America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

LA CONSOLIDACION DEL NUEVO LIDERAZGO PRESIDENCIAL


El hormiguero

A una semana del rotundo triunfo de CFK, las fuerzas políticas de la oposición y algunos de los sectores económicos y de los medios que las condujeron a esa modesta prueba democrática como si se jugara la supervivencia de la especie humana comienzan a salir de la estupefacción, como prófugos de un hormiguero desbaratado de una sola precisa patada. El gobierno disfruta de la victoria con una serenidad que también los desconcierta.

 Por Horacio Verbitsky

Un ministro del Poder Ejecutivo que fue candidato en las elecciones porteñas repite el relato obtenido en la intimidad de un diario que militó en contra de las chances de CFK. Dice que en cuanto se conocieron las cifras y comenzaron las celebraciones, el jefe de su redacción exigió a varios periodistas que buscaran “datos buenos, porque esto no puede ser cierto”. Cerca de la medianoche, uno de los jefes del Peornismo Opositor, Carlos Brown, perfeccionaba esa idea al denunciar fraude en la provincia de Buenos Aires. Pero la gélida contundencia del escrutinio había apagado mucho ardor editorial y permitido que resurgieran algunos reflejos profesionales básicos: los periodistas preguntaron a cuántas mesas se refería, dónde estaban ubicadas y cuáles eran las pruebas. Brown no supo qué contestar y la conferencia de prensa se disgregó en murmullos. En 2007, cuando fue electa presidente, CFK duplicó los votos de la segunda fórmula, la Coalición Cívica Libertadora de Elisa Carrió, y se impuso en todos los distritos electorales, salvo tres. No obstante, Carrió dijo que el nuevo gobierno nacía con “legitimidad segmentada” porque, según ella, se le opondría el 70 por ciento de las clases medias de los centros urbanos, y que Cristina y Néstor Kirchner terminarían como Ceacescu y su esposa. En las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, CFK pasó del 50 por ciento, todos los demás quedaron a distancia sideral de Cristina y sólo riñen entre ellos. No queda en pie ninguna objeción sobre la legitimidad del mandato recibido y si hay algo que recriminar no es al gobierno: las PASO constituyeron un salto de calidad institucional. Pero la oposición las eludió por temor a una trampa, que ni siquiera entendió en qué podría consistir, y recayó en métodos anacrónicos que le impidieron llegar a octubre con un par de fórmulas fuertes y competitivas. A los efectos del análisis y las comparaciones, tomaremos los resultados del domingo como si correspondieran a una elección presidencial, aun a sabiendas de que pueden sufrir algunas modificaciones en los dos meses que faltan. Debido al impacto producido, hoy parece más probable que los márgenes a favor de Cristina sean aún mayores entonces.

Disparen sobre la oposición

Sería largo y tedioso recordar las denigraciones que las principales fuerzas y los más conocidos columnistas políticos le dedicaron a lo largo de su mandato y los vaticinios terroríficos que esparcieron con entusiasmo. Esos testimonios siguen flotando en el espacio como chatarra cibernética, para escarnio de quienes los firmaron con asnal solemnidad. Los menos cuidadosos extendieron esa actitud despectiva a quienes percibíamos que aquellas invectivas eran sólo expresión de deseos que no se correspondían ni con la calidad del gobierno al que iban dirigidas ni con la valoración social de su gestión. Ese universo político y cultural despertó de mala gana a la realidad, pero aún no sabe dónde está. Su primer reflejo no fue generoso con quienes hicieron lo posible por cumplir los roles que les habían asignado en ese mundo virtual. El principal reproche que se repitió en crónicas y columnas fue por las divisiones de la oposición, que se presentó fragmentada en muchas fórmulas. ¿Por qué no decir, con ese criterio, que el peronismo fue dividido en tres fórmulas presidenciales? ¿O que, incluso quienes respaldaban a Cristina, repartieron su fuerza entre tres boletas en la provincia de Buenos Aires? Ni siquiera es cierto que hayan competido más fórmulas que otras veces, sino todo lo contrario: desde 1983 nunca hubo menos candidatos presidenciales que ahora. Fueron 12 en 1983 y en 1989. En ambos casos, esta diversidad de candidaturas no impidió que las dos primeras concentraran nueve de cada diez votos en la primera y ocho de cada diez en 1989. En 1995, la cantidad de competidores subió a catorce, pero entre los dos primeros también rozaron el 80 por ciento. En 1999 se redujeron a diez candidaturas, pero la concentración volvió a subir: entre la primera y la segunda fórmula sumaron el 86 por ciento. La mayor fragmentación se produjo en 2003, luego de la crisis de fin de siglo, cuando compitieron 18 fórmulas presidenciales. Y al mismo tiempo se redujo la concentración, ya que por primera vez las dos primeras no llegaron al 50 por ciento de los votos. Aun así, la quinta candidata, Elisa Carrió, llegó al 15 por ciento, un porcentaje que este año no alcanzó ni el segundo. En 2007, entre CFK y Carrió se acercaron al 70 por ciento del total, pese a que compitieron 14 fórmulas. En las Primarias de esta semana hubo diez candidaturas, como en 1999. Es ostensible que la cantidad de fórmulas no explica el desequilibrio a favor de Cristina y la magra cosecha del resto. La concentración entre las dos primeras llegó al 62 por ciento, pero CFK-Amado Boudou cuadruplicaron la cosecha de Ricardo Alfonsín-Javier González Fraga. No es la única marca excepcional que alcanzó: ganó en todos los distritos electorales del país salvo San Luis. Prevaleció tanto en el conurbano como en el interior de la provincia de Buenos Aires. Se impuso en todos sus partidos, menos dos (ambos rurales, Puán y Salliqueló), y en todas las comunas de la Capital Federal salvo tres (Recoleta, Belgrano y una parte de Palermo). Ganó en todas las grandes ciudades del país, con la solitaria excepción de Rosario, que el socialismo gobierna desde hace veinte años. Batió en sus propios reductos a sus principales competidores por la presidencia (salvo Alberto Rodríguez Sáa): a Ricardo Alfonsín en Chascomús, a Eduardo Duhalde en Lomas de Zamora, a Mario Das Neves en Chubut, a Hermes Binner en Santa Fe, e incluso en su ciudad, Rafaela, a Elisa Carrió en la Capital y en El Chaco. Obtuvo más votos en su categoría que los que favorecieron en las suyas a quienes en distintos momentos desafiaron su liderazgo partidario: Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires, Juan Manuel Urtubey en Salta, Carlos Reutemann en Llambí Campbell. Sus candidatos a diputados nacionales casi quintuplicaron a los de José Manuel de la Sota en Córdoba y casi duplicaron a los de Carlos Verna en La Pampa. También resultó arrolladora frente a los líderes de la Mesa de Enlace de las cámaras patronales agropecuarias que en 2008 embistieron contra su gobierno. Hugo Biolcati no pudo impedir que Cristina ganara en Carlos Casares, donde vota y tiene su tambo La Dorita; lo mismo le ocurrió a Eduardo Buzzi en su pueblo santafecino de J. B. Molina, a Carlos Garetto en Leones, a Mario Llambías en General Belgrano, y a Alfredo De Angeli en Gualeguaychú. De todos ellos, sólo Llambías cometió la imprudencia de presentarse como candidato. En su propio distrito, apenas obtuvo el 6 por ciento de los votos y fue cuarto. El 3,5 por ciento que lo votó en toda la provincia no le asegura resultar electo en octubre. La reacción pública de Biolcati fue respetuosa. Admitió que habían vivido “en un microclima sectorial” sin ver al resto del país, que debían reflexionar con profundidad ante “el discurso tan crítico que hemos tenido” y que la aprobación a la presidente era respetable y “digna de tener en cuenta”. Pero bastó que se creyera entre amigos y sin testigos para que reapareciera su desprecio por cualquier manifestación popular (y no me refiero al programa de televisión sino a los votantes). La gente que elige a Cristina “mira a Tinelli y si puede pagar el plasma, no le importa nada más”, dijo el presidente de la Sociedad Rural. Esta frase se inscribe en el linaje de los grandes exabruptos históricos contra el pueblo, como el “aluvión zoológico” de 1945, la justificación de los fusilamientos de 1956 porque “se acabó la leche de la clemencia!” o la oposición a que se construyeran viviendas populares, “porque levantan el parquet y lo usan para hacer el asado”.

La venia de Duhalde

El ex senador Eduardo Duhalde buscó el voto del personal en actividad y retirado de las fuerzas armadas, de seguridad, policiales y penitenciarias, nacionales y provinciales, más sus parientes y amigos. Para ello envió al pabellón de lesa humanidad de la cárcel de Marcos Paz a su dador de transfusiones intelectuales Abel Parentini Posse y negoció con Lucrecia Astiz, hermana del ex marino, y con la Unión de Promociones y su comando electoral Votarun (sigla castrense por Votar Unidos). Estos nuevos interlocutores lo convencieron de que sumarían para él un universo de 2,5 millones de votos. Esa es la cifra exacta que obtuvo Duhalde, aunque es obvio que no todos provienen de ese sector, ya que Cristina se impuso en cada sitio del país en los que hay unidades de alguna de las tres Fuerzas Armadas, con sólo tres excepciones, Rosario, la Antártida y Villa Reynolds, donde ganaron Binner, Duhalde y Rodríguez Saa. En promedio, en esas 74 ciudades, Cristina fue preferida por el 49,95 por ciento de los electores, con una minúscula diferencia de 0,14 por ciento respecto del total del país. Es decir, como se ha observado siempre, el voto castrense no difiere del que se produce en los sectores afines en el resto de la sociedad. Es posible que en las bases mismas, Duhalde haya mejorado sus promedios, pero esto no se extiende más allá de una periferia inmediata.

Entropía

Atenuado el estupor comenzó a operar la entropía. Luego del impacto es imposible reconstruir la situación anterior y suceden el caos y una constante declinación. Hasta ahora sólo eludieron la expansión del desastre Rodríguez Sáa, porque su módico objetivo es superar a Duhalde, y Hermes Binner, que está engullendo más de lo que podrá digerir. Como vocero del PRO, Federico Pinedo reclama que Alfonsín y Duhalde retiren sus candidaturas y apoyen a Binner, quien compite por una franja de votantes distinta a la de Maurizio Macrì pero está en conversaciones con varios candidatos a gobernaciones de la UCR para que corten boleta en octubre. Duhalde recrimina que Macrì no cumpla con el apoyo prometido. Hizo una elección superior a la esperable si se considera la valoración social de su historia, pero él no lo sabe porque sus expectativas eran descomunales. Tampoco Pino Solanas entendió que su 12 por ciento en la elección porteña era una excelente marca, hasta que el domingo 14 su grupo no llegó al uno por ciento. Sus diatribas contra sus ex aliados se completan con el extraordinario anuncio de su candidatura a la presidencia para 2015, cuando le falten cien días para cumplir ochenta años. Así, la renovación política está asegurada. Duhalde sigue repitiendo consignas voluntaristas, que ahora incluyen una hecatombe económica y una crisis social que, por supuesto, la tontita de Cristina no sabrá cómo manejar. Llegado a este punto de fuga de la realidad, puede tentarse con algún golpe de mano, como los que lo llevaron a la intendencia de Lomas de Zamora en 1974 y a la Casa Rosada en 2002, para impedir que flameen “banderas de la subversión”. Una advertencia no menos tremendista, pero en formato republicano, lanzó el presidente de la UCR, Ernesto Sánz. Flanqueado por los presidentes de sus bloques legislativos, pero sin la presencia de los ya olvidados Alfonsín y González Fraga, dijo con gesto y tono de grave emergencia que si los resultados de agosto se repetían en octubre el país estaría en grave riesgo institucional. Puso como ejemplo las leyes “contrarias al interés nacional” que el kirchnerismo habría sancionado cuando tuvo mayoría en ambas cámaras. Si Duhalde se arroga la definición de qué o quiénes son o no peronistas, Sanz reparte certificados de republicanismo democrático. Este discurso perdió cualquier credibilidad en 2010, cuando el Grupo Ahhh… sólo empleó las bancas alcanzadas en los comicios de 2009 para repartirse todos los cargos, sin respetar ninguna proporcionalidad. Hasta el Frente de Izquierda y los Trabajadores, que consideró un milagro haber alcanzado el piso del 1,5 por ciento, padeció el mismo fenómeno que las otras fuerzas, en este caso con la fuerza del descorche de una botella de champagne francés, para festejar con el más entusiasta propagandista periodístico de la dictadura, sin previa autorización de sus aliados.

Partidos al medio

No es el único modo en que los medios de comunicación entraron en el debate postelectoral. El resultado demuestra que los medios no influyen en el resultado, dijeron aquellos medios que más hicieron para influir en el resultado. El problema no son los medios, sino su articulación con el poder económico y político: la asociación de Clarín y La Nación en Expoagro, donde cada año cierran negocios por 300 millones de dólares las principales empresas de los agronegocios; la comida de la cúpula de la oposición en la casa del CEO del Grupo Clarín, quien los instó a unirse para resistir al Huracán Cristina; la negociación de Héctor Magnetto con Kirchner para quedarse con Telecom, cualquiera sea la versión que se crea sobre los motivos de su fracaso; la manipulación de jueces que dinamitan a cautelares toda regulación pública de los intereses del grupo. Reducir esa densa trama de negocios y la correspondiente relación con el poder institucional a un análisis de la influencia de los medios sobre el voto sólo puede considerarse una ingenuidad si lo hace alguien menor de 22 años. Gracias al insistente chirrido mediático, que magnifica ad nauseam pequeños episodios e invisibiliza enormes procesos económicos, políticos y sociales, mucha gente se sorprendió por una obviedad: que el pueblo haya votado en defensa propia, a favor del mejor gobierno que ha tenido el país en más de medio siglo, por lo que ya hizo y por lo que falta hacer.

Página12

21/08/2011 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

DESPUES DE KIRCHNER, LA IMPLOSION DEL GRUPO AHHH…


 

La hipnosis terminó

La muerte de Kirchner no creó un vacío de poder en el Gobierno sino en el Grupo Ahhh…. Las boutades de Carrió y Reutemann, en sendas pausas del spa y el campo, dejaron castañeteando los dientes a sus respectivas coaliciones. Sin fuerza, cohesión ni proyecto enfrentan a un gobierno coherente, fortalecido por el reconocimiento popular a su líder muerto y la adhesión a su continuadora, por temor a cualquier cambio de rumbo.

Imagen: Télam y DyN.

Por Horacio Verbitsky

Las boutades de Reutemann y Carrió, en sendas pausas del campo y el spa, dejaron castañeteando los dientes a sus respectivas coaliciones.

La imponente eclosión afectiva producida en cuanto se supo que había muerto Néstor Kirchner actuó como el chasquido que despierta a un hipnotizado. La bruma de imágenes inducidas por sugestión se disipa y la realidad recupera su nítida primacía. La espuma de los días y la trivialidad del debate mediático, detrás del cual eran visibles los intereses, habían tendido un velo deformante, que desapareció en un minuto. Clarín ni siquiera tuvo tiempo de levantar el aviso transparente de un hipermercado que estaba en su portada on line y que durante varios minutos proyectó una salva de fuegos de artificio sobre la noticia de la muerte de Kirchner, como involuntaria celebración. La ruta de la emoción recondujo a la racionalidad perdida.

Un hombre ordinario

Unos minutos más tardó en instalarse la respuesta al nuevo escenario: como el primer día del gobierno de Kirchner en 2003, igual que al asumir Cristina en 2007 o como al conocerse los resultados del escrutinio de 2009, la condición pregonada para la gobernabilidad fue el consenso y la concertación con los intereses corporativos. Esta insistencia en torcer la voluntad del gobierno por medios insidiosos, es una muestra de impotencia de quienes no pueden imponer sin amenazas su propia agenda, por falta de fuerza, de cohesión y de proyecto. Kirchner tuvo la sagacidad de persistir en el rumbo trazado sin amilanarse por riesgos ni contratiempos. Esa obstinación en perseguir un objetivo claro por encima de las contradicciones inevitables de la acción política, la sencillez del discurso que repitió sin variar durante años y su coherencia con la práctica es lo que el país reconoció con demostraciones de amor y gratitud como no se recuerdan en muchas décadas, por parte de la multitud más diversa de la historia, donde los sindicatos obreros coincidieron con las minorías sexuales. Sólo la ceguera irremediable de quien no quiere ver puede confundir con necrofilia este diálogo profundo de una sociedad en mutación con el liderazgo que le permitió emerger. A los pocos días, comenzó una desaforada idealización. ¿Quién podrá llenar el vacío que deja tan enorme figura?, es el solapado subtexto que, una vez más, apunta a menoscabar a Cristina, reciclando la ficción de que él era el único poder real. El mejor ejemplo está en el título de la crónica del diario Washington Post, “Transición sudamericana: las dos mujeres que liderarán el futuro de Brasil y Argentina”. A ambas les vaticina “una transición difícil”, como si CFK recién se hiciera cargo de la presidencia, al mismo tiempo que la electa Dilma Rousseff. Kirchner sólo fue un hombre ordinario que, puesto en una situación extraordinaria, estuvo a la altura del desafío. No más, pero tampoco menos. Lo mismo vale para su esposa. Eso es lo que el pueblo celebró en Buenos Aires y Santa Cruz, con tristísima satisfacción.

¿Por qué cambiar?

Fueron una pareja sentimental y política, que compartió vida y proyecto. Y al pueblo jamás le fue mejor en décadas. La economía crece por encima del 9%; la relación deuda/PIB se redujo diez veces y es la menor desde el empréstito Baring de 1826; las reservas son las más elevadas de la historia; las relaciones con los países vecinos son estrechas y cooperativas, con Estados Unidos y Europa, cordiales y respetuosas pero en un pie de igualdad. Los jefes de la dictadura criminal están presos y son juzgados. La justicia funciona con independencia del gobierno, aunque no siempre de los poderes fácticos. La producción y las exportaciones agrícolas y de automóviles serán este año las mayores de la historia. El consumo crece a pesar de la elevada inflación, los salarios formales superan el IPC, la Asignación Universal por Hijo compensa la diferencia para los precarios, el desempleo cayó a 7,6% y sigue bajando. Los obreros de la multinacional francesa Renault, que presentó un nuevo auto, con 40% de piezas argentinas, aclamaron a la presidente. Son tan jóvenes como quienes colmaron la Plaza de Mayo y las calles porteñas para despedir a Kirchner. ¿Por qué debería cambiar Cristina una política que goza de tanta adhesión? Si ella se lo propusiera, hoy sería reelecta en primera vuelta, por mayor diferencia que en 2007, cuando dobló a la segunda fuerza.

La famosa crispación

Kirchner no está y CFK pasó los últimos días en la cumbre del G-20. Si el relato predominante fuera cierto, esto debería reflejarse en un clima de serenidad y concordia. Por el contrario, todas las contradicciones del Grupo Ahhh… asomaron como fracturas expuestas. Los efectos más deletéreos afectaron al Peronismo opositor, la Coalición Cívica Libertadora, el radicalismo, el socialismo y el PRO, donde se produjo una verdadera implosión. Una semana antes del 27 de octubre, José Scioli pedía proyectos y ofrecía cargos en el futuro gabinete presidencial de su hermano. Su trabajo junto a Francisco de Narváez no obedecía a que se hubiera distanciado del gobernador bonaerense, como acordaron simular: Daniel Scioli aspiraría a la presidencia y De Narváez lo acompañaría como candidato en la principal provincia del país. En el último diálogo con Scioli, Kirchner cortó camino y lo invitó a que compitiera con él en las primarias justicialistas. “Si me ganás yo te apoyo”, le dijo. Scioli protestó lealtad pero siguió con su plan de congregar al kirchnerismo y al peronismo disidente, sin confrontar con nadie. El espacio político para esa fantasía se le ha hecho minúsculo y no le queda mejor alternativa que la reelección en Buenos Aires. Pero esto ha desacomodado al Peronismo opositor. Como también desapareció en acción el vicepresidente Julio Cobos (beneficiario del mayor hit musical del año), De Narváez ha renovado los contactos con el senador Carlos Reutemann, quien pegó un portazo en las narices del ex senador Eduardo Duhalde y sus acólitos, quienes pretendían seguir como si nada hubiera sucedido. Reutemann estaba negociando con Kirchner un acuerdo para impedir que en Santa Fe volviera a imponerse el Pacto Radical-Socialista. Implicaba la elección en primarias justicialistas entre el diputado kirchnerista Agustín Rossi y el entenado reutemista Jorge Obeid. Para Kirchner, y para Cristina ahora, la condición era que el senador sojero apoyara la candidatura presidencial del FpV. La votación por el presupuesto fue una prueba ácida para esa amalgama: Rossi solicitó que los seis diputados nacionales que responden a Reutemann y Obeid votaran el proyecto oficial, a lo que se negaron. La confluencia de julio sólo es posible dentro de un acuerdo para octubre. De otro modo, sólo resolvería los problemas de Reutemann, lo cual no constituye una prioridad en Olivos. Otro tanto vale para Córdoba, donde siguen bien encaminadas las conversaciones con el ex gobernador José De la Sota, menos remilgado que Reutemann. En la Capital, los contactos se habían entablado con colaboradores de los más próximos a Pino Solanas. En combinación con CFK, Pino hasta podría ganar la jefatura municipal. El problema es que esto lo obligaría a despedirse de su regalada existencia, y además dispersaría su tropa, una sumatoria de microemprendimientos como los de Claudio Lozano, Humberto Tumini y Miguel Bonasso, siempre asidos de algún faldón nacional para no caerse del mapa. También se movieron las placas tectónicas en las cámaras patronales agropecuarias, cuya Mesa de Enlace pasó al olvido, dada la avidez de Eduardo Buzzi por reubicarse en la nueva situación. Hasta hace poco pretendía llegar a la gobernación de Santa Fe por el duhaldismo. Hoy pugna por la mera subsistencia, desprestigiado en todos los ambientes que supo frecuentar, y sólo anhela que le tiren un cable desde la nave oficial. ¡Hasta fue mencionado por Clarín, que no perdona, entre los operadores del FpV para la aprobación del presupuesto!

La implosión

El mayor escándalo lo produjo la jefa de la Coalición Cívica Libertadora, con su denuncia de un nuevo Pacto de Olivos. Los radicales nunca habían abjurado de la reforma constitucional de 1994, negociada entre su líder Raúl Alfonsín y el entonces presidente Carlos Menem. Sin embargo, a la sola mención de Elisa Carrió saltaron como si se tratara del peor insulto. Es cierto que estaban sensibilizados por la propia fractura que los partió al medio en la disputa por la presidencia del bloque, que ahora se repite en el Senado. También cruje la bancada macrista que, como animal de dos cabezas, se intercambia acusaciones cara a cara. Más sosegada fue la respuesta oficial ante el otro exabrupto de Carrió, acerca de una presunta “Banelco de Cristina”. Aníbal Fernández recurrió al mecanismo psicológico de la proyección y Rossi dijo que el escándalo de una denuncia sin fundamentos fue la única forma de impedir una derrota en la inminente votación presupuestaria. Lo confirmó la camaleónica asistente de Carrió, Patricia Bullrich, ex ministra de Trabajo de Fernando de la Rúa, al confesar que “si no denunciábamos, perdíamos la votación”. Ya las declaraciones de las diputadas Cinthya Hotton (macrismo evangélico) y Elsa Alvarez (radicalismo patagón) sobre llamados telefónicos habían sido interpretadas por la prensa de oposición como ofrecimientos de soborno, cosa que ninguna de ellas había dicho. Sería ingenuo, si no fuera perverso, suponer que una gestión semejante se haga por teléfono y sin una relación personal previa. La verdadera Banelco fue el traslado de 5 millones de pesos para pagar a senadores propios y ajenos por parte del secretario del Senado, no un diálogo político sobre la importancia de contar con un presupuesto para el último año de gestión. La denuncia es de tan extrema gravedad que no se entiende cómo las dos legisladoras omitieron su judicialización, obligatoria por el artículo 117 del Código Procesal Penal, ni accedieron a identificar quién o quiénes les ofrecieron qué cosa. En cambio, se propicia una investigación parlamentaria, en la que una vez más se buscará enlodar al gobierno, como ocurre desde el día en que Cristina juró el cargo. El Grupo Ahhh… y sus satélites de izquierda no escarmentaron con la ley previsional del 82 por ciento. Ese único éxito parlamentario que consiguieron en un año se les volvió en contra. Cuando CFK cumplió su promesa de vetarla no hubo una sola protesta de los presuntos afectados, mientras en Francia más de tres millones de personas paralizaban el país para reclamar por el aumento de tres años en la edad jubilatoria. Hacía falta un esfuerzo de voluntarismo y microclima para no percibir la valoración del gobierno que latía en las capas profundas de la sociedad y que salió a la superficie en cuanto la muerte de Kirchner hizo entrever el peligro de un cambio de rumbo.

De Buenos Aires a Seúl

“Esta presidente inteligente y luchadora como pocas, valiente como ninguna” (según la definición del nieto de uno de los grandes juristas del establishment liberal, que se refiere a ella como “la chica que nos gusta”) presidía al mismo tiempo la apertura de la mesa de Finanzas en la Cumbre Mundial del G-20 en Corea. Allí reivindicó sus políticas activas para superar la crisis financiera y sostener el empleo y el consumo. Mencionó la acumulación de reservas como defensa contra la volatilidad de los mercados, el pago con ellas de compromisos externos para invertir los recursos fiscales en la economía real y las restricciones al ingreso de capitales especulativos. “Las finanzas tienen que volver a la escala de la producción de bienes y servicios y tenemos que mejorar los salarios porque la gente tiene que consumir”, explicó. Para tirria de quienes no abandonan las catastróficas recetas del establishment, concluyó que en la Argentina “comprobamos que no puede crecer un sector a costa de que se derrumbe el resto de la sociedad”, y que esa enseñanza es aplicable a escala global. No es una conclusión presuntuosa. En Holanda, los economistas Servaas Storm and C.W.M. Naastepad, de la Universidad Tecnológica de Delft, acaban de publicar un artículo (“El costo de la desigualdad”) en el que analizan las consecuencias de la teoría de la tasa de desempleo que no acelera la inflación (o, por su sigla en inglés, la NAIRU), responsable de los espectaculares desequilibrios que culminaron con el colapso de 2007/2008. Para la NAIRU, que los autores equiparan con el ejército de reserva de desocupados de la doctrina de Marx, habría un desempleo de equilibrio, resultante del conflicto distributivo entre trabajadores y patrones. Su principal implicación es que los gobiernos y sus banqueros centrales no deberían promover el pleno empleo porque aceleraría la inflación. En consecuencia el mercado laboral debe ser desregulado, los estados de bienestar puestos a dieta y la posición negociadora de los sindicatos debilitada, de modo de reducir el salario real respecto de la productividad y mejorar la rentabilidad empresarial. Crecimiento e igualdad serían así incompatibles. Esta familiar descripción de lo que ocurrió en la Argentina del neoliberalismo está en la base de la crisis global. Al acentuarse la desigualdad y disminuir los ingresos del 90 por ciento de la población surgió un mercado cautivo de préstamos para mantener el nivel de vida de esos hogares. Al mismo tiempo se incrementaban los ingresos del 10 por ciento restante, origen de la sobreabundante liquidez que se depositó en fondos especulativos. Ese exceso de crédito no se utilizó para financiar el progreso técnico sino para la creación de nuevos e imaginativos instrumentos financieros, como la securitización de las hipotecas que, a partir de cierto punto, fueron insostenibles y pincharon la burbuja. Aunque la crisis haya emergido en el sector financiero, dicen los holandeses, sus raíces son más profundas y residen en el cambio estructural en la distribución del ingreso en los últimos treinta años. Para impedir la fragilidad financiera y la crisis es preciso “disciplinar a las empresas, los inversores y los mercados financieros”. Los autores proponen una toma de decisiones compartida a nivel de empresas, para desalentar la actividad especulativa y no productiva. “Un crecimiento más igualitario, traccionado por el salario y con baja desocupación, es crucial para impedir la acumulación de los excesos de liquidez que desencadenaron la actual crisis”. La alternativa a la NAIRU es el regreso a la regulación financiera y a políticas más equitativas de pleno empleo. Como si también volvieran de un sueño hipnótico, Storm y Naastepad enuncian algunas viejas verdades elementales. “El salario no es sólo un costo para las empresas (como supone la NAIRU) sino que mayores remuneraciones también producen beneficios macroeconómicos, como mayor demanda y más rápido aumento de productividad, mayor capacidad utilizada por las empresas y mayores ganancias”. Si aumentan la demanda y las utilidades también crecerá la productividad, por la inversión en nuevo equipamiento de tecnología más avanzada. Los mayores salarios, una fuerte protección legal para los trabajadores y su participación efectiva en la gestión de las empresas también motivarán a los trabajadores a comprometerse con las empresas a través de una mayor productividad. Además de los líderes de una docena de compañías globales, escucharon el mensaje de Cristina el presidente y vice de la Unión Industrial, Héctor Méndez y José Ignacio Mendiguren, los mismos que han liderado la oposición a todas las medidas que el gobierno adoptó en ese sentido y que ahora resisten, con el apoyo del Episcopado Católico, la participación obrera en las ganancias contenida en la Constitución desde hace 53 años. ¿Qué habrán entendido esas mentes obtusas, reacias al inevitable despertar?

Página 12

14/11/2010 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario