema. Una salida elegante, pero de patas cortas: es probable que la Corte resuelva sobre la cuestión de fondo antes de los comicios. ¿Llegará entonces el momento de saber qué piensa Massa sobre la desmonopolización de la palabra? ¿Se animará el candidato a contrariar a su principal benefactor? Sería una demostración de carácter político que, hasta ahora, Massa no incorporó a su cuidado lenguaje gestual.

Los comunicadores afines al Grupo suelen despreciar el poder de fuego electoral del multimedios. Arguyen que, si así fuera, Cristina Fernández no hubiese obtenido el 54 por ciento de los votos en su reelección presidencial. Los antecedentes, sin embargo, le adjudican a Magnetto una formidable influencia política que el capo mediático ya no se esfuerza por disimular.

La leyenda comenzó a escribirse con la apropiación de Papel Prensa, durante la última dictadura cívico-militar. Por entonces, Clarín canjeó su silencio frente al genocidio por la posesión monopólica de un insumo estratégico para la prensa. Ya en democracia, el uso y abuso de esa posición dominante sirvió para condicionar competidores y al débil gobierno de Raúl Alfonsín. Así consiguió, por caso, que el mandatario radical le otorgara la explotación de Radio Mitre, con la esperanza de saciar su voracidad. Fue un error. Magnetto probó sangre y quiso más.

La derrota electoral de mayo de 1989 encontró a Alfonsín asfixiado por la híper, los saqueos organizados y los cuarteles en ebullición. Desesperado, el presidente se encomendó a un grupo de empresarios con la esperanza de que le permitieran mantener a flote la frágil balsa de la democracia en medio de la tempestad. Le faltaban seis meses para entregar su mandato. Apenas eso pedía, seis meses. “No”, le respondió Héctor Magnetto, mandamás del diario Clarín. “Imposible, el obstáculo es usted”, asestó, decretando la defunción anticipada del gobierno alfonsinista. Y alimentando su leyenda como figura determinante de la política nacional.

Desde entonces, muchos políticos locales se criaron en la creencia de que ningún dirigente sobrevive a cuatro tapas negativas en Clarín. Néstor Kirchner, que asumió con un anémico 22 por ciento de apoyo popular, aceptó esa maldición. El chaperón en aquella luna de miel era Alberto Fernández, un ex duhaldista devenido en jefe de Gabinete K. No fue casual que Fernández fuera eyectado del Gobierno justo cuando el kirchnerismo decidió enfrentar al multimedios. Y tampoco lo es que ahora reaparezca del brazo de Massa, la nueva “esperanza blanca” del Grupo. Sin el apoyo territorial o económico que pueden ofrecer intendentes, empresarios o sindicalistas, lo único que explica la presencia de Fernández en el dispositivo massista es su línea directa con la calle Piedras, comando central del Grupo. Es de esperar que, en los próximos sesenta días de campaña, el consiglieri Fernández sea un invitado frecuente a los programas políticos de TN donde se cantarán loas al intendente de Tigre.

Lo primero que hizo Carlos Menem fue modificar las leyes para permitir la expansión audiovisual del Grupo Clarín. Todavía no está claro cómo compensará Massa al multimedios desde su banca de diputado, pero Magnetto por ahora se conforma con usarlo como ariete en su guerra contra CFK. Por su parte, Massa sabe cómo complacer a sus jefes. Un talento que, en política, puede ser una virtud. Al menos lo fue para él, que hizo del agasajo su herramienta más eficaz. Graciela Caamaño de Barrionuevo, Mario Das Neves, Domingo Cavallo, Palito Ortega, Eduardo Duhalde y hasta la propia Cristina Fernández pueden dar fe de ese espíritu solícito que, en clave peronista, suele confundirse con lealtad. Ahora lo adoptó Magnetto, un peso pesado del poder real que lucha por su supervivencia. Son tiempos huracanados. Y Clarín no ofrece cobijo gratis.
14.08.2013

VEINTITRÉS

17/08/2013 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , | Deja un comentario

Papel Prensa, Víctor Hugo y el Nunca Más – Roberto Caballero


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La impunidad de los cómplices de la dictadura y sus ataques a la libertad de expresión que proclaman defender.

Por:

Roberto Caballero
Esta semana, en el programa Puerto Cultura, de Canal 9, que conduce el secretario de Cultura, Jorge Coscia, alguien de la tribuna me preguntó cuál era la tapa de Tiempo Argentino que más orgullo me había dado, desde su fundación, el 16 de mayo de 2010.

No lo dudé ni un instante. Dije que la que revelaba que el general Bartolomé Gallino –con poder de mando en los centros clandestinos de detención donde estaban secuestrados los miembros de la familia Graiver– se reunía con los directores de los diarios Clarín y La Nación –Héctor Magnetto y Bartolomé Mitre–, para preparar los interrogatorios sobre Papel Prensa que sufría indefensa Lidia Papaleo de Graiver. Fue tanta la impunidad de la que gozaban en esa época sombría, que tanto Magnetto como Mitre dejaron por escritos editoriales que blanqueaban sus vínculos con el interrogador Gallino: lo señalaban como el hombre de “la Junta Militar” que recibía los supuestos pagos para apropiarse definitivamente de la empresa productora de papel, cimiento de su exponencial desarrollo empresario posterior.

Es el leading case más contundente de la complicidad entre la picana y los resultados contables de dos empresas que renunciaron a la defensa de la libertad de expresión, cuando tanta falta hizo para evitar que una generación de argentinos fuera arrojada a las aguas barrosas del Río de la Plata. Callaron por plata, eludieron la responsabilidad de informar sobre un genocidio para que sus accionistas se convirtieran de millonarios en multimillonarios.

En 27 años, nadie, salvo Tiempo Argentino, se había atrevido a investigar los hechos, a reunir las pruebas que estaban descuartizadas en distintos expedientes judiciales, y menos que menos a armar una tapa así, con documentos exclusivos y notas al pie, una rareza para la prensa gráfica tradicional.

El silencio tiene una explicación. El primer consenso democrático contra el horror fue limitar las acusaciones por genocidio a los militares sanguinarios y no apuntar contra sus mandantes civiles. El segundo, ir apenas contra los jefes uniformados que habían dado las órdenes a sus subordinados. El tercero, en tiempos de Carlos Menem, llevar al paroxismo la Teoría de los Dos Demonios y clausurar la memoria para que aceptáramos la impunidad como un hecho natural e inamovible, de la que el Grupo Clarín SA sacó jugosos dividendos en todas estas décadas.

Tuvo que llegar el kirchnerismo para rescatar definitivamente una verdad que los organismos de Derechos Humanos, desde Madres hasta Abuelas, desde Hijos hasta Ex detenidos, denunciaban casi en soledad desde el primer día: el terrorismo de Estado, que se instauró con el golpe del ’76, vino a implantar un cambio de matriz económica y cultural que garantizara los negocios de los grupos concentrados por medio siglo. Fue de militares y civiles trajeados.

Creo que esa tapa de Tiempo Argentino que desnudó la vergonzosa alianza entre los represores y los empresarios de medios monopólicos, justifica la existencia y la supervivencia de este diario en el kiosco. Lo hace indispensable, necesario.
Clarín y La Nación se convirtieron en el brazo propagandístico de la dictadura, además silenciando una matanza horrorosa e injustificable, la peor y más trágica del Siglo XX en Argentina. Casi tres décadas después, hay libertad para escribirlo con detalle.

Para que la historia sea dicha, como debe ser en una sociedad madura y democrática, de manera completa y sin miedos. Libertad también para que la Secretaría de Derechos Humanos, en los tiempos del Eduardo Luis Duhalde, pidiera a la justicia federal el llamado a indagatoria de Magnetto, Ernestina Noble y Mitre por la supuesta comisión de delitos de lesa humanidad en el despojo accionario de Papel Prensa. La denuncia lleva más de tres años, sin consecuencias para los denunciados.

No fue gratuito, sin embargo. Por denunciar estas maniobras y dilaciones, el Grupo Clarín SA quiso meter preso a fines del año pasado al director fundador de este diario inventando una causa por “incitación a la violencia”. Una torpeza mayúscula, un despropósito de Héctor Magnetto, repudiada incluso por sus propios periodistas. Fue no entender que la democracia argentina no tolera ya las extorsiones, ni las presiones corporativas. No es con el Código Penal que se castiga la opinión de nadie, ni se atemoriza a los que hacemos uso de la libertad de expresión y ejercemos el periodismo sin mordaza. No lo hace el gobierno, tampoco puede hacerlo un grupo empresario. Los que no decimos las cosas que Magnetto quiere escuchar, también tenemos derecho a decirlas.

Ahora le toca recibir el ataque a Víctor Hugo Morales. Como sucede con las jaurías, la arremetida es contra el que aparece aventajando a la manada. Es verdad: Víctor Hugo no ha resignado un segundo en denunciar los negociados del Grupo Clarín SA, antes y después del kirchnerismo, antes y después de la Ley de Medios, antes y después del informe “Papel Prensa, la Verdad” de la Secretaría de Comercio. Ha sido consecuente, enfático y cristalino desde el micrófono. Levantando su voz, incluso, cuando un sector del oficialismo creyó que la pelea contra Magnetto era coyuntural, un simple posicionamiento político, una pelea para la tribuna, una contienda efímera, parte del toma y daca del TEG retórico al que nos tienen acostumbrados los medios hegemónicos.
Pero el uruguayo fue coherente, casi en soledad, y eso lo hace gigante. Solidario con los muchos que dijimos basta. Poniendo su prestigio, su trayectoria, su opinión respetable en juego por una comunicación democrática, sin temor a los magnettos de este país. En todo este tiempo, sus enemigos, los mismos que los nuestros, intentaron despedazarlo. Pretendieron arrastrar por el barro al “barrilete cósmico” que relató el gol a los ingleses de Maradona en el Mundial. De loco suelto que peleaba contra el monopolio, trataron de convertirlo en punta de lanza de una imaginaria conspiración estatal. Como si el antes no hubiera existido. Como si Víctor Hugo hubiera nacido con el kirchnerismo o fuera resultado de la crispación falaz entre “Argen” y “Tina”.

Resulta que Magnetto lo acaba de denunciar por “daños y perjuicios”. Lo citó mediante escribanos furtivos, en medio de la noche, a una mediación, paso previo a la causa judicial. El CEO de Clarín SA se va a llevar una sorpresa mayúscula ese día, el 8 de agosto. Víctor Hugo, seguro, no va a estar solo. Ahí estaremos nosotros. Lo que le pase a él, nos va a tener que pasar a todos, porque ya no le tenemos miedo a Clarín.

Es paradójico. Ni diez años de kirchnerismo pudieron con la justicia corporativa. Víctor Hugo está a un paso de ser enjuiciado por un magnate que hace cuatro años torpedea la Ley de Medios de la democracia, desconociendo sus artículos antimonopólicos. Él no cumple la ley y quiere llevar al banquillo al que se lo señala. El CEO de una compañía que se burla, en democracia, del Poder Ejecutivo, del Parlamento, de la AFSCA, de los dictámenes de un juez de primera instancia, de un fiscal de primera instancia, de un fiscal de Cámara, de la Procuración General, de la Secretaría de Comercio y de la Secretaría de Derechos Humanos, apuesta a que sus jueces amigos, a los que parece manipular, castiguen a un periodista que no se deja domesticar.

El que está acusado de cometer supuestos delitos de lesa humanidad quiere que caiga todo el peso de la ley sobre quien lo denuncia. Es el mundo al revés. El mismo donde parece vivir el juez federal Julián Ercolini, en quien recaló la causa Papel Prensa después de tres años y medio donde sus colegas de La Plata y Capital Federal se fueron pasando el expediente como si fuera una brasa caliente, para no enfrentarse con Héctor Magnetto, por temor a ver estropeada su carrera judicial con denuncias de corrupción desde las páginas de su diario.

Ercolini citó a Lidia Papaleo y, en vez de avanzar y verificar la documentación que acredita el despojo y apropiación bajo situación de tormento tras el Golpe cruento, dilata la causa tratando de averiguar cuánto se le pagaron por las acciones que debió ceder aterrorizada por los dueños de la vida y de la muerte en aquel momento. No se trata de un asunto comercial, en un contexto normal de negociaciones, es la consumación de una vejación imperdonable: Papel Prensa debía quedar en manos de Clarín y La Nación para que dijeran que Videla y Camps eran los salvadores de la Patria. Si citara a indagatoria a Magnetto, a Ernestina de Noble y a Mitre, tendría más claro el panorama. Las cosas ocurren en un contexto histórico. ¿Qué es lo que no sabe o ignora Ercolini sobre lo sucedido entre el 24 de marzo de 1976 y el 30 de octubre de 1983?

No es con el Código Civil y Comercial que se comprende lo ocurrido. Es con el Nunca Más. «

Los de unen se desunen

Después de mucho tiempo, el piso de TN nos enfrentó a una verdad: los de UNEN se desunen. Como si fuera una fotografía del futuro, el debate entre sus integrantes dejó en evidencia que se juntaron para competir con alguna chance en las PASO, pero son el agua y el aceite, el veneno y el antídoto, conviviendo en un armado, en una arquitectura coyuntural, como la vieja Alianza que estalló por los aires en el 2001, o incluso antes. La única certeza es que no se toleran, más allá de las fotos de campaña.

Si en la vida hay que elegir, Lilita eligió a Carrió. Las encuestas que le dan ventaja sobre sus aliados eventuales la convencieron de que son un lastre del cual hay que diferenciarse ya mismo. No se explica, si no, su dureza a la hora de tratarlos o de maltratarlos. ¿Cómo pueden construir algo en común si hoy, en la previa a las elecciones, se acusan mutuamente de corruptos, blandos, autoritarios, personalistas e ineficaces? ¿Alguien imagina qué puede ocurrir si finalmente logran acceder al Parlamento?

Sí, claro: se desunirán. Cada uno seguirá con su proyecto, tan lejos como lo lleve su ego.
Lo realmente curioso es que, tratándose como se tratan, hayan convenido un sistema por el cual, con los resultados en la mano, se dividirán las candidaturas para presentar una lista común. Es decir, saben que no se soportan, que no son lo mismo, pero urgidos por acceder a bancas y sueldos, son capaces de apretarse la nariz y marchar juntos a las elecciones de octubre para probar suerte.

El debate por TN arroja un saldo positivo. Se dejaron ver cómo serán: un espacio de gente que no tiene nada que ver, unidos por el afán de llegar al Congreso, sin acuerdos estratégicos ni ideológicos.
Pero, de todo lo que les pase, claro está, le echarán la culpa al kirchnerismo. Eso sí.

Cortita y al pie

Esta semana se darán a conocer las encuestas definitivas sobre la elección en el mayor distrito del país, la provincia de Buenos Aires. Según quién las pague, dirán que Sergio Massa aventaja a Martín Insaurralde o viceversa. Están los que hablan de un empate técnico, también.

Lo cierto es que en apenas siete días se develará el misterio. Por ahora, para no jugar ingenuamente detrás de las cifras provisionales, hay que decir que se trata de una elección primaria, que las definitivas son en octubre, que se eligen diputados y senadores y no presidentes, y que los dos candidatos con mayores posibilidades son dos intendentes, uno de Tigre, un partido con 380 mil habitantes, y otro de Lomas de Zamora, de casi un millón. El primero se fue del kirchnerismo hace poco, el segundo es kirchnerista ciento por ciento puro.

En el caso de Massa, la estrategia final es sumar referencias antikirchneristas para captarle votos a Francisco De Narváez; y en el caso de Insaurralde, mostrarse todo lo que pueda junto a Daniel Scioli y Cristina Kirchner para dejar en claro que es el único candidato oficialista. El tigrense aspira a obtener una ventaja que lo posicione como la apuesta anti-K en octubre, y el kirchnerismo a mejorar su peor elección, que fue la de 2009, lo cual no parece imposible.

Todo eso, recién, podrá verse cuando las urnas se abran, pero dentro de dos meses.
Infonews

04/08/2013 Posted by | General, Política Argentina, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

EL TORTURADOR DE LIDIA PAPALEO ROMPIÓ EL PACTO DE SILENCIO


EL TORTURADOR DE LIDIA PAPALEO ROMPIÓ EL PACTO DE SILENCIO
“A los Graiver no se los torturó por sadismo, fue por necesidad”
by soydondenopienso

06–06–2012 / Norberto Cozzani admitió su participación en el secuestro de los dueños de Papel Prensa y haber presenciado sesiones de tortura en Puesto Vasco. Calificó los abusos de “apremios necesarios”.

GraivertorturatorUno de los imputados en el juicio por el Circuito Camps confesó haber presenciado las sesiones de tortura con picana a Lidia Papaleo, a su suegro Juan Graiver, a su cuñado Isidoro y a dos secretarias del Grupo Graiver luego de que fueran desapoderados de la empresa Papel Prensa.

“Yo presencié el paso de corriente eléctrica”, dijo Norberto Cozzani al referirse a los interrogatorios a los integrantes de la familia y admitió, también, haber participado en sus detenciones. La semana pasada Lidia y el lunes último Isidoro, lo acusaron de ser su torturador.

Con la declaración de Cozzani se rompió un pacto de silencio, estimaban los querellantes fuera de Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº1 de La Plata, donde se realiza el proceso a 24 acusados por crímenes contra 280 víctimas, en el que por primera vez un imputado reconoció en un debate oral y público la tortura a detenidos políticos durante la dictadura.

En las más de dos horas y media de declaración, Cozzani afirmó haber presenciado las torturas con picana a las que calificó –en línea con las recientes declaraciones del ex dictador Rafael Videla– como apremios “necesarios” para obtener información en los primeros momentos del cautiverio.

“En Puesto Vasco, yo llevaba los detenidos, estuve presente en tres o cuatro interrogatorios, incluso en los que vi el paso de corriente eléctrica, pero estoy lejos de ser el torturador o el interrogador”, dijo Cozzani.

Y aclaró que en el caso Graiver el interrogador fue el director de Inteligencia Interior, comisario mayor Alberto Rousse, quien estaba encargado con él de las investigaciones del caso “y no queríamos que nadie tomara cartas en el asunto”, confesó.

“Esto sucedió ni bien fue detenido el señor Juan Graiver y ni bien fue detenida la señora Lidia Papaleo de Graiver”, reveló.

Y abundó:

“Vi el paso de corriente eléctrica y un interrogatorio en el que le preguntaban cómo era la conformación del grupo, cuántas personas eran y donde estaban.”

Cozzani, que en los primeros años de la dictadura revestía como cabo en la Policía Bonaerense bajo las órdenes del comisario mayor Miguel Etchecolatz, dijo que a Lidia Papaleo le habían aplicado picana “en todo el cuerpo” y aclaró que a esas cinco personas no se las torturó por “sadismo, sino por necesidad”.

“En lo que yo vi no hubo sadismo ni ninguna de las barbaridades que dijo la señora Papaleo”, esgrimió como presunta defensa, desmintiendo a la viuda de David Graiver, quien dijo haber sido golpeada y vejada en más de una oportunidad.

En su confesión Cozzani aseguró que participó en el secuestro de la familia Graiver. Incluso ratificó una declaración anterior en la que había admitido desapoderar a Lidia Papaleo de las acciones al portador del diario La Opinión, durante un “careo” entre la mujer y Jacobo Timerman, mientras ambos estaban secuestrados.

En la ampliación indagatoria desligó a los diarios Clarín, La Nación y La Razón de la apropiación de Papel Prensa y abonó la vinculación de David Graiver con los Montoneros, a quienes identificó con el periodista Juan Gasparini, y los acusó de las amenazas a la familia luego de la muerte del empresario en un accidente aéreo en México.

De todas formas, dijo que obtuvo información del Ejército sobre el Grupo Graiver y que “por ese lado se sabía más que lo que habíamos recolectado nosotros”.

Cozzani sorprendió a todos, inclusive a Etchecolatz quien lo observó con el rostro tenso desde el corralito que encierra a los acusados. Acababa de romper el silencio y quizá por eso pidió protección:

“Después de esto voy a ver que cierren con llave la puerta de mi celda todas las noches”, disparó.

08/06/2012 Posted by | General, Justicia, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , | Deja un comentario

Solicitada del grupo Crónica contra el grupo Clarín.


21/12/2011 Posted by | General, Justicia, Medios de Comunicaciòn, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , | Deja un comentario

Cristina defendió la polémica ley de Papel Prensa: “Yo no pienso poner ningún diario”


Cristina defendió la polémica ley de Papel Prensa: “Yo no pienso poner ningún diario” | La Razon.

18/12/2011 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , | Deja un comentario

Argentina: Avanza la pluralidad de voces por Roberto Caballero


Avanza la pluralidad de voces | Tiempo Argentino.

Si querés saber más:

http://www.taringa.net/posts/info/13053004/_Megapost_-Clarin-y-sus-mentiras-sobre-Papel-Prensa.html

17/12/2011 Posted by | Economía, General, Justicia, Medios de Comunicaciòn, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Solidaridad, Uncategorized | , , , , | Deja un comentario

Duran Barba: de Mauricio Macri y el Grupo Clarín al Pentágono


Duran Barba: de Mauricio Macri y el Grupo Clarín al Pentágono | Tiempo Argentino.

14/11/2011 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Magnetto ve peligrar el monopolio


Magnetto ve peligrar el monopolio | Miradas al Sur.

08/10/2011 Posted by | Educación, General, Medios de Comunicaciòn, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , | 2 comentarios