America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Qué hará Argentina con la derecha española Por Eduardo Anguita


Qué hará Argentina con la derecha española | Miradas al Sur.

24/11/2011 Posted by | Agricultura yGanadería, Ciencia y Tecnología, Economía, General, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Europa – sobre ajustes del neoliberalismo


Que casualidad, igualito a lo que  implementara Cavallo aqui en Argentina…y fué un resultado desastrozo…tanto en el gobierno de Menem, como con De la Rúa…TENGAMOS MEMORIA…, Revertido por los Kirchner…

Marianike

Cuesta…

Domingo, 7 de marzo de 2010


Por Javier Lewkowicz

Gobiernos europeos buscan que beneficios previsionales adquiridos por los trabajadores sean una de las principales variables de ajuste para afrontar sus problemas fiscales. Además de suba de impuestos, congelamiento de salarios u otras medidas que están llevando adelante los países más complicados en el frente financiero, casi todas las administraciones están discutiendo modificar el sistema previsional. Las opciones que se manejan, en todos los casos, van en contra de los jubilados actuales y futuros. En cambio, ninguno contempla aumentar las contribuciones patronales. Buscan llegar a un esquema previsional que sea “autofinanciable”. Es decir, que no se deba sostener con recursos públicos provenientes de otras fuentes, lo que va en desmedro de un importante mecanismo de redistribución del ingreso.

Europa analiza recortes encubiertos a los jubilados y el incremento en la edad mínima para el retiro. Además, buscan que los regímenes privados aumenten su participación en detrimento del sistema de reparto, que rige en la mayoría de los países. Pero a mediano y largo plazo se enfrentan a otro problema: la creciente inviabilidad del sistema en términos de autofinanciamiento. La baja natalidad, el aumento del empleo en negro y la relativamente escasa incorporación de mano de obra al mercado laboral reducen los aportantes en relación a los pasivos, que a su vez se incrementan por el aumento de la esperanza de vida.

La postura que comienzan a llevar adelante los distintos gobiernos europeos con el sistema previsional está siendo apoyada e impulsada desde la OCDE, la organización que nuclea a los países industrializados. En España, la crisis y la decisión de reducir el déficit fiscal llevaron a anunciar el nuevo plan previsional. El gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero quiere elevar la edad de jubilación de 65 a 67 años y aumentar el número de años necesario para calcular la pensión. Estos cambios encuentran fuerte rechazo en el movimiento obrero, que convocado por las dos principales centrales realizó manifestaciones en todo el país. En cambio, la OCDE manifestó su apoyo y propuso medidas complementarias.

En un documento referido al “problema previsional”, esa organización resaltó que los gobiernos deben considerar “vincular la edad de jubilación a la esperanza de vida”. Con ello, confeccionar un sistema donde el momento del retiro se vea paulatinamente incrementado. En Gran Bretaña también están circulando propuestas de este tipo y ya hubo manifestaciones de repudio, argumentando que discrimina a favor de los estratos sociales de mayor poder adquisitivo, puesto que la esperanza de vida está correlacionada con la posibilidad de acceso a mejores condiciones de vida. Según un informe de la Universidad de Londres, “los más ricos viven siete años más que los más pobres y gozan de 17 años extra de buena salud”.

Los británicos quieren aumentar progresivamente la edad de jubilación de 65 a 68 años. “La gente va a tener que trabajar más tiempo, debido en parte a que nosotros, como nación, no vamos a ahorrar tanto como en el pasado para la jubilación”, indicó David Norgrave, presidente del Regulador de Pensiones. Según el National Institute of Economic and Social Research, extender la vida laboral durante 18 meses inyectaría 15 mil millones de libras a la economía de la isla.

Otra opción para la OCDE sería “aumentar la edad efectiva de jubilación mediante un incremento en el número mínimo de años necesario para obtener una pensión completa”. Un esquema de este tipo tiene el sistema francés, donde la edad mínima es de 60 años –la más baja de la Unión Europea–, pero el trabajador tiene que haber aportado 40,5 años para cobrar una pensión completa, cifra a 41 en 2012. que se elevará

“Otra medida apropiada sería computar las pensiones teniendo en cuenta la vida laboral completa y no sólo los últimos 15 años”, indica la entidad. Como el salario sigue una tendencia más o menos ascendente según la antigüedad en el puesto, el promedio salarial de toda la vida laboral será inferior al de los últimos 15 años de actividad. Mediante esta propuesta se busca reducir el haber.

Son todas manifestaciones de un fenómeno de corto plazo: la necesidad de mejorar las cuentas fiscales. Tal es el caso de España y de Grecia. Pero además, Europa está encarando un complicado proceso de redefinición del esquema previsional en vistas al mediano y largo plazo, para evitar que el creciente envejecimiento de la población jaquee la autofinanciación del sistema.

Uno de los factores que explican el envejecimiento es la baja natalidad, relacionada con la integración al mercado laboral de la mujer. Por otro lado, los avances de la ciencia alargan cada vez más la esperanza de vida y además el mercado laboral tiene dificultades para el ingreso de los jóvenes. Estos elementos definen un esquema previsional donde la proporción de trabajadores activos es cada vez menor en relación con los pasivos.

Otra opción que se estudia es ir cambiando el tipo de sistema previsional, que ahora son estatales con capitalización voluntaria, aunque la vía privada es minoritaria. La OCDE destaca que las reformas deberían complementarse con “una política clara dirigida a incrementar las contribuciones a las pensiones privadas”. En concreto, buscan que el sistema de reparto vaya quedando paulatinamente relegado, a favor de un esquema de ahorro personal.

Las estimaciones técnicas más usuales marcan que se necesitan 2,5 aportantes por retirado para que el sistema se autosustente. En la Argentina, esa relación es casi 1 a 1, pero el problema mayor es el desempleo y sobre todo la informalidad laboral, que roza el 40 por ciento. Los “teóricos del ajuste económico” se quejan de las moratorias y los planes de facilidad para jubilarse, que incrementaron sustancialmente la cantidad de pasivos. En Europa pretenden que el ajuste recaiga sobre los trabajadores con medidas que reducen el haber, limitan la inserción laboral de los jóvenes y aumentan los años laborales y de aportes.

Como los grupos políticos locales identificados con la corriente conservadora han replicado históricamente las estrategias de ajuste de los países centrales, no sería una sorpresa que esas propuestas de ajuste de la OCDE lleguen a estas latitudes. Mientras tanto, la ortodoxia ni aquí ni allá contempla que la sustentabilidad se puede alcanzar a partir del aumento de las contribuciones patronales, que descargaría parte del ajuste sobre los empresarios. Tampoco considera que el sistema previsional tenga un financiamiento estructural vía recaudación de impuestos directos, que constituye una forma progresiva de redistribución del ingreso

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Horacio González, abogado de la CTA experto en derecho previsional

“Una ofensiva del capital financiero”

¿Qué evaluación hace de las modificaciones que pretenden llevar a cabo los gobiernos europeos en relación con el sistema previsional?

–Es parte de una serie de medidas de ajuste dirigidas a la clase trabajadora, tanto los activos como los pasivos. Ya desde hace tiempo que la OCDE y los organismos financieros internacionales dicen que hay problemas con la viabilidad del sistema previsional, también remarcando la necesidad de incorporar más activamente al sistema de capitalización. Estas reformas constituyen una ofensiva del capital financiero sobre el sistema de pensiones.

¿Buscan así mejorar las cuentas fiscales?

–El déficit público es un tema central. Hay una fuerte directiva de la Unión Europea para ajustar el gasto público y uno de sus componentes más importantes es la seguridad social.

Los gobiernos justifican la medida porque consideran que el sistema tiene una tendencia a no autofinanciarse.

–El problema demográfico es real pero no a corto ni a mediano plazo. En realidad se está obviando la discusión central, que es el carácter del sistema previsional: si es redistributivo o no. El sistema de pensiones constituye un mecanismo redistributivo de excelencia, para lo cual el Estado debe financiarlo con impuestos directos.

¿Cuál es la visión que fundamenta las modificaciones que están realizando?

–La noción del autosustentamiento está ligada con el esquema neoliberal, que no concibe al sistema previsional de forma redistributiva, sino como una unidad en sí misma. Es una confrontación entre dos enfoques. El neoliberalismo considera los derechos sociales como derechos condicionados. Un derecho puede estar condicionado, por ejemplo, por el momento fiscal. Esto lesiona el principio de progresividad, que estipula que los avances sociales no pueden retrotraerse.

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12/03/2010 Posted by | General, Politica Internacional, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario

América Latina y el período histórico actual


03-11-2009

Emir Sader

Carta Maior

La crisis hegemónica se prolongará por un buen tiempo en el continente, entre el viejo mundo ya superado, pero que insiste en sobrevivir, y un nuevo mundo que está luchando para nacer –el de los gobiernos post neoliberales. Las próximas elecciones –en particular en Brasil, Bolivia, Uruguay y Argentina– definirán si estos gobiernos constituyen un paréntesis en la larga serie de gobiernos conservadores o si se consolidarán en la profundización y construcción de alternativas.

1. El período histórico actual fue inaugurado por la confluencia de tres virajes, todos de carácter regresivo:

  • El paso de un mundo bipolar a un mundo unipolar bajo la hegemonía imperial de América del Norte.

  • El paso de un ciclo de expansión del capitalismo a un largo ciclo recesivo.

  • El paso de la hegemonía de un modelo regulador (keynesiano, de bienestar social, o como se quiera llamar) a un modelo neoliberal, desregulador, de libre mercado.

El triunfo del bloque occidental bajo la dirección norteamericana llevó, después de muchas décadas, a un mundo unipolar, con una indiscutible hegemonía de una superpotencia y la derrota y desaparición de la otra gran potencia, algo que nunca antes había experimentado el mundo.

Toda la función de freno y control sobre la expansión imperial de los EE.UU. dejó de existir. Fueron entonces posibles las guerras de las últimas dos décadas –algunas llamadas “guerras humanitarias”, que violaron flagrantemente la soberanía de los países, lo que no ocurría desde el final de la Primera Guerra Mundial-.

El surgimiento de un mundo unipolar permitió el dominio militar y económico del bloque occidental y, en particular, de los EE.UU. Pudieron así ampliar la economía de mercado en áreas insospechadas, como China, Rusia y Europa del Este.

La unipolaridad permitió incorporar a la Unión Europea y a la OTAN a países que antes eran miembros del Pacto de Varsovia. Se configura un sistema mundial único, en el plano económico, político y militar bajo dirección norteamericana. Un único imperio mundial, aun con las contradicciones y conflictos internos, reina en el mundo. Las guerras se suceden desde el bloque dominante en contra de las áreas de resistencia a su dominación como Yugoslavia, Irak, Afganistán.

El paso del ciclo largo de expansión –el de mayor desarrollo capitalista, lo que Eric Hobsbawm ha caracterizado como la “edad de oro” del sistema– hacia el ciclo largo recesivo trajo importantes consecuencias. Aquel ciclo significó la convergencia de los tres vectores fundamentales de la economía mundial –los EE.UU. (con Alemania y Japón creciendo a medida que los EE.UU., fenómeno único), las economías socialistas y la periferia (como México, Argentina y Brasil). Durante esa convergencia se alcanzó la mayor tasa de crecimiento de la economía mundial. También fue el período de consolidación de la hegemonía económica norteamericana y del bloque occidental.

La transición a la recesión luego del ciclo de expansión, no solo significó la disminución en las tasas de crecimiento, sino también la sustitución del tema central del período anterior –el crecimiento económico– por la estabilización. Se pasó de una fórmula desarrollista a una conservadora. Al mismo tiempo se introdujo el concepto de la “ingobernabilidad” como temática central. Esto expresaría la contradicción entre las condiciones de producción y las demandas de la economía, reflejado en el ciclo largo recesivo y como expresión de los derechos negados a lo largo de las décadas de expansión económica.

Este conflicto (entre las condiciones de producción y las demandas de la economía) fue también responsable de la aparición de las crisis inflacionarias, especialmente en la periferia. Fue en esta coyuntura en que el FMI emergió con préstamos a cambio de onerosas cartas de intenciones, que imponían duros ajustes fiscales y preparaban el camino para minimizar el papel del Estado y aplicar las políticas neoliberales.

El tercer factor –la hegemonía de los modelos neoliberales, con un alcance mundial que ningún otro modelo había conseguido– tuvo que ver con esa transición de ciclo.

Los programas neoliberales consolidaron una nueva relación de fuerzas a escala mundial, lo que reforzaba el camino hacia el fin de la bipolaridad. Con la globalización y sus programas de desregulación, de liberalización económica, de privatizaciones, de precarización de las relaciones de trabajo, y la conformación del Estado mínimo, se alteraba radicalmente el equilibrio de poder entre los países del centro y la periferia, y entre clases sociales dentro de cada país.

Se intensificó la concentración económica y de poder en favor de la globalización de competencias en detrimento de los países periféricos. Algunos de ellos, con el poder estatal victimado por el acelerado proceso de liberalización económica, sufrieron crisis de carácter neoliberal, como fueron los casos de México, Rusia, los países del sudeste de Asia, Brasil y Argentina en particular.

Con las políticas neoliberales que precarizaron las relaciones de trabajo, aumentaron el desempleo y fragmentaron la unidad de los trabajadores, también cambió radicalmente la correlación interna entre las clases en cada país en favor de las elites gobernantes.

2. La confluencia de todos estos factores que cambian el período, significaba una alteración de grandes proporciones en la correlación de fuerzas en todo el mundo, con sus especificidades en cada región y cada país. Es preciso detallar más algunas de sus consecuencias.

La hegemonía de EE.UU. como única superpotencia convirtió a ese país en el centro del poder político mundial, que tiene intereses en todas partes del planeta y tiene políticas para todos los temas y lugares. La superioridad militar de Estados Unidos se tornó inconmensurable. La victoria en la guerra fría significó también el triunfo ideológico que validó la interpretación del mundo que impuso el campo vencedor.

Para el campo socialista, la confrontación central de nuestro tiempo se daba entre el socialismo y el capitalismo. Para el campo imperialista, se daría entre el totalitarismo y la democracia. Había sido derrotado el totalitarismo nazi y fascista; también había sido derrotado el totalitarismo comunista; ahora se buscaría derrotar el totalitarismo islámico y el terrorismo.

Con el triunfo del campo occidental se opacaron las alternativas y las propuestas anticapitalistas en el horizonte histórico contemporáneo. Cuba entró en su “período especial” antes del final del campo socialista y de la Unión Soviética, tratando de evitar retrocesos. China optó por la vía de una economía de mercado.

La democracia liberal llegó a sintetizar la democracia. El concepto de economía capitalista se disolvió en el marco de una supuesta economía internacional o economía de mercado. Fue una victoria para una visión del mundo y de un modo de vida específico: “el modo de vida norteamericano”, convertida en el elemento de más fuerza en la hegemonía planetaria de EE.UU. Prácticamente ningún rincón del mundo pudo quedar inmune a esa influencia, incluido China y los países periféricos de las grandes metrópolis.

Si este triunfo ideológico es el elemento de mayor fuerza, la esfera económica está entre sus puntos más débiles. La desregulación económica promovida por el neoliberalismo propició la rápida y generalizada hegemonía del capital financiero en su carácter más especulativo, y como resultado de ello la financiarización de las economías.

Este proceso suele marcar las etapas finales de los modelos hegemónicos, que conducen a las fases de la hegemonía del capital financiero, los tiempos característicos de estancamiento, como el actual ciclo largo de recesión económica.

Una hegemonía que es difícil de revertir una vez que se han debilitado los incentivos para la inversión productiva, lo que define un horizonte de inestabilidad económica, de estancamiento y de bajos niveles de crecimiento.

La actual crisis, que afecta profunda y ampliamente la economía de EE.UU. y de ahí se extendió al resto del mundo, nació precisamente de estas debilidades –la hegemonía del capital financiero– y luego se manifiesta como la recesión económica abierta. Una crisis que produce una larga y profunda recesión en la economía de EE.UU. y los países del capitalismo central, sin tener la capacidad de revertir su raíz: la financiarización de la economía.

Al mismo tiempo, a pesar de haberse transformado en la única superpotencia, con fuerte predominio del plano militar, los EE.UU. no pueden resolver dos guerras al mismo tiempo, las de Irak y Afganistán.

Pero, a pesar de las debilidades que presenta, ninguna otra potencia o grupo de potencias puede rivalizar con los EE.UU. Del mismo modo, a pesar de su agotamiento, el modelo neoliberal, puesto que no constituye simplemente una política de un gobierno que puede cambiarse de un momento a otro, sino un modelo hegemónico, que incluye determinados valores, ideología, cultura, y tiene profundas y extensas raíces económicas, tampoco puede ser remplazado por ahora, cuando aún no se divisa otro modelo que pueda sucederle.

Por lo tanto, hemos llegado al agotamiento del modelo neoliberal, y entrado en un período de relativa debilidad de la capacidad hegemónica de EE.UU., sin que las alternativas tengan todavía el poder suficiente para imponerse. Ello se debe a que, en el momento en que el capitalismo revela con más claridad sus límites y muestra sus entrañas, los llamados “factores subjetivos” para la construcción de alternativas también han sufrido grandes retrocesos.

Se instaura así una crisis hegemónica, en la que lo viejo no se resigna a morir y lo nuevo tiene dificultades para nacer y sustituirlo. ¿Cómo lo viejo busca sobrevivir? Sobre la base de dos ejes: las políticas internacionales de libre comercio, con las instituciones que las multiplican, como el FMI, el Banco Mundial, la OMC. Y dentro de cada país, con la ideología del consumo, del shopping-center, del mercado.

El fortalecimiento de “lo viejo” tiene en su contra la hegemonía del capital financiero en su carácter más especulativo, que no solo bloquea la posibilidad de reanudar un nuevo ciclo de expansión de la economía, sino que fomenta la inestabilidad, precisamente con la libérrima circulación de los capitales financieros. Pero, al mismo tiempo, no surge un modelo alternativo al modelo neoliberal.

La construcción de alternativas choca así con una estructura económica, comercial y financiera global, que reproduce el libre comercio y favorece a las políticas neoliberales, como ideologías consolidadas que se manifiestan en las formas de comportamiento y de búsqueda y acceso a los bienes de consumo en la vida cotidiana de las personas.

Puede predecirse que estaremos en un período más o menos largo de inestabilidad y turbulencias tanto políticas cómo económicas, hasta que se forjen las condiciones para la hegemonía de un modelo post neoliberal y de una hegemonía política global alternativa a la de los Estados Unidos.

3. América Latina sufrió directamente la transición al nuevo período histórico. Prácticamente todos sus países fueron víctimas de la crisis de la deuda, y entraron en el círculo vicioso de la crisis fiscal, los préstamos y cartas de intención con el FMI, el debilitamiento del Estado y de las políticas sociales, la hegemonía del capital financiero, la contracción del desarrollo económico, sustituido por el tema de la estabilidad monetaria y los ajustes fiscales.

Afectada centralmente por esas transformaciones, América Latina pasó a ser el continente privilegiado de los experimentos neoliberales.

Las dictaduras militares en algunos de esos países, entre los que se encuentran aquellos que hasta entonces presentaban mayor fuerza en el campo popular, como Brasil, Chile, Argentina, Uruguay, habían logrado quebrar la capacidad de resistencia de los movimientos populares. Esto allanó el camino para la hegemonía de las políticas neoliberales.

Estas políticas se fueron imponiendo desde el Chile de Pinochet a la Bolivia del MNR, pasando por la adhesión de fuerzas nacionalistas como en México y Argentina, hasta los partidos socialdemócratas, como los casos de Venezuela, Chile, Brasil, hasta generalizarse en casi todo el espectro político.

La década de 1990 fue la del predominio generalizado de los gobiernos neoliberales, algunos por un largo plazo, como el PRI en México; Carlos Ménem, en Argentina; Fernando Henrique Cardoso, en Brasil; Alberto Fujimori, en Perú; Pinochet y la Concertación (PS-DC), en Chile. En otros países el neoliberalismo se entrecortó por la acción de los movimientos populares que expulsaron del poder a varios presidentes, como en Bolivia y Ecuador, o que fracasaron como en Venezuela (con AD y COPEI).

Paralelamente estaban ocurriendo crisis en las principales economías de la región –México 1994, Brasil 1999, Argentina 2001-2002– hasta que comenzaron a surgir los gobiernos electos por el voto de rechazo a la situación creada por el neoliberalismo, empezando con la elección de Hugo Chávez en 1998, seguido por Lula en 2002, Tabaré Vázquez en 2003, Néstor Kirchner en 2003, Evo Morales en 2005, Rafael Correa en 2006, y Mauricio Funes en 2009.

Se produjo un cambio claro hacia la izquierda en la votación en los diferentes países que fueron celebrando sus elecciones, lo que revelaba cómo el continente había sufrido las consecuencias de los gobiernos neoliberales. Nunca antes en la región, o en otras partes del mundo, ha habido tantos gobiernos progresistas al mismo tiempo.

Lo que unifica a estos gobiernos, además de la votación con la que se derrotó a los gobiernos neoliberales de Carlos Ménem, Carlos Andrés Pérez, de la FHC, Lacalle, Sánchez de Losada, Lucio Gutiérrez, son dos rasgos comunes: la opción por los procesos de integración regional en lugar de libre comercio y la prioridad de las políticas sociales.

Son dos los puntos de mayor debilidad de los gobiernos neoliberales, cuya lógica de apertura económica favorecía las políticas de libre comercio y los llamados Tratados de Libre Comercio con los Estados Unidos, al mismo tiempo que concedían la prioridad a la estabilidad fiscal y monetaria sobre las políticas sociales.

Las políticas sociales son las que conceden legitimidad a los gobiernos emergentes, los cuales han tenido que enfrentar como norma la fuerte oposición de los monopolios privados de los medios, pero que, sin embargo, hasta ahora han sido reelegidos por el voto de los sectores populares, los más pobres de nuestras sociedades.

Estos gobiernos tienen diferencias entre sí aunque se asemejen y unifiquen por la prioridad que dan a los procesos de integración regional y a las políticas sociales. En ese marco común se diferencian porque Venezuela, Bolivia y Ecuador avanzan más claramente hacia la construcción de modelos alternativos al neoliberalismo.

Ya en la estrategia que los llevó al gobierno, combinaron los levantamientos populares con la salida electoral, pero después se propusieron refundar el Estado, apuntando hacia una nueva estrategia de la izquierda latinoamericana: ni el camino tradicional de reformas, ni la lucha armada, sino la combinación de ambos en una nueva síntesis.

En el otro campo están los países que favorecen a los tratados de libre comercio, como México, Chile, Perú, Colombia, Costa Rica. El primero en tomar ese camino, “el padre”, fue México, al firmar un TLC con Estados Unidos y Canadá, con claro privilegio para los Estados Unidos. Ahora el país latinoamericano tiene más del 90 % de su comercio exterior con el poderoso vecino.

La crisis económica actual permite medir el significado de las dos formas distintas de integración en el mercado internacional. México, por ejemplo, país vitrina por haber sido el primero –y, originalmente, iba a ser el camino que los EE.UU. señalaban a todos los países del continente– tuvo la peor regresión económica de todas las economías del continente, con una caída del PIB cercana al 10 % en el primer semestre de este año. Paga así un precio muy alto por haber sido “privilegiado” en el comercio con EE.UU., el epicentro de la crisis mundial, que sufre una recesión profunda y prolongada, con todas sus consecuencias negativas para México.

Mientras, un país como Brasil, cuya economía es más o menos similar a la de México, podría salir más o menos rápidamente de la crisis por haber diversificado su comercio internacional, a tal punto que el principal socio comercial del país ya no es EE.UU. sino China. Al mismo tiempo, Brasil ha intensificado el comercio intrarregional, más resueltamente con la Argentina y Venezuela, mejorado con todos los países participantes en los procesos de integración regional, pero principalmente Brasil amplió considerablemente el mercado para el consumo popular. Este fue el principal responsable por la superación rápida de la crisis. Por primera vez durante el transcurso de una crisis, las políticas de redistribución del ingreso y extensión de los derechos sociales se mantienen, incluso en el momento mismo de la recesión.

Después de una fase de expansión relativamente rápida de los gobiernos progresistas del continente, la derecha ha recuperado su capacidad de iniciativa y busca reconquistar gobiernos para poner en marcha una restauración conservadora. Desde el intento de golpe en Venezuela en 2002, pasando por la ofensiva contra los gobiernos de Brasil, Bolivia y Argentina, la derecha trata de utilizar su poder económico y mediático al servicio de la reconstrucción de su poder político, derrotado por los gobiernos progresistas.

Podemos prever que la crisis hegemónica durará por un buen tiempo en el continente. Se trata de la lucha entre el viejo mundo que insiste en subsistir con sus programas neoliberales y el nuevo mundo de gobiernos post neoliberales que enfrenta dificultades parar sobrevivir.

Las próximas elecciones –en particular las de Brasil, Bolivia, Uruguay y Argentina– definirán si lo que hay es solo un paréntesis en la larga serie de gobiernos conservadores, o si se han consolidado y profundizado los procesos de construcción de alternativas post neoliberales, en los cuales América Latina es un escenario privilegiado.

Traducido para Cubadebate por Renato Recio

Fuente: Carta Maior

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=94476

03/11/2009 Posted by | General, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

Argentina: 19 y 20 de diciembre: cuando pese a todo, mucho parecía posible


19/12/2008

x Prensa De Frente


Definitivamente, aquellas jornadas de fines de 2001 y principios de 2002 hirieron de muerte a las políticas neoliberales. El sistema político tuvo que reacomodarse


Las jornadas de diciembre de 2001 marcaron el inicio de una nueva etapa en la historia argentina, poniendo de relieve luchas que retomaban y resignificaban tradiciones del pueblo trabajador. La participación de capas medias manifestando en la calle su hastío, y el alto consenso de los nuevos movimientos sociales pusieron al sistema político, garante del saqueo en crisis como nunca antes durante el actual período constitucional, en aquellos calurosos y agitados días.

La heterogénea composición de quienes protagonizaron las jornadas del 19 y el 20 marcó, por un lado, la fuerte crisis de representatividad y del sistema político-partidario argentino. Por otro demostró el rechazo de gran parte del pueblo a las consecuencias de las políticas neoliberales implementadas durante más de una década en Argentina. Indices galopantes de hambre e indigencia, desocupación de casi la mitad de la población activa y el quiebre bancario, que culminó con la imposibilidad de extraer dinero en efectivo de los bancos (el famoso “corralito”) confluyeron para generar un ánimo caldeado en vastos sectores de la población.

Desde el 13 de diciembre comenzaron a sucederse paros, piquetes de los movimientos de desocupados frente a los grandes hipermercados en el conurbano pidiendo alimentos, y luego, el retorno de los saqueos a negocios menores en distintos puntos del país, ya que el PJ ordenó a la policía cuidar a las grandes cadenas. El gobierno de Fernando De la Rúa se desgastaba al ritmo de la protesta generalizada. El 19 de diciembre, tras el dictado de estado de sitio miles de personas que habían votado a De la Rúa como presidente salieron con las cacerolas hacia el Congreso y la Plaza de Mayo para rechazar la medida, provocando la renuncia de Domingo Cavallo al Ministerio de Economía responsable entre otras cosas de la estatización de la deuda externa privada; la convertibilidad y el corralito.

El 20 de diciembre, bajo la consigna “que se vayan todos”, miles de personas salieron a las calles. Los reclamos variaban, al igual que la composición de los participantes: sectores organizados, como los movimientos de trabajadores desocupados y partidos de izquierda impulsaron el repudio a bancos, empresas de servicios públicos privatizadas, edificios públicos y casas de funcionarios y políticos, al que se sumaban miles. La jornada de ese día culminó con la imagen de De la Rúa huyendo de Casa Rosada en helicóptero, dejando más de 30 muertos por la represión policial en todo el país a sus pies. Cada esquina sería promesa de pueblada durante varias noches.

Cinco presidentes desfilarían por el gobierno en una semana. El 23 de diciembre asumió Adolfo Rodríguez Saá, quien presionado por nuevos cacerolazos y manifestaciones masivas y sin el respaldo de figuras importantes del peronismo, en ese momento al liga de gobernadores, terminó debilitado y renunció el 30 de diciembre. Tras un breve paso de Ramón Puerta y Eduardo Camaño en la jefatura de Estado, el entonces senador Eduardo Duhalde, apoyado por los gobernadores del PJ, con su red clientelar forjada con las sobras en los ´90, asumió para terminar el mandato del ex presidente aliancista hasta diciembre de 2003.

Algunos los sectores movilizados espontáneamente en diciembre, impulsaron las asambleas populares, que comenzaron a generar actividades en los barrios, tomaron espacios desocupados para organizarse e incluso en Capital llegaron a coordinar durante varios meses con las demás asambleas en la Interbarrial de Parque Centenario. Las fábricas recuperadas, con Bruckman y Zanon en el lugar de la referencia, expresaron nuevas formas de organización del trabajo y del protagonismo de los trabajadores y trabajadoras con experiencias de democracia directa, autogestión y organización y solidaridad. También fue allí donde cobraron visibilidad los movimientos piqueteros, nacidos algunos a final de los ’90, y principales protagonistas de las luchas durante esos años. En menor medida, algunas comisiones sindicales democráticas y combativas comanzaban a despuntar.

La efervescencia del estallido estuvo lejos de constituirse en un momento pre-revolucionario, vieja zanahoria que sectores de la izquierda volvieron a vislumbrar, pero dio oxígeno a renovadas formas de lucha. Los asambleístas acompañaban y aplaudían las movilizaciones de los desocupados mientras se cantaba por “piquete y cacerola” anudando las luchas. El caso de la fábrica textil Brukman, recuperada por sus trabajadoras desde fines de 2001, muestra un claro ejemplo donde asambleas, desocupados, sindicatos y personas sueltas, se encontraron para defender la toma de la fábrica. Incluso la acción directa, las movilizaciones y los cortes de rutas fueron tomándose como herramientas y métodos de lucha legítimos y propios del pueblo para enfrentarse al gobierno.

Las limitaciones del campo popular en su conjunto demostraron que no había entonces una alternativa de izquierda e independiente a la vista. Las asambleas barriales se fueron debilitando por limitaciones propias de su génesis y funcionamiento, los partidos de la izquierda tradicional profundizaron esas limitantes en la disputa por la conducción. La izquierda autónoma joven que había surgido al calor de los piquetes, fue sin embargo incapaz de presentar una alternativa de poder, la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) dubitativa, desaprovechó detenida una oportunidad irrepetible que le tenía guardado un lugar de referencia.

A siete años del 19 y 20, las cacerolas han resignificado su signo, la clase media porteña dijo no a las retenciones a las ganancias extraordinarias de la soja. La victoria hace un año de Mauricio Macri como jefe de gobierno de la Ciudad es un indicador del recueste a la derecha de los sectores medios en uno de los territorios donde se multiplicaron las asambleas barriales en 2001 y 2002. El panorama, tras ocho años, muestra sin embargo experiencias que, aun pequeñas y atomizadas, golpeadas por los procesos de estos años pero que mantienen como criterios y formas de lucha las prácticas asamblearias, la acción directa y la solidaridad. El repliege de quienes se mantuvieron en funcionamiento fue hacia centros contraculturales, asambleas ambientales, espacios autogestinarios, medios de comunicacion alternativos, etc.

Definitivamente, aquellas calurosas jornadas de fines de 2001 y principios de 2002 hirieron de muerte a las políticas neoliberales. El sistema político tuvo que reacomodarse, buscando recomponer la legitimidad perdida de las instituciones y la reformulación del modelo económico de acumulación. La dolarización de la economía propuesta por Carlos Menem quedaría descartada de la escena y el gobierno de Duhalde, devaluación mediante, sentó las bases del modelo agrominero exportador, vigente al día de hoy.


Más información en La Haine: La Gran Cama y la insurrección popular (La revolución por debajo de la cama)

20/12/2008 Posted by | Politica Latinoamerica, Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario