America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Chile – La tempestad social que se aproxima


Editorial

Pasado el primer impacto del terremoto y maremoto del 27 de febrero, quedan las secuelas que demorarán años en superarse. Apenas comienza la evaluación de los destrozos para determinar lo que debe ser demolido, qué se construirá nuevamente y dónde, qué se reparará y a qué costo, cómo se recuperarán las fuentes de trabajo y se pondrán en marcha otra vez las actividades productivas paralizadas. Sin embargo, por primera vez en más de setenta años una catástrofe de la magnitud y profundidad de la ocurrida será abordada solamente con criterios de mercado, en los que predomina como objetivo la ganancia capitalista.
Entretanto, todo marcha a tropezones, desmitificando la aureola eficientista y profesional de que intentaba revestirse el gobierno de la derecha. El presidente Sebastián Piñera aparece hasta ahora más preocupado de producir efectos mediáticos que de gobernar racionalmente. Su actitud incesante ante cámaras y micrófonos está lejos de la sobriedad en los gestos, la profundidad en las palabras y la calma necesaria para adoptar medidas que beneficien a los sectores más modestos que han sufrido lo peor del desastre.
El presidente-empresario, en cambio, prefiere correr de un lado para otro, siempre rodeado de su equipo de prensa, convencido de que las imágenes valen más que la realidad. Esta última, sin embargo, está mostrando la pereza asombrosa del equipo de gobierno.
Lo que se anunció que estaba muy estudiado y que contaba con el respaldo técnico de los grupos Tantauco, se ha desvanecido, al igual que se ha hecho humo la promesa del presidente Piñera de vender sus acciones en LAN antes de asumir el mando, así como desvincularse de su canal de TV, Chilevisión. Se levantan sospechas de que la tardanza ha correspondido a la voluntad de ganar tiempo para aprovechar el alza de sus acciones, incrementando así su ya enorme fortuna. Cálculos mesurados señalan que en un mes ha duplicado su capital (ver págs. 6 y 7).
Ni siquiera el estudio de algo tan sencillo como el bono de marzo estaba terminado. Hay más, el apagón que el 14 de marzo afectó al Sistema Interconectado Central, desde Taltal hasta Puerto Montt en una extensión de dos mil kilómetros, dejó sin electricidad a casi el 90 por ciento de la población del país pero descolocó al gobierno. Pasaron horas antes de que las autoridades dieran la cara para explicar las causas de una falla que fue responsabilidad de las empresas privadas que generan, transportan y distribuyen la energía eléctrica. Sólo atinaron a decir que la falla correspondía a la caída de un transformador en la Región de La Araucanía. 24 horas después, todavía había zonas del país sin electricidad y ninguna de las empresas asumió su responsabilidad, en un hecho que confirmó la extrema debilidad de la infraestructura levantada por la empresa privada.
El gobierno se empeña en construir imágenes que respalden sus llamamientos a la “unidad nacional”. Este artilugio persigue debilitar a la oposición y hacer expedita la tramitación de proyectos de ley con los cuales tratará de imponer el peso de la reconstrucción a los propios afectados, es decir, a los sectores populares y a las clases medias bajas, facilitando a los grandes consorcios hacer fabulosas ganancias. Las vacilaciones de la oposición favorecen en este sentido los planes del gobierno. Todavía los sectores opositores -la Concertación y el Partido Comunista, hoy aliados en la Cámara de Diputados- no tienen un planteamiento claro que apunte a lo fundamental, es decir, a que no deben ser los pobres los que paguen los daños y que los recursos para la reconstrucción provengan de los que ganan enormes sumas, como las transnacionales del cobre y los consorcios nacionales, las grandes empresas del retail, las AFPs, los bancos, las empresas de seguros y sobre todo, la industria de la construcción y sus derivados. Ni siquiera se ha planteado por la oposición la disminución del gasto militar, uno de los más elevados del continente.
Hablar de “unidad nacional” es una burla en un país donde la desigualdad entre ricos y pobres es una de las mayores del mundo. Un país en que los ricos pagan menos impuestos que los pobres, donde una minoría vive como millonario texano y los pobres vegetan en medio de la precariedad, agobiados por las deudas y la incertidumbre del desempleo, las enfermedades y las catástrofes.
El gobierno se propone entregar la reconstrucción al sector privado, convirtiéndola en un negocio y no en una tarea solidaria y patriótica. Descarta seguir el camino que en circunstancias similares siguieron los gobiernos desde 1939, cuando el terremoto de Chillán dio paso a la creación de la Corfo y de la Corporación de Reconstrucción y Auxilio, primer organismo estatal encargado de la vivienda y que enfrentó la reconstrucción de la zona devastada por el sismo. De esa forma se cumplió una labor eficiente, de alto sentido social, que echó las bases del desarrollo de un pujante capitalismo de Estado. Incluso las construcciones de emergencia fueron de alta calidad y algunas todavía permanecen. En cambio, ahora se ha generalizado el uso de mediaguas, soluciones de extrema necesidad que no deberían durar más de un par de inviernos, ya que sus condiciones apenas superan el mínimo aceptable.
Con el mercado como rector de la reconstrucción, la empresa privada hará el negocio del siglo, estrujando las posibilidades del ahorro fiscal. En términos de calidad y seguridad, el historial de las empresas constructoras no es precisamente un ejemplo. Miles de casas deben ahora ser demolidas por estar mal construidas; decenas de edificios se han derrumbado o tienen que ser demolidos. La electricidad, el agua potable y las telecomunicaciones, todas en manos privadas, se han revelado como fuentes de grave inseguridad y abuso para los usuarios. Caminos, puentes y autopistas concesionadas se han agrietado o derrumbado por responsabilidad de sus constructores. Se tolera, incluso, la estafa que significa la venta de departamentos que no se pueden habitar y por cuyas fallas nadie responde. Las empresas constructoras o inmobiliarias se disuelven al poco tiempo y sus dueños desaparecen o se convierten en “indigentes” que han cedido su patrimonio a terceros.
Preparándose para nuevos y mayores negocios como los que augura la reconstrucción de viviendas y obras públicas, impresiona la publicidad que rodea las donaciones de estos “emprendedores”, dinero que recuperarán alzando precios y descontando impuestos. Los diarios, la televisión y las radios divulgan avisos de bancos que ofrecen préstamos de reconstrucción que más tarde estrangularán a los deudores. Una verdadera hemorragia de publicidad comercial hace del drama del terremoto una comedia que ofende al pueblo y su angustia.
La reconstrucción de hospitales, escuelas, caminos y puentes será el campo de prueba para el gobierno de la derecha. A los reclamos de las víctimas por viviendas, salud y educación, se sumarán las exigencias de miles de trabajadores que han quedado cesantes, o que estarán en esa situación a corto plazo. La temporada de lluvias acentuará el desamparo de miles de damnificados.
Asimismo, los estudiantes y sus familias reclamarán escuelas y liceos dignos. La acumulación de frustraciones y la rabia ante las promesas incumplidas de la Concertación y ahora de la derecha, conducirá a la necesaria organización y a la lucha popular. La protesta social amenaza convertirse pronto en una tormenta. Ni el toque de queda ni los militares en la calle podrán contenerla. En ese sentido, mal hacen aquellos sectores de Izquierda que demoran la construcción de una alternativa popular y democrática independiente. Navegar en la estela de la Concertación, desvencijada y aportillada nave política, resulta suicida en las condiciones de tempestad social que se acumula en el horizonte.

PF
(Editorial de Punto Final, edición Nº 705, 19 de marzo, 2010)
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12/04/2010 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Sociedad y Cultura, Solidaridad, Uncategorized | , , , , , , , , | Deja un comentario

Festejo Pinochetista en Chile


30/01/2010 Posted by | General, Politica Internacional, Sociedad y Cultura, Videos | , , , | 2 comentarios

Chile – La derecha viene a cenar


Editorial de “Punto Final”, edición Nº 703, 22 de enero, 2010)

MANUEL CABIESES DONOSO


Sebastián Piñera: 3.582.800 votos (51,60%).

Eduardo Frei:  3.359.801 votos (48,39%).


Las cifras lo dicen todo. La elección del 17 de enero no merece mayor discusión.

Lo concreto es que a partir de marzo, Chile tendrá un gobierno de derecha que se sumará a la mafia de enemigos del proceso liberador de América Latina. EE.UU. reserva a Piñera un lugar destacado junto a los regímenes de Colombia, Honduras, Panamá y Perú. Un grupo tenebroso que intenta ampliar mediante elecciones o golpes de Estado según la receta hondureña.

El propósito es frenar el proceso de independencia y socialismo democrático que se reinició en la última década. Ese proceso tiene sus enclaves en Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, los países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Pero cuenta también con defensores en Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. La dirección principal de la contraofensiva norteamericana persigue eliminar -usando cualquier medio- al gobierno revolucionario del presidente Hugo Chávez. La revolución bolivariana es considerada la pieza maestra que sostiene y articula al renacido movimiento por la independencia y soberanía de los pueblos que desafía la hegemonía yanqui en la región.

El próximo 26 de septiembre hay elecciones parlamentarias en Venezuela. El presidente Chávez enfrentará por enésima vez -desde 1998- el veredicto ciudadano. La oposición, casi toda digitalizada desde Washington, se jugará por retornar a la Asamblea Nacional -que abandonó voluntariamente en diciembre de 2005 para provocar un colapso institucional que no ocurrió-. Buscará usar esas elecciones para avanzar en un plan desestabilizador “a la hondureña”.

En forma simultánea, junto con tejer las redes de conspiraciones políticas, financieras y militares, EE.UU. viene montando en torno a Venezuela un cerco de bases militares con asiento en Colombia, Panamá y las islas holandesas de Curazao y Aruba. Se les suma la reactivada IV Flota norteamericana que patrulla el Caribe con su carga de cañones y misiles. El gobierno venezolano ha denunciado las incursiones de aviones espías en su espacio aéreo.

Los aprestos de intervención -o de apoyo militar a un golpe- son tan evidentes que han despertado el rechazo del gobierno de Brasil. El presidente Lula y las fuerzas armadas brasileñas saben que, a largo plazo, EE.UU. no se conformará con las enormes riquezas naturales de Venezuela. También intentará apoderarse de las reservas de agua de la Amazonia y de los grandes yacimientos de petróleo que existen en la plataforma submarina del Atlántico brasileño.

Todo lo anterior explica porqué la elección de Piñera ha provocado tanta expectación en el exterior, comparativamente más que en Chile. Desde luego los chilenos sabíamos -a través de los códigos del lenguaje de medias tintas a que nos hemos mal acostumbrado-, que la Concertación se presentaba derrotada a la confrontación electoral. Agotada como proyecto político y destrozada por disputas intestinas y ambiciones personales. En cambio, en naciones que tienen fundados motivos de preocupación por el rumbo agresivo de la política de EE.UU., se creía que la Concertación -aun con todas sus vacilaciones y blandenguerías- saldría airosa de la prueba. A ese engaño contribuyó la imagen de una presidenta Bachelet con 80% de respaldo popular.

El tema internacional casi no se tocó en la campaña presidencial, impidiendo que los chilenos conocieran los peligros que afrontan pueblos hermanos. El golpe hondureño ni se mencionó, tampoco la instalación de bases militares en Colombia y Panamá, ni el fracaso de la Conferencia sobre Cambio Climático en Copenhague, ni la crisis capitalista, ni… El listado de temas que tienen que ver con el mundo, la Humanidad y nuestra América Latina que los candidatos no abordaron en la campaña, es interminable. Repasarlo sólo sirve para confirmar la insularidad política en que vivimos. Este factor -que ha producido ignorancia, erosión ideológica y despolitización-, permite a la derecha y a la Concertación manipular las conciencias de los ciudadanos y direccionarlas con técnicas de marketing y métodos farandulescos.

Piñera es parte de una “nueva derecha” que pretende haberse desvinculado del reciente pasado de dictaduras militares que atropellaron los derechos humanos en América Latina. Esta derecha -que ha conseguido esconder su ADN golpista- ha llegado a Chile para quedarse, por lo menos es lo que pretende.

La “nueva derecha” es un invento de los estrategas del Departamento de Estado que conduce Hillary Clinton, cuyo talante imperial se ha puesto en evidencia durante los últimos meses. El nuevo engendro político viene a reemplazar a los gobiernos socialdemócratas y/o socialcristianos, como el de la Concertación, que han sufrido un acelerado desgaste por su aplicado servicio al neoliberalismo y su traición a los trabajadores. Esta “nueva derecha” controla todavía pocos gobiernos y algunos, como el de Alvaro Uribe, apestan a muerto.

Por eso, la victoria de Piñera -con un programa populista que sigue las aguas de la Concertación pero que garantiza mano dura con el movimiento social para blindar la inversión privada-, es recibido con júbilo por los sectores más reaccionarios del continente. Sin embargo, la “nueva derecha” necesita victorias en países importantes como Argentina y Brasil (ya cuenta con México) e intentará meter su contrabando político en Venezuela y Ecuador para destruir esas revoluciones por dentro.

Para el chileno medio, atrapado en la telaraña de deudas que tejen 29 millones de tarjetas de crédito que constituyen su vía de acceso al consumo, la política es una galaxia lejana a su interés cotidiano. La democracia representativa sólo lo obliga a votar, pero no le reconoce derecho a participar. Los asuntos políticos que atañen a su condición de ciudadano pertenecen al ámbito de lo accesorio y superfluo que no soluciona sus problemas concretos. Por eso, delega esos asuntos en los políticos profesionales a quienes, a la vez, considera unos zánganos aborrecibles. No es para menos: entre los 14 millones de pesos mensuales de la dieta de un diputado, y los 257 mil pesos que gana más de la mitad de los trabajadores chilenos, hay un abismo de desigualdad. El quintil más bajo de ingresos, según la encuesta Casen, destina más del 60% de sus salarios a pagar deudas que superan todas las fronteras de la usura. Este abismo de desigualdad no intentaron cerrarlo los partidos de la Concertación -hoy en liquidación- y menos lo hará esta “nueva derecha” exultante que celebró su victoria bailando y descorchando botellas de champaña como en 1973, cuando instigó a los militares a derramar la sangre de miles de chilenos.

Trabajadores agobiados por extenuantes jornadas, viviendo el constante temor de pasar a integrar el ejército de 800 mil cesantes, temiendo enfermar por el costo de la atención médica y de los medicamentos y por las interminables listas de espera en los hospitales, con las esperanzas perdidas de obtener educación de calidad para sus hijos, viviendo en la promiscuidad de departamentos de 45 metros cuadrados, acosados por la droga y la delincuencia, relegando a la clandestinidad del recuerdo familiar las atrocidades de la dictadura militar-empresarial, ¿qué ánimo o qué tiempo tendrán para preocuparse de la dimensión política del triunfo de Piñera?

Por eso, no debe extrañar que cientos de miles de chilenos hayan votado por la “nueva derecha”, esperando ingenuamente que ese gobierno aliviará sus miserables condiciones de vida. Esta actitud pasiva e indiferente al retroceso político que significa legitimar a los herederos de la dictadura y facilitar así las amenazas a la soberanía de pueblos hermanos, es resultado del fracaso estruendoso de la Concertación. Pero también de la injustificable tardanza de la Izquierda para superar su fragmentación y levantar una alternativa popular e independiente. Ahora estamos en el punto de volver a empezar, porque la historia no ha terminado. De nosotros depende acortar el tiempo que la derecha pretende quedarse en el poder.


MANUEL CABIESES DONOSO


(Editorial de “Punto Final”, edición Nº 703, 22 de enero, 2010)

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27/01/2010 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Argentina – Carta Abierta número siete La nueva declaración de la agrupación de intelectuales


CARTA ABIERTA / 7

El tiempo que viene

Los intelectuales de todo el país que publicaron la primera carta abierta durante el conflicto por la resolución 125 dan a conocer hoy la séptima carta –que Página/12 adelanta aquí–, en la que hacen una lectura de la nueva realidad que se crea a partir del 28 de junio y los próximos dos años de gobierno.

El tiempo no es una abstracción sin contornos. Imperioso, es una cuchilla que nos clava fatalmente al presente. No es posible omitir la realidad coyuntural. Juraron los nuevos diputados, estremecen los robos que desembocan en asesinatos, la prensa arrecia en sus campañas, los movimientos entre las fuerzas enfrentadas no cesan. Ante los micrófonos y en la calle se alzan voces de degüello. El Gobierno rechaza las presiones y la injerencia en la vida política nacional de un alto funcionario del Departamento de Estado norteamericano. Un nostálgico del orden dictatorial es nombrado ministro de Educación de la ciudad de Buenos Aires. Los sectores conservadores, que venían largamente agitados de antemano, han conseguido sonar verosímiles al acusar al gobierno nacional de provocar la agitación. Franjas considerables del viejo pensamiento progresista aceptan el dictamen y entregan a las derechas un inusual protagonismo. ¿Pero no hemos hablado ya de todo esto? Sí, porque en los tramos más inmediatos y condensados de la historia se presentan las tensiones del gran tiempo que se habita, las premuras, las urgencias que no dejan de conmovernos.

Pero sólo es posible iluminarla si nos sustraemos de lo más evidente de esa temporalidad. (…) Hacer propio el tiempo es tan necesario como hacer aquello que ya hicimos, y en esta Carta insistimos: hacer ejercicio vivo de la palabra, juego activo con la lengua, afectuoso encuentro con sus potencias. (…) Se trata de hablar distinto del hablar de los medios de comunicación masivos. Distingamos nuestras urgencias de las suyas; pensemos nuestros proyectos sin sus ataduras. La coyuntura nos merece como mujeres y hombres no sometidos a sus coacciones evidentes. La crítica a los medios de comunicación es la necesaria crítica a la razón de la época, y sus enseñanzas son materias reconstructivas de la comunicación tecnológica y humana. Sin ahondar en su poderosa significación, en su capacidad para crear sentido común y articular los lenguajes de las derechas contemporáneas, resultará muy difícil dar la batalla cultural indispensable, esa que nos permita disputar los relatos de la patria.

Se dirá que pedimos grandes encuadres históricos cuando es preciso vivir en el fervor de una coyuntura. Alertar precisamente sobre la necesidad de una mirada que abarque un ciclo mayor de tiempo es el motivo de esta Carta. Estamos ante dos años que condensan tramos de tiempo muy vastos, en los que se jugarán para el pueblo argentino los horizontes mayores de justicia, democracia y economía pública distributiva (…) Hablemos pues del tiempo por venir. Contemplar más secuencias exige interpretar el momento que vivimos con más riqueza conceptual. Una épica social debe salir de este juego entre la estructura del presente y sus puntos de condensación más dramáticos; una épica social que trabaje para un vuelco consistente de la situación, porque peligra una experiencia sustantiva en la vida política de los argentinos. (…) ¿Cuáles serían esos trazos épicos en una sociedad desmenuzada por lógicas de acumulación y consumo que sustraen las vidas de lo público? Los sectores medios urbanos que en otros momentos cultivaron la modernización cultural y política, hoy se dejan entusiasmar por el barniz eficientista de las derechas, cuando esa tintura enmascara el huevo de la serpiente: el anudamiento de la retórica securitista, la sensibilidad del caceroleo y la defensa del terrorismo de Estado. Es necesario desarmar estos complejos acertijos, porque los dos años próximos serán una eternidad metida en el pliegue diario de la historia.

Con esa perspectiva, no decimos nada nuevo si advertimos que, sin tener asumida la dimensión latinoamericana, las acciones políticas nacionales se ven menguadas en su potencia y su horizonte. Las situaciones y las experiencias en las naciones de nuestra región son disímiles y requieren ser tomadas en relación con el mundo histórico del que surgen, sin anteponer estereotipos de cofradía frente a las realidades singulares. Los recientes pronunciamientos electorales en Uruguay y Bolivia reafirman la persistencia del proceso histórico abierto con el inicio del nuevo siglo para los pueblos del continente, al tiempo que se inscriben en lo profundo de sus tradiciones populares y libertarias. (…) En cada uno de nuestros países se juega hoy el destino de la región toda (Chile es un ejemplo elocuente), y el conjunto entero es puesto en riesgo cuando uno de sus eslabones se rompe. La cruda realidad del procedimiento golpista en Honduras obliga a nuevas modulaciones tan firmes como preocupadas que sepan, por un lado, desnudar las complicidades de los poderosos de siempre y, por el otro, desarmar las retóricas que esgrimiendo supuestas virtudes republicanas vienen a horadar a los gobiernos democráticos, acusándolos (si han elegido proyectos de transformación) de ser responsables de un vaciamiento de esas mismas instituciones, como lo preanuncian los sordos y alarmantes ruidos destituyentes que suenan en Paraguay. Nuestro tiempo y nuestro porvenir merecen la profundización de la integración latinoamericana y la alertada denuncia de las políticas imperialistas.

En la sal inmediata de los acontecimientos argentinos percibimos recrudecer las acciones de un vasto bloque político que actúa para debilitar el mandato presidencial y dar por agotado un ciclo para que llegue mortecino al 2011. No nos resignamos a que un conjunto de críticas al Gobierno –a las que en ciertos casos no restamos validez– sean el pretexto para entronizar mediocres derechismos, con sus exaltadas patronales, sus monaguillos pretendidamente republicanos y sus tribunos jacobinos que hablan por izquierda para zambullirse sin disgusto en la correntada neoconservadora.

Pero no apresuremos los trazos. Muchos son los conflictos que agitan las calles de la política argentina, y verlos bajo un único régimen de significación se parece a no verlos. (…) Esto es, no debemos poner en las mismas columnas las disputas por recursos encaradas por los movimientos sociales, las acciones parlamentarias de los dirigentes opositores, las movilizaciones urbanas bajo las banderas de la seguridad. No debemos hacerlo nosotros cuando son muchos los que procuran incluirlos en una misma narración que, enlazando esas vetas heterogéneas, las haga confluir como única fuerza de demolición. No es así. Constituir otra explicitación que haga momentáneo el acuerdo parlamentario de heterogéneos grupos es necesario, así como actuar sensiblemente en dirección a las izquierdas y los progresismos sociales y políticos es ineludible (…) Del mismo modo, esas fuerzas están exigidas de una responsabilidad mayúscula: la de evitar su confluencia –sean cuales fueran las razones o las coartadas– con las acciones de la oposición que buscan hacer girar en un sentido regresivo el tiempo de la historia.

Las necesarias argumentaciones no se constituyen en el interior de un palacio, ni siquiera en la amistad que nos reúne en un colectivo político. (…) Una narrativa entonces debe ser consecuencia de una novedosa estrategia de composición y de una voluntad crítica capaz de desmenuzar la actualidad y, dentro de la actualidad, los problemas que ponen en juego las nuevas derechas, pero también los que arrastran los movimientos populares y las fuerzas gubernamentales.

Esta narración debe poder decir los nombres adecuados para hechos efectivamente acaecidos. No tiene derecho a obviar las palabras necesarias y tiene la obligación de proveer las que faltan para que no sean sugeridas por el equívoco, la mala fe o la ignorancia. Algunas medidas gubernamentales muchas veces se presentan despojadas del marco interpretativo que dé cuenta de su real importancia. Porque esa interpretación reclama una discusión sobre qué significan la idea de desarrollo, las formas contemporáneas del trabajo y la situación del Estado. ¿Qué son hoy las instituciones estatales? ¿Cuál es su capacidad de incidencia y realización de políticas para todo el territorio nacional? ¿Cuánto arrastran de modos burocráticos, cuando no de confrontaciones mezquinas por recursos escasos en las que la alusión a lo público es más una mascarada que una efectiva apuesta a su reconstitución? ¿Se han desprendido esas instituciones de lo que una profunda reconversión neoliberal instauró en ellas o adormecen sus contornos más nítidos bajo otra lengua ideológica? Cada una de las instituciones estatales puede verse como un terreno minado de conflictos entre lógicas distintas, y una de las deudas del momento es poder diferenciarlas para apostar a la expansión de sus núcleos más renovados. (…)

Del mismo modo, la movilización social no puede considerarse sin situarla, en cada momento, bajo las preguntas de su condición y legitimidad. No para menoscabarla en nombre de una empresa ordenancista, sino para considerarla en sus ambigüedades y contradicciones. (…) La experiencia gubernamental en curso supo poner como enunciado central la renuencia a la represión. Lo sostuvo, sustrayéndose con valentía a la airada vociferación del orden. Esto no impide reconocer que los conflictos laborales, las representaciones sindicales, los movimientos sociales, configuran un mapa de reclamos por la justicia tanto como –paradójicamente– una superficie de disputa que a menudo se ve atravesada por el desdén hacia lo público en función de intereses privados o sectoriales. Nuestro país tiene profundas reservas democráticas, las tiene en su idea del conflicto, en los usos de las calles, en su sistema educativo. Y ninguna de esas prácticas está eximida del riesgo de caer en alguna forma de cooperación involuntaria con la destrucción de la vida colectiva.

Un Bicentenario con compromiso social

Sigamos revisando lo que acucia. Cuestiones como la de la seguridad exigen un trato capaz de abrevar en las fuentes profundas de la democracia argentina, no para negarlas en tanto problema sino, por el contrario, para sustraerlas de la gritonería linchadora. La vida en las grandes metrópolis mundiales registra la dificultad de resolver los abismos en los que caen porciones enormes de poblaciones desplazadas. Actos de violencia irracional son llevados a cabo al servicio de una economía ilegal que a veces involucra tramos oscuros del mismo Estado. Existen distintos estratos de culpabilidad para tratar esto, lo que no excluye la interpretación exacta del momento culpable en que alguien dispara un arma homicida. Es para bien del conjunto que hay necesidad de mantener una sociedad abierta, sin concesiones a las formas medievales de vindicta. Leer con perspectiva crítica una escena urbana atravesada por complejas formas de anomia y de violencia no puede hacernos soslayar la significación que estos dramas de lo cotidiano tienen en el interior de las conciencias públicas y privadas. (…) Son las derechas a cielo abierto las que se solazan cada vez que una voz humilde grita su desgarramiento. Argumentos que ni siquiera deben tener forma argumental: les basta con golpes comando de sensiblería y gimoteo, no el auténtico dolor de las víctimas sino el inducido por el gabinete de asesores en el marketing lagrimeante. El progresismo no ha sabido tratar estas cuestiones. Ni el problema del Estado ni las características de las luchas, menos aún la violencia de las sociedades contemporáneas. Esa incapacidad abona la causa de aquellos que creen resolver los dramas reales con el grito de orden. No olvidar de qué modo la travesía del miedo suele concluir en el sumidero del autoritarismo (…)

Es necesario responder con imaginación específica y trazar razonamientos de largo plazo en estos asuntos y en todos los que inquietan y demandan soluciones concretas, sean muy visibles o no. También configurar un mapa de encuentros y alianzas que procuren la preservación de las mejores políticas desplegadas en estos años. Se requieren, por ejemplo, observaciones más agudas sobre el movimiento social y las orientaciones democráticas que se mueven en el ámbito de las representaciones laborales, y en esa dirección, son bienvenidas las medidas cautelosas pero progresistas en relación con los trabajadores del subterráneo. (…) Creemos en una Argentina con esferas y agremiaciones sindicales en las que, a la vez que resuene la voz del tradicional movimiento obrero, también los nuevos movimientos puedan esbozar sus primicias, actuando con la lucidez que requiere un país sometido al ataque de fuerzas reaccionarias bien conocidas.

(…) Romper el hechizo neoliberal de los noventa implica regresar creativamente sobre una idea de política que sea portadora de una amalgama de sueños utópicos y de proyectos históricamente realizables. Es necesario recorrer el Bicentenario y el año 2011 munidos de una nueva imaginación pública, democrática y movilizadora. Lo solemos denominar un proyecto y más modestamente un plan, un tejido de previsiones. ¿Se le puede imponer a la historia una retícula cargada a priori? Sabemos que no. Pero una previsión general sobre el devenir puede y debe ser explicitada. Convoquemos nuevos pensamientos para hacer leyes sociales, reformemos la educación para elevar su nivel teórico y social, y para que el justo afán de sus luchas gremiales no descuide una convivencia productiva con la preservación de la escuela pública como sujeto social atesorado en la memoria democrática argentina.

La realidad de la escuela pública habla, con la gravedad de un alerta, sobre el destino completo del país. Su fundación estuvo entre los logros más relevantes de una política laica y republicana que funciona como la imagen invertida de lo que llaman republicanismo las derechas contemporáneas. (…) En la década del ’90, bajo la idea de reforma se hizo trizas el sistema educativo. No sólo por una cuestión de escuálidos presupuestos, también porque se dejó cada región y cada escuela a su suerte, y el Estado nacional se privó de la facultad de intervenir en programas, en regulaciones y en la formación docente. Porque no fue sólo un problema económico, es que los dramas de la educación pública actual no se resuelven con la bienvenida expansión presupuestaria. Son problemas no tan sólo de calidad, sino de sentido, de formación y de derechos. Porque una escuela pública disminuida es un mecanismo de profundización de las diferencias sociales, como lo prueba el incesante crecimiento de la enseñanza privada. Lejos de la escuela igualadora, estamos ante el abismo de instituciones que en muchos casos acentúan la polarización social.

No decimos con esto que haya vacancias de medidas sociales destinadas a disminuir esa polaridad. Las hay y de profundo alcance. Las hay que portan una innovación profunda como son la universalización de la asignación por hijo y el programa de ingreso social con trabajo. (…)

La política es una apuesta sobre el tiempo que vivimos y el tiempo que adviene. (…) Es así que son necesarias imaginativas movilizaciones en la ciudad y en la mente colectiva dispuesta a la aventura del pensar crítico. Un hito legal se ha instituido: la ley de servicios audiovisuales. Ahora, precisamos canales mediáticos de expresión renovada, poéticas comunicacionales y a la vez un nuevo rigor en la información que recree la objetividad pública de las noticias. Un país no puede vivir facciosamente todos los años de su historia, pues para atrás no sabrá interpretar su linaje, y hacia delante se deshace.

La Pirámide

Modesto monumento republicano, la Pirámide de Mayo testimonia un recorrido, la necesidad de evaluarlo y el deseo de no postergar el anuncio concertado de nuevos proyectos. Los gobernantes deben hacerlo. La sociedad argentina también debe hacerlo sin ira y con pasión transformadora. El Bicentenario y el 2011 no deben transcurrir huecos de imaginación. Es preciso detener a las fuerzas conservadoras que se mancomunan para el batacazo. Podremos hacerlo con despliegues públicos de la economía justa y soberana, propuestas educativas que favorezcan la lucha por el conocimiento clásico, moderno, técnico y humanístico, con nuevos horizontes del pensamiento social, científico y tecnológico. Todos podemos presentar nuestros enunciados. Invitamos a hacerlo y este es el momento. Lo decimos frente a la Pirámide, con ánimo fundador que se sabe deudor de lo mejor de su pasado, obelisco sugerente de la presencia conductora del pueblo histórico y del pueblo que busca respuestas inmediatas. Somos parte de ambos pueblos. (…)

La Pirámide deberá decirles no a las abstracciones publicitarias euforizantes que se presentan como plan de gobierno, lo mismo da un Lacalle, un Cobos, un Piñera o un De Narváez, o desarrollismos que se llaman productivos para no pronunciar –como Duhalde– el verdadero nombre de un giro a la derecha. Cualquier proyecto de transformación igualitario y democrático debe buscar sus enlaces con la anómala experiencia política abierta en el 2003. No son tolerables los retrocesos ni las menguas, como pretenden los adalides de la restauración. Pero la persistencia de los hechos más valorables no es concebible si muchos de los que dependen de su destino no son conmovidos por la revelación de ese enlace. No para sumarse o aprobar a ciegas, sino para ser protagonistas directos en un pie de igualdad de una tarea común en una etapa nueva.

Habrá que bosquejar un tejido de previsiones, un proyecto sensible a las exigencias de la época, promovido a la manera de una gran convocatoria social. Ni el Bicentenario puede ser un conjunto autosatisfecho de celebraciones ni el 2011 pura reiteración de lo ya hecho. Perdura lo que cambia y cambia lo que sabe barajarse de nuevo. Se precisa una política que aglutine voluntades. (…)

Sugestivo monolito, la Pirámide de Mayo tiene en su interior otra pirámide y en su exterior, la Plaza que la rubrica con sus sonidos. ¿Qué escuchamos? ¿Qué intuimos? Que revistiendo una esperanza hay otra esperanza, como verdadera moral de los insistentes. Que el pueblo quiere saber de qué se trata en materias que van desde una seguridad ciudadana, que no surge de la voz de los trogloditas, a una política económica que lo tenga como protagonista, una economía con el universo de soberanías eficientes que el hilo conductor de nuestra historia siempre ha reclamado. Sin concesiones a las formas más cuestionables de la globalización. (…)

La Pirámide: lugar de una invocación o de un llamado. Les habla a los que procuran ahondar las medidas de justicia desde la centroizquierda, a los movimientos sociales, a los sindicatos en su reflexión madura sobre nuevas representaciones del trabajo, a las izquierdas que unan la pasión de un legado a las duras enseñanzas recibidas, a los liberales capaces de juzgar sin odios redundantes, al peronismo en su archipiélago incesante, buscando nuevas palabras orientadoras para sostener los cambios de época y una nueva época de cambios. (…)

Escuchemos las voces. La economía justa reclama que las explotaciones de la naturaleza, las políticas extractivas y agropecuarias atiendan los reclamos de los movimientos que cuidan la casa común del hombre. (…) No en nombre de un ecologismo globalizado que considera esas cuestiones con olvido de su horizonte de realización. Más bien, desde la perspectiva de las ideas que, surgidas de los socavones mineros, las organizaciones campesinas o los saberes de los pueblos indígenas, reclaman formas no destructivas del trato a la naturaleza. Una economía más justa reclama también una revisión del sistema de transporte, que coloque al ferrocarril en su centro. Razones hay de todo tipo para hacerlo. Económicas, sociales, laborales, de integración regional. Dificultades también de todo tipo: las brutales concesiones y desguaces realizados en los ’90 dejaron una escena catastrófica, pueblos abandonados, vías levantadas, estaciones cerradas, material vendido como chatarra. Y otro tanto cabe decir del hospital público y las políticas de atención primaria de la salud, aún no recuperados de la devastación sufrida en los ’90 con el único propósito de convertir a la enfermedad en un negocio, manejado por mafias y grupos empresarios privados que siguen cobrando millonarios dividendos y víctimas.

Economía con autonomía creativa, decimos entonces. Aludimos a la revisión de lo que por momentos es sancionado como imposibilidad y al salto necesario sobre las vallas que restringen la redistribución de los ingresos. Uno de esos obstáculos continúa siendo el trabajo no registrado, fuente inagotable de inequidad y atropellos que afecta a poco menos de la mitad de la mano de obra ocupada. Tributos más progresivos y un sistema impositivo renovado son imprescindibles si el horizonte es el de la distribución de los recursos económicos hacia los más desposeídos. La reforma financiera lo es para orientar el flujo de los capitales a zonas de rentabilidad social y ampliación laboral. Nos espera un duro trabajo de demolición de los valores y las prácticas de la injusticia y de la desigualdad que se han vuelto parte de un sentido común naturalizado por los ideólogos del mercado y de su inexorabilidad incuestionable. (…)

Los nuevos facciosos han avanzado mucho. Se presentan en nombre del interés general. Han fabricado la figura de los gobernantes advenedizos, del falsario y del impostor para señalar una experiencia política que, sin embargo, en una fisura inesperada de la historia, originó cambios a partir de 2003, los balbuceó de improviso, indudablemente con menguas y desperfectos pero abriendo un surco sin el cual seguiríamos encerrados en la pura lógica de lo testimonial. Y muchas veces los plasmó con oportuno sentido de la excepcionalidad que encarnaban. Una parte de la sociedad y el invisible esqueleto minoritario que anima los cánones de la conflagración general contra el gobierno, combate las aspiraciones generales a la transformación de la vida colectiva. Están más activos que nunca los destituyentes mientras a los constituyentes nos hacen aparecer como errantes en un desierto por apoyar a un gobierno democrático. La palabra corrupción, la palabra seguridad, están listas para provocar el escandalizado martillazo final. (…)

El lenguaje ha sido detonado por dentro. La Pirámide en su intencionada mudez no puede aceptarlo. No puede ser ella el sepulcro de la memoria del pueblo argentino y la pérdida de sus nociones orientadoras de progreso y crítica. No puede contemplar pasivamente el espectáculo de los que se frotan las manos cada vez que una porción popular se opone con masculladas injurias a las mismas medidas que objetivamente los favorecen. ¡Algo grave ha pasado! (…) Una parte del país recibe con apatía lo que debía reanimarlo, y los que perciben su misión reanimadora cargan vacía, demasiadas veces, la mochila del largo plazo, del lenguaje material y efectivo de la promesa a ser cumplida. Precisamos ver nuevamente la política como promesa y proyecto. Y la precisamos ver todos, incluso quienes aún no sospechan que formarán parte del tendal de víctimas de los descabezadores y aplanadores que no se detendrán en un gobierno ni en un sector social –la historia argentina es pródiga en ejemplos–, a la hora de la cosecha y la revancha.

La situación actual, tan compleja que es, sigue manteniendo sin embargo una apertura histórica. Es necesario saber que las operaciones de cierre de ciclo que pululan por doquier tienen a su favor el estado real de agrietamiento en la opinión general, sometida a operaciones de escepticismo, folletín moralizador y miedo. La cancelación de expectativas es un martilleo diario. ¿No lo escuchamos presentado de muchas maneras? Con gravedad, con inocencia, con taimadas denuncias ante los gobiernos extranjeros. En el colmo de la estulticia, son acusaciones permanentes que minan la creencia pública, pues lo importante es generar el cuadro mayor de incredulidad y el hartazgo. En nombre de la política procuran la despolitización general. (…)

Es necesario crear e imaginar nuevos lenguajes. La Pirámide es símbolo laico y profundo de un republicanismo democrático y social, no de un republicanismo que haga retroceder a la democracia. En ella, la idea de patria es una memoria que viene de la infancia y adquiere la gravedad de un mejor destino para todos. Puede entonces desprenderse de las visiones que finalmente la condenan a ser mera rememoración de los hechos bélicos fundantes. Liberada de ampulosas y gastadas atribuciones, puede también acoger a todos aquellos que hoy habitan el suelo argentino y muy especialmente a los contingentes migratorios que hacen realidad, en estas calles, este momento de nuestra América. Son, por eso, la de patria y la de república, ideas capaces de tramarse con formas políticas nuevas y en gran parte ajenas a las tradiciones que aquellas palabras connotan. La Pirámide fue un lenguaje nuevo con las Madres de Plaza de Mayo y sigue siendo a la vez clásico. Es la forma geométrica y conmemorativa de los antiguos, viviente en las culturas milenarias de los pueblos americanos preexistentes y de los revolucionarios que inauguraron el siglo XIX sudamericano. (…) Por la necesidad imperiosa de recuperar lenguaje y memoria, por darle curso a sueños y poéticas emancipatorias, leemos esta carta en el corazón de una patria urgida y que nos reclama intensidad reflexiva, pasión del espíritu y compromiso con el pueblo al que pertenecemos.

Por razones de espacio, se eliminaron algunas líneas. La versión completa de la Carta 7 en www.cartaabierta.com.ar

Página 12

22/12/2009 Posted by | General, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , , , | 1 comentario

Chile – Incógnita marca las próximas elecciones


ALAI, América Latina en Movimiento


2009-11-23


Fernando de la Cuadra



Las elecciones del próximo 13 de diciembre ya se encuentran en la recta final y el horizonte no se vislumbra totalmente claro. La incertidumbre ha sido colocada principalmente por el candidato independiente Marco Enríquez-Ominami, que aparece en los últimos sondeos en empate técnico con relación a Eduardo Frei, el candidato oficialista. En efecto, según la encuesta CERC (del Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea) Enríquez-Ominami y Frei se encuentran empatados con el 20 por ciento de las intenciones de voto. Pero esta igualdad refleja dos movimientos opuestos. Mientras Frei retrocede del 25 al 20% respecto a los últimos sondeos de agosto, Enríquez-Ominami continúa en alza pasando del 14 al 20%, colocando una nota de indefinición sobre cual de ellos pasará finalmente a segunda vuelta, en enero del 2010.

En otra encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP), el candidato de la derecha continúa al frente con un 36% de las preferencias, superando en 10 puntos porcentuales al abanderado de la Concertación que tiene un 26% de los potenciales sufragios. A pesar de esta significativa ventaja, Piñera depende mucho del candidato que pasará a la segunda vuelta a ser realizada el 17 de enero. En el más probable escenario electoral de disputa con Frei, la derecha va a depender totalmente de las alianzas que sea capaz de construir con las fuerzas que apoyan a Enríquez-Ominami, que aparece con un 19% de intención de voto.

Por su parte, el candidato de la izquierda Jorge Arrate – representante del Pacto Juntos Podemos y Frente Amplio- viene realizando una campaña que cada vez entusiasma más a sus electores. Sin embargo, a pesar de su crecimiento espectacular (pasó del 1 al 5 por ciento) y a su buen desempeño en los debates entre los cuatro contendores, es muy difícil que supere el 8% de los sufragios.

Riesgo de crecimiento del voto de la derecha

Los publicistas de la derecha vienen trabajando la imagen de que este sector ha crecido en las preferencias de los votantes. Sin embargo, en términos electorales la derecha en Chile se mantiene con un techo que alcanza al 47%, razón por la cual ha perdido por estrecho margen en las últimas dos contiendas presidenciales. En todo caso, nada impide pensar que este panorama pueda revertirse el presente año.

Piñera es un personaje que ya lleva varios años de protagonismo en la arena empresarial y política. Se transformó en un acaudalado empresario como administrador de las tarjetas de crédito y posteriormente ha realizado importantes adquisiciones de empresas, equipos de fútbol y un canal de televisión. Por su estilo truculento y pocos escrúpulos, muchos ya lo comparan con Berlusconi. Y efectivamente, la propiedad de un medio de comunicación tan influyente como la televisión le puede dar el impulso final para vencer en la próxima contienda electoral.

Mientras tanto, Eduardo Frei no consigue capitalizar el apoyo popular que tiene el gobierno de Bachelet y la alta aprobación de que goza la mandataria: 78% según la misma encuesta CEP. En sus recientes declaraciones Frei ha reiterado que el es “más Bachelet” pero con distinto envase. El problema es que el nuevo envase no consigue encantar a los electores. A pesar de todos los esfuerzos de sus asesores de campaña, Frei sigue siendo una figura poco atractiva para la mayoría de la población, inclusive para los miembros de su propio partido, la Democracia Cristiana. A ello se suma el hecho de que los partidos de la Concertación están muy desgastados, con una dramática pédida de su capacidad movilizadora como mito social y político, que la re-legitime como representante del mundo popular con un proyecto democratizador de la sociedad chilena, con su fuerte impronta modernizadora y de progresismo social.

Si Piñera y Frei se consolidan como los ganadores en la primera vuelta de diciembre, es muy probable que el primero pueda capitalizar un voto de descontento o castigo hacia el conglomerado oficialista, aunque todavía se puede dar la tendencia más previsible: el apoyo en las urnas de los simpatizantes de Enríquez-Ominami y de Arrate fluirá mayoritariamente hacia la candidatura de Frei. El propio Arrate ha planteado recientemente un “acuerdo mínimo” para derrotar a Piñera y su plataforma de derecha.

Dicho traspaso de sufragios puede significar un giro definitivo en la carrera presidencial. Sin embargo, la incógnita sigue siendo la marca registrada de estas elecciones, con un final que se mantiene abierto como en las mejores películas de suspenso.


Fernando de la Cuadra

Sociólogo. Miembro de la Red Universitaria de Investigadores sobre América Latina (RUPAL). http://fmdelacuadra.blogspot.com

http://alainet.org/active/34612

 

26/11/2009 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Uncategorized | , , , , , , , | 2 comentarios

Chile – A dos meses de las elecciones presidenciales


20-10-2009

Alexis Meza Sánchez

Rebelión

Muchos análisis se han vertido sobre la próxima contienda presidencial. No se puede pedir a estas alturas de la carrera, que los analistas, por muy respetables que sean, lo hagan desinteresada y desapasionadamente. La asepsia en política no existe y la pretensión de objetividad, no es más que una declaración de buenas intenciones.

Leer por tanto el escenario electoral, es un ejercicio político que declaro de entrada. A partir de eso, algunas reflexiones:

1.- La candidatura de Piñera está estancada . Pese a ir primero en todas las mediciones, está lejos de convencer más allá del electorado histórico de la derecha. Se supone que la Coalición por el Cambio, nos muestra una derecha unida tras su candidatura, sin embargo esta no prende en el electorado. Más bien su candidatura capitaliza el desmoronamiento de la Concertación, pero la aparición de Marco Enríquez – Ominami, le quitó el monopolio de las propuestas de cambio. El trabajo territorial de la UDI será importante, en la medida que se jueguen decididamente por el empresario.

2.- Frei en problemas serios. El Senador DC ha debido reconocer junto a su comando que ha tenido una campaña pésima, donde nadie aparece muy convencido de sortearla con éxito. Se apela a ratos a caras nuevas y un discurso progresista, pero al primer asomo de problema, el refugio en los partidos tradicionales y en las sempiternas cúpulas directivas se torna recurrente. El llamado desesperado a no desperdiciar el voto (se habla de “voto útil”), ya no convence a un sector importante del electorado. Su única ‘garantía’ debiera ser la casi nula renovación del padrón electoral (poco más de 150 mil nuevos inscritos), lo que posibilita contar con un cuerpo de ciudadanos votante que no suele correr riesgos. Debe considerar además con que en una eventual segunda vuelta con Piñera, no puede dar por descontado que la votación de ME-O se traspasará mecánicamente, pues ahí hay un alto porcentaje de votos de castigo a la Concertación.

3.- A Marco el tiempo le juega en contra. Si bien se ha instalado rápidamente como una alternativa, incluso algunas encuestas lo dan superando a Frei o en virtual empate técnico, la tarea de desplazar de la segunda vuelta al Senador DC requiere de un despliegue mayor y de abrir una segunda fase en la campaña. El discurso dirigido a los decepcionados de la Concertación es inteligente, considerando que ahí se encuentra su mayor potencial de crecimiento (a costa de Frei), pero también se requiere instalar algunas ideas – fuerza que seduzcan a un electorado progresista transversal, que represente una alternativa real de cambios. La duda es si el tiempo de campaña que resta, alcanzará para convencer al amplio mundo progresista de dar la espalda al duopolio que ha gobernado Chile desde 1990.

4.- Arrate puede ser algo más que una candidatura testimonial. La candidatura de Jorge Arrate, pese a lo bajo que marca en las encuestas, es clave ya en esta primera vuelta. Con una votación proyectada entre un 3% y un 4% (nadie creerá que su votación alcanzará al 1% que marcó en la CEP), esta puede ser decisiva para determinar quien pasa a segunda vuelta. Sin dudas, su candidatura favorece a Frei, por cuanto resta potencial de crecimiento a ME-O hacia la votación de sectores de izquierda y a su vez representa un voto cautivo para el senador DC en segunda vuelta, dadas las características del pacto parlamentario y el sempiterno temor a un gobierno de derecha. Eso explica los guiños de Frei a su ex ministro. Paradójicamente, la candidatura de Arrate puede ser el gran salvador de una derrota concertacionista en primera vuelta.

5.- La Concertación no es Bachelet . La Presidenta supera largamente la valoración que alcanza la coalición gobernante. Ella está por sobre esta. Hay que considerar que ‘el fenómeno Bachelet’ surgió desde una voluntad ciudadana, a la cual las estructuras partidarias oficialistas tuvieron que acoplarse de no muy buena gana. El propio Frei en su minuto desestimó las capacidades gobernantes de Bachelet. Los primeros meses de gobierno fueron críticos precisamente por el rol de los barones de la Concertación. Entonces, ¿cómo se pretende traspasar a última hora su popularidad al bloque concertacionista y más específicamente a su candidato cuando este representa exactamente lo contrario a la Presidenta?

Será sin duda una elección reñida a 3 bandas, donde las principales dudas son si ME-O logrará desplazar a Frei de la segunda vuelta o si la derecha unida será capaz de consolidar esta ventaja relativa y transformarla en capital electoral. El escenario está abierto, pero sea cual sea el resultado, el cuadro político debiera ser muy distinto a contar del 2010. Ni la derecha, ni la Concertación, ni la izquierda debieran ser las mismas.

– Alexis Meza Sánchez es académico de la Universidad ARCIS. Miembro del Taller de Ciencias Sociales “Luis Vitale”.

Fuente – http://www.rebelion.org/noticia.php?id=93589Chile

20/10/2009 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario